EDUCADO MIS EMOCIONES, PARA CONTROLAR MI RELACION SOCIAL.
➢ ¿Qué es el control emocional? Una emoción es la alteración del ánimo, ya sea intensa o pasajera, de pena o agradable y que está
acompañada de cierta conmoción somática. Las emociones son reacciones naturales por parte de una persona que hacen al individuo
ponerse en alerta cuando aparecen situaciones que pueden suponer amenaza, peligro o frustración entre muchas otras. Las emociones
están principalmente compuestas por reacciones fisiológicas, como la tensión muscular o el incremento de la tasa cardíaca o de
la respiración.
➢ ¿Por qué se realiza el control emocional? El control emocional se lleva a cabo con el objetivo
de entender y controlar las emociones a las que una persona se puede ver expuesta en su día a día y que
generan respuesta por parte del cuerpo hacia ellas.
o El control emocional puede ayudar a la persona en lo siguiente:
▪ El control emocional ayuda a manejar mejor los problemas y a disminuir el desgaste
psicológico que permite hacer frente a las dificultades que aparecen en el día a día.
▪ Permite controlar los sentimientos y las emociones de la persona.
▪ Genera y potencia la autoestima.
▪ Da a la persona una sensación de autonomía y seguridad, así como de percepción del
control de la situación.
▪ Estimula las relaciones interpersonales.
▪ Mejora el rendimiento de la persona en distintos ámbitos, como el laboral, el académico.
➢ ¿En qué consiste el control emocional? Cuando una persona se expone a un estímulo, se genera una
emoción, y esta emoción produce a su vez reacciones fisiológicas, aunque el tipo de reacción y su intensidad varía en función de cada
persona, ya que algunas son más sensibles que otras. Y es que la persona que se deja influir o dominar por sus emociones, puede actuar
impulsivamente sin reflexionar ni tener en cuenta las consecuencias de sus actos. La ira, el odio, el miedo, la confusión o la irritabilidad
entre muchas otras producen una actividad en el cuerpo y pueden interferir en la conducta de la persona.
➢ Importancia de Controlar las Emociones. Saber gestionar las emociones incide en los modos de relacionarse e incluso trasciende estos
de acuerdo a las circunstancias, a instancias del ámbito laboral, y el estado de la salud integral, como consecuencias producidas por
momentos desbordantes capaces de obstaculizar las capacidades cognitivas, nublando y confundiendo intereses,
manifestándose en reacciones y/o decisiones bruscas que pueden avanzar hacia situaciones desafiantes de mayor
permanencia. Pero debe entenderse que las emociones ocurren naturalmente, es decir, no se pueden ignorar, no
obstante, la diferencia e importancia radica en las formas en que uno las manifiesta y maneja dentro de su entorno.
Aun cuando la expresión de una emoción puede resultar inevitable, existen distintos grados que se desenvuelven
a partir de la instancia en la que esta surge, desembocando en un proceso dinámico en un contexto y espacio que
típicamente son compartidos con otro/s.
➢ Reconocer una emoción y tomar conciencia de la responsabilidad del actuar en consecuencia a fin de
controlar la situación. Las personas estamos atravesadas constantemente por infinidad de emociones, como la
alegría, la tristeza y el enojo, frustración, irritabilidad, angustia, esperanza, etcétera. Todo el tiempo nos
emocionamos, aunque no seamos conscientes de ello, debido a la costumbre, a la variación en la intensidad de las
emociones, a la falta de autopercepción, entre otras causas.
➢ Las emociones en sí mismas no son ni buenas ni malas, tampoco son nuestra responsabilidad. Sin
embargo, las decisiones y actos que siguen de la reflexión, a partir de las emociones, sí son nuestra decisión y
tienen que ver con nuestra voluntad y nuestra capacidad de control. Por ejemplo: si alguien hace algo que me molesta, es lógico que me
invada el enojo, pero responder con templanza o, por el contrario, de forma violenta, es mi elección.
o En el ámbito laboral, por ejemplo, pueden tener lugar situaciones problemáticas con compañeros o jefes, ante lo cual debemos
reflexionar antes de responder o actuar, calmarnos, respirar profundo, contar hasta diez y pensar en las posibles consecuencias.
