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Filosofía: Deseo y Dualidad

El documento analiza la relación entre el deseo y la filosofía a través de la obra de Jean-François Lyotard. Sostiene que el deseo implica una estructura de presencia-ausencia, donde lo deseado está presente en forma de carencia y ausente en su posesión. Esta dinámica también se aplica a la filosofía, que constantemente se pierde y busca la sabiduría. El autor explica esto a través del mito de Eros en El Banquete de Platón, donde Eros representa el deseo con su doble n

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Filosofía: Deseo y Dualidad

El documento analiza la relación entre el deseo y la filosofía a través de la obra de Jean-François Lyotard. Sostiene que el deseo implica una estructura de presencia-ausencia, donde lo deseado está presente en forma de carencia y ausente en su posesión. Esta dinámica también se aplica a la filosofía, que constantemente se pierde y busca la sabiduría. El autor explica esto a través del mito de Eros en El Banquete de Platón, donde Eros representa el deseo con su doble n

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¿Por qué Filosofar? Cuatro Conferencias. ¿Por qué desear?

Jean-François Lyotard
 
El Maestro vienes Sigmund Freud nos enseñaba que un acto fallido es la ocultación de
un objeto o de una situación para la consciencia, una discontinuidad. De la misma
manera, el autor propone que cuando los filósofos, año a año retoman su enseñanza
sobre la Filosofía, vuelven en forma recurrente a la pregunta que es la Filosofía? Así la
Filosofía se falla a sí misma.

Si en cambio, variaran su pregunta por la de porque filosofar?, pondrían el acento en la


discontinuidad que la Filosofía tiene sobre sí misma, es decir, sobre la posibilidad de la
Filosofía de estar ausente. Y porque hablamos de esta posibilidad de estar ausente?.
Porque incluso para estos filósofos, la Filosofía guarda la necesidad de ser
continuamente recordada en la pregunta fallida que es la Filosofía. Pero la respuesta
se les escurre entre los dedos.

Nos preguntamos entonces, porque filosofar en vez de no filosofar, si es que la


Filosofía se nos escurre, se sumerge? El adverbio porqué lleva en sí mismo la
destrucción de lo que cuestiona. Es en la misma pregunta donde se admite a la vez, la
presencia real de la cosa interrogada, pero también su ausencia posible. Es decir, se
dan a la vez, la vida y la muerte de la Filosofía. Se la tiene, pero al mismo tiempo no se
la tiene.

Esta relación entre el acto de filosofar y la estructura presencia – ausencia, demanda


interrogarse por la pregunta que es el deseo?. Sabemos que en Filosofía hay philein,
amar, estar enamorado, desear.

No sólo los filósofos han naturalizado examinar un problema como es el del deseo,
tomando en cuenta inexorablemente al sujeto y al objeto, es decir, tiene en cuenta la
dualidad que existe entre quien desea y lo que es deseado. Y entonces nos
preguntamos: es lo deseable (objeto) lo que suscita el deseo? (sujeto) o de lo
contrario, es el deseo lo que crea lo deseable?. Esta forma de interrogarnos dice el
autor, nos remite a la categoría de la causalidad donde lo deseable es la causa del
deseo o viceversa. Pero esta visión dualista de las cosas, dónde cada uno, el sujeto o el
deseo, tienen sus propias características o cualidades, nos impide ver el problema
correctamente.

El deseo por el contrario no pone en relación una causa y un efecto sino que lo que
expresa es el movimiento de algo, algo que va hacia lo otro tanto como va hacia lo que
le falta a sí mismo. De esta manera, lo otro esta tanto presente en quien desea, de
igual manera que lo está en forma de ausencia, dado que deseamos porque ya
tenemos aquello que nos falta, es decir esta en presencia, de otra manera, sería
imposible desearlo y no lo tenemos, es decir esta en ausencia.

Entre ambas partes entonces, sujeto y objeto, existe una misma estructura
contradictoria, pero al mismo tiempo simétrica: en el sujeto la ausencia del deseo
(carencia) está en el centro de su propia presencia (estructura contradictoria). Es
presencia del no-ser en el ser que desea. En el objeto por su parte, la presencia del que
desea (el recuerdo, la esperanza) se encuentra sobre un fondo de ausencia, donde el
objeto está allí como deseado, es decir, como poseído.

Para Lyotard lo esencial del deseo radica en esta estructura que combina la presencia y
la ausencia y no es puro accidente, sino que existe el deseo solo en la medida que lo
presente está ausente de sí mismo, o lo ausente presente.

