i
Visiones e ilusiones políticas es un texto absolutamente indispensable escrito
por el teórico político evangélico más significativo de nuestros días. En él,
el Dr. Koyzis desenmascara hábilmente la idolatría de las ideologías
políticas modernas antes de ofrecer una convincente visión no ideológica
de la política y la vida pública. Su relevancia se extiende más allá de la
ciencia política a las disciplinas de la teología pública, la ética y la filosofía;
muy recomendable.
Bruce Riley Ashford, decano de la facultad, profesor de teología y
cultura, Southeastern Baptist Theological Seminary
Pocos podrían haber previsto las grandes convulsiones políticas que se han
producido desde la publicación de este libro en 2003. Sin embargo, el libro
de Koyzis ha superado la prueba del tiempo y, en mi opinión, es la mejor
introducción al pensamiento político moderno desde una perspectiva
cristiana. Esta edición actualizada es bienvenida por la inclusión tanto de
la literatura más reciente como de ejemplos nuevos de los últimos
acontecimientos políticos. Como teólogo comprometido con la política,
estoy especialmente encantado de ver la adición de la “Posdata
Eclesiológica Final”, que podría muy bien servir como una especie de
brújula teopolítica para los líderes de la iglesia que desean una guía de
navegación sobre cómo las iglesias deben -y no deben- participar en la
acción política.
David Guretzki, vicepresidente ejecutivo y teólogo residente, The
Evangelical Fellowship of Canada
Esta segunda edición del gran libro de David es verdaderamente una joya.
La luz más brillante que ahora alumbra en su evaluación de las ideologías
modernas proviene de una evaluación profunda de la historia que cada una
cuenta y de la idolatría que se exhibe en cada una. Esto también empuja a
los cristianos a examinar hasta qué punto podemos estar comprometiendo
nuestra dedicación a Dios al inclinarnos (incluso inconscientemente) ante
otros dioses para obtener orientación política. En estos días de creciente
nacionalismo, racismo, terrorismo y pura ignorancia, el mensaje de este
libro no podría ser más urgente e importante. Léanlo y discútanlo con
ii UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
atención, aunque tarden semanas en hacerlo. Las múltiples fuerzas que
actúan en nuestro país y en todo el mundo no se verán frustradas o
redirigidas por unas elecciones o un acontecimiento importante. El amor
cristiano a Dios y al prójimo exige un servicio cívico responsable y eso
requiere el tipo de comprensión que proporciona Visiones e ilusiones políticas.
James W. Skillen, presidente (ya jubilado) del Centro para la Justicia
Ciudadana
La política implica la adquisición y el uso del poder. Siempre tiene una
dimensión moral, siempre ofrece una oportunidad de hacer el bien y
siempre conlleva el riesgo de la idolatría. Actualizando su obra original en
esta segunda edición, el Dr. Koyzis ha escrito una magnífica visión general
de la política moderna, las ideologías y el Estado, y su intersección con la
fe cristiana. Muy rico en erudición, perspicaz y atractivo en su análisis, y
“meramente cristiano” en su importancia para todos los seguidores de
Jesucristo, independientemente de su tradición, es un recurso
indispensable.
Charles J. Chaput, Arzobispo de Filadelfia
David Koyzis presenta a los lectores la gama de teorías políticas que han
surgido y competido por el dominio desde los tiempos clásicos. Con
cuidado y respeto, separa el trigo de la paja en cada una de ellas en términos
de una visión cristiana del mundo, y en un estilo que es claro, irénico y
persuasivo. La segunda edición actualiza la primera en función de los
principales acontecimientos políticos de las dos últimas décadas. En un
mundo cada vez más polarizado, este tipo de libro es una lectura esencial
para los ciudadanos preocupados de todas las tendencias políticas y
religiosas.
Mary S. Van Leeuwen, profesora emérita de psicología y filosofía,
Eastern University
El Dr. Koyzis ofrece una introducción accesible, convincente y
profundamente investigada a las principales ideologías políticas que actúan
en el mundo actual. A lo largo del libro, Koyzis sirve al lector como una
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
guía cristiana fiel y reflexiva a través de las muchas voces políticas que
compiten entre sí en la plaza pública. Llevo años asignando Visiones e
ilusiones políticas en mis cursos sobre fe y política, y estoy muy agradecido
por una edición nueva y actualizada. Es un verdadero regalo.
Matthew Kaemingk, profesor adjunto de ética cristiana, decano
asociado, Seminario Teológico Fuller, Texas
La primera edición de este excelente libro mostraba, con una prosa viva y
erudita, cómo las ideas bíblicas sobre la idolatría iluminan nuestra vida
política. Esta edición ampliada aumenta su alcance y delinea los nuevos
desafíos a los que nos enfrentamos. Sin duda es una lectura indispensable.
Paul Marshall, Profesor de Libertad Religiosa Jerry y Susie Wilson,
Universidad de Baylor
Aunque la primera edición de Visiones e ilusiones políticas ya ha sido
grandemente elogiada en Brasil como una herramienta de inestimable valor
para la formación política cristiana, desde jóvenes estudiantes y clérigos
hasta fiscales federales y políticos de carrera, la nueva edición se confirma
como un clásico. El autor profundiza en la conversación de la ideología y
la idolatría, recuperando el papel central de la narrativa para la ideología.
Mejora enormemente su explicación y extrae los equivalentes de la
narrativa bíblica de la creación/ caída/ redención/ consumación arraigada
en los relatos centrales del liberalismo, el conservadurismo, el
nacionalismo, el democratismo y el socialismo. El Dr. Koyzis también
actualiza su enfoque mediante la participación de nuevas críticas de esas
ideologías, como la de Patrick Deneen sobre el liberalismo; escuchando a
relevantes pensadores políticos cristianos, como David L. Schindler; e
introduciendo nuevas ideas propias, como su teoría de la autoridad. La
nueva edición de Visiones e ilusiones políticas promete ser una bendición
aún mayor para la mente política cristiana. Espero que la tengamos pronto
en portugués.
Guilherme de Carvalho, L'Abri Fellowship Brasil
iv UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
VISIONES E ILUSIONES
POLÍTICAS
Un análisis de las ideologías políticas
contemporáneas desde el punto de vista cristiano
DAVID T. KOYZIS
PRÓLOGO DE
RICHARD J. MOUW
IMPRESO EN LIMA, PERÚ
vi UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
Autor: ©David T. Koyzis
Traducción: Juan M. Londoño
Revisión de estilo: Jaime D. Caballero
Diseño de cubierta: Billy J. Gil
Título original: Political Visions & Illusions: Second Edition
Originally published by InterVarsity Press as Political Visions & Illusions:
Second Edition by David T. Koyzis. Second edition @2019 by David T. Koyzis.
Translated and printed by permission of InterVarsity Press, P.O. Box 1400,
Downers Grove, IL 60515, USA. [Link]
Editado por:
©TEOLOGIAPARAVIVIR.S.A.C
José de Rivadeneyra 610. Urb. Santa Catalina, La Victoria.
Lima, Perú.
ventas@[Link]
[Link]
[Link]
Primera edición: Mayo del 2022
Tiraje: 1000 ejemplares
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú, N°: 2022-03684
ISBN Tapa Blanda: 978-612-xxxx-xx-x
Se terminó de imprimir en mayo del 2022 en:
ALEPH IMPRESIONES S.R.L.
Jr. Risso 580, Lince
Lima, Perú.
Imagen de la portada: PROMPT: “Dream The Kingdom of God”, by Wombo Art. [Link]
Prohibida su reproducción o transmisión total o parcial, por cualquier medio, sin
permiso escrito de la editorial. Todos los derechos reservados y exclusivos ©
TEOLOGIAPARAVIVIR.S.A.C.
Las citas bíblicas fueron tomadas de las versiones Reina Valera de 1960 y de la
Nueva Biblia de los Hispanos, salvo indique lo contrario en alguna de ellas.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
TABLA DE CONTENIDOS
PRÓLOGO X
PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN XIV
§1. INTRODUCCIÓN: IDEOLOGÍA, RELIGIÓN E IDOLATRÍA 1
LA POLÍTICA Y LAS IDEAS 4
LA HISTORIA Y LAS DEFINICIONES 6
LA IDEOLOGÍA COMO UN RELATO REDENTOR: HACIA UNA DEFINICIÓN 12
LA IZQUIERDA Y LA DERECHA: UNA CLASIFICACIÓN DE LAS IDEOLOGÍAS
25
DISCERNIENDO LOS ESPÍRITUS EN LAS IDEOLOGÍAS 30
§2. EL LIBERALISMO: LA SOBERANÍA DEL INDIVIDUO 37
LOS SIGNIFICADOS DEL LIBERALISMO 40
LA HISTORIA LIBERAL 45
EL LIBERALISMO TARDÍO Y LA EXPANSIÓN DEL ESTADO 54
LO CORRECTO Y LO BUENO: EL SUBSIDIO DE LAS OPCIONES 66
EL ESTADO ESPIRITUALMENTE VACÍO: LA PRIVATIZACIÓN DE LAS
CREENCIAS ABSOLUTAS 76
EL PECADO Y LA SALVACIÓN EN EL LIBERALISMO 79
§3. EL CONSERVADURISMO: LA HISTORIA COMO UNA
FUENTE DE NORMAS 87
LAS FRUTAS FRESCAS Y LAS DAÑADAS: EL CREDO CONSERVADOR 93
NADIE ESTÁ CONTENTO CON SU SUERTE 97
¿CUÁLES TRADICIONES Y CUÁNDO? 102
CONSERVADURISMO Y CRISTIANISMO 113
EL CONSERVADURISMO Y EL ESTADO 118
§4. EL NACIONALISMO: EL DIOS CELOSO DE LA NACIÓN 123
UN CREDO PARA UN SIGLO 131
NACIONALISMOS CÍVICOS Y ÉTNICOS: EL ESTADO FRENTE A LA TRIBU 141
LA PERSPECTIVA NACIONALISTA DEL ESTADO 148
LEALTAD PATRIÓTICA: UNA MODESTA DEVOCIÓN 152
viii UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
LOS CRISTIANOS Y EL NACIONALISMO 155
§5. ¿DEMOCRACIA O DEMOCRATISMO?: CUANDO EL PUEBLO
DEMANDA DEMASIADO 163
ESTRUCTURA Y CREDO 164
DEL LIBERALISMO A LA DEMOCRACIA 170
LAS TENTACIONES TOTALITARIAS Y DE LA MAYORÍA 176
EL RELATO DEMOCRATIZADOR: LA TRAMA SE COMPLICA 183
LA DEMOCRACIA DIRECTA FRENTE A LA REPRESENTATIVA: EXAMEN DEL
CREDO FRENTE A LA ESTRUCTURA 191
REPRESENTATIVIDAD: ¿LIDERAZGO O SEGUIRAZGO? 195
DEMOCRACIA Y JUSTICIA: UNA EVALUACIÓN FINAL 201
§6. EL SOCIALISMO: LA PROPIEDAD COMÚN COMO ASPECTO
REDENTOR 205
UN RELATO TRANSFORMADOR 207
DE LA DEMOCRACIA AL SOCIALISMO 211
PROPIEDAD COMÚN E IDEOLOGÍA SOCIALISTA 217
LOS MEDIOS Y LOS FINES: LA IGUALDAD Y CÓMO ALCANZARLA 224
EL RELATO MARXISTA 228
LA JUSTA DISTRIBUCIÓN DE LOS RECURSOS ECONÓMICOS 239
§7. MÁS ALLÁ DE LAS IDEOLOGÍAS: LA CONSOLIDACIÓN DE
UNA SOCIEDAD PLURIFORME 247
LA RESPUESTA BÍBLICA CRISTIANA 255
UNA COSMOVISIÓN CRISTIANA: CREACIÓN, CAÍDA Y REDENCIÓN 258
EL ORDEN DE LA CREACIÓN: CONCEPTOS ERRÓNEOS DISIPADOS 266
DISCERNIMIENTO DE LOS ESPÍRITUS: PLURALISMOS Y PLURIFORMIDAD
276
§8. HACIA UNA ALTERNATIVA NO IDEOLÓGICA: DOS
ENFOQUES CRISTIANOS HISTÓRICOS 297
EL ROL DE LAS ENSEÑANZAS SOCIALES DEL CATOLICISMO ROMANO 298
EL PRINCIPIO DE LA SUBSIDIARIEDAD: LA CONSOLIDACIÓN DE LA
SOCIEDAD CIVIL 302
LA REFORMA PROTESTANTE: JUAN CALVINO (1509-1564) Y JOHANNES
ALTHUSIUS (1557-1638) 309
INNOVACIONES EN LOS PAÍSES BAJOS: GUILLAUME GROEN (1801-1876) Y
ABRAHAM KUYPER (1837-1920) 312
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
LA SOBERANÍA EN SU PROPIA ESFERA: UNA CONSOLIDACIÓN NO
JERÁRQUICA DE LA SOCIEDAD CIVIL 319
LA CONTRIBUCIÓN DE HERMAN DOOYEWEERD (1894-1977) 324
§9. EL ESTADO Y SU LABOR: HACER JUSTICIA EN EL MUNDO
DE DIOS 339
JUSTICIA Y RESPONSABILIDAD DIFERENCIADA 350
LA JUSTICIA Y EL ESTADO 362
EPÍLOGO: HACIA EL FUTURO 369
POSDATA ECLESIOLÓGICA FINAL 373
PREGUNTAS PARA DISCUSIÓN 389
BIBLIOGRAFÍA SELECTA 397
OBRAS GENERALES 397
LIBERALISMO 400
CONSERVADURISMO 402
NACIONALISMO 403
DEMOCRACIA 404
SOCIALISMO 405
CATOLICISMO ROMANO 405
NEOCALVINISMO Y ESCUELAS AFINES 407
LA IGLESIA Y SUS RESPONSABILIDADES POLÍTICAS 410
ÍNDICE DE TEMAS Y NOMBRES 413
x UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
PRÓLOGO
Richard J. Mouw
No era necesario que David Koyzis hiciera una nueva edición de la
versión del año 2003 por causa mía. He estado por mucho tiempo
impresionado con esa versión. La he leído varias veces y recurro a ella
regularmente para ponerme al día con temas específicos. También lo he
asignado como texto obligatorio para mis alumnos, y he tenido mucho
éxito.
