Fallos Procesal Penal
Fallos Procesal Penal
● Piden la recusación de la jueza María Susana Nocetti de Angeleri, por tenerla por imparcial.
● La jueza a cargo hizo lugar al planteo y remitió las actuaciones a la Cámara de Apelaciones
para que se sorteara un nuevo juez. Luego de que saliera sorteado el juez del Juzgado Nº1, el
mismo no aceptó la competencia y remitió la causa a la Cámara de Casación porque a su criterio
la resolución que hizo lugar a la recusación no tenía fundamentos.
● Se devolvieron las actuaciones al Juzgado Nº3 ya que el tribunal sostuvo que las causales de
recusación deben interpretarse en sentido restrictivo y que solo procede el instituto cuando se
verifica alguno de los motivos previstos taxativamente en el artículo 55 del Código Procesal
Penal.
● Se interpuso recurso extraordinario por el temor o sospecha de parcialidad de la juez
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interviniente ya que ejerció funciones instructorias que pudieron afectar su ajenidad al caso.
● Se menciona el principio acusatorio de división de funciones, donde se establece que quien
investiga no puede juzgar.
● Los jueces de la Corte establecen que la recusación se vincula con la mejor administración de
justicia, y cuyo ejercicio imparcial es uno de los elementos de la defensa en juicio. Y que si
bien debe admitirse en forma restrictiva, ese principio no debe quedar desnaturalizado, ya que
garantiza el debido proceso.
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Como mencionaron, convienen que la garantía de un juez imparcial deriva de las garantías del
debido proceso y de la defensa en juicio.
Es una manifestación directa del principio acusatorio.
Esta imparcialidad puede ser definida como la “ausencia de prejuicios o intereses de éste frente
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al caso que debe decidir, tanto en relación a las partes como a la materia”.
● La Procuración General de la Nación resaltó que apartas a los jueces sospechados de parcialidad
no tiene que ser confundida con una agresión a su honor o a su honestidad, sino que es un vicio
objetivo del procedimiento.
● La garantía del juez imparcial se encuentra estrechamente ligada a los principios de juez natural
e independencia judicial. Y debe asegurarle al justiciable plena igualdad frente al acusador.
LA
● Mencionan que la opinión dominante establece que la imparcialidad objetiva se relaciona con
que el juzgador debe mostrar garantías suficientes tendientes a evitar cualquier duda razonable
que pueda llevar a presumir su parcialidad frente al caso.
● La separación de juez y acusador es el más importante de los elementos constitutivos del
modelo teórico acusatorio.
● Habrá que analizar en cada caso si la actuación concreta del juez en la etapa preparatoria
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demostró signos que pudieran generar dudas razonables acerca de su neutralidad frente al caso.
Y efectivamente en el caso, los actos procesales llevados a cabo por la jueza permiten cuestionar
su imparcialidad, ya que ella recopiló prueba, lo interrogó, decidió la elevación a juicio, etc.
Fallo Lamas
● Se solicita el apartamiento de los jueces por violación a la garantía de juez imparcial (art. 33
CN). Se deriva de las garantías del debido proceso y de defensa en juicio (art. 18 CN y DADDH,
PIDCP, OADH, DUDH.
● Mantener un juez imparcial establece condiciones adversas para el correcto ejercicio del
derecho de defensa.
● Establecieron que era un presupuesto del tribunal imparcial la prohibiciòn de que forme parte
del proceso quien haya intervenido de cualquier modo en la misma causa. Por otro lado,
destacaron la necesidad de que los jueces sean imparciales desde un punto de vista objetivo, es
decir que ofrezcan garantìas suficientes para que no haya duda al respecto.
● Surgía de la causa que el Tribunal Oral Nº7 habìa condenado por el mismo hecho a Gastón
Brossio, habiendo tenido en cuenta pruebas esgrimidas por la Policía Federal que comprometían
a Lamas. Es por esto que podría dudarse de su imparcialidad.
OM
compañero de celda, el cual, más tarde los fumaría.
Durante el debate en el juicio oral, el imputado cambió su declaración y confesó que los
“porros” le pertenecían y que estos eran para consumo personal, y que no se trató, como el fiscal de
juicio lo acusaba, de una tenencia simple –artículo 14, párrafo 1º, de la Ley 23.737-, sino una tenencia
para consumo personal –artículo 14, párrafo 2º, del mismo plexo normativo-.
Afirmó que había realizado la declaración durante la indagatoria en la inteligencia de que sus
dichos le servirían para una mejor posición en el procedimiento. Sostuvo que consume marihuana desde
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los 12 años, que ha tenido condenas anteriores por tenencia para consumo, las cuales fueron cumplidas
mediante una medida curativa la cual no tuvo el efecto buscado. Comentó que trató de pedir ayuda
internándose en un centro de rehabilitación del cual no se acuerda su denominación, pero que tampoco
le dio resultado.
