Revista de la Universidad Católica No.
8/31 de diciembre de 1980
LA HISTORIA REGIONAL: UNA PERSPECTIVA EN EL
QUEHACER HISTORIOGRAFICO DE BASADRE
Raúl Palacios Rodríguez
Ojalá tengamos algún día una
historia de la nación peruana
preparada por equipos de las
distintas regiones.
Jorge Basadre.
Introducción.
A fines de noviembre de 1974, el Instituto Riva-Agüero
de la Pontificia Universidad Católica convocó a una reu-
35
nión casi familiar, cual era el deseo del propio homenajea-
do, con el propósito de testimoniar el reconocimiento y
la gratitud institucional al Dr. Jorge Basad re Grohmann
por su permanente e intensa preocupación por los estudios
históricos de nuestra patria, clara expresión, sin duda, de
aquello que se podría calificar como verdadera vocación
histórica.
En esa oportunidad, el mencionado Instituto me enco-
mendó ~probablemente por la estrecha amistad que
sostenía con el gran estudioso de la República~ reseñar su
vasto L]Uehaccr por los caminos de la Historia y de la ense-
i'lanza de la misma. La tarea no resultó sencilla; hubo que
revisar y analizar libros, ensayos y artículos diversos
(publicados en revistas y periódicos) buscando descubrir el
mensaje y la lección que el autor deseaba plasmar con el
inconfundible sello de su amor y fe hacia el Perú. Como
resultado, los vínculos de amistad entre don Jorge y yo se
estrecharon más aún.
La Historia re~ional
Mi acercamiento a Basadre puede sintetizarse en dos mo-
mentos. El primero data de comienzos de la década del 60
y a través de una vía indirecta. ¿Quién en los últimos cin-
cuenta aúos que ha pasado por el colegio o las aulas uni-
versitarias no ha leído algo de la fecunda obra del historia-
dor tacneiio? En secundaria tuve la suerte de tener como
profesor de Historia del Perú a un insigne estudioso piura-
no, don Néstor S. Martas; sus clases, con acertado criterio
pedagógico, continuamente eran ampliadas con la lectura
de algún texto o párrafo de la Historia de la República del
Perú. Pienso yue la vocación de muchos de nosotros se
perfiló por esta época; al menos a mí, me abrió el camino.
Años después, ya en la antigua Facultad de Letras de la
Universidad Católica, José A. de la Puente en sus magistra-
les clases recurría también a la cita cotidiana de un libro
que, bajo el sugestivo título de La promesa de la vida pe-
ruana, reunía varios ensayos cortos de Basadre, y que más
tarde merecería lecturas mucho más meditadas en la Doc-
toral de Historia.
El otro momento de mi aceréamien-to a Basadre ~esta vez
36
mediante la vía directa y personal- es más reciente. Se
inició circunstancialmente y por la acción de otro ilustre
tacneño, don Carlos Alberto González Marín, a fines de
1973, cuando hallábame concluyendo la redacción de mi
tesis doctoral acerca de la chilenización de Tacna y Arica.
González Marín me transmitió el vivo interés que tenía
don Jorge de conversar conmigo sobre ese episodio que
tanto le apasionaba y del cual había sido protagonista.
Una tarde del mes de octubre de aquel año llegamos a la
avenida Orrantia, a la hora fijada de antemano. Basadre
nos esperaba con su habitual puntualidad en la pequeña y
acogedora sala ubicada a la derecha de la puerta de ingreso.
Tres cosas me impresionaron en él inmediatamente: Su
cordialidad, su conocimiento actualizado de lo que ocu-
rría en el mundo y, sobre todo, su extraordinaria memoria
para recordar situaciones tan diversas como lejanas del pa-
sado. Conversamos por espacio de tres horas y media sobre
distintos aspectos vinculados con el quehacer cotidiano de
la gente de aquellas provincias durante su cautiverio. En
Roúl Palacios Rodríguez
esa y en las posteriores tertulias, siempre el común deno-
minador fue su reconocido homenaje por el admirable
comportamiento de esa gente (muchas veces anónima)
que soportó estoicamente los desmanes chilenos.
Este primer contacto personal fue el inicio de una perma-
nente y fructífera amistad t}Ue se tradujo en benévolas
actitudes de parte de don Jorge, que siempre recordaré
con gratitud y t]Ue un deber de reconocimiento me obliga
a evocarlas en esta oportunidad. El meditado Prólogo a
mi libro La chilenización de 'faena y Arica 1883-1929, fue
idea suya, por cuanto deseaba a través de él testimoniar
la "gratitud de todos sus coterráneos'' al esfuerzo de histo-
riar un episodio lJUe tardó cerca de media centuria para
encontrar solución (1 ). Fue idea suya, también, proponer-
me como su asistente principal de investigación en el pro-
yecto que tenía el Instituto de Estudios Histórico-Maríti-
mos del Perú para escribir una biografía del Gran Almiran-
te Miguel Grau. Otro gesto de su generosa conducta hacia
mí, fue aceptar gentilmente la invitación lJUe le hiciera (no
obstante haberse excusado en otras ocasiones semejantes
para dialogar con mis alumnos de la Doctoral de Historia 37
de la Universidad Católica (Seminario III-República) sobre
distintos aspectos de nuestra vida republicana, experiencia
grata y estimulante para quienes compartimos esa tarde
un diálogo franco y ameno. Otra manifestación de su cor-
dial deferencia, fue la propuesta para redactar juntos un
Manual de historia republicana tJUe, bajo el diseiio del
avance pedagógico último, sintetizase el desarrollo y la
evolución de al]Uel periodo de nuestra historia. Desafor-
tunadamente, compromisos profesionales ya contraídos
me impidieron aceptar tan ventajosa propuesta. Si de algo
me arrepiento es de no haber asumido esa noble tarea.
Contraído el compromiso con el Instituto de Estudios
Histórico-Marítimos del Perú para escribir el volumen de la
Historia Marítima correspondiente a los at1os 1884-1906,
don Jorge no solo tuvo la gentileza de revisar el esquema
inicial de la investigación, sino de sugerirme la inclusión
de algunos temas de vital importancia (la presencia de di-
versos acápites de varios capítulos obedece, precisamente,
La Historia regional
a su generosa indicación). Además, tuve el privilegio de que
revisara el primer capítulo una vez redactado. Sus sugeren-
cias y observaciones igualmente fueron asumidas. La preo-
cupación compartida con mi dilecto amigo y colega César
Gutiérrez Muñoz por la enseñanza de la Historia, nos llevó
en reiteradas ocasiones al hogar de don J orgc en búsqueda
del consejo oportuno o del esclarecimiento conceptual.
