DOCTRINAS FUNDAMENTALES DE LA IPUC
La Biblia es la ú nica autoridad dada por Dios al hombre; por tanto, toda doctrina, fe,
esperanza y toda instrucció n para la Iglesia debe ser basada en, y armonizar con la Biblia.
Debe ser leída y estudiada por todos los hombres en todas partes y solamente puede ser
entendida por los que han sido ungidos por el Espíritu Santo (l Juan 2:27) "Ninguna
profecía de la Escritura es de interpretació n privada, porque nunca la profecía fue traída
por voluntad humana, sino que santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el
Espíritu Santo" (2 Pedro 1:20-21)
• NATURALEZA DE DIOS
• EL HIJO DE DIOS
• EL NOMBRE
• LA CREACIÓ N DEL HOMBRE Y SU CAÍDA
• ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓ N
• BAUTISMO EN AGUA
• EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO
• DOCTRINA FUNDAMENTAL
• SANIDAD DIVINA
• LA CENA DEL SEÑ OR
NATURALEZA DE DIOS
Creemos en el solo Dios viviente, Eterno, Infinito en poder, Santo en naturaleza, atributos y
propó sitos; y que posee divinidad absoluta e indivisible. La Escritura afirma, asume y
declara que el conocimiento de Dios es universal (Romanos 1:19, 20. 28, 32; 2:1 S). Dios es
Indivisible, inmaterial, sin partes, sin cuerpo y por lo tanto libre de toda limitació n. É l es
Espíritu (Juan 4:24). El primer mandamiento de todo es: Oye Israel, el Señ or nuestro Dios,
el Señ or uno es". (Marcos 12:29); (Deuteronomio. 6:4). "Un Dios y Padre de todos, el cual
es sobre todos, y por todos, y en todos" (Efesios. 4 6)
EMANUEL: DIOS CON NOSOTROS
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres
por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó
heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Hebreos 1:1,2). El Dios invisible
prometió darse a conocer y lo cumple mediante el cuerpo que É l emplea para la
realizació n de su obra, "a través del velo, esto es, de su carne". (Hebreos 10:20). "...por lo
cual entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste
cuerpo. Holocausto y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí
que vengo, oh Dios. Para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí".
(Hebreos 10:5-7). Creemos que Jesú s es Dios: Juan 20:28; Romanos 9:5; Juan 20:28;
Romanos 9:5; la Juan 5:20. Creemos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre:
Lucas 18:18; Juan 5:27; 1 Corintios 15:47. Este solo Dios verdadero se manifestó así
mismo en el Antiguo Testamento, en varias maneras. En el Hijo cuando caminó entre los
hombres, y como el Espíritu Santo después de la ascensió n.
El solo Dios verdadero. Jehová del Antiguo Testamento, tomó sobre sí mismo la forma de
hombre, y como el HIJO del Hombre, nació de la virgen María. Como Pablo dice. "E
indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad. Dios fue manifestado en carne,
justificado en el Espíritu, visto de los á ngeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo,
recibido arriba en gloria" (1 Timoteo 3:16). "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron"
(Juan 1:11). Este solo Dios verdadero se manifestó en carne, es decir en su Hijo Jesucristo:
"Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomá ndoles en cuenta a los
hombres sus pecados (2a Corintios 5:19). Creemos que en él (Jesú s) habita
corporalmente toda la plenitud de la Deidad". (Col. 2:9). "Por cuanto agradó al Padre que
en él habitase toda la plenitud". (Colosenses. 1:19). Por lo tanto, Jesú s en su humanidad
era hombre; en su Divinidad era y es Dios. En su carne era el cordero o sacrificio de Dios, él
es el ú nico mediador entre Dios y el hombre.
"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre". (1 Ti moteo 2:5). Jesú s por parte de su Padre era Divino; por parte de su madre,
humano; por eso fue conocido como el Hijo de Dios y también como el Hijo del Hombre, o
el Dios hombre. "Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que
todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptú a aquel que sujetó a él todas
las cosas" (1 Corintios 15:27). Pero luego que todas las cosas estén sujetas, entonces
también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea
todo en todos (1 Corintios 1 5:28). "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin. dice el Señ or,
el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Apoc.1:8).