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El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Bahía Blanca decidió condenar al imputado a la
pena de 1 año y dos meses de prisión por ser autor penalmente responsable del delito de tenencia simple
de estupefacientes. Para fundar su decisión tomaron en cuenta los dichos del imputado durante la
instrucción, a los cuales le dieron el valor de confesión –y no así lo dicho durante el debate-, entendiendo
de que en verdad existió el delito de tenencia simple de estupefacientes. Los jueces formaron su
convicción a favor de la culpabilidad del acusado, aunque dejaron en claro que no se pudo probar la
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También se habría vulnerado el principio ”in dubio pro reo” ya que ante la duda entre tenencia
para consumo personal y tenencia simple tendría que haberse optado por la que beneficiara al imputado,
cosa que no sucedió. Destacó también la vulneración del principio de razonabilidad.
La Cámara Nacional de Casación Penal confirmó la sentencia explicando que de la lectura de
la resolución se advierte que esta se adecua a derecho y que las valoraciones realizadas por los jueces
se encuentra debidamente fundamentada.
La defensa interpuso recurso extraordinario federal, el cual fue denegado debiendo ir en queja
a la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
El Procurador Fiscal, Luis González Warcalde, dictaminó por el rechazo del recurso
entendiendo que Casación actuó adecuadamente al confirmar la sentencia de primera instancia.
Consideró además que no se había vulnerado ninguna garantía, y que incluso Casación había
sustanciado el recurso respectivo, cumpliéndose con lo dispuesto en el precedente “Casal”.
La mayoría de los miembros de la Corte tuvieron una opinión diferente. Entendieron que
efectivamente se había tenido en cuenta sólo lo que había “confesado” el imputado durante la
instrucción sin otra prueba que avale sus dichos. Es decir, que la apreciación judicial realizada durante
el debate y como consecuencia de la intermediación si es revisable y puede ser descalificada como
válida. Además el tribunal observó que en la propia sentencia los jueces aclararon que no se podía estar
seguro de la existencia de la tenencia para consumo al no haberse podido producir ninguna prueba sobre
ello. En ese sentido, de estar en duda si existió tenencia para consumo o tenencia simple, se debió haber
Fallo Montenegro.
El imputado, Luis B. Montenegro, es condenado por el delito de robos con arma. Su defensa interpuso
recurso extraordinario contra la sentencia dictada porque Montenegro fue víctima de apremios ilegales
lo que invalida la declaración en sede policial en la que confiesa el ilícito. Fundando su alegato en el
art. 18 de la CN en cuanto manda que nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo y con ello la
inviolabilidad de la defensa en juicio.
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La mayoría del tribunal expresó que si bien se constataron lesiones en Montenegro que demostrarían
que fue apremiado físicamente, sus dichos permitieron esclarecer un hecho ilícito que no había sido
denunciado. Así se ubicó un comercio de discos fonográficos cuya dueña admitió haber sido asaltada y
despojada. En el domicilio del acusado se comprobó que había allí guardados parte de los efectos
robados, entre ellos un anillo tipo alianza grabado, con iniciales y una fecha, lo que concordaba con la
declaración de la damnificada.
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El Procurador avala el argumento de la defensa del imputado cuando sostiene que lo decidido resulta
violatorio de lo dispuesto en el art. 18 de la Constitución Nacional, en cuanto prescribe que "nadie puede
ser obligado a declarar contra sí mismo", como una manifestación de la inviolabilidad de la defensa en
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juicio. En efecto, de dicha garantía surge como consecuencia lógica e inevitable que si una persona es
obligada a declarar contra sí, tal declaración debe considerarse inexistente y no podrá por lo tanto ser
tenida en cuenta ni valorada acerca de la exactitud de los dichos.
Manifiesta también que en el caso existen otras pruebas contra el acusado además de la declaración
impugnada. Ellas son el secuestro en su poder de los efectos robados, la declaración de la damnificada
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sobre la existencia del hecho y la circunstancia de que una de las alhajas incautadas tuviera grabadas
las iniciales del testigo, tal como ésta lo manifestó en su declaración. Esto conecta a Montenegro con el
ilícito investigado, sin embargo, el tribunal a quo no ha demostrado, que, sin tener en cuenta la
declaración de imputado, pueda probarse en autos que es autor del hecho que se le reprocha.
La CSJN adhiere a lo dictado por el Procurador General y revoca la sentencia con el fin de un nuevo
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pronunciamiento.