El autor en el texto describe el nacimiento de Eros, que toma del Banquete de Platón,
hijo de Penía y de Poros, fruto del encuentro entre éstos en el banquete que se
celebró por el nacimiento de Afrodita, según Sócrates dice se lo contara Diotima una
sacerdotisa. Al ser engendrado Eros, en la fiesta de Afrodita, es acompañante y
escudero de ella. Eros es un amante de la belleza, al ser Afrodita bella. Por su parte, el
destino de Eros, se encuentra signado por su herencia. Hereda de su madre lo
indigente y la falta de recursos y de su padre la riqueza. No es ni mortal ni inmortal,
sino que en el mismo día florece y vive cuando está en la abundancia, para luego morir
y recobrar la vida gracias a la naturaleza inmortal de su padre.

De este relato que Diotima le brinda a Sócrates podemos extraer algunas


consideraciones importantes:

1.- Al ser engendrado Eros, el mismo día en que Afrodita nace, es decir, la Belleza viene
al mundo, hay una suerte de co – nacimiento entre el deseo y lo deseable.

2.- La idea de una doble naturaleza de Eros, donde no es dios, ni es hombre, pero
participa de la divinidad de su padre y es mortal por parte de su madre, que es
mendiga y no se basta a sí misma. Es vida y muerte. Platón insistía en la alternancia de
la vida y la muerte en la vida de Eros. Está sujeto a la Ley de la Muerte de la Pobreza
por parte de su herencia materna, pero renace como el Ave Fénix, por parte de su
herencia paterna. Eros lleva en sí mismo la muerte.

3.- El deseo entonces es hombre y mujer a la vez que es vida y muerte. El padre de
Eros simboliza lo que en el deseo acerca del amor a su objeto, su encuentro, mientras
que la madre, la pobreza encarna lo que los mantiene separados. Eros por más que sea
del sexo masculino, en realidad es hombre y mujer.

Un discípulo de Lacan, Serge Leclaire, describía para la neurosis esta misma


ambigüedad que Diotima encuentra en Eros. Caracterizaba el síntoma de la histérica
por el interrogante no formulado: soy hombre o soy mujer? Y al síntoma de la obsesión
por la pregunta: estoy vivo o estoy muerto?. De esta manera la enfermedad actúa
sobre esta incertidumbre como un revelador. Pero lo que me parece interesante
destacar, es la absoluta vigencia del pensamiento de Platón y de la búsqueda freudiana
sobre los problemas centrales de la filosofía. El sí y el no este binomio contrastado
como sostenía el discípulo de Lacan, cuyos polos se distancian en la neurosis,
gobernando nuestras vidas y no sólo nuestra vida amorosa. Por su parte Lacan sostenía
que “cualquier relación a la presencia tiene lugar sobre un fondo de ausencia”. El
deseo en su esencia tiene esta oposición en su conjunción y es nuestro Maestro.

Debemos acepar entonces, que no hay en Eros, una esfera de la sexualidad, separada
de las demás. Si Freud a través de su obra sigue vigente, no es por haber visto la
sexualidad por doquier, sino porque ha sabido comunicar la vida sexual a la afectiva, la
social a la religiosa, etc., en la medida que ha sabido sacarlo de su ghetto,
profundizando la estructura de las conductas y revelando una simbología común a
todas ellas.

El tema central que propone el autor es la relación entre el deseo con el contraste
entre la atracción y la repulsión. No sólo a nivel de cada sujeto, sino que la historia y la
sociedad tiene también esta doble alternativa de la atracción y la repulsa, mostrando
la evidencia del deseo. El autor propone así leer la historia de Occidente como el
movimiento contradictorio, donde la multiplicidad de las unidades sociales (individuos,
grupos, clases sociales), busca y fallan su reunión consigo misma. Esta alternativa de
dispersión y de unificación es homóloga  la ambigüedad del deseo. Eros necesita así de
todo su ingenio heredado a través de su padre de los dioses para no caer en la
indigencia. De la misma manera la civilización está amenazada de muerte por la
indigencia de valores y la sociedad padece esta discontinuidad, falta de comunicación
entre las partes. Es así que vivimos desde la socialidad e historicidad, sobre un fondo
de muerte y pertenecemos también al deseo.

El autor entiende por deseo, philein, la relación que simultáneamente separa y une sus
términos, lo hace estar el uno en el otro pero a la vez, el uno queda fuera del otro. La
filosofía es philein, amor y nos trae desde el Banquete, ejemplo de esto. Lo que el
autor propone, porqué filosofar?, puede verse claramente en el texto, al final del
Banquete, en el intercambio que realiza Alcibíades con Sócrates.

