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Libros de Dominio Público en Google

Este documento presenta un diálogo entre el Director de un teatro, un Poeta dramático y un Gracioso. El Director expresa su preocupación por complacer al público y lograr que la obra les agrade e interese. El Poeta rechaza la idea de complacer a la multitud tumultuosa y prefiere crear obras puras guiado por el amor y la amistad con la ayuda de los dioses. El Gracioso opina que también es importante divertir a los contemporáneos y que el Poeta no debe temer los caprichos del público si sabe comunicar
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Libros de Dominio Público en Google

Este documento presenta un diálogo entre el Director de un teatro, un Poeta dramático y un Gracioso. El Director expresa su preocupación por complacer al público y lograr que la obra les agrade e interese. El Poeta rechaza la idea de complacer a la multitud tumultuosa y prefiere crear obras puras guiado por el amor y la amistad con la ayuda de los dioses. El Gracioso opina que también es importante divertir a los contemporáneos y que el Poeta no debe temer los caprichos del público si sabe comunicar
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0
10


3
Agosto 91

ΠΡΟΙ

HECH

ILU
copia fiel de

LIBE
FAUSTO

POEMA ESCRITO EN ALEMAN ,

POR J. W. GOETHE .

TRADUCCION COMPLETA AL CASTELLANO,

HECHA EN PRESENCIA DE LAS MEJORES EDICIONES DE


ESTA OBRA INMORTAL

POR UNA SOCIEDAD LITERARIA.

EDICION ECONÓMICA
ILUSTRADA CON 4 HERMOSOS GRABADOS ,
copia fiel de los de las ediciones alemanas , y enriquecida con notas de los mas
reputados comentadores y traductores de Goethe.

3.0 .

BARCELONA.

LIBRERÍA DE D. JUAN OLIVERES , EDITOR , IMPRESOR DE S. M. ,


CALLE DE ESCUDILLERS , N.° 57.

1865 .
O
B
Es propiedad .

7.
DEDICATORIA .

De nuevo os presentais formas aéreas flotando á mi


vista entre la luz y el oro ; intentaré ahora detener
vuestro vuelo ? ¿ Podrá mi corazon marchito por la edad
y las penas sentir aun las ilusiones de otros tiempos ?
¡Ah! venid , acercaos , llegad á mí , dulces imágenes ,
porque mientras que del seno de las húmedas nubes , os
veo hoy lanzaros hácia mí ¡ cosa rara !, siento mi cora-
zon conmovido estremecerse de juventud á la influencia
estraña del fresco ambiente que impulsa hácia mí vues-
tra falange .
Veo en vosotros la imágen de dichosos dias y levan-
tarse entre ellos mas de una sombra querida , como ani-
mada por una voz antigua y casi exánime , y recobro los
dos primeros sentimientos de la primavera de la vida :
el amor y la amistad . Tambien el dolor se reanima , la
queja deplora el laberinto humano y su curso tortuoso ,
Y nombra á todos los buenos que , deslumbrados por el
falso brillo de la dicha , se desvanecieron á mi vista en
la flor de sus años.

Imposible os será , nobles almas , oir los cantos que


1
2 DEDICATORIA.

he sido el primero en dirigiros ; el eco de los primeros


dias se ha perdido enteramente por haber dejado de
existir toda la cohorte amiga. Mis lamentos solo hieren
los oidos de una multitud desconocida, cuyos aplausos
solo contribuyen á oprimirme el corazon ; todos los que
lograban olvidar su dolor con los cantos que mi pecho
exhalaba , todos los que en otro tiempo se dejaban fas-
cinar por mi palabra , si viven en el mundo , ¡ ay ! es-
tán ausentes !
Siento revivir en mi corazon los ardientes deseos que
antes me animaban por ese vago dominio , por ese mun-
do de los espíritus tan bello y sosegado ; flota mi canto,
cual arpa eólica en sonidos misteriosos , y me causa el
sereno vapor que contemplo un estremecimiento de di-
cha. Corren mis lágrimas ; un tibio y suave ambiente
desvanece el aterismo de mi corazon ; veo en lontananza
todo cuanto poseo , y no tardaré en ser nuevamente
dueño de todo lo que huyó de mí.
FAUSTO.

PROLOGO EN EL TEATRO .

El Director, el Poeta dramático y el Gracioso.

El Director. Vosotros , que tantas veces me habeis amparado


en la miseria y las tribulaciones , decidme francamente lo que
esperais de nuestra empresa en Alemania . Deseo tanto mas agra-
dar á la multitud , cuanto que no hay mas que ella para vivir y
hacer vivir. Los bastidores están levantados , las tablas dispues→
tas , cada cual se promete una funcion ; los espectadores senta-
dos, inmóviles, solo tienen impacientes los ojos porque no desean
mas que admirar. Conozco el modo de atraer al público , y sin
embargo, nunca habia esperimentado semejante inquietud ; si
bien es cierto que acerca de las obras maestras no está mal acos-
tumbrado , no lo es menos que ha leido espantosamente. ¿ Cómo
hacer, pues , para que todo le parezca nuevo y le agrade y le
interese ? Porque en verdad me gusta ver á la multitud cuando
á torrentes se arroja sobre nuestros caballetes , y entre golpes y
empujones se engolfa por la pequeña puerta . En pleno dia antes
de las cuatro, están ya cercados todos los despachos de locali-
dades , y así como en tiempo de carestía se apalean por un pan
en la puerta de una panadería, se rompen entonces la crisma por
una entrada. Solo el poeta es capaz de obrar semejante milagro
sobre una multitud tan diversa. Querido mio , hacedlo hoy por
piedad.
El Poeta . No me hables de ese público tumultuoso cuyo solo
aspecto alarma á la inspiracion ; ocúltame la multitud turbulen-
4 FAUSTO.
ta que aá pesar nuestro nos empuja hácia al abismo . No, guíame
ó acompañame á aquel confin del cielo en que solo para el poeta
brilla un goce puro ; donde el amor y la amistad , bendicion de
nuestra alma, crean y ejecutan con el ausilio de los dioses.
¡ Ah! lo que brota entonces del fondo de nuestra alma , lo que
tartamudean nuestros trémulos labios bueno ó malo , desapare-
ce , sepultado en el transporte impetuoso del momento ; y hasta
muchas veces , despues de pasados muchos siglos , se levanta
de nuevo en toda la plenitud de su forma . Lo que brilla es obra
de un momento : lo verdaderamente bello no es nunca perdido
para la posteridad.
El Gracioso. ¡ Siempre el mismo empeño en hablar de la
posteridad ! Suponed que yo tambien me propusiese complacer
á la posteridad , ¿ quién se encargaria de hacer divertir á mis
contemporáneos? A mas de que , quieren divertirse , y es pre-
ciso que lo logren . La presencia de un arrogante jóven , es á mi
ver, siempre algo ; el que sabe comunicar dignamente sus ideas ,
nada debe temer de los caprichos del público ; cuanto mas com-
plicado es el conjunto , mas convencido puede estar de conmo-
verle. Así , pues , buen ánimo , y presentaos con la frente ergui-
da Procurad que la imaginacion obre con todo su séquito de
razon , ingenio , sentimiento y pasion , sin hacer esfuerzo alguno
por olvidar la locura.
El Director. Haced , empero , que la parte de la accion sea
vasta ; puesto que se viene para ver, y se quiere ver á toda cos-
ta Si el argumento es complicado hasta el punto de hacer que-
dar á la multitud asombrada y con los ojos abiertos, podeis es-
tar seguro de haber logrado vuestro objeto, y sereis un hombre
admirable. Únicamente aglomerando una multitud de hechos ,
lograreis interesar á la multitud ; porque es innegable que busca
cada cual lo que mas le conviene ; donde hay mucho hay para
todos , y sale cada cual satisfecho de la funcion que ha visto. Si
dais una pieza , dadla en varios trozos ; y ya vereis cuan apete-
cible será vuestro guisado , si puede ser tan fácilmente servido
con.o preparado . ¿ De qué sirve producir un todo armónico, sino
ha de tardar el público en dijerirle?
El Poeta. Pero, ¿ no veis cuan triste es semejante oficio y
cuánto repugna al verdadero poeta ? A lo que veo, tambien vos
estais por el galimatías que tanto halaga á esos señores .
El Director. No me alcanza el reproche. El que quiera so-
PRÓLOGO EN EL TEATRO. 5
bresalir en su trabajo , ha de escojer el instrumento que mas le
convenga ; pensad que vos habeis de hender leña floja, y no ol-
videis para quien escribís. Si la ociosidad nos conduce à un es-
pectador, otro saldrá de un opíparo banquete ; y lo que es peor
aun , no faltarán algunos que acabarán de leer los periódicos.
Se viene aquí, como á un baile de máscaras , en alas de la cu-
riosidad ; las damas se ofrecen en espectáculo con sus mas bellos
adornos , y desempeñan gratis su papel . ¿ Por qué soñar con las
cimas poéticas de lo alto ? ¿ qué gloria puede haber mayor á la
de tener un completo lleno ? Mirad de cerca á vuestros favore-
cedores , y veréis que la mitad de ellos son indiferentes y los de-
más groseros ; unos piensan en el juego á que irán á entregarse
termina a la funcion , y otros en la orgía en que pasarán la no-
che. ¿Por qué , pobres insensatos, os proponeis por tan poca cosa
cansar á las dulces musas ? Os lo repito , sed pródigos , muy pró-
digos, si quereis alcanzar vuestro objeto ; procurad interesar á los
hombres ya que es difícil contentarlos. Pero, ¿ qué teneis ? ¿ Es
arrobamiento ó dolor ?
El Poeta. ¡ Apartate de mí , y procúrate otro esclavo ! Veo
que para complacerte , debe el poeta con toda la alegría de su
corazon renunciar locamente á su primer derecho , al derecho
de ser hombre que recibió de Dios . ¿ Por qué poder conmueve
todos los corazones, por qué poder somete á los elementos ? Por
la armonía que llena su ser y que le hace reconstruir el mundo
en su corazon . Mientras que la naturaleza indiferente va envol-
viendo el hilo eterno en derredor de su huso ; mientras que la
multitud discordante de séres se confunde entre sí, ¿ quién separa
la hilera siempre uniforme para vivificarla, para darle el movi-
miento y el número ? ¿ Quién llama al individuo á la consagra-
ción general, á la vida potente , armoniosa ? ¿ Quién hace rugir
la tempestad de las pasiones ? ¿ Quién hace brillar el crepúsculo
con toda su imponente magestad ? ¿ Quién siembra todas las
hermosas flores de la primavera en el camino que ha de recor-
rer el ángel que amamos ? ¿ Quién trenza las hojas verdes , las
hojas insignificantes en coronas de gloria para recompensar el
mérito ? ¿ Quién sostiene el Olimpo y reune á los dioses ? La
fuerza del hombre , de que es el poeta la revelacion ***
El Gracioso. Pues bien , emplead todas esas bellas faculta-
des y proceded en vuestros trabajos poéticos como se procede en
una aventura amorosa . Se acerca uno por casualidad , se entu-
FAUSTO .
siasma , permanece en su puesto y cae al fin rendido ; la dicha
aumenta y el ataque empieza ; se siente arrobado , llega el dolor
en pos de su arrobamiento y su dicha ; y he aquí , sin notarlo
toda una novela. Dadme un drama de esta clase ; tomad por mo-
delo toda la vida humana , la vida que lleva cada cual , aunque
pocos la conozcan, y estad seguro de que no carecerá de interés
vuestra obra. Con un gran lujo de imágenes variadas , poca cla-
ridad , muchas faltas y una imperceptible chispa de verdad , se
logrará componer la obra mas escelente que nunca haya sedu-
cido y edificado á un auditorio . Toda la flor de la juventud acu-
dirá entonces á la representacion de vuestra pieza , atenta á cada
revelacion ; no habrá sentimiento delicado que no encuentre en
vuestra obra ideas melancólicas , siendo la emocion general por
ver en ella todos los espectadores representados los sentimientos
de que están poseidos . Ya sabeis que hay hombres dispuestos á
la risa y otros al llanto , así que , todos honran los esfuerzos del
poeta ; cada cual sonrie á su propia ilusion . Para el hombre que
conoce al mundo, nada hay bueno ; pero se puede contar siem-
pre con el reconocimiento del neófito .
El Poeta . Haz pues que vuelvan para mí aquellos tiempos,
en que yo tambien vivia en lo porvenir , en que brotaban del
fondo de mi alma cantos no interrumpidos , en que nacaradas
nubes me ocultaban lo terrestre , en que todos los cálices me
ofrecian aun maravillas y me era dado cojer las mil flores que
hermoseaban los mas ricos valles : nada tenia , y sin embargo ,
tenia lo bastante : el deseo de la verdad y la sed de las ilusiones.
Devuélveme aquellas irresistibles inclinaciones , aquella dicha
profunda y desgarradora, aquella fuerza en el ódio, aquel poder
en el amor. ¡ Ah ! ¡ Devuélveme mi juventud !
El Gracioso. ¡ Mi buen amigo ! podrias invocar la juventud
si los enemigos te hostigasen en la pelea , si alegres y hermosas
jóvenes viniesen á echarle sus brazos al cuello , si vieses desde
lejos balancearse la corona olímpica hacia el objeto difícil de
alcanzar, ó si debieses al salir de la danza furiosa pasar tus no-
ches en la orgía ; pero modular con gracia y fuerza en la acos-
tumbrada lira , aspirar al través de gratos desvaríos á un objeto
voluntariamente propuesto, es en lo que, señores ancianos , de-
beis ocuparos , si quereis merecer nuestro aprecio. La vejez no
nos hace caer en la infancia como comunmente se dice, sino que
nos encuentra todavía verdaderos niños .
PRÓLOGO EN EL CIELO. 7
El Director. Basta de palabrería , presentadme al fin obras ;
mientras estais rivalizando en cumplidos, podriais atender á al-
guna cosa úil. ¿ Por qué hablar tanto de la disposicion en que
uno debe hallarse? ¿Creéis que la incertidumbre podrá procu-
rárosla? Ya que os preciais de poetas, dominad la poesía. Sabeis
lo que nos conviene ; queremos licores espirituosos ; procurad-
nos algunos desde luego . Lo qué no se haga hoy no se hará ma-
ñana ; así que , no perdamos ni un solo dia en la vacilacion .
Agárrese la re-olucion fuertemente por los cabellos en lo posible
y no solteis la presa ; trabajad ya que es indispensable. Bien lo
sabeis, en nuestras escenas alemanas hace cada cual lo que pue-
de; no me escaseeis pues ni las decoraciones ni la maquinaria .
Apelad á la grande y á la pequeña luz de los cielos ; podeis á
manos llenas sembrar las estrellas ; agua , fuego, rocas escarpa-
das , animales y aves , nada nos falta ; así, pues, amontonad de-
coraciones sobre decoraciones en este estrecho edificio, sin parar
hasta que haya el círculo entero de la creacion ; y en vuestro
vuelo rápido y calculado , idos desde el cielo por el mundo al
infierno .

PRÓLOGO EN EL CIELO .

El Señor, las cohortes celestes , Mefistofeles .

LOS TRES ARCÁNGELES SE ADELANTAN .

Rafael. El sol, segun su antigua costumbre, toma parte en el


alternado canto de las esferas, y su prescrita carrera se termina
con el retumbo del trueno . Su mirada da fuerza á los ángeles,
aun cuando ninguno pueda comprenderla ; las obras sublimes ,
inabarcables , son bellas como en el primer dia.
Gabriel. Y ved con que invencible rapidez gira la magnifi-
cencia de la tierra en su derredor, y como el resplandor del pa-
raiso se convierte en noche profunda y tenebrosa. El espumoso
mar se enfurece en toda su estension y hasta en el profundo le-
cho de las rocas ; y peñas y mar son arrastrados en la carrera
eternamente rápida de las esferas.
8 FAUSTO .
Miguel. Y las tempestades rugen á cual mas , del mar á la
orilla , de la orilla al mar ; y , en su furia , forman una cadena
impetuosa en todo aquel vastó círculo . La desolacion flamígera
precede al resplandor del rayo ; y, sin embargo , tus mensajeros ,
Señor , adoran el curso tranquilo de tu dia.
Los tres. Tu mirada dla á los ángeles la fuerza , aun cuando
ninguno de ellos pueda comprenderla ; y todas las obras subli-
mes son esplendentes como en el primer dia.
Mefistofeles. Maestro , ya que vuelves á acercarle una vez , y
preguntas que es lo que acontece entre nosotros, tal como acos-
tumbrabas verme en otro tiempo , me'ves aun en medio de los
tuyos . Perdóname ; no sé hilvanar grandes frases , aunque me
esponga á la gritería del séquito, de modo que no dudo escitaria
mi gerigonza tu risa , si no hubieses perdido la costumbre de
reirte. Nada puedo decir del sol ni de los mundos ; no veo mas
que una cosa : la miseria de los hombres. El pequeño dios del
mundo es siempre del mismo temple , y en verdad tan curioso
como en el primer dia. Viviria un poco mejor, si no le hubieses
dado tú el reflejo de la luz celeste , à la que da el nombre de Ra-
zon, y solo le sirve para ser mas bestial que la bestia. Me pare-
ce, no se ofenda vuestra Gracia , una de esas langostas de pro-
longadas palas, que siempre vuelan y saltan al volar , sin que
por ello dejen de entonar mas ni menos su antigua cancion en
la yerba. ¡ Si aun le fuese dado permanecer siempre en la yerba!
¡Pero no, le es preciso meter la nariz en todas partes !
El Señor. Nada mas tienes que decirme? ¿ Por qué has de
venir siempre á quejarte ? ¿ No habrá nunca para tí nada bueno
en la tierra?
Mefistofeles. No , Maestro ; francamente , todo allí abajo lo
encuentro malo. Los hombres escitan mi piedad en sus dias de
miseria ; pobres diablos , me afectan de tal modo , que ni valor
tengo para atormentarlos .
El Señor. ¿Conoces à Fausto ?
Mefistofeles. ¿ El Doctor ?
El Señor. Mi siervo.
Mefistofeles. ¡ Ya , preciso es confesar que os sirve de un
modo estraño ! Pobre loco , no sabe alimentarse de cosas terre-
nas ; la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y
conoce á medias su demencia ; quiere las estrellas mas hermosas
del cielo, le halaga toda la sublime voluptuosidad de la tierra, y,
PRÓLOGO EN EL CIELO.
de lejos ni de cerca, nada podria satisfacer las insaciables aspi-
raciones de su pecho.
El Señor. Si me sirve hoy en el tumulto , quiero en breve
conducirle á la luz . Bien sabe el jardinero cuando verdea el ar-
busto, que ha de producir mas tarde flor y fruto .
Mefistofeles. Apostemos á que lo perdemos aun , si me permi-
tís atraerle paulatinamente á mi camino .
El Señor. Tendrás ese derecho sobre él mientras permanezca
en la tierra. El hombre solo se estravía mientras está buscando
su objeto.
Mefistofeles. Os lo agradezco ; porque respecto de los muer-
tos, nunca he tenido mucho que hacer ; siempre he preferido las
rosadas mejillas. Hago con los cadáveres , lo que el gato con el
raton .
El Señor. Pues bien , te le entrego. Aparta á aquel espíritu de
su manantial , y arrástrale , si puedes apoderarte de él por tu
pendiente ; pero confiésate vencido y humillado si has de reco-
nocer que un hombre bueno , en medio de las tinieblas de su con-
ciencía, se ha acordado del recto camino .
Mefistofeles. Muy bien ; ¡ qué lástima que todo esto deba du-
rar tan poco ! No me da mi apuesta ningun cuidado. Si alcanzo
mi objeto , me concedereis plena victoria . Quiero que llegue á
morder el polvo con delicia , como mi tia la famosa serpiente.
El Señor. Puedes entregarte audazmente á todos tus proyectos;
nunca he odiado á tus semejantes, cuanto mas niegan , menor es
el cuidado que me dan los espíritus . La actividad del hombre
fácilmente se calma , por no tardar en entregarse al encanto de
un reposo absoluto . Por esto quiero darle un compañero que lo
aguijonee y le impulse á obrar. ¡ Vosotros , empero, puros hijos
de Dios , glorificaos en los resplandores de la inmortal belleza ;
que la sustancia eterna y activa os circunda con suaves lazos de
amor ; que vuestro pensamiento fijo y perseverante dé forma á
las apariciones inabarcables que están flotando !
(Los cielos se cierran ; los arcángeles se dispersan.)
Mefistofeles, à solas. Grande es el placer que siento al ver de
vez en cuando á mi antiguo padre ; por esto me guardo muy bien
de romper con él . Tan gran señor hablar tan benignamente con
el diablo : ¡ qué hermoso cuadro !
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA .

LA NOCHE .

En una habitacion de bóveda elevada , estrecha , gótica , está


Fausto sentado delante de su pupitre.

Fausto. ¡ Ah! filosofía , jurisprudencia , medicina y hasta teo-


logía , todo lo he profundizado con ardor creciente ; y , ¡ héme
aquí , pobre loco , tan sabio como antes ! Es verdad que me
titulo , maestro , doctor , y que aquí , allá y en todas partes ,
cuento con numerosos discípulos que puedo dirigir á mi antojo;
pero no lo es menos que nada logramos saber.... Hé ahí lo que
me hiere el alma . Sin embargo , sé mas que todos cuantos necios,
doctores , maestros , clérigos y religiosos se conocen ; ningun
escrúpulo ni duda me atormentan ; nada temo de todo aquello
que causa á los otros mas espanto , y merced á esto mismo , no
hay para mí esperanza ni placer alguno . Siento no saber nada
bueno , ni poder enseñar á los hombres cosa alguna que pueda
convertirlos ó hacerlos mejores . No tengo bienes , dinero , hon-
ra ni crédito en el mundo ; Ni un perro podria soportar la vida
bajo tales condiciones : por esto no he tenido otro recurso que
dedicarme á la mágia. ¡ Ah ! ¡ Si por la fuerza del espiritu y de
la palabra me fuesen revelados ciertos misterios ! ¡ Si no me
viese por mas tiempo obligado á sudar sangre y agua para de-
cir lo que ignoro ! Si me fuese dado saber lo que contiene el
mundo en sus entrañas y presenciar el misterio de la fecundidad,
no me veria como hasta aquí , obligado á hacer un tráfico de
palabras huecas !
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 11
Reina de la noche , dígnate dirigir tu última mirada sobre mi
miseria , ya que tantas veces , despues de media noche , me
has visto velar en este pupitre. Siempre te me aparecias enton-
ces , pobre amiga , sobre un monton de libros y papeles ¡ Ah !
si me fuese dado ahora trepar á tu dulce resplandor las altas
montañas , flotar en las grutas profundas con los espíritus , dan-
zar á la hora de tu crepúsculo en las praderas ; y, libre de todas
las angustias de la ciencia , poder bañarme rejuvenecido en tu
fresco rocío !
¿ Hasta cuándo , ay de mí , tendré que consumirme en este
calabozo ? Miserable agujero de una pared tenebrosa , en el que
solo á duras penas puede penetrar la grata luz del cielo , y en
el que por todo horizonte descubro este monton de libros roi-
dos por los gusanos y legajos de papel empolvados que llegan
hasta el techo . No veo en torno mio mas que vidrios , cajas ,
instrumentos carcomidos , única herencia de mis antepasados.
¡ Y eso es un mundo , y eso se llama un mundo !
Y, & aun preguntas , por qué el corazon se oprime con in-
quietud en tu pecho ? Porque un dolor inesplicable para en tí
toda pulsacion vital ; porque vives entre el humo y la carcoma;
porque en lugar de la naturaleza animada en que Dios creó al
hombre , no tienes en tu derredor mas que huesos de animales
y esqueletos humanos.
Huye y audaz lánzate al espacio . ¿ Acaso no es un guia bas-
tante seguro ese misterioso libro , escrito por Nostradamus ?
Entonces conocerás el curso de los astros , y si la naturaleza se
digna instruirte , se te desenvolverá la energía del alma y sa-
brás como un espíritu habla á otro espiritu . En vano por medio
de un árido sentido , intentas penetrar ahora los signos divinos.
¡ Espíritus que flotais juntos á mí , respondedme , caso de que
llegue mi voz hasta vosotros !
y vé el signo del microcosmo. )
(Abre el librooy
A esta vista se estremecen todos mis sentidos ; desde este ins-
tante siento brotar en mí una nueva vida que agita con mas
fuerza mis nervios y mis venas. Si seria un ser sobrenatural
el que trazó estos signos que calman el vértigo de mi alma , que
llenan de gozo mi pobre corazon , y que por un misterio in-
con prensible me descubren todo el poder de la naturaleza.
¿Soy yo mismo un destello de Dios ? Todo es para mí tan claro
que veo en estos sencillos caractéres revelarse á mi alma la
12 FAUSTO.
naturaleza activa. Solo ahora por primera vez he llegado á co-
nocer la verdad de estas palabras del sábio : « El mundo de los
espíritus no está cerrado.» Tu sentido está aletargado , tu cora-
zon está muerto. Levántate , discípulo , y vé á bañar sin demora
tu seno mortal en la púrpura de la aurora.
(Contempla el signo . )
Como se mueve todo por medio de la obra universal , como
todas las actividades viven y obran de consuno ! Todas las fuer-
zas celestes suben y descienden , pasándose entre sí los sellos de
oro , y , con el rumor de sus alas , de las que la bendicion se
exhala , dirigidas incesantemente del cielo á la tierra , llenan el
universo de inefable armonía.
¡ Qué espectáculo ! Pero , ah! no es mas que un espectáculo!
¿ Por dónde asirme , á tí , naturaleza infinita ? Manantiales fe-
cundos de toda vida , de los que están suspendidos el cielo y la
tierra , hácia vosotros se vuelve el agostado seno ; pero brotais
á torrentes , fecundais el mundo y yo me consumo en vano.
(Vuelve la hoja con despecho , y apercibe el signo del Espiritu
de la tierra. )
¡ De cuán distinto modo obra este signo sobre mí ! Próximo
estás sin duda , espíri'u de la tierra ; pues mis fuerzas se au-
mentan , y siento en mí como la embriaguez del nuevo vino. Ya
no me falta valor para lauzarme al mundo , desafiar la miseria
y la dicha terrenas , luchar con las tempestades , y ver sin pes-
tañear en el naufragio la desaparicion de mi buque. ¡ El cielo se
encapota, la luna oculta su luz , la lámpara se apaga , sin de pedir
ya mas que humo , cruzan por mi mente y en torno de mis sie-
nes rápidos fulgores , y siento en mí un estremecimiento profun-
do ! Bien lo veo eres tú que le agitas en mí derredor, Espíritu
que invoco : preséntate á mis ojos . ¡ Ah ! ¿ cómo se me desgarra
el seno ; todo mi ser se lanza en pos de nuevos sentimientos ?
-Todo mi corazon á tí se entrega. ¡ Aparécete de una vez , por
mas que tu aparicion haya de costarme la vida !
(Coje el libro ypronuncia misteriosamente el signo del Espiritu.
Chisporrotea una llama rojiza , y el Espiritu aparece en ella .)
El Espiritu. ¿ Quién me llama ?
Fvolviendo la cabeza, ) ¡ Vision terrible!
El Espiritu. Me has evocado con todo tu poder ; me has obli-
gado con tu aspiracion incesante á salir de mi esfera , - y
ahora....
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 13
Fausto. ¡ Ah ! tu vista me aterra.
El Espiritu. Te esfuerzas en invocarme ; quieres oir mi voz
y contemplar mi rostro ; cedo á la invocacion poderosa de tu
alma , héme aquí , y se apodera de tu naturaleza sobrehumana
un terror miserable. ¿ Dónde está , pues , aquella invocacion
poderosa , dónde aquel seno que se creaba un mundo , que á su
antojo dirijia y fecundaba , y que en sus trasportes de gozo se
enorgullecía hasta ponerse al nivel de los es íritus ? ¿ Qué se
ha hecho aquel Fausto , cuya voz incesante llegaba á mis oi-
dos , y que se lanzaba hácia mí con todas sus fuerzas ? ¿ Eres
tú aquel Fausto, tú á quien mi soplo espanta hasta el estremo de
secarte la fuente de la vida ? Solo eres un vil gusano que tré-
mulo se arrastra.
Fausto. Yo , retroceder delante de ti , espectro flamígero ?
Si : soy Fausto , Fausto tu igual .
El Espiritu. En el océano de la vida, y en las borrascas de la
accion , subo , desciendo y floto por do quiera , tan pronto en
torno de la cuna como del sepulcro , llevando siempre una vida
agitada y ardien'e en medio de un mar proceloso y sin fin . Tal es
mi constante trabajo en el telar atronador del tiempo para urdir
el animado ropaje de la divinidad .
Fausto. Espíritu ardiente que ondulas en torno del vasto
mundo , casi me considero tu igual .
El Espiritu. Puedes parecerte al espíritu que concibes , pero
no á mí.
Fausto , ( aterrado . ) Si no es á tí , ¿ á quién será ? Yo , que
soy la imágen de la divinidad , ¿ ni aun á tí puedo parecerme ?
(Llaman . )
¡ Oh muerte ! No lo dudo , es mi fámulo ; hé aquí toda mi
dicha desvanecida. ¡ Es posible que una visita tan sublime que-
de sin efecto por un importuno tan despreciable !
(Entra Wagner en traje de casa y gorro de noche , con una
luz en la mano . Fausto se vuelve de mal humor . )
Wagner. Perdonad : os he oido declamar ; ¿ leiais , acaso ,
una tragedia griega ? Desearia mucho conocer ese arte , que }
puede hoy dia ser tan útil. He oido decir con frecuencia que
puede un cómico habérselas con cualquier orador.
Fausto. Cuando el orador es un cómico , como sucede mu-
chas veces.
Wagner. ¡ Ah ! Cuando uno está siempre retirado en su gabi-
14 FAUSTO.
nete , sin ver á la gente mas que en los dias festivos , y aun de
lejos , y á través de un cristal , ¿ cómo podrá nunca arrastrarla
por medio de la persuacion ?
Fausto. Es inútil que penseis en ello , si no estais poseido de
un verdadero sentimiento , sino haceis brotar del fondo de vues-
tra alma el entusiasmo que ha de conmover y arrastrar los co-
razones de todos los espectadores. Reconcentraos eternamente
en vos mismo , reunid cuanto podais , haced un guiso de los
restos de ageno festin , y á fuerza de soplar haced brotar una
llama de vuestro monton de cenizas . Solo de este modo podreis
escitar la admiracion de los niños y de los monos , si tal es
vuestro deseo ; pero nunca lograreis admirar á los hombres , si
vuestra elocuencia no brota del fondo del corazon .
Wagner. Con todo, es innegable que el desembarazo da gran
importancia al orador ; y estoy muy lejos de tener semejante
cualidad.
Fausto. Aspirad tan solo á un éxito modesto , sin imitar
nunca á los locos que incesantes agitan sus cascabeles ; puesto
que , no se necesita tanto artificio para manifestar la razon y el
buen sentido ; además , si es importante lo que habeis de decir,
no necesitais ir á caza de palabras. Los brillantes discursos para
decir cosas frívolas acerca de la humanidad , son estériles como
el nebuloso viento de otoño que gime entre las hojas secas.
Wagner. ¡ Ay Dios mio ! El arte es largo y nuestra vida cor-
ta. De mí sé decir que , en medio de mis elucubraciones críticas,
siento con frecuencia turbárseme la cabeza y el corazon . ¡ Qué
de dificultades para alcanzar los medios que han de conducir-
nos al conocimiento de las causas ! Y eso que un pobre diablo
puede muy bien morirse antes de haber andado la mitad del ca-
mino.
Fausto. Si será lo que encierra el pergamino el manantia
sagrado que siempre haya de apagar la sed del alma ? Nunca
alcanzarás la gracia del consuelo , mientras no te la procure tu
propio corazon.
Wagner. Dispensadme ; pero siempre es un gran placer re-
montarse al espíritu de los tiempos que fueron , ver como pensó
un sábio antes que nosotros , y que desde tan lejos le hemos
adelantado nosotros de mucho en su camino de investigacion .
Fausto . ¡ Ah ! sí , hasta las estrellas. Querido mio , los siglos
transcurridos son para nosotros un libro de siete sellos ; lo que
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 15
llamais espíritu de los tiempos , no es en sí mas que el espíritu
de los grandes hombres en que los tiempos se reflejan. Y esto
aun para contemplar á veces una miseria que nos obliga á apar-
tar la vista ; cuando no es un monton de inmundos escombros ó
una vieja trastera , es á lo mas uno de esos espectáculos de
mercado , llenos de hermosas máximas de moral , que se ponen
por lo regular en boca de los muñecos.
Wagner. ¡ Pero el mundo , el corazon y el espíritu humano ,
desean saber siempre algo de aquellas cosas !
Fausto. Si , desean eso que se llama saber. ¿ Quién podrá
gloriarse de dar el niño su verdadero nombre ? Los pocos hom-
bres que han sabido alguna cosa y han sido aṣaz locos para de-
jar desbordar sus almas y hacer patentes al pueblo sus senti-
mientos y sus miras , han sido en todos tiempos perseguidos y
condenados á la hoguera. Pero , dispensadme , amigo mio, es ya
tarde , y dejarémos esto para otra ocasion .
Wagner. De buen grado hubiera continuado velando para
hablar de la ciencia con un hombre como vos . Pero mañana ,
que es primer dia de Pascua , espero os dignaréis permitirme
una ó dos preguntas. Me he entregado con ardor al estudio ; y si
bien es verdad que ya sé mucho , deseo , sin embargo , llegar á
saberlo todo. ( Sale. )
Fausto, solo. Nunca abandona la esperanza al hombre que
piensa en miserias. Avida su mano escarba la tierra para hallar
tesoros , y se dá por muy satisfecho con encontrar un gusano .
¡ Cómo es posible que semejante voz haya resonado en este
sitio donde me ha rodeado una legion de espíritus ! Pero no im-
porta ; te lo agradezco por esta vez , aunque seas el mas mise-
rable de los hijos de la tierra , ya que me libraste de la desespe--
racion que empezaba á trastornar mis sentidos. ¡ Ah ! era la
aparicion tan gigantesca , que á su lado debí sentirme enano .
Yo , la imágen de Dios , que creia haber alcanzado ya el es-
pejo de la verdad eterna ; yo , que , despojado de la mortal cu-
bierta , participaba de su propia vida en todo el resplandor de
la luz celeste ; yo , que , superior á los querubes , cuya fuerza
libre empezaba á esparcirse por todas las arterias de la natura-
leza , y que creando gozaba de dicha de un Dios , ¡ cuán caro
pagaré ahora mi presuntuoso orgullo ! Una sola palabra ha bas-
tado para anonadarme.
Imposible me será igualarte , si he tenido fuerza para atraerte,
16 FAUSTO.
en cambio , me ha faltado la de poder conservarte. ¡ En aquel
dichoso instante me sentia á la vez tan pequeño y tan grande !...
¿ Por qué con tanta violencia me hundiste de nuevo en la incer-
tidumbre de la humanidad ? ¿ Quién podrá instruirme ahora ?
¿ Cómo saber lo que debo evitar ? ¿ Debo ceder al impulso que
siento , cuando nuestras acciones , como nuestros sufrimientos ,
acaban por parar el curso de nuestra vida?
La materia se opone sin cesar á todo cuanto de mas sublime
concibe el espíritu ; por poco que alcancemos la dicha de este
mundo , calificamos de sueño y de quimera todo lo que vale
mas que ello ; y todos los sentimientos sublimes que nos daban
antes la vida , mueren para siempre ante los intereses de la tierra,
La imaginacion pretende con vuelo audaz levantarse en un
principio hasta la eternidad ; pero prontole basta un limitado es-
pacio para dar cabida á sus esperanzas defraudadas . No tarda la
ingratitud en apoderarse entonces de nuestro corazon , y en cau-
sarle secretos dolores que destruyen enteramente el placer y la
calma que en él antes reinaban . Cada dia se presenta el dolor
bajo una nueva forma : tan pronto es el hogar como la corte ,
como una mujer , un niño , el fuego , el agua , el puñal ó el
veneno . Temblais , oh hombres , ante todo lo que no puede cau-
saros daño , y llorais sin cesar como un bien perdido lo que
conservais todavía.
Lejos de llevar mi loco orgullo hasta al punto de compararme
con Dios , conozco que es cada vez mayor mi miseria ; solo me
parezco al vil gusano que se alimenta del polvo , en el que le
aplasta y sepulta el pié del que acierta á pasar.
¿ No es tambien polvo todo lo que aquel alto muro me mues-
tra allá arriba colocado sobre numerosos estantes , y todo este
baturrillo cuyas mil bagatelas me encadenan á este carcomido
mundo en que existo ? ¿ Iré á recorrer esos millares de volúme-
nes para leer que en todas partes los hombres se han afanado
para labrar su suerte , y que solo en algunos puntos del globo
habrá habido un hombre dichoso ? Y tú , cráneo vacío , que pa-
rece te estás burlando de mí , ¿ quiéres por ventura indicarme
con esto , que el espíritu que antes te habitaba se afanó tambien
como el mio para buscar la luz , y que erró siempre miserable-
mente entre tinieblas abrasado por la sed de verdad ? Tambien
vosotros , instrumentos mios , pareceis reiros de mí con vuestras
ruedas , dientes y cilindros ; cuando habia llegado hasta la puer-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 17
ta y debiais vosotros servirme de llave . Misteriosa en pleno dia ,
no permite la naturaleza que nadie descorra sus velos ; y todo
cuanto quiera ella ocultar al espíritu , no hay esfuerzo humano
que pueda arrancarlo de su seno . Antiguo ajuar del que no sé
que hacer , solo estás aquí porque serviste en otro tiempo á mi
padre ; y tú vieja polea , estás tambien ennegrecida , como lo
está el pupitre por el humo de mi lámpara . ¡ Ah ! mejor hubiera
hecho en gastar lo poco que tenia , y no sucumbir aquí bajo el
peso de la necesidad. Procura , empero , adquirir lo que heredes
de tu padre para poseerlo . Lo que no sirve es iempre una car-
ga pesada ; solo es útil le que puede servirnos en un momento
dado . Pero , ¿ por qué siempre he de fijar mi vista en ese sitio ?
¿ Qué atraccion tiene para mis ojos ese pequeño frasco ? ¿ Por
qué á su sola vista he de verme inundado de una luz benéfica ,
como la que derraman en el bosque sombrío los plateados rayos
de la luna?
Con respeto me apodero de tí, frasco querido , en el que hon-
ro al espíritu del hombre y su ciencia . Esencia de los jugos que
procuran dulcemente el sueño , contienes tambien todas las fuer-
zas sutiles que pueden dar la muerte ; sé propicia al que te po-
see. A tu sola vista , mi dolor se calma : te cojo , y disminuye
mi angustia , y se adormece poco a poco la agitacion de mi es-
píritu. Luego me siento impulsado hacia el inmenso océano ,
tranquilo el mar se estiende á mis piés , como si fuese la luna
de un espejo , y una fuerza superior me atrae hácia playas des-
conocidas.
Veo de repente en el espacio un carro de fuego que se dirije
hácia mí con rápidas alas ; voy á subir á él para recorrer las es-
feras eléreas, y abrirme la nueva via que ha de conducirme á las
regiones de la actividad pura . Pero, ¿ cómo es posible que pien-
se merecer aquella vida sublime , aquellos trasportes divinos ,
cuando no soy mas que un gusano ? No importa , bastaráme por
lograrlo volver con resolucion la espalda al dulce sol de la tier-
ra ; valor pues y derriba las puertas , por las que nadie pasa sin
estremecerse. Ha llegado el momento de probar con obras que la
dignidad humana no cede , ni aun ante la grandeza de los mis-
mos dioses. Deja de temblar ante ese abismo donde la imagina-
cion se condena á sus propios tormentos , y en el que las llamas
del infierno parecen cerrar la entrada. Hora es ya de sondearle
con faz serena , por mas que debiese conducirme á la nada.
2
18 FAUSTO.
l
¡ Copa de purísimo cristal , por tanto tiempo olvidada , sa
de tu viejo estuche , tú que en otro tiempo brillabas en los
festines de nuestros mayores , y que pasando de mano en mano
no parabas hasta desarrugar todas las frentes; con qué entusias-
mo eras celebrada por tu riqueza y vaciada de un solo trago !
¡ Nada hay que me recuerde las pasadas noches de mi juventud!
Ya no volveré á ofrecerte á ninguno de mis compañeros , niagu-
zaré mi ingenio para ponderar al artista que supo embellecerte.
Contienes un licor que produce una embriaguez súbita . que yo
mismo he preparado y escogido ; será mi última bebida , que
consagro como una libacion solemne á la aurora del nuevo dia.
( Lleva la copa á sus lábios. )

SONIDO DE CAMPANAS Y COROS.

Coro de los ángeles. ¡ Jesucristo ha resucitado ! Paz y dicha


completas al mortal que gime aquí abajo en los lazos del vicio
y de la iniquidad .
Fausto. ¡ Qué rumor solemne ! ¡ Cuán puras son las voces
que hacen caer la copa de mis lábios ! ¿ Si anunciarán esas cam-
panas con su tañido la primera hora de los dias de Pascua ?
Entonan por ventura esos coros divinos los cantos de consuelo
que en la noche del sepulcro exhalaron antiguamente los lábios
de los ángeles como prenda de una nueva alianza ?
Coro de mujeres. Nosotras , sus fieles , habíamos bañado su
precioso cuerpo con gratos aromas ; le habíamos acostado en su
tumba , cubriendo con bandeletas y finos lienzos sus desnudos
miembros. Pero , ¡ ay de nosotras ! El Cristo ha desaparecido , y
no le hallamos en parte alguna.
Coro de los ángeles ¡ El Cristo ha resucitado ! ¡ Dichosa el al-
ma que en medio del dolor que la agita , sabe amar y sufrir sin
quejarse los tormentos é injurias que le sirven de prueba !
Fausto . Cantos celestiales , potentes y dulces , ¿ por qué me
buscais en el polvo ? Dirijíos mas bien á aquellos á quienes po-
deis aun consolar ; oigo la nueva que me traeis , pero me falta
la fé para creer en ella , y el milagro es el hijo querido de la fé.
No puedo elevarme hácia esas esferas en que resuena tan fausta
nueva ; y , sin embargo , esas dulces voces á cuyo arrullo me
dormí en la infancia , me vuelven nuevamente á la vida. En el
recogimiento solemne del domingo , descendia antes sobre mí el
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 19
beso del amor divino ; el grato clamoreo de las campanas me
llenaba de dulces presentimientos , y era la oracion para mí un
goce estático : un ardor tan puro como incomprensible, me im
pulsaba hácia los bosques , praderas y campos , donde desecho
en deliciosas lágrimas , sentia en mí un mundo nuevo. Esa cam-
pana era tambien la que anunciaba las alegres diversiones de la
juventud y las fiestas inocentes de la primavera : este grato re-
cuerdo aviva en mi corazon los sentimientos de la infancia y me
retrae de la muerte. ¡ Cantos del cielo, hacedme oir una vez mas
vuestra santa melodía ! Corren mis lágrimas : la tierra me ha
reconquistado.
Coro de los discipulos . Ya se levantó del fondo de su sepulcro
la víctima Inmaculada para volar á la region de la luz . Ra-
diante se eleva ya al seno de los cielos , atravesando gozoso el
océano inmenso del éter. Y , ¿ nosotros ? ¡ Ah ! ¡ por nuestro do-
lor nos quedamos aun en este mundo de miseria y de pena !
Maestro , tú te vas á la gloriosa mansion de la dicha y nos dejas
solos en esta árida llanura. ¡ Cuán digna es tu suerte de envidia!
Coro de los ángeles . El Cristo resucita del seno de los muertos.
Romped mortales vuestras cadenas en la alegría de que estais
poseidos. Almas ardientes , generosas y tiernas que edificais con
la accion , que sufrís por vuestros hermanos y que enjugais su
Hlanto , sabed que no tardaréis en recibir vuestra recompensa
eterna. ¡ Ahí viene el Señor que ha de ofrecérosla , ya se acerca,
ya llega , ya está entre vosotros !

FRENTE A LA PUERTA DE LA CIUDAD .

Sale de la poblacion gente de toda clase .

Algunos operarios asociados . ¿ Por qué vamos por ahí ?


Otros. Porque vamos á la caza.
Los primeros . Pues nosotros nos dirijimos al molino.
Un operario de la sociedad. Mas bien os aconsejo que vayais
al rio.
Otro. Es el camino por aquella parte muy poco agradable.
Los dos á un tiempo. ¿ Qué haces tú ?
Operario 3.º Voy con los demás.
Operario 4. Venid á Burgdorf; allí encontraréis de seguro las
muchachas mas lindas , la cerveza mucho mejor y contraeréis
relaciones de otra clase.
20 FAUSTO.
Operario 5.º¡ Me gusta la idea ! ¿ Acaso deseas una tercera
paliza ? Lo que es yo no me espongo á ello ; con solo pensar en
aquel sitio tiemblo de miedo.
Una criada. No , no , yo me vuelvo á la ciudad .
Oras. De seguro le hallarémos debajo de aquellos álamos.
La primera. ¿ Y á mí qué me importa Vendrá enseguida á
ponerse á tu ladɔ ; y , como siempre , solo bailará contigo en el
césped . ¿ Qué interés pueden tener para mí tus placeres?
Otra. Casi puedo asegurarte que no estará solo ; me ha dicho
que iria con él aquel jóven de pelo rizado .
Un estudiante. ¡ Cáspita ! ¡ mira que garbo tienen esas lindas
jóvenes ! Anda , chico , si quieres que las acompañemos . Buena
cerveza , tabaco esquisito y una muchacha bien ataviada ; en
verdad no sé que pedir mas , quedan satisfechos todos mis deseos.
·Una jóven de la clase media . ¡ Mira esos muchachos ! ¡ Qué
vergüenza ! ¡ Corren en pos de aquellas cualquieras , cuando
podrian ir mucho mejor acompañados !
El segundo estudiante al primero. No te apresures ; hé aquí
que vienen detrás de nosotros dos muy bien puestas . Una de
ellas es mi vecina , que , no me es por cierto indiferente. Aun-
que van despacio , no tardarán en alcanzarnos.
El primero. No , chico ; á mí no me gustan los cumplidos.
Anda aprisa , no perdamos de vista la caza . La mano que el sá-
bado maneja una escoba , es la mejor para acariciarte el do-
mingo.
Un hombre de la clase media . De mí sé deciros que no soy
partidario del burgo -maestre ; ahora que está en el poder , será
aun mas insoportable. Y , ¿ qué hace por la ciudad ? ¿ No va to-
do cada dia de mal en peor ? Todo consiste en obedecer mas que
antes , y en pagar mas que nunca.
Un mendiyo canta . Buenos señores y hermosas damas que
alegres recorreis la campiña porque todo en el mundo os sonrie,
no os mostreis indiferentes á mis males ; y ya que es hoy para
todos vosotros un dia de alborozo , haced que lo sea de cosecha
para mí.
Otro hombre de la clase media . Nada me gusta tanto como
hablar de guerras y batallas en los dias festivos ; mientras que
allá muy lejos , en Turquía , se están despedazando los pueblos,
está uno en la ventana , apura su copa , y vé pasar por el rio nu-
merosos buques con banderas de diferentes colores. Luego por
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA, 21
la noche entra uno alegremente en su casa , bendiciendo la paz
y los dichosos y tranquilos tiempos que atravesamos .
Un tercero. Tambien yo pienso como vos , querido vecino ;
poco me importa que los demás se rompan la crisma , y que to-
do se lo lleve el diablo , con tal que en mi casa siga todo en el
mayor órden .
Una vieja á unas señoritas . ¡ Qué lindos trajes ! ¡ Cuánto me
admira esa juventud hermosa ! ¿ Quién no se volverá loca al ve-
ros ? Pero , creedme, no seais tan altivas : vamos , así me gusta ,
sabré procuraros todo cuanto deseais.
Primera señorita. Ven , Agata ; sentiria que nos viesen con
semejante bruja. Sin embargo , en la noche de San Andrés me
hizo ver á mi futuro novio.
Otra Tambien á mí me le enseñó á través de un cristal ; iba
de militar y estaba con otros calaveras. En vano miro en torno
mio y le busco en todas partes ; nunca se presenta á mi vista.
Soldados Cuanto mas inespugnables sean las ciudades que
hayamos de asaltar á la voz del deber y del honor , mayor será
nuestra intrepidez , sobre todo si hay en ellas hermosas jóvenes
que puedan admirar nuestro heroismo . Si es inminente el peli-
gro , grande es tambien la recompensa .
La trompa guerrera dá la señal á la vez tan deseada y temida;
no hay corazon que no palpite de temor y de esperanza ; no tar-
darán en ser patrimonio de muchos la victoria y la muerte ; pero
no importa , los que sucumban ceñirán la corona de la inmorta-
lidad y alcanzarán los demás el premio de la victoria.

FAUST Y Wagner.

Fausto . Há aquí el rio y los torrentes que han roto su cárcel


de hierro , merced á la dulce sonrisa de la primavera ; verdea la
esperanza en el valle ; el caduco invierno con paso lento en su
debilidad creciente , se ha retirado hácia lo mas áspero de los
montes , desde donde en su fuga nos envia los últimos yelos ,
espantajo impotente que solo contribuye á hermosear con sus
franjas de plata la verde llanura . El sol, empero, se complace en
derritir su obra , y desaparece en breve toda mancha blanca; la
actividad y la forma renacen por do quier y empieza la natura -
leza á ostentar su rico manto de nuevos colores. Sin duda las
flores no han aparecido aun en la llanura ; pero, no importa ;
22 FAUSTO .
tendrá por flores á esa multitud engalanada que cubre sus cam-
pos. Dirije desde estas cumbres la vista á la ciudad , y verás co-
mo se empuja una multitud compacta junto à la puerta son bría,
para poder tomar el sol libremente. Todos quieren hoy celebrar
la resurreccion del Señor , y hasta ellos mismos , puede decirse
que han resucitado del fondo de sus tristes moradas , en las que
los sepultan sus ocupaciones diarias ; libres en fin de los bajos
techos que les oprimen , han recorrido sus angostas y fangosas
calles , han pasado algunas horas recogidos en el fondo de sus
iglesias ; y hélos ahora dispuestos á tomar el sol y á entregarse
en el campo á sus inocentes placeres . ¡ Mira con cuanta rapidez
la multitud invade todos los jardines y los prados ; mira como
por todas partes cruzan el rio alegres esquifes , y cuán cargado
va aquel barquichuelo que se aleja de la orilla ! Hasta los sende-
ros mas lejanos del monte ostentan los variados colores de miles
de trajes ; oigo desde aquí la gritería y animacion que reinan
en aquel pueblo , que es el verdader paraiso de los aldeanos ;
grandes y pequeños , todos saltan de gozo ; aquí puedo decir
que soy hombre , aquí me atrevo á serlo .
Wagner. Querido docto , vuestros paseos me reportan hon-
ra y provecho : sin embargo , á estar yo solo no me confundiria
con esa gente , porque soy enemigo de toda rusticidad y me es
imposible resistir su gritería , su juego de bolos y su desentonada
música. Ahullan como energumenos , y llaman á esto divertirse
y gozar. (Varios aldeanos debajo de algunos tilos . )

BAILE Y CANTO.

Ya se acerca el pastor cargado de cintas y guirnaldas y per-


fectamente ataviado para entregarse al placer de la danza ; no
tardan en seguirle otros muchos animados del mismo deseo , al
oir que los tamboriles y zampoñas hacen resonar el valle. No
menos solícitas acuden tambien las zagalas , y empieza desde
luego el baile , en el que se propone cada cual hacer aquel dia
nuevas travesuras . Pronto llega á su colmo el desórden por co-
dear los pastores de intento á las zagalas mas vivarachas , y los
chistes , las risotadas y los gritos ahogan los acordes mas ó me-
nos dulces de la campestre música . Pero lejos por ello de renun-
ciar al baile , le continuan con ardor creciente , y zagalas y
1 pastores , como arrastrados todos por un torbellino , se arre-
meten y estrechan confundidos mientras dura la danza . Solo
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 23
despues de terminada esta , va cada pastor á sentarse con su
amada debajo de un sauce , para repetirle aquellas tiernas pa-
labras que la hacen cada vez que las oye sonreir dulcemente ,
por mas que aparente no creerlas.
Un viejo aldeano . Señor doctor , ya que sois tan bueno , basta
el punto de venir á participar de nuestra fiesta , dignaos perdonar
á esos jóvenes atolondrados su locura; vos , que sois tan sábio,
no ignorais que son buenos en el fondo . Aceptad al propio tiem-
po este jarro de bebida fresca , por ser lo mejor que podemos
ofreceros no solo deseo que apague vuestra sed , sino tambien
que cada gota del agua que contiene sea para vos un año mas
de vida.
Fausto . Gustoso acepto tu bebida saludable , y á todos os
deseo , en cambio , salud y alegría
(El pueblo se reune al rededor de ellos . )
El viejo aldeano . Habeis hecho bien en asistir hoy á nuestra
fiesta ; ya que tantas veces nos habeis visitado en dias aciagos .
Mas de uno que está aquí gozando fué librado por vuestro pa-
dre de la ardiente fiebre , cuando acabó con el contagio. Y vos
tambien , entonces jóven , asistiais á todos los enfermos sin que
os arredrára nunca el peligro inminente á que os esponiais du-
rante aquella terrible enfermedad que dejó casi desiertas nues-
tras cabañas En verdad fué para vos aquella época de terrible
prueba : pero el Salvador desde lo alto velaba por nuestro sal-
vador de aquí abajo.
Todos . ¡ Viva el hombre esforzado ! ¡ Ojalá pueda visitarnos
aun largos años !
Fausto. Postraos ante Aquel que está en lo alto : solo él en-
seña á socorrer , solo él socorre. ( Se adelanta con Wagner.)
Wagner. ¡ Qué alegría debe ser la tuya, oh grande hombre ,
al verte así honrado por toda esta multitud ! ¡ Ah ! ¡ feliz aquel
á quien reporta su talento estas ventajas ! El padre te presenta
á su hijo ; se informan , se agrupan , se estrechan; se interrum-
pe la música , para la danza ; pasas tú y todos acuden deseosos
de verte , se descubren para saludarte , y casi llegan á postrarse
como ante el Altísimo .
Fausto. Lleguemas hasta aquella piedra , en la que descan-
sarémos de nuestro paseo. Cuantas veces yendo solo me he
sentado en ella , absorto en una meditacion profunda , y es-
tenuado por la oracion y las vigilias. Rico de esperanzas y firme
24 FAUSTO.
en mi fé , pensaba con mis lágrimas y suspiros lograr que el so-
berano de lo cielos no librase de aquella terrible peste. Por
esto las aclamaciones de la multitud resuenan ahora en mis oi-
dos como una burla amarga. ¡ Ah ! ¡ si pudieses leer en el fondo
de mi alma , te convencerias de cuán poco merecen padre é
hijo semejante gloria ! Era mi padre un buen hombre oscuro ,
que habia dado en la manía de discurrir á su manera , y con la
mayor buena fé , acerca de la naturaleza y sus sagrados miste-
rios ; así que , rodeado de sus adeptos , se encerraba en una
cocina ennegrecida , donde por medio de innumerables recetas,
obraba la trasfusion de los contrarios. Cojia un leon rojo , no-
vio silvestre que unia con la azucena en un baño tibio ; y po-
niendo despues aquella mezcla al fuego , la trasegaba de uno á
otro alambique. Aparecia antonces en un vaso la jóven reina de
variados colores; se daba aquella medicina, y los enfermos mo-
rian , sin que nadie preguntase quien se habia encargado de su
curacion. Es innegable que con nuestras diabólicas mixturas cau-
samos nosotros en estos valles y montañas muchos mas estragos
que la misma peste Yo mismo he presentado á miles de perso-
nas el veneno fatal que debia causarles la muerte; mientras que
yo vivo aun para oir ponderar á sus osados maladores.
Wagner. ¿ Cómo os turbais por eso ? ¿ Por ventura el hom-
bre honrado no ha cumplido su mision , despues de haber ejer-
cido puntualmente el arte que se le ha enseñado ? El hijo ,
honrando debidamente á su padre , debia complacerse al recibir
su enseñanza ; el hombre al creer que hacia dar un paso á la
ciencia , pensaba que su hijo podria alcanzar mayor gloria.
Fausto. Dichoso el que espera aun sobrenadar en este
océano de errores ! Siempre se necesita aquello que uno ignora,
y nunca podemos hacer uso de lo que sabemos . Pero , ¿ por qué
turbar con tristes recuerdos la grata dicha de esta hora ? Mira
como brillan á los rayos del sol poniente aquellas cabañas me-
dio sumergidas en un mar de verdor ; el sol va declinando y se
estingue , el dia espira , pero se va à procurar á otras regiones .
una nueva vida, ¡ Ah ! ¡ Que no tenga yo alas para elevarme
en los aires , y poder incesantemente lanzarme tras él ! Veria
entonces en eterna claridad bajo mis plantas á un mundo silen-
cioso ; veria inflamarse las alturas , orcurecerse los valles , é
inclinarse el plateado arroyo hacia los rios de oro , sin que el
áspero monte con sus profundos barrancos pudiesen oponerse á
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 25
mi vuelo divino . Ya el mar presenta sus encendidos golfos á mis
asombrados ojos ; sin embargo desaparece el dia , y siento aun
en mí un nuevo encanto que me reanima y obliga á bañarme
en sus eternos rayos ; así es , que hay ante mí el dia , tras de
mí la noche , el cielo sobre mi cabeza , bajo mis piés las olas.
Sueño sublime , que va desvaneciéndose, por no tener el cuer-
po alas que puedan seguir el vuelo rápido del espíritu . Y sin
embargo , nadie hay que en alas de su sentimiento no se eleve
hasta las nubes cada vez que oye el canto matutino de la alen-
dra en el azul de los cielos , cada vez que allende los picachos
cubiertos de pinos vé levantarse el águila, y cada vez que sobre
las llanuras ó los mares vé á la grulla dirigirse hácia su matria ,
Wagner. Tambien yo tengo algunas veces ideas fantásticas ,
si bien no me he visto nunca animado de semejante deseo . Co-
mo no nos faltan bosques y praderas , no pienso envidiar á las
aves sus alas ; para mí los goces del espíritu consisten en un li-
bro , en una hoja , en una página ; solo los libros pueden hace-
ros soportable y hasta deliciosa una larga noche de invierno , y
hacernos llevar una dichosa vida que reanime todos nuestros
miembros. ¡Ah ! ¡ y cuándo puede uno desenvolver un digno
pergamino , siente en su corazon todas las inefables dichas del
cielo !
Fausto. Tú no tienes mas que un deseo : ¡ quiera Dios que no
sientas nunca otro ! Hay en mí dɔs almas , y la una tiende siem-
pre á separarse de la otra ; la una , apasionada y viva , está
apegada al mundo por medio de los órganos del cuerpo; la otra,
por el contrario , pugna siempre para disipar las tinieblas que la
cercan y abrirse un camino para la mansion eterna. ¡ Ah ! ¡ si
hay en las regiones aéreas espíritus soberanos que se ciernan
entre la tierra y el cielo , dígnense descender de sus nubes de oro,
y conducirme hacia una nueva y luminosa vida ! Si poseyera
una túnica mágica que pudiese conducirme à aquellas regiones
lejanas , no la daria por los mas preciosos vestidos , ni por el
manto de un rey.
Wagner. No invoqueis à esa turba de espíritus malignos que
se reunen en los vapores de la atmósfera , para tender al hom-
bre contínuos lazos. Los espíritus procedentes del Norte agu-
zan contra vos sus afilados dientes y sus lenguas de triple agui-
jon; los que proceden del Este llegan en alas de un viento abra-
sador y les sirven de pasto vuestros pulmones. Si nos les envian
26 FAUSTO.
los desiertos del Mediodía , amontonan torrentes de llamas sobre
vuestra cabeza : el Oeste á su vez vomita un enjambre de ellos ,
que si bien en un principio os reaniman , acaban despues por
devoraros junto con vuestros campos y mieses. Poseidos del ins-
tinto del mal , alienden á vuestras invocaciones , y hasta llegan
á realizar en parte vuestros deseos para que tengais fé en ellos
y puedan engañaros mas fácilmente ; se titulan envia los del cie-
lo , y mienten con una voz angelical. Pero ya es hɔra de reti-
rarnos ; el horizonte se oscurece , el aire es cada vez mas fresco
y empieza á levantarse la niebla. Nunca , como al anochecer ,
conoce el hombre lo que vale su morada. -¿Por qué os quedais
Zinmóvil ? ¿ Cómo es que os admira tanto el crepúsculo ?
Fausto. ¿ Ves aquel perro negro que está vagando por entre
los sembrados y el rastrojo ?
Wagner. Tiempo ha que la veo , pero apenas me he parado
en él porque nada ofrece de estraordinario.
Fausto. Obsérvale bien ; ¿ qué es lo que piensas de él ?
Wagner. Pienso que es un perro de aguas que procura buscar
el rastro de su amo.
Fausto. ¿No nolas que está trazando un espiral y que se acer-
ca cada vez mas á nosotros? Y, ó yo me engaño, deja por donde
pasa un rastro de fuego .
Wagner. Yo no veo mas que un perro de aguas negro : pue-
de que á vos la vista os engañe .
Fausto. Se me figura verle tender en torno nuestro mágicos
lazos para cogernos .
Wagner. Yo le veo brincar con timidez en nuestro alrededor,
porque en lugar de su dueño encuentra á dos desconocidos.
Fausto. El círculo se estrecha ; héle aquí cerca de nosotros .
Wagner. i Bien lo veis ! es un perro y no un fantasma. Gru-
ñe y no se atreve acercarse ; y , como todos los perros , se ar-
rastra y agita su cola.
Fausto. Acompáñanos , ven aquí.
Wagner. Son esos perros de una rara especie. Si os parais ,
os espera ; si le hablais acude á vos : si perdeis algo , no para
hasta encontrarlo , y hasta se arrojaria al agua para ir en busca
de vuestro palo.
Fausto. Tienes razon ; nada veo en él que me indique ser un
espíritu ; todo cuanto hace es debido á su especie y á lo que
se le ha enseñado.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 27
Wagner. El perro cuando está bien enseñado , es hasta dig-
no del afecto de un sábio : así es , que puede merecer este vues-
tras bondades, y ser el mas aprovechado de todos los discípulos.
(Llegan á la puerta de la ciudad .)

GABINETE De estudio,

Fausto , entrando con el perro de aguas . He dejado el llano y


la campiña envueltos en una noche profunda ; al alma superior
despierta en mí en medio de presentimientos que me infunden
un terror santo. Los groseros instintos dormitan , y con ellos to-
da actividad borrascosa ; y el amor de los hombres y tambien
el amor de Dios se agitan actualmente en mi seno.
Perro , estáte quieto , no corras de una á otra parte : ¿ qué es
lo que estás olfateando en el umbral de esa puerta? Echate de-
trás de la estufa y te daré mi mejor cojin . Ya que en el camino
de la montaña nos has divertido con tus vueltas y tus saltos ,
justo es que ahora te trate como á un huésped querido y pa-
cífico.
¡ Ah ! desde que alumbra una lámpara amiga nuestra estrecha
celda , penetra en nuestro seno una luz grata y dulce , alegran-
do así mismo al corazon que tiene conciencia de sí propio-! La
razon empieza á hablar , la esperanza á florecer , y se baña uno
en los raudales de la vida, en el puro manantial de donde brotó .
¡ No gruñas , perro ! Mal podrian avenirse tus ahullidos con
los acentos sagrados que llenan toda mi alma . No es raro ver
despreciar á los hombres las cosas que no pueden comprender ,
y murmurar ante lo bueno y lo hermoso que les importunan :
¿si el perro gruñirá tambien como ellos ?
¡ Ah ! Bien veo que á pesar de mis deseos , no puede salir de
mi pecho satisfaccion alguna. ¿ Por qué se ha de secar tan pron-
to el rio , sin apagar nuestra sed ? ¡ Cuántas veces he sufrido el
mismo desengaño ! Sin embargo, tiene esta miseria sus compen-
saciones , así aprendemos á conocer el precio de lo que se ele-
va sobre las cosas de la tierra ; así aspiramos á la revelacion
que en ninguna parte brilla con una luz tan pura como en el
Nuevo Testamento . Su texto me atrae ; quiero leerlo , entregar-
me enteramente á los sentimientos que me inspire , y hasta
traducir su original sagrado á mi querida lengua alemana.
(Abre un lomo y se dispone á hacerlo.)
28 FAUSTO.
Está escrito : En un principio existia el Verbo . Ya aquí tengo
que pararme. ¿ Quién me ayudará para ir mas lejos ? Es esta
traduccion tan difícil , que tendré que darle otro sentido , si el
espíritu me ilumina . Escribe : En un principio existia el espíritu.
Reflexionemos bien sobre esta primera línea , y no permitamos
que nuestra pluma se deslice. Es indudable que el espíritu lo
hace y lo dispone todo , por lo tanto debiera decir : En un
principio existia la fuerza . Y sin embargo , al escribir esto , sien-
to en mí algo que me dice no ser este su verdadero sentido . Por
fin, parece venir el espíritu en mi ausilio; ya empiezo á ver mas
claro , y escribo con la mayor confianza : En en principio exis-
tia la accion
No me opongo á compartir contigo mi habitacion, con tal que
ceses , perro , en tus gritos y en tus ahullidos , porque me es
imposible tolerar por mas tiempo á mi lado un compañero tan
turbulento . Con dolor mio me veré obligado á violar los dere-
chos de la hospitalidad : la puerta está abierta ; tienes libre el
paso . Pero, ¿ qué es lo que veo ? ¡ esto raya en prodigio ! ¿ Será
una ilusion ó una realidad? ¡ Cómo se hincha mi perro! Se levan-
ta con fuerza , y hasta ha perdido su primitiva forma. ¿ Si habré
abierto mi puerta á un espectro ? Parece un hipopótamo con sus
ojos de fuego y su terrible boca. Desde ahora vas á pertenecer-
me , porque la llave de Salomon es infalible para semejante
aborto del infierno.

ESPÍRITUS en el corredor.

Hay uno de los nuestros que está detenido ahí dentro ; espí-
ritus ardientes, quedaos en la parte de afuera , ya que como un
zorro ha caido en la trampa un viejo diablo . Volemos en su al-
rededor y no tardará en verse libre ; no abandonemos á un ami-
go que tanto ha hecho siempre en nuestra defensa.
Fausto. Para acercarme al mónstruo , empezaré por emplear
la conjuracion de los Cuatro :
¡Que la Salamandra se inflame,
Que la Ondina se enrosque
Que la Silfide se desvanezca
Que el Gnomo trabaje!
El que no conozca los elementos, su fuerza y sus propiedades,
nunca podrá hacerse dueño de los espíritus .
0
2
Salud al sabio doctor que tanto me ha hecho sudar.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 29
Salamandra, conviértate en llama ; Ondina, sumérgete mur-
murando en la onda azul ; brilla Silfide en el esplendor del me-
téoro ; y tú Incubo , ven á cerrar la marcha y á ofrecerme tu
poderoso ausilio.
Ninguno empero de los cuatro existe en el interior del móns-
truo . Queda inmóvil y me rechina los dientes, sin que yo le haya
causado aun ningun daño . Pero aguarda , que ya sabré com-
batirte con mas fuertes conjuros.
Compadre, ¿ eres por ventura un desertor del infierno ? En tal
caso abre los ojos y contempla este signo , al que en vano in-
tentaria resistir la infernal cohorte.
Ya empieza á hincharse ; ya se le erizan las crines. Ente mal-
dito , ¿ puedes leerle ? ¿ Puedes descifrar el nombre del incom-
prensible, del increado , de aquel á quien los cielos adoran , y al
que intentó derrocar el crimen en su delirio?
Se hincha detrás de la estufa como un elefante llenando el es-
pacio ; al verle hincharse así , diria cualquiera que va á conver-
tirse en una nube . Guárdate de subir hasta el techo : mejor será
que vengas á arrojarte á los piés de tu dueño . Vamos , obedece
sin rechinar, pues ya sabes que no amenazo en vano ; y que soy
capaz de abrazarte en un mar de llamas ; no aguardes la luz tres
veces incandescente ; no aguardes al mas poderoso de todos mis
conjuros .
Mefistofeles , mientras que se estiende la nube , aparece detrás
de la estufa, y se adelanta en trage de estudiante. ¿ Por qué tanto
alboroto ? Caballero, ¿ en qué puedo serviros?
Fausto. ¡ El perro de aguas convertido en estudiante viajero,
no deja de ser divertido !
Mefistofeles. Salud al sábio doctor , que tanto me ha hecho
sudar.
Fausto. ¿ Cómo te llamas ?
Mefistofeles. Muy pueril me parece la pregunta , sobre todo
para quien desprecia tanto ias palabras , y que en su retrai-
miento por las apariencias , solo desea conocer el fondo de los
séres.
• Fausto. Entre vosotros , señores , todo sér podrá conocerse
fácilmente por el nombre que lleva, puesto que se os llama blas-
femos , corruptores , embusteros. Con todo , di̟me ; ¿ quién eres?
Mefistofeles. Una parte de aquela fuerza que siempre quiere
el mal y que siempre hace el bien.
30% FAUSTO .
Fausto. ¿ Qué significa ese enigma?
Mefistofeles. Soy el espíritu que todo lo niega , y no sin mo-
tivo , porque todo cuanto existe en la tierra debiera arruinarse,
y seria aun mejor que no existiese nada Para mí no hay mas
elemento que el que vosotros conoceis con los nombres de mal ,
destruccion y pecado.
Fausto. Te titulas una parte , y te veo , sin embargo , entero
en mi presencia.
Mefistofeles. Te digo la pura verdad : si el hombre , ese pe-
queño mundo de orgullo y de locura, se cree por lo regular sert
un todo ; de mi sé decirte que solo soy una parte de la parte que
en un principio era todo ; una parte de las tinieblas de que salió
la luz, la luz soberbia , que ahora disputa á su madre la noche
su antiguo rango y el espacio en que imperaba ; si bien con poco
resultado , porque á pesar de todos sus esfuerzos , se vé recha-
zada en todas partes , logrando tan solo arrastrarse por la su-
perficie de los cuerpos. Brota de la materia y la embellece , y
basta no obstante un solo cuerpo para detenerla en su curso.
Por esto espero que no será de larga duracion , y que acabará
por quedar anonadada con los cuerpos.
Fausto. Ahora conozco las dignas funciones que ejerces : no
puedes destruir el todo , y procuras aniquilar la parte
Mefistofeles. Y á la verdad , no he adelantado mucho en mi
obra. Lo que se opone á la nada , ese algo , este mundo material,
no he podido destruirlo hasta aquí, á pesar de todos mis esfuer-
zos ; las olas , las tempestades , los terremotos , los incendios ,
nada puede desquiciarle enteramente : siempre el mar y la tierra
acaban por ponerse otra vez en su centro ; nada puede esperarse
de esa maldita semilla , principio de los animales y de los hom-
bres. He sepultado á muchos, y veo sin embargo circular siem-
pre nueva sangre. Hay para volverse loco del modo con que
van las cosas : en el aire, en las aguas, en la tierra, en todas par-
tes en fin, es cada vez mas potente la fuerza creadora, y siempre
brotan por do quier nuevos séres . Nada tendria para mí , á no
haberme reservado la llama.
Fausto. Así, pues, á la eterna actividad , á la fuerza felizmente
creadora , opones tu la mano helada del diablo que en vano se
crispa con delirio . ¡ Preciso te será cambiar de rumbo , hijo raro
del caos !
Mefistofeles. Ya hablarémos de esto extensamente en nues-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 318
tra próxima entrevista & Me atreveré por esta vez á alejarme ?
Fausto. No sé porque me lo preguntas. Ahora que te conozco,
podrás visitarme como es tu deseo ; aquí tienes la ventana, la
puerta y hasta la chimenca : puedes escoger. 1
Mefistofeles. ¿ 10 confesaré? hay un pequeño obstáculo que
impide mi salida ; el pié mágico en vuestro umbral.goo
Fausto & Tauto te inquieta el pentágramo ? Dime , hijo del
infierno , ¿ si tanto te incomoda , por qué has entrado aquí ?
2 Es posible que un espíritu como tú se haya dejado coger de este
modo ?
Mefistofeles. Luego lo comprenderás, porque está mal coloca-
do : el ángulo vuelto hácia la calle, se presenta, como ves , algo
abierto.
Fausto. Por una rara casualidad eres mi prisionero ; casi ha-
bia logrado mi objeto
Mefistofeles Nada notó el perro al entrar de un brinco en las
habitacion ; pero ahora es la cosa enteramente distinta , y el dia-
blo no puede salir de la casa.
Fausto Pero, ¿ por qué no sales por la ventana ?
Mefistofeles Es una ley para diablos y espectros el salir por
donde han entrado. El primero de estos dos actos depende de
nosotros, pero somos esclavos del segundo.
Fausto. Luego el infierno tiene tambien sus leyes ; me com-
plazco en saberlo. De este modo un pacto hecho con vosotros,
será fielmente observado .
Mefistofeles. Puedes gozar enteramente de lo que se te pro-
mete , sin que nadie te prive ni de la mas mínima parte ; pero
como es cosa de mucho interés , ya volverémos á hablar de ello
en nuestra próxima entrevista. Ahora le ruego y te suplico que
me dejes salir.
Fausto Quédate un instante mas para decirme la buena
ventura.
Mefistofeles. Pero bien, suéltame ; ya no tardaré en volver , y
podrás preguntarme todo cuanto gustes.
Fausto. No te he puesto celada, y solo por tu culpa caiste en
el lazo. Dicen que el que tenga el diablo no le deje escapar ,
porque no volverá á cogerle tan pronto .
Mefistofeles. Si tanto lo deseas , me quedaré para hacerte
compañía , pero con la condicion de que he de emplear to-
dos los recursos de mi arte para hacerte pasar el tiempo dig-
namente.
32 FAUSTO .
Fausto. Con placer me pongo á tu disposicion, con tal que tu
arte sea divertido .
Mefistofeles. Querido amigo , van á ganar mas tus sentidos en
esta sola hora de lo que ganarian en la monotonía de un año
entero. Lo que te canten los tiernos espíritus y las bellas imá-
genes que les rodean , no serán vanas ilusiones de mágia . Se de-
leitarán tu paladar y tu olfato , y esperimentará tu corazon un
dulce arrobamiento. Fuera preparativos inútiles ; ya que esta-
mos reunidos, principiad.

ESPÍRITUS .

Desapareced arcos sombríos para que la luz del cielo penetre


hasta nosotros y alegre nuestros ojos. Disipense las nubes que
empañan el éter , y enciéndanse las blancas estrellas y los her-
mosos soles. Angeles de blancas alas , salid del seno de vuestras
nubes purpúrea para recorrer el espacio y seguir las huellas de
nuestros ardientes deseos.
Frescos céfiros , brisas puras , templad el ardor que abrasa á
las plantas de nuestros valles , y haced que tiemblen de tierna
emocion sus hojas al recibir de vosotros el beso de amor que
debe fecundarles.
Agrúpense en la viña los racimos , ya que no cabe mas zumo
en los lagares , y salte el vino en espumosas ondas hasta que
surquen las verdes praderas arroyos de púrpura.
Ved como se reflejan en el mar las verdes colinas junto con el
ganado que se apacienta en ellas . Tambien se descubren en lon-
tananza islas afortunadas que parecen deslizarse sobre las tran-
quilas ondas , y ofrecen al navegante un delicioso oasis que le
hace olvidar todas las tormentas pasadas . Solo reinan en aquel
mundo ideal el gozo y los placeres .
Así en el fondo de los mares como en el seno del aire , todo
tiende á la vida , todo sigue su curso incesante , todos los sé-
res se sienten vivificados ante el astro que el cielo encendió para
ellos.
Mefistofeles. Muy bien , ya está dormido. Hijos hermosos del
aire, le habeis encantado fácilmente, y os agradezco vuestro con-
cierto. No, no eres aun hombre capaz de sujetar al diablo. Fas-
cinadle con dulces emociones, sumergidle en un mar de delicias.
Lo que es yo para vencer el encanto de esta puerta , necesito el
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 33
diente de un raton ; paréceme que no tendré que conjurar mu-
cho tiempo : hé aquí uno que roe á no mucha distancia y que no
tardará en oirme.
El señor de las ratas y ratones, de las moscas, de las ranas , de
las chinches y de los piojos , te ordena sacar el hocico, y venir
aquí á morder el umbral de esta puerta , como si estuviese res-
tregrado con aceite. Muy bien ; veo que obedeces con presteza
la órden recibida ; ya que estás aquí , solo falta dar comienzo á
la obra. La punta que me ha rechazado está allá en el borde :
una dentellada mas , y todo está concluido . Ahora , Fausto , ya
puedes soñar libremente . hasta la vista.
Fausto , despertándose. ¿ Si tan bien esta vez saldré burlado ?
¿Cómo ha podido aquella multitud de espíritus desaparecer de
este modo ? He visto en sueños al diablo , y se me ha escapado
un perro: á esto queda reducido todo.

GABINETE DE ESTUDIO .

Fausto. Llaman : ¡ Entrad ! ¿ quién vendrá otra vez á impor-


tunarme?
Mefistofeles . Soy yo .
Fausto. Entra.
Mefistofeles. Debes decirlo tres veces .
Fausto. ¡Entra, pues !
Mefistofeles. Así me gustas ; espero que nos entenderemos .
Solo por desvanecer tu mal humor te me presento cual joven
noble en trage de púrpura bordado de oro , con la esclavina de
raso al hombro , la pluma en el sombrero y larga y afilada es-
pada al lado, aconsejándote que desde ahora le vistas del mis-
mo modo , para que enteramente libre vengas á probar lo que es
la vida.
Fausto. Cualquiera que sea , el vestido que use no por ello
sentiré menos las miserias de nuestra existencia. Soy demasiado
viejo para no pensar mas que en divertirme , y sobrado jóven
para no tener deseos. Por lo tanto , ¿ qué es lo que puede el
mu do ofrecerme ? ¡ Debes privarte , te es la privacion indis-
pensable ! Hé ahí la cantinela eterna que zumba en todos los
oidos , y que durante nuestra existencia nos repite cada hora con
su voz bronca. Cada mañana me despierto azorado , y de buena
gana derramaria amargas lágrimas al ver que el nuevo dia no
3
34 FAUSTO.
ha de colmar ni uno solo de mis ardientes deseos ; sino que al
contrario, ba de desvanecer su curso los presentimientos de toda
alegría y hacer abortar las creaciones de mi agitado espíritu. Y
Juego cuando viene la noche me tiendo en mi lecho poseido de la
mayor inquietud, por saber que me aguardan en él, no el reposo
sino espantosos sueños. El espíritu que reside en mi seno puede
agitar profundamente mi alma y disponer de mis fuerzas todas;
pero es al parecer impotente en el esterior ; por esto me es la
existencia pesada , por esto deseo la muerte y detesto la vida.
Mefistófeles . Y , sin embargo , nunca es la muerte un huésped
bien recibido.
Fausto. ¡ Ah ! ¡ dichoso aquel á quien ella corona de sangrien-
tos laureles en el fragor del combate, ó aquel á quien , despues
de la embriaguez del baile , sorprende en los brazos de su ama-
da! ¡Ah! que no pueda yo contemplar al grande Espíritu y mo-
rir en mi éxtasis santo !
Mefistofeles. Y, no obstante , hay quien no ha osado tomar esta
noche cierto licor negruzco .
Fausto. Parece que el espionaje debe complacerte .
Mefistofeles. No poseo la ciencia universal , pero sé muchas
cosas .
Fausto. Pues bien , ya que un sonido grato y dulce me ha li-
brado de mi terrible angustia, despertando en mí los sentimien-
tos de la infancia con el recuerdo de dichosos tiempos , maldigo
todo lo que con sus ilusiones impulsa al alma hácia tan lamen-
tables abismos . ¡ Maldito sea el orgullo humano ; maldito el falso
brillo que deslumbra nuestros sentidos ; maldito todo lo que en-
gendra nuestros sueños de gloria y de grandeza ; maldito sea
todo cuanto nos hace desear la posesion de una mujer , de un
niño, de un criado ó de un coche ; malditos sean Marimon y sus
tesoros que nos hacen acometer empresas temerarias, y que nos
embriagan despues ofreciéndonos la copa de ilicitos placeres ;
malditos sean el amor y sus ardientes trasportes ; malditos sean
en fin la esperanza, y, sobre todo , la paciencia!

CORO DE ESPÍRITUS, invisible.

Ya has destruido el hermoso mundo con tu poderosa mano ;


solo nos restan ya algunas ruinas que irán rodando hasta el fon-
do del caos. A un semidios se debe esta destruccion general ;
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. $ 35
¡séanos al menos permitido llorar sobre la vasta tumba que en-
eierra tanta belleza ! ¡ Oh tú, el mas bello y poderoso de los hijos
de la tierra , reconstrúyele , infúndele tu corazon nueva vida ,
para que podamos cantar nosotros tu inmortal obra!
Mefistofeles. Escucha, escucha ; son los mas pequeños de to-
dos mis espíritus. Mira como te muestran la senda que debes se-
guir. ¡ Con cuánta razon y profundo saber te impulsan hácia el
mundo , arrancándole de este oscuro recinto donde se cuajan los
jugos de que debe alimentarse el alma !
Cesa de complacerte en esa tristeza que, cual buitre carnívo-
ro, devora tu vida. Por mala que sea la compañía en que estés,
podrás al menos sentir que eres hombre entre los hombres ; sin
embargo, no creas que se piense en hacerte vivir entre la chus-
ma. Aunque no soy yo de los primeros , si quieres unirte á mí ,
y que emprendamos juntos el camino de la vida , consiento gus-
toso en pertenecerte ahora mismo , en ser tu amigo , tu criado ,
y basta si quieres, tu esclavo.
Fausto . Y, ¿ Cuál seria mi obligacion en cambio ?
Mefistofeles. Tiempo tienes de pensar en ello.
Fausto. No , no; porque el diablo es un egoista , y no acos-
tumbra sernos útil, por amor de Dios : así que , dime tus condi-
ciones , habla claro , porque no deja de ser peligroso el tener en
casa semejante criado.
Mefistofeles. Quiero desde ahora obligarme à servirte y á acu-
dir sin tregua ni descanso aquí arriba á la menor señal de tu vo-
luntad y tu deseo, con tal que al volver á vernos allá abajo ha-
gas tú otro tanto conmigo .
Fausto. Poco cuidado en verdad me dá lo de allá abajo ; em-
piezo por destruir este viejo mundo, ya que proceden de la tierra
mis placeres y ya que es ese el sol que alumbra mis penas ; una
vez libre de él, suceda lo que quiera, Poco me importa que en
la vida futura se ame ó se odie , ni que tengan esas esferas sobre
ni debajo.
Mefistofeles. Si tal es tu disposicion , puedes muy bien aceptar
lo propuesto; decídete, y sabrás desde luego cuales son las deli-
cias que puede procurar mi arte, y te daré lo que ningun hom-
bre ha llegado siquiera á entrever.
Fausto. Pobre demonio, ¿qué es lo que tú puedes darme? ¿ Ha
habido por ventura ninguno de tus semejantes que haya podido
comprender al hombre en sus sublimes aspiraciones ? ¿Qué es
36 FAUSTO .
lo que puedes ofrecerme ? Alimentos que no satisfacen ; oro mi-
serable que, como el azogue se desliza de las manos ; un juego
en el que nunca se gana ; una jóven que en medio de sus pro-
testas de amor hará guiños al que esté á mi lado , ó el honor ,
falsa divinidad que desaparecerá como un metéoro . Muéstrame
un fruto que no se pudra antes de estar maduro , y árboles que
se cubran diariamente con un nuevo verdor.
Mefistofeles. No me arredia semejante empresa , porque pue-
do ofrecerte todos esos tesoros. Mi buen amigo , desde este mo-
mento podemos sin cuidado entregarnos al despilfarro y á la
orgia.
Fausto El dia en que tendido en un lecho de pluma pueda
gozar la plenitud del reposo , no responderé de mí. Si puedes se-
ducirme hasta el punto de que quede contento de mí mismo , si
puedes adormecerme en el seno de los goces, sea aquel para mí
el último dia, y para tí el del mayor triunfo.
Mefistofeles. Aceptado.
Fausto. ¡ Corriente ! Si una sola vez llego á decirte : Que ber-
moso eres, no te vayas , pero anece siempre á mi lado , ¡ ah ! po-
drás entonces maniatarme ; entonces consentiré en que se abra
la tierra bajo mis plantas ; entonces podrá resonar la campana
.de los muertos ; entonces quedarás libre y recogerás el premio de
tus servicios, porque habrá sonado para mí la última hora !
Mefistofeles. Pensadlo bien, que no lo olvidarémos.
Fausto. En cuanto á esto , estarás en tu derecho . No creas que
al aceptar haya obrado con ligereza ; ¿ acaso ahora no soy tam-
bien esclavo? ¿ Qué me importa que tú ú otro sea mi dueño ?
Mefistofeles. Desde hoy , pues , me constituiré en criado del
doctor ; solo me falta advertiros una cosa , á saber : Que en nom-
bre de la vida ó de la muerte exijo de vos algunas líneas.
Fausto. ¡ Cómo ! ¡ Nunca hubiera creido que llegase tu pedan-
tería hasta el punto de exigirme un escrito! ¿ Es posible que co-
nozcas tan poco al hombre y que no sepas lo que vale su pala-
bra ? ¿ No basta el que yo haya pronunciado aquella que para
siempre dispone de mis dias ? ¿ Crees que en edio de la tem-
pestad que agita y hace retemblar al mundo sobre sus cimientos,
pueda nunca obligarme una palabra escrita ? ¡ Qué quimera tan
arraigada en nuestros corazones! Y , ¿quién intentaria siquiera eva-
dir su cumplimiento? Dichoso aquel que conserva pura la fé en
su seno , por no serle costoso ningun sacrificio. Pero un perga-
J
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 37
mino escrito y sellado es un fantasma para todo el mundo ; y,
sin embargo, la palabra espira al trasmitirla la pluma , no que -
dando mas autoridad que la de lo cero y el pergamino . ¿ Qué
quieres de mí, maligno espíritu , bronce , mármol , pergamino ó
papel? Tambien dejo á tu eleccion el si debo escribirlo con un
estilo, un buril ó una pluma.
Mefistofeles . ¡ Cuánta palabrería ! ¿ Por qué te has de exaltar
de este modo? Basta un pedazo de papel cualquiera con tal que
lo escribas con una gota de sangre.
Fausto. Si así lo quieres .
Mefistofeles. Es la sangre un jugo muy particular.
Fausto. No temas que falte á este pacto ; es la cooperacion de
mi actividad lo que precisamente te ofrezco ; me he engreido
tanto, que solo puedo pertenecer ya á tu clase. El Espíritu crea-
dor me ha desechado ; la naturaleza se cierra ante mí, el hilo de
mi pensamiento está roto , y estoy disgustado de toda ciencia.
Haz, pues , que queden satisfechas mis ardientes pasiones . que
cada dia se preparen para mí nuevos encantos bajo el impene-
trable velo de la magia ; que me sea dado sumergirme en el tor-
bellino del tiempo y en los pliegues mas recónditos de lo porve-
nir, para que el dolor y el goce , la gloria y la pena , se sucedan
en mí confundidos . Preciso le es al hombre vivir en una activi-
dad eterna.
Mefistofeles. No, este no ha señalado ningun límite ni objeto:
así pues , si es tu deseo gozar de todo un poco , y aprovecharte
en tu rápida carrera , podrás tener cuantos bienes apelezcas, con
tal que te unas á mí y no seas tímido .
Fausto. Bien ves que no se trata aquí de efímera dicha ; al
contrario , quiero consagrarme todo entero al vertigo , á los go-
ces mas terribles, al amor que participa del ódio , al desaliento
que eleva. Mi corazon , curado de la fiebre del saber, no estará
en lo sucesivo cerrado para ningun dolor ; en cambio , quiero
tambien sentir en lo mas íntimo de mi sér todos los goces con-
cedidos á la humanidad , saber lo que hay de mas sublime y de
profundo en ellos , acumular en mi seno todo el bien y el mal que
es su patrimonio esclusivo , hacer estensivo mi propio mal hasta
el suyo, y acabar por morir como ella.
Mefistofeles. Puedes creerme : yo, que desde miles de años es-
toy mascando este duro alimento, te aseguro que desde la cuna
al sepulcro ningun hombre puede digerir la vieja levadura . Cree
38 FAUSTO.
á uno de los nuestros que dice: ese gran todo está hecho por un
solo Dios; á él se deben esas eternas lumbreras ; á nosotros nos
ha creado para las tinieblas ; y solo vosotros teneis el dia y la
noche.
Fausto. Pero, yo quiero....
Mefistofeles. Te comprendo, pero solo una cosa me inquieta ;
el tiempo es corto y el arte larguísimo . Creo que deberiais ins-
truiros; uníos con un poeta ; dejadle dar rienda suelta á su ima-
ginacion y haced que os infunda todas las mas nobles cualida-
des, esto es : el valor del leon , la agilidad del ciervo , el ardor 1
del italiano , la constancia del habitante del Norte. Haced que
halle el medio de unir la magnanimidad á la astucia , y que en
virtud de cierta combinacion , os dote de las ardientes pasiones
de la juventud. De mí,sé deciros que me gustaria en gran manera
ver á un hombre de esta clase, para poder darle el título de maes-
tro Microcosmo.
Fausto Quién soy pues , sino me es dado alcanzar esa co-
rona de la humanidad á que aspiran todos mis sentidos ?
Mefistofeles . Tú eres, en último resultado, lo que debes ser :
cala sobre tu cabeza una peluca de miles de bucles , calza tus
piés con conturnos de una vara de alto, que no por ello dejará s
de ser lo que eres.
Fausto. Bien lo veo ! En vano he reunido todos los tesoros
del espíritu humano , puesto que en el recogimiento no siento
brotar en mí ninguna fuerza nueva , ni se ha aumentado mi gran-
deza del espesor de un cabello ; ni en lo mas mínimo me he acer-
cado á lo infinito .
Mefistofeles. Mi buen señor , eso consiste en que todo lo veis
como se vé de ordinario ; es preciso aprovecharnos antes de que
se nos escapen enteramente los goces de la vida . Veamos , tus
manos , tus piés , tu cabeza y tu espalda te pertenecen sin duda
alguna ; y no por
porque empleo audazmente una cosa puede decirse
que me pertenezca menos . Si tengo seis caballos , & no será sù
fuerza tambien mia? Pues , bé aquí que si los monto , yo , pobre
hombre podré contar con sus veinte y cuatro piernas. Déjate
pues de reflexiones y lánzate al mundo conmigo . Te lo aseguro :
el hombre pusilánime es como el animal á quien hace un duende
girar en derredor de un páramo , mientras que se estienden en
torno suyo verdes y hermosos pastos.
Fausto. ¿ Cuándo empezamos?
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 39
Mefistofeles. Vamos á partir desde luego, ya que no es este ga-
binete mas que un lugar de tortura , ya que no merece el nom-
bre de vida el eterno fastidio que uno siente y causa. Deja ese
triste estado para tu vecino el panzudo ¿ A qué atormentarte
por mas tiempo inútilmente ? Lo mejor de lo que sabes , no te
atreves siquiera á decirlo á tu discípulo , ¡ Ah ! oigo pasos en el
corredor.
Fausto. Sea quien fuere me es imposible recibirle.
Mefistofeles. Despues de haberse aguardado tanto tiempo, no
puede dejársele al pobre muchacho desconsolado . Vamos , dame
tu vestido y tu gorra ; mucho me engaño ó ha de irme el disfraz
á las mil maravillas. ( Se viste. ) Ahora, descuida en mí ; apenas
necesito un cuarto de hora ; entre tanto , prepárate para nuestro
hermoso viaje. (Fausto sale.)
Mefistofeles con el largo vestido de Fausto. Si , sí , desprecia la
razon y la ciencia, suprema fuerza del hombre ; deja que el es-
píritu maligno te ciegue con sus ilusiones y sus encantamientos ,
y te me entregarás sin imponerme condicion alguna. - El destino
le dotó de un espíritu incapaz de contenerse en su desenfrenado
curso ; en alas de su aspiracion ardiente ha pasado ya por todos
los goces de la tierra ; séame ahora dado á mí arrastrarle por los
desiertos de la vida al través de una medianía insignificante, don-
de forcejará crispado de miembros en su lucha incesante , sin ver
nunca satisfacho su deseo insaciable por retroceder siempre la
copa ante sus abrasados labios. En vano implorará gracia ; aun
cuando no se hubiese dado al diablo , no seria menos inevitable
su pérdida.