Ahora que he leído esta versión nueva y ampliada, me alegro de que
David haya hecho este esfuerzo. Ha habido muchos cambios en el
ámbito de la política mundial en la última década y media. Incluso
mientras escribo este prólogo, las noticias que sigo a diario —en su
mayoría por internet en lugar de periódicos impresos a los cuales
recurría cuando apareció este libro por primera vez— muestran
realidades políticas que no pudimos habernos imaginado en el 2003.
Aunque una buena introducción al pensamiento político sea de un
género diferente al del género periodístico, aquel debería darnos un
marco particular y herramientas específicas para comprender las
noticias a profundidad. La edición de 2003 de este libro nos ha servido
maravillosamente a muchos en este sentido, pero esta nueva versión
aporta ahora un valor agregado.
No conozco a nadie más que escriba sobre pensamiento político que
pueda igualar la amplitud y profundidad de los temas políticos como lo
hace David. Si bien es cierto que tiene un sólido dominio de los temas
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
que suelen tratar otros politólogos, también conoce sobre teoría jurídica,
estudios tecnológicos, relaciones internacionales, filosofía, teología e
incluso hace un uso eficaz de la poesía y la ficción. Su erudición es un
modelo para aquellos de nosotros en la academia que promovemos la
causa de la enseñanza y el aprendizaje integrados.
A pesar de sus amplios intereses y conocimientos, David nunca
pierde de vista su objetivo central: arrojar luz sobre la diversidad de
ideologías en la historia del pensamiento político. El propio término
ideología, por supuesto, es un concepto que trae controversias. La gente
lo utiliza, a menudo, como un insulto: “¡Oh, eso es mera ideología!”.
Pero también se utiliza regularmente como un término neutro para
captar la esencia de un sistema de pensamiento político importante.
David mira y señala hacia ambas direcciones. Nos lleva
cuidadosamente a través de los puntos fuertes y débiles del liberalismo,
el conservadurismo, el nacionalismo, el democratismo y el socialismo,
y nos muestra la manera en que cada uno de ellos es, desde una
perspectiva cristiana, la expresión de un compromiso
fundamentalmente idolátrico. Cada uno se organiza en torno a un
compromiso último con algún aspecto de la creación. En este sentido,
cada ideología es “religiosa”, hasta el punto de encarnar algún tipo de
“relato redentor”.
Pero al abordar estas ideologías como el resultado de compromisos
idolátricos, David no las presenta simplemente como encarnaciones de
un error intelectual. Admito que muchas veces me pongo nervioso
cuando algunos cristianos agrupan el pensamiento y el estilo de vida no
cristiano dentro de la categoría de lo idolátrico. Hacer esto fomenta una
actitud criticona y de sabelotodo acerca de todo lo relacionado con las
perspectivas no cristianas. Sin embargo, no es así con David Koyzis. Él
utiliza los conceptos como útiles dispositivos explicativos que pueden
dilucidar los patrones fundamentales de un sistema de pensamiento.
Y lo que me parece tan útil en la forma en que lo hace es que quiere
que también aprendamos de las perspectivas idolátricas. Dado que estos
sistemas de pensamiento funcionan dentro de la buena creación de Dios
xii UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
a pesar de la presencia dominante del pecado, no pueden distorsionar
del todo la comprensión que tienen del mundo en el que viven. Pero,
incluso, a menudo, nos pueden ofrecer nociones positivas. Al emplear
algún aspecto de la creación como categoría última de análisis de la
realidad política, una perspectiva idolátrica puede realmente mostrarnos
algunas cosas que, de otro modo, podríamos haber pasado por alto.
Por ejemplo, los marxistas están ciertamente equivocados cuando
insisten en que la creencia en el más allá es simplemente una forma de
animar a los oprimidos a aceptar un statu quo político-económico
injusto. Pero, de hecho, aciertan en algunos casos concretos. La religión
se ha utilizado con frecuencia para que la gente se desaliente en
ocuparse de corregir las injusticias reales.
La alternativa a las formas idólatras de pensar en lo que se refiere a
la vida política es, por supuesto, honrar los designios del Creador para
nuestra vida en común como criaturas humanas. Al mostrarnos esos
designios, David nos proporciona un análisis comparativo muy
perspicaz de dos sólidas visiones cristianas acerca del Estado: el sistema
católico, organizado en torno al principio de subsidiariedad, y la idea de
“soberanía de las esferas” desarrollada por el neocalvinismo holandés,
especialmente por Abraham Kuyper y Herman Dooyeweerd.
Al desarrollar la perspectiva kuyperiana, David es muy consciente
de que es necesario reformularla para adaptarla a las realidades políticas
contemporáneas. Él insiste en que la perspectiva cristiana puede
aplicarse a diversos contextos culturales, con diferentes formas de
interpretar los modelos de gobierno y las formas de “representación”
política. Sin embargo, lo que no es negociable es la visión de inspiración
bíblica del “Estado como institución construida sobre el ejercicio del
poder y guiada por el principio de la justicia pública” (cap. 4).
Uno de los regalos especiales que ofrece esta nueva edición es una
importante sección final en la que David expone algunas reflexiones
sobre la naturaleza y el rol de la iglesia en relación con la vida política.
Esta “Posdata eclesiológica final” es una parte integral del argumento
general que él presenta en el libro, pero también puede constituir por sí
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
sola una importante contribución a la discusión que se lleva a cabo
dentro del cristianismo sobre las formas en que la iglesia institucional
—representadas en aquellos manifiestos confesionales sobre los
problemas sociales, o tratadas explícitamente en las homilías y los
sermones— puede abordar adecuadamente temas importantes
relacionados con el bien común.
Lo que David dice sobre este tema es breve, pero consigue aclarar,
en pocas páginas, más asuntos que en muchos de los volúmenes
teológicos que he leído sobre el tema. En ese sentido, es una conclusión
adecuada para un libro que nos proporciona sistemáticamente una
sabiduría muy necesaria sobre asuntos de vital importancia para nuestra
vida en común como criaturas de Dios.
xiv UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
PREFACIO A LA SEGUNDA
EDICIÓN
La brecha entre una visión y una ilusión puede ser desalentadoramente
pequeña. Nos esforzamos por ver el mundo como realmente es lo más
claro que podamos, e, incluso, nos podemos enorgullecer de nuestra
capacidad de captarlo e interpretarlo así. Sin embargo, en nuestro
continuo esfuerzo por darle sentido al mundo que nos rodea,
inevitablemente filtramos nuestras observaciones a través de una o
varias cosmovisiones.
Una cosmovisión, o, como la llaman los alemanes,
Weltanschauung, todavía no es un modelo teórico capaz de ser
verificado o refutado a través de métodos ordinarios de demostración.
Más bien, es una visión preteórica que tiene su raíz en un compromiso
religioso básico que interactúa con la experiencia de la vida ordinaria y
está moldeada por ella.
Pero las visiones son capaces de distorsionarse, y cuando se
distorsionan, hablamos de ellas como ilusiones. Una ilusión nos da una
imagen falsa del mundo, pero su falsedad no siempre es inmediatamente
evidente para todos, sobre todo a corto plazo. De hecho, es posible que
una ilusión sea tan convincente que puede persuadir a innumerables
personas de sus pretensiones hacia la verdad absoluta.
No obstante, incluso, una ilusión nunca está completamente
desprovista de veracidad debido a la cualidad que tiene el mundo, al
cual observa, de ser autoevidente. Esto sugiere que debamos necesitar
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
de algún medio, tal vez, incluso, un don de la gracia de Dios, que nos
permita esclarecer, por un lado, la compleja relación entre estas visiones
e ilusiones que compiten entre sí, y, por otro, el mundo al que observan.
Digamos que, si se tratara de comprobar la simple afirmación de
que; por ejemplo, una mujer de treinta y cinco años de edad y una niña
de ocho cruzan la calle para entrar en una juguetería, la ordinaria
capacidad de observación parecería suficiente.
Pero, cuando intentamos darle un mayor sentido a nuestra
experiencia común, encontramos que nuestras interpretaciones chocan.
¿Estamos ante dos individuos particulares que llevan a cabo una tarea
común mediante el acuerdo mutuo de sus propios intereses? ¿Estamos
viendo a dos miembros de la burguesía que utilizan el ocio que les
proporciona su posición dominante en el sistema de producción
capitalista para realizar una transacción comercial no esencial?
¿Estamos ante dos ciudadanos de un Estado que sacan provecho de la
protección que se les brinda para cruzar con seguridad una vía pública
muy transitada y entrar en una empresa de sociedad de responsabilidad
limitada? ¿O vemos a una madre y a una hija unidas en una relación
familiar asimétrica caracterizada por el amor y la devoción mutuos?
Hay un sentido en el que estamos viendo todo esto, ya que cada una de
estas interpretaciones nos da la perspectiva de una cara de una realidad
más completa.
Sin embargo, al aceptar cualquiera de estas como una descripción
detallada de la realidad, no estamos solamente reconociendo la
evidencia de nuestros sentidos, sino que, de hecho, estamos filtrando
esta evidencia a través de una cosmovisión que, aunque en cierta medida
ha sido moldeada por nuestra experiencia, a su vez moldea la manera en
que la interpretamos. Las implicaciones en el campo de la política son
enormes.
Muchas de las batallas en el ámbito político no se dan simplemente
debido a que una de las partes rechace a “enfrentarse a los hechos” o a
“ser razonable” como se suele escuchar, sino debido a diferentes
visiones de la realidad fundamentadas en paradigmas alternativos. Pero,
xvi UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
de hecho, como veremos en este libro, muchas de estas diferentes
visiones de la política, independientemente de la etiqueta ideológica que
tengan, encuentran sus orígenes en una sola cosmovisión religiosa que
ve el cosmos como un sistema esencialmente cerrado sin referencia a
un Creador/Redentor. En pocas palabras, a pesar del aparente conflicto
entre las diversas ideologías, todas ellas son especies subordinadas a la
categoría más general llamada idolatría, como sostendré en el capítulo
uno.
Dado que la primera edición de este libro se publicó en 2003; es
decir, poco tiempo después del inicio del nuevo siglo y del nuevo
milenio, esta reflejó naturalmente los desarrollos de las últimas décadas
del siglo pasado, especialmente el colapso del comunismo y lo que
luego pareció ser una dramática difusión de las formas democráticas de
gobierno.
Mientras estaba dando los últimos toques al texto original, los
acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 dieron a conocer lo que
muchos tardíamente vieron como una “nueva” realidad en el ámbito
internacional: el yihadismo radical, cuyo nombre proviene de la palabra
árabe “guerra santa”, y que reemplazó, como “lo último”, al más
inclusivo nacionalismo árabe de postguerra y al socialismo. Además,
desde el cambio de siglo, hemos experimentado una mayor evolución
en el proyecto liberal en curso que lo ha hecho notablemente mucho
menos receptivo a las afirmaciones de la religión revelada tradicional
que en el pasado.
