Dra.
Becky Kennedy
Educar sin miedo
Durante mucho tiempo se nos ha vendido «Eduquemos a nuestros hijos
un modelo de crianza que por lo general no
funciona y nos hace caer en una espiral de
en la resiliencia, no en el miedo»
frustración y hastío. Recurrimos Este mensaje convirtió a la Dra. Becky Kennedy PRUEBA DIGITAL
VALIDA COMO PRUEBA DE COLOR
a estrategias como «el rincón de pensar» en un fenómeno global. De golpe, millones de EXCEPTO TINTAS DIRECTAS, STAMPINGS, ETC.
o a complejos sistemas de recompensa, personas en todo el mundo empezaron a escuchar
que pueden ser eficaces a corto plazo, los consejos de esta psicóloga clínica que apela DISEÑO
pero que no nos permiten ayudar a una nueva generación de madres y padres. EDICIÓN
a nuestro hijo o hija a desarrollar
las habilidades necesarias para la vida
y no tienen en cuenta sus necesidades
«Formamos a seres humanos, «La mujer que susurra SELLO PLANETA NF
emocionales. Si a esto le añadimos no modificamos conductas» a los padres milenials» COLECCIÓN
las complicadas relaciones que tenemos Esa es la filosofía de un método práctico Time Magazine FORMATO 15 X 23mm
Rústica con solapas
con nuestra propia educación, que da herramientas precisas para enfrentarse La Dra. Rebecca Kennedy es una psicóloga SERVICIO
es fácil ver por qué la mayoría de nosotros a berrinches, rivalidades entre hermanos clínica y madre de tres hijos, nombrada
nos sentimos perdidos, agotados o a la ansiedad de la separación, pero que está «la gurú que susurra a los padres milenials» CARACTERÍSTICAS
y preocupados por estar fallando
enfocado a madres y padres para recordarles por la revista Time y creadora del método
a nuestros niños. IMPRESIÓN
lo obvio: y del pódcast Good Inside, en el que
replantea la forma en que criamos
230 mm
En Educar sin miedo la Dra. Becky
a nuestros hijos. En poco más de un año,
comparte su filosofía y consejos prácticos Que tú también puedes ser PAPEL -
ha reunido a una comunidad leal y muy
que ya han ayudado a millones de padres la madre o el padre que quieres ser. comprometida de más de un millón
Dra. Becky Kennedy
PLASTIFÍCADO
y madres a superar la incertidumbre y
de seguidores en Instagram y su pódcast
la autoculpabilidad. Se aleja de los modelos UVI
semanal se he convertido en un éxito
tradicionales de crianza y propone
inmediato. Reflexiona sobre lo que RELIEVE
un nuevo enfoque para asegurar
les ocurre a los niños y convierte estas ideas
el bienestar de la familia, pero sobre todo CO N V I É R T E T E E N L A M A D R E BAJORRELIEVE
en estrategias sencillas y prácticas
nos enseña a proporcionar a nuestros hijos
O E L PA D R E Q U E Q U I E R E S S E R
STAMPING
para que los padres las utilicen en sus casas.
las herramientas esenciales para ser
Su objetivo es capacitar a los padres
felices, creer en sí mismos, gestionar FORRO TAPA
para que se sientan más fuertes
sus sentimientos y fomentar la resiliencia
y equipados para afrontar los retos
y la empatía para su futuro.
de la crianza. GUARDAS
@drbeckyatgoodinside INSTRUCCIONES ESPECIALES
-
El método que ha ayudado
FAJA
Dirección creativa: Erica Belsky
PVP 18,90 € 10275820
a millones de familias en todo el mundo
10305048 Diseño de la cubierta: Jennifer Rozbruch
Ilustración de la cubierta: Eiko Ojala PLASTIFÍCADO
Diagonal, 662, 08034 Barcelona Logo: © Two Things Inc. Used with permission. All rights reserved.