Este fallo es un claro ejemplo de la violación a la garantía de declarar contra sí mismo. A partir de que
una persona es imputada, es decir, cuando existe algún indicio de que ella es la posible autora o partícipe
de un hecho punible, ella adquiere el derecho inalienable defenderse de tal imputación.Una
Del silencio del imputado, de su negativa a declarar o de su mentira no se pueden extraer argumentos a
contrario sensu. Esto es importante, porque lo contrario significa fundar resoluciones judiciales sobre
una presunción surgida de un acto de defensa del imputado. Y tal cosa violaría su derecho de defensa,
como lo es Luis B. Montenegro.
Fallo Baldivieso
El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Salta lo condena a 4 años de prisión, multa e inhabilitación
absoluta por el término de la condena como autor del delito de transporte de estupefacientes.
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cápsulas. Sin mencionar que tuvo que evacuar con asistencia médica. Para ellos era un delito imposible,
o que no llegó a completarse.
Asimismo, citando el fallo “Natividad Frías”, afirmaron que Baldivieso no había prestado
consentimiento para que se le extrajera el materia que luego fue utilizado en su contra, ya que lo habían
obtenido en una situación en la que se debatía la vida y la muerte. Para ellos, la demanda de auxilio no
podía equipararse al consentimiento libre, sino como producto de uina tortura que la ingesta le había
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causado. Pidieron que debido a la garantía del artículo 18 de la CN se excluyese la prueba obtenida en
forma ilegal.
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La Cámara de Casación estableció que no se encontraba vulnerada la garantía que prohibía la
autoincriminación toda vez que la autoridad no había exigido coactivamente del imputado su
cooperación en el aporte de pruebas de cargo, sino que la ayuda médica le había permitido expulsar las
cápsulas, sin que hubiera coacción. Además, concurrir al hospital en busca de asistencia incluía la
posibilidad de que la autoridad conociera el delito.
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La defensa, entre otros argumentos, sostuvo que el imputado tuvo que ir a un hospital público por no
tener los medios para afrontar la acción privada y que era una falacia decir que había elegido el hospital
público de manera libre. Y que, por otro lado, todo el proceso se dio por una revelación ilegítima del
secreto profesional.
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Se le dio traslado el procurador general que estableció que la tensión entre el derecho a la intimidad de
quien busca ayuda medica y el interés del estado en la represión del delito, tenia que resolverse a favor
del primero. La confidencialidad entre medico paciente promueve la confianza general y eso ayuda a la
salud pública. Solo debía ceder ante el peligro concreto para otros.
Luego, la jueza Argibay sostuvo que no viola la prohibición de autoincriminación del artículo 18 de la
Constitución Nacional, quien como parte del desenlace posible de una acción ilícita ejecutada con
conocimiento de los riesgos que involucra y que pese a ello decide transgredir la ley. Para ella, utilizar
los materiales obtenidos legítimamente no implica que el imputado haya sido obligado a declarar contra
si mismo. Además, sostuvo que el tráfico de drogas es una conducta dañosa por el peligro que la
distribución de la droga representa para la salud pública.
Por otro lado, dispuso que el cuidado de su salud física es un comportamiento que se lleva a cabo en el
marco de privacidad que encuentra la misma protección constitucional que se le da a la vida privada.
Cuando los cuidados del cuerpo son realizados por el médico no cabe presumir que se renunció a la
exclusividad. El secreto médico exige a los mismos que mantengan la confidencialidad sobre la
A pesar de que el medico por ser funcionario y trabajar en el arte del curar se encuentra confundido en
cuanto a su deber de informar ya que debe informar todo delito que conociere por ser funcionario, pero
como medico solo debe hacerlo si se trata de un delito contra la vida o integridad física, esto puede
confundirlo. Pero esto no puede perjudicar al imputado.
Sería discriminatorio para las personas que no pueden acceder a servicios privados que lo funcionarios
públicos tengan el deber de denunciar y que las que asistan a un servicio privado gocen de protección
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de un secreto médico. por lo tanto establecen que es el mismo deber de menor alcance para médicos
privados como públicos. Para la CSJN los médicos n o solo no estaban obligados a dar noticia a la
policía sino que tenían prohibido hacerlo.
Se ponen en juego la vida y el interés del estado de perseguir los delitos. La dignidad de la persona es
de gran valor para nuestro ordenamiento, y por otro lado, el principio republicano impide que el Estado
persiga delitos valiéndose de medios inmorales, como por ejemplo aprovecharse del inminente peligro
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de muerte del procesado que busca atenciòn médica.
Fallo Fiorentino
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Diego Fiorentino fue detenido cuando interrogado por la policía admitió poseer marihuana que guardaba
para consumo personal en su casa, por lo que habría autorizado el registro domiciliario.