Bastaba llamarlo por teléfono para anticiparle nuestra
visita. Celosamente conservo una casette de dos horas de
duración conteniendo una de las tantas conversaciones sos-
tenidas en esa época. Finalmente, desearía referir algo que
revela un aspecto poco conocido de la vida de Basadre y
del que tuvo la sencillez de hacernos partícipes: Su marca-
da predilección por la comida china; en efecto, con Arman-
do Nieto Vélez, distinguido jesuíta, y César Gutiérrez
Muñoz, más de una vez compartimos la grata satisfacción
de estar sentados a la mesa de un chifa saboreando los
raros pero exquisitos platos que el propio don Jorge orde-
naba servir. Las noticias del momento constituían la base
de la conversación, matizada por algún chiste o anécdota
singular.
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Larga ha resultado la relación testimonial de la amistad
que finamente supo dispensarme don Jorge, pero válida
en esta ocasión para reiterar mi profundo y vivo recono-
cimiento a quien, no obstante la distancia generacional
que nos separaba, supo acogerme con esa nobleza y
sinceridad _que animaron su vida. Justamente, expresión de
esta gratitud quieren ser las breves reflexiones que a con-
tinuación se exponen en torno a una antigua y sentida
preocupación del más grande historiador de la República:
El uso de la historia regional como una legítima modalidad
historiográfica (2).
¿Historia regional versus historia nacional?
Cuando en el año 1949 apareció la magistral obra El
Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de
Felipe 11 del historiador francés Fernand Braudel, un
Raúl Palacios Rodrip,u[Link]
sector de la crítica especializada creyó ver en ella una clara
antítesis de lo t¡ue, clásicamente, venía considerándose co-
mo "historia panorámica" o, más propiamente, como "his-
toria nacional" (3 ). Se acusó a Braudel de intentar contra-
poner una historia recortada y parcial, a la visión "total" o
de conjunto que ofrece la historia nacional. Se dijo enton-
ces --utilizando una metáfora para explicar el argumento
principal- que era preferible y conveniente conocer todo
el cuerpo humano, a conocer apenas una parte o aspecto
de él.
Han pasado más de treinta años y hoy la historiografía
mundial seria no sólo no reconoce validez científica al
planteamiento de los detractores de Braudel, sino que
acepta y propugna la ejercitación de la historia nacional.
Sin embargo, no se trata tampoco -como se pretendió
hace unos aüos en un país de habla inglesa-- de practicar
una historia regional a espaldas del contexto global que ex-
plica y garantiza la historia nacional. Todo lo contrario.
Aquella requiere necesariamente ser ensamblada -no su-
bordinada- en correspondencia al marco total que define
los límites históricos generales de un pueblo. En consecuen- 39
cia, el falso dilema de "historia regional" versus "historia
nacional" queda totalmente superado o, sencillamente,
inexistente.
En cambio, el problema subsiste y es mucho más grave y
real (la historia de nuestra nación es claro ejemplo de ello)
cuando se trata de la "historia centrista", concebida y ela-
borada en función de la gran capital, cosmopolita por exce-
lencia (4 ). Este tipo de historia, lógicamente, no sólo se
opone a la historia regional como ejercicio historiográfico,
sino que rechaza de plano -apriorísticamente la mayoría
de las veces- la validez de su concepción. Aquí radica el
meollo del asunto. Pero previamente delimitemos los alcan-
ces de ambas posiciones.
¿Qué entendemos por historia regional? Sería la primera
reflexión que un estudiante de Historia podría plantearse.
Consideramos que la historia regional (algunos la identif(
can con la historia local) se diseña y articula, fundamental-
La Historia regional
mente, en base a una realidad territorial e histórica concre-
ta y sui géneris en su desarrollo y manifestación temporal.
Esto significa, entonces, que la característica primaria de la
historia regional la constituye el ámbito geohistórico gue
la delimita. En otras palabras, el micromundo (1ue la cir-
cunda expresado en una unidad territorial ( 5).
Ahora bien, esta microrealidad histórico-geográfica puede
ser abordada desde diversas ópticas o perspectivas (depen-
dientes de la opción del historiador) o, en todo caso, a tra-
vés de la conjunción de todas ellas. En este segundo mode-
lo, tendríamos una historia producto de un enfoque poliva-
lente: político, social, económico, diplomático, etc. (6).
La historia centrista, en cambio, diseña sus planteamientos
bajo una dimensión mucho más amplia y con una cobertu-
ra de aparente integración. Resulta así una "historia hori-
zontal" que tiene como eje la "ciudad grande" y a partir
del cual se pretende explicar el acontecer histórico nacio-
nal; de esta manera, la presencia regional o local queda di-
luida o marginada en mucho de lo valioso que encierra. En
40 una palabra, el macromundo succiona al micromundo.
Desde esta perspectiva, indudablemente, los nuevos esfuer-
zos deben estar orientados a plasmar una historia nacional
mediante el aporte de las historias regionales; y no a la in-
versa, como se ha venido haciendo rutinariamente: De Li-
ma hacia el resto de la República (7 ).
La historia regional como modalidad historiográfica.
Concebida así la historia regional, su calidad de modalidad
historiográfica aparece no sólo clara y necesaria, sino suma-
mente urgente en nuestro medio. Esfuerzos notables, aun-
que aislados -como veremos líneas abajo- ya se han he-
cho desde tiempo atrás. Lo que interesa ahora es tratar no
sólo de conjuncionar estos esfuerzos, sino de insistir en
el uso y la divulgación sistemática de la historia regional
como una alternativa historiográfica.
Evidentemente, esta opción por la historia regional presu-
Raúl Palacios Rodríguez
pone un análisis que, desde el punto de vista pragmático y
metodológico, contemple los diversos aportes locales (eco-
nómicos, sociales, políticos, culturales, etc.) al estudio y
explicación de la formación histórica de la totalidad nacio-
nal peruana. Lo que equivaldría a dar paso a esa instancia
historiográfica que Georges Lefebvre, notable estudioso de
la historia de la Francia revolucionaria, denominaba con
acierto la historia "desde abajo".
De otro lado, el ejercicio de la historia regional presupone
también reveladoras e importantes implicancias didácticas
en su enseñanza. Pensemos sólo, por ejemplo, en el nivel de
Educación Secundaria, en donde el estudio de la Historia
Nacional, de acuerdo a lo establecido en los programas ofi-
ciales, constituye una secuencia de hechos históricos que,
en base a un criterio más o menos cronológico, intenta pre-
sentar la historia panorámica del país. El alumno de tal o
cual zona alejada de Lima, [Link] presente el aporte
de su pueblo, localidad o región en el marco general de esa
historia nacional. No se trata, por supuesto, de pretender
una historia al servicio directo de determinada población;
lo que se busca es volcar en este campo las experiencias pe-
41
dagógicas de la moderna teoría curricular. Es decir, diseñar
el currículo teniendo en cuenta el medio socio-geográfico
en el que se va a desarrollar.
