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Malaria: Diagnóstico y Tratamiento Efectivo

La malaria es una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de mosquitos infectados. Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza y escalofríos. Se diagnostica examinando muestras de sangre bajo microscopio para detectar los parásitos. Grupos vulnerables incluyen niños menores de 5 años, mujeres embarazadas y viajeros sin inmunidad. El tratamiento se ha visto dificultado por la aparición de resistencias a los medicamentos.

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Malaria: Diagnóstico y Tratamiento Efectivo

La malaria es una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de mosquitos infectados. Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza y escalofríos. Se diagnostica examinando muestras de sangre bajo microscopio para detectar los parásitos. Grupos vulnerables incluyen niños menores de 5 años, mujeres embarazadas y viajeros sin inmunidad. El tratamiento se ha visto dificultado por la aparición de resistencias a los medicamentos.

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MINISTERIO DE EDUCACION UNIVERSITARIA

UNIVERSIDAD DE LAS CIENCIAS DE LA SALUD


Hugo Rafael Chávez Frías
Curso Electivo

Malaria

Desarrollado por: Leandro Coello


14.416.143

Maracaibo, mayo de 2023


INTRODUCCION

La malaria es una enfermedad parasitaria con una amplia distribución en zonas


tropicales y subtropicales, endémica en más de 100 países, producida por cuatro
especies de plasmodios. Cada año se producen 300-500 millones de nuevos casos, de
los que 1,5-2 millones fallecen, principalmente niños de menos de 5 años de edad de
Africa Subsahariana. También es un proceso potencialmente mortal en viajeros sin
ningún grado de inmunidad. Es una enfermedad que debe ser considerada como una
urgencia médica por su potencial capacidad de producir la muerte rápidamente.
El diagnóstico se ha basado en la microscopía, gota gruesa y extensión sanguínea,
pero en los últimos años se han introducido otros métodos diagnósticos, como la
detección de anticuerpos monoclonales frente a antígenos parasitarios o la detección
de ADN del parásito por medio de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). El
tratamiento se ha visto dificultado por la aparición de resistencias a los antimaláricos, lo
que ha llevado a la investigación de nuevas drogas y a la combinación de los
antipalúdicos, tanto con fines terapéuticos como para retrasar la aparición de dichas
resistencias. Palabras clave: Malaria. Resistencias a antipalúdicos. Métodos
diagnósticos.
¿Qué es el paludismo y cómo se transmite?

El paludismo es una enfermedad potencialmente mortal, presente principalmente en


los países tropicales. Se trata de una enfermedad prevenible y curable. Sin embargo,
sin un diagnóstico rápido y un tratamiento eficaz, un caso de paludismo no complicado
puede evolucionar a una forma grave de la enfermedad, que a menudo es mortal si no
se trata. El riesgo de infección es mayor en algunas zonas que en otras, en función de
múltiples factores, entre ellos el tipo de mosquitos locales. También puede variar según
la estación, siendo el riesgo más alto durante la temporada de lluvias en los países
tropicales.
El paludismo no es contagioso y no puede transmitirse de una persona a otra; la
enfermedad se transmite por la picadura de mosquitos Anopheles hembra. Cinco
especies de parásitos pueden provocar paludismo en el ser humano, dos de las
cuales, Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax, constituyen la mayor amenaza.
Existen más de 400 especies diferentes de mosquitos Anopheles y alrededor de 40 de
ellas, denominadas especies vectoras, pueden transmitir la enfermedad.
La malaria (o paludismo) es una enfermedad causada por un parásito Plasmodium,
el cual es trasmitido por la picadura de un mosquito infectado. Sólo el género
anófeles del mosquito transmite la malaria. Los síntomas de esta enfermedad pueden
incluir fiebre, vómito y/o dolor de cabeza. La forma clásica de manifestación en el
organismo son "fiebre, sudoración y escalofríos" que aparecen 10 a 15 días después de
la picadura del mosquito. Las muestras de sangre son examinadas con un microscopio
para diagnosticar la malaria, en donde el parásito es detectado dentro de los glóbulos
rojos. Las pruebas de diagnóstico rápido (RDTs) son usadas para diagnosticar la
malaria en áreas remotas en donde el microscopio no puede ser utilizado.
Los parásitos Plasmodium vivax y P. falciparum son los más comunes en la malaria,
mientras que la P. malariae y P. ovale son parásitos menos conocidos. De todos estos,
la infección adquirida por P. falciparum es la más fatal si no es tratada a tiempo y podría
tener serias complicaciones renales y cerebrales, e inclusive la muerte. La Cloroquina
fue el tratamiento de elección para la malaria y es aún usado en la mayoría de los
países para el tratamiento de P. vivax, sin embargo el parásito P. falciparum ha
desarrollado una muy diseminada resistencia a éste medicamento, y actualmente se
recomienda una terapia de combinación basada en la Artemisinina, como tratamiento
principal contra este parásito. Entre las medidas preventivas se recomienda el uso de
mosquiteros impregnados con insecticida y rociado interno residual de los insecticidas;
sus funciones consisten en disminuir el riesgo de las picaduras de los mosquitos
infectados.