La defensa impugnó el procedimiento por ilegítimo y sin autorización válida. Diego dijo que le habían
sacado la llave de su departamento. Sus padres también declararon que no autorizaron el ingreso a su
casa y que la policía igual había entrado al domicilio. En primera instancia fue condenado por tenencia
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de estupefacientes. Se rechazó lo planteado por la defensa creyendo que medió autorización para el
ingreso de los padres de Fiorentino. La Cámara de Apelaciones confirmó la condena sosteniendo que
el procedimiento policial había sido legítimo. Supuestamente el imputado habría autorizado la entrada,
y que si se hubiese opuesto lo habría hecho de manera más notoria.
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Además, más allá de que el imputado era menor de edad y admitiendo que los padres no lo acordaron
expresamente tampoco se opusieron. Se dedujo recurso extraordinario. El apelante sostiene la violación
de la garantía de la inviolabilidad del domicilio.
El juez Petracchi sostuvo que no se daba ninguna de las excepciones que permiten el ingreso sin orden
de allanamiento del artículo 189 del CPPN. Que para ellos no había existido consentimiento al respecto
y que por ende tampoco era válido el secuestro de lo obtenido en el domicilio, ya que era fruto de un
procedimiento ilegítimo. Pero estipuló que es necesario que se legisle al respecto.
Fallo Rayford
La defensa cuestionó la validez del allanamiento y secuestro por la violación del art. 188 del CPPN. En
primera instancia se absolvió a los imputados por considerar nula la diligencia de secuestro, por no
haberse recabado la orden de allanamiento, la ausencia de consentimiento válido, la hora en la que se
realizó y por que hubo solo un testigo. El fiscal apeló este pronunciamiento. La Cámara de Apelaciones
condenó a los procesados. Para ellos medio consentimiento del interesado, ya que no fue negada por
éste y que sólo introdujo la defensa al alegar. La defensa apelada ya que los actos iniciales de la
investigación serían violatorios de las garantías del art. 18 de la CN.
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La CSJN estableció que la ausencia de objeciones del interesado no implica el consentimiento del
mismo. La detención fue en la vía pública, de noche, a pocos metros de su domicilio donde la policía
ingresó rápido. La persona era extranjera, no conocía el idioma y resultó dudoso que pudiera
comprender el alcance del procedimiento, la posibilidad de oponerse. Por lo tanto, también era inválido
el secuestro de la marihuana.
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Tampoco puede tenerse en cuenta la incriminación de B, ya que la confesión de Rayford medio sin ser
el fruto de una libre expresión de la voluntad. Sino que son inducidas por el allanamiento legal. Si se
elimina el secuestro y los dichos de Rayford no se hubiese podido individualizar a B. No existen otros
indicios que conduzcan a él. Los jueces Caballero y Belluscio votaron en disidencia.
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Fallo Ventura
La Cámara Penal Económico sentenció a Ventura como autor del delito de contrabando ya que salió del
país evitando controles aduaneros y utilizando remitos apócrifos llevando pallets de cuero a Nueva
LA
York.
Para los jueces de esa instancia no se había vulnerado las garantías constitucionales y que debía
considerarse válido el allanamiento sin orden judicial de la Administración Nacional de Aduanas.
Asimismo, era válido el secuestro de los objetos relacionados. Se basaron en que el procesado no se
había opuesto, pudiendo haberlo hecho y además su firma se encontraba en el pie del acta.
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La defensa interpuso recurso extraordinario que denegado llegó a la CSJN. En el recurso, los mismos
sostuvieron que el allanamiento no había sido ordenado por un juez, siendo ésto imprescindible para el
allanamiento y que al no existir esa orden las actuaciones eran nulas.
Luego el Procurador General de la Nación estableció que si existe consentimiento prestado sin vicio de
la voluntad, es posible que los funcionarios de la autoridad pública ingresen a un domicilio y efectúen
una pesquisa aún sin orden de allanamiento.
Pero para los jueces de la Corte el allanamiento no había sido acorde al art. 18 de la CN, que tampoco
surgía del acta el motivo del allanamiento.
Ante la falta de orden judicial, consideraron que el consentimiento brindado por la víctima y la posterior
ratificación eran irrelevantes.
Fallo Ruiz
El defensor interpuso recurso extraordinario, que fue concedido. La condena se basaba en la violación
del art. 18 de la CN, porque solo a través de tormentos (corriente eléctrica) se pudo llegar a la
declaración prestada. Y solo así pudo llegarse a individualizar a los damnificados y a relacionarlos con
Ruiz. Todo fruto de una pesquisa ilegal.
El tribunal declaró que no tenían validez las manifestaciones que fueran frutos de maniobras ilegales,
aun cuando fueran útiles para la investigación. Utilizar esa declaración comprometía la buena
administración de justicia. No se utilizó la declaración de Ruiz para la condena.
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Pero debe analizarse si los restantes medios pueden ser suficientes para justificar el reproche. Es decir,
hasta qué punto el vicio se expande a lo restante.
