CARLOS J.
ALDAZÁBAL
CONCEPCIÓN PATERNA
Y OTRAS ELEGÍAS
CARLOS J.
ALDAZÁBAL
Carlos J. Aldazábal
Nació en Salta, Argentina, 1974.
Es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires
y director de la editorial de poesía El Suri porfiado. Como poeta
obtuvo, entre otros, el primer premio del II concurso Identidad,
de las huellas a la palabra, organizado por Abuelas de Plaza de
Mayo (2001), y el XLIII Premio Kutxa Ciudad de Irún de poesía en
castellano (2019, País Vasco, España). En Perú publicó la antología
Lo que hace del canto otro heroísmo (colección primavera poética,
2019). Sus últimos libros publicados son Piedra al pecho (Valparaíso,
2013), Camerata carioca (Valparaíso, 2016) y Mauritania es un país
con nieve (Algaida, 2019). Su poesía ha sido traducida al inglés, al
portugués, al árabe y al italiano, e incluida en diversas antologías de
la Argentina y de otros países.
Concepción paterna y otras elegías
©Carlos J. Aldazábal
©Festival Internacional Primavera Poética
Municipalidad de Lima Festival Internacional Primavera Poética
Juan Pablo de la Guerra de Urioste Harold Alva Viale
Gerente de Educación y Deportes Presidente de la Organización
Christopher Zecevich Arriaga Comité Consultivo
Subgerente de Educación Carlos Ernesto García (El Salvador)
Roberto Arizmendi (México)
Doris Renata Teodori de la Puente Omar Aramayo (Perú)
Asesora de Educación Leopoldo Castilla (Argentina)
Omar Lara (Chile)
María Celeste del Rocío Asurza Matos
Jefa del programa Lima Lee Director Cultural
Sixto Sarmiento Chipana
Concepto de portada:
Melissa Pérez Asesor de comunicaciones
Luis Miguel Cangalaya
Diseño y diagramación:
Ambar Lizbeth Sánchez García Jr. Buenaventura Aguirre 395.
Of.: K. Barranco, Lima.
Editado por la Municipalidad de Lima
https:/web.facebook.com/fipperu2019/
Jirón de la Unión 300, Lima
www.munlima.gob.pe
Lima, 2020
Esta publicación es un esfuerzo entre la Municipalidad de Lima y Primavera Poética
para las ediciones de la colección del programa Lima Lee.
Presentación
La Municipalidad de Lima, a través del programa
Lima Lee, apunta a generar múltiples puentes para que
el ciudadano acceda al libro y establezca, a partir de
ello, una fructífera relación con el conocimiento, con
la creatividad, con los valores y con el saber en general,
que lo haga aún más sensible al rol que tiene con su
entorno y con la sociedad.
La democratización del libro y lectura son temas
primordiales de esta gestión municipal; con ello
buscamos, en principio, confrontar las conocidas
brechas que separan al potencial lector de la biblioteca
física o virtual. Los tiempos actuales nos plantean
nuevos retos, que estamos enfrentando hoy mismo
como país, pero también oportunidades para lograr
ese acercamiento anhelado con el libro que nos lleve
a desterrar los bajísimos niveles de lectura que tiene
nuestro país.
La pandemia del denominado COVID-19 nos plantea
una reformulación de nuestros hábitos, pero, también,
una revaloración de la vida misma como espacio de
interacción social y desarrollo personal; y la cultura
de la mano con el libro y la lectura deben estar en esa
agenda que tenemos todos en el futuro más cercano.
En ese sentido, en la línea editorial del programa, se
elaboró la colección Lima Lee, títulos con contenido
amigable y cálido que permiten el encuentro con el
conocimiento. Estos libros reúnen la literatura de
autores peruanos y escritores universales.
El programa Lima Lee de la Municipalidad de Lima
tiene el agrado de entregar estas publicaciones a los
vecinos de la ciudad con la finalidad de fomentar ese
maravilloso y gratificante encuentro con el libro y
la buena lectura que nos hemos propuesto impulsar
firmemente en el marco del Bicentenario de la
Independencia del Perú.
Jorge Muñoz Wells
Alcalde de Lima
CONCEPCIÓN PATERNA
...Y aunque la vida perdió,
nos dejó harto consuelo
su memoria.
Jorge Manrique
Cuando murió mi padre nació su olvido.
Miguel Ángel Bustos
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I
Padre mío,
que estás en alguna parte
de mi sangre emplastada,
santifica mis glóbulos blancos,
ven a mis vísceras, mis úlceras,
haz que mi voluntad te olvide
y págame las deudas, los miedos, los pecados.
Con palabras
no me libres del mal
a menos que se pueda.
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II
«Heredarás la tierra», me dijiste,
y me entregaste una pala
para cavar la tumba.
«Heredarás la tierra»,
y me dejaste el aire
con un tatuaje negro
atravesando el almanaque,
atravesando el nacimiento de mi fémur,
el fétido principio de tu muerte.
