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Revisión de Tutela de Diomedes Díaz

Un hombre llamado Diomedes Díaz Maestre presentó una acción de tutela contra las decisiones de la Corte Suprema de Justicia en relación a su condena por homicidio. La Corte Suprema rechazó la acción de tutela, afirmando que como máximo tribunal, sus decisiones no pueden ser revisadas de esta manera. Posteriormente, la Corte Constitucional determinó que sí tenían competencia para revisar la decisión sobre la acción de tutela. Al revisar el caso, encontraron que no hubo irregularidades en la sentencia original de la Corte
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Revisión de Tutela de Diomedes Díaz

Un hombre llamado Diomedes Díaz Maestre presentó una acción de tutela contra las decisiones de la Corte Suprema de Justicia en relación a su condena por homicidio. La Corte Suprema rechazó la acción de tutela, afirmando que como máximo tribunal, sus decisiones no pueden ser revisadas de esta manera. Posteriormente, la Corte Constitucional determinó que sí tenían competencia para revisar la decisión sobre la acción de tutela. Al revisar el caso, encontraron que no hubo irregularidades en la sentencia original de la Corte
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I. ANTECEDENTES.

1. El ciudadano Diomedes Díaz Maestre, por intermedio de apoderado y ante


la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia interpuso acción de
tutela “en contra de las providencias emitidas por la Sala de Casación Penal de la
H. Corte Suprema de Justicia los días veintidós (22) y veintinueve (29) de mayo
de dos mil tres (2003)”

2. Del examen detenido del expediente y de la interposición de la acción de


tutela a que se ha hecho referencia, surgen, en resumen, los siguientes hechos:

2.1. Doris Adriana Niño García en la noche del 14 de mayo de 1997 acudió al
apartamento de Diomedes Díaz Maestre en la ciudad de Bogotá, y luego de
participar allí en una fiesta en donde al parecer por los asistentes se consumieron
estupefacientes, fue víctima de acceso carnal violento y tuvo una discusión con
Luz Consuelo Martínez, quien se encontraba en estado de embarazo.

En la misma noche Doris Adriana Niño García murió y su cadáver fue encontrado
con posterioridad en el Alto del Sote, vereda de San Onofre, municipio de Combita
(Boyacá).

2.2. Luego de diversas incidencias procesales el Juzgado 46 Penal del Circuito de


Bogotá condenó a Diomedes Díaz Maestre, por el delito de homicidio
preterintencional del que fue víctima Doris Adriana Niño García, a la pena principal
de 12 años y 6 meses de prisión, decisión esta que fue apelada tanto por el
apoderado de Rosa Delia García, reconocida como parte civil como por el
sindicado.

2.3. El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá –Sala Penal-, mediante
sentencia de 20 de agosto de 2002 modificó el fallo apelado a que se hizo
referencia en el numeral precedente y condenó al sindicado Diomedes Díaz
Maestre a la pena de 37 meses de prisión como autor responsable del delito de
homicidio culposo agravado en la persona de Doris Adriana Niño García, le
impuso una multa de diez mil pesos y pena accesoria de interdicción de derechos
y funciones públicas por un término igual al de la pena principal. Además, resolvió
no sustituir la pena de prisión en establecimiento carcelario por prisión domiciliaria
a Diomedes Díaz Maestre.

2.4. Contra la Sentencia de segunda instancia dictada por el Tribunal Superior del
distrito Judicial de Bogotá –Sala Penal- el 20 de agosto de 2002, acabada de
mencionar, interpusieron recurso de casación Rosa Delia García, reconocida
como parte civil y Diomedes Díaz Maestre, como sindicado y condenado.

2.5. La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, luego de


tramitados los recursos de casación aludidos, le puso fin al recurso mediante
sentencia de 22 de mayo de 2003.
III. PROVIDENCIA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA SALA DE
CASACIÓN CIVIL, SOBRE ESTA ACCIÓN DE TUTELA.
La Corte Suprema de Justicia –Sala de Casación Civil -, mediante un auto el 20 de
junio de 2003 decidió inadmitir la acción de tutela presentada por Diomedes Díaz
Maestre, por conducto de apoderado, contra la Sala de Casación Penal de la
Corte Suprema de Justicia por haber proferido con supuesta vía de hecho
violatoria del debido proceso la sentencia de 22 de mayo de 2003 y el auto de 29
de mayo del mismo año, a los cuales se ha hecho referencia anteriormente. Funda
su decisión la Sala de Casación Civil y Agraria de la Corte Suprema de Justicia en
que el principio de la autonomía de los jueces establecido por el artículo 228 de la
Carta Política es aplicable igualmente tratándose de la acción de tutela por cuanto
«preserva el respeto a las providencias de los jueces y las limita en el único
sentido admisible en un Estado de Derecho: por su acatamiento a la ley. En tal
virtud, cuando las prescripciones legales son claras y no se revelan contrarias a la
Carta Política, no pueden ser omitidas por decisión de ningún juez, cualquiera sea
su jerarquía, su cumplimiento constituye garantía de igualdad e impide el capricho
o arbitrariedad y constituye una fuente insustituible de seguridad jurídica». La
Corte Suprema de Justicia, es el máximo tribunal de la justicia ordinaria, según lo
establecido por el artículo 234 de la Carta; los jueces solamente están sometidos a
la ley y son independientes, según lo dispuesto por los artículos 228 y 230 de la
Constitución, y, conforme a tales principios le corresponde a la Corte Suprema de
Justicia, en ejercicio de sus funciones, actuar como tribunal de casación, es
decir, como un órgano límite de la jurisdicción ordinaria. Ello significa, a juicio de la
Sala de Casación Civil y Agraria de la Corte Suprema de Justicia, que cuando ella
actúa como órgano límite de la jurisdicción ordinaria «ninguna autoridad está
facultada para alterar la condición inmutable de que están revestidas sus
decisiones» y, en consecuencia, «mal pueden quedar sujetas a un nuevo examen
por vía de tutela así sea este efectuado por ella misma».
Finalmente, expresa la Corte Suprema de Justicia –Sala de Casación Civil y
Agraria- que «respecto de la eventual revisión por parte de la Corte
Constitucional, la mayoría de la sala entiende que no hay lugar a disponerla por
las mismas razones que fincan la decisión», punto este en el cual el
ponente, magistrado José Fernando Ramírez Gómez, aclara su voto.