www.editorial.planeta.es Ilustración de la contracubierta: © Good Inside
9 788408 263043
www.planetadelibros.com Fotografía de la autora: © Melanie Dunea
C_Educar sin miedo.indd 1 100 mm 152 mm 22mm 152 mm 100 mm 5/9/22 13:59
Dra. Becky Kennedy
Educar sin
miedo
CONVIÉRTETE EN LA MADRE
O EL PADRE QUE QUIERES SER
Traducción de Ana Camallonga
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No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación
a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier
medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros
métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los
derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad
intelectual (art. 270 y siguientes del Código Penal)
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o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con Cedro a través de la
web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47
Título original: Good Inside. A Guide to Becoming the Parent you want to be
© Rebecca Kennedy, 2022
© de la traducción, Ana Camallonga Claveria, 2022
© Editorial Planeta, S. A., 2022
Av. Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona
www.editorial.planeta.es
www.planetadelibros.com
Primera edición: octubre de 2022
Depósito legal: B. 14.077-2022
ISBN: 978-84-08-26304-3
Preimpresión: Realización Planeta
Impresión: Romanyà Valls
Printed in Spain – Impreso en España
El papel utilizado para la impresión de este libro está
calificado como papel ecológico y procede de bosques
gestionados de manera sostenible
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Í n d ice
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Primera parte: Los principios de crianza de la doctora Becky
1 . Buenos por dentro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
2 . Dos cosas son ciertas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
3 . Recuerda cuál es tu trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
4 . Los primeros años importan . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63
5 . No es demasiado tarde . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
6 . Resiliencia > Felicidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
7 . El comportamiento es una ventana . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
8 . Reduce la vergüenza, aumenta el vínculo . . . . . . . . . . . . 117
9 . Di la verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
10 . Autocuidado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
Segunda parte: Desarrollar el vínculo y abordar el
comportamiento
11 . Acumular capital de vínculo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
12 . Cuando no te escucha . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
13 . Rabietas emocionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
14 . Rabietas agresivas (pegar, morder, lanzar objetos) . . . . . 199
15 . Rivalidad entre hermanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
16 . Malas contestaciones y rebeldía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
17 . Lamentos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233
18 . Mentiras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241
19 . Miedos y ansiedades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 251
20 . Indecisión y timidez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 261
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Educar sin miedo
21 . Intolerancia a la frustración . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 271
22 . Comida y hábitos alimenticios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281
23 . Consentimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 291
24 . Lágrimas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 299
25 . Seguridad en uno mismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 305
26 . Perfeccionismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 313
27 . Ansiedad por separación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 323
28 . Sueño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331
29 . Niños a los que no les gusta hablar de sentimientos
(niños con alta sensibilidad) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 343
Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 355
Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 361
Índice . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 367
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CA PÍ TULO 1
B u eno s p o r d e nt ro
Deja que comparta una conjetura sobre ti y tus hijos: sois
todos buenos por dentro. Cuando acusas a tu hija de ser una
«mimada», sigues siendo bueno por dentro. Cuando tu hijo
niega haber derribado la torre de bloques de su hermana
(aunque has visto cómo lo hacía), sigue siendo bueno por
dentro. Y cuando digo «bueno por dentro» quiero decir que
todos nosotros, en el fondo, somos compasivos, cariñosos y
generosos. El principio de la bondad interna está en el cen-
tro de todo mi trabajo: creo que los niños y los padres son
buenos por dentro, lo que me permite sentir curiosidad so-
bre el porqué de sus malas conductas. Y esa curiosidad me
permite desarrollar marcos de trabajo y estrategias que son
eficaces a la hora de impulsar un cambio. No hay nada en
este libro más importante que ese principio; es la base de
todo lo que viene a continuación, porque, en cuanto nos de-
cimos a nosotros mismos «vale, frena… Soy bueno por den-
tro…, mi hijo también es bueno por dentro…», interveni-
mos de un modo distinto de lo que lo haríamos si dejáramos
que nuestra frustración y nuestra ira dictaran nuestras deci-
siones.
