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Evangelio y Alegría en la Visita a Pedro

El grupo visitó a Pedro Palomino y su esposa, quienes estaban enfermos. Les predicaron el evangelio y compartieron comida. El documento luego describe el nacimiento de Juan el Bautista según San Lucas, y cómo Zacarías y Isabel obedecieron la voluntad de Dios al nombrar a su hijo Juan.
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Evangelio y Alegría en la Visita a Pedro

El grupo visitó a Pedro Palomino y su esposa, quienes estaban enfermos. Les predicaron el evangelio y compartieron comida. El documento luego describe el nacimiento de Juan el Bautista según San Lucas, y cómo Zacarías y Isabel obedecieron la voluntad de Dios al nombrar a su hijo Juan.
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Anunciando la alegría del evangelio

Nuestro grupo visito a un señor que se llamado pedro palomino porque esta delicado
de salud y su esposa tuvo un pequeño accidente en su pierna.
Les predicamos el evangelio (Lucas 1, 57-66) le preguntamos sobre su vida , como les
había ido en su día les invitamos un pequeño queque y un jugo de naranja, también
hicimos un cartelito.
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66
Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y
parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y
sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de
su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar
Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y
preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. El pidió una tablilla y
escribió: «Juan es su nombre». Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su
boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y
en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían
las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto,
la mano del Señor estaba con él.

Oración introductoria
Mi Dios y Señor, en vísperas de la Noche Buena quiero encontrarme contigo en la
oración. Mis debilidades y caídas me apartan de Ti, confío en tu piedad y en tu
misericordia. Ven, Señor Jesús, e ilumina esta meditación para prepararme a recibirte
en mi pobre y débil corazón.

Petición
Señor, acrecienta mi fe para saberte buscarte y escucharte en mi silencio de esta
oración.

Meditación del Papa Francisco


Isabel y su hijo se regocija en el vientre al escuchar las palabras de María. Es todo
alegría, la alegría que es fiesta. Los cristianos no estamos tan acostumbrados a hablar
de la alegría, del gozo, creo que muchas veces nos gustan más las quejas.
Él que nos da la alegría es el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que nos guía. Él es el autor
de la alegría, el Creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu Santo, nos da la
verdadera libertad cristiana. Sin alegría, nosotros los cristianos no podemos ser libres,
nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas.
El gran Pablo VI dijo que no se puede llevar adelante el evangelio con cristianos tristes,
desesperanzados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿no?
Muchas veces los cristianos tienen un rostro que es más bien para ir a una procesión
fúnebre, que para ir a alabar a Dios, ¿no? Y de esta alegría viene la alabanza, esta
alabanza de María, esta alabanza que dice Sofonías, la alabanza de Simeón, de Ana: ¡la
alabanza de Dios!
El corazón alaba a Dios ¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos,
gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da. Usted que está aquí en la misa,
¿alaba a Dios, o solo le pide a Dios y le agradece? ¿Acaso alaba a Dios? Aquello es una
cosa nueva, nueva en nuestra vida espiritual. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos
para alabar; perder el tiempo alabando. (cf S.S. Francisco, 31 de mayo de 2013).

Reflexión
Zacarías está mudo. El ángel lo ha dejado sin poder contar ni una palabra a Isabel de lo
que le ha ocurrido. Nueve meses largos de espera en silencio es tiempo suficiente para
recobrar la paz y la serenidad. Zacarías había aceptado con dolor este sufrimiento y
había aprendido a ser humilde. Por eso su lengua se "desata" en el momento
oportuno. Ni él ni nadie lo esperaba. Sucede de improviso, como de improviso llegó
aquel día el ángel, pero esta vez el anciano sacerdote supo cómo responder. La gratitud
y la alabanza a Dios son sus primeras palabras en un canto de júbilo emocionado.