Validez de la historia regional.
Por todo lo anteriormente expresado, concluimos que la
historia regional, desde el punto de vista historiográfico y
didáctico constituye una opción útil e indispensable para
una cabal interpretación de nuestro largo y complejo pro-
ceso histórico.
Cultores de la historia regional en el Perú.
En su Introducción a las bases documentales para la Histo-
ria de la República del Perú, con algunas reflexiones (Vol.
I, pp. 113-129), Basadre presenta una relación de aquellas
publicaciones (ordenadas alfabéticamente por departamen-
tos) referidas al cultivo de la historia regional en nuestro
La Historia regiorzal
medio. La vasta extensión de dicha lista, nos revela que por
sí sola la cada vez mayor preocupación de los estudiosos
nacionales, sobre todo en las últimas décadas, por este tipo
específico de enfoque historíográfico (8 ). Sin embargo, de
esta frondosa bibliografía regional rcsel'iada por Basadre,
una buena parte apenas intenta ser un estudio orgánico con
características gen-económicas, políticas y sociales, tal co-
mo hoy se le aborda. De la fecha de edición de varias de
esas publicaciones a la actualidad, se ha avanzado mucho
en el método y la orientación; por eso, lo anterior no debe
ser tomado como un reproche a los meritorios esfuerzos de
aquellos autores, sino como una simple acotación de carác-
ter metodológico.
En el contexto global de esta motivación por la historia re-
gionaL podemos distinguir claramente dos líneas de traba-
jo. Una, en la que el interés apunta a dar a conocer el acer-
vo bibliqgráfico existente (desde el punto de vista histórico,
social, e _·onómico, geográfico, cultural, arqueológico, edu-
cativo, antropológico, etc.) sobre las diversas regiones o zo-
nas de nuestro territorio. Una especie de inventario o cat[t-
42 lago bibliográfico regional o local. En este orden, destacan,
entre otros, los aportes de Carlos Moreyra y Paz Soldán,
Raúl Porras Barreneche.1 y Jorge Basadre Grohmann, so-
bresaliendo el primero tanto por su envergadura como por
la dedicación del antor.
Ingeniero de profesión Morcyra y Paz Soldán publicó en
196 7, producto de cerca de treinta ati os de recopilación e
información muchas veces in situ, un trabajo titulado Bi-
bliografía regional peruana; hoy contamos con una segunda
edición corregida y aumentada (Lima, 1976 ). Este libro
--como lo reconoce Basadre- constituye sin duda alguna ia
principal publicación bibliográfica peruana sobre el conjun-
to de sus aspectos regionales (9). En él, el estudioso e inves-
tigador de la realidad peruana encuentra una gu {a segura y
útil para iniciar o complementar sus pesquisas (10). Las
referencias bibliográficas -comentadas la mayor parte de
ellas-- aparecen agrupadas alfabéticamente por departa-
mentos, lo que facilita enormemente la labor del lector
(11). Además, se consigna una importante bibliografía so-
Raúl Palacios Rodn:t:ue.:
bre nuestro Mar Territorial; asimismo, se incluye una sec-
ción en que aparecen registradas las obras cuyo estudio
abarca más de un departamento o toda una región geográ-
fica del Perú. Finalmente, se insertan los acostumbrados
índices onomástico, topon{mico y temático, tan necesarios
y pertinentes en trabajos de esta naturaleza.
El aporte de Raúl Porras, maestro, diplom[ltico e historia-
dor, se encuentra presente en la parte fi1ul de su célebre
libro Fuentes históricas peruanas; en efe, ro, entre las pági-
nas 535 y 563 Porras consigna una nutrida lista de aquellas
publicaciones ligadas a la historia regional u local en sus
aspectos más representativos (12). A semejanza de Morcy-
ra, las obras citadas por Porras pertenecían, en un porcen-
taje considerable, a su propia biblioteca.
La contribución de Basadre, el más grande historiador de la
República, se halla específicamente en el aludido volumen
de su magistral Introducción a las bases documentales para
la Historia de la República del Perú, con algunas reflexio-
nes; las referenci;ls biblio~~dficas aparecen acompaiiadas de
algunos co1nentarios LJUC esclarecen o a:np1ían el escuew 43
dato informativo LJUC allí aparece. La relación considera-
blemente extensa, no incluye los trahajos sobre períodos
cortos, temas educacionales, e historia literaria, y las mono-
grafías de carácter antropológico o geográfico, de amplia
divulgación en los últimos tiempos.
En cuanto a la segunda línea de trabajo, la lista de autores
es mucho más fecunda que la primera. A<]UÍ el interés
ya no está centrado en la recopilación bibliográfica en sí.
sino en el estudio directo de la localidad o región previa-
mente dclimitadd. Desde esta perspectiva, los aportes vie-
nen de varias décadas atrás. pero con m:1rcado aislamiento
o escasa continuidad entre sí. En cambio, present~tn una
tcmútica rica y diferenciada, l]Ue caracteriza a estos estu-
dios, originando a su vez una diversidad de planteamien-
tos. Así, encontramos desde los asuntos agrícolas v miíle-
ros, por ejemplo. hasta los geogrúficos. eco;1ómicos: folklb-
ricos, educativos, culturales, antropológicos, liter~1rios e
históricos, abordados a través de libros, folletos. tesis u ni-
La Historia regional
versitarias, monografías o breves artículos de difusión
periodística publicados en la capital o en las provincias.
Ultimamente, y éste es un fenómeno no sólo nacional,
dichos estudios se ven influenciados por la denominada
investigación histórico-social, en la que predomina el afán
por escudriñar la génesis, el desarrollo y la proyección de
los movimientos sociales en sus múltiples- expresiones ( 13).
Refiriéndose a esta nueva manera de enfocar la historia,
George Rudé, uno de sus más célebres propugnadores, ano-
ta:
"La década del 60 ha presenciado, tanto en Europa como en
Estados Unidos, una abundante cosecha de nuevos libros y
artículos acerca de los movimientos populares, la historia de la
clase obrera y la mano de obra, las rebeliones y las revolucio-
nes, muchos de los cuales han ayudado a esclarecer las activi-
dades y manifestaciones de la multitud en la Historia" (14).