¿Quién corre riesgo de enfermar de paludismo?

Casi la mitad de la población mundial está expuesta a enfermar de paludismo. Se


calcula que 247 millones de personas de 85 países contrajeron el paludismo en 2021.
Ese mismo año, la enfermedad se cobró aproximadamente 619 000 vidas.
Algunas personas son más propensas que otras a desarrollar una forma grave de
paludismo. Los lactantes y los niños menores de 5 años, las mujeres embarazadas y
los pacientes con VIH/sida están particularmente expuestos. Otros grupos vulnerables
son las personas que entran en zonas con transmisión intensa de paludismo sin haber
adquirido inmunidad parcial por exposición prolongada a la enfermedad, o que no
reciben tratamiento quimiopreventivo, como los migrantes, las poblaciones móviles y los
viajeros.  
Algunas personas que viven en zonas donde el paludismo es común desarrollan una
inmunidad parcial. Si bien nunca proporciona una protección completa, la inmunidad
parcial reduce el riesgo de que la infección provoque una forma grave de la
enfermedad. Esa es la razón de que en África la mayor mortalidad se registre entre los
niños pequeños, mientras que en las zonas con menos transmisión y menor inmunidad
todos los grupos de edad están en riesgo.

Ciclo humano del parásito

El parásito se transmite generalmente por la picadura de mosquitos infectados del


género Anopheles. Otras vías de transmisión, mucho menos frecuentes, son: la vía
vertical y la transfusional (transfusión sanguínea, accidente de laboratorio, jeringuillas
en los adictos a drogas intravenosas). En el caso de transmisión por mosquito, en el
momento de la picadura, la hembra inocula al hombre esporozoítos - formas infectivas
del parásito - que se encuentran en sus glándulas salivales; estos pasan a la corriente
sanguínea, directamente o por vía linfática, y en unos cuarenta y cinco minutos
desaparecen de ella, localizándose en los hepatocitos, en los cuales se inicia la fase
asexuada del ciclo (esquizogonia hepática o tisular primaria, ciclo exo o pre-eritrocitario
primario).
Cuando los parásitos evolucionan a esquizontes maduros, los hepatocitos se
rompen y se liberan merozoítos a la circulación sanguínea, iniciándose la fase hemática
o esquizogonia intraeritrocitaria. Después de varios ciclos asexuales, una parte de los
parásitos evolucionan a gametocitos o formas sexuadas, que al ser ingeridas por el
mosquito en una nueva picadura, inician en él la fase sexual del ciclo, formándose
nuevos esporozoítos. Solamente en los casos de P. vivax y P. ovale, una parte de los
esporozoítos inoculados no inician la esquizogonia hepática primaria, sino que
permanecen como hipnozoítos o formas durmientes.
Algunos de estos, al cabo del tiempo (de semanas a 4-5 años), pueden iniciar un
nuevo ciclo (ciclo exoeritrocitario secundario o esquizogonia tisular secundaria), que
concluye con la liberación de merozoítos a la sangre. Este proceso puede estar
repitiéndose periódicamente, aunque cada vez de forma más espaciada y con menos
intensidad. Los hipnozoítos no se producen en las otras dos especies de plasmodios, P.
falciparum y P. malariae.