VII. CONSIDERACIONES DE LA CORTE CONSTITUCIONAL.


1. La competencia
Es competente esta Sala de la Corte Constitucional para revisar la decisión
proferida dentro de la acción de tutela de la referencia, con fundamento en los
artículos 86 y 241-9 de la Constitución Política, en concordancia con los
artículos 33, 34 y 35 del Decreto 2591 de 1991.

2.3. Como puede observarse el auto de 20 de junio de 2003 mediante el cual se


inadmitió la solicitud formulada por el actor para que se proteja su derecho al
debido proceso presuntamente quebrantado, es una decisión judicial que pone fin
a esa acción de tutela. Por ello, si bien es verdad que en su forma externa esa
providencia judicial no reviste las características de una sentencia, sin embargo,
materialmente sí lo es como quiera que equivale nada menos que a dejar por
establecido que el debido proceso no fue objeto de quebranto. Esto significa
entonces que esa providencia ha de ser objeto de revisión por la Corte
Constitucional, de conformidad con lo dispuesto por los artículos 86 de la Carta
Política y 33 del Decreto 2591 de 1991.

4. Inexistencia de vía de hecho en la Sentencia de 22 de mayo de 2003


proferida por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, en
cuanto a la casación oficiosa de la Sentencia proferida por el Tribunal
Superior de Bogotá el 20 de agosto de 2002, a la cual se refiere esta acción
de tutela.

4.4. Ha de recordarse por la Corte que, como se reiteró en Sentencia T-420 de 22 de


mayo de 2003, en relación con el recurso extraordinario de casación ha establecido esta
Corporación que: "En cuanto al recurso de casación la Constitución, como se advirtió
antes, aunque sólo se limita a establecer de modo general la competencia funcional de la
Corte Suprema como tribunal de casación, lo erige como un recurso de rango
constitucional, como lo reconoció la Corte Constitucional. Por lo tanto, no ofrece duda que
su regulación en lo que concierne con: procedencia del recurso en razón de la cuantía del
interés para recurrir, de la naturaleza de las sentencias que pueden ser objeto de este; las
formas y los términos para su interposición, su sustentación y condiciones de
admisibilidad, los trámites del recurso y el contenido de la decisión, son cuestiones que
compete regular al legislador autónomamente, aunque respetando los límites antes
señalados"

5.2 A la argumentación expuesta añade luego que la Corte Suprema de Justicia incurre
nuevamente en equivocación al sostener para resolver una petición posterior a la
sentencia dictada por ella, «que la aplicación favorable de leyes que en punto de la pena
resulten menos gravosas, como lo ha dispuesto el legislador, corresponde al Juez de
Ejecución de Penas por un ser un tema propio y exclusivo de la fase ejecutiva de la
sentencia, según lo establece el numeral 7 del artículo 79 de la Ley 600 de 2000», cuando
es lo cierto que es al juez encargado de dictar sentencia al único que le corresponde la
selección de la norma que se ha de aplicar en el caso concreto no sólo en lo que hace
relación al precepto en ella contenido, sino también a la sanción correspondiente pues, de
no ser así, se incurriría en «una fragrante violación al principio de legalidad de la pena

5.7. Mediante auto de 29 de mayo de 2003 la Corte Suprema de Justicia –Sala de


Casación Penal -, al decidir las peticiones formuladas por la Procuradora Primera Delgada
y por el defensor de Diomedes Díaz Maestre para que se adicionara el fallo de 22 de
mayo del mismo año por haberse incurrido en una omisión de pronunciamiento con
respecto a la dosificación de la pena al condenado y dándole para efecto aplicación al
principio de favorabilidad, en razón de la pena establecida para el delito de homicidio
preterintencional en el artículo 103 de la Ley 599 de 2000, decidió negativamente tales
peticiones. Para ello se consideró por la Corte Suprema de Justicia que conforme al
artículo 79 numeral 7 de la Ley 600 de 2000, la aplicación del principio de favorabilidad es
de competencia del Juez de Ejecución de Penas, quien procederá a ello "cuando debido a
una ley posterior hubiere lugar a reducción, modificación, sustitución o extinción de la
acción penal".

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