EL NOMBRE
Dios usó diferentes títulos tales como: "EIohi m Dios", el Dios Todopoderoso, "El Shaddai".
Jehová , y especialmente el Señ or
Jehová , el nombre redentor en el Antiguo Testamento.
"Por qué un niñ o nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se
llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte. Padre Eterno, Príncipe de Paz".
(Isaías 9:6). La profecía de Isaías se cumplió cuando se le puso nombre al Hijo de Dios. "Y
dará a luz un hijo y llamará s su nombre Jesú s, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señ or por medio del
profeta, cuando dijo: "He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará s su
nombre Emanuel. Que traducido es Dios con nosotros" (Mateo 1:21 -23). "Y en ni ningú n
otro hay salvació n; porque no Hay otro nombre debajo del cielo, dado a los Hombres, en
que podamos ser salvos" (Hechos 4:12).
CREACIÓN DEL HOMBRE
En el principio Dios creó al hombre inocente, puro y santo. “Este es el libro de las
generaciones de Adá n. El día en que creo Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.
Varó n y hembra los creó ; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adá n, el día en que
fueron creados". (Gen. 5:1-2). "É l, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los
hizo al principio, varó n y hembra los hizo...? (Mateo 19:4).
CAÍDA DEL HOMBRE
Por el pecado de desobediencia, Adá n y Eva, los primeros de la raza humana, cayeron de
su santo estado y Dios los expulsó del Edén. Desde entonces, por la desobediencia de un
hombre, el pecado entró en el mundo. "He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo
al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones" (Eclesiastés. 7:29). "Por
cuanto todos pecaron, y está n destituidos de la gloria de Dios". (Romanos 3:23). Por tanto,
como el pecado entró al mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte
pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron". "Porque así como por la
desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la
obediencia de uno, los muchos será n constituidos justos". (Romanos 5:12,19).
LA GRACIA DE DIOS Y LA SALVACIÓN DEL HOMBRE
La gracia es el favor inmerecido por el cual Dios rescata al hombre habilitá ndole para una
vida nueva, pasando por alto en su paciencia los pecados pasados. "Siendo justificados
gratuitamente por su gracia, mediante la redenció n que es en Cristo Jesú s, a quién Dios
puso como propiciació n por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. (Romanos 3:24-25).
"Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvació n a todos los hombres,
enseñ á ndonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este
siglo sobria, justa y piadosamente" (Tito 2:11-12). "Pues la ley por medio de Moisés fue
dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Juan 1:17). El cristiano
debe guardarse en la gracia y en el amor de Dios para conservar su salvació n. Cuando una
persona comete trasgresió n y peca contra Dios, pierde su favor. Y si continú a cometiendo
pecado y no se arrepiente, final mente se perderá y será lanzado al lago de fuego. (Léase
Juan 152:2; 2 Pedro 2:20-21). Judas habla de los que tornaron atrá s y de su recompensa
(Léase Hebreos 6:4-6) "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es donde Dios"(Efesios2:8).
LA FE
Es, pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicció n de lo que no se ve (Hebreos
11:1). La fe es el resultado de oír o recibir el evangelio de la gracia de Dios. "Por quien
también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos
en la esperanza de la gloria de Dios. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con
Dios por medio de la muerte de su Hijo, mucho má s, estando reconciliados, seremos salvos
por su vida. Pues si por la trasgresió n de uno solo reinó la muerte, mucho má s reinará n en
vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la
justicia. (Romanos 5:2, 10,17). "Y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la
obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre" Romanos 1:5).
ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN
La palabra "arrepentimiento" viene de varias palabras griegas que significan cambio de
miras y propó sitos, cambio de corazó n, cambio de mente, cambio de vida, transformació n,
etc. "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová , el
cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar". (Isaías
55:7; Lucas 13:1-5). El arrepentimiento genuino es la confesió n y abandono de los
pecados. Juan el bautista predicó el arrepentimiento. Jesú s lo proclamó , y los apó stoles lo
enfatizaron tanto a judíos como a gentiles. "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada
uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdó n de tos pecados; y recibiréis el
don del Espíritu Santo". (Hechos 2:38; 17:30).