Esto ha hecho necesaria una reelaboración, especialmente del
capítulo dos, pero la reciente convergencia entre el liberalismo posterior
y lo que se ha denominado “marxismo cultural” también ha hecho
necesario tocar este tema en el capítulo seis. Lo sorprendente de lo que
se ha desarrollado es que, mientras el mundo occidental sigue por la
senda de la secularización —un fenómeno que se explora a fondo en la
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
obra de Charles Taylor, La Era Secular (A Secular Age)1—, el resto del
mundo parece estar inmerso en un renacimiento religioso.
El cristianismo, en particular, está avanzando rápidamente en el
África subsahariana, América Latina y Asia como se relata en los libros
de Philip Jenkins, empezando por La Próxima Cristiandad (The Next
Christendom).2 La evidencia demuestra que gran parte de lo que se ha
etiquetado como modernidad no ha logrado calmar el corazón inquieto
que busca la plenitud en algo o alguien más allá de sí mismo.
Una nueva edición se justifica no sólo por la necesidad de una
actualización general del material, sino también por la evolución de mi
propio pensamiento desde 2003. Tras la publicación de la primera
edición, empecé a ser consciente de que cada una de las ideologías que
había explorado no era un conjunto estático de principios, sino que
contaba una historia que reflejaba e imitaba, de algún modo, el relato
bíblico redentor.
Cada una de estas historias tiene una contraparte a la historia de la
creación, la caída en el pecado, la redención y la consumación, junto
con la expectativa de que alguien o algún grupo desempeñe el papel de
mesías, dando paso al final feliz del cuento. Como dice Taylor, “un
relato no es una noticia opcional”, esto significa que las historias son
parte integral de nuestra comprensión tanto de nosotros mismos como
del mundo en general.3
En consecuencia, en esta nueva edición, he puesto en primer plano
algo que ya estaba presente en la primera, pero que no se había discutido
ampliamente: la estructura narrativa de las ideologías. Junto con este
nuevo énfasis, agregué varios diagramas para ilustrar esta estructura. La
única excepción fue al tratar el conservadurismo en el capítulo tres.
Para mi sorpresa —una sorpresa agradable—, la primera edición se
ha utilizado con provecho en los seminarios de teología de toda
1 Charles Taylor, A Secular Age (Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard
University Press, 2007).
2 Philip Jenkins, The Next Christendom: The Coming of Global Christianity, 3ra
ed. (New York: Oxford University Press, 2011).
3 Taylor, Secular Age, 29.
xviii UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
Norteamérica y posiblemente en otros lugares. Mi público objetivo era
el cuerpo de Cristo en general en tanto que sus miembros sean
ciudadanos atrapados en el drama ordinario de la vida, incluida la
política. Esto incluye, por su puesto, a los ministros en formación.
Sin embargo, reconociendo que no había abordado ampliamente la
situación de los pastores en la iglesia, decidí, con el estímulo de algunos
de mis lectores, incluir algo más relevante para aquellos cuya vocación
principal es la responsabilidad dentro de la iglesia institucional. Por ello,
he adjuntado una “Posdata eclesiológica final” que, si bien no pretende
resolver el asunto de forma definitiva, ofrece unas directrices generales
y tres ejemplos históricos sobre cómo la iglesia institucional, a
diferencia del cuerpo de Cristo en general, puede abordar legítimamente
los temas políticos. Aunque no espero un acuerdo total sobre la
orientación que propongo, espero que esta posdata ofrezca un impulso
para la discusión de la misma.
Además, al final del libro, aparecen preguntas para discusión.
Quienes utilicen el libro para enseñar en las aulas no tienen que sentirse
obligados a plantear estas preguntas textualmente a sus alumnos, y son
libres de adaptarlas como consideren oportuno a sus propias
necesidades pedagógicas. Los que prefieran obviarlas por completo e
idear otras mejores son más que bienvenidos a hacerlo. Tal vez tengan
la amabilidad de enviármelas para que las considere en el futuro. Por
último, una segunda edición ofrece la oportunidad de corregir los
errores de la primera.
Si se puede decir que un tema caracteriza mi propio pensamiento
político, es esta frase que parafrasea la primera pregunta y respuesta del
Catecismo de Heidelberg (1563): ¡No nos pertenecemos a nosotros
mismos! En efecto, no nos pertenecemos a nosotros mismos; no somos
autónomos. La búsqueda de la autonomía —es decir, de ser nuestra
propia persona— es quizá el rasgo más destacado de las ideologías que
exploraremos en estas páginas. Junto con este enfoque de la autonomía,
viene lo que podría llamarse el culto a la originalidad. A muchos de
nosotros nos encantaría ser como Einstein y llegar a algo nuevo y
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
creativo, algo como la teoría general de la relatividad que no se le haya
ocurrido a nadie antes.
Sin embargo, incluso cuando pensamos que hemos ideado algo
nuevo e innovador, resulta que muchos de sus elementos se extrajeron
de otros lugares. Lo mismo ocurre con este libro. Al escribirlo,
reconozco con gusto la influencia de muchas personas con quienes he
conversado personalmente o con quienes me he comunicado de manera
impresa o en línea.
Uno de ellos es el economista político cristiano holandés Bob
Goudzwaard, quien, en varios de sus libros, como Capitalismo y
Progreso (Capitalism and Progress) e Ídolos de Nuestro Tiempo (Idols
of Our Time), aísla la conexión entre ideología e idolatría.4 Al leer
especialmente este último libro, me convencí de que esta conexión
debía elaborarse con mayor detalle respecto a las diversas ideologías en
sí. Así pues, Goudzwaard fue y sigue siendo una influencia formativa
de mi propio pensamiento.
Estoy en deuda con otras dos personas que han tenido una gran
influencia en mi pensamiento. James W. Skillen estuvo asociado
durante mucho tiempo al Centro para la Justicia Pública y a su
organización predecesora, la Asociación para la Justicia Pública. Skillen
ha crecido en sabiduría y perspicacia a lo largo de los años, y sus escritos
muestran una medida poco común de aquel discernimiento que he
tratado de plasmar en el presente libro. De Skillen he aprendido mucho,
incluyendo, en lo que respecta a este libro, hasta qué punto Dios
permanece fiel a su creación incluso en medio de nuestra incredulidad,
y hasta qué punto todas las ideologías son insuficientes para comprender
el carácter del Estado como institución política distintiva y que tiene un
lugar único en el mundo de Dios.
El seguir varias visiones ideológicas trae como consecuencia
efectos que distorsionan nuestras vidas en este mundo; no obstante,
4 Bob Goudzwaard, Capitalism and Progress: A Diagnosis of Western Society
(Grand Rapids: Eerdmans, 1979); Idols of Our Time (Downers Grove, IL:
InterVarsity Press, 1984).
xx UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
también es cierto que nuestro mundo sigue perteneciendo a Dios y,
debido a su gracia conservadora, el impacto del pecado sigue siendo
limitado. También es cierto que, incluso cuando los partidarios de
diversas concepciones teóricas intentan reducir el Estado a otra cosa, ya
sea a una asociación voluntarista que no difiere de un club privado, a
una empresa comercial similar a un negocio, o a un punto central de
referencia de una comunidad, la experiencia preteórica es capaz de
distinguir fácilmente la diferencia entre la comunidad política y otras
estructuras comunales como la familia. La tarea del Estado de hacer
justicia pública, incluso cuando de alguna manera se ha pervertido,
tiende inevitablemente a reafirmarse. Esto también se debe a la gracia
conservadora de Dios.
Le debo mucho a mi gran amigo y colega Albert M. Wolters, quien,
a pesar de haber dicho, posiblemente en son de broma, de que tiene poco
interés en la política per se, me ha ayudado a entender la conexión entre
las ideologías y la antigua herejía gnóstica que localiza la fuente del mal
no en nuestra rebelión contra Dios y su palabra, sino en algo estructural
de su creación. Al no distinguir la estructura creacional de la dirección
espiritual, los seguidores de estas ideologías tienden a asumir que la
salvación se encuentra en liberar a la humanidad de alguna faceta de la
creación de Dios y en poner la confianza final en alguna otra faceta.
Muchas otras personas han influido o han desempeñado un papel
más directo en mi pensamiento. Entre los que he encontrado
especialmente esclarecedores están los siguientes: Abraham Kuyper,
estadista cristiano y polímata holandés, cuyas reflexiones sobre la
política y la sociedad se enmarcaron en respuesta a la secularización
generalizada de los Países Bajos del siglo XIX; Herman Dooyeweerd,
profesor durante mucho tiempo de filosofía jurídica en la Universidad
Libre de Ámsterdam, cuya filosofía cristiana me ha resultado
enormemente útil para comprender la naturaleza de la política y el
Estado; la difunta Jean Bethke Elshtain, cuyos escritos muestran un
grado poco común de buen sentido motivado por un esfuerzo por
mantenerse al margen de diversas agendas ideológicas; Paul Marshall,
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
de la Universidad de Baylor, y Mary Ann Glendon, de la Facultad de
Derecho de la Universidad de Harvard, cuyos escritos sobre derechos
humanos demostraron la complejidad que hay en las demandas de
derechos en una época en la que estos se tratan como la respuesta a toda
controversia política; Roy A. Clouser, cuyo Mito de la Neutralidad
Religiosa (Myth of Religious Neutrality)5 y otros escritos han puesto en
evidencia el carácter de los distintos tipos de creencias religiosas y sus
respectivas concepciones del mundo de Dios; el difunto Bernard Zylstra
(1934-1986), mi antiguo mentor del Instituto de Estudios Cristianos de
Toronto, que me presentó los escritos de, entre otros, Hannah Arendt,
Leo Strauss, George Parkin Grant y Eric Voegelin; Jacques Maritain,
cuya aplicación de una perspectiva neotomista católica en la amplia
gama de actividades humanas es impresionante en su extensión; Yves
R. Simon, cuyas reflexiones sobre la autoridad y su lugar en una
sociedad democrática siguen siendo vigentes décadas después de que
las expusiera por primera vez; David L. Schindler, cuyo enfoque
católico-agustiniano para comprender las ideologías es
impresionantemente cercano a la visión que estoy defendiendo aquí; H.
Richard Niebuhr, cuyas reflexiones fundamentales sobre la relación
entre el cristianismo y la cultura han tenido un impacto en muchos
pensadores a lo largo de las décadas; Hannah Arendt, Sheldon S. Wolin
y Sir Bernard Crick, que entienden que la política es simplemente
política, una forma insustituible, aunque no utópica, de permitir la
coexistencia pacífica de intereses diferentes y potencialmente
conflictivos, y George Grant y Christopher Lasch, canadiense y
estadounidense respectivamente, quienes comprenden mejor que la
mayoría que la división ideológica contemporánea no es siempre lo que
parece, y que la popular división bipolar izquierda-derecha en el debate
político contemporáneo es, en el mejor de los casos, simplista y, en el
peor, engañosa.
5 Roy A. Clouser, The Myth of Religious Neutrality: An Essay on the Hidden Role
of Religious Belief in Theories (Notre Dame, IN: University of Notre Dame Press,
1991). En 2005, apareció una edición revisada.
xxii UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
También debo reconocer las contribuciones de otras personas que
leyeron o comentaron los primeros borradores de este libro o que
ayudaron de otras maneras a su redacción. Entre ellos se encuentran,
además de Skillen y Wolters, John Hiemstra, Fred Van Geest, Anthony
Wells, John Fawcett, William G. Witt, Donald Leach, el difunto Edward
A. Goerner, Elaine Botha, Robert MacLarkey, Harry Van Dyke, Jacob
Ellens, Michael Goheen, Justin Cooper y otros antiguos colegas del
Redeemer University College, John Bolt, Paul Brink, Michael C.
Hogeterp, Gary Miedema, Russell D. Kosits (aquel amigo que se
menciona en el proverbio que es más unido que un hermano, Pr. 18:24),
Phil Teeuwsen, Brian Dijkema, Robert Joustra, Matthew Kaeminck,
Lucas Grassi Freire, Bruce Ashford, Bart Gingerich, Jordan Ballor,
Kevin Flatt, Benjamin Gale, y finalmente Douglas R. Johnson, un gran
amigo y compañero de clase que presentó los escritos de Kuyper y
Dooyeweerd a mediados de los años 70.
También hay que agradecer a Redeemer University College por la
financiación de un permiso sabático y de algunos de los gastos
imprevistos relacionados con la preparación de la primera edición de
este libro. Todos ellos y otros más han aportado algo a este proyecto.