En esta oportunidad, por razones obvias, sólo se presenta
una relación de las publicaciones más significativas apareci-
das en las últimas tres décadas, dejando constancia que el
44 análisis y crítica de ellas se hace en un trabajo que está en
plena preparación. Asimismo, que el orden de presentación,
por razones didácticas, es el cronológico. He aquí la lista:
1950-59
Filiberto Garc ía Cuéllar: Monografía de la provincia de
Parinacochas (Lima, 1950-51); Fidel A. Zárate: Esbozos
para la monografía de la provincia de Contumazá (Lima,
1950); Manuel C. Bonilla: Renglones de Historia, Paseo
(Lima, 1950); Carlos F. Vivanco: Monografía de la provin-
cia de Parinacochas (Lima, 1951); Samuel Mendoza: Mo-
nografía de la provincia de Santiago de Chuco en el cin-
cuentenario de su fundación (Lima, 19 51); Jorge Cornejo
Bouroncle: Situación económica de la región del Cuzco
(Cuzco, 1952); Luis E. Cavcro: Monografía de la provin-
cia de Huanta (Lima, 1 953); Alberto Carrillo Ramírez:
Ensayo monográfico de la provincia de Bolognesi; con un
apéndice biográfico (Arequipa, 19 53-54); Vladimiro Berme-
jo: Arequipa (Arequipa, 1964 ); Víctor N. Benavente:
Raúl Palacios Rodrigue::
Historia sintética de Arequipa ( Are(¡uipa, 1 954); Lázaro
Costa Villavicencio: Monografía del departamento de
lea (Lima, 1954 ): Fortunato Zara Carvajal: Tacna, histo-
ria y folklore (Lima, 19 54); S enero Cerrón Astucuri: Breve
historia de Ahuac, en la provincia de Huancayo (Huancayo,
1955); Luis Antonio Eguiguren: Unanue, Arequipa y la his-
toria creadora (Lima, 1955); Horacio Villanueva Urteaga:
Historia del Colegio Nacional de Ciencias del Cuzco (Cuzco,
1956 ); Carlos López Albújar: Bosquejo monográfico de la
provincia de Morropón (Lima, 1956); Nazario Chávez Alia-
ga: Cajamarca (Lima, 1957 58): Teodosio C. Ordoya Espe-
jo: Chupaca. Estudios monográficos de la ciudad de Huan-
cayo (Huancayu, 1957); Lízaro Cruz Arrun;itcgui: Mono-
grafía de la provincia de Sullana :piura, 1958 ); Edmundo
Ubiliús: El distrito de Malvas (Li;na, 1958): Dionisia Ortiz,
O.F.M.: Monografía de Chancharnayo (Lima, 1958); Ricar-
do Cavero Egúsquiza. El departamento de San Martín;
sinópsis histórico-geográfica (Lima, 19 58); Magdaleno
Chira: Monografía de la provincia de Leoncio Prado (Lima,
1959): Manuel Valenzuela Agüero: Ensayo socio-económi-
co de la provincia del Dos de Mayo (Lima, 1959); José
Varallanos: Historia de Huánuco. Introducción para el 45
estudio de la vida social en una región del Perú desde la era
pre-histórica a nuestros días (Buenos Aires, 1959); Lázaro
Costa Villaviccncio: Monografía del departamento de La
Libertad (Lima, 1959): Félix Martínez Vega y Miguel Tue-
ro Ch5vcz: Historia monográfica de Chepén (Lima, 1959):
Ricardo Miranda Romero: Monografía del departamento
de Lambaycque (Chiclayo, 1959); Mclquiadcs Castillo: Re-
laciones industriales en el departamento de Piura (Lima,
1959); Jorge Basadre: Infancia de Tacna (Lima, 1959);
l\1elciades Nieto: Situación agroeconómica de Tumbes (Li-
ma, 1959).
1960-69
Víctor A. Belaúnde: Arequipa de mi infancia (Lima, 1960),
César Pacheco Portugal: Condición jurídica de los indíge-
nas pastores de hacienda en el departamento de Puno (Are-
quipa, 1960), Carlos Oliart Garmendia: Cómo y quiénes
fundaron la primera fábrica de tejidos de lana en el Perú
La Historia regional
(Cuzco, 1961 ); Antonio Vílchez Amézquita: Ensayo mo-
nográfico de la provincia de La Mar (Lima, 1 9 61 ) ; Dioni-
sia Ortiz O.F.M.: Reseña histórica de la montaña del Pan-
goa, Gran Pajonal y Satipo ( 16 7 3-1960) (Lima, 1961);
Guillermo D. K uon Cabello: Monografía del departamento
de Moquegua (Lima, 1961); Enrique Cuentas'Ormaechea:
Puno; boceto histórico (Puno, 1961), Gabriel Escobar: La
estructura político-social del departamento de Puno (Cuz-
co, 1961); Guillermo Zegarra Meneses: Historia del Cole-
gio de Abogados y apuntes para la historia de Arequipa
(Arequipa, 1961), Antonio Moreno Salas: Monografía geo-
gráfica e histórica del distrito de Pachaconas (Lima, 1961);
Juan Ponce Vidal: La Perla del Chira; homenaje al cin-
cuentenario de Sullana (Su llana, 1 961); Luis Andía Mu-
ller: Estudio geo-socio-económico de la provincia de Cara-
velí (Lima, 1961 ); Osear Kuroiwa Horiuchi: Estudio so-
cio-económico de la provincia de Chanca y (Lima, 1961);
Bolívar nerales Montenegro: Estudio geo-socio-económico
de la provincia de Santa Cruz, departamento de Cajamarca
(Lima, 1961), Anan ías Sumari Mendoza: Estudio geo-so-
cio-económico de la provincia Víctor Fajardo del departa-
-l6 mento de Ayacucho (Lima, 1961), Alejandro Medina Val-
derrama: Monografía de la provincia de Chota (Lima,
1962); Alejandro Palomino Vega: Estudios históricos de
Tarma (Tarma, 1962), Justo Fernández: Ancash, persona-
je (Lima, 1962); Manuel J. Bustamante de la Fuente: La
Arequipa de ayer y de hoy (Lima, 1962); Raúl Caldo Pa-
gaza: Economía de las colectividades indígenas colindantes
con el Lago Titicaca (Lima, 1962); Héctor Martínez: Tres
haciendas altiplánicas: Chujuni, Coche la, Panascachi
(Lima, 1967): Pedro Ortiz: Organización social en la pam-
pa de llave (Lima, 1962); Suricl Mendoza Quintana,: Piura
en síntesis; estudio regional de la provincia en sus aspectos.