BAUTISMO EN AGUA
La palabra bautizar quiere decir sepultar o sumergir (Romanos 6:4-5). La manera
escritural del bautismo es por inmersió n, y es só lo para aquellos que se han arrepentido
completamente, apartá ndose de sus pecados y del amor al mundo. Debe será administrado
por un ministro autorizado (del evangelio) en obediencia a la Palabra de Dios, y en el
nombre de nuestro Señ or Jesucristo, de acuerdo con los Hechos de los Apó stoles2:38;
8:16; 10:48; 19:5), obedeciendo así Mateo 28:19. "Y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y el perdó n de pecados en todas las naciones, comenzando desde
Jerusalén"(Lucas 24:27).
EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO
Los términos "bautizar en Espíritu Santo y "Llenos del Espíritu Santo", "el don del Espíritu
Santo", son términos usados indispensablemente en la Biblia.
Juan el Bautista, en Mateo3:11. dijo: "É l os bautizará en Espíritu Santo y fuego" El Señ or
también dijo a sus discípulos "...Vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de
no muchos días". (Hechos 1:5) Lucas nos dice en Hechos 2:4 "Y fueron todos llenos del
Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas segú n el Espíritu les daba que
hablasen”. Es escritural que todos los que reciban el don, o sean llenos del Espíritu Santo
reciban la misma señ al física inicial hablar en otras lenguas, como se relata en Hechos 2:4
10:46; 19:6 y/o el don de lenguas como se explica en 1 Corintios Capítulo 12 y 14. El
Señ or dijo por medio del profeta Joel: "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne..." (Joel 2
28) “Y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2 38) Pedro, al explicar esta
extraordinaria experiencia, dijo: "... Habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu
Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís". (Hechos 2:33) y má s adelante dice:
"Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que está n
lejos; para cuantos el Señ or nuestro Dios llamare" (Hechos 2 39)
El NUEVO NACIMIENTO
El Nuevo Nacimiento es el resultado de haber sido engendrado por la Palabra y haber
nacido de ella, y se refleja en la persona mediante el arrepentimiento, la conversió n y la
obediencia al evangelio. "Respondió Jesú s y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". (Juan 3:3). "De modo que si alguno
está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas" (2 Corintios 5:17). "É l, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad,
para que seamos primicias de sus criaturas". (Santiago 1:18). 'Habiendo purificado
nuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal
no fingido, amaos unos a otros entrañ ablemente, de corazó n puro; siendo renacidos, no de
si miente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece
para siempre". (1 Pedro 1:22, 23). "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el
pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido
de Dios (1Juan 3:9). "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la
victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:4).
LOS DONES
Los dones son dados para capacitar a los miembros del cuerpo de Cristo, y siendo
provenientes de Dios. Nunca son dados para uso particular, ni para enaltecimiento de la
persona, ya que estos dones son temporal mente como manifestació n del Espíritu Santo
para provecho, edificació n de la Iglesia y propagació n del Evangelio. "Pero a cada uno les
es dada la manifestació n del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu
palabra de sabiduría; a otro. Palabra de ciencia segú n el mismo Espíritu; a otro fe, por el
mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer
milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de
lenguas; y a otro, interpretació n de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo
Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:7-11). "Pero
el que profetiza habla a los hombres para edificació n, exhortació n y consolació n. El que
habla en lengua extrañ a, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza edifica a la Iglesia".
(1. Corintios 14:3-4).
LA SANTIDAD
“Y esto erais algunos; Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis
sido justificados en el nombre del Señ or Jesú s, y por el Espíritu de nuestro Dios".
(1Corintios 6:11).
Vivir piadosamente debe caracterizar la vida de todo hijo del Señ or, y debemos vivir de
acuerdo con el modelo y ejemplo dado en la Palabra de Dios, "porque la gracia de Dios se
ha manifestado para salvació n a todos los hombres. Enseñ á ndonos que renunciando a la
impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente"
(Tito 2:11-12). Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por
nosotros, dejá ndonos ejemplo para que sigá is sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se
halló engañ o en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldició n, cuando
padecía, no amenazaba, si no encomendaba la causa al que juzga justamente". (1. Pedro
2:21-23). "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señ or (Hebreos
12:14)". "Sino como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda
vuestra manera de vivir; porque escrito está : Sed santos, porque yo soy Santo. Y si invocá is
por Padre a aquel que sin acepció n de personas juzga segú n la obra de cada uno, conducíos
en temor todo el tiempo de vuestra peregrinació n; sabiendo que fuisteis rescatados de
vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas
corruptibles, como oro o plata, si no con la sangre preciosa de cristo, De Cristo, como de un
cordero sin mancha y sin contaminació n. (1 Pedro 1:15-19).