Naturalmente, asumo toda la responsabilidad por cualquier defecto.
Por último, este libro está dedicado a Nancy, a Theresa y a los
alumnos a los que les he dado clases durante estos años.
Soli Deo gloria.
Sólo a Dios sea la gloria.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 1
§1. INTRODUCCIÓN:
IDEOLOGÍA, RELIGIÓN E
IDOLATRÍA
Vivimos en tiempos extraordinarios. Hasta hace poco, parecía que el
mundo estaba inmerso en un enfrentamiento escatológico entre dos
superpotencias y sus ideologías. Durante los cuarenta años que duró la
Guerra Fría, ambos bandos gastaron mucha energía en un intento de
ganar los corazones y las mentes de los pueblos del mundo tanto para el
comunismo como para la democracia liberal.
Aunque los asuntos de interés nacional de antaño estuvieron
ciertamente implicados en esta prolongada lucha, especialmente en sus
últimos años, la Guerra Fría fue única debido a que se basó
principalmente en un choque de ideas opuestas. A pesar de que, en aquel
momento, personas como Kim Philby o Arkady Shevchenko desertaran
para pasarse al otro bando, eso no significó tanto que estuvieran
traicionando a su país de origen, sino demostrando que creían en las
ideas que sustentaban el sistema político y económico del otro país. En
este contexto, la lealtad a la patria adquirió un matiz bastante diferente
al que había tenido en conflictos anteriores. Sin duda, la Guerra Fría no
fue el primer conflicto ideológico, sino probablemente el más duradero.
Sin embargo, en la era de la posguerra fría, experimentamos un
cambio sin precedentes en las prolongadas lealtades a esas ideas, que
podemos calificar adecuadamente como ideologías. Uno de los
acontecimientos más dramáticos fue el colapso del comunismo que se
2 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
produjo con asombrosa rapidez a finales de 1989 en Europa del Este, lo
que finalmente condujo a la desintegración de la propia Unión Soviética
a finales de 1991.
Aunque la mayoría de los que estábamos fuera de aquello nos
sorprendimos, los que estaban dentro, especialmente los cristianos,
parecían entender que el sistema marxista-leninista no iba a durar. De
hecho, es justo decir que, al final, la ideología estaba muerta desde hacía
tiempo, al menos en el corazón de la gente. No menos dramático fue el
inesperado y rápido fin del apartheid en Sudáfrica, orquestado por F. W.
de Klerk y Nelson Mandela unos años después. Pero posiblemente el
acontecimiento más inesperado —al menos para los occidentales— fue
la irrupción del yihadismo radical, sobre todo después de que el
nacionalismo árabe de finales del siglo XX parecía ser la tendencia del
futuro.
Los trágicos atentados del 11 de septiembre hicieron que los
estadounidenses se dieran cuenta de ello de forma espectacular, pero el
movimiento ya había estado cobrando fuerza desde hacía tiempo. La
revolución iraní de 1979 cogió desprevenidos a los estadounidenses, ya
que desafiaba la fácil clasificación de los términos que conocían los
occidentales y socavaba la suposición común de que la historia siempre
se movía en una dirección progresiva y secularizadora.
De forma algo menos dramática, en Occidente estuvimos
experimentando dudas persistentes sobre nuestras propias ideologías,
especialmente el liberalismo y la democracia. El liberalismo, como
veremos, se basa en la creencia de la primacía del individuo, y parece
que ahora estamos sufriendo las consecuencias de un individualismo
desenfrenado en forma de una variedad de males sociales intratables.
El énfasis en los derechos sin el correspondiente énfasis en las
responsabilidades nos ha dejado con un fundamento muy escaso para
ser una verdadera comunidad, como ya lo estamos aprendiendo los
norteamericanos con gran pesar. Incluso la democracia, que valora más
la comunidad de lo que lo hace el liberalismo, ha degenerado en algo
parecido a un mayoritarismo puro que permite poco espacio genuino
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 3
para las comunidades potencialmente disidentes y desconfía de todo lo
que pueda restarle lealtad al pueblo democrático.
La democracia ha vuelto a ser popular, especialmente en los
antiguos países comunistas. Pero allí, esta es sinónimo de prosperidad
impulsada por el consumo propio de países como Alemania y Estados
Unidos, y no de las virtudes públicas necesarias para que funcione un
sistema político participativo. Además, como ha afirmado Ryszard
Legutko, la democracia liberal, especialmente en la Unión Europea,
tiene tendencias totalitarias cada vez menos tolerantes con el auténtico
pluralismo.1
En Canadá, la unidad nacional se ve esporádicamente amenazada
por el choque de dos ideologías incompatibles entre sí, el liberalismo y
el nacionalismo. En el Canadá anglófono, la ideología dominante, al
igual que en su vecino del sur, es el liberalismo con su noción abstracta
de la igualdad de todos los ciudadanos individuales. En el Canadá
francófono, especialmente en la provincia de Quebec, el liberalismo es
igualmente dominante, pero con algo de nacionalismo en la mezcla.
Bajo la influencia nacionalista, la mayoría de los quebequés creen en la
igualdad de las dos naciones fundadoras, la francesa y la inglesa, pero a
menudo pasan por alto los aportes de los aborígenes canadienses,
generalmente denominados Primeras Naciones.
En definitiva, las ideologías no están a punto de llegar a su fin en
este mundo de la posguerra fría, a pesar de las ocasionales predicciones
de lo contrario. Después de que la lucha entre el comunismo y la
democracia liberal pasara a la historia, otras ideologías han pasado a
llenar el vacío dejado por el colapso del comunismo, sobre todo el
nacionalismo étnico y el yihadismo radical. A menudo se dice que el
propio marxismo no leninista está en declive, excepto posiblemente en
el mundo académico occidental y en América Latina, donde ha tomado
1 Ryszard Legutko, The Demon in Democracy: Totalitarian Temptations in
Free Societies (New York: Encounter Books, 2016), esp. 43–71. Véase también
Todd Huizinga, The New Totalitarian Temptation: Global Governance and the Crisis
of Democracy in Europe (New York: Encounter Books, 2016).
4 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
la forma de la teología de la liberación. Pero ha surgido un grupo de
ideologías posmodernas que se basan en premisas similares; a saber,
que la posición concreta de uno en la vida, ya sea la clase económica, el
género, la orientación sexual o la raza, determina su visión general del
mundo. Esto ha fomentado lo que se ha llegado a denominar la política
de la diferencia, la política del reconocimiento o la política de la
identidad.2
Así que, ¿qué es una ideología? Llegados a este punto, mostraré mis
cartas y diré que veo las ideologías como manifestaciones modernas de
ese antiguo fenómeno llamado idolatría, provistas con sus propias
historias de pecado y redención. Desde el principio de su relato, las
Escrituras arremeten contra el culto a los ídolos, falsos dioses que los
seres humanos han creado. Así como las idolatrías que se encuentran en
la Biblia, toda ideología se basa en sacar una cosa de la totalidad de la
creación, elevarla por encima de esa creación y hacer que esta gire en
torno a aquella y le sirva.
Además, se basa en la suposición de que este ídolo tiene la
capacidad de salvarnos de algún mal real o percibido en el mundo. Este
es un libro sobre ideologías políticas; las ideologías que trataremos aquí
tienen que ver con la política y su lugar en la vida humana. Por lo tanto,
limitaremos en gran medida nuestra discusión a la evaluación del
impacto de las ideologías dentro del Estado o comunidad política, que
es aquella comunidad que une a los ciudadanos y a su gobierno con el
fin de hacer y mantener la justicia.
La política y las ideas
En algún momento estuvo de moda afirmar que la ideología es una cosa
del pasado que no sigue siendo relevante para la escena política
contemporánea. En 1960, Daniel Bell sostuvo que, después de la
2 Véase Jean Bethke Elshtain, Democracy on Trial (New York: Basic Books,
1995), 65–90; y Charles Taylor, Philosophical Arguments (Cambridge, MA: Harvard
University Press, 1995), 225–56.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 5
Segunda Guerra Mundial, la ideología había llegado a su fin y había
sido sustituida por un consenso generalizado de que las principales
cuestiones del momento eran fundamentalmente de carácter técnico.3
En una economía de posguerra en crecimiento, los asuntos
relacionados con la distribución, que antes habían provocado a los
movimientos socialistas y habían polarizado a los trabajadores y a los
empresarios, estaban siendo suplantados por cuestiones puramente
administrativas de una sociedad que se consideraba cada vez más una
clase media. Este supuesto consenso se hizo añicos en Estados Unidos
unos años después por el fracaso de la política interna y externa del
presidente Lyndon Johnson, y por la aparición de la Nueva Izquierda.
Sin embargo, una generación después, cuando la Guerra Fría se
desvanecía en el pasado, Francis Fukuyama sostenía que la propia
historia estaba terminando. Por supuesto que la sucesión temporal de
días y años continuaría, pero la historia, en el sentido hegeliano de un
conflicto continuo de ideas, estaba llegando a su fin. En 1989, la
democracia liberal se anotó una victoria aparentemente definitiva sobre
las fuerzas del marxismo-leninismo, que en sus días parecía muy
inexpugnable, pero que finalmente se derrumbó con tan notable rapidez
y tan poca violencia. Con la aceptación casi universal de la democracia
liberal tras la desaparición del comunismo, lo único que le quedaba a la
humanidad era acomodarse en una insulsa existencia burguesa en la que
la uniformidad sustituyera a la diversidad y, por tanto, suplantara los
conflictos engendrados por esta.4
Es posible que este anuncio prematuro de la muerte de la ideología
se deba, en buena parte, a un cierto grado de fantasía. También puede
ser, como señala acertadamente Sir Bernard Crick, el resultado de la
actitud hostil hacia el continuo tira y afloja de la política, que en la vida
actual no tiene fin.5 Hay algo de ironía en esto. Los seguidores de las
3 Daniel Bell, The End of Ideology: On the Exhaustion of Political Ideas in the
Fifties (New York: Free Press, 1960), esp. 393–407.
4 Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man (New York: Free
Press, 1992).
5 Bernard Crick, In Defence of Politics, 5.a ed. (London: Continuum, 2000).
6 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
ideologías suelen querer imponer su propia concepción simplista de un
orden social monolítico sobre las complejidades de una sociedad real.
Sin embargo, los que pregonan la sentencia de muerte de la
ideología están ellos mismos en las garras de una cosmovisión a través
de la cual filtran su percepción del ámbito político, aunque suelen ser
reacios a etiquetarla como una ideología como tal. Bell y Fukuyama no
son realmente precursores de un nuevo orden social carente de
compromisos ideológicos; simplemente pronostican el triunfo de su
propia ideología preferida, que para ambos es alguna combinación de
liberalismo y democracia, potenciada por la guía tecnocrática de los
científicos sociales. No obstante, en este siglo XXI, debería ser obvio
que, aunque determinadas ideologías puedan haber perdido su atractivo
por el momento, la ideología en sí no está en vías de extinción.
Esto subraya la necesidad de definir lo que es ideología antes de
proceder a explorar sus particulares manifestaciones. Al igual que la
política en sí, la reflexión sobre la política tiene antecedentes antiguos
que se remontan al menos a Platón y Aristóteles. A menudo esta
reflexión ha consistido en describir empíricamente la configuración
concreta de las instituciones políticas o las actividades de los
gobernantes y los gobernados. Pero, con la misma frecuencia, los
teóricos de la política han ido más allá de lo empírico y han expuesto lo
que creen que es el sistema político ideal o mejor. El ejemplo más
famoso es, por supuesto, la República de Platón. Quizá se puede decir
que, lo que hemos llegado a denominar ideologías sigue esta tradición.
La historia y las definiciones
A pesar de que la ideología tiene sus raíces en las filosofías de Platón y
Aristóteles, la mayoría de los testimonios sitúan los orígenes del
concepto mismo en Antoine Destutt de Tracy (1754-1836), que acuñó
el término a principios del siglo XIX. Para Destutt de Tracy, idéologie
pretende ser una ciencia integral de las ideas en la que se puede aplicar
el método científico para comprender el proceso de formación de las
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 7
mismas. Siguiendo a John Locke y a Étienne Bonnot de Condillac, él
considera que una idéologie científica se debe basar en el análisis de los
elementos sensoriales que componen las ideas.
