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Organización de la Personalidad: Normal y Anormal

Este documento describe dos enfoques (descriptivo y estructural) para explicar la patología límite. Explica que la patología límite se puede entender a través de las conductas observables de los pacientes y las estructuras psicológicas subyacentes que las guían. También describe que las relaciones objetales internalizadas son los elementos constitutivos fundamentales de las estructuras psicológicas.

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Organización de la Personalidad: Normal y Anormal

Este documento describe dos enfoques (descriptivo y estructural) para explicar la patología límite. Explica que la patología límite se puede entender a través de las conductas observables de los pacientes y las estructuras psicológicas subyacentes que las guían. También describe que las relaciones objetales internalizadas son los elementos constitutivos fundamentales de las estructuras psicológicas.

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La naturaleza de la

organización normal y
1 anormal de la personalidad

El modelo de trastorno de la personalidad y de tratamiento del


mismo que describimos en este libro se basa en la teoría psicoanalítica
contemporánea de las relaciones objetales, tal como ha sido desarro-
llada por Kernberg (1984, 1992) y ampliada con ayuda de la investiga-
ción fenomenológica y neurobiológica actual (Clarkin & De Panfilis,
2013; Clarkin & Posner, 2005; Depue & Lenzenweger, 2001). Una de las
premisas fundamentales de la concepción y el tratamiento psicodiná-
mico de los pacientes con trastornos de la personalidad es que las con-
ductas observables y las alteraciones subjetivas que se observan en
dichos pacientes reflejan las características patológicas de las estruc-
turas psicológicas subyacentes, y la forma en que dichas estructuras
favorecen el logro de un equilibrio satisfactorio entre las dificultades
internas y externas que debe afrontar todo individuo. En consonancia
con esta concepción, en primer lugar revisaremos las conductas y los
síntomas observables de los pacientes con un trastorno límite de la
personalidad. Después de revisar las conductas observables analiza-
das en la bibliografía empírica sobre el tema, describiremos la natura-
leza de la personalidad desde el punto de vista de las relaciones
objetales, en el sentido de las estructuras psicológicas subyacentes que
suponemos que canalizan las conductas observables. Tanto las con-
ductas observables como las estructuras subyacentes configuran
22 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

nuestro modelo de nosología diagnóstica para explicar la patología de


la personalidad, desentrañar los problemas de evaluación clínica, y
trazar los objetivos de la intervención terapéutica.
En este capítulo no expondremos una revisión exhaustiva de la
patología borderline porque ya lo hemos hecho en otro lugar (Clarkin
et al., en prensa). Nuestro principal objetivo aquí será brindarle al
profesional clínico un modelo de patología límite que reviste una
importancia esencial para la evaluación experta y para la planifica-
ción del tratamiento. Es útil que el profesional pueda disponer tanto
de una imagen general de la patología borderline tal como se puede
observar fenomenológicamente, como igualmente de un modelo de
las representaciones mentales de sí mismo y de los otros [i.e., del self
y objetales] que dichos pacientes han internalizado a partir de sus
experiencias evolutivas. A pesar de las insuficiencias de los modelos
de patología borderline que existen actualmente (Lenzenweger &
Clarkin, 2005), el clínico necesita tener un modelo de trabajo cerca-
no a la experiencia real respecto del trastorno límite, a fin de poder
guiar sus intervenciones momento a momento en su relación con el
paciente. Así pues, en este capítulo describiremos la patología bor-
derline primeramente desde una perspectiva fenomenológica, y a
continuación desde una perspectiva estructural.