ENTRA UN ESTUDIANTE.

El Estudiante. Acabo de llegar y me presento sumiso para


conocer y hablar con un hombre que escita el respeto y la ad-
miracion general .
Mefistofeles. Me complace en gran manera vuestra cortesanía ;
solo veréis en mí á un hombre como cualquiera otro. ¿Son mu-
chos vuestros estudios?
El Estudiante. Vengo á pediros que os encargueis de mí ; estoy
animado de la mejor voluntad , y tengo algun dinero y mucha
salud ; solo á duras penas ha consentido mi madre en que me
FAUDIO .
ausentase de ella ; pero mi deseo de aprender aquí alguna cosa
útil ha vencido todos los obstáculos
Mefistofeles. No podiais escojer mejor sitio.
El Estudiante. Pues en verdad quisiera ya retirarme, porque
no tienen para mí estas paredes y estas salas atractivo alguno ;
hay además un espacio muy reducido, y no se descubre desde él
ni un solo árbol ; puedo afirmar que en esta sala y en estos ban-
cos perderia el oido , la vista y el pensamiento .
Mefistofeles. Todo depende de la costumbre. Tampoco el niño
toma en un principio de buena gana el pecho materno , y luego
se le vé beber en él con gusto su alimento. Lo propio os suce-
derá á vos con el seno de la sabiduría.
El Estudiante. Mucho deseo colgarme de su cuello ; pero en-
señadme el medio de conseguirlo.
Mefistofeles . Esplicaos antes de continuar; ¿ cuál es la facultad
que elegís ?
El Estudiante. Mi deseo de saber es tal , que quisiera poder
abrazar todo cuanto existe en el cielo y en la tierra, en la cien-
cia y en la naturaleza.
Mefistofeles. Estais en buen camino, pero es preciso no deja-
ros distraer.
El Estudiante . En él estoy en cuerpo y alma; con todo procu-
raréme la libertad posible y algunas horas de ocio en esos her-
mosos dias festivos de verano.
Mefistofeles. Aprovechad el tiempo ; ¡ pasa tan pronto ¡Pero el
método os enseñará á ganarlo. Así, pues, mi buen amigo , ante
todo os aconsejo un curso de lógica , que es el que ha de dirigir
vuestro espíritu ; en él le calzarán estrechos borceguíes , para
que ande recto y con circunspeccion por el camino del pensa-
miento , y no se estravíe á diestra y siniestra como un fuego fá-
tuo en el espacio. Luego se os enseñará durante muchos dias ,
que aun para las cosas mas fáciles , y que hariais en un abrir y
cerrar de ojos, como beber y comer , es absolutamente indis-
pensable obrar con método y por tiempos. Y en efecto , sucede
con el pensamiento lo que con un telar, en el que basta un solo
impulso para poner en juego millares de hilos, donde la lanza-
dera corre sin cesar ; y al deslizarse se escurren los hilos invisi-
bles y á la vez se forman mil nudos. Viene tambien el filósofo y
os demuestra que debe ser de aquel modo : lo primero es esto , C
y lo segundo es aquello; luego lo tercero y lo cuarto deben ser
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 41
lo otro ; y sin lo primero y lo segundo , nunca hubieran existi-
do lo tercero y lo cuarto. Los estudiantes de todos los paises , á
pesar de comprenderlo así, nunca llegan á ser tejedores . Si se
quiere conocer y adivinar algo importante , se empieza desde
luego por hacer abstraccion de la inteligencia ; se dispone de to-
dos los elementos , pero , ¿ cómo lograr el apetecido objeto si
falta el lazo intelectual ? La química llama á eso Encheiresin na-
turæ, y sin pensarlo , se burla de sí misma.
El Estudiante. No os comprendo del todo .
Mefistofeles . Lo comprenderéis mucho mejor cuando hayais
aprendido á reducirlo y clasificarlo todo convenientemente.
El Estudiante. De tal modo me atolondra todo esto , que se
me figura tener una rueda de molino en la cabeza .
Mefistofeles. Y luego debeis ante todo , dedicaros á la metafí-
sica ; en ella veréis profundizar todo lo que no es dado com-
prender á la inteligencia humana , por todo lo que pertenezca ó
deje de pertenecer á ella, recurriréis siempre á una palabra téc-
nica. Para este primer curso , disponed vuestro tiempo lo mas
regularmente posible ; tendréis cinco clases diarias , acudid á
ella á la primera campanada, debidamente preparado, sin dejar
de saber todos los párrafos de vuestra leccion , á fin de que nada
dejais que no esté en el libro ; con todo , podréis escribir como
si el Espíritu Santo os dictase.
El Estudiante. No será necesario que me lo digais dos veces ,
por estar muy convencido de lo útil que debe serme ; además ,
nada iguala la satisfaccion que uno siente cuando ha embadur-
nado lo blanco de negro.
Mefistofeles. Así , pues , escoged una carrera .
El Estudiante No puedo avenirme con el estudio del derecho.
Mefistofeles. Lejos de mí la idea de acriminaros por ello ; de-
masiado sé lo que es aquella ciencia. Las leyes y los derechos se
suceden como una eterna enfermedad , se les vé pasar de gene-
racion en generacion y arrastrarse sordamente de un punto á
otro : la razon se convierte en locura , y el beneficio en tormen-
to. ¡ Desdichado de tí , hijo de tus padres , por no tratarse nunca
del derecho que nació con nosotros !
El Estudiante. Aumentais aun la aversion que ue sentia por
aquella ciencia. ¡ Ah ! ¡ dichoso aquel que sea instruido por vos!
Casi estoy por estudiar teología.
Mefistofeles. No quisiera que os estraviaseis , porque es en es
FAUSTO.
ta ciencia muy fácil equivocar la senda que se debe seguir , en
cuyo caso no habría para vuestro mal remedio alguno. Lo mejor
que puede hacerse eu una materia tan delicada , es no escuchar
mas que á uno solo , y afirmar por la palabra del maestro. En
suma.... aleneos á las palabras si deseais llegar con paso firme
y seguro al templo de la certeza.
El Estudiante. Sin embargo , toda palabra debe contener
siempre una idea .
Mefistofeles. Segun , pero no debe uno inquietarse mucho por
esto , porque cuando faltan ideas hay palabras que pueden sus-
tituirlas ; con ellas puede discutirse enérgicamente, y hasta pue-
de erigirse un sistema. Como son las palabras tan fácilmente
creidas , no se borraria de ellas ni una coma.
El Estudiante. Dispensadme el que os interrumpa con mis
preguntas , pues tengo aun que importunaros. ¿ No podriais
decirme algo acerca de la medicina ?... ¡ Tres años pronto se
pasan , y es por otra parte tan vasto el campo que ofrece ! Aun
cuando no sea mas que un dedo el que nos indica el camino , se
siente uno animado para seguir adelante .
Mefistofeles. (á parte) . Este tono magistral ya empieza á fas-
tidiarme ; adoptemos nuevamente el papel de diablo . ( En voz
baja . ) El espíritu de la medicina puede comprenderse fácilmente;
estudiad bien el grande y el pequeño mundo , para dejarlos ir ,
al fin , donde á Dios mejor plazca. En vano intentarias profun-
dizar la ciencia, puesto que solo aprende cada cual la que puede
aprender , solo las circunstancias , ó mejor el saber aprove-
char la ocasion , puede haceros grande hombre. Vos teneis bue-
na traza , y me pareceis además bastante emprendedor ; así que,
basta que tengais confianza en vos mismo para que no os falte
la de los demás. Sobre todo , dedicaos al tratamiento de las mu-
jeres , sus eternos dolores mil veces repetidos se curan todos
por un mismo método , y con tal que seais con ellas respetuoso
á medias , las dominaréis enteramente Basta un título para
atraer su confianza y convencerlas de que nuestra ciencia es-
cede con mucho á todas las demás ; podréis entonces permiti-
ros ciertas cosas que apenas podrian lograr otros despues de
años enteros de adulacion y de lisonja : tomadla luego el
pulso , dirigiéndolas al propio tiempo una ardiente mirada , y
pasad luego el brazo en derredor de su esbelto talle , como por
ver si el corsé las aprieta lo bastante.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 43
El Estudiante. Eso me parece ya mucho mas claro, al menos
se vé aquí el fin y el medio .
Mefistofeles . Mi buen amigo , toda teoría es tan árida como
verde y lozano es el árbol de la vida.
El Estudiante. Os juro que todo esto me parece un sueño.
¿Me atreveré á importunaros otra vez solo por oiros y aprove-
charme de vuestra ciencia?
Mefistofeles. Podeis contar siempre con todo lo que de mí
dependa.
El Estudiante. No puedo separarme sin presentaros antes m
album : dignaos acordarme una línea.
Mefistofeles. Con mucho gusto . (Escribe y le devuelve el album.)
El Estudiante lee. Eritis sicut Deus , scientes bonum et ma-
lum. (Cierra el album con respeto , saluda y se retira. )
Mefistofeles. Solo falta que sigas la vieja sentencia de mi pri-
ma la serpiente, para que tu semejanza con Dios te torture al
gun dia.

Entra FAUSTO .
4. td
Fausto. ¿ A dónde debemos dirigirnos ?
Mefistofeles. A donde quieras . Podemos ver el grande y el pe-
queño mundo. ¡ Con cuánto placer y provecho vas á seguir su
animado curso !
Fausto. Sí ; pero á pesar de mi luenga barba , puedo asegu-
rarte que no sé vivir , asi es que dudo mucho del resultado de
mi empresa ; nunca he sabido producirme en el mundo: me sien
to tan pequeño en presencia de los demás , que á cada paso me
veré embarazado .
Mefistofeles . Mibuen amigo , todo esto se adquiere fácilmente,
solo te falta tener confianza en tí mismo para saber vivir.1945)
Fausto. ¿ Cómo vamos á salir de aquí ? ¿ Dónde tienes caba-
llos , criados y coche ?
"Mefistofeles. No tenemos mas que estender esta capa para
emprender un viaje aéreo ; te encargo que no lleves grandes
lios , porque no deja de ser nuestra ascension bastante atrevida.
Voy á preparar un poco de aire inflamable que no tardará en
levantarnos del suelo, y ya verás si no pesamos demasiado , cuan
rápido va á ser nuestro viaje. Te felicito por tu nuevo curso al
través de la vida.
FAUSTO .

TABERNA DE AUERBACH EN LEIPZIG .

Reunion de alegres compañeros .

Frosch. & No hay ya quien quiera beber y reir ? Ya procuraré


que hagais alguna mueca. Heos aquí hoy como paja mojada ,
vosotros que por lo regular sois todo fuego.
Brander. Tú tienes la culpa , puesto que no pones sobre el
tapete ni una necedad , ni una piedra de escándalo.
Frosch. (Le arroja un vaso de vino á la cabeza . ) Ahí tienes
las dos á un tiempo .
Brander. Doble marrano !
Frosch. Puesto que lo deseabais, preciso era serlo.
Siebel. Afuera los alborotadores , cantad con toda la fuerza de
vuestros pulmones , bebed cuanto querais y gritad como ener-
gúmenos ¡ ah ! eh ! hola ! oh !
Allmayer. ¡ Ay de mí ! estoy perdido ! Traedme algodon por-
que ese maldito me desgarra el timpano.
Siebel. Solo cuando resuena la bóveda se puede juzgar del eco
del bajo.
Frosch. Es cierto , á la calle el que empiece á incomodarse.
¡ Ah ! tara-rá lara- rá !
Allmayer. Ah tara , tara rara !
Frosch. Afinadas están las gargantas. ( Canta.)
¿ Cómo puede aun subsistir
El buen imperio romano ?
Brander. ¡ Vaya una cancion tonta ! Deja esa cancion política,
esa cancion tan triste. Da gracias a Dios por no tener que pen-
sar en el imperio romano . En cuanto á mí considero como un
gran bien el no ser emperador ni canciller. Con todo , nos es in-
dispensable un jefe ; nombremos pues un papa ; ya sabeis que
calidad da la eleccion , y de que modo eleva esta al hombre.
( Canta.)
Frosch.

Cantor de los bosques , ruiseñor querido ,


Ve á saludar mil veces á mi amada.
Siebel. Nada de saludos á nuestras queridas , si no quereis
fastidiarme.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 45
Frosch. ¡ A mi querida , saludos y besos ! No serás tú quien
mè lo impida. ( Canta . )
Descorre tus cerrojos con cautela
Para no producir ningun rumor ,
Mira que hace horas que en tu puerta vela
El sér que te jurára eterno amor

Siebel. Pondera y canta sus gracias cuanto quieras , que no


por ello dejará de engañarte ; cuando te deje como me dejó á
mí , no podré menos de reirme . Désele por cortejo un gnomo
que la requiebre en una encrucijada , ó viejo chivo que al vol-
ver del Blocksberg le dé al pasar las buenas noches , pero de
ningun modo un jóven de carne y hueso , por no merecerlo se-
mejante pícara. Mi saludo para con ella consistiria en romperle
todos los cristales .
Brander , dando un golpe sobre la mesa . ¡ Silencio , silencio !
prestadme atento oido , y todos os convenceréis de que soy hom-
bre que sé vivir y que conozco el mundo . Hay aquí enamorados
é insiguiendo la costumbre establecida , debo darles por buenas
noches algo que les divierta. Atencion pues , y ahi va una can→
cion de las que están hoy mas en boga ; únicamente os encargo
que repitais el estribillo con toda la fuerza de vuestros pulmo-
nes. (Canta.)
En una repostería
Cierto raton penetró
Y tanto allí se atracó
Que ni moverse podia ;
Mas un dia ¡ oh que dolor!
Saltó envenenado á fuera ,
Alegre , cual si tuviera
Dentro del cuerpo el amor!
Coro.

Alegre cual si tuviera


Dentro del cuerpo el amor.

Brander.

En vano corre , se agita ,


Roe, se agarra y desprende ,
Porque el pobre no comprende
Lo que pasa en su interior ;
Pero al verle la criada
46 FAUSTO .
Tan cruelmente agitarse
Esclama , sin inmutarse :
Tienes en el cuerpo el amor.

Coro.

Tienes en el cuerpo el amor.

Brander.
Y él para huir de la gente
En el hogar va á ocultarse
Sin pensar que al calentarse
Aumentará su dolor ;
Ni que al verle en tal estado
La bárbara cocinera
Dirá : Hé aquí un calavera
Que está abrasado de amor.
Coro.

Que está abrasado de amor.

Siebel. ¡ Cuán poca cosa divierte á esos tontos ! ¡ Qué gracia


la de envenenar á un pobre raton !
Brander. ¿ Luego les tienes en mucho aprecio ?
Altmayer. No es estraño , que con su panza y su calva se en-
ternezca tanto , porque vé en aquel raton hinchado su propio
retrato.

Entran Fausto y Mefistofeles .

Mefistofeles . Debo , ante todo , introducirte en una alegre so-


ciedad , para que veas cuan cómodamente puede pasarse la
vida. Con poca inteligencia y con mucho humor , cada cual va
girando aquí en su estrecho círculo , como los gatos jóvenes
jugando con su cola . Con tal que tengan la cabeza libre y que
el huésped les fie , viven alegres y sin ningun cuidado.
Brander. He aquí dos viageros , segun lo indica claramente
su porte ; apostaria á que no hace una hora que han desem-
barcado.
Frosch. Soy de tu mismo parecer. ¡ Honor á nuestro Leipzig
que es un segundo Páris !
Siebel.¿Quiénes son en tu concepto estos estrangeros ?
Frosch. Déjame hacer , y ya verás como logro con un solo
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 47
brindis desenmascararles. A juzgar por su porte y su altivez ,
deben ser de elevada alcurnia.
Brander. De seguro son charlatanes ; apostaría á que no me
equivoco.
Altmayer. Puede ser muy bien.
Frosch. Ya veréis como voy á chasquearles.
Mefistofeles á Fausto . Nunca esa pobre gente recela del diablo,
ni aun cuando le tenga pegado á su cuerpo .
Fausto. Muy buenos dias , señores.
Siebel. Os damos gracias por vuestra finura (en voz baja miran-
do de soslayo á Mefistofeles . ) ¿ Qué pretenderá ese pícaro ?
Mefistofeles . Nos permitiréis sentarnos junto à vosotros ? Ya
que nos falta buen vino , gocemos al menos de una buena com-
pañía.
Allmayer Me parece que debeis estar contrariado.
Frosch. Habreis salido muy tarde de Ripach . ¿ Habeis cenado
esta noche en casa del señor Juan ?
Mefistofeles. Hemos pasado por delante de su casa , pero sin
detenernos siquiera . La última vez que le hablamos , que sé
yo cuanto nos dijo acerca de sus primos . dándonos mil y mil
espresiones para cada uno de ellos. (Se inclina hácia Frosch.)
Alimayer , en voz baja. ¡ Condenado ! ¿Ya sabes á quien te di-
riges?
Siebel. Es un huésped astuto .
Frosch. No importa ; aguarda y verás como le cojo.
Mefistofeles A no engañarme , hemos oido al entrar un coro
de magníficas voces En verdad , que el canto debe resonar ad-
mirablemente debajo de esta bóveda.
Frosch. ¿ Sois por ventura artista ?
Mefistofeles . ¡ Oh ! no ; mi mérito es escaso , pero mi aficion
grande.
Altmayer. Cantadnos algo.
Mefistofeles. Cantaré todo cuanto querais.
Siebel. No os exigimos mas que una cancion , pero deseamos
que sea enteramente nueva .
Mefistofeles. Casualmente llegamos de España , que es el her-
moso pais del buen vino y las canciones. (Canta .)
Un rey en su palacio , tenia una gran pulga.
Frosch. Silencio . silencio , ¡ una pulga ! ¿ Lo habeis oido ?
¡ Una pulga ! ¡ Qué huésped tan raro !
48 FAUSTO.

Mefistofeles canta.
Un rey en su palacio tenia una gran pulga, á la que amaba tan
tiernamente como si formase parte de su familia; así que , llamó
cierto dia á un sastre para que le hiciese un gran trage de corte.
Brander. Sobre todo no se olvidaria de encargar al sastre ,
que le tomase con exactitud la medida , á fin de que no se nota-
se en sus calzones ni una arruga.
tMefistofeles. De paño , seda , armiño se viste á la beldad , que
no tarda en ver adornar su pecho todas las órdenes conocidas ;
cualquiera la habria creido ministro al verle ostentar el cordon
azul y la órden de la Jarretiera . Tan pronto como supo su fami-
lia la recepcion que le habia sido hecha en la corte , resolvió ir á
instalarse en ella . Pero como luego de su llegada , la reina , sus
damas y todos los cortesanos tuviesen que rascar de continuo
sin poder descansar de dia ni de noche , se sublevaron contra
aquella tiranía insoportable , resolviendo dar muerte á cuantas
pulgas les picáran .
Frosch. ¡ Bravo , bravo ! Eso es lo que debian de haber hecho
ya desde el primer dia.
Siebel. Otro tantò suceda á las demás pulgas .
Brander. Apretad los dedos y no pareis hasta aplastarlas.
Altmayer.
པ ¡ Viva la libertad ! ¡ viva el vino!
Mefistofeles. De buen grado echaria un trago en honor de la
libertad , á ser un poco mejor vuestro vino .
Siebel, No os atrevais á repetirlo .
Mefistofeles. A no temer que el dueño lo tomase á mal, ofrece-
ria á asos dignos convidados algo de nuestra bodega.
Siebel. Podeis hacerlo sin ningun cuidado ; yo respondo de
ello.
Frosch. Dadnos de él un buen vaso , si quereis que se os elo-
gie ; lo que es yo solo soy buen conocedor cuando puedo echar
sendos tragos,
Altmayer , en voz baja . Deben ser del Rhin ; estoy seguro de
ello.
Mefistofeles. Procuradme un taladro..
ofBrander. ¿ De qué os servirá si no teneis aquí ninguna cuba?
Altmayer. Alli ha dejado el huésped una cesta de herramientas.
Mefistofeles tomando el taladro de manos de Frosch. Decidme
ahora cual quereis probar.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 49
Frosch, ¿ Qué queréis decir ? ¿ Teneis por ventura un gran
surtido ?
Mefistofeles. Escoja cada cual el que le paresca mejor .
Altmayer á Frosch . ¡Ah ! ah ! veo que empiezas ya á zela-
merte.
Frosch. Y ¿por qué no ? Ya que puedo escoger , yo pido vino
del Rhin ; la patria es la que produce siempre lo mejor.
Mefistofeles abriendo un agujero en el borde de la mesa junto
al asiento de Frosch. Dadme pronto un poco de cera para que
haga las veces de tapon.
Altmayer. ¡ Ah ! ah ! esto es un juego de manos.
Mefistofeles á Brander . Y ¿ vos ?
Brander. Yo quiero champaña , que sea muy espumoso.
Mefistofeles sigue barrenando , mientras está otro haciendo ta-
pones por los agujeros.
Brander. No nos es siempre dado renunciar á los productos
del estranjero ; y no es estraño si se atiende á que siempre está
lo bueno lejos de nosotros. Un verdadero aleman no puede sufrir
á los franceses , y sin embargo , bebe con mucho gusto su vino.
Siebel, mientras que Mefistofeles se le va acercando . Debo con-
fesar que no me gusta el vino seco ; dadme un vaso del dulce .
Mefistofeles , barrenando . Brote pues para vos el tokai.
Altmayer. No , señores : miradme cara á cara. Bien lo veo ,
os burlais de nosotros.
Mefistofeles. Confesad que con hombres como vosotros no de-
jaria de ser esto algo espuesto. Vamos , decidme , ¿ cuál es el
vino que preferis ?
Altmayer. Me gustan todos , os lo digo francamente.
( Despues de estar hechos y tapados todos los agujeros .)
Mefistofeles , haciendo raros gestos . La viña produce uvas y
cuernos al macho cabrío ; es el vino un grato rocío , y tiene la
cepa una madera dura como el bronce. ¿ Por qué la madera de
esta mesa no ha de procurarnos pues el mosto necesario? Os
juro que basta dirigir á la naturaleza una mirada investigadora
para obrar semejante milagro.
Ahora quitad los tapones , y bebed á vuestro antojo.
(Todos quitando los tapones y recibiendo en sus vasos el vino
apelecido.)
Mefistofeles. Solo os encargo que no vertais ni una gota.
(Antes de beber.)
4
50 JAUDU FAUSTO.

Todos cantado.
Bebamos , pues , hermanos ,
Como quinientos marranos.
Mefistofeles. Hé aquí á mis calaveras enteramente emanci-
pados ¡ Mira que dichosos son !
Fausto. Quisiera retirarme.
Mefistofeles. Aguarda algunos instantes mas , y verás llegar la
bestialidad á su colmo.
Siebel , bebe sin precaucion , por lo que se le derrama el vino
y se convierte en llama . ¡ Socorro ! ¡ fuego ! ¡ socorro ! ¡ el infier-
no se abre !
Mefistofeles , dirigiéndose hacia la llama. ¡ Cálmate , mi ele-
mento querido! ( Volviéndose hácia los compañeros. ) No ha sido
por esta vez mas que una chispa del purgatorio.
Siebel. ¿ Qué es esto ? Aguardad , que la habeis de pagar cara;
ignorabais sin duda con quienes las habiais.
Frosch. Volved á hacerlo..
Altmayer. Pues yo opino porque se le aconseje que abandone
el triquete.
Siebel Cómo ! Despues de haber tenido la audacia de hacer
aquí su hocuspocus ?
Mefistofeles. ¡ Silencio , viejo odre !
Siebel Si aun se atreverá á hacer aquí el guapo , ese palo
de escoba !
Brander. Aguardad un poco , si quereis que caigan los pa-
los como lluvia.
Altmayer. ( Arranca un tapon de la mesa y brota del agujero
una llama que le alcanza . ) ¡ Me quemo ! ¡ me quemo !
Siebel. ¡ Brujería ! ... Arrojaos sobre él, y haced que ese pica-
ro no se burle de nosotros impunemente.
( Sacan sus navajas y se lanzan sobre Mefistófeles . )
3 Mefistofeles , con impasible gravedad. Encantos é ilusiones,
turbad su razon y su vista, haciéndolas errar de una á otra parte.
( Se paran asombrados, mirándose unos á otros. )
Altmayer. ¿ Dónde estoy ? ¡Cuán. bello es el pais que se es-
tiende á mi vista!
Frosch. Un ribazo cubierto de viñedo . ¿No me engañan
mis ojos?
Siebel. ¡ Qué de racimos tengo á la mano !
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 51
Brander. ¡ Cuántos racimos y cepas hay entre los verdes
pámpanos !
( Coge á Siebel por la nariz , hacen los demás otro tanto unos
á otros, y levantan las navajas.)
Mefistofeles , con la misma impasibilidad. Caiga la venda de
sus ojos para que vean como sabe el diablo burlarse de ellos.
(Desaparece con Fausto , y desde luego suelta cada " cual su
presa.)
Siebel. ¿ Qué es eso ?
Allmayer. ¿ Qué ?
Frosch. ¿ Era pues tu nariz?
Brander, á Siebel. ¡ Tambien yo tengo la tuya !
Altmayer. ¿ Qué golpe ha sido ese? Tengo todos los miembros
dislocados : pronto una silla porque me desfallezco.
Frosch. Nada temas ; solo quiero que me digas lo que ha
sucedido .
Siebel. ¿ Dónde está el pícaro ? Si alguna vez llego á cogerlo,
no saldrá vivo de entre mis manos.
Altmayer. Yo le he visto salir por la puerta de la bodega
montado en una cuba . - Tengo los piés pesados como el plomo.
( Volviéndose hacia la mesa . ) ¡ Al menos continuase el mosto ma-
nando ! Todo es mentira. *
Siebel. ¡ Todo era ilusion , engaño ! 1
Frosch. Y , sin embargo , yo habria jurado que estaba be-
biendo buen vino .
* 1 1
Brander. Y , ¿ qué ha sido de aquellos racimos ?
Allmayer. Luego se dirá que no debe creerse en los milagros!

COCINA DE HECHICERA.

Hay una gran marmita hirviendo en un hogar muy hondo, en


el vapor que exhala se ven revolotear raras figuras. Una mona,
sentada junto à la marmita , que la espuma y cuida de que no
rebose . El mono , con sus pequeñuelos , se calienta á su lado. Las
paredes y el techo están llenos de estrañas herramientas que em-
plea la hechicera.
The sk
head
FAUSTO , Y MEfistófeles .

Fausto. Mucho me repugna ese fantástico aparato : & puedes


prometerme que recobraré la vida en medio de tantas estrava-
52 FAUSTO.
gancias ? ¿ Qué consejos podrá darme una vieja ? ¿ Puede haber
aquí mixtura alguna que me quite treinta años de encim de mi
cuerpo ? ¡Ay de mil si no puedes procurarme otra cosa ! He
perdido ya toda esperanza . ¿ Es posible que ni la naturaleza ni
un noble espíritu no hayan descubierto un bálsamo en parte
alguna?
Mefistofeles. Hete aquí , amigo mio , filosofando como antes.
Para rejuvenecerte , hay sin embargo un medio muy natural ;
pero está en otro libro , y forma un capítulo muy curioso.
Fausto. Quiero saber desde luego cual es ese medio. >>
Mefistofeles. Muy bien ; es un medio que no exige dinero, me-
dicina ni sortilegio . Dirígete ahora mismo al campɔ, toma la aza-
da , ponte á cavar , sepúltate con tu pensamiento en un estrecho
círculo , conténtate con alimentos frugales , vive como animal
entre los animales y no te desdeñes de estercolar los campos
que cultives. He aquí el medio mas seguro para llegar jóven á
los ochenta años. "
Fausto. No estoy acostumbrado á ello , y no podré por lo mis-
mo decidirme nunca á tomar el azadon . Además , de ningun
modo puede convenirme una idea tan austera.
Mefistofeles. Por esto debe la hechicera intervenir en este
asunto.
Fausto. Pero , ¿ por qué ha de ser precisamente esa vieja ?
¿ Por ventura no puedes tú mismo preparar el brebaje ?
Mefistofeles. ¡ En verdad seria un grato pasatiempo ! Antes
preferiria construir mil puentes. El arte y la ciencia no bastan ,
sino que es además indispensable la paciencia ; necesitaria un
espíritu tranquilo muchos años para confeccionarlo ; solo con el
tiempo adquiere su fermentacion sutil la virtud necesaria , y son
todos los ingredientes de que se compone sumamente raros. Ni
aun el mismo diablo que se lo ha enseñado , podria abora ha-
cerlo. ( Divisando á algunos animales . ) ¡ Mira que agradable y
pequeña especie ! He aquí la criada , allí está el criado . ( A los
animales. ) Me parece que la vieja no debe estar en casa.
Los animales. Se fué á comer fuera saliendo por la chimenea.
Mefistofeles. ¿Puedes decirme familia abandonada , si tardará
mucho en volver ? ows
Los animales. Lo que nosotros tardamos en calentarnos las
patas.
Mefistofeles. ¿ Qué te parece de estos hermosos animales ?
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA 53
Fausto. Que son los mas repugnantes que haya visto nunca.
Mefistofeles . No deja de ser cierto lo que dices , por mas que
sea contrario á los que me sirven y mas amo. ( A los animales. )
Decidme , raza maldita, ¿ qué es lo que así estais resolviendo ?
Los animales . Estamos preparando la sopa para los pobres.....
Mefistofeles. Que por lo visto deben ser muy numerosos.
El Macho. ( Acercándose y acariciando á Mefistofeles. )
Viejo diablo , disponed los dados , y empecemos desde luego
el juego infernal que ha de procurarme lo que necesito ; venga
el oro , sin el cual no hay en el mundo consideracion posible,
para que los que hoy me desprecian , se me presenten despues
de rodillas.
Mefistofeles . Con solo jugar á la lotería , creeria ver el mico
satisfechos sus deseos.
(Entretanto , juegan los demás animales haciendo rodar una
gran bola.)
El Macho. Tal es el mundo ; sube , desciende y como esta
bola , va rodando incesante ; es bello , sonoro y hueco como el
cristal puro , y tambien como él , á lo mejor se quiebra , sin no-
tarse á su choque mas que un rastro de luz que pronto se extin-
gue. Huye pues de él , hijo mio ; no te dejes deslumbrar por
sus vivísimos colores , porque es su interior de polvo que el me-
nor viento disipa.
Mefistofeles. ¿De qué sirve esa criba? ken, 2101de
El Macho cogiéndolo . Para conocer al que ha robado , cua-
lesquiera que sean su porte y su astucia.bak si
Se dirige corriendo hacia la hembra , y la obliga á que mire
al través de la criba . )
Mira por ella quien es aquel ladron y procura decirnos su
nombre.
· Mefistofeles acercándose á la lumbre. ¿Qué comida es esa ?
El Macho y la Mona. ¿ Habráse visto topo igual ? Ni sabe lo
que es la marmita , ni lo que esta contiene.sil !
Mefistofeles. Déscarada y maldita razą! 599189 DIČ (
El Macho. Toma esta escoba y siéntate en este escabelozo
( Obliga á Mefistofeles á sentarse.)
Fausto , que habia estado hasta entonces contemplando un es→
pejo , tan pronto acercándose como alejándose de élogg Qué es lo
que veo ? ¿ Qué celestial imágen se me aparece en este encanta-
do espejo ? ¡ Oh amor ! ¡ llévame en tus rápidas alas á la region
54 FAUSTO
que habita ! Si me muevo de este sitio, aunque sea acercándome
á ella , solo la veo ya como al través de una nube ! Es la imágen
mas perfecta de la mujer ! ¿ Puede tener una mujer tanta belle-
za? Será ese cuerpo tendido ante mí el conjunto de todas las ma-
ravillas de los cielos ? ¿ Puede haber cosa igual en la tierra?
Mefistofeles. Es claro que de la obra que costó á un Dios seis
dias , y que despues el mismo se complació en ella, ha de resul-
tar algo que sea verdaderamente admirable. Continua por esta
vez saciando tu vista , y deja á mi cuidado el seguir la pista á
semejante tesoro; feliz el que pueda llevarla á su casa como esposa.
(Continua Fausto con la vista fija en el espejo , mientras que
Mefistofeles se tiende en el sillon jugando con una escoba y sigue
hablando.)
Los animales , que habian hecho hasta entonces mil raros mo-
vimientos, van en confusa griteria á presentar una corona á
Mefistofeles.
Dignaos , señor , admitir esta corona que , aunque hecha tri-
zas , podreis reparar á fuerza de sudor y de sangre. “
Yempiezan á saltar de un modo grotesco hasta que queda la
corona hecha pedazos , con los que bailan en torno de aquel á
quien la ofrece )
-10 Ya está hecho, solo nos falta ahora , hablar , ver , oir y reinar.
Fausto , vuelto hacia el espejo . ¡ Infeliz de mí ! ¡ casi me vuel-
vo loco! J
Mefistofeles , señalando con el dedo á los animales . ¡ Poco falta
para que tambien mi razon se extravie !
Los Animales . Salgamos airosos de la empresa é inmensa se-
rá nuestra gloria.
Fausto, como antes. Siento que el corazon se me inflama ,
alejémonos de aquí lo mas pronto posible.
529 Mefistofeles, en la misma posision . Al menos debemos conve-
nir en que son verdaderos poetas .
( La marmita , abandonada por la mona , empieza ȧ desbor-
darse , y desde luego se levanta una llama con violencia que se)
estiende por la chimenea . Al propio tiempo desciende la bruja al
través de la llama , lanzando espantosos gritos . )
La Bruja :No veis , canalla indigna , que me estoy achi-
obscharrando por vuestra torpeza y culpable descuido ?
Aquell pupabusta kes ( ( Viendo á Fausto y á Mefistofeles. }
¿ Qué es esto ? ¿ Quién sois vosotros? ¿ Qué quereis de mí?
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 55
Cara , muy cara vais á pagar vuestra osadia, pues Lo tardará
el fuego en consumir vuestros huesos.
(Mete la espumadera en la marmita , y empieza á arrojar lla-
mas áFausto y Mefistófeles; dando los animales terribles alaridos.)
Mefistofeles , volviendo la escoba que tiene en la mano empieza
ká romper con su palo todos los vasos y ollas .
Todoslos muebles y utensilios de esa vieja hechicera han de
quedar hechos pedazos , y luego le arreglaré la cuenta con este
mismogarrote por la zambra que ha armado.
( Retrocede la hechicera llena de espanto y de cólera. )
¿ Por ventura me has desconocido , esqueleto horrible? ¿ No
conoces ya á tu señor y tu amo ? No sé como me abstengo de
azolarte y hasta de hacerte trizas junto con tus espíritus y tus
gatos, al ver que no te infunde ya ningun respeto el perpunte
rojo, y que desconoces la pluma del gallo. ¿ Acaso te he oculta-
do esta cara? ¿ Por ventura estaré siempre obligado á nombrar-
me á mí mismo?
La Hechicera. Perdonadme , señor , el indigno recibimiento
que os he hecho ; sin embargo , no percibo la mano de caballo ,
así como tampoco vuestros dos cuervos .
Mefistofeles . Por esta vez consiento en perdonarte , aun que no
sea sino por el tiempo que hace que no nos hemos visto. La ci-
vilizacion que regenera al mundo todo , se estiende hasta el
mismo diablo . Ya no se trata hoy dia del fantasma del Norte ,
ni se ven en parte alguna cuernos , colas ni garras. En cuanto
á la mano de caballo , de que no podria deshacerme , me seria
perjudicial en el mundo ; asi que, he adoptado tiempo ha , como
otros muchos jóvenes , la moda de las pantorrillas postizas.
La Hechicera , bailando. Loca estoy de contento al verme vi-
sitada por el noble Satan.
Mefistofeles . Desde ahora te prohibo que vuelvas á darme se-
mejante nombre.
La Hechicera . ¿ Por qué ? ¿ Qué os ha hecho ?
1 Mefistofeles. Porque tiempo ha que está escrito en el número
de las fábulas , sin que por esto los hombres hayan mejorado ;
se han librado del espíritu del mal , pero ellos han continuado
siendo igualmente malos. Llámame mas bien señor baron , ya
que soy caballero como los demás , y que no puedes dudar de
la nobleza de mi sangre. Toma , he aquí el escudo que traigo.
(Hace un gesto indecente. )
561 FAUSTO
La Hechicera. ¡ Ah ! ¡Ah ! tales son vuestras maneras : veo
que continuais siendo lo que habeis sido siempre, un gran pícaro.
Mefistofeles , á Fausto. Amigo mio , sírvate de ejemplo ; ese
es el modo con que debe tratarse á las brujas.
La Hechicera. Ahora decidme , señores , en que puedo com-
placeros.
Mefistofeles. Dándonos un vaso de licor que sabes, y que sea
del mas viejo ya que los años aumentan su fuerza.
La Hechicera. De muy buena gana. Tengo allí un frasco del
que yo por golosina acostumbro beber algunas veces , que no
tiene ningun hedor, y voy á ofreceros de él una copa (En voz
baja á Mefistofeles . ) Pero si ese hombre la bebe sin estar antes
preparado , como lo sabeis muy bien , no vivirá una hora.
Mefistofeles. Es un amigo , á quien hará esto un gran bien ; te
pido por él lo mejor que tienes en tu cocina. Vamos , pues , tra-
za tu círculo , pronuncia tus palabras y dale una taza llena.
( La- Bruja , traza un circulo haciendo gestos raros y coloca
luego en él mil cosas estravagantes , mientras que los vasos y las
ollas empiezan á chocar entre si formando una estraña música.
Por fin trae un gran libro , coloca los animales en el círculo para
que le sirvan de pupitre y le tengan los candelabros , é indica á
Fausto que se acerque á ella . )
Fausto á Mefistofeles. Pero , dime , ¿ á qué viene todo esto?
Sé lo que son esa farsa y esa insípida parodia ; y por lo que me
inspiran horror.
Mefistofeles. ¡ Qué tontería ! mas bien debiera causarte risa ;
vamos , no te muestres tan grave. Como conocedora en medicina
debe hacer antes su hocuspucus , para que el elixir ó filtro te
pruebe. Obliga á Fausto entrar en el circulo. )
La Hechicera , se pone á leer en el libro y á declamar con én-
fasis.
Has de saber que con uno se puede hacer diez , y por lo tanto
tu riqueza es segura ; de cinco y seis haz siete y ocho y verás
cumplido tu deseo , por mas que nueve sea uno y diez ninguno.
Tal es el gran sistema comprendido en el libro de toda hechi-
cera,
Fausto. Sin duda esta vieja delira.
Mefistofeles. Y aun verás otras muchas estravagancias que
acabarán de convencerte de ello , antes de que termine ese libra-
zo enteramente lleno de simplezas. No puedes figurarte el tiempo !
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 57
que me ha hecho perder ; porque una contradicción completa es
tan incomprensible para el sabio como para el ignorante , para
el cuerdo como para el loco. Querido mio , es el arte á la vez
antiguo y nuevo, y se ha procurado en todos tiempos difundir el
error en lugar de la verdad ; por esto se bachillerea tanto sobre
cosas que no se comprenden ; por esto hay locos que se obsti-
nan en romperse los cascos para penetrar lo incomprensible. Y
¿ sabes por lo regular de que depende ese eror tan funesto ? De
que el hombre que no oye mas que palabras , cree que estas
deban necesariamente inducir á la reflexion .
La Hechicera continúa. Si, creedlo , el poder de la ciencia , al
que el mundo todo tiende los brazos , toca en suerte al hombre
prudente que menos piensa en él .
Fausto. ¡ Qué de estravagancias ! Se me parte la cabeza ; se
me figura estar oyendo un coro de cien mil locos.
Mefistofeles. ¡ Basta ! basta ! sibila consumada ; danos tu bre-
vage , procurando llenar las tazas hasta su borde , pues no temo
cause á mi amigo daño alguno, porque es hombre acostumbrado
á la bebida , en lo que ha alcanzado señalados triunfos.
(La bruja llena el vaso con mucho aparato , y en el acto que
Fausto lleva el brevaje ά á sus lábios , brota del vaso una ligera
llama.)
Mefistofeles. Vamos , ánimo . apúralo de un sorbo , y verás.
como se te alegra el corazon . ¿ Es posible , que unido como
estás con el diablo , te espante tanto la llama ?
(La Hechicera rompe el circulo y Fausto se sale de él.)
Mefistofeles. Partamos desde luego ; porque solo necesitas
ahora agitacion y movimiento .
La Hechicera. ¡ Buen provecho os haga el traguito !
Mefistofeles , á la Hechicera . Si necesitas de mí , no tienes mas
que decírselo en el Walpurgis.
La Hechicera. He ahi una cancion , que con solo talearla, es-
perimentaréis raros efectos.
Mefistofeles. Ven pronto y déjate guiar : te es la traspiracion
indispensable para que la fuerza te penetre interior y esterior-
mente. Luego te haré saborear las delicias de una digna ociosi-
dad , y pronto sabrás en la embriaguez de todo tu ser , cuales
son los transportes de Cupido.
Fausto. ¡Ah ! Permítame dirigir al espejo una postrer mirada!
¡ Era tan hermoso aquel rostro de mujer !
8 FAUSTO.
Mefistofeles . No , no ; pronto tendrás delante de ti , lleno de
vida , el modelo de todas las mujeres. (Aparte.) Con esa bebida
en el cuerpo , verás una Helena en cada una de ellas.

! !
UNA CALLE .

Fausto , Margarita de paso.

Fausto. Hermosa señorita , ¿ me atreveró á ofreceros mi com-


pañía y mi brazo ?
Margarita. Yo no soy ni señorita ni hermosa , y no necesito
que nadie me acompañe para irme á casa. (Se separa y huÿe.)
Fausto. En verdad es una hermosa jóven ; no había visto en mi
( vida cosa igual : ¡ es á la vez modesta , graciosa y tiene un no se
que de fasinador que me arrebata! ¡ Nunca me será dado olvidar
ni la tersura de sus mejillas , ni el carmin de sus lábios ! In-
clinaba la vista de un modo que no se me borrará ya mas del
corazon ¡ nunca habia visto reunidas tanta magestad y tanta
gracia !
#
Entra Meistófeles.

Fausto. Escucha, preciso es que me procures esa jóven.


Mefistofeles¿Cuál ?
Fausto. La que acaba de pasar ahora mismo.
Mefistofeles. Aquella , muy bien ; venia de ver á su confesor
que la ha absuelto de todas sus culpas. Me he colocado tras
ella , y puedo asegurarte que es la misma inocencia ; ha ido á
echarse á los piés del confesor , sin tener de que arrepentirse ;
ningun poder tengo sobre ella.
Fausto. Y con todo , tiene mas de catorce años.
Mefistofeles. Hablas como Hans Liederlich que quiere para sí
las mas hermosas flores , y que cree no haber honor ni gracia
de que sea digno , sin haber hecho cosa alguna para merecerlo ;
pero no es así.
Fausto. Basto , señor dómine , dejadme en paz , y obrad en
consecuencia de lo que voy á deciros : si esta noche no tengo
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 39
en mis brazos á aquella jóven encantadora , nos separarémos
hoy para siempre. ob 7
Mefistofeles. Piensa , ante todo , en lo mucho que antes se de-
be hacer ; necesito á lo menos quince dias solo para acechar la
ocasion .
Fausto. Y si yo pudiese tan solo disponer de siete horas , no
necesitaria tu ausilio para seducir á semejante criatura.
Mefistofeles. Ya casi hablais como un francés ; pero os suplico
que no lo tomeis tan á pechos , & de qué sirve anticipar tanto el
goce ? Su encanto es mucho menor cuando de antemano no
habeis dispuesto vos mismo todos los medios posibles para co-
jer en la red vuestra muñeca , conforme nos lo enseñan ciertos
cuentos italianos.
Fausto, ¿ Qué me importa á mí todo eso , si no necesito nin-
guno de aquellos alicientes ?
Mefistofeles . Pues ahora con formalidad os T digo una vez por
todas , que no podeis ir tan deprisa con aquella hermosa niña ;
ya que nos seria la fuerza enteramente inútil , empleemos la as-
stucia.
Fausto. Es tanto el imperio que en mí ejerce aquel ángel ,
que te pido me acompañes al sitio en que descansa para que
pueda ver al menos un pañuelo que haya cubierto su seno , una
cinta con que haya intentado en vano realzar su hermosura .
Mefistofeles. Para que os convenzais de si quiero ó no calmar
vuestra pena , os diré que no perdamos tiempo ; porque quiero
conduciros hoy mismo á su cuarto.
Fausto. Y , & me será dado verla y estrecharla contra mi seno?
Mefistofeles. No ; porque estará en casa de una vecina. Con
todo , podreis embriagaros libremente con el aire que ella ha
respirado y meceros en las halagüeñas esperanzas de una próxi
ma dicha. .
Fausto. ¿ Ya podemos partir?
Mefistofeles. Aun es temprano.
-Fausto Vé á buscarme entretanto un regalo para ella. (Se vá)
Mefistofeles. · ¿ Presentes ya ? ¡ Bueno ! He aquí el mejor. Ya
que sé yo, sitios á propósito y antiguas joyas enterradas , voy á
quitar el polvo que las cubre.
1
W
60 FAUSTO.

LA NOCHE .

Un cuarto pequeño y limpio.

Margarita , trenzándose el cabello . Cualquier cosa, daria por


saber quien era el caballero de esta mañana : su rostro y su
porte indicahan claramente la nobleza de su estirpe , ¿ cómo á
no ser así , habria podido tener tanto despejo ? ( Sale. )

Mefistofeles , Fausto.

Mefistofeles. Entrad ; pero despacio , vamos , entrad.


Fausto , despues de un momento de pausa . Te suplico que me
dejes solo .
Mefistofeles, huroneándolo todo. No todas las jóvenes tienen
su cuarto tan perfectamente aseado. ( Yéndose.)
Fausto , mirando en su derredor. Salud , dulce crepúsculo que
reinas en este santuario ; embarga mi corazon , grata pena de
amor que el perfume de la esperanza anima . ¡ Cómo todo res-
pira aquí paz , órden y contento ! ¡ Cuánta abundancia en esta
pobreza , cuanta dicha en este calabozo ! ( Se echa en un sillon
de cuero que hayjunto á la cama .) i¡ Recíbeme , oh tú , que has
tenido los brazos siempre abiertos para recibir á las pasadas
generaciones , tanto en su dolor como en su alegría ! ¡ Cuántas
veces los niños en tropel se habrán suspendido en derredor de
este trono patriarcal ! Acaso tambien mi amada , habrá venido
aquí mas de una vez cuando niña de frescas y rosadas megillas
á besar la descarnada mano de su abuelo , no sin dirigir antes
una mirada de inocencia y de candor á ese Cristo divino . Siento
vagar en torno mio , oh hermosa niña ! ese espíritu de econo-
mía y de órden que te instruye cada dia como una tierna ma-
dre que te inspira el modo como debe tenderse el tapete sobre
la mesa y te indica basta los átomos del polvo que en tu derre-
dor se agita. Oh dulce mano tan parecida á la mano de los
díoses ! Tú conviertes este humilde recinto en celestial morada ,
yalli.ini sbać o tb #j). (Alza una colgadura del lecho . ):
Qué delicio se apodera de mí ! Allí pasára yo una eternidad
sin notar la duracion del tiempo ; allí fué ¡ oh naturaleza ! don-
de en dulces sueños completaste á aquel ángel encarnado , allí
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 61
donde reposa aquella niña , cuyo tierno seno palpita de calor
de vida ; allí donde en una pura y santa actividad se desenvol-
vió la imágen de los dioses !
Y á tí , ¿ quién te ha conducido aquí ? ¡ Cuán profunda es la
emocion que siento ! ¿ Por qué de tal modo se oprime mi pecho?
i Miserable Fausto , ya no te reconozco !
Me hallo envuelto en una encantada atmósfera; ¡ ávido busca-
ba los placeres , y ahora me pierdo en amorosos sueños ! ¿ Si
serémos juguete de cada viento que sople ?
Y si llegase ella á entrar en este momento , ¡ Cuán cara paga-
rias tu audacia ! ¡ Cuán pequeño seria , y cómo desapareceria
ante ella el grande hombre !
Mefistofeles . Date prisa , porque ya la veo llegar.
Fausto. Alejémonos, pues , no quiero volver mas aquí.
Mefistofeles . He ahí una cajita que pesa regularmente , y que
he recogido en cierto punto metedla en el armario , y os juro
que la hará perder el juicio . He puesto en ella varias frioleras
para alcanzar una sola cosa. Bien lo sabeis ; el niño siempre es
niño , y un juego siempre es juego .
Fausto. No sé si debo .
Mefistofeles. ¿ A qué esa pregunta? ¿Por ventura deseais que-
daros con este tesoro ? En este caso aconsejo á vuestra avaricia
que no me haga perder un tiempo precioso . Espero que no se→
réis avaro ; pero caso de que no sea así , me rasco la cabeza y
me lavo las manos. ( Pone la cajita en el armario y le cierra.)
Alerta y marchémonos prontamente , á fin de que la tierna
niña se vuelva hácia vos insiguiendo los impulsos de su corazon.>
Heos aquí plantado como si se tralase de dar una leccion , como
si tuvieseis ante vos en carne y hueso á la física y metafísica
encanecidas. Partamos. ( Salen . )
Margarita con una lámpara ¡ Cuán sofocado está aquí el aire!
Y sin embargo no es mucho el calor que hace fuera. Estoy no sé
como; quisiera que hubiese llegado ya mi madre. Todo mi ser se
estremece.... ¡ Qué loca soy en asustarme de este modo sin elf
menor motivo. (Empieza á desnudarse cantando.)
<<<Habia un rey en Thulea que fué fiel hasta la muerte , y al
que legó su querida una cincelada copa de oro. Nada habia para
él de tanto precio como aquel vaso querido , que no podia nun-
ca vaciar sin que se le llenasen los ojos de lágrimas. Cuando vió
su muerte cercana llamó á su hijo para entregarle todo cuanto
620 FAUSTO.
poseia , escepto aquella copa , que por tanto tiempo habia sido
su consuelo y su amargura .
«Poco después invitó á comer á todos los nobles , mandando
que fuese dispuesta la mesa en una antigua sala que daba al
mar ; y despues de brindar por el feliz reinado de su sucesor
arrojó la copa , que no tardó en desaparecer entre las olas , co-
mo desapareció él aquel mismo dia de entre los hombres >>
~ (Abre el armario para encerrar en él sus vestidos , y vé la ca–
jita que contiene las alhajas .)
¿ Cómo puede haber aquí esta rica caj a, cuando habia cerrado
perfectamente el armario? En verdad es esto admirable ; però
¿qué contendrá ? Quizá la habrá dejado alguien como prenda ,
por lo que le haya prestado mi madre . Hé aquí su llavecita que
pende de una cinta ; ¡ si me atreviese á abrirla ! ¿ Qué es esto ,
Dios mio ? No he visto en mi vida cosa igual : un adorno capaz
de satisfacer el deseo de la señora mas encopetada. Desearía sa-
ber que tal me vá este collar de perlas. ¿ De quién será tanta
riqueza ? ( Se enjoya y se acerca al espejo . )
¡ Ya me contentaria con estos anillos ! ¡ Así está una descono-
cida ! ¿ De qué te sirven, oh juventud , tu belleza y tus encantos?
Todos convienen en que son estos dones los mas preciosos; pero
nadie piensa en la jóven que no es rica , y solo por piedad nos
dirigen una mirada ó un cumplido . Todo va en pos del oro, todo
depende del oro. ¡ Ah ! ¡ qué desgraciadas somos !

UN PASEO.

Fausto , paseándose pensativo ; Mefistofeles , dirigiéndose há


cia él..
Mefistofeles. Maldigo el amor desdeñado , maldigo los elemen-
tos infernales , y quisiera saber algo peor que poder maldecir.
Fausto. ¿ Qué es lo que asi te exalta y te turba ? No he visto
en mi vida una cara tan horrible.
Mefistofeles. Gustoso me daria ahora mismo á todos los diablos,
å no ser ya uno de ellos.
Fausto. ¿ Qué es lo que de tal modo te ha trastornado el jui-
cio? ¡ Si vieras cuan bien te sienta el jurar dejeste modo !
Mefistofeles. Sabe que el adorno que me habia procurado pa-
1
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 63
ra Margarita , ha ido á parar en manos de un clérigo. -Cuando 嘴
la madre ha visto el aderezo , ha quedado asombrada ; y como
la buena mujer tiene escelente olfato por estar siempre con la
nariz pegada á los muebles , á fin de saber si es cada uno de
ellos santo ó profano , de aquí el que no le hayan parecido ser
de la mejor procedencia nuestras albajas. Por esto ha esclamado:
Hija mia , los bienes mal adquiridos oprimen el alma y consu
men la sangre; consagremos esto á la madre de Dios , y des-
cendará sobre nosotros el maná del cielo . La jóven Margarita no
quedó al parecer satisfecha , ni menos convencida de lo que
acababa de decirla su madre ; es un regalo , se decia , y veo que
puede muy bien admitirse sin ningun recelo , y , francamente , )
no puede ser un impio el que con tanta galantería ha traido
aquí esta cajita. La madre, empero , hizo llamar un clérigo que,
enterado del caso , opinó como la anciana : esto es , que debia
renunciarse á aquel tesoro de procedencia dudosa , añadiendo
que solo él podia encargarse de un bien injustamente adquirido.
Fausto. Esa es la costumbre; tambien algunos reyes obran de
este modo.
Mefistofeles. Así es que se apoderó de todas las alhajas , sin
darles siquiera las gracias , como si se tratára de la cosa mas
insignificante, y les prometió en cambio todos los goces del cie-
lo , dejando á una y otra muy edificadas, n
Fausto. Y & Margarita ?
Mefistofeles. Está agitada , inquieta , no sabe lo que quiere ni
lo que debe hacer ; únicamente piensa en las alhajas , y sobre
todo en el que se las ha llevado.
Fausto. El pesar de mi amada me inquieta vivamente ; pro-
cúrate de nuevo otro cofrecito , ya que con tanta facilidad ad-
quiriste el primero , además no me pareció ser muy exquisito .
Mefistofeles. ¡ Ah ! ¡ sí , para este caballero todo es niñería !
Fausto. Sigue un consejo que voy a darte : únate con la ve-
cina, obra como un verdadero diablo y tráeme otro aderezo.
Mefistofeles. Sí , todo lo haré con gusto , por mi gracioso due-
ño. (Sale Fausto. )
Mefistofeles , solo . Ese loco enamorado seria capaz de acabar
con el sol , la luna y las estrellas , por satisfacer un capricho de
su amada. (Sale .).
64 FAUSTO.

LA CASA DE LA VECINA.

MARTA , sola.

Mi querido esposo . (Dios se lo perdone, ) no se portó muy bien


conmigo ; él se fué á viajar , y à mí me dejó sola en la desgra-
cia. Y , sin embargo , Dios sabe que lejos de darle ningun dis-
gusto , le amaba tiernamente. ( Llora . ) ¡ Tal vez habrá muerto !
¡ Si al menos tuviese su partida de defuncion !

Entra MARGARITA.

Margarita. ¿ Señora Marta ?


Marta. ¿ Qué quieres , querida mia ?
Margarita. Apenas puedo tenerme en pié; acabo de encontrar
en mi armario un nuevo cofrecito , un cofrecito de ébano que
contiene alhajas mucho mas ricas y primorosas que las de la
primera vez.
Maria. No vayas ahora á decírselo á tu madre , si no quie-
res que tambien las dé á su confesor.
Margarita. ¡ Ah ! ¡ mirad que hermoso es esto !
Maria , enjoyándola . ¡ Dichosa criatura !
Margarita. ¡ Qué lástima no poder presentarme así ni en la
calle , ni en la iglesia !
Marta Ven å vei me con frecuencia , y podrás aquí adornar-
te en secreto y pasar una hora delante del espejo , lo que no de-
ja de ser siempre una satisfaccion ; y luego se presentará una
ocasion , ó alguna fiesta , en las que podrás poco a poco pre-
sentarte en público. Empezarás por una pequeña cadena , luego
por los pendientes , sin que tu madre lo note hasta que se lo
harán observar los demás.
Margarita. ¿ Quién ha podido traer aquí las dos cajitas? En
verdad parece esto un sueño , un cuento de hadas. (Llaman á
la puerta . )
¡ Dios mio ! ¡ si fuese mi madre !
Marta , mirando al través de la cortina. Es un desconocido.
¡ Entrad !
SADURNI
¡ Ah ! mirad que hermoso es esto !
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEEIA. 65

Entra MEFISTÓFELES.

Mefistofeles. Espero , señoras , me dispensaréis la libertad.


que me tomo de presentarme aquí.
(Se inclina respetuosamente delante de Margarita. )
Desearia hablar á la señora Marta Schwedrtlein .
Marta . Soy yo ; ¿ qué teneis que decirme ?
Mefistofeles , en voz baja á Marta . Ahora ya os conozco , me
basta. Veo que teneis una visita , perdonadme la libertad que
me he tomado , volverá á la tarde.
Marta , en voz alta . Figúrate , bija mia , que el señor te to-
ma por una señorita de gran tono.
Margarita. Pues soy una pobre ; ese caballero me hace de-
masiado favor ; sabed que estos adornos no son mios.
Mefistofeles. No consiste todo en los adornos ; teneis unos mo-
dales y una mirada tan penetrante , que no me dejan duda algu-
na. ¡Cuánto me alegro de poder quedarme y hablaros !
Marta. ¿ Qué noticias me traeis ? Creed que deseo ...
Mefistofeles. Quisiera ser portador de mejores nuevas ; pero
espero no tomaréis á mal lo que voy á deciros . Vuestro esposo ha
muerto y os envia un saludo.
Marla. ¡ Ha muerto ! ¡ Dios mio! ¡ mi pobre esposo ha muerto!
¡Ah ! ¡yo tambien sucumbo !
Margarita. Mi querida señora, no os desespereis de este modo.
Mefistofeles. Escuchad el triste suceso.
Margarita. Por esto sentiria amar en la vida ; semejante pér-
dida seria para mí un golpe mortal .
Mefistofeles. Preciso es que el placer tenga sus penas , y el
dolor sus placeres.
Marta. Contadme su trágico fin.
Mefistofeles . Yace en Padua , junto á San Antonio , siendo sa-
grada la tierra en que duerme su sueño de muerte.
Marta. ¿ No me traes de su parte cosa alguna ?
Mefistofeles . Sí , por cierto , una súplica importante y grave ,
que consiste en que hagais celebrar por él trescientas misas ;
en cuanto á mis bolsillos , puedo aseguraros que están vacíos.
Marta . ¡ Cómo , ni una medalla , ni una prenda cualquiera !
¿Ni lo que un artesano , por pobre que sea , ahorra y guarda
cuidadosamente como un recuerdo , aun cuando muera de ham-
bre o tenga que mendigar ?
5
66 ANAR 47 FAUSTO.
Mefistofeles. Aun tengo , señora , el corazon desgarrado ; y en
verdad que no tiraba su dinero , pero ha sido muy desgraciado ;
sin embargo , podeis tener el consuelo de que ha muerto arre-
pentido.
Margarita. ¡ Ah ! que sean los hombres tan desgraciados !
No me olvidaré de hacer rezar por él mas de un Requiem .
Mefistofeles. Sois una jóven amable y encantadora , y por lo
tanto ya digna de contraer matrimonio.
Margarita. De ningun modo lo deseo por ahora.
Mefistofeles. Si no un esposo debierais al menos tomar un
amante ; nada hay tan dulce como las horas que se pasan junto
al objeto de nuestro cariño.
Margarita. Eso no se acostumbra en este pais,
Mefistofeles. Sea ó no costumbre , puede hacerse.
Marta. Contadme pues....
Mefistofeles. Estaba junto á su lecho de muerte , que era poco
menos que de estiercol , por estar la paja de su jergon entera-
mente podrida ; pero de tal modo murió como cristiano , que no
cesaba de repetir que estaba mucho mejor del que merecia.
" ¡Ah ! esclamaba , ; cuánto debo reprenderme el haber abando-
nado mi oficio y mi esposa ! ¡ Ah ! ¡ este recuerdo me mata ! ¿ Si
se dignará aun perdonarme?>>
Marta , llorando . ¡ Pobre y digno esposo mio ! ¡ Hace ya tiem-
po que te he perdonado !
Mefistofeles. Pero , añadia , Dios lo sabe , ella tuvo mas culpa
que yo.
Marta. En eso mintió, á pesar de verse en el borde del sepulcro.
Mefistofeles. No es estraño si se atiende á que , si mal no lo
recuerdo , chocheaba en sus últimos momentos. Nunca tuve á
su lado , decia , ni un momento de calma , no solo me era preci-
so cargar con todo el peso del matrimonio y procurar á mis hi-
jos el pan necesario , sino que ni aun podia comer en paz la es
casa parte que de él me tocaba . »
Maria.¡Cómo es posible que así llegase á olvidar mis afą-
nes y mi solicitud tierna y constante ?
Mefistofeles. Al contrario , creo que los tenia grabados en el
fondo de su alma . «Cuando partí de Malta , decia , oré con fer-
vor por mi esposa y por mis hijos , y debo confesar que el cielo
se me mostró propicio , pues nuestro buque apresó una nave
turca, cargada de tesoros del sultan. Tavo el valor su recom-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 670
pensa ; y á mí , como era justo , me tocó una buena parte. »>
Marta. ¿Cómo? ¿dónde fué esto ? ¿Si habrá enterrado tal vez
su tesoro ? ...
Mefistofeles. ¿ Quién sabe á donde lo habrán llevado los cua-
tro vientos ? Una hermosa jóven se enamoró de él mientras es-
taba recorriendo la ciudad de Nápoles , y llegó á amarle de tal
modo , que ni aun pudo olvidarla en su última hora.
Marta. ¡ Pícaro ! ¡ ladron de sus hijos ! Luego ni la desgracia,
ni la miseria pudieron hacerle renunciar á su vida infame y de-
#
pravada !
Mefistofeles. Ya veis como ha muerto. A ser de vos , me limi-
taria al año de riguroso luto , establecido por la costumbre , é
iria luego en busca de un nuevo tesoro .
Marta. ¡i Dios mio ! difícilmente podria hallar otro en el mun-
do , que reuniese las cualidades del primero ; era un loco , pero
un loco de corazon ; ¡ no tenia mas defectos que los de una afi-
cion escesiva á los viages , á las mujeres , al vino estranjero y
á ese maldito juego de dados !
Mefistofeles. Así podreis soportarlo mas fácilmente , caso de
que os volviese á suceder otro tanto. Os aseguro que , bajo esta
condicion , de buena gana cambiaria con vos el anillo .
Marta. ¡ Ah ! que aficionado sois á bromear !¹
Mefistofeles, á parte. Debo retirarme; es muger, ypodria cojer
al diablo por la palabra (A Margarita . ) ¿ Cómo está el corazon?
Margarita. ¿ Qué queréis decir con eso ?
Mefistofeles. ¡ Buena é inocente criatura ! ( En voz alta. } Se-
ñora, tengo el gusto de saludaros .
Margarita. Adios .
Marta. Por piedad decidme antes de iros, como , cuando , y
donde cayó enfermo , murió y fué enterrado mi esposo ; porque
siempre en todo me ha gustado el órden . Quisiera , además, que va
fuese su muerte anunciada públicamente. 8.1 2q45
Mefistofeles. Nada mas fácil , señora , porque en todos los
paises basta la declaracion de dos testigos para probar la verdad,
viene conmigo un apuesto jóven , intimo amigo , que haré com- 1
parezca ante el juez ; voy á buscarlo.
Marta. Os lo agradezco mucho.
Mefistofeles. Haced que esa jóven esté tambien aqat. Es un
escelente muchacho que ha viajado mucho , y que e' es sobre
todo , muy galante y cumplido con las señoritas.
68 FAUSTO,
Margarita. Voy á ruborizarme en presencia de ese caballero.
Mefistofeles. No , ni aun ante ningun rey de la tierra.
Marta . Allí , en mi jardin , aguardarémos esta noche á esos
caballeros.

UNA CALLE .

FAUSTO Y MEfistófeles.
2
Fausto, ¿ Qué hay de nuevo ? ¿ Cómo está el asunto ? ¿ Se
adelanta mucho ?
Mefistofeles. Bien , bien ; así os quiero , siempre animado
Dentro de poco será Margarita enteramente vuestra. Esta noche
la veréis en casa de Marta, su vecina , la mujer mas á propósito
para desempeñar el papel de gitana.
Fausto. ¡ Cuánto me alegro !
Mefistofeles. En cambio se nos va á exigir una cosa.
Fausto. Un -favor merece otro.
Mefistofeles. Hemos de declarar ante el juez que los restos
del esposo de Marta descansan en Padua , y que fueron sepul-
tados en tierra sagrada.
Fausto. Esto si que es gracioso ; ahora tendrémos que hacer
un viaje á Padua.
Mefistofeles. ¡ Sancta simplicitas ! No se trata de eso , y si tan
solo de justificar aquel estremo sin tener mas datos.
Fausto. Si en esto consiste todo , desde ahora te digo que
nuestro plan va á fracasar.
Mefistofeles. Seriais en verdad un santo varon si obraseis en
este asunto como habeis dicho antes. ¿ Es por ventura esta la
primera vez que afirmais en vuestra vida una cosa que ignorais
completamente ? ¿No os habeis atrevido con imperturbable cal-
ma á definir á Dios , al mundo , á todo cuanto en él ocurre y
hasta los planes todos que pueden concebir la mente y el cora-
zon del hombre ? Y , sin embargo , si descendeis al fondo de
vuestra conciencia , me confesaréis que no sabeis de todo aque-
ilo , mas de lo que sabeis ahora acerca de la muerte de
Schwedrtlein,
Fausto. Eres y serás siempre un embustero y un sofista.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 69
Mefistofeles . Podré serlo , pero en cambio habrá otros que lo
son mucho mas . Vos mismo , hombre de honor , ¿no iréis ma-
ñana á seducir á esa pobre Margarita , jurándola un amor puro
y sincero ?
Fausto. Sí , ciertamente ; y que lejos de ser falsas mis pala-
bras , saldrán del fondo de mi corazon .
Mefistofeles. ¡ Magnífico ! Y luego le hablaréis de constancia
eterna , de amor imborrable , de inclinacion irresistible y única ;
y acaso todas estas palabras os saldrán tambien del fondo del
corazon ?
Fausto. Dejemos esto. Cuando impulsado por mis sentimien-
tos , y por mi delirio busco en vano palabras que espresan mis
ideas ,y cansado me lanzo al torbellino , empleando las palabras
mas sublimes , hasta el punto de dar al ardor en que me abraso
los nombres de infinito y eterno , no te negaré que cometo tal
vez una accion diabólica.
Mefistofeles. Ya ves que tengo razon.
Fausto. Préstame atento oido , y no olvides lo que voy á de-
cirte. El que quiera tener razon y hable solo , de seguro logra-
rá su objeto ; así que , como yo estoy ya cansado de tanto char-
lar , la tendrás de sobra por poco que sigas hablando.

UN JARDIN .

MARGARITA del brazo de Fausto ; MARTA y


Y MEFISTÓFELES , pa-
seándose.

Margarita. Bien veo , caballero , que solo para confundirme


descendeis hasta mí , obrando en esto como acostumbran hacer-
lo todos los viajeros . Es imposible que mi conversacion pueda
interesar á un hombre tan sábio como vos.
Fausto. Una mirada , una palabra tuya , dice mas que toda la
ciencia de este mundo . ( Le besa la mano.)
Margarita. ¿Qué haceis ? ¿ Cómo podeis besar tan rústica
mano ? Es mi madre tan exigente , que me obliga á hacer todos
los trabajos domésticos . ( Pasan. )
Marla. ¿Con qué viajais contínuamente ?
Mefistofeles. ¡ Qué quereis ! el deber , los negocios , todo nos
impulsa á ello ; ¡ si vieseis con cuanto dolor abandonamos á
70 FAUSTO .
ciertos paises ! Y , sin embargo , sabemos muy bien que no po-
demos instalarnos en ellos.
Marta . Comprendo que en la juventud ha de tener muchos
atractivos esa vida errante y variada ; pero llega una edad en
que el tener que arrastrarse solo hacia el sepulcro , en el celi-
bato ha de ser muy triste.
Mefistofeles. Ya empiezo á entreverla con espanto.
Marta. Por esto debeis pensarlo á tiempo. ( Pasan. )
Margarita. Y una vez ausente no os acordaréis mas de ello .
Sois muy cortés , y yo muy sencilla ; además teneis numerosos
amigos que pronto os harán olvidar todas vuestras promesas .
Fausto. Créeme , querida mia , todo eso que el mundo llama
cortesanía y ciencia , no es mas que vanidad y orgullo.
Margarita. ¿ Cómo?
Fausto. ¡ No conocerán nunca la sencillez y la inocencia lo
mucho que valen ! y ¿ qué la humildad y la modestia que son
los mas hermosos dones que en su amor ha dispensado el cielo
á los séres privilegiados , queden siempre sin recompensa aquí
abajo ??
Margarita. Pensad en mí un instante , ya que no me ha de
faltar á mí tiempo para pensar en vos.
Fausto. Luego acostumbrais estar sola ?
Margarita. Si ; nuestro ajuar , aunque pequeño , es preciso
cuidarle. Luego no tenemos criada , y debo hacer la cocina, cal-
cetear, coser y salir mañana y tarde ; ¡ es mi madre tan cuidadosa
y puntual en todo ! Y no es que su posicion la obligue á obrar
de este modo ; al contrario , podria muy bien prescindir de ello ,
por habernos dejado mi padre un haber regular , una casita y
una pequeña huerta fuera de la poblacion . Con todo , paso aho-
ra dias muy tranquilos ; mi hermano es soldado y mi hermanita
murió , despues de haberme dado , pobre niña , muy malos ra-
tos : ¡ ojalá pudiese aun dármelos !
Fausto, Por poco que se te pareciese habia de ser un ángel .
Margarita. Yo la hacia las veces de madre y ella me amaba
tiernamente : nació despues de haber muerto mi padre . Mi ma-
dre estaba á la sazon tan enferma que temia tambien perderla;
pero al fin fué mejorando lenta y penosamente. En tal estado im-
posible le fué criar á mi hermanita , por lo que me encargué yo
de alimentarla con leche y agua ; viéndola desde entonces son-
reir y crecer en mis brazos y sobre mis rodillas.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 71
Fausto. ¿No esperimentaste entonces la dicha mas pura ?
Margarita. Sí , en efecto ; pero tambien pasé en cambio horas
de amargura. La cuna de la niña estaba colocada de noche jun-
to á mi cama , despertándome á cada movimiento que mi ángel
hacia , preciso me era entonces darla de beber , acostarla con-
migo , y sino callaba pasearla hasta al amanecer tiritando de
frio ; y sin embargo , tenia al amanecer que ir al lavadero, á la
compra y cuidar la casa , sin que ni un solo dia pudiese pres-
cindir de hacerlo . Bien veis que no era la vida mas á propósito
para estar continuamente alegre , pero al menos comia bien y
dormia mejor. ( Pasan. )
Marta. Las pobres mujeres pierden en ello la cabeza : ¡ es tan
difícil convertir á un celibe !
Mefistofeles. Solo me falta una persona como vos para entrar
en el buen camino.
Marta. Decidmelo francamente : nada habeis encontrado
aun? ¿No suspira vuestro corazon por ningun objeto ?
Mefistofeles. El proverbio dice : « La posesion de una casa y
de una mujer buena , es preferible al oro y las perlas. »
Marta. Quiero decir si habeis sido mirado alguna vez con
buenos ojos.
Mefistofeles. En todas partes se me ha recibido muy bien.
Marta. Pero , ¿ no ha tenido vuestro corazon hasta ahora
algun objeto preferido?
Mefistofeles. Nunca debe uno chancearse con las mujeres .
Marta. Veo que no me comprendeis.
Mefistofeles. Lo siento en el alma ; pero me parece.... que de-
beis ser muy indulgente. ( Pasan . )
Fausto. Luego me has conocido ya al entrar en el jardin ,
ángel mio?
Margarita. No habeis notado como inclinaba la vista ?
Fausto. Y , ¿ me perdonas la libertad que me tomé el otro dia
al salir tú de la iglesia ?
Margarita. Mi turbacion fué tal , que en mi vida habia espe-
rimentado cosa semejante, á pesar de no haber cometido ningu-
na falta. ¡ Ah ! pensé , precisamente ha de haber notado en tí
maneras poco dignas , cuando se ha atrevido á obrar de aquel
modo. Sin embargo , os lo confieso : sentí en mí
mí algo
algo que no me
permitió odiaros como yo queria.
Fausto. ¡ Prenda adorada !
72 FAUSTO .
Margarita. Dejadme. ( Coge una margarita y la deshoja. )
Fausto. ¿ Qué es lo que estás haciendo ? ¿un ramillete ?
Margarita. No , un simple juego.
Fausto. ¿ Cómo ?
Margarita. Vamos , os reiréis de mí. ( Deshoja el ramo y mur-
mura en voz baja. )
Fausto. ¿ Qué murmuras?
Margarita , á media voz. Me ama y no me ama.
Fausto. ¡Querido ángel del cielo !
Margarita , continuando . Me ama ; no me ama , no. ( Arran-
cando la última hoja con apacible calma . )
Fausto. Sí , hija mia : deja que la voz de una flor sea para tí
el oráculo de los dioses . ¡Te ama! ¿ comprendes lo que indica ?
¡ Te amo ! ( Toma sus dos manos . )
Margarita. ¡ Tiemblo !
Fausto. ¡ Ah ! no te estremezcas ; que solo te indiquen esta
mirada y este apreton de manos lo que no puede expresarse.
Entreguémonos sin reserva al goce de una dicha eterna ; su fin
seria la desesperacion ; que no tenga pues fin. ( Margarita le es-
trecha la mano , se desprende y huye ; Fausto se queda pensati-
vo , y luego se lanza en pos de ella .)
Marla , al volver . Tenemos la noche encima.
Mefistofeles. Sí , tenemos que marcharnos .
Marta. De buen grado os rogaria á que os quedaseis , pero es
la vecindad tan mala , que luego seríamos objeto de su maledi-
cencia. Y , ¿ nuestra jóven pareja ?
Mefistofeles. Están corriendo por esas calles de árboles , como
alegres mariposas !
Marta. Parece que la ama.
Mefistofeles. Y ella á él : así va el mundo.

UN PEQUEÑO PABELLON DEL JARDIN.


(Margarita entra en él , se esconde detrás de la puerta, y con
el dedo puesto en los labios mira por una rendija . )
Margarita. Héle aquí.
Fausto, al llegar. ¡ Ah ! bribona , ¿ así te burlas de mí? Ya te
cogí. (La abraza.)
Margarita , cogiéndole á su vez y devolviéndole el beso. Queri-
do mio te amo con toda mi alma.
(Mefistofeles empujando la puerta.)
SAD
URN
I

¿ Qué es lo que estás haciendo ? ¿ Un ramillete ? - No , un simple juego .


PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 73
Fausto , pateando. ¿ Quién llama ?
Mefistofeles. Un amigo .
Fausto . ¡ Un bestia !
Mefistofeles . Hora es ya de separarse.
Marta , acudiendo. Sí , caballero , porque ya es tarde.
Fausto . ¿ Me permitiréis que os acompañe?
Margarita. Mi madre me.... Adios.
Fausto. Luego¿ es preciso dejarnos ? ¡ Adios !
Marta. Buenas noches.
Margarita. Hasta nuestra próxima visla.
(Salen Fausto y Mefistofeles . )
Margarita. ¡ Dios mio ! ¿Qué ha de pensar ese hombre ? Estoy
siempre confusa en su presencia , y á todo le contesto sí . Siendo
como soy una jóven inocente y pobre , no sé lo que puede en-
contrar en mí.

SELVA Y CAVERNAS .

Fausto , solo. Espíritu sublime, que me has dado todo cuanto


pedia ; no en vano volviste hácia mí tu faz en la llama. Me has
hecho rey de esta naturaleza poderosa y sublime , dándome al
propio tiempo la fuerza de sentir y gozar. No te has limitado á
permitirme una admiracion fria y estúpida , sino que me has
dado á conocer sus secretos mas íntimos concediéndome leer en
ella como en el seno de un amigo. Tú has puesto ante mis ojos
todos los vivientes y enseñádome á conocer mis hermanos en la
callada selva , en el aire y en las aguas ; y cuando la tempestad
ruge en el monte arrancando de cuajo los pinos gigantescos , cu-
yos troncos al chocar entre sí hacen retemblar la comarca , me
procurase un asilo seguro en las cavernas y me revelas todas las
maravillas y profundos secretos de mi ser. Luego remonta á mi
vista la luna silenciosa y pura atemperándolo todo , y del seno
de las peñas y del de las matas húmedas , veo deslizarse las
blancas sombras de lo pasado , suavizando la áspera voluptuo-
sidad de la contemplacion.
¡ Ah ! ¡ Cuán convencido estoy ahora de que no puede haber
cosa perfecta para el hombre ! Me has procurado un mar de
delicias que cada vez mas me acerca á los dioses ; pero en cam-
74 FAUSTO.
bio me diste á ese amigo , del que soy ya inseparable , por mas
que altivo y frio me humille á mis propios ojos , y de un soplo
reduzca á la nada tus dones . Se complace en inflamar mi pecho
para impulsarme á ir en pos de aquel hermoso ángel , solo por
verme ir ébrio del deseo al goce , y en el goce , suspirar por el
deseo .

Se presenta Mefistofeles .
Mefistofeles. ¿ Aun no os cansa esa vida ? ¿ No acabaréis al fin
por dejarla ? Bueno es probarlo todo una vez ; pero luego debe
ir el hombre en busca de nuevas sensaciones.
Fausto. Quisiera que empleases el tiempo de un modo mas
útil que el de atormentarme en mis hermosos dias.
Mefistofeles. ¡ Ah ! ah ! quieres que no turbe tu reposo ; de
seguro no hablas sériamente. En verdad no seria una gran des-
gracia tener que separarse de un amigo tan descontentadizo ,
mal humorado y loco por tú. Despues de afanarse uno todo el
dia por complacerle , acaba siempre por fastidiarse , como si
llevase escrito en la frente lo que desea y lo que quiere.
Fausto. He aquí su eterna cantilena : me fastidia y quiere que
le esté reconocido.
Mefistofeles. ¿ Cuál seria tu vida sin mí , pobre hijo del polvo?
Yo te curé de los delirios de tu imaginacion , y es innegable que
á no ser yo , estarias ya muy lejos de este mundo. ¿ Por qué te
escondes como un buho en las grietas de las peñas , sin mas ali-
mento que el musgo y la humedad de las piedras? Gracioso
pasatiempo es ese ; veo que continuas teniendo el doctor en el
cuerpo.
Fausto. ¿No comprendes la nueva fuerza vital que ha de dar-
me mi escursion á estos montes ? Caso de que llegasés á saberlo,
serias bastante diablo para privarme de mi dicha.
Mefistofeles. ¡ Un placer sobre natural ! Como no ha de serlo
el recostarme de noche en la montaña ; abrazar con éxtasis el
cielo y la tierra ; envanecerse hasta el punto de creerse una di-
vinidad ; penetrar con la inquietud del presentimiento en los
abismos de la tierra ; sentir en su pecho la obra entera de los
seis dias , gozar de un no se que con ardor indecible ; lanzarse
con efusion en pos de todo ; permitir al hijo del polvo que se
bunda , y terminar luego aquel éxtasis sublime ( haciendo un
gesto ) no me atrevo a decir , como....
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 75
Fausto. Calla
Mefistofeles. Ya sé que no puede esto agradaros , y que que-
reis por lo mismo sellarme los lábios ; bien habeis hecho pues
en pronunciar el calla. No se atreve uno nombrar á castos oidos
aquello de que no pueden precindir castos corazones, En una
palabra , os dejo en la satisfaccion de engañaros á vos mismo ,
seguro de que no ha de durar mucho tiempo. Heos aquí nueva-
mente turbado , y por poco que esto siga del mismo modo , su-
mido de nuevo en los mismos delirios , terrores y angustias .
Pero basta; tu amada está en la ciudad , y todo le pesa y morti-
fica; nunca se borra de su mente tu imágen, y essu pasion mucho
mayor que su fuerza. El raudal de tu amor , desbordado cual
riachuelo cuya corriente aumenta la nieve derritida , ha ido á
inundar su corazon , dejando el tuyo enteramente seco. Mas bien
que reinar en los bosques , deberia á mi ver el grande hombre
corresponder al amor que ha inspirado á una pobre y sencilla
jóven. El tiempo le parece horriblemente largo ; la verás asoma -
da siempre á la ventana , contemplando las nubes que pasan
por encima de los antiguos muros de la ciudad . ¡ Qué no tenga
yo alas! He aquí lo que canta todo el dia y una gran parte de la
noche ; por cada vez que alegre , está cien veces triste ; tan pron-
to se deshace en lágrimas, como parece estar en aparente calma ;
pero en cambio , se la ve siempre enamorada.
Fausto. ¡ Serpiente tentadora !
Mefistofeles , aparte. Con tal que pueda enlazarte.
Fausto. Aparta , quítate de ahí , y no vuelvas á pronunciar el
nombre de aquella hermosa criatura ; deja de ofrecer á mis sen-
tidos ya casi estraviados , la posesion de aquel cuerpo ado-
rable.
Mefistofeles. ¿ Qué puede suceder ? Cree que has huido de ella ,
y á fé mia casi tiene razon.
Fausto. No , estoy junto á ella ; pero aun cuando estuviese
lejos , no podria nunca olvidarla , no podria nunca perderla.
Nunca deseo tanto el cuerpo del Señor como cuando sus labios
le tocan .
Mefistofeles. Tambien á mí mas de una vez me habeis causado
envidia , hermosa pareja recostada entre rosas. 3
Fausto . Aparta , corazon perverso.
Mefistofeles. Vale mas que me ria de vuestras injurias. El em-
pleo que ejerzo fué reconocido por el mismo Dios al crear al
76 FAUSTO.
hombre y la mujer. - Vamos , seguidme ; no es mi intencion
llevaros á la muerte , y si tan solo á la casa de vuestra querida.
Fausto. ¿ Qué me importa sentir en sus brazos los goces del
cielo ? ¿ Qué el embriagarme de amor en su seno , si mis goces
han de causar su desgracia ? ¿ Acaso no seré despues un mise-
rable , un proscrito , un mónstruo sin objeto ni reposo , que
cual torrente despeñado irá rodando hacia el abismo en su im-
petuosa corriente ? Ella , en cambio , jóven sencilla y de puros
ensueños , habria vivido feliz con su cabaña y su pequeño huer-
to en los Alpes , y circunscrito todos sus cuidados y deberes
domésticos en el limitado mundo que la rodeaba . Pero ¡ ah !
¿ cómo pesa sobre mí el anatema de un dios justamente irritado !
Preciso era que despues de amontonar ruinas sobre ruinas ,
acabase por sepultarla tambien á ella y sus puros goces ! ¡ Negro
averno , deseabas aquella pobre víctima ! ¡Luzbel , dale prisa ;
abrevia el tiempo de mi angustia ; que lo que ha de cumplirse
se cumpla lo mas pronto posible ; que su destino se desplome so-
bre mí, y que vaya conmigo rodando al abismo !
Mefistofeles. Siempre el mismo ardor , siempre el mismo fue-
go ! Pobre loco , ven conmigo y consuélala . Te figuras que todo
termina allí donde tu cérebro no encuentra salida. Y sin embar-
go, te he visto siempre dotado de un ardor diabólico. Nada hay
para mí tan absurdo en el mundo, como ver á un diablo que se
desespera .