Cualquier conocimiento que no pueda fundamentarse
inmediatamente en la experiencia sensorial debe rechazarse por carecer
de base científica. Así pues, la idéologie de Destutt de Tracy pretende
ser rigurosamente empírica, y excluye fenómenos como las
experiencias religiosas y místicas, ya que no son estrictamente
experiencias porque no se basan en las sensaciones. Evidentemente, la
idéologie es muy diferente a lo que conocemos contemporáneamente
como ideología. Pero quizás habría que señalar que para Destutt de
Tracy el conocimiento científico puede servir para mejorar las
condiciones de vida de los seres humanos. Por lo tanto, incluso esta
forma temprana de ideología puede decirse que ya implica algún tipo de
acción.
Otros han definido ideología como algo que implica inacción, o
quizás contra acción. Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-
1895) definen el término ideología de forma negativa, aunque algunos
de sus sucesores, especialmente Lenin, recuperarían un uso más
positivo del mismo. Para Marx y Engels la fuerza motriz del proceso
histórico es la lucha de clases. En cualquier etapa histórica, ya sea
durante el feudalismo o el capitalismo, una clase gobierna sobre otra y
utiliza su poder para mantener el control sobre la clase inferior. Su
capacidad para hacerlo depende de mantener a esta última acallada.
En una sociedad capitalista, la burguesía ha podido continuar su
dominio debido a que ha sabido convencer al proletariado de que sus
condiciones opresoras son algo distinto de lo que en realidad son. Si a
los trabajadores industriales se les niega el voto (como ocurría con
frecuencia hasta finales del siglo XIX) y se les obliga a trabajar muchas
horas en condiciones duras, es porque ese es el orden natural de las
cosas. Tal vez incluso sea la voluntad de Dios. En otras palabras, la
burguesía necesita crear y reforzar una “falsa conciencia” en el
8 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
proletariado para evitar que este llegue a tener una verdadera conciencia
de las razones reales de su opresión.
A esta falsa conciencia, Marx y Engels la llaman ideología, un
fenómeno que incluye la política, el derecho, la moral, la religión y la
metafísica.6 Todo el mundo conoce ya la frase tan citada de Marx de
que la religión es el “opio del pueblo”.7 Como una droga, la religión
amortigua el dolor y hace que la gente sea pasiva ante la opresión. Les
impide actuar para cambiar estas condiciones, e incluso les impide
reconocerlas por lo que son. La ideología incluye prácticamente todo lo
que existe en la conciencia de las personas y ha surgido como un
subproducto de la lucha de clases. Lo que en Destutt de Tracy comenzó
como una empresa positiva y científica se convierte así en Marx y
Engels en un fenómeno negativo basado en una falsa visión del mundo
real. Así pues, desde su época, no es de extrañar que la ideología tenga,
la mayoría de las veces, una connotación despectiva, incluso para los
que no son marxistas.
El sociólogo alemán Karl Mannheim (1893-1947) propuso una
variante de este concepto de ideología. Mannheim, profundamente
influenciado por Marx, Max Weber y el historicismo alemán, distingue
entre ideología, que para él es una fuerza conservadora, y utopía, una
fuerza de cambio social. Partiendo de lo que denomina una “sociología
del conocimiento”, sostiene que la ideología enmascara consciente o
inconscientemente las realidades concretas de una cultura o época, o de
la vida de un individuo.
En su forma específica, la ideología consiste en “opiniones,
afirmaciones, proposiciones y sistemas de ideas” que no pueden
tomarse al pie de la letra, sino que deben “interpretarse a la luz de la
situación vital de quien las expresa”.8 En su forma general, la ideología
describe la Weltanschauung de un “grupo histórico-social concreto” o
6 Karl Marx y Friedrich Engels, The German Ideology (1845), caps. 1, 4, 5.
7 Karl Marx, introducción a Critique of Hegel’s Rechtsphilosophie.
8 Karl Mannheim, Ideology and Utopia: An Introduction to the Sociology of
Knowledge (New York: Harcourt, Brace, 1936), 56.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 9
de una época histórica determinada. La ideología es fundamentalmente
de naturaleza psicológica y se debe analizar de esa manera. Por lo
general, no se trata de un conjunto de mentiras intencionadas, sino de
una función de la situación social en la que se encuentran las personas.9
La utopía, por el contrario, describe un estado mental que trasciende
el mundo real y hace que la gente rompa las ataduras de un orden
imperante. Al igual que las ideologías, las utopías también son formas
de pensar que no concuerdan con el statu quo actual. Pero mientras que
las ideologías no se esfuerzan por sustituir este último por un nuevo
orden social, las utopías sí lo hacen. Por lo tanto, las ideologías son
conservadoras, mientras que las utopías son revolucionarias, aunque
sólo sea en un sentido relativo.10
Así pues, tanto para Marx como para Mannheim, las ideologías son
tipos de una falsa conciencia que se utilizan para justificar un orden
social existente y que sus partidarios pueden creer o no. A pesar de ello,
se presentan como verdaderos relatos de la realidad, mientras que, de
hecho, funcionan para ocultar esa realidad a la gran mayoría de la gente.
Al impedirles ver el mundo tal y como es, las ideologías son, por
consiguiente, profundamente conservadoras y baluartes contra el
cambio. Si aceptamos este planteamiento sobre la ideología, tal vez el
“Mito de los Metales” de la República de Platón pertenezca a esta
categoría, ya que es una especie de “mentira noble” utilizada por los
reyes-filósofos para asegurar la aceptación popular de su aptitud
superior para gobernar.
Del mismo modo, en la Inglaterra del siglo XIX de Walter Bagehot,
los símbolos monárquicos disimulaban, para la mayoría de la gente, el
hecho de que el primer ministro y el gabinete dirigían el país. Así, la
institución de la monarquía les confiere legitimidad a las actividades
que el gobierno lleva a cabo, lo que no podría hacerlo la figura de un
9 Mannheim, Ideology and Utopia, 61.
10 Mannheim, Ideology and Utopia, 192–263.
10 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
mero político en sus funciones.11 Quizá, se podría decir que la religión
civil estadounidense, centrada en los ideales liberales de la Declaración
de Independencia y la Constitución, es también una ideología en el
sentido de Marx y Mannheim.
Pero, ¿por qué atribuirle a la ideología un papel conservador? ¿Por
qué diferenciar entre ideología y utopía? ¿Acaso los modos de pensar
erróneos no pueden ponerse también al servicio de nuevos proyectos
sociales y políticos? Hannah Arendt (1906–1975), Sir Bernard Crick
(1929–2008), y Václav Havel (1936–2011) creyeron claramente que
podían. Según Arendt, cada vez que una construcción puramente
racional, concebida en el ámbito del pensamiento, se impone a una
comunidad, amenaza con poner fin a la acción y al discurso necesarios
para constituir y mantener el ámbito político libre.
Las ideologías intentan ofrecer una explicación total del mundo y
su historia, y por ello “todas las ideologías contienen elementos
totalitarios”.12 Siguiendo a Arendt, Crick también cree que la ideología
amenaza la continuidad de la existencia de la política en su sentido
específico. En este caso, la ideología vuelve a ser una fuerza de cambio,
pero el cambio que produce es la extinción de la diversidad social
legítima y del proceso conciliador continuo que se deriva de ella. El
pensamiento ideológico “es un desafío explícito y directo al
pensamiento político.”13 Para Crick, al igual que para Arendt, la
ideología está relacionada con el totalitarismo, que es antipolítico
porque intenta eliminar los diferentes intereses y moldear a las personas
de acuerdo con una única idea.
Para Havel, la ideología no sólo amenaza la política, sino también
los aspectos cotidianos de la vida, como ocurrió en su Checoslovaquia
natal desde 1948 hasta la caída del régimen comunista en 1989. “La
11 Walter Bagehot, The English Constitution (Ithaca, NY: Cornell University
Press, 1963).
12 Hannah Arendt, The Origins of Totalitarianism, nueva ed. (New York:
Harcourt Brace Jovanovich, 1973), 470.
13 Crick, In Defence of Politics, 34.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 11
ideología es una forma engañosa de relacionarse con el mundo.”14 En lo
que él denomina las sociedades “postotalitarias” del antiguo bloque
soviético, la ideología pretende darles a las personas un sentido de
identidad y dignidad, mientras que en realidad las despoja de él. “Es un
mundo de apariencias que intenta hacerse pasar por realidad.”15
Construye un mundo que absorbe a todas las personas hacia una
pseudorrealidad alternativa independiente en la que la esclavitud se
hace pasar por libertad; la censura, por libertad de expresión; la
burocracia, por democracia, y el poder arbitrario, por autoridad legal.
Bajo este régimen, las personas se ven obligadas a “vivir dentro de una
mentira” en la que se les hace negar los verdaderos objetivos de la vida,
con toda su humanidad e incertidumbre. En Havel encontramos a la
ideología materializando su más oscuro potencial.
De los pensadores analizados anteriormente, cuatro utilizan la
ideología en un sentido ampliamente peyorativo. Marx, Arendt, Crick,
y Havel lo ven como algo que hay que evitar, aunque ciertamente por
razones diferentes. Para Marx, la ideología es un impedimento para el
advenimiento de la nueva sociedad socialista, la cual está destinada a
desaparecer una vez haya finalmente llegado.
La ideología frena el ritmo del cambio, porque ciega a la gente de
la necesidad del mismo. En cambio, para Arendt, Crick y Havel, la
ideología es una fuerza destructiva en la medida en que intenta
transformar la diversidad social conforme a una concepción falsa y
unitaria de la vida y de la historia humanas. Para Mannheim, la
ideología no es buena ni mala en un sentido último; simplemente existe.
Sin embargo, desempeña fundamentalmente el mismo papel
conservador que para Marx. Sólo en Destutt de Tracy la ideología
adquiere un carácter inequívocamente positivo, pero para él significa
algo distinto de lo que significaría para los pensadores posteriores. Pero,
aparte de él, los otros cinco coinciden en ver la ideología
14 Václav Havel, Living in Truth (Londres: Faber & Faber, 1986), 42.
15 Havel, Living in Truth, 44.
12 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
necesariamente como un pensamiento erróneo o una falsificación de la
realidad.
Más recientemente, algunos investigadores han seguido el ejemplo
de Mannheim y han intentado articular una concepción neutral de la
ideología. Según Isaac Kramnick y Frederick M. Watkins, las
ideologías son “patrones políticos, creencias que implantan visiones
normativas a la vida política”.16 Max J. Skidmore también considera que
la ideología es “una forma de pensamiento que presenta un complejo
patrón de ideas políticas de forma simple e inspirando la acción para
lograr ciertos objetivos”.17
Estas son definiciones bastante comunes tomadas de libros de texto
estándar sobre el tema. Todas tienen que ver con la interrelación entre
las ideas y las acciones aplicadas a la política, y todas intentan adoptar
un enfoque más o menos clínico y empírico del concepto.
La ideología como un relato redentor: Hacia una
definición
Por su puesto, a los cristianos les interesa la verdad. Dios es el Dios de
la verdad, y Jesús se llama a sí mismo el camino, la verdad y la vida (Jn.
14:6). Además, nos dice que “conocerán la verdad, y la verdad los hará
libres.” (Jn. 8:32). Si Marx, Mannheim, Arendt, Crick y Havel tienen
razón al afirmar que las ideologías representan concepciones
fundamentalmente defectuosas del mundo, entonces los cristianos
estamos obligados a tomarlos en serio y a tratar de discernir en qué
aspectos tienen razón y en cuáles se equivocan. Como se ha insinuado
hasta ahora, creo que la ideología puede entenderse mejor con referencia
a su fundamental carácter religioso.
16 Isaac Kramnick y Frederick M. Watkins, The Age of Ideology: Political
Thought, 1750 to the Present (Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1979), 2.
17 Max J. Skidmore, Ideologies: Politics in Action, 2da ed. (New York: Harcourt
Brace Jovanovich, 1993), 7.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 13
El uso de la palabra idolatría puede parecer provocativo en el
discurso contemporáneo, porque implica que una religión está haciendo
afirmaciones sobre la verdad que excluyen a otras. Aunque muchos
consideran que tales afirmaciones son ofensivas en esta época
posmoderna, el hecho es que la religión, por su propia naturaleza, hace
tales afirmaciones. Cualquier intento de relativizar la religión corre el
riesgo de hacerla menos de lo que pretende ser y, por tanto, la trivializa.
En consecuencia, hay que admitir que la idolatría sigue siendo una
categoría operativa.18
Además, como ha observado Paul Marshall, la idolatría no es
simplemente un pecado más como, por ejemplo, también lo son el
orgullo, la envidia, la lujuria, etc.; de hecho, “todo pecado es una
expresión del pecado fundamental de la idolatría; de poner algo más en
lugar de Dios.”19 La idolatría, en otras palabras, es el origen de todos
los demás pecados, como lo indica el hecho de que su prohibición sea
el primer precepto del Decálogo (Ex. 20:3; Dt. 5:7).