Dos enfoques (descriptivo y estructural) para explicar


la patología límite

Otto Kernberg y John Gunderson fueron figuras claves en la des-


cripción de la patología borderline y en la descripción del síndrome
conocido actualmente como trastorno límite de la personalidad, tal
como fue definido primeramente en el DSM-III (Asociación Psi-
quiátrica Americana, 1980). Los conceptos de estructura preesquizo-
frénica de la personalidad, estados límites, caracteres psicóticos y
personalidad borderline se desarrollaron a partir de la experiencia
del tratamiento clínico con pacientes gravemente perturbados y
polisintomáticos (Kernberg, 1975). Knight (1954), por ejemplo, des-
cribió la debilidad del yo que llevaba a vivenciar regresiones graves
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 23

en la transferencia, y la necesidad de modificar los enfoques psico-


terapéuticos tradicionales. Sobre la base de sus experiencias con
pacientes con un trastorno grave de la personalidad, los cuales fue-
ron estudiados como parte del Proyecto de Investigación en Psicote-
rapia, dependiente de la Fundación Menninger, Kernberg (1975)
describió a estos pacientes señalando que tenían una estructura
psicológica patológica específica estable, que difería de la estructu-
ra psicológica que se podía observar en los pacientes neuróticos y
de la que se podía observar en los pacientes pertenecientes al espec-
tro psicótico, y definió a este grupo de pacientes en tanto que indi-
viduos con una organización borderline de la personalidad. Sometidos
al tratamiento psicoanalítico clásico, estos pacientes mostraban
una predisposición a desarrollar una pérdida de la prueba de reali-
dad e ideas delirantes limitadas al contexto de la transferencia. Sir-
viéndose de los conceptos derivados de la escisión defensiva
[splitting] (Fairbairn, 1943; Jacobson, 1954, 1957, 1964; Klein, 1946),
Kernberg describió a estos pacientes desde la perspectiva tanto de
la patología descriptiva como del nivel de organización estructural,
incluyendo en la descripción clínica la falta de tolerancia a la ansie-
dad, el control deficiente de impulsos, la ausencia de canales subli-
matorios suficientemente desarrollados (debilidad del yo), y la
presencia de unas relaciones objetales internalizadas patológicas.
Mientras Kernberg (1975, 1984) describía a estos pacientes desde
la perspectiva de la patología descriptiva y de las características
estructurales, otros investigadores (Grinker et al., 1968; Gunderson
y Kolb, 1978) utilizaban un enfoque exclusivamente descriptivo
para identificar a los pacientes que manifestaban afectos intensos,
en especial rabia y depresión, y a los posibles subgrupos dentro de
dichos pacientes. Muchas de las características descriptivas men-
cionadas a propósito de estos pacientes fueron utilizadas para for-
mular el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad por
primera vez dentro del sistema diagnóstico (Asociación Psiquiátrica
Americana, 1980).
En lo que resta del presente capítulo describiremos la patología
borderline desde una perspectiva estructural, derivada de la teoría de
las relaciones objetales. En el capítulo 2, “Desarrollo empírico de la
24 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

psicoterapia centrada en la transferencia”, combinaremos el modelo


estructural con el creciente corpus de investigación respecto del fun-
cionamiento conductual y neurocognitivo de los pacientes con pato-
logía límite.

La patología límite: su organización estructural

Una de las premisas fundamentales de la concepción y el trata-


miento psicodinámico de los pacientes con trastornos de la persona-
lidad es que las conductas observables y las alteraciones subjetivas
de dichos pacientes constituyen el reflejo de las características pato-
lógicas de las estructuras psicológicas subyacentes. Una estructura
psicológica es un modelo estable y duradero de funcionamiento men-
tal, en torno al cual se organiza la conducta del individuo, sus per-
cepciones y su experiencia subjetiva. Una característica central de la
estructura psicológica de los pacientes con trastornos graves de la
personalidad sería la naturaleza y el grado de integración del sentido
del self y de los otros. El nivel de organización estructural de la per-
sonalidad correlativo a la gravedad del trastorno de la personalidad
–que abarcaría del nivel normal al nivel neurótico, borderline y psicó-
tico– dependerá en gran medida de dicho grado de integración.
La teoría de las relaciones objetales (Jacobson, 1964; Kernberg,
1980; Klein, 1957; Mahler, 1971) enfatiza que los impulsos descritos
por Freud –libido y agresión– se vivencian siempre en relación con
un otro específico, esto es, un objeto del impulso. Las relaciones obje-
tales internalizadas son los elementos constitutivos fundamentales
de las estructuras psicológicas, y hacen las veces de organizadores
de la motivación y de la conducta. Estos elementos constitutivos son
unidades compuestas de una representación de sí mismo [represen-
tación del self ] y de una representación de un otro [representación
objetal], vinculados por un afecto relacionado con un impulso, o que
lo representa (figura 1.1). Estas unidades compuestas del self, un
otro, y el afecto que los vincula, constituyen las díadas relacionales-
objetales. Es importante advertir que el self y el objeto incluidos den-
tro de la díada no constituyen ni representaciones internas objetivas
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 25

