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Trabajo de Giselle

Estos documentos presentan resúmenes de varias leyendas y mitos de Ecuador. Algunas historias incluyen el Cerro Muerto que se dice tiene forma de un hombre muerto, el Chuzalongo que ataca mujeres, y el Tintín que embaraza a las mujeres jóvenes. Otras leyendas son sobre La Tacona que seduce hombres, la Princesa Triste de Santa Ana, y Cantuña que hace un pacto con el Diablo para terminar una construcción.

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Trabajo de Giselle

Estos documentos presentan resúmenes de varias leyendas y mitos de Ecuador. Algunas historias incluyen el Cerro Muerto que se dice tiene forma de un hombre muerto, el Chuzalongo que ataca mujeres, y el Tintín que embaraza a las mujeres jóvenes. Otras leyendas son sobre La Tacona que seduce hombres, la Princesa Triste de Santa Ana, y Cantuña que hace un pacto con el Diablo para terminar una construcción.

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- El Cerro muerto

Este nombre proviene del conjunto de elevaciones rocosas

que existen en la zona de Playas, vía el Morro. Según las

historias emanadas de los primeros navegantes, estos

vieron unos cerros desde el mar que tenían forma de

hombre echado con las manos en el pecho. De ello, se

desprenden leyendas sobre lo pesado y extraño que era

dicho sitio.

Al respecto existía la creencia de que el lugar estaba

encantado debido a que en la antigüedad era costumbre

sepultar en dicho lugar a los muertos en vasijas de barro

con todas sus pertenencias. Se cuenta que las ánimas

transitaban en la media noche por la iglesia a rezar. Por

otra parte, existen relatos de personas de comunidades

cercanas las cuales han escuchado una banda musical

tocando a altas horas de la noche.


- El Chuzalongo
El Chuzalongo es una criatura enana de piel pálida, ojos

azules o verdes, orejas grandes, nariz achatada y

fracciones deformes. Según algunos relatos comentan que

este personaje posee los pies en sentido contrario, hacia

atrás, con el objetivo de confundir a quienes lo perseguían.

Este personaje acostumbraba a atacar y matar mujeres, las

descuartizaba, y dejaba a su paso una escena sangrienta.

También el Chuzalongo buscaba pelear con hombres, pero

simplemente como un desafío de poder. El Chuzalongo

anda desnudo y para librarse de él los hombres deberán

quitarse una prenda de ropa y arrojarla, y cuando esta

criatura vaya por la prenda se puede huir.

- El Tintín

El Tintín es un personaje de la mitología montubia, y llega

a ser asociado con el Diablo. Como características se

destaca que tiene mediana estatura, sus orejas son grandes

y puntiagudas, y lleva un sombrero de jipijapa. En los


pueblos situados en el litoral costero de Ecuador han

descrito el rostro de este personaje como espeluznante y

malvado. Según la leyenda este personaje busca enamorar

a las mujeres y las embaraza, a través de artimañas, para

posteriormente abandonarlas. Se cuenta que les hacía

promesas, les decía palabras de amor, les cantaba con la

guitarra o simplemente abusaba de ellas.

El Tintín se esconde en los callejones peligrosos y en los

campos, para así buscar jóvenes bonitas y las persigue hasta

su casa. Algunos de estos relatos cuentan que el Tintín se

escabulle por huecos y que atraviesa las paredes, además se

esconde bajo la cama. Una vez que embaraza a las jóvenes

las abandona y busca a otra. Esta leyenda resulta ser

identificativa de la época colonial donde las mujeres no

salían solas a la calle y si una joven salía embarazada, se

decía que era obra del Tintín.

- La Tacona
Esta leyenda tiene sus orígenes en la ciudad de

Esmeraldas, donde se cuenta sobre un fantasma de una


hermosa joven que recorre las calles y seduce a los hombres

cuando hay luna llena. Es así que, los hombres mueren del

susto cuando la joven les revela su espantoso rostro que

evidencia un cadáver esquelético. Según encierra la

historia, este fantasma de la mujer murió luego de ser

violada una noche en un callejón y su espíritu no sabía

que había muerto, por lo que decidió regresar a la casa,

asearse y maquillarse, además juró frente al espejo que

nunca más dejaría que le hicieran daño.