La idolatría toma algo de la creación de Dios, procura elevarlo por
encima de la línea que separa al Creador de la criatura y lo convierte en
una especie de dios. Dado que la religión es integral, la idolatría intenta,
además, colocar al resto de la creación al servicio de ese dios inventado.
El tipo de idolatría que mejor conocemos en las Escrituras consiste en
que la gente confecciona una deidad personal imaginaria a partir de
madera o piedra, construye templos, concibe ritos litúrgicos y le ofrece
sacrificios.
Los profetas del Antiguo Testamento denunciaron incansablemente
el culto a los falsos dioses, del que Israel y Judá eran constantemente
presas. Pero la idolatría también se manifiesta de formas más sutiles.
18 Al mismo tiempo es posible observar que, incluso desde un punto de vista
cristiano, no todas las religiones no cristianas son idólatras de acuerdo a como se
está exponiendo aquí. En particular, dado que el judaísmo y el islam son religiones
teístas, se puede decir que, en principio, estas dos también se oponen a la idolatría.
Ahora bien, es debatible el decir que los seguidores de estas religiones adoran o no
al mismo Dios.
19 Paul Marshall junto con Lela Gilbert, Heaven Is Not My Home: Learning to
Live in the Now of God’s Creation (Nashville: Word, 1998), 190.
14 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
Los seres humanos son inevitablemente criaturas de culto, aunque no
todos los humanos admitan esto de sí mismos. Un ateo puede negar
creer en Dios, pero le rinde culto a la racionalidad, a las proezas
artísticas o al poderío militar. Incluso los que creen en Dios
nominalmente pueden servir a ídolos tales como el éxito financiero, el
prestigio social o el poder político. Debido a que la idolatría en este
segundo sentido es tan indirecta y se experimenta menos abiertamente
como tal, a menudo no la reconocemos por lo que es. La ideología está
arraigada en este tipo de idolatría.
La conexión entre la idolatría y la ideología la hace con firmeza Bob
Goudzwaard, quien sostiene que la naturaleza religiosa de los seres
humanos puede entenderse en términos de “tres reglas bíblicas básicas”.
En primer lugar, todos sirven a algún tipo de dios. En segundo lugar,
todos se transforman en la imagen del dios al que sirven. En tercer lugar,
las personas estructuran su sociedad a su propia imagen.20 Agustín lo
relaciona con base en dos principios básicos: nuestros corazones están
inquietos hasta que descansan en Dios,21 y una comunidad está unida
por objetos de amor compartidos.22
Si los miembros de una comunidad aman a Dios y buscan hacer su
voluntad, entonces las estructuras que ordenan su vida común lo
reflejarán. Si, por el contrario, sus miembros aman cosas como la
riqueza material, los derechos individuales y el Estado todopoderoso,
este amor compartido se traducirá en formas que influyen en el bienestar
de la comunidad. Si sus corazones intentan encontrar descanso en
aquellas cosas que no pueden traerlo, esta continua inquietud se
expresará en las instituciones sociales y políticas. En definitiva, el culto
a los ídolos tiene consecuencias prácticas en la vida que comparten las
personas en comunidad.23
20 Bob Goudzwaard, Aid for the Overdeveloped West (Toronto: Wedge, 1975),
14–15.
21 Agustín, Confessions 1.1.
22 Agustín, City of God 19.24.
23 Véase también el argumento de James K. A. Smith, You Are What You Love:
The Spiritual Power of Habit (Grand Rapids: Brazos, 2016).
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 15
Además, cada una de las ideologías que vamos a explorar presupone
una historia básica en la que los seres humanos buscan su propia
salvación y la extienden al resto del mundo, a menudo, por medios
políticos e incluso violentos. En las últimas décadas, los estudiosos nos
han alertado sobre el papel que desempeñan los relatos en la vida de las
comunidades. Contar una y otra vez estas mismas historias sirve para
unir a la comunidad y fomentar el sentimiento de solidaridad entre sus
miembros.
Esto es evidente en las comunidades nacionales en donde los
acontecimientos históricos importantes sirven para cimentar su
identidad. Los estadounidenses consideran el Mayflower, la Guerra de
la Independencia y la Guerra Civil como hitos en la evolución de una
conciencia nacional exclusivamente estadounidense. Los brasileños
pueden remontarse al imperio de Dom Pedro II en el siglo XIX, a la
abolición de la esclavitud y al fin del régimen militar casi un siglo
después. Incluso los grupos subnacionales o no nacionales se basan en
la narración de historias.
Los creyentes rusos de antaño se recuerdan unos a otros lo que
consideran como las reformas heréticas del siglo XVII del Patriarca
Nikón y los valientes esfuerzos de sus propios antepasados por
mantener la fe tal y como la habían recibido. Toda comunidad, sea cual
sea, tiene sus propias historias que contar, tanto a sus propios miembros
como al mundo exterior. Esta comunicación interna y externa es la que
da a la comunidad un sentido de su propio lugar característico en el
mundo.
Tan importante es el rol que juegan las historias que el Sócrates de
la República de Platón buscó censurar el corpus homérico en aras de
producir una clase de guardianes filósofos lo suficientemente valientes
para defender y gobernar la ciudad. Como padres, además, contamos
historias a nuestros propios hijos, incluidos los viejos cuentos de hadas
y las historias familiares transmitidas de generación en generación.
Basándose en la obra de Bruno Bettelheim (1903-1990), David K.
Naugle observa que:
16 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
En la búsqueda de una solución a los enigmas del universo, el ser
humano, que está constituido de manera semiótica, satisface esta
necesidad principalmente mediante la particular actividad de contar
historias en la que forma un mundo simbólico por el que estaría
dispuesto a vivir e, incluso, a morir.24
Esto es muy cierto en la comunidad de creyentes cristianos que ven el
relato bíblico de la redención como la palabra fidedigna de un Dios fiel.
En 2017 celebramos el quinto centenario del inicio de la Reforma, un
acontecimiento que fue posible gracias a la imprenta de Johannes
Gutenberg, al auge de la alfabetización masiva y a la amplia difusión de
la historia bíblica. No basta con leer la Biblia como una serie de
proposiciones lógicas o incluso como advertencias morales. Como dijo
el teólogo reformado J. Gresham Machen:
Donde las exhortaciones más elocuentes muchas veces fallan, la
simple historia de un evento logra su objetivo; las vidas de hombres
son transformadas por una noticia.25
Este es el corazón del evangelio y la fuente de su poder.
La Biblia es el registro de la intervención de Dios en la historia para
salvar a su pueblo. Como veremos a continuación, las ideologías
políticas encarnan relatos pseudoredentores que compiten con la
historia bíblica. De la misma manera en que las Escrituras relatan, en
primer lugar, la historia de la creación, y luego relatan la caída en el
pecado, la redención en Jesucristo y la consumación final del reino de
Dios al final, así mismo las ideologías siguen una historia similar que,
en muchos aspectos, imita a la de la Biblia.
24 David K. Naugle, Worldview: The History of a Concept (Grand Rapids:
Eerdmans, 2002), 297.
25 J. Gresham Machen, Christianity and Liberalism (1923; repr., Grand Rapids:
Eerdmans, 2009), 40.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 17
Así pues, cada una de las ideologías se basa en una soteriología
específica; es decir, en una teoría elaborada que promete liberar a los
seres humanos de algún mal fundamental considerado como la fuente
de una amplia gama de males humanos, como la tiranía, la opresión, la
anarquía, la pobreza, etc. Como dice Goudzwaard, “una ideología
madura es una falsa revelación de la creación, la caída y la redención”26.
Si el cristianismo ve a Jesucristo como la fuente de la salvación, las
ideologías consideran que la salvación nos llega a través de; por
ejemplo, la maximización de la libertad individual, la propiedad
comunal de toda la riqueza, la liberación de una nación del dominio
extranjero, la sujeción de los individuos a la voluntad general, etc. De
hecho, como señala Lesslie Newbigin, la predicación del evangelio
parece ser una condición previa para las ideologías, ya que el anuncio
de las buenas nuevas de Jesucristo allana el camino a la posibilidad de
que los falsos mesías prometan otra vía de salvación.27
Figura 1. La historia bíblica de la redención
Esto no quiere decir que la salvación en Jesucristo se manifieste
necesariamente al margen de las alternativas políticas ordinarias en el
ámbito político. De hecho, una comprensión redentora de la política —
opuesta a la pretensión totalitaria de que la política en sí misma
redime— necesita el consentimiento del llamado divino para hacer
justicia mediante programas concretos y cuidadosamente elaborados.
26 Bob Goudzwaard, Idols of Our Time (Downers Grove, IL: InterVarsity Press,
1984), 25.
27 Lesslie Newbigin, The Gospel in a Pluralist Society (Grand Rapids:
Eerdmans, 1989), 122–23. Newbigin (1909-1998) fue durante mucho tiempo un
misionero en la India y obispo de la Iglesia del Sur de la India.
18 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
Sin embargo, aunque la justicia exija una mayor libertad
individual, una cierta redistribución de la riqueza, la independencia
nacional o una mayor consideración del bien común, la búsqueda
exclusiva de tales objetivos no tiene en sí misma un carácter redentor y
probablemente producirá consecuencias destructivas. Aquí es donde la
concepción cristiana difiere radicalmente de la de las ideologías.
Por supuesto, la salvación siempre es de algo que se considera malo.
Para los cristianos ortodoxos la creación es buena porque un Dios bueno
la hizo posible. El pecado no se encuentra en la creación, sino en la
rebelión contra Dios y contra sus designios para la creación. Por el
contrario, las ideologías tienden a localizar la fuente de este mal
fundamental en algún lugar de la creación. Acerca de la ideología,
Goudzwaard escribe que esta “identifica su propia fuente del mal”, y
además “erige su propia antítesis entre el bien y el mal”28.
Por lo tanto, la ideología puede verse como parte de esa antigua
herejía gnóstica, según la cual el mundo físico es considerado
intrínsecamente pecaminoso, y la salvación es vista como la liberación
de sus supuestos límites. Eric Voegelin (1901-1985) ha hecho mucho
hincapié en la conexión entre los modernos movimientos ideológicos de
masas y el gnosticismo.
Según Voegelin, los gnósticos están insatisfechos con el mundo,
que consideran “intrínsecamente mal organizado”. Creen que la
salvación del mal en el mundo es posible dentro de un proceso histórico
inmanente, que esto requerirá un cambio estructural en el “orden del
ser” y, por último, que los medios para efectuar dicho cambio requieren
la búsqueda de un conocimiento especial —o gnosis— disponible sólo
para los propios gnósticos.29 La distinción que hace Voegelin de la
relación entre las ideologías y el gnosticismo es convincente, y su
descripción de la actitud gnóstica parece en gran medida correcta.
28 Goudzwaard, Idols of Our Time, 25.
29 Eric Voegelin, Science, Politics, and Gnosticism (Chicago: Regnery Gateway,
1968), 86–88. Véase también su New Science of Politics (Chicago: University of
Chicago Press, 1952) y From Enlightenment to Revolution (Durham, NC: Duke
University Press, 1975).
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 19
Sin embargo, lo que falta en su análisis es una comprensión de cómo
el gnosticismo se relaciona con el relato bíblico de la redención. Según
el análisis de Voegelin, el cristianismo enseña que la plenitud de la
naturaleza humana se encuentra en la “visio beatifica, en la perfección
sobrenatural a través de la gracia en la muerte”, y que “la vida cristiana
en la tierra toma su forma especial en la vida venidera en el otro
[mundo].”30 Sin duda, la consumación final del reino de Dios espera el
segundo advenimiento de Jesucristo y su promesa de hacer nuevas todas
las cosas. En este sentido, la plenitud última de la creación viene de
afuera de la propia creación y no está simplemente implícita en ella,
como enseñan varias ideologías y algunos “historicistas”.31
Sin embargo, esta plenitud es precisamente la plenitud de la
creación y no la consecución por parte de un alma no corpórea de alguna
forma inteligible separada del mundo de Dios. De hecho, el “orden del
ser” de Voegelin parece responder más a una noción platónica del ser
que a la comprensión cristiana del orden de la creación, con la diferencia
principal de que aquella está distorsionada por el pecado, pero es capaz
de ser redimida por la gracia para cumplir su propósito. Dado que
Voegelin plantea una división demasiado tajante entre la vida presente
y la vida del mundo venidero, es incapaz de ver que la redención es, una
vez más, “la creación recuperada”.32
Además, en palabras de Charles Norris Cochrane, si el gnosticismo
se basa en “una antítesis absoluta entre la materia y el espíritu” y niega
“la unidad del cosmos”33, el propio Voegelin no ha logrado del todo
eludir la comprensión de la misma.