LA HABITACION DE GRETCHEN.

MARGARITA Sola , y sentada junto á su torno.

¡ Cuán pronto han pasado para mí los dias bonancibles ; ya no


volveré á gozar nunca mas la dulce paz del alma !
Do quiera no esté él , hay mi sepulcro ; solo donde él asoma ,
reina la vida.
Tengo la cabeza trastornada y el corazon desgarrado ; cada
vez me siento mas desfallecida.
Ni aun me atrevo á evocar el recuerdo de mis dias de calma.
Si asomo á la ventana es para verle , si paso el umbral de mi
puerta para salirle al encuentro.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 77
Todo en él seduce y fascina : su porte noble y magestuoso , su
amable sonrisa, la espresion de sus ojos , la elocuencia de su pa-
labra , su mano juguetona , siempre dispuesta á abrazarme , y
sobre todo , sus ardientes besos.
¡ Adios para siempre , paz dulcísima que perdí desde el primer
instante de verle !
Cansado de quejarse en vano , solo por él mi corazon suspira.
¡Ah ! ¡ que no pueda yo estrecharle en mis brazos y morir repi→
tiéndole te amo !

JARDIN DE MARTA .

MARGARITA , FAUSTO.

Margarita. Prométeme , Enrique ....


Fausto. Todo cuanto puedo.
Margarita. Dime, pues , ¿ cuál es tu religion ? Eres muy bue-
no , estás dotado de un corazon escelente ; pero me parece, que
no eres muy devoto.
Fausto. Dejemos eso , hija mia : bien sabes que te amo, y que
daria por tí mi sangre y mi vida ; pero no quiero turbar á nadie
ni en sus sentimientos ni en su fé.
Margarita . Eso no es bastante , sino que**** es preciso creer en
Dios y en su iglesia.
Fausto. Es preciso ?
Margarita . ¡ Ah ! si yo tuviese algun ascendiente sobre tí !
Tampoco veneras mucho los santos sacramentos. !
Fausto. Puedes creer que los tengo en veneracion.
Margarita. Pero sin desearlos, pues hace mucho tiempo que
no has ido á misa ni á confesarte. ¿ Crees en Dios ?
Fausto. Mi dulce amiga, difícil me es contestar á tu pregunta,
puesto que no quiero contestarte sonriendo, como lo harian al-
gunos pretendidos sabios , y lo que tú no podrias menos de con-
siderar como burla.
"Margarita. Luego , ¿tú no crees?
Fausto. No interpretes mal mis palabras , ángel mio. ¿ Quién
se atreveria á nombrarlo, y á hacer este acto de fé : creo en él ?
¿ Quién se atreverá nunca á esclamar. No creo en él ? El que
783 FAUSTO.
todo lo posee, que todo lo contiene, ¿ no te sostiene á lí , á mí y
á él mismo? ¿ No ves redondearse allá arriba la bóveda del fir-
mamento, estenderse aquí abajo la tierra y elevarse los astros.
eternos, contemplándonos con amor ? ¿ No ven mis ojos los tu-
yos, y no afluye entonces toda nuestra vida en el cérebro y el co-
razon ? ¿ Acaso no está envuelto todo en un eterno misterio, in-
visible, visible en tu derredor ? Llena tu alma de él por profunda
que sea , y cuando sobrenades en la plenitud del éxtasis , da á
aquel sentimiento el nombre que quieras, llámale dicha, corazon,
amor , Dios ! Lo que es yo , no sé como debe llamársele. El senti-
miento lo es todo , el nombre es solo humo que nos vela la ce-
leste llama.
Margarita. Todo eso es hermoso y bueno ; casi lo mismo nos
dice el sacerdote, pero en otros términos.
Fausto. Y en todas partes repiten lo mismo en su lengua los
corazones que contemplan el resplandor de los cielos ; ¿ podria
obrar yo de distinta manera?
Margarita. Por mas que me parezca razonable todo cuanto
dices , veo en ti algo de oscuro que me atormenta mucho , por-
qué no crees en el cristianismo.
Fausto. Hija mia!
Margarita. No puedes figurarte el horror que me causa el
verte en compañía.....
Fausto. ¿ Cómo ?
Margarita. Odío á ese hombre que está siempre contigo ; en
mi vida habia visto una cara tan repugnante.
Fausto. Nada temas, hija mia.
Margarita. Su presencia me altera , y eso que soy benévola
para con los hombres. El deseo que siempre tengo de verte , es
igual al borror que me causa su aspecto ; he aquí porque le te-
mo, y porque es en mi concepto un malvado. Perdóneme Dios si
le injurio.
Fausto. Es indispensable que haya de esa clase de hombres.
Margarita. Imposible me seria vivir con un ser semejan- ›
te. Siempre Llee be visto del m
mismo modo ; no conoce mas que es-
tos dos sentimientos , la burla y la cólera ; todo lo demás le es
indiferente ; lleva escrito en su rostro que no puede amar. Por
feliz que sea al estar á tu lado, se me oprime el corazon cuando
lo veo. 12.
Fausto. Eres un ángel, pero no estás libre de presentimientos.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 79
Margarita. Es tanto el horror que me causa , que cuando se
nos acerca casi llego á creer que no te amo. Cuando está con
nosotros me es imposible orar, y siento un malestar interior que
me desgarra el alma : lo mismo te debe suceder á tí, Enrique
mio ?
Fausto . Todo es efecto de la antipatía.
Margarita. Tengo que irme.
Fausto. ¡ Ah ! que nunca pueda pasar tranquilamente una
hora reposando en tu seno , estrechar mi corazon contra él y
confundir mi alma con tu alma !
Margarita. Si al menos durmiese sola , dejaria esta noche des-
corridos los cerrojos ; pero mi madre apenas duerme , y si lle-
gase á sorprendernos me quedaria muerta en el acto.
Fausto. Angel querido , no te dé eso ningun cuidado . Toma
este pomito, y bastarán tres gotas del líquido que contiene para
hacer dormir profundamente á tu madre.
Margarita. ¿ Qué no haré yo por ti ? ¿Espero no contendrá
nada que pueda serle nocivo?
Fausto. ¿ Puedes pensar, amor mio , que á no ser así yo te lo
hubiese aconsejado ?
Margarita. Querido mio , no sé que fuerza superior me obli-
ga, cuando te veo , á querer todo cuanto tú quieres ; he hecho
ya tanto por ti , que casi no me queda ya que hacer cosa algu-
na. (Sale.)

Entra Mefistofeles.

Mefistofeles. ¿ Se ha ido ya la mansa ovejuela ?


Fausto. ¿Si nos habrás espiado como de costumbre?
Mefistofeles . No , pero lo he oido todo . Espero , doctor, que os
aprovecharáis de la leccion que se os ha dado. Todas las jóvenes
tienen interés en que uno sea piadoso , sencillo y que practique
las antiguas costumbres. «Si cede en esto , piensan , no tardará
en acceder á todos nuestros caprichos. »>
Fausto. Monstruo , ¿ no ves cuánto sufre esa alma fiel y since-
ra , poseida de las creencias que labran su dichaj, al solo temor
de que se pierda el hombre que ama ?
Mefistofeles. Loco galan sensitivo , ¿cómo puedes consentir de
este modo en ser juguete de una débil niña ?
Fausto. ¡Vil conjunto de lodo y de fuego !
80 FAUSTO.
Mefistofeles. Comprende perfectamente las fisonomías : en mi
presencia se turba, por revelarle sin duda mi máscara un espíri-
tu oculto; de seguro , conoce que yo soy un génio, y hasta quizá
el mismo diablo. ¡ Ah ! ¡ ah ! esta noche....
Fausto. ¿Qué te importa?
Mefistofeles. Tambien tendré en ello mi parte de gozo.

LOS POZOS.

Margarita y Lieschen , con sus cántaros .

Lieschen. ¿ Has sabido algo acerca de Barbarita ?


Margarita. Ni una palabra; como apenas salgo de casa, no veo
á nadie.
Lieschen. Pues segun me ha dicho hoy Sibila , tambien se ha
dejado seducir. ¡ Y eso que se daba tanta importancia !
Margarita. & Es posible ?
Lieschen. Es ciertísimo.
Margarita. ¡Ah !
Lieschen. Ya ves en que ha venido á parar, despues de haber
prestado oidos por tanto tiempo á aquel seductor infame. Casi 7
puede decirse que ha llevado su merecido , porque en el paseo ,
en la aldea, en el baile , solo pensaba siempre en eclipsar á lag
demás ; podrá jactarse ahora de los regalos que él le hacia , cre-
yendo que solo á su belleza iban dirigidos. La coquetería y el or-
gullo han causado su desgracia.
Margarita. Pobrecita !
Lieschen.¡ Y aun la compadeces ! Sin duda no recuerdas que
mientras estábamos nosotros hilando , sin poder bajar nunca á
la puerta , por no permitirnoslo nuestras madres , pasaba ella las
horas sentada junto a su amado , ó acompañándole en los pun-
tos mas retirados , sin quejarse de la lentitud del tiempo . Justo
es , pues , que se humille y que haga ahora penitencia en ex-
piacion de su falta.
Margarita. Tal vez se casará con ella.
Lieschen. Muy loco seria ! Un jóven como él puede aspirar
á mucho. Además , se sabe que ya la ha dejado.
༈ ་བ ། མི་
Margarita . Ha obrado indignamente .
Lieschen. Aunque volviese á cautivarlo, seria en perjuicio su-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 81
yo ; porque los jóvenes le arrancarian su corona , y nosotros
echaríamos paja picada frente á su puerta. (Se va.)
Margarita, volviéndose á casa . ¿ Cómo es posible que antes
clamase yo tanto contra la pobre jóven que tenia la desgracia
de cometer esa falta ? ¿ Por qué cuando se trataba de la debili-
dad de las demás, me mostraba yo siempre tan inexorable? Nun-
ca eran bastante negros los colores con que me los representaba,
y me persignaba haciendo una cruz lo mas largo posible ; y sin
embargo , soy ahora el mismo pecado . ¡ Dios mio ! ¡ cómo resis-
tirle cuando era tan bueno y tan amable !

LAS MURALLAS.

(Una imágen de la Mater Dolorosa en un nicho de la tapia y


varios tiestos de flores.)

Margarita , colocando en los tiestos nuevos ramos de flores.


¡ Dígnate , oh Madre Dolorosa , apiadarte del dolor que me
abruma !
Con el corazon traspasado viste morir en la cruz al hijo que
adorabas , sin quedarte mas amparo que el cielo al que elevaste
tu mirada, pobre madre , pidiéndole amparo.
¿Quién es capaz de sentir nunca el dolor que me desgarra el
alma ? Solo tú , madre mia , puedes saber lo que sufro , lo que
deseo y lo que temo.
Do quiera dirija mis pasos , siento siempre el mismo dolor
agudo y penetrante ; no puedo estar sola sin anegarme en un
mar de lágrimas que me deja el corazon hecho pedazos.
Cuando al romper el alba cogia para tí estas flores , he regado
con mi llanto todas las de mi ventana , sin que bastasen á se-
carle los rayos del sol que no ha tardado en inundar mi alcoba.
¡ Ah ! ¡ madre mia! ¡ sálvame de la muerte y la deshonra , y
dígnate inclinar sobre mi mal tu frente divina!

LA NOCHE .

Una calle frente á la puerta de Margarita.


Valentin, soldado, hermano de Margarita. Cada vez que asístia
6
82 t FAUSTO.
á una de esas comidas en que cada cual de mis compañeros se
proponia contar sus amores , y ahogar en su vaso los elogios de
sus bellas , escuchaba yo indiferente sus fanfarronadas , y son-
riendo levantaba mi vaso esclamando : « De seguro no hay nin-
guna entre ellas que valga lo que mi querida Margarita , ni que
sea digna de atarle las cintas de sus zapatos.» Por mas que mis
palabras no halagasen todos los oidos, los mas de mis compañe-
ros siempre esclamaban : «Tiene razon , porque es en verdad su
hermana el honor de su sexo, » y los jactanciosos enmudecian .
Al paso que ahora.... hay para desesperarse y romperse la ca-
beza . El primer mal criado puede hacerme objeto de sangrien-
tas burlas , sin que siquiera pueda tener el derecho que tiene el
criminal sentado en su banco ; y aun cuando logre descuartizar
á cuantos me insulten , nunca podré decir que hayan mentido .
¿ Quién va ? ¿ Quién se desliza por aquí ? A no engañarme
hay dos ; si es él , me le echo encima y no saldrá en vida de este
sitio.

Fausto , Mefistofeles .

Fausto. ¿ Ves allá arriba aquella lámpara eterna que, aunque


siempre oscila , es cada vez mayor la oscuridad que la cerca ?
Pues del mismo modo reina siempre la noche en mi alma .
Mefistofeles . Pues yo soy como el gato flaco que se rasca al
escurrirse por una pared , sin faltarle nunca su fuerza instintiva.
Siento aun estremecérseme los miembros todos al solo recuerdo
de la hermosa noche de Walpurgis; pasado mañana se repetirá ,
y allí al menos se sabe porque uno vela.
Fausto. ¿ Tardará mucho en aparecer á la luz del dia aquel
tesoro que ví brillar debajo la tierra ?
Mefistofeles. Pronto tendrás el placer de hacerte con el cofreci-
to á que últimamente he echado el ojo y que contiene tan her-
mosos escudos.
Fausto. Y, ¿no hay ninguna joya, ni una sortija siquiera para
adornar á mi amada ?
Mefistofeles. Sí; me ha parecido ver en él una especie de collar
de perlas.
Fausto. Bueno, pues sentiria mucho ir á verla sin poder hacerle
ningun regalo.
Mefistofeles . Creo no os disgustará pasar un buen rato sin cos-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 83
taros ni un maravedi . Ahora que el cielo brilla con todas sus
estrellas, vais á oir una verdadera obra maestra : es una cancion
moral que va á volverla loca.
(Canta acompañándose con la bandolina .)
« ¿ Por qué así pasas la noche aguardando al ser que solo se
finge enamorado para lograr tu deshonra? No dés por mas tiem-
po oido á sus falsas palabras , sino quieres perder un bien pré-
cioso que no te devolverán el arrepentimiento y las lágrimas.
« Pobres débiles criaturas, ¡ cuán cobarde y traidoramente se
os seduce ! Si deseais evitar los lazos que la perfidia os tiende 3
desconfiad de los hombres todos , y no otorgueis á ninguno de
ellos vuestros favores hasta que os haya jurado eterna fé al pié
del ara.»>
Valentin se adelanta. ¿ A quién estás acechando aquí, maldito
cazador de ratones? Empieza por arrojar tu instrumento , que ya
enviaré yo luego al músico á todos los diablos. +
Mefistofeles. La guitarra está hecha pedazos ; no puede ya con-
tarse con ella.
Valentin. Pues solo falta ya rompernos la crisma.
Mefistofeles, á Fausto. Doctor , no os precipiteis: alerta, poneos
á mi lado , y esperad á que os dirija. ¡ Espada en mano y avan-
zad que yo pararé el golpe!
Valentin. ¡ Para pues esta !
Mefistofeles . ¿ Por qué no ?
Valentin. ¿Y esta?
Mefistofeles. Del mismo modo.
Valentin . Creo habérmelas con el mismo diablo. ¿Qué es esto?
¡ se paraliza mi mano !
Mefistofeles . Avanza .
Valentin , cae. ¡ Ay de mí!
Mefistofeles. Ya está amansado mi fiero campesino.
Ahora marchemos lo mas pronto posible , porque oigo gritar
al asesino. Yo me las compongo muy bien con la policía , pero
no sé avenirme mucho, con los jueces .
Marta, á la ventana . ¡ Socorro ! ¡ Socorro !
Margarita, tambien a la ventana . ¡ Aquí una luz ! ..
Marta, gritando. Se disputan , gritan , llaman y se baten.
El Pueblo. Hay un muerto.
Marta, saliendo . ¿ Si habrán huido ya los asesinos?
Margarita, saliendo . ¿ Quién es el muerto?
84 @ FAUSTO.
El Pueblo. El hijo de tu madre.
Margarita. ¡ Dios poderoso , qué desgracia !
Valentin. ¡ Me muero ! y creed que lo haré mejor que lo digo.
¿ Por qué estais aquí , oh mujeres, dando esos gritos y lamen-
tos? Venid y escuchadme. (Todos lo rodean.)
Margarita, bien lo ves, eres jóven y te falta práctica para ar-
reglar tus negocios ; te lo digo en confianza : ya que eres una
mujer perdida , sélo en regla.
Margarita. Dios mio ! hermano , ¿ qué es lo que dices ?
Valentin. No mezcles á Dios nuestro Señor en todo esto Lo
hecho , hecho est
está, y lo que ha de suceder sucederá. Has empe-
zado por amar ocultamente á un hombre, luego amarás á otros
y acabarás por amarlos a todos.
La vergüenza al nacer se ocultó ya con cierto misterio , se
cubrió con el negro velo de la noche y hasta hubiera querido
ahogarse á sí misma ; pero á medida que fué creciendo, empezó
á presentarse en público ; y sin embargo , á pesar de ser su ros-
tro cada vez mas feo y repugnante , solo desea ya ostentar sus
tristes galas en pleno dia.
En breve toda la gente honrada huirá de tí , como de un in-
fecto cadáver , y esperimentarás cada vez que te miren cara á
cara una confusion terrible que te hará estremecer hasta la mé-
dula de tus huesos. No habrá ya entonces para tí ni cadena de
oro, ni banco en la iglesia , ni gorguera bordada que atraiga en el
baile todas las miradas , teniendo tan solo un pobre jergon en
que tenderte en alguna enfermería . Aunque en su misericordia
infinita, Dios te perdone, continuarás siendo en el mundo objeto
de escarnio y de reprobacion.
Marta. Encomendad vuestra alma á Dios, lejos de mancharos
la conciencia con nuevas blasfemias.
Valentin Creeria perdonados todos mis pecados con solo po-
der caer sobre ti , infame medianera.
Margarita. ¡ Hermano mio , apiádate de mi horrible suplicio!
Valentin. Cesa de llorar inútilmente : tu falta ha sido para mí
un golpe terrible.... Cierra ya mis párpados el sueño de la muer-
te quiera Dios apiadarse del soldado que procuró en lo posible
cumplir como bueno. (Muere.)
00 am at
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 85

LA CATEDRAL.

Misa , órgano y canto.

Gretchen entre la multitud teniendo detrás al Espiritu maligno,

El Espiritu maligno . ¡ Qué tiempos aquellos , Margarita , en


que con el corazon inocente y puro te acercabas á esos altares
para elevar al cielo una plegaria que apenas podian murmurar
tus labios ! ¡ Qué tiempos aquellos en que solo te ocupaban Dios
y los juegos de la infancia ! Bien lo ves, Margarita , todo cam-
bia : díganlo sino tu cabeza y tu corazon , tan llenos ahora de
remordimiento , de miseria y de pena ! ¿Acaso vienes á orar por
el alma de tu madre infeliz que no pudo resistir el peso de tu
falta ? Y, ¿ no sientes agitarse algo en tu seno que te parece de
fatal presagio ?
Gretchen. ¡ Cuándo podré verme libre de las tristes ideas que
me dominan y causan mi suplicio!

Coro.
Dias iræ , Dias illa,
Solvet sæclum in favilla.
t
(Cantado al órgano .)

El Espiritu maligno. Ya estalla sobre ti la cólera del cielo ;


retiemblan los sepulcros al sonido de la trompeta del último jui-
cio ; estremecido tu cuerpo se agita entre el polvo en que des-
cansa , y en vano tiembla ante el castigo horrendo que para
siempre ha de sufrir en el infierno. and 300 Grod N
Gretchen. ¡ Cuánto daria por estar lejos de este sitio ; ese ór-
gano me oprime y me ahoga ! ¡ Tampoco puedo resistir por mas
tiempo esos cantos que me desgarran el almaholi ; Dinne
Coro.
arra ...aldingi 09h
Judex ergo cum sedebit , atusiga 2õid song
Quidquid latet apparebit ,
Nihil inultum remanebit. su omoo migog
Gretchen. Estoy en el círculo de hierro , todo me oprime ; la
bóveda que tengo sobre mi cabeza se baja y me aplasta. —¡ Me
falta airej!
86 FAUSTO .
El Espiritu maligno. ¡ Ocúltate! -El pecado, la vergüenza y
el adulterio deben envolverse en tenebroso vuelo. ¡ Ay de tí , si
buscas el aire y la luz !

Coro.
Quid sum miser tunc dicturus?
Quem patronum rogaturus ?
Cum vix justus sit securus.
El Espiritu maligno . Los bienaventurados apartan de tí su mi-
rada, y el justo que pasa no te tiende ya la mano. ¡ Cuán desdi-
chada eres!

32% Coro.
Quid sum misertunc dicturus ? elc.
Gretchen. Vecina, dadme vuestro pomo.

LA NOCHE DE WALPURGIS .

EL HARZ.
1
Montes de Schirke y Elend.

FAUSTO , MEFISTÓFELES.

Mefistofeles. ¿ No es verdad que aceptarias un palo de escoba?


De mi sé decirte , que desearia tener aquí el macho cabrio mas
vigoroso. Aun tenemos que andar gran trecho.
Fausto . Tengo aun fuerza en las piernas , y me basta por aho-
ra este palo nudoso. ¿ Por qué acortar el camino? ¿ Errar por el
laberinto de los valles , trepar por esas peñas , de cuyas cimas
brotan bulliciosas cascadas , no es lo que menos puede amenizar
nuestro viage? Todo se anima al aspecto de la primavera ; hasta
los pinos esperimentan su influencia benéfica ; y ya que en efecto
es así, ¿por qué no obra su influjo del mismo modo en nuestros
Amiembros ?o
Mefistofeles. De mí sé decirte, que no le esperimento en lo mas
mínimo ; téngo el invierno en el cuerpo, y quisiera siempre que
estuviese mi camino cubierto de nieve. ¡ Cuán tristemente sube
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 87
el disco de la luna con su resplandor tardío! ¡ Qué luz tan débil !
Vése uno expuesto á cada paso á dar contra un árbol ó contra un
peñasco. Aguarda á que llame un fuego fatuo , ya que veo uno
allí abajo oscilando á su antojo . ¡ Hola, amigo ! ¿ me atreveré á
pedirte que vengas hácia nosotros ?
El Fuego fatuo. Espero en vuestro obsequio , poder dominar
mi naturaleza ligera ; ya sabeis que nuestro movimiento es por
lo regular ondulante.
Mefistofeles. ¡ Ah ! ¡ ah ! i¡ ved como quiere el pícaro remedar á
los hombres ! Vé recto en nombre del diablo , ó apago tu chispa
vital.
El Fuego fatuo. Veo que sois aquí el jefe, y me someto gusto-
so á vuestros deseos . Pero pensadlo bien: el monte está hoy lleno
de encantamientos ; de modo que á ser un fuego fatuo el que
ha de serviros de guia , no podeis mostraros sobrado exigentes.

FAUSTO , MEFISTÓFELES Y EL FUEGO , cantando á coro.

« Hemos penetrado ya al parecer en un pais de quimeras ;


guíanos pues por entre los mil prodigios que nos cercan, fuego
fatuo, hasta el punto en que hemos de ver colmados nuestros
deseos. Confúndense de noche los árboles gigantes , la peña se
estremece sobre su base , y sus bocas de granito repiten los que-
jidos del viento.
Veo filtrar las corrientes al través de huecas piedras , y oigo
algo mas lejos un murmurio que parece un dulce canto de amor.
Voces de amor y de tormento , voces de festivos dias ; ¡ cuán
grato resuena en mi oido el eco que repite las armonías de pa-
sados tiempos !
Discordes, y hasta horribles , son empero , los nuevos gritos
que oigo, no hay buho, mochuelo, ni ave alguna de rapiña que
no lance al viento su triste chirrido ; salen del hueco de las pe-
ñas y de cada ruina, raices feas y estrañas que, cual brazos des-
carnados se tienden para coger al que acierte á pasar cerca de
ellas .
A cada paso se tropieza con mil ratones é inmundos insectos
que huyen despavoridos , aumentando el horror de este espan-
toso sitio, en el que se ven brillar la salamandra, el lagarto y la
culebra, merced à la repugnante brillantez que despiden sus es-
camas.
88 A FAUSTO.
No podemos continuar nuestra marcha, por ser cada vez mas
insuperables los obstáculos con que tropezamos ; ademas , em-
piezan á retemblar los montes vecinos desde su base hasta su
cumbre; y solo se ven brillar á lo lejos fuegos fatuos que en su
rápido aumento amenazan abrazarlo
글 todo . ¡ Quedémonos, pués ,
en este negro charco !»»>
Mefistofeles. Agárrate bien á mi vestido ! He aquí una cum-
bre intermedia , desde la que se descubren admirablemente los
resplandores de Manmon en la montaña.
Fausto. ¡ De qué modo tan singular brilla en el fondo de los
abismos el resplandor del crepúsculo ! Allí sube un vapor denso
y se desprenden de aquella nube mas apartada exhalaciones me-
filicas , mientras se ve brillar en el lado opuesto una llama que
se estiende á lo largo del valle para ir á concentrarse repentina-
mente en una estrecha garganta. Tambien cae á nuestros piés
una lluvia de chispas, que por todas partes dejan una gran capa
de polvo de oro . Pero mira, como en toda su altura se encienden
esas inmensas rocas !
Mefistofeles. ¿ Qué tal te parece el modo con que el señor Man-
mon ha iluminado su palacio para esta gran fiesta? Ha sido una
fortuna para tí el poder verlo. Ya presiento la llegada de los
huéspedes turbulentos.
Fausto. ¡Nunca habia oido rugir el huracan con tanto estruen-
do ! ¡ Me azota con tanta fuerza , que acabará por derribarme !
Mefistofeles. Agárrate á los picos de las rocas si no quieres
que te haga rodar hasta el fondo del abismo . Aumenta negra
nube la oscuridad de la noche ; crugen los árboles en el bosque
y huyen espantados los buhos . ¿ Oyes como se derrumban las
siempre verdes columnas de este palacio? ¿Oyes el triste crugido
de las ramas que se rasgan , el bamboleo de los troncos de los
árboles fuertemente sacudidos y su espantoso rumor al chocar
entre sí para caer unos sobre otros , mientras continúa braman-
do el huracan en las cavernas ? ¿Oyes un cúmulo de voces en
todas las alturas próximas y lejanas? Sí , resuena en la montaña
un furioso canto mágico.ao
Las brujas en coro. Ya que es verde el grano y amarillo el ras-
trojo, trepemos todas el Brocken , y allí reunidas circuirémos
el trono de Urian, situado en el mas alto de sus picos.
Voz. Ved como la vieja Baubo se dirige hácia nosotros veloz-
mente desde el llano , montada en su marrana.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 89
Coro. Honor al que sea digno de veneracion y de respeto, así
por sus merecimientos como por sus años ; inclinémonos pues
todos ante ella , ya que está al frente de todas las hechiceras com
nocidas.
Una voz. ¿Cuál es el camino que tú quieres seguir Pea ClosÁT
Otra. El de Ilsenstein , en el que distingo un nido con un her→
moso mochuelo que me mira de un modo particular
3
Otra. Vete á todos los diablos. ¿ Por qué corres de este modo?!
Otra. Me ha mordido desapiadadamente : ¡mira que herida! 5
Hechiceras , coro. Sigamos adelante por mas que ruja la tem-
pestad y que sea áspero el camino , á cada palo que se rompas
otro nuevo ; mientras el niño llora , hace su madre jorobas.
Hechiceras , medio coro . Vamos á paso de tortuga, ved cuanto
nos adelanta aquel grupo de mujeres ; pero no debe esto admi-
rarnos, porque sabido es que la mujer para el mal tiene alas."
Otro medio coro . No debe esto sorprendernos , porque cual
quiera que sea el punto á que la mujer se dirige, ha de dar mil
pasos para hacer lo que el hombre de un brinco.
Voz de lo alto. Adelante , adelante , salid de ese mar de ro-
cas. ཀེ་ན ། ོ་ རྗ
Voz de abajo. De buen grado os seguiríamos ahora mismo á
las alturas y á la luz ; pero estamos condenadas á gemir en elf
fondo de esta cantera y á ser siempre estériles.
Los dos coros . Ya cesó de rugir la tormenta , la estrella huye,
la luna se vela , y continua el tumultuoso coro de hechiceras
cabalgando ó agitándose en la noche sombría; no se vé mas res-
plandor que el de las innumerables chispas que despiden.
Voz de abajo : ¡ Deteneos !
Voz de lo alto. ¿ Quién me llama desde las grietas de las rocas?
Voz de abajo. Por piedad, llevadme con vosotras. Hace tres
siglos que me arrastro en vano ; sed compasivas y permitidme
llegar á la cumbre ; no podeis figuraros cuanto deseo hallarme
entre mis semejantes. 'n Kel de retesnt liab
Los dos coros. Apodérese cada cual de su palo , escoba ú hor-
quilla , puesto que la hechicera ó diablo que no suba hoy , está
¡rremisiblemente perdido."
Medio Hechicera de abajo . Muy léjos están ya todos los demás
desde que yo me arrastro en vano, sin omitir trabajo , cuidados ,
penas y tormentos para salir de esta caverna que será mi eterno
suplicio. bad vui ,onall is obesh glaso
90 FAUSTO .
Canto de Hechiceras. Hay cierto ungüento que reanima las
hechiceras ; así que , con una artecilla por nave y un trapo por
vela , irémos como el viento. La que hoy no vuele, no volará ya
nunca mas.
Los dos coros. Disponeos todos á saltar en tierra , porque ya
llegamos á la mas alta cumbre ; desde ahora podeis ya formar
los grupos que han de ocupar estas comarcas.
Mefistofeles. Mira como se agrupan , estrechan , estremecen y
repelen entre sí , y como todo resplandece , brilla , arde y se in-
flama : esto si que es un verdader elemento de brujas. No me
sueltes si no quieres que en breve estemos separados. ¿ Dónde
estás ?
Fausto. Aquí.
Mefistofeles. ¡ Cómo ! ¿Ya estás allá abajo . Preciso me será
usar de mi derecho de dueño . Despejad , que viene el señor Vo-
lant ; despejad, amable canalla , despejad. Aquí doctor , no me
sueltes ya , y salgamos de entre esta turba ; ya es esto harto gro-
tesco hasta para mis semejantes. Hay aquí cerca algo que brilla
de un modo estraño , y que me atrae hácia aquellos zarzales .
Ven , ven , y penetrarémos en ellos.
Fausto. Espíritu de contradiccion , condúceme á donde mejor
te parezca. Al pensar en ello , no puedo menos de admirar el ór-
den que reina aqui en todo . Subimos al Brocken en la noche de
Walpurgis , y podemos muy bien aislarnos á nuestro antojo .
Mefistofeles. Mira que llamas tan variadas : es un alegre club
que se reune , ya ves que ni aun en este pequeño mundo está
uno solo.
Fausto. Yo preferiria encontrarme allá arriba ; ya veo la lla-
ma y los torbellinos de humo , allí toda la multitud se agrupa en
torno del espíritu del mal ; allí es donde debe decifrarse mas de
un enigma.
Mefistofeles. En cambio , tambien se forman allí muchos. De-
ja que la multitud allí se agite y zumbe , mientras nosotros des-
cansarémos aquí tranquilamente : es cosa ya sabida desde mu-
cho tiempo que en el gran mundo se hacen pequeños mundos.
Veo allí algunas hechiceras jóvenes enteramente desnudas , y
otras viejas que se cubren con mucho recato. Sed amables por
mi amor, ya que cuesta tan poco y que contribuye tanto á au-
mentar el placer y la zumba. Oigo algunos instrumentos ; mal-
dita cencerrada , á la que debe uno acostumbrarse. Ven conmi-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 91
go, ven , puesto que no hay otro camino ; deseoso de prestarte
un nuevo servicio , voy á introducirte y presentarte á la alegre
comitiva. ¿ Qué tal te parece todo esto , amigo mio? el sitio no
es muy reducido , pues ya ves que por aquella parte no tiene
límites. Hay mas de cien fuegos en torno de los que se canta, se 1
charla , se guisa , se bebe y se ama : dime , ¿ puede haber cosa
mejor ?
Fausto. ¿Quiéres obrar como mágico ó como diablo para in-
troducirnos ?
Mefistofeles . Aunque en verdad estoy muy acostumbrado ávir
de incógnito , como es hoy dia de gala , preciso será ostentar to
das las distinciones ; aunque me falta aquí el órden de la jarre
tiera no me apuro , por ser tenido en gran respeto el pié del
caballo. ¿ Ves ese caracol que se arrastra hácia nosotros ? Viene
para esplorar el terreno , verá sin duda algo en mí que inutili➡
zaria todos los disfraces . Sigueme , pues , irémos de fuego en
fuego ; yo será elpregunton y tú el galan. ( A algunos que habia
sentados al rededor deuna lumbre. ) Mis queridos señores , ¿ qué
haceis en ese rincon ? En verdad no me admiraria tanto el ha
llaros en medio del tumulto entre aquella juventud ardiente .
Siempre puede uno retirarse á tiempo.
Un General. Los pueblos son como las mujeres , por mas que
uno baga por ellos , la juventud es siempre preferida.
Un Ministro. Todo va ahora de mal en peor , así es , que yo
estoy por lo antiguo ; entonces , francamente habia crédito, y éra
el verda deroiglo de oro.
Un Magnate improvisado . A pesar de no tener pelo de tontos ,
hemos visto destruir todo aquello que mas procurábamos con-
servar.
Un Autor. ¿ Quién puede leer ahora una obra que esté me→
dianamente escrita? Y sin embargo , nunca habia visto á la ju-
ventud tan infatuada..
Mefistofeles , apareciendo de repente en estremo viejo. Ahora
que por última vez subo al Brocken , veo en la madureza del
pueblo que está ya dispuesto para el último juicio ; apostària á
que toca el mundo á su término .
Hechicera revendedora . Señores , no paseis así , aprovechad
la ocasion ; mirad cuan hermosos y variados son los géneros que
os ofrezco . Y sin embargo , nada hay en mi tienda , sin igual en
el mundo, nada hay que no haya servido en gran perjuicio de los
92 FAUSTO.
hombres y del mundo . Ni un puñal que no haya chorreado de
sangre , ni una copa que no haya contenido un veneno de fuego
para dar muerte á un cuerpo robusto y sanò , ni una alhaja que
no haya seducido á alguna mujer honrada, ni una espada que
no haya herido alevosamente al enemigo.
Mefistofeles . Señora mia , veo que no comprendeis los tiempos
presentes: lo hecho , hecho está ; procuradnos novedades , por-
que solo nos llama la atencion lo nuevo.
Fausto. Sí , presentadme cosas nuevas que casi me hagan ol-
vidar de mí mismo , si quereis que llame á esto una feria.
Mefistofeles. Todo el remolino tiende hácia arriba ; tú crees
impeler y eres impelido.
Fausto. ¿ Quién es aquella?
Mefistofeles. Mírala bien : es Lilith.
Fausto. ¿ Quién ?
-Mefistofeles. La primera mujer de Adan . No te seduzcan sus
hermosos cabellos , por mas que sea un rico adorno que con-
tribuye tanto á su belleza , porque cuando con ellos llega á al-
canzar á un jóven , no lo suelta ya mas.
Fausto. Veo allá dos que están sentadas , una vieja y otra jó-
ven , que tienen trazas de haber hecho hoy de las suyas.
Mefistofeles. Y que es preciso no dejar descansar ; ya que se
anuncia otra danza , irémos á sacarlas nosotros.
Fausto , bailando con la jóven. En grato sueño ví anoche un
manzano cargado de hermosa frula , que ufano se alzaba entre
la yerba ; subíme á él, y galan me ofreció las dos mejores man-
zanas de su fecundo seno.
La Hermosa. Aquellas dos manzanas coloradas que en el pa-
raiso terrenal nacieron , y que à vos tanto la atencion os lla-
man , tambien las tengo yo en mi jardin ameno.
Mefistofeles , con la vieja. Vi ayer en loco desvarío un árbol
viejo , hendido y seco que llegó á embelesarme.
La Vieja. Y yo reconocida, saludo al pati-cojo que me pro-
cura momentos de placer y de verdadera dicha.
El Protofantasmista. ¡ Maldita raza ! ¿ Qué es lo que estais
haciendo ? ¿ Acaso no se os ha enseñado tiempo ha que nunca
debia un espíritu tenerse sobre sus piés? Y, sin embargo , estais
bailando como nosotros los hombres.
La Hermosa. ¿ Qué interés tiene ese en nuestro baile ?
Fausto. Siempre se le vé en todas partes para criticar á los
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 93
que bailan ; si no puede emitir su opinion sobre cada paso, es
este considerado como nulo ó no hecho ; lo que mas le incomo-
da es vernos adelantar . Si quisieseis siempre girar sobre un
mismo círculo , como lo hace él en su viejo molino , os aplau-
diria frenéticamente , sobre todo si procurabais atraérosle con
una demostracion cualquiera .
El Protofantasmista. ¿ Aun continuais aquí ? Esto es inaudi-
to. Desapareced desde luego , puesto que asi lo hemos mandado;
nunca sabrá esa raza diabólica respetar nuestras leyes ; ¡ somos
tan sabios , y sin embargo , hay siempre trasgos y duendes en
la tierra. ¡Cuánto tiempo ha que me tortura esta idea ! y nunca
esto se aclara : es verdaderamente una cosa inaudita.
La Hermosa . Cesad pues de fastidiarnos inútilmente.
El Prolofantasmista. Espíritus , lo digo y lo repito en vuestra
presencia : el despotismo del espíritu me es intolerable ; el mio
no puede ejercerle. ( Continuan bailando . ) Lo veo hoy claramen-
te : no sacaré de ello ningun partido ; sin embargo , estoy resuel-
to á seguirles , seguro de que antes de dar mi último paso , lo-
graré triunfar de diablos y de poetas.
Mefistofeles. Ahora va á zambullirse en el agua , porque solo
en ella encuentra alivio ; cuando las sanguijuelas se han cebado
bien en su trasero , queda curado de las apariciones y de su po-
bre espíritu. ( A Fausto que ha dejado de bailar . ) ¿ Por qué has
dejado á la hermosa jóven que con tanta gracia te escitaba al
baile?
Fausto. Porque mientras cantaba le salió de la boca un raton
colorado.
Mefistofeles. ¡ Hé aquí en verdad una cosa terrible ! Pero no
debes hacerle gran caso ; peor seria que el raton hubiese sido
pardo . ¿ Quién da importancia á la hora del pastor ?
Fausto. Luego he visto ....
Mefistofeles. ¿ Qué ?
Fausto. ¿ Ves allí una jóven pálida que está separada de to-
das las demás ? Mira , como se retira á paso lento parece que
anda á piéjuntillas ; & no es verdad que se parece mucho á la po-
bre Margarita ? 1
Mefistofeles. Deja ese recuerdo , si no quieres entristecerte.
Es una figura fantástica , una figura sin vida , un espectro. Ha-
ríamos muy mal en seguirla ; su mirada fija hiela la sangre , y
casi convertiria al hombre en piedra . Ya has oido hablar de
Medusa.
194 28 yu FAUSTO.
Fausto. Como tú dices , son sus ojos los de una muerta , ojos
que no ha cerrado ninguna mano amiga ; pero aquel es tambien
el seno que me entregó Margarita, aquel el cuerpo que fué para
mí un manantial de delicias.
Mefistofeles. ¡ Pobre loco ! ¿ Por qué tan fácilmente te dejas
engañar por la mágia ? Todos los que piensan como tú , creerian
ver en ella á su querida.
Fausto. *i Oh tormento voluptuoso y horrible ! No puedo evi-
tar su mirada : ¡ qué estraño adorno lleva en derredor de su
hermoso cuello ! ¡ es una pequeña cinta encarnada , que no es
mas ancha que el canto de un cuchillo !
Mefistofeles . Es cierto , tambien yo la veo ; podria llevar así
mismo su cabeza debajo del brazo , por habérsela cortado Per-
seo .; Siempre entregado á las mismas ilusiones ! Ven á esta co-
lina , tan agradable como el mismo Prater. ¡ Ah ! no me han en-
gañado : hay un verdadero teatro : ¿ veamos lo que representan?
Servibilis. Va á empezarse de nuevo : será la séptima y últi-
ma de las piezas que se han dado , cuyo número es el que acos-
tumbramos á ofrecer siempre al público . Un aficionado la ha
escrito , y está confiado u desempeño á otros aficionados. Dis-
pensadme , señores , el que desaparezca; porque mi aficion con-
siste en levantar el telon .
Mefistofeles. Mucho me complace el veros en Blocksberg ,
porque estais en vuestro puesto.

Sueño de la noche de Walpurgis , o bodas de


Oberon y de Titania.

INTERMEDIO . ( 1 )

Director de escena . Hijos esforzados de Mieding , hora es ya


de que tomemos aliento y descansemos contemplando la escena
que ofrecen á nuestros ojos este antiguo monte y sus rientes
valles
Un Heraldo . Para que sea de oro nuestra boda , no debemos
contraerla hasta los cincuenta años , en cuya edad quedn ater-
(4) Por mas que los nombres de Oberon y Titania nos recuerden la Tem-
pestad y una Noche de Verano del inmortal Shakspeare, ninguna relacion
tiene con aquellas dos obras el intermedio de Goethe que solo se propone
con sus Bodas de oro satirizar las estravagancias filosóficas y literarias de
sus contemporáneos.
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA . $95
minadas todas las querellas , y es mayor aun el encanto que para
nosotros tiene aquel precioso metal .
Oberon. Espíritus todos , acudid solícitos á mi lado , ya que el
rey y la reina van en esta hora solemne à unirse de nuevo. Que
ninguno de vosotros se olvide de tributarles los honores que les
son debidos.
Puck. Ya Puck en espiral atraviesa el espacio , sin contar los
cien otros que le siguen agitándose en el aire para acudir al
punto á que el deber les llama á todos.
Ariel. Empieza su canto el fantástico Ariel , y como no hay
ser humano que no se enternezca á su voz melodiosa , pronto
logra atraer á todas las beldades.
Oberon. Que los que quieran vivir bien sigan nuestro ejem-
plo : nunca se aman tanto dos esposos , como despues de haber
estado por mucho tiempo separados. Es innegable que la sacie-
dad da muerte al deseo.
Titania. Para evitar que el capricho y el mal humor no tur-
ben la dulce paz que ha de reinar en un matrimonio , debe el
hombre vivir en el Mediodia y la mujer en el Norte.
Orquesta tutti. Fortissimo. Moscas , moscardones , ranas, gri-
llos , cigarras y todas cuantas especies de animales se vieron de
mas horrible canto dotados por natura , serán hoy nuestros con-
certantes. ¡ Qué dulce armonía nos está reservada !
Solo. Es la zampoña el primero de los instrumentos para ale-
grar los campos . ¡ Como se hincha de placer el corazon de los
jóvenes aldeanos al oir el primero de sus tiernos acentos !
Espiritu que acaba de formarse. Ved á ese pequeño ser que
apenas puede arrastrarse por el polvo y que se parece en lo re-
pugnante á la araña , como á pesar de su fealdad y del horror
que inspira , es un verdadero poema.
Una tierna pareja . ¿ Por qué altivo te diriges á la feliz coli-
na , de la que brotan en abundancia la miel y los aromas , si
estás segura de no llegar nunca á su dichosa cumbre ?
Un Viajero curioso . No habia visto en mi vida una masca-
rada igual ; solo me falta ver ya al dios Oberon ostentando sus
brillantes colores para animar aun mas esta fiesta verdadera-
mente regia.
Un Ortodoxo. Aun que le falten las garras y los cuernos , no
me queda duda alguna de que es tan diablo como lo eran todos
los dioses de la antigua Grecia.
96 FAUSTO.
Un Artista del Norte . Simples bosquejos han sido hasta ahora
mis obras , pero desde hoy me preparo para mi viaje á esa her-
mosa Italia ?, constante objeto de todos mis ensueños.
Un Purista. La desgracia es la que me conduce aquí. ¡ Cómo
no aniquilan , oh dioses , vuestros rayos á ese cúmulo de hechi-
ceras , entre las que solo hay dos de empolvadas !
Jóven Hechicera . Ostente su vano adorno la vejez arrugada y
flaca , que yo prefiero en mucho lucir mis gracias naturales en
pleno dia , y hasta si es posible , en toda su desnudez , para ma-
yor encanto.
Una Matrona . Esas gracias , de que tanto os enorgulleceis ,
pronto se desvanecerán como el humo ; tambien nosotras , cual
vos , fuímos hermosas , y está hoy nuestro cuerpo arrugado y
próximo á pudrirse , como se pudrirá el vuestro un dia.
Un Maestro de Capilla. Moscas y demás avechuchos que for-
mais la orquesta , no olvideis ni una sola de las notas , á fin de
que se tiren ála vez vuestra destreza y vuestra armonía .
Vele
? vuelta de un lado . Todo en este baile atronador me
admira , así el profundo saber de los profesores y cantantes ,
como la gracia y la inocencia de los danzantes, personas todas de
grandes esperanzas .
Veleta , vuella del lado opuesto . Si no se abre ahora mismo la
tierra para tragarse á toda esa infernal canalla, voy a precipitar-
me á los profundos abismos.
Xenies. ( 1) Aunque verdaderos insectos con dientes de cule-
bra , nada omitimos para hacer mas esplendentes la gloria y las
obras de nuestro bueno y querido abuelo Satan .
Hennings. Al verles así reunirse y bromear sencillamente ,
cualquiera que no les• conociese se convenceria de que están
dotados de un corazon noble y generoso.
Musagette. Tienen para mí tales encantos esas hechiceras jó-
venes y hermosas , que preferiria vivir entre ellas , á dirigir el
tan celebrado
c coro de musas del Pindo.
Ex- Genio del Tiempo. Agárrate á mí si quieres ser pronto un
oráculo , y que se te abran de par en par las puertas del Par-
naso aleman. De lo contrario dificilmente inscribirás tu nombre
en aquel templo inmortal de la fama.
-211100R00
(1) Coleccion de epigramas publicados por Goethe y Schiller , en contes-
tacion á los ataques que les dirigian varios periódicos de Alemania.
T
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 97%
Viajero curioso. ¿ Qué nombre dais á ese pedante que va tan
henchido de su propio mérito ? ¿ A quién persigue ?
- « A los jesuitas , cuya pista sigue con el mayor empeño. >»
Una Grulla . Para pescar no me importa que sea el agua clara
ó turbia ; por eso no hay pez alguno que esté libre de mi pico.
¡ Cuánto pudiera deciros de los que hacen lo mismo !
Un Mundano. ¡ A cuántos una falsa piedad sirve de máscara!
Muchos sé yo que con frecuencia se reunen sobre el Blocksberg,
con un fin muy distinto del que aparentan ,
Un Bailarin. Veo llegar nuevos coros y tambores , y oigo que
resuena nuevamente la trompa ; pero no , me engaño : es una
voz áspera que canta en los caña verales.
Un maestro de danza . Baile por cierto es este muy singular :
todos desempeñan magníficamente su parel ; lo mismo salta y
da vueltas el cojo que el del abultado abdomen .
Un tocador de gaita ¡ Como se odia esta maldita raza ! ¡Ay de
ellos á no haberles puesto la gaita de acuerdo , como lo hacia
en otro tiempo la dorada lira con los tigres y leones en los
montes de Tracia!
Un dogmático. Por mas razon que tenga , no siempre me es
dado alcanzar el triunfo ; preciso es pues confesar que bien de
be el diablo entrometerse en algo, y que ha de tener mas impor-
tancia de la que le damos.
Un idealista . La imaginacion empieza á absorverme la inteli…
gencia. Si lo soy todo , debo tambien ser necesariamente estú- 护
pido.
Un realista . El ser me ocupa y me atormenta de modo que me
veo en los mas grandes apuros ; apenas pueden mis piernas sos-
tenerme ; sucumbo .
Un supernaturalista. Mucho me complace el verme entre esta
bulliciosa turba , en la que hasta los mismos diablos parecen
convertirse en genios benéficos .
Un Escéptico. Engañados por esos fuegos fátuos , creen haber
llegado al colmo de todos sus deseos . Ya que el diablo y là du-
da son inseparables , aqui voy á plantar mis reales.10
El Director de Orquesta. Grillo adulador de la violeta , y vo
sotros , moscas , moscardones y demás avechuchos de etern
zumbido , sois unos malos dilettanti , y aun peores concertis
tas. AGASIN , ab near sia? 19
Los Hábiles. Nada nos dá cuidado , dotados de miembros ági
7
98 FAUSTO.
les y sútiles , si no podemos andar con los piés , andarémos con
la cabeza.
Los Glotones. Al solo recuerdo de los bellos tiempos en que
comíamos tan escelentes bocados , aun descalzos , por haberlo
gastado todo en francachelas , no hemos podido menos de asistir
á esta gran fiesta.
Fuegos Fátuos. Aunque salidos del lodo inmundo de que so-
mos hijos , se nos considera aquí como de regia estirpe , solo
porque con el fugaz resplandor de nuestros colores deslumbra-
mos á los tontos.
1 Una Estrella caida . Despues de haber brillado en la celeste
bóveda , me veo aquí en la yerba confundida entre gusanos.
¿ Quién podrá hacerme recobrar mi alto destino ?
Los Macizos. Que todo cuanto haya en torno nuestro se incli-
ne , humille y doble ; somos espíritus fuertes , y nuestra planta
es de hierro,,, NE
2 Puck. Mas bien que espíritus , parecen una manada de ele-
fantes ; casi me atreveria á suplicarles que no pesasen tanto
como el pesado Puck.
Ariel. Ya que la naturaleza os dió en su amor alas divinas ,
seguidme á los montes vecinos donde florecen para mí las cam-
pestres rosas. 1
La Orquesta. Pianissimo . ¡ El viento murmura entre las ca-
ñas , la niebla desaparece ante una luz pura y blanquecina y
los sueños se desvanecen , sin que quede de ello mas que un re-
cuerdo vago !

UNA LLANURA.

Dia nebuloso.

FAUSTO , MEFISTÓFeles.

Fausto. Verse encerrado en una triste cárcel , víctima de la


miseria y de la desesperacion , ¡ quién lo creyera! ¡ Pobre angeli-
cal criatura ! ¡ Yo soy la causa de que , como vil criminal te
veas sumida en un oscuro calabozo donde te aguardan horrendos
suplicios ! Cobarde impostor , infame espíritu , ¿ por qué me
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 99
lo ocultabas ? - Habla y no muevas con furor tus ojos diabó-
licos , pues ya sabes cuanto me disgusta tu presencia . Estaba so-
la , en la cárcel , espuesta á una miseria irreparable , stn mas
apoyo que el del espíritu del mal y el de la humanidad que juz
ga sin tener alma ; y entre tanto tú procurabas distraerme con
insípidas fiestas , ocultándome su mortal angustia para que ca-
reciese de todo recurso..
Mefistofeles. No es la primera que se ha visto en tales apuros ,
Fausto. i¡ Maldito animal, detestable monstruo ! ¡ Espíritu in-
finito y eterno , dale otra vez su primitiva forma de perro , bajo
la cual tanto se complacia en acompañarme de noche , solo por
atropellar al viajero y arrojarse sobre él despues de haberle der-
ribado ! Vuelve á darle su forma predilecta , para que cuando
ante mi salte sobre la arena , pueda yo aplastarle . ¡ No es la
primera ! Horror me causa el pensar que hayan caido tantas
almas en ese abismo de miseria; ¿ por qué la primera en su ago-
nía lenta y terrible no borró la falta de todas las demás á los ojos
de la eterna misericordia ? La miseria de aquella sola hace es-
tremecer la médula de mis huesos , y tú te sonries con indife-
rencia ante la desgracia de otras mil.
Mefistofeles . Apenas has dado un paso en mi camino , y como
á todo hombre , se le trastorna ya el juicio. ¿ Por qué formais
pues causa comun con nosotros , sino podeis soportar despues
las consecuencias de nuestra union ? ¡ Quiéres volar y no te ves
aun libre del vértigo ! ¿ No eres tú el que me invocaste ?"
Fausto. Me horrorizas cada vez que te veo dentellear de este
modo. Grande y sublime espíritu que te me apareciste , tú
que conoces mi corazon y mi alma , ¿ por qué me encadenas-
te con este miserable que solo se complace con los desastres y
la ruina?
Mefistofeles. ¿ Has concluido ?
Fausto. Sálvala , sino quieres que caiga sobre tí por miles de
años la mas terrible de las maldiciones .
Mefistofeles . No puedo romper los lazos de la justicia , ni tam-
poco derribar sus cerrojos . ¡ Sálvala ! · ¿ Quién la arrastró
al abismo ? ¿ Tú ó yo ? 1
(Fausto lanza en su derredor terribles miradas .)
Mefistofeles. ¡ Quisieras ahora disponer del trueno ! Pero feliz-
mente no es esto permitido , débiles mortales. Aplastar al ino-
cente que opone noble resistencia , he aquí el modo con que
100 AIORDART & FAUSTO.AT
usan de él tos tiranos en sus perplejidades, para salir de apuros.
Fausto. Conduceme á su lado ; es menester que sea libre.
Mefistofeless Piensa en el peligro á que vas á esponerte , y en
que está aun humeando la sangre derramada por tu mano. Sobre
el cadáver se ciernen aun los espíritus vengadores que están
acechando al asesino.m 2
Fausto, Aun te atreves.... Pese sobre tí un mundo de muer-
te y de ruinas , mónstruo horrible ! Te digo que me conduzcas á
su lado , para que pueda librarla. s ro pokaz
Mefistofeless Te acompañaré allí , que es todo cuanto puedo
hacer , pues bien sabes que ni en el cielo ni en la tierra soy
omnipotente. Turbaré da razon del carcelero , para que te apo-
deres de las llaves ; pero debo advertirte que solo una mano
humana puede libertarla. Por mi parte , solo podré vigilar ,
disponer los caballos encantados y poneros en salvo ...
Fausto. Prudencia y partamos.
£62 *oup 801evoli en! à esot

0.1gfcb adat oop LA NOCHE .

Wapp stent w ▲ campo raso.


Fausto , Mefistofeles , galopando sobre yeguas negras..
Fausto. ¿ Qué objetos serán aquellos que se mueven en el lu-
gar del suplicio ? }
Mefistofeles . No sé en lo que pueden ocuparse.
** Fausto. Se están agitando de una á otra parte , y tan pronto
están de pié como echados.
Mefistofeles. Un conciliábulo de brujas.
Fausto. En efecto , rocían y manipulan.
Mefistofeles. Adelante , adelante .

UN CALABOZO.

Fausto , con un manojo de llaves y una lámpara , delante de


una pequeña puerta de hierro. Siento apoderarse de mí un es-
remecimiento inusitado , al solo aspecto de todas las calamida-
des humanas. Aquí es donde ella habita , sin que nos separe ya
nas que esta pared triste y húmeda ; y no consistió su crímen
mas que una grata ilusion ! ¡ Tiemblas al acercarte á ella ! ¡ te-
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 101
mes volver á verla ! Pero entra, porque en tu irresolucion trans-
curre el tiempo que la separa aun del suplicious 33 ..
(Coge la llave, Cantan dentro. )
«Despues de haberme dado muerte y comidome mis bárbaros
padres , arrojó una hermanita mis mondados huesos val piés de
un viejo sauce , junto al cual corria un manso arroyo. Apenas
habia transcurrido un mes , cuando me vi convertidas en ave
hermosa de los bosques , sin parar desde entonces mi vuelo.» - »
Fausto, abriendo la puerta . ¡ Cuán lejos está de creer que su
amante la busca , que oye el rumor de sus cadenas y hasta el
crugir de la paja sobre que está echada ! (Entra. ): 290 )
Margarita , recostada en su pobre lecho , procurando ocultar-
se. ¡Ah ! ya vienen.... ¡ Muerte espantosa !!
Fausto , en voz baja. ¡ Silencio ! ¡ silencio ! vengo a salvarte.
Margarita , arrastrándose hasta él. Si eres hombre , compa→→
décete de mi triste suerte.
Fausto. Vas á despertar con tus voces á los llaveros que están
dormidos. (Procura quitarle las cadenas.)
Margarita , arrodillada. Verdugo , ¿ quién te ha dado tanto
poder sobre mí? ¡ No es mas que media noche y vienes ya á
buscarme ! Apiádate de mí , y déjame vivir hasta que rompa el
dia , ¿ acaso no es un plazo bastante corto ? Soy aun tan jóven
para morir ! Tambien fuí hermosa por mi desgracia. Mi amado
estaba cerca de mí y ahora está muy lejos ; no queda de mi co-
rona ni una sola de sus flores.... No me cojas tan bruscamente;
antes bien trátame con dulzura , ya que ningun mal te he hecho.
No seas insensible á mi dolor , puesto que ni siquiera te he visto
en mi vida.
Fausto. Tengo el corazon desgarrado.
MARGARITA. Estoy enteramente en tu poder ; permíteme dar
el pecho á mi hijo ; toda esta noche le he estado meciendo en
mi seno ; y luego me lo han quitado para atormentarme , di-
ciendo ahora que soy yo quien lo ha muerto.
Fausto , arrojándose á sus piés. A tus plantas tienes elhombre
que te ama, y que viene á abrir la puerta de tu triste cautiverio.
Margarita , arrodillándose á su vez. Si , sí, arrodillémonos
para implorar la proteccion del cielo , ya que debajo de esas
gradas y de ese umbral está hirviendo el infierno : i si oyeses el
espantoso estruendo que hace con sus rugidos el maligno espí-
71

ritu !
81
9
102 SAIPART FAUSTO .
Fausto, en alta voz. ¡ Margarita ! ¡ Margarita!
Margarita , prestando atencion . Era la voz de mi amado. (Se
levanta yle caen las cadenas. ) ¿ Dónde está? El era quien me
llamaba ; desde ahora estoy libre , ya no hay quien pueda dete-
nerme. Quiero volar á sus brazos y descansar en su pecho .
Margarita ha dicho , desde el umbral de la puerta, y en medio
de los ahullidos y el estruendo del infierno y de las terribles ri-
sotadas de los condenados, he reconocido su voz dulce y amada .
Fausto. Si , yo soy!
Margarita! ¡ Eres tú ! jah ! ¡ vuelve a decírmelo ! ( Le abraza .)
→ ji El! ¡él ! ¿ Qué se han hecho ahora todos los tormentos , todas
las angustias , la agonía de los calabozos , y el rigor de mis ca-
“denas ? Eres tú , que vienes á salvarme ; ¡ estoy ya salvada ! —
Sí, he aquí la calle en que te vi por vez primera, y allí el her-
moso jardin en que os estábamos aguardando con Marta .
Fausto, atrayéndola hácia sí. ¡ Sígueme ! ven ; no perdamo
liempo.
Margarita. ¡ Ah ! ¡ quédate ! ¡ Me gusta tanto estar junto á tí!
-1
(Le prodiga las mas tiernas caricias . )
Fausto . Date prisa, porque no hay un momento que perder,
sino queremos pagarlo muy caro .
Margarita . ¡ Cómo ! ¿no puedes ya abrazarme? ¿ Es posible ,
amado mio, que en tan poco tiempo hayas perdido ya la costum.
bre de abrazarme ? ¿De qué procede esa angustia que ahora
siento en
en tus brazos , cuando en otro tiempo bastaba la menor de
tus palabras ó una sola de tus miradas para convertir mi alma
en cielo ? ¡ Abrázame ỏ te abrazo ! ( Le echa los brazos al cue-
}
llo. Cielos ! Tu labio está callado y frio . ¿ Qué ha sido de tu
amor? ¿ quién me le ha arrebatado? (Se separa de él.)
Fausto. Ven , sígueme , dulce amiga ; aliéntate la idea de que
es infinito el ardor con que te amo . Solo te pido que me sigas.
Margarita , fjando su vista en él. ¿ Luego eres tú? ¿Estás se-
guro de ello ?
Fausto! Si, yo soy: sigueme desde luego.
6 Margarita. Tú rompes mis cadenas y vuelves á admitirme en
tu seno: ¿ cómo es que mi vista te causa horror? ¿ Ya sabes ,
querido mio, á quien das la libertad?
~ Fausto¹® Ven, ven, porque es la noche cada vez menos oscura.
** Margarita . Maté á mi madre y he ahogado á mi hijo , que lo
" era tambien tuv tuyo. Y eres tú ! apenas lo creo. Dame tu mano
PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA , 103
para que me convenza de que no es esto un sueño ; dame tu
mano querida.— ¡ Ah ! ¡ pero está húmedal, enjúgala ! Se me fi-
gura que está ensangrentada : ¡ Dios mio ! & qué has hecho ? Te
suplico que envaines esa espada.
f
Fausto. Lo pasado no tiene remedio , deja de pensar en ello ;
¿quiéres pues que yo muera?
Margarita. No. Preciso es que tú vivas. Quiero nombrarte los
sepulcros de que te has de cuidar desde mañana ; harás que sea
el mejor para mi madre ; colocarás á mi hermano cerca de ella y
estará el mio algo apartado, pero no á mucha distancia, poniendo
nuestro hijo sobre mi costado derecho . Nadie mas querrá des-
cansar cerca de mí.-Estar siempre á tu lado era para mí la ma-
yor dicha ; pero no solo ya he dejado de sentirla, sino que hasta
creo haber de hacerme violencia para acercarme, por temer que
me rechaces. Y, sin embargo eres tú, ¡ y me miras con tan dulce
• ternura !
Fausto. Ya ves que soy yo , ven desde luego .
Margarita. ¿ Dónde quieres que vaya ?
Fausto. Afuera para alcanzar la libertad.
Margarita. Afuera hay el sepulcro y la muerte que me está
acechando ; vamos , ven á mi lado por última vez , ya que he de
ir desde aquí al lecho del reposo eterno.¿Partes, Enrique? ¡Ah !
¡ si yo pudiese acompañarte!
Fausto. Puedes hacerlo si quieres : la puerta está abierta.
Margarita. No me atrevo á salir , porque ya nada espero .
Además, ¿ de qué nos serviria buir ? si lograrian tambien darnos
alcance. ¡ Es tan triste tener que mendigar con la conciencia man-
chada y arrastrar una existencia miserable en país estranjero !
Por otra parte , como lo he dicho ya , tampoco lograria esca-
parme.
Fausto. Pues yo tambien me quedaré á tu lado.
Margarita. ¡ Pronto, pronto , salva á lu pobre hijo ! Vé por el
camino que hay á lo largo del arroyo , y no pares hasta el es-
tanque que hay mas allá del pequeño puente de madera, donde
le encontrarás luchando aun para salir del agua. Sobre todo ,
procura salvarle.
Fausto. Vuelve en ti : eres libre solo con dar un paso.
Margarita. Si tan solo hubiésemos podido salyar la monta-
ña habríamos hallado á mi madre sentada en una piedra ! Que
frio siento en mí.... Allí está mi madre sentada en una piedra ,
104 FAUSTO.
moviendo la cabeza ; pero sin hacerme ninguna señal ni mirar-
me siquiera , despues de haber dormido tanto tiempo. Tambien
dormia durante nuestros placeres ! ¡ cuán pronto pasaron aque-
llas horas deliciosas !
Fausto. Ya que nada pueden ni mis palabras ni mis súplicas,
preciso me es arrancarte de aquí á viva fuerza.
Margarita. Déjame, no emplees la violencia , y deja de asir-
me tan bruscamente. ¿ No sabes que todo me obligó á hacerlo
por ti el amor?
Fausto. Empieza á romper el dia, ángel mio....
Margarita. El dia ! sí, el último que penetra para mí en este
silio. ¡ Ese habia de ser mi dia de boda ! No digas á nadie que
has estado junto á Margarita. ¡ Ah ! ¡ mi corona ! ¡ ya está hecha
trizas ! Nos volverémos á ver , pero no en el baile. La multitud
se agrupa, sin que basten ya á contenerla la plaza y las calles.
La campana me llama , y la vara de la justicia está rotą , cuando
de este modo me sujetan y encadenan ; héme aquí ya en el ca-
mino del cadalso. Todos palpitan á la vista de la fatal cuchilla
que pende sobre mi cuello. He aquí un pueblo mudo como una
tumba.
Fausto. I Ahl¿por qué he nacido ?
Mefistofeles, presentándose al umbral de la puerta . Salid, ó es-
tais perdidos. Dejaos de vanas palabras y de una desesperacion
inútil. Mis caballos se impacientan y va á romper el alba.
Margarita. ¿Quién es el que así sale de debajo la tierra? ¡ El !
siempre él ! arrójale de aquí. ¿ Por qué viene á esta santa man-
sion? ¡ Si querrá llevárseme !
Fausto. Es preciso que vivas !
Margarita. ¡Justicia de Dios, á tí me entrego !
Mefistofeles á Fausto . Ven , ven , ó te dejo con ella.
Margarita. Tuya soy, padre mio , ¡ Sálvame ! Angeles bellos,
protegedme con vuestras santas legiones. Enrique , ¡ me horro-
-rizas ! #
Mefistofeles. ¡ Ya está juzgada !
Voz dedo alto. ¡ Está salvada !
!
Mefistofeles á Fausto. Sigueme. ( Desaparece con Fausto.)
Voz lejana, que se va estinguiendo. ¡ Enrique ! ¡ Enrique !

FIN DE LA PRIMERA PARTE.


OTEDAY JOC

SADUR
NI

Mefistófeles á Fausto . -Sígueme. Voz lejana que seva estinguiendo.


¡ Enrique ! Enrique !
MIJ

- 3

eb onzo in ne asilash on rup'oli


SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA.

ACTO PRIMERO.

UN SITIO AGRADABLE .

FAUSTO , tendido en el césped florido , cansado, inquielo, pro-


curando dormirse.

EL CREPUSCULO.

Legion de espiritus flotando en los aires , dotados de gra-


ciosas formas.

Ariel. (Canto al son de melodiosas arpas.) « Cuando el manto


primaveral , al descender del cielo se estiende por los campos ,
valles y collados , cuando brillan las doradas mieses á los ojos
del labrador complacido , cuando , en fin , parecen renacer en
todas partes la animacion y la vida, vaná legiones los pequeños
Elfos á donde el dolor les llama, para llevar un consuelo á cada
corazon que sufre. Nada les importa que sea este inocente ó cul-
pable , porque todos tienen igual derecho á su compasion.
«Vosotros , todos los que formais en torno suyo un círculo
aéreo,Elfos queridos , dejad en esta ocasion bien sentado el honor
de vuestro nombre. Procurad templar el ardor de su alma in-
quieta; desviad de su corazon el dardo cruel del remordimiento
que se lo desgarraría, y apartad de su espíritu todos los terrores
de la existencia humana.
«La noche, la tranquila noche que se desliza en su carro de
1
106 FAUSTO.
cuatro estaciones , como sabeis muy bien , tiene que hacer cua-
tro pausas, procurad que no sufra en ellas retardo ni olvido . Por
lograrlo , colocad su cabeza en cojines de rosas y bañadla en las
ondas del Leteo, para que su cuerpo entumecido recobre la sa-
lud en el tranquilo sueño que la impulsa hácia la aurora. Luego
daréis cumplimiento á la mas grala de todas vuestras obras , al
abrir sus párpados á la luz divina.
Coro. « Asi como el prado ondula al fresco ambiente que in-
clina las flores, descended del crepúsculo dulces aromas y tibios
vapores ; murmuradle en su oido tiernas palabras , meced su tris-
te corazon y sus sentidos en el dulce reposo de los niños, y po-
niendo vuestros dedos rosados amorosamente en sus párpados ,
cerradle las puertas del dia.
« Pero llega ya la noche , y la estrella de fuego está en las nu-
bes con su hermana santamente unida. Luces resplandecientes y
albores fosfóricos , se deslizan y brillan ya en el zénit , y rielan
en las aguas trasparentes del lago que las refleja , ó tiemblan en
el seno de la noche ; mientras que la luna tranquila y serena se
levanta y reina como soberana sobre el lago y el valle , sin pa-
rarse hasta sellar con su disco en el cielo á nombre del mundo la
calma, la paz , el reposo y la dicha.
<<<Tambien pasa empero aquella hora misteriosa, y con ella el
seco del placer y del llanto. Presiente el momento de volver á la
vida y de aguardar en paz el nuevo dia. El sol vuelve á dorar
das altas cumbres sobre que se apiñaban poco antes las nubes
para gozar mejor del reposo en que estaba la creacion sumida ,
y como por encanto se disipan todos los vapores que cubrian là
faz de la tierra .
« Para que vuelva á revelársete la vida con toda su magnifi-
cencia , torna la vista hacia el sol , y despréndete al despertar,
ede entre las alas de tu débil sueño. Valor , y ocupa pronto tu
puesto, mientras que el vulgo piensa en decidirse, y fluctua y es
pera y muere sin atreverse á imitar el corazon magnánimo que
le traza la senda que debe seguir.
d Un grande estruendo anuncia la proximidad del sol. )
GEMAriel. « Escuchad todos la hora sonora y no perderéis ni uno
solo de los dulces rumores con que la naturaleza acoge á la na-
ciente aurora ; regocijaos, espíritus aéreos, con el nuevo sol que
asoma. Las puertas de las peñas y de los montes se abren rechi-
nando sobre sus goznes, Febo se lanza al espacio abriendo en él
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 107
con su carro de luz deslumbrantes sulcos y todo en el mundo
revive y se agita al primer resplandor de sus rayos . Elfos , id á
ocultaros prontamente allá abajo en el fondo de las tinieblas, en-
tre las húmedas rosas, y pensad que si llega á alcanzaros el me-
nor de sus rayos , ensordeceréis para siempre .>>
4 Fausto. Mis arterias baten con una fuerza vital nuevamente
adquirida, para saludar al crepúsculo etéreo . Tierra, tú tambien
has sido constante esta noche , y respiras á mis piés enteramente
revivada. Ya empiezas á arrullarme con mil voluptuosidades , y
despiertas en mí y me infundes la resolucion de aspirar sin cesar
á una mas noble y alta existencia . - El mundo , envuelto aun en
los vapores del crepúsculo, empieza á despejarse ; alegre el bos
que repite los ecos sonoros de una vida múltiple ; se exhala la
niebla despues de haberse tendido en el valle , y la celeste clari-
dad desciende á las profundidades , mientras que las flores y las
ramas, dobladas por el rocío, se levantan del vaporoso seno del
abismo en que dormian sepultadas . Entonces uno á uno los co-
lores se destacan del fondo en que la flor y la hoja desprenden
trémulas perlas , y el mundo en torno mio se convierte en un
paraiso.
¡ Levanta la cabeza y mira allá en lo alto ! Las cumbres gi-
gantescas de los montes anuncian ya la hora solemne , gozando
de la luz eterna que solo despues desciende hasta nosotros. Una
nueva claridad, un nuevo esplendor inunda las verdes laderas de
los Alpes , y va por grados penetrando hasta la mas profunda
hondonada para derramar luego á torrentes su luz . ¡ Ah ! ¡ des-
lumbrado ya, obligame el dolor á apartar la vista !
Lo propio sucede cuando la esperanza inefable , á fuerza de
perseverancia se eleva al nivel de un deseo sublime , y vé en-
sanchársele de repente el camino que ha de conducirla á su cum-
plimiento. Mira, empero, como se agita ahora un mar de llamas
en eternos abismos . Grande es nuestro asombro : veníamos para
encender la antorcha de la vida , y de todas partes nos envuelve
un torrente de fuego. Pero ¡ que fuego!: es el amor , es el ódio
que sucesivamente nos oprimen con los lazos del dolor y la vo-
luptuosidad basta el punto de hacernos inclinar nuevamente la
vista á la tierra , para ocultarnos con el velo de nuestra primi-
tiva inocencia ?
¡ Quede pues el sol á mi espalda ! Siempre contemplo con pla-
cer creciente la cascada que muge en la peña , formando sus
108 FAUSTO."
aguas al rodar nubes densas de espuma en el aire , que al primer
rayo del sol se convierten en un hermoso arco iris. Al ver què
tan pronto aquel arco se destaca puro, como desaparece entera-
mente en los aires formando en su derredor un vaporoso estre-
mecimiento , ¿ no es verdad que parece la imágen de la tenden-
cia humana? Piénsalo y te convencerás de ello : ¡ aquel reflejo
sonrosado es nuestra vida !

EL PALACIO IMPERIAL .

La sala del trono.

( El consejo de Estado aguardando al Emperador.)


Suenan clarines.

Los cortesanos ostentando magnificos y variados trajes. El Em-


perador ocupa el trono , el astrólogo está à su derecha.

El Emperador. Salud á mis leales amigos , que han acudido


aquí de cerca y de lejos . - Veo que el sabio está á mi lado ; pe-
ro, ¿ dónde está el loco ?
Un gentilhombre. Estaba ahora mismo detrás de tu manto
cuando ha empezado á dar tumbos por la escalera. Luego se han
llevado la masa enorme , sin saber si habia muerto ó si era tan
solo difunto de taberna.
Segundo gentilhombre. Con una prontitud que raya en prodi- .
gio, se ha presentado otro á ocupar su puesto ; viste ricos trajes
que por lo fantásticos excitan la admiracion de todos. Los guar-
dias han apelado á sus alabardas para impedirle la entrada. — Sin
embargo y hé aquí al loco temerario.
Mefistofeles , arrodillándose al pié del trono. ¿ Quién es el que
es siempre maldito y siempre bien recibido ? ¿ Qué es lo que se
desea con ardor y se rechaza siempre ? ¿Qué es lo que cada cual
toma bajo su proteccion? ¿ Qué es lo que siempre se critica y
acusa cruelmente ? ¿Quién es el que no debe ser nunca invoca-
do, y aquel cuyo nombre se oye siempre con placer? ¿ Quién es
el que se acerca á las gradas de tu trono ? ¿ Quién es el que se
Jesterró á sí propio?
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 109
ElEmperador. Por esta vez puedes callarte ; los enigmas no
están aquí en boga , puesto que solo atañan á esos señores. Es-
plicate si quieres complacerme. Mucho temo que mi viejo loco
haya emprendido su gran viaje ; asi que , ven a ocupar su puesto
á mi lado.
+ (Mefistofeles sube las gradas del trono y se coloca á la izquier
da del Emperador. )
Murmullos entre la multitud. ¡ Un nuevo loco , un nuevo tor-
mento ! -¿De dónde habrá salido ? -¿Cómo ha podido llegar
hasta aquí? -¿Ha caido el antiguo ? -Todo lo enredaba . - Era
un tonel. ― Ahora este es una pajuela !
El Emperador. Asi pues , fieles amigos , sed bien venidos de
cerca y de lejos ; una estrella propicia os reune ; los astros nos
prometen dicha y salud . Pero , decidme : ¿ por qué estos dias li-
bres de todo cuidado, consagrados al carnaval , esos dias en los
que solo pensamos en gozar de lo que mas nos halaga, debemos
pasarles en consejo? Sin embargo , ya que vosotros lo creeis con-
veniente , sea ; cúmplase vuestro deseo.
El Canciller. La virtud sublime , cual sagrada aureola , cir-
cunda la frente del Emperador ; solo él puede practicarla digna-
mente la justicia , ese bien supremo que todos los hombres
quieren , exigen y desean , y de la que á su pesar se ven alguna
vez privados , solo él puede concederla al pueblo. Pero ¡ ah ! ¿de
qué sirven la inteligencia del espíritu humano, la bondad del co-
razón y el vigor del brazo, si una fiebre abrasadora mina al Es-
tado hasta en sus cimientos , si el mal engendra el mal? Cual-
quiera que desde esos altos picachos tienda la vista sobre este
extenso reino , creerá ver en sueños cruzar por él espantosos
mónstruos , creerá ver al ilegal reinar legalmente , y extenderse
á su vista todo un mundo de errores.
Uno se apodera de un rebaño , otro de una mujer, aquel roba
el cáliz , la cruz ó los candelabros del altar ; y sin embargo les
vemos complacerse y gozar del fruto de sus rapiñas años y mas
años. Cuando llegan las quejas hasta el tribunal y el juez se de→
cide á ocupar sú puesto , empieza el torrente revolucionario á
rugir cada vez con mas espanto ; porque quien se apoya en sus
cómplices , puede gloriarse de su infamia y sus crímenes , y solo
veréis pronunciar la palabra culpable contra el inocente que
queda sin defensa. ¿ Cómo, en vista de todo esto, quereis que se
generalice el único instinto que nos impulsa hacia el bien ? El
1101 FAUSTO.
hombre de rectas intenciones se deja al fin tentar por la adula-
cion ó por un interés mezquino , y cuando el juez no puede cas-
tigar, acaba por unirse con el culpable. Negro es en verdad el
cuadro que he trazado, y sin embargo , siento no haber encon-
trado aun colores mas sombríos. ( Pausa. )
Son inevitables los golpes de Estado , porque en esta atmósfera
de sufrimientos y crímenes , hasta el mismo monarca seria víc→
tima á su vez.
El Gran Maestre ó Gefe del Ejército . ¡ Hay en estos dias de
desórden un tumulto espantoso ! Tan pronto uno mata como le
matan , y cada cual permanece sordo á la voz de mando. El pai-
sano detrás de sus bastiones, y el noble en su nido de rocas, pa-
recen conjurarse contra nosotros , sin debilitar nunca sus fuer-
zas. El mercenario se impacienta , pide bruscamente su paga , y
de seguro que á no debérsele nada , pronto habria levantado el
campo ; y sin embargo , negarse siempre á lo que todos piden
es remover un avíspero . Hé aquí enteramente devastado el reino
que debian sostener ; se les deja grilar como energúmenos y ape-
lar á cada paso á la revuelta ; y está ya perdida la mitad del
mundo. Aun quedan allá abajo algunos reyes ; pero ninguno
quiere convencerse de que van á dirigirse contra él los ataques.
El Tesorero. ¡ Confiad pues en vuestros aliados ! ¡ los subsi-
dios que nos habian ofrecido , empiezan ya á faltar como el agua
en los cantones ! y , ¡ á qué manos , Señor, ha ido á parar la pro-
piedad en tus vastos Estados ! A cualquiera parte que os dirijais,
solo se ven huéspedes que quieren vivir independientes, sin que
nos quede mas recurso que el de verles obrar como tales ; de
tal modo hemos llegado á prescindir de los derechos , que no ha
quedado en vigor ni uno de ellos. Además no puede ya contarse
con ningun partido, porque aliados ú hostiles , su simpatía ó su
ódio son indiferentes : los güelfos como los gibelinos se ocultan
para descansar. ¿ Quién piensa hoy en ayudar á su vecino ? Bas-
tante trabajo tiene cada cual para sí. Las minas de oro se ex-
plotan , se escarba la tierra , se economiza , se amontona , y nues→
tras arcas permanecen vacías.
-El Mariscal. ¡ Ah ! ¡ tambien á mí me abate el general azote !
Siempre queremos economizar , y gastamos mas cada dia ; y entre
tanto , mi inquietud va en aumento ; con todo , el cocinero aun
no se ha resentido de ello en lo mas minimo, porque los jabalies,
los ciervos, las liebres , los gamos , los pavos, las ocas , los patos,
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 1114
las porciones congruas y las rentas fijas , no escasean ; empieza
no obstante á faltarnos el vino. Si antes en nuestras bodegasse) .
amontonaban los toneles unos sobre otros, llenos todos del me-
jor mosto, la sed implacable de los grandes ha apurado hasta la
última gota. El municipio ha tenido que abrir tambien su casa ;
ni el copon , ni el jarro de estaño , nada han olvidado los convi-
dados al sentarse á la mesa ; y luego es á mí á quien toca satis-
facerlo todo. El judío es intratable : inventa anticipos de todas
clases que nos obligan á gastar de antemano las anualidades que
deben aun transcurrir ; asi es, que los cerdos no engordan , que
los colchones de nuestras camas están empeñados y que hasta el
pan de nuestra mesa lo hemos comido ya anticipadamente.
El Emperador , despues de un momento de reflexion, dirigién–
dose á Mefistofeles . Y tú, loco ¿no sufres ó esperimentas tambien
alguna miseria?
Mefistofeles. Yo? Ninguna, al ver la gloria que á tí y á todos
los tuyos os rodea. — Faltará nunca la confianza allí donde es uno
rey absoluto el que gobierna , allí donde hay un poder siempre
dispuesto á dispersar el enemigo, allí donde reina siempre la bue-
na voluntad, robustecida por la inteligencia y la actividad múl-
tiple? ¿Cómo unirse para el mal y las tinieblas , allí do brillan
semejantes estrellas ?
Murmullos. Es un pícaro que sabe muy bien el papel que ha
de desempeñar, -empieza á insinuarse por medio de la mentira,
-desde ahora preveo á lo que vendrá á parar todo esto ,
aquí hay un proyecto.
Mefistofeles. ¿ Dónde no falta algo en el mundo ? A uno le falta
esto, á otro aquello , al de mas allá dinero ; en verdad no lo hay
para arrojarlo á la calle , pero con prudencia y saber , se puede
sacar dinero hasta del fondo de los abismos. En las entrañas de
la tierra y en los cimientos de los muros, hay oro vírgen y hasta
acuñado ; si me preguntais quién podrá hacerle brillar á la luz
del dia , os diré que la fuerza de la Naturaleza y del Espíritu en
un hombre de genio.
El Canciller. ¡ Naturaleza , Espíritu ! -No es este el lenguaje
que se tiene entre cristianos. A los ateos se les condena á la ho-
guera, porque nada hay tan peligroso en el mundo como sus pa-
labras. La Naturaleza es el pecado , el Espíritu el diablo : ambos
engendran la duda , su hermafrodita deforme. ¡ No vuelvan á
proferirse aquí semejantes heregías ! - De todos los antiguos Es-
112 FAUSTO.
tados del Emperador , solo han salido dos razas que sostengan
dignamente el trono , á saber : los santos y los caballeros. Ellos
son los que hacen frente al peligro , á cada borrasca política, y
en recompensa de sus servicios se comparten la Iglesia y el Es-
tado. La resistencia que se les opone solo es debida á los senti-
mientos plebeyos de cuatro cabezas trastornadas : tales son los
hereges y los brujos que corrompen las ciudades y el campo. Hé
aquí lo que quieres tú introducir en este noble círculo con tus
indignos sarcasmos. Buscas los corazones corrompidos , por la
relacion en que están con los locos.
Mefistofeles. En esto reconozco al doctor. Lo que vos no tocais
está á cien leguas de vos ; lo que vos no conoceis, es en vuestro
concepto enteramente desconocido ; lo que vos no calculais es
falso ; lo que no pesais carece de peso ; ni puede haber cosa de
alguna importancia que no esté iniciada por vos.
El Emperador . Nada de esto puede sacarnos del apuro en que
estamos. ¿ Qué es lo que pretendes tú ahora con tus homilias de
cuaresma? Aburrido estoy ya de vuestros eternos si y pero. Falta
dinero : lo que importa es procurárnoslo .
Mefistofeles. Yo hallaré todo cuanto pedís y aun mucho mas ,
porque sin duda es esto muy fácil , pero lo fácil es difícil . Todo
duerme en la tierra, y es posible alcanzarlo : en ello está el ta-
lento. ¿ Cómo hacerlo ! Pensad en que cuando la época de las
devastaciones en que las olas humanas inundaban el pais y el
pueblo, uno y otro, en su espanto, ocultaron debajo del suelo sus
mas preciosos tesoros. Lo propio sucedia en los tiempos de la
poderosa Roma ; habiéndose hecho lo mismo hasta ayer, hasta
hoy mismo. Todos esos inmensos tesoros están ocultos en las en-
trañas de la tierra ; la tierra es del Emperador : á él pertenece
el botin.
El Tesorero. Por ser loco, no se espresa mal. Tal era en ver-
dad el derecho del antiguo Emperador.
El Canciller. Satán acaba de tenderos un lazo de oro ; por
cierto no falta cebo en todo esto.
El Mariscal. Mientras procure á la corte los tesoros deseados,
me siento inclinado á prescindir de todo.
El Gran Maestre del Ejército. El loco no tiene pelo de tonto ;
promete á cada cual lo que desea , y poco le importa al soldado
con tal que venga.
Mefistofeles. Y si creeis que os engaño , hé aquí un hombre....
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 118
Consultad al astrólogo ; él lee en los círculos la fortuna. Así que,
dinos lo que el cielo anuncia.
Murmullos. Son dos solemnes picaros. Se han puesto de
acuerdo. -i Un loco y un visionario tan cerca del trono ! Recor-s
demos el antiguo proverbio : el loco sopla y habla el sabio.si
El Astrólogo . (Habla, y Mefistofeles sopla.) Hasta el Sol es den
oro puro (1) . Mercurio, el mensajero , le sirve como un merce- {
nario ; la señora Venus os engaña á todos, á pesar de sus con-
tínuas y dulces miradas. La púdica Febe tiene sus caprichos ;
Marte, si no alcanza á nadie os amenaza á todos, y Júpiter será
siempre el mas espléndido . Saturno es grande , pero tiene los
ojos pequeños. Como metal, no hacemos gran caso , poco valo
y mucho peso. Pero cuando la Luna se casa con el Sol, y el oro
con la plata , el mundo todo se embellece en gran manera; todo
lo demás se logra fácilmente. Palacios , jardines , blancas gar-s
gantas, mejillas sonrosadas, hé aquí lo que nos procura el sabio,
por poder lo que ninguno de nosotros podemos.9.173$ 40antes
El Emperador. He oido tus palabras, y sin embargo no me he
convencido mas de lo que lo estaba antes. Copaib
Murmul los a
. ¿ Qué import ? si todo es farsa , charla tan ismo ,
alquimia -siempre he oido decir lo mismo : necedad es creer en
ello . Y aun cuando por semejantes medios se nos procurase !!
algo , seria en perjuicio nuestro .
Mefistofeles . ¡ Así son todos ! se asombran, y se niegan á creeri
en el gran hallazgo ; el uno chochea acerca de mandrágoras , y q
el otro sobre un perro negro. Apostemos ahora á que pronto van
á empezar nuevamente á gritar contra el brujo , desde que sien➡
tan comezon en los piés ó empiecen los tropiezos.
Todos vosotros sentís la ebullicion secreta de la naturaleza 1
eternamente activa , y que la vida serpentea hácia la luz desde
el fondo de las profundidades subterráneas; así que, cuando est-
perimenteis cierta inquietud en todos vuestros miembros, cuan- b
do no podais teneros de pié sin tambalearos , cavad resueltamente
y hallaréis oculto mi tesoro. talk on ofsio
Murmullos. Tengo los piés de plomo. —Siento calambres en
los brazos.- Sufro un ataque de gota. - Mi pulgar se crispa.
Tengo el espinazo roto. -A tales señales , veo que debemos ca-
var la tierra que pisamos, sin duda riquísima en tesorose burong
109
(1 ) El astrólogo supone que son de oro todos los signos celestes, y solo leu
cita cuando le sirven en la alquimia para indicar los metales.
S
114 FAUSTO .
El Emperador. ¡ Manos pues , á la obra ! ... No te queda ya
subterfugio alguno ; pruébanos tus vanas palabras, y enseñanos
desde luego esas ricas minas. En cuanto á mí , estoy pronto á
deponer mi cetro y mi espada , á ser el primero en empezar la
obra por mis reales manos , ó á mandarte al infierno , caso de
que nos engañes.
Mefistofeles. En verdad no creo que nadie tuviese que indi-
carme el camino ; pero no puedo menos de repetiros que hay
tesoros ocultos en todas partes que esperan ser hallados. El la-
brador que abre un sulco , remueve con el terron un jarro lleno
de oro ; no pedia á la tierra mas que salitre , y ve de repente
llenas de oro aquellas manos que la necesidad habia endure-
cido ó hecho callosas. No hay cueva , abismo ni cantera , aun-
que confinen con los mundos subterráneos , á que no penetre
el que siente el instinto del oro . En vastas cuevas perfectamente
guardadas , ve dispuesta una vajilla en el mayor órden , sin que
falten antiguas copas guarnecidas de rubies , y caso de que se
sirva de ellas , encuentra despues corrompido cieno . ¿ Cómo
fiarse, pues , ni en el mas esperimentado ? Hay un tiempo en
que la madera de las duelas está podrida, y que el tártaro forma
un tonel al vino ; por lo que se vé que la esencia de tan ricos
vinos , no solo se rodea de oro y pedrería , sino tambien de os-
curidad y de espanto. El sabio investiga sin descanso ; querer
comprenderlo todo en pleno dia , es una verdadera necedad: los
misterios tienen por elemento las tinieblas.
El Emperador. Dejamos á tu cuidado las investigaciones de
esta clase , porque á tí solo incumben . Pero , ¿ de qué sirve la
oscuridad ? Todo lo que tiene algun valor debe ser presentado
á la luz. ¿ Quién podria distinguir á un pícaro en la noche som-
bría ? Todas las vacas son negras y pardos los gatos. Vamos ,
empuja tu arado , y haz que brille á la luz ese oro oculto en las
tinieblas.
Mefistofeles. Toma el azadon y la pala , y empieza tu mismo á
cavar, el trabajo del labrador te ennoblecerá , y verás salir del
seno de la tierra una manada de terneras de oro . Entonces po-
dreis sin titubear y con arrobamiento adornaros , tú y la mujer
que adoras , porque una brillante diadema da realce á la belleza
y al monarca.
El Emperador. ¡ Demos pues comienzo al trabajo ! ¿Cuánto va
å durar?
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 115
El Astrólogo , repitiendo como antes lo que Mefistofeles le ins-
pira. Señor , modera tus ardientes deseos, deja que acabe ale-
gramente la fiesta , porque nunca la distraccion conduce al ape-
tecido objeto . Es mejor que deliberémos antes con calma . Ha-
J
gámonos dignos de una parte por alcanzar el todo . Que el que
quiera el bien empiece por ser bueno ; el que desea la alegría ,
modere su sangre ; el que busca buen vino , pise racimos madu-
ros ; el que quiere ver milagros fortifique su fé.
El Emperador. Pues bien, pasemos en la alegría el tiempo
que nos queda, para que llegue con mas oportunidad el miér-
coles de ceniza . Interin , celebremos aun mas alegremente que
hasta aquí el fogoso carnaval. .1
(Suenan clarines. )
Mefistofeles . ¡ Insensatos ! ¡nunca comprenderán hasta que
3
punto se enlazan el mérito y la dicha ; aun cuando llegasen á
poseer la piedra de los sábios, el sabio faltaria á la piedra.

Vasta sala con sus dependencias , adornada y dispuesta


para la mascarada.

El Heraldo. No os creais aquí en tierras de Alemania , en el


pais de la danza de los diablos , los locos y los muertos; no, una
alegre fiesta os aguarda. El maestro en su peregrinacion : Roma ,
ha salvado los altos Alpes por su ventaja y vuestro placer , y
conquistado para sí un alegre reino . El Emperador , al pedir á
las santas sandalias el derecho para su poder , al ir á buscar su
corona , nos ha traido tambien el manto de loco , y henos aquí´
regenerados á todos . El hombre de mundo se la echa fácilmente
sobre la cabeza y las orejas , por mas que le igualefcon los locos,
siendo por debajo sabio y prudente á su modo ( ó como puede.
Véoles ya agruparse , desaparecer vacilando y reunirse otra vez
con abandono ; el coro solícito se une al coro , y juntos entran
y salen sin dejarse nunca ; mientras que en el fondo , despues
como antes , continúa el mundo con sus cien mil nimiedades
siendo un gran loco.
Las jardineras ó floristas , canto acompañado de bandolinas.
Jóvenes florentinos , solo por cautivar vuestros favores nos veis
esta noche engalanadas , en medio de los esplendores de la corte
alemana.
Alegres y hermosas flores adornan nuestros negros bucles , y
116 FAUSTO.
los hilos y los flecos de oro , contribuyen á darles mas realce,
Es entre nosotras un mérito , una cosa digna de elogio , el que
estos ramos artificiales florezcan todo el año .
Hemos dispuesto con simetría todos los retazos de colores ,
podreis criticarlo detalladamente , pero , de seguro, en conjunto
os admira. ཙྪཱ !! ཝཾKU ཏྟར།
Mucho debe complaceros al vernos de este modo , aldeanas
apuestas, y galantes: ¡lo natural en las mujeres se parece tanto
al arte d
El Heraldo. Mostradnos las ricas cestas que llevais sobre la
cabeza, y las no menos variadas que así se hinchan bajo vues-
tro brazo , para que cada cual escoja lo que mas le agrade. Va-
mos, pronto, no sea que bajo el follaje aquí en las calles , todo
un jardin se agoste. ¡ Cuán dignas son las vendedoras y sus mer-
cancías de atraer á la multitud !
V Las floristas. Venid , galanes , acercaos á estos agradables
sitios , pero no regateeis , sepa al menor chiste cada cual á que
atenerse.
Unaa rama de olivo cubierta de fruto. Nunca me halagó el flo-
rido prado , no puede mi carácter acostumbrarse á las querellas ,
y¿cómo no ser as así cuando soy la médula y el símbolo de la paz
en los campos ? Abrigo hoy la esperanza de tener la dicha de
adornar con dignidad una hermosa frente.
Una corona de espigas de oro . A todos van á hablaros satis-
factoriamente los dones de Céres . Que el mas codiciado de los
bienes la tierra , que todo lo útil se convierta en bello al ser
nuestro adorno.
Una corona de capricho. Ni las mas variadas flores parecidas
á las diversas malvas, ni el maravilloso tapiz que sale del mus-
go , tienen nada que ver con la naturaleza ; sin embargo la mo-
da los produce.
Un ramo de capricho. Ni el mismo Teofrasto ( 1 ) podria deciros
mi nombre ; y, sin embargo, confio agradar, sino á todos , al me-
nos á una ú otra , que se dignará enlazarme en sus trenzas ó
concederme un puesto sobre su corazon .
Provocacion. En un dia se agostan víctimas de la moda los
ramos de caprichosos y variados colores , estrañas maravillas

(1) Teofrasto, el filósofo de Lesbos , discípulo de Platon y de Aristóteles ,


autor de los Caractères, que escribió tambien una Historia natural acerca de
las plantas.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 117
que la naturaleza ignora ; tallos verdes , campanillas de oro ›
balanceaos en ricos bucles , pero nosotros.... djsha dhacker
Botones de rosa. Nosotros preferimos permanecer ocultos :
i Dichoso el que descubre y participa de nuestra frescura ! Se
inflama el boton de rosa en el estío ; ¿ quién podria prescindir de
semejante dicha ? La promesa y su cumplimiento son los que
gobiernan en el reino de Flora , dominando á la vez la mirada ,
los sentidos y el corazon. 麦
(Colocan las jóvenes con gracia sus mercancías debajo del verde
follage.)
Un Jardinero. ( Canto con acompañamiento de tiorbo . ) Mirad
esas flores suavemente abiertas, que han de adornar con gracia
vuestras cabezas : ni aun los mismos frutos seducen como ellas,
puesto que solo goza uno al comerlos.
Su aspecto es negruzco , cerezas , melocotones , ciruelas rea-
les , ¡quién los compra ! El ojo es un mal juez para la lengua Y
el paladar.
Venid y saboread con delicia las frutas que hay mas maduras .
Bueno es cantar las rosas , pero mucho mejor es aun comer las
manzanas.
Que se nos permita unirnos á vuestra rica flor de juventud y
ostentar á vuestro lado la abundancia de nuestras suculentas
mercaderías. Ax
Debajo de las bóvedas de verdor , en el interior de floridos
bosquecillos , hallaréis á la vez botones , hojas , flores y frutas.
(Mientras van alternando los cantos con acompañamiento de
guitarras y tiorbos , continuan ambos coros arreglando en pirá–
mides sus mercaderías para mejor atraer á los compradores .)

UNA MADRE Y SU HIJA.

La Madre. Niña , cuando naciste , te puse una hermosa gor-


ra ; era tu rostro tan hermoso y tu cuerpo tan delicado , que
desde luego soñé en un novio para tí ; unida ya te veia al jóven
mas rico , imaginaba en que eras ya su esposa. Tinka
¡ Ah ! ¡Cuántos años he visto transcurrir desde entonces sin
resultado alguno ! Los aficionados al matrimonio han desapare-
118 FAUSTO .
cido como por encanto , mientras que como una sílfide estabas
bailando con uno , codeabas levemente á otro.
sb Por mas reuniones que diésemos era todo inútil , porque los
juegos inocentes quedaban sin efecto. Hoy , querida mia , los
Jocos están gastados: abre un poco tu giron por si alguien deja
cojerse.
{Varias amigas, hermosas y jóvenes se reunen para charlar. )
Algunos Pescadores y Pajareros. Entran provistos de redes ,
varetas y otros instrumentos , metiéndose entre los grupos de las
jóvenes . Se forma desde luego entre estas y ellos un juego que con-
siste en correrse detrás , cogerse y sollarse , mediando entre unos
y otros graciosos diálogos.
Los leñadores. Su actitud es la de los aldeanos mas rústicos .
Ea, ea, puesto que necesitamos mucho espacio. Nosotros der-
ribamos los árboles que caen con estruendo , y cuando llevamos
nuestro haz de leña , preciso es que anden listas las cabezas.
Proclamadlo en nuestro obsequio , porque á no ser los patanes
que trabajan , no sé como la gente delicada podria salir del apu-
ro, á pesar de su talento. Sabedlo pues, sin nuestro sudor todos
estariais tiritando.
·Polichinela , torpe y casi insipido . Vosotros sois los locos ,
que andais con la giba á cuestas ; nosotros los sabios , que
nunca hemos llevado peso alguno ; -nuestras capas , nuestras
chaquetas, nuestro vestido , todo es fácil de llevar. Siempre
gozando en el ocio y con buenos pantuflos , alegres recorremos
(de pueblo en pueblo las ferias y mercados . -Nos burlamos de
los que nos silban , y entre la multitud compacta , nos desliza-
mos cual la anguila, danzando y metiendo barullo . - Tanto nos
importan las alabanzas como los vituperios .
Algunos parásitos , ávidos aduladores . Bravos leñadores - y
vosotros sus primos -los carboneros , vosotros sois nuestros
shombres; porque todos esos saludos , -esas muestras de
Safecto, esas frases rimbombásticas ,-y esos equívocos - solo
calientan y refrescan mientras uno quiere. -¿De qué sirve todo
eso?-A no haber leñadores , 'y carboneros, preciso seria que el
fuego descendiese á torrentes del cielo ; ¿cómo sin vuestro ausi-
lio podríamos llenar y encender el hogar? -El fuego chisporro-
tea , el asado se tosta , la olla hierve , la carne se cuece ; - el
verdadero gloton , -el parásito-atiende al asado, huele el pes-
cado―y se interesa por la comida de su cliente.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 119
Un ébrio sin conocimiento . Que nada hoy se me oponga ,
¡soy tan libre y tan valiente ! La fresca brisa , los alegres re-
franes , son á mí hoy debidos , y bebo , vuelvo a beber y de
contínuo bebo . - Brindad vosotros, tin , tin , tin.¡ Eh ! tú que
estás allí abajo , el otro , ven acá, - brinda conmigo , y todo se
acabó.
Mi mujerilla en su enojo , ― se complacia en rasgar este her-
moso vestido; y como yo me engallase ,-me ha tratado de au-
tómata ; - pero entre tanto yo bebo, vuelvo á beber y de conti-
nuo bebo ; - que los vasos se choquen , tin , tin. -- Vosotros
autómatas, brindad , cuando los vasos se chocan , todo se acabó .
No digais que me he estraviado , porque estoy bien donde me
encuentro. Si el huésped no quiere ya fiar, que me fie la hués-
peda , ó al fin tambien va á fiarme la criada . Así es que bebo ,
vuelvo a beber y de contínuo bebo. Vamos , vosotros , tin , tin ,
tin : uno con otro id brindando por no perder el tiempo. Me pa-
rece que ya se ha dicho todo.
No importa como y á donde me divierto ; dejadme ahora dor-
mir aquí donde me he echado , por no poder tenerme ya de pié.
El Coro. Que cada hermano continue bebiendo á su antojo ,
y que continue resonando en su oido el alegre tin , tin . Tene-
os pues todos firmes en el banco ó en el taburete : para el que
vaya rodando debajo de la mesa , todo se acabó. 402
El Heraldo. Anuncia poetas de toda clase , poetas naturalistas,
poetas cortesanos y poetas caballerescos. En aquel corrillo de
émulos , cada cual impide hablar al que tiene á su lado ; solo uno
de ellos profiere al pasar algunas palabras.
Un Satirico. ¿ Sabeis lo que mas me gustaria en el mundo , á
mí que soy poeta ? Cantar lo que nadie quisiese oir.
(Los poetas de la noche y de los sepulcros se abstienen de asis-
tir , so pretesto de que están engolfados en un certámen intere-
sante con un vámpiro recientemente resucitado , certámen del que
fácilmente podria salir una nueva poesia. El heraldo obligado á
aceptar su disculpa , evoca , entretanto , la mitologia griega que
bajo la máscara moderna , nada pierde de su carácter ni de sus
encantos.)
*
120 FAUSTO.
" ""
LAS GRACIAS .

Aglae. A nosotros se debe la gracia en la vida , emplead pues


la gracia de que seais capaces.
Hegemona. Recibid ó aceptad con gracia : ¡ es el cumplimien-
to de los votos tan grato y dulce !
Eufrosina. Sea vuestro reconocimiento gracioso y grande en
el transcurso de vuestros tranquilos dias !
པར''ཏི ནྟི །

1 LAS PARCAS.

Atropos. Tambien á mí , la reina de las hiladoras , hoy se me


ha invitado aquí : ¡ son tantas las reflexiones que suscita el hilo
ténue de la vida !
Para que os sea flexible y suave , le escogi entre el mejor
lino ; hacéroslo liso , fácil é igual , es lo que procurará ahora es-
te hábil dedo .
Si entre los placeres y los bailes , os veis á punto de olvidar
lo que sois , pensad en la condicion de ese hilo ; obrad con cau-
tela , porque podria romperse fácilmente.
Clotho. Sabedlo , en estos últimos dias me ha sido confiada la
tronchante hoz , por no ser en manera alguna conforme la con-
ducta de nuestra vieja compañera.
- Incesante urdia en la luz y el aire los tejidos mas inútiles y
tronchando arrastraba al abismo la esperanza de las mas nobles
facultades,
Con todo , tambien yo me engañaba muchas veces en la ac-
cion de la juventud ; y hoy , por moderar mi ardor , he metido
las tijeras en su estuche.
Dichosa ahora me contemplo sujeta , y sonrío al ver aquel
lazo ; mientras que vosotros en esas horas de libertad , os entre-
gáis ávuestra alegre bacanal.
Lachesis. Por ser yo la causa razonable se me ha confiado la
direccion del órden y aunque mi huso siempre esté en actividad,
todavía jamás se ha precipitado .
Los hilos entretanto fórmanse y se devanan , y á cada cual
yo indico su camino , sin permitir á nadie que alargue mas de lo
regular su medida ; preciso es que se arregle en torno del huso.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 124
Temblaria por el mundo , caso de que pudiese distraerme un
instante ; porque las horas pasan , los años transcurren , y el
tejedor coge las madejas. (1 )
El Heraldo. No conoceréis á las que ahora vienen, aunque
estuvieseis cien veces mas versados en los escritos antiguos ; al
verlas , á pesar de haber hecho tanto daño , las felicitariais aun
por su llegada.
¡ Nadie creerá que sean las Furias , al verlas tan hermosas
bien formadas , amables y jóvenes en años ! Entrad en relacio
nes con ellas , y veréis como á manera de serpientes saben4 mor-
der semejantes palomas.
En el fondo son muy disimuladas ; pero hoy que cada loco se
gloría de sus faltas , tócales á ellas pasar plaza de ángeles , y
confesar que son el verdadero azote de las ciudades y campiñas.
Alecto. ¿ De qué sirve todo esto , si tambien os habeis de fiar
de nosotras, porque somos bellas , jóvenes y de manos blandas?
Si alguno hay entre vosotros que tenga su amada en alguna par-
te, le estarémos cuchicheando siempre al oido , hasta atrever-
nos á decirle cara á cara que hace guiños con tal ó cual , que
tiene la cabeza ligera , que es jorobada , que cojea , y si es su
novia , que no vale nada.
En cambio , sabemos tambien atormentar á la novia: su ama-
do ha hablado de ella con desden á otra ; y por mas que entre
los dos se hagan despues las paces , siempre queda algo. andyhtees
Megera. ¡ Pero todo eso no es mas que un juego ! Dejadles
unir , para que pueda yo despues hacer mi negocio ; ya veréis
como áfalta de otros medios , sabré yo echar mano del capricho t
para turbar la dicha mas pura. El hombre es voluble y las ho
ras son tambien variables .
Nadie está en brazos del deseo sin suspirar locamente por otro
mucho mas vivo , que siempre comprará á precio de la mayor
dicha á que está habituado. Huye del sol para ir á calentarse en
el hielo.
Bien sé yo de que modo he de portarme con ellos llevo al
fiel Asmodeo , para sembrar la desdicha en tiempo oportuno;
destruyendo así por partes la raza humana. han tol RuDOSHË,
ADALAIVAUG3
(1 ) Clotho tiene la rueca , Lachesis el hilo , Atropos las tijeras. En esos
versos que cantan las parcas cambia Goethe los papeles , à causa sin duda
del carnaval. Clotho ha trocado las tijeras fatales de Atropos , que pone en
estuche por algunos dias ; la vieja hila entretanto , y Lachesis manda.
122 FAUSTO .
Tisifona. Lejos de apelar á lenguas viperinas , yo busco y
preparo para el traidor la daga y el puñal . Ama á tu semejante,
que tarde o temprano la desesperacion se apoderará de tí.
• Preciso es que lo que era antes miel , se convierta despues en
acibar y hiel ; no puede haber aquí respeto ni piedad alguna :
ha cometido la falta , debe pagarla .
Perdon , ¡ vana endecha ! Me quejo á la soledad y á las peñas
y he aquí lo que responde el eco : ¡ Venganza ! El que cambia
no debe existir .
El Heraldo. Procurad apartaros á un lado , porque el que se
acerca no es de los vuestros. Aquí viene un monte con sus lade-
ras orgullosamente revestidos de variados tapices , con su boca
provista de largos colmillos y una enorme trompa que se mue-
ve como las serpientes ; es un enigma del que os doy la clave .
Lleva sentada en su nuca á una mujer graciosa y delicada, que
le dirige con maest. ía sin mas ausilio que el de una frágil vari-
ta. Hay otra mujer colocada en su cumbre , magestuosa y so-
berbia , circuida de un resplandor que deslumbra. A su lado van
dos mujeres cargadas de cadenas : en el rostro de la una se vé
pintada la inquietud , en el de la otra la mayor alegría; esta últi–
ma desea , aquella se siente libre. Anuncie ahora cada cual lo
que es.
El Temor. Las antorchas humeantes , las lámparas y las ha→
chas oscilan en medio de la confusion de la fiesta ; y mi cadena
jah! me sujeta junto á esas figuras engañosas !
Estúpidos , id á reir léjos de aquí ; porque vuestras contrac →
ciones despiertan mis sospechas. Véome esta noche asediado por
todos mis antagonistas.
Aquí un amigo se convierte en enemigo , - pero conozco su
máscara. - Aquel querria asesinarme ; - pero como lo he des-
cubierto , me evito .
4 ¡Ah ! consentiria en irme á cualquiera parte , con tal que pu-
diese huir de este mundo ! -Allí , empero , me amenaza el caos ,
y me quedaria suspendido entre las tinieblas y el horror.
La Esperanza. Salud , hermanas mias muy queridas. He aquí
dos dias pasados alegremente en medio de las máscaras ; con
રtodo , sé de un modo seguro que , respecto á mí , vais mañana
a desenmascararos. Si el resplandor de las antorchas no tiene ya
para nosotras singulares encantos , nos irémos á la luz de los
hermosos dias , segun nuestra voluntad , tan pronto en grupo ,
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA , 123
como solas , para correr libremente en los hermosos prados , y
luego descansar ú obrar , segun nos acomode, llevando una vi-
da sin cuidados , sin privarnos nunca de proseguir sin descanso
en un objeto. Huéspedas siempre bien recibidas , entremos au-
dazmente aquí ; de seguro que el bien supremo ha de hallarse
en alguna parte.
La Prudencia. Tengo sujetos y alejados de la multitud á dos
de los mas capitales enemigos del hombre , el Temor y la Espe-
ranza. ¡ Abrid paso , que ya estais salvados !
Ved como guio al coloso animado , que , aunque cargado de
torres , anda á paso lento y sin resistencia por escarpadas sen →
das.
Aquella diosa que allá arriba en su pináculo , empieza á des-
plegar sus anchas y poderosas alas para dirigirse á la conquista
de las cuatro partes del mundo , y que brillan do quier en torno
suyo el resplandor y la gloria , lleva el nombre de Victoria ,
reina de toda actividad.
Zoilo -Thersito. ( 1 ) Aunque vengo resuelto á atormentaros á
todos , pienso no obstante hacer blanco de mis tiros á la señora
Victoria que está allá arriba ; ya que con sus dos blancas alas
cree parecerse al águila , y que en cualquiera parte que secierr
na , imagina pertenecerle todo : paises y pueblos . Nada hay que
tanto me irrite como los actos gloriosos ; así que , ver encum-
brado lo que debe estar abatido , ver arriba lo que debe estar
debajo , ver la línea curva recta , y la recta curva , es lo que
quiero en la tierra.
El Heraldo . Miserable ! ; así te hierala santa varita , y se te
crispen los miembros todos en horrorosas convulsiones ! - ¡ Ved
como de repente se ovilla el doble enano en una masa inmunda !
i Oh prodigio ! - La masa se convierte en huevo que se hin-
cha y revienta , por dar paso á dos gemelos : la vibora y el mur-
ciélago. Empieza la una á arrastrarse por el polvo , y el otro,
negro como la noche , se levanta hácia el techo. Ambos procu-
(1) Zoilo, aquel griego tan famoso por haber critica do innoblemente las
obras de Platon y Homero. Thersito, aquel malo y repugnante jorobado de
que se tratá en el lib. xi de la Iliada . Detestaba Aquiles, Ulises y Agamem-
non, desafiaba insolentemente á los jefes del ejército , y aconsejaba siempre
la retirada; pero al fin fué muerto por Aquiles . Despues de su muerte, los
dioses le cambiaron en rana. Segun Platon, pasó su alma al cuerpo de un
mono. Tal fué el doble nombre dado por Goethe à un solo individuo , nombre
que basta para indicar el carácter de aquel à quien fué dado.
124 FAUSTO.
ran desde luego unirse ; por todo cuanto hay en el mundo no
quisiera ser yo su tercer aliado .
Murmullos. ¡ Alerta ! que empieza ya á bailarse allá abajo .
เ No notas como nos envuelve ya la raza fantástica ? Ya me
rozan los cabellos ; así como ahora mismo los sentia junto á mis
plantas. Ninguno hay de entre nosotros que esté herido ; pero
el miedo nos hace temblar á todos . - De nada sirven yalas bro-
mas . Los imbéciles lo han querido así.
El Heraldo. Desde que en las mascaradas me fué conferido el
cargo de heraldo , vigilo escrupulosamente en la puerta, para
que nada de lo que pueda seros funesto venga á turbar aquí
vuestros placeres ; no he cedido en lo mas mínimo , y sin em-
bargo temo que se me hayan deslizado por las ventanas algu-
nos espíritus, porque no puedo preservaros de los encantamien-
tos y sortilegios. Si el enano os espantase ahora allí abajo , desde
luego habria una multitud enfurecida. Bien quisiera esplicaros
el nombre y carácter de aquellas formas , conforme corresponde
ǎ mi cargo ; pero me es imposible definir ó describir lo que no
es comprensible ; así que , venid todos en mi ausilio . ¿ Veis como
se desliza lo innominado entre la multitud ? ¿ Veis como aquel
magnífico carro tirado por cuatro caballos lo atreviesa todo ?
Pero ni aplasta al gentío , ni veo que nadie se agrupe ; esparce á
lo lejos chispas de todos colores , se ven oscilar en su derredor
mil estrellas , de modo que parece una linterna mágica . Ya se
acerca con un rugido furioso como del huracan . ¡ Apartaos !
¡apartaos ! su solo aspecto me aterra.
Un Niño , ( el guia del carro ) . Corceles , paraos ; plegad vues-
tras alas , obedeced al acostumbrado freno, moderaos cuando os
modero , y cual el rayo partid cuando os animo. —¡ Honremos
estos sitios ! Ved como en nuestro alrededor se aumenta el
número de los bobos hasta formar una multitud enorme y com-
pacta. Así pues , heraldo , antes de que hayamos desaparecido
anuncíanos á tu modo ; dí , esplica nuestro nombre , porque so-
mos las Alegorías ; bien deberiais ahora conocernos.
El Heraldo. Me seria imposible nombrarte ; mas bien podria
describirte.
El Niño Guia. Inténtalo .
El Heraldo. Preciso es confesarlo , como eres tan hermoso y
jóven , dijérase ser un niño apenas adulto que las mujeres qui-
sieran ver ya adulto cumplido ; aunque galanteador en ciernes ,
me pareces un seductor de pura raza.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 125
El Niño-Guia. Esto es claro , pero continua ; revela la pala-
bra alegre del enigma .
El Heraldo. El hermoso negro de tus ojos , la noche de tu t
cabellera en la que resplandece una diadema , y el manto gra-
cioso de púrpura que cubre tus hombros , te harian tomar por
una jóven ; pero yo tengo para mí que eres capaz de volverlas
locas á todas por haber aprendido en su escuela .
El Niño-Guia . Y ¿ cuál es el emblema de la magnificencia
que va sentado en este carro ?
El Heraldo. Parece un rey poderoso y apuesto . ¡ Dichoso el
que sabe merecer su favor ! ¿Qué mas podria pretender cualquie
ra? Su mirada precede siempre á la necesidad , y el puro goce
que le impulsa á obrar, es mayor aun que la posesion y la dicha .
El Niño-Guia . No debes limitarte á esto ; piensa que es pre-
ciso describirle exactamente.
El Heraldo. La dignidad no puede describirse ; pero su ros-
tro es fresco y redondo como la luna llena , sus mejillas rosadas
se abren como una flor bajo el turbante , notándose además su
elegancia hasta en los menores pliegues de su traje . Y ¿ qué di-
rémos de su noble actitud ? Todo me indica en él ser un pode-
roso monarca.
El Niño- Guia . Es Pluto , dios de la riqueza , que se presen- ,
ta con toda su pompa. El gran emperador le llama y desea viva-
mente tenerlo á su lado.
El Heraldo. Dinos ahora tambien por lo á tí concerniente el
como y cuando.
3
El Niño-Guia. Yo soy á la vez la Frodigalidad , soy la poesía ,
soy el poeta que se complace dispersando su propio tesoro,
Tambien soy inmensamente rico , y me considero igual á Pluto .
Yo animo y adorno sus danzas y sus fiestas ; yo le procuro todo
cuanto le falta.
El Heraldo. Veo que muy bien te sienta la vanidad ; mués-
tranos ahora tus habilidades.
El Niño-Guia . Miradlo , con solo hacer castañetear los dedos ,
hago brotar torrentes de chispas de en derred or del carro . Ved
ahora que collar de perlas. ( Haciendo castañetear sus dedos.)
Vuestros son los broches de oro , los pendientes , los collares;
vuestros tambien los peines , las coronas , los preciosos brillan-
tes montados en ricas sortijas . A veces despido tambien peque-
ñas llamas , sin saber aun,do llevarán el incendio,
126 FAUSTO.
El Heraldo . ¡ Cómo lo acepta y coje todo esa ávida multitud !
Vése el dispensador cercado estrechamente ; por mas que llue-
van joyas como en un sueño , quiere cada cual llevar su buena
parte. He aquí ahora otras nuevas ; de poco les sirven á los que
las cojen con tanta avidez , por escapárseles de las manos casi en
el mismo instante. El collar de perlas se rompe , sin que el pobre
diablo que lo poseia vea en su mano mas que escarabajos que al
arrojarlos zumban en sus oidos . Mas afortunados los mas ,
enlugar de bienes sólidos , han logrado cojer frívolas mariposas.
¡ Qué pícaro ! ¡ Promete tanto y solo da vano oropel!
El Niño-Guia. En verdad esplicas muy bien las máscaras ;
pero veo que no es para un heraldo de corte el descubrir el fon-
do de los séres : para ello se necesitan hombres de mirada mas
penetrante. Sin embargo , quiero evitar toda querella , solo á
tí, maestro, van dirigidas mis preguntas. ( Se vuelve hácia Pluto.)
¿No me confiaste la mision de guiar tus cuatro fogosos corceles?
No les he guiado con acierto segun tus deseos ? ¿ No estoydon-
de me indicas ? No he sabido con raudo vuelo conquistar la pal-
ma? ¿Por ventura no he sido vencedor cuantas veces me he
lanzado por tí al combate ? ¿ Acaso no son mi génio y mi mano
los que han tegido los laureles que adornan tu frente ?
Pluto. Si es preciso declararlo , lo haré de buen grado : tú
eres el génio de mi génio , tú obras siempre segun mi voluntad ,
tú eres mas rico de lo que lo soy yo mismo ; y por honrar debi-
damente tus servicios , prefiero este verde ramo á todas mis co-
ronas. Aquí lo proclamo en voz alta y con toda la sinceridad de
que soy capaz. Hijo mio querido , estoy contento de tí.
El Niño -Guia , à la multitud . Bien lo veis , he derramado
con profusion en torno mio los mas ricos dones ; por do quier
veo cabezas en que brilla una pequeña llama que yo he difun-
dido . Pasa de uno á otro, se queda en este y se escapa de aquel ,
y solo rara vez se levanta y brilla espléndida en su resplandor
pasagero ; en muchos , aun antes de haberse podido sospechar
su existencia , se extingue tristemente consumida.
Charleria de mujeres . Aquel que está en lo alto del carro , de
seguro, es un charlatan . Tras él está acurrucado Harnswurst ( 1 ) ,

(1) Harnswurst, principal personaje de las farsas alemanas.


LaAvaricia con sus ojos hundidos y sus miembros descarnados , acurruca-
da tras el carro en que orgulloso se presenta el dios del oro , es otro de los
contrastes de que ya hemos visto á Goethe sacar tan buen partido. Aqui
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 127
pero enflaquecido por el hambre y la sed , tal cual nunca aun le
habíamos visto ; aun cuando se le pellizque no lo siente.
El Enflaquecido. ¡ Fuera esas repugnantes gorronas , por las
que soy siempre mal recibido ! Cuando la mujer se cuidaba aun
del hogar , se me llamaba Avaricia ; en aquellos tiempos la casa
estaba en buen estado : entraba entonces mucho en ella sin salir
nunca nada. Yo velaba siempre el arca y el armario , hasta el
punto de rayar aquello en vicio ; pero cuando en estos últimos
años la mujer desechó la economía , y que como el mal paga-
dor , tuvo mas deseos que escudos , empezaron los sufrimientos
del hombre, quien, no ha tenido desde entonces mas que deudas .
Caso de que ella gane algo , lo gasta para sí y para su amante ;
en cambio , come mejor y bebe mucho mas en medio de sus con-
denados galanteos. Mi pasion por el oro va siempre en aumento
de modo que soy el Avaro masculino.
La Mujer , á solo. Que el dragon se vaya con los dragones ,
ya que todo esto no es mas que mentira y engaño. Viene para
provocar á los hombres , como si no fuesen ya sin esto asaz des-
agradables.
Las Mujeres , á coro. Abofeteemos á ese hombre de paja ;
¿permitirémos que así nos amenace ese miserable enclenque ?
Los dragones solo son de carton y madera , luego no hay mas
que arrojarse sobre su esqueleto.
ElHeraldo. ¡Por mi baston , haya aquí paz ! -Pero ya es inú-
til mi ausilio ; ved como furiosos los mónstruos despliegan sus
dobles alas invadiendo el espacio . Los dragones irritados agitan
sus bocas cubiertas de escama vomitando torrentes de fuego ; la
multitud huye despavorida y queda el local despejado .
(Pluto desciende del carro. )
El Heraldo. ¡ Con que régia magestad se avanza ! A la menor
de sus señales los dragones se agitan ; han bajado ya del carro
el cofre lleno de oro y de avaricia , helo alli á sus piés : ha sido
una operacion hecha de un modo verdaderamente prodigioso .
Pluto, al niño guia . Héte ahí desembarazado y libre de aquel
enorme peso ; debes ahora remontarte á tu esfera que , bien sa-
bes no es esta , donde solo hay confusion y rumor , y en la que
nos cercan fantasmas grotescos. Vete allí , donde tú , puro espí-
ritu , contemplas la pureza serena ; allí donde te perteneces en-
Pluto no es otro que Fausto , prometiendo oro y riquezas al emperador,
aquel gran Todo de la edad media.
128 FAUSTO.
teramente y no tienes fé mas que en tí mismo; allí , en fin, don-
de imperan solos lo bello y lo bueno . Vete á crear tu mundo en
la soledad.
El Niño-Guia. De este modo me considero digno enviado ; de
este modo te amo comomi mas próximo pariente. Donde tú estás
hay la opulencia , donde estoy yo abundan los mas ricos teso-
ros. El hombre que con tanta frecuencia vacila en esta vida
absurda , ¿se entregará á tí ó á mí ? Los tuyos podrán entregar.
se al ocio , pero los que sigan mis pasos , tendrán siempre algo
que hacer. Yo no obro en secreto ; respiro, y estoy siempre á des-
cubierto . Adios pues ! ¡ ya que me dejas entregado á mi dicha!
Murmura dulcemente mi nombre , y no tardaré en volver.
( Se va como ha venido . }
Pluto. ¡ Hora es ya de mostrar los tesoros ! Todo se abre al
solo contacto de la vara mágica. Ved como circula en los cofres
de bronce una sangre de oro ; primero hay las coronas , cadenas
y sortijas. La masa en ebullicion amenaza absorverlo todo mien-
tras va fundiéndose.
Clamores diversos de la multitud . ¡ Ved ah ! ¡ ved que esplén-
dida fusion! El cofre se llena hasta el borde , -los vasos de oro
se funden , los rieles se forman por sí mismos , los ducados sal-
tan acuñados. ¡Ah ! ¡ como el corazon me late , como veo allá
en el suelo revolotear mis deseos ! - Aceptemos desde luego la
oferta que se nos hace : serémos ricos con solo inclinarnos . -
Estamos prontos á apoderarnos de los cofres con la rapidez del
rayo made 15. Saltige
El Heraldo. ¿ Qué es esto ? ¡ Insensatos ! ¿ qué queréis? Todo
esto es un puro juego ; es lo único que puede ser en una noche
de máscaras. ¿ Creeis que se os va á dar oro y valores ? Nunca
os hubiera creido necios basta el punto de tomar una broma por
una verdad incontestable ; y aun cuando así fuese , ¿ de qué os
serviriala verdad que tanto os deslumbra ? -- — En cuerpo y alma
incurris en un error grosero - Pluto carnavalesco , héroe de
mascarada , échame de aquí á esa gente.
ShPluto. Tu vara va á servirme á las mil maravillas : déjamela
por un momento. Voy á templarla en la líquida llama. — Más-
caras , ojo alerta ; ya chisporrotea y arroja torrentes de chispas;
hé aquí la vara convertida en llama . El que se acerque dema-
siado , va a ser quemado vivo . Voy, pues, á empezar mi círculo.
Gritos y confusion . ¡ Ah ! ¡ ab ! que va á ser de nosotros-

SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 129
¡Sálvese quien pueda ! -¡Cuán pesada es esa vara de fuego,
Todos estamos irremisiblemente perdidos ! - ¡ Atrás , máscaras ;
atrás , atrás , multitud insensata ! —A tener alas , ¡ cuán rapido
fuera mi vuelo!
Pluto. Ya ha sido ensanchado el círculo , sin que á mi ver, se
haya quemado á nadie ; la multitud cede , poseida de espanto.
Sin embargo , voy á trazar un círculo invisible , á fin de conser-
var el órden establecido.
El Heraldo. Has dado cima á una empresa digna : gracias
sean dadas á tu sabio poder.
Pluto. Aun no hemos llegado al término de nuestro camino,
noble amigo : aguarda y verás como aun amenaza el tumulto.
La Avaricia . Con un poco de atencion se puede contemplar
ese círculo con cierto placer , porque siempre están las mujeres
en primera fila cuando se trata de ver algo , sobre todo si puede
dar pábulo á la chismografía. Y como yo no me considero aun
completamente enmohecida , veo con placer el afan de toda mujer
hermosa ; asi pues , ya que hoy esto no me costará nada , quiero
complacerlas á mi antojo. Pero como en un sitio atestado de
gente no son oidas todas las palabras , procuraré con prudencia,
segura de salir con la mia , emplear la pantomima ; y , si no bas-
tan la mano , el pié , y los gestos , intentará alguna travesura.
Además , emplearé el oro como si fuese arcilla húmeda , porque
şabido es que aquel metal se convierte en todo objeto.
El Heraldo. ¿ Qué es lo que tiene esa momia imbécil ? ¿ Si
querrá hoy esa escualida convertirse en espiritualista ? No hay
oro que deje de reducir á pasta , por ser este metal en sus dedos.
enteramente flexible ; fuego le petrifica y envuelve , pero siem-
pre conserva la misma forma innoble . Héle aquí que se vuelve,
hácia las mujeres ; pero estas le acojen lanzando gritos, querien-
do huir y contrayendo el rostro. Mucho me temo que llegue á
faltar á todas las conveniencias sociales, lo que no podré tolerar
de modo alguno. Dadme mi vara , mejor será antes arrojarla de
aqui .
Pluto. No presiente lo que nos amenaza en el esterior ; déjale
hacer su fiesta de loca , que ni puesto va á quedarle para sus
pasquinadas. La ley es poderosa ; pero mas poderosa es aun la
necesidad.
Tumulto y canto. La banda silvestre acude desde las cumbres
de los montes y de las hondonadas de los bosques ; ved como
9
TO
$130 RAFAUS .
avanzan con irresistible empuje para festejar á su gran dios Pan.
Saben lo que nadie sabe , y se lanzan al círculo vacío.
Pluto. To os conozco á vosotros y á vuestro gran dios Pan ,
con el que habeis dado atrevidos golpes. Sé muy bien lo que no
todos saben; y os ofresco de buen grado ese estrecho círculo ,
deseándoos á todos un feliz destino. Pueden acontecer curiosos
prodigios , ignoran á donde van , por no habérseles advertido
cosa alguna.
Canto silvestre. ¡ Pueblo lleno de oropel , monton de lentejue-
las ! Mirales como vienen embrutecidos á grandes brincos y en
veloz carrera : todos ellos son fuertes y audaces.
Los Faunos. Hé aquí la banda de los Faunos con su volup-
tuosa danza , su corona de ramas de encina , su oreja delicada y
puntiaguda que asoma á través de sus bucles , su pequeña nariz
roma y su ancha frente que no disgusta del todo á las mujeres.
Ya sabeis cuando el Fauno les tiende la pata , ni aun la mas
hermosa sabe desdeñarla.
Un Satiro. El Sátiro brinca detrás de los otros , el Sátiro de
pié de cabron y pierna ágil , tiene tambien los demás miembros
delgados y nerviosos. Como el gamo en las alturas del monte ,
se deleita en mirar á todas partes ; y luego vivificado por el aire
libre , se burla del niño , de la mujer y del hombre que envuel-
tos allá abajo entre los vapores y el humo del valle , imaginan
también de que viven , mientras que á él , puro y sin cuidados ,
á él solo pertenece el mundo todo en las alturas.
Los Gnomos. Aquí viene á trote corto una banda de pigmeos
que no quieren andar de dos en dos. Con su traje mohoso y sus
pequeñas linternas , se empujan unos á otros , obrando cada
cual por sí y bulliendo como un hormiguero de gusanos relu-
cientes. Toda esa masa se agita incesante de un punto á otro ,
entregada las mas veces á movimientos opuestos.
Próximos parientes de los piadosos tesoros , tan conocidos co-
mo cirujanos del granito , nosotros sangramos los altos montes
y nos desalteramos en sus copiosas venas . Nosotros amontona-
mos los metales, por lo que somos acogidos en todas partes con
gritos de entusiasmo , y considerados como verdaderos amigos
de los hombres. Y sin embargo , presentamos el oro á la luz del
dia , el oro para los ladrones y los desalmados , y hacemos de
modo que no falte el hierro al hombre altivo y poderoso que in-
ventó la matanza. El que desprecia los tres mandamientos , poco
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 2181
se cuida de observar los restantes. Pero no es nuestra la culpa ;
como nosotros , tened pues paciencia.
Los Gigantes. No merecen de los hombres otro nombre que el
de salvajes ; ¡ cuán bien se les conoce en el Harz ! Desnudos y
dotados de su antigua fuerza , van reunidos como verdaderos
atletas; armados de un tronco de abeto , con un tosco cinto en la
cintura y un grosero delantal de hojas y ramas, son otros tantos
guardias, como nunca los tuvo el Papa.
Coro de Ninfas. ( Rodeando al gran dios Pan. ) Tambien él
ha acudido! el mundo todo está representado en el sublime Pan.
Vosotras , las mas amables , circuidle y entregaos en su derre-
dor á vuestras locas danzas ; porque bueno y grave å la vez , se
complace mucho en que esté uno alegre . Bajo la azulada bóveda
del cielo , se le vé constantemente despierto , arrobado por el
murmurio de los arroyos y mecido por frescas brisas que le pro-
curan la mas plácida calma ; y cuando hácia mediodia empieza
su sopor , la hoja cesa de temblar en la rama , él aroma balsá-
mico de las plantas vivas impregna la silenciosa atmósfera , y
cesa la ninfa en su holgura y se duerme do quiera se encuentre.
Con todo , si de repente resuena suvoz poderosa como el retum-
bo del trueno ó el mugido del mar , nadie sabe hacia donde vol-
verse ; el valiente ejército se dispersa , y el héroe se estremece
en el tumulto. ¡ Honor pues al que lo merece ! ¡ Salud al que nos
conduce aquí !
Diputacion de Gnomos. ( El gran dios Pan.) Si el bien supre-
mo y espléndido penetra en las venas del granito y no descubre
sus laberintos sino al mágico poder de la vara adivina ;
Nosotros construimos nuestra casa de Trogloditas en las gru-
tas oscuras , y tú dispensas á la pura luz del sol generosamente
tus tesoros. 1
Acabamos de descubrir cerca de aquí un maravilloso manan-
tial que promete dar , sin trabajo , lo que podria apenas con-
quistarse.
Solo de tí depende el dar cima á esta empresa : ¡ tómala señor,
bajo tu proteccion ! Todo tesoro en tus manos viene á ser pa-
trimonio del universo.
Pluto', al Heraldo. Sepamos mostrarnos magnánimos y deje-
mos que se cumpla lo que se está preparando . Nunca tu valor
ha sido desmentido ; pronto sucederán cosas verdaderamente
horribles , tan horribles , que ni el mundo ni la posteridad,
132 FAUSTO.
querrán darlas crédito. Escríbelas todas fielmente en tu proto-
colo.
El Heraldo , cogiendo la vara que tenia Pluto en la mano.
Los enanos conducen suavemente el gran dios Pan al mar de
fuego que serpentea en la hondonada para sumergirse de nue-
vo en el abismo , dejando entreabierta su boca sombría : ved
como ondula aun aquel mar encendido y humeante. El gran dios
Pan conserva aun su buen humor , y hasta se complace en ver
semejante prodigio.— Brota de todas partes una espuma de per-
las. ¿ Cómo puede fiarse en tales sérés ? -Se inclina profunda-
mente por v vea
rlosmeejor ; pero hé aquí que su barba cae dentro.
¿ Qui én aquel hombre recientemente afeitado cuya
* manole a nuestra vista?- Acontece una gran desgracia:
la barba se enciende , y un reguero de fuego inflama á la vez
la corona, la cabeza y el pecho : el placer se convierte en dolor.
La multitud acude para apagar las llamas, pero todos sucum-
ben , y cuantos mas esfuerzos se hacen , mas la llama se au-
menta y aviva . Todo un grupo de máscaras arde ya envuelto
en el elemento voraz . Pero , ¿ qué oigo ? ¿ qué noticia es la que
de oido en oido y de boca en boca se trasmite? ¡ Oh noche para
siempre lamentable , que de males vas á traer sobre nosotros !
¡ Cuán alto va á proclamar el dia de mañana lo que nadie qui-
siera oir ! En todas partes oigo gritar que es el Emperador quien
sufre aquellos tormentos. ¡ Preferiríamos á esto todas las des-
gracias ! El Emperador y los suyos son presa de las llamas ;
¡ malditos sean los que le han inducido á rodearse de faginas
resinosas y han venido aquí alborotando para promover la des-
truccion general ! 1 Ah juventud ! , ¡ah juventud ! ¡ nunca sabrás
refrenar tus placeres. Oh nobleza ! , ¡ oh nobleza ! ¡ nunca sa-
brás conciliar en tus actos la razon con el poder que ejerces !
Todo el bosque es ya un mar de llamas , cuyas puntas se ele-
van hasta lamer el maderamen del techo ; nos amenaza un in-
cendio general ; la desolacion llega á su colmo : no sé quien
pueda salvarnos, ¡ Mañana se verá que en una sola noche ha
quedado reducida á escombros toda la magnificencia imperial.
Pluto. Basta ya de terror y lamentos ! tiempo es ya de acu-
dir en su ausilio. -Poder de esta vara , hiere , y que la tierra
-
se estremezca y retiemble. Y tú, infinita mansion aérea , llénate
de un vapor tibio. Nieblas , revolotead por aquí : densas nubes ,
cerneos y abrid vuestras cataratas sobre aquel tumultuoso in-
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 133
cendio ; nubecillas , hinchaos y descargad tambien el agua que
llevais en vuestro seno , sin parar hasta enteramente
el incendio. Cuando los Espíritus nos amenazan , debe recurrirse
á la mágia.

obuzjob , nmeida lo 20.37


o Isops ous alubin 66:10
JARDIN DE RECREO. duo na k

SOL DE LA MAÑANA.

El Emperador y su corte , hombres y mujeres : Fausto , Mefis-


tófeles , vestido decentemente , segun el gusto de la época , ambos
se arrodillan.
Fausto. ¿Perdonas , señor , el incendio de carnaval ?
El Emperador , indicándoles que se levanten. Mucho me gus-
tan las bromas de esta clase . Por un instante me vi en medio
abismo de
de una esfera ardiente , y casi me creí ser Pluto . Un
tinieblas y carbon se inflamó de repente , y solo ví ya desde
entonces serpentear en los abismos millares de raras llamas que
se unian formando una bóveda , y cuyas puntas destruian una
sublime cúpula siempre en pié y siempre desmoronándose. A
través del torbellino de las columnas de fuego , veia agitarse á
lo lejos numerosos pueblos, que daban vueltas por el ancho cír-
culo , rindiéndome el homenaje que me han prestado siempre.
Conocí á mas de uno de mi corte ; parecíame al rey de las Sala-
mandras.
Mefistofeles. Y en efecto lo eres , señor , puesto que cada ele-
mento reconoce tu poder absoluto. Acabas de esperimentar que
la llama te está sometida ; arrójate ahora al mar donde bramen
sus olas con mas furor , y apenas habrás sentado el pié en su
suelo sembrado de perlas , verás formarse en tu derredor un
círculo espléndido. De arriba á abajo verás hincharse olas verdes,
ágiles y cubiertas de rojiza espuma que procurarán con vistosos
juegos embellecer tu morada. A cada uno de tus brotará
un palacio ; y como hasta sus paredes tendrán el don de vida ,
te seguirán con la rapidez del dardo . Los monstruos marinos se
agrupan para presenciar aquel espectáculo tan nuevo como
hermoso y variado ; ya empiezan á holgarse los abigarrados
dragones de escamas de oro , y ronca el tiburón , mientras le
estás tu riendo en los hocicos. Cualquiera que sea el espectá-
134 FAUSTO. +
culo que despliegue para festejarte tu corte encantada , nunca
habrás contemplado una multitud igual. Tampoco faltarán en
cambio rostros agradables , las Nereidas curiosas se acercan ya
al magnífico palacio situado en el seno de la eterna frescura ;
las mas jóvenes de entre ellas , son tímidas y lascivas como los
peces , teniendo las demás por norma la prudencia ; ya Thetis
está informada , y tiende al nuevo Peleo sus manos y sus labios
señalándole luego un puesto en la mansion del Olimpo.
*El Emperador. Renuncio por ahora á tu favor lo de la region
aérea ; porque siempre sube uno asaz pronto las gradas de
aquel trono.
-Mefistofeles . Y tú ya tienes toda la tierra , dueño sublime !
El Emperador. ¿ Qué feliz destino el que te trae aquí sin
transición de las Mil y una Noches ? Si te pareces en la abundan-
cia á Scheherazada , te prometo el mayor de todos los favores.
Procura estar siempre pronto , para el caso de que el mundo
uniforme me sea insoportable , como sucede con frecuencia .
El Mariscal , se adelanta precipitadamente. Gracioso soberano,
nunca habria creido poder darte en mi vida tan fausta noticia
como la que me transporta de júbilo en tu presencia : la deuda
está liquidada , todas las cuentas satisfechas y hemos dejado de
ser presa de los usureros: héme aquí libre de los tormentos del
inferno. *** *** *
El Gran Maestre del Ejército , se presenta á su vez. Todos los
soldados han sido pagados puntualmente , se reengancha el
ejército entero , el sacanete está dispuesto á todo y el huésped
y las niñas están satisfechos .
El Emperador. ¡ Cómo el corazon se os dilata ! ¡ Cómo des-
aparecen las arrugas que surcaban vuestra frente! ¿De qué pro-
cede la precipitacion con que obrais ?
El Tesorero , que estaba presente. Preguntad á los que han
dado cumplimiento á la obra.
Fausto . Es al canciller á quien debe exponerse este asunto.
El Canciller , adelantándose á paso lento. ¡ Qué dicha en mis
últimos años ! Al menos podré morir satisfecho.- Prestadme
atento oido , y contemplad la gran página del destino que acaba
de convertir el mal en bien. ( Lee) ase participa al que quiera
saberlo , que vale ese papel mil coronas. Se ha dado en garantía
cierta un gran número de bienes que habian desaparecido del
imperio. Han sido adoptadas todas las medidas para que aquel
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 135
rico tesoro , una vez reconquistado , sirva para la extincion del
crédito. >»
El Emperador. Sospecho haya aqui algun delito, algun mons.
truoso engaño . ¿Quién ha falsificado la firma imperial? ¿Ha po-
dido quedar impune semejante crimen ? cats aboutchị dos ca
El Tesorero. Evoca tus recuerdos , lú mismo lo has firmado
esta noche , cuando estabas representando al gran dios Pán ; el
canciller yyo te hemos hablado en estos términos : « Consagra el
placer de esta fiesta , consagra el bien estar del pueblo algunos
rasgos de tu pluma ; y lo has hecho clara ydistintamente. Luego
miles de operarios los han reproducido instantaneamente á mi-
llares ; y á fin de que el beneficio pudiese ser desde luego pro-
vechoso á todos , hemos timbrado en seguida documentos de
toda clase , esto es, de diez, de treinta , de cincuenta y de cien-
to . No podeis figuraros lo beneficioso que es para el pueblo
ved sino vuestra ciudad , poco ha desolada y en brazos de la
muerte , como recobra la vida y se estremece de placer en todos
sus ángulos. Por mas que desde mucho tiempo labre tu nombre
la dicha del mundo , nunca habia sido pronunciado con tanto
amor como ahora. El alfabetó va á ser desde hoy inútil , puesto
que con solo esta firma se logrará la dicha de todos. »
El Emperador. Reconocen mis súbditos en ello el valor del
oro puro ? ¿ El ejército y la corte consienten en que se dé por
paga ? En este caso , cualquiera que sea mi asombro , permi-
tiré su circulacion .
El Mariscal. Imposible seria detener el papel en su vuelo
pues tiene la velocidad del rayo . La tienda de los cambistas está
abierta de par en par ; y se cambia el documento en oro ú plata
mediante alguna rebaja , dirigiéndose todos desde allí al merca-
do , á las panaderías y á las fondas. La mitad de la gente no
piensa mas que en festines , mientras que la otra mitad se pavo-
nea con vestidos nuevos , así es , que el tendero corta y el sas-
tre cose. El vino corre á torrentes en las tabernas á los gritos de :
¡Viva el Emperador ! Y las ollas humean , y los asadores dan
vueltas y los platos resuenan á los mismos gritos.
Mefistofeles. El que se pasee por las nubes , hallará en ellas á
la belleza espléndidamente adornada. Grato es ver unos hermo-
sos ojos ocultos bajo el tejido de un abanico de plumas , son-
reirse y lanzar una mirada.... Los ricos favores del amor se
obtienen mas pronto por ellas que por medio del talento y la
186 4109344T (FAUSTO.THAT KORT SER
elocuencia. No habrá ya necesidad de cargarse de bolsas y sacos,
porque una pequeña hoja de papel se lleva fácilmente en el seno,
y hasta puede juntarse en la union mas intima , con las cartas
de amor. El sacerdote la lleva piadosamente en su breviario ; y
el soldado, para que sean sus movimientos mas rápidos, procura
·aligerar su cintura. Que Su Magestad me perdone si al parecer
debilito su grande obra apreciándola en sus menores ventajas.
Fausto. Laplenitud de los tesoros que dormida yace profun-
damente en las tierras de tus Estados , no da provecho alguno.
Ni la imaginacion mas galana podria concebir tanta riqueza , ni
la fantasía en su vuelo mas sublime llegar á figurársela ; solo
los espíritus dignos de contemplar la profundidad , conciben por
lo infinito una confianza ilimitada.
Mefistófetes. ¡ Es tan cómodo el que pueda semejante papel
suplir el oro y las perlas ! Siempre se sabe todo cuanto uno tie-
ne; además , no hay necesidad de pesarlo ni cambiar , y puede
cada uno entregarse libremente al amor y al vino. ¿ Quiére úno
moneda ? lo cambia y se lo procura ; y si falta metal , se cava
por algun tiempo la tierra: se empeñan las alhajas , y hé aquí
el papel amortizado , con rubor de los incrédulos que de un mo-
do tan insolente se burlaban de nosotros. Nadie desea otra cosa
cuando se está acostumbrado á ello ; ya veréis como en lo suce-
sivo no faltarán en los Estados del Emperador papel, oro y'alha-
༡༩༨༩༢༩ ད་ ; 7 . ཐུན ༥༦༥་ ༧ཧཱན༥ 'ཅུང་
jas.
El Emperador Mereceis bien de nuestro reino ; que en lo
posible sea la recompensa proporcionada à vuestro servicio. Os
confiamos el interior de las tierras de nuestros Estados , por ser
vosotros los mas dignos custodios de los tesoros que contienen .
Vosotros sabeis el secreto profundo y bien guardado que encier-
ran, y solo en virtud de vuestras órdenes , se harán las excavá-
ciones necesarias. Podreis ahora poneros de acuerdo , vosotros,
**
que sois los dueños de nuestros tesoros : llenad con ardor los
deberes de vuestra mision; y haced que los mundos superior é
inferior se unan con feliz consorcio.
El Tesorero . No debe haber ya entre nosotros ni sombra de
discordia ; desde ahora me complazco en tener por cólega al adi-
vino, no dzhimadolaq à vos ebon andig Salecón Faŭsto.) "
El Emperador. A cualquiera que en mi corte colme de dones,
quiero que antes me diga cual es el uso que piensa hacer de
ellos.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 137
Un Paje , al recibirlos. Con ellos viviré alegre , contento y des
buen humor. in cäsupaq kan os prog
Otro, en el mismo caso . Yo quiero enjoyar inmediatamente á
mi amada. # x et jonge (d. 16.16 ab
Un Camarero , embolsando. Desde ahora voy a beber doble
cantidad de vino de la mejor calidad. Poroninio me 1679glie
Otro , haciendo lo propio. Ya se estremecen los dados en mi
bolsillo.
Un Señor Abanderado , con circunspeccion. Yo voy á pagaro
las deudas que gravitan sobre mi castillo y mis dominios.mi al M
El Emperador. "Confiaba hallar en vosotros ardor para eme!
prender nuevas acciones , pero el que os conoce , fácilmente !
adivina lo de que sois capaces. Bien lo veo , en el esplendor de
la riqueza y los tesoros , sois los mismos que habeis sido antés .
El Loco , al llegar. Ya que dispensais gracias , permitidmes
participar de ellas. ecmsbs ;90
El Emperador. ¡ Cómo ! ¿vives todavía ? Ahora mismo irías
á invertirlas en vino y licores. vaidines of ? sheano
El Loco. Casi nada he comprendido acerca de vuestros billetes
mágicos. home Ingry le
El Emperador. Lo creo , porque los empleas maleni azt ol
El Loco. i¡ Hé aquí otros que caen ! No sé lo que voy á hácer.
El Emperador. Tómalos , son tu lote. ( Se vás) nšas!ist on ovie
El Loco. ¡Cinco mil coronas en mi poder !
Mefistofeles. Echa á correr , ¡ hé aquí á un hombre de pro !'
El Loco Eso me sucede con frecuencia , pero sin que me en→
cuentre tan bien como ahora. simini to ano :8409
Mefistofeles. Veo que el placer te hace sudar á mares, seriózov
ElLoco. Decidme , & tiene esto el valor del oro fledne zorional
Mefistofeles . Con ello puedes procurarte todo cuanto tu boca
y tu vientre deseen.
x
El Loco. Y, podré comprar una casa , ganados y 2. campos ?
Mefistofeles. Por supuesto , con tal que lo pagues bien , nada
te faltará. memuurse vilat nog atau se joinstal
ElLoco. Y, un palacio con bosques , caza y estanques ?
Mefistófeles. ¡ A fé mia , desearia verte un gran señor !ibvocally
ElLoco. Desde esta misma noche voy á pavonearme en mis
dominios. (Sale:) up excipplaus A .rohnraqma 1A
Mefistofeles , solo. ¿ Quién puede dudar ya de la cordura de
nuestro loco ?
138 FAUSTO.

UNA GALERÍA OSCURA.

FAUSTO, MEFISTÓFELES.

Mefistofeles. ¿ Por qué me conduces á esos sombríos corré-


dores ? ¿Acaso no reina allá abajo bastante alegría , y no hay
entre aquella turba cortesana sobrados motivos para la mofa y
la impostura ?
Fausto. No me hables de este modo ; porque ese lenguaje
sobre ser ya viejo me es sumamente pesado. Ese vaiven conti-
nuo es solo para evitar contestarme ; sin embargo , de contínuo
me impelen á obrar, de modo que el Mariscal y el Chambelan no
me dejan ni un momento en reposo. El Emperador quiere, y es
preciso complacerle , quiere contemplar á Helena y Páris , esto
es , á la obra maestra del hombre y de la mujer , y verlas sobre
todo , dotados de formas arrobadoras. Manos pues á la obra ,
porque no puedo faltar á mi palabra.
Mefistofeles. Locura ha sido prometer tal cosa.
Fausto. Querido mio , tú has sido el primero en no prever lo
que habia de sucedernos ; hemos empezado por hacerle rico ,
preciso nos es ahora divertirle.
Mefistofeles. Y ¿ piensas tú , que puede hacerse esto tan fá-
cilmente ? Hénos aquí engolfados en un camino mucho mas ás-
pero; figúrate que se te entregan las llaves de un tesoro inaudito;
y, que tú , como un insensato , acabas por contraer despues
nuevas deudas. ¿ Piensas que es tan fácil evocar á Helena como
á esos simulacros de papel moneda ? En cuanto á brujas , es-
pectros , fantasmas y enanos de velludas paperas , estoy pronto
á servirte con toda mi banda ; pero las comadres del diablo no
pueden , sin desacreditarse , pasar por heroinas.
Fausto. ¡ Hé aquí tu cantinela sempiterna ! Siempre se va
contigo á parar á lo incierto ; eres el padre de todos los obstá-
culos ; por cada servicio exiges una nueva recompensa. Ya sé
que con solo murmurar entre dientes , estará hecho ; sé que en
un santiamen tendré lo que deseo. "
Mefistofeles. Nada tengo que ver con el pueblo pagano , por
habitar éste su infierno particular.... Sin embargo , entreveo un
medio.
Fausto. Habla , habla pronto , pues soy todo oidos...
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 139
Mefistofeles. Apesar mio voy á revelarte el misterio sublime.
-Hay diosas augustas que reinan en la soledad , sin que haya
en su derredor ni espacio , ni tiempo ; no puede hablarse de ellas
sin esperimentar una turbacion indecible, ¡ Tales son las Ma-
dres ! (1)
Fausto , asombrado Las Madres bmp 197
Mefistofeles. Con qué tiemblas ?
Fausto. Las Madres ! ¡ las Madres ! ¡ Me parece esto tan raro!
Mefistofeles. Y en efecto lo es. Diosas desconocidas á vosotros,
los mortales, que nunca nombramos nosotros de buen grado . (2 )
Irás á buscar su morada en los abismos; tú eres causa de quez
las necesitemos.
Fausto. ¿ Cuál es el camino ? 1
Mefistofeles. No hay camino al través de senderos que no han
sido ni serán hallados ; no hay camino hacia lo inaccesible y lo
impenetrable. ¿Estás dispuesto? No se han de forzar cerraduras
ni rejas. ¿Te has formado idea del vacío y de la soledad ? Lot
Fausto. Creo que podrias ahorrarte muy bien semejantes
preámbulos , mas propios para hacerse en el retrete de una bru-
ja y en otros tiempos muy distintos de los nuestros. ¿ No he te-
nido que estar en relacion con la sociedad , saber el vacío y áp
mi vez enseñar á los demás ? — Al hablar segun la razon me
dictaba , incurria en las mayores contradicciones por esto me
ví obligado á buscar un asilo en la soledad y el desierto , y por a

(1) Madres , principio misterioso de todo cuanto existe ó debe existir; ha-
bitan fuera del espacio y del tiempo en el vacío eterno. La idea abstracta en
sí misma, la idea del tiempo y del sitio , se revelan en sus rostros , mas mis-
ticos aun que fantásticos. - Mefistófeles las llama divinidades desconocidas
á los mortales. Como Fausto ignora lo que le está reservado en el seno de la
vida eterna, tiembla ante los misterios sublimes, de los que ni aun el mismo
diablo puede levantar el velo. Fluctua , pero ei deseo de saber y la posesion
de Helena al fin le decíden. La belleza y dulzura de Margarita desaparecen
ante la influencia soberana de la grandeza plástica Parte , y Mefistofeles,
poco seguro del resultado de su empresa , esclama : Deseo saber si volverá.
Esta
par áescena tores del hor
sus lecfantástica enror
la que
de del gran poeta hace partici-
del
es la exposicion de la trage-
dia antigua y del argumento del segundo y del tercer acto.
(2) No debe admirar en lo mas minimo la repugnancia de Mefistofeles
porque en su materialismo grosero , solo está por lo corpóreo y lo palpable ,
demos
sin sus lo
sinopor
querer palabr , en la escen
tantoashaberselas conalas Estudiante son las ideas. Reco -
delMadres,
buen amigo, la
teoría es parda , y el árbol dorado de la vida es verde. » Le volvemos a ver
tal cual era.
AIC. ! ««
140 FAUSTO.
último , á entregarme al diablo , por no vivir completamente
olvidado.
Mefistofeles Lánzate al Océano , piérdéte en la contemplacion
de lo infinito , allí al menos verás dirigirse bácia tí las encrespa-
das olas , al sobrecogerte el espanto ante el abismo entreabierto.
Allí al menos podrás ver alguna cosa ; en las verdes profundi
dades del mar en calma , verás deslizarse los delfines , las nu-
bes , el sol , la luna y las estrellas ; mientras que en el apartado
y eterno vacío no verás cosa alguna , ni oirás el rumor de tus
pasos
# , ni hallarás un punto sólido para reclinar tu cabeza.
Fausto. Hablas como pudiera hacerlo el primero de los mis-
tagogos á un fiel neófito ; si bien lo haces á redopelo . Me envias
á la region de la nada para que mi arte y mi fuerza se aumen-
ten ; veo que en ello me tratas como al gato , para que te saque
las castañas de la lumbre. Pero no importa , porque quiero pro-
fundizar esto á todo trance ; además , yo pienso en tu nada en-
contrar el todo.
Mefistofeles. Debo felicitarte antes de separarnos , porque veo
que conoces á tu diablo. Toma esta llave. ( 1 )
Fausto. ¡ Qué ! ¿ eso?
Mefistofeles. Tómala y guardate de despreciar su poder.
Fausto. Oh prodigio ! ¡ Crece en mis manos , se inflama y
veo brotar de ella numerosas chispas !
Mefistofeles. Empiezas á comprender lo mucho de que puede
servirte ? Esta llave te indicará el camino que debes seguir, ella
te guiará hasta llegar al punto en que están las Madres.
Fausto, estremeciéndose. ¡ Las Madres ! me produce esta pala-
bra el efecto del rayo. ¿Qué nombre es ese que yo no puedo oir?
Mefistofeles. ¿ Tan apocado eres que así un nuevo nombre te
turba? ¿ Por ventura no quieres oir nada mas que lo que oiste
hasta aquí? Cualquiera que sea el sonido de una palabra , no
creo pueda conmoverte despues de haber visto tantos prodigios.
Fausto. No busco mi dicha en la indiferencia ; lo que mas
hace estremecer al hombre es casi siempre lo que mas le convie-
ne. Por caro que el mundo haga pagar al hombre el senti .
no
miento , conmovido se complace en su inmensidad.
178
(1) Debe ser considerado como simbolo de especulacion ó de la filosofía de
la naturaleza. Abre los elementos origen de toda verdad. -Hay tambien una
obra de magia titulada la Llave de Salomon , de la que habla Fausto en la
primera parte.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 141
Mefistofeles. ¡ Desciende pues ! si bien podria tambien decir:
sube ; porque lo mismo seria . Apártate de lo que existe ; lánzate
al vacío de las sombras , y vé á gozar del espectáculo de lo que
tiempo ha no existe. El torbellino se remolina como las nubes ;
agita tu llave en el aire y procura tenerla á cierta distancia.
Fausto , con transporte. A medida que la aprieto , siento na-
cer en mí nueva fuerza y dilatárseme el corazon para dar cima
á la grande obra.
Mefistofeles. Un trípode (1) incandescente te dará á conocer
que has llegado al abismo de los abismos , y verás á su resplan-
dor las Madres , unas sentadas y otras de pié ó andando , segun
estén á tu llegada. Forma , transformacion , eterno certámen
acerca del sentido eterno. Rodeadas de toda clase de criaturas ,
no repararán en tí , porque solo ven las ideas. ¡ Que no te falle
entonces valor , porque será inminente el peligro ! Vé recto al
trípode y no te olvides de agitar la llave.
(Fausto levanta su llave de oro en actitud decidida y solemne.
Mefistofeles , contemplándolo ¡ Muy bien ! El trípode se te
adhiere y sigue como un fiel satélite. Subes con calma , la dicha
te eleva, y antes de que puedan percibirte , estarás ya de regreso
con tu conquista. Cuando hayas depuesto aquí el trípode , evo-
carás desde el seno de ias tinieblas al héroe y la heroina . Nadie
hasta aquí habia pensado en esta accion !... La acción estará
hecha, y tú serás el que le habrás dado cima. Luego , por via de
la magia, los vapores del incienso serán transformados en dioses.
Fausto. Y ahora?
Mefistofeles. Solo debes atender ahora á tu objeto subterrá-
neo ; desciende tripudiando , y tripudiando subirás nuevamente.
(Fausto tripudia y desaparece. )
Mefistofeles. Con tal que la llave le dé buen resultado ! Deseo
ver si volverá .

SALAS ESPLENDIDAMENTE ILUMINADAS. d


901
EL EMPERADOR Y LOS PRÍNCIPES, la corte en la mayor inquietud.

El Chambelan , á Mefistofeles . Aun falta lo de la fantasmago-


eborabianus 158 94T (1)
(4 ) Alude al oráculo de Delfos , y quizá tambien al número tres, número
misterioso y sagrado en la teología antigua, asi como en la alquimia de lado
Edad Media. .51749 619mi74
$142 FAUSTO.
ría ; vamos , མ་སླmanos
ོང་ མར་བརྒྱ á la obra , que el rey mi amo está impa-
6 ciente.
El Mariscal. Eso era lo que pedia ahora mismo nuestro gra-
cioso soberano. Seria faltar á lo que el rey se debe , el diferirlo
por mas tiempo.
Mefistofeles. Mi compañero se ha ido á este objeto ; ya sabe él
como debe arreglarse ; está trabajando silenciosamente en el re-
tiro . Es preciso que se dedique á ello con ardor singular , por- ་
que cualquiera que busque los tesoros , y la belleza , debe ape-
lar al ausilio de la mayor de las artes, la magia de los sábios .
El Mariscal. Cualesquiera que sean las artes que debais em-
plear , poco importa ; lo que quiere el Emperador es que todo
esté dispuesto.
Una Rubia , á Mefistofeles . Una palabra , señor : tengo el
rostro claro y liso , como podeis ver ; y , sin embargo , dista mu-
cho de serlo así cuando viene el fastidioso estío , por brotar en
él mil feas manchas rojas que cubren la blancura de mi tez , lo
que es verdaderamente horroroso. Podrias indicarme un
remedio?
Mefistofeles. A fé mia , es una lástima que semejante belleza
quede manchada en el mes de nayo como una piel de pantera.
Tomad unas cuantas ranas y algunas lenguas de sapo , hacedlas
destilar cuidadosamente durante el plenilunio , y luego que em-
piece á menguar la luna , aplicaos aquel colirio , y estad segura
de que las manchas habrán desaparecido al llegar la primavera.
Una Morena. Ya que de todas partes la gente acude en tro-
pel á vos , permitidme que á mi vez os consulte. Tengo un pié
helado que no me permite correr ni danzar , y hasta me impide
saludar con gracia.
Mefistofeles . Permitidme que apoye mi pié sobre el vuestro.
La Morena. Sea , eso es lo que acostumbran hacer los
amantes.
Mefistofeles. Es que mi pisoton , hija mia , tiene otras muchas
propiedades : similia similibus , bé aquí el remedio para todos
los males ; el pié cura al pié , y así sucede con todos los demás
miembros. Acercaos , y guardaos de hacer vos movimiento
alguno.
La Morena , arrojando furiosos gritos . ¡ Ay ! ¡ ay! ¡ esto que-
ma ! Que rudo golpe , parece dado por el casco del pié de un
caballo .
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 143
Mefistofeles. Si , pero estais curada. Desde ahora podeis bailar
todo cuanto os plazca , y pisotearos debajo de la mesa con vues-
tro amante .
Una Señora , adelantándose á través de la multitud. Por pie-
dad , dejadme llegar hasta él ; no puedo mas , siento hervir la
sangre en mis venas. Ayer cifraba aun en mis ojos la dicha de
su vida , y está hoy hablando con ella y me vuelve la espalda.
Mefistofeles. ¡ Ah ! es esto en efecto bastante grave; pero ház
lo que voy á decirte : toma este carbon , acércate á él de pun -
tillas , trazale una raya en sus mangas , su capa y sus hombros ,
y , conforme deseas , sentirá el infiel en aquel mismo instante el
aguijon del remordimiento en su alma Luego tú deberás tragar-
te el carbon sin mojarte los labios con una sola gota de agua ní
vino . Sigue mis consejos , y le oirás esta misma noche suspirar
frente á tu puerta .
La Señora. Creo que no será esto un veneno ?
Mefistofeles , indignado. Respetad á quien de derecho lo me-
rece. Muy lejos tendriais que ir antes de hallar un carbon seme-
jante: procede de una hoguera que en otro tiempo atizamos con
el mayor celo.
Un Page. Señor , estoy perdidamente enamorado , y se me
trata como niño.
Mefistofeles , à parte. Ya no sé á quien atender. ( Al page. )
No os dirijais á las mas jóvenes , las matronas sabrán apreciar
vuestros obsequios. (Se apiñan otros en su derredor. ) ¿Aun hay
mas ? ¡ qué cosa tan pesada ! Recurriré á la verdad : el medio es
desesperado , pero el peligro es grande : -¡Oh Madres , Madres!
soltad á Fausto .
( Mirando á su alrededor. )
Ya empiezan las luces á oscurecerse en la sala, y se conmueve
á la vez la corte toda. Les veo desfilar en cortejo por las lejanas
galerías ; ya se reunen en el vasto espacio de la antigua sala de
los Caballeros , que puede apenas contenerles. Las anchas pare-
des están cubiertas de alfombras , y hay en los nichos y los án-
gulos brillantes armaduras . Creo que podríamos abstenernos de
toda evocacion mágica , seguro de que los espíritus acudirian
voluntariamente á ella.
144 FAUSTO.

WY5:8 Rod lovisa ti


pyn st LA SALA DE LOS CABALLEROS .

20 actuales enf sep 04 ( Luz dudosa.)


cup y su endaleg
(Eld Emperador y la corte ocupando sus puestos.)
Colsuv de
El Heraldo, La dominacion misteriosa de los Espíritus , me
priva de mi antiguo cargo de anunciar el espectáculo ; en vano
se intentaria esplicar por la luz de la razon esta vida confusa.
Los asientosos y sillones están dispuestos ; se hace sentar el Em-
perador en frente de la pared , sin duda para que contemple á
su placer las batallas de los grandes siglos. Todos están coloca-
dos : el Emperador y la córte á la redonda, las damas están agru-
adas en
el fondo , sin que por esto al llegar las horas misterio-
sas de la vision , dejeA la amada de colocarse junto á su amado.
Y ahora que
que todos ocupan sus respectivos puestos , y que todo
está arreglado , ¡ salgan los espectros !
(Tocan los clarines.)
El Astrólogo. Dispone el maestro que el drama empiece in-
mediatamente su curso ; ábrense las paredes , ya que nadie lo
impide por haber llegado la hora de la magia.
Flotan los tapices como si fuesen presa del incendio ; la pa-
red se estremece y se biende ; parece brotar del abismo un gran
ilumina á todos una claridad misteriosa , y yo subo
al proscenio. {
Mefistofeles, sacando la cabeza por el agujero del apuntador.
Desde aquí espero captarme el favor del público ; la ciencia del
diablo consiste en soplar . (Al Astrólogo .) Tú que sabes el círculo
que recorren las es ' rellas , comprenderás como digno maestro el
sentido de las palabras que te dicte.
El Astrólogo. Mira cuan milagrosamente se va levantando á
nuestra vista un templo antiguo , semejantes al Atlas que soste¬
nia en otro tiempo al cielo. Hay buen número de columnas en
dedor , número mas que suficiente para aquella masa de
su alrededor,
granito , pues dos solas de ellas podrian sostener un monumento
enorme.
El Arquitecto. En verdad, no comprendo porque decís que es
eso antiguo, cuando es tan tosco y pesado. Se llama noble á lo
vulgar, y grandioso á lo que es desmañado . Yo estoy por la co-
ot
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 145
lumnita esbelta, ambiciosa , inmensa ; el zénit ogival nos eleva
el espíritu , al paso que semejante edificio nos edifica de muy
distinto modo.
El Astrólogo. Saludad con respeto la hora que las estrellas os
conceden ; que la razon vaya unida á la palabra mágica , y que
en cambio la fantasía vagabunda y soberbia levante su vuelo ;
mirad con atencion lo que habeis deseado tan ardientemente ; es
i un imposible, y por lo mismo tanto mas digno de fé.
(Fausto , se levanta de la otra parte de la escena.)
El Astrólogo. Os anuncio á un hombre maravilloso en traje
talar y coronada la frente , que acaba de dar cumplimiento á una
obra valerosamente emprendida . Sube con él un trípode del seno
del abismo . Desde aquí ya percibo los aromas que se exhalan
del incensario ; ya se dispone á bendecir la grande obra , que tan
fecunda ha de ser en resultados .
Fausto, en tono solemne. Yo os conjuro , oh Madres que im-
perais en lo infinito , eternamente solitarias , pero sociables, con
la cabeza ceñida de imágenes de la vida, activas aunque sin vi-
da. Lo que fué en otro tiempo allí se mueve en su apariencia y
su esplendor, porque quiere ser eterno ; y vosotras, poderes su-
premos , sabeis repartirlo todo entre el dia y la noche . La vida
agradable arrastra en su curso á algunas de ellas , el mágico
audaz se apodera de las demás , y en su pródiga generosidad ,
lleno de confianza, deja ver á cada cual los misterios que desea
contemplar.
El Astrólogo. Apenas la llave incandescente ha tocado el cír-
culo del trípode, se ha tendido una vaga niebla por el espacio ,
que penetra insensiblemente flotando como las nubes , se dila-
ta , dispersa y agrupa . Fijad ahora la atencion en el intermedio
de los Espíritus , que precede à una obra maestra. Ya se mue-
ven en medio de una música , cuyos sonidos aéreos exhalan un
no sé qué y se convierten en melodía al perderse en el espacio.
La columnala y el triglifo retiemblan ; diríase que todo el templo
canta. La niebla desciende, y del seno del vapor trasparente, se
adelanta un hermoso jóven acompasadamente. - Terminada
queda aquí mi mision . -¿Por qué nombrarle ? ¿ quién no re-
conoce en él al gracioso Páris ?
Primera Dama. ¡ Qué hermosa flor de juventud y vida !
Segunda Dama. ¡ Está rosado y lleno de jugo como un melo-
coton !
10
146 ATUKOVAT TAUSTO . **
Tercera Dama. ¡ Con qué voluptuosidad se redondean sus
hermosos labios? op & hept i
Cuarta Dama. ¡ De buena gana beberias en semejante copa !
Quinta Dama. ¡ Es verdaderamente hermoso ! Mucho tiene que
aprender en él la elegancia.
Sexia Dama. Le falta á mi ver un poco de flexibilidad en los
miembros, lmirolai
Un Caballero. Por mas que le contemple , solo veo en él al
pastor, nada que recuerde al príncipe ni los modales de la corte.
Otro. Medio desnudo, convengo en que es un hermoso jóven ;
pero seria preciso verle en traje de etiqueta.
Una Dama. ¡ Con qué molicie se sienta !
Un Caballero. ¿ Estarias bien sobre sus rodillas?
Otra Dama. Con cuánta gracia se pone su hermoso brazo
sobre la cabeza !
Un Chambelan. i¡ Villano ! me parece su actitud muy im-
propia. 1908) seed pe
La Dama. Vosotros, los hombres , estais siempre dispuestos á
criticarlo todo.A
El Chambelan. ¿Cómo quereis que no repruebe el que se tien-
da de este modo en presencia del Emperador?
La Dama. Guarda esa actitud , porque cree estar solo.
El Chambelan. Y aun que así fuera, todo aquí debe sujetarse
á la etiqueta.
La Dama. ¡ Como ha rendido el dulce sueño aquel conjunto
de gracias !
El Chambelan. Solo falta ahora que empiece á roncar , para
convencernos de que tiene la mas natural del mundo .
Una Dama jóven, en el arrobamiento. ¡ Qué aroma de incien-
so y rosa penetra hasta el fondo de mi alma !
Otra de mas edad. Verdaderamente se respira un aire balsá-
mico, que es él quien le exhala.
Una Vieja. Es la flor de ambrosía que se abre en su seno ju-
venil , y embalsama la atmósfera en torno suyo.
་ (Aparece Helena . )
Mefistofeles. ¿Con qué es ella ? A fé mia , nada debo temer por
mi reposo es hermosa, pero no me inspira amor alguno.
El Astrólogo. En cuanto á mí, nada tengo que hacer ; y, como
hombre de honor, lo declaro y confieso. La diosa se adelanta , y
aun cuando tuviese lenguas de fuego.... En todos tiempos ha
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 1476
sido la belleza muy celebrada ; aquel á quien n ella se aparece
queda deslumbrado , y aquel á quien perteneció fué sobrado
feliz.
Fausto. ¿ Es que conservo aun mis ojos? ¿ No es el manantial
de la pura belleza el que á torrentes se desborda en el interior
de mi ser? ¡ Dichoso premio de mi terrible viaje ! Nada era mun-
do antes de esa revelacion ! ¡ Cuánto se ha trasformado desde el
sacerdocio á que acabo de dar cumplimiento ! ¡Por primera vez
me parece el mundo deseable , sólido y duradero que el soplo
de la vida se extinga en mí , si puedo aclimatarme nunca lejos
de tu presencia ! El dulce rostro cuyo mágico reflejo e citó antes
en mí tanto arrobamiento , no era mas que la sombra de seme-
jante belleza. A ti consagro toda fuerza activa , toda pasioná
ti consagro toda simpatía, amor , adoracion y delirio.
Mefistofeles , desde el fondo de su agujero. (1) Conteneos y lime
mitaos á desempeñar vuestro papel.
Una Dama, de bastante edad. Es alta , bien formada, pero tiene
la cabeza algo pequeña,
Otra dama , mas jóven . Miradle el pié , y veréis que dificil-
mente podria ser mas disforme. 2
Un Diplomático. He visto algunas princesas que se le pare-
cian ; por mi es hermosa de piés á cabeza .
Un Cortesano. Se acerca al jóven dormido con aire á la vez
dulce y maligno.
La Dama. ¡ Qué horrorosa es junto á esa imágen tan pura de
juventud!
Un Poeta. Ella es quien le ilumina con su belleza .
La Dama. ¡ Hé aquí un verdadero cuadro de Endimion y la
Luna !
El Poeta . En efecto , la diosa parece descender é inclinarse
hácia él , para respirar su aliento ; ¡ oh momento digno de envi-
dia ! ¡ Un beso! la medida está colmada.
Una Dueña. ¡ En presencia de todo el mundo ! Esto es estra-
vagante en demasía.
·Fausto. ¡ Ha recibido el adolescente un favor señalado!

(1 ) Desde el principio de la escena permanece Mefistofeles en su agujero ,


tomando desde allí parte en la pieza. Solo tiene el diablo que apelar á todos
esos artificios de buen lenguaje, de que tan gran provecho saca un abogado ;
porque quiere tentar y no persuadir. Es una serpiente que se insinua por el
oido y no para hasta el corazon . Recuérdese la magnífica escena de la Iglesia
en la primera parte.
DVORDIY
148 FAUSTO.
Mefistofeles. Silencio ! deja que haga el espectro lo que mas
le plazca,
El Cortesano . Por
Por mas
m que ella se aleje de puntillas, él se des-
pierta.
La Dama Ya me habia presumido que miraria ella en torno
suyo.
El Cortesano. El joven se asombra ; es un prodigio lo que le
sucede.
La Dama. Pues yo os aseguro que á ella nada de cuanto vé la
asombra.
El Cartesano. m vuelve á él con candorosa gracia.
La Dama. Noto que ella se ha encargado de instruirle ; todos
ama ontos
los hombres son tontos en tales casos. Cree ser el primero.
Un Caballero. ¡ Oh ! I por piedad ! permitidme admirarla.
¡ Qué elegancia tan magestuosa !
La Dama. Falta á todas las conveniencias sociales.
Un Page. Yo quisiera estar en lugar del jóven.
El Cortesano. ¿' no desearia caer en semejantes redes ?
La Dama. Ha pasado la alhaja por tantas manos , que ya el
oro está algo gastado.
Otra Dama. Nada vale desde la edad de diez años .
Un Caballero. Cada adualtoma
cual llo que
mas le gusta ; por mi
Por C me contentaria con esos hermosos restos.
n apig . L v e
a o e c l
orri
sta ante mis ojos , y sin em-
bargo , aun dudo de su autenticidad . Ante todo , me atengo á lo
escrito : leo que realmente
que está escrito realmente trastornó la cabeza á todos
los barbudos de Troya ; y, bien mirado , no es estraño que así
sucediera. Yo no soy jóven , y sin embargo me gusta.
El Astrólogo. Ya no es adulto , puesto que la abraza como
hombre atrevido ; apenas ella puede defenderse. La levanta con
brazo vigoroso , & si querrá robarla ?
Fausto. Temerario que tanto te atreves , desoyendo mi voz ;
detente , esto es demasiado !
Mefistofeles . Y , sin embargo, tú mismo eres el autor de la fan-
tasmagoria.oraple 92
El Astrólogo. Una palabra : despues de lo ocurrido , doy al
entremés el nombre de Rapto de Helena.
Fausto. ¿ Qué es eso de rapto? ¿ Acaso yo no represento nada?
&Not en esta llave que me ha conducido hasta
aquí al través del caos , el mar y el desierto? Aquí he sentado
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 149
Y dispo u
onerse pa es
el pié , aquí está
está la realidadra la
; aquíc o
el p
Espíritu
ii puede combatir á
S la realidad; aquí el Poble reino.
los espíritus del doble reino. ¿Có
mo habria podido ella venir del punto lejano en que seMadres encon-
traba? y es dos ,oh ,
que debelo. ΕΙ n o vir sin ella.19
0 Fat
El Astrólogo. Fausto ! ¡ Fausto ! ¿ Qué es lo que haces ? -
vision se 8112
e ¡ La abraza con ardor ; ya la ofusca ; se dirige con su
ilave hácia el jóven , ya llega á él , ya le toca Ay de noso-
obsoue
tros ! ¡ quédesgracia ! ¡ allá , allí!
( Explosion; Fausto da con su cuerpo al suelo , los Espiritus
desaparecen. )
Mefistofeles, cargándose á Fausto en hombros. ¡ Hé aquí lo que
es encargarse de un loco ! No puede saliros bien , aunque seais el
mismo diablo. (Tinieblas y tumulto.)

of satiet

ACTO SEGUNDO .

UN CUARTO DE ARQUITECTURA GOTICA

angosto, de alto techo, que fué antes de Fausto, y tal como cuando
él le habitaba.