de la totalidad del self o del otro, ni representaciones objetivas de


relaciones reales acontecidas en el pasado, sino que antes bien cons-
tituyen representaciones del self y de un otro tal y como fueron viven-
ciadas e internalizadas en determinados momentos específicos y
afectivamente muy cargados en el tiempo durante el trascurso del
desarrollo temprano, y tal y como en un segundo momento fueron
procesadas por fuerzas internas tales como los afectos primarios y
las fantasías primarias.

Self Objeto

Afectos

La díada relacional-objetal
Figura 1.1. Fundamentos teóricos de la psicoterapia centrada en la
transferencia: la teoría de las relaciones objetales

El desarrollo normal de la personalidad


y sus desviaciones anormales
La patología de la personalidad se pone agudamente de relieve
cuando se la contrasta con una concepción clara respecto del funcio-
namiento de la personalidad normal. Tanto en la evaluación (capítu-
lo 4, “Fase de valoración”) como en el tratamiento, el terapeuta que
practica nuestro enfoque comparará constantemente el funciona-
miento del paciente con el funcionamiento del individuo que tiene un
nivel normal de organización de la personalidad. Los objetivos del
tratamiento se van alcanzando a lo largo de los sucesivos pasos del
proceso de ayudar al paciente a avanzar del funcionamiento anor-
mal de la personalidad al funcionamiento normal (tabla 1.1).
La personalidad representa la integración de los estilos conduc-
tuales arraigados en el temperamento, las capacidades cognitivas, el
26
Tabla 1.1. Aspectos integrantes de los distintos niveles de organización de la personalidad

PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA


Organización borderline Organización neurótica Organización normal
Identidad Sentido incoherente de sí mismo y Sentido coherente de sí mismo y de Sentido integrado de sí mismo y
de los otros; investimientos los otros, pero con la presencia de un de los otros; investimientos
deficitarios en el ámbito del trabajo, elemento de la vida psíquica que no significativos en el ámbito del
las relaciones y el tiempo libre. acaba de estar plenamente integrado; trabajo, las relaciones y el tiempo
investimientos significativos en el libre.
ámbito del trabajo, las relaciones y el
tiempo libre.
Defensas Utilización de defensas primitivas. Utilización de defensas más Utilización de defensas más
avanzadas; rigidez. avanzadas; flexibilidad.
Prueba de realidad Empatía variable con los criterios Percepción adecuada del self vs. Percepción adecuada del self vs.
sociales compartidos para definir no-self, interno vs. externo; empatía no-self, interno vs. externo;
la realidad; presencia de cierta con los criterios sociales de realidad. empatía con los criterios sociales
confusión y distorsión entre self y de realidad.
no-self, interno y externo.
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 27