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Con respecto a Cándido e Izquierdo, se podría haber llegado a la condena sustentandose en otros medios
de prueba como por ejemplo la documentación dentro del taxi de Izquierdo y el documento de identidad
de Cándido. Por lo tanto, se confirma la sentencia apelada pero se disminuyó la pena por el hecho
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relacionado con Procopio.
Fallo Daray
El 18 de abril de 1991, en San Rafael, Mendoza, personal policial que estaba practicando
controles de rutina, detuvo en la vía pública a Carlos Antonio Garbin, quien conducía un automóvil con
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chapa de Capital. La razón de la detención, habría sido según el informe policial, para que el conductor
acredite su habilitación para conducir y para verificar sus datos.
Garbin exhibió la documentación del auto y el permiso de conducir, pero a pesar de ello, según
el informe policial a Garbin se lo “invitó” a concurrir a la Seccional de Policía para una mayor
verificación de sus datos.
En la comisaría mientras oficiales de la policía intentaban comunicarse con Buenos Aires para
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determinar si el auto posee alguna impedimento legal, Garbin “espontáneamente” involucró a sus hijos
Claudio y Alejandro diciendo que ellos tenían autos extranjeros con patentes diplomáticas. Tal
espontaneidad habría llegado al extremo de ofrecerse para acompañar a la policía a “entrevistarse” con
sus hijos en una bodega de propiedad de el.
Según la policía que condujo la entrevista, los hijos de Garbin reconocieron haber comprado
autos importados por diplomáticos, y dieron detalles sobre las operaciones y del lugar donde ocultaban
los vehículos. Con esta información en su poder, la policía dejó constancia de que los Garbin quedaban
detenidos e incomunicados. Se le dio intervención a una juez federal por presunto delito de contrabando
solicitando una orden de allanamiento para el secuestro de los autos. El juez libró la orden ese mismo
dia y en el domicilio de Alejandro Garbin fue encontrado un automóvil Mercedes Benz con chapa
diplomática.
El fallo gira en base a dos cuestiones principales, por un lado se plantea que la detención no es
compatible con las garantías previstas en el art. 18 de la CN. Los jueces Nazareno, Moliné y Levene
señalan que “todo proceso penal debe ser tramitado de conformidad con una ley preexistente que al
mismo tiempo faculte y límite al Estado en el ejercicio de la coacción procesal” y agregan que “esta
autorización legal debe ser respetuosa de las libertades individuales aseguradas por la CN”. Agregan
que se debe tener en cuenta la garantía de que nadie puede ser arrestado sino en virtud de orden escrita
de autoridad competente. Hacen referencia al art. 4 del Código de Procedimiento en Materia Penal que
reglamente al art 18 de la CN ya que alude que “el Jefe de Policía de la Capital y sus agentes tienen el
deber de detener a las personas que se sorprendan en in fraganti delito y aquellas contra quienes haya
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al pretender constituirla en beneficiaria del hecho ilícito”
La Corte, excluyó como evidencia la declaración prestada por Garbin padre y las declaraciones
de sus hijos, el procedimientos de secuestro del vehículo e incluso las declaraciones testimoniales de
los vecinos de los Garbin.
Fallo Vera
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Lucas Vera fue interceptado por la Policía Federal en una estación de trenes de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires el 14 de abril de 2014. Según declararon los efectivos al momento de pedirle su
documento de identidad «el sujeto comenzó a demostrar cierto nerviosismo (…) y de forma espontánea
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manifestó poseer un arma de fuego en la cintura.» Fue detenido. La Sala II de la Cámara de Apelaciones
confirmó la nulidad del procedimiento policial de identificación. Entendieron que:
“la policía no se encuentra autorizada a “impedir la libre circulación — aunque fuese por un tiempo
mínimo— y de exigir la exhibición de documentación […] si no cuenta con un motivo válido para
hacerlo”
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Sin embargo el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires revocó la
decisión por mayoría.
La jueza Inés Weinberg dijo: “considero que la solicitud de documentos en la vía pública a las personas
en ejercicio de controles generales por parte de la policía, constituye una de las facultades implícitas
(…) en tanto puede considerársela como emanada del poder de policía del Estado y lícita mientras se
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la ejercite razonablemente”
“En el caso concreto de Vera se interrumpió su libre circulación por el tiempo estrictamente necesario
para solicitarle que exhibiera su documentación personal. La detención posterior no estuvo
relacionada con el pedido de identificación sino que, conforme surge del acta de fs. 5, el encausado se
puso nervioso y manifestó espontáneamente que tenía un arma de fuego en su poder. Ante esa
afirmación, lo que comenzó siendo un mero procedimiento de identificación al azar se convirtió en una
requisa personal y en una detención en flagrancia. Esta última cuestión —requisa y detención— es
ajena a lo que aquí se viene discutiendo (es decir, la nulidad del procedimiento de identificación de
transeúntes)”.