Mefistofeles , apareciendo tras cortina. Mientras que él la le-


vanta y se vuelve, vése á Fausto tendido en una antigua cama.
Descansa infeliz , cogido en los inextricables lazos del amor : no
es posible que aquel á quien deslumbró Helena recobre tan
pronto la razon. ( Examinándolo todo en torno suyo . ) En vano.
miro á todas partes ; no noto ningun cambio , ningun deterioro ;
solo me parece ser menos vivos los colores de los cristales , y
haber aumentado las redes que tiende la aran tambien
lo demás, em-
la tinta
‫ד‬
se ha cuajado y el papel se ha ennegrecido ; todo lo demás, em-
pero , está en su puesto . Hé aquí aun la pluma con que firmó
Fausto su pacto con el diablo . Seca está ya en el fondo dél estu-
che la pequeña gota de sangre que le saqué ; es un tesoro , úni
co en su clase, que deseo de todo corazon vaya a parar en ma-
nos de un anticuario16 que sepa bien su oficio. El viejo ropon de
$150 AIDAT LÄRTISTA
FAUSTO. &
pieles continúa colgado en el mismo corchete ; ¡ cuán bien me
recuerda mi alegre aventura de otro tiempo y las teorías que yo
esplicaba entonces á aquel muchacho que , jóven ahora , se con-
sume tal vez aun pensando en ellas. Deseos tengo á fé mia de
hacerme con ese ropon caliente y grosero , para convertirme
vamente en doctor y pavonearme en la idea de mi propia in-
falibilidad. Solo los sabios saben darse aquella importancia, de
la que tiempo há el diablo perdió la costambre.
(Sacude el ropon y empiezan á sallar del mismo langostas y
escarabajos de toda especie.)
Coro de insectos. ¡ Salud , salud , viejo dueño ! Revoloteamos
zumbando en tu derredor, porque te conocemos : tú por unida-
des nos sembraste en silencio , y á millares , padre , venimos á
danzar ahora en torno tuyo. De tal modo se oculta la perfidia en
el corazon , que és mas dificil descubrirla que contar los piojos
de esta vieja túnica.
Mefistofeles. † Cuán agradablemente me sorprende la jóven ra-
za ! Sembrad y recogeréis con el tiempo ; por mas que sacuda
esta antigua alhaja , saltan siempre algunos.- Volad , mis pe-
queñuelos , id pronto á anidar en los mil rincones que hallaréis
á cada paso , allí entre antiguas cajas , mas allá entre amarillen-
tos pergaminos , en cascos polvorientos ó en los ojos sin pupila
de las calaveras. En un mundo tal de confusion y de inmundi-
cia, debe vivir el grillo eternamente . ( Se envuelve en el ropon de
pieles Ven á cubrir otra vez mis hombros, puesto que soy aun
doctor. Pero no todo consiste en darme este nombre : preciso es
saber donde están los que deben reconocerme como tal .
(Agita la campanilla , y á su sonido agudo y vibrante re-
tiemblan las paredes y se abren con estruendo de par en par las
puertas )
El Criado ( Llega por un corredor oscuro , tambaleándose.)
i Qué espantoso estruendo ! la escalera se estremece , las pa-
redes retiemblan y al través de los mil colores de los cristales
veo brillar losrayos quene rasgan las nubes en medio de una tem-
pestad deshecha . El techo se derrumba , la cal se derrite y la
puerta sólidamente cerrada , cae hecha astillas por una fuerza
sobrenatural . ¡ Qué horror ! ¡ veo á un gigante envuelto en la
vieja túnica de Fausto , y á su aspecto y su mirada mis piernas
se doblan! Debo huir ó quedarme ? ¡ Ah ! ¿qué será de mi?
Mefistofeles , haciéndole una señal. Acércate, amigo mio .- ¿Te
llamas Nicodemus?
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 151
El Criado. Alto y digno señor , hé aquí mi nombre : - Ore-
mus.
Mefistofeles. Dejemos esto.
El Criado. ¡ Cuánto celebro que me conozcais !
Mefistofeles. Bien lo sé , viejo escolar, rancio maestro. Un sa-
bio continua siempre el estudio porque es incapaz de hacer otra
cosa del mismo modo se construye bien ó mal un castillo de
naipes. En verdad es tu amo un hombre prodigioso ! ¿ Quién
no conoce al noble doctor Wagner, hoy el primero en el mundo
sabio ?- Él solo lo sostiene todo , él es quien cada dia aumenta
los tesoros de la ciencia ; todos los oyentes , ávidos de saber, se
agrupan en torno suyo solo él brilla en la cátedra ; él es quien
dispone de las llaves de la ciencia , y él quien os abre los mun-
dos superior é inferior. No hay gloria digna de su fama y su es-
plendor : ha eclipsado hasta el mismo nombre de Fausto.--- Todo
lo ha resuelto . ཙྩ ? པཱཏི ཏཏྠ ?
El Criado. Perdonadme , digno señor , que os contradiga , ya
que no es como vos quereis suponer : sabed que la modestia le
tocó en patrimonio. No puede soportar la increible desaparicion
del grande hombre, en cuyo regreso cifra su esperanza y su con-
suelo. Este cuarto, tal como estaba en tiempo del doctor Fausto,
y en el que nada se ha variado desde su partida, aguarda aun á
su antiguo dueño, Apenas me atrevo à entrar en él. ¿ Qué podrá
haber en la constelacion de esta hora? Las paredes retiemblan y
las puertas de par en par se han abierto ; sin esto , ni aun vos
mismo hubierais podido entrar aquí .
Mefistofeles. ¿Dónde habrá podido meterse vuestro hombre ?
Conducidme á su presencia ó haced que venga él aquí.
El Criado ¡ Ah ! su prohibicion es tan severa, que no sé si me
atreveré á faltar á ella . Ocupado en la grande obra ha vivido por
espacio de muchos meses en el silencio delretiro re mas profundo:
á ese hombre , el mas pulcro de todos los sabios , le tomariais,
ahora por un carbonero, tanto su rostro está ennegrecido y están
sus ojos encendidos por el ardor del hornillo , al pié del cual se
consume incesantemente al rumor de las tenazas.
Mefistofeles. Si se negará á recibirme , cuando soy hombre
capaz de asegurar su empresa?
( Sale el criado, y Mefistofeles se sienta con gravedad. )
Apenas estoy en mi puesto , cuando veo ya allá tras de mí ,
moverse un huésped que no me es desconocido ; pero esta vez
fegmalouiz A
1521 ANLAR FAUSTO
pertenece á los mas furiosos de entre los nuevos , y vamos á
verle dotado de una audacia sin igual.
Un Bachiller. (Entra impetuosamente por el corredor. ) avka
¡ Abiertas encuentro de par en par las puertas ! Por fin hace
esto esperar que el viviente no permita se le entierre como un
muerto en el polvo como se ha hecho hasta aquí , ni que con-
sienta en consumirse y morir en plena vida. Seman
Estas paredes retiemblan y se inclinan hácia la ruina; este-
mos atentos para que no nos aplasten en su caida. Soy tan au-
daz como pueda serlo otro hombre en el mundo, y sin embargo,
no me atreveria á dar un paso mas. Vi
Pero ¿ qué puedo aprender mas ? ¿ No fué aquí donde hace
tantos años cándido boquirubio de mí , vine á oir con la mayor
confianza las elucubraciones de aquel viejote para ilustrarme
con sus fabulas?Calum Pov teni
A su antojo podíase hacer un tráfico con la ciencia de sus an-
tiguos librotes , desperdiciando su vida y la nuestra , Es posible i
que aun vea sentado en el sofá del fondo á uno de aquellos hom-
bres falaces.eslaod 2 eigny bug's
Peroá medida que voy acercándome , su aspecto me asom-
bra: él es , sentado y envuelto con su ropon de pieles como
cuando le vi la última vez . En verdad me parecia entonces mu-
cho mas robusto , cuando no podia aun comprenderle , hoy ya no
me cogerá : alerta pues , y avistémonos .
Antiguo dueño , si las turbias ondas del Leteo no han sumer-
gido enteramente vuestra cabeza calva y pesada , fijad vuestra
vista y reconoced en mí al discípulo de otro tiempo , al escolar
que ha pasado la época de la disciplina académica . Os encuen
tro tal como os ví, mientras que yo soy otro hombre.
Mefistofeles. Mucho celebro que os haya atraido aqui mi cam-
panillazo. Habia formado de vos en otro tiempo un gran juicio, i
que no creo haya sido desmentido ; la oruga y la crisálida dejan
ya entrever la brillante mariposa que está por venir Entonces
fijabais vuestra gloria infantil en vuestro pelo rizado y vuestra
gorguera. —A no engañarme , nunca os vi llevar el pelo largo.
El gorro sueco en que hoy os veo , os dá un aire resuelto que
no os permite hablarme con la deferencia de antes sich v
El Bachiller. Mi antiguo maestro , es verdad que estamos en
el mismo sitio, pero no debeis olvidar que los tiempos han cam-
Lindo asi que, evitad os suplico, las palabras de doble sentido,
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 183
porque somos mucho mas finos que antes. ¡ Cuánto os compla
ciais entonces en burlar la credulidad de aquellos jóvenes fran-
cos y leales ! Pero lo que no tenia entonces gran mérito , nadie
se atrevería á intentarlo ahora. edesmons zelaida ?
Mefistofeles. Siempre que uno dice á los jóvenes la verdades
pura , se indispone con los boquirubios ; luego transcurridoso
algunos años , cuando la han aprendido duramente á sus espen- ia
sas , creen haberla inventado , y deciden que era el maestro un
imbécil. -HE SUP STAQ Poimals Bog
El Bachiller. Quizás un taimado , porque dónde encontrar
un maestro que nos diga la verdad desnuda ? Cada cual la auron
menta o disminuye , - tan pronto es grave como sábiamente
dulce para los cándidos niños. Chignpod obibmio 20ûr 201028
Mefistofeles. En verdad no hay para aprender mas que una
edad ; al paso que para enseñar , hasta vos mismo me pareceis
estar dispuesto á ello : os han bastado algunas lunas y varios so-
les para daros la plenitud de la experiencianoqrab , estordil sorgit
El Bachiller. La obra de la experiencia solo es espuma yhu
mo ! y ¿ quién no nace como nace el genio ? Confesad que todo
cuanto se ha llegado á saber hasta aquí no vale la pena de ha→
berse aprendido.
Mefistofeles , despues de una pausa . Tiempo ha que soy de la
onsidero ser un
misma opinion ; era antes un loco y ahora me considero
imbécil y un tonto. "8
El Bachiller. Mucho me alegra oir hablar tan acertadamen
te ; sois el primer viejo ingénuo que veo dotado de sentido com
mun. sim ne hoo80091 V 2:2)
Mefistófeles. Iba en busca de un monton de oro oculto , y no p
he recogido mas que escombros,yo vsim lv en oman lel vij
El Bachiller. Confesad que vuestra cabeza calva no vale mu-
cho mas que los cráneos vacíos que hay allí, no? sidell orstlang
Mefistofeles, con aire franco y cordial. En verdad, amigo mio,
no puedes figurarte lojmuy rudo que eres.otmailind elevenias GE
El Bachiller. La cortesía es considerada en Alemania como
una mentira. 16, 7
Mefistofeles , empujando su poltrona con ruedas hasta el pros←
cenio, y dirigiéndose al patro . Aquí se me priva del aire y la luz ;o a
¿no es verdad que haré bien en colocarme entre/vosotros?i 11
El Bachiller. Es para mí una presuncion ridicula el que desi
pues de haberse llegado á la edad miserable en que el hombre es i
138 FAUSTORI.
nada , se quiera aun ser algo. La vida del hombre está en la san-
gre ; y ¿por ventura puede esta circular ahora como en la ju-
ventud? Entonces está la sangre en toda su fuerza y hace de la
vida misma brotar una nueva vida ; todo en aquella edad se
mueve y se agita , y solo entonces se puede hacer algo. La de-
bilidad sucumbe y la fuerza adelanta ; mientras nosotros hemos
conquistado medio mundo , ¿ qué es lo que habeis hecho voso-
tros ? Dormitar , pensar , concebir planes que habian de quedar
siempre en proyecto por lo irrealizables. Es de seguro la vejez
una calentura lenta y fria causada por el entorpecimiento de una
necesidad caprichosa. Pasados los treinta años, mas le valdria al
hombre morir : acabar con vosotros á tiempo seria lo mejor que
podria hacerse.
Mefistofeles. Nada puede el diablo replicar á esto.
El Bachiller. No hay mas diablo que el que yo admito.
Mefistofeles, á parte. ¡ Procura que no te dé en breve una zan-
cadilla!
El Bachiller. ¡ Invocacion santa de la juventud! el mundo no
existia antes de que yo le formase ; yo soy el que hice brotar el
sol del seno de las ondas , y empezaron conmigo su curso las re-
voluciones de la tierra . El dia empezó á brillar en mi camino, á
mi llegada se cubrió la tierra de verdor y de flores , y á una se-
ñal mia apareció en la primera noche el cielo tachonado de es-
trellas. ¿Quién, sino yo, os libró de las tristes preocupaciones en
que viviais? En cuanto á mí, libre sigo los impulsos de mi fan-
tasía , recorro alegre el camino que me traza mi luz interior ,
viendo con arrobamiento la claridad ante mí, y detrás las tinie-
blas. (Vase.)
Mefistofeles. ¡ Vete, hombre único en tu orgullo ! - Cual seria
tu disgusto si pudieses llegar á hacerte esta sencilla pregunta :
¿ Quién puede tener una idea , sábia ó estúpida , que no haya
sido concebida en lo pasado ? -Pero nunca por lo regular pen-
samos en esto : ;i cuántas cosas habrán cambiado dentro de al-
gunos años ! Por raro que sea el modo con que el mosto se agi-
te, siempre acaba por contener mas o menos vino.
( 4 los jóvenes del patio que no aplaudian .)
Por mas que os mostreis indiferentes á mis palabras, os lo per-
dono, bravos niños.
Pensad en que el diablo es viejo , y en que debeis envejecer
vosotros para comprenderle.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 155
T
5. J
SUN LABORATORIO. * !

montado al estilo de la Edad Media ; aparatos confusos y difor-


mes para experimentos fantásticos.

Wagner , junto al hornillo . (1 ) Hace un fuerte campanillazo


retemblar las paredes ennegrecidas por el hollin; no podia du-
rar por mucho tiempo la incertidumbre acerca de un resultado
tan solemne . Ya empiezan á disiparse las sombras, ya comienza
á relucir algó en el fondo de la redoma , que parece un carbon
viviente (2) , ó mejor , un carbunclo magnifico del que brolan
mil brillantes colores en medio de la oscuridad . Aparece una luz
pura y blanquecina , ¡ ojalá que esta vez no se extinga ! - Dios
mio , ¡qué estruendo en la puerta !
Mefistofeles, entrando. Salud , pues vengo como amigo.
Wagner, con ansiedad . Salud al que se presenta tan oportu –
namente. ( En voz baja. ) Procurad retener la palabra y hasta el
aliento próxima está á cumplirse la grande obra, ‫גי‬
Mefistofeles , en voz mas baja. ¿ De qué se trata ?
Wagner, en el mismo tono . Va á formarse un hombre.
Mefistofeles. Un hombre ? Luego teneis una tierna pareja
encerrada en vuestra chimenea ?
Wagner. Dios me preserve de ello ! El antiguo modo de en-
gendrar es reconocido por nosotros como una mera broma . El
tierno punto de donde brotaba la vida , la grata fuerza que se
exhalaba de su interior, que recibia y trasmitia, destinada á for-
marse de sí misma , á alimentarse primero de substancias pró-
ximas , y luego de substancias extrañas , ha perdido ya desde
ahora toda su importancia , toda su dignidad . Si el animal en-

(1) Mientras que Fausto viajaba á impulsos de su incansable actividad ,


Wagner se dedicaba á las elucubraciones mas trascendentales. Habia conce-
bido la idea de crear un hombre prescindiendo de las leyes de la naturaleza y
por el solo medio de ex contrario et incongruo. Mefistofeles dudando del éxito,
fué á presenciar la operacion con la idea de explotarla en provecho suyo . Des-
tino era del pobre Wagner trabájar por los demás : por mezquina que fuese
su obra , no habia de poder gozar de ella. Apenas empezó a moverse su pe-
queño aborto , se le deslizó de entre las manos para ir á ponerse á disposi-
cion de Mefistofeles , hacia el cual le impulsaba su naturaleza diabólica.
(2) La idea de encerrar los espíritus en el cristal era muy familiar en la
Edad Media.
156 FAUSTO.
cuentra aun en ello el placer , el hombre , dotado de nobles cua-
lidade , debe te..er un origen mas noble y puro. ( Volviéndose
hácra el hornillo . ) Veu como esto ya brilla ! - -Preciso es con-19
venir en que si con la mezcla de cien materias distintas , -— por-
que todo depende de la mezcla , - logramos componer fácil-
mente la materia humana , encerrarla en un alambique , coho-
barla y destilarla debidamente , es innegable que podrá la obra
consumarse en secreto . ( Volviéndose de nuevo hácia la lumbre. )
La masa ó el conjunto se agita ya mas luminoso , y es á cada ins-
tante mi conviccion mas profunda . Tratamos de hacer con ma-
durez un experimento acerca de los hasta aquí llamades miste-
rios de la naturaleza , y de operar por medio de la cristalización,
lo que ella antes hacia.
Mefistofeles. La experiencia es debida á la edad ; nada hay'
nuevo en la tierra para el que ha vivido largos años ; de mí sé
decir que he encontrado con frecuencia en mis viajes hombres
cristalizados .
Wagner , sin perder de vista su redoma . Esto sube , brilla y
borbotona; en breve quedará la obra consumada. No hay gran
proyecto que en un principio no parezca insensato ; con todo no
tardamos en desafiar el acaso ; obrando de este modo, es impo-
sible que el hombre pensador deje de formar en lo sucesivo un
cerebro bien organizado . ( Contemplando la redoma con arroba-
miento.) El cristal ya vibra agitado por una fuerza admirable (1);
el conjunto se enturbia y clarifica ; todo va siguiendo su curso.
Ya veo en su forma elegante un hombrecillo que empieza á ges-
ticular. ¿ Qué mas podemos desear ? ¿ Qué es lo que podrá ahora
el mundo exigirnos ? Hé aqui revelado el misterio á la luz del
dia : prestad oidos , la vibracion se convierte en voz , ya habla.
Homunculus , á Wagner , desde elfondo de la redoma . Buenos

(1) Esta vibracion del cristal la olmos ya en la cocina de la hechicera.


Recuérdense todos los utensilios fantásticos que chocaban entre sí cuando
empezó la ebullición del maravilloso brevaje. -No se olvida Goethe de ha-
cer notar al lector la unidad que reina en su obra , no obstante las mil apa-~
riciones qué pueden distraerle de ella , y de recordarle que este mundo en el
que como Virgilio y Dante , viajan juntos , puede ensancharse sin que cam-
bie nunca. Esa armonia del cristal y de los metales halaga en Alemania™
todas las imaginaciones poéticas. Do quiera en aquel pais vaporoso , procura :
la poesía unirse con la música , sin que deje nunca de efectuarse aquel grato
consorcio en el azul del cielo ó en medio de frondosos bosques. Todos los
escritores alemanes han esperimentado mas ó menos esa influencia musical
del pais de Mozart , de Beethoven y de Weber.
1
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 157
dias, papá. Luego era verdad ? Ven á estrecharme con amor
contra tu seno , pero no con fuerza sobrada , a fin de que el cris
tal no se rompa. Tal es la propiedad de las cosas , para lo natu-
ral , apenas basta el universo ; lo artificial , por lo contrario,
exige un reducido espacio . ( A Mefistofeles . ) ¿ Tú tambien aquí ,
graciaspieza
buena ; una? buena estrellomen
Primo mio , el to es oportuno , y te doylas
te guia hácia nosotros. (1 ) Ya que
vine al mundo voy á obrar , y á prepararme desde luego para la
grande obra ; á tu destreza apelo para que me abrevies la senda
que he de seguir. .. ༄ ༑ ༣ ་ ོ་ , b
Wagner, Permitidme aun algunas palabras. Mi confusion era
sin límites todas las veces que jóvenes y ancianos venian á ase
diarme con sus problemas . Nadie , por ejemplo , habia podido
aun comprender , como el alma y el cuerpo , tan intimamente
unidos , quecualquiera les creeria inseparables , podian estar en
contínua lucha hasta el punto de hacer imposible su existencia ;
y , luego....
Mefistofeles. ¡ Basta ! preferiria preguntar porque el hombre
y la mujer están tan discordes ; hé aquí , querido mio , una
pregunta á la que nunca podrás contestar satisfactoriamente.
Esto , de si tan intrincado, es lo que cabalmente quiere el per
queñuelo . iqsa poid 07d9799
Homunculus . ¿ Qué exigís de mí ?
Mefistofeles. indicando una puerta lateral. Aquí has de mat
nifestar tu talento . 70* 02 34 007 6I
Wagner , sin perder de vista la redoma . Eres en verdad un
admirable galopin.
(Se abre la puerta lateral, y se ve á Fausto tendido en su lecho
* Homunculus , con asombro. ¡ Ah ! ¡ ah !,

(1) Mefistófeles está aquí en su puesto , sin ser indiferente al resultado


del experimento. En efecto, el entorpecimiento de Fausto se prolonga, por lo
que es indispensable conducirle á Grecia al lado de Helena. Mefistofeles pro-
cura con todo su poder el éxito del esperimento , convencido de que el dia
blillo le servirá de guia y compañero en su viaje al través de la edad clási
ca , que va á emprender con repugnancia. Homunculus , sin embargo , do-
mina la personificacion de esta idea , y la sigue Mefistofeles á ojos cerrados,
por haber logrado aquel excitar sus deseos por medio de las hechiceras de
Tesalia ; en una palabra , acaba Mefistofeles por ser enteramente esclavo de
esla idea , del todo idiosincrática. Asi es que se dirige las siguientes palaTD
bras , al indicar á Homunculus su idea encarnada en el cristal , y que va
notando en el aire , arrastrándolo en pos de sí : « Siempre dependemos de las
ariaturas que formamos. »
1581 TAUSTO .
(La redóma se desliza de las manos de Wagner , va flotando
sobre Fausto y le ilumina.)
Delicioso conjunto de aguas limpidas y espesos zarzales, junto
a los que hay mujeres adorables que se quitan sus gasas. Es esto
cada vez mas interesante , una hay sobre todo entre ellas que
descubre su origen heróico , y hasta divino . Siento sú planta en
el espejo transparente , y la grata llama que dá aliento á su no-
ble cuerpo se calma en el blando cristal de las ondas. Pero, ¡qué
repentino rumor de alas azoradas , que murmurio , que furioso
palmoteo se oye debajo de la limpida superficie ! Las jóvenes
huyen azoradas : sin embargo , la reina se queda sola , y con el
placer y la altivéz de mujer pintados en los ojos , contempla al
príncipe de los ci nes que , tímido y emprendedor se le acerca de
rodillas . En breve parece acostumbrarse al papel que va á des-
empeñar. - De repente , empero , se levanta una nube que
tiende su velo sobre la mas tierna de las escenas.
Mefistofeles. Te considero capaz de referirlo todo ; aunque
pequeño , eres un gran visionario : yo nada veo.
Homunculus . No me admira que nada veas tú , hijo del Norte;
tú que créciste en la época de las tinieblas , en los oscuros
tiempos de la caballería y del monaquismo : ¿ cómo puedes ver
claro en parte alguna ? Solo debes estar en las tinieblas. ( Miran -
do en torno suyo . ) ¡ Una masa de piedra negra , enmohecida ,
repugnante , baja y abovedada en forma de arco ! ... ¡ Si despier-
ta , será para causar nuevas angustias ! Es capaz de continuar
durmiendo en su puesto. Hay en el fondo de los bosques arro-
yos cristalinos , cisnes y beldades desnudas : es un sueño de
presentimientos . ¿ Cómo podria uno acostumbrarse aquí ? Yo ,
el mas fácil de los séres , apenas puedo contenerme . Hora es ya
de seguir adelante con él !
Mefistofeles . Todo en esta expedicion me sonrie.
Homunculus. Guia al guerrero al combate , y á la jóven al
baile , si quieres que todo se årregle. Hé aquí justamente la clá-
sica noche de Walpurgis ; esto es , lo mejor que podia hallarse
para ponerle otra vez en su elemento .
Mefistofeles. En mi vida habia oido hablar de tal cosa.
Hamunculus. ¿ Cómo podia haber llegado á vuestros oidos ,
cuando solo teneis noticia de los espectros románticos ? Un ve:-
dadero aspecto puede ser tambien clásico .
Mefistofeles. Y , ¿ hácia que parte está el camino ? Ya empie-
zan á serme repugnantes mis antiguos colegas.
1591
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA.
Homunculus. Satán , tu pais predilecto , está en el Noroeste ;
pero es bácia el Sud donde esta vez nos dirigimos. En una vasta
llanura donde corre libre nente el Peneios , rodeado de árboles
y zarzales , formando húmedas bahías , se estiende la antigua y
moderna Farsalia , coronando la cumbre de la montaña que sir-
ve de límites.
Mefistofeles. Retrocedamos pues , porque no quiero presenciar
la lucha entre la tiranía y la esclavitud ; lucha que me aterra
porque apenas terminada vuelve á empezar mas encarnizada
que antes , sin que ninguno de los contendientes conozca ser
víctima de Asmodeo que , le contempla de pié , colocado tras él.
Dicen batirse por la libertad; y , bien considerado , es una lucha
de esclavos contra esclavos.
Homunculus. Deja á los hombres su carácter rebelde , y que
cada cual se defienda como mejor pueda : el niño acabará por
convertirse en hombre Solo se trata ahora de saber como puede
lograrlo ; si tú tienes un medio para ello , ponlo aquí mismo en
juego ; sino le tienes , deja que yo me encargue de procurárselo .
Mefistofeles. Podria echarse mano del pequeño ensayo de
Brocken, á no estar descorridos los cerrojos del paganismo. Nun-
ca valió gran cosa el pueblo griego ; solo logró deslumbrar por
medio de la libertad de los goces sensuales , y atraer el corazon
del hombre á pecados alegres , mientras que los nuestros han
sido considerados siempre como tenebrosos.
Homunculus. Tu ingenuidad me admira ; al hablarte de las he-
chiceras de Tesalia , me parece haberte dicho algo importante.
Mefistofeles , con codicia . Tiempo ha que me informé acerca
de las hechiceras de fesalia , y no creo pudiese convenirme el
pasar algunas noches con ellas ; con todo, resuelvo visitarlas.
Homunculus. Tended aquí la capa en torno del caballero , Ꭹ
veréis como hasta aquí os conduce á uno y otro , mientras que
yo voy á precederos y ser་་ vuestro alumbrador. (1)
Wagner , con angustia. ¿ Y yo?
Homunculus. Tú te quedarás en casa para dar cima á otra
obra mucho mas importante. Hojea los viejos pergaminos , reu
ne segun la regla los elementos de la vida , clasificales en debi-
da forma, sin olvidarte de meditar la causa y aun mucho mas

(1) Recuérdense con motivo de las evoluciones aéreas y luminosas de la


redoma de Homunculus, el fuego fatuo en la primera parte ilumina å Fausto
y Mefistofeles al través de los enmarañados senderos del Brocken.
160 FAUSTO.
el medio. Mientras que yo recorro una pequeña parte del mun-
do , descubriré el punto que hay sobre la i , y quedará asegura-
do el éxito de nuestra gran enempresa. Todo debe darse en justa
recompensa , oro , honor, gloria , salud.... y hasta quizá tambien
la ciencia y la virtad . Adios.
Wagner vivamente afligido. Adios , tu partida me desgarra
el alma mucho temo no volver á verte.
Mefistofeles. Dirijámonos ahora mismo al Peneios : á mi pri-
mo no debe desdeñársele (A los espectadores. ) Siempre acaba-
mos por depender de nuestras propias obras.

anne in sh

NOCHE CLÁSICA DE WALPURGIS . (1 )


睾 { Los campos de Farsalia .
PAG SI MA
Erichto. Yo la sombria Erichto , no es la primera vez que
me dirijo á la fiesta de esta noche de espanto ; soy menos re-
(1) La noche que hemos visto ya en las alturas de Brocken cubre esta vez
la tierra de Grecia , y de romántica se convierte en clásica. De este modo
completa Goethe su idea. La hechicería de la Edad Media está lejos de abar-
car todo el aparato fantástico de los tiempos ; tambien tiene lo clásico su
romanticismo, sus creaciones monstruosas ; por esto verémos á Goethe
evocar las sombras de Esfinge, Kabires , Dactilos , Imses , Arimaspes y La-
mias para poblar su segunda noche de Walpurgis. Tendrá esta escena por
teatro los campos de Farsalia y las costas del mar Egeo en el Norte de Tesa-
lia , patria de Hecate y Herichto , considerada como la Bohemia de la antigua
Grecia. En verdad deberá el aspecto singular de aquellos huéspedes impre-
sionar vivamente á nuestros viajeros ; Mefistófeles sobre todo , podrá ape-
nas acostumbrarse á ellos. Fausto , por el contrario , entregado enteramente
á la pasion que le arrastra , se sentirá poseído de admiracion y de entusias-
mo por aquel mundo de calma de idealismo que tambien sabrá compren-
der. No veremos ya al diablo en todo su aplomo é imperturbable descaro ,
sin que por esto dejemos de notar en él algo de su humor satírico ; adoptará
un tono sentencioso , será menos cínico en sus discursos y mas reservado
en sus maneras , esperimentando á su modo la influencia que causa la ma-
gestuosidad del sitio ; en una palabra , va a aparecersenos bajo un aspecto
enteramente nuevo. La idea de apartar á Mefistófeles del círculo indigno en
que le hemos visto to aarrastrarse , para conducirle á la mitología clásica , nos
parece una de las grandiosas que se pueden concebir. El diablo errante
en medio de aquella noche de fantasmas de la antigüedad , interrogando con
la voz , el gesto y la vista á todo el que encuentra , Mefistofeles apoyando su
cabeza en el hombro de Esfinge , es un cuadro digno de la imaginacion mas
galana.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 161
pugnante sin embargo de lo que me pintan esos miserables poe-
tas calumniadores ; sus elogios , como sus censuras , nunca se
agotan. Ya veo el reflejo de las rojizas tiendas en el lejano valle,
como presagio de una noche de inquietud y de horror, ¡ Cuántas
veces se ha repetido y se repetirá esta lucha hasta la consuma→
cion del tiempo ! Ninguno quiere ceder su imperio al otro, el que
le ha conquistado por la fuerza y por la fuerza le rige , no lo
cede ánadie , porque incapaz cada cual de gobernarse á sí mis-
mo , arde en deseos de gobernar á su vecino , segun las miras de
su ambicioso orgullo .... Dióse aquí un gran ejemplo que demos-
tró como el poder sabe oponerse á otro poder mas fuerte , como
la hermosa corona de la libertad se rompe y como hasta el lau-
rel se dobla en las sienes del do ninador Aquí soñó Magno en
dias de pujanza ; allí veló César espiando la incierta balanza.
Brillan de noche varios fuegos arrojando un mar de llama , la
tierra aspira el reflejo de la sangre derramada , y , atraida por el
maravilloso resplandor de la noche , se reune la cohorte de la
tradicion helénica. En torno de hogueras flota incierta , ó se
acurruca á su antojo , la imágen fabulosa de los antiguos tiem-
pos.... La luna , aunque no llena , se levanta derramando un
tibio resplandor , y se desvanece la ilusion de las tiendas y se
extinguen las hogueras.
¡ Qué metéoro inesperado veo flotar sobre mí ! Brilla é ilu mi-
na un globo humano ; velo desde aquí la vida , pero como no
me conviene acercarme á los vivientes , huyo por no perjudicar-
fes , ya que hacerlo solo logro un nombre funesto. Retirémonos
pues con prudencia , ya que el globo desciende. ( Se aleja .)
(Los viajeros aéreos en el espacio . )
Homunculus. Ciérnete una vez mas en derredor de ese espan-
tajo de llama y de horror ; todo lo que se ve en el valle y la hon-
t
danada es fantasmagórico.
Mefistofeles. Altravés de antigua ventana , veo en los escom--
bros del Norte algunos espectros horribles ; aquí como allá ,
estoy en mis dominios.
Homunculus. Mira como anda á paso largo esa grandona de
lante de nosotros.
Mefistofeles . Diríase que al vernos andar así por los aires se le
afectan los nervios. Fat 3b bort 19
Homunculus. Deja que se vaya ; apéate y recobrarás instan
táneamente la vida , porque la busca en el reino de la Fabula,
11
162 A FAUSTO.
Fausto , al sentar su planta en el suelo. ¿ Dónde está ?
Homunculus. No puedo decirtelo , pero aquí podrás informar-
te fácilmente
nte de ello. Pronto , antes de que rompa el dia , vé de
una á otra llama
lla buscando su huella ; nada hay insuperable para
el que se ha aventurado cerca de las Madres.
Mefistofeles. Tambien pienso yo sériamente en el asunto; creo
que lo mejor seria que cada cual por su parte empezase á re-
correr las hoguer.s ; para reunirnos despues , harás luego brillar
el sonoro resplandor de tu linterna.
Homunculus. Preciso es que brille y toque de este modo . ( El
cristal fibra y resplandece. ) Prevente ahora para nuevos pro-
digios.
Fausto , á solas, ¿ Dónde está? Inútil me es ya preguntarlo....
Si no está en la tierra que la sostenia ó en la onda que iba á es-
trellarse á sus piés , ha de estar en el aire que hablaba su lengua.
Es verdaderamente prodigioso el que haya conocido la tierra de
Grecia al sentar mi planta en su suelo ; apenas logré aquí con-
ciliar el sueño, me sentí ya poseido de un espíritu que de repente
me transmitió la fuerza de Anteo ; y lejos de encontrar aquí el
mas raro conjunto , exploro con paso firme y solemne este labe.
rinto de llamas. ( Se aleja. )
Mefistofeles , divagando de un punto á otro. A medida que
voy errando al través de estas pequeñas hogueras , me veo cada
vez mas aislado ; reina la desnudez casi en todas partes , y solo
de vez en cuando descubro algunas camisas.- Los esfinges ca-
recen de pudor y los grifones de vergüenza ; ¡ cuántos alados ▼
vellosos descubro por do quiera ! Aunque en verdad seamos
nosotros extremadamente obcenos , veo que lo son aun mucho
mas los antiguos , á los que deberia sujetárseles al gusto mo-
derno, y obligárseles á vestir varios trajes , segun la moda.... Sin
embargo , por mas que sea un pueblo repugnante, no debe esto
impedir á un recien llegado , como yo , saludarle con la atencion
debida……… . Hermosas damas y prudentes grisones yo os saludo. (1)
(1) La afectacion y finura con que Mefistófeles se introduce en el círculo,
demuestran claramente que el diablo no está seguro del éxito de su empresa.
Hermosas damas y prudentes grisones , yo os saludo. Tienen los esfinges ef
rostro y el cuello de mujer , la parte restante del cuerpo es de leon , excepto
la cola y las alas que son de dragon, por lo que les dá Mefistofeles el nombre
de damas Llama tambien grisones á los grifones , sin duda causa de su
antiguo origen ; pero estos últimos no admiten burla alguna acerca de la
edad , por lo que su jefe con el graznido del ave á que se enseña á hablar ,
censura el torpe cumplido del pobre intruso.
SEGUNDA PARTE DE LA tragedia. $163
Un Grifon , graznando. (1) Somos grifones , pero no griso-
nes.-Nadie quiere que se le dé el nombre de grison , porque
tienen las palabras el sentido de su origen . Todas las consonan-
eias etimológicas de pardo , parduzco y regañon , son para nos-
otros otras tantas discordancias .
Mefistójeles . Y , sin embargo , me parece que el nombre de
garra no debe sentar tan mal al honroso titulo de grifon .
El Grifon , como antes , y continuando en el mismo tono . Es
muy sencillo , el parentesco ha sido discutido ; aunque vitupe-
rado á veces , ha sido con mas frecuencia ponderado . Con tal
que se agarren hermosas jóvenes , coronas y oro , la fortuna
sonrie siempre al raptor
Hormigas , de una especic enorme . (2) Yà que de oro hablais ,
os dirémos que nosotras habiamos reunido mucho ༢༣ y ocultadole
cuidadosamente en las peñas y cavernas ; pero la raza de los
Arimaspes nos lo ha quitado . Ved como se están riendo allá
abajo del modo con que nos lo robaron .
Los Grifones. Debe inducirseles á una confesion .
Los Arimaspes. (3 ) Solo exigimos que no sea en una noche
de fiesta. De aquí á mañana , todo será cuidadosamente ocul-
tado ; por esta vez saldrémos con la nuestra.
Mefistofeles , colocado entre los esfinges . Con cuanta facilidad
(1 ) El grifon , como el esfinge , es una misteriosa invencion del Oriente.
El esfinge procede de Egipto , como en breve lo verémos y el grifon de la
.India. Fué introducido en el pais clásico en alfombras enviadas de Persia ,
de las que constituia su principal adorno ; la viva imaginacion de los grie-
gos , dispuesta siempre à dar vida á todo , tomó por un ser real el bosquejo
fantástico del romanticismo oriental. El Grifon tiene el cuerpo , las patas y
las garras de leon , la cabeza y las alas de águila , las orejas de caballo , con
aletas de pescado en lugar de crin , y la espalda cubierta de plumas . Segun
Elien , su plumage de la espalda es negro , el del pecho encarnado , y blanco
el de sus alas . Tiene el grifon ojos de fuego ; y en su nido de oro puro de-
posita siempre una agata ; guarda los tesoros de los montes , y defiende á
sus pequeñuelos contra los ataques de los hombres que buscan el oro.
(2) Son las hormigas el símbolo de la laboriosidad , y sin duda están
aquí por esto en relacion con los grifones ; tambien puede ser que haya que-
rido Goethe recordar en esta escena el gran papel que hacen las hormigas
en la mitología antigua. Segun ella , la jóven Minerva fué convertida en
hormiga por Minerva ; Júpiter tambien transformó las hormigas en hom-
bres por poblar nuevamente la isla de Egina , devastada por la peste , y de
aqui los Mirmodonos. ( VID. VIRG. Eneid. IV, 402. )
(3) Los Arimaspes, raza fabulosa , á los que á veces se confunde con los
cíclopes , á causa de su talla gigantesca. Vivian en Scythia , al norte del mar
Negro, y segun algunos en el monte Rifeo.
164 FAUSTO.
me he acostumbrado aquí , por comprender á cada uno en par-
ticular.
Un Esfinge. Dais una forma corpórea à cada una de nuestras
voces de Espíritu . Dinos abora tu nombre , interin vamos cono-
ciéndote.
Mefistofeles. Creen designarmebajo una multitud de nombres.
-¿Hay aquí algun inglés ? ¡ Como viajan tanto para explo-
rar los campos de batalla , las cascadas , los muros desplomados
y las pintorescas antigüedades clásicas ! En verdad podrian en-
contrar aquí un objeto digno de ellos ; pudiendo afirmar al pro-
pio tiempo haberme visto figurar en las antiguas funciones tea-
trales como Old Iniquity . (1)

El Esfinge. ¿ Cómo es posible que hayan podido llegar á tal
extremo?
Mefistofeles. Yo mismo lo ignoro .
El Esfinge. Es muy posible. ¿ Tiénes algun conocimiento as-
tronómico ? ¿ Podrias decirnos qué hora es ?
Mefistofeles , levantando los ojos . La estrella va en pos de la
estrella, la luna brilla y yo estoy aquí á las mil maravillas,
calentándome con tu piel de leon . Lástima seria extraviarse,
queriendo subir de un brinco á lo alto. Deja los enigmas de allá
arriba , y conténtate con hacer charadas.
El Esfinge. Proponte conocerte á tí mismo y tendrás ya un
enigma . Procura sino esplicarte esto claramente : « Útil para el
bueno y el malo , para este un pelo con el que pueda pelear en
su ascetismo , para aquel un compañero de locuras ; y todo por
disposicion de la Divinidad. >>
Primer Grifon , graznando. Aquel me disgusta.
Segundo Grifon , graznando aun con mas fuerza. ¿ Por qué
se nos dirige aquel de este modo ?

(1) Alude á ciertos misterios que durante el carnaval se presentaban en


terra cuando la reforma , y en los que habia una especie de payaso que
Ingico. on el diablo que , bajo el nombre de Old Iniquity , se llevaba gran-
esgrimia c medio de las risotadas de la multitud . Mefistofeles parece
des chascos en "an aquellas escenas . El viejo diablo hablador que en
aquí temer que se repi... móviles representantes de la inmovilidad orien-
tono socarron consulta los in.. haradas á los esfinges , y que de repente
tal : el Edipo risible que habla de al menor aleteo que nota en los aires
en medio de su charla burlesca tiembla . víbora , dotado del silbido de la
ó al simple crugir del follage , el primo de la mo el desprecio . Es innega-
e to
serpient de Lerna , excita tan pron el tem c or un conocimiento tal en
ble que hay en todo ese conjunto sencillo y grandioso .
el arte cómico , del que no se vé otro ejemplo en la epopeya.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 165
Ambos. Nada tiene que hacer aquí el del villano hocico.
Mefistofeles , brutalmente. ¿ Por ventura crees que las uñas del
convidado no rascan tanto como tus garras afiladas ? Pruébalo y
saldrás de duda.
El Esfinge , con dulzura . Puedes quedarte , pero en breve
desearás salir de nuestro círculo. A no engañarme , debes estar
tan bien en tu pais , como mal estás en este.
Mefistofeles . Mirado desde lo alto es tu rostro simpático ; pero
desde abajo el animal me horroriza.
El Esfinge. Hipócrita , se te condena á venir aquí en peniten-
cia , nuestras patas son al menos sanas , mientras que tu pié de
caballo contrahecho es indigno de estar en nuestra compañía.
(Las sirenas preludiando en lo alto .)
Mefistofeles. ¿ Qué aves son aquellas que se mecen en las ra-
mas de los álamos del rio ?
El Esfinge . Ojo alerta , porque su canto ha logrado vencer ya
á los mas poderosos.

LAS SIRENAS .

¿ Por qué olvidaros de este modo en el seno de tan repugnan-


tes maravillas? Prestad oidos á nuestras tiernas voces y á los
dulces acordes que pueblan los aires. Ved , como llega ya junto
vosotros la legion de armoniosas sirenas.
Los Esfinges , burlándose de ellas con la misma melodía. Obli-
gadlas á descender ya que ocultan sus garras de azor entre las
ramas ; no escucheis sus falaces cantos de amor , sino quereis
ser despedazados.
Las Sirenas . No conocemos el ódio ni la negra envidia ; solo
vamos en pos de los gratos placeres de que está llena la celeste
bóveda ; así en la tierra como en el mar y en todas partes se ce-
lebra siempre nuestra llegada con alegres cantos.
Mefistofeles. Hé aquí algunas invenciones tan hermosas como
nuevas: un sonido de garganta ó de cuerdas que se confunde
con otro sonido ; pero este doble paso no produce en mí su efecto;
me recrea un tanto el oido sin llegarme al corazon .
Los Esfinges. No nos hables del corazon , porque es inútil ; á
166 ATOMIA FAUSTO .
juzgar por tu rostro , debe ser el tuyo un saco de cuero entera-
mente arrugado.
Fausto , adelantándose. Es verdaderamente maravilloso el
modo con que el espectáculo corresponde á mis deseos ; hasta en
lo repugnante veo algo grande y magestuoso ; tengo el presen-
timiento de que el destino vá á serme favorable. ¿ Do me traspor-
ta esta vista solemne ? Designando á los esfinges . ) Edipo estu-
vo un dia en su presencia ; ( á las sirenas . ) Ulises se estremeció
ante aquellas bajo los lazos que le sujetaban , ( á las hormigas)
sus semejantes supieron reunir el mas raro en todos los tesoros;
( á los grifones) los de su raza supieron conservarle fielmente.
Aquí me siento poseido de una fuerza viril : ¿ cómo no ser así
ante esas graudes figuras que despiertan tan grandes recuerdos?
Mefistofeles. Antes habrias maldecido á semejante raza , que
ahora tanto te admira. Es muy sencillo : hasta los mónstruos son
de aspecto agradable en el sitio do buscamos á la mujer amada.
Fausto , á los esfinges. Vosotros , que teneis el rostro de mu-
jer , decidme: hay alguno entre vosotros que haya visto á
Helena ? !
Los Esfinges. No somos de su tiempo , por haber muerto
Hércules án los últimos de nuestra raza . Podrias preguntarlo á
Chiron que está trotando entre las sombras de esta noche fan-
tástica ; si llega á pararse en tu obsequio , de seguro lograrás tu
objeto.
Las Sirenas. Tambien podrias saberlo .... Nos refirió Ulises
tantas cosas al abandonarse á nosotras ; todo te lo diriamos si
quisieras encaminarte hácia la parte del mar .
ElEsfinge. Varon noble y generoso , no te dejes seducir. Sea
nuestro consejo para tí el lazo en que quiso ser cogido Ulises.
sublime Chiron , sabrás todo cuanto te he pro-
Si logras ver al sublim
metido. ( Fausto se aleja. )
Mefistofeles , con sorna. ¿ Quiénes son los que graznan agitan-
dolas alas , y pasan con tal rapidez que no se puede apercibirles,
sin separarse nunca de los demás ? Capaces serian de apurar al
cazador mas infatigable.
Los Esfinges. Apenas podrian alcanzarles las flechas de Alci-
des , por parecerse su vuelo al huracan de invierno ; son las rá-
pidas Estymfâlides. (1) Es un saludo bastante interesado , porque
(1) Las Estymfalidés , aves monstruosas del lago Estimfálico , en Arcadia .
Tenian el pico y las garras de bronce, sin que bastase á resistirles el mas
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 167
con su pico de azor y su pié de oca , desean ser admitidas como
parientes en nuestro circulo.
Mefistofeles , como azorado. Aun se oye algo que silva allí en-
tre el follage.
El Esfinge. Desechad todo temor , pues son las cabezas de la
serpiente de Lerna , que , aun se figuran ser algo . — Pero , de-
cidme, ¿ en qué pensais ser convertido? ¿ Porqué esos ademanes
de temor é inquietud ? ¿ Dónde queréis ir ? En este caso , idos
de aquí. Ya lo veo , es el coro de allá abajo el que os tiene tan
cabiztuerto ; pero lejos de conteneros , id á saludarle con alegre
rostro. Son las Lamias , jóvenes de dulce sonrisa y de erguida
frente , tales como las quieren los Sátiros; allí debe un pié de
cabron atreverse á todo.
Mefistofeles. Ya que vos os quedais , haced al menos que vuel-
va á encontraros.
El Esfinge. Puedes sin cuidado ir y confundirte con el coro
errante. Nosotros , procedentes de Epiglo , estamos desde mucho
tiempo acostumbrados á ver imperar á cada uno de nosotros por
espacio de siglos ; con tal que sea respetado nuestro trono , con-
sentimos en regular el curso del dia , de la luna y del sol ; situa-
dos despues en frente de las Pirámides , juzgamos con impasibi-
lidad á los pueblos , las inundaciones , las guerras y la paz.


PENEIOS

circuido de aguas y de ninfas.

El Peneios . No ceseis en vuestro balanceo , plantas acuáticas,


y continuad leves cañas vuestro dulce murmurio. Ramas flexi-
bles del sauce , estremeceos ; trémulas hojas del álamo , conti-
nuad en vuestra armonía para reanudar misinterrumpidos sue-
ños . Ya una fuerte sacudida , una oscilación repentina estremece
mis riberas y me despierto en el sepo de las ondas cristalinas.
Fausto , divagando á orillas del rio. A no engañarme mis
oidos, se exhala una voz humana del seno de esa bóveda de ra-
solido broquel, combatian las Estymfalides á bandadas y en lo mas récio del
combate se arrancaban las plumas para arrojarlas al enemigo como dardos.
Hércules las dispersó azorándolas por medio de una especie de címbalo pro-
cedente de Minerva , matándolas despues con sus flechas.
168 FAUSTO .
mas y follage. Tambien la onda y la brisa parecen murmurar
aquí palabras misteriosas.
Las Ninfas , & Fausto. Sumérgete en el agua , y templa el
ardor de tu corazon en nuestra límpida frescura. Unicamente en
el seno de esta húmeda llanura hallarás la dulce paz que parece
huir de tí ; ven á nosotras para calmar tu pena , ya que á tí con-
sagramos nuestro canto y nuestro aliento .
Fausto. Y sin embargo , estoy despierto . ¡Ah ! flotad , flotad
formas incomparables que me deslumbrais do quiera dirija mi
vista , causándome un arrobamiento que me inunda en un mar
de delícias. ¿ Son esto sueños ó recuerdos ? Recuerdo haber sen-
tido ya otra vez un placer igual . (1 ) Las olas se deslizan por
entre las espesas ramas dulcemente agitadas , sin murmurar , y
solo rizándose apenas. Do quiera se unen las corrientes, ensan-
chándose luego para mejor convidar al placer del baño , con el
que abundan formas juveniles y gracias mujeriles que el húme-
do cristal aumenta á la encantada vista . ¡ Qué gritería y confu-
sion entre esa multitud de jóvenes lascivas que se bañan , unas
nadando atrevidas, y otras tímidamente acurrucadas ! En verdad,
deberia semejante espectáculo contentar mi vista ; pero no , mi
espíritu de investigacion me obliga á penetrar con la vista hasta
el verde follage que oculta à la reina de tantas beldades . ¡ Oh
prodigio ! hé aquí que vienen nadando magestuosos cisnes sali-
dos de aquellos bosques en flor , y , que henchidos de gloria se
adelantan agitando sus cabezas y sus picos.... Ved á uno de ellos
engallarse entre todos los demás y dirigir el rumbo y empujando
las ondas hacia la parte del santuario . Los demás bogan con ala
tranquila y trasparente hácia varios puntos de la orilla ; pero no
tardan en dar un asalto glorioso á las jóvenes que , en su azo-
ramiento , olvidan el ejercicio de su mision en torno de la sa-
grada cuna , para ponerse en salvo .
Las Ninfas. Pegad atento el oido , hermanas mias , al césped
de la orilla. ¿Qué rumor nos despierta? Son los pasos de un cor-
cel que viene á escape. ¡ Cuánto daria por saber cual es el men-
sagero fiel que va á trasmitir esta noche la rápida noticia!
Fausto. Paréceme que la tierra se estremece á los pasos so-
noros de un rápido corcel ; dirijamos la vista hacia el punto en

(4) Recuerdo del laboratorio de Wagner , ó de las ilusiones del dorado sue-
ño en que le meció Homunculus. Tambien puede ser observacion psicológica
del poeta.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 169
que es el rumor mas perceptible : ¿ si será esto para mí de feliz
agüero? ¡ Oh prodigio sin igual ! veo á un ginete , que parece
hombre de corazon , adelantarse á escape , montado en un caba-
llo de blancura deslumbradora.... No me engaño , lo conozco : es
el hijo célebre de Filira. - Alto , Chiron , alto: tengo que hablarte .
Chiron. ¿ Qué hay de nuevo? 2510200 & 174*
Fausto . Modera tu carrera . 5
Chiron. No puedo detenerme.
Fausto. Entonces te suplico que me lleves contigotera
Chiron . Sube á mis hombros ; ¿ á dónde quieres ir ? Estás en
la orilla , y si quieres te haré pasar el riova (des no2,
Fausto , subiendo sobre el centauro Chiron . Llévame á donde
tu quieras , y cuenta con mi eterna gratitud Elgrande hom-
bre , el noble pedagogo que con tanta gloria educó todo un pue--
blo de héroes , la hermosa falange de los nobles argonautas y to-
dos los que fundaron el mundo de los poetas tamil anbe, J
Chiron. Dejemos todo esto ; puesto que ni la misma Palas ,
bajo la forma de Mentor , no llegó á tanto ; todos acaban por
hacer lo que les dá la gana , como sino hubiesen sido educados.
Fausto . El médico que sabe el nombre de cada planta , y la
propiedad hasta de la mas sencilla de ellas , que procura al en-
fermo la salud y al herido un alivio , recibe aquí mi mas sincero
k
parabien . Ster nangiv gup jupe Ad fores
Chiron . Si algun héroe cayese herido junto á mín, sabria pro-
curarle alivio y consejo ; sin embargo , acabé por legar mi arte
á las viejas y á los sacerdotes.
Fausto. Eres verdaderamente el grande hombre que huye
de las alabanzas , y que con modestia procura demostrar que
abundan en el mundo los hombres de su mérito.
Chiron . Me pareces un hábil hipócrita para adular á los prín-
cipes y al pueblo .
Fausto. Con todo , debes confesarme que conociste á los hom-
bres mas ilustres de tu tiempo , y que perseguido por lo que ha-
bia de mas noble en tus acciones , pasaste tus dias entregado á
obras dignas de un semidios . Así que , dime : ¿ cuál fué en tu
concepto el mas esforzado de todos aquellos grandes hombres ?
Chiron. En la falange augusta de los argonautas , era cada
cual bravo á su modo , y segun la fuerza de que estaba anima-
do , daba cima á empresas que otros hubieran acometido en va-
no. Los dioscuros se llevaron siempre la palma en todo aquello
170 FAUSTO .
que requeria juventud y belleza . Resolucion y prontitud en acu-...
dir en ausilio de los demás , tales eran las circunstancias pecu-
liares á los boreades . Con la fuerza , la prudencia y el claro jui- ·
cio en el consejo lo dominaba todo Jason , hombre agradable á
todas las mujeres ; el tierno y siempre discreto Orfeo no tenia
rival en el arte de hacer vibrar la lira ; el diestro Linceo paseó
dia y noche el buque sagrado al través de los escollos. Todos
corren un mismo peligro ; uno solo obra , y todos los demás
aplauden.
Fausto. No me dirás algo de Hércules ?
Chiron. ¡ Ah ! ¡ no aumentes mi dolor pronunciando su nom-
bre! Aun no habia visto á Febo , Ares ni Hermes , como se les
llama ahora , cuando tenia yo en mi presencia al que todos los
hombres tienen por divino . Era un jóven apuesto , que daba
gusto al verle , sometido á sus hermanos mayores, así como tam-
bien á todas las mujeres amables ; Gea no parirá otro igual , ni
Hebeo conducirá otro al Olimpo En vano se ejercitan los him-
nos , en vano se atormenta á la piedra.
Fausto. En vano los estatuarios trabajan el mármol por pre-
sentárnoslo tan magestuoso como era. Ya que me has hablado
del mas hermoso de los hombres , háblame ahora de la mas bella
de todas las mujeres.
Chiron. ¿A qué ? ….. La belleza en las mujeres nada significa ,
porno ser con frecuencia otra cosa que una máscara fria ; yo
solo admiro al ser en quien palpita con fuerza la vida ; allí hay
la verdadera belleza ; solo la gracia es irresistible como Helena
cuando yo la llevaba.
Fausto. & Tú la llevaste á ella ?
Chiron. Sí , sobre esta espalda.
Fausto. Si aumentará aun mi delirio ? ¡ Oh placer ! ¡ sentar-
me en el mismo sitio !
Chiron. Me tenia asido, como tú , por la cabellera.
Fausto. Refiéreme como , sino quieres que acabe de perder la
cabeza , porque es mi único deseo. ¿ Dónde la robaste , á dónde
la conducias ? Habla pronto .
Chiron. Fácil es contestar á tu pregunta . Los dioscuros la to-
maron en aquel tiempo á los raptores que , poco acostumbrados
á ser vencidos , no tardaron en arrojarse sobre ellos. Las lagunas
de Eleusis detenian en su veloz carrera á los hermanos , por te-
ner estos que luchar con el barro. Mientras yo pasaba á nado ,
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 1711
dió Helena un salto , y acariciando mi húmeda crin , se volvió
hácia mí con una gracia encantadora. ¡ Qué hermosa era aquella ì
jóven , delicia del anciano !
Fausto. Apenas tendria siete años.
Chiron. Así son los filólogos , te han engañado como se en➡ .
gañan á sí mismos La mujer mitológica es enteramente distinta
el poeta la reproduce segun su deseo ; nunca es mayor, nunca
anciana, y siempre de una edad apetecible. Es robada jóven , y *
se la desea aun cuando es vieja : en una palabra, nada puede en
el poeta la accion del tiempo.
Fausto. ¡ Ojalá que tambien ella no esté sometida á la accion
del tiempo ! Bien le habia resistido al menos cuando Aquiles la
encontró en Fere. Rara dicha , amor concebido á pesar del des
tino , ¿ no podré con la fuerza de mi deseo atraer á la vida la for→ ›
ma única? La criatura eterna que está al nivel de los dioses , tany
grande como tierna , augusta y digna de ser amada , tú la visteni
en otro tiempo ; tambien yo hoy la he visto tan hermosa como li
encantadora , tan bella como codiciada. Desde ahora le pertene-
cen mi ser y mis sentidos todos : imposible me es vivir sin ella.
Chiron. Querido estranjero , lo que tú , hombre , consideras
como un arrobamiento , es para los espíritus un verdadero de →
lirio ; pero no importa , todo será dispuesto de modo que redunde
en beneficio tuyo y asegure tu dicha. Tengo la costumbre de pa
sar algun tiempo cada año en casa de Manto , hijo de Esculapio,
la cual en su recogimiento implora á su padre que se sirva ilu-
minar á los médicos , á fin de que no incurran en el audaz ho→
micidio. La que yo prefiero entre todas las sibilas , lejos de ins-
pirarse por medio de ridículas contorsiones , es tierna y benéfi →
ca ; con tal que permanezcas mas o menos tiempo á su lado ,
logrará curarte enteramente con la virtud de las plantas . }
Fausto. No hay para mi poderoso espíritu curacion posible ,
ni tampoco la deseo.... porque entonces me embruteceria como
los demás.
Fausto. No desprecies la salud que procede de tan noble orí→
gen ; pronto abajo que ya hemos llegado ,
Fausto. Dime , ¿ á qué húmedo arenal me has conducido al
través de las tinieblas de esta noche sombría ? ¿ Cuál es esta
orilla?
Chiron. Aquí lucharon Roma y Grecia con encarnizamiento ;
hay á mano derecha el Peneios , y á mano izquierda el Olimpo,
172 FAUSTO.
inmenso reino que se pierde en la arena . El rey apeló á la fuga,
y triunfó el ciudadano . Contemplo á la luz de la luna el monu-
mento eterno ( 1 ) que se levantó aquí cerca con este motivo ,
Manto , en sueños . Hace el galope de un caballo resonar el pa-
vimento sagrado ; se adelantan algunos semidioses.
of Chiron. Bien , muy bien ; solo tiene los ojos abiertos .
Manto, despertandose . Bien venido seas , tú , que nunca fal-
tas.
Chiron, Se conserva tu templo aun en pié ?
Manto. Continúas incansable aun recorriendo los campos ?
Chiron . Mientras que tú vives en el seno del reposo y del si-
lencio , yo me complazco en viajar.
Manto. Yo aguardo , envuelto en el tiempo. ¿ Y ese ?
Chiron. El torbellino de esta maldita noche le ha empujado
hácia esta parte ; en su delirio , está buscando á Helena . Quiere
poseerla á todo trance , y no sabe como empezar por lograrlo ;
procura curarle , digna hija de Esculapio.
Manto. Nunca me ha sido indiferente el que sueña en lo im-
posible .

-st 10q 0 CHIRON, ya muy lejos en la campiña.


20doal zol /
Mantos Avanza , temerario , y alegrate de que sea sombría la
senda que conduce hasta Perséfone que , oculta está espiando en
la base subterránea del Olimpo la salud guardada . Aquí intro-
duje tambien en otro tiempo á Orfeo : procura aprovecharte mas
que él lo hizo . Animo y alerta. ( Descienden . )
9d 94 900
EL ALTO PENEIOS , como antes .
19 no sexab
-Las Sirenas. Sumergíos en las ondas del Peneios , donde es
preciso nadar entonando canciones que consuelen ó diviertan á
la raza infortunada. No hay sin el agua salvacion posible. Par-
tamos con nuestra luminosa cohorte hácia el mar Egeo , en el
que nos aguardan todos los placeres. ( Terremoto. )
Las Sirenas . Espumajosa el agua se retira y deja de correr en
Case duda Macedo
lani
batalla
a , en deel Cynocéfalo , enesladeque
año 197 ant J. Q.
C.,Flaminio derrotó
á pesar de á
que el
Filipo III
campo de Cynocéfalo está situado en el corazon de Tesalia , y dista algun
tanto del sitio que indica Goethe como teatro de la noche de Walpurgis.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 173
su lecho ; la tierra se estremece , el agua hierve y la orilla se en-
treabre humeando . Venid todas , venid que á nadie interesa pre-
senciar el prodigio .
Alerta , nobles y alegres huéspedes ; contemplad la fiesta del
mar , particularmente allí donde las olas mas brillan para diri-
girse algo encrespadas á bañar la orilla ; contemplad tambien
aquel punto en que la luna brilla con mas pureza , inundándolo
todo en santo rocío. Allí reina una vida animada y libre , mien-
tras que ruge aquí el terremoto : apréstense á partir los pruden-
tes , ya que solo reinan en este sitio el terror y el espanto .
Seismos ( 1 ) murmurando y rugiendo en el fondo. Solo falta
una vigorosa sacudida para derribar esa altura que al fin ha de
ceder á nuestro esfuerzo .
Los Esfinges . Todo oscila y se hunde por no poder resistir á
esta tempestad terrible , que nos causa un fastidio insoportable.
Por mas empero que el infierno se desencadene , permaneceré-
mos aquí.
Como por milagro se levanta de repente una bóveda': es obra
del mismo anciano , tanto tiempo ha encanecido , que hizo bro-
tar del seno de las aguas la isla de Delos por su amor á una aven-
turera. El es el que con los brazos tendidos y la espalda encor-
vada , hace en la actitud del Atlas , inauditos esfuerzos por le-
vantar la tierra , el césped , los guijarros , la arena y los lechos
de todos nuestros rios , sin darse por satisfecho hasta/rasgar en-
teramente el verde manto del valle. Incansable en su obra de
destruccion , lleva , colosa cariálide , un espantoso andamio de
piedras que le llega hasta el pecho ; sin embargo , no acabará de
lograr su objeto : ya los esfinges ocupa su puesto .
Seismos. Creo se convencerá en que soy yo solo el que he he-
cho todo esto ; ¡ cuán bello seria este mundo sin mis fuertes sa-
cudidas ! - Vuestros montes se levantarian hasta perderse en el
azur del éter , á no haberles yo empujado para ofrecer un admi-
rable espectáculo á nuestros dos grandes abuelos , la noche y el
caos ; es innegable que entonces me porté heróicamente , y que ,
junto con los Titanes , jugué á pelota con Pelion y Osa . Como
locos continuamos la partida en el ardor de nuestra juventud ,
hasta que al fin cansados , asentamos sobre el Parnaso , como un

(1 ) Seismos , personificacion del terremoto. Titan , que con un esfuerzo de


sus hombros produjo á Pelion y Osa , así como tambien varias islas , entre
ellas la mayor de las Cycladas ; Delos , cuna flotante de Apolo y de Diana.
174 FAUSTO.A
doble gorro , las dos montañas.... Alegre , Apolo , bizo allí alto,
rodeado del coro de las Musas. He hecho bambolear el trono del
mismo Júpiter , y hasta hacer brillar impotentes en el aire sus
mismos rayos ; por medio de grandes esfuerzos me levanto ahora
del fondo del abismo , y llamo en voz alta á alegres moradores
para que den principio á una nueva vida.
-7 Los Esfinges. Podria creerse que data de mucho tiempo ese
advenedizo , á no haberlé visto nosotros mismos brotar del abis-
mo. Se estiende por sus dos lados un espeso bosque en el que se
levantan grandes peñascos ; no serémos nosotros , esfinges , los
que allí nos dirijamos : nada hay que pueda hacernos renunciar
á nuestra inmovilidad sagrada.
Los Grifones Ya que al través de las hendiduras vemos brillar
el oro , haced que no se os prive de semejante riqueza . Vamos ,
Imses , procurad cargar con él lo mas pronto posible.
fr Coro de Hormigas . Pronto á la cumbre , ya que los gigantes
le han levantado hasta ella ; sed ágiles así en el interior como en
esterior. Es tan digno de ser poseido , que ni una sola par-
tícula ha de quedar en ninguna de las hendiduras. Sed diligentes
en dejar la montaña , tan pronto como sea nuestro el oro que
contiene.
Los Grifones. El oro está aquí á montones ; preciso es hundir
en ellos nuestras garras , ya que son del mejor temple . Bien guar-
dado está el rico tesoro.
Los Pigmeos. (1 ) En verdad somos nosotros los que hemos
ocupado el puesto , sin saber como . No nos pregunteis de donde
venimos y á que estamos aquí. Todos los paises saben acostum-
brarse á llevar alegre vida ; apenas se abre una grieta en la pe-
"1
ña , ya está allí dispuesto el enano . Que el enano y la enana em-
prendan desde luego el trabajo , en el que deben distinguirse
todas las parejas. No sé si en el paraiso debia suceder ya lo pro-
pio ; por nuestra parte , no tenemos aquí de que quejarnos ; al
contrario , reconocidos bendecimos nuestro destino por ser fe-
cunda la tierra materna en oriente У occidente .

(1 ) Apenas acaba de formarse el monte , cuando ya pulula allí la vida en


todas partes , por acudir á millares los insectos para explotar los tesoros
que guarda el monte en sus laderas. Los Pigmeos están en guerra con lag
grulias de Scytia y las garzas reales , sus irreconciliables enemigos; así que,
en un abrir y cerrar de ojos son fabricados los dardos , se empeña la accion
y son degolladas las garzas reales en el estanque.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. $175
Los Dactilos. Si en una sola noche ha criado loss pequeños ,
dará tambien vida á los mínimos , sin que carezcan de la com-
pañía de sus semejantes.
El mas viejo de entre los Pigmeos . Disponeos á ocupar vuestro
puesto lo mas pronto posible. Manos pues á la obra. -- Es la agi-
lidad uno de los principals ausiliares de la fuerza. - Disponed
la fragua , mientras dura aun la paz , á fin de procurar al ejér-
cito las armaduras y aceros necesarios .
Vosotros Imses y el hormiguero todo , procuradnos los me-
tales ; -y , á vosotros dactilos , pequeños é innumerables , se
os manda ir en busca de leña , reunir luego las llamas miste-
riosas y procurarnos el carbon necesario. Capri AT- IS
El generalísimo. Tomad la flecha y el arco para dar ahora
mismo la batalla á orillas de ese estanque ; - que no quede ni
una sola de las garzas reales , que á millares anidan en él , en-
gallándose con orgullo sin igual ; presentémonos desde luego con
casco y penacho.
Los Imses y los Dactilos. ¿ Quién nos salvará? - Nosotros
procuramos el hierro y ellos forjan las cadenas . -Seamos em-
pero sumisos , ya que todavía no ha sonado la hora de la eman-
cipacion.
Las Grullas de Ibico . ¡ Solo se oyen gritos de muerte , hondos
gemidos y tristes aleteos ! &de qué procederá esa angustia gene-
ral cuyo eco llega hasta nuestras regiones ? - Todas han1 sido
degolladas ; —ved como su sangre enrojece las aguas del lago.
-- Solo la obcecacion puede arrancar á la garza real su hermosa
pluma , pendiente ya del casco de aquellos ventrudos pícaros.-
A vosotras , aliadas de nuestro ejército , viajeras garzas maríti-
mas , encargamos la venganza , esperando sabreis defender una
causa que os es casi propia. Derramemos gustosos todos nues-
tra sangre : -guerra eterna á esa maldita raza.
(Se dispersan graznando en el aire .)
Mefistofeles , en la llanura. Es innegable que sabia hacerme
obedecer por las hechiceras del Norte ; pero no lo es menos que
me sucede todo lo contrario con esos raros espíritus. Continúa
siendo el Blocksberg un sitio muy cómodo ; en cualquier punto
que esté , vuelve uno á encontrarse . La señora Ilse nos aguarda
en su piedra ; Enrique , siempre alegre , continua en su altura;
si bien es cierto que los roncadores arrugan el entrecejo á la
Miseria; pero solo durará todo esto algunos miles de años. ¿Quién
176 FAUSTO .
sabe donde está aquí y á dónde vá ? ¿ Quién sabe si bajo su
planta se estremece el suelo ? Yo ando apaciblemente por una
llanura , y se alza de repente una montaña á mi espalda ; en vei-
dad que apenas puede dársele aquel nombre , por mas que su
altura me separe de mis esfinges. - Mas de una hoguera hay allá
en el valle, que arde y chisporrotea á la aventura.... Veo danzar
ante mi un alegre coro que se complace en engañarme y huir
haciéndome gestos provocadores. Acostumbrado á lo bueno do
quiera que se encuentre, veamos si podemos aquí alcanzar algo .
Las Lamias, procurando atraer à Mefistofeles . Alejémonos aun
con mas rapidez . Luego aparentamos titubear y digamos rien-
do.¡Cuán grato ha de ser para nosotros atraer al viejo pes-
cador ! Ved como viene cojeando en pos de nosotras que huimos
velozmente para castigarle como se merece.
Aefistofeles , parándose. ¡Maldito destino el mio ! ¡ Que desde
Adan haya sido siempre el hombre engañado ! Uno se hace viejo,
pero
he nunca
chiz o the ch ¿Acaso no habia sido yo víctima de sobrados
Sabemos que nada bueno puede darnos de sí esa raza
de cuerpo corrupto y de rostro desleido por los afeites ; y á pe-
sar de que se sepa , se vea y se sienta , acudimos á ella siempre
solicitos á la primera señal que nos hace.
Las Lamias , parándose á su vez. Alto , ya que él titubea y
se para en ademan reflexivo . Id en su busca á fin de que no nos
escape
efistofeles , continuando su camino . Adelante , y no nos de-
jemos cojer en la red de la duda ; porque al fin y al cabo , si no
hubiera hechiceras , ¿ quién quisiera ser diablo ?
Las Lamias , con ternura . Dancemos en torno del héroe , å fin
de que retoce en su pecho el amor por una de nosotras.
Mefistofeles . Todas á la luz de la luna me pareceis hermosas ,
1
y no quiero por lo mismo disgustaros.
Empuse (1) uniéndose al grupo. Ni á mí , que soy de la mis-
ma familia , me admitis entre vosotras ?
Las Lamias. Está de sobra en nuestro círculo , porque siem-
pre nos estorba el juego .

(1 ) Ev Tous , diosa del pié de asno , enviada por Hecate que algunos to-
man por la misma Hecate. Se presenta el viajero bajo todas las formas , ya
como vaca , planta , mosca o serpiente. Mefistofeles , al que ningun cuidado
da su parentesco con el pié de asno , aparenta no comprenderlo , se incor-
pora orgullosamente en su pié de caballo.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 177
Empuse , á Mefistofeles. Tu prima Empuse , la comadre de pié
de asno , te saluda. Por mas que solo tengas el pié de caballo ,
salud , primo mio.
Mefistofeles. Pensaba no encontrar aquí mas que séres desco-
nocidos , y héteme entre próximos parientes. Es un libro viejo
que debe hojearse. ¡ Desde Harz á Hellas , siempre primos !
Empuse. Sin cesar estoy dispuesta á obrar, por poder presen-
tarme bajo cien formas distintas ; pero hoy en vuestro obsequio,
he preferido la cabezita del asno .
Mefistofeles. Noto que esta gente se para mucho en el paren-
tesco ; sin embargo , suceda lo que quiera , estoy pronto á des-
conocer el pié de asno.
Las Lamias. Deja á esta repugnante vieja , horror de todo
lo hermoso y amable ; á su aspecto desaparecen la gracia y la
belleza.
Mefistofeles. Mucho desconfio de las primitas apuestas y her-
mosas , por tener siempre alguna metamórfosis en sus frescas
mejillas y sus lábios de rosa.
Las Lamias. Puedes probarlo , ya que somos en bastante nú-
si eres afortunado en el juego , podrás escojer el mejor
lote. ¿ Por qué esos hondos gemidos ? Eres un pobre amador que
solo sabes pavonearte. Ahora entra en el círculo : quitaos la
máscara , y mostránsle tales como sois.
Mefistofeles. Sin duda he escogido la mas bella.... ( Abrazán-
dola.) Qué desgraciado soy ! ¡ Es una verdadera escoba ! (To-
mando otra.) Y esta…… .. ¡ Ah ! ¡ infame rostro !
Las Lamias. Si crees merecer algo mejor te engañas .
Mefistofeles. Quiero apoderarme de la pequeña.... su brazo es
un lagarto que se me escapa de las manos , y su trenza se me
desliza como una serpiente. En desquite , voy á cojer la gran-
de...; es un tirso con una copa de pino por cabeza …... ¿ A qué
vendrá á parar todo esto ?... Veo á una gordinflona que quizás
podrá aun consolarme ; voy á intentar por última vez si alcanzo
mi objeto.... Es en extremo flja ; no sé como los orientales
pueden pagarlas á tan alto precio , como sino debie se siempre
reventar la ampella
Las Lamias. Romped filas , y empezad á flotar nuevamente
en torno del hijo importuno de las hechiceras ; no permitais al
murciélago de calladas alas que salga de vuestro incierto y es-
pantoso círculǝ.
12
178 FAUSTO.
Mefistofeles , golpeándose la frente. No soy en verdad mucho
mas cuerdo que antes. Aquí , como en el Norte , todo cuanto
ocurre es absurdo; aqui , como
com allá, los espectros son repug-
nantes y el pueblo y los poetas insípidos ; aquí como en to-
das partes, todo es mentira y farsa. He escogido entre graciosas
máscaras, sin dar mas que con objetos dignos de horror.... Y
aun volveria á engañarme de buena gana por poco que esto du-
rase. ( Se extravia en un laberinto de rocas.) ¿ Dónde estoy y á
dónde me dirijo? Aquí el camino se ha convertido en caos ; he
recorrido al venir una senda perfectamente trazada, y ahora me
pierdo entre escombros y ruinas. En vano subo por descender de
nuevo; ¿dónde podré ballar otra vez á mis Esfinges? ¡ Ah ! ¡Nun-
ca habria creido en tal prodigio ! ... Esta montaña me obliga á
dar á todo esto el nombre de alegre cabalgata de hechiceras que
llevan su Blocksberg con ellas.
Oreas , peñasco natural. Ven acá ( 1 ) , mi monte es antiguo y
conserva su primitiva forma. Honra esos árduos senderos de
granito , últimas ramificaciones del Pindo . (2) Del mismo modo
estaba ya inmóvil cuando Pompeyo huyó por mi espalda ; cerca
de mí , la ilusion se desvanece al canto del gallo ; así es , que
veo con frecuencia morir en flor las mas halagüeñas esperan-
zas. (3)
Mefistofeles. Honor á tí , venerable cumbre que corona la ro-
busta encina. Apenas se ve oscilar un rayo de la luna al través
de la bóveda de verdor que te cubre. ¡ Cómo uno se encuen-
tra! No me engaño : jeres Homunculus ! ¿ Dónde vas , mi peque-
ño amigo?
Homunculus. Flotando voy de un punto á otro , y de buen
grado quisiera existir libremente ; con todo , no me impaciento
por romper el cristal que me encierra , porque todo cuanto he
visto basta aquí no me decide á exponerme mas de lo que he
hecho. Te lo diré con franqueza : busco dos filósofos. He escu-
chado á los que decian : ¡ Naturaleza ! ¡ Naturaleza ! Y no sepa-
rándome de ellos , que deben conocer al sér terrestre , acabaré
por saber hácia que parte ha de guiarme la sabiduría.

(1) Oreas , peñasco natural que se opone al monte que Seismos empuja.
(2) El Pico Este del Pindo , que se estiende hasta las llanuras de Farsalia.
(3) La obra de Seismos , la montaña que en un instante hemos visto po-
blarse de séres fantásticos , y que desaparecerá al terminar la noche de
Walpurgis.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 179
Mefistofeles. En cuanto á eso , puedes obrar á tu antojo ; siem-
pre es el filósofo perfectamente acogido en el reino de los es-
pectros , que crea á docenas . para que todos puedan gozar en
su ciencia. No puedes llegar al camino de la razón sin extra-
viarte. Quieres sér : sé por tus propias fuerzas.0601291764 28b
Homunculus Un buen consejo no debe despreciarse £ 1826 /
Mefistofeles . Sigue tu curso y veremos. Se separan.)
Anaxagoras , á Thales . Es imposible triunfar de tu obstina-
cion ; ¿qué mas quieres para convencerte ou am shurob
Thales. Solo las olas ceden á cada viento , porque están lejos
de la escarpada orilla . Zenion y Fondo0949 stlus obasiq
Anaxagoras. El peñasco está allt Ili á causa de la emanacion
doorg lad os ebisnɔ &ndid 89
del fuego.
Thales. En la humedad se forma la vida. 19 oles obni p
Homunculus , entre uno y otro . Permitidme ir à vuestro lado ,
deseo mucho existir. JintaNDA GOLDSq ,2DSTU
Anaxag oras. Thales , & sacaste nunca del limo en una sola
noche una montaña como esta? difost esmilio , oliasty
Thales. La naturaleza y sus fuentes de vida nunca obran á la
luz del dia , y sí solo de noche é instantáneamente , ni aun en
sus mas grandes fenómenos tiene que apelar nunca á la vio-
lencia . (6) Res
Anaxágoras . Con todo , ha obrado aqui de distinto modo . El
terrible fuego plutónico y la espantosa explosion de los vapores
eolios , levantaron las viejas capas de tierra , y apareció desde
luego el nuevo monte .
Thales . Y en último resultado , ¿ qué prueba esto ? Lo único
que puede decirse es quetenemos el monte á la vista . Solo logra
uno en tales cuestiones perder el tiempo ; no produce mas ven-
taja que la de permitirnos levar de la mano á ese buen pueblo,
Anaxagoras . Ya rebuilen en el nuevo monte millares de sé-
res , dispuestos á poblar las grietas de la peña , tales como Pig-
meos , Imses y otros pequeños y activos animales.
(A Homunculus. )
Si aspiras al poder , tú , que vives como cel-
da , y crees poder acostumbrarte al mando , te baré ceñir la co-
rona.
Homunculus. ¿ Qué le parece esto á Thales ?
Thales . No te lo aconsejaré nunca ; no puede salir de los pe-
queños cosa grande ; al paso que entre los que no lo son , hasta
180 A FAUSTO.

el pequeño se hace grande . Ved sino la negra nube de grullas


que pueblan el aire como amenaza al pueblo en conmocion , y
amenazaria igualmente á su rey ; ved como descuartizan á los
pequeños con sus agudos picos y afiladas garras ; ya empieza la
malanza. Un crímen privó de la vida á las garzas reales , es-
parcidas por el pacífico lago , y dió orígen á la sangrienta ven -
ganza que juraron tomar los aliados de su raza , y que supieron
cumplir derramando la sangre sacrilega de los pigmeos. ¿ De qué
sirven ahora el broquel , el casco y la lanza ? ¿ De qué les sirve
á los enanos ostentar las hermosas plumas de las garzas reales?
¡ Ved como huyen los Dactilos y los Imsos ! Ya el ejército vaci-
la , ya se desbanda , ya huye.
Anaxagoras , con solemnidad despues de una breve pausa . Si
he adorado hasta aquí los dioses subterráneos , desde hoy me
vuelvo bácia las altas regiones. Oh tú , que imperas en lo alto ,
libre de la accion del tiempo , diosa de tres nombres y tres ros-
tros ; Diana , Luña , Hecate, yo te invoco en nombre de la des-
gracia de mi pueblo , para que abras el abismo de tus sombras ,
y se revele el antiguo poder sin el ausilio de la magia. ( Pausa .)
& Si se habrá accedido demasiado pronto á mis votos ? ¿ Si la
prez que he dirigido á las altas regiones habrá turbado el órden
de la naturaleza ?
Hé aquí que cada vez mayor se adelanta el trono circular de
la diosa ; su fuego ( errible es á medida que se acerca mas som-
brío.... i¡ Detente a cho círculo amenazador, que nos anonada-
rias junto con la tierra y el mar ! Si será verdad que algunas mu-
jeres de Tesalia , por medio de una magia infernal, te hayan
hecho descender de tu puesto con sus hechizos , y arrancádote
los secretos mas perniciosos? El disco luminoso se ha oscureci-
do , y de repente se desgarra , chispea y brilla. El retumbo del
trueno y los rugidos del huracan producen un espantoso es-
truendo ! Postrado al pié del trono imploro tu perdon por ha-
ber causado semejante desórden .
7 ( Se arroja de faz contra el suelo. )
Thales . ¡ Cuántas cosas ese hombre vé y oye ! Imposible me
es dar con la causa que produce todo esto , sin duda por no ha-
ber esperimentado ninguna de sus sensaciones Preciso es con-
fesar que es esta una hora como no se ha visto otra lan rara ,
puesto que la luna como antes se mece muellemente en su puesto.
Homunculus Contempla el punto en que los pigmeos se ha-
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 181
bian establecido ; era la cumbre del monte circular y ahora es
puntiaguda. Ha esperimentado una sacudida terrible ; la peña
ha caido de la luna aplastándolo todo , amigos y enemigos. Con
todo , no puedo menos de admirar el superior talento del que
con su poder creador pudo en una sola noche formar esa mon-
taña desde su base hasta su cumbre.
Thales . Sosiégate ; solo existia aquel gran poder en mi mente.
¡Qué suerte has tenido en no haber sido rey de esa repugnante
raza que levanta su campo ! - Dirijámonos ahora á la alegre
fiesta del mar donde se está aguardando á maravillosos hués-
pedes. ( Se alejan .)
Mefistofeles , saltando al lado opuesto. Forzoso me es atravesar
las escarpadas rocas de granito , aunque sea agarrado á las
fuertes raices de las encinas seculares. En las cumbres de mi
Brocken tienen los vapores del Ilarz algo de betuminoso que me
halaga mucho ; luego el azufre .... Aquí , entre esos griegos , es
imposible seguir ninguna huella. Seria curioso el saber con que
´atizan el fuego del infierno.
Una Driada . En tu pais natal puedes ser algo ; pero lo que es
en el estranjero no andas muy listo. No te vuelvas de este modo
sin cesar hácia tu patria ; piensa mas bien en honrar aquí la ma-
gestad de la sagrada encina.
Mefistofeles . Siempre se piensa en lo que se ha perdido ; todo
aquello á que uno está acostumbrado es un paraiso . Pero, dime :
¿qué triple forma se acurruca en aquel antro de allá abajo al
débil resplandor de una luz? }
La Driada. Las Forkiadas. Adelántate hasta allí y háblales ,
si es que no te causen espanto.
Mefistofeles. ¿ Por qué no he de hacerlo ? - Veo en ellas algo
que me asombra ; no conozco el miedo , y sin embargo , tengo
que confesar no haber visto en mi vida cosa igual. Son peores
que las mandrágoras.... ¿ Es posible hallar en el pecado fealdad
alguna despues de haber visto á ese triple monstruo ? No las
admitiríamos ni aun en el umbral del mas horrendo de nuestros
infiernos. ¡ Y decir que esto nace acá en la tierra de la belleza ,
y á la que tan pomposamente se dá el nombre de antigua ! ... Ya
se agitan como si oliesen mi aproximacion.... Como verdaderos
murciélagos vámpiros gorjean silvando.
Las Forkiadas. Haced , hermanas mias , que podamos cono-
cer al que se atreve á acercarse tanto á nuestro templo . છે.
182 .AIONDART FAUSTOUTAAN ROY Jade
Mefistofelės Permitid que me acerque à vuestras reverencias
para pedir vuestra triple bendicion; aun que me dirijaá vosotros
como desconocido , no por esto dejo de reconoceros como pa-
riente lejano. He contemplado ya las augustas divinidades anti-
guas , y postrádome ante Ops y Rhea; vi ayer ó anteayer
hasta las mismas Parcas ( 1 ) hermanas del Caos , y hermanas
vuestras ; pero nunca he visto diosa alguna que se os pareciese.
--No puedo continuar , porque estoy verdaderamente exta-
siado.
-Las Forkiadas Parece estar dotado ese espíritu de recto sen-
tido.
› Mefistofelės Macho me admira el que no os haya cantado nin-
gun poeta. Decidme : ¿ cómo es esto posible ? Nunca he visto
vuestras estátuas , y sin embargo , reproduce el cincel cada dia
á Juno , Palas , Venus y otras diosas semejantes....
Las Forkiadas. Ninguna de nosotras tres siquiera ha pensado
en ello , por estar sepultadas siempre en la soledad y el silencio
de las tinieblas.
Mefistofeles¿Cómo fuera esto posible , cuando así retiradas
del mundo a nadie veis , ni nadie puede contemplaros ? Al con-
trario, deberiais instalaros en aquellos puntos en que el arte y la
pompa lo dominan todo desde la misma altura , donde cada dia
recibe el mármol la vida bajo la forma de un héroe , ó donde....
Las Forkiadas . Basta ; no hagas nacer en nuestros ardientes
deseos que serian nuestro tormento eterno ; porque nacidas de
la noche , parientes de las tinieblas , nadie nos conoce , y hasta
casi nosotras mismas nos desconocemos.
Mefistofeles. En este caso , os diré que puede uno fácilmente
transformarse en otro sobre todo , cuando á las tres os bastan
un diente y un ojo. Comprender en dos la existencia de tres y
cederme por algun tiempo la forma de la tercera , seria mucho
mas mitológico ton old herbs o
Una Forkiada, Pensais que es esto posible ?
Las demás. Puede hacerse la prueba , pero sin el ojo ni èl
diente .
ง Mefistofeles, Consiento en ello , si bien me privais de lo mas
interesante , y sin lo cual es imposible que haya una semejanza
perfecta.
eitub ofang ause my 2
(1) Se entiende, en el baile de máscaras.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 183
Una Forkiada. Cierra un ojo , lo cual no es difícil , ostenta
luego tu diente de caballo , y lograrás de perfil parecértenos
como si fueses nuestro propio hermano. *
Mefistofeles. Sobrada honra es esta , pero la acepto gustoso .
Las Forkiadas. Convenido.
Mefistofeles , guardando la posicion indicadapor la Forkiada.
Esto es á no engañarme , la postura del hijo amado del Caos.
Las Forkiadas . Tambien nosotras somos sin duda alguna las
hijas del Caos.
Mefistofeles. ¡ Qué ignominia ! Ahora se me tratará como her-
mafrodita.
Las Forkiadas. ¡ Qué belleza la del nuevo trio de hermanas !
Tenemos dos ojos , tenemos dos dientes .
Mefistofeles. Debo ocultarme á todas las miradas , para espan-
tar á los diablos en el abismo infernal. ( Vase. )

inger des 10 , 5

BAHÍA ENTRE LAS ROCAS DEL MAR EGEO .