Fisiopatología

En la malaria se produce la destrucción de los eritrocitos con liberación de


sustancias del parásito y de los hematíes a la circulación sanguínea. En los casos
graves por P. falciparum, las alteraciones producidas se deben principalmente a los
fenómenos de cito-adherencia y secuestro de los hematíes parasitados. La membrana
de estos, al estar parasitados por formas maduras de plasmodios, se vuelve rígida y se
forman unas protuberancias (knobs) que facilitan su adherencia al endotelio vascular
(cito-adherencia), principalmente a nivel de capilares de órganos vitales, sobre todo
cerebrales, y desaparecen de la sangre periférica, a la que ya no vuelven (secuestro).
Estos fenómenos de cito-adherencia y secuestro no se producen en las infecciones
por las otras tres especies de plasmodios y en ellas pueden verse en sangre periférica
parásitos en todas sus formas de desarrollo. La adherencia produce enlentecimiento del
flujo sanguíneo en los capilares, con hipoxia, aumento local de citocinas, glucólisis
anaeróbica y acidosis láctica
Periodos de incubación

Habitualmente son de 13-28 días, pero pueden ser muy variables, oscilando entre 7
días y 9-12 meses en el caso de P. vivax. Se ha comunicado un caso con periodo de
incubación de tan solo tres días. Hay diversos factores que influyen en su duración: –
Grado de inmunidad, – Haber realizado quimioprofilaxis y – Vía de contagio: mosquito,
transfusión o congénita. En las formas transfusionales no se produce el ciclo hepático
del parásito, por lo que el periodo de incubación es menor y, además, no habrá
hipnozoítos en las infecciones por P. vivax o P. ovale

¿Cuáles son los síntomas y cómo se diagnostica?

Los primeros síntomas del paludismo suelen darse entre 10 y 15 días después de la
picadura de un mosquito infectado. Por lo general se tiene fiebre, dolor de cabeza y
escalofríos, aunque estos síntomas pueden ser leves y es difícil atribuirlos al paludismo.
En las zonas con paludismo endémico, las personas que han desarrollado una
inmunidad parcial pueden infectarse pero no experimentar síntomas (infecciones
asintomáticas).
La OMS recomienda un diagnóstico rápido de los presuntos casos de paludismo. Si
el paludismo por Plasmodium falciparum no se trata dentro de las primeras 24 horas, la
infección puede progresar a una forma grave, o incluso mortal. En adultos, el paludismo
grave puede provocar una insuficiencia multiorgánica, mientras que en los niños a
menudo se manifiesta en forma de anemia grave, dificultad respiratoria o paludismo
cerebral. El paludismo humano provocado por otras especies de Plasmodium puede
causar una forma grave, y potencialmente mortal, de la enfermedad.
El paludismo se puede diagnosticar mediante pruebas que detectan la presencia de
los parásitos causantes de la enfermedad. Existen dos tipos principales de pruebas:
examen microscópico de frotis de sangre y pruebas de diagnóstico rápido. Las pruebas
de diagnóstico permiten a los profesionales de la salud distinguir el paludismo de otras
causas de enfermedades febriles, lo que facilita la administración del tratamiento
adecuado.
Métodos diagnósticos: El diagnóstico del paludismo se basa en la demostración de
parásitos en sangre, detección de anticuerpos monoclonales frente a antígenos
parasitarios o detección de ADN del parásito por medio de la reacción en cadena de la
polimerasa (PCR). La serología convencional no es de valor diagnóstico. La
microscopía (gota gruesa y extensión sanguínea) requiere experiencia y sigue siendo la
herramienta principal en la práctica diaria. Permite el diagnóstico de especie y del grado
de parasitemia. Se precisa personal experto y emplear muchos minutos para
considerarla negativa. Presenta baja sensibilidad si la parasitemia es muy baja. En los
últimos años se han desarrollado métodos de diagnóstico rápido (MDR), técnicas
inmunocromatográficas que detectan anticuerpos monoclonales frente a antígenos
maláricos liberados por los hematíes parasitados, la proteína-2 rica en histidina (HRP-2)
y la lactato dehidrogenasa específica del parásito (pLDH); también detectan un
antígeno común a las cuatro especies, el antígeno panmalárico (APM).