De esta manera el espíritu de la mujer decidió transitar las

calles y recorrer los bares con el objetivo de atraer a los

hombres malintencionados con su vestido rojo y sus tacones

altos. Un día un hombre apuesto invitó a esta mujer a la

playa, y ella aceptó. Posteriormente el hombre quiso abusar

de ella, pero al mirar detenidamente su rostro se espantó y

huyó del lugar. La carrera emprendida por este hombre lo

llevó al cementerio en cuyo lugar, de forma sorpresiva, y lee

el nombre de aquella mujer. Transcurridos algunos años

de esa experiencia el hombre visita la tumba de la joven y

le lleva una rosa roja. Una vez allí se arrodilla y le


agradece porque aquella noche le hizo cambiar y se

transformó en un hombre que no maltrata ni utiliza a las

mujeres. El hombre sintió una palmada en su hombro y

una voz le dijo: “…eso era lo que quería escuchar”, al

voltear una mujer de vestido rojo y tacones se alejaba del

lugar.

- La princesa triste de Santa Ana

En la zona que en la actualidad se conoce como

Guayaquil, vivió un rey que poseía una gran riqueza

dentro de sus fortalezas. Este rey tenía una hija que cayó

enferma y no había una cura para el mal que padecía. Un

buen día apareció un hechicero ante el monarca y este le

ofreció una curar a su hija, pero a cambio el rey debía

entregar toda su fortuna. El rey rechazó esta propuesta, y

ante su negativa un hechizo fue lanzado sobre todas sus

tierras, y así condenó a su pueblo a la desaparición.


Es así que, siglos después los conquistadores españoles al

escalar uno de los cerros de esa zona, uno de estos

expedicionarios encontró a una hermosa princesa, la cual

le brindó dos opciones: la primera era una hermosa

ciudad llena de oro y la segunda ser una esposa devota y

fiel para él. Este conquistador español eligió la opción que

contemplaba la ciudad de oro, ante cuya decisión la

princesa decidió lanzar una maldición sobre él. El español

comenzó a rezarle a la Virgen de Santa Ana para que lo

salvara y la virgen lo rescató. De esta leyenda surge el

cerro donde fue fundada la ciudad de Guayaquil

otorgándole el nombre de Santa Ana.

- Cantuña y su pacto con el Diablo

Cantuña era un conocido indígena en su pueblo, que vivió en la

época colonial, y al que le fue encomendada la construcción del

atrio de la Iglesia de San Francisco en Quito, y el indígena acordó

con los franciscanos terminarla en seis meses. La bonificación

económica por dicha labor era muy buena, pero Cantuña no logró

cumplir con el plazo acordado.

Es así como Cantuña a dos días antes de vencerse el término, toma

la decisión de vender su alma al Diablo a cambio de que este

terminara la edificación del atrio y pusiera todas las piedras

necesarias antes de que salieran los rayos del sol del siguiente día.

El Diablo aceptó dicho trato y de esa forma envió a varios demonios


del Infierno a trabajar en la obra y así poder llevarse el alma del

indígena.

No obstante, Cantuña cuando vio que la obra en la iglesia estaba

casi terminada elaboró un plan para no perder su alma. Por lo

que, Cantuña se acercó al lugar donde estaban las piedras

utilizadas para terminar la construcción del último muro y

escribió la siguiente frase en una de esas piedras: “Aquel que

coloque esta losa en su lugar, reconocerá de inmediato que Dios es

mucho más poderoso que él”.