SANIDAD DIVINA
El primer pacto que el Señ or (Jehová ) hizo con los hijos de Israel después de haberlos
sacado de Egipto, fue un pacto de salud. El Señ or dijo: "... Si oyeres atentamente la voz de
Jehová tu Dios, (Jehová -Rapha, El Señ or sana) e hicieres lo recto delante de sus ojos, y
dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de
las que envié a los egipcios te enviaré a ti: porque yo soy Jehová tu sanador" (É xodo 1
5:26).
En algunas traducciones se lee: "Porque yo soy Jehová tu médico"; siendo él nuestro
médico o doctor tenemos el má s capaz de todo el mundo. Nuestro Señ or Jesucristo
recorrió toda Galilea, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad en el
pueblo, (Mateo 4:23-24). "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos" (Hebreos
13:8). Los sufrimientos vicarios del Señ or Jesucristo, pagados por la sanidad de nuestros
cuerpos, fueron los mismos que por la salvació n de nuestras almas porque" por su llaga
fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5). En Mateo 8:17 se lee "...El mismo tomó nuestras
enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Véase también 1. Pedro 2:24. Por lo anterior
vemos que la sanidad divina para el cuerpo está en la expiació n. Siendo cierto esto,
entonces la sanidad divina es para todos los que creen. Jesú s dijo, hablando de los
creyentes:"...Sobre los enfermos pondrá n sus manos, y sanará n". (Marcos 16:18). Má s
tarde Santiago escribió en su epístola a todas las Iglesias: "¿Está alguno enfermo entre
vosotros? Llame a los ancianos de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el
nombre del Señ or. Y la oració n de fe salvará al enfermo, y el Señ or lo levantará ; y si
hubiere cometido pecados, le será n perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros,
y orad unos por otros, para que seá is sanados. La oració n eficaz del justo puede mucho"
(Santiago 5:14-16).
LA IGLESIA
La Iglesia es el cuerpo de Cristo, conformado por los llamados por el evangelio, alrededor
de la Persona y obra del Señ or Jesucristo, incorporados a ella por la obediencia a la verdad.
Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas
del Hades no prevalecerá n contra ella" (Mateo 16:18). Sus prá cticas y doctrinas está n
contenidas en la Palabra de Dios. "Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por
cabeza a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo"
(Efesios 1:22. 23). "Un cuerpo y un Espíritu como fuisteis también llamados en una misma
esperanza de vuestra vocació n" (Efesios 4:4). "Y él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia,
él que es el principio, el Primogénito de entre los muertos para que en todo tenga la
preeminencia" (Col. 1:18).
PARTIMENTO DEL PAN
La comunió n de los santos es el resultado de la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz,
con el propó sito de llegar a la unidad de la fe. "Y perseveraban en la doctrina de los
apó stoles, en la comunió n unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y
perseverando uná nimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían
juntos con alegría y sencillez de corazó n”. (Hechos 2:42. 46). La copa de bendició n que
bendecimos, ¿no es la comunió n de la sangre de Cristo?, El pan que partimos, ¿no es la
comunió n del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos
un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan (I Corintios 10:16-17). "Este es el
mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas ti nieblas
en él.
Si decimos que tenemos comunió n con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no
practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunió n
unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado
"(1 de Juan 1:5-7). La noche en que fue entregado, el Señ or celebró la pascua con los
apó stoles, después de lo cual instituyó la cena o partimiento del pan. Y tomó el pan y dio
gracias, y lo partió les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros he dado; haced
esto en memoria de mí. De igual manera después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo:
Esta Copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama' (Lucas [Link]).
