FREUD, S., “NEUROSIS Y PSICOSIS” (1924). OBRAS COMPLETAS (TOMO XIX), AMORRORTU.
BUENOS AIRES
2002.
La neurosis es el resultado de un CONFLICTO entre el yo y su ELLO, en tanto que la psicosis es el desenlace
análogo de una similar perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo EXTERIOR.
NEUROSIS DE TRANSFERENCIA-- se generan porque el yo no quiere acoger ni dar trámite motor a una moción
pulsional pujante en el ello. En tales casos, el yo se defiende de aquella mediante el mecanismo de la
REPRESIÓN; lo reprimido se revuelve contra ese destino y, siguiendo caminos sobre los que el yo no tiene poder
alguno, se procura una subrogación sustitutiva que se impone al yo por la vía del compromiso: es el SÍNTOMA.
El yo, cuando emprende la represión, obedece en el fondo a los dictados de su superyó, dictados que, a su vez,
tienen su origen en los influjos del mundo exterior real que han encontrado su subrogación en el superyó, cuyos
reclamos poseen en él más fuerza que las exigencias pulsionales del ello, y que el yo es el poder que ejecuta la
represión de aquel sector del ello, afianzándola mediante la contrainvestidura de la resistencia. El yo ha entrado
en conflicto con el ello, al servicio del superyó y de la realidad; he ahí la descripción válida para todas las
neurosis de trasferencia.
Normalmente el mundo exterior gobierna al ello por dos caminos:
-por las percepciones actuales, de las que siempre es posible obtener nuevas
-por el tesoro mnémico de percepciones anteriores que forman, como «mundo interior», un patrimonio y
componente del yo.
En el mecanismo de la psicosis, por ejemplo en la amentia de Meynert (confusión alucinatoria aguda), el mundo
exterior no es percibido de NINGÚN MODO, o bien su percepción carece de toda eficacia. También SE RESTA el
valor psíquico (investidura) al mundo interior, que hasta entonces subrogaba al mundo exterior como su copia;
EL YO SE CREA, SOBERANAMENTE, UN NUEVO MUNDO EXTERIOR E INTERIOR, y hay dos hechos indudables:
que ESTE NUEVO MUNDO SE EDIFICA EN EL SENTIDO DE LAS MOCIONES DE DESEO DEL ELLO, y que el motivo
de esta ruptura con el mundo exterior fue una grave frustración {denegación} de un deseo por parte de la
realidad, una frustración que pareció insoportable.
En la esquizofrenia (otra forma de psicosis) tienden a desembocar en la apatía afectiva, la pérdida de toda
participación en el mundo exterior. El delirio se presenta como un parche colocado en el lugar donde
originariamente se produjo una desgarradura en el vínculo del yo con el mundo exterior.
La etiología común para el estallido de una psiconeurosis o de una psicosis sigue siendo la FRUSTRACIÓN, el no
cumplimiento de uno de aquellos deseos de la infancia. Esa frustración siempre es, una frustración externa, en
el caso individual, puede partir de aquella instancia interna (dentro del superyó) que ha asumido la subrogación
del reclamo de la realidad.
El efecto patógeno depende de lo que haga el yo en semejante tensión conflictiva:
-SI PERMANECE FIEL A SU VASALLAJE HACIA EL MUNDO EXTERIOR Y PROCURA SUJETAR AL ELLO,
-O SI ES AVASALLADO POR EL ELLO Y ASÍ SE DEJA ARRANCAR DE LA REALIDAD. Pero esto se complica por la
existencia del super yo que reúne influjos tanto del ello como del exterior. Es un arquetipo de la reconciliación
entre sus múltiples vasallajes.
En la MELANCOLIA el conflicto es entre el yo y el super yo. Están dentro de las Psiconeurosis narcisisticas.
LA NEUROSIS DE TRASFERENCIA CORRESPONDE AL CONFLICTO ENTRE EL YO Y EL ELLO,
LA NEUROSIS NARCISISTA AL CONFLICTO ENTRE EL YO Y EL SUPERYÓ,
LA PSICOSIS AL CONFLICTO ENTRE EL YO Y EL MUNDO EXTERIOR.
Tanto las neurosis como las psicosis son generadas por los conflictos del yo con las diversas instancias que lo
gobiernan, responden a un malogro en la función del yo quien intenta reconciliar entre si todas esas exigencias
diversas.
FREUD, S., “LA PÉRDIDA DE LA REALIDAD EN LA NEUROSIS Y LA PSICOSIS” (1924). OBRAS COMPLETAS (TOMO
XIX), AMORRORTU. BUENOS AIRES 2002.
En la NEUROSIS el yo, en vasallaje a la realidad, sofoca un fragmento del ello (vida pulsional), mientras que en
la PSICOSIS ese mismo yo, al servicio del ello, se retira de un fragmento de la realidad «contenido objetivo»}.
Por lo tanto, lo decisivo para la neurosis sería la hiperpotencia del influjo objetivo y para la psicosis, la
hiperpotencia del ello. La pérdida de realidad {objetividad} estaría dada de antemano en la psicosis; en cambio,
se creería que la neurosis lo evita.