¿De qué tratamientos se dispone contra el paludismo?

El paludismo es una enfermedad susceptible de tratamiento. Los tratamientos


combinados con artemisinina (TCA) son los medicamentos antipalúdicos más eficaces
de que se dispone en la actualidad y son el pilar del tratamiento recomendado contra el
paludismo por Plasmodium falciparum, el parásito de la malaria más mortífero a escala
mundial.
En los TCA se combinan dos fármacos activos con diferentes mecanismos de
acción, a saber, con inclusión de derivados de la artemisinina extraídos de la
planta Artemisia annua y un fármaco asociado. La función del compuesto de
artemisinina es reducir el número de parásitos durante los primeros tres días de
tratamiento, mientras que la del fármaco asociado es eliminar los parásitos restantes.
Como no es previsible que ninguna alternativa a los derivados de la artemisinina
entre en el mercado durante varios años, es necesario conservar la eficacia de los TCA,
por lo que la OMS recomienda que el tratamiento solo se administre a las personas que
hayan dado positivo para el paludismo. La OMS no apoya la promoción o el uso de
material vegetal de Artemisia (ya sea en forma de tés, tabletas o cápsulas) para la
prevención o el tratamiento del paludismo.
Durante el último decenio, la resistencia de los parásitos a los medicamentos
antipalúdicos se ha convertido en una amenaza a la lucha contra el paludismo, en
particular en la subregión del Gran Mekong. También preocupan a la OMS los informes
más recientes sobre la presencia en África de paludismo farmacorresistente. Hasta la
fecha, se ha documentado resistencia en tres de las cinco especies de paludismo de las
que consta que afectan al ser humano: P. falciparum, P. vivax y P. malariae. Sin
embargo, casi todos los enfermos infectados con parásitos resistentes a la artemisinina
que han sido tratados con TCA se han curado completamente, siempre que el
medicamento asociado fuera altamente eficaz.
Cloroquina. Se emplea en profilaxis y tratamiento. Indicada en paludismo malariae,
ovale y vivax y falciparum de zonas sin resistencias. Dosis de cloroquina base: 600 mg,
seguidos de 300 a las 6 horas, 300 mg a las 24 horas y otros 300 mg a las 24 horas. En
los paludismos vivax y ovale se debe dar a continuación primaquina, como
esquizonticida tisular, a dosis de 15 mg/ día/14 días.
Doxiciclina. En profilaxis, a dosis de 100 mg/día, desde un día antes de entrar en
zona malárica, durante la estancia y cuatro semanas después.
Indicada en zonas de multirresistencias. En tratamiento solamente asociada a la
quinina.
Fansidar (pirimetamina- sulfadoxina). Es una formulación fija. No se usa actualmente
en profilaxis. Resistencias frecuentes de P. falciparum y P. vivax. La sulfadoxina es una
sulfa de acción retardada y, en caso de sensibilidad, puede producir reacciones
severas, como síndrome de Stevens-Johnson.
Halofantrina. Activa contra las cuatro especies. Muy bien tolerada subjetivamente,