30 Voegelin, New Science of Politics, 88.
31 Véase; por ejemplo, el análisis de Oliver O’Donovan sobre “la escatología y
la historia” en Resurrection and Moral Order: An Outline for Evangelical Ethics
(Grand Rapids: Eerdmans, 1986), 53–75.
32 Albert M. Wolters, Creation Regained: Biblical Basics for a Reformational
Worldview, 2da ed. (Grand Rapids: Eerdmans, 2005).
33 Charles Norris Cochrane, Christianity and Classical Culture: A Study of
Thought and Action from Augustus to Augustine (New York: Oxford/Galaxy, 1957),
159, 369.
20 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
Sin embargo, si logramos tomar la idea central de Voegelin sobre
el carácter del gnosticismo, separarla de su descripción fuertemente
platonizada del cristianismo y situarla en el contexto bíblico de la
creación, la caída, la redención y la consumación, entonces hay mucho
que extraer de su análisis sobre las ideologías.
Según Albert M. Wolters, el gnosticismo tiende a despreciar una
dimensión de la creación de Dios, ontologizando de esa manera el mal
y la salvación, los cuales se identifican con algo intrínseco a la
estructura de la propia creación34: las ideologías hacen lo mismo. Así,
el liberalismo ve a la comunidad, o a cualquier autoridad heterónoma,
como una particular amenaza para el bienestar del individuo autónomo
y, por tanto, una fuente de maldad. Los libertarios tienden a ver al
gobierno de esta manera.
Los conservadores tienden a ver el carácter dinámico de la creación;
es decir, el cambio y el desarrollo, como origen del mal. Las ideologías
colectivistas; por ejemplo, el socialismo y el nacionalismo, tienden a
desconfiar de la libertad individual o de otras comunidades alternativas,
y de esa manera las identifican implícitamente con el mal. Junto con
esta tendencia gnóstica viene una propensión a negar la bondad de la
creación y una incapacidad concomitante para discernir, en conjunto, el
orden de la creación.
Dada esta soteriología defectuosa, no debe sorprender que las
ideologías tengan una visión fundamentalmente distorsionada del
mundo y, por tanto, del gobierno y la política. Esta visión distorsionada
del mundo tiene tremendas consecuencias en la práctica política, porque
la gente, inevitablemente, pone en práctica su visión religiosa del
mundo. Puesto que los seguidores de las ideologías consideran que el
mundo no pertenece a Dios, sino a la humanidad, malinterpretan el
carácter del mundo de forma bastante elemental.
34 Albert M. Wolters, “Facing the Perplexing History of Philosophy,” Tydskrif
vir Christelike Wetenskap 17, no. 4 (1981): 10.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 21
Tal vez lo vean como una combinación casual de átomos y
moléculas capaz de ser moldeada a su gusto. O pueden ver al Estado
como la fuente del orden en el mundo y hacerlo efectivamente
totalitario, como, por ejemplo, en el nazismo y el marxismo-leninismo.
A la inversa, pueden ver al Estado como la principal fuente de maldad
en el mundo, como hace el libertarismo de Friedrich A. Von Hayek y
Ayn Rand. Inevitablemente, esta visión distorsionada tiene profundas
implicaciones en la elaboración de políticas y en la práctica política en
sí.
Si las ideologías modernas tienen su propia soteriología, no debería
sorprendernos descubrir que también tienen su propia escatología; es
decir, una doctrina de las últimas cosas. En la medida en que sus
seguidores cuentan una historia redentora, su último capítulo postula un
estado final en el que todo estará bien, provocado, por supuesto, por los
heroicos esfuerzos humanos. Una forma de expresarlo es que, en las
ideologías modernas, los objetivos sustituyen a los principios.
Como dice Goudzwaard, el adepto a una ideología está “poseído
por un fin”35. O, como dice la conocida máxima, el fin justifica los
medios. En lugar de ver la justicia como una norma que regula la acción
política desde el principio, la ideología la ve principalmente como un
objetivo final de dicha acción. (Por lo tanto, incluso el pragmatismo, tan
a menudo visto como lo opuesto a la ideología, es en sí mismo una
ideología, dada su orientación hacia un objetivo).
Por lo tanto, la pregunta importante aquí no es si el Estado está
actuando con justicia, sino si está actuando para lograr la justicia.
Según este último enfoque, la justicia se convierte en un ideal que se
logrará en algún momento en el futuro, y cualquier cosa que uno haga
en el aquí y ahora es permisible si sirve para la consecución final de ese
objetivo. Por hoy, podemos dejar a un lado, con seguridad, las
cuestiones sobre la justicia, siempre y cuando los medios actuales sirvan
para un mejor mañana.
35 Goudzwaard, Idols of Our Time, 14.
22 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
Por lo tanto, se puede considerar que la justicia futura justifica la
injusticia presente. Aquí, inevitablemente el sacrificio entra en la
escena. Si, como creen los cristianos, la sangre derramada de Jesucristo
es el sacrificio por nuestros pecados, entonces las ideologías ofrecen
una fuente sustituta de salvación que también puede exigir un sacrificio
de sangre. A su manera, como observa Goudzwaard, la ideología “imita
el sufrimiento y la muerte del Mesías” y, por tanto, puede considerarse
una especie de cristianismo falsificado.36
El que los seres humanos se fijen objetivos para sí mismos y para
sus comunidades no es, por supuesto, nada nuevo ni destacable. Dios
implantó en nosotros la capacidad de proyectar hacia el futuro y de
formular planes consecuentes con esas proyecciones. Pero en las
ideologías estos objetivos cobran vida propia. En primer lugar, están
arraigados en la creencia secular predominante de la autonomía
humana, según la cual los seres humanos determinan el curso de sus
propias vidas sin referencia a la voluntad de Dios. En segundo lugar,
estos objetivos, en sí mismos, se convierten en dioses a los cuales hay
que ofrecerles sacrificios de carne y sangre de personas comunes y
corrientes.
No es para nada una casualidad que las dos peores ideologías del
siglo XX —el marxismo-leninismo y el nacionalsocialismo— hayan
dejado decenas de millones de muertos a su paso. Otras ideologías han
sido evidentemente menos destructivas, pero han cobrado un precio
humano, tal vez en matrimonios y familias desintegradas, abuso de los
trabajadores, desempleo, pobreza generalizada o degradación del medio
ambiente.
Se puede decir que la mayoría de las ideologías que exploraremos
tienen sus raíces en una única religión centrada en el ser humano, a
menudo conocida como humanismo o, más comúnmente, secularismo.
El secularismo puede describirse como una idolatría que, como su
nombre indica, rinde culto a alguna cosa creada o a más de una dentro
36 Goudzwaard, Idols of Our Time, 25.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 23
del saeculum: la época actual. Por lo tanto, estas ideologías forman parte
de una familia espiritual más amplia y, como tales, comparten
suposiciones significativas sobre la humanidad y su relación con sus
semejantes, el resto del mundo y Dios. Así, veremos que, a pesar de la
supuesta enemistad entre diferentes ideologías —como entre el
liberalismo y el socialismo—, su hostilidad podría interpretarse mejor
como una rivalidad entre hermanos. Es posible que hermanos se peleen
constantemente en el mismo hogar y, cuando crecen, pueden
distanciarse aún más, tanto emocional como geográficamente.
Sin embargo, es poco probable que puedan ocultar que están
estrechamente emparentados debido a sus apariencias físicas similares.
Los ojos azules pueden ser heredados de la familia, así como los
pómulos marcados y la nariz aguileña. Así, aunque manifiesten sus
diferencias, la evidencia de su relación sanguínea permanece a la vista
de todos. Lo mismo ocurre entre las ideologías.
Según Allan Bloom, el mundo entero está dividido entre los
seguidores de John Locke y Karl Marx, entre el liberalismo y el
socialismo.37 Aunque la configuración de las lealtades ideológicas
humanas es sin duda más compleja de lo que sugiere esta afirmación y,
a pesar de que esta división ideológica concreta se atenuó
considerablemente después de 1989, señala una verdad importante
sobre el debate político contemporáneo; a saber, que esta religión
secularista, cuyo principal criterio es la creencia en la autonomía
humana, determinó sus parámetros.
Debido al impacto que ha tenido esta religión, ya no se duda de que
el ser humano configura su mundo de forma autónoma. Más bien, las
principales controversias giran en torno a quién es el portador de esa
autonomía, si el individuo o alguna forma de comunidad. Aquellos que
ponen en duda la autonomía por completo quedan efectivamente fuera
de la discusión. El hecho de que la principal ideología colectivista del
mundo esté en declive y el individualismo esté (al menos por ahora) en
37 Allan Bloom, The Closing of the American Mind (New York: Simon &
Schuster, 1987), 217.
24 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
ascenso no ha alterado fundamentalmente este panorama, y tampoco es
probable que lo haga en un futuro próximo.
Sin embargo, antes de pasar a la siguiente sección, hay que hacer
dos observaciones. En primer lugar, si las ideologías surgen de una
cosmovisión idolátrica, ¿significa esto que no tienen rasgos positivos o
nada que enseñarnos? De ningún modo. En el capítulo siete explicaré lo
que creo que es la mejor manera de evaluar las ideologías desde un
punto de vista cristiano. Aquí sólo diré que, si las ideologías se
equivocan al hacer un dios de algo de la creación, y si ese algo creado
sigue siendo bueno, entonces es razonable que las ideologías y sus
seguidores hayan descubierto fragmentos de la verdad que tal vez
incluso los cristianos no han visto.
De hecho, es posible sostener que es necesario evaluar las cosas
buenas de una ideología antes de que podamos empezar a entender sus
deformaciones. ¿Cómo se podría explicar que buenos y decentes
ciudadanos alemanes hayan sucumbido ante los atractivos del
nacionalsocialismo en los años 30 y 40? ¿O que tantos intelectuales en
Europa y Norteamérica se hayan vuelto al comunismo en busca de
respuestas escandalizados por los sufrimientos ocasionados por la Gran
Depresión?
En segundo lugar, en medio de las luchas entre las ideologías y de
las distorsiones que imponen a los individuos y a las comunidades, Dios
permanece fiel a su creación. Esto explica en gran medida cómo es
posible que las ideologías tengan una visión fragmentaria de la verdad.
Pero también significa que incluso la más engañosa de las ideologías es
incapaz de deformar por completo el mundo, incluida la sociedad
humana, a su propia imagen. En un orden político liberal, siguen siendo
posibles los buenos matrimonios y las familias sanas, instituciones
básicas en donde las fuerzas del individualismo podrían tender a
erosionarlas.
Como ha observado Michael Walzer, un liberalismo que no se vea
moderado por otras restricciones y lealtades de larga data sería
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 25
insostenible.38 No sólo insostenible, sino prácticamente imposible. Las
lealtades particulares tienden a sobrevivir, incluso en medio de un
régimen totalitario que desalienta abiertamente todo vínculo que no sea
con él mismo. En este sentido, aunque el capitalismo, siendo el aliado
económico del liberalismo, se manifiesta de diversas maneras, no se
puede hablar indiscriminadamente de una “sociedad capitalista” como
si el capitalismo fuera capaz de someter la totalidad de la vida y las
relaciones humanas al mercado.
Es cierto que el capitalismo puede distorsionar, por ejemplo, la vida
familiar, pero no puede rehacerla o deshacerla por completo, a pesar de
las recientes advertencias en algunos círculos sobre la inminente
desaparición de la familia. Por ello podemos dar gracias a Dios por
mantener fielmente el orden de su creación en medio de nuestra
desobediencia.
La izquierda y la derecha: Una clasificación de
las ideologías
No existe un esquema generalmente aceptado para clasificar las
ideologías políticas, y los que existen no son muy útiles. Uno de los más
comunes y, diría yo, menos útil, es agruparlas dentro del espectro de
izquierda-derecha. De hecho, el uso que se le ha dado a la izquierda y a
la derecha es tan generalizado que merece ser comentado. Muchas
personas utilizan estas etiquetas como si tuvieran un contenido
invariable y fuera bien conocido por prácticamente todo el mundo desde
tiempos inmemoriales.