Sin embargo, cada neurosis perturba de algún modo el nexo del enfermo con la realidad, es para él un medio
de retirarse de esta y, en sus formas más graves, importa directamente una huida de la vida rea l. La situación
inicial de la neurosis se da cuando el yo, al servicio de la realidad, emprende la represión de una moción
pulsional. Pero eso no es todavía la neurosis misma. Ella consiste, más bien, en los procesos que aportan un
resarcimiento a los sectores perjudicados del ello; El aflojamiento del nexo con la realidad tiene que ver con la
reacción contra la represión y en el FRACASO de esta. La pérdida de realidad atañe justamente al fragmento de
esta última a causa de cuyos reclamos se produjo la represión de la pulsión.
Algo SIMILAR se observa en la psicosis: también en ella hay dos pasos, el primero de los cuales, esta vez,
arrancara al yo de la realidad Y El segundo presenta el carácter de la reparación; quiere también compensar la
pérdida de realidad, mas no a expensas de una limitación del ello —como la neurosis lo hacía a expensas del
vínculo con lo real—, sino por otro camino, POR CREACIÓN DE UNA REALIDAD NUEVA, que ya no ofrece el
mismo motivo de escándalo que la abandonada
Tanto neurosis como psicosis EXPRESAN LA REBELIÓN DEL ELLO CONTRA EL MUNDO EXTERIOR; expresan su
displacer o, si se quiere, su incapacidad para adaptarse al apremio de la realidad. se diferencian mucho más en la
primera reacción, la introductoria, que en el subsiguiente ensayo de reparación.
En la neurosis se evita, al modo de una huida, un fragmento de la realidad, mientras que en la psicosis se lo
reconstruye. En la psicosis, a la huida inicial sigue una fase activa de reconstrucción; en la neurosis, la
obediencia inicial es seguida por un posterior intento de huida. La neurosis no desmiente la realidad, se limita
a no querer saber nada de ella; la psicosis la desmiente y procura sustituirla.
Llamamos normal o «sana» a una conducta que unos determinados rasgos de ambas reacciones: que, como la
neurosis, no desmiente la realidad, pero, como la psicosis, se empeña en modificarla. lleva naturalmente a
efectuar un trabajo que opere sobre el mundo exterior. (ALOPLASTICA. Conducta dirigida al medio externo
capaz de modificarlo. Opuesta a autoplástica, donde la conducta recae en el cuerpo, lo interno).
En la psicosis, el remodelamiento de la realidad tiene lugar en los sedimentos psíquicos de los vínculos que
hasta entonces se mantuvieron con ella, o sea en las huellas mnémicas, las representaciones y los juicios que se
habían obtenido de ella hasta ese momento y por los cuales era subrogada en el interior de la vida anímica.
Pero el vínculo con la realidad nunca había quedado concluido, sino que se enriquecía y variaba de continuo
mediante percepciones nuevas. En la psicosis se le plantea la tarea de procurarse percepciones tales que
correspondan a la realidad nueva, lo que se logra de la manera más radical por la vía de la alucinación. Los
espejismos del recuerdo, las formaciones delirantes y alucinaciones presentan un carácter penosísimo y van
unidas a un desarrollo de angustia. En la psicosis el fragmento de la realidad rechazado se va imponiendo cada
vez más a la vida anímica, tal como en la neurosis lo hacía la moción reprimida, y por eso las consecuencias son
en ambos casos las mismas
Otra analogía entre neurosis y psicosis es que en ambas la tarea que debe acometerse en el segundo paso
fracasa parcialmente, puesto que no puede crearse un sustituto cabal para la pulsión reprimida (neurosis), y la
subrogación de la realidad no se deja verter en los moldes de formas satisfactorias.
Pero en uno y otro caso los acentos se distribuyen diversamente. En la psicosis, el acento recae íntegramente
sobre el primer paso, que es en sí patógeno y sólo puede llevar a la enfermedad; en la neurosis, en cambio,
recae en el segundo, el fracaso de la represión, mientras que el primer paso puede lograrse.
La neurosis se conforma, por regla general, con evitar el fragmento de realidad correspondiente y protegerse del
encuentro con él. El tajante distingo entre neurosis y psicosis debe amenguarse, pues tampoco en la neurosis
faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde al deseo. La posibilidad de ello la da la
existencia de un mundo de la fantasía. Si bien no es inaccesible para el yo, sólo mantiene una dependencia laxa
respecto de él. De este mundo de fantasía toma la neurosis el material para sus neoformaciones de deseo, y
comúnmente lo halla, por el camino de la regresión, en una prehistoria real más satisfactoria.
El mundo de la fantasía desempeña en la psicosis el mismo papel, de que también en ella constituye la cámara
del tesoro de donde se recoge el material o el modelo para edificar la nueva realidad. Pero el nuevo mundo
exterior, fantástico, de la psicosis quiere REMPLAZAR A LA REALIDAD EXTERIOR; en cambio, el de la neurosis
gusta de apuntalarse, como el juego de los niños, en un fragmento de la realidad —diverso de aquel contra el
cual fue preciso defenderse—, le presta un significado particular y un sentido secreto, que, de manera no
siempre del todo acertada, llamamos simbólico. Así, para ambas —neurosis y psicosis—, no sólo cuenta el
problema de la pérdida de realidad, sino el de un SUSTITUTO DE REALIDAD.