Pablo instruyó a la Iglesia sobre có mo observarla: "De manera que cualquiera que comiere
este pan o bebiere esta copa del Señ or indignamente, será culpado del cuerpo y de la
sangre del Señ or. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la
copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo de Señ or, juicio
come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y
muchos duermen. Si, pues, nos examiná semos a nosotros mismos no seríamos juzgados;
mas siendo juzgados, somos castigados por el Señ or, para que no seamos condenado con el
mundo. Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si
alguno tuviere hambre, coma en su casa para que no os reuná is para juicio". (1. Corintios
11:27-34). Así fue instituido el uso del pan literal y del fruto de la vid, los cuales se toman
literalmente, como emblema del cuerpo partido y de su sangre derramada. Hay también
un significado espiritual y una bendició n al participar de la cena, la cual es en memoria de
su muerte y constituye la confesió n de que todos que de la misma participamos somos un
cuerpo.
EL REINO DE DIOS
a) Es el gobierno que él ejerce por su Espíritu en los creyentes "...He aquí el reino de Dios
está entre vosotros". (Lucas 17:21). "Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino
justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Romanos 4:17). b) El establecimiento de
Jesucristo, hijo de David, en el trono de Israel, y el milenio será la manifestació n gloriosa
del reino de Jesucristo sobre toda la tierra. "No hará n mal ni dañ ará n en todo mi santo
monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová , como las aguas cubren el
mar" (Isaías 11:9). "Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es
necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauració n de todas las cosas, de que
habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo" (Hechos
3:20-21). c) Los cielos nuevos y la tierra nueva son la tercera y ú ltima etapa del reino de
Dios, "Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerá n delante
de mí, dice Jehová , así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre" (Isaías
66:22). "Pero nosotros esperamos, segú n sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en
los cuales mora la Justicia". (2 Pedro 3:13). "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el
primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía má s" (Apocalipsis21:1).
LA RESURRECCIÓN
La resurrecció n es la esperanza del cristianismo. "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se
levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios;
al cual veré por mí mismo; y mis ojos lo verá n, y no otro, aunque mi corazó n desfallece
dentro de mí", (Job 19:25-27). "En cuanto a mí, veré tu rostro en Justicia; estaré Satisfecho
cuando despierte a tu semejanza”. (Salmos 17:1 S).
"Le dijo Jesú s: Yo soy la resurrecció n y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto,
vivirá , (Juan 11:25). "Pero que ahora ha sido manifestado por la aparició n de nuestro
Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el
evangelio' (2 Timoteo 1:10).
De Jesucristo: La resurrecció n de Jesucristo marca la esperanza del cristiano. "Viéndolo
antes, habló de la resurrecció n de Cristo, que su al mano fue dejada en el Hades, ni su
carne vio corrupció n. (Hechos 2:31). Léase Hechos 4:2; - 1 Corintios 15:120.
De los Justos:La resurrecció n de los Justos es la promesa de Dios a través de los
patriarcas, de los profetas del Señ or, y de los apó stoles como la culminació n de la carrera
cristiana. "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra será n despertados, unos
para vida eterna, y otros para vergü enza y confusió n perpetua". (Daniel 12:2) "Porque así
como en Adá n todos mueren, también en Cristo todos será n vivificados". (1Corintios
15:22). "Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil añ os. Esta
es la primera resurrecció n. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera
resurrecció n; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que será n sacerdotes
de Dios y de Cristo, y reinará n con él mil añ os" (Apocalipsis 20:5-6).
De los injustos:Dios hará resurrecció n de los injustos, para traerlos a juicio ante el trono
blanco. "Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por
aquel varó n a quien designó , dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.
(Hechos 17:31). "No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los
Que está n en los sepulcros oirá n su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrá n a resurrecció n
de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrecció n de condenació n" (Juan 5:28-29).
"Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la
tierra y el cielo, y ningú n lugar se encontró para ellos. Y el que no se halló inscrito en el
libro de la vida fue lanzado al lago de fuego" (Apocalipsis20:11.15).
EL RECOGIMIENTO DE LA IGLESIA
Creemos que se está acercando el tiempo de la aparició n del señ or. "Tampoco queremos
hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcá is como los
otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesú s murió y resucitó , así también
traerá Dios con Jesú s a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del
Señ or que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señ or, no
precederemos a los que durmieron. Porque el Señ or mismo con voz de mando, con voz de
arcá ngel, y con trompeta de Dios. Descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitará n
primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señ or en el aire, y así estaremos siempre
con el Señ or" (1. Tesalonicenses 4:13-1 7).
