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Análisis Caso Bulacio - Valentina Miño Savanco

El documento resume el caso de Walter Bulacio, un niño de 17 años que murió en 1991 luego de ser detenido ilegalmente por la policía durante una redada en un concierto de rock en Buenos Aires, Argentina. La policía golpeó a Walter durante su detención, lo que le causó graves lesiones que terminaron en su muerte. El caso expuso violaciones a los derechos humanos por parte de la policía y llevó 12 años de litigio antes de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos fallara a favor de la familia de Walter.

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Análisis Caso Bulacio - Valentina Miño Savanco

El documento resume el caso de Walter Bulacio, un niño de 17 años que murió en 1991 luego de ser detenido ilegalmente por la policía durante una redada en un concierto de rock en Buenos Aires, Argentina. La policía golpeó a Walter durante su detención, lo que le causó graves lesiones que terminaron en su muerte. El caso expuso violaciones a los derechos humanos por parte de la policía y llevó 12 años de litigio antes de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos fallara a favor de la familia de Walter.

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-UDeLaR-

LICENCIATURA EN RELACIONES INTERNACIONALES


CURSO: DERECHOS SOCIALES
PROFESOR: MARCELO VIGO

MONOGRAFÍA FINAL:
ANÁLISIS DEL CASO BULACIO

ALUMNA: VALENTINA MIÑO SAVANCO


AÑO 1 - 2023 -
ÍNDICE
1 - Resumen de los hechos
a - Contexto (propuesto por la autora) 2
b - Abstract del caso 2
2 - Los derechos vulnerados en el Caso Bulacio 7
3 - Las normas internacionales violadas en el caso (y otros órganos
que podrían haber tenido competencia) 8
4 - Las reparaciones y el fallo establecido por la Corte Interamericana
de Derechos Humanos 9
Resumen de los hechos.

Contexto (por la autora)


Corría el año 1991. Argentina había retornado recientemente a la democracia
luego de un gobierno de facto que había durado desde 1976 hasta 1983 y que se
erigió como el proceso más oscuro y sangriento de toda la historia del país: 30 mil
personas (adultas y menores de edad) fueron detenidas, torturadas y
desaparecidas; existieron persecuciones, apropiación ilegal de bebés nacidos en
cautiverio y muchas otras violaciones a los derechos de las personas. Al principio
de la década de los ‘90, entonces, todavía se respiraba un aire de tensión y miedo
en las calles; sobre todo en las grandes ciudades, donde los apremios ilegales y las
persecuciones basadas en razones políticas -por parte de las fuerzas estatales-
habían sido moneda corriente durante la dictadura cívico - militar.
El retorno a la democracia contaba ya con 8 años en su haber. Sin embargo,
el impacto del periodo anterior había sido tal, que la población estaba -en líneas
generales- bastante sumisa. Además, seguían existiendo persecuciones políticas,
detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y homicidios por razones político -
ideológicas en plena democracia. La juventud era considerada como una “amenaza’’
por la facción de la clase política que había anteriormente apoyado el gobierno de
facto y que, de más está decirlo, seguía teniendo enormes influencias sobre el
poder político que gobernara el País.
En este contexto, cabe destacar que, sobrevivían normas del orden jurídico
interno de la República Argentina, edictos policiales y prácticas de hecho que
atentaban contra derechos consagrados en la Declaración Universal de Derechos
Humanos de 1948, a la que Argentina había adherido; a la Convención sobre los
Derechos de los Niños creada por la ONU que Argentina había ratificado; al Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos que dicho país había aprobado -al igual
que los anteriores- por ley, a la Declaración Americana de los Derechos y Deberes
del Hombre de 1948, a la Convención Americana de Derechos Humanos y a unos
cuantos mandatos internacionales más sobre los que más tarde se hará detalle.
Habida cuenta de lo expuesto hasta aquí, cabe destacar también, que iba
floreciendo en la República una incipiente paz en los habitantes y crecía
paulatinamente la confianza en el Estado y sus garantías. Esto permitía que, más
allá de los temores por los traumas pasados, la gente hiciera, o intentara hacer su
vida “normal”.
Tal era el caso de la familia de Walter Bulacio.