La luna inmóvil en el zénit. (1)

Sirenas, cantando entre las rocas . En el horror de la noche


cometieron los mágicos de Tesalia sacrilegio de atraerte hå-
cia la tierra. Dirige desde lo alto de tus bóvedas sombrías una
mirada apacible y tranquila sobre las trémulas y luminosas on-
das , para que en medio del tumulto se descubran mejor los
abismos que abre en el mar la tormenta. Oh luna , hermosa
diosa , sednos propicia , ya que somos tus humildes siervas !
Las Nereidas y los Tritones , bajo el aspecto de mónstruos
marinos . ¡ Repita el vasto mar los acentos de vuestra voz pode-
rosa al llamar en torno vuestro al pueblo del abismo ! A los
primeros rugidos de la tempestad huímos á las profundidades
do reina el silencio , sin volver a la superficie hasta que nos
atrajo á ella vuestro dulce canto.
Ved como en nuestro arrobamiento supimos adornarnos con
el oro , pedreria y todos cuantos tesoros fueron sepultados en el

(1) La luna interrumpe su curso y se fija en algun punto del cielo por una
influencia mágica durante las noches de encantamientos. ‫الام‬
184 FAUSTO.
mar por los naufragios , y como el encanto de vuestra voz soli-
citos acudimos , demonios de nuestra bahía.
Las sirenas. Bien sabemos que entre las auras marítimas ,
alegre se mece el pez en su vida flotante y sin cuidado ; pero
quisiéramos hoy saber que vosotras , cohortes, dulcemente agi-
tadas , si sois mas que peces.
Las Nereidas y Tritones. Tambien á vosotros antes de venir
aquí se nos ha ocurrido esta idea : ¡ ahcra , alerta , hermanos y
hermanas ! Basta hoy la menor cosa para demostrar que somos
mas que peces. ( Se alejan.)
Las Sirenas. ¡ Con qué rapidez han partido para Samotra
cia , (1) desapareciendo en alas de un viento propicio ! ¿Qué pre-
tenderán hacer en el reino de los poderosos kabires ? (2) ¡ Cuán-
tos raros dioses se engendran eternamente sin saber nunca lo
que son !
Permanece en tus regiones , hermosa luna , pero derrama
sobre nosotros tus gracias. ¡ Prolónguese la noche , á fin de que
nunca vengas á dispensarnos el dia !
Thales , en la orilla , dirigiéndose à Homunculus . De buen
grado te presentaré al anciano Nereo , ya que estamos tan cerca
de su gruta , por mas que tenga el melancólico soñador la ca-
beza bastante dura. Nada hace el género humano que merezca
la aprobacion de aquel regañon voluble y caprichoso . Con todo,
(1) Situada al N. E. de Tesalia y de la isla de Lemnos , en las costas de
Tracia.
(2) Los kabires , dioses misteriosos , ó mejor demonios , que despiertan
siempre en los griegos la idea de la antigüedad mas remota. Tenian los ka-
bires en Memfis un templo y estátuas que solo visitaban los sacerdotes; ante
aquellas imágenes de formas grotescas , fué donde Cambises , al conquistar
el Egipto , cometió el famoso sacrilegio de que habla Herodoto, lib. 1. Eran
muy venerados en Samotracia , donde se celebraban grandes orgías y ba-
canales en su obsequio. A veces se confunde á los kabires con los tel-
chinos , kuretos , koribantes , y sobre todo con los dactiles del monte Ida.
Se creia antiguamente que tenian los kabires la forma de ventrudos ena-
nos , de cántaros , toneles , etc.- Kreutzer los presenta como antiguas di-
vinidades de la naturaleza , traidas á Egipto por los fenicios ; segun él, eran
jos kabires en número de siete, que era el de los planetas, uniéndose ȧ Hefais-
tos que era el octavo , siendo al propio tiempo á la vez , Marte , Venus y
Mercurio. El agua y el fuego eran considerados como principios fecundos y
únicos de que dependian la vida y toda la armonía universal . Schelling en su
las Divinidades de Samotracia , procura resolver el enigma á
su modo; y ve ve en
en el culto de los kabires algunas tradiciones de la religion
primitiva . Pero es probable que siguiese Goethe acerca de los kabires la opi-
nion de Lobeck de Koenigsberg , uno de los principales mitólogos alemanes.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 185
tiene el don de leer en lo porvenir
may; por lo que se le respeta y
ormenteal
honra en el puesto que ocupa , la pro-
teccion que ha dispensado á algunos.
募 Homunculus.
Vamos pues , aunque sea á tientas , a llamar á
su puerta . No creo exponga por ello el cristal y la llama ..
Nereo. ¡ Si serán voces humanas las que hieren m oido ! ¡ Qué
ira repentina siento en lo mas hondo de mi cosimcorazon ! Siempre
hay que aspiran á llegar á la altura de los dioses sin poder nun-
ca semejarse á sí mismos; desde los tiempos mas remotos podria
ya dormirme en el apacible reposo de los dioses ; y siempre, no
obstante , á impulsos de mi instinto socorro á los buenos ; y
cuando al fin contemplo lo hecho , veo que todo absolutamente.
queda como si yo no hubiese tomado en ello parte alon alguna
Thales. Y sin embargo , oh viejo del mar , siempre se confia
en tí , tú eres el prudente, el sábio , yy no nos arrojarás de aquí.
Ves esa llama parecida á los hombres ? wro Toda
ng all entrrega.
entera se ent
á tu prudencia y tus consejos.
Nereo. ¿ Porqué me hablas de consejos ? ¿ Acaso han tenido
nunca algun valor para los hombres ? Toda palabra aacertada
espira en sus oidos ; por mas que sus hechos hayan sido hasta
aquí cruelmente censurados, no por esto es la raza humana menos
obstinada. ¿ Qué de consejos paternales no di à Paris , antes de
que envolviese á una muger agena en la red de su apetito ? Al
contemplarle tan altivo en Grecia , le revelé todo cuánto yo leia:
allí le mostré la atmósfera llena de densos envueltos en
un mar de llamas ; los edificios que se presaa del
incendio , envolviéndolo todo entre sus escombros ; el último
dia de Troya consagrado por el ritmo , despues side haber sido
por miles de años tan temida como célebre. La palabra de an-
ciano le pareció al desenfrenado un simple juego ; no reprimió
sus ardientes deseos , y cayó Ilion para siempre. Cadáver gi
gantesco , envarado aun despues de prolongadas convulsiones ,
fué un espléndido festin para las águilas del Pindo. ¿ Acaso no ad-
vertí tambien á Ulises los artificios de Circea , la crueldad de
los Ciclopes , sus propias vacilaciones , el carácter ligero y tri-
vial de los suyos y otras muchas cosas que apenas recuerdo ?
¿ Qué provecho sacó de todo ello , hasta que despues de muchos
vaivenes le llevaron las ondas protectoras á una orilla hospita
laria. vedon Bidsc019 29 07948270
A
Thales. Semejante conducta no puede menos que afligir al
186 FAUSTO.
hombre prudente ; pero lejos de desalentarse , por ello conti-
nua el alma generosa su obra con nuevos brios . Una dracma
de reconocimiento hace su dicha , y pesa mas en la balanza que
cien libras de ingratitud. El asunto que nos obliga á recurrir á
vos es de la mas alta importancia : el niño aquí presente , está
animado del justo deseo de existir .
Nereo. No vengais á distraerme del objeto que hoy me he
propuesto : acabo de convocar aquí á todas mis hijas , las Gra— f
cias del mar , las Doridas. Ni el Olimpo ni vuestro suelo contie-
nen una beldad que reuna tanta gracia , discrecion y elegancia,
Verdaderamente adorables en su postura , se arrojan desde el
dragon de las aguas de los corceles de Neptuno ; diríase al ver-
laass tan tiernamente unidas al elemento , que las levanta la espu-
ma. En el prisma de la nacarada concha de Venus , se adelanta
Galatea , hoy la mas bella , y la que desde que nos abandonó
Cypri recibe en Pafos los honores de la diosa . De este modo:
posée tiempo ha la tierna Galatea , como única heredera, la ciu-
dad del templo , y el trono del carro.
s ! En la hora del goce paterno , no debe tenerse ni la
invectiva en la boca , ni el oido en el corazon . Dirigíos á Proteo
y suplicadle os diga como puede uno existir y como trasformarse.
slain al 98 27 %
(Se aleja hácia la parte del mar.)
-Thales. Nada hemos adelantado hasta aquí ; por mas que
uno logre llegar hasta Proteo , no tarda este en desaparecer ; y
si alguna vez os presta oidos , es tan solo para deciros cosas
que os asombran y os causan la mayor confusion . Pero , ya
que de todos modos debes tomar su consejo, prosigamos nuestro
camino. ( Parten.)
Las Sirenas , en los picachos de las rocas. ¿ Qué es lo que
desde lejos vemos deslizarse por el reino de las ondas ? Blancas
cual las velas bel buque que se acerca, impulsado por un vien-
to próspero , contemplamos desde aqui á las mujeres luminosas
del mar. Descendamos ; ¿ no estais oyendo sus voces. ?:
Las Nereidas y los Tritones. (1 ) Lo que llevamos en nuestras
manos debe agradar á todos , por mas que la concha gigantesca

(1) Las Nereidas y los Tritones vuelven de Samotracia con los kabires que
han de devolverles á Neptuno ; porque como protectores de la navegacion ,
están íntimamente unidos con el dios de las aguas. Por este medio podrán
visitar sin temor á su padre , el anciano Nereo.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 187
de Chelona (1 ) refleje un áspero rostro : os traemos nada menos
que algunos dioses. Entonad pues himnos sublimes. mothy 22 DŘÍL
Las Sirenas. Dioses adorados desde la antigüedad mas remo-
ta (2) ; aun que pequeños de estatura , sois grandes en poder
para salvar á los náufragos. 2
Las Nereidas y los Tritones . Os presentamos los kabires á fin
de que se celebre la fiesta en dulce calma ; porque Neptuno se
muestra siempre propicio al punto en que ellos reinan santamente,
Las Sirenas. No reparamos en cederos el paso , por no igno-
rar que cuando se estrella un buque con irresistible fuerza , sois
vosotros los que protegeis su tripulacion.
Las Nereidas y los Tritones. Hemos traido tres , (3) el cuarto
no ha querido venir ; pretendia ser el mejor, y el que piensa por
todos los demás.
Las Sirenas . Bien puede un dios burlarse de otro dios . (4)
Honrad á todas las Gracias, y temed únicamente lo que daña .
Las Nereidas y los Tritones. Deben ser en número de siete.
Las Sirenas. ¿ Dónde han quedado las tres restantes ?
Las Nereidas y los Tritones . Lo ignoramos ; solo en el Olimpo
podrán informaros de ello ; allí hay tambien una octava Gracia,
en la que nadie siquiera habia pensado . (5) Nos estaban aguar-
(1) Chelona (zɛwun tortuga. ) El lector recordará la leyenda de la ninfa
Chelona que, no fué invitada á las bodas de Júpiter y Juno, por haberse bur-
lado de la inmortal pareja. Mercurio la arrojó al mar con su casa , y la con-
virtió en tortuga, condenándola á llevar además su casa á cuestas en eterno
silencio. La concha de la tortuga servia de espejo á los antiguos , por lo que
se reflejaba en ella el rostro seco y frio de los kabires. (
(2) Las Sirenas forman coro con las Nereidas, y celebran , aunque irónica-
mente á los kabires , como dioses protectores de los náufragos.
(3) Los tres kabires de Kreutzer , á saber : Axieros , el poderoso , llamado
tambien Hefaistos ; Axiokersos, el principio generador en el hombre, Hamado
Marte , y Axiokersa , principio generador de la mujer, ó sea Venus. El cuar
to , que no quiso ir , debia de ser Kadmilos ó Cadmos , el verdadero , cabeza
y centro de todos los demás Quizá las palabras que Goethe puso en boca de
las Nereidas , deben ser consideradas como una alusion á los misterios de
Samotracia , misterios profundos y de una oscuridad tal , que nadie llegó
nunca á penetrar. La solicitud de sus sacerdotes , hábiles explotadores del
santuario , inventaba cada dia nuevas pláticas , haciendo de este modo
imposible toda especie de iniciacion en el dogma.
(4) En medio de los ódios y rivalidades que dividian á los dioses del pa-
ganismo , era imposible al hombre piadoso reconciliarse con todos por in-
disponerse siempre , al intentarlo, con algunos de ellos.
(5) Sin duda el octavo planeta. Kreutzer pretende que los siete kabires
corresponden á los siete planetas : « El octavo , en el que nadie habia pon-
sado seria el octavo planeta , descubierto por Herschel.
188 FAUSTO.AT
dando con donosura : y sin embargo no se las veia aun dis-
puestas .
Siempre quieren ir mas allá , pobres hambrientos de lo inex-
plicable. (1)
Las Sirenas. Tenemos la costumbre de rogar do quiera la
divinidad
impere , sea en el sol ó en la luna , lo que reporta
grandes ventajas. (2)
Las Nereidas y los Tritones. La esplendidez de esta fiesta di-
rigida por nosotros va a valernos inmortal fama.
Las Sirenas. Hé aquí la gloria que hace falta á los héroes de
la antigüedad , por mas glorioso que sea su nombre.
Si ellos ganaron el toison de oro , vosotros supisteis conquis-
far á los kabires. ( Estribillo como antiguo canto. ) (3)
Si ellos ganaron el velloncillo de oro , nosotros y vosotros su-
pimos conquistar á los kabires.
-98 201 95204 703 ( Las Nereidas y los Tritones siguen adelante.)
Homunculus. Esos mónstruos disformes me hacen el efecto de
un viejo cántaro , en el que van á estrellarse las duras cabezas
de los sabios.
- Thales . Hé aquí justamente lo que se pregunta : ¿ Si será el
orin lo que dará el valor á la moneda ?
Proteo , sin ser visto . Aunque viejo chocho , todo esto me
encanta . Cuanto mas maravillosa una cosa , tanto mas es res-
petable .
Thales. ¿ Dónde estás , Proteo ?
✅ Proteò , en voz de ventriculo , tan pronto cercana como lejana.
¡ aquí , aquí !
Thales. Te perdono esa antigua chocarrería , por mas que
entre amigos no deba hacerse nunca uso de palabras vanas. Sé
que no hablas desde donde te encuentras.
(1) Est quædam , ut Hermanni verbis utar , etiam nesciendi ars et scien-
tia; nam si turpe est nescire quæ possunt sciri , non minus turpe est scira
se putare quæ sciri nequeunt . » Aglaophamus , p. 1110 , vol . II. Goethe he
reproducido ya en una de sus piezas , el Cor Werke , Bd . 51. S. 115. Esta
idea de Hermann es en el coro de las Nereidas como una reminiscencia
irónica.
(2) Las Sirenas , egoistas de la naturaleza. — Por mas que antes clama-
sen contra el culto de todos los dioses , ahora le celebran por el bien que
procura.
(3) Mientras que las Nereidas se adelantan con los kabires por la orilla
que están las Sirenas , entonan las cantantes del mar un canto llano de
un rito solemne , esperando atraerse por este medio á los ventrudos dioses
de Samotracia.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 189
001
Proteo , como desde lejos . Adios.
Thales , en voz baja á Homunculus . Está muy cercano, Pro-
it eura brillar con todo el resplandor posible , porque es curioso
como un pez ; sea cual fuere el punto en que esté transformado ,
al vérás cuan pronto la llama vá á atraerle aquí.
Homunculus. Voy sin tardanza á derramar torrentes de luz
procurando , sin embargo , obrar con prudencia para que el
di cristal no estalle.
Proteo , bajo la forma de una tortuga gigantesca. ‫ ܐ¿܂‬Qué es lo
que brilla con tanto resplandor y hermosura ? ¿
Thales , ocultando á Homunculus . Si tanto le gusta , ven á
verlo de mas cerca. No quieras ahorrarte este pequeño trabajo,
y preséntate sobre dos piés humanos. El que quiera ver lo que
ocultamos , solo lo logrará mediante nuestro consentimiento y
beneplácito. 402 comin
Proteo, en noble actitud . Veo que aun te acuerdas de los ar-
dides del mundo.
Thales. Y tú , ¿ aun te complaces en cambiar de forma ?
( Descubre á Homunculus. )
e Proteo, en el colmo del asombro. ¡ Un pequeño enano lumi-
noso !... ¡Nunca habia visto cosa igual !...
Thules. Viene á pedir consejo , y desea mucho existir. Segun
me ha dicho , solo ha venido al mundo á medias , y aun de un
modo raro. Tiene las facultades de la inteligencia , pero carece
absolutamente de lo sólido y lo palpable ; no tiene mas pesantez
que la que le dá el cristal , y no le disgustaría tomar forma y
cuerpo lo mas pronto posible.
Proteo. Verdadero hijo de virgen , eres antes de lo que debias,
ó tu nacimiento ha sido prematuro . Lime grigg
Thales , en voz baja. Tambien me parece el caso algo crítico,
acerca de otro punto : sospecho que es hermafrodita.
Proteo. Eso contribuirá á que alcance mas pronto su objeto
cualquiera que sea el medio á que apele Pero no se trata aquí
de deliberar : ha de ser el mar tu cuna ; en él se empieza por ser
pequeño , se crece comiéndose á los que aun no lo son mas y se
forma uno para los más altos fines 1.
Homunculus. Sopla aqui una aura grata y dulce , todo se pone
de color verde esperanza y llegan hasta mi balsámicos aromas.
F Proteo. Lo creo muy bien
, adorable y hermoso niño ; allá
abajo sentirás aun mayor placer , por er en aquellas estrecha
190 AMRYANT ALAG ANNAT A047782
FAUSTO.
lengua de la orilla mas inefables las delicias de la atmósfera ;
demás veremos desde allí el cortejo que está flotando á no mu-
cha distancia. Venid , seguidme !
Thales. Yo os acompaño.
Homunculus. No hay Espíritus verdaderamente maravillosos !

2. ind roded
LOS TELCHINOS DE RODAS (10
) Necta

montados en hippocampos y dragones marinos , teniendo en la


anumano el tridente de Neptuno.
1 En Coro. Obra maestra es el tridente con que calma Neptuno
Jas encrespadas olas . Si el dueño del trueno estiende las preña-
das nubes , responde Neptuno al retumbo terrible ; y mientras
serpentean en lo alto los rayos , forman las olas al chocar entre
sí torrentes de espuma que , como todo lo que es á la sazon ju-
guele de la tempestad , no paran hasta el negro abismo . Por esto
hoy nos ha confiado el cetro , y vamos á esta hora flotando li-
geras con calma y pompa sublimes.
Las Sirenas ¡ Salud á vosotros , sagrados ministros de Helios,
los elegidos del dia sereno ; salud á vosotros en esta hora de agi-
tacion , que la fiesta de la luna consagra !
Los Telchinos. Oh diosa amable entre todas , que desde lo alto
de tu bóveda prestas atento oido á la afortunada Rodas , por
comprender arrobada las alabanzas dirigidas á tu hermano ; allí
se entona en su honor un himno eterno . Empieze ó tern.ine su
curso , siempre nos mira con ojos de fuego ; á su luz benéfica ,
los montes , las ciudades , las riberas y los mares brillan en toda
su esplendidez , y hasta el dios complacido se sonrie al contem-
plarles. Ni una nube se cierne sobre nuestras cabezas ; si alguna
lo intentára , bastaria un rayo de sol ó un soplo del aura para
que quedase la isla otra vez purificada y transparente . Allí se
contempla el inmortal bajo cien formas distintas , tan pronto

(1) Audaces fundidores , hermanos segundos de Vulcano , jóvenes escogi-


dos de Helios. Los telchinos , en número de nueve , vivian en Sycion , pero
les obligó la guerra á establecerse en Rodas . Fundian en bronce las estátuas
de los dioses ; y de ahí , sin duda , la facultad que se les atribuye de re-
producirse bajo diferentes formas. Tambien figuran alguna vez como prime-
ros navegantes.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 491
bajo la de jóven como la de gigante , siendo siempre grande ,
inconmensurable. Nosotros fuímos los primeros en representar el
poder de los dioses bajo la digna forma de los hombres.
Proteo. ¡ Déjalos que canten , deja que se coniplazcan en jac-
tancia ! Al resplandor vital del sol divino , no son las obras muer-
tas mas que una vana sombra ; él es quien modela y funde el
metal , al paso que ellos por solo derramarle en el crisol , creen
baber hecho una gran cosa. ¿ Qué es lo que al fin sucedió á esos
altivos? Que mientras las imágenes de los dioses conservaron su
grandeza , ellos fueron destruidos por una terrible sacudida ,
habiendo sido desde entonces preciso refundirlos,
La obra de la tierra , sea cual fuere , es siempre una miseria,
la onda es á la vida mucho mas propicia ; así que , vá Proteo-
Delfin á llevarte al seno del mar eterno. ( Se transforma. ) En él
te aguardan los mas altos destinos , voy pues á cargárleme en
hombros y á unirte con el Océano . Sé ágil en la accion ; porque
vas allí , segun reglas eternas , á obrar bajo mil y mil formas ,
antes de poder tomar la de hombre.
( Homunculus sube á la espalda de Proteo -Delfin .)
Proteo. Volátil , ven conmigo á la húmeda estension , en la
que gozarás de la plenitud de la vida , pudiendo moverte á tu
antojo ; solo te encargo no aspires á mas altas clases porqué si
llegas de golpe å ser hombre , estás perdido.
Thales. Eso , segun , porque es en verdad algo ser hombre
digno en su tiempo.
Proteo á Thales . Sí , cuando se es hombre de temple. Es lo
único que resiste á la accion del tiempo ; siglos ha que te veo
entre las pálidas legiones de Espíritus.
Las Sirenas , desde la cumbre de la peña . ¡ Qué hermoso y
rico círculo forman las nubes en derredor de la luna ! Parecen
ardorosas palomas de alas blancas como la luz . Pafos nos envia
esa bandada de tiernas avecillas , para que con su dulce volup-
tuosidad completen nuestra fiesta.
Nereo , dirigiéndose á Tales . Un viajero nocturno daria al cor
tejo de la luna el nombre de vision aérea ; pero nosotros , los Es-
píritus , somos de muy distinta opinion , la única acertada y jus-
ta : son palomas que adornan las nacaradas sendas de mi hija ,
palomas de maravilloso vuelo , formadas desde los antiguos
tiempos.
Thales. Todo cuanto place al noble anciano es tambien ob-
$192 AIDI FAUSTO.
jeto de mi predileccion , aunque sea un nido silencioso y tibio en
el que se conserve la sagrada llama de la vida.
Las Psillas y los Marsos , montados en toros marinos y car-
neros. (1 ) En los antros profundos y agrestes de Cypris , indife-
rentes al temor que inspira el dios de los amores , y á las terri-
bles sacudidas de Seismos , balagados por un viento eterno y
con una conciencia tranquila como en los antiguos dias , gnar-
damos nosotros el carro de Cypris , y á través del rumor de las
noches y de la graciosa ondulacion de las olas , conducimos la
agraciada jóven á la nueva raza.
Nosotros pada tememos , ágiles compañeros , ni el águila , ni
el leon alado , ni la cruz , (2 ) ni la luna , ni todo cuanto en lo
alto impera , se agila y mueve en sus revoluciones , y choca en-
tre sí y se estermina, y destruye las mieses y los pueblos. En
breve conduciremos aquí á la mas graciosa de las soberanas .
Las Sirenas. Ó dulcemente conmovidas como cuando os
parais en derredor del carro , ó enlazándoos cual serpientes ,
acercaos , Nereidas vigorosas , robustas mujeres , agradable-
mente salvajes ; traednos , tiernas Doridas , á Galatea , imágen
de su madre . Sois severas é inmortales como los mismos dioses ;
y, sin embargo , como las mujeres de la tierra , sois de una be-
nevolencia encantadora .
Las Doridas , en coro , al pasar ante Nereo , montadas todas
ellas en delfines. ¡ Oh luna ! ¡ préstanos tu luz y tu sombra , para
dar mayor realce á esa hermosa flor tan lozana ! Nosotras somos
las que presentamos los tiernos esposos á nuestro padre. (A Ne-
reo.) Son niños que salvamos del voraz incendio ; nosotras las
que los tendimos sobre los juncos y el musgo , para que se ca-
lentáran á los rayos del sol , y ellos , los que con sus besos de
amor han de manifestarnos su reconocimiento . Mira á esos dos
jóvenes con benevolencia.

(1) Los Psillas , pueblos fabulosos de que habla Herodoto , que poseia el
secreto de conjurar las serpientes. - Los Marsos , otro pueblo tambien fabu-
loso , descendia de Marso , hijo de Circea y de Ulises. Los Psillas vivian en
Africa , y los Marsos en Italia , á orillas del lago Fucin ( lago di Celamo.)
Goethe no se limitó á convocar para la fiesta de las aguas , para aquellas
bodas de Thetis , á todas las divinidades del naturalismo antiguo , sino que
quiso reunir tambien en ella á los pueblos de la Fábula ; y á fin de que tu-
viese el todo mas interés y vida , los agrupó en torno del carro triunfal de
Calatea.
(2) Constelacion designada tambien bajo el nombre de Cisne.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. $193
Nereo . Ser misericordioso y gozar al mismo tiempo , es un do-
ble bien que no debe desperdiciarse, d 11. 19:
Las Doridas. Padre , si algo hemos hecho que merezca tu
aprecio , y te sientes por lo mismo inclinado á acceder á nuestro
mas vivo deseo , permite que les conservemos inmortales en
nuestro seno de elerna juventud.
Nereo. Podeis gozaros en vuestra captura hermosa , y ver al
hombre en el adolescente ; pero yo no puedo otorgar lo que solo
áJúpiter es dado conceder. La onda que os mece y balancea no
dá ninguna consistencia al amor ; si os veis engañadas en vues-
tra inclinacion , dejadlos cuidadosamente en la orilla.
Las Doridas . Os queremos con toda el alma , tiernos y her-
mosos niños , pero ¡ ah! ¡ debemos separarnos ! Habríamos de-
seado una constancia eterna , pero no han querido los dioses
concedérnosla.
Los Jóvenes. Continuad reanimándonos de este modo , á no-
sotros esforzados hijos del mar , y nunca habrémos sido ni vol-
verémos á ser tan felices.
GALATEA , se adelanta en un carro de nácar."
Nereo . ¿ Eres tú , amada mia ?
Galatea. Padre , ¡ qué dicha la mia ! ¡ Delfines , paraos ! Me
clava en este sitio esa mirada.
Nereo. ¡Han pasado ya y se alejan por entre las ondas ! ¿ Qué
les importa la emocion profunda del alma? ¡ Qué no me hayan
llevado consigo ! Cada una de sus miradas me procura un año
de arrobamiento , de dicha inefable.
Thales. Gloria , gloria á lo bello y lo eterno , que no puedo
contemplar sin estremecerme. Todo salió del agua , y solo ella
lo conserva todo : Océano , préstame tu eterna accion . Si tú no
exhalases las nubes , si tú no distribuyeses los arroyos platea-
dos , si tú no formases aquí y allá los rios y torrentes , ¿ qué se-
ria de los montes , de las llanuras y del mundo? Tú eres el que
sostienes la creacion en toda su 'pujanza y lozanía,

ECO.
‫יי‬
Coro de circulos de repercusion."
¡De tí brota la existencia toda !
Nereo. Ya vuelven flotando sobre las olas , sin que se crucen
13
194 „ARADANT KA FAUSTOANA CHODYA
nuestras miradas , á causa de la distancia inmensa que aun nos
separa. Segun el rito de la fiesta , se enlaza el cortejo innume-
rable por medio de anchas guirnaldas. Sin embargo , continuo
viendo aun el nacarado trono de Galatea , que brilla como cier-
las estrellas en medio de sus innumerables compañeras . El ob-
jeto querido resplandece entre la multitud , y cuanto mayor es
la distancia , mas parece su resplandor puro y verdadero .
Homunculus. Todo cuanto ilumino en medio de esa humedad
trasparente es seductor y hermoso.
Proteo. En medio de esa humedad vital , despide tu linterna
una luz magnífica.
Nereo. ¿Cuál es el nuevo misterio que se nos revela en medio
del alegre cortejo? ¿ Qué es lo que brilla en torno de la concha
nacarada á los piés de Galatea ? Tan pronto resplandece con
fuerza como con suavidad : diríase que palpitan allí las arterias
del amor.ohloubnet and
Thales, Es Homunculus seducido por Proteo.... Veo allí todos
Jos síntomas ; sus angustias me indican una transformacion do-
lorosa ; temo se estrelle contra el trono resplandeciente. Ya chis-
pea y reluce , ya empieza á refundirse.
Las Sirenas. Que prodigio incandescente ilumina las ondas
(que se estrellan entre sí resplandecientes . Todo chispea y brilla,
derramando una dulce claridad . Los cuerpos se abrasan en la
senda nocturna ♫ y á una gran distancia está todo circuido de
fuego. Así reina Eros , principio de las cosas.
ch nengo si 21Gloria al mar y á la onda azulada
8220075 De la llama cual franja se estiende ,
Gloria al agua y al fuego que enciende
Todo cuanto en la vida ha de arder.

estrice Todos los círculos á coro.


1
Gloria al aire y al antro sombrío
Que á los séres procura incremento ,
¡ Gloria al agua , al eterno elemento ( 1 )
Que á la vida el impulso ha de dar !

(1) A lo mejor de la fiesta marítima , pronuncia Thales con entusiasmo el


principio de la escuela de Jonio : « Todo salió del agua , el agua lo sostiene
todo , " y los círculos á coro , repiten este principio. El Océano à su vez , desde
el seno de sus abismos , sus profundidades y sus grutas , responde al himno
que en su gloria entonan voces innumerables. Homunculus se estremece en
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 2195
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FRENTE AL PALACIO DE MENELAO EN ESPARTAN

HELENA se adelanta , rodeada de un coro de cautivas troyanas.


PANTALIS , corifeo . Pinga vul anu

Helena . Yo soy la tan ponderada Helena , que me adelanto


desde la orilla en que acabamos de desembarcar , ébria aun á
causa del activo balanceo de las olas que , por la gracia de Po-
seidon y por la fuerza de Euro , nos han conducido , desde los
campos Frigios al golfo de la patria. A estas horasy está el rey
Menelao allá abajo celebrando el regreso en medio de sus más
valientes guerreros. Acógeme , empero , tú, como una huéspeda
querida , casa sublime que , Tindaro , mi padre , levantó ; al vol-
ver , en la vertiente de la colina de Palas , adornándola con una
magnificencia no vista en Esparta , mientras yo crecia viviendo
como hermana con Clytemnester, mientras yo crecia con Castor
y Polux en medio de bulliciosos juegos . ¡ Oh batientes de la
férrea puerta , que os abríais para mi hospitalarios , os saludo
con toda la efusion de mi alma ! Vosotros fuísteis la causa de
que entre todos prefiriera á Menelao , y que se me apareciese
con todo el resplandor de mi fiel prometido . Abrios de nuevo
ante mí, para que como esposa pueda dar cumplimiento á un

su redoma ; pero Proteo lo toma en grupa y lo presenta á Galatea , ante la


cual se rompe el cristal , desaparece Homunculus en el Océano , y el fósforo
se une en el agua bajo la influencia del amor del eterno Eros. El coro celebra
el himeneo de los elementos.
(4 ) Cuando por primera vez en 1827 apareció este acto en el cuarto tomo
de las obras de Goethe, llevaba el título de Fantasmagoria clásico-romántica,
intermedio para la tragedia de Fausto ; título que indicaba bastante su obje-
to. Basta leerse para comprender suļsentido.-El personaje de Helena, evoca-
da del seno del reino de las ideas ó del de las Madres, se nos presenta en toda
la realidad de la existencia, sin que la alegoría deje de ser menos completa
Helena con su séquito de hermosas cautivas, y Fausto con su comitiva de
caballeros de la Edad Media, forman y unen los dos elementos antiguo y ro-
mántico, y de cuyo maravilloso consorcio nació Euforion, la poesía moderna
196 FAUSTO.
mensaje del rey permitidme la entrada para dejarlo todo tras de
mi , todo lo que hasta hoy me ha agobiado con el peso de la fa-
talidad. Desde que sin temor dejé este sitio para visitar el tem-
plo de Citerea en cumplimiento de un deber sagrado , y que en
él un raptor , el Frigio , llevó la mano sobre mí , han ocurrido
tantas cosas , que el mundo refiere a su antojo , y que no puede
oir con placer aquel , caya historia , cada vez mas complicada
acaba por convertirse en cuento.
El Coro. No desprecies , oh noble mujer , la posesion gloriosa
del mayor de los bienes , ya que á tí sola fué acordada la dicha
suprema , ó sea la gloria de una belleza superior á todas las de-
más. Irgue el héroe la cabeza al oir pronunciar su nombre ; y
sin embargo , hasta el hombre mas inflexible cede ante la belleza
que todo lo domina .
Helena . Acabo de desembarcar con mi esposo , y solo por
complacerle le precedo en su ciudad ; imposible me es adivinar
el pensamiento de que está animado. ¿ Vengo aquí como espo-
sa , como reina , ó como víctima destinada á espiar el dolor
amargo del príncipe y la adversidad de los griegos tan noble-
mente soportada ? ¿Soy aquí soberana ó cautiva ? Lo ignoro ,
por haberme reservado los inmortales una faua y un destino
equívocos , satélites fatales de la belleza que me persiguen sin
cesar hasta en los umbrales mismos de este palacio. Ya en el bu-
que ,, solo me miraba mi esposo raramente , sin que nunca bro-
tase de sus labios una palabra tierna ó benévola Sentado
estaba enfrente de mi , como si pensase en la desgracia; y luego
al llegar á la bahía profunda del Eurolas , antes ya de que el
primer buque saludase la deseada orilla , dijo , como inspirado
por la Divinidad : « Descienden aquí mis guerreros en el ma-
yor órden , pues quiero revistarlos en la costa marítima . Tú ,
empero debes ir mas léjos ; continua siguiendo la orilla en que
tanto abundan los frutos del Eurotas sagrado , dirigiendo los
corceles hácia la esplendente y húmeda pradera hasta llegar á
la rica llanura , fértil y vasto campo circuido antes por áspe-
ras montañas , en que se edificó Lacedemonia. Penetra luego en
el régio y fortificado alcazar , inspecciona las sirvientas que dejé
en él , así como tambien à la prudente y anciana ama de gobier-
no ; haz que te muestre los ricos tesoros que dejó tu padre , y
que por mi parte procuré aumentar así en tiempo de paz como
de guerra.a. Todo lo hallarás en el mayor órden , porque es pre-
21679) 98 , cbaniqem
SEGUNDA PArte de la tragedia. 197
rogativa del monarca hallarlo todo á su regreso como lo dejó al
partir no hay súbdito que pueda cambiar cosa alguna.»,
El Coro. Regocija ahora tu vista y tu pecho en la contempla-
cion de aquel tesoro siempre aumentado ; altivos aquí reposan
el oro y la corona creyéndose ser algo ; entra , provócales y ve-
rás cuan pronto aceptan el reto. Mucho nos complace el ver á la
belleza entrar en franca lid con el oro , las perlas y las piedras
preciosas.
Helena. Mi soberano dueño continuó de esta manera :
« Cuando lo hayas visitado todo ordenadamente , ttomarás
cuantos trípodes creas necesarios , y los diferentes vasos qué el
sacrificador ha de tener á su disposicion , al cumplir el rito sa-
grado , así como tambien los calderos , las copas y el cilindro .
Que el agua mas pura de los manantiales sagrados llene gran-
des cántaros que , colocarás junto à un monton de leña seca
para que sea rápidamente accesible á la llama ; debes tambien
procurar que no falte un cuchillo afilado dejando todo lo demas
á tu discrecion . » Dijo , empujándome para que me fuera ; su
órden , empero , no me induce á creer que sea su intento inmo-
lar en honor de los dioses del Olimpo . Por mas que todo esto
deba llamar la atencion , no quiero afectarme , ya que de todo
disponen á su voluntad los dioses poderosos . Que nos cuadre ó
nó lo dispuesto en lo alto, no tenemos nosotros los mortales mas
recurso que conformarnos á ello. Mas de una vez he visto al
sacrificador en el momento de la consagracion levantar el hacha
pesada sobre la cerviz del animal encorvado hácia el suelo , sin
que pudiese aquel consumar el acto , por impedirselo ó la inter-
vencion del enemigo ó la de la divinidad .
El coro. Lo que sucederá no puedes figurártelo: Reina , diri-
gete allí con ánimo resuelto. El bien y el mal acontecen siempre
al hombre cuando menos lo piensa ; ni aun al anunciarsenos
creemos en uno ni otro . Ha sido Troya reducida á escombros ;
nos hemos visto amenazados por una muerte ignominiosa ; yo
sin embargo, no somos aqui tus compañeras que con placer te
servimos , y no contemplamos el sal resplandeciente del cielo y
todo cuanto hay de mas bello en la tierra , gozando tú y nosotras
de una dicha sin límites ?
Helena. Suceda lo que quiera , estoy resignada ; cualquiera
que sea mi destino , debo subir sin demora al régio alcázar que ,
por mi tanto tiempo perdido y suspirado , se levanta aun á mi
•AI08DART art &
198 FAUSTO.
up laugi le ae009 of,
vista no se como . Mis piés no me llevan ya á lo alto de sus gra-
das
as con la agilidad en que lo hacian en mi ardor infantil .
El Coro. Hermanas mias , tristes cautivas , no deis por mas
tiempo cabida al amargo dolor que os oprime , antes bien com-
partid la dicha de la soberana , compartid la dicha de Helena ,
que con paso o lentɔ y seguro se adelanta hacia el hogar patrio .
Alabad á los dioses santos que de un modo tan propicio repa-
ran nuestros males , alabad á los dioses protectores del regreso.
El que se vé libre se cierne como si tuviere alas sobre las mas
ásperas cumbres , mientras que en vano el cautivo , presa de sus
ardientes deseos , tiende los brazos yse consume entre los muros
ASV 810
de su calabozo .
Al fin un dios apiadado de la infeliz desterrada , la ha condu-
cido desde las ruinas de Ilion á su antigua casa paterna , nueva-
mente restaur ada , para que reanimada despues de tan indeci-
rada
bles goces y tormentos , recorda
recordase los dichosos tiempos de su
juventud. od is olnui.sbsic
Pantalis , corifeo , Interrumpid ahora vuestros alegres cantos
vista
y fijad la vis ta en la puerta.¿Qué veo , hermanas mias ? La
la p
reina no vuelve ve entre nosotros poseida de aquella emocion que
tanto le hacia adelantar antes el paso : ¿ qué es esto , gran reina?
¿ Qué es lo que en CLOSlugar de los tuyos has podido hallar de ater-
rador en los vastos salones de tu casa ? En vano intentarias ocul .
tarlo , pues veo pintados en tu rostro el descontento y la doble
cólera que pugnan con la sorpresa.
Helena , conmovida, dejando abiertos los batientes de la puerta.
De ningun modo debe la hija de Júpiter ceder ante un temor
vulgar : ni mucho menos hacer caso de un pasajero asombro ;
no sucede le empero asi con el espanto que desde un principio
salió del seno de la antigua noche , y que brota bajo mil formas
distintas , pareciéndose a las abrasadas nubes de humo , salidas
del abismo de fuego que oculta el monte en su seno por ser
aquel espanto capaz de aterrar hasta á los mismos héroes. Tal ha
sido el terror con que las horribles deidades de la Estigia me han
recibido al entrar en n la casa paterna , á fin de que , cual hués-
ped arrojado de ella , me alejára del umbral querido que habia
atravesado tantas veces y que tantos suspiros me costaba . Pero
no , huí de las tinieblas , me presenté à la luz y cualquiera que
sea vuestro poder, terribles deidades , no lograréis arrojarme
mas lejos. Voy a hacer un sacrificio , á fin de que despues de la
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 199
purificacion , la llama del hogar salude á la esposa al igual que
al soberano esposo .
ElCoro. Refiere , noble dama , lo que te ha sucedido , á las
cautivas que te sirven con tanto respeto.
Helena. Todo cuanto yo he visto , lo veréis tambien vosotras
por vuestros propies ojos , á menos que la antigua noche haya
sepultado luego su obra en el fondo de los abismos de que bro..
tan todos los prodigios ; á fin empero de que lo sepais , voy
decíroslo en voz alta : cuando con paso solemne atravesaba e
vestíbulo del régio alcázar , pensando en mis nuevos deberes ,
me asombró el silencio que reinaba en aquel piadoso desierto.
No llegó á mi oido ni el rumor de los que van y vienen , ni tam-
poco se ofrecieron á mi vista obra ni trabajo alguno , que hu-
biesen sido hechos recientemente ; ninguna sirvienta , ninguna
ama se me presentó de aquellas que con tanta benevolencia sa-
ludaban en otro tiempo á los forasteros ; sin embargo , á medida
que me iba acercando al hogar , fui descubriendo a una mujer
muy alta , cubierta de un velo , que sentada junto al hogar , pa-
recia estar mas bien pensativa que dormida. Mandéle dedicarse
al trabajo en tono imperativo , por haber creido fuese alguna
sirvienta colocada allí por la prevision de mi esposo , pero ella se
quedó impasible , envuelta en los pliegues de su túnica . Solo le-
vantó el brazo derecho al oir mi amenazaa ,, como para arrojar-
me de la habitacion y hasta de la casa ; irritada, me volví y subi
las gradas que conducen á la cámara en que me adornado aun se
levanta el tálamo nupcial ; y tambien allí se me presenta ame-
nazadora la misma vision con los ojos hundidos é inyectados de
sangre , cual espectro horrible que turba á la vez la vista y el es-
píritu , cerrándome el paso con aire imperioso . - En vano inten
té hablar , por no poder la palabra disponer de la forma que no
ha creado. ¡ Admiraos !: ¡ se atrevió á exponerse á la luz ! Rei-
narémos aquí hasta la llegada de nuestro rey y señor . Febo , el
amigo de la belleza , ó doma ó arroja al centro de las tinieblas á
los repugnantes fantasmas de la noche.
Forkyas , adelantándose por entre las columnas de la puerta.
Mucho he vivido , por mas que continue mi cabellera flotando
rubia en derredor de mis sienes ; muchas son las horribles esce-
nas que he admirado , he visto los estragos de la guerra y cu
brirlo todo con su negro manto la espantosa noche de llion.
En medio de las nubes de polvo en que los guerreros comba-
200 FAUSTO.
tian , he oido la voz terrible de los dioses , así como tambien he
visto retemblar los muros al ronco grito de la discordia.
¡ Ah ! en pié estaban aun los muros de Ilion , á pesar de acer-
carse cada vez mas el ardor de la llama , impulsado por el viento
de su propio furor hacia la ciudad sombría. ....
" He visto al huirá través del humo y las llamas adelantarse los o
dioses irritados , he visto cruzar formas estrañas , gigantescas ,
en medio de los densos vapores que iluminaba el resplandor en
todas partes. (1) anh (1)
Imposible me será decir si aquella confusion fué real ó bien
creada por mi fantasía , presa de angustias terribles ; pero si ,
puedo afirmar que ahora estoy viendo á aquel mónstruo por mis
propios ojos : hasta llegaria á tocarle con mis manos á no con-
tenerme el temor del peligro.
¿ Cuál eres de las hijas de Forkyas ? pues te creo de su raza.
¿ Eres por ventura una de aquellas gracias que nacieron decré-
pitas , y que no tienen entre las tres mas que un diente y un ojo
que se pasan de una á otra por riguroso turno ?
¿ Cómo te atreves , mónstruo horrible , á presentarte ante la
belleza y á la vista de Febo , conocedor tan apasionado y pro-
fundo de todo A lo 3 bello ? Pero , no importa sigue avanzando ,
pues no contempla lo feo , por no haber penetrado nunca su vis-
ta en la sombra.
Pero * nosotros , los mortales , estamos condenados por una
triste fatalidad á sufrir el indecible tormento que causa el aspec-
to de lo feo y lo innoble en los amantes de lo bello.
Oye pues , tú que nos retas con tanta insolencia , oye la mal-
dicion , oye la invectiva y la amenaza que van á proferir contra
tí los labios de las bienaventuradas que formaron los dioses.
Es ya sabido desde los tiempos mas remotos que nunca el pu-
dor y la belleza han podido ir de la mano por la alegre senda de
la vida . Está tan profundamente arraigado en ellos el ódio que
los divide , que cualquiera que sea el punto en que se encuen-
tren cara á cara , se vuelven la espalda , y prosigue cada cual su
camino como mejor le place , el pudor afligido , la belleza arro-
gante y altiva , hasta que al fin circunda á uno y otro la tene-
brosa noche del Orco , si es que la edad ya no los haya antes do-
(4 ) Canta la ruina espantosa de Troya , en la terrible noche que apare-
cieron en ella dioses formidables como Eris. (Véase la descripcion de Homero
en la Iliada. )
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA, 201
mado Respecto á vosotras, solo os diré que con vuestro descaro,
y el orgullo y la arrogancia propios del estranjero , os pareceis
á una bulliciosa y ronca bandada de grullas que se presen
presenta en
los aires como una negra nube , y cuyos graznidos obligan al si-
lencioso viajero á levantar la cabeza aunque siguiendo uno y
otras su camino : lo propio harémos nosotros. 619nd '6 ulez96
¿Quiénes sois vosotras , que , cual Mènades furiosas 6 mujeres
ébrias , os atreveis á turbar de este modo el silencio que reina
en el sublime palacio del soberano ? ¿ Quiénes sois vosotras ,
que , estais ladrando al ama de gobierno del mismo , como ladra
á la luna una manada de perros ? ¿ Acaso pensais que ignoro á
que raza perteneceis ? -- Fué vuestra prole engendrada en la
guerra y educada en los combates ; por esto es lujuriosa , sedu-
cida y al propio tiempo seductora , y enerva á la vez la fuerza
del guerrero y del ciudadano. - Al veros asi en ་ grupos chal-
quiera os creería una nube de langostas lanzadas sobre tiernas
espigas. - Golosas , plaga horrible de la prosperidad naciente
vosotras sois las que disipais el trabajo ' ageno ; -vosotras , la
vil mercancía robada , vendida y trocada en el mercado . mala
Helena. Reprender de este modo á las sírvientas en presencia
del ama , es usurpar los derechos de la casa ; porque solo á la
soberana corresponde distribuir la alabanza y el castigo . Agra- i
dezco los servicios que me prestaron cuando la soberbia fortale 1
za de Ilion fué cercada y acabó por sucumbir , asi como tambien
su adhesion cuando en la desgracia comun nos vimos obligadas
á llevar una vida errante , en la que cada cual solo por sí pro-
cura. Tambien aquí cuento con mi adicta comitiva. Nunca pre-
gunta el dueño lo que es el esclavo , sino el modo con que sir-
ve: hé aquí porque te mando que calles y que no continues por
mas tiempo burlándote de ellos. Lo único que puede contribuir
á tu honra y provecho es el haber guardado fielmente el régio
alcázar en ausencia de la soberana ; pero ya que ahora esta
e no ser post
vuelve , es tu deber cederle el paso , á fin de ser castigado
vez de recibir la recompensa merecida.99
Forkyas. Amenazar á los huéspedes del alcázar es un derecho
ilustre que la noble esposa del soberano amado de los dioses ha
sabido conquistarse por medio de largos años de un gobierno y
direccion sábio y prudente. Así pues , ya que ahora te reconoz-
co, y vienes de nuevo á apoderarte de tu antiguo rango de rei-
na y señora , toma las flojas riendas del mando , junto con la
2029 A13DA FAUSTONIA few
posesion del tesoro y de todos nosotros. Pero, ante todo , proté-
jeme ya que soy la mas anciana , contra esas jóvenes que ,
junto al cisne de tu hermosura , solo son pequeñas y chillado-
rasocasio 023 264
SEL Corifeos Cuán fea se muestra la fealdad cerca de la
bellezal ឆា ន ន 16
Forkyas. ¡ Cuán necia es la necedad al lado de la razon !
200 $ 4Salen entonces las Corétidas de entre filas , diciendo. )
Primera Corétida. Háblanos del Erebo tu padre , háblanos deos
la Noche tu madre.
Forkyas Y tú , habla de Scyla tu primo hermano.
Segunda Corétida. Forman losmónstruos tu árbol genealógico .
b Forkyas! Vé á buscar tu parentesco en el Orco.
Tercera Corétida. Son para ti demasiado jóvenes los que le
habitanto roj
Forkyas Vé á ofrecer tus galanteos al viejo Tirèsias.
·Quarta Corétida. Es la nodriza de Orion , tu prima.
Forkyas. Y á tí te educaron las Harpias en la abyeccion.
Quinta Corétida. ‫ فا‬Con qué alimentas esa flaqueza tan bien
conservada?5 Pun
Forkyas. No es en verdad con la carne que tú tanto deseas.
Sexta Corétida. Solo puedes apetecer cadáveres , por no ser
tú mismo mas que un repugnante cadáver
Forkyas. Brillan en tu desdeñosa boca dientes de vampiro.
El Corifeo. De seguro cerraré yo la tuya si digo quien eres.
Forkgas. Nómbrate tú antes, yquedará descubierto el enigma.
Helena Sin cólera , pero si con afliccion , me adelanto entre
vosotros , y os prohibo la violencia de semejante debate. Nada
daña tanto al soberano como la cólera concentrada entre sus
fieles súbditos ; el eco de sus órdenes no resuena ya en la accion
rápidamente cumplida , y continuan murmurando en torno tuyo
voces rebeldes que en vano intenta reprimir . Además , en vues
tra ciega cólera habeis evocado imágenes funestas que me cer-
can de tal modo , que , á pesar de las rientes llanuras de mi pa-
tria, parece me arrastren hácia el Orco. ¿Es un recuerdo ó una
ilusion el que yo haya sido , sea ó que he de ser un dia el sueño
y el fantasma de aquellos destructores de ciudades ? Las jóve-
nes se estremecen ; pero lú , que como mas anciana , conservas
toda tu serenidad, respóndeme , y haz que sean tus palabras
inteligibles.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 203
Forkyas. El que se acuerda de haber gozado por tantos años
de una dicha variada , acaba por creer que el favor de los dioses
no es mas que un sueño ; pero tú , favorecida en todo , solo bam
Haste en el curso de tu vida amantes á quienes impulsó el deseo
de acometer empresas temerarias. ¡ Ya Teseo en su irresistible
ardor empezó á codiciarte en la edad mas temprana , Teseo ,
poderoso como Hércules , noble, hermoso y jóven !
Helena Robóme cuando era yo esbelta cervatilla de diez años ,
recibiéndome en su seno la villa de Afidné , (1 ) situada en el
Atica. ༔ ༔ ར!
Forkyas. Libertada en breve por Castor y Polux , fuiste reque-
brada por la flor de los héroes. b.
Helena. Sin embargo , lo confieso : ninguno como Patroclo ,
imágen fiel de Peleo , supo atraerse mi afecto. (2)
Forkyas. Pero la voluntad de tu padre te unió con Menelao ,
á la vez intrépido marino y fiel guarda del hogar doméstico.
Helena. Le confió su hija , junto con la administracion de su
reino ; siendo Hermiona fruto de aquella union.
Forkyas. Pero mientras tu esposo iba á conquistar audaz-
mente la herencia de Creta , se presentó un huésped en tu sole-
dad , huésped de sin igual belleza .
Helena. ¿ Por qué recordarme aquellos tiempos de semiviu-
dez , que tantos males me causaron ?
Forkyas. Tambien á mí , hija de Creta , fué aquella empresa
causa de mi cautiverio y de prolongados años de esclavitud.
Helena. Sin duda tambien te valió el verte constituida aquí en
ama de gobierno , y el que te confiáran la silla y los tesoros tan
heróicamente conquistados .

(1) Afidné, villa del Atica, de la que solo se hace mencion en las mas anti-
guas geografías, debe su nombre á Afidno, rey de Atica.-A él y á su madre
Athra les fué confiada Helena por Teseo , cuando no tenia la jóven mas que
siete años , segun Plutarco , y diez segun Diodoro ( Plut., Thes.; Diod., Sicu-
lus, LHI.)
(2) Segun Pausanias , Aquiles cedió tambien ante la irresistible fascina-
cion de Helena que, le amó como ideal de la belleza varonil , y que para avi-
var mas en su pecho el recuerdo del héroe , se entregó mas tarde à Patroclo .
Sin embargo , todos los amantes de la hija del Cisne estaban destinados á
perderla en breve. Hasta el mismo Aquiles tuvo que someterse á aquel ca-
pricho del destino ; dicese que habiendo muerto , se escapó una noche del
reino de las sombras , y fué á sorprender á Helena durante su sueño , y que
de aquella tierna entrevista nació Euforion , al que colocó la Mitología en las
islas de los bienaventurados , Νήσει μακάρων.
201
204 A. FAUSTO.
Forkyas. Tesoros que tú abandonaste por no perder de vista
los muros de Ilion , por continuar entregada á los dulces tras-
portes del amor...
Helena. No me recuerdes aquellos goces , por ir unida á ellos
la inmensidad de un sufrimiento atroz que inundó mi corazon y
mi mente.t 15
Forkyas. Dicese , empero , que te apareciste á la sazón cual
duplicado fantasma , puesto que se te vió a la vez en Ilion y en
1
Egipto. (1)
Helena . No aumentes la turbacion de mis sentidos ; aun ahora
mismo ignoro quien soy.
Forkyas. Luego se dice que al verse libre del imperio de las
sombras , fué Aquiles á unirse contigo , por haberte amado
siempre á pesar de los decretos del destino.
Helena. Yo , fantasma , me uní con él que tambien lo era ; era
aquello un sueño , conforme lo demuestran las palabras ó tér-
minos en que se refiere : me desmayé , sin que á mi ver haya
Sido desde entonces más que un fantasma. (2)
(Cae en brazos de sus cautivas. )
OY CHI M
(1) En la version de Herodoto es donde ha de buscarse la clave de esto
enigma, en el que la heroina de Goethe se desmaya ante Forkyas. Helena en
sufuga con Paris, fué impulsada hacia la costa de Oriente, donde informado
Proteo, rey de Egipto, del nombre y rango de sus huéspedes, se apoderó in-
mediatamente de Helena y sus tesoros , y dió órden á Páris de salir de sus
bo lacier esto Menelao , que, iba en busca de suesposa, dirige su rum-
Estados.
pero antes de que llegue , muere el rey Proteo , y el hijo á
su vez persigue tan cruelmente á la desgraciada Helena , que se vé obligada
á salir del palacio y á refugiarse en el sepulcro del anciano rey. En medio
de su tristeza y de sus lágrimas , solo lo anima y sostiene la seguridad que
le da Mercurio de que volverá á ver á su esposo y su patria. Llega al fin Me-
nelao en el momento en que inclinada sobre el sepulcro , invoca ella la som-
bra de su protector: se reconocen ambos esposos y vuela el uno en brazos del
otro. El rey de Egipto los deja libres, y regresan ambos á Esparta. ( Hérodo-
to, Euterpe, lib. XI.) Sin embargo, no puede admitirse esta fábula que da lu-
gar á la leyenda acerca de su doble presencia. Se turba de tal modo Helena
á la aparicion de Forkyas y de sus invectivas, que llega á perder la razón.
45(2) Estas palabras de la Tindarido solo se refieren al extravío que le causan
sus recuerdos y los tristes sucesos que Forkyas se complace en evocarle, sin
contradecir de ningun modo nuestro aserto anterior . Es Helena , la antigua
Helena , y no ya como en el primer acto una sombra , un fantasma, una idea,
la que tenemos á la vista; conforme nos lo demuestra el mismo Goethe,
cuando dice: « Supóngase que es la verdadera Helena en el coturno de la tra-
gedia antigua, la que se adelanta en Esparta hácia el palacio en que pasó la
infancia, y quedará por ahora cumplido mi propósito . Kunst und Alterth. VI .
1,203.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 205
El Coro. ¡ Basta , basta , envidiosa calumniadora de repug
nante boca , poblada de un solo diente ! ¿Qué es lo que puede
salir de ese abismo boquiancho ? *t , „ro if ab eorum 201
El malo que parece bueno , y la rabia del lobo encubierto con
da piel de la oveja , nos causan mas horror que el perro de las
très cabezas: Poseidas de la mayor inquietud , nos preguntamos
como , cuando y de donde nos ha venido un monstruo tali de
perfidia. Phot +
Porque ahora , lejos de consolarnos y de derramar á torrentés
sobre nosotras el Leteo de dulces palabras , se complace en in-
vestigar lo pasado , buscando el mal mas que el bien , para que
se oscurezca el presente y se extinga la grata luz de la eesperan-
za que aun brilla en el porvenir.
Cállate , cállate , y el alma de la reina , próxima á levantar su
vuelo , se quedará aun en posesion de las más bellas formas que
ha iluminado el sol hasta ahora.. mesin (of omek
(Helena recobra sus sentidos y se levanta en medio del grupo.)
Forkyas. ¡ Sal de entre los leves vapores , espléndido sol de
este dia que , aun así nos deslumbras , y brilla en toda tu gloria
resplandeciente! ¡ Mira con faz serena como se despliega el mun-
do á tu vista! Por mas que me llamen fealdad , comprendo yo
tambien la belleza .
Helena. Vacilante salgo del caos en que estaba envuelta du-
rante mi vértigo ; quisiera entregarme al descanso , porque ten™
go mis miembros dislocados ; pero es preciso que las reinas y los
hombres todos sepan alentarse y resistir los golpes que les dé
el destino.
Forkyas. Conserva ante nosotros tu grandeza y tu hermosu-
ra ; cualquiera leerá en tus ojos que estás acostumbrada al man-
do ; dí , pues ¿ qué es lo que ordenas ?
Helena. Que se repare el tiempo perdido en fútiles cuestio-
nes de amor propio , y que desde luego se cumpla el sacrificio
mandado por el rey.
Forkyas . Todo está dispuesto en el alcázar , la copa , el trí-
pode y el hacha afilada , así como tambien el agua lustral y e
incienso : solo falta que designes la víctima.
Helena. El rey no la ha indicado.
Forkyas. ¿ No la ha indicado ? ¡ Qué lástima !
Helena. ¿Por qué tanto te afliges?
Forkyas. Reina , porque la víctima eres tú.
206 AIONDAST AFAUSTO,AN AR1998
Helena Yol of shudbamiası mot al , 1610 ; vor ) 18
‫ راق‬Forkyas. Y tambien tus cautivas., colich nul exigi ya öntüs
~*^El Córò. ¡ Qué desgracia !! y ably al og561sonson88) 10%
Forkyus. Caerás bajo el hacha. ci i stolicontos gran
-Helena. Es este horroroso , pero , jayde mil ya lo babia pre-
sentido! Obras GE 9 Vage 13.23 eduqu'à Jotun
Forkya's. Paréceme esto inevitable. og fej pustol
El Coro. ¡ Ah! ¿ cuál es la muerte que á nosotros nos eslá re-
servada?
Forkyas. Ella morirá como noble , mientras que vosotras mo-
riréis ahorcadas en las altas vigas que ssostienen el techo : como
los tordos que caen en el lazo del pajarero , agitaréis á la vez
todos vuestros miembros.
(Helena y el coro en la actitud del estupor y del espanto , for-
man un grupo armoniosamente dispuesto. )
Forkyas . Fantasmas pareceis en vuestra inmovilidad , por te-
ner que separaros de la luz que no os pertenece. Los hombres ,
esos espectros que tanto se os parecen , renuncian mal de su
grado á la luz augusta del sol , sin que ninguna voz interceda
por ellos , sin que ningun poder les libre del destino; todos lo
saben , y sin embargo , no hacen caso de ello. Ya que están
irrenisiblemente perdidas , dése cumplimiento á las órdenes
recibidas. ( Da algunas palmadas á cuya señal acuden varios
enanos enmascarados , que se disponen á ponerla en ejecucion. )
Tú , aquí , monstruo tenebroso y esférico ; vosotros dirigíos allí,
y que no os falte valor para ejecutar el mal que dudo os sacíe ,
atendido vuestro feroz instinto ; despejad el altar de cuernos de
oro. Que sea el hacha brillante depuesta sobre el borde de plata,
mientras llenais de agua los antiguos vasos para lavar la horri-
ble mancha de la negra sangre , y tendreis sobre el polvo la al-
fombra preciosa en que ha de arrodillarse y morir dignamente
la víctima , cuando se le separe la cabeza del tronco.
El Corifeo. La reina está muy pensativa , y las jóvenes se in-
clinan como el césped segado . A mí me toca la mayor de ellas
por el deber sagrado de hablar contigo , ilustre decana ; tienes
esperiencia y saber , y hasta pareces ser para con nosotros bené-
vola , á pesar de haberte desconocido en un principio ese alegre
y bullicioso grupo . Así qué , dinos lo que hemos de hacer por
salvarnos.
Forkyas. Una cosa muy fácil ; de la reina depende el salvarse
y salvaros ; pero se ha de decidir prontamente.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 207
El Coro. ¡ Oh tú , la mas reverenciada de las Parcas , la mas
sábia de todas las Sibilas , conserva levantada tu guadaña de
oroi Anuncianos luego la vida y la dicha , pues sentimos ya es-
tremecerse y como flotar á los cuatro vientos nuestros miembros
delicados que, mas bien quisieran gozar en el baile para des-
cansar despues en el seno de su amado.
Helena. Déjalas que tiemblen. -Estoy afligida , pero no ater-
rada ; sin embargo , sabes que hay un medio de salvacion , y lo
acepto reconocida . Para el ser prudente y prévisor , lo imposible
se hace á veces posible : habla , dinos cual es aquel medio.
El Coro. ¡ Ah ! sí , habla y dinos pronto cómo podemos li
brarnos del horrendo łazo que ciñe nuestro cuello como funesta
joya ? Ya de antemano habremos sucumbido al dolor queenos
ahoga , si tú , oh Bhea , madre augusta de todos los dioses , no
te apiadas de nosotras.
Forkyas. ¿ Tendréis bastante calma para escuchar en silencio
mi discurso ? Contendrá mas de una historia.
El Coro. Si. ¿Cómo no oir con calma cuando dependerá de
ello nuestra vida?
Forkyas. Para el que permanece en su casa , conserva el no-
ble tesoro , cimenta las paredes de su morada y asegura el techo
contra la tempestad , correrán tranquilos los años de su larga
vida ; aquel , empero , que pasa fácilmente el umbral sagrado
de su habitacion , todo lo vé cambiado , si no destruido , al re-
gresar á ella.
Helena . ¿ A qué todos esos refranes tan sabidos ? Refiérenos
todo cuanto quieras , pero no despiertes en mí recuerdos dolo-
rosos.
Forkyas. Los repito porque forman parte de la historia que
voy á referiros, y no por hacerte reconvencion alguna. Menelao,
como pirata , navegó de golfo en golfo , y despues de haber in-
vadido todas las orillas é islas que encontró á su paso , volvió
con el inmenso botin contenido en este palacio . Permaneció du-
rante diez largos años frente á Ilion , é ignoro los que empleó en
su regreso. Pero , ¿qué es lo que acontece ahora en el sublime
palacio de Tindaro ? ¿ Qué ha sido de su reino ?
Helena. ¿De tal modo está la invectiva encarnada en tí que no
puedes hablar sin herir ?
Forkyas. Por un número igual de años quedó abandonado el
montuoso valle que se estiende al norte de Esparta , -- teniendo
208 FAUSTO .
el Taygete á la espalda , y en el que cual plateado arroyo , si-
gue el Eurotas su curso para dirigirse al través de los cañavera-
les del valle á alimentar nuestros cisnes. Sin embargo , allí aba-
jo , tras el valle montuoso , se ha instalado una raza aventurera ,
procedente de la noche cimeriana ; (1 ) tambien se ha levantado
allí una plaza fuerte , desde la cual oprimen al pais y á sus ha-
bitantes.
Helena . Es posible que hayan podido dar cima á tal empre-
sa ?T Parece verdaderamente increible !
Forkyas. No les ha faltado tiempo para todo ; han podido dis-
poner de veinte años.
Helena. ¿ Tienen gefe ? ¿ Son salteadores numerosos y unidos?
Forkyas . No son salteadores , pero es uno de ellos su gefė. No
quiero criticarlo , por mas que me haya hecho sufrir , porque
podia tomarlo todo , y sin embargo , se contentó con algunos
regalos , sin querer darles el nombre de tributo.
Helena. ¿ Quétal es ?
14 Forkyas . Es á mi ver un hombre activo , audaz , bien forma-
do , prudente , y como pocos haya entre los griegos . Se trata á
ese pueblo de bárbaro ; pero no creo hubiese en él un hombre
tan cruel como lo han sido algunos héroes , que , se han portado
como verdaderos antropófagos frente á Ilion Es una alma ele-
vada que merece toda mi confianza ¡ Y su palacio ! ¡ Ah ! ¡ cuán
digno es de verse ! Cuán distinto es de esas pesadas y enormes
paredes , que como verdaderos cíclopes levantaron vuestros pa-
dres sin concierto con solo poner piedra tosca sobre piedra tos-
ca : Todo es alli arte y simetría. Miradle desde el esterior ; ved
como se levanta hácia el cielo tan recto y sólidamente construido ,
brillando como el acero . La sola idea de llegar hasta él dá vér-
tigo ; hay en su interior vastos patios , ostentando toda clase de
arquitecturas. Tampoco faltan allí en profusion columnas , co-
lumnitas , arcos , ogivas , balcones y galerías , que dan vista al
interior y al esterior , así como tampoco riquísimos blasones .
El Coro. ¿ Qué significa la palabra blason ?
Forkyas . Ajax llevaba ya serpientes entrelazadas en su bro-
quel . conforme habeis visto. Los Siete , en frente de Tebas , lle-
ban tambien en sus escudos figuras ricas en símbolos ; veíanse
vaban

(1) Los cimerianos y los cimbrios vivian en el norte de Grecia , ó sea en


Crimea y la Turquia europea. Goethe en su lenguaje homérico , emplea aquí
aquellos nombres para designar las razas del Norte, los alemanes de Fausto.
800
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 209
allí la luna y las estrellas en el firmamento , así como tambien
diosas , héroes , escalas , espadas , llamas , y todo cuanto ame-
naza y puede constituirse en azote de de una buena y magnífica
ciudad. Desde en tiempos de sus ilustres progenitores llevan
tambien nuestross héroes
heroes en sus armas signos iguales ; consis-
tiendo los mas de ellos en leones , águilas , sierras , picos , cuer-
nos , alas , rosas , colas de pavo real y bandas de oro , plata y de
diferentes colores , que adornan las paredes de las salas , vastas
como el mundo Allí podreis bailar con toda holgura.
El Coro. Dinos , & habrá tambien danzantes ?
Forkyas. Los mas ágiles y hermosos que podais desear . ¡ Có-
mo siente el grupo alegre de dorados bucles retorzar la juventud
en su pecho ! Solo Páris puede comparárseles en su grato perfu-
me cuando se acercó tanto á la reina .
Helena. Olvidas tu papel ; dime la última palabra.
Forkyas. Tú eres quien debo proferirla ; pronuncia solemne-
mente un sí inteligible , y hará que desde luego te veas en el "
interior del régio alcázar .
El Coro. ¡ Ah ! ¡ pronuncia esa breve palabra , que ha de sal-
varte y salvarnos !
Helena, ¡ Cómo ! ¿ Debo temer que el rey Menelao sea cruel
hasta el punto de hacerme sufrir ?
Forkyas. ¿ Por ventura olvidaste ya como mutiló á tu Deifo
bo , hermano de Páris , que murió en la batalla ? A Deifobo que
logró hechizarte , siendo tu viuda , despues de tantos esfuerzos ?
Le cortó la nariz y las orejas , y le mutiló aun despues de tal
modo que daba horror el verle .
Helena, Y solo por mí le trató de este modo .
Forkyas . Lo mismo te tratará ti , sin duda algun a, La belleza
es indivisible : el que ha llegado á poseerla , antes que compar-
tirla prefiere anonadarla.
(Lejano rumor de clarines : el coro se estremece .}
Así como el bronco son del metal desgarra á la vez el oido y
las entrañas , así la envidia se ensaña en el cuerpo del hombre ,
que nunca olvida el bien perdido que llegó á poseer
El Coro. Oyes resonar los clarines ? Ves desde aquí como
brillan las armas ?
Forkyas. ¡Bien venido seais , mi señor y mi rey ! Estoy pronto
á daros estrecha cuenta de todo.
El Coro. Y nosotras?
14
210 FAUSTO.
Forkyas. Bien lo sabeis ; teneis su muerte á la vista , y en la
suya presentís la vuestra. Es vuestro perdon enteramente impo-
sible. (Pausa.)
Helena, He pensado en lo que debe hacerse. Demasiado sé
que eres un demonio, y temo por lo tanto que conviertas el bien
en mal Ante todo voy á seguirte al alcázar, quedando á mi car- ,
go lo demás que ha de hacerse sean para todos impenetrables
los misterios que puede la reina guardar en su seno. Anciana ,
emprende tu marcha.
El Coro. De buen grado y con ligereza emprenderemos nues.
tro camino , teniendo la muerte detrás , - y viendo delante
el alto alcázar de inexpugnables muros , que nos protegerá como
la ciudad de Ilion que , solo sucumbió ante la infame astucia.
( Aparecen densas nubes que velan el fondo , y que empiezan á
invadir la escena .)
to posible! -----Mirad hermanas en torno vuestro .—¿ No
Es esto
estaba el dia despejado y sereno ? -Agrúpanse las nubes , sa-
lidas de las sagradas ondas del Eurotas . -- Ya se oculta á mi
vista la hermosa orilla , cubierta de cañas flotantes ; tampoco
descubro ya los libres , altivos y graciosos cisnes que en amoro-
sos grupos se deslizaban muellemente por la superficie de las
aguas . god sta
Sin embargo , oigo aun á lo lejos su lúgubre canto que anun-
cia la muerte. Con tal que no indique tambien la nuestra , en
lugar de la salvacion prometida; puesto que somos las blancas
hermanas de los cisnes , y tenemos , como sus hijas , el cuello
nevado y flexible. -¡Grande , muy grande es nuestra desgracia!
Las tinieblas cubren ya el espacio ; apenas nosotras podemos
distinguirnos . - ¿ Qué ocurre ? partamos cón ligera planta.- 1
Ves algo aquí abajo ? -¿ Si será Hermes que nos precede ? -
¿ Ves brillar su cetro de oro , que nos indica y manda entrar en
el seno de Hades , morada triste y sombría, donde se encuentran
fantasmas incorpóreas , siempre llena y siempre vacía?
Si , de repente se oscurece mas y mas el cielo , á pesar de di-
siparse el vapor denso y rojizo , tropezando la mirada altiva y
libre con muros impenetrables . ¿Es es : o un patio ó algun foso
profundo ? De todos modos veo en ello un objeto de horror. ¡Ah ! *
hermanas , nunca habíamos sido tan cautivas como ahora .
(Patio interior del castillo , rodeado de edificios hermosos y
fantásticos , conformes al gusto de la edad media. )
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 211
Et Corifeo. Débiles y locas , verdaderas mujeres , juguete
siempre del capricho de la suerte y de la desgracia , que no sa-
beis soportar dignamente una ni otra. Siempre estais en abierta
contradicción , solo el placer y el dolor pueden haceros reir Y
llorar en el mismo tono . Silencio : aguarde cada cual con sumi-
sion á que la augusta soberana decida lo que ha de hacer en su
favor y el nuestro. felon 20
Helena. ¿ Dónde estás , pitonisa ? cualquiera que sea el nom-
bre que te dé aquí , sal pronto del seno de las bóvedas de este
triste alcázar.¿Por ventura has ido á anunciar mi llegada al
misterioso señor de estos sitios para que me acogiese con mas
benevolencia ? Si es así , te lo agradezco , suplicándote me con-
duzcasá su presencia lo mas pronto posible ; Horo mis faltas pa-
sadas , y no deseo ya mas que el reposo . ཝཱ
El Corifeo. Reina , en vano buscas en tu derredor al repug-
nante fantasma que ha desaparecido ; quizá se ha quedado en
la nube que nos ha conducido aquí , tan pronto , sin dar un pa-
so , ignoro como ; ó quizá estraviado en el laberinto de este ma-
ravilloso castillo múltiple en su armonía , va en busca de su
dueño para decirle que te preste el homenage debido á los prín-
cipes ¡Ved cuantos criados se agitan alli arriba en las galerías,
balcones y portadas ! Todo me anuncia una acogida hospitalaria
* 05184
y digna. (1 )
El Coro. Mi alma se dilata : ¡ ah ! ¡ ved con cuanta gracia y
calma hace todos sus movimientos aquella tierna y jóven comi-
tiva ! ¿Quién habrá dispuesto , formado y ordenado á estas ho-
ras aquel noble pueblo de adolescentes? En verdad no sé lo que
admirar mas en él , si su aire elegante y distinguido , ó sus ca-
bellos ensortijados en derredor de su hermosa frente , o bien sus
mejillas sonrosadas y frescas como el melocoton . De buen grado
las morderia , pero vacilo , porque entonces , triste es decirlo , la
boca se llenaria de ceniza . (2)
Ya se avanzan los gallardos jóvenes ; ¿ qué es lo que traen ?
las gradas para el trono , las alfombras , el cojin , las cortinas y
todo el aparato de la régia tienda , que se despliega ya formando

(1) La aparicion del castillo feudal y todo lo que ocurre hasta el final del
acto, debe ser considerado como consecuencia fantasmagórica del viaje de
Fausto al antro de Perséfona , así como todo el episodio griego es resultado
del descenso cerca de las Madres .
(2) Recuérdese la escena de las Lamias.
212 FAUSTO.
vistosas guirnaldas sobre la cabeza de nuestra reina ; porque in-
vilada Helena , ocupa elel cojin que le está destinado . Subid alli
arriba en el mayor orden , y ccupe cada cual dignamente el
que
puesto que le corresponda. ¡ Digna , muy digna , tres veces dig-
Damente bendita sea semejante acogida !
(Todo lo que el coro canta va cumpliendose por grados.)
Fausto (Luego de haber descendido los niños y los escuderos ,
aparece Fausto en lo alto de la escalera ricamente vestido en tra-
ge de corte de la edad media , y empieza á descender con magestad
y pompa.)
El Corifeo , contemplando atentamente . Si los dioses , como su-
cede con frecuencia , no han dado por pocos dias á ese hombre
la forma digna de admiracion , el aire sublime y el apuesto con-
tinente , debe salir airoso en todo cuanto emprenda , ya sea en
la guerra con los hombres , ya en las lides amorosas con las mu-
jeres mas bellas. Es en verdad para mí preferible á muchos otros
que habia considerado hasta aquí como los mas galantes y apues-
tos. Con un paso lento y solemne que infunde el respeto , veo
adelantarse el príncipe . Oh reina , vuélvete hácia él !
Fausto , adelantándose , llevando á su lado un hombre mania-
tado. En vez de una salutación gloriosa y de felicitarte por tu
feliz llegada , te presento maniatado á este súbdito indigno que,
17
faltando á su deber me ha privado de cumplir con el mio.
Póstrate ante esa mujer augusta , y confiésale tu falta Aquí es-
tá , noble princesa , el hombre de vista de lince encargado de
vigilar desde el remate de la mas alta torre ; desde ella recorre
con atenta mirada todo el espacio y la es'ension de la tierra , á
fin de ver todo cuanto desde las próximas colinas se dirija al valle
que proteje nuestro fuerte. Tan pronto nos anuncia un rebaño
como un numeroso ejército , para que protejamos nosotros al
primero ó caigamos sobre el segundo como el rayo . Pero , hoy ,
¡ descuido fatal 1 vienes tú , y no te anuncia , y no se hace á tan
ilustre huéspeda la correspondiente acojida , que , debe ser la
mas solemne y sagrada. Ha expuesto temerariamente su vida ,
y habria pagado ya con la muerte su culpa , á no estarte á tí re-
servado el derecho de castigar y de absolver.
Helena. Cualquiera que sea la dignidad que me confieras , ora
sea la de juez ó la de stsoberana , y aun cuando fuese tu solo de-
signio el probarme , voy a cumplir con el primer deber del juez ,
que consiste en oir al acusado. Habla , pues.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 213
El Vigia de la Torre , Linceo. (1) Déjame arrodillar, - déja-
me contemplar, - déjame morir, déjame vivir, ya que perte-
nezco á esa mujer descendiente de los dioses.
Aguardando estaba el albor matutino y acechando en oriente
el curso de la aurora , cuando, oh maravilla , he visto de repente
levantarse el sol en el mediodia.
Volvíme bácia aquella parte para contemplarla en los abis-
mos , en las alturas , en todos los espacios de la tierra y del
cielo.
Tengo la mirada del lince en la copa del árbol ; pero tuve que
restregarme entonces los ojos como quien sale de un sueño pro-
fundo.
¿ Podia siquiera saber dónde me hallaba ? La plataforma , la
torre , el castillo , todo habia desaparecido para mí ; ¡ solo veia
los flotantes vapores de cuyo seno salió al disiparse esa diosa !
¡-Desgraciado con la vista y el pecho inclinados hácia ella ,
contemplaba á la belleza que me deslumbró enteramente.
Olvidé los deberes de vigía y la bocina y mis juramentos . Cas-
tígame , anonádame , si es que la belleza no triunfe de la có-
lera.
Helena . No puedo castigar el mal que yo misma he causado .
¡ Desgraciada ! ¡ Fatal destino el mio , que en todas partes me
obliga á turbar el corazon del hombre que , con solo verme ,
hasta de sí mismo se olvida y de todo prescinde ! Los semidio-
ses , los héroes , los dioses y hasta los mismos demonios , no han
parado hasta envolverme con sus raptos , sus seducciones y
combates , en las mas densas tinieblas. Sencilla , turbé al mun-
do , pero aun le causó mayor turbacion mi doblez ; y ahora ,
bajo una triple ó cuádruple forma , soy una verdadera calami-
dad. (2) Deja libre á ese esclavo , y que se aleje para siempre
(1) Hijo de Afreo , rey de Mesenia , célebre en la falange de los argonautas
por la fuerza y la penetracion de su mirada: veia al través de los muros. sin
que hubiese para él nada oculto en el cielo , la tierra y el infierno . Mató á
Castor, y á su vez fué muerto por Polux. Ese Linceo , vigía de la torre , el
hombre de vista de lince, figura sin duda aquí como prenda de amor y su-
mision dada por Fausto á Helena, al dejarla árbitra de la suerte del enemigo
de los Dioscuros del asesino de Castor.
(2) El semidios fué Chiron; los héroes Teseo , Páris, etc., el dios Mercurio ,
eldemonio Forkyas.- Antes que la fábula y el mito confundiesen la existen-
cia de Helena, cuando era todavía un ser humano , Páris la robó ; luego se
presentó como doble espectro en Egipto y en Grecia , y apareció a la vez en
los infiernos , en sueño á Aquiles, á Fausto y en el seno del romanticismo y
214 AMONDARY FAUSTOT
de mí : no pese ningun oprobio sobre el hombre que se dejó
deslumbrar por los dioses !
Fausto. Oh reina, veo aquí con asombro reunidos el vence-
dor y el vencido ; veol arco que arrojó la flecha y que hirió al
hombre ; el dardo sigue al dardo y me alcanza , le oigo silvar en
torno mio , en derredor del castillo y hasta en el espacio. Nada
soy, desde que sublevas mis vasallos y que son para tí impoten-
tes mis muros ; hasta temo que obedezca ya mi ejército á la mu-
jer triunfante é invencible. Permíteme que postrado á tus piés ,
libre y fiel te reconozca por soberana , á tí que con solo apa-
recer te has hecho dueña del trono y del pais.
Linceo, con un cofrecillo , seguido de algunos hombres carga-
dos de ricos presentes . Reina , ya estoy de regreso . El rico im-
plora una mirada , te contempla , y de repente se vé pobre como
un mendigo , y rico como un príncipe.
¿ Qué era antes ? ¿Qué soy abora? ¿ Qué puedo desear ? ¿Qué
puedo hacer, si el rayo de mis ojos se embota en tu trono ?
Venimos del Este , despues de haber sometido los paises del
Oeste era aquello un gran cortejo de pueblos , que no habian
llegado á conocerse entre sí ni tan solo de nombre .
Cayó el primero , quedó en pié el segundo , mientras tenia el
tercero en ristre la lanza : cada cual llevaba ciento detrás , y mu-
chos miles cayeron desapercibidos .
Con solo arrojarnos sobre la presa quedábamos dueños en
todas las partes. El punto en que yo imperaba hoy , era mañana
ado por otro.
devastado
Rápida y terrible á la vez era la acometida : así que , uno se
apoderaba de la mujer mas pella , mientras se hacia otro con el
toro mas ligero y bravo , y se hacian dueños los demás de todos
los caballos .
Era mi mayor empeño descubrir los objetos mas preciosos y
raros , siendo para mi insignificante todo cuanto los demás lo-
LAposeer.
grasen D2 couller & body &

de la caballería de la edad media. Tantos recuerdos fabulosos acabaron por


ofuscar su razón hasta el punto de hacerla perder el sentimiento de su pro-
pia existencia, merced a aquella confusion de fantasmas y sombras evocadas
en torno suyo. Con todo , Helena , perdona al hombre deslumbrado por los
dioses; Fausto obedece y se confiesa esclavo de la perfecta belleza. «Debe uno
apartarse del talento y la hermosura, si no quiere ser su esclavo.»-« Entre
todos los pueblos, ninguno como el griego ha tenido tan hermosos sueños.
(GOETHE, Ethisches pass .) ( My Sadark
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 215
Siempre iba en pos de los tesoros ; y, merced á mis penetrantes
miradas , no solo lograba ver el fondo de los bolsillos , sino tam-
bien que fuesen para mí las arcas trasparentes. d0 Bursa
Asi que , en breve reuní montones de oro , y sobre todo mu-
chas piedras preciosas ; pero , entre ellas , solo la esmeralda es
digna de verdear en tu seno.
Por mas que la gota cristalina del fondo de los mares temble-
quee entre tu oreja y tu boca , quedarán eclipsados los rubies
por el resplandor de tu rostro.
Permíteme , pues , ofrecerte los mas grandes tesoros , y poner
á tus piés el fruto de mil sangrientos combates. MĚ
Por numerosos que sean los cofrecitos que aqui vés , tengo
aun muchos mas : tolérame que siga tus huellas y llenaré tus
arcas.
Apenas has pisado las gradas del trono , he visto ya inclinarse
bumildes la inteligencia , la riqueza y la fuerza ante la única
belleza.
Tenia todos estos tesoros bajo llave ; y ahora los cedo porque
te pertenecen : les creia preciosos , raros , verdaderos , y ahora
Comprendo su futilidad .
Todo cuanto poseia , acaba de disiparse como el humo : todo
ello no es mas que un césped mustio y segado . ¡ Ah ! devuelve
con una dulce mirada á esos objetos el valor que han perdido !
Fausto. Llévate pronto esas joyas audazmente adquiridas ;
Hlévatelas sin vituperio , pero tambien sin recompensa . Posee
ella todo cuanto puede encerrar este castillo en su seno ; darle
en parte , es supérfluo . Vé y amontona simétricamente todos los
tesoros ; forma un conjunto sublime de esplendor inaudito : haz
que las bóvedas de este alcázar brillen como la de un cielo pu-
ro ; forma un paraiso de vida inanimada ; y por último , des-
pliega ante ella una alfombra sembrada de flores para que la
tierra ofrezca á sus piés una blanda superficie , y pueda fijar sus
miradas en vivos resplandores que solo á los dioses no deslum-
bren .
Linceo. Lo que manda el señor no es gran cosa ; puede el es-
clavo hacerlo pronto y fácilmente. Esa beldad altiva es la que
dispone de nuestros bienes y de nuestra sangre ; todo el ejército
está vencido , todos los aceros embotados hasta el mismo sol es
pálido y frio ante la forma sublime ; todo es confusion y caos
ante la hermosura de este rostro. ( Vase. )
216 ANGELART & FAUSTO, SAG
Helena , á Fausto. Quisiera hablarte ; pero acércate , sube y
siéntate á mi lado ; el puesto que por ocupar hay junto á mí ,'
espera y me promete un dueño.
Fausto. Mujer sublime , permite que antes me postre á tus
plantas , y dígnate aceptar mi homenaje ; déjame besar la mano
que me eleva hasta tí. Comparte conmigo el mando de tu reino
infinito , y haz que sea un solo hombre tu admirador, tu esclavo
y tu custodio.
Helena. No veo ni oigo mas que prodigios. El asombro se apo-
dera de mí y se multiplican las preguntas ; pero , ante todo con-
téstame á esta : ¿ Por qué la voz de aquel hombre me ha pare-
cido á la vez tan estraña y dulce? En aquella union de sonidos ,
apenas acababa una palabra de herirme el oido , cuando otra
venia ya á halagarle. (1)
Fausto. Si tanto le gusta ya nues'ro idioma , mucho mas va
á seducirte aun su canto , destinado sin duda á causar en tí un
arrobamiento profundo. Sin embargo , para mayor seguridad ,
ensayémoslo , ya que el diálogo le atrae y provoca.
Helena. Dime , ¿ qué debo hacer para hablar una lengua tan
bella?
Fausto. Lo lograrás fácilmente , porque todo el secreto está
en el corazon ; cuando uno está animado de vehementes deseos,
mira y busca en torno suyo.
Helena. ¿ Quién compartirá nuestro tesoro ?
Fausto. El espíritu no mirará adelante ni atrás : solo el pre-
sente....
Helena. Es nuestra dicha.
Fausto. ¿ Quién asegurará nuestros tesoros , nuestras con-
quistas y todo cuanto poseemos?
Helena. Mi mano . jan
El Coro. ¿ Cómo no aprobar que nuestra princesa se muestre
afable con el señor de este castillo , cuando continuamos siendo
cautivas, como hasta aquí desde la fatal destruccion de Troya?
Las mujeres acostumbradas al amor de los hombres , aceptan sin
eleccion , y raramente se engañan , al acordar un derecho igual,
a o
z cism
eLa rima desconocida
(1) anti maravilloso
iapoesía griega,
ica nvàidla ta del Nor-
diamante
J
te, la c l á s e a l r o m , que la adop como un
pregunta el secreto de aquella lengua inefable. «Todo el secreto
está en el corazón, » le contesta Fausto que, por complacer á su amada , enta-
bla con ella un diálogo acerca del nuevo estilo.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 217
así al pastor de rubies cabellos como al fauno de atesado rostro.
Ved como se acercan mas , apoyado el uno en el otro , 1hombro
por hombro, rodilla por rodilla y enlazados de manos , mecién-
dose en el grato esplendor del trono . Deja la majestad entrever
al pueblo sus secretos goces
Helena. Me parece estar á la vez tan cerca y tan lejos , que
༄ ས ༀ་ས
gustosa sin cesar repito : estoy allí y aquí! on fa
Fausto. ¡ Respiro apenas , mi lengua balbucea y yo vacilo
esto es un sueño : el dia y el sitio han desaparecido !
Helena. Me parece haber vivido y revivir ahora , refundida en
tí , mi fiel desconocido.
Fausto. No intentes sondear nuestro rarò destino : vivir ,'
aunque sea por un solo instante , es el deber y la mision mas
alta que podemos cumplir.
Forkyas , entrando con vehemencia . No es ya tiempo de dele-
trear en el alfabeto de amor ni de continuar arrullándoos dulce-
mente. ¿ Por ventura no oís que la tempestad se acerca , y que
empiezan á resonar los clarines ? Marcha Menelao contra vos-
otros al frente de un pueblo numeroso , y si desde ahora no os
disponeis
Caro , muy á resistir
caro vas á pagavuestra
el asalto, ruina
r ese coro es segura, inevitable .
des
mujeres , porque al
caer en manos de los vencedores , se le mutilará como á Deifobo.
Una vez ahorcada tambien esa loca raza , se levantará el hacha'
en el altar para su dueña.
Fausto. ¡ Horrible y temerario es el modo con que se nos in-
terrumpe ; hasta en el peligro odio la temeridad necia y ciega!
Afea una triste noticia al mas bello mensagero ; pero tú , odiosa ,
te complaces en ser portadora de tristes mensages ; sin embargo,
no lograrás esta vez salir con la tuya , por mas que lances tu
voz hueca á los cuatro vientos. No hay aquí peligro alguno , y ,
aunque le hubiera , solo me pareceria una amenaza vana.
( Llamadas , explosiones en las torres; pitos y atabales ; música
guerrera ; desfila un ejército imponente .)
Fausto. Pronto vas á ver reunida la falange indivisible de los
héroes ; solo merece el favor de las mujeres , el que sabe prote
gerlas denodadamente.
(A los gefes que salen de entre filas y se acercan.) * Han &
Vosotros, cuyo indomable ardor asegura la vicloria, vosotros,
flor juvenil del Norte , vosotros sois la hermosa fuerza del Este.
Vosotros , que con vuestras cotas y brillantes armas no pa-
218 *KOTAGT AIFAUSTOJA /627652
Tasteis hasta pulverizar los imperios , me parece aun oir retem-
blar la tierra antes y despues de vuestro paso.
A nuestra llegada á Pilos , el viejo Nestor sucumbe y rasga
con su espada nuestro invencible ejército cuantos tratados de
alianza habian hecho los reyes.
De Tocanos ahora arrojar á Menelao de estos muros y perseguirle
hasta el mar , para que ejerza de nuevo su vida de pirata , segun
su deseo y su destino .
La reina de Esparta me manda que os salude con el nombre
de duques: sea ella la soberana del valle y la montaña , y quede
para vosotros la conquista del reino.
Tú ,, germano , vé á fortificar y defender las bahías de Corinto;
yá tí , godo , confio la defensa de la Acaia y de sus cien abismos .
Que el ejército de los francos se dirija bácia Elis ; que Mesina
corresponda al sajon ; que el normando limpie los mares y fun-
de el puerto de Argolis .
20 Entonces cada cual tendrá su reino y podrá llevar sus armas
do quiera. Sin embargo , todos seréis súbditos de Esparta , por
ser esta la antigua ciudad de la reina , que os verá con placer
gozar de un pais en el que nada ha de faltaros. Venid confiados
á buscar á sus piés la investidura , el derecho y la luz.
(Fausto desciende, y los gefes forman corro para recibir sus
órdenes y sus instrucciones. )
ElCoro Que el que aspire à poseer la mas hermosa , procure
ante todo á obrar con prudencia y cautela ; por mas que con su
hidalguía alcance el mayor bien de la tierra , no podrá gozar de
él en paz , por disputárselo los aduladores con su bajeza y los
poderosos con la fuerza desconfie pues de unos y otros.
Así cantamos á nuestro príncipe , entre todos el mas amado ;
él , que con sus alianzas supo imponer respeto á los poderosos
y obligarles , en bien de todos , á cumplir fielmente sus órdenes.
Así que , todos ellos le están reconocidos y comparten su gloria.
¿ Quién osaria arrebatar á ese poderoso dueño el bien que
adora , y que nosotros somos los primeros en reconocerle? Y
¿ cómo no reconocérsela , cuando ha sabido encerrarse con ella
entre inexpugnables muros , y procurarse en el esterior un po-
deroso ejército?
Fausto. Grandes y magníficos son los bienes que acabamos
de otorgarles , puesto que vá á tocar á cada uno de ellos un pais
estenso y rico. - Partan , pues , mientras nosotros nos quedamos
en el centro de nuestros Estados.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 219
Hay entre ellos una noble emulacion por protegerte , oh pe-
nínsula bañada por las olas , y unida por una leve cordillera de
colinas con las últimas ramificaciones graníticas de Europa. A
Que aquel pais , rey entre todos , sea afortunado siempre en
cada raza, y pertenezca desde ahora á la reina que vió nacer ,
cuando salió luminosa del huevo de Leda , deslumbrando á su
noble madre y sus hermanos. ‫در‬
Con la vista fija en tí , te ofrece aquel pais sus mas precioscs
dones.¡Ah ! ¡ prefiere tu patria al universo que te pertenece!
Apenas dora el primer rayo de sol la alta cumbre del monte ,
aparece ya en ella la golosa cabra , atraida por la brinza de yerba
que yende la roca.
Mana la fuente , los arroyos se convierten en cascadas , em-
piezan á verdear los collados , vertientes y praderas , y ves en
un pais entrecortado por cien colinas numerosos rebaños, que
van á buscar en él su alimento .
Dispersos , circunspectos y con paso grave se adelantan los
bueyes hácia la escarpada orilla , en que abriéndose la roca en
mil cavernas ofrece á todos ellos un seguro asilo. +
Merced á la proteccion de Pan , habitan las ninfas de la vida
en el espacio luminoso de las verdes hendeduras , y el árbol arri-
mado al árbol , levanta sus ramas á las sublimes regiones..
Antiguos bosques , cada dia es mas extensa y fuerte la cadena
que forman entre sí vuestras nudosas ramas , hasta el acer es-
belto , lleno de dulce savia , sube altivo sin sentir su carga. 04
Do quiera pueda beberse la tibia y dulce leche dispuesta para
el niño y para el corderillo ; abundan las frutas mas sabrosas en
la próxima huerta , y brota en todas partes la miel del hueco
tronco .
El bienestar es allí hereditario ; es cada uno inmortal en su
puesto ; rebosando por do quier la dicha y la vida.
Bajo aquel cielo siempre puro , se encamina y llega á la fuerza
viril el tierno niño ; y en su asombro , el que contempla tanta
dicha pregunta: ¿son dioses ú hombres?
Asi dió Apolo su forma á los pastores , siéndole el mas hermoso
de ellos muy parecido ; porque allí donde obra natura en su pu-
reza , se encadenan los mundos. (Se sienta cerca de Helena. )
* Ya qué nos ha reunido la dicha , olvidemos lo pasado ¡ ah !
¿no sientes en ti algo , hija de la divinidad , que te dice pertené-
ces al mundo primitivo ? hvited
220 -AIQ G37 FAUSTOEN
Es imposible que seas cautiva en un recinto de muros ; aun
hay para nosotros una feliz morada , una Arcadia eternamente
lozana y próxima á Esparta.
Atraida
D nácia aquel pais venturoso , te refugiaste en él , para
esperar mas próspero destino . Los tronos se convierten en bos-
ques floridos : sea como en Arcadia libre nuestra dicha !
(Cambia la escena . Grupo de varios grutas cubiertas de folla
ge. Se estienden las plantas trepadoras hasta las puntas de las
rocas que dominan , sin apercibirse á Fausto ni á Helena. El
coro se tiende en la yerba . )
Forkyas. No sé cuanto tiempo ha que duermen las jóvenes ,
así como tampoco si han soñado lo que yo he visto por mis pro-
pios ojos ; véome por lo tanto obligada á despertarlas. Grande
será el asombro de esa jóven raza , así como tambien lo será el
vuestro , barbudos que estais sentados allí abajo , aguardando
la esplicacion del prodigio. ¡ De pié , de pié , sacudid vuestras
trenzas, desperezaos , y que cada cual me escuche !
El Coro. Habla , cuéntanos el prodigio que acaba de obrarse.
De buen grado escucharémos hasta lo que no podemos creer ,
atendido el fastidio que nos causa la vista de estos peñascos.
Forkyas. Pobres niñas ! ¡ apenas acabais de abrir los ojos , y
sentís ya el fastidio ! Escuchadme : En estas hondonadas , grutas
y follages , se ha ofrecido abrigo y proteccion , como á una pa-
reja tierna é idilica , á nuestro gefe y nuestra dama.
El Coro. Como , ¿& aquí?
Forkyas. Separados del mundo , solo á mí me llamaron para
el desempeño de apacibles funciones. Honrada con su confianza,
estaba siempre á su lado , pero cual conviene à un confidente ,
me ocupaba en distintas cosas ; yendo de una á otra parte bus-
cando raices , musgos , cortezas , por conocer la propiedad de
cada cosa ; y ellos entre tanto se quedaban solos.
El Coro. Cualquiera al oirte creeria que son estas grutas es-
paciosas como un mundo , y que hay en ellos bosques , prados ,
arroyos y lagos ; ¡ qué cuentos estás forjando !
Forkyas. ¡ Qué inexpertos sois ! en efecto , hay en ellas salas ,
patios y profundidades insondables que he llegado á descubrir
siguiendo distraida mi camino , por haber oido de pronto una
estrepitosa carcajada en los profundos espacios. Ví entonces á
un niño que saltó del seno de la mujer para dirigir e hácia el
hombre , y desde el padre á la madre ; empezando desde luego
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 221
los halagos , los mimos , las caricias de on loco amor , los ale-
gres gritos y las tiernas espansiones que me aturdieron entera-
mente. Un genio desnudo y sin alas , un fauno sin bestialidad
saltó sobre la peña granítica , pero rechazándole el suelo hacia el
aire , llegó al segundo ó tercer salto , á tocar el techo de la gruta .
Gritóle entonces su madre con solicitud : « Puedes sollar á tu
antojo pero guárdate de volar libremente , porque te está pro-
hibido. » Su cariñoso padre le avisó tambien en estos términos .
« En la tierra está la fuerza rápida que va á empujarte kácia la
region del aire ; toca únicamente el suelo con la punta del pié ,
y, como Anteo , hijo de Tierra , sentirás en tí un nuevo ardor.»
Sigue el niño entretanto ejercitándose en la misma peña , hasta
que al fin se dirige al borde de otra , sin pararse en ninguna par.
te cual globo que impulsa el viento , y acaba por desaparecer
de repente en la boca de un espantoso precipicio. Todos le cree-
mos perdido ; su madre se lamenta , su padre la consuela , y yo
aunque encogida de hombros , tengo el corazon angustiado . Mi-
rad , empero ahora , ¡ qué espectáculo ! ¿ babria allí tesoros ocul-
tos? Ved como ostenta un rico trage sembrado de flores , y como
flotan en torno de su seno hermosas cinta- ; con la lira de oro en
la mano , marcha alegre hacia el escarpado borde , cual pequeño
y verdadero Febo . A nosotros nos causa asombro , y arrobados
sus padres se arrojan uno en brazos de otro . ¿ E una corona de
oro , ó bien la llama de un génio sobrenatural lo que de tal mo-
do brilla en su frente deslumbradora? Nadie puede decirlo . Niño
aun , vése ya en él que ha de ser un dia perfecto modelo de be-
lleza , como lo indica el ser hoy eco de eternas melodías ; pronto,
muy pronto vais á oirle y adirarle entre todos los seres .
El Coro. Hija de Creta , que das á esto el nombre de prodigio,
sin duda no habrás oido nunca la relacion del poeta , é ignoras
completamente las tradiciones de Jonia y de Hellas , las ricas
tradiciones de nuestros mayores.
Todo cuanto ves hoy no es mas que una pálida sombra ó un
eco muy triste de los dichosos tiempos de nuestros abuelos ; y
solo puede compararse su relato á la fábula ingeniosa , mas ve-
rosímil que la verdad misma , acerca del hijo de Maia.
Las mujeres parlanchinas que le tenian confiado , envuelven ,
segun una torpe costumbre , al recien nacido delicado y robusto
entre el pulmon de mullida cuna ; pero él , astuto , desprende de
entre las espaciosas mantillas sus flexibles miembros , dejando
222 ATGTAGS FAUSTO . ****
tan solo la corteza purpurea que le aprisiona , y libre cual mari-
posa ai salir de su ruda crisálida , despliega alegre sus alas ante
el éter queè el sol inunda.
Desde su advenimiento al mundo , demuestra ya con su soltu-
ra y su perfidia , que no ha de haber ladron , ní ratero que no le’
tribute un culto. Ruba con astucia sin igual el tridente á Neptuno,
á Marte el acero , á Febo el arca y la flecha , á Vulcano las te-
nazas ,y hasta robára á Júpiter el rayo , á no espantarle el fuego;
lucha con el Amor y le derriba , y á Ciprea en premio de sus ca-
ricias , le roba su cinto.
( Sale del seno de la gruta un canto melodioso y dulce ; el coro
todo presta atento oido , y parece estar en breve profundamente
conmovido. Continúa la melodía hasta la pausa indicada. )
Forkyas . Oid los dulces acordes , y olvidad pronto las fábulas,
así como tambien la antigua raza de vuestros dioses , raza que
ya no existe.
Bien veis que nadie quiere comprenderos , por aspirar todos á
un tesoro dde mas precio: todo lo destinado á obrar en los cora-
zones debe salir del corazon . ´(Se retira hácia las rocas . )
El Coro Si tú , repugnanté criatura , cedes ante esos falsos
sonidos , nosotros nos sentimos profundamente conmovidas.
Puede desaparecer el resplandor del sol , -cuando se abren
en el alma las puertas del dia. - Hallamos en nuestro propio
corazon lo que el mundo nos niega.
Helena , Fausto , Euforion. ( 1 ) en la actitud descrita por
Forkyas.
Euforion . Apenas oís mis infantiles cantos , y ya os inunda la
dicha -- Veis mis saltos cadenciosos -ly vuestro corazon pater-
nal se estremece.
Helena. Es el amor el mas puro goce de la tierra , -el amor
acerca y une una noble pareja ; pero solo puede procurar goces
divinos cuando forma una trinidad dichosa.