histórico-poi í tico-geográfico, económico-social, educativo,
étnico, religioso (Piura, 1962): Roberto Ramos Núiiez:
Lampa y sus tradiciones (Puno, 1962), Héctor Centurión
Vallejo: La Independencia de Trujillo. Apuntes para la His-
toria de Trujillo (Trujillo, 1962). Luis Alvarez Barrios:
Estudio geo-económico y social del distrito de Pauza de la
provincia de Parinacochas, departamento de Ayacucho ( Li-
ma, 1962): Rufino Gonzalcs Calderón: Estudio geo-econó-
Raúl Palacios Rodríguez
mico y social de la provincia de Cangalla del departamento
de Ayacucho (Lima, 1962); Eduvina Malásquez Huapaya:
Aporte del valle de Lurín a la economía nacional (Lima,
1962); Lázaro Parinango González: Estudio económico
del departamento de Lambayeque (Lima, 1962); Manuel
Rivera Beltrán: Estudio geo-socio-económico de la ciudad
de Chimbote (Lima, 1962); Petronila Rodríguez Vela: Es-
tudio geo-socio-económico de la provincia de Moyobamba,
departamento de San Martín (Lima, 1962); Francisco Vi-
Barreal Jiménez: Estudio geo-socio-económico de la pro-
vincia de Pacasmayo (Lima, 1962); Luis Tolmos Marcos:
Síntesis monográfica de la provincia de Chincha (Chincha
Alta, 1963); Gamaliel Lagos Matos: Apuntes históricos
del distrito de Moya. (Huancayo, 1963); Hilda Sosa Sec-
chi: Estudio socio-económico de la provincia de Puno (Li-
ma, 1963); Crisanto Pachecho Vargas e Isaías Osario: Es-
tudio socio-geográfico e histórico de la provincia del Cuz-
co (Cuzco, 1963); Víctor Salazar Vera: La meseta de Ju-
nín como unidad geohistórica (Huancayo, 1963); Juan
Arce López: Análisis socio-económico de la provincia de
Sihuas (Lima, 1963); Celsio Es pinaza Peña: Estudio socio-
económico de la zona de Tingo María (Lima, 1963); Ra- 47
quel Huarcaya Tello: Realidad geo-socio-económica de una
Hacienda serrana (Sinto-Huancavelica) (Lima, 1963);
· Crosby la Rosa Antúnez: La provincia de Huari (Lima,
1963); Hilda Sosa Secchi: Estudio socio-económico de la
provincia de Puno (Lima, 1963); Félix Denegrí Luna: A-
puntes para una bibliografía de periódicos cuzqueños (Li-
ma, 1964); Jaime Deza Rivasplata: Historia de la provincia
de Pacas•nayo 1864-1964 (Trujillo, 1964); Virgil Salera
(y otros): Desarrollo agrícola y económico de la zona del
Mantaro en el Perú (Ncw York, 1964); Maximiliano M os-
coso Sánchez: Apuntes para la historia de la industria tex-
til en el Cuzco colonial (Cuzco, 1965 ); Lucio Medina
Díaz: Historia del periodismo can chino (Lima, 196 5);
Leoncio A costa Santivái'icz: San Jerónimo de Tunán: es-
tudio socio-histórico-geográfico (Lima, 1965); José Ma-
ría Morante: Monografía de la provincia de Camaná (A-
requipa, 1965); Carlos Alberto González Marín: Breve his-
toria del periodismo peruano en Tacna, 1840-1929 ( 1965);
Gilberto Salas Perca: Monografía sintética de Azángaro
La Historia regional
(Puno, 1966 ); César O. Prado: El periodismo en Ayacu-
cho (Ayacucho, 1966); Gabriel M. Escobar: Organización
social y cultural del Sur del Perú (México, 1967), Fran~ois
Bourricaud: Cambios en Puno (México, 1967); Dionisio
Ortiz, O. F. M.: Oxapampa. Visión histórica y desarrollo
de la provincia de Oxapampa en el departamento de Pas-
eo (Lima, 1967); Henri Favre: Evolución y situación de
las haciendas en la región de Huancavelica (Lima, 196 7);
Dionisio Ortiz, O. F. M.: Oxapampa, estudio de una pro-
vincia de la Selva del Perú (Lima, 196 7); Fran~ois Bou-
rricaud: Cambios en Puno, estudios de sociología andina
(México, 1967); Humberto Ñaupas: Monografía de Pau-
carbamba (Lima, 1967); Roberto Ramos Núiiez: Mono-
grafía de la provincia de Lampa (Puno, 1967), Jorge Be-
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48
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El aporte de Basadre.
Desde sus primeros libros y opúsculos -ha escrito con
acierto Jorge Puccinelli- Basadre se presenta como un
innovador de las oricnt:1ciones hist<lriogr:íficas en el Perú
(15). Efectivamente, bajo estcinflujo por innovar pautas o
enfoques caducos, la preocupación del historiadill· tacneilo
por la historia regional o local se presenta tenaz y constan-
te, correspondiéndole, desde el punto de vista estricta-
mente histórico, el mérito de haber sido el iniciador e im-
pulsor de tan singular enfül¡ue. ( 16)
Pues bien, de las dos líneas de trabajo seiialadas anterior-
mente, Basadre incursiona en ambas con loable éxito. LJe
la primera hemos aludido brevemente a su Introducción
a las bases documentales para la Historia de la República
del Perú, con algunas reflexiones, obra de singular impor-
Raríff>alacios Rodr~r,¿ue::
tancia L¡ue "no tiene par;delo en la historiografía de len~u.t
espaiiola", tal como lo reconoce el severo crítico IZaLJcl
Gutiérrez Girarclot. De la segunda, intentamos ahora bos-
L¡uejar una apreciación ele conjunto -al mismo tienqw cun
pretensión de síntesis- de la intens<J inc¡uietud de Bas;Jdre
en torno a la historia regional, puesta de manifiesto tanto
en la cúteclra como en sus obras y ensayos hist(>ricos.
Es por todos conocido el vivo y permanente intL'rés L!UL'
manifest(> Basadrc por la historia regional como UIU fonn;J
de enriL¡ueccr y lo~Llr la cumprcnsión de la historÍ<I ILJcio-
nal. ~/Lís todavh. cr;¡ un convencido de la bon(bd \ ilecc-
sidad urt!,cntc de su divulgaci(>Jl en nuestro medio. l.¡¡ <;U
libro arrib;J cÍLJdo. escribí(> co11 la convicciflll Ljlll' J,> clr<JC
terizaba:
Así como ya 110 se puede escribir la historia dcli1HIIlllo con el
criterio de "l:uropa-ccntrismo", la historia del Perú 110 puede
estar guiada por el "Lima-centrismo ...