carácter, y los sistemas de valores internalizados (Kernberg & Cali-


gor, 2005). El temperamento alude a la disposición constitucional
hacia un modelo de reacción a los estímulos internos y ambientales;
ello incluye la intensidad, el ritmo y los umbrales de activación de las
respuestas afectivas. Los umbrales de base constitucional para la
activación de los afectos positivos, placenteros y gratificantes, y para
la activación de los afectos negativos y dolorosos, representan el vín-
culo más importante entre los aspectos biológicos y los aspectos psi-
cológicos de la personalidad (Kernberg, 1994). La intensidad, la
modalidad y la gama de afectos manifestados por los niños dentro
de la secuencia del desarrollo, son importantes para poder compren-
der la organización borderline de la personalidad. No es de extrañar
que los afectos estén relacionados con el contexto asociado a los cui-
dados primarios recibidos (Kochanska, 2001). Los estilos de apego
entre la madre y el niño a partir de edades tan tempranas como los
14 meses se relacionan con las manifestaciones afectivas observadas
en las situaciones de laboratorio. Dentro de estos últimos contextos,
con el tiempo los niños seguros se vuelven menos agresivos, mientras
que los niños inseguros manifiestan más afectos negativos.
Los procesos cognitivos desempeñan un papel crucial en la per-
cepción de la realidad y en la organización de la conducta dirigida
hacia unos objetivos definidos. También desempeñan un papel cru-
cial en el desarrollo y la modulación de las respuestas afectivas. Las
representaciones cognitivas de los afectos influyen en los umbrales de
activación de las reacciones afectivas. Dichos procesos cognitivos son
esenciales a la hora de transformar los estados afectivos primitivos en
experiencias emocionales complejas. En virtud de la integración del
aprendizaje a partir de los modelos ofrecidos por los cuidadores y las
disposiciones temperamentales, se desarrollan las capacidades cogni-
tivas para la regulación de la atención y el control deliberado.
El carácter –la manifestación conductual de la identidad– es la
organización dinámica de los estilos y patrones conductuales carac-
terísticos del individuo en particular. El carácter incluye el nivel y el
grado de organización de los estilos conductuales, y el grado de flexi-
bilidad o de rigidez de las conductas a lo largo de las distintas situa-
ciones ambientales. El carácter refleja los efectos de la integración de
28 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

la multitud de relaciones internalizadas entre el self y los objetos, que


contribuyen a generar los modelos internos de conducta. La conse-
cuencia subjetiva del carácter sería la estructura de la identidad, es
decir, la integración de todas las representaciones del self incluidas
en estas unidades relacionales diádicas dentro de un concepto de sí
mismo estable y complejo, paralelamente a la integración comple-
mentaria de las representaciones objetales en conceptos integrados
de otras personas significativas. El carácter y la identidad son aspec-
tos que se complementan mutuamente. La identidad, que se compo-
ne del concepto o los conceptos del self y de los otros significativos,
es la que brinda la estructura psicológica que determina la organiza-
ción dinámica del carácter.
La internalización de las relaciones objetales significativas da ori-
gen a una estructura subjetiva más crucial en relación con un siste-
ma integrado de valores éticos, que en la teoría psicoanalítica se
designa con el nombre de superyó. En el desarrollo de la patología
borderline, las perturbaciones en esta estructura tienen unas conse-
cuencias significativas tanto clínicas como terapéuticas, y a nivel
pronóstico.

La organización normal de la personalidad


El individuo con una organización normal de la personalidad tie-
ne, lo primero y principal, un concepto integrado y coherente de sí
mismo y de otras personas significativas, que aparece reflejado en el
concepto de la propia identidad. Dicho concepto incluye tanto un
sentido interno y coherente respecto de sí mismo, como también una
conducta externa que refleja dicha coherencia interior. Este sentido
coherente del self es fundamental para la autoestima, el placer, la
capacidad de disfrutar de las relaciones con los demás y del compro-
miso y las obligaciones relacionadas con el trabajo, y para un sentido
de la continuidad a lo largo del tiempo. Un sentido coherente e inte-
grado respecto del self contribuye a la realización de las propias
capacidades, deseos y objetivos a largo plazo. De forma similar, un
concepto coherente e integrado respecto de los demás contribuye a
evaluarlos de manera realista, incluida la empatía y el tacto social, y
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 29

por ende la capacidad de comunicarse y de relacionarse con éxito.