«Olvidarás la tierra», decretaste entonces,
y me clavaste un poema suspendido
sobre el vértice achatado de mi espalda,
entrecortando las quimeras que crecían
y revocando la ausencia
de la tierra heredada.
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III
El bronce que te escupe
en la madera lustrada
me mira burlón desde la neurona,
desde el recuerdo inventado,
desde la televisión,
desde mi infancia inmolada
en el diamante,
carbonizada sobre el césped,
sobre el humus,
sobre
el bronce que te escupe
en la madera lustrada,
que me escupe,
burlón,
como si nada.
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IV
Ese cactus
que compartimos
hace mucho
se parece a este obelisco
qué lastima mis manos
con sus púas
y su espacio robado
al nuestro.
Con palabras
no me libres del mal
a menos que se pueda.
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V
Nunca creí en tu sinceridad
a pesar del abismo que te tragó en junio
tal como lo prometiste.
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VI
La A de ala
no es la misma
que anda deslizándose
en aberturas y en lágrimas,
en adioses entintados
de diplomas,
en academias de karate,
en ausencias,
en A de muerte.
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VII
Mis orejas
quieren volar.
Mi gordura
me delata.
Mi timidez
me vence
(en tanto ansío a la mujer que espero
simulo indiferencia cuando llega).
Entonces
(pensando en mis orejas,
mi gordura, mi timidez)
te reconozco,
diviso tu nombre,
construyo una memoria
para aplacar
lo inevitable de la muerte.
(de Por qué queremos ser Quevedo)
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OTRAS ELEGÍAS
Aniversario
Igual que un judas, padre,
me entregaste tu muerte.
Yo solo me escondí bajo la tierra,
cuando llegó ese viento
que bajaba del norte.
Fui negado por vos
treinta y tres veces,
para plantar, sin más,
piedras de nada,
monedas sin valor,
papel dorado,
precio de un corazón
que ya no late,
herido por la sal.
Igual que un judas, padre,
me entregaste tu muerte,
y no hubo redención
y no hubo madre,
ni abrazo fraternal,
ni buena suerte,
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ni ganas de luchar,
ni convicciones.
Solo tu muerte, padre,
solo la muerte,
y la vendimia anual
de los recuerdos,
el vino sin pudor,
la voz cascada,
el sainete infeliz de las derrotas.
Tu cadáver soy yo,
pobre sombra de sombra a la que nadie invita
en otro aniversario de su muerte.
(de Mauritania es un país con nieve)
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Trilobites
Si es por tragedia,
alguien debería
contar la historia
de los trilobites,
animales marinos
condenados a fósiles,
a que nadie humedezca
sus mañanas.
Pero no se trata
de escribir lo que se sabe.
Aquí la tragedia
es no poder despedirse,
no poder desear buena ventura,
un «que te vaya bien, que amaine todo».
No se conocen las rutas de la muerte
ni los designios del azar que transforman los restos.
No se conoce el rumbo, ni el color, ni la forma.
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Solo sabemos
lo que supura el ojo,
y líquido por líquido,
ojo por ojo,
es la tragedia
la que decora el cuadro:
caminata torcida
para subir un cerro
con fósiles marinos
creciendo en sus cornisas.
Un caprichoso adiós, que ya no importa.
(de Mauritania es un país con nieve)
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Magia
Hacer la palabra
como se hace el fuego,
hacer una nube
con el color del sol,
una forma de agua
para que sueñen peces,
un resplandor, una promesa.
Hacer la palabra
para vencer la muerte,
esa manzana roja,
esa boca ofrecida,
ese silencio justo
sin luces ni canciones,
ese barco que pasa y que te lleva,
tan lejos del murmullo
de los vivos,
de los versos leídos,
de los versos que fuiste,
cuando llega la lluvia y todo nace.
(de Mauritania es un país con nieve)
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Eso que fuimos, que seremos
Empiezo por los ravioles:
entonces se hacían los pactos de familia,
los acertijos de mortero
que luego sazonarían las salsas.
La pimienta significaba un estornudo,
y estornudar una plataforma de lanzamiento.
Pero no hace falta llegar a la estratósfera
para saber cuándo empieza otra esperanza,
parecida al ayer pero en futuro.
Es que evoco de nuevo esa molienda,
aquel acto de fe, aquel almuerzo,
cuando los pactos cruzaban Orinocos
ríos de salsa.
Pronto volverás, abuela,
a preparar los ravioles,
moliendo el mismo trigo
en el mortero.
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Ahí estaré, carne de tus huesos,
cayendo en tobogán al precipicio
donde estarán tus manos para arroparme:
harina entre tus manos,
satisfecho y feliz de ser servido
en la mesa final donde todo es memoria.
(de Piedra al pecho)
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Canto en vela
para Ariel Petrocelli
Las despedidas son acoples de eco,
y los ecos calesitas en el aire
para volver sin prisa al mismo punto.
La pena no es apagarse:
la pena es que cese la vibración
y el silencio aturda sin tu nombre.
Masticar llanto es lo seguro,
pero con dignidad es otra cosa.