pero su uso prácticamente se ha abandonado por las severas alteraciones cardíacas
que ha producido, prolongación de QTc, con muertes incluidas.
Malarone (atovacuona-proguanil). De reciente empleo. Se utiliza en profilaxis y
tratamiento. Activa contra las cuatro especies y contra falciparum multirresistente. En
tratamiento, en adultos, se administra a dosis de cuatro comprimidos juntos al día
durante cuatro días (cada comprimido tiene 250 mg de atovacuona y 100 mg de
proguanil). Se han descrito fracasos en profilaxis y en tratamiento, así como efectos
secundarios severos, como síndrome de Stevens-Johnson42. Muy útil para
autotratamiento. En profilaxis se usa a diario, pero, como tiene actividad profiláctica
causal contra las formas hepáticas de P. falciparum, se administra solamente una
semana tras abandonar la de zona de riesgo.
Mefloquina. Se emplea en profilaxis (a dosis de 250 mg semanales) y en el
tratamiento, a dosis de 15-25 mg/Kg, repartidos en tres dosis cada ocho horas. Muy
frecuentes efectos secundarios, incluso a dosis profilácticas, como nauseas, vómitos,
diarrea, sensación de mareo, insomnio, nerviosismo, irritabilidad y alteraciones
neuropsiquiatritas severas. Contraindicada si alteraciones de la conducción cardiaca o
antecedentes de convulsiones o psiquiátricos, aunque sean leves. No admitida en el
primer trimestre del embarazo. Evitar embarazo los tres primeros meses después de su
empleo. Quinina. No de usa en profilaxis. Activa contra las cuatro especies. Se utiliza
por vía oral en paludismo falciparum resistente a la cloroquina, a dosis de 600 mg/ 8
horas/ 1 semana. En caso de resistencia a la quinina se asocia a doxiciclina oral, 100
mg/ 12 horas/ 1 semana. En embarazadas y niños menores de 8 años, la doxiciclina
puede sustituirse por clindamicina. En el caso de paludismo grave o intolerancia oral, la
quinina se administra por vía intravenosa, disuelta en suero glucosado al 10% a pasar
lentamente en 4 horas o en infusión continua. La dosis es de 10 mg/Kg/8 horas (dosis
máxima de 1800 mg/día), pudiéndose dar la primera dosis a 20 mg/Kg (dosis de carga).
En la malaria severa la dosis debe reducirse al 30- 50% a las 48 horas de su inicio si no
hay mejoría clínica o si hay fracaso renal agudo, para prevenir dosis acumulativas
tóxicas. En cuanto sea posible pasar a vía oral. Primaquina. Contraindicada si existe
déficit de glucosa-6 fosfatodehidrogenasa. Esquizonticida tisular. actúa sobre los
hipnozoítos de P. vivax y P. ovale (cura radical) y sobre los gametocitos de P.
falciparum,. Dosis en el adulto de 15 mg base/ día/ 14 días. Existe tolerancia en Sureste
de Asia, Oceanía y América del Sur, por lo que se aumenta la dosis total aumentando la
dosis diaria (30 mg base/ día) o la duración del tratamiento (30-45 días). Si el déficit de
G-6-PDH es leve se puede administrar una dosis de 45 mg un día a la semana durante
seis semanas.