Un sentido integrado respecto del self y respecto de los demás contri-
buye a desarrollar la capacidad de vivenciar una interdependencia
madura con otras personas, lo que implica la capacidad de estable-
cer compromisos emocionales con los demás al tiempo que mante-
niendo simultáneamente la propia coherencia y autonomía. La
capacidad de establecer relaciones amorosas íntimas y estables, y de
integrar el erotismo y la ternura dentro del marco de dichas relacio-
nes, sería otra de las consecuencias de una identidad coherente.
Una segunda característica estructural de la organización nor-
mal de la personalidad sería la presencia de un amplio espectro de
vivencias afectivas. El individuo con una organización normal de la
personalidad tiene la capacidad de vivenciar toda una gama de afec-
tos complejos y convenientemente modulados, sin perder el control
de los impulsos. Dicha capacidad guarda relación con la identidad y
con el nivel alcanzado por la organización defensiva del individuo.
Los mecanismos de defensa serían aquellos aspectos del aparato psi-
cológico que ayudan al individuo a afrontar la ansiedad relacionada
con los conflictos dentro de sí mismo (e.g., entre los sentimientos de
amor y los sentimientos de odio, o entre los impulsos y las prohibi-
ciones internas contra los mismos), o bien entre los impulsos inter-
nos y las exigencias de la realidad externa. Una identidad coherente
unida a unas defensas psicológicas funcionando convenientemente,
le permite al individuo vivenciar afectos intensos dentro del contexto
de una base consistente y sólida de experiencias internalizadas, que
le ayudan a comprender y asimilar dichos afectos. En el caso de los
individuos con trastornos de la personalidad, uno de los elementos
iniciales básicos del tratamiento consiste en crear un marco terapéu-
tico en el que el terapeuta pueda contener los afectos intensos que el
paciente tiene dificultades en dominar y, por ende, en metabolizar
simbólicamente con la ayuda del lenguaje.
Una tercera característica de la organización normal de la perso-
nalidad sería la presencia de un sistema integrado de valores inter-
nalizados. Hundiendo sus raíces evolutivas en los valores y las
prohibiciones parentales, un sistema maduro de valores internaliza-
dos no aparece unido de manera rígida a las prohibiciones parentales,
30 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

sino que, antes bien, demuestra ser estable, individualizado, e inde-


pendiente de las relaciones externas con los demás. Dicha estructura
interna de valores se refleja en un sentido de la responsabilidad perso-
nal, una capacidad para la autoevaluación y la autocrítica realistas, y
para tomar decisiones de forma flexible e impregnada del compromi-
so con unas normas, valores e ideales.

Factores evolutivos
Las díadas de relaciones objetales internalizadas son los elementos
básicos fundamentales que conforman la estructura psicológica. En el
curso del desarrollo infantil se generan numerosas díadas internaliza-
das sobre la base de experiencias afectivamente intensas. Estas díadas
se convierten en los prototipos de la experiencia que el individuo tiene
respecto de sí mismo y del otro. La figura 1.2 muestra algunas de las
díadas más prominentes, entre otras muchas posibles, que suelen ser
normalmente internalizadas durante el transcurso del desarrollo.

Ejemplos
S 1 = Self hambriento, carenciado
S1
a1
O 1 = Objeto sádico, insensible O1
a 1 = Miedo
— — — — — — — — — — —
S 2 = Self hambriento, y después satisfecho S2
O 2 = Objeto ideal, receptivo
a 2 = Amor
— — — — — — — — — — — a2 O2
S 3 = Self poderoso, controlador O3
O 3 = Objeto débil, a la manera de un esclavo
a 3 = Rabia a3
O3
Etc.