El problema es que es muy fácil dejar que la frustración y
la ira nos dominen. Aunque nadie quiere verse como una
persona cínica o negativa o que asume lo peor de sus hijos,
cuando, como padres, estamos en medio de una situación di-
fícil, es habitual actuar a partir del supuesto (en gran parte
inconsciente) de la maldad interna. Nos preguntamos «¿de
verdad cree que puede salirse con la suya?», porque damos
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por sentado que nuestro hijo intenta deliberadamente apro-
vecharse de nosotros. Decimos «¿qué pasa contigo?», por-
que damos por sentado que hay un defecto en nuestra hija.
Gritamos «¡es que no aprendes!», porque damos por senta-
do que nuestro hijo está desafiándonos o provocándonos
deliberadamente. Y nos reprendemos a nosotros mismos de
la misma manera diciéndonos: «¿Qué pasa conmigo?, ¡no
aprendo!», antes de hundirnos en el pozo de la desespera-
ción, el autodesprecio y la vergüenza.
Gran parte de los consejos que se imparten sobre crianza
perpetúan esa suposición de maldad y se centran en contro-
lar a los niños en lugar de confiar en ellos, en enviarlos a sus
habitaciones en lugar de abrazarlos, en calificarlos de mani-
puladores en lugar de reconocer sus necesidades. Pero yo
creo de verdad que todos somos buenos por dentro. Y voy a
ser clara: ver la bondad en el interior de tu hijo no justifica el
mal comportamiento ni conduce a una crianza permisiva.
Existe la idea equivocada de que educar desde una perspecti-
va de «bondad interna» lleva a un enfoque de «todo vale»
que desemboca en niños incontrolables o que se creen con
derecho a todo, pero yo no conozco a nadie que diga «oh,
vaya, mi hija es buena por dentro, así que qué más da que le
escupa a su amiga» o «mi hijo es bueno por dentro, así que a
quién le importa que insulte a su hermana». De hecho, es
justo al revés. Entender que todos somos buenos por dentro
es lo que te permite distinguir a la persona (tu hijo) de la
conducta (mostrarse maleducado, pegar, decir «te odio»).
Diferenciar quién es alguien de lo que hace es fundamental a
la hora de desarrollar intervenciones que preserven vuestra
relación y al mismo tiempo nos lleven a un cambio trascen-
dente.
Dar la bondad por supuesta es lo que te permite liderar
con firmeza a tu familia, porque, cuando confías en la bon-
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Buenos por dentro
dad de tu hijo, crees en su capacidad para portarse «bien» y
hacer lo correcto. Y mientras creas que él es capaz, podrás
mostrarle el camino. Ese es el tipo de liderazgo que todo
niño desea: el de alguien en quien pueda confiar para que lo
lleve por el camino correcto. Es lo que hace que se sienta se-
guro, lo que le permite encontrar la calma y lo que lo lleva a
desarrollar la regulación de las emociones y la resiliencia.
Proporcionarle un espacio seguro en el que experimentar y
equivocarse sin preocuparse porque se lo considere «malo»
es lo que hará que tu hijo aprenda y crezca, y, a la postre, es-
treche su vínculo contigo.
Puede que todo esto parezca evidente. ¡Claro que tus hi-
jos son buenos por dentro! Al fin y al cabo, los quieres: no
estarías leyendo este libro si no quisieras potenciar esa bon-
dad. Pero actuar desde la perspectiva de la «bondad interior»
puede ser más difícil de lo que parece, sobre todo en los mo-
mentos difíciles o de mucha carga emocional. Es fácil —es
casi un acto reflejo— adoptar por defecto una visión menos
generosa. Por dos razones principales: la primera, que esta-
mos programados, desde el punto de vista evolutivo, con un
sesgo negativo, lo que significa que prestamos más atención
a lo que más les cuesta a nuestros hijos (o a nosotros mismos,
nuestras parejas e incluso el mundo en general) que a lo que
hacen bien; la segunda, porque lo que vivimos en nuestra
propia infancia condiciona el modo en que percibimos el
comportamiento de nuestros hijos y respondemos a él. Mu-
chos tuvimos padres que, en su trato con nosotros, partían
del juicio moral, y no de la curiosidad, de la crítica, y no de la
comprensión, del castigo, y no del debate. (Seguro que ellos
tuvieron padres que los trataron del mismo modo.) Y, cuan-
do no hay un esfuerzo decidido para corregir el rumbo, la
historia se repite. Como consecuencia, muchos padres ven el
comportamiento como la medida de lo que son sus hijos, en
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lugar de verlo como una pista de lo que quizá necesiten. ¿Y
si contempláramos su conducta como una forma de expresar
lo que necesitan, y no lo que son? Así, en lugar de avergon-
zar a nuestros hijos por sus defectos, haciendo que sientan
que no los vemos y que están solos, podríamos ayudarlos a
acceder a su bondad interior y mejorar, de paso, su compor-
tamiento. Cambiar de perspectiva no es fácil, pero sin duda
merece la pena.
Reprogramar el circuito
Quiero que pienses en tu infancia y que imagines cómo ha-
brían reaccionado tus padres en las siguientes situaciones:
• Tienes tres años y una hermanita nueva a la que todo el
mundo no deja de contemplar con arrobo . A ti te está cos-
tando aceptar tu nuevo estatus dentro de la familia, aun-
que los demás te dicen que deberías estar contenta . Tie-
nes un montón de rabietas, le quitas los juguetes a tu
hermana y al final sueltas lo que piensas: «¡Devuélvela al
hospital! ¡La odio!» . ¿Qué ocurre a continuación? ¿Cómo
reaccionan tus padres?
• Tienes siete años y quieres una Oreo que tu padre te ha di-
cho con todas las letras que no puedes comerte . Ya no
puedes más con que te digan a todas horas lo que tienes
que hacer y que a todo te respondan con un no, así que,
cuando te quedas a solas en la cocina, coges la galleta . Tu
padre te pilla con la Oreo en la mano . ¿Qué ocurre a conti-
nuación? ¿Cómo reacciona?
• Tienes trece años y te han puesto de deberes una redac-
ción que te está costando . Les dices a tus padres que está
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Buenos por dentro
hecha, pero días después la profesora les llama para que-
jarse de que no la has entregado . ¿Qué ocurre a continua-
ción? ¿Qué te dicen tus padres cuando llegas a casa?
Tengamos en cuenta lo siguiente: todos metemos la pata.
Todos, a cualquier edad, tenemos momentos difíciles en los
que nos comportamos de maneras que están lejos de ser
ideales. Pero los primeros años de vida son especialmente
importantes porque nuestros cuerpos están empezando a
programar el modo en que pensamos en los momentos difí-
ciles y respondemos a ellos a partir del modo en que nues-
tros padres piensan sobre nuestros momentos difíciles y res-
ponden a ellos. Lo diré de otra manera: la forma en que nos
hablamos a nosotros mismos cuando vivimos un conflicto
interno —el diálogo interno de «no seas tan sensible» o «es-
toy exagerando» o «soy imbécil» o, todo lo contrario, «hago
lo que puedo» o «solo quiero tener la sensación de que me
ven»— tiene que ver con cómo nos hablaron o nos trataron
nuestros padres en nuestros momentos más difíciles. Eso
significa que analizar nuestras respuestas a esos «¿qué ocu-
rre a continuación?» es crucial para entender el modo en que
está programado nuestro cuerpo.
¿A qué me refiero con «programado»? Bueno, en nues-
tros primeros años, nuestro cuerpo está aprendiendo bajo
qué condiciones recibe amor, atención, comprensión y afec-
to, y bajo qué condiciones obtiene rechazo, castigo o aisla-
miento; la «información» que recoge en torno a esas cuestio-
nes es fundamental para nuestra supervivencia, porque
maximizar el apego con nuestros cuidadores es el principal
objetivo de cualquier niño, que es un ser pequeño e indefen-
so. Esos aprendizajes influyen en nuestro desarrollo, por-
que pronto empezamos a interiorizar todo lo que nos consi-
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gue amor y atención, y a dejar de lado y etiquetar de «malas»
las partes que son rechazadas, criticadas o invalidadas.
Ahora bien, la cuestión es que ninguna de nuestras partes
es realmente mala. Detrás de «¡devuélvela al hospital!, ¡la
odio!» hay una niña que está sufriendo, con un enorme mie-
do al abandono y la sensación de que una amenaza se cierne
sobre la familia; detrás del desafío que supone coger esa ga-
lleta probablemente hay un niño que se siente invisible y
controlado en otros aspectos de su vida, y detrás de los de-
beres del colegio no realizados hay una criatura que está pa-
sando por un mal momento y se siente insegura. Detrás del
«mal comportamiento» hay siempre un buen niño. Pero,
cuando los padres suprimen una conducta con dureza sin re-
conocer al buen niño que hay debajo, ese niño internaliza
que él es malo. Y la maldad hay que reprimirla a toda costa,
así que el niño desarrolla métodos, incluido un diálogo in-
terno sin contemplaciones, para reprenderse a sí mismo,
como una forma de acabar con las partes de «mal niño» y
encontrar en su lugar las de «buen niño»; es decir, las que
obtienen aprobación y fortalecen el vínculo que tiene con
sus padres.
Así que ¿qué es lo que aprendiste, de niño, que venía des-
pués del «mal» comportamiento? ¿Aprendió tu cuerpo a
programarse para la crítica, el castigo y la soledad… o para
los límites, la empatía y el vínculo? O, dicho de un modo
más simple, ahora que sabemos que el «mal comportamien-
to» de una persona es en realidad una señal de lo mal que lo
está pasando en su interior, ¿aprendiste a abordar tus con-
flictos desde la crítica… o desde la compasión? ¿Desde la
culpa o desde la curiosidad?
El modo en que nuestros cuidadores nos respondieron
se convierte en el modo en que nosotros, por nuestra parte,
nos respondemos a nosotros mismos, y eso sienta las bases
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del modo en que les respondemos a nuestros hijos. Por eso
es tan fácil crear un legado intergeneracional de «maldad in-
terna»: mis padres reaccionaron a mis dificultades con dure-
za y siendo muy críticos yo aprendí a dudar de mi bondad
en los malos momentos ahora, de adulto, respondo a mis
dificultades culpándome y criticándome mi hijo, cuando
se porta mal, activa esa misma programación en mi cuerpo
me siento impelido a reaccionar con dureza ante las difi-
cultades de mi hijo pongo en marcha la misma programa-
ción en el cuerpo de mi hijo, que aprende a dudar de su bon-
dad en sus malos momentos y así sucesivamente.
Bien, detengámonos un momento. Coloca una mano en
el corazón y date este mensaje tan importante: «Estoy aquí
porque quiero cambiar. Quiero ser el punto de inflexión en
los patrones intergeneracionales de mi familia. Quiero ser el
comienzo de algo distinto: quiero que mis hijos se sientan
buenos por dentro, se sientan valiosos y dignos de amor y
merecedores de todo lo mejor, incluso cuando estén pasan-
do un mal momento. Y eso se consigue… reconectando con
mi propia bondad. Mi bondad siempre ha estado ahí». Tú no
tienes la culpa de tus patrones intergeneracionales. Al con-
trario: que estés leyendo este libro me dice que estás adop-
tando el papel de rompeciclos, que quieres ser la persona
que declara que ciertos patrones dañinos SE ACABAN
contigo. Estás dispuesto a asumir el peso de las generaciones
que te preceden y a cambiar la dirección de las generaciones
posteriores. Caramba. Estás lejos de ser culpable: eres va-
liente y audaz, y quieres a tus hijos más que a nada. Romper
el ciclo es una batalla épica y tiene mucho mérito empren-
derla.
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La interpretación más generosa (IMG)
Encontrar la bondad que hay en el interior puede venir a
menudo de hacernos una pregunta muy simple: «¿Cuál es la
interpretación más generosa (IMG) que puedo hacer de lo
que acaba de pasar?». Me lo pregunto a menudo con rela-
ción a mis hijos y mis amigos, y estoy tratando de pregun-
tármelo más con relación a mi matrimonio y a mí misma.
Cuando pronuncio esas palabras, aunque sea para mis aden-
tros, me doy cuenta de que mi cuerpo se relaja e interactúo
con los demás de un modo que hace que me sienta mejor.
Veamos un ejemplo. Estáis pensando en salir a comer
con tu hijo mayor, solo con él, por su cumpleaños, y decides
preparar el terreno con tu hijo pequeño con unos días de an-
telación. «Quería avisarte de cuáles son los planes para el sá-
bado —le dices—. Papá y yo vamos a ir a comer con Nico
por su cumpleaños. La abuela vendrá y se quedará contigo
mientras estemos fuera. No será mucho más de una hora.»
Tu hijo pequeño responde: «¿Papá y tú vais a ir a comer con
Nico y sin mí? ¡Te odio! ¡Eres la peor madre del mundo!».
¿Qué acaba de pasar? ¿Y cómo respondes? He aquí va-
rias opciones: 1) «¿La peor madre? ¡Acabo de comprarte un
juguete! ¡Eres un desagradecido!» 2) «Cuando dices esas co-
sas, mamá se pone triste.» 3) Lo ignoras y te vas. 4) «Vaya,
esas son palabras mayores, espera un momento… Noto lo
mucho que te ha molestado. Cuéntame más.»
Me gusta la opción 4, porque es la intervención que tiene
sentido después de tener en cuenta la interpretación más ge-
nerosa del comportamiento de mi hijo. La primera opción
parte del supuesto de que mi hijo es un consentido y un in-
grato. La segunda le enseña a mi hijo que sus emociones son
demasiado intensas y alarmantes como para manejarlas, que
hacen daño a los demás y amenazan la seguridad del apego
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Buenos por dentro
con un cuidador. (Hablaremos del apego con más detalle en
el capítulo 4, pero la versión rápida sería que centrarse en el
impacto de un niño en nosotros pone las bases para la code-
pendencia, no para la regulación o la empatía.) En la tercera
opción el mensaje que envío es que creo que mi hijo está
siendo poco razonable y que sus preocupaciones no son im-
portantes para mí. Pero mi IMG de la respuesta de mi hijo es
esta: «Mmm. A mi hijo le gustaría de verdad que lo incluyé-
ramos en esta comida especial. Puedo entenderlo. Está triste.
Y celoso. Son emociones muy grandes para un cuerpo tan
pequeño y salen de él en tromba, en forma de palabras que
hacen daño, pero lo que hay detrás son emociones en carne
viva muy dolorosas». La intervención posterior —la decla-
ración empática que parte del hecho de ver a mi hijo como
bueno por dentro— reconoce sus palabras como una señal
de un dolor abrumador, no como una señal de que es un
niño malo.