“En virtud de lo expuesto, esa breve interrupción en la libertad de circulación no configura una
privación de libertad en los términos del artículo 18 de la Constitución Nacional (en cuanto refiere al
“arresto”).”
Su par Luis Lozano, aseguró: “la competencia para requerir el documento de identidad está
implícitamente reconocida a la PF en la ley siempre que su ejercicio constituya una “actividad de
seguridad” (de prevención del delito).” Nuevamente, hay que recordar que el ejercicio de estas
facultades suscita riesgo de invadir zonas vedadas por garantías constitucionales.
Finalmente Ana Conde sostuvo: “la circunstancia de que una autoridad de prevención lleve adelante
procedimientos identificatorios de personas al azar en lugares públicos o de acceso público —también
denominados usualmente “controles poblacionales”— no es, per se, violatorio de ninguna garantía
OM
constitucional, siempre que esa identificación encuentre apoyatura en la consecución de las funciones
que le resultan inherentes para el mantenimiento del orden público y se argumente en condiciones
razonables y proporcionales que no resulten contrarias a los derechos garantizados en la CN, o en la
CCABA, ni suponga un trato discriminatorio, desigual o arbitrario para las personas de manera tal
que no las coloque en situaciones de inferioridad o indefensión, respecto de otras personas que circulen
libremente por el lugar.
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Consecuentemente, a diferencia de lo expresado por el tribunal a quo, la facultad de requerir la
identificación de las personas, en lugares públicos o de acceso público, por parte de la autoridad
policial no exige la concurrencia de circunstancias sospechosas o indiciarias acerca de la hipotética
comisión de un ilícito que deba ser conjurado, sino que dicha facultad razonablemente se justifica en
la propia función de prevención y disuasión que les concierne como funcionarios públicos encargados
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de hacer cumplir las leyes y de velar por una convivencia pacífica de todas las personas que transitan
libremente por estos lugares. El genuino control que, en determinados lugares, ejerce la autoridad de
prevención con fines disuasorios, a fin de resguardar en mayor medida las legítimas expectativas de
seguridad que la población deposita en ella, ciertamente no puede ser tildado en abstracto de espurio
e insostenible, bajo el argumento de que aquel limitaría de una manera poco significativa la circulación
de los ciudadanos o su intimidad; máxime, cuando de lo que aquí se trata es de la mera exhibición del
LA
documento público que toda persona de existencia visible que se domicilie en el territorio argentino —
o bien que sea argentina sea cual fuere el lugar en donde se domiciliare— legalmente debe, cuanto
menos, tramitar e incluso presentar en cualquier circunstancia en que resulte necesario acreditar,
fehacientemente, la identidad para el ejercicio de ciertos derechos u obligaciones”
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Fallo Napoli
Los problemas que fueron tratados hacen hincapié en delitos inexcarcelables dispuestos por el art. 316.
La Corte resolvió que resultan inválidas las disposiciones legales que declaran a ciertos delitos
inexcarcelables. En este caso la Corte analizó la invalidez de la ley 24.410 modificatoria del CPPN en
su art. 316, por el cual se declaró que los delitos de supresión del estado civil de las personas y
sustracción de menores (arts. 139, 139 bis y 146 CP) no serían nunca pasibles de los beneficios de la
exención de prisión y excarcelación. Los hechos del caso fueron que una persona imputada del delito
de supresión de identidad de un menor a la que se le denegó la excarcelación con invocación de esa
disposición, llevó su agravio a la Corte Suprema. En su recurso, planteó la inconstitucionalidad de la
referida norma procesal (art. 316, 2º párrafo CPPN), por contrariar los principios de inocencia, igualdad
y razonabilidad.
La CSJN resolvió declarar la inconstitucionalidad de la ley 24.410. Por lo que indicó que se estaba ante
una sentencia equiparable a definitiva, por afectar un derecho que requiere tutela inmediata.
La Corte analizó la norma cuestionada, la cual, dijo, que creaba una categoría de delitos inexcarcelables
sólo por la naturaleza del delito imputado, con independencia de su mayor o menor penalidad. Así,
concluyó que el legislador había recurrido a la prisión preventiva con fines intimidatorios o disuasivos,
lo cual significa el establecimiento por esa vía de agravaciones propias de la ley penal sustantiva
OM
una pena privativa de la libertad superior a 8 años o si, pese a ello, pueden otorgarse ante la comprobada
inexistencia de riesgo procesal, es decir, peligro de fuga o de entorpecimiento de la investigación”.
Se busca dilucidar cuándo el sujeto debe esperar su sentencia en la cárcel o en libertad. El principio más
importante surge de la CN donde se establece que se encuentra prohibido tratar a alguien como culpable
cuando no tiene sentencia firme de un tribunal. Por lo tanto, se desprende de la CN que todo aquel que
no hay sido declarado culpable debería esperar su condena en libertad por la presunción de inocencia.