Figura 1.2. El mundo interno del bebé


Nota: a = afecto; O = representación objetal; S = representación del self.
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 31

La teoría de las relaciones objetales sugiere que la combinación


del temperamento y de las experiencias del bebé en el contexto de
unas interrelaciones afectivamente intensas con los cuidadores que
forman parte del entorno, constituye un elemento crucial para el
desarrollo. Las primeras interrelaciones entre el bebé y el cuidador
serían los elementos claves dentro del proceso de internalización
gradual por parte del bebé de una representación del mundo exter-
no. Dichas interrelaciones son internalizadas a través de una varie-
dad de formas que reciben la influencia del temperamento del bebé.
Dichas formas incluyen el nivel de activación afectiva y los elementos
cognitivo-perceptuales. La interrelación óptima bebé-cuidador le
brinda al bebé una atmósfera protectora y solícita en la que percibe
al cuidador como una figura amorosa y que comprende acertada-
mente sus necesidades, las cuales se ven satisfechas dentro del mar-
co de un intercambio regular satisfactorio (véase Gergely & Watson,
1996). Dentro de este contexto, el bebé desarrolla un apego seguro
hacia el cuidador y comienza a crear una narrativa interna coheren-
te respecto de sí mismo y del otro, con la inclusión de expectativas
positivas y gozosas de que está a salvo y bien cuidado. Este apego
seguro le ayuda al bebé a afrontar las experiencias negativas –i.e., los
momentos de malestar y de dolor– que forman parte inevitable del
proceso evolutivo.
Durante los períodos relativamente calmados asociados a una
baja intensidad afectiva, el bebé asimila el entorno circundante en
base a una modalidad general de aprendizaje cognitivo que depende
de la edad y del desarrollo neuropsicológico alcanzado. Por contras-
te, el bebé también vivencia períodos de elevada intensidad afectiva.
Dichos períodos suelen estar relacionados habitualmente con necesi-
dades o con deseos de experimentar placer (“Necesito ayuda”, “Quie-
ro más”), o bien con temores o con deseos de liberarse del dolor
(“¡Líbrame de eso!”). Los afectos del bebé son intensos porque tienen
la función biológica de ayudar a los mamíferos inmaduros a sobrevi-
vir mediante la búsqueda de experiencias placenteras y solícitas
[nurturance, i.e., cuidados y atención] y la evitación del daño, y
mediante el señalamiento al cuidador de las propias necesidades a
través de la expresión de las vivencias afectivas. Una experiencia
32 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

característica de placer o de satisfacción tiene lugar cuando el bebé


siente un hambre intensa y la madre está presente y responde a la
percepción de la necesidad en cuestión, mientras que una experien-
cia característica de dolor o de frustración acontece cuando el cuida-
dor, por la razón que sea, no responde a las necesidades sentidas por
el bebé. Durante los primeros meses de vida del niño, la intensidad
de estos momentos todavía no tiene la posibilidad de verse amorti-
guada por la acción de un amplio contexto internalizado de expe-
riencias o vivencias de distinto signo.
Estos períodos de intensidad afectiva cumbre [peak] incluyen al
self en relación con un otro, y participan en el establecimiento de las
estructuras mnémicas cargadas afectivamente dentro del desarrollo
del psiquismo (véase la figura 1.2). Como señala Kernberg (1992):
“Las experiencias afectivas cumbre pueden facilitar la internaliza-
ción de relaciones objetales primitivas, organizadas en torno al eje
de las relaciones percibidas como gratificantes o totalmente buenas,
o bien como aversivas o totalmente malas. Dicho de otra forma, la
experiencia del self y del objeto cuando el bebé se encuentra en un
estado afectivo cumbre, adquiere una intensidad que facilita el es-
tablecimiento de las estructuras mnémicas afectivas” (p. 13) [de la
versión inglesa citada]. Dichas estructuras mnémicas cargadas
afectivamente influyen en el desarrollo del sistema motivacional del
individuo, dado que bajo la influencia de los estados afectivos cumbre
es probable que el bebé proceda a internalizar lo que parece revestir
una importancia para la supervivencia –a saber, obtener aquello que
necesita y evitar aquello que le resulta doloroso o amenazante.
Con respecto a las díadas relacionales-objetales, las experiencias
gratificantes del bebé incluyen una imagen ideal de un otro solícito
perfecto, junto con una imagen de sí mismo contento, satisfecho;
mientras que las experiencias frustrantes incluyen una imagen total-
mente negativa de un otro insensible o incluso sádico, junto con una
imagen de sí mismo emocionalmente carenciado, indefenso y angus-
tiado. Aunque dichas imágenes representan momentos específicos
en el tiempo más que la totalidad o la continuidad del objeto, son
codificadas dentro de las estructuras mnémicas como representacio-
nes parciales de una realidad más amplia. El proceso funciona de tal
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 33