Al día siguiente el Diablo tomó la piedra entre sus manos y al

mirar el mensaje tallado, de forma inmediata ordenó a su séquito

de demonios regresar al infierno. Es así que, el indígena Cantuña

no solamente logró conservar su alma, sino que además concluyó a

tiempo la construcción y obtuvo el dinero acordado con los monjes

franciscanos.

- La doncella de Pumapungo

La localidad conocida como Pumapungo está localizada en la

ciudad de Cuenca, y que en siglos pasados representó el destino

preferido para descansar por parte de los emperadores incas, en la

actualidad se pueden divisar las ruinas de edificaciones


realizadas en la época precolombina. Respecto a dichas ruinas se

cuenta de que existía en este lugar una fuente sagrada, la cual era

de uso exclusivo del emperador inca.

De igual manera el emperador inca era atendido por unas

doncellas conocidas como “las Vírgenes del Sol”. Estas mujeres eran

educadas y criadas desde pequeñas para que aprendieran

diferentes artes y habilidades, con el objetivo de entretener al

emperador inca. Una de esas “Vírgenes del Sol” se llamaba Nina y

residía en Pumapungo. A pesar de las prohibiciones que existían

Nina se enamoró de un sacerdote del templo y ambos enamorados

tenían la costumbre de encontrarse a la luz de la Luna en los

jardines del templo.

Una vez que el emperador se entera del romance manda a ejecutar

al sacerdote y prohibió que se lo comunicaran a Nina. La doncella

al ver que su amante no acudía a los encuentros murió de tristeza.

En la actualidad se dice que en las noches de Luna llena puede

escucharse el lamento de Nina en las ruinas del lugar.

- El Guagua Auca

Se cuenta que el Guagua Auca es un demonio surgido del alma de

un niño que nació y murió sin ser bautizado. Este demonio


infringe terror a los borrachos que deambulan a altas horas de la

noche por los caminos. La manifestación de este demonio es a

través de un chillido permanente o constante que hace entrar a la

persona en un estado de desesperación. Las personas incrédulas o

los incautos sin saberlo buscan el origen de ese ruido molesto hasta

que encuentran lo que parece ser un niño envuelto en una manta.

Posteriormente las personas una vez que cargan al bebé perciben

como la fisionomía del pequeño cambia y se transforma en un

demonio. Se ha llegado a contar que las personas que se han

topado con el Guagua Auca como resultado han muerto o han

soltado espuma por la boca.

- El padre Almeida

En el Convento de San Diego vivió hace algunos siglos un joven

sacerdote, su nombre el padre Almeida, quien poseía una

particularidad y era la afición que tenía hacia el aguardiente y

la juerga. Es así que, cada noche el padre Almeida de una forma

sigilosa se apoyaba en la escultura de un Cristo yaciente y se

escapaba por una ventana. Esta práctica era costumbre del padre

Almeida realizarla todas las noches por lo que el Cristo cansado de

tanto abuso diario cada noche le preguntaba al padre: “¿hasta


cuándo padre Almeida?” y el padre Almeida respondía, “hasta la

vuelta, Señor”.

Cuando el padre Almeida alcanzaba la calle, este daba riendas

sueltas a su ánimo festivo y tomaba sin control alguno. A la salida

de los primeros rayos del sol el padre Almeida volvía al convento

En principio, el padre tenía como objetivo seguir con este ritmo de

vida, pero el destino le jugó una mala pasada lo cual provocó que

cambiara su modo de vida definitivamente. En este sentido, una

madrugada el padre Almeida volvía hacia el convento

tambaleándose por las calles empedradas de Quito, cuando divisó

un cortejo fúnebre que se aproximaba, al parecerle extraño este tipo

de procesión a esa hora de la madrugada y por la curiosidad que

tenía decidió ver en el interior del ataúd y fue cuando vio su

propio cuerpo. Se dice que el susto le quitó la borrachera al padre

Almeida y este corrió como un loco al convento, del cual nunca

más se escapó.

- Los orígenes de los Cañaris

Los cañaris eran una etnia que vivía en las actuales provincias de

Azuay y de Cañar. