EL OSEZNO FEBEZNO
en konkilandia
El osezno Febezno
© 1998, Tony Custer
© De esta edición:
en Konkilandia
2016, Santillana S. A. Tony Custer
Av. Primavera 2160, Lima 33 – Perú
Ilustraciones: Rubén Sáez
Loqueleo es un sello editorial de Santillana S. A.
Edición ejecutiva:
Ana Loli
Edición:
Catherine Lozano
Diseño y diagramación:
Juan José Kanashiro
Ilustraciones:
Rubén Sáez
ISBN: 978-612-4299-80-3
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2016-08649
Registro de proyecto editorial Nº 31501401600684
Primera edición: julio 2016
Tiraje: 2 500 ejemplares
Impreso en el Perú - Printed in Peru
Metrocolor S.A.
Los Gorriones 350, Lima 9 - Perú
Todos los derechos reservados.
Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por,
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previo por escrito de la Editorial.
Capítulo 1
El osezno Febezno
parte a la aventura
Era una linda mañana de verano y el osezno
Febezno saltó muy temprano de su cama.
(Recuerden que le dicen osezno Febezno
porque su papá, el señor oso, no era muy
bonito, y los hijitos de los otros animales del
bosque, que lo querían mucho, lo llamaban
oso Febo. Cuando nació su osito, le pusieron 7
Febezno).
El osezno entró al baño con la intención
de bañarse, pero el agua estaba muy fría.
Entonces puso una patita peluda en el agua y
se echó cuatro gotas, una detrás de cada orejita
redonda y una debajo de cada brazo.
Se sacudió hasta la cola con un «BRRRR» muy
fuerte y pensó: «Tengo ganas de ir a ver cosas
nuevas. Creo que voy a ver qué hay del otro
lado del cerro Negro, nunca he estado allí»
(y es que el osezno es, como todos lo saben,
además de valiente y cortés, un osito muy
pero muy curioso). Mientras se ponía su gorra,
escuchó la voz de su mami:
—¡Febeeeznooo, ven a desayunar! —Ya, momi, gracias —dijo Febezno.
Salió corriendo de su cuarto y entró a la cocina —Ah, y, Febezno, no te pierdas —respondió
donde estaba su mami, la señora Osa. su mamá—. Tienes que volver para la comida.
—No puedo, no tengo tiempo, momi; me voy —Ya, momi, chau.
a explorar. Y diciendo esto, el osezno Febezno partió a la
—Bueno, entonces lleva esta merienda contigo carrera de su cueva, con su merienda en una
8 —le respondió su mamá, que ya conocía lo servilleta de cuadros colgada de un palito. 9
aventurero que era su hijo. La mañana era una de esas que le ponen alas
muy grandes al corazón, no importa la edad
que tenga el niño. El aire tenía un sabor muy
rico y el bosque olía a hojas nuevas y frescas;
los pájaros, las flores, los árboles, todo se veía
más grande y claro, de colores fuertes y lindos.
El osezno Febezno anduvo en zigzag por
el bosque, saludando y conversando con las
plantas y los árboles, y bailoteando un poco,
moviendo la colita pa’aquí y pa’allá.
El osezno saludó con un «Buenos días» —muy
educado— a las plantas. A un magnífico pino
le dijo: «Es un lindo día, ¿no? No sé por qué,
pero creo que hoy va a suceder algo muy
pero muy —Hola, osezno —le dijeron en coro la familia
especial». de ardillas Nuecesillas.
Y el gran —Hola, osezno.
pino le
—Hola, osezno.
sonrió
porque, —Febezno, ciao —le cantaron Luciano y
como Celesteaida Chicheñor, una simpática pareja
10 todos en de ruiseñores. 11
el bosque, En la oscuridad de un tronco de árbol, el
él quería murciélago Archipiélago, que estaba colgado
mucho de cabeza, se despertó y le dijo (al revés):
al osezno,
—Aloh, onzeso Onzebef.
que era muy
especial (porque ¿acaso Pero, por saludar al murciélago Archipiélago,
conocen a otro oso el osezno se tropezó con la misma raíz con
que les hable que siempre se topaba su popi y, ¡pum!,
a todos los animales ¡se cayó de pompis al piso!
y también a las Sentado en el camino, vio de repente a
plantas?). Mariano, un gusano gordo que, con cara de
—Hola, osezno. susto, pasaba apurado por allí. El osezno se
agachó y, poniendo su naricita casi en el suelo,
lo saludó con una amable sonrisa y con los
ojos un poco bizcos:
Capítulo 2
El cerro Negro
—¡Hola, Mariano! Disculpa si casi me siento
encima de ti.
Luego se levantó el osezno y partió a la aventura.