SEFER SHEMOT
LA PERLA DE LA PARASHAT KI TISÁ (Ex 30:11 al 34:33)
MOSHÉ UN LIDER INTERESADO EN DIOS Y EN SU PUEBLO ISRAEL
Rabbí Dr. Williams Pitter
[Link]/WilliamsPitter
[Link]
[Link]/ToraInternacional
wpitter@[Link]
Cuando quieras elegir un líder para un proyecto, de una empresa, o de una
congregación o de un país. Debes preocuparte no sólo en las promesas que hace,
sino también si tiene un genuino interés en la gente y además si tiene un buen
carácter; debes interesarte también en conocer el nombre del dios que adora y
bajo el cual hace sus promesas. La parashá de esta semana nuestra en Moshé, las
credenciales de un líder genuino. Vamos a ver su reacción ante el fallo del pueblo,
e incluso de algunos de los líderes que él había dejado debido a que tuvo que
ausentarse por motivo del llamado divino a subir al monte Sinaí.
El Eterno le revela a Moshé la terrible apostasía idolátrica del becerro de oro que
está aconteciendo al interior del pueblo (Ex 32:8), y añade que esa gente, no es
capaz de aceptar ni el yugo del reino de los cielos ni el yugo de las mitzvot, son
como animales indomables, “es un pueblo de dura cerviz” (Ex 32:9). Y en este
contexto el Eterno prueba la fibra moral del líder de Israel. Habiendo descrito el
carácter del pueblo del cual es líder, e Eterno, le hace la siguiente propuesta a
Moshé: “Ahora déjame, encenderé mi furia con ellos, los aniquilaré y te convertiré
en una nación grande” (Ex 32:10).
Ahora, quiero concentrar mi atención en los argumentos que Moshé presentó al
Eterno para que revocara su decreto de destrucción del pueblo de Ysrael: primero,
le hace un par de preguntas relacionadas con la redención que el Eterno realizó a
favor de ello, pues para Moshé no tiene sentido de que haya redimido a los hijos
de Ysrael para después ejecutarlos al primer error que cometen. Le parece un
contrasentido (Ex 32:11), y remata sus argumentos haciéndole recordar al Eterno
las promesas que le hizo a Abraham, a Yztjak y a Yaacob, de multiplicar a su
descendencia como las estrellas del mar; y en vista de este argumento el Eterno
desiste de destruir al pueblo de Ysrael (32:12-14).
Aquí tenemos que aprender una lección. En este pasuk se ve claramente que el
Eterno estaba probando a Moshé, porque no hay necesidad de que Moshé le
recuerda sus promesas al Eterno, pues él está consciente de ellas y del propósito
que tiene con Ysrael. La prueba consistía en el hecho que se le estaba ofreciendo
la oportunidad de convertirse en el patriarca de un nuevo pueblo, de elevarse a
la categoría de Abraham, Yitzjak y Yaacob! Moshé no estaba preocupado por
tener un puesto al lado de nuestros padres, y mucho menos ser el primero y el
más notable de ellos.
Moshé pasa esta prueba con recia humildad, pues no tiene el más mínimo interés
en erigirse como el patriarca de un nuevo pueblo a expensas de la destrucción del
pueblo que ama, y por el cual se enfrentó a faraón para redimirlo de la esclavitud;
él ha visto el sufrimiento de su pueblo y no lo va abandonar en esta hora crítica.
Moshé se siente comprometido con el pueblo de Israel a pesar de su error garrafal.
No es honorable ni justo llegar a la cima del poder aprovechándose de la
debilidad o del error del prójimo.
Moshé no sólo estaba siendo solidario con el pueblo del cual era su líder, sino que
además estaba interesado en la gloria de Dios, y no deseaba que los demás
pueblos del mundo hicieran lashón hará del Eterno, y hablaran y temieran a Moshé
como el nuevo faraón y líder mundial. ¡Moshé había santificado el Nombre del
Eterno en privado! Por lo que sería honrado de ser exaltado públicamente por
parte del Eterno. Moshé había ya demostrado su fibra moral y la clase de líder que
era en el momento del éxodo, pues cuando todos los israelitas se ocupaban de
obtener las riquezas de los egipcios, Moshé en cambio se ocupaba de buscar los
huesos de Yosef! ¡Esa es la diferencia! ¡Esta es la clase de líderes que necesitamos!
Cuántos líderes le han vendido su alma al diablo para llegar a conquistar o
mantenerse en lugares de prestigio ya sea en el ámbito religioso o secular. Los
políticos por ejemplo, con sus honrosas excepciones, ambicionan una presidencia,
una gobernación o una alcaldía, no porque tienen un interés de ayudar al país o a
sus comunidades, sino porque esos cargos representan mucho poder y dinero para
disponer para sus intereses personales y de los grupos o clientes políticos que le
acompañan. Además de ello, el poder del cargo les da la oportunidad de
convertirse en el centro de atracción de las multitudes y de los medios de
comunicación, se van a codear con la clase opulenta del país y con grandes
empresarios; viajes a otros países costeados por el tesoro público, contactos con
mujeres bellas y ambiciosas, etc.
No es que el poder corrompe, es que el líder ambicioso por dinero y honores, ya
viene corrompido. Solo que el tiempo y las oportunidades se presentan para que
salga a relucir su codicia y defectos de carácter. Por supuesto, no faltará el hombre
honesto que en algún momento pueda ceder a la tentación del poder.
En el terreno religioso, también con sus honrosas excepciones, las cosas no son
muy diferentes. Poder, dinero, ser adorado por multitudes, ambición desmedida
2
por mega-iglesias, por autos lujosos y aviones privados; grandes ministerios
acompañados por una parafernalia de guardaespaldas y un séquito de aduladores
es la ambición y el ideal de muchos líderes religiosos que propagan el evangelio de
la prosperidad. Lo triste, y perjudicial para los fieles del evangelio, es que muchos
ministros llenos de envidia intentan imitar a estos petulantes Goliat de los tiempos
modernos!
Más adelante, en esta misma parashá, Moshé luego de hacer juicio y amonestarlos,
sube de nuevo al monte, y allí intercede de nuevo ante el Eterno, y en esta ocasión
pide que se le conceda perdón al pueblo por la falta cometida (Ex 32:30,31). No
obstante, considerando la gravedad del pecado cometido y que tal vez el Eterno no
quiera perdonar, entonces da un paso más atrevido: que si no perdona al pueblo,
entonces le pide que le pide que le borre de su libro (Ex 32:32).
Al comparar con Ap 13:8 (el libro del Mesías) vemos que esta declaración de
Moshé es una clara referencia al hecho que él prefiere la muerte y aun no
participar del mundo venidero; él ama a su pueblo, él es su cabeza; sería una
monstruosidad destruir un cuerpo, ¿cuánto tiempo podría durar viva una cabeza
así? Es decir, la vida de Moshé está apegada a su pueblo, por una razón u otra, él
iba a morir de todos modos. La mejor salida era el perdón.
Una actitud similar de auto sacrificio tomó Pablo ante el gran fallo de la dirigencia
judía de su tiempo a rechazar a Yeshua como el Mesías prometido: “… tengo gran
tristeza y continuo dolor en mi corazón; porque deseara yo mismo ser anatema,
separado del Mesías, por amor a mi hermanos, los que son mis parientes según la
carne” (Rm 9:2,3).
Ahora bien, Moshé no encubrió el pecado de ninguno de ellos, incluso amonestó al
a su propio hermano Aharón (Ex 32:21), quien era el líder encargado; pero al
mismo tiempo buscaba el perdón y la restauración de los arrepentidos. En este
sentido habla Rav Shaul enseña: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna
falta, vosotros que sois espirituales restauradle” (Gál 6:1).
En fin, vemos a Moshé que ante la prueba del Eterno muestra que no está
interesado en su gloria personal, sino en la del Eterno y en la vida de los benei
Israel, no importa cuán pecadores hayan sido. Y ahora, al considerar la gravedad
del pecado está dispuesto a dar su vida por ellos. ¡Y este es precisamente el
espíritu del Mesías! Con esto muestra varias cosas, que este era el líder que el
Eterno necesitaba, desprendido de toda ambición de gloria, duro contra el
pecado y al mismo tiempo compasivo con la gente que había errado.
Moshé ha salvado a un pueblo que sería su dolor de cabeza por los siguientes 39
años, pero en ese momento de prueba ni en ningún otro se aprovechó de su
liderazgo para abusar del poder. Cuando, mucho tiempo después el pueblo leyera
3
la Torá y se enterara de la conversación privada que el Eterno tuvo con Moshé, y
de su noble gesto de compasión, de seguro que le amarían más, ¡les había salvado
la vida!
Así mismo el Mesías, “que aun siendo pecadores murió por nosotros” (Rm 5:8),
quien al igual que Moshé, no le importaba lo bajo que hayamos caído, sino que
estaba interesado en nuestra restauración, en lo que llegaríamos a ser
transformados por la gracia perdonadora del Eterno.
Este mundo necesita a líderes como Moshé, que ayuden a restaurar corazones y
vidas a fin de prepararlos para el encuentro con el Mesías, cuya venida esperamos
que sea pronto y en nuestros días y digan: Amén!!