forma que el bebé cuyo cuidador sea normalmente atento y provisor,


puede que no obstante internalice la imagen de un objeto sádico y
frustrante, debido a la presencia de experiencias de frustración o pri-
vación transitorias. De forma similar, el bebé cuyo cuidador sea nor-
malmente desatento o violento puede tener algunas experiencias
satisfactorias excepcionales, las cuales, combinadas con el anhelo de
gratificación, pueden conducir a la formación de la imagen interna-
lizada de un objeto amoroso y solícito.
Las alteraciones en la interrelación entre el bebé y el cuidador
conducen a la aparición de desviaciones en esta trayectoria evoluti-
va óptima, las cuales pueden hacer que las experiencias negativas
adopten un papel más predominante en la mente en desarrollo. El
concepto del self y de los otros se desarrolla a partir de una edad
temprana, y depende de la aparición del lenguaje y de la codifica-
ción de la memoria semántica (la información objetiva acerca del
mundo) y de la memoria episódica (la reviviscencia de aconteci-
mientos pasados). La memoria autobiográfica alude a esta forma de
memoria episódica que configura las concepciones personales y
duraderas respecto de la propia historia de uno mismo a lo largo del
tiempo (Nelson & Fivush, 2004). Existe una secuencia dentro del
desarrollo de las representaciones del self, que van de las valoracio-
nes irrealmente positivas o negativas, con el pensamiento del tipo
todo o nada característico de la niñez temprana, a la presencia de
valoraciones positivas y negativas junto con la capacidad de inte-
grar cualidades contradictorias en la niñez intermedia y la niñez
tardía (Harter, 1999).
Las alteraciones en la relación entre el niño y los cuidadores, y/o
la presencia de experiencias traumáticas tienen un hondo efecto
sobre el desarrollo del concepto de sí mismo y de los otros (Harter,
1999). En la historia de algunos pacientes borderline aparecen los
abusos sexuales tempranos, al tiempo que también se han identifi-
cado la desatención por parte del cuidador, la indiferencia, y las
limitaciones en la capacidad de empatía, como factores adicionales
que ejercen efectos profundamente dañinos (Cichetti et al., 1990;
Westen, 1993). Los niños educados en estos entornos perturbados
establecen unos apegos inseguros con sus cuidadores primarios
34 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

(Cichetti et al., 1990; Westen, 1993), lo que interfiere en el desarrollo


de la capacidad para el control voluntario* y la autorregulación, al
1

tiempo que la internalización de los conceptos del self y del otro se


ve dificultada por los intensos afectos negativos y las operaciones
defensivas, que distorsionan el sistema de información en un inten-
to de evitar el dolor.