¿Dónde es mayor la prevalencia del paludismo?

El paludismo se registra principalmente en países tropicales y subtropicales. La gran


mayoría de los casos y muertes por paludismo se dan en la Región de África de la
OMS, y casi todos los casos se deben al parásito Plasmodium falciparum. Este parásito
también predomina en otras zonas de gran prevalencia de paludismo, en concreto las
regiones de la OMS de Asia Sudoriental, el Mediterráneo Oriental y el Pacífico
Occidental. En la Región de las Américas de la OMS predomina el parásito Plasmodium
vivax, que causa el 75% de los casos de paludismo.
La amenaza de paludismo más alta se registra en el África Subsahariana, y cuatro
países de esa región registraron cercano a la mitad de todas las muertes por paludismo
a escala mundial en 2021: Nigeria (26,6%), la República Democrática del Congo
(12,3%), Uganda (5,1%) y Mozambique (4,1%).

¿Es peligroso viajar a lugares donde el paludismo es endémico?

Las personas que no tienen inmunidad parcial al paludismo tienen un riesgo mayor
de contraer la enfermedad. Ello incluye a los viajeros de países no endémicos que
ingresan en zonas de alta transmisión, así como a las personas de países endémicos
que viven en zonas donde hay poca o ninguna transmisión.
Dado que a menudo los síntomas no se presentan hasta 10 o 15 días después de la
infección, puede que los viajeros regresen a su país de origen sin mostrar signos de la
enfermedad. Es posible que los médicos de las zonas no endémicas no reconozcan los
síntomas y se produzcan retrasos potencialmente mortales del diagnóstico y el
tratamiento. Además, puede que no en todos los países se hayan registrado
medicamentos antipalúdicos eficaces o se disponga de ellos.
Como tratamiento preventivo antes de viajar a zonas endémicas se puede utilizar la
quimioprofilaxis. Cuando se combina con el uso de mosquiteros tratados con insecticida
y la aplicación repetida de un repelente tópico para prevenir las picaduras de
mosquitos, la quimioprofilaxis reduce significativamente el riesgo de infección. Si una
persona ha recibido quimioprofilaxis como medida preventiva y no obstante es
infectada, en su tratamiento no se debe utilizar el mismo medicamento. 
Se recomienda a los viajeros que consulten a un médico o a su centro nacional de
control de enfermedades antes de la salida, para determinar las medidas preventivas
adecuadas.

¿Cómo se puede prevenir el paludismo?

El paludismo es una enfermedad prevenible, se describe como tomar medidas:


1. Intervenciones de control de vectores. El control de los vectores es el enfoque
principal para prevenir el paludismo y reducir la transmisión. Dos formas de control
antivectorial son eficaces para las personas que viven en países con paludismo
endémico: los mosquiteros tratados con insecticida, que previenen las picaduras
mientras las personas duermen y matan a los mosquitos en el momento en que intentan
alimentarse, y la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual, que
consiste en aplicar un insecticida a las superficies donde los mosquitos suelen
descansar, es decir, paredes internas, aleros y techos de las casas y otras estructuras
domésticas. Para los viajeros, el uso de un mosquitero tratado con insecticida es la
intervención de control antivectorial más práctica. La OMS mantiene una lista de
productos de control de vectores de los que se ha evaluado la seguridad, la eficacia y la
calidad.
2. Tratamientos quimiopreventivos y quimioprofilaxis. Aunque están diseñados para
tratar a pacientes que ya han sido infectados, algunos medicamentos antipalúdicos
también se pueden usar para prevenir la enfermedad. Los tratamientos
quimiopreventivos recomendados actualmente por la OMS para las personas que viven
en zonas endémicas incluyen el tratamiento preventivo intermitente del paludismo
durante el embarazo, el tratamiento preventivo intermitente del paludismo en lactantes,
y la quimioprevención del paludismo estacional. También se administran fármacos
quimioprofilácticos a los viajeros antes de que entren en una zona con paludismo
endémico, y pueden ser muy eficaces cuando se combinan con mosquiteros tratados
con insecticida.

¿Existe una vacuna contra el paludismo?

RTS,S/AS01 (RTS,S) es la primera, y hasta la fecha única, vacuna que ha


demostrado capacidad para reducir significativamente el paludismo en los niños
pequeños que viven en zonas de transmisión del paludismo entre moderada y alta.
Actúa contra el parásito Plasmodium falciparum, el parásito palúdico más mortífero y el
más prevalente en África.
En 2019, Ghana, Kenia y Malawi comenzaron a encabezar la introducción de la
vacuna en una selección de zonas en el marco de un programa piloto a gran escala
coordinado por la OMS. Hasta la fecha, el programa ha demostrado que la vacuna
RTS,S es segura, eficaz y factible de administrar a través de los servicios de
inmunización de rutina. Hasta marzo de 2023, más de 1,3 millones de niños habían
recibido al menos 1 dosis de la vacuna a través de este programa. Veintinueve países
de África han expresado interés en adoptar la vacuna contra la malaria como parte de
sus estrategias nacionales de control de la malaria.
En octubre de 2021, la OMS recomendó el uso de la vacuna RTS,S en los niños que
viven en zonas con transmisión del paludismo entre moderada y alta. La
recomendación se basó en el conjunto completo de datos sobre la RTS,S, incluidos los
resultados del programa piloto en curso

¿Se puede eliminar el paludismo?