Descripción de los hechos


En aquel 1991, Walter Bulacio era un niño de 17 años que vivía junto a su
padre, madre y hermana menor en lo que se podría enmarcar a grosso modo como
una “familia tipo” de “clase trabajadora” con una “vida ordenada” 1. Walter y su
hermana iban al colegio, su madre y padre trabajaban. Walter era un alumno
destacado, primogénito, que además trabajaba como caddie2 en un campo de golf
por propinas y hacía un aporte económico al núcleo familiar. Tenía un vínculo muy
estrecho con su abuela y era el referente de su hermana menor. Su madre y su
padre tenían grandes expectativas para su futuro ya que, según el mismo Walter,
deseaba convertirse en abogado al crecer.
El 19 de Abril de 1991 Walter Bulacio decide ir a un concierto de música en
vivo en el Estadio Obras Sanitarias de Buenos Aires, sin sospechar que allí,
encontraría lamentable y prematuramente, la muerte. Se despidió de su mamá, le
dijo que no se preocupara por él si no llegaba hasta el día siguiente, pues los
recitales como al que él estaba a punto de asistir solían terminar en altas horas de
la madrugada y probablemente iría a trabajar a continuación del espectáculo.
No es dato menor, que los músicos que iban a dar el concierto eran artistas
de una banda consagrada, referente del Rock Nacional argentino y reconocida por
apuntar contra las clases dominantes y las instituciones corruptas del Estado; que
reivindicaba en sus letras las juventudes, “los pibes”, la observación y el
pensamiento crítico. Asimismo hay que mencionar que, en los albores de la
democracia, el Rock fue una herramienta de denuncia de violaciones a los derechos
de las personas, de abusos de todo tipo, de exilios y una larga lista de etcéteras. Es
así entonces que, para la Policía Federal Argentina (PFA) -entrenada hacia el
menosprecio, la discriminación y la subvaloración de las personas- los jóvenes que
engrosaban las listas de amantes de la música “revolucionaria” eran blancos
predilectos. Era moneda corriente por parte de la PFA y los aparatos represivos del
Estado en general, detentar el poder haciendo abuso del mismo, pretendiendo
adoctrinar a quienes sean sus víctimas, estigmatizándolas y reprimiéndolas por sus
gustos y elecciones personales.
Aquel 19 de abril de 1991, encontrándose Walter ya en las inmediaciones del
estadio, la Policía Federal Argentina (que debiera haber estado como garantía de
que todo ocurriera en normalidad y sin exabruptos) pone en ejecución una práctica
de rutina llamada “razzia”, que consiste en una detención colectiva. El recital aún
no había comenzado, por lo que muchos jóvenes y adultos estaban a la espera del
comienzo del evento, en la zona exterior al predio.
La “razzia” de esa noche, a cargo del Comisario Miguel Ángel Espósito estaba
avalada en el Memorándum 40 -una norma interna de la Policía Federal Argentina,
violatoria de los derechos humanos y de otras leyes del ordenamiento jurídico
interno argentino- y el saldo fue de más de 80 personas detenidas, entre adultas y
menores de edad. Entre los menores de edad había un grupo de amigos, entre
ellos, Walter Bulacio, que nunca volvería a su hogar.