Aspectos motivacionales: los afectos


y las relaciones objetales internalizadas
Los afectos son las disposiciones innatas que aparecen en las
primeras fases del desarrollo humano. Las experiencias de afectos
positivos y de afectos negativos, las cuales vienen determinadas
constitucionalmente y genéticamente, se organizan gradualmente en
impulsos de mayor alcance, incluida la motivación, conforme los
afectos asociados a las díadas relacionales específicas se agrupan en
un segmento positivo y un segmento negativo más amplios. Los afec-
tos gratificantes, placenteros se organizan bajo la forma de libido, en
tanto que los afectos dolorosos, aversivos, negativos se organizan
bajo la forma de agresión. Lo que se asienta en la memoria y se con-
vierte en el mundo interior de relaciones objetales –esto es, las imá-
genes de sí mismo y las representaciones objetales, junto con su
correspondiente carga afectiva– sería el desarrollo, impulsado y
determinado por los afectos, del conjunto de relaciones objetales
internas del individuo sobre la base de las interrelaciones que fueron
primeramente vivenciadas y en un segundo momento elaboradas
mediante la intervención de los procesos ligados a las fantasías
inconscientes. Los afectos, pues, son los elementos constitutivos
esenciales de los impulsos, e indican la activación de dichos impul-
sos dentro del contexto de unas determinadas relaciones objetales
internalizadas en particular.
En el transcurso del desarrollo del bebé, diversas experiencias
cargadas afectivamente son internalizadas de forma que, por un lado,

* N. del T.: Effortful en el original inglés, en el sentido del esfuerzo no espontáneo


ni “natural” asociado a todo aprendizaje, y derivado del asentamiento suficiente
del principio de realidad.
LA NATURALEZA DE LA ORGANIZACIÓN NORMAL Y ANORMAL DE LA PERSONALIDAD 35

se desarrolla un segmento de la psique sobre la base de las imágenes


idealizadas asociadas a las experiencias satisfactorias y, por otro
lado, se desarrolla otro segmento sobre la base de las imágenes nega-
tivas, aversivas, hostiles. En el desarrollo temprano se establece den-
tro del psiquismo una separación activa entre estos dos segmentos
(figura 1.3).
En el niño que se desarrolla con normalidad, durante los prime-
ros años de vida se produce una integración gradual de estas repre-
sentaciones extremas buenas y malas del self y de los otros, que
derivan en unas representaciones internas del self y de los objetos1
más complejas y realistas –i.e., reconociendo la realidad de que toda
persona es una mezcla de características buenas y malas, y tiene la
capacidad de ser gratificante en unas ocasiones y frustrante en otras
(figura 1.4).
En los pacientes que desarrollarán ulteriormente una patología
borderline, no acontece este proceso de integración, y en su lugar per-
siste una división más permanente entre el sector idealizado y el sec-
tor y persecutorio de las experiencias afectivas cumbre, a la manera
de una estructura intrapsíquica patológica estable (véase la figura
1.3). Díadas tales como las que aparecen en la figura 1.2 desempeñan
un papel prominente en esta estructura interna escindida: el “sí-mis-
mo hambriento, carenciado” puede ser vivenciado como la “víctima”
dentro de la relación con un “otro sádico, insensible”; y el “sí-mismo
hambriento, y después satisfecho” puede ser vivenciado como el “obje-
to de amor perfecto” por parte de un “otro ideal, receptivo”. Esta sepa-
ración “protege” a las representaciones idealizadas, imbuidas de
calidez y sentimientos amorosos hacia el objeto percibido como grati-
ficante, de las representaciones negativas, asociadas a las vivencias
afectivas de angustia, rabia y odio. Uno de los aspectos de la teoría de
las relaciones objetales que la diferencia de una psicología más pura-
mente cognitiva es su énfasis en que dichas representaciones no son

1. El término otros se refiere a las otras personas en la vida del individuo. El térmi-
no representaciones objetales se refiere a las representaciones dentro de la mente
de los objetos de los afectos y de los impulsos. Las representaciones objetales se
derivan de las experiencias con los otros, pero no se corresponden exactamente
con su realidad objetiva.
36 PSICOTERAPIA CENTRADA EN LA TRANSFERENCIA

O— O+
S+
S—

S+
S—

O— O+

Figura 1.3. Organización escindida: consciencia de unas representaciones


internalizadas totalmente malas o totalmente buenas

O = representación objetal; S = representación del self.

O+ O —
O+ O —

S+ S —

O+ O — O+ O —

Figura 1.4. Organización normal: integración de las representaciones,


junto con una consciencia de la complejidad

O = representación objetal; S = representación del self.

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