"He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,
en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la
trompeta y los muertos será n resucitados incorruptibles, y otros seremos transformados.
Porque es necesario que corruptible se vista de incorrupció n, y esto mortal se vista de
inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya ido de incorrupció n, y esto mortal se haya
vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: "Sorbida es la
muerte en victoria (1 Corintios 15:51-54). "Má s nuestra ciudadanía está en los cielos, de
donde también esperamos al Salvador, al Señ or Jesucristo; el cual transformará el cuerpo
de la humillació n nuestra, para que semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con
el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" 3:20-21). Este gran
acontecimiento se efectuará antes de la gran tribulació n. "Anda, pueblo mío, entra en tus
aposentos, cierra tras ti tus puertas; escó ndete un poquito, un momento, en tanto que pasa
la indignació n. Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador a tierra
por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no
encubrirá ya má s a sus muertos" (Isaías 26:20, 21). "Pues Mucho má s, estando ya
justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira". (Romanos 5:9). "Y esperar de los
cielos a su Hijo, el cual resucitó de los muertos, a Jesú s, quien nos libra de la ira venidera".
([Link] 1:10)."Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también
te guardaré de la hora de la prueba que le venir sobre el mundo entero, para probar a los
que moran sobre la tierra. (Apocalipsis 3:10).
LA GRAN TRIBULACIÓN
Es la ira de Dios contra este mundo pecador, y en este tiempo Dios se volverá a Israel para
levantarlo. "En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los
hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta
entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos
en el libro” (Daniel 12:1). "Porque habrá entonces gran tribulació n, cual no la ha habido
desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá . Y si aquellos días no fuesen
acortados, nadie seria salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días será n acortados
(Mateo 24:21 -22). "Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando
se manifieste el Señ or Jesú s desde el cielo con los á ngeles de su poder, en llamas de fuego,
para dar retribució n a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro
Señ or Jesucristo; los cuales sufrirá n pena de eterna perdició n, excluidos de la presencia
del Señ or y de la gloria de su poder' (2 Tesalonicenses 1:7-9). "De estos también profetizó
Enoc, séptimo desde Adá n, diciendo: He aquí vino el Señ or con sus santas decenas de
millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a Todos los impíos de todas sus
obras impías que han hecho Impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores
Impíos han hablado contra él" (Judas 14:1 5).
SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR
Jesú s viene por segunda vez en persona, tal como se fue. Está claramente expuesto por el
mismo Señ or Jesú s, y fue Predicado y enseñ ado en la Iglesia primitiva por los apó stoles.
"Entonces aparecerá la señ al del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentará n todas
las tribus de la tierra, y verá n al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con
poder y gran gloria. (Mateo 24:30). "Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre
tanto que él se iba, he aquí se pusieron j untos a ellos dos varones con vestiduras blancas,
los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué está is mirando al cielo?, Este
mismo Jesú s, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al
cielo". (Hechos 1:10-11). Y entonces se manifestará aquel Inicuo, a quien el Señ or matará
con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida"
(2 Tesalonicenses 2:8). "He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá , y los que le
traspasaron; y todos los linajes de la tierra hará n lamentació n por él. Sí. Amén”
(Apocalipsis 1:7).
EL MILENIO
El milenio es el período de la restauració n de todas las cosas de que hablan los profetas y
los apó stoles. "Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. Acontecerá en
lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza
de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrá n a él todas las naciones. Y
vendrá n muchos pueblos, y dirá n: Venid, y subamos al monte de Jehová , a la casa del Dios
de Jacob; y nos enseñ ará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sió n
saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová . Y juzgará entre las naciones, y reprenderá
a muchos pueblos; y volverá n sus espadas en rejas de arados, y sus lanzas en hoces; no
alzará espada nació n contra nació n, ni se adiestrará n má s para la guerra" (Isaías 2:1-4).
Léase Isaías 11:110; Hechos 3:20-22 y Romanos 8:19-22. Entendemos que aunque las
Escrituras enseñ an la restitució n de todo. No encontramos dó nde se hable que el diablo,
sus á ngeles y todos los pecadores, toman parte de dicha restitució n. "Y el diablo que los
engañ aba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso
profeta; y será n atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Apocalipsls20:10).