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La CSJN consideró la excarcelación como una garantía constitucional y no como una simple excepción.
Sin embargo, los derechos de las personas se encuentran limitados por los derechos de los demás, su
seguridad y el bien común. Por lo tanto, el derecho a transitar el proceso penal en libertad no es absoluto.
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No se encuentran exentas de la prisión preventiva por ejemplo. Pero la misma debe tener carácter
excepcional. Además debe ser proporcional al peligro que se busca evitar. Deben aplicarse de manera
provisional, dentro de una necesidad actual y concreta. Es por esto que deben ser revisadas durante todo
el proceso.
Al encontrarnos inmersos en un Estado de Derecho nunca se pueden aplicar medidas restrictivas de la
libertad ambulatoria. Y si se hace, debe hacer bajo un riguroso criterio.
LA
La prisión preventiva debe buscar los fines del proceso penal: esclarecer los hechos y determinar sus
autores.
Finalmente, se estableció que “no basta en materia de excarcelación o eximición de prisión para su
denegación la imposibilidad de futura condena de ejecución condicional, o que pudiere corresponderle
FI
al imputado una pena privativa de la libertad superior a 8 años, sino que debe valorarse en forma
conjunta con otros parámetros establecidos”
Fallo Quiroga
El problema que se trató en el fallo Quiroga Edgardo s/ clausura y elevación a juicio, hace hincapié en
el recurso interpuesto por el Ministerio Público Fiscal que había solicitado la nulidad de la resolución
del juez de instrucción que ante el pedido de sobreseimiento por parte del fiscal resolvió remitir el
sumario al Fiscal General ante la Cámara de Apelaciones para que apartara al Agente Fiscal y
desvincularla un nuevo representante del Ministerio Público.
El Fiscal General argumentó que el mentado artículo 348 había sido derogado tácitamente en virtud de
lo dispuesto por el artículo 120 de la Constitución Nacional y los artículos 1 y 76 de la Ley Orgánica
del Ministerio Público solicitando en consecuencia la nulidad del auto por el que el juez elevó la causa
en consulta y de todos los actos posteriores practicados en su consecuencia. Arribada la queja a la Corte,
el tribunal señaló que "aun cuando se pueda sostener que los fiscales cumplen, materialmente, una
función judicial, en tanto, al igual que los jueces, aspiran a que el proceso finalice con una sentencia
justa, lo hacen desde posiciones procesales diversas, y el ejercicio efectivo de la misión que a cada uno
de ellos le compete se excluye recíprocamente: ni el fiscal puede juzgar ni el juez puede acusar"
Añadieron al respecto que el deber del Ministerio Público de actuar "en coordinación con las demás
autoridades de la República" no puede ser convertido en subordinación, a riesgo de neutralizar el sentido
mismo de su existencia.
En cuanto a la posición sostenida por la cámara de casación, según la cual el Poder Judicial es el que
debe "controlar" el ejercicio que de la legalidad hace el Ministerio Público, es la que conduce,
finalmente, a admitir la consecuencia extrema de que en el debate la imputación provenga, en definitiva,
del propio tribunal que debe juzgar sobre su admisibilidad, advirtieron.
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De esta forma resolvieron que "la necesidad de asegurar la independencia funcional del Ministerio
Público Fiscal" consagrada en el art. 120 de la Constitución Nacional impone declarar la
inconstitucionalidad del art. 348, segundo párrafo, primera alternativa, del Código Procesal Penal de la
Nación.
La medida contó con los votos de Enrique Santiago Petracchi - Augusto Cesar Belluscio (en disidencia)-
Carlos S. Fayt (según su voto)- Antonio Boggiano (según su voto)- Juan Carlos Maqueda (según su
voto)- E. Raul Zaffaroni (según su voto) - Elena I. Highton De Nolasco.
.C Fallo Mostaccio
DD
Julio Mostaccio fue condenado por el delito de homicidio culposo a pesar de que el fiscal, cuado debía
dar su alegato final, se abstuvo y estimó la aplicación del art. 4 del Código Procesal Penal de Mendoza.
La defensa interpuso recurso extraordinario fundándose en que la sentencia era violatoria de las
garantías de defensa en juicio y debido proceso en conjunto con el principio acusatorio.
LA
La CSJN exige que se cumpla con la acusación, defensa, prueba y sentencia. Establecen que la
condición acusatoria de la requisitoria fiscal de elevación a juicio debe existir.
Establecen que los alegatos no tienen la misma importancia ya que no modifican el objeto procesal.
FI
El pedido de absolución no obliga a que el tribunal lo conceda, ya que eso significaría la intromisión
del fiscal en la tarea de los jueces.