Pero L'Sta dccbrad;J y <llltÍt!,U<l inclinación del ilustrL' L1Cill'-
'1o ¡lor b historÍ;J locd dirhmos un;¡ forllLI ,le e<>lllb<Jt•.·
en su vida al estilo del f'r;~ncés Lucien Fchne no dcbeuw· 51
intcr¡lJTtarla ni como un rechazo ni co1no un:1 nq.;ación a
la histori;J nacional L'n su e.,¡HL'~Í(>JJ Jlla\ ur: esto debcJJJus
subrayarlo, para evitar CILT en cun(usioncs. a L1s c¡uc soJJlOS
tan propensos en nuestro paÍs. [);~s;Jdrc \ Ci'l'(J Ljlle
todo <ILJUC! que se considere sens,Jto ¡)iL'Jl<;;J L'll i~ual Cunn;J
no cuestiona la histori;~ nacioJLil coJJIL', 'I''L'Si,'lll cokctiv<~
e integral de la vivcnci<l hist,'>rÍcl de nuestro pueblo: !u LJUC
él cuestiona y CO!llhatc es Li r()rllla ell 'Jlll' esta historÍ;I ha
sido moldeada (<dt!,unos con evidente tn;¡] t!,Usto hablan ele
manipulaciún) desde la ctpiral y con cse<JS<I p<lrticipacil>n
de las distintas rc~iones de nuestro vasto territorio.
Dentro de la vida nacional -- escribiú en el Prólogo al libro de
Zegarra Meneses- hemos tenido un fenómeno muy entroniza-
do <¡ue cabe llamar ''Lima-centrismo". Se ha prestado atención
prcíerente al acontecer en la llamada "Ciudad de los Reyes".
Esto debe ser superado de modo dcfi11itivo no sólo en la histo-
ria política sino también en la social, la _jurí,iica, la económica,
la literaria, la artística, la educacional, la de la cultura e11 sus
distintos aspectos.
La Historia re,Rional
Precisamente, su reclamo mayor se orienta a vertebrar la
historia patria a través y con los sustantivos aportes regio-
nales. Lo que, desde una perspectiva dinámica y ondeante,
correspondería a una historia orgánica a integral, que tras-
pase los límites de la vida capitalina. Sin embargo, en su
diseilo, esta nueva forma de configurar el pasado histórico
nacional ( c1ue requiere evidentemente de un cambio de
actitud por parte del historiador) encierra algunas notas
c¡ue el propio Basadre sintetiza magistralmente, en el si-
guíen te párrafo:
Entendido en su sentido moderno, este tipo de quehacer des·
deña el interés exclusivo por los pocos que, en una u otra
forma gobernaron; quiere escrutar en el alma y en el cuerpo de
los más. Busca entrar dentro de lo que hubo de diferencial en
los particularismos de esas colectividades auténticas que en
algunos idiomas extranjeros reciben el nombre de "país". He
aquí, de hecho, una historia sectorial. Va a las estructuras y a
las coyunturas, a lo concreto material y a lo invisible cotidia·
no, ~ la existencia misma en sus aspectos exteriores y a las
mentalidades en cuanto adoptan una actitud frente a la vida y
frente a la mu<:'rt<:'. Cumple así una saludable función innova-
dora. Puede llegar cot~ facilidad al desafío crítico que deshace
las teorías "a priori". Pero no se c¡ueda inmersa en el "ghetto"
de lo anecdótico. Lejos de caer en un pasadismo centrípeta, el
52 buen historiador regional o local, desde su propio terreno y
con su propio bagaje, construye puentes que lo vinculan al
acontecer nacional y general, y, por medio de ellos, lo enrique-
ce. No se entretiene en la juguetería de la historia-pasatiempo.
No se pierde en los vericuetos de la historia puramente datísti-
ca. Va a la historia-problema. Desenmascara. Rompe o aclara
mitos. Flahora, rnPdhntc un trabajo pr2ciso, !a problemática
sint;ular de su tem ..L s._ dirig.: a lo!s nuevas gcnetaciones no
para ofrecerles el polvo indigesto de la erudición sino las semi-
llas fecundas de la angustia y la esperanza ... ( 17)
Tarea ardua y laboriosa, pero sumamente fascinante y
necesana.
En su monu1ncntal Historia de la República del Perú,
Basad re plasma, igual m en te, su preocupación por b h is to-
ria regional y local. ¡Qué felicidad constatar que su vieja
aspiración de ver los :1rboles y también el bosL¡ue se mate-
rializa con admirable armonía! En efecto, en un ligero
balance estadístico de bs casi 6.500 púginas LJUe suman los
dieciséis volúmenes de la última edición (Lima, 1 968-ú <J).
Raúl Palacios Rodr(r¿uez
apro~i m adamen te las tres cuartas partes están dedicadas
a temas, asuntos o personajes de la vida provinciana. Sobre
esa vasta pintura mural se ve desfilar centenares de lejanos
pueblos l]Ue no reclaman nada, pero l]Ue sí enseilan mucho.
cientos de personajes no capitalinos que, de una u otra
fonn;l, han intervenido en armar el andamiaje histórico de
su patri,l chica: múltiples los acontecimientos regionales
'-]UC, cual nutritiva savi;l, han enric]uccidu la compleja y
frondosa maraiia de nuestra eupa republicana. Toda csLl
hermosa sinfonía colectiva impuls.1da --según propia con-
fesión- por un solo propósito: Conocer la realidad total y
profunda del Perú. Quizás el único reparo c¡uc pudiera
hacerse a la Historia de la República del Perú (aunc¡uc
comprensible en obras de esta magnitud) es l]Ue el trata-
miento de la historia regional o local aparece articulado
en función del macrocosmos c¡ue enmarca al período estu-
diado.