1
Entiéndase por “familia tipo” a la familia constituída por ambos padre y madre presentes y activos laboralmente.
Por “clase trabajadora” a que los integrantes de la familia en condiciones de trabajar lo hacían, ya fuere como
empleados o de manera informal. Y por “vida ordenada” a que la familia llevaba una rutina con dinámicas de
repetición diaria de ciertas actividades como el estudio, el trabajo, el almuerzo, la cena, las reuniones con terceros
dentro y fuera del hogar, etc; todo ello dentro del marco de lo que la ley permite.
2
Caddie es la persona que conduce el coche que lleva los palos de los golfistas en un campo de golf.
Al día siguiente, sábado 20 de abril de 1991, Walter sufre náuseas y vómitos
en el lugar donde se encontraba detenido, por lo que es llevado a un centro de
salud. Madre y padre de Walter son advertidos por un amigo de su hijo que éste
había sido detenido por la PFA la noche del recital. Nótese que la familia se entera
al día siguiente de los hechos, por un vecino, en lugar de recibir una notificación
oficial inmediata. Ante la presencia de los padres de Walter en la comisaría, la
Policía les informa que su hijo se encuentra en el Hospital Pirovano. Los informes
médicos revelan traumatismo de cráneo, el niño había sido golpeado y se lo
expresó al médico que lo atendió. Esa noche lo visitan sus padres en el nosocomio,
luego de que le hubieren realizado estudios médicos en otro hospital y regresado.
El día 22 de abril, Walter es trasladado al Sanatorio Mitre y el médico de
guardia presenta una denuncia en la Comisaría 7ma por la que se inicia una
investigación policial por el delito de lesiones.
El 23 de abril de 1991 el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo
Criminal de Instrucción de Menores Nro. 9 conoce sobre las denuncias de lesiones
en perjuicio de Walter David Bulacio.
Seis días después del recital, Walter pierde la vida en el Sanatorio Mitre,
según la versión oficial, de un aneurisma. Ese 26 de abril de 1991, Walter David
Bulacio, un niño de 17 años con toda la vida por delante, falleció.
Cierto es, en efecto, que el estado de salud de Walter antes de ser
ilegítimamente detenido era óptimo; que durante la detención fue golpeado y que
producto de los golpes, murió.
La detención ilegal de un menor de edad, la tortura, el abuso de autoridad y
el exceso de uso de la fuerza por parte de los efectivos policiales hacia un niño
hasta provocarle la muerte, despertaron, a juicio de quien escribe, memorias de
heridas muy recientes y aún muy dolientes en la comunidad argentina e hicieron
que el 23 de Mayo de 1991 la sociedad se manifestara en las calles para pedir
justicia por Walter.
La abogada de la familia pidió la detención del Comisario Miguel Ángel
Espósito por el delito de “tortura seguida de muerte” y comenzó entonces para la
familia de Walter, un largo periplo judicial por el que habrían de recorrer y dar
vueltas infructuosamente durante doce años hasta llegar frente a los tribunales de
la Corte Interamericana de Justicia por diversas violaciones a los Derechos
Humanos, inclusive en la vía jurídica interna argentina.
Antes de llegar a la corte, se intentó agotar la vía interna, pero la defensa de
Espósito y de la Policía Federal Argentina interpusieron constantemente recursos,
pidieron prórrogas, apelaron; dilataron innecesariamente los tiempos jurídicos con
el único propósito de que prescribiera la causa penal y el Comisario no pudiera ser
detenido. En una parte del proceso Espósito fue provisionalmente sobreseído, la
sentencia fue apelada por la parte querellante… y así sucedió un “manoseo”
humillante y desmoralizante para toda la familia de la víctima; al punto tal que el
mismísimo padre de Walter, Víctor David Bulacio, no llegó a ver la conclusión del
caso de su hijo, por lo tanto nunca recibió en vida reparación alguna y se murió
esperando justicia por su niño.
Entre las idas y vueltas, la violencia institucional recibida ante la falta de
razonabilidad en los tiempos jurídicos, la desesperanza a causa de una justicia que
nunca llegaba, y una realidad amarga ante la pérdida del hijo, hermano y nieto; la
vida de la familia de Walter y la armonía que les había antaño mantenido
cohesionados, comenzaron a desmoronarse. Madre, padre y hermana fueron
víctimas de depresión.
