0% encontró este documento útil (0 votos)
216 vistas5 páginas

Cultivar la Incertidumbre en Terapia Gestalt

Este documento resume un artículo sobre la importancia de cultivar la incertidumbre como terapeutas. Explica que los terapeutas sienten la necesidad de certezas para reducir la ansiedad, pero que las certezas pueden limitar la exploración con los pacientes. Propone que en lugar de buscar certezas, los terapeutas deben cultivar la incertidumbre mediante la revisión continua de sus interpretaciones y la construcción conjunta de significados con los pacientes. También sugiere que los marcos teóricos pueden ayudar a los ter
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
216 vistas5 páginas

Cultivar la Incertidumbre en Terapia Gestalt

Este documento resume un artículo sobre la importancia de cultivar la incertidumbre como terapeutas. Explica que los terapeutas sienten la necesidad de certezas para reducir la ansiedad, pero que las certezas pueden limitar la exploración con los pacientes. Propone que en lugar de buscar certezas, los terapeutas deben cultivar la incertidumbre mediante la revisión continua de sus interpretaciones y la construcción conjunta de significados con los pacientes. También sugiere que los marcos teóricos pueden ayudar a los ter
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Centro Gestáltico de Medellín

Programa de Formación de Facilitadores y Terapeutas Gestálticos


Materia: Cuerpo y Gestalt (desde la perspectiva de campo)
Docente: Ps. Dany Rafael Mora Bracho
Tema: Cultivar la incertidumbre.

CULTIVAR LA POR:

incertidumbre
CULTIVAR LA INCERTIDUMBRE

Muchos de los temas que hemos estado planteando hasta este momento nos
confrontan con un problema crucial para nuestro trabajo como terapeutas. ¡Es
demasiado! En una sesión de terapia hay demasiados estímulos. Pasan demasiadas
cosas. Hay demasiado a lo que atender: qué nos cuenta la persona, cómo nos lo
cuenta, qué sentimos nosotros, cómo podemos intervenir, cómo formularlo, en qué
fase de la terapia estamos, qué recordamos de la historia de la persona, cuáles son
nuestros límites, nuestra teoría, nuestros apoyos… La cantidad de estímulos que
recibimos es abrumadora. La presión por tener que decir algo sensato y salutogénico
cada vez que abrimos la boca puede ser brutal. Las posibilidades de intervención por
nuestra parte en cada instante son infinitas. Resulta algo abrumador.

¿Cómo podemos movernos ante este tsunami de estímulos y posibles respuestas?


¿Cómo podemos sobrevivir a la angustia de tanta incertidumbre, de no saber a qué de
todo atender, de no saber qué respuesta es preferible por nuestra parte, de, a veces,
incluso no saber ni qué estamos haciendo? Necesitamos reducir la incertidumbre para
poderlo soportar. Necesitamos encontrar formas de que haya menos posibilidades
porque sentir que hay menos donde elegir y menos a lo que atender nos ayuda a
reducir la ansiedad y el miedo. Necesitamos certezas.

El artículo “La incertidumbre cultivada: una actitud para los terapeutas gestalt”, del
terapeuta alemán Frank-M. Staemmler, analiza la necesidad legítima que tenemos los
terapeutas de no sentirnos abrumados por la incertidumbre para poder trabajar. Nos
habla de diferentes vías por las cuales reducimos esa incertidumbre, de cómo
creamos certezas. Sin embargo, nos habla también de los problemas que plantean las
certezas. Cómo, si nos cerramos posibilidades a nosotros para no sentirnos
abrumados, cerramos posibilidades para nuestros pacientes y dejamos de verlos en su
plenitud y su complejidad. El artículo aboga, como indica su título, por encontrar
apoyos para que los terapeutas podamos cultivar nuestra incertidumbre, es
decir, sostenerla, hacerla crecer y desarrollarse, y que la podamos atesorar como
algo valioso que poner al servicio de la terapia y de nuestros pacientes.

De lo que hablamos es de cómo dar espacio al saber pero, también, de cómo dar
espacio al no saber.

Necesitamos certezas para no sentir demasiada ansiedad: certeza de que sé qué le


pasa al paciente; certeza de que sé cómo intervenir para que se sienta mejor. Sin
embargo, la necesidad de certeza no es solo una cuestión de reducir nuestra

2
CULTIVAR LA INCERTIDUMBRE

ansiedad. Es también una necesidad legítima de disponer de mapas para movernos


por el difícil territorio de los sentimientos. Necesitamos criterios para decidir qué es
más relevante y qué menos, qué objetivos terapéuticos son más efectivos y cuáles lo
son menos. Necesitamos elaborar hipótesis que nos orienten. Y no sólo nosotros
necesitamos esa orientación. Nuestros pacientes también la necesitan. Necesitan que
les ayudemos a ordenar su propio caos. Necesitan sentir que somos profesionales
sólidos y confiables, que no se van a dejar llevar por el caos que ellos nos traen.

El elemento principal para conseguir certezas es el diagnóstico. Clasificar la


experiencia en un sistema conocido de categorías, sea el que sea, nos permite reducir
variables y tener una sensación de poder tratar la información de una manera más
manejable. Dice Staemmler:

Cualquier sistema diagnóstico intenta proporcionarnos criterios para responder


a preguntas como “¿qué problema hay?” y, consecuentemente, “¿qué hay que
hacer en un caso así?

Una clasificación básica, por ejemplo, es “sano/enfermo”, decidir qué es adaptativo y


“natural”, y qué no. A menudo, los pacientes se sienten aliviados cuando tienen un
diagnóstico. Nos traen los que ya tienen y nos solicitan que los validemos o les
proporcionemos otros. El uso de sistemas diagnósticos conocidos por profesionales
de otras modalidades nos permite además a los terapeutas gestálticos no estar
aislados en nuestra propia visión y nuestro lenguaje, y así poder comunicarnos con
el mundomás amplio de la psicoterapia.