En su bello libro La multitud, la ciuóad y el campo en la
historia del Perú -obra de su mocedad intelectual Basad re
expone a lo largo de varias páginas algunas consideraciones
muy importantes sobre el tema en cuestión. Empieza por 53
precisar aL]LH:lios tres conceptos básicos gue por mucho
tiempo se tomaron como sinónimos: Federalismo, descen-
tralización y regionalismo. Dice así:
El federalismo es una fórmula netamente política por medio
de la cual un Estado debe subdividirse en pequeños Estados o
cantones, cada uno con su Constitución propia, debiéndose
ocupar el poder central tan sólo del interés general, de las rela-
ciones exteriores. Respecto del federalismo, el regionalismo
tiene la diferencia de que no es una fórmula netamente políti-
ca y que si bien reivindica la autonomía de la región, la consi-
dera como parte del todo nacional respetando la autoridad
suprema del Estado. La descentralización puede ser política
en cuanto establece la autonomía provincial y municipal y la
existencia de autoridades intermediarias entre los organismos
locales y la autoridad central y administrativa aunque esa auto-
nomía y esas autoridades no se relacionan con el poder ejecu-
tivo y sus funciones políticas, que quedan sujetas al poder
central; y la descentralización es fiscal en cuanto se trata sim-
plemente de la recaudación y de la inversión de las rentas
departamentales o provinciales dentro del mismo departamen-
to o provincia. El regionalismo se diferencia de la descentrali-
zación en que ésta puede referirse simplemente a la provincia,
La Historia regional
el departamento o el municipio sin abarcar a la región que es
una realidad muchas veces distinta y cuyas características son
geográficas, sociales y económicas. Además la descentraliza-
ción se limita a lo político y a lo administrativo y el regionalis-
mo puede comprender estos aspectos pero debe incluir así
mismo los económicos, sociales, etc. ( 18)
Al buscar una respuesta directa a la interrogante ¿qué es el
regionalismo?, ex presa lo siguiente:
Algunos lo nombran al realizar una prédica motivada por
razones geográficas o mejor dicho literarias condenando a
Lima y a la costa. Se explica esta prédica en escritores de
cultura netamente artística, sin bases mentales económicas ni
sociológicas: como gesto estético, moral o biliar ...
El regionalismo es una reivindicación integral de los valores
que constituyen una comarca; pero conservando siempre el
legado más sagrado que nos deja nuestra Historia: la unidad
nacional que por una triunfal predestinación quedó incólume
a pesar de todas las convulsiones y de todas las inestabilidades
que 1secharon nuestra gesta. ( 19)
En su libro Perú: Problema y Posibilidad, la alusión a la
historia regional si bien es escueta e indirecta, resulta inte-
54 resante por el enfoque: Se orienta a reseñar los principales
aportes de principios de siglo (Mariátegui, Belaúnde y
Romero) y sus proyecciones en el pensamiento peruano de
1931, año en que aparece la primera edición. (20) Sus
reflexiones generales sobre el fenómeno del centralismo
(históricamente tratado) resultan sustanciales e inmejora-
bles para entender el rol que éste ha jugado (con severas
implicancias en nuestra evolución histórica) desde la época
de los Incas. El capítulo lleva el sugestivo título de "El
centralismo y la subversión de las provincias".
Mención especial merece su estupendo opúsculo Infancia
en Tacna --visión fervorosa y poética de aquella ciudad en
los años de la ocupación chilena y cuya lectura resulta tan
emocionante- en el que Basadre narra y describe la vida
cotidiana de las gentes de esa meridional provincia perua-
na; a través de la casi centena de páginas (con el recuerdo
personal y la tradición oral) el autor evoca maravillosamen~
te un sinnúmero de episodios que, ejemplos de heroísmo
civil (muchas veces anónimo y colectivo), simbolizaron la
Raúl Palacios Rodríguez
resistencia peruana a la intromisión extranjera después de
la guerra. Aparece el recuerdo vivo de escenas familiares, de
situaciones tensas e inmensamente humanas, o de persona-
jes que con su acción viril y decidida hicieron posible la
presencia "invisible de la patria grande":
Los recuerdos de la infancia en Tacna en los días de la ocu-
pación chilena -escribió años más tarde- no son para mí una
serie de hechos, o de rostros, o de panoramas eslabonados sis-
temáticamente en el tiempo. Superviven, más bien, dentro de
un vasto conjunto indiferenciado, como el mar aparece ante
los ojos de quien lo contempla desde una playa o desde un
barco. Se mezclan dentro de ese todo el hogar, la familia, la
ciudad natal, los amigos, cosas que ocurrieron o que oí relatar,
sucesos en los que participé o que vi, o que creo existieron,
sentimientos o impresiones cuyo aroma aún me sirve de com-
pañía, mezclados con fragmentos de experiencias más recien-
tes.
Desde luego, en dicho libro no están ausentes las referen-
cias a la vida social, económica, política o cultural de aque-
llas gentes, ni tampoco su inquebrantable voluntad de rein-
tegrarse al seno de la Patria. ( 21)
Finalmente, cabe señalar que la preocupación de Basadre 55
por la historia regional o local, se halla claramente manifes-
tada en los mencionados Prólogos - los libros de Zegarra
Meneses, Palacios y Tamayo.
Epílogo
Las reflexiones aquí esbozadas -introductorias, por cier-
to- sólo desean llamar la atención sobre un tema que fue
viva y permanente inquietud en Basadre. Posteriores estu-
dios, evidentemente, no sólo las complementarán en su
conjunto, sino que descubrirán nuevas y ricas perspectivas
en la inagotable cantera que nos ofrece el quehacer histo-
riográfico del ilustre tacneño.
Antes de concluir estas líneas deseo expresar mi agradeci-
miento a Victoria Espinosa Descalzo, antigua compañera
de estudios, por sus valiosas sugerencias y por haberme
permitido consultar parte de su biblioteca especializada; y
La Historia regional
a Gloria, mi esposa, por la lectura crítica y detallada de los
originales.
NOTAS
( 1 J Cfr. Raúl Palacios Rodrí- (5) El joven y estudioso histo-
guez ... La chilenización de Tacna riador social Alberto Flores-Ca-
y Arica 1883-1929. Lima, Edito- lindo en un reciente libro inten-
rial Arica, 1974. Prólogo, p. 12. ta definir -desde un punto de
Los originales de este Prólogo los vista genérico y bajo el influjo de
conservo con profunda reveren- la historia económica- el con-
cia y carifio. cepto de región. Dice así: "El
término región, alude inmedia-
(2) Su incesante reclamo por tamente a un espacio, pero uo a
propiciar la historia regional en cualquier espacio, sino a una
nuestro medio, lo hallamos pre- geografía que se ha ido definien-
sente en varios escritos. Cfr. Pró- do a lo largo del tiempo, a través
logo al libro de Guillermo Zega- de los afios y los siglos, teniendo
rra Meneses Arequipa, en el paso como base determinadas relacio-
de la Colonia a la República (pp. nes de producción y un circuito
5-9); Prólogo al libro de Raúl comercial característico, c¡uc han
Palacios Rodríguez La Chileniza- permitido, a su· vez, la hegemo-
ción de Tacna y Arica 1883- nía de una clase sobre ese espa-
1929 (pp. 7-14); Prólogo al libro cio. La región aparece como el
de José Tama yo Herrera Historia resultado de la consolidación de
56 social del Cuzco republicano elementos m u y diversos" (cfr.
pp. 11-21); Introducción a las Arequipa y el sur andino: Ensa-
Bases Documentales ... (pp. 113- yo de historia regional (siglos
129) y, permanentemente, en su XVIII-XX). (Lima, 1977). p. 7).
monumental Historia de la Repú-
blica del Perú. (6) Sobre este asunto y otros
de suma trascendencia, Basadre
publicó en 1973 un brillante en-
(3) La prirn era edición en es-
sayo titulado La historiografía
pa!'wl data de 1953 y la última,
de hoy (cfr. ''Acta Herediana''
publicada por el Fondo de Cul-
(Revista de la Universidad Perua-
tura Económica en 2 tomos, de
na Cayetano Heredia), Lima,
1976. núrn. 2, setiembre de 1973, pp.