EL JUICIO FINAL
En el Juicio Final participará n todos los hombres que hayan muerto sin Cristo, y los que
estén sobre la tierra en el tiempo de purificació n. Este juicio se efectuará al final del
milenio, y también se le conoce con el nombre de Juicio del Trono Blanco. La Iglesia no
será Juzgada sino que ella misma intervendrá en el Juicio que Dios tiene preparado. ¿O no
sabéis que los santos han de Juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser Juzgado por
vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñ as? ¿O no sabéis que hemos de juzgar
a los á ngeles? ¿Cuá nto má s las cosas de esta vida? (1 Corintios 6:2-3). "En el día en que
Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio"
(Romanos2:16).
CUERPO MINISTERIAL
El mi misterio es un llamamiento de Dios, y el Espíritu Santo confiará a cada ministro la
facultad de servir a la Iglesia en distintas capacidades y con distintos dones, cuyas
manifestaciones son todas para edificació n del cuerpo de Cristo, y él mismo constituyó a
unos, apó stoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin
de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificació n del cuerpo de
Cristo" (Efesios 4:11, 12) Léase Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:5-11). Aunque el
llamamiento al ministerio es de origen Divino, la Palabra de Dios contiene suficientes
enseñ anzas sobre los requisitos que debe llenar el candidato a servir en el ministerio, y
que corresponde a los ancianos de la Iglesia examinar a los candidatos al ministerio, y
determinar cuá ndo son dignos de aprobació n. Léase 1 Ti moteo 3:10, 4:14; 5:17.
EL MATRIMONIO
El matrimonio es un estado santo que fue establecido desde el principio, y es honroso en
todos. (Génesis 2:21-24; Mateo 19:15 y Hebreos 13:4).
Los matrimonios deben verificarse segú n las leyes del país, y luego solemnizarse en la
Iglesia. Las parejas que no hayan legalizado su unió n y deseen bautizarse, deben cumplir
primeramente con los requisitos de las leyes civiles.
Creemos que el matrimonio es una unió n que debe perdurar mientras viven los dos
có nyuges. Al morir uno de ellos, el otro estará libre para casarse, y no peca si lo hace en el
Señ or (Romanos 7:1-3; 1 Corintios 7:39).
Divorcio:Es factible só lo cuando las causales se ajusten a lo estipulado en la Palabra de
Dios. (Mateo 19:9). Enseñ a que es la parte inocente la que puede hacer uso de ese derecho.
Ningú n ministro deberá casar a un miembro de la Iglesia con una persona inconversa (2
Corintios 6:14).
PLAN FINANCIERO DE DIOS
El diezmo es el plan financiero de Dios para proveer para su obra, y ha existido desde los
días de Abraham. El diezmo vino desde Abraham por fe. La ley de Moisés lo ordenó , e
Israel lo practicó cuando estaba bien con Dios; Jesú s lo aprobó en (Mateo 23:23). No
debemos robar a Dios su porció n, es decir, los diezmos y las ofrendas (Hebreos 7:2-10;
Malaquías 3).
EL ESTADO Y LA IGLESIA
Estamos de acuerdo con la separació n entre el Estado y la Iglesia, y que ninguno debe
intervenir en los asuntos íntimos del otro, pues aquí se cumple el precepto bíblico de dar
al César lo que es del César, y lo que es de Dios. a Dios. (Marcos 12:17). Los cristianos
pueden tomar participació n en actividades cívicas de acuerdo con su capacidad e
inclinaciones políticas, pero siempre reflejando sus ideas personales y no las de la Iglesia,
que siempre es neutral y tiene capacidad para todos los hombres. Al mismo tiempo, todos
los cristianos deben obedecer a las autoridades civiles y todas las leyes y disposiciones
que de ellas emanen, siempre que no contradigan sus principios religiosos o los obliguen a
hacer cosas en contra de su conciencia (Romanos 13:1 -7).
SOCIEDADES SECRETAS
De acuerdo con la Palabra de Dios, creemos firmemente y opinamos que el pueblo de Dios
no debe tener conexió n con nada que sea sociedades secretas o cualquier otra
organizació n o cuerpo similar.