(4 ) Euforion nació alado; Júpiter se enamoró de él, pero como no accediese


el bello adolescente á los deseos del Olímpico , lo arrojó este á la isla de
Melos , una de las Cicladas . Las ninfas encargadas de sepultar à Euforion
fueron convertidas en ranas. ( Ptolom. Hef. iv. p. 317. ) Tal es el mito con que
Goethe va a terminar el intermedio antiguo de su tragedia. Es Euforion el
símbolo de la poesía moderna; hijo de Helena, la beldad griega , la beldad su-
prema, y de Fausto , del Fausto aleman, la fuerza alemana, la ciencia profun-
da, ¿quérepresentante mas noble habria podido escojer la poesía moderna ?
-
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 223€
Fausto. Nada nos falta ya ; yo soy tuyo y tú me perteneces .
Estamos eternamente unidos. & Podia dejar de ser así?
El Coro. Bajo la grala apariencia de ese niño , se enlazan
las delicias de pasados siglos en feliz consorcio.¡Ah ! ¡ cuán
tierna es para mí esta union ! 255 50 550
Euforion. Dejad que salte , permitidme brincar , siento en
mí el deseo de llegar á lo alto , á la region del aire.
Fausto. Modera tu ardor , - evita toda loca imprudencia ;
haz de modo , hijo querido , que tu caida no nos, haga rodar
hasta el fondo del abismo !
Euforion, No quiero pertenecer por mas tiempo á la tierra ;
dejad libres mis manos , mis bucles , mis vestidos , mios son.
y los quiero. obr
Helena. ¡Ah ! ipiensa , piensa que nos perteneces ; piensa en
nuestras angustias ! ¡ No pierdas el bien adquirido , adquirido ,.
por ti, por mí y por él !
El Coro. Temo que en breve se pierda esta union .
Helena y Fausto. Calma , modera por el amor que debes á
tus padres- esos arranques violentos , sobrenaturales , y ale-
gra con tus puros goces estos oteros.
Euforion. Solo por vosotros me reprimo. ( Se desliza entre el
coro y le obliga á bailar.) t.
Hé aquí el modo con que me anuncio , alegre raza , Venga
ahora la melodía , el movimiento , y cumpliráse mi deseo.
Helena. Bien , muy bien ; conduce las bellas à la danza ar-
moniosa.
Fausto. ¡ Cuándo acabará todo esto ! Nunca han podido los
juegos complacerme.
Euforion y el Coro. ( Se cruzan cantando y bailando .)
Cuando haces balancear con gracia la pareja en tus brazos ;
-cuando en todo su esplendor dejas flotar tu cabellera ; -
cuando tu pié ligero se desliza , y aquí y allá los miembros se
eplazan , logras amable niño , entonces tu objeto , y todos nues-
tros corazones vuelan en pos del tuyo . (Pausa . )
Euforion. Todas vosotras sois ágiles cervatillas . Juntos
lancémonos pues á nuevos juegos . -Yo soy el cazador , vos-
otras las gacelas.
El Coro. ¿Quiéres cojernos? -No hagas tontos esfuerzos ;
porque todas en el fondo deseamos abrazarte , imágen bella de
nuestros ensueños.
224 FAUSTO.
Euforion. Solo ha de ser al través de los bosques , las que-
bradas y las peñas . El bien de fácil logro me repugna , única-
mente me halaga el que ha de ser conquistado á viva fuerza,
Helena y Fausto. ¡Oh petulancia ! ¡ oh delirio ! -No hay es-
peranza de que se modere: - Paréceme ese rumor al del cuerno
que hace retemblar los bosques y el valle . -¡ Qué desórden !
qué gritos !
El Coro. (Las jóvenes entrando rápidamente una en pos deotra .)
¡ Cuán pronto ha logrado su temerario empeño ! - Con qué
desdén arrastra ahora aquí á la mas esquiva de nuestras com-
pañeras !
Euforion , llevando una jóven en brazos . La conduzco aquí
para obligarla á complacerme: veamos si logra la rebelde triun-
far de mis esfuerzos.
La Jóven. Déjame : ya ves que debajo de esta corteza hay
tambien resolucion y esfuerzo ; -mi voluntad igual á la tuya ,
no se vence fácilmente.- ¿ Acaso me creias tú cautiva?-Ya
que tanto confias en la fuerza de tu brazo , estréchame otra vez,
y verás , insensato , como te convierto en un mar de llamas.—
Sígueme veloz hasta debajo de las estalactitas de las grutas , si
no quieres verte desairado.
(Se enciende y empieza á arrojar llamas en el espacio.) (1 )
D Euforion , procurando evitar las últimas llamas La mole de
piedra y las malezas que me cercan , parecen ahogarme en mi
estrecho recinto ; -y , sin embargo , soy jóven y esforzado.
El viento ruge y el mar brama allí abajo ; y á pesar de su lejano
estruendo , quisiera acercarme á uno y otro.
(Continúa encaramándose por la peña.)
Helena, Fausto y el Coro . ¿ Si querrás parecerte a los gamos?
La sola idea de tu caida nos hiela de es anto.
Euforion . Continuaré siempre subiendo, puesto que ha de
ser siempre mas extenso y variado el pais que descubro . —Aho-
ra ya sé donde estoy.- En el interior de la isla , en el centro
del pais de Pelops , -que participa de la tierra y del mar.
El Coro. ¿ Estás eu el bosque, en el monte , y no puedes aun
gozar de su calma ?.- Ven é irémos en busca de los pámpanos

(1) La ninfa incandescente se desprende de sus brazos. Euforion se lanza en


pos del viento y del mar, y no para hasta encontrarse en medio del tumulto ,
á impulso del deseo de socorrer al pueblo que combate por su libertad en ta
Ilanura, ó sea al pueblo griego .
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA 225
verdes que adornan los collados ; ven y no nos faltarán sobra-
dos higos y doradas manzanas. —¡Ah ! sé amable , ya que tan
apacible es el pais en que vives. in scop dgabad sm SALI
Euforion. Vosotros soñais en el dia de la paz , no me opongo
á ello : ¡ sueñe quien soñar pueda ! - Guerra es mi consigna , y
el himno de la victoria será siempre mi canto. RUTHE
El Coro . Todo el que en la paz echa de menos la guerra , re
nuncia á la esperanza .
Euforion . Tuvo este suelo muchos nobles hijos que volaron
siempre de peligro en peligro , y que dotados de un valor sobre .
humano , no titubearon en derramar su sangre por ceñir la bri+
llante aureola de la inmortalidad. ¡ Ayude , pues , á los que
combatan !
El Coro . Ved como se ostenta en lo alto , sin parecernos pe-
queño , armado de punta en blanco y próximo á alcanzar la
victoria ceñido de bronce el acero.
Euforion. Fuera ondas y muros , — basta á cada cual su con-
ciencia :- es el pecho del hombre un muro inexpugnable . T
Quereis ser invencibles , lanzaos sin temor á la pelea , y ve-
réis que es cada mujer una amazona y cada niño un héroe ..
El Coro. Aunque oculta ya en el azur del cielo, oh santa poe-
sía , no dejes de brillar cual estrella de fuego sobre nuestras ca-
bezas , ni abandones desde el Empireo tu eterna morada , á los
que no podrian vivir sin tí en el bajo suelo.-
Euforion. Ya no veis á un niño , sino al adolescente con su
brillante armadura , reunido con los libres y los bravos , que no
desatienden su voz. - Marchemos adelante , marchemos allá
abajo , donde vá á abrirse el campo de la gloria .
Fausto y Helena. ¡ Apenas llamado á la vida , apenas has visto
el resplandor del dia sereno , presa del vértigo que te domina
tiendes ya á lanzarte á la mansion del dolor ! ‫ فا‬Nada somos
para ti ? ¿Será un sueño el tierno lazo ? J Dingle The
Euforion. ¿ Por ventura no oís el mar como ruge , y como el
eco del valle repite el retumbo del trueno ? -Ante las numero-
sas legiones que combaten por mar y tierra , preciso es volar á
la pelea , al dolor , al martirio ; preciso es que sea la muerte
nuestra consigna. - ¡ Si comprenderéis ahora lo que me impul-
sa á obrar !
Helena , Fausto y el Coro . ¡ Qué horror ! ¡ qué espanto ! - ¿ Es
a muerte tu ley ?
15.
226 1 FAUSTO.
Euforion . ¿ Debo permanecer indiferente ? - No : preciso es
que comparta el peligro y las fatigas.
Los Anteriores . ¡ Orgullo y peligro ! - ¡ Suerte fatal !
Euforion . Dos alas se despliegan ; permitid que tienda mi
vuelo hacia el punto á que el deber me llama.
-Se lanza á los aires, sosteniéndole por un momento su flotante
vestido ; su cabeza resplandece ; queda en pos de sí un rastro de
fuego.)
El Coro. ¡ Icaro ! ¡ Icaro ! acábese tanta desgracia .
(Cae un hermoso joven á los piés de Helena y de Fausto . Re-
cuerda su rostro las facciones de un ser querido (1 ) , pero el cuer-
po se disipa , la aureola sube como un cometa hácia las altas
regiones , sin que quede de él en la tierra mas que la túnica , el
-manto y la lira )
Euforion , ( voz salida de los abismos . ) | Madre mia , madre
mia , no me dejes solo en los reinos sombríos ! (Pausa . )

El Coro. (Canto fúnebre . ) ¡ Ah ! no te dejarémos solo cuales-
quiera que sean los sitios que habites, ya que creemos conocerte.
Por mas que te apartes de la luz del sol , no habrá corazon que
quiera separarse de ti ; aun cuando apenas tuviésemos fuerzas
para gemir , cantaríamos tu envidiable destino , ya que así en
los felices como en los tristes dias , fueron tu canto y tu corazon
siempre grandes .
Ah ! ni tu ilustre sangre , ni la fuerza superior de que esta-
bas dotado , ni todas las demás cualidades que tan acreedor te
hacian á la dicha , bastaron á preservarte del rigor de tu destino .
Tu generosidad sin límites te hizo caer en el lazo fatal , des-
" pues de haberle hecho romper los vínculos mas sagrados ; y
cuando al fin la reflexion logró moderar tu ardor , la fortuna te
volvió la espalda.
¿A quién sonrie por mucho tiempo ? - Triste pregunta es
esta ante la que el destino se vela , cuando en los dias de des-
gracia enmudecen los pueblos ensangrentados . Modulad , em-
pero , vuestros cantos , levantad vuestras cabezas abatidas , que
como en todos tiempos , volverá nuestra noble tierra á producir
nuevos héroes . (Pausa general , cesa la música . )
Helena á Fausto . Lo que me pasa justifica claramente aquello
(1 ) Cualquiera comprenderá fácilmente la alusion que encierra el episodio
de Euforion . En aquel ardor precoz que ningun freno modera , habrá reco-
nocido ya el lector la poética creacion de Byron .
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 4227
de : « La dicha y la belleza no pueden estar por mucho tiempo
unidos.» El lazo de la vida como el del amor queda roto ; deplo-
ro igualmente uno y otro , les doy un triste adios , y voy por
última vez á arrojarme en tus brazos. Perséfone , acoje al niño ,
acoje tambien á la madre.
(Abraza á Fausto; desaparece el elemento terreno y solo que-
dan el vestido y el velo en los brazos de su esposo.) .
Forkyas a Fausto . Conserva cuidadosamente todo eso ; no
te desprendas del vestido , por mas que ya los demonios estén
tirando de él para llevárselo al mundo subterráneo . Ya no se
trata de haber perdido la diosa , sino de conservar ese vestido
que es tambien divino : aprovechate sobre todo del favor su-
blime , inestimable , que ha de elevarte en la region superior ,
sobre las cosas vulgares , por todo el tiempo que puedas con-
servarle. Lejos , muy lejos estará de aquí el punto en que vol-
verémos á vernos .
(El vestido de Helena se evapora, envuelve á Fausto y le eleva
á la region etérea. ( 1 )
Forkyas , ( recoje del suelo la túnica de Enforion , su manto y
su lira , se adelanta hácia el proscenio, y dice , levantando aque-
llos despojos .) J
¡ Al menos he podido hacerme con esto ! La llama en verdad
se ha estinguido , si bien no lo siento por el mundo en lo mas
mínimo. Con esto me basta para consagrar al poeta y escitar la
envidia entre la corporacion y el arte : si no me es dado otorgar
el talento , puedo al menos presentar su traje ó su apariencia.
(Se sienta al proscenio al pié de una columna.)
Panthalis. Compañeras , libres al fin nos vemos de los encan-
tamientos , libres de los fantásticos y repugnantes lazos de la
vieja bribona de Tesalia , así como tambien de aquel confuso y
disonante chirrido que tanto turbaba á la vez el oido y el cora-
zon. Descendamos al Hades, ya que á él se ha dirigido tan solem -
nemente la reina ; sigamos como fieles sus huellas lo mas pronto
posible ; la hallarémos al pié del trono del Impenetrable.
El Coro. En todas partes están bien las reinas ; hasta en el
1
(1) Helena dió á Fausto un eterno adios y fué á reunirse con su hijo en el
reino de Proserpina. Su velo se estiende en torno de Fausto, elevándole como
una nube. Basta el trage de la beldad griega, ó sea la cubierta exterior de la
forma , para elevar el hombre à la region del éter y preservarle para siem-
pre de todo lo vulgar.
228 FAUSTO .
seno del Hades conservan su alto rango , estando orgullosa-
mente unidas con sus semejantes , confidentes íntimas de Per-
séfone; mientras que nosotras , compañeras inseparables de los
altos álamos y de los sauces infecundos, pasamos el tiempo que-
jándonos en los campos de gamones , siendo nuestro chirrido
pesado y fantástico como el de los murciélagos .
El Corifeo. Todo el que no ha sabido adquirirse un nombre
ni aspirar á una accion noble y digna , pertenece á los elemen-
tos ; -- por esto abrigo yo el deseo de estar con mi reina : no es
solo el mérito , sino tambien la fidelidad , lo que preserva al
hombre. (Vase.)
Todas. Nuestros ojos han vuelto á abrirse á la luz del día , si
bien sentimos y sabemos que no somos ya personas , sino séres .
No volverémos empero al Hades ; porque la naturaleza en su
eterna fuerza vital , tiene plenos derechos sobre nosotras , así
como tambien los tenemos nosotras sobre ella.. (1)
Una parte del Coro. Nada hay tan grato como el rico manto de
la creacion cubierto de verdor y de flores , sobre todo , cuando
como nosotras , puede uno contemplarle al rumor del arroyo , al
crugir del follage estremecido por el viento de la tarde y sin per-
der ni una sola de las mil cadenciosas notas que forman la armo-
nía universal . Nuestra dicha subirá aun de punto cuando al caer
del árbol el sazonado fruto , acudan al tropel los hombres y ga-
nados para disputársele , no sin tributarnos antes un culto igual
al de los dioses primitivos.
Otra parte del Coro. En nuestro límpido espejo se reflejan
los montes , los árboles , las moradas y todo cuanto constituye
la vida y la animacion de un pais , sin que ninguno de cuantos
objetos haya en la estension de nuestro curso deje de darnos al
pasar un triste adios. Si la voz potente de Pan , terror de la na-
turaleza , se levanta , solo nosotras sabemos contestar á ello ; si
él murmura , murmuramos ; si ruje , rujen tambien nuestras
ondas.

(1) Despues de tantas vicisitudes , el coro comprende al fin que solo ha sido
evocado del seno de las Madres para formar el cortejo de Helena , y hacer un
papel secundario en la fantasmagoria. Panthalis exhorta á sus compañeras
á seguir á la reina , pero ellas no quieren volver al Hades , por atraerlas
la naturaleza y la vida irresistiblemente. Goethe imita aquí la fábula del
pastor Acis y la ninfa Galatea. (Vid . Ovid . Metam . XIII . ) Todas ellas se con-
vierten en hojas, verdes pámpanos, rios y torrentes.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 229
Tercera parte. Si es alguna vez nuestro curso agitado á causa
de las pendientes de estas fértiles colinas que hácia vosotras nos
atraen , hermanas nuestras en cambio , á grandes trechos cor-
remos apacibles , regando los verdes prados , los senderos , la
llanura , el valle y hasta el pequeño jardin de la castia oculta
entre el follage. ¿ Veis aquella copa esbelta del ciprés que se
levanta en el fondo del paisage ? Tambien se refleja ufano en el
espejo de nuestra corriente.
Cuarta parte del Coro Hermanas nuestras, seguid libres y en
paz vuestro curso , mientras vamos nosotras serpenteando por
el collado alegre en que madura la uva sobre el sarmiento que
su peso inclina , por contemplar la pasion del viñador que infa-
tigable pugna á pesar de ser su éxito dudoso . Ya la pala , ya la
falce con ardor empuña , y arranca y poda y mala y amontona ,
implorando á los dioses todos , y particularmente al dios del día;
mientras que el afeminado Baco ni piensa siquiera en el mortal
que le tributa tan piadoso culto : porque envuelto en el misterio
de su profunda gruta , solo el amor es su cons ante sueño . Mas
compasivos empero los demás dioses , y sobre todo Hélios , pro-
curan á fuerza de aire , lluvia y sol , que vea el viñador cum-
plidos sus ardientes deseos . Luego empiezan á crecer los raci-
mos y á agitarse los pámpanos de un modo inusitado , sin que
reine empero en todo el campo una animacion verdadera , hasta
que puedan llenarse las ces as y hacerlas crujir al peso de su
contenido . Solo empieza entonces cada cual á dirigirse á la cuba
para derramar insolente con sus piés el líquido precioso , que ,
en justo castigo , ha de acabar por calentarles á todos la cabeza ,
Así que , no lardan en turbarse todos los sentido , por no haber
pecho que no haya tenido que hacer los veces de linaja para
dar digna acogida al nuevo huésped.
K * 2
Cae eltelon.

(Forkyas se levanta gigantesco en el proscenio , desciende del


coturno , arroja la máscara y el velo , y se présenta bajo la for-
ma de Mefistofeles para censurar la pieza y comentarla á su
modo. )
230 FAUSTO.

ACTO CUARTO.
"

ALTA MONTAÑA.

Cimas de agudos y enormes peñascos ; pasa una nube , se es-


tiende por el llano que forma su cumbre y no tarda en sepa-
rarse.

Fausto, al desprenderse de ella . ( 1 )

Con la vista inclinada hácia los profundos abismos que se


abren bajo mis piés , recorro el borde de estos picachos , dejan-
do allí el carro de nubes que al través de la superficie de la
tierra y del mar , me ha conducido á la morada de la luz purí-
sima . Se aleja de mi lentamente sin disiparse , para que mi vista
asombrada le siga hácia oriente , como el globo que cruza el es-
pacio. A medida que se adelanta , se di - uelve , ondea y parece
cambiar de forma. ¡ No ! ¡ mi vista no me engaña ! tendida está
allí magestuosamente en sus cojines inundados de sol, una figu-
ra colosal parecida á una divinidad . Sí , Juno será , Leda ó He-
lena , porque es de mujer el bello y magestuoso rostro que se
presenta á mi vista arrobada. ¡ Ah ! ya todo se disipa y la masa
informe se para en oriente , haciéndome el efecto de la lejana
nevera en que viese reflejada la imágen de pasados tiempos . Sin
embargo , véome envuelto en un vapor tibio y grato que serena
mi frente y mi pecho , y que va tomando forma á medida que
se levanta en el aire. Semblante arrobador, primer bien querido
de mi juventud , por tanto tiempo llorado , ¿ aun no eres mas
que una ilusion ? Siento fluir de nuevo en mi los tesoros de la
primera edad , hasta aquí ocultos en el fondo de mi corazon .
Amor de la primera aurora , que vienes con vuelo rápido á ha-
(1) Fausto desciende á la cumbre del monte , y la misteriosa nube se dirige
luego bácia el Este. Fija la vista en lo infinito , sigue la masa vaporosa ,
contempla por última vez en toda su trasparencia , los tipos eternos de lo
bello de que está su alma poseida.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 231
cer revivir en mi la primer mirada que me penetró el alma ,
apenas comprendida y recordada siempre , borra todo otro es-
plendor ante su brillantez deslumbradora . Semejante á la belle-
za del alma , la grata forma se eleva sin suftir alteracion alguna ,
y se balancea en el aire , llevándose la mejor parte de mi ser.

UNA BOTA DE SIETE LEGUAS SE SIENTA EN EL SUELO .

No tarda otra en seguirla .

Mefistofeles echa pié á tierra. -Las Botas se alejan rápida-


mente
Mefistofeles. ¡ Hé aqui á lo que llamo yo andar ! Pero , dime ,
¿ qué es lo que te ocurre ? ¿ Por qué así desciendes al centro de
estos horrores ? Sé muy bien cual es esta mansion por mas que
no esté en su puesto ; pues no puedo ignorarlo por ser el fondo
del infierno .
Fausto. Nunca te quedas corto al tratarse de leyendas fantás-
ticas ; héte ya aquí dispuesto á espetarme otra.
Mefistofeles , en tono sério . Cuando Dios , el Señor • por
motivos que yo me sé , nos arrojó de las altas regiones á losTO
profundos abismos , donde se consumia la llama eterna en cen-
tral fragua; nos hallamos , á causa de una claridad sobrado viva ,
apretados unos contra otros , en una posicion muy incómoda.
Era de ver como empezaron entonces á toser y estornudar todos
los diablos , al aspirar el azufre y los ácidos , gas misterioso, que
no bastaban á contener los infiernos ; puesto que al poco tiempo
estalló la unida corteza de la tierra , por mas densa que fuese ,
con espantoso estruendo. Ahora , empero , hemos dispuesto la
cosa de distinto modo : lo que era antes un abis ...o es hoy una
alta cumbre , merced á la doctrina de encumbrar lo bajo y de
rebajar lo elevado ; ( 1 ) bé aquí porque entonces pasamos de la
esclavitud sofocante del abismo á la dominacion del aire libre ,

(1 ) Fstas palabras de Mefistófeles deben ser consideradas como una alu-


sion irónica á las teorías de los nuevos geólogos , y sobre todo de L. de
Burch , y de los que como este último profesan el sistema de la elevacion del
suelo oceánico en montes , sistema que por ningun concepto podia Goethe
admitir, siendo como era partidario acérrimo del neptunismo de Werner,
232 FAUSTO.
misterio evidente tan bien guardado , que no será revelado á los
pueblos hasta muy tarde. (Ephes. , VI , 12.)
Fausto. Es para mí este grupo de montañas noblemente si-
lencioso , sin que me pregunte porque. Cuando la naturaleza se
fundó á sí misma , redondeó sencillamente el globo terraqueo ,
quiso complacerse en levantar los picachos , abrir los abismos y
apoyar la peña en la peña , el mente en el monte , disponiendo
luego las fáciles colinas , cuyas pendientes suavizó en el valle.
Todo es allí verdor y vegetacion , sin que para gozarse en él
tengan que verse expuestos á sobresaltos de ninguna clase.
Mefistofeles. Esto , que á vos os parece tan claro como la luz
del dia , no es mas que una ilusion de vuestros sentidos ; solo
el que estuvo allí presente puede saber que anduvo la cosa de
muy distinta manera. Yo estaba allí cuando en el seno del abis-
mo incandescente hervia aun la lava en fusion ; cuando el mar-
tillo de Moloch , fraguando peñas sobre peñas , lanzó á lo lejos
los restos graníticos ; esparcidas se ven aun por el suelo varia de
aquellas moles enormes . ¿ Cómo esplicar semejante erupcion ?
Nada ha po lido el filósofo comprender en ella Ya que está allí
la peña , bueno será dejarla ; demasiado nos ha hecho perder el
tino. Solo el pueblo inocente y sencillo cree , sin que por nada
quiera renunciar á sus creencias ; solo Satan se debe la espe-
riencia que atesora. Por esto el peregrino , apoyado en el bordon
de la fé , visita cojeando la Piedra y el Puente del diablo
Fausto . Es en verdad curioso ver á los diablos echar sus cuen-
tás acerca lo creado .
鬼 Mefistofeles. Poco me importa que sea la naturaleza tal cual
quiera ser ; solo se trata aqui de una cuestion de honra , y de
que estaba el diablo presente cuando fué formada. Nadie duda
que somos capaces de ejecutar grandes cosas ; ahí están , si no,
el tumulto , la fuerza brutal y la estravagancia para demostrar-
lo. Mas claro : dime , ¿ nada te admira en nuestro reino ? Tus
miradas , al recorrer lo infinito , han abarcado « los imperios
del mundo y sus pompas.» ( Mateo IV . )
Y á pesar de tu carácter descontentadizo , ¿ no has esperimen-
tado algunas sensaciones?
Fausto. Solo una cosa grande ha logrado fascinarme : adi-
vínala.
Mefistofeles. No me será difícil. Hé ahí la capital que para mi
escogeria ; una ciudad en cuyo centro hubiese un verdadero
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 233
laberinto de estrechos callejones , sin mas plaza que la del mer-
cado por no carecer de coles , nabos , cebollas y carne, por mas
que las moscas acudiesen tambien á ella para procurarse el sus-
tento ; allí al menos podria encontrar siempre hediondez y acti-
vidad. Luego quisiera vastas plazas y anchas calles , para darse
uno cierta apariencia grandiosa ; y finalmente , quisiera arraba-
les que se perdiesen de vista en un ilimitado espacio . Allí me
complaceria en el eterno rodar de los coches , en el vaiven tu
multuoso , en el movimiento continuo de aquel hormiguero ex-
tenso ; y presentaríame siempre á caballo ó en coche en un punto
céntrico , honrado por millares de séres.
Fausto . Nada de esto me complaceria. Muchos gozan al ver
al pueblo multiplicarse , vivir á su modo , en el bienestar , for-
marse é instruirse , y sin embargo , cuanto mejores son las con-
diciones de su existencia, mayor es su rebeldía.
Mefistofeles. Luego me construiria un magnífico palacio en
un sitio agradable , entre bosques , colinas , llanuras , prados y
campos dispuestos en forma de jardines , donde hubiese toda.
clase de árboles , plantas , flores y cascadas , cuyas aguas al
precipitarse de uno á otro peñasco formasen mil vistosos juegos.
Tambien haria construir para las mujeres varias casitas elegan-
tes y cómodas , à fin de pasar con ellas horas infinitas en una
soledad encantadora y social. Digo para las mujeres , porque
solo en plural me gustan las beldades
Fausto. Eres en maldad un nuevo Sardanápalo !
Mefistofeles. ¿ Puede adivinarse nunca el fin á que aspiras ?
En verdad debe ser un fin sublime Cuando en tu viage llegaste
tan cerca de la luna , ¿ es posible que no te impulsase hacia ella
tu deseo? "
Fausto. Inmenso es aun el espacio que ofrece este globo ter
ráqueo para las grandes acciones. Aun me siento capaz de aco¬
meter nobles empresas , merced á la fuerza de actividad que me
anima. 1.
Mefistofeles Luego ambicionas la gloria ? Bien se conoce el
roce que has tenido con las heroinas.
Fausto. Quiero dominarlo , quiero poseerlo todo. La accion
es el gran medio , la gloria en sí no es nada.
Mefistofeles. Y no han de faltar poetas que anuncien tu fama
á la posteridad , ensalzando la demencia con la demencia.
Fausto Todo esto te es enteramente desconocido. ¿ Qué es lo
234 FAUSTO,
que tú puedes saber acerca de los deseos del hombre? ¿ Cómo
puede tu naturaleza , llena de amargura y de hiel , saber lo que
conviene al humano ser?
Mefistofeles . Sea como tú quieres , con tal que me confies to-
dos tus caprichos.
Fausto. Tenia fija la vista en el mar que rugia y se encres-
paba cada vez con mas fuerza , hasta que al fin se calmaba y
estendia tranquilo sus olas para invadir la llanura ó la playa que
debia servirle de límites . Aquello me irritaba , como me irrita la
arrogancia al espíritu libre que respeta los derechos de todos , y
me exaltaba la sangre , causándome un malestar contínuo . Pri-
mero tomé aquello por un accidente cualquiera , y` agucé mas
la vista ; pero la ola se paraba , luego volvia á estenderse y se
alejaba despues con orgullo del punto invadido , repitiéndose
siempre aquel juego á la hora acostumbrada.
Mefistofeles , ad spectatores . No es esto nuevo para mí , pues
hace mas de cien mil años que sé todo cuanto me dices.
Fausto, prosiguiendo con exaltacion Se acerca arrastrándose,
y se hincha , y crece é invade , y se estiende por los límites de la
inculta arena , y estéril , lleva la esterilidad en todas partes.
Solo imperan allí las encrespadas olas , que al fin se retiran
sin haber fecundizado cosa alguna . Aquella fuerza sin objeto de
los indomables elementos escita mi desesperacion , y obliga á mi
espíritu á tender sus alas para elevarse sobre sí mismo , sin con-
sultar mas que su deseo de luchar y vencer.
Y es esto posible ? - Por mas tempestuoso que el mar se
presente , tiene siempre que ceder ante cualquiera eminencia ; y
por mas que se agite orgulloso , ni hay altura que no le muestre
su altiva frente , ni profundidad ó abismo que no la atraiga irre-
sistiblemente. De aquí el no haber desistido de mis planes: seria
en verdad para mí un goce supremo arrojar de su orilla al mar
altivo , contenerle en los límites de la húmeda playa y hacerle
retroceder todo cuanto pudiese. Hé aquí mi deseo , atrévete á
secundarle .
(Banda y música guerrera á lo lejos , hácia la derecha de los
espectadores . )
Mefistofeles. ¡ Que no consista en esto ! -¿ Oyes el lejano re-
doble del tambor ?
Fausto. La guerra , siempre la guerra que tanto repugna al
hombre cuerdo y prudente.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 235
Mefistofeles. En guerra ó en paz , siempre debemos procurar
sacar partido de las circunstancias , aprovechando el momento
propicio. Así que , no desprecies , Fausto , la ocasión que se
presenta.
Fausto Gracias por tus enigmas , vamos , dí pronto de qué
se trata ? Esplicate .
Mefistofeles. Nada se me ha ocultado en mi viaje . El bueno
del Emperador vacila , como tú sabes , ante los mas grandes
obstáculos ; cuando nosotros le divertimos procurándole falsas
riquezas , dominaba el mundo ; y como era jóven al subir al tro-
no , pensó equivocadamente que era bello y digno de envi
dia gobernar y entregarse á la vez á todos los placeres de la
vida.
Fausto Error profundo ! El hombre destinado á gobernar
solo en el mando ha de buscar la dicha suprema que debe pro-
curarle su voluntad sublime ; porque á nadie es dado profundi-
zar lo que él quiere; sin embargo , con solo indicarlo á sus con-
fidentes lo logra al momento , y el mundo se asombra . Obrando
de este modo , será siempre el primero y el mas digno de entre
nosotros El goce embrutece .
Mefistofeles Pues él hizo todo lo contrario ; se entregó sin
reserva á los placeres , y cayó entretanto su reino en la anar-
quía ; grandes y pequeños empezaron á hacerse cruda guerra ;
se apoderó el hermano de los bienes del hermano ; el feudo se
alzó contra el feudo , la ciudad contra la ciudad , penetrando
por fin el fuego de la fatal discordia entre las corporaciones y la
nobleza , y hasta entre el obispo y su clero . Nada se respetó ya,
ni aun la santidad del templo , merced al furor y la temeridad
que en todos los pechos iban siempre en aumento ; llegando à
ser para vivir circunstancia indispensable la propia defensa.—
Y sin embargo , todo iba siguiendo su curso .
Fausto. Su curso de trastornos hasta tambalear , caer , volver
á levantarse , caer de nuevo y acabar por derrumbarse todo con
la mayor confusion y estruendo .
Mefistofeles. Y en verdad , nadie tenia el derecho de calmar
contra tal estado de cosas , porque podia cada cual procurarse
el crédito necesario , y pasar , hasta el mas miserable , por un
personaje de alta importancia. Sin embargo , los de mas recto
juicio conocieron al fin que se habia hecho casi general lade-
mencia , y los hombres de ánimo esforzado se alzaron procla →
236 FAUSTO .
mando : Soberano será el que nos dé el reposo ; ya que el Empe-
rador ni puede ni quiere procurárnosle , elijamos un nuevo Em-
perador , saquemos al imperio , de su postracion , y mientras el
nuevo monarca procure á cada cual la seguridad necesaria ,
unamos la paz y la justicia en un mundo regenerado.
$
Fausto . Hé aquí lo que precisamente desea el sacerdote.
Mefistofeles . Sacerdotes eran tambien los que deseaban salvar
sus tesoros , por ser los mas interesados . Empezó la revuelta que
no tardó en ser santificada ; y nuestro Emperador , al que tanto
logramos hacer divertir en otro tiempo , se retiró á estos sitios ,
para dar quizá en ellos su última batalla.
Fausto. Le compadezco : ¡ era tan bueno y generoso !
Mefistofeles. Ven y observemos ; el que vive debe siempre es-
perar. ¡ Si lográsemos sacarlo de este estrecho valle ! Salvado
una vez , salvado mil ; además , ¿ quién sabe como irán las co-
sas ? Sonríale la fortuna , y no le faltarán súbditos.
( Suben á la cumbre del monte inmediato y contemplan la po-
sicion de las tropas en el valle ; llegando hasta ellos los sonidos
de las bandas y de las músicas militares . )
Mefistofeles . Ventajosa es á mi ver , la posicion que ocupa ,
pasémosnos á él , y queda asegurada la victoria.
Fausto. ¿ Qué podrémos prometernos de ello ? Ilusion , fan-
tasmagoría , apariencia vana!
Mefistofeles. Por medio de la estrategia se ganan las batallas ;
ánimo y reflexiona en interés tuyo. Conservemos al Emperador
su trono y sus Estados , y solo tendrás que hincar la rodilla
para obtener en feudo un pais extenso y riquísimo.
Fausto. Ya que has hecho tanto , procúrame ahora el placer
de verte ganar una batalla.
Mefistofeles . Imposible , pues eres tú el que debes ganarla ; á
tí te toca ser ahora el general en gefe.
Fausto. Dirigir lo que no entiendo , será en verdad una honra
digna y merecida.
Mefistofeles. Con solo el baston de mando del gefe, te respon-
do de este último. Por tanto tiempo sufrí las miserias de la guer-
ra, que acabé por formar un consejo compuesto de las fuerzas
elementales del hombre y de los montes ; dichoso el que sabe
unirlas.
Fausto.¿Quiénes son aquellos hombres armados de allí aba-
jo ? ¿Acaso has sublevado al pueblo de la montaña ?
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 237
Mefistofeles. No ; pero como maese Peter Squenz (1 ) , he sabido
sacar de entre la multitud la quinta esencia.
Los tres valientes se adelantan . (2) Sam. II , xxIII , 8.
Mefistofeles. Hé aquí mis tres aliados , no te arrepentirás de
haber visto en ellos, distinta edad y trajes y armaduras diferentes,
( Ad spectatores . ) Todos hoy se apasionan por la gola y la
armadura , porque como son alegóricas , logran los bribones lla-
mar la atencion .
Raufebold . (Jóven de elegante armadura y en trage de vistosos
colores . )
Si alguno hay que se atreva á mirarme , le hundiré mi puño
en el rostro ; y al cobarde que intente huir , le agarraré por los
cabellos.
Habedald . De aspecto marcial , equipo digno y trage rico.)
Las vanas querellas son necedades en que se pierde inútil-
mente el tiempo . Procura adquirir sin pararte en los medios,
basta despues de haberlo logrado..
Haltefest. ( Hombre de edad , sólidamente armado y sin adorno
alguno. )
Y aun así se adelanta muy poco , por no haber bien que no
arrastre la corriente de la vida . Bueno es en verdad adquirir ,
pero aun es mucho mejor conservar . Sigue los consejos del viejo
perillan si no quieres verte explotado . ( Descienden juntos al
valle. )

EN LA PARTE ANTERIOR Á LA MONTAÑA .

Rumor de bandas y de músicas militares. - La tienda del Em-


perador desplegada al viento.- El Emperador y el general
en gefe Trabans.

El General en Gefe. Acertado me parece el plan de concen-

(1) El carpintero Peter Squenz , que en una pieza de Shakspeare titulada


Sueño de una noche de verano , de acuerdo con otros cinco cofrades , escogi-
dos por él entre el populacho de Atenas , representan Piramo y Tisbeo ante
el duque y la duquesa . Mefistofeles á su vez , como Peter Squenz , presenta á
sus Tres Valientes , como la quinta esencia de las fuerzas de que dispone .
(2) Alusion á los Tres Hombres Valientes de David ( 1 Reyes xxII , 8. ) Ja-
sabeam , Eleazar y Semma , terror y azote de los fil steos. Goethe reproduce
aquí aquellos tres tipos , que representan aquí los diferentes períodos de la
guerra, bajo los nombres de Raufebold , Habedald y Haltefest.
238 1 FAUSTO.
trar todo el ejército en el valle ; á él sin duda vamos á deber la
victoria.
El Emperador. Pronto lo verémos ; sin embargo , esta especie
de fuga , ó retirada , si se quiere , me aflige en gran manera.
El General en Gefe . Contempla , príncipe mio , nuestra ala
lerecha solo un guerrero puede haber creado la posicion que
ocupa , sus alturas , aunque algo ásperas , no son muy accesi-
bles , y por lo tanto ventajosas para los nuestros y peligrosas
para el enemigo ; además, no creo venga á exponerse la caba-
llería en este plano ondulado en que estamos casi enteramente
emboscados .
El Emperador. Dispuesto estoy á recompensar á los que se
"distingan en esta jornada.
El General en Gefe. ¿ No ves en la extensa llanura á la cohorte
dispuesta á entrar en batalla ? Como brillan sus picas á los ra-
yos del sol entre los vapores de la montaña ; muchos son los
miles de hombres que arden allí en deseos de probar su herois-
mo ; no habrá fuerza enemiga que no se desbande á su irresis-
tible empuje.
El Emperador. Porprimera vez contemplo este grande espec-
táculo ; vale este ejército lo que cualquiera otro de doble fuerza.
-El General en Gefe . Nada digo aun de nuestra ala izquierda .
en la que esforzados héroes guardan la sólida peña ; aquel pico
granítico en que brillan tantas armas , defiende el paso del es-
trecho desfiladero. Presiento que impotentes serán los esfuerzos
que haga el enemigo por apoderarse de aquella posicion que ha
de causar su derrota .
El Emperador. Ya se acercan allí abajo aquellos falsos alia -
dos que me daban los nombres de tio , de primo y de hermano ; y
que abusando mas cada dia del favor de que gozaban , no pa-
raron hasta quitar al cetro su fuerza y al trono su consideracion ;
no contentos aun , devastaron el imperio , uniéndose luego para
alzarse contra mí. La multitud vacila , pero acaba al fin por ce-
der ante el torrente impetuoso que la empuja.
El General en Gefe. Uno de nuestros soldados , encargado de
reconocer el terreno se adelanta precipitadamente hácia nos-
otros. ¡ Ojalá le haya sido la suerte propicia !
2 Primer Mensajero . Hemos logrado insinuarnos á fuerza de va-
lor y astucia, sin haber obtenido por esto gran resultado . Hay un
gran número que ofrece prestarte homenaje , y obedecerte como
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 239
el cuerpo mas fiel de tus tropas ; pero nosotros solo vemos en
ello un pretexto por lograr la inaccion , la discordia intestina y
la ruina de tu pueblo.
El Emperador . El egoista nunca obra á impulsos del reco-
nocimiento , de la simpatía , del deber ni del honor , y sí tan
solo en interés propio. ¡ Ah ! ¿no pensais acaso , cuando está
llena vuestra medida , que el incendio del vecino puede consu-
miros ? 387 of 204 7 , 9ld
El General en Gefe. Ahí viene el segundo mensagero ; des-
ciende á paso lento , rendido de fatiga y temblando de piés lá
cabeza.
Segundo Mensajero . Empezamos por ver un gran tumulto ;
pero de repente aparece un nuevo Emperador , y la multitud se
lanza á la llanura por las sendas que se le señalan , siguiendo ,
cual manada de carneros , la funesta bandera que se despliega
al viento. da
El Emperador. Por suerte mia veo avanzar á un rival, puesto
que por vez primera siento que soy aquí el Emperador. El casco
y la armadura despiertan en mí grandes designios ; ahora com-
prendo lo que echaba de menos en medio del esplendor y la
pompa de la corte: el peligro. Vosotros todos me aconsejabais los
juegos caballerescos , así que , el corazon me latia , y no pensa-
ba mas que en torneos ; otra en verdad seria la gloria de mis
altos hechos , á no haberme distraido de la guerra. Desde el mo-
mento en que allí abajo me he mirado en el imperio del fuego ,
he sentido en mi pecho el sello de la independencia , y se ha
apoderado de miel elemento con todos sus horrores : si era aque.
llo una ilusion , era al menos una ilusion sublime. He soñado
confusamente en victoria y fama. Hora es ya que comprenda lo
que he descuidado tan indignamente.
(Parten los heraldos para ir á provocar al anti - Emperador.
Fausto , cubierto de una armadura y con la visera medio echa-
da . - Los Tres Valientes en el trage y equipo antes citados . )
Fausto. Nos adelantamos sin tenor de que nadie nos repren-
da ; hasta en lo mas trivial , es la prevision necesaria. Bien lo
sabes , el montañés medita incesantemente para descifrar los
caractéres de la naturaleza y del granito ; los Espíritus , que
tanto tiempo han abandonado la llanura , viven mas que nunca
en la montaña . Allí silenciosos obran en el laberinto de los abis-
mos , y entre el noble gas de los ricos vapores metálicos , ana-
210 FAUSTO .
lizándolo y combinandolo todo , por tender siempre sus esfuer-
zos á hacer nuevos descubrimientos . Con la mano maestra y li-
gera de los poderes sobrenaturales , disponen de las formas
trasparentes ; contemplando luego en el cristal y su eterno silen-
cio , los acontecimientos del mundo superior.
El Emperador . Te oigo y quiero creerte; pero dime , buen
hombre , ¿ á qué viene ahora todo eso ?
Fausto. El nigromántico de Nurcia, (1 ) el Sabino es tu fiel y
respetuoso súbdito . Amenazábale cierto dia un inminente peli-
gro ; ya chisporroteaban los tizones, la llama aguzaba sus len-
guas ; el azufre y la pez embadurnaban la pira formada en torno
suyo; ni el hombre ni el diablo podian salvarlo; y, sin embargo,
tu poder rompió el ardiente círculo . Desde que ocurrió esto en
Roma, se olvidó de sí mismo por no pensar mas que en tí, y así
es que ha seguido con amor y ansiedad todos tus pasos. Solo
por ti consulta las estrellas y los abismos ; solo por salvarte nos
ha confiado la mision de acudir en tu ausilio lo mas pronto po-
sible con todas las fuerzas imponentes de la montaña . Como
obra allí la naturaleza en toda su libertad exuberante, da la es-
tupidez á sus obras el nombre de brujería.
El Emperador. Si con placer saludamos al huésped que ale-
gre acude para compartir nuestro gozo en los dias de gala, y nos
complace tanto ver á la multitud apiñarse y reducir el vasto es-
pació de nuestros salones ; ¿ qué no sentirémos por el hombre
de corazón , que libre y desinteresado nos presta su apoyo en
los momentos de prueba , y cuando está al fiel la balanza de nues-
tro destino ? Sin embargo , no empuñeis en esta hora solemne
vuestro acero sediento de gloria ; respetad el momento en que
miles de hombres se avanzan por defenderme y combatirme.
Tiene el hombre grandes deberes que cumplir por sí mismo .
Que al que aspire al trono y la corona , sea digno de honra tan
señalada ; así que, arrojemos por nuestro propio brazo al impe-
rio de los muertos al fantasma que se ha alzado contra nos, pro-
clamándose Emperador , gefe de nuestros Estados , duque del
ejército y soberano de nuestros grandes vasallos.

(1) .... Quos frigida misit Nurcia.


f
(VIRGIL. Æneid. lib . vii .)
Alude á Jorge Sabellicus , príncipe, cuyas escentricidades hacian tanto eco
on Alemania háčia el año 1507.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 241
Fausto. Por glorioso que sea dar cima á tan grande empresa,
haces mal en esponer de este modo tu cabeza. A toda costa debe
conservarse el hombre que inflama nuestro valor ; ¿ qué seria
del ejército sin gefe que le dirigiese? Si el gefe duerme todos so
aletargan, si cae herido, cunde el desaliento en las filas; así como
todos se animan al verle sano y salvo . Entonces no bay brazo
que deje de cumplir su deber , ni broquel que no se levante para
proteger el cráneo, ni espada qué no desvie ó rechace el golpe !
que luego inteligente asesta . Hasta el pié cumple en tales casos
apretando la nuca del enemigo derribado .
El Emperador. Tanto le odio, que quisiera hacer un escabel
de su cabeza aliiva. 1
Los Heraldos regresan. No hay en el campo enemigo dignidad
ni honra. Han acogido con risa estúpida nuestra proposicion
noble y enérgica. « ¡ Vuestro Emperador ha dejado de existir ,
se ha desvanecido como un eco allí abajo en el estrecho valle !
Si le mentamos aun, es por aquello de: -«Existió un dia ……….» «
Fausto. Su contestacion ha sido conforme al deseo de los me-
jores que firmes y fieles, están á tu lado. Entre tanto, ya que el
enemigo se acerca, y los tuyos aguardan con impaciencia, dispon
el ataque, porque el momento es propicio.
El Emperador. Te cedo el mando. (Al general en gefe. ) Prin-
cipe, cumple tu deber.
El General en Gefe. Adelántese pues el ala derecha , á fin de
que la izquierda del enemigo , que intenta apoderarse de la altu-
ra, tenga que ceder ante la fidelidad , nunca desmentida , de
nuestros esforzados jóvenes . 1
Fausto. Manda que ese jóven héroe , entre inmediatamente en
tus filas y que sea incorporado en tus batallones, para que sirva
en ellos de ejemplo su generoso impulso .
(Indicando hacia su derecha.)
Raufebol se adelanta. El que me mire cara á cara no volverá
la espalda sin tener rotas las mandíbulas y hendida la cabeza ,
y si tus hombres hacen trabajar cual yo , la maza y la espada ,
el enemigo quedará vencido ¡y hasta ahogado en los charcos de
su propia sangre . (Se va . )
El General en Gefe. Que el centro del ejército siga el movi-
miento, y que se oponga al enemigo con todas sus fuerzas , sin
faltar á la prudencia . Ved como el valor indomable de nuestros
soldados hace allí abajo inútiles todas sus maniobras .
16
61242 ATONTA FAUSTO .
go Fausto, señalando con el dedo al hombre del centro. Que aquel
reciba tambien tus órdenes .
Habebald se adelanta . Al valor de las legiones imperiales de-
be unirse la sed del botin. Sea la rica tienda del anti-emperador
ael blanco de nuestros ataques; no permanecerá por mucho tiem-
po en su trono ; dejad que me ponga al frente de las tropas.
6 Eilebeute, vivandera. Por mas que no esté casada con él ,
será siempre para mí el veterano preferido . ¡ Tal es la fruta cque
madura por nosotras ! La mujer es terrible cuando coje , y sin
-piedad cuando roba. Marchemos pues á la victoria ; todo nos es
permitido. (Parten.) {
El General en Gefe. Como era fácil preverlo , su ala derecha se
o arroja vigorosamente sobre nuestra izquierda ; pero como están
2 resueltos nuestros soldados á luchar si preciso es, cuerpo á cuer-
po, no logrará el enemigo apoderarse del estrecho paso del des-
y filadero.
9pp Fausto, indicando hácia su izquierda . General , te encargo no
olvides esta máxima : Bueno es que se aumenten los refuerzos
-de los fuertes....
Haltefest se adelanta . No debe el ala izquierda inspiraros nin-
-gun cuidado ; porque allí donde yo estoy la posesion no se pier-
de ; ni aun el rayo puede destruir lo que yo tengo. (Vase.)
-Mefistofeles, descendiendo de lo alto de la montaña. Ved como
en cada garganta de roca se agrupan hcmbres armados , llenando
Palos angostos senderos; solo aguardan la señal del combate for-
mando ya detrás de nosotros un muro con sus cascos, armadu-
ras , espadas y broqueles . (En voz baja á los iniciados . ) No me
pregunteis de donde esto procede ; sabed tan solo que he apro-
vechado el tiempo , y que están todas las salas de armas vacías
Pen nuestros alrededores . Allí estaban de pié ó á caballo como si
scaun fuesen los dueños de la tierra , aquellos caballeros , reyes y
Temperadores, que solo son ahora conchas vacías, en las que ha-
brá ido á envolverse mas de un espectro para resucitar la Edad
Media. Cualesquiera que sean los diablillos que hayan ido á
vaforrarse en ella , no dejarán en verdad de producir su efecto.
(En voz alta. ) Oid como se irritan de antemano y se entrechocan
con un rumor metálico ; ved como flotan en los estandartes gi-
rones de banderas que ansiaban salir al aire libre. Hé aquí un
antiguo pueblo dispuesto á tomar parte en las batallas de nues-
tros dias .
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 243
(Resuena la bélica trompa en las cumbres ; gran confusion en
el ejército enemigo .) admat bai992
Fausto El horizonte acaba de encapotarse ; solo se vé brillar
en él por intervalos un resplandor que es indicio de grandes pre-
sagios. La peña, el bosque , la atmósfera y el cielo todo están
envueltos en un mismo caos.ng on ahp bajsh , eaort me ne oq
Mefistofeles. El ala derecha se conserva firme ; pero veo en la
pelea, sobrepujando á todos , á Hans Raufebold, el gigante ex-
pedito, que está vivamente ocupado en su tarea. 10gatuíom
El Emperador. Solo ví al principio levantarse un brazo , mien-
tras que ahora veo que hay ya mas de una docena que están
batallando . Esto no es natural.mongo) „3ko nglaround 14
Fausto. ¿Has oido hablar alguna vez de aquellas nubes que
se ciernen sobre las costas de Sicilia ? Allí veréis raras formas
errando por el claro cielo, llevadas hacia los espacios interme-
dios y reflejadas en vapores singulares ; allí ciudades que van y
vienen en jardines que suben y descienden, segun la forma que
se destaca en el éter. 40IZĂU SMS mbizio
El Emperador. Con todo , es esto sospechoso. Veo brotár ra-
yos de los picos, y envueltos en un mar de llamas sutiles las bri-
llantes armas de nuestra cohorte ; todo esto me parece sobrada-
mente fantasmagórico . eb bura ZST25 QUE IM : sb
Fausto. Perdona , señor ; no son mas que vestigios de natu–
[
ralezas ideales que han desaparecido, un reflejo de los Diosca-
ros, por quienes juraban todos los navegantes. Reunen aquí sus
últimas fuerzas.
El Emperador. Pero, dime: & ¿ á quién debemos que la natura-
leza nos colme así de prodigios ?
Mefistofeles. ¿ A quién puedes deberlo sino a aquel nuestro su-
blime que lleva tu destino en su pecho? Las violentas amenazas
de tus enemigos, le han conmovido hasta en lo mas profundo de
su ser; y su reconocimiento quiere verte salvado; aunque haya
de costarle la vida. bt sud
El Emperador. Me conducian en gran pompa , porque era
entonces algo; quise probar si seria bueno devolver el aire libre
á la barba cana, y lo hice sin pensarlo mucho . Por este medio
consagré una fiesta al clero, sin que no obstante lograse atraér-
mele. Puede que ahora , despues de tantos años , recoja el fruto
de aquella buena accion. gn by bolidsge Bugties
244 FAUSTO.
Fausto. Todo beneficio reporta siempre grandes ventajas. Creo
que va á enviarnos un agüero, que podremcs comprender fácil-
mente .
El Emperador. Un águila se cierne en las regiones celestes, y
ún grifo la persigue con encarnizamiento.
Fausto El enigma para mí no puede ser mas propicio; el grifo
es un animal fabuloso ; asi que , ¿cómo se atreverá á medir sus
fuerzas con el águila real y verdadera ?
El Emperador Ahora se observan describiendo anchos círcu-
los. Pero ya se acometen para desgarrarse el pecho y la gar-
ganta .
"Fausto . Observa como el triste grifo, vencido y escarmentado,
va á ocultar su derrota en el bosque que corona la cumbre del
monte, desapareciendo en él con su cola de leon entre piernas.
El Emperador. Cúmplase el enigma que acepto con asombro .
Mefistofeles, volviéndose hacia la derecha. El enemigo cede á
nuestros repetidos golpes; y, combatiendo sin órden, se repliega
sobre su derecha , llevando así la confusion en el ala izquierda
de su principal cuerpo . Nuestro centro se dirige hácia la derecha,
y cae con la velocidad del rayo sobre el flanco mas débil; y ahora,
cual onda agitada por la tempestad , se arremeten con furia los
dos ejércitos , empeñándose por do quier un doble combate. No
puede ofrecerse un espectáculo mas bello y mas grandioso. He-
mos ganado la batalla.
El Emperador, vuelto hacia la izquierda y dirigiéndose á Faus-
to. Abrigo sérios temores acerca de nuestra posicion , que no deja
de ser muy peligrosa . No veo rodar piedra alguna ; el enemigo
ocupa ya los picos inferiores, y acaban de ser abandonados los
mas altos. Hé aquí que va el enemigo avanzando en masa, ha-
biéndose apoderado quizás ya del desfiladero, y coronando el me-
jor éxito su sacrilega intentona . De nada han servido vuestros
artificios ( Pausa. )
Mefistofeles. Ahí vienen mis dos cuervos ; veamos que noti-
cias me traen: mucho me temo que nos vayan mal las cosas.
El Emperador. ¿ Qué nos querrán esas odiosas aves , que ,
escapadas de la ardiente pelea, dirigen hácia nosotros sus negras
velas?
Mefistofeles, á los dos cuervos. Posaos junto á mi oido. El que
vosotros protegeis no puede estar perdido , porque , es sensato
vuestro consejo.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 24
Fausto, al Emperador. Ya habrás oido hablar de las palom
zoritas que, ni aun en las mas apartadas regiones olvidan nunca
cia no obstante de
su nido. Lo propio sucede aquí con la diferencia
que está confiada á aquellas aves la mision de la paz ; mientras
que exije la guerra que hayan de ser cuervos sus emisarios.
Mefistofeles. La posicion de nuestros héroes en aquella escar-
pada roca , me parece de muy triste agüero ; porque si son to-
madas las alturas próximas y logra el enemigo forzar el paso ,
será nuestra situacion bastante apurada.
El Emperador. Siempre he temido ser al fin vuestra víctima
y que me envolveriais en vuestros lazos ; tiemblo desde que me
cercan.
Mefistofeles. Animo pues , ya que nuestra situacion no es aun
desesperada : paciencia y astucia para vencer estos últimos obs-
táculos. Por lo regular es siempre al fin cuando mas se compli-
can las cosas. Ya que tengo aquí á mis infalibles mensajeros ,
confiérame el mando.
El General en Gefe se presenta durante este altercado . Te has
unido con esos , y solo me ha dado semejante union sérios cui→
dados. Nunca produce la fantasmagoría un bien durable ; por
mi parte , no sé como cambiar el mal aspecto de las cosas ; ya
que ellos han propuesto el plan de ataque , que continúen diri-
giéndole ; aquí depongo mi baston de mando.
El Emperador. Consérvale para cuando la suerte nos sea mas
propicia. Me horroriza ese repugnante cofrade sobre todo al ver
su familiaridad con los cuervos . ( A Mefistófeles . ) No puedo con➡
fiarte el mando , porque no me pareces hombre bastante á pro-
pósito para desempeñarle . Sin embargo , dispon lo necesario y
procura salvarnos , suceda lo que quiera
(Entra nuevamente en su tienda con el general en Gefe.)
Mefistofeles. Que su baston le proteja mas de lo que nos ha¬
bria protegido á nosotros , por haber en él algo de la cruz.
Fausto. ¿Qué harémos ?
Mefistofeles. Todo está ya dispuesto. —¡Ah ! negros primos
mios , que se nos sirva prontamente : id al gran lago de la mon-
taña , y despues de saludar de mi parte á las Ondinas , pedidlas
la apariencia de sus olas. Hábiles ellas en toda clase de artifi-
cios femeniles , tan difíciles de conocer , sabrán separar la apa-
riencia de la realidad , hasta el punto de que cada cual confunda
una y otra.
246 FAUSTO.
Fausto. Nuestros mensageros deben haber hecho en toda re-
gla la corte á las ninfas de las aguas. Allí abajo empieza ya á
manar , y empieza á correr al propio tiempo en todas partes, un
manantial abundante y puro . Adios victoria de nuestros con-
trários 670 201 P99m 3 20mgilis 24
Mefistofeles Hé aquí una singular acogida ; son derrotados al
dar el asalto los mas intrépidos. 8.1
Fausto. Ya el arroyo se junta al arroyo , y es cada vez mayor
el agua que corre por las hendeduras de las peñas . Hay además
aquel torrente en que flota el arco iris , que se estiende por la
superficie que en su parte superior forman las rocas , y que
mugidor y blanco de espuma va luego por grados arrojándose
al valle . ¿ Qué puede esperarse ya de una obstinada y heróica
resistencia? La corriente impetuosa se lanza sobre ellos para
sepultarlos , y hasta yo mismo tiemblo ante aquel tumulto es-
pantoso.
Mefistofeles. De mí sé decir que nada veo de ese prodigio de
las aguas ; solo la vista humana puede dejarse engañar de este
modo , lo que no deja de ser muy chocante. Temen los necios
ahogarse , mientras que respiran libremente , y hacen los gestos
mas ridículos y aparentan nadar, cuando están en tierra y á mu-
chos piés sobre el nivel de las aguas. Sin embargo, reina la con-
fusion en todas partes (Los cuervos han vuello. ) Hablaré de vos-
otros al gefe supremo ; pero si quereis dar entre tanto un gran
golpe , dirigíos desde luego hacia la ardiente fragua en que el
pueblo pigmeo trabaja incesante el metal y la piedra hasta ar-
rancarle numerosas chispas . Pedid allí hermosos discursos, y un
fuego que brille, resplandezca y chispee , un fuego tal , que ape-
nas puede uno concebirle ; los relámpagos lejanos , indicio del
calor, y las estrellas que desaparecen con la rapidez de la mira-
da , se ven con frecuencia en una noche de verano ; lo difícil es
ver surcar los rayos entre espesos matorrales y resplandecer las
estrellas en el húmedo y bajo suelo . No debeis por ello mortifi→
caros ; primero pedid , luego mandad ...
(Parten los cuervos y sucede lo que ha sido prescrito.)
Mefistofeles. Envolver al enemigo en las mas densas tinieblas
y hacerle cada vez mas incierto el paso , y deslumbrarle luego
con un subito resplandor, será verdaderamente admirable ; pero
debe buscarse además un rumor que le espante.
Fausto. Las huecas armaduras , salidas del sepulcro de las
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 2247 元
salas , parecen revivir al aire libre ; puesto que hay en la altura
un chirrido , un estruendo y una música verdaderamente falsos.
Mefistofeles. Esto va á las mil maravillas ; nada es ya cepaz
de contenerles ; ya sus caballerescas legiones hacen resonar el
espacio como en sus buenos y antiguos tiempos. Los brazales y
quijotes , cual güelfos y gibelinos , renuevan esforzadamente şu
eterna querella , y aferrados unos y otros á sus sentimientos he-
reditarios , se muestran cada vez mas irreconciliables , Ya el tu-
multo retumba á lo lejos ; y como en todas las grandes fiestas del
averno , es el ódio de los partidos el que causa mas cúmulo de
horrores. La confusion se aumenta y zumba de un modo,agudo,
penetrante y terrible , sembrando el espanto en el valle.
•( Tumulto militar en la orquesta que , no larda en tocar himnos
guerreros.) :
nmdự ng b 20 15m192

LA TIENDA DEL ANTI-EMPERADOR .


16.8
Trono ricamente adornado.. you
* bl.a is ando- 29rg zoda
1 HABEBALD Y EILEBEUTE. g erbet ja meest

Eilebeute. Hénos aquí los primeros. teab selgad , wing


- Habebald. No hay cuervo que vuele con la rapidez que nos
otros. Tx ) - 5 7E9061
Eilebeute. ¡ Cuántos tesoros hay aquí amontonados ! & Por dón-
de empézar? ¿ Por dónde concluir ?
Habebald. Podria con ellos llenarse el espacio. No sé de qué
echar mano . cb
Eilebeute. Lo mejor seria para mi esta alfombra , porque es á
veces mi cama tan mala.... 495 - 1999
Habebald. Yo voy á tomar esta porra de acero , por desear
desde mucho tiempo una igual. 1
Eilebeute. Tambien yo habia soñado en algo parecido o á ese
manto de púrpura , bordado de oro G NI 665 90956
Habebald , tomando el arma. Con esto dá uno muerte á su
contrario en un instante. Has tomado tantas cosas , y sin embar-
go, ninguna tienes en el saco que valga la pena . Deja aquí to-
248 FAUSTO.
dos esos oropeles , y llévate una de estas cajitas que contienen
la paga del ejército ; todas ellas están llenas de oro.
Eilebeute. Es tan enorme su peso , que ni siquiera puedo le-
vantarla.
Habebald. Encórvate pronto , y la cargaré en tu ancha es-
palda.
Eilebeute! ¡ Ay, ay ! su peso enorme me aplasta.
( Rueda la caja por el suelo y se rompe.)
Habebald. El oro está aquí á montones. Pronto , manos á la
obra y llévate cuanto puedas.
-9 Eilebeute , acurrucándose. Llenemos pronto el delantal .
35Habebald. Basta ya ; no pierdas ni un instante mas.
Sit shut ( Eilebeute se levanta .)
Cielos ! el delantal está roto. Do quiera que vayas ó te pares,
siembras con profusion el oro. ,,
Cortesanos del Emperador. ¿ Qué haceis aquí , en el santua-
rio? ¿ Qué buscais en el tesoro imperial ?
Habebald. Tomamos la parte de botin que nos corresponde ,
por haber expuesto nuestra vida ; porque como soldados sabe-
mos que es lo que se acostumbra hacer en la tienda enemiga.
(Los Cortesanos! No hay tal costumbre entre nosotros , que no
somos á la vez soldados y ladrones. Todo el que se acerque á
nuestro Emperador ha de ser un soldado digno .
-Habebald. Sabemos cual es vuestra honradez , á la que se
puede dar el nombre de contribucion ; porque la palabra dame
es contraseña de todos los soldados del Emperador. ( A Eilebeu-
te.) Anda listo, salva lo que has recogido , puesto que no somos
aquí muy bien recibidos. ( Vanse.)
Primer Cortesano. Dime , ¿ por qué no has ahofeteado á aquel
impertinente?
Segundo Cortesano . Solo ha podido contenerme lo que he visto
en ellos de fantasmagórico.
· Tercer Cortesano. Tambien estaba yo deslumbrado por el res-
plandor que brillaba en torno mio.
Cuarto Guerrero. Tampoco yo sé como esplicarme el calor que
ha hecho todo el dia ; era la atmósfera tan sofocante y pesada ,
que no habia quien pudiese resistirla ; y, cosa estraña , mientras
uno tambaleaba antes de dar con su cuerpo al suelo , heria y
derribaba á cada golpe un adversario. Imposible me parece que
en medio del tumulto de confusos sonidos que reinaba , pudiese
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 249
continuar la pelea ; lo hemos oido y visto todo , y aun dudamos
de lo que se ha hecho.
El Emperador y cuatro principes se adelantan.
( Los cortesanos se alejan.)
El Emperador. No importa , la victoria es nuestra ; los últi-
mos dispersos del enemigo acaban de desaparecer en la llanura
Aun se levanta aquí el trono que acaba de ser abandonado ,
junto con los inmensos tesoros que habian procurado codiciosos
defensores. Aquí mismo , colmados de honores , aguardarémos ,
como Emperador, á los enviados de los pueblos ; de todas partes
se reciben noticias favorables ; ¡ descienda la paz sobre el impe-
rio que reconoce nuestra soberania ! Si ha habido en ello algo de
hechicería , bien caro lo ha pagado nuestra persona ; ruda ha
sido no obstante la prueba que han sufrido nuestros guerreros ,
hasla que han empezado á llover piedras y sangre sobre el ene
migo , y á salir del seno de las cavernas voces poderosas y es-
trañas que han dilatado nuestro pecho y comprimido el de nues-
tros contrarios. Cayó el vencido para su eterno baldon ; en su
gloria el vencedor entonó un himno á la divinidad propicia, que
á coro repiten millares de súbditos , sin necesitad de mandárselo
Entre tanto , como alabanza suprema , dirijo al cielo y á mi con-
ciencia una mirada piadosa , lo que solo hacia antes muy rara
mente. Por mas que un jóven príncipe en su pasajera dicha pierda
inútilmente el tiempo , dia vendrá en que la esperiencia le en-
señe la importancia de todos sus momentos . Por esto he querido
llamaros sin tardanza á mi lado , ya que sois los cuatro mas dige
nos , para que me ayudaseis á regir mi casa , la corte y el impe
rio. ( Al primero. ) Príncipe , á tí es á quien debemos la sabia dis
posicion del ejército , y en el momento decisivo su direccion fir-
me y heróica. Obra ahora durante la paz segun las circunstancias
lo exijan ; puesto que te nombro general hereditario y te confiere
la espada.
El General Hereditario. Cuando tu fiel ejército ocupado hasta
ahora en el interior , se dirija á las fronteras para asegurar tu
poder y tu trono , séanos permitido , en medio del concurso in-
menso , reunido para las fiestas en los vastos salones del palacio
de tus antepasados , disponerlo todo ; pues , quiero ante tí y átu
lado , llevar desnuda esta espada , que ha de ser la salvaguardia
eterna del mas grande de todos los poderes. pp mann a sdedirsi
El Emperador, al segundo, Tú que al valor sabes unir la de-
250 FAUSTO .
licadeza y cortesía , sé desde ahora mi gran chambelan , ya que
conoces lo difícil de este cargo . Te pondrás al frente de todos los
empleados de nuestra casa que , por la discordia intestina que
los separa se han convertido en malos servidores ; y haz que tu
ejemplo les imponga en lo sucesivo el deber de hacerse agrada-
bles á su gefe , al país y á la corte.
El Gran Chambelan. La ejecucion de las grandes ideas de
nuestro amo y señor, nos imponen la obligacion de proteger á los
buenos , de no dañar ni aun los malos y de mostrarnos con to-
dos , claros sin artificio , y apacibles sin engaño . Señor , esto basta
á mi gloria. Apenas puede la imaginacion comprender la gran -
diosidad de aquella contínua fiesta ; antes de sentarte á la mesa ,
tocaráme presentarte la cubeta de oro y tener el asa del jarro ,
para que se refresque tu mano , ya que rejuvenece mi corazon
tu mirada o' BOJ SPD COLь ,fet
El Emperador. Estoy en verdad tan preocupado, que no po-
dría disponer fiesta alguna ; pero , sea : ya que la alegría es tam-
bien mensajera de la dicha . ( Al tercero. ) A tí te tomo por trin-
chante ; disponiendo que estén desde ahora á tus órdenes la
quinta y la caza ; procura , sobre todo , que se me sirvan mis
platos favoritos , segun la estacion , y que estén perfectamente
condimentados.
EVEscudero Trinchante. Consideraré como un deber la ob-
servancia de un riguroso ayuno , hasta haber logrado presentarte
suculentos mani
manjares que te deleiten ; solo pido en cambio que
lós cocineros se unan á mí para acercar las distancias y antici-
par las estaciones. Ya sé que no son las viandas raras , ni el lujo
y ostentación de la mesa lo que tú deseas , por haber preferido
14
siempre lo sólido y lo sencillo .
El Emperador, al cuarto . Ya que de fiestas se trata , conviér-
tete, jóven héroe , en copero.[Así pues , Copero del imperio , pro-
cura desde ahora estén mis bodegas provistas de buen vino;
pero no olvides que debes ser sóbrio hasta el punto de no pasar
nunca los límites de una prudente alegría.
El Copero. Príncipe , basta poner la confianza en los jóvenes
para convertirles en hombres antes de tiempo. Yo tambien mer
veo en medio de aquella gran fiesta ; ya dispongo en ella con
toda magnificencia el festin imperial , y cubro la mesa con una
vagilla del mas alto precio , escogiendo para ti la copa encanta-
dora de puro cristal de Venecia , en cuyo fondo hay el específico
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 251
que da al vino mejor sabor y que tempera su fuerza. Sobrada
es la confianza que se liene a veces en semejantes talismanes ,
tu sobriedad , Señor , será la mejor garantía. (1 ) ,
El Emperador. Por mi sabeis el destino que os he conferido
en esta hora solemne ; pero , por poderosa y segura que sea la
palabra del Emperador, os falta aun el titulo ó nombramiento
oficial , la firma ; y hé ahí que viene el único hombre que puede
estenderle en debida forma .

Entra el Arzobispo . (2) Fob

El Emperador. Cuando una bóveda está perfectamente cons-


truida , nada puede con ella la accion del tiempo . Aquí ves á los
cuatro príncipes , con los que acabamos de proceder á la cons
titucion de nuestra casa imperial ; ahora que todo lo que el im-
perio contiene en su seno se apoya con fuerza y poder en el nú-
mero cinco , quiero que brillen los cuatro príncipes sobre todos 3
los demás , y por lo mismo aumento desde ahora la extension ded
sus dominios con el patrimonio de todos los que no nos han sido
fieles. Así , pues , á vosotros , que habeis sido leales , voy á ad-
judicaros un hermoso pais , uniendo á ello el derecho de estent
derle á lo lejos , sea por herencia , adquisicion ó cambio, Luego
que ejerzais los derechos señoriales que os pertenecen , podréis
pronunciar sentencias , y será inapelable el fallo que dé vuestro
tribunal sublime. (3) Además , os concedemos los impuestos, el
censo , los derechos de homenage y de escolta , los peages y los
monopolios de minas , salinas y moneda ; porque deseando pro
baros nuestro reconocimiento , os hemos dado el primer rango,
despues del que á Nos toca. (4)

(1) Las cuatro dignidades que el Emperador confiere á sus ministros , son
los atributos de los Electores de Alemania , ó sean, los Electores de Sajonia ,"
Brandeburgo , el Palatinado y Bohemia. Al advenimiento al trono de cada
Emperador, desempeñan los Electores personalmente las funciones que aquí
indica Goethe. Compárese esta escena con la balada de Schiller : El Conde de
Habsburgo.
(2) El arzobispo , que era al propio tiempo canciller , representa aqui al
Elector de Colonia , que reunia desde el año 1246 ambas dignidades .
(3) Privilegium de non appellando,· en las prerogativas de los Electores
del imperio.
(4) Goethe parece complacerse en reproducir aqui el sentido y hasta las
palabras de la bula de oro , que tan vivamente le impresionó en su juventud
Con motivo de la coronacion de JoséII. -Dichtung Wnuahrheit. (Th. I.S. 248. )
252 FAUSTO.
-El Arzobispo. ¡i Suban hasta tí las gracias que te doy á nom-
bre de todos ! Tú nos haces poderosos y fuertes , y aseguras al
propio tiempo tu poder.
El Emperador. Aun quiero concederos á las cinco mas altas
dignidades . Vivo por mi imperio , y me siento aun animado del
deseo de vivir por él ; pero el recuerdo de mis antepasados me
obliga á apartar la vista de esa actividad militante y me inspira
tristes ideas. Tambien yo tendré al fin que separarme de mis
fieles ! y ahora para entonces á vosotros os elijo para que me
nombreis un sucesor , que luego de coronado llevaréis al ara
santa , á fin de que á nuestras sangrientas discordias sucedan
en su reinado dias de bonanza y de calma.
El Canciller Mayor. Todos los príncipes de la tierra se incli-
nan delante de tí con la humildad en el rostro y el orgullo en el
fondo del pecho . Mientras hierva la sangre en nuestras venas ,
serémos siempre el cuerpo que tu voluntad hará obrar.
El Emperador. Así pues , concluyamos ; y que lo que hemos
resuelto hasta aquí , quede justificado por documentos oficiales
debidamente firmados. Estais pues en plena y libre posesion de
todos los bienes que de Nos habeis recibido , con la condicion ,
empero , de que deben ser indivisibles , y que de cualquier mo-
do que logreis aumentarlos , han de pasar en su totalidad á
vuestro hijo primogénito.
El Canciller Mayor. Desde ahora voy á confiar al pergamino
ese importante estatuto , que labrará la dicha del imperio y la
nuestra. Las copias selladas deberán ser expedidas por la canci-
llería , dignándote tú , Señor , autorizar el acta con tu sagrada
firma.
El Emperador. No quiero deteneros por mas tiempo , á fin de
que cada cual de vosotros pueda meditar en el recogimiento
acerca de esta memorable jornada.
(Los príncipes temporales se alejan .)
El Principe de la Iglesia se queda y habla con enfasis . El can-
ciller se aleja y el obispo se queda ; porque un secreto presenti-
miento de obliga á hablarte al òido para advertirte el peligro: su
corazon paternal tiembla por tí.
El Emperador. Dime, ¿ cuáles son las angustias que te asedian
en este feliz dia ?
El Arzobispo. ¡ Con cuanto dolor no te veo á estas horas unido
con Satán ! Héte aquí , en apariencia al menos , seguro en tu
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 253
torno ; pero ¡ ah ! solo lo debes á tu falta para con Dios y nues-
tro santo Pontífice. Si el Papa estuviese informado de ello , te
impondria desde luego un castigo terrible , y no tardarian los
rayos de su justicia en aniquilar tu imperio, imperio del pecado ;
porque no ha olvidado aunque el dia de tu coronacion salvaste al
hechicero , ni que el primer rayo de gracia que brotó de tu dia-
dema fué para él , en perjuicio de la cristiandad . Pero arrepien-
tate y dá al santuario una parte de aquella fortuna ilegítima .
Aquel pais montuoso en que flota tu tienda , donde acudió en
tu ausilio el maligno espíritu , por haber prestado oidos al prin="
cipe de la mentira , cédelo ahora para que se haga en él alguna
obra piadosa. Añade además en dote el monte y el espeso bosque
que se pierden de vista á lo lejos , las alturas que se cubren de
pastos eternos , los lagos límpidos que tanto abundan en peces
los numerosos arroyos que rápidos serpentean arrojándosemalt
valle que , deberias tambien ceder con sus prados , llanuras y
barrancos de este modo manifestarás tu arrepentimiento, y al-
canzarás el perdon de tus faltas.
El Emperador De tal modo me espanta la enormidad de mi
falta , que quiero que tú mismo indiques lo que he de hacer por:
1
repararla.
El Arzobispo, En primer lugar debe cederse á la iglesia el ter
reno en que se consumó el pecado ; paréceme ver ya levantar
en él fuertes paredes ; que el sol de la mañana ilumina su coro ;
que el edificio en construccion va ensanchándose en forma de
cruz , y que la nave se prolonga y se eleva con gran placer de
todos los fieles , que llenos de fervor se agrupan en la puerta
principal. El primer tañido de la campana resuena ya al través
del monte y del valle , mientras que su sonido hace retemblar
aun el alto campanario que se pierde en las nubes ; y á su acen
to acude el pecador para recobrar la calma y la vida. ¡ Ojalá ,
podamos ver en breve el dia solemne de la inauguracion , que
tanto realce ha de dar á la fiesta !
El Emperador. ¡ Que esa grande obra demuestre el deseo que
nos anima de alabar al Señor y espiar nuestros pecados ! Siento
ya elevarse mi espíritu.
El Arzobispo. Como canciller yo me encargo de dar las órde-
t
nes y de disponer las formalidades necesarias.
El Emperador. Puedes estender un documento en forma , por
el cual pueda la iglesia incorporarse de aquellos dominios ;
251 RTRAIT * FAUSTO.
luego me le someterás y yo la afirmaré con el mayor gusto.
207)El Arzobispo , retrocediendo despues de haberse despedido.
Se entiende que consagras para siempre á la nueva construc
cion todas las rentas del pais , diezmos y censos ? De otro modo
seriasimposible, sostener dignamente semejante fundacion ; para
݉nticipar la ereccion del monumento en un terreno tan inculto,
preciso será que nos ausilies con un poco de oro de tu rico bo-
tin.- Tampoco puedo ocultarte , que necesitarémos maderas ,
cal, pizarras y otros materiales que han de venir de muy lejos.
El pueblo se encargará del trasporte , al recordarle nosotros que
da iglesia bendice al que trabaja por ella . ( Vase.)
20 El Emperador . ¡ Cuán enorme es el pecado por mí cometido !
Ese maldito pueblo hechicero es la causa de todos mis apuros.
mobEl Arzobispo , se presenta otra vez haciendo una profunda re-
Overencia. Perdona , Señor , aquel hombre de mala fama ha reci-
bido en feudo el litorale del reino ; pero puedes estar seguro
de que se le condenará al destierro , si no confieres á la iglesia
los diezmos , el censo , los derechos y las rentas de aquel domi-
anio.9
1911El Emperador. Aquel pais está aun sumido en el fondo del
mar.
20 El Arzobispo. Para el que tiene el derecho llega siempre su
dial Solo os exigimos vuestra palabra .
12 ¿El Emperador , á solas . A este paso , en breve tendré que ce-
der todo el imperio."
-2cb marcup abiln
-strabuty
7610 16 1

-god .256 . ACTO QUINTO .