Al final del Banquete, Alcibíades, ebrio porque la verdad está en el vino, hace un elogio
de Sócrates. Alcibíades está convencido de que Sócrates está enamorado de él, por lo
que decide ofrecerle la oportunidad de acostarse con él. Pero Sócrates le retruca que
es imposible intercambiar su supuesta belleza de un supuesto conocimiento, por la
belleza de los atributos físicos de Alcibíades. De esta manera Alcibíades encuentra en
Sócrates no un amante, sino un padre que permanece a la expectativa y Alcibíades
queda en el error. Alcibíades quería conquistar al filósofo, pero resulta conquistado,
pretendía dominarlo, pero resulta su esclavo, puesto que Sócrates más astuto, invierte
los papeles y queda Alcibíades como el amante y no Sócrates, que queda como una
suerte de padre. Como sostenía Hegel, al final, el esclavo resulta amo del amo.

Cuando Sócrates declara no estar seguro de poseer la sabiduría, en realidad interpela


al filósofo actual, para que se pregunte sobre qué es lo que quiere el filósofo. Sócrates
es muy astuto y sabe muy bien lo que creen los demás, lo que cree Alcibíades, pero en
este juego que se planes, Sócrates demuestra ser un jugador muy superior. El filósofo
es realmente sabio, pero plantea el desconocimiento, para intrigar y deja expuesto a
Alcibíades. Puesto que creer que Sócrates tiene una supuesta sabiduría que puede
intercambiar, deja expuesto a Alcibíades a su propia locura.

Que quede bien claro, el objetivo de Sócrates es neutralizar la lógica de Alcibíades, de


manera tal que éste comprenda que la sabiduría no puede ser objeto de intercambio,
porque la verdadera sabiduría jamás puede estar segura de sí misma. La Sabiduría está
constantemente perdida y constantemente hay que buscarla, es decir, presencia y
ausencia. Mientras para Alcibíades la Filosofía, la Sabiduría es un bien, un haber
pasible de intercambio como objeto, Sócrates pensando no sólo en Alcibíades sino en
todo el pueblo ateniense, no rompe el diálogo con Alcibíades, con la comunidad y no
se sale del juego, porque necesita que esta ausencia sea reconocida por otros. Es decir,
Sócrates sabe que tener razón él sólo contra todos no es tener razón, sino estar
equivocado, estar loco. Sócrates insiste en provocar la reflexión en los otros, al insistir
que su sabiduría consiste en no saber nada. Esta es la lógica de Sócrates que luego
aceptará beber la cicuta, dado que dominar al otro implica no aceptar la muerte. Pero,
muriendo voluntariamente obliga al otro a pensar que verdaderamente no tenía nada
que perder. Lo que quiere el filósofo no es que los deseos sean convencidos y
vencidos, sino que sean examinados y reflexionados y esto tiene que ver con el plateo
porque filosofar.

La posibilidad del deseo implica la presencia de una ausencia, que la sabiduría tal vez
consiste en escuchar esta ausencia y permanecer junto a ella. En vez de buscar la
sabiduría que sería una locura, lo que Alcibíades debe hacer es buscar porque buscar.
Filosofar entonces es desear el deseo. Hay amor en la Filosofía, es su Recurso, pero la
Filosofía está tanto en el amor como en su pobreza. Pues es el deseo el que tiene a la
Filosofía como tiene cualquier otra cosa. Tanto la ironía socrática, como el diálogo
platónico, la meditación cartesiana, la crítica kantiana, la dialéctica hegeliana, el
movimiento marxista, etc., son gruesas capas en el subsuelo de nuestra cultura
presente, no están abolidas, son presente, seguimos oyéndolas y contestándolas.

No son los filósofos los que inventan sus problemas, es el movimiento del deseo, del
acto de filosofar lo que mantiene unido lo separado y separado lo unido, es el
movimiento que atraviesa la filosofía, el pensamiento y sólo abriéndonos a este
filosofar, es que puede abrirse la Filosofía. No hay un deseo propio del filósofo. Con la
Filosofía el deseo se desvía, se desdobla, se desea. De esta manera lo que es dos tiende
a hacerse uno y lo uno multiplicidad y la multiplicidad depende de la unidad y
viceversa. Esto es lo que se plantea frente a la pregunta porque desear, porque
filosofar. La respuesta a la pregunta porqué filosofar la encontramos en la pregunta
porque desear. La inmanencia del filosofar en el deseo se manifiesta ya en la raíz del
término sophia, sapere y del francés sabor. Sophon es el que sabe saborear y saborear
supone tanto la degustación de la cosa como su distanciamiento.

No es casualidad que esta primera filosofía la griega, esté obsesionada por la cuestión
de lo uno y de lo múltiple y al mismo tiempo por el problema del Logos, de la palabra,
que es la reflexión del deseo sobre sí mismo. El filosofar es dejarse llevar por el deseo,
pero recogiéndolo y esto corre pareja con la palabra. Hoy podemos afirmar que frente
a la pregunta porque filosofar, podemos respondernos, porque queremos, porque nos
gusta.

Texto original en ¿Porqué Filosofar? Cuatro Conferencias Ediciones Paidós. ICE de la


Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona – Buenos Aires – México.

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