Isabel concibió a Juan en su seno, mientras Zacarías, en silencio, recobró la fe y


confianza en Dios. En ambos se da el milagro. La vida espiritual se construye a base de
pequeños o grandes milagros que se dan en esa esfera íntima del alma, que sólo Dios y
cada uno conoce. Pero no por ello dejan de ser milagros. Dios toca con su mano
nuestras almas más a menudo que nuestros cuerpos... "la mano del Señor estaba con
él..." sí, y también con nosotros. Porque Dios quiere engendrar en cada uno de
nosotros a un hombre nuevo. Mediante la humildad, el crecimiento de nuestra fe, y de
nuestra confianza. Por medio de la donación y la entrega generosa. Porque sin amor no
podemos hacer nada meritorio. El hombre nuevo que coopera a la acción de Dios es
consciente de su pequeñez, pero aún más de que esa "mano" divina le sostiene.

El anuncio de la Navidad, con su nuevo nacimiento tan cercano ya, nos debe estimular.
Quien nace es también como en el caso de Zacarías un hombre nuevo, un hombre
tocado por Dios. Salgamos al encuentro de Jesús, preparemos nuestro espíritu, no
dejemos que todo se vaya en lo exterior, porque es un tiempo precioso para crecer,
para engendrar a Jesús más y más en el corazón. La medida de nuestra felicidad, de
nuestra gratitud y alegría, como la de Zacarías, dependerá de habernos dejado a
nosotros mismos y haber aceptado el querer de Dios. La oración es el medio para
fortalecer estas convicciones, la caridad el instrumento para hacerlas creíbles a los ojos
de los demás.
sabel y Zacarías demuestran que les importa más cumplir la voluntad de Dios que la
opinión de sus parientes. Y le llamaron Juan, “como Dios manda”.

El miedo al «qué dirán» se llama respeto humano. Y desgraciadamente es un lazo que


nos impide despegar hacia la santidad personal. Nos suele suceder con frecuencia.
Es ese respeto humano el que nos impide rezar en un restaurante, delante de todos,
antes y después de comer. Es ese sutil temor al «qué va a pensar la gente». Cuando no
me atrevo a invitar a mis amigas a rezar el rosario o a misa, quizás tema al «qué dirán».
Cuando no me aparto de los amigos que ven pornografía, puede ser que tema al «qué
dirán». Si no defiendo al Papa y a la Iglesia cuando se les critica en la universidad,
quizás anide en mí el respeto humano. Cuando no me voy a confesar, quizás sea en el
fondo por el respeto humano. Y así podemos ver que este defecto no nos permite ser
coherentes, ser hombres y mujeres de una sola cara.
Este evangelio –entre otras cosas– nos invita a vivir sin máscaras. Solemos tener una
para andar con la pareja, otra cuando están los niños, otra para las giras de negocios,
otra para andar con los amigos.
Hace falta coraje para quitarnos todas nuestras máscaras y mostrar nuestro rostro de
católicos en el quehacer de cada día. Y también la gracia de Dios, porque quien vive
con sencillez, sin tantos disfraces, se expone a vivir un pequeño martirio, al ser
tachados de “beato”, “monja”, “anticuada”, “conservador”, etc. El precio de la
coherencia es la critica de los incoherentes. Pero la coherencia y la transparencia de
vida es un requisito para poder descubrir a Dios en el niño inocente e indefenso que
nacerá mañana bajo la estrella de Belén.

Propósito
Prepararme para la Navidad pidiendo perdón por las veces en que no he sabido
obedecer la voluntad de Dios que se manifiesta a través de su Iglesia.

Diálogo con Cristo


Zacarías pudo hablar sólo cuando dijo «sí» al plan de Dios y aceptar que el niño se
llamará Juan. Yo también quiero decir «sí» a lo que Tú dispongas, confiando
plenamente en que será para mi felicidad presente y futura. Ayúdame a caminar en la
Iglesia, con valentía y fidelidad, el camino que me puede llevar a la santidad.

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