Consideran que la acusación en el juicio es indispensable y los jueces deben valorarla para absolver o
condenar.
Fallo Giroldi
OM
puedan existir para que los individuos puedan disfrutar de los derechos que la Convención reconoce”.
Es por esto que tolerar que se impida que las personas accedan a los recursos necesarios para proteger
sus derechos es violatorio de la CADH.
Fallo Casal
En el fallo "Casal" la Corte Suprema estableció que todo condenado tiene derecho a recurrir la sentencia
.C
para que un tribunal superior revise los fundamentos del fallo, incluidos los que hacen a la prueba del
hecho con el único límite de los que están ligados a la inmediación. El derecho a una revisión amplia
de su condena está receptado en el art. 456 del CPPN y en conjunto con los art. 8.2 H de la CADH y
14.5 del PIDPyP que forman parte de nuestra CN a partir de la reforma de 1994 otorgando jerarquía
DD
constitucional.
En el caso concreto el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 5 de la Capital Federal condenó, por
mayoría, a Matías Eugenio Casal a la pena de cinco años de prisión, como coautor penalmente
responsable del delito de robo calificado por el uso de armas, a raíz de lo cual la defensa del nombrado
dedujo recurso de casación, invocando la causal prevista en el art. 456, inc. 1º del Código Procesal Penal
de la Nación. El rechazo del recurso interpuesto provocó la presentación de la queja ante la Cámara
LA
Nacional de Casación Penal, la que corriera igual suerte. Finalmente contra dicha resolución se dedujo
recurso extraordinario, cuya denegación motivó la queja ante la Corte.
De las constancias de la causa surge que el Tribunal Oral tuvo por acreditado, que el 10 de
marzo de 2003, aproximadamente a las 6 horas, en cercanía del local bailable "Metrópolis", ubicado en
Av. Santa Fe y Darragueyra, ascendieron a un vehículo de alquiler, Matías Eugenio Casal y Gastón
Pablo Borjas, indicándole al conductor que los trasladara hasta la Av. Cabildo y Correa. En momentos
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en que el conductor decidió comunicar el destino de su viaje a la central, Casal que se encontraba
sentado detrás lo tomó del cuello con ambos brazos y Borjas arrancó el micrófono y le apoyó un arma
de fuego en la cintura. Ante su resistencia, recibió un golpe en la boca. Al llegar a la calle Correa al
3500, los imputados lograron la detención del automóvil, retirando las llaves del contacto. Obligaron al
conductor a bajar y Casal lo golpeó con el arma en la cabeza porque se resistió a que se llevaran los
documentos propios y del automotor. Finalmente, huyeron en el vehículo con la documentación y poco
más de $150 que también le sustrajeron.
Ante la solución dada por la Cámara Nacional de Casación Penal para rechazar el recurso, la
Corte entendió que como primer medida se debía determinar el alcance otorgado en el ámbito nacional
al recurso de casación. Señalaron que en este sentido, el art. 456 del CPPN, establece que el recurso de
casación es admisible en el supuesto de “inobservancia de las normas que este Código establece bajo
pena de inadmisibilidad, caducidad o nulidad, siempre que, con excepción de los casos de nulidad
absoluta, el recurrente haya reclamado oportunamente la subsanación del defecto, si era posible, o hecho
protesta de recurrir en casación”.
A su vez, destacaron que “un recurso que sólo habilitase la revisión de las cuestiones de derecho
con el objetivo político único o preponderante de unificar la interpretación de la ley, violaría lo dispuesto
en estos instrumentos internacionales con vigencia interna, o sea, que sería violatorio de la Constitución
Nacional. Pero también es claro que en la letra del inc. 2º del art. 456 del CPPN, nada impide otra
interpretación”. Explicaron que lo único que decide una interpretación restrictiva del alcance del recurso
de casación es la tradición legislativa e histórica de esta institución en su versión originaria. Además,
OM
la sentencia para establecer si se aplicaron estas reglas y si esta aplicación fue correcta”.
Insistieron en entender que el art. 456 del CPPN “debe entenderse en el sentido de que habilita
a una revisión amplia de la sentencia, todo lo extensa que sea posible al máximo esfuerzo de revisión
de los jueces de casación, conforme a las posibilidades y constancias de cada caso particular y sin
magnificar las cuestiones reservadas a la inmediación, sólo inevitables por imperio de la oralidad
conforme a la naturaleza de las cosas”. Con lo cual resolvieron que debía hacerse lugar a la queja,
declarar procedente el recurso extraordinario y dejar sin efecto la resolución recurrida. Finalmente
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ordenaron que fueran devueltos los autos al tribunal de origen para que se dicte nuevo fallo con arreglo
a la doctrina expuesta por la Corte.
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