J. PAIS DESCUBIERTO .

Un Viagero. Veo alli abajo los tilos sombríos en toda la fuerza


de su vejez ; quién me hubiera dicho que habia de volver á
hallarles , despues de tan largo viaje ! Hé aquí tambien la caba-
ña que me recogió al arrojarme las aguas á este sitio : ¡ cuánto
daria por poder bendecir á mis huéspedes compasivos ! Pero era
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 1255
ya entonces aquella buena pareja , para que la encuentre hoy ,
sobrado entrada en años. ¿ Llamaré á su puerta ? ¡Nosotros
que cifrais la dicha en hacer bien , verdaderos apóstoles de la
hospitalidad , yo os saludo.
Baucis , (madre muy anciana.) Chiton , chiton , querido estran-
gero ; deja descansar á mi esposo : solo un prolongado sueño
puede procurarle la actividad de que tanto necesita para su corta
vela.
El Viagero. Dime , madre , ¿ estás aun aquí para recibirclas
gracias , en reconocimiento de lo que antes hiciste , junto con tu
esposo , por la vida del jóven ? ¿ Eres tú aquella Baucis , cuyos
solícitos cuidados devolvieron la vida á mis cárdenos labios ?
(Se adelanta el esposo . ) ¡ Salud , oh Filemon, que con fuerte brazo
arrancaste mi tesoro del fondo de las aguas ! Al vivo resplandor
de vuestro faro y al claro sonido de vuestra campana, se debió
el que no fuese aun mas funesto aquel triste acontecimiento.d
Dejad que me adelante y contemple el mar infinito ;o dejad
que me arrodille y ore , porque me ahogo lapse 20 2190 201
Filemon á Baucis . Vé á disponer inmediatamente la mesa en
el punto mas florido de nuestro jardin. -Déjale entretanto correr
y asombrarse, por parecerle todo cuanto vé un sueño . (Le sigue.)
Filemon , sentado junto al Viagero , El elemento terrible que os
trató antes con tanto rigor , le veis hoy convertido en un jardin ,
que es un verdadero paraiso. Anciano ahora , mis miembros se
entorpecen ; y , como no estoy ya en disposicion de acudir en
ausilio de nadie, las aguas se retiraron á medida que iban des-
apareciendo mis fuerzas . Los esforzados criados de los prudentes
señores abrieron fosos , levantaron diques y rechazaron al mar
por quedarse con las tierras en que antes aquel imperaba; asi es,
que en vez de agua, ves ahora verdes praderas , jardines , bos-
ques y un pueblɔ . Ven ahora y contempla el espectáculo que vá
á ofrecernos el sol poniente . - Con todo , se ven aun á lo lejos
deslizarse algunas velas , que van en busca de un punto seguro
para pasar la noche ; -cada ave se dirige á su nido ; - ahora
hay allí abajo un puerto. Por esto no apercibes en el horizonte
& mas que el azulado repulgo marítimo , y un espacio circular en
» que todos los habitantes se apiñan .

,
256 FAUSTO.
Conrod we sb oito ko

aiv esquo , so EN EL PEQUEÑO JARDIN.


ag aglitem and peony ,
(Una mesa para tres . )
asiup à ,C s podro
Baucis , al Estrangero. Estás callado y con la boca entreabier-
ta sin probar cosa alguna.
Filemon . Es porque desea saber algo acerca del prodigio que
no se cansa
291m1 m de admirar ; tú , que siempre estás dispuesta á ha-
blar , refiéreselo.
Baucis. Si , fué verdaderamente un prodigio , que aun hoy
diaomne vivamente afectada ; porque el modo con que todo
30110me& tiene
0
se nada bueno me indica.
Filemon. Acaso el Emperador cometió un crímen al otorgarle
la orilla? Vino un heraldo á proclamarlo con toda pompa, y pronto
se levantaron en nuestra duna varias tiendas y cabañas. —Tam-
bien se levantó en breve un palacio entre el follage .
Baucis. De dia trabajaban los criados con espantoso estruen-
do ,, merced á á los mil repetidos golpes de palas y azadones de
modo que, do quiera serpenteasen de noche las chispas , estaba
al dia siguiente levantado un dique. La sangre humana era der-
ramada en sacrificio ; turbaban
turbaban el silencio de la noche gritos de
mortal angustia ; é iba la ola incandescente rodando hacia el
mar , por haberse terminado ya un canal al romper el dia. Es
un impío ; nuestra cabaña y nuestro bosque excitan su codi-
cia y por mas déspota que sea , debemos acatarle .
Filemon. Sin embargo , Inos ha ofrecido fértiles tierras en el
nuevo pais .
Baucis . No creas en tierras que han cubierto las aguas; con-
serva tu morada en la altura
Filemon Dirijámonos á la capilla para contemplar los últimos
rayos del sol ; vamos á tocar la campana , á arrodillarnos
orar y a entregarnos en cuerpo y alma al Dios antiguo.
sung au ills obov¶ aurasas
1
ab obinge is oupl0q UN PALACIO .
-9d nu 29 ; noiosзin8270 02 § 60%
alley (eb ofase is alvasto Parque , Canal inmenso .
-9829 86011921q estno os mererves
Fausto, enteramente decrépito , pascándose en ademan pensativo.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA 257
Linceo , Guardia de la Torre . ( Por medio de su bocina . ) El
sol declina y entran los últimos buques audazmente en el puerto.
Pronto va á llegar aqui en el canal, una gran canoa , cuyas vis-
tosas banderas flotan alegremente en los aires ; los mástiles es-
tán dispuestos , y el contramaestre se glorifica en ti , á quien
sonrie la fortuna por dilatados años
( La campana resuena en la" plaza .)
Fausto , estallando . ¡ Maldito sonido , que me humilla é hiere
en lo mas hondo de mi corazon , como el tiro disparado de en-
tre unos matorrales ! ¡ Se estiende ante mí un reino sin límites
y tengo siempre á mi lado un enemigo que me provoca y recuer-
da con el sonido de esta campana la ilegitimidad de mis inmen-
sos bienes ! Ni el bosque de tilos , ni la casita que junto á ellos
se levanta , ni la capilla cubierta de musgo , no me pertenecen ;
si por distraerme , me dirijo alguna vez hácía aquella parte ?
me suceden cosas raras que me espantan ; solo hay allí llanto
para mis ojos y espinas para mis piés . ¡ Cuánto daria por estar
lejos de aquí ! (1) ex
El Guardia de la Torre , como antes . ¡ Como el viento de la
tarde empuja hácia nosotros á la brillante canoa ; hasta en su
cargamento se nota la rapidez de su carrera !
(Magnifica canoa , provista de un cargamento rico y variado,
quecontiene varios productos de regiones lejanas .)Mfque ishom

Coinmi8cu
MEFISTÓFELES y los Tres esforzados Colegas.1

Coro. Saltemos pronto á esa tierra amiga que ya casi nuestra


mano alcanza , y saludemos con efusion al dueño y señor que
3739 8
impera en ella.
Mefistofeles. Nos hemos portado heróicamente ; solo nos falta
que apruebe el amo nuestra conducta . Solo teníamos al partir dos
buques , mientras que ahora contamos ya veinte en el puerto .
En nuestro cargamento pueden verse las grandes cosas que be-
mos hecho ; la libertad del mar emancipa el espíritu : solo alli
puede verse lo de que es capaz la reflexion. Puede allí un puña-

(1) La campana de la capilla importuna á Fausto , porque el sonido de


metal agudo y penetrante inquieta y repugna á su organizacion ; es un he-
cho idiosincrático , como el de la aversion de Walleirstein al canto del gallo.
En esto se conoce tambien à Goethe por su aversion á ciertas prácticas exte-
riores.
17
258 ATOPHANT FAUSTO. 283-
do de hombres resueltos hacer la fortuna ; allí se coje un pez ,
se apresa un buque ; cuando uno tiene tres no para basta atraer-
se el cuarto; y con tal que tenga la fuerza , no le falta nunca el
derecho . Se pregunta porque y no como ; seria no tener ningun
conocimiento en la navegacion , el suponer que la guerra , el
comercio y la piratería no són inseparables .
4Los tres valientes Colegas. ¡ Ni gracias ni un saludo, ni un sa-
ludo ni gracias , como si llevásemos un montón de escombros !
Parece estar de un humor insoportable ; no le halaga el botini
del rey en lo mas mínimo. anks
Mefistofeles. No espereis recompensa alguna ; pero tomad la
parte que os toca.
Los Colegas. Esto causa fastidio : todos exigimos una parted
igual.
Mefistofeles. Empezad por esponer sobre el puente todo lo mas
precioso , á fin de que cuando venga á contemplar aquel rico
espectáculo, pueda verlo todo con mas exactitud ; de seguro no
se mostrará avaro , antes bien dispondrá fiestas y mas fiestas en
honor de la flota. (Se dispone el cargamento.)
29Mefistofeles , á Fausto: Contemplas tu dicha con rostro som-
brío y triste mirada ; á tu saber se debe el que esté el mar recon-s
ciliado con su orilla, y que reciba de buen grado al buque para
impulsarle á un activo y largo viaje . Confiesa que desde este tu
palacio puedes abarcar el mundo ; que todo salió de aquí ; que
fué construido aquí el primer buque , y que donde solo habia
antes un estrecho foso , hace hoy el remo levantar las olas. Tu
pensamiento elevado y la actividad de los tuyos , han sabido
conquistar el mar y la tierra. Desde aquí....·-
Fausto. Condenado sea el que aquí me postra y me abate. A
li, que eres hombre de recursos no debo ocultártelo : me siento
herido en lo mas íntimo del corazon , y no puedo por mas tiem-
po soportarlo ; cada vez que pienso en ello me siento humillado
y confundido . Seria preciso alejar á los ancianos de allí abajo ;
quisiera que estuviese mi morada entre aquellos tilos , cuyos
pocos árboles me hacen odiosa la posesion del mundo , por no
ser mios. Quisiera cortar las ramas de allí abajo, por poder con-
templar lo que he hecho , abarcar de una mirada la obra maes-
tra del espíritu humano y animar aquellos inmensos espacios
conquistados para establecer en ellos infinitas moradas .
Sentir
2079 90 94en la riqueza la necesidad de lo que mas falta hace , es
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 2805
el mayor de los tormentos. El sonido de la campana y el olor
que exhalan los tilos me envuelven como si estuviese en la igles
sia y el sepulcro. Hasta en estos arenales se cumple la volunta@?
del Omnipotente. Por mas que al parecer me resigne, no puedo
oir el sonido de esa campana sin enfurecermeal ng cangi´minonoo
Mefistofeles. Sé muy bien cual es el principal fastidio que enoɔ
venena tu existencia ; ¿ por qué negarlo ? No puede haber oido
noble y delicado al que no repugne el sonido de las campanas ; {
siempre es aquel bim bom eterno el que ha de tener su parte ent
todos los acontecimientos del hombre , desde su bantizo hasta sub
entierro , como si fuese su vida otra cosa que un vano sueñoм
Fausto. La resistencia y la obstinacion hacen aquí insoportasq
ble la posesion mas bella ; y solo por su tormento se obstina uno
en ser justo. INUYE
Mefistofeles. ¿Por qué molestarte de esta manera? ¿ Acaso no
quieres colonizar? +
Fausto. Vé pues , y procura despedirlos : ya sabes cual es eb
pequeño Eden que he escogido para aquellos dos ancianos.om 92
乘 Mefistofeles . Se les sacará de allí, y antes de que lo notémpes-
tarán ya instalados. La hermosura de su nueva habitación les
bará olvidar muy pronto la violencia sufridą.shaxim qlzin! yond
} (Da un silbido agudo. Los tres se adelantan.)
Mefistófeles. Id á poneros á disposicion del gefe , mañana has
brá fiesta naval. obom Ip 1857ada zobouq oiosisq
Los Tres. El viejo dueño nos ha recibido mal ; nosʊ debecunal
fiesta señalada. opened , ent n baren, ou entes
Mefistofeles ad spectatores. Lo que aquí sucede no es cosa nue
va, puesto que ocurrió ya en la viña de Naboth. (1) 416 -apuos
( 1 ) Mefistofeles , como verdader diablo que sabe su biblia , cita aquí la
historia de la viña de Naboth , siempre dispuesto a sostener que no puede
ocurrir en el mundo nada nuevo . Naboth de Fezabel tenia una viña cerca del
palacio de Achab , rey de Samaria , Cierto dia este le dijo: « Dadme la viña
para acer una huerta, y yo os daré otra mejor, úos la si »
A 8 contestó Naboth: «Dios me libre de daros la herencia de
Entonces la reina Jezabel dispuso en nombre de Achabi, que fuese Naboth
acusado de blasfemo contra Dios y el rey, y en su consecuencia apedreado. La
órden de Jezabel fué cumplida; pero la posesion de la viña causó la desgracia
de Achab. (Reg. 111. 21.)
Mefistofeles , que sabía muy bien la triste historia de Naboth, sin duda por
haber tenido gran parte en ella algunos miles de años antes , vel que Fausto
en su criminal codicia no es mas que un pobre plagiario del rey de Samaria.
Las pasiones humanas , aun en sus mayores extravios , no pueden inven
tar nada nuevo ; mientras que el manantial del bien siempre nuevos
y desconocidos cauces.
260 VAUSTO.
ገጽ * A
176 abcia obis z વાસ
-omuil situs b NOCHE PROFUNDA .
afrog 19.sind£ -03
Linceo, Guardia de la Torre , cantando mientras está de cen-
tinela . Aunque nací para ver y observar, y estoy pegado siempre
à esta torre, es para mi el mundo bello ; puesto que miro á lo
lejos , y contemple de cerca la luna , las estrellas , los bosques y
ganados en toda su eterna hermosura . Ojos afortunados , todo
cuanto habeis visto es digno y noble. (Pausa.)
STNo es tan solo por mi recreo que estoy colocado á tanta altu-
ra ; al contrario, grandes son los peligros con que me amenaza el
seno de este mundo de tinieblas . Sobre mi cabeza serpentean los
rayos por entre la doble oscuridad de los tilos , y aumenta cada
vez mas el incendio atizado por el viento que zumba . Hasta arde
la húmeda cabaña que poco ha se alzaba cubierta de musgo ; y
en vanose implora por salvarla un pronto socorro . ¡ Pobres an-
cianos que tanto procurában evitar el incendio ! ¿ quién hubiera
creido nunca que llegasen á ser presa de las llamas ? Son tan rá-
pidos los progresos del voraz elemento , que hasta el musgo no
es ya mas que una brasa purpúrea : ¡ puedan al menos los dos
ancianos
librarse de aquel infierno incandescente ! Desde aquí se
oye el chisporroteo de las secas ramas que se encienden , arden
y desaparecen en menos de un minuto. ¡ Por qué tender mi vista
en en
tan lejos , si habia de descubrir tan triste espectáculo ! La capilla
á su vez se derrumba bajo el peso de los ardientes tizones ; las
llamas serpentean en torno de las cimas de los mas altos árboles,
y los huecos troncos abrasados hasta su raiz , tienen un color
purpurino. (Larga pausa . Canto .)
El paisaje antes tatan grato à la vista , ha ido á unirse con los
siglos .
Fausto, en n su balcon. T
Tardíos son ya los tristes acentos que
llegan hasta mi oido ; tambien gime mi centinela , sin pensar que
su acto de impaciencia me penetra de dolor el alma. El plan-
tío de los tilos ha desaparecido enteramente , sin quedar de él
mas que un monton de troncos carbonizados ; pero en breve
tendrémos allí un hermoso Eden , desde el que la vista podrá
complacerse en lo infinito , tambien, podré descubrir desde allí
la nueva habitacion en que los dos ancianos ; merced á mi cle-
mencia magnária, verán trascurrir tranquilos sus últimos dias.
SEGUNDA PARTE DE *LA TRAGEDIA. 261
Mefistofeles y los Tres, en voz baja . Hemos venido á toda pri-
sa ; perdonad si no ha ido todo como vos deseabais . Hemos
llamado y dado fuertes golpes sin que nadie nos abriese ; por lo
que nos hemos visto obligados á derribarr la puerta. Una ve
dentro, hemos dado voces y proferido amenazas, sin que tampo-
co nadie nos contestase ; y entonces , como se acostumbra en
tales casos , sin perder tiempo te hemos desembarazado de aque-
20191
llos importunos huéspedes. En breve los dos ancianos han su-
cumbido al terror de que estaban poseidos ; pero un estranjero
que se encontraba allí ha querido resistirse y le hemos tendido
muerto. Se ha declarado el incendio durante la lucha ; y ahora
la llama lo invade todo, formando como una pira dispuesta para
los tres...
Fausto. ¿ Si estariais sordos al recibir mis órdenes ? Yo queria
un cambio y no una expoliacion . Rechazo y maldigo ese acto
injusto y brutal , del que solo vosotros sois responsables.
Coro. La Palabra , la antigua Palabra , dice : Obedece de buen'
grado á la fuerza; y, si estás resuelto, si quieres sostener·lel asal
gobiono
to" espon tu casa, tu hogar y tu persona. ( Panse.)
Fausto, en el balcon. Las estrellas ocultan su resplandor y sus
rayos , á causa del fuego que arde á menor altura , alizado por
un airecillo que hace llegar hasta aquí el vapor y el humo ,13¡ OP-
elanum 940
den dada en un instante , y ejecutada demasiado pronto !
456909764629b Y
& Qué espectro es el que viene flotando hacia mí ?
cod eojol ast
for reh në TOV UK 8
1
429 Plusque esmal
MEDIA NOCHE V sud eol v

(Se adelantan cuatro mujeres en trage de color parduzco.


2015 201
3,01214
La Primera. Danme á mí el nombre de Angustia .
00mm 7m stead asgeil
La Segunda. A mí me llaman la Deuda.
La Tercera. Mi nombre es Afliccion liceni ob 0.08 m
La Cuarta. Yo me llamo Necesidad. set of solid gol ab of:
Terceto. La puerta está cerrada , y no entrarémos; allí vive un
rico, y nos es imposible introducirnos. od as ills sobibas3
La Angustia. Yo me convierto en fantasma . 9 ansʊsiqmor
sguided sreda
La Deuda. Allí dejo yo de existir.
La Necesidad. Alli la vista se aparta de mí. £14904
$262 AIONDANT A FAUSTOJAC MIX Lake
supElCuidado. Vosotras no os atreveis á entrar, bermanas mias;
perolla Afliccion sabe deslizarse diestramente por el ojo de la
9llave (La)Afliccion desapareces )cmor
26LasAngustia Mis tristes hermanas , alejaos de aquí.
La Deuda. Yo me uno á tí , por no separarme nunca de tu
olado199stila à¸obanm ls agruto à obawa
--o La Necesidad Pues yo tambien te acompaño , resuelta á seguir
otus huellason gum -n! cb 20gm Pu ** b
--an Tercelo. Las nubes desaparecen , las estrellas se ocultan tras
ellas y llegan de lejos, de muy lejos . Hé aquí que llega tambien
-Ja Muerte , nuestra hermana, con
91 Fausto, He visto venir cuatro y solo vuelven tres ; en vano
-intento penetrar el sentido de sus palabras , á pesar de haber oido
-que pronunciaban las de Remordimiento y Afliccion . Tambien
abe pido una rima sombría.... la muerte , palabra pronunciada en
z voz hueca y ahogada, como la voz del espectro. Por mas es-
sfuerzos que haga no puedo reponerme. ¡ Oh mágia ! cuánto daria
por alejarte y olvidar tus fórmulas ! ¡ Oh naturaleza ! que solo
7 sea un hombre ante tí , que no sea mas que un hombre ! ! A ser
algo mas seria el vivir cosa digna!
Un hombre lo era ya antes de cruzar las tinieblas ; lo era ya
antes de blasfemar del mundo y de mí. Está , ahora , empero , la
atmósfera tan impregnada de nigromancia, que no queda nin-
gun medio para librarse
li de ella. Si viene á sonreirnos alguna vez
dia radiante y sereno , no larda en seguirle la noche para ex-
braviarnos en un triste laberinto de sueños. Si alegres penetra-
mos en un florido prado , hay siempre en él un ave, cuyo triste
canto nos anuncia la desgracia , haciéndonos caer en los lazos de
la supersticion , que nos cerca y obliga á permanecer entre sus
garras, por mas que pueda el espanto causarnos la muerte. La
puerta rechina y nadie entra. ( Con terror.) ¿ Hay aquí alguien ?
- La Afliccion, La pregunta me obliga á contestar afirmativa-
mente.tv
Fausto. Habla pues , ¿ quién eres ?
La Afliccion. Aquí estoy.
norFausto. Vete .
La Afliccion.9 Estoy en mi puesto.
.es Fausto, con exaltacion y luego moderandose. Entonces sé cir-
cunspecto y no hables una palabra de mágia.
인 La Afliccion, Por mas que no quieran oirme , sé siempre
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. $263
anunciarme á los corazones , merced á las varias formas que
tengo para cumplir mi triste deber. En el mar como en la tierra,
soy siempre compañera incómoda , que todos encuentran sin que
nadie me busque , viéndome á la vez halagada y maldecida¿Has
conocido la Afliccion ? c 16. Il & on 9mm of wkusd *I
Fausto. Me he limitado á cruzar el mundo , á satisfacer en lo
posible todos mis deseos y á prescindir de todos los que no po-
dian contentarme , sin ir nunca en pos de los que no me era dado
alcanzar Deseé , obtuve y volví á desear ; viéndome asi cons-
tantemente arrastrado por el torbellino de mi vida , de mi vida ,
antes tan activa y poderosa , como prudente y circunspecta aho-
ra. Sé todo cuanto puedo saber acerca del horizonte terrestre ;
solo ignoro lo que hay mas allá , por no sernos permitido abar-
carlo con la mirada: ¡ ay ! del insensato que levanta los ojos há-
cia aquella parte , y que en sus ensueños se cree superar á los
demás en el conocimiento de los cielos ! Únese mas bien à la tierra
y mire en torno suyo , ya que nunca el mundo fué mudo para
el hombre fuerte. ¿ Qué necesidad tiene el hombre de recorrer
los espacios eternos ? Al menos aquí $ abajo puede comprender
todo cuanto descubre , y seguír su jornada sin turbar nunca al
espectro en su curso ; al paso que , si va mas lejos , encontrará
angustia y dicha , pero no la satisfaccion á que aspira.b 934
La Angustia . El mundo deja de existir para el que yo llego á
poseer, siendo cada vez mas densas las tinieblas que le cercan ;
para él no sale ui se pone el sol , sin que por mas lucidos que
sean sus sentidos exteriores , reine la noche con menos intensidad
en el fondo de su alma . No sabe como gozar de sus tesoros , di-
cha y desgracia , todo le incomoda igualmente ; hasta en la sa-
ciedad siente el horror del hambre ; lo mismo aplaza el dolor ,
que el placer , y en su eterna esperanza en el porvenir , nunca
está dispuesto. Ven y sander shavq
Fausto . Basta ; no esperes cojerme de este modo ; como si tu-
viese tiempo para escuchar semejantes necedades ; vete , por-
que con tu cantilena eterna bastarias á turbar la razon del mas
sensato.
La Angustia. ¿ Si deberá proseguir ó regresar ? La resolucion
le falta , y bé aquí que vacila y anda á tientas en la mitad de su
carrera ; es á cada paso mayor su extravío , todo lò vé al revés.
es para sí y para los demás una carga pesada y solo respira por
sufrir el dolor que le akoga ; no ha muerto , y carece de vida ,
264 AIGEDAAT AFAUSTO. AKOMAAXI
por lo que es igualmente incapaz de desesperarse ó de estar re
signado . Por esto se le ve presa á la vez de una agitacion terrible
y'de una indolencia insoportable , y de un sueño fatídico que le
hace temer el despertar y que le tiene clavado en el mismo si→
tio, haciéndole sufrir todos los horrores de un infierno antici-
padbibem de 8 79b990ng atau und ung og try
Fausto. Espectros malditos , que asi os complaceis en torturar
de mil modos á la especie humana , ¿ por qué envolyeis los diast
indiferentes en las inextricables penas de la confusion ? Demo-
nios , sé muy bien que no es fácil pueda uno librarse de vosotros,
por ser el lazo fatal indisoluble ; pero no esperes tu , angustia
cruel, que por grande que sea tu poder , llegue yo á reconocerte
nunca. (La Angustia le sopla al rostro.)
La Angustia. Pues bien , esperimentale en esta hora en que
huyo de tí maldiciéndote : ya que los hombres son generalmente
ciegos toda su vida selo tú al fin de ella.
&Fausto, ciego. ( 1 ) Es la noche cada vez mas profunda , pero
hay en mi interior una claridad pura y brillante que me guia.
Mi pensamiento quedará cumplido ; porque solo la palabra del
gefe es de algun peso. Que todos los que me servís os pongais
de pié uno en pos de otro , á fin de que se realice con gloria mis
levantada idea. Vamos , todos á la pala , al azadon , al mazo , y
no descuidar la obra para que nuestro plan sc ejecute , seguros
de que no quedarán el 14 órden y la actividad sin recompensa ;
cúmplasé la obra mas colosal del mundo , ya que basta un solo
genio para dirigir mil brazos.İ. TEZ 21
}
28ood on esiinty en! Y PAT
fo , ongs EL GRAN PATIO DEL PALACIO. 1. T
21st89, 2012m (nb ) 50. Antorchas.
(1) 801open das eben,ine
Mefistofeles , como inspector , delante. Venid , oh Lemuros , (2)
(1) Muéstrase Fausto en su ceguera mas activo que antes , por concen-
trarse en su interior la luz de que
extcarecían sus ojos. Por esto lejos de desis-
tir spectaca, I conermas
ioresardor,
. Aquípor
aparno distraerle ya el va-
ece la idea cristiana
acerca de la nueva vida ; Fausto , despues de haber experimentado todos los
gocés de la tierra , vé, como Salomon , en su vejez , que todo es vanidad.
(2) Espectros familiares , especie de aparecidos , á los que dá la antigüe-
dad la forma de esqueletos , convertidos por las supersticiones de la Edad
Media en Espiritus aéreos que la ciencia evocaba, sometiéndose á ellos.
(Horat. epist. 11; Apuleo, de Deo Socratis , pág. 110, )3108 87.997,
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 265
esqueletos de miembros flotantes , medios cuerpos compuestos
de tendones , nervios y huesosti o ceng gv also 29 70.obsagie
Los Lemuros , á coro. Gustosos acudimos para ayudarte en
tu obra , por mas que apenas hayamos comprendido que se traja
de un pais extenso y variado , que ha de pertenecernos Nada
falta de todo cuanto es necesario para proceder á su medidas
todo lo demás es para nosotros secundario; 3 puesto que hemos
llegado á olvidar basta al que nos conjuróaces al & sobom lim ob
Mefistofeles. No se trata aqui de esfuerzos ingeniosossa pero
podeis proceder segun vuestras reglas. -- Haga cada cual lo que
pueda , vosotros arrancad el césped que haya en torno vuestrogą
y como lo hicimos por nuestros padres , formad un cuadrilongos
Todo al fin acaba tristemente. B0000
Los Lemuros , cavando alegremente la tierra. Vivir y amar ,
hé aquí el mayor de los goces que le es dado al hombre esperien
mentar en la vida . Do quiera florezcan las rosas y ó do oigamos:
un dulce canto , hallamos siempre un grato recuerdo de nuestra
pasada juventud , que nos hace brincar de puro gozoi im ne yad
Desde empero que apelamos al báculo de la vejez fatal, tror
pezó nuestro pié con la tumba , que , por desgracia estuvo
abierta. Soulsar ne fog.b184,019 2 99 -nq ne onu siq ab
Fausto , saliendo del palacio , deslizándose á tientas por entroi
las columnas de la puerta principal. ¡ Cuántome trasporta el (som
nido de las palas y azadones ! No solo me indica baber una mubt
titud que trabaja para mí , sino tambien ques unida dastierras
entre sí , señala á las aguas sus límites y encierra altmarsen és g
trechos círculos .
Mefistofeles , aparte. Con tus diques y tus muelles no haces
mas que trabajar para nosotros , y disponer para Neptuno , el
demonio de las aguas , un gran festin . De todos modos , estais
-perdidos , porque los elementos se han conjurado con nosotros (1)
y todo sigue el camino de la destruccion. 55 03 ,2010
Fausto Inspector ! „GAME AS C12087 9261129UM (1)
Mefistofeles. Estoy á vuestras órdenes.5 al 3077201 08 09 987673
Fausto. Procura reunir el mayor número posible deOURSES operarios,
ODMY
aliéntales por medio de la recompensa y del castigo ; paga, atrae
y obliga. Quiero que 3 se me dé un parte diario dels estado de las
obras en el foso . BH GAL 201139q23 (8)
23 90 smot of bab
*** * ngad as zibok
(1) Los elementos son contrarios á las obras del hombre. ( Schiller á Glocker
5266 JAIOTRANJ FAUSTO.
im Mefistófeles , á media voz. A ser cierto lo que se me ha dicho,
no debe tratarse del foso , sino de la hoya. 07357
Fausto. Hay una laguna al pié del monte que infesta el bien
conquistado ; desecar aquel estanque pestilencial seria la con-
? quista suprema! Abro espacios para que vengan á habitarles mi-
llares de seres , sino con toda seguridad , al menos en la libre
actividad de la existencia ; habrá en ellos verdes y fecundas cam-
piñas ; el hombre y sus rebaños se instalarán en las colinas , y
feliz en el nuevo suelo, se aumentará cada dia su poblacion ac-
tiva y laboriosa Es aqui el interior un paraiso ; por mas que las
olas en el exterior se encrespen hasta su orilla , puede, con solo
quererlo , aplacar su furor, por agruparse la multitud en todas
partes para cerrarle el paso. Me siento con fuerzas para consa-
grarme eternamente á esta idea , que es el complemento de la
sabiduría : solo es digno de la libertad y de la vida , aquel que
sabe cada dia conquistarse una y otra ; por esto aqui en medio
de los peligros que les cercan , pasan el niño , el hombre, el an-
ciano audazmente sus años. ¿ Por qué no he de ver yó una acti-
vidad semejante en un suelo libre , y en el seno de un pueblo
libre? Entonces diria al segundo que rápido trascurre , detente:
seres tam hermoso ! La huella de mi vida no puede quedar en-
svuelta en la nada. Basta el presentimiento de aquella felicidad
sublime para hacerme gozar mi hora inefable
B ( Caes Fausto sin sentido 5 los Lemuros lo cogen y lo recuestan
oen el suelo.) #203 999¢ Best
29 Mefistófeles. No hay dicha ni voluptuosidad que puedan sa-
-ciarle ; persigue , en su demencia , impalpables formas , y hasta
se empeña el desgraciado en prolongar su postrer momento triste
y vacío. El que tanto se me resistió sucumbe á la accion del
tiempo ; ved como yace el anciano en la arena , ved como el
reló se para.8178% JUL SToast god
El Coro. Se para , ó mejor , se ha parado de repente á media
noche. 23 u# 905775
-Mefistofeles. Está parado, todo se acabó.
ofElCoro Todo se acabó
›15 Mefistofeles… ¡ Acabó 1 Estúpida palabra ! ¿ Por qué acabó?
ng No equivale esto á decir que quedó reducido á la nada ? ¿ Qué
significa la eterna creacion , si todo lo creado ha de desaparecer
para siempre? El mundo al dejar de existir , será como si no
hubiese existido nunca ; y sin embargo , le vemos agitarse ince-
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. #1267
sante como si realmente fuese algo. En verdad prefiero aun mi
eterno vacío .
CANTO FUNERÁRIO . 500 (SU 4

Lemuro (solo. ) ¿ Por qué tanto agitas el azadon , el martillo y


la pala por procurarme una habitacion tan mal sana ? !

LOS LEMUROS ( á coro. )


1
Es aun sobrado hermosa para el huésped vestido de linorvir
२०१ }
LEMURO ( solo. )) - 18 a mup

婚 ¡ Qué atmósfera tan triste y sombría ! ¿ Dónde están los mue-


bles de esta vivienda ? ab bb en ole tavu lae

Los Lemuros fá coro.)

Todo era prestado ; el plazo acaba , y los acreedores son nu-


merosos.
Mefistofeles . El cuerpo yace inerte , y para el caso de que el
espíritu pretendiese levantar el vuelo , presentemos la scédula
escrita con su sangre. ¡ Ah ! ¡ son tantos los recursos que hay en
esta hora suprema para arrebatar lasalmas al diablo ! La antigua
senda nos cansa, y estamos en la nueva poco considerados; todo
lo habria hecho antes por mí solo , pero ahora necesito ausiliares .
Todo va mal y todo degenera mas cada dia ; el derecho basa-
do en la práctica ó la costumbre , es un antiguo derecho que ca-
yó en desuso , por lo que es imposible fiar ya en cosa alguna.
Antes se exhalaba el alma con el último suspiro ; yo la acechaba,
y como el gato al raton , la cogia entre mis garras ; hoy , por el
contrario , vacila y se obstina en no salir de su triste corteza , ó
sea de la repugnante morada que le ofrece un cadáver , hasta
que los elementos en su ódio implacable la arröjan de ella ver-
gonzosamente . ¡ Cuántos dias y horas e tocan de tormento !
Pero , ¿cómo, cuándo y dónde ? Hé ahí lo que no puedo saber.
Hasta la muerte ha perdido su fuerza instantánea ; y , ¿ es aun
cierto que uno muera? Muchos son los miembros inertes que he
contemplado con codicia , y que sin embargo de haber muerto
en la apariencia, no han tardado en recobrar la vida.
268 FAUSTO.
f Ge st os de co nj uracion fantástica , parecidos á los de un tam-
pr
bor mayor.) 81 24.
Ahora alerta, y que se alargue t el paso. Señores del cuerno
recto y del cuerno encorvado , verdaderos diablos de la antigua
roca
R , presentadme aqui desde luego las bocas del infierno ; ya
que tiene el infierno mas de una boca , y sabe tragarse á cada
cual segun corresponde á su dignidad . Y , sin embargo , aun
asi , acabarán las generaciones futuras por perder sus creencias
antes del dia supremo. masons
128 Abrese a mano izquierda la espantosa boca del infierno. )
Sus mandibulas se entreabren ; brota á torrentes de su bóveda
la ardiente lavaydentre los vapores del fondo descubro la fra-
gua eterna de la ciudad de fuego. El crujido de la rojiza llama
hace castañetear los dientes de los condenados que se lanzan á
nado hasta la orilla de aquel mar de fuego , implorando socorro,
pero la hiena colosal se agita, y se ven sumidos de nuevo en sus
ardientes cimas . No hay ángulo en el que no se hiciesen grandes
descubrimientos , tantos son los objetos de horror que contiene
el estrecho recinto, Por esto los pecadores , que en su compren-
sion limitada , no pueden abarcar tantos tormentos , dicen que
es el infierno una mentira , una fantasmagoria. Dala
(A los diablos obesos de cuerno encorvado y recto )|
IsYosotros picaros panzudos de mejillas de fuego , que tambien
ardeis cubiertos de azufre, pesados mónstruos de entumecida
nuca, yed si luce aqui, abajo una partícula fosfórica , que será
el alma , la Psiquea alada ; y desplumadla para que se convierta
desde luego en vil gusano . Despues que yo haya impreso mi se¬
Ilo en su frente , os la llevaréis á los torbellinos de fuego.
Enormes odres, recorred, como debeis , las regiones inferio-
ress puesto que aun no podemos saber si habita en ellas ; os ad-
vierto que pu instalarse en el v
puede instala vientre , y que es fácil que por
este medio logre hacer ineficaces vuestras investigaciones. Y
A los diablos de cuerno encorvado y largo. ) ng ber 95´e Buil
Vosotros , petardistas , tambores mayores gigantescos , recor-
red el espacio , sin dar tregua á vuestros brazos y garras hasta
cogerla al vuelo ; sin duda debe estar muy mal en su- antigua
corteza , y como génio , tenderá siempre à elevarse á las regio-
nes superiores.
La Celestial Cohorte. Santas falanges y rubios mensajeros ,
hermanos de los ángeles , llevad la vida á los afligidos que están
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 269
orando; dirigios con raudo vuelo á vvivificar la fria arcilla é in-
fundid la gracia á todos los corazones , dejando en ellos , com
-Tum Tod
dejais en el espacio un rastro de fuego.
Mefistofeles . Oigo un rumor discordante de gratos sonidos
que desciende de lo alto , junto con un rayo de luz detestable
debido á esa raza hermafrodita qué tanttanto embelesa á todos los
devotos. Bien sabeis cuanto meditamos la ruina de la especie hup
mana en nuestras indignas elucubraciones ; y sin embargo ,
vuestra piedad se ha amoldado á todo cuanto de mas infamê he-
mos concebido. Vedles como se presentan á escondidas para mes
jor disputarnos nuestra presa ; siendo muchas las almas que asi
han logrado arrebatarnos , por combatirnos en parte con nues-
tras propias armas , por ser ellos tambien diablos , aunque enca
puzados. Perder aquí la batalla , seria en verdad para nosotros
un baldon eterno : acercaos por lo tanto al sepulcro yymante
neos firmes en vuestro puesto♪ lamps ab sling si Zlead oban
Coro de Angeles , sembrando rosas. Encarnadas rosas de
verdes botones , flotad á merced del viento é id á inflamar
las almas en santos deseos ; aunque se dispersen y marchiten
vuestras hojas , todas volveréis á florecer en un nuevo Eden.is
Despertad á la primavera que duerme aun en su rosado le-
cho, esparcid el musgo de vuestros restos y veréis cuanto hers
mosearán despues su manto las rosas del paraiso posh zo) k .)
Mefistofeles , á los diablos . ¿Por qué asi os estremeceis? 81Tal
es la costumbre del infierno ? No abandoneis vuestro puesto ,
dėjadles que avancen ; ¿ si pensarán enervar con sus flores el
ardor de los diablos ? Calma , y veréis cuan pronto se marchitan
y desaparecen á vuestro solo aliento ; soplad con fuerza , fuelles
de la ardiente fragua , y veréis como palidece hasta la misma ce-
lestial cohorte. No lo bagais empero con tanta violencia , pue
veo que en nada reconoceis medida ; delo contrario , los fuelles ,
lejos de arrugarse , vau á ennegrecerse , secarse y consumirse.
Ya las rosas van flotando hácia nosotros , envueltas en la negra
llama ; cerrad en masa y embestidles ; ¡ ah ! su valor cede , y sus
fuerzas se dispersan ! Hé aquí á los diablos siguiendo la pista á
una llama desconocida. $ 67591 149 (he , 0.59 ila boy
Los Angeles. ¡ Flores luminosas , mensajeras del ardor divino,
inflamadlo todo en un amor santo y puro , y haced que inunde
las almas la clara luz del éter ! 29NOT UP 250
Mefistofeles. Maldicion , baldon eterno para semejantes bru-
270- AFAUSTO AI AUDI
tos ! Hé aquí á la infernal legion que cae de espaldas á las ar-
EY ° ་ མ་ id y gozaos en el baño de fuego que teneis bien
merecido : De mí nunca se dirá que abandone mi puesto.
Revolcándose en medio de una lluvia de rosas.)
Atrás , fuego fatuo ; por mas que brilles con toda tu fuerza , te
tengo en mi poder liga viscosa y frívola. ¿Por qué revolotear aun;
no me dejarás nunca en paz ? ¡ Ah ! me aprieta la nuca; es todo
esto una mezcla de pez y de azufre
Los Angeles ( á coro. ) Hermanos , diríjase cada cual á la esfe- 5
ra que pueda convenirle ; pero guardaos muy bien de hacer
cosa alguna que pueda turbar el alma cristiana , ni mucho mes
nos causarla tédio ; porque de otro modo nos obligaréis á todos
nosotros , ángeles y apóstoles , á velar contínuamente por ellos.
Solo el amor puede guiar al santo imperio de los firmamentos.
Mi cabeza es todo fuego y me hierve la sangre en las venas. Es
este un elemento hecho para domar los diablos , mas penetrante
que las mismas llamas del infierno. Hé aquí porque gemis tan
tristemente , amantes desairados , que A buscais aun con tanto
afan la mirada del objeto amado...
¿ Si me sucederá á mí tambien lo propio ? ¿ Quién es el que
hácia allí puede atraer mis miradas ? ¿ Acaso no estoy en guerra
con toda esa cohorte? Siempre me ha herido su vista odiosa; y sin
embargo, ahora gozo al contemplar á esos tiernos niños; hay un
poder que me impide maldecirles ; caso empero de que lleguen
á hechizarme, ¿ quién será despues el loco ? Les odio mortal-
mente , y no obstante , me dejo deslumbrar por su belleza !
Decidme , hermosos niños , & sois vosotros tambien de la raza
de Lucifer ? Reunis tantas gracias ! De buen grado os daria un
tierno abrazo , y hasta casi me inclino á creer que venís á este
objeto es tal la dicha de que gozo entre vosotros , que me pa-
rece haberos visto mil veces ; tengo en amores el instinto del
galo . Cuanto mas os contemplo , mas os encuentro hermosos :
acercaos , jah ! por piedad , dirigidme una mirada. aud. !( 1) .
elestà ta sinivit o Los angeles se estiendenpor el espacio.)
‫نان‬
(1) Insiste Goethe en atribuir á Mefistófeles el instinto del gato , como en
la primera parte ; y no es si se atiende á que es aquí el verdadero
de la no como del hermoso
de , sacado del ; en cambio em-
plea la fuerza y la astucia por perder á las almas , siendo tanto mas temible,
cuanto que reune el génio del ángel caido al materialismo del bruto.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA, 271
¿ Por qué asi huyes ante nuestro cortejo ? Ya que nos acerca-0°
mos , no te apartes , á menos que una fuerza superior te obligue
á ello. ཛཱ་ ནིསྶཝཱི SP 67 % 92 sent im ed
Mefistofeles , retrocediendo hasta el proscento . Nos tratais de
espíritus condenados , cuando por el contrario sois vosotros los
verdaderos mágicos, puesto que hechizais alhombre y la mujer.
¡ Maldita aventura , que me has dado á conocer el elemento def
amor ! Todo mi cuerpo está abrasado , sin que apenas sienta el
ardor que consume mi nuca. Dejaos de revolotear de una á otra
parte , inclinaos algo mas hácia mí y haced que vuestros suaves
miembros sean un poco mas profanos. Preciso es confesar que
os va lo sério á las mil maravillas ; ; cuánto daria por una de
vuestras sonrisas , que seria para mí un éxtasis eterno Oigo
ya el tierno acento del amante que gime en dichoso sueño y que
muere en el balbuciente lábio , ahogado por la dulce presion de
otro labio. Tú , mozo arrogante y gallardo eres el queesmás me
cautivas, á pesar de tu exterior devoto ; asi que , dignate mirar-
me con tiernos ojos . Podriais en verdad ocultar mucho menos !
vuestras formas sin faltar al decoro ; esa larga túnica en que ess
tais envueltos me parece ultra-moral. Ahora se vuelven vistos
así , me parecen aun mas seductores.
Coro de los Angeles . Vivo destello del puro amor , vuelve tus
alas hacia la morada de la luz eterna. Por mas que en la tierra tes
propongas seguir la recta senda , siempre encontrarás un corazon™
perverso , siempre un Tentador que te esponga á perder el grau
coro. oustedo og y alnow
Mefistofeles, volviendo en sí . No sé lo que me pasa : como Job,
estoy lleno de úlceras, y me causo horrer á mí mismo; pero, co
mo él , triunfo tambien de mis males. No quiero contar ya mas
que conmigo mismo y con mi raza. El interior del diablo está
aun intacto , porque aquella loca chispa de amor solo ha llega-1
do hasta la piel ; ya se ha estinguido en mí aquel ardor conde
nado ; y , como cumple á mi deber , os maldigo á todos . 60301998
Coro de los Angeles. No hay ser que no divinise el éxtasis
santo. Celestial falange , sube hácia Dios entonando cantos de
alabanza , y haz que envuelva tu ardiente prez un santo deli-
rio , ya que solo en el cielo azul respira libremente el almal t
(Emprenden su vuelo , llevándose la parte inmortal de Fausto, )
Mefistofeles , mirando en torno suyo . Pero , ; como ! ¿ dónde se
han ido ? ¡ Astutos niños , me habeis engañado ! Ved como vue-
272 FAUSTO .
lan al cielo con su presa : hé aquí lo que tanto les engolosinaba
en derredor de este foso. Me ha sido arrebatado un gran tesoro,
un tesoro único: el alma sublime que se me habia entregado. ¿ A
quién quejarme ahora? ¿Quién me devolverá el bien perdido? Te
han engañado en la vejez, pero debes confesar que lo tienes mere-
cido : he obrado como un necio consumado , y perdido vergon-
zosamente el fruto de todos mis afanes. Es posible que un deseo
vulgar , que un amor absurdo, haya podido coger de es e modo
al diablo albardado de pez , y que con tanta esperiencia , haya
podido caer en semejante necedad un cofrade de mi especie.
Puede en verdad decirse que es esto acabar por una insigne lo-
cura.

BARRANCOS >, BOSQUES , PEÑASCOS , SOLEDAD .

SANTOS ANACORETAS,

dispersados por las cumbres de los montes , y habitando en


las grietas del granilo.

El Coro y el Eco. Flota á merced del viento el árbol que crece


sobre el granito en cuyo seno oculta sus raices , por mas que sus
copas suban arrogantes al zénit. La onda se agita buscando á la
onda , la caverna se entreabre en toda su extension , y silencioso
vaga el leon tranquilo y solitario , honrando el sagrado misterio ,
el misterio del amor que reina en estos sitios.
Pater Extalicus , resonando de arriba á abajo . Ardor de la
divina llama , lazos de amor y de fuego , dolor vehemente del
alma que suspira por su Dios , apoderaos de mi , por mas que
en un instante me quede anonadado . Agudas flechas y lanzas.
traspasadme ; encinas seculares, desplomaos sobre mí; terribles
rayos pulverizadme , á fin de que desaparezca en mí el elemento
perecedero y funesto , y no quede de mi ser mas que la centella
ardiente y pura que deriva del amor eterno.
Pater Profundus. - Region inferior. (1) Como pesa la rosa
(1) Quizá las palabras region inferior , region intermedia , hacen aluston
a ciertas órdenes religiosas que se establecian con preferencia en los valles y
en las alturas. Bernardus valles , Benedictus colles amabat.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 273
eterna sobre el profundo abismo , como la onda se confunde con
la onda en la inundacion terrible , como la robusta encina se
lanza á las nubes por su fuerza orgánica ; asi el amor poderoso
y simpático lo forma y lo sostiene todo.
Oigo en torno mio un rumor estraño , inmenso , como si los
bosques y las moles de granito , ondulasen en los cielos como
otros tantos océanos ; y sin embargo , en medio del general es-
truendo , se adelantan las tumultuosas ondas con amor hacia el
valle que están destinadas á fecundizar. La cascada que se pre-
cipita al través de las peñas , y el trueno divino que surca el
espacio , librándole de los densos vapores que nos ocuocultaban
antes el dia , ¿ acaso no son tambien otros tantos mensageros de
amor ? ¡ Ellos son los que anuncian á todos esa fuerza profunda,
que incesante en su obra , envuelve al mundo , y que deseo
inunde mi seno , en el que triste , inquieto y helado elado mi espírit
gime encerrado en el estrecho círculo de los sentidos , sujetado
por las cadenas de la tierra ! ¡ Calma , Señor , mis ideas , y haz
que tu resplandor ilumine mi corazon turbado!
Pater Seraphicus.— Region intermedia. El purpúreo vapor que
ven coro de
envuelve á los abetos de la colina , es á mi ver el joven
los Espíritus , el coro de los hijos bienaventurados de la luz ,
que deben entonar á su Creador un himno de eterna alabanza .
Coro de los Niños Bienaventurados . ¿ A dónde vamos? Padre ,
buen Padre , dinos quienes somos , puesto que hemos llegado af
colmo de la dicha, y que es para nosotros todos tan dulce el vivit!
Pater Seraphicus . Sois los hijos predilectos de la luz , nacidos
å media noche , que os separasteis de vuestras madres para
reuniros con los ángeles . Si sentís la proximidad de un sér fle
no de amor , acercaos ; nada temais , dichosos niños , muertos
antes de la edad , sin recorrer ninguno de los ásperos senderos
de la tierra. Descended á mí , pequeñuelos , y disponed libre- ITU S
mente de todos mis sentidos , para contemplar este paisage.)
(Benigno 11 deles acoge a todos.) (1 )
habitantes 3690979Q
qu en ba
soña
(1)eHubo desp
el último siglo un ohombre
iert en de losmucha los yesexperi trella s .,
encia
de de
Estaba además en relaciones con los Espíritus, y ellos unge len-
gua ideal,y sentiasu presenciaental cual partede su
palmente en su cérebro. Tal Swedborg , hijo de un obispo Buc co-
sueco,
que nació en 1619 , y recibió el nombre de Swedenborg junto con títulos de
nobleza en 1719; el mismo describió el estado en que se hallaba en el momento
18
274 FAUSTO.
Hé aquí árboles y montes , hé aquí altos picachos cubiertos
de nieve , y el torrente impetuoso que muge , abreviando con 1
sus saltos el áspero sendero .
´´ Los Niños Bienaventurados desde el fondo de su cérebro. Es en
su conjunto bello ; pero la tristeza y el horror de este sitio nos da
miedo y nos hace tiritar de frio. Padre, buen Padre , permítenos,
por piedad , levantar otra vez nuestro vuelo hácia el espacio.
Paler Seraphicus , impulsando su vuelo. Salid á las mas altas
moradas , á los últimos círculos de la luz ; seguid cruzando el
éter segun vuestro deseo , sin parar hasta el azur á que os atrai-
ga la emanacion de Dios, que es el alimento del alma . Flotad en
el éter inflamado por la santa revelacion , y os veréis de pronto
sumidos en un éxtasis eterno. ch
Coro de los niños Bienaventurados , arremolinándose en torno
de las mas altas cumbres. Juntad las manos y formad un círculo
para entonar eternamente cantos divinos , ya que conoceis al
rey de los ángeles , y que van á él dirigidas vuestras alabanzas.
Dia vendrá en que podreis contemplarle arrobados.
Los Angeles , que se llevan la parte inmortal de Fausto , flo-
tando en una atmósfera superior. ¡ Salud y gloria al huésped
del mundo de los Espíritus que acaba de resucitar ! Bien merece
un premio el que ha sabido luchar constantemente , por mas
que alguna vez se haya visto expuesto á sucumbir por decaerle
el ánimo. Basta que implore el perdon de los cielos , para que la
falange de los Bienaventurados emprenda su vuelo hacia las
ardientes nubes , y celebre con el gozo en el corazon y los ojos
su feliz llegada.
4 Los Angeles Novicios.
Las frescas rosas que esparcieron vues-
tras manos , blancos difuntos que canonizó el amor, contribuye-
ron á que nosotros los querubes pudiésemos salvar al través de
las llamas esta alma , tesoro de las almas, que llevamos al Santo
de los Santos . Ellas fueron tambien las que lograron vencer los
ejércitos de los ángeles rebeldes al Cielo , y las que , en vez del
fuego eterno y de los horrendos tormentos de los condenados ,
han hecho sentir los tormentos del amor hasta á los mismos de-
monios. Apesar de su supuesta indiferencia, ni aun Satán ha po-
1
1.1
de sus visiones , que suponia eran de tres clases. Como la poesia sabe sacar
partido hasta de los estravios de la razon humana. Goethe pone aqui á Swed-
borg como tipo del misticismo .
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 275
dido librarse de su influjo, como lo indica su última queja , que
hace resonar aun los abismos . Ha sido nuestro triunfo completo
Los Angeles Consumados . Conservamos un resto de 19 mortal
corteza que apenas podemos llevar al través del azur , y que
aunque fuese de asbesto , seria algo impuro . Cuando el poder om-
nímodo del Creador atrae hácia sí á los mundos y los elementos
ningun ángel de los firmamentos puede triunfar ni disolver la 蓄
doble naturaleza ; porque solo al amor puro y eterno es dado
desunirlo todo. J
Los Angeles Novicios. Entre los vapores que envuelven las
cumbres de granito, vemos y oimos una cohorte de Espíritus que
se agitan en su derredor. Pero ya se disuelve la niebla , y nota→
mos mas distintamente la legion de Bienaventurados que se diri-
ge al éter , libres de los cilicios terrestres , y bañándose delicio-
samente en el rocío y las delicias de los mundos superiores.
Dejémoslos , hermanos nuestros , continuar su ascension , y que
atraviesen al menos las primeras esferas que les separan de su
region.
(Confian la parte inmortal de Fausto á los Niños Bienaven-
turados quienes se encargan de la iniciacion.)
Los Niños Bienaventurados . Con placer recibimos esta crisá-
lida entregada á su gloriosa obra , ya que es una prenda inesti-
mable que vuestro amor nos envia. Sacadla de entre los copos
que la envuelven , puesto que ya la inundan los rayos de la ce→
leste aurora.
Doctor Marianus , (1 ) en la celda mas alla y mas pura. Desde
aqui se estiende la vista y flota el Espíritu entre el mundo y el
Eterno. Veo á unas mugeres atravesar las flamígeras nubes y
dirigirse al cielo ; hay una de ellas que deslumbra bajo su corona
de astros en flor. Es la Abogada divina , es la excelsa Reina de
todo lo creado. (En el arrobamiento.).
Soberana Inmaculada del universo , permitame leer tus divi-

(1) El Doctor Marianus nacióen Escocia el año 1022, y entró en un conven-


to aleman hacia el año 1051. Escribió una crónica del mundo desde la crea-
ción hasta el año 1083 , en tres tomos ; pasando su vida en el fondo de una
celda , sin relacionarse con los demás monges , entregado al estudio y á los
ejercicios de piedad . Fundó el monasterio de San Pedro de los Benedictinos
en Regensburgo ; segun la tradicion , obró en el curso de su vida diferentes
milagros. Dásele el nombre de DOCTOR SUBTILIS , como apologista sutil de la
Inmaculada Concepcion.
276 FAUSTO.
nos misterios bajo la estrellada cúpula y á la luz esplendente de
los cielos. Atiende , madre de Dios , benigna á mi súplica.
Conságrame la ternura que conmueve todos los corazones , y
que en alas de la oracion y del éxtasis los atrae hácia tí . Bien
sabes que somos invencibles mientras tu reinas en nuestro seno;
á tu voz , poder inefable , se duerme nuestra cólera , como las
olas en su lecho de arena. Virgen pura y santa , en la espresion
mas bella , Madre adorada y soberana escogida entre las Bien-
aventuradas, ¿ quién como tú , ha llegado en las esferas lumi-
nosas al nivel de mi Dios ? (1)
Hay en torno suyo , cual rosados vapores , tiernos coros de
rubios penitentes que postrados á sus piés imploran el perdon
que no tardarán en pronunciar sus labios de ambrosía. ¡ Reina de
pureza, Vírgen impecable y santa ! ¡Deja acercar sin temor á esas
tiernas pecadoras , victimas de su debilidad excesiva , que á tí
acuden con amor y con fé. 1
La fuerza de su instinto no bastó á reprimir sus ardientes
deseos , ni pudieron sus manos romper los lazos de la voluptuo-
sidad. Casi no hay pié que no deslice en un terreno resbaladizo,
ni corazon que no se inflame al tibio aliento del objeto que ama.
Mater Dolorosa , ciérnase en la atmósfera.
Coro de Penitentes . ¡ Virgen pura , rosa sin igual , lirio glo-
rioso , atiende desde el Empíreo á nuestros ardientes votos !
Magna Peccatrix. ( Sancti Lucæ, vii , 36. ) Por el amor que ,
como un bálsamo santo , cubrió con sus puras lágrimas los piés
divinos de Jesucristo , á pesar de las locas injurias de aquel mal-
dito fariseo ; por la urna abundante y profunda que exhaló los
perfumes del ambar , por la blonda cabellera que enjugó sus
miembros sagrados ;-
Mulier Samaritana. Por la cisterna , junto á la cual iba antes
el viejo Abrahan á apacentar sus rebaños ; por la dichosa copa

(1) Véase cuanta analogía hay entre este himno del doctor católico y la
admirable canzone de Petrarca :
<< Vergine saggia , e del bel numero una
Delle beate Vergini prudenti ;
Anzi la prima , e con piu chiara lampa :
O saldo scudo dell' afflite genti.
Contra colpi di morte é di fortuna ,
Sotto 'l qual si trionfa , non pur scampa :
O refrigerio al cieco ardor , ch' avvampa
Qui fra mortali sciocchi , etc. »
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 277
cuya agua mojó los labios de tu hijo ; por el manantial vivo y
fecundo que brotó de allí para regar el mundo con sus siempre
puras y límpidas aguas ;-
Maria Egyptiaca. (1) ( Acta Sanctorum.) Por la piedra san-
grienta y fria en que se depositó al santo mártir ; por el brazo
que , para advertirme , me rechazó del santuario ; por el arre-
pentimiento sincero , profundo y terrible , que duró cuarenta
años sin desmentirse un dia ; por el adios que dí al mundo antes
de abandonarle ;-

(1 ) No se encuentra esa María Egipciaca en la Sagrada Escritura ; pero sin


duda la habrá hallado Goethe en el Acta Sanctorum. Llámasela aun en Occi-
dente alguna vez María la Negra , por su origen egipcio y por los largos años
que pasó en el desierto . Muchos son los que la han confundido con la Madre
de Jesucristo ; y de ahi aquella tradicion ridícula , segun la cual se pretendia
que la Vírgen era negra ó al menos cobriza ; convirtiendo así en negra la
mas armoniosa , la mas pura , la mas ideal de las concepciones que nos vino
del cielo entre los vapores de una nube etérea. Hé aquí como esplica la le-
yenda un encuentro de María con Zozimo . « Vivia en un convento de Palesti-
na un hombre , llamado Zozimo , que unia á una fé sublime una vida irre-
prochable y una austeridad sin igual. A los cincuenta y tres años le ocurrió
la idea de que deberia haber alcanzado ya hasta el mas alto grado la ciencia
y la actividad ; pero oyó de repente una voz que le decia saliese de aquel
pais ; que no era la perfeccion de este mundo , y que debiamos sostener el
combate fatal, á que á pesar nuestro, estábamos en él condenados. Así que, se
dirigió Zozimo á un convento situado á orillas del Jordan , donde halló en
todo su vigor el ayuno , la oracion y todas las austeridades de la vida. Solo
una vez al año se abrian las puertas del claustro , y aun era por disponerse
con nuevas maceraciones para la celebracion de la Pascua ; todos los monges
cantaban entonces á coro. » El Señor es mi estrella y mi salvacion ; « ¿ qué
puedo temer?» Internado Zozimo en el desierto , como todos sus hermanos ,
pedia sin cesar al cielo la gracia de encontrar un alma que le hiciese llegar
al mas alto grado de la perfeccion cristiana. En el vigésimo dia de su pere-
grinacion , notó Zozimo de repente á su derecha una forma humana ; y si
bien se estremeció de espanto en un principio , resolvió , despues de haber
hecho la señal de la cruz , seguir al fantasma que se dirigia hacia Oriente.
Entonces vió Zozimo que era una mujer la que se internaba en el desierto
con tanto mas ardor , cuanto mayor era el empeño con que el anciano pro-
curaba seguirla. « ¿Por qué asi temes de un anciano que ningun mal puede
hacerte ? esclamó Zozimo. Detente y bendiceme en nombre del Dios que no
rechaza á ningun pecador. » « Abad Zozimo , contestó ella , perdóname en
nombre del Señor , pues no puedo presentarme ante tí , por ser mujer y estar
desnuda ; arrójame tu capa , para que pueda cubrir mi desnudez y acceder á
tu súplica. » Admirado Zozimo al oirse llamar por su nombre , le echó su ca-
pa. ¿ María entonces le dijo . « ¿ Qué puede hacer por ti una mujer pecadora?
A estas palabras, se postró el monge pidiéndole su bendicion ; y ella á su vez
tambien se arrodilló pidiéndole la suya. Luego ella se volvió hacia el Orien-
te , y tendiendo los brazos al cielo , empezó á orar sin mover los lábios ; al
278 FAUSTO.

os
Tres , á coro. Tú , que nunca negaste á las pecadoras la

qu

te
cie

ar
del
los
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y
,

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re
e

me

n
l
os

ro

-
nt
pentimiento noble y generoso ; oh santa abogada nuestra , con-

s
as
cede tu perdon infinito á esa alma humilde y tierna que por una
vez olvidó
n sus deberes , sin creerse haber faltado.
Una penitenta, antes llamada Margarita ó Gretchen , humillán-
dose. ¡Dignate, oh gloriosa Bienaventurada, mirarme propicia en
este hermoso dia , ya que libre de todo amargo dolor, está de
regreso aquel á quien amé en la tierra!

→ verla , Zozimo en éxtasis y elevado sobre la tierra , se postró esclamando :


« Señor, apiadaos de nosotros » Entonces la forma se volvió diciéndole: « No
soy ningun Espíritu , y sí tan solo una mujer pecadora , bautizada en nombre
del Señor.» Una vez repuesto el anciano, volvió á preguntarle quien era, y
porque habia ido á aquella soledad ; y entonces ella le refirió su historia de
esta manera :
Naci en Egipto ; y á los doce años me separé de mis padres para irme á
Alejandría. No te diré como perdí mi inocencia, ni como de vicio en vicio lle-
gué a la mayor abyeccion ; porque aun me avergüenzo de mis insaciables
deseos. No vendi por oro mi inocencia ; antes bien vivia en la pobreza y ali-
mentándome de yerbas y raices , por cifrar toda mi dicha en la plenitud de la
voluptuosidad . Vi cierto dia en el puerto una multitud de egipcios y lesbios
que se dirigian á Jerusalen para asistir á las fiestas de la Exaltacion de la
Santa Cruz , y desde luego concebí la idea de partir con ellos ; pero como ca-
reciese de medios para emprender la travesía , expuse mi situacion á mis jó-
venes compañeros de viage , y nos dirigimos juntos al buque. No hubo es-
cándalo que no cometiésemos durante el viage y en los primeros dias de
nuestra llegada á Jerusalen . Llegado el dia de la Exaltacion de la Santa Cruz
me dirigí al templo ; y ¡ cosa rara ! á pesar de todos mis esfuerzos , no pude
penetrar en él , por impedírmelo una fuerza divina. Ví entonces una imagen
de la Virgen , y tendiéndole los brazos esclamé llorando : « Ya que sois la
mas pura de las vígenes , apiadaos de una desgraciada , y haced que por mi
salvacion pueda adorar la Cruz de vuestro divino Hijo. » Desde entonces
quedé consolada y pude confundirme en el templo con los demás fieles.» Al-
gun tiempo despues , la misma Vírgen advirtió á María que se retirase al de-
sierto , en el que hizo por espacio de cuarenta y siete años una vida austera
y penitente , penetrando por inspiracion divina el sentido de las santas Es-
crituras.-Alli la encontró Zozimo cierto dia que el santo hombre estaba sen-
tado en las orillas del Jordan y pensaba visitarla , la vió de repente dirigirse
hácia él llevada por las aguas. Tres años despues fué Zozimo al desierto y la
encontró muerta, y leyendo al fin en la arena su nombre, que no habia querido
confiarle durante su vida . Como no le permitiesen sus escasas fuerzas sepul-
tar al cadáver , y viese á su lado un leon tendido en la arena, conjuró á la
fera por medio de la señal de la cruz á que escarbase la tierra , y luego se-
pultó á María. Terminada la fúnebre ceremonia , fué el leon á ocultarse en el
bosque , y regresó el monge al lado de sus hermanos , á quienes se lo contó
todo . El virtuoso Zozimo contaba ya cien años cuando se durmió en la paz
del Señor.
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA . 279
Los Niños Bienaventurados , acercándose en leves torbellinos .
Ya que á todos en virtud nos sobrepuja , sabrá como digno y
fiel hermano recompensar nuestro celo . El , que tanto aprendió ,
va á instruir á los que tan pronto fueron arrebatados á los coros
del terrestre imperio.
La Pecadora , llamada antes Margarita. Cree la feliz novicia
estar soñando en medio del celeste coro ; apenas acaba de entrar
al paraiso , y ya se parece á los arcángeles , puesto que como
ellos se eleva á la mansion del Eter. ¡ Cuán pronto se desprende
de su mortal corteza ! ¡Cómo se presenta en su juventud pri-
mera, envuelta en su túnica de purpúrea luz ! ¡ Ah ! ¡ Permite-
me , Madre celeste , que le instruya en el puro amor , ya que le
deslumbran los rayos del nuevo dia !
Mater Gloriosa . Sigue subiendo hacia la esfera divina , para
que ella tambien pueda continuar su vuelo.
Doctor Marianus , orando con la frente en el polvo . Seguid las
"
miradas de la que ha de salvaros , para que pueda vuestro co-
razon recibir y soportar los ardores de la beatitud , y para que
lleguen vuestros sentidos á la perfeccion necesaria. Vírgen , Ma-
dre , Señora y protectora nuestra , haz que nos sea tu esplendor
propicio.
Chorus Misticus . Lo Temporal y lo Perecedero no son mas
que un símbolo , que una mera fábula . Solo lo Incomprensible,
lo Inenarrable , lo Infinito , lo Femenino Elerno , nos conduce
al cielo.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.


TERCERA PARTE DE LA TRAGEDIA. (1)

PARALIPÓMENOS .

EL GABINETE DE ESTUDIO DE FAUSTO.

Mefistofeles. Con tal que brilles exteriormente , todo te irá á


las mil maravillas ; el joven que no tenga su dósis de vanidad ,
vale mas que se ahorque.

Mefistofeles. Hé aquí , á mi ver , como debe uno presentarse á


las gentes : lujosamente ataviado , si quiere arrastrar todos los
corazones ; si rio , todos reirán conmigo . Seguid mi ejemplo , y
en breve podreis convenceros de que es un gran medio para pro-
bar fortuna ; porque las mujeres casi siempre perdonan que se
les falte al respeto , con tal que se empleen ciertas fórmulas.
Fuera varitas encantadas y mandrágoras , ya que siempre ha
sido el buen humor la mejor magia, y si en ello estamos todos de
acuerdo , no sé quien pueda tomarlo á mal.

(1 ) Esta tercera parte sirve en el plan de Goethe de complemento á las dos


anteriores y aunque fracmentos sueltos tienen relacion con alguna escena
importante de esta grande obra que desarrollan y comentan. Estos Parali-
pómenos son , por decirlo así , la última palabra de Goethe sobre el FAUSTO.
TERCERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 281

Conferencia.

La mitad del coro; la otra mitad. Masa de estudiantes espre-


sando el estado de cosas . Prisa , tumulto , flujo y reflujo de es-
pectadores.
Wagner opositor , hace una reverencia ; voces aisladas . El
Rector al Bedel; mandan los Bedeles guardar silencio .
Se adelanta el estudiante viajero ; critica la asamblea . Voces de
los estudiantes , parciales y á coro . El coro se burla del contrin-
cante y le obliga á desistir.
Fausto. Toma la palabra y le ataca por su jactancia y le ins-
la á que discuta .
Mefistofeles lo hace , pero luego se engolfa en el panegírico de
la vagancia , y de la experiencia que de ella resulta.
Coro parcial .
Fausto. Triste es la descripcion del vago.
Coro parcial.
Mefistofeles. Conocimientos que faltan á los sabios de la es-
cuela.
Fausto. yvwb GEWUTOU en el buen sentido. Reta á su adversa-
rio á que haga objecciones sobre la experiencia , encargándose
él de contestar á todas.
Mefistofeles. Los montes de hielo ; el fuego de Boloria ; fata
Morgana ; el animal , el hombre .
Fausto , contesta con viveza . ¿ Dónde está el espejo creador ?
Mefistofeles hace una reverencia . La respuesta para otra ocasion.
Fausto suspende la sesion, y despide á sus oyentes.
Coro. Mayoría y minoría de espectadores.
Wagner. En su solicitud , ocúpale incesantemente una idea.
Bien podrian los Espíritus revelar lo que el hombre solo cree
decirse á sí mismo.

AUDITORIO.

Conferencia.

Estudiantes , desde el interior. Dejadnos salir , pues aun no


282 FAUSTO.
hemos comido . El que habla se olvida de comer y beber ; pero el
que debe escuchar acaba por extenuarse.
Estudiantes , desde el exterior . Dejadnos entrar , pues ya he-
mos hecho trabajar las mandíbulas , la comunidad nos ha sacia-
do y queremos digerir aquí ; además , nos falta vino , y aquí está
el espíritu .
El Estudiante viajero. ¡ Siempre la misma zambra para salir У
entrar ! ¿ Por qué asi os apiñais en el umbral? Despejad los de
fuera para qué salgan los de dentro , y luego vosotros ocuparéis
la sala cuando esté vacía.
Estudiantes. Ese es de la especie vagabunda ; grita como un
energúmeno , pero en el fondo tiene razon .

Mefistofeles. Que el que está hablando acerca de la duda le-


vante la voz para que yo le oiga. Cuando se quiere dudar no se
enseña ; cuando se quiere enseñar , debe concederse algo.

“་
Mefistofeles. De una vez por todas aprovéchate de este aforis-
mo , el mas cierto de todos : No hay secreto para tí en el todo ,
pero lo hay muy grande en las fracciones.

CALLE .

Mefistofeles. No es en verdad muy fácil dirigir al jóven dueño;


pero cual montero experto , debe uno conservar su caza. De mí
sé decir que ya nada me inmuta ; doy rienda suelta á su capri-
cho, con tal que pueda yo hacer de las mias Grito mucho y le
dejo obrar ; si hace alguna estravagancia , logro con mi pruden-
cia sacarle de apuros ; pero mientras se repara el mal , da uno
pábulo á nuevas locuras .
TERCERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 283

NOCHE DE WALPURGIS .

Montes del Harz ...

Fausto. A medida que uno avanza hácia el norte , encuentra


mas hollin y mas hechiceras.

Mefistofeles. Venga una música , aunque no sea mas que


una gaita ! Somos como muchos compadres , á quienes sobra el
apetito y les falta el paladar.

Mefistofeles. ¡ Hola, querido artista de Hameln, mi antiguo ami-


go , excelente cazador de ratones ! ¿Cómo estais ?
El Cazador de ratones de Hameln . Muy bien , y siempre dis-
puesto á serviros ; aquí teneis un hombre que posee todo cuanto
quiere , huésped de doce vírgenes filantrópicas , y.... quin

MONTE DEL ARZ.

Region Superior.

Despues del intermedio; soledad , vacío. Rayos y truenos en la


cumbre. Un volcan arrojando por su cráter una peña enorme ,
humo horrible. Hay en sus alrededores un pueblo inmenso; obstá-
culo; medio de abrirse paso al través de la multitud . Peligro ;
gritos cantos. Están en el circulo mas próximo. Apenas hay quien
resista el calor que alli hace Quien es el que está más próximo al
circulo. Discursos de Satán. Presentacion ; investiduras . Media
noche. Desaparicion de la fantasmagoria . Vulcano. Rumor y tu-
mullo inauditos . La tempestad estalla .
284 FAUSTO .

En el Pináculo del Brochen.

Satán en su trono ; pueblo inmenso en su derredor ; Fausto y


Mefistofeles en el círculo mas próximo.
Satán, desde lo alto de su trono. Pónganse los cabrones á mano
derecha y á la izquierda las cabras , por mas que no puedan
estas prescindir de aquellos.
Coro. Honrad al Señor con uncion profunda , ya que tan
dulcemente instruye al mundo todo ; escuchad atentos su voz ,
si quereis iniciaros en todos los misterios de la naturaleza y de
la vida y ser eternamente dichosos.
Satán , vuelto hacia la derecha. Dos cosas grandes , espléndi-
das , infinitas , os están por igual repartidas ; doble y preciosa ri-
queza, es el oro sonoro y el oro que brilla.... La una le procura,
y la otra le pilla : ¡ dichoso el que puede poseer las dos !
Una Voz. ¿ Qué es lo que dice nuestro augusto amo ? Estoy
lejos y no he podido comprender bien su magnífico discurso;
como no han llegado hasta mí sus palabras , estoy en la misma
ignorancia acerca de la vida y los misterios de la profunda natu-
raleza.
Satán , vuello hácia la izquierda. Dos son las cosas que hay
para vosotros grandes y espléndidas , dos cosas que no tienen
precio : el oro que brilla y .... sabed , pues todos , saciar de oro á
vuestras mujeres....
Coro. Postrados estamos y ocultando el rostro á los piés del
ídolo sublime. ¡ Dichoso el que puede estar cerca y oir sus pa-
labras !
Una Voz. Por mi mal yo estoy lejos , y por mas que preste oi-
dos , se me escapan sus maravillas. ¿ Quién podrá repetirme lo
que ha dicho , y aclarar mis dudas acerca de la vida eterna y
los misterios de esa naturaleza tan fecunda y variada?
Mefistofeles , á una jóven . ¿ Por qué así lloras mi dulce teso-
ro ? De nada sirve aquí el llanto. No ves que te empujan , te
estrujan , te aplastan .
La Jóven. ¡ Por piedad ! Hablaba el amo tan maravillosamente
acerca del oro y de.... ¡ Era aquello tan tierno y dulce ! ... Pero
solo los grandes pueden comprenderlo todo.
Mefistofeles. Hija mia , no llores de este modo . Si quieres sa--
ber lo que el diablo entiende por....
SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA. 285
Satán, vuelto de cara . Heos aquí , hijas mias, en el centro del
? mundo . Salud á vosotras que , montadas en escobas , venís de
tan lejos á formar el círculo! Merced á la hermosura de que de
dia estais dotadas , podreis , hijas mias , llenar debidamente
vuestra mision.

Audiencias Particulares .

El Maestro de Ceremonias.
X....; y si conforme lo he pedido , puedo reinar sin
traba alguna , aunque demócrata de pura raza , en mi reconoci-
miento besaré tus garras , odioso tirano !
El Maestro de Ceremonias . Las garras ! Por una vez puede
hacerse; pero aun es preciso decidirse á mas.
X. ¿Qué es pues lo que aun exige el ritual ?
El Maestro de Ceremonias. ¿ Os obligais , señor mio , á be-
sar?...
X. No creais que vuestra proposicion vaya á desconcertarme.

• ¿Qué mas puedo hacer ?


Satán. Vasallo , ya te hemos puesto á prueba ; desde ahora te
conferimos ilimitados derechos sobre un millon de almas ; al que
ha sabido de tal modo adular al diablo , no hanfde faltarle nunca
palabras que halaguen .

OTRA PARTE DEL BROCKEN.

Region Inferior.

Fantasmagoria práctica.

Multitud. Súbense á un árbol , planes del pueblo. Suelo ardien-


te; Espectro desnudo con las manos detrás.
Do quiera llegue á correr la sangre humana , ausilia su tibio
aliento á la magia , por alcanzar sus cofrades por medio de
aquella una nueva vida que les impulsa á hacer grandes cosas.
286 FAUSTO.
Todo lo que huele á sangre atrae á nuestra raza, y somos siem-
pre partidarios del que la derrama; haced que el fuego y la san-
gre circuyan este sitio : porque donde hay fuego debe correr la
sangre Mira la jóven con lánguidos ojos , mientras que el ébrio
continua con ardor su obra , lo que indica que no faltará san-
gre , porque nada hay que como el amor y el vino inflame tanto
los ánimos ; asi que , no tardará en brillar el puñal , y marchará
lo demás por sí solo. Pronto llegarán por do quiera los males á
su colmo , y el torrente arrastrará al torrente devaslándolo todo.
Ruedan las cabezas por el suelo ; corre la sangre hasta el punto
de apagar el fuego. Noche espantosa ; retumbos prolongados.-
¡ Fausto aprende !

Fausto, Mefistofeles. Dirijámonos al sud por librarnos del ho-


llin de las hechiceras; en cambio, no te faltarán allí escorpiones,

Dulce céfiro , no nos prives de tu grato aliento, ya que nunca


nos abandonaste en las sendas de la juventud !

GRAN VIA.

Hay una cruzjunto al camino, á mano derecha un antiguo pa-


lacio en la cumbre de una colina y se descubre á lo lejos una po-
bre cabaña.
Fausto. Muy listo vas , Mefistófeles , ¿ que hay de nuevo ?
¿ Por qué inclinas la vista ante la cruz ?
Mefistofeles. Sé muy bien que es una preocupacion , y en ver-
dad te confieso que esto me aburre ; pero nadie debe sondear mi
conciencia , sobre todo cuando me avergüenzo de mi raza. Cuan-
do dijeron diablo , pensaron haber dicho algo digno.
TERCERA PARTE DE LA TRAGEDIA . 287

EN LA CORTE DEL EMPERADOR.

Teatro.
7 1 ?、, t ༄," 1
( El actor que hace de Rey parece estar rendido. ).
J
Mefistofeles. Bravo , viejo Fortinbras , viejo mochuelo ; al verte
tan poco dispuesto á desempeñar tu papel , te compadezco en
gran manera. Vamos, ánimo; dos palabras mas, ya que no vol→ 1
verémos tan fácilmente á oir chistar á un rey .
El Canciller. Pues aquí tenemos la dicha de oir con frecuen-
cia las sabias palabras de S. M. el Emperador .
Mefistofeles . Es muy diferente : S. E. con solo aparentar que
protesta....; al paso que lo que decimos nosotros , los hechice-
ros , carece de importancia.
Fausto. Chiton ; pues empieza á volver en sí .
El Actor. Antiguo cisne , bendito seas por tu canto supremo y
por todo lo bueno que dijiste , ya que el mal que debiste hacer
no es gran cosa....
El Mariscal. No hableis tan alto, porque el Emperador duer-
me. Me parece que V. M. no debe estar muy bien.
Mefistofeles. A S. M. le toca disponer que cesemos; puesto que
los Espíritus nada mas tienen que decir.
Fausto. ¿ Por qué así mueves los ojos á una y otra parte?
Mefistofeles. Por ver donde se habrán metido aquellos hombres
monos que aun están charlando.

Es como decia poco ha un....


El Obispo. Son ideas paganas , ideas como las que he notado
en Marco Aurelio . Son virtudes paganas.
Mefistofeles. Vicios fastuosos , de los que deduzco ser justos
que todos los presos sean condenados
El Emperador. Esto me parece bastante duro , obispo , ¿ sois
vos de la misma opinion?
El Obispo. Sin ánimo de eludir la sentencia de nuestra Iglesia
infalible, me parece que ...
288 FAUSTO.
Mefistofeles . ¡ Perdonar ! ¡ virtudes paganas ! Pues yo de buen
grado las hubiera castigado ; pero ya que es así , perdonemos.
-– Tú , que quedas ya absuelto , vuelve á gozar de tus derechos.
(Desaparecen sin hedor.)

El Mariscal. ¿ Sentís mal olor ?


El Obispo. Yo, no.
Mefistofeles. Señores , esta clase de Espíritus no hede.

En la Corte del Emperador.

Mefistofeles. Un médico de la corte debe servir para todo; em-


pezamos por las estrellas , y acabamos por los ojos de perdiz .

Mefistofeles. Solo existe por nuestra desgracia esa elegante


raza cortesana ; si por casualidad hay algun pobre diablo que
llegue á tener razon , podeis estar seguros de que no lo sabrá el
soberano.

NOCHE CLÁSICA DE WALPURGIS .

Fausto. Aguza los rayos de tus ojos , ya que tu vista es débil


en estas llanuras ; puesto que no se trata aquí de diablos y sí
tan solo de dioses.
Mefistofeles. El ojo reclama sus derechos . ¿ Qué sentido tienen
todos esos paganos desnudos ? Despues de tanto amar, no me dis-
gusta el ver algo en toda su desnudez .

Mefistofeles. Si la prudencia pudiese conciliarse con la juven-


tud , si pudiesen existir repúblicas sin virtud alguna , ¡ cuản
pronto veria el mundo cumplidos sus altos destinos !
TERCERA PARTE DE LA TRAGEDIA. 289
Mefistofeles. Baldon para el que , como tú , se consume des-
pues de tanta fama ; solo un charlatan puede estar sujeto á se-
mejantes necesidades . ¿ Consiste el uso de tus facultades en ha-
certe engallar altivo ante los hombres ? Luego de extinguida la
voz de la fama, yacen el héroe y el palurdo envueltos en el mis-
mo olvido ; cierra los ojos el primer monarca de la tierra , y va
el último de los perros á parar tambien en su agujero . ¿No tuvo
Semiramis la balanza de la paz y la guerra y rigió los destinos
de la mitad del mundo , siendo tan grande en sus últimos mo-
mentos como lo fué el primer dia de su dominacion ? Pues ape-
nas sucumbió á los rudos golpes de la muerte , cubrieron su ca-
dáver millares de insectos. La verdadera inteligencia consiste en
saberse procurar una modesta corona , que es siempre la mas
duradera ; al paso que de aquí á un siglo no habrá un hombre
que admire tu gloria.

Mefistofeles . Y cuando os exaltais , cuando decís que me porto


tan mal con vosotros .
• Es porque el que os dice hoy una verdad amarga , os
lo dice por miles de años.

Mefistofeles. Vé á probar fortuna y no vuelvas hasta haberte


arrastrado por el fango de la adulacion y la bajeza ; como por
lo regular el hombre solo llega á comprender lo que le halaga ;
habla á los devotos de las recompensas de la virtud ; habla á
Ixion de las nubes ; á los reyes , de la magestad de la persona ,
y á los pueblos de igualdad y libertad .
Fausto. Tampoco esta vez me inmutas con tu rostro feroz y
tu rabia por destruirlo todo ; sépalo al fin , si es que no lo ha-
yas ignorado hasta ahora . Tiene la humanidad fino el oide ; una
palabra pura inspira grandes acciones ; conoce el hombre muy
bien lo que le falta , y acepta ó sigue con placer los consejos sé-
rios. Así, pues, me separo de tí , y no tardaré en volver triun-
fante.
Mefistofeles. Sí, ¡ merced á tus bellas cualidades ! Me complaz-
co en ver á un loco atormentarse por otros locos. Ninguno hay
19
290 FAUSTO.
que no se crea ser enteramente cuerdo ; mucho mas pronto no-
tan la falta de dinero.

Mefistofeles. Por lo regular es siempre insipida la cosa que


mas os preocupa y os gusta ; nuestro pan cotidiano , por ejem-
plo , no es lo que hay de mas delicado , así como tampoco pue-
de haber nada de mas insípido y comun que la muerte.

FRENTE AL PALACIO.

Mefistofeles . Siempre os quejais mas y mas de la vida que tan


pronto pasa; y, sin embargo , al verse las cosas á la luz del gran
dia , se vé que su duracion al fin os basta.
Mefistofeles . Descansa en tu puesto , mientras consagran ellos
su cama de respeto, y antes de que el alma se exhale y vaya en
busca de otro cuerpo , yo anunciaré á las altas regiones que he
ganado mi apuesta. Voy á gozar ahora en la gran fiesta que el
Señor ha dispuesto a su modo.
Mefistofeles . No , no se trata ya de diferir ni de quedarse . El
Gran Vicario (1 ) truena desde lo alto; y no puedo ignorar que
él y los suyos saben arrojarme , como sé yo arrojar á los ratones.

(1) El Cristo.

FIN.
ÍNDICE .

Dedicatoria.. • Pág. | Prólogo en el Cielo. . • • Pág. 3

PRIMERA PARTE DE LA TRAGEDIA .

La Noche. 10 Los Pozos. 80


Una Calle. 58 Las Murallas . 81
La Noche. 60 La Noche. id .
La casa de la vecina. 64 La Catedral. 85
Una Calle. 68 La noche de Walpurgis. 86
Un Jardin. 69 Una Llanura. 98
Selva y cavernas 73 La Noche. 400
La habitacion de Gretchen. 76 Un Calabozo . id.
Jardin de Marta. . 77

SEGUNDA PARTE DE LA TRAGEDIA .

ACTO PRIMERO :
Un sitio agradable. 405 Jardin de recreo. 433
El crepúsculo. id. Una galería oscura. 138
El palacio imperial . 108 Salas espléndidamente ilumina-
Una madre y su hija. 447 das.. 141
Las Gracias. 120 La sala de los caballeros. 444
Las Parcas.. id.
ACTO SEGUNDO .
Un cuarto de arquitectura gótica. 149 ninfas.. 167
Un Laboratorio. 155 Bahia entre las rocas del mar
Noche clásica de Walpurgis.. 460 Egeo. 183
Las Sirenas. 165 Los Telchinos de Rodas. 190
Peneios circuido de aguas y de Eco. 193
ACTO TERCERO.
Frente al palacio de Menelao en Esparta. 195
ACTO CUARTO.
Alta montaña.. 230 ta en el suelo. 231
Una bota de siete leguas se sien- La tienda del Anti-Emperador.. 241
ACTO QUINTO.
Pais descubierto.. 254 Media noche.
En el pequeño jardin . 256 El gran patio del palacio.
Un palaci o.. id. Barrancos , bosques , peñascos ,
Noche profunda. 260 soledad. 272

TERCERA PARTE DE LA TRAGEDIA .

Paralipómenos. 280 Otra parte del Brocken . 285


Auditorio. 281 Gran via.. 286
Calle.. 282 En la corte del Emperador. • 287
Noche de Walpurgis. 283 Noche clásica de Walpurgis.. 288
Monte del Harz. id. Frente al Palacio. 290

FIN DEL INDICE .


PAUTA

PARA LA COLOCACION DE LAS LÁMINAS

PÁGINAS.

Salud al sábio doctor que tanto me ha hecho sudar . 29


¡ Ah ! ¡ mirad que hermoso es esto ! . 64
¿ Qué es lo que estás haciendo ? ¿un ramillete ? -
No , un simple juego .. 72
Mefistófeles á Fausto. Sígueme . - Voz lejana que se
va extinguiendo . ¡ Enrique ! ¡ Enrique ! . 104
A
EC
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