Eso fue lo que dejaste:
mucha dignidad, mucha entereza,
como para que nosotros mastiquemos
la pena de otro modo, hasta volverla grito,
hasta dormirla.
Ahora que tu sueño se vuelve real
las nubes te acunan,
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y por las ventanas de los rascacielos
muestran sus formas caprichosas,
y eso nos sirve para no atragantarnos.
No solo es el canto o la copla:
es el permanecer, aunque la distancia engañe
(la pena desde las nubes se disimula sin dejar de
nombrarte).
Sé que estás volviendo.
Despacito.
Como un acorde tenue.
(de Piedra al pecho)
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La ley de la frontera
a Jesús Ramón Vera
Nadie perdonará la sangre de las nubes
convertidas en manto ahora que hay silencio.
Nadie perdonará las tinieblas del cielo
ahí donde hubo sol y el deseo de un barrio.
Morir tan de repente, como un nacer abrupto,
morir sin más remedio que el llanto de los vivos,
morir solo y callado después de los tambores,
los bailes de las cajas, la comparsa y el canto.
Nadie perdonará que ya no crezcan coplas,
ni escuelas para el arte, ni asombros ni esperanzas.
Igual que un marinero que se adentra en la tierra
así vas por las venas de todo lo soñado
y nadie que te vea envuelto en esa muerte
puede creer que es cierta, que es cierto que te has ido.
En esta medianera por donde el pueblo pasa,
en esta lentitud llamada despedida,
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donde hay grillos y hay pájaros pronunciando tu nombre,
hay un rompecabezas armando otro misterio,
el misterio que escribe tu sangre en la frontera.
Nadie perdonará la ley de los cobardes.
No importa lo que digan.
Pronto florecerás.
Hay un pueblo que canta.
Ya estás resucitando,
igual que el carnaval cuando es febrero.
(de Piedra al pecho)
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Cuestión de Estado
Las teclas y la lluvia.
La humedad
que impregna las palabras,
el sonido
del ahogo y la miseria.
No hay brújulas de piedad
ni mandolinas,
ni pipas de la paz
ni punto aparte.
Los represores, funcionarios del odio,
y la locura intacta
de la codicia.
Las teclas y la lluvia.
El tambor y la guerra.
Un policía endomingado
aprieta con sus dedos mis palabras,
y mis palabras le escupen la sonrisa
de mercenario eficaz,
traficante de dudas.
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Un funcionario de tiza,
muñequito de torta,
habla de destruir,
de hacer letreros,
y la lluvia no oxida sus juguetes,
los disparos de sangre,
la pimienta, los miedos.
El tambor y la guerra.
Las teclas y la lluvia.
La inútil vanidad
de los falsos poetas,
hasta que vuelva el sol
y la vida germine.
(de Mauritania es un país con nieve)
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Formol
No pienso despertar,
si me preguntan.
No se trata del deseo eufórico de la revolución
ni del estruendo mudo de Vallejo.
Apenas es la convicción del «nada importa»,
del «da lo mismo», Cambalache con voz
pero sin tango.
Recuerdo a los habitantes del formol:
un laboratorio de monstruos soñadores
en los que el terror
se trasmutaba en pena.
Ellos no percibían compasión ni culpa,
apenas la mirada extasiada en sus cabezas,
sus ojos de más, sus dedos aleatorios.
Nadando en mi formol
contemplo el mundo:
ningún hablador hace
de la parodia un convenio,
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ninguna melodía
desentona ni afina,
ningún marcapasos
traiciona su reloj,
ninguna disección
se sostiene en la duda.
Y este mundo del sueño es tan mullido,
tan casita feliz,
tan punto aparte,
tan contento de sí,
tan extasiado,
que no pienso soñar
ni escabullirme.
Apenas escribir,
sin despertarme,
aquel lugar feliz
de la inocencia.
(de Mauritania es un país con nieve)
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Celebración
Todo será
reducido a las cenizas,
igual que mi camisa
de la suerte
acribillada en Año Nuevo
por fuegos de artificio.
Este es el principio de la nada:
cenizas en el viento
y un botón calcinado.
El viento y las cenizas,
el rapaz homicida
que hoy mismo
ha despeinado un trigal,
antes de incinerar
mis esperanzas.
Otra cosa es el agua.
Cuando las cenizas
formaban una prenda,
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llegaba un temporal
al tendedero
y era un júbilo ver
las gotas que caían.
Pero agua y cenizas
se mezclan en el barro,
como un cadáver terco
que pretende quedarse,
cenizas en el mar
para engordar los peces,
hollín de un río muerto
por donde nadie pasa.
Luego sale el sol,
seca la mancha,
y adherida al cemento
un pedazo de tela,
y un tizne algo marrón
de lo que fue un recuerdo:
«aquí yace el pasado»,
se piensa ingenuamente,
insólita ilusión
de renovar la vida,
celebrar lo que nace,
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olvidar un momento
la irreversible fuga,
constatando en el fuego
la voz del calendario,
confundiendo el azar
con el destino.
(de Mauritania es un país con nieve)
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