Optar por la IMG enseña a los padres a prestar atención
a lo que está pasando en el interior de su hijo (grandes emo-
ciones, grandes preocupaciones, grandes deseos, grandes
sensaciones), en lugar de en lo que está pasando en el exte-
rior (grandes palabras o, a veces, grandes acciones). Y cuan-
do ponemos en práctica esta perspectiva, enseñamos a nues-
tros hijos a hacer lo mismo. Los orientamos a su vivencia
interna, de la que forman parte pensamientos, emociones,
sensaciones, deseos, recuerdos e imágenes. Las habilidades
de autorregulación dependen de la capacidad de reconocer
la vivencia interna, así que, al centrarnos en lo que está den-
tro y no en lo que está fuera, estamos sentando en nuestros
hijos las bases de una buena estrategia de confrontación de la
adversidad. Optar por la interpretación más generosa del
comportamiento de tu hijo no quiere decir que estés «deján-
dole pasar» nada; quiere decir que estás enmarcando su con-
29
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Educar sin miedo
ducta de un modo que lo ayudará a desarrollar una capaci-
dad de regulación de las emociones que será fundamental
para su futuro, al mismo tiempo que preservas el vínculo
que os une y vuestra relación de cercanía.
He aquí otra razón por la que me gusta pensar en la
IMG: siempre, pero sobre todo cuando están desregulados
—cuando sus emociones superan la capacidad que tienen en
ese momento de enfrentarse a la adversidad—, los niños mi-
ran a sus padres para conocer la respuesta a las siguientes
preguntas: «¿Quién soy ahora mismo? ¿Soy un niño malo
que hace cosas malas… o soy un niño bueno que está pasan-
do por un mal momento?». Nuestros hijos se forman una
imagen de sí mismos a partir de las respuestas de sus padres a
esas preguntas. Si queremos que nuestros hijos estén de ver-
dad seguros de sí mismos y se sientan a gusto con lo que son,
tenemos que transmitirles que son buenos por dentro, in-
cluso cuando están pasando por un mal momento por fuera.
Muchas veces me recuerdo a mí misma que nuestros hi-
jos responden a la versión de sí mismos que los padres les
transmitimos y actúan de acuerdo con ella. Cuando les deci-
mos a nuestros hijos que son egoístas, actúan en su propio
interés. Cuando le decimos a nuestro hijo que su hermana
tiene mejores modales que él, ¿sabes qué ocurre? Que el mal
comportamiento continúa. Pero lo opuesto es también cier-
to. Cuando les decimos a nuestros hijos «eres un buen niño
que está pasando por un mal momento…; estoy aquí, justo
aquí, estoy contigo», es más probable que sientan empatía
por sus propias dificultades, lo que los ayudará a regularse y
a tomar mejores decisiones. Recuerdo que una vez vi que mi
hijo mayor se debatía sobre si compartir su merienda con su
hermana. Me descubrí queriendo decir: «¡Tu hermana la
compartiría contigo! ¡Venga, ten un gesto bonito!». Pero oí
también otra voz que suplicaba: «¡La interpretación más ge-
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Buenos por dentro
nerosa! ¡La interpretación más generosa!». Así que lo que le
dije fue: «Sé que eres tan capaz de compartir y de ser genero-
so como cualquier otra persona de esta familia. Voy a salir
de la habitación; tu hermana y tú podéis solucionar esto».
Oí que le decía a su hermana que no iba a darle la galleta sa-
lada que le pedía, pero que sí podía coger unos cuantos
pretzels. ¿Un resultado perfecto? No, pero si busco la per-
fección me perderé la mejora…, y a mí la mejora me gusta
mucho. Mi hijo decidió hacer un pequeño sacrificio. Con
eso me vale.
No hay nada más importante que aprender a ver nuestra
bondad en nuestros peores momentos, porque desarrolla
nuestra capacidad de reflexionar y cambiar. Todas las buenas
decisiones empiezan por sentirnos seguros con nosotros
mismos y con nuestro entorno, y nada hace que nos sintamos
más seguros que ser reconocidos como las buenas personas
que en realidad somos. Así que, si solo recuerdas una cosa de
este libro, que sea esto: eres bueno por dentro y tu hijo es
bueno por dentro. Si vuelves a esta verdad antes de iniciar
cualquier intento de cambio, estarás en el buen camino.
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