La visión de la OMS y de la comunidad mundial interesada en esta enfermedad es


un mundo sin paludismo. Esta visión se logrará progresivamente a medida que los
países eliminen el paludismo de sus territorios y apliquen medidas eficaces para
prevenir el restablecimiento de la transmisión.
Los países donde el paludismo es endémico se encuentran en diferentes fases del
camino que lleva a la eliminación. La tasa de progreso depende de la solidez del
sistema nacional de salud, el nivel de inversión en estrategias de eliminación del
paludismo y otros factores, incluidos los determinantes biológicos, el medio ambiente y
las realidades sociales, demográficas, políticas y económicas de cada país en
particular. 
En los últimos dos decenios se han logrado avances significativos hacia la
eliminación del paludismo. Según el último Informe mundial sobre malaria, 27 países
registraron menos de 100 casos de la enfermedad en 2020, frente a 6 países en 2000. 
Los países donde durante por lo menos tres años consecutivos no se ha registrado
ningún caso autóctono de paludismo (un caso contraído localmente sin datos de
importación de otro país endémico) pueden solicitar a la OMS la certificación de la
eliminación del paludismo. Desde 2015, once países han recibido la certificación del
Director General de la OMS de que están exentos de paludismo, a saber, Maldivas
(2015), Sri Lanka (2016), Kirguistán (2016), el Paraguay (2018), Uzbekistán (2018), la
Argentina (2019), Argelia (2019), El Salvador (2021), China (2021), Azerbaiyán (2023) y
Tayikistán (2023).
Malaria en Venezuela

Luego de la Asamblea Mundial de la Salud de 2007, la Organización Mundial de la


Salud (OMS), declaró cada 25 de abril como el Día Mundial de la Malaria o Paludismo,
enfermedad que es causada por la picadura de hembras infectadas por el mosquito
Anopheles, no obstante su contagio es prevenible y curable, por ende el Gobierno
Nacional se mantiene reforzando las acciones contra la aparición de la misma.
Inicialmente, Venezuela fue la primera nación certificada por la OMS, en erradicar
esta patología gracias al trabajo conjunto del personal de la administración de Arnoldo
Gabaldón como ministro de Salud (1959-1964), quien implementó un programa
nacional contra el paludismo. Por su parte, Gabaldón gerenció con éxito la División de
Malariología: precisó metas y formuló que: “Nuestro objetivo en el campo de la salud
pública es conseguir un aumento de seis meses en la esperanza de vida al nacer por
cada año de trabajo”
En materia de salubridad, en estos momentos, el Ministerio del Poder Popular para
la Salud (MPPS), a través de la Dirección General de Salud Ambiental (DGSA), oficina
dirigida por el Coronel, Luis Gotta, realiza una revisión en las zonas, en las cuales se
reporten brotes de la mencionada endemia, posteriormente organiza en distintas fases
el plan de trabajo: para evitar la propagación de focos o criaderos del mosquito, luego
si existe casos en detección, se realiza el suministro de tratamientos y mosquiteros,
igualmente se activa el control con un casa por casa, preparado por un grupo de
especialistas en el área epidemiológica.
Cabe resaltar, que los centros médicos del país ofrecen para la detección del
paludismo la prueba del test de Reacción en Cadena de la Polimerasa, comúnmente
llamada PCR por sus siglas en inglés, igualmente también es frecuente el uso del
análisis sanguíneo de una muestra que se esparce en una plantilla de vidrio, y sobre el
tema la DGSA, difundió un video informativo, para estar alertas ante los siguientes
síntomas: Fiebre. Vómito. Debilidad general. Dolor de cabeza.

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