➢ El respeto es la mejor forma de comunicar nuestras ideas y valorar las diferencias.
o En las relaciones familiares, de amistad y de pareja las emociones también deben expresarse con delicadeza y prudencia para
cuidar el vínculo y que perdure en el tiempo.
o Con los hijos, asimismo, es importante gestionar las emociones, pues así les enseñamos a hacer lo mismo a ellos. No obstante, si
las emociones nos desbordan, pues somos seres humanos, es bueno ponerlo en palabras, por ejemplo, diciendo lo que sentimos,
asumiendo si nos comunicamos de una forma poco adecuada y pidiendo disculpas. Eso no nos quita autoridad, sino que nos
muestra reales, falibles y reflexivos.
➢ ¿Qué pasa si queremos silenciar las emociones? Cuando las emociones están allí pero no son escuchadas, lo que sucede es que
intentan hacerse oír con más fuerza y así pueden aparecer síntomas en la psiquis o en el cuerpo. Por ejemplo, dolores de cabeza
insoportables, contracturas, vómitos, así como ideas que rondan nuestra mente todo el tiempo, generando malestar.
o Emociones como guía. Las emociones alegres pueden ser una muestra de que estamos yendo por buen camino, acorde a nuestros
proyectos, ideales, gente que nos rodea, etcétera. Mientras que las emociones tristes pueden marcarnos que sería bueno hacer
cambios o emprender nuevas aventuras.
o Emociones extremas violentas, iracundas, impulsivas, suicidas, pasionales- son señal para pedir ayuda a un profesional
psicólogo o psiquiatra, para no hacernos daño a nosotros mismos, ni a otras personas.
o Emociones en cada etapa de la vida. Los primeros años de la vida están cargados de emociones intensas y pasajeras. Los niños
se sorprenden constantemente, pues el mundo es nuevo para ellos, al punto que se fascinan con pequeños detalles que los adultos
ya tienen naturalizados. Pero también, se enojan o rompen en llanto con gran facilidad, pues no tienen mucha práctica en el control
de emociones y muchas veces les faltan las palabras para decir lo que están sintiendo o no lo entienden y, en consecuencia,
responden con el cuerpo con golpes, mordidas, empujones, sin ser plenamente conscientes de sus actos, especialmente en los
primeros años. Nuevamente, las emociones aparecen con mucho ímpetu en la adolescencia, etapa con muchos cambios biológicos,
donde las características del cuerpo visiblemente se modifican y eso genera repercusiones a nivel de lo social y lo intrapsíquico.
Psicológicamente, es una fase propicia para el desarrollo de la autonomía, la independencia, el alejamiento de los ideales
parentales y la aparición de nuevos “ídolos” o preferencias, en lo extrafamiliar. Con la llegada de la adultez las emociones tienen
muchas veces que ver con las relaciones laborales o de pareja, la búsqueda de estabilidad financiera, la concreción de proyectos,
etcétera dependiendo de cada sujeto en particular, esto puede variar mucho. Finalmente, en la tercera edad las emociones pueden
ser de nostalgia por un tiempo anterior, de frustración por las nuevas limitaciones, como así también de calma o de disfrute, si se
logra apreciar este momento para el descanso y se ha llegado a donde uno quería en la vida. En la senda opuesta, también hay
muchos adultos mayores con emociones más osadas, con ganas de arriesgarse y continuar o, incluso, comenzar proyectos.
o En conclusión y atendiendo a la diversidad, si bien hay emociones “típicas” de ciertos períodos de la vida, podemos encontrarnos
con emociones sumamente distintas a las “esperables”, sobre todo en la actualidad donde los ideales no son tan fuertes al menos
en gran parte del mundo y eso da lugar a que cada uno pueda seguir, con menos ataduras, el deseo que lo habita.