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La Poesía Eterna en Rima IV de Bécquer

Este documento resume una rima de Bécquer titulada "Rima IV". En ella, Bécquer argumenta que la poesía existirá siempre, independientemente de la existencia de poetas o de temas sobre los que escribir. La rima consta de cinco estrofas que concluyen con la frase "habrá poesía". Bécquer cree que la poesía no es solo del pasado, sino de todos los tiempos, y que nada podrá impedir su existencia en el futuro.

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La Poesía Eterna en Rima IV de Bécquer

Este documento resume una rima de Bécquer titulada "Rima IV". En ella, Bécquer argumenta que la poesía existirá siempre, independientemente de la existencia de poetas o de temas sobre los que escribir. La rima consta de cinco estrofas que concluyen con la frase "habrá poesía". Bécquer cree que la poesía no es solo del pasado, sino de todos los tiempos, y que nada podrá impedir su existencia en el futuro.

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RIMA IV

La presente rima es ejemplo de confluencia de temas (naturaleza, amor, por ejemplo) regidas por la
omnipresencia de un tema decisivo en el romanticismo: la poesía.

Cinco estrofas componen la rima (la primera solo de 4 versos y las restantes de 8 versos), pero un
mismo verso cierra cada una de las estrofas: “habrá poesía”.

De esta manera, el tema central queda reforzado.

La rima equivale a una respuesta y a un desmentido.


→ Respuesta, porque declara donde hay poesía y hasta cuando la habrá.
→ Desmentido, porque sale al paso de quienes niegan la existencia misma de la poesía.

Aunque breve, la primera estrofa contiene el arranque del poema, a la vez que su justificación.
Bécquer supone un número indeterminado e impreciso de personas que sostienen una doble
argumentación contra la poesía: a) el tesoro de la lírica ya está agotado, b) faltan asuntos sobre los
cuales cantar.
Si extremamos la interpretación, podemos imaginar que tales argumentos tienen alcance de
observación crítica, y que bien pueden referirse al estado de la poesía en tiempos de Bécquer,
cuando las letras españolas no se caracterizaban por su esplendor ni si riqueza líricas.

Es probable que Bécquer haya oído (o leído) tales apreciaciones.


Pero es probable que si Bécquer viviera en nuestra época lo volvería a oír, pues el reproche habitual
dirigido a quienes se dedican a la poesía ya sea leyendo o escribiendo.

Algo o mucho de ese reproche parece haber sido el origen de la Rima IV. Verdadera profesión de fé
poética becqueriana. Cree su autor que la poesía no es solo cosa del pasado, sino de todos los
tiempos.

Bécquer enfatiza el valor del futuro. Es allí en los tiempos por venir, donde la poesía gana la partida.

Nada impedirá su existencia, ni la historia, ni la indiferencia o mezquindad de la gente, ni siquiera la


falta de poetas.

Bécquer concede que un día no existan poetas sobre la tierra, declara en el tercer verso de esta
primera estrofa. Ello no impedirá que la poesía exista, puesto que es independiente de la figura
concreta y limitada del poeta. Deducir, entonces que al no haber poetas no existirá la poesía,
constituye un error de perspectiva.

Bécquer concibe una existencia absoluta de la poesía. Diríamos más: con excepción de Dios
(Bécquer era creyente) la poesía es lo absoluto para el autor de las rimas.
Tal concepción es audaz y Bécquer habría de tener muy sólidos fundamentos para manifestarla.

Inventó una creación naciente, desde la luz inicial hasta la existencia plena de la primavera. Una
escala que aumenta progresivamente en complejidad: aire y luz, sol y nubes teñidas por colores
intensos, perfumes y armonías que sugieren ya trinos de aves y presencia de las flores.

Finalmente la primavera misma, como conclusión y meta de todas las fuerzas naturales que
convergen en ese renacimiento de la vida, en ese despertar primaveral que es fuente de poesía. La
primera, no se olvide, que Becquer señala.
La poesía brota de la existencia de la naturaleza concebida como entidad que se impone por su sola
presencia, como milagro o maravilla que no necesita explicación.
porque también esa misma naturaleza será fuente de poesía.

Reléase la segunda estrofa y se verá que la naturaleza -admirada en la primera, a solas consigo
mismo diríamos- está ahora enfrentada por el hombre. En ese cuadro del universo que presenta
Bécquer, el hombre irrumpe como cuestionador. Su empeño es saber , pero el saber no alcanza.

El misterio subsistirá en los mares y en los cielos y la fuente misma de la vida permanece ignorada.

Tal nota de perdurabilidad, (la reiteración del vocablo mientras) está fundamentada en elementos
irrebatibles: siempre habrá primavera y siempre habrá misterios para el hombre ( no a pesar del
progreso científico, sino a favor de ese progreso, que multiplica los misterios).

En las dos estrofas siguientes, la perdurabilidad se afinca en la condición misma del ser humano. El
amor como fuente de poesía, la presencia de la mujer, y su hermosura, son la culminación del
poema y la culminación del proceso iniciado con la visión de los elementos más simples de la
naturaleza.

La estrofa tercera alude a la vida interior (alegrías y penas íntimas, contradicciones entre razón y
sentimiento) y sirve como preparación para la cuarta. Porque ese ser humano sometido a
esperanzas y recuerdos posee una interioridad dispuesta al amor.
Si se relee con atención la tercera estrofa después de examinada la cuarta, se admitirá que el amor
es destino natural del hombre porque su vida interior es zona fértil para la complejidad amorosa,
para la tensión emotiva y el anhelo de unidad que el amor exige.

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