En el año 1997 el equipo letrado que patrocina a los padres de Walter
presenta la causa ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con el
co-patrocinio de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional
(CORREPI), el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y el Centro
de Estudios Legales y Sociales (CELS). La Comisión intenta infructuosamente
acercar posiciones entre el Estado argentino y la familia de la víctima. Al principio
el Estado pide tres prórrogas consecutivas antes de presentar un informe pedido
por la Comisión, en una clara continuidad factual de lo que venía practicando a
nivel interno: la dilación desmoralizante de los tiempos.
En el año 2000, luego de agotados los intentos de una solución amistosa
entre las partes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, realiza un
informe en el que concluye que Argentina había violado el derecho a la vida, a la
integridad personal, a la libertad personal, a las garantías judiciales, los derechos
del niño, a la protección judicial, así como violó la obligación de respetar los
derechos humanos (arts. 4, 5, 7, 8, 19, 25 y 1) consagradas en la Convención
Americana de Derechos Humanos, en perjuicio del joven Walter David Bulacio y su
familia; y eleva dicho informe junto a la demanda correspondiente ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos.
En el año 2001 la Corte notificó al Estado Argentino de la demanda en su
contra, el Estado contestó, se presentaron las argumentaciones de las partes ante
la Corte y se fijó una audiencia pública para 2002 que luego fue pospuesta motivo
de la crisis económica que estalló en Argentina y cuyas consecuencias
trascendieron al conocimiento público internacional: el advenimiento de cinco
presidentes en una semana, devaluación hostil, manifestaciones en las calles,
revuelta popular y crisis de convivencia.
Finalmente, en el 2003, y luego de que el Presidente de Argentina en aquel
momento (Eduardo Duhalde) ordenara por decreto a la Procuración del Tesoro de la
Nación llegar a un acuerdo de solución amistosa en este caso; se celebran dos
audiencias públicas y, luego de llegar a un acuerdo con la parte demandante, el
Estado Argentino termina reconociendo la responsabilidad internacional. Como
consecuencia, se pone a plena disposición de lo que la Corte resuelva.
En mencionado acuerdo amistoso el Estado reconoce haber violado los
artículos 2, 4, 5, 7, 8, 19 y 25 de la Convención Americana y por lo tanto se
dispone a asumir plena reparación. El Estado reconoce que la detención fue ilegal,
ya que en ella se aplicó normativa que luego fue declarada inconstitucional - el
Memorándum 40 (*) - y que era contraria a los estándares internacionales.
Además, porque se incumplieron normas internas que obligan a los funcionarios
policiales a dar aviso a los padres e informar a las personas menores de edad sobre
las causas de la detención y a dar intervención a un juez sin demora. Como
consecuencia de ello se violaron los incisos 1, 2, 3, 4 y 5 del art. 7 de la
Convención. Reconoce también el Estado, la violación del derecho a la vida ya al
integridad física por un inaproiado ejercicio de su deber de custodia, la
responsabilidad en no adopción de las medidas de protección que la condición de
menor de Walter requería y la inexistencia de plazos razonables para dar
cumplimiento a los procesos judiciales.
Además de los derechos vulnerados a Walter, habría una familia entera
vulnerada en sus derechos, convertidas en víctimas de la desidia Estatal. Víctor
David Bulacio, padre del niño asesinado por la PFA, perdió su trabajo como
consecuencia del desahucio unos años después de la tragedia; más tarde se
separaría de la madre de Walter (Graciela Rosa Scavone) terminando de
resquebrajar el núcleo familiar. La abuela y la madre de Walter se pusieron al
hombro la incansable búsqueda de justicia. Bulacio padre, luego de separarse,
intentó armar una nueva familia con otra esposa y nuevos hijos pero nada calmó su
dolor. Murió esperando justicia por Walter. Lorena, hermana de Walter, padeció
bulimia y hasta el momento en que la Corte recibió el caso no había podido lograr
llevar una vida normal, establecer vínculos con personas fuera de su familia, y se
dedicó a cuidar de lo que quedaba de su familia por temor a que alguien más
muriera.

