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La historia de lucha de Alicia Vidal

Alicia Vidal tuvo una vida de lucha y esfuerzo desde pequeña en el campo chileno. Tras quedar huérfana a los 6 años, tuvo que trabajar para mantener a sus hermanos. Más tarde, sobrevivió a un cáncer de útero a pesar de meses de doloroso tratamiento. A los 90 años, Alicia es la matriarca de su familia y la única que puede contar su historia de superación a pesar de las dificultades.

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La historia de lucha de Alicia Vidal

Alicia Vidal tuvo una vida de lucha y esfuerzo desde pequeña en el campo chileno. Tras quedar huérfana a los 6 años, tuvo que trabajar para mantener a sus hermanos. Más tarde, sobrevivió a un cáncer de útero a pesar de meses de doloroso tratamiento. A los 90 años, Alicia es la matriarca de su familia y la única que puede contar su historia de superación a pesar de las dificultades.

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Desde el centro de Chile

Una Historia de Esfuerzo y Lucha: Alicia Vidal

21 días inconsciente. Los doctores temían lo peor, Alicia Vidal Abarca en su mente y voz
baja retaba a Dios con las fuerzas que le quedaban: “Si me diste una hija, tienes que
darme vida para estar con ella”. Era su última carta por jugar: resistir.

Por Iván Cisternas

*
La vida en el campo es hermosa, conectarse con la naturaleza, con los animales, respirar
aire limpio y tranquilidad. Eso es lo que la gente cree cuando mira las películas, la realidad
de muchos es totalmente lo contrario. Un ejemplo de ello es la pequeña Alicia, una niña
que vive con su madre Francisca, su abuelo Francisco y su tía Teresa.

La familia vivía en un terreno de características campestres, en la ladera de un cerro de


Paso Hondo (una ruta de paso entre Valparaíso y Casablanca). Alicia es una petiza de ojos
verde claro, de baja estatura, con una energía retumbante y un amor por la naturaleza,
cual Heidi. También era una persona muy curiosa, al borde de ser un peligro para ella
misma. Un día en sus paseos por el campo con sus animales, encontró a un ternero,
apodado clavelito por sus singulares colores. Al pasar junto a él de manera sospechosa y
juguetona, le pega un cuernazo y le hunde la costilla. El abuelo, sin saber cómo, le incrustó
y arregló la costilla de nuevo.

Tampoco era alguien de muchos amigos, no porque tuviese mal carácter, sino por lo
bromista con los demás niños. Su hermana Violeta siempre recordaba cuando iban los
primos del puerto a jugar al peral cerca de la casa, y ellos gritaban: ¡no jugamos con la
Alicia! De impotente y a veces malévola, se subía arriba del peral sin que nadie se diera
cuenta y entre risas se bajaba la enagua y hacía pichi mojándolos a todos, ellos corriendo a
acusarle a la tía y ella riendo.

“Yo era feliz, hasta que…

1
La Gran Depresión de 1929, fue una de las caídas económicas más grandes de la historia,
que ocasionó cesantes por doquier y familias pidiendo comida. Para Alicia y su familia, la
situación consolidó la frase “arréglatelas como puedas”, aprender a sobrevivir e ingeniar
un equilibrio entre lo que hay y lo que se necesita. Mi abuelito traía un saco repleto de
harina, de papas y otras especias de su trabajo de mediero (1) en el Fundo de las
Mercedes, las cuales debían durar todo el invierno. Fue una etapa difícil hasta que el flujo
económico empezó a normalizar y la sociedad volvió al auge del capitalismo.

Con el nacimiento de sus hermanos, José y Violeta y una Alicia de tan solo 6 años, el
ambiente cambió, hacerse cargo de sus hermanos, su madre trabajando en una quinta (2)
y a cargo de la tía Teresa, que no era muy amigable con los niños, por lo que cada
travesura o equivocación que traspase su esquema mental significaba al menos una
“sacada de cresta” decía ella, lo que suscitó que el apego y responsabilidad como
hermana mayor se acrecentara.

Yo era feliz, hasta que murió mi mamá. Ese día, nos despertamos como cualquier otro y
la tía entra donde dormíamos con mis hermanos (José de 2 años y Violeta de 11 meses) y
dice de manera muy “sutil”: se murió la Panchita. Fuimos donde ella estaba acostada y la
miré, estaba morada.

Solo aguantó. Sin mamá y sin una figura paterna presente, Alicia tuvo que comenzar a
trabajar a los 16 años como asesora de hogar.

Con el tiempo fue aprendiendo y pasando de patrona en patrona: en Santiago fue su


primer trabajo, con una familia gringa, los Taylor. Mientras trabajaba, siempre se
preocupó si sus hermanos estaban bien y podían mantenerse con la tía y el abuelo, por lo
que les mandaba periódicamente dinero a su abuelo para que les comprara ropa, comida,
etc. Ni la morfina aliviaba esos
dolores…

2
En Viña del Mar estuvo con los Martínez y por ultimo con la familia Cruzat, donde trabajó
47 años. En general eran familias mayoritariamente clasistas y de alta alcurnia.

Su última patrona se llamó Sara Cruzat. Allí crió a su única hija, Jessica.

*
Después de la operación, en la que los doctores extirparon la mayoría del útero por un
cáncer de 3er grado, la recaída fue tremenda, ni la morfina aliviaba esos dolores que
traspasaban lo sensorial, contando los segundos para que cese. “Mi tía Violeta me
abrazaba con lágrimas en los ojos diciéndome que mi mamá me mandaba muchos
saludos” decía Jessica, cuando la verdad era que ese abrazo era de consuelo por esa pobre
alma de 9 años, sumida en que un milagro pueda sacar a su madre del frio eterno.

Dicen que cuando llega la tormenta, después viene el sol, pero Alicia tuvo meses de lluvia
sin cesar, de dolor, de resistir el tratamiento llamado cobalto: me metían en un tubo con
una luz que me dejaba el estómago quemado. En total estuvo 6 años con tratamiento y
pastillas, pero pudo volver con su hija a casa de Sara. Solo aguantó, por ella.

3
Los años pasaron, todos se
fueron y las arrugas vinieron.
Actualmente, la bisabuela Alicia
de 90 años, vive con su hija y su
familia. Es la matriarca del linaje
y es la única que puede relatar
su propia historia de esfuerzo y
lucha.

Solo aguantó, por nosotros.

Verdes estos ojos cuentan más que una vida.

Foto: Ivan.C

*4182 caracteres 

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