Si etiquetamos a Margaret Thatcher (1925-2013) como derechista,
¿qué estamos diciendo exactamente sobre sus creencias políticas y sus
políticas? Si etiquetamos a François Mitterrand (1916-1996) como
38 Citado por Jean Bethke Elshtain en “Feminists Against the Family,” en Real
Politics: At the Center of Everyday Life (Baltimore: Johns Hopkins University Press,
1997), 151.
26 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
izquierdista, ¿qué esperamos que nuestros oyentes asuman sobre él? A
menudo estos términos se utilizan de forma despectiva como forma de
desacreditar a aquellos con los que no estamos de acuerdo. Al
utilizarlos, es posible que, de manera involuntaria, estemos hablando
más sobre nosotros mismos que sobre nuestros adversarios políticos.
Entonces, ¿por qué los utilizamos? ¿En realidad están comunicando
algo? ¿Merece la pena conservarlos?
El uso de la izquierda y la derecha se origina simple y sencillamente
en la manera en que se disponen los asientos de los diputados de la
Asamblea Nacional francesa desde 1789. Los monarquistas
tradicionales se sentaban a la derecha del orador, mientras que los
republicanos se sentaban a su izquierda. A medida que el monarquismo
disminuía como fuerza significativa y que el radicalismo y el socialismo
entraban en escena, la configuración de los partidos políticos cambiaba,
y sus lugares en la cámara parlamentaria se desplazaban hacia la derecha
del orador.39 Al principio, los de la derecha eran partidarios de la
soberanía monárquica, mientras que los de la izquierda apoyaban la
soberanía popular. Así, el criterio básico para situar a los partidos y sus
ideologías a lo largo de la escala fue su actitud hacia la posesión del
poder político.
No hace falta decir que este criterio está casi obsoleto hoy en día.
El significado de la izquierda y la derecha ha cambiado a lo largo de las
décadas a medida que diferentes series de asuntos han ido suplantando
en importancia a los anteriores. En distintos momentos, tanto en Francia
como en otros lugares, el asunto principal ha sido entre el clericalismo
y el anticlericalismo; es decir, entre los que se sientan a la derecha y
39 Este desplazamiento se produjo hasta el punto de que en la Francia
contemporánea los partidos denominados Radical y Socialdemócrata se sitúan
ahora a la derecha del centro como parte de la Union pour la Démocratie Française
(UDF), una coalición de partidos conservadores moderados formada en 1978 para
apoyar al entonces presidente Valéry Giscard d’Estaing, sustituido desde entonces
por el Mouvement Démocrate (MoDem). Véase la obra de J. E. S. Hayward,
Governing France: The One and Indivisible Republic (New York: W. W. Norton,
1983), 82.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 27
apoyan las prerrogativas de la Iglesia institucional, y los que se sientan
a la izquierda y desean despojar a la Iglesia de su poder.
Tal vez como consecuencia de esta peculiaridad histórica, existe
una tendencia popular persistente a considerar cualquier participación
cristiana en la política, desde los partidos demócrata-cristianos europeos
hasta la Coalición Cristiana estadounidense de los años 90, como un
fenómeno de la derecha. Además, muchos cristianos tienden a gravitar
hacia los partidos que se posicionan en la derecha, un fenómeno
agravado, en parte, por los que en la izquierda tratan la fe religiosa como
un remanente de un pasado menos ilustrado.40
Sin embargo, durante la mayor parte del siglo XX, el lugar que
ocupaba una persona en el espectro izquierda-derecha estaba en gran
medida determinado por su actitud hacia la igualdad social y
económica. Los socialdemócratas y los comunistas, con todas sus
considerables diferencias, aspiran a distribuir la riqueza de la sociedad
de forma equitativa entre sus miembros.
Los liberales clásicos y los fascistas están a kilómetros de distancia,
especialmente en lo que respecta a la libertad individual, pero ambos
creen que los seres humanos son intrínsecamente desiguales o, al
menos, llegan a ser desiguales a través del ejercicio de sus diferentes
potenciales individuales. Los racistas se sitúan en la extrema derecha
porque creen no solo que unas personas son superiores a otras, sino que
esa superioridad está fijada biológicamente.
Los comunistas se sitúan en la extrema izquierda porque creen que
prácticamente todas las diferencias humanas, y las desigualdades
40 Véase, por ejemplo, las declaraciones de la candidata presidencial Hillary
Clinton en 2016 sobre el polémico tema del aborto: “Los derechos tienen que
existir en la práctica, no solo en papel. Las leyes tienen que estar respaldadas por
recursos y voluntad política. Y hay que cambiar códigos culturales, creencias
religiosas y prejuicios estructurales muy arraigados.” Aunque sus comentarios se
sacaron del contexto más amplio de un discurso sobre los derechos de la mujer,
fueron suficientes para que muchos votaran por su oponente. El discurso de
Clinton puede verse en “Hillary Clinton's Keynote Address at the 2015 Women in
the World Summit”, Women in the World, 23 de abril de 2015, video de 23:11,
[Link]
28 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
enraizadas en ellas, están determinadas económicamente y, por tanto, se
pueden eliminar. (De hecho, las sociedades comunistas han sido
invariablemente desigualitarias y sólo han conseguido crear lo que
Milovan Djilas denominó una “nueva clase” formada por los miembros
de la burocracia y el partido.41 Pero, a pesar de que su realidad es muy
diferente, las aspiraciones comunistas siguieron siendo igualitarias
hasta el final).
Sin embargo, en el mundo occidental del siglo XXI, los
componentes religiosos y culturales se han reafirmado de tal manera que
se justifica una nueva alteración en la definición de la izquierda y la
derecha, reflejando, en cierto modo, la división clerical-anticlerical que
se dio durante la Revolución Francesa. Así, aunque alguien esté a favor
del Estado de bienestar y de las políticas económicas redistributivas,
que en su día se consideraban parte integrante de la izquierda, si a pesar
de ello persiste en oponerse a la licencia del aborto o en creer que la
complementariedad sexual es intrínseca a la estructura del matrimonio,
es probable que se le tache de derecha, si no de fanático. Esto sugiere,
una vez más, que los criterios económicos ya no son tan importantes
como antes, y que los criterios culturales vuelven a ser más importantes.
En última instancia, pues, los términos izquierda y derecha no son
útiles por al menos tres razones. En primer lugar, son relativos a los
asuntos de cada época y, por tanto, no puede decirse que tengan un
significado universalmente aceptado. Tal vez no sea la razón más
importante para rechazarlos, pero al menos debería hacernos
conscientes de que, si criticamos a alguien por estar demasiado a la
izquierda o demasiado a la derecha, lo estamos haciendo con criterios
que difícilmente están grabados en piedra y que es probable que
cambien mañana.
En segundo lugar, el espectro izquierda-derecha es unidimensional
y se aferra necesariamente a un único criterio de evaluación primordial
en detrimento de muchos otros posibles. ¿Por qué centrarse tanto en la
41 Milovan Djilas, The New Class (New York: Harcourt Brace Jovanovich,
1957).
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 29
distribución de los recursos económicos? ¿Por qué no analizar las
ideologías en función de sus respectivas actitudes hacia el alcance del
poder gubernamental? ¿O en la diversidad frente a la unidad? ¿En la
democracia frente a la aristocracia? ¿Ateísmo frente al teísmo?
Por consiguiente, es posible que tengamos que emplear varias
matrices en un modelo multidimensional. Si eligiéramos sólo dos de
estas matrices y las colocáramos perpendicularmente entre sí,
obtendríamos algo como la figura 2. Esta es una posible forma
bidimensional de organizar las ideologías políticas que supone una
indudable mejora respecto al espectro unidimensional.
Figura 2. Ejemplo de una organización bidimensional de las ideologías
políticas.
Pero hay una tercera razón para rechazar el espectro izquierda-derecha,
que ni siquiera un modelo multidimensional puede solucionar. No
puede reflejar las diferencias religiosas que pueden existir entre las
distintas ideologías. La mayoría de las ideologías modernas son
miembros de la misma familia religiosa, como ya se ha observado.
En cierto modo, cada una de ellas convierte a la humanidad en un
dios, por lo que tienen mucho en común. Pero difieren en cuanto a qué
30 UN ANÁLISIS DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS
CONTEMPORÁNEAS
aspecto de la humanidad eligen adorar. Como veremos, el liberalismo
idolatra al individuo, el socialismo a la clase económica y el
nacionalismo al Estado-nación o comunidad étnica. Aunque se podría
crear un espectro que sitúe las ideologías a lo largo de un continuo entre
el individuo y la comunidad, sería incapaz de distinguir entre las
distintas variedades de comunidad.
Además, hay un conjunto de doctrinas políticas que sería difícil de
situar en cualquier continuo. Entre ellos, la democracia cristiana
europea, el yihadismo radical de Al Qaeda y Hamás, y el nacionalismo
hindú del Partido Bharatiya Janata (BJP, por sus siglas en inglés) de la
India. Las diferencias fundamentales entre estas religiones históricas no
se pueden captar fácilmente por un modelo unidimensional,
bidimensional o multidimensional.
Por todas estas razones, preferiría desterrar por completo la derecha
y la izquierda del discurso político. Sin embargo, como es poco probable
que esto ocurra, pido a los lectores que sean conscientes de las
deficiencias inherentes de estos términos y que no les den demasiada
importancia. Sin embargo, otras dos etiquetas tienen cierta validez, y
son las de progresista y conservador, que suelen considerarse
sinónimos de izquierda y derecha, respectivamente. Aquí no haré más
que decir que, en teoría, considero que progresar y conservar son dos
actividades mutuamente compatibles y necesarias que no deberían
oponerse. En el tercer capítulo se tratará más a fondo este tema.
Discerniendo los espíritus en las ideologías
Ahora que hemos explicado en cierta medida la ideología como
fenómeno general, de los capítulos dos al seis pasaremos a examinar las
ideologías individuales en sí, empezando por el liberalismo y pasando
sucesivamente por el conservadurismo, el nacionalismo, la democracia
y el socialismo. Con esto no estoy diciendo que todo lo que se debe
decir sobre las ideologías se deba organizar necesariamente en estas
cinco categorías.
VISIONES E ILUSIONES POLÍTICAS 31
Muchos lectores desearían ver un análisis profundo de, por
ejemplo, el anarquismo o el feminismo o quizás, incluso, el ecologismo.
Otros podrían señalar la notoria ausencia del sindicalismo, el fascismo
y el nazismo. Otros podrían querer ver, tras los atentados terroristas en
Estados Unidos, Oriente Medio y el sur de Asia, un análisis acerca del
yihadismo radical. Hay al menos tres razones por las que estas no serán
consideradas de forma tan completa como las ideologías que se
analizarán en los próximos cinco capítulos.
En primer lugar, el fascismo y el nazismo surgen de un tipo de
nacionalismo, y se pueden considerar variantes, especialmente
destructivas, de esa ideología. El sindicalismo y el anarquismo son dos
versiones del socialismo, al igual que el marxismo y el marxismo-
leninismo y sus permutaciones. En segundo lugar, creo que las cinco
ideologías que se abordan en este libro son realmente las más
influyentes en nuestro mundo moderno, a pesar del aparente cambio, al
menos en Occidente, de la modernidad a la posmodernidad.
Sin duda, el feminismo ha sido extraordinariamente influyente en
las últimas décadas, pero se manifiesta de diferentes formas, como, por
ejemplo, en el feminismo liberal, el feminismo conservador y el
feminismo marxista. En resumen, mucho de lo que escribiré sobre las
“cinco grandes” ideologías podría decirse también de las distintas
variedades de feminismo. Incluso el yihadismo radical que irrumpió en
la conciencia pública con los atentados del 11-S tiene muchas de las
características del nacionalismo europeo, el marxismo-leninismo y el
fascismo, como han señalado algunos observadores.42
42 Véase, por ejemplo, la obra de Daniel Pipes, “The Western Mind of Radical
Islam,” First Things 58 (Diciembre de 1995): 18–23, y Militant Islam Reaches
America (New York: W. W. Norton, 2002). Por otro lado, John A. Turner sostiene
que el yihadismo salafí se ha convertido en un movimiento global que está en
conflicto con un sistema internacional de estados soberanos orientado a Occidente
y, por tanto, con el nacionalismo convencional. Véase el libro de Turner Religious
Ideology and the Roots of the Global Jihad: Salafi Jihadism and International Order
(London: Palgrave Macmillan, 2014). Sin embargo, la visión que tiene el yihadismo
hacia los musulmanes como una clase oprimida frente a un Occidente opresor,
junto con su fervor revolucionario y sus objetivos internacionalistas, muestra al
menos cierta deuda con el marxismo.