5-14).
(4) Con otro sentido (pero vá-
lida para ilustrar el extremado
(7) Cou el advenimiento de es-
capitalismo limei'io) a comienzos
te siglo, el sentimiento anticen-
de siglo un conocido escritor
tralista (en el que había mucho
acui\Ó una frase por demás de-
de antilimcilo) como lo scCrala
moledora: "El Perú es Lima,
Basadre en su libro Perú: Proble-
Lima es el jirón de la Unión, y
ma y posibilidad) cmpezél a ro-
el jirón de la Unión es el Palais
bustecerse. Recordemos las lapi-
Concert", Los comentarios so-
bran. darias frases de Gonz(¡ lcz Pr<Hla
en sus Horas de lucha; la acción
beligerante del huanuc¡uciio Au-
Raúl PalacicJ3 RodríP,uez
·-------
gusto Durand o la agitación po- Herrera).
pular de los arequipPlios Fran-
cisco Mostajo y Modesto Mála- (9) Refiriéndüse a su conteni-
,,a, Sin emharvo. el fenómeno do. escribe Bas;•drc: •'Dicho li-
del regionalism'o fue abordado bro, ~í bien no es exhaustivo,
,_con lucidez y i''crütud poi José abre nuevas rutas lJara la inves-
C. Mariátegui en sus cdebres tigación lustórica", aprec1ación
Siete ensayos de interpretación que compartimos plenamC:'ntc.
de la realidad peruana, sabra-
yando "que regionalismo no ( 1O) Como dato curioso, habría
quiere decir separatismo". Vi- que decir que todas las obras que
sión enriquecida con los aportes, aparecen citadas en este libro
igualmente notables, de Víctor forman parte de la magnífica co-
A. Belaúnclc (La realidad nacio- lección [Link] del autor.
nal) y de Emilio Romero (Geo-
grafía económica del Perú). Más ( 1 1 ) El mis;no criterio de orde-
tarde, se agregaron los trab:•.jos namiento alfabético aparece en
brillantes del piurano Hildcbran- los libros citados de Porras y
do Castro Pozo. Basadre.
En el ámbito internacicrnl, so-
bresale el ya clásico libro de Pic- (1 2) En el preámbulo de la lis-
rre Vilar La Catalognc dans ]'Es- ta, Porras escribió esta frase de
pague modcrne, prototipo de honda vigencia: "El conocimien-
historia ecorH'>mica ret,,¡onal (exis- to y el estudio de la bibliografía
te una versión española <1 cargo ?rovincial puede ser en lo futuro
de la Editorial Crítica, de Bar- una de las meiores contribucio-
celona, bajo el título de Cata- nes para el estudio integral del
luña en la España Moderna). Des- Perú".
de otro ángulo, merecen cit2xse 57
los siguientes trabajos: Pierre ( 13) Es justo reconocer que los
Gilbert, Local History ( 1971); nuevos métodos de las ciencias
Lawrence Stone, English and sociales y económicas han con-
United State Local History seguido ieactivar y fortalecer el
(1971); Paul Leuilliot, Défense empleo de la historia regional y
et illustration de l'Histoire locale local.
(196 7) e Ilistoire local e et poli-
tique de l'histoire (1974). ( 14) Cfr. La multitud en la his-
toria. Buenos Aires, Siglo XXI
(8) A pesar de esta ascendente Argentina Editores, S.A., 1971,
inquietud por la historia regio- p.S. En esta línea podemos citar
nal, Basadre en el libro mencio- tambiét, los clásicos libros de
nado anota lo siguiente: ''De to- Eric Hobsbawn, Rebeldes primi-
dos modos, falta aún mucho por tivos (Barcelona, 19 7 6); de Ed-
hacer en el campo de la historia ward P. Thompson, Tradición,
regional y local. .. " En otro escri- revuelta y conciencia de clase
to, apunta: "La historia regional (Barcelona, 1979); y del propio
y local fue, durante mucho tiem- Rudé, Protesta popular y revo-
po y continúa siendo en parte, lución en el siglo XVIII (Barce-
en muchos lugares, tarea de afi- lona, 1978).
cionados más o menos inteligen-
tes y, en casi todos los casos, ( 15) "La nota característica de
muy laboriosos" (cfr. el mencio- los ensayos de Basadre, de acen-
nado Prólogo allibr(J de Tama yo to histórico--social y 'cultural o
La Historia regional
literario -agrega el citado Pucci- ( 19) Esta es una lección maravi-
nelli- es una nota de moderni- llosa que debemos rescatar del
dad que signa a su generación e pensamiento de Basadre: No
implica la ruptura del misoneís- obstante su devota inclinación
mo tradicional de la crítica pe- por el regionalismo (en sus vária-
ruana, esa suerte de aversión a das expresiones) jamás pretendió
todo lo nuevo, a todo lo vivo, a acabar con la unidad, la peruani-
todo lo actual; ese 'horror a en- dad. Todo lo contrario.
frentarse a lo vario, ondulante y
lábil de la vida" (cfr. Presenta- (20) Hoy contamos con una se-
ción al libro Perú: Problema y gunda edición (versión facsimi-
Posibilidad (Lima, 1978, [Link]). lar) patrocinada por el Banco
Internacional del Perú.
(16) Probablemente, su origen
provinciano influyó en esta ma- (21) Cfr. Infancia en Tacna. Li-
nera de pensar, así como en mu- ma, Talleres Gráficos P .L. Villa-
chos actos de su fecunda y valio- nueva, S.A., 1959. Con sustan-
sa existencia. ciales modificaciones (pero con-
servando el título), el autor in-
(17) Prólogo al libro de José cluyó el texto de este ensayo en
Tamayo Herrera, pp. 13-14. su libro La vida y la historia. En-
sayos sobre personas, "lugares y
( 18) La multitud, la ciudad y el problemas (Lima, 197 5 ), pp.
campo en la historia del Perú, p. 3-68.
172 (segunda edición).
58