Los derechos vulnerados en el Caso Bulacio


No sólo la pérdida de una vida humana, de niño, en manos del Estado que se
suponía que debía protegerlo, en circunstancias humillantes y absolutamente
contra derecho, son características de este caso; sino también se identifica este
caso por la impunidad.
En el momento de la muerte de Walter innumerable cantidad de derechos
habían sido violados, algunos consagrados en las más importantes normas de
Derecho Internacional a las que Argentina estaba sometida en el momento del
homicidio de este niño.
Si se observa el concepto de violación a los derechos humanos de manera
concreta, material (y no estrictamente formal/jurídica), en el caso de Walter se
violaron: el derecho a la vida, el más importante, sin el cual ninguno de los otros
derechos tiene siquiera existencia. El derecho a la libertad a través de la
vulneración del derecho a la libre circulación y del derecho a no ser detenido en
masa. El derecho a no ser privado de la libertad de manera arbitraria, con el
agravante de tratarse de un niño. El derecho a recibir el trato diferenciado como
menor de edad (que en Argentina no debió siquiera ocurrir la detención de un
menor ya que en aquel momento se encontraba vigente la Ley de Patronato de
Menores, que prohíbe la detención de menores sin intervención de un juez
competente). Una vez en el centro de detención, violaron el derecho de Walter a la
integridad personal y el derecho a no recibir tortura, tratos ultrajantes y
desmoralizantes. Fue cercenado también su derecho de: como niño privado de su
libertad, ser tratado con la humanidad y el respeto que merece la dignidad
inherente a la persona humana, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, en
la Convención de los Derechos del Niño y en tantos otros instrumentos
internacionales. Tampoco respetaron su derecho de comunicarse inmediatamente
con un abogado o persona de su confianza, lesionando así el derecho al debido
proceso y a la asistencia jurídica. No pusieron a su disposición un médico de su
propia confianza como lo establece la Convención por los derechos del Niño de la
ONU. Se vulneró su derecho de ser escuchado en todo procedimiento judicial ya
que ni siquiera se le dio acceso a un juez competente. Se violó su derecho de ser
protegido y defendido por el Estado contra toda forma de perjuicio o abuso físico o
mental, penas crueles, tratos inhumanos y degradantes.
Una vez fallecido Walter, más derechos fueron violados a toda su familia. En
principio el derecho de protección familiar y el derecho a recibir información por
parte de las fuerzas del Estado respecto del estado de reclusión y de salud de
Walter. Luego se violó el principio de razonabilidad en cuanto al tiempo que es
debido en el proceso, lesionando así el derecho de acceso a un juicio justo y, por
ende, a la justicia. Las constantes dilaciones inadvertidas o permitidas por parte de
los organismos estatales a fin de lograr la prescripción de la causa penal, no sólo
dificultaron el acceso a la justicia sino que lesionaron la moral y la dignidad de cada
integrante de la familia Bulacio, con consecuencias diferentes para cada una de sus
vidas.
Ahora, haciendo un análisis de los derechos que potencialmente podría haber
ejercido Walter… está claro que el joven quería seguir estudiando. Por lo tanto fue
absolutamente cercenado su derecho de proyectarse y tener aspiraciones
educativas, familiares. Walter no pudo ni siquiera gozar del derecho de estudiar, de
formar una familia, de casarse, de tener hijos si así lo hubiera querido, de trabajar
de su profesión como se había imaginado…
Si bien es cierto que la familia de Walter accedió a una reparación
económica, no es menos cierto que nunca hubo, hasta el día de hoy, verdadera
justicia. Justicia en el sentido de que los responsables materiales paguen con una
pena acorde al derecho cercenado.
El fallo de la Corte Interamericana de Justicia obligó al Estado a indemnizar a
la familia de Walter por daños materiales e inmateriales; a publicar el caso en todos
los medios masivos de comunicación y en el boletín oficial; y a resolver la causa
penal según las normas de derecho interno. Prohibió la prescripción de la misma y
pidió que se investigara a fondo y se condenara a los culpables. Se prometió una
observación de los procesos. El Comisario Espósito fue condenado en Argentina
sólo por el delito de “privación ilegítima de la libertad” pero no por “tortura seguida
de muerte”. Le dieron tres años de prisión en suspenso, por lo que nunca estuvo
tras las rejas, que era lo único que la familia de Walter, verdaderamente quería.

Las normas de Derecho Internacional violadas por el Estado


Argentino en el Caso Bulacio (y qué otros órganos con competencia podrían
haber sido involucrados para buscar justicia)

Como fuera mencionado anteriormente, diversas normas internacionales han


sido violadas en el Caso Bulacio. Los derechos vulnerados destacados con
subrayado en los párrafos del título precedente, si bien no fueron todos reconocidos
por la Corte, sí se pueden encontrar en algunos artículos de diversos instrumentos
de derecho internacional que se detallan a continuación:
● La Carta de las Naciones Unidas
● La Declaración Universal de Derechos Humanos.
● La Convención Americana sobre los Derechos Humanos (o Pacto de
San José de Costa Rica).
● La Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes.
● El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
● La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de
1948.
● La Convención sobre los derechos del niño de 1989.
● Y la mismísima norma de derecho internacional pacta sunt servanda
(lo pactado obliga), principio de Derecho Internacional consagrado en
la Convención de Viena por la que todo Estado se obliga a cumplir con
todos los tratados, pactos, convenciones que firme o a los que
adhiera.
Argentina, si bien en aquel 1991 trágico para la familia de Walter, aún no
tenía dichas normas consagradas con rango constitucional; sí es cierto que estaban
todas ratificadas por distintas leyes, todas anteriores al repudiable hecho.
Por esto, además de los organismos que, de hecho, intervinieron; podrían
haber intervenido en el caso: ó la Corte Internacional de Justicia ó el Comité contra
la Tortura. En cualquiera de las instancias además se habría podido involucrar la
ONU para observar a través de alguno de sus órganos como el específico de
protección de los derechos de los niñas y adolescentes, Unicef.

Las reparaciones y el fallo de la Corte Interamericana de Derechos


Humanos
Por supuesto que aquellos derechos que son violados de hecho, no siempre
encuentran su ratificación en las Cortes y sus sentencias: y en el caso de Walter
Bulacio son muchos más los derechos que fueron efectivamente violados que los
que fueron finalmente reconocidos por la corte.
Acorde a lo expuesto anteriormente, para la Corte, el Estado tuvo
responsabilidad internacional por la violación de los artículos 4 (Derecho a la Vida),
5 (Derecho a la Integridad Personal), 7 (Derecho a la Libertad Personal), 19
(Derechos del Niño), en conjunción con el incumplimiento de la obligación de
respetar los derechos (artículo 1.1) y el deber de adoptar disposiciones de derecho
interno (artículo 2), en perjuicio de Walter David Bulacio, y por la violación de los
mismos artículos 8 (Garantías Judiciales) y 25 (Protección Judicial) en perjuicio de
los familiares del joven Walter David Bulacio, todos ellos en relación con el artículo
1.1 y 2 de la Convención Americana. Y, como toda violación a una obligación
internacional, que haya causado un daño, el Estado argentino se generó una nueva
obligación: reparar adecuadamente el daño causado.
Para ello fue obligado a modificar la legislación vigente que fuera violatoria
de cualquier derecho consagrado en el derecho internacional. A legislar para
prevenir que casos como éste vuelvan a ocurrir. A llevar adelante y concluir el
proceso penal con plenas garantías para la familia Bulacio.
En cuanto a los daños irreparables, como lo es en este caso la extinción de la
vida incipiente de Walter Bulacio, no existe acción que pueda significar una
compensación real. Sin embargo el reconocimiento por parte de un Estado de la
responsabilidad internacional es, para la Corte, en sí misma reparatoria y además
se obligó a la Argentina a indemnizar a la familia, como reparación simbólica del
daño causado por acción o por omisión del Estado.
En cuanto a la reparación económica por daños materiales la Corte obligó al
Estado Argentino a resarcir a la familia de la víctima. Los daños materiales
implicaron gastos de traslado del cuerpo de Walter y posterior sepultura, una
indemnización a quienes perdieron sus trabajos como consecuencia de la depresión
devenida de la tragedia y se sumó una cifra estimativa de lo que Walter habría
ganado en el transcurso de su vida si se mantenía siempre con el empleo que tenía
al momento de su muerte; todo ello dio un total de U$S 124.000 más los
honorarios de las abogadas.
En cuanto a los daños inmateriales se contemplaron los sufrimientos y
padecimientos de la familia de la víctima por la muerte de su integrante Walter
tanto como las posteriores desmoralizaciones producto de la impunidad. El Estado
debió indemnizar a la familia con U$S 210.000 dólares por el daño.
Además, en concepto de indemnizaciones no pecuniarias, la Comisión solicitó
a la Corte que exigiera al Estado la realización de un documental sobre el Walter
Bulacio; pero en los puntos resolutivos la Corte no hace referencia a ello. En 2019
se estrenó un documental en Argentina realizado de manera independiente (y no
con fondos del erario público) sobre el Caso Bulacio y con el propósito de re
dignificar a Walter y su familia, de hacer pública la impunidad y las violaciones de
derechos por parte del Estado, de concientizar y de mitigar un poco la pena en las
almas de sus seres queridos.

“Esperando allí nomás,


en el camino,
la bella señora está desencarnada”
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (Juguetes Perdidos)

Trabajo Realizado por Valentina Miño Savanco


5 de Julio de 2023
Rocha - Uruguay
UDELAR

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