Todo esto es muy útil. Sin embargo, Staemmler nos explica que el diagnóstico, a pesar
de su utilidad, presenta también importantes problemas de tipo ético y metodológico.

Por un lado, el diagnóstico lo proporciona el terapeuta desde su autoridad profesional,


desde lo que este autor denomina el “poder de interpretación”. Quien ostenta el poder
de interpretación es quien fuerza que la interpretación correcta sea la suya. El
diagnóstico correcto es el que digo yo porque para algo yo soy el profesional. “Tú lo
que tienes es una depresión.” “Estás deflectando.” “Estás pasando un duelo.” A ver
quién me dice que esto no es así. Los pacientes no tienen mucha posibilidad de
resistirse abiertamente a las interpretaciones de los profesionales. Y si lo hacen,
resulta muy tentador considerar que “se están resistiendo” en vez de considerar la
posibilidad de que seamos nosotros los que no tenemos razón.

Así, en la relación de psicoterapia la distribución del poder de interpretación tiende a

3
CULTIVAR LA INCERTIDUMBRE

ser unilateral y esto presenta problemas de tipo ético relacionados con el abuso de
poder. Staemmler cita al respecto un relato de Gabriel García Márquez en el que una
mujer es ingresada en un sanatorio psiquiátrico por error y sus quejas desesperadas
no hacen más que confirmar el diagnóstico de psicosis a ojos de los profesionales.

Por otro lado, el poder de interpretación unilateral presenta otro problema. Crea
pseudocertezas. Es decir, promueve que los profesionales construyamos diagnósticos
que vivimos como certezas pero que realmente no pueden ser contestados por nadie,
con lo cual se mantienen estables artificialmente sin posibilidad de revisión ni
contraste por parte de los propios pacientes. Dicho en lenguaje llano, creemos estar
seguros porque nadie nos puede llevar la contraria.

Staemmler se plantea:

En tanto que yo, como terapeuta, no comparta el poder de interpretación con


mis clientes, y en tanto que piense que puedo atribuir significados a sus
comportamientos de forma unilateral, únicamente podré estar en una situación
de incertidumbre o de pseudocerteza. Si bajo estas condiciones me siento
seguro es porque he negado que conozco los errores que pueden resultar de
un ejercicio unilateral del poder de interpretación y que, en realidad, solo me es
posible estar pseudoseguro. Por otro lado, también puedo tomarme en serio mi
conocimiento de todo esto y recordar entonces que, bajo las condiciones
dadas, no tengo elección y debo no estar seguro. Esta incertidumbre es
adecuada en la realidad interpersonal presente y, por tanto, ¡debo acogerla! De
todas formas, llegados a este punto de mi línea de razonamiento, me surgen
problemas relacionados con la importante necesidad que siento de certeza,
necesidad que, como he mencionado antes, es humana y terapéuticamente
legítima. ¿Cómo puedo acoger mi incertidumbre cuando, al mismo tiempo,
siento necesidad de certeza?

Staemmler propone, no que huyamos de la incertidumbre buscando certezas, sino


que la cultivemos. Cultivar en el sentido de proteger, alimentar, desarrollar. Nos anima,
por un lado, a vigilar continuamente las atribuciones de significado que hacemos los
terapeutas y recordar que, a pesar de la sensación de seguridad que nos
proporcionan, son siempre susceptibles de revisión. Debemos estar siempre abiertos
a que lo que creemos que les pasa a nuestros pacientes no sea lo que les pasa.

4
CULTIVAR LA INCERTIDUMBRE

Por otro lado, es importante recordar que la actitud de sostener la incertidumbre, de


mantener un grado de “no saber”, está al servicio de nuestros pacientes. Abre el
camino de la construcción conjunta de significados. Mi incertidumbre no me invalida.
Alimenta la exploración con el paciente. El no saber exactamente qué le pasa a la
persona puede ser un estímulo para que exploremos juntos qué está ocurriendo,
cómo se siente, cómo podemos entender su experiencia. Si esto no es así y el grado
de certeza que sostengo es excesivo no queda nada que explorar. Ya está todo dicho
y la información nueva que pueda aparecer vale solamente para confirmar lo que yo
creo saber.

Staemmler habla de diferentes apoyos teóricos que nos pueden ayudar a sostener la
incertidumbre, paradójicamente, sabiendo lo que estamos haciendo. Hay marcos
teóricos que nos pueden proporcionar una cierta certeza de que sostener cierta
incertidumbre es una actitud útil. Nos orientan sobre cuándo y para qué es bueno no
saber. Nos permiten estar en la incertidumbre sin sentirnos ineptos, perdidos o
desautorizados.

La idea de proceso y la consciencia de la temporalidad ayudan a tener paciencia


para sostener la incertidumbre durante suficiente tiempo y no lanzarnos
prematuramente a asignar significados. La teoría de campo nos aporta que
necesitamos mantenernos en un no saber para poder estar abiertos a percibir todos
los elementos de cada situación. La fenomenología, nos da un método para “poner
entre paréntesis” nuestras certezas y abrirnos a la experiencia directa.

Este no es más que un resumen del artículo para poder abordar el tema poco a
poco y para que lo que hemos atravesado en algunas de las clases -y por supuesto
de la formación- esté un poco “bajo control”. Aun así, recomiendo que cuando
puedas, le eches un vistazo al artículo original (el cual estará adjunto); es un texto
brillante y uno de los más citados en la literatura gestáltica internacional.

Resulta llamativa una frase inspiradora del párrafo final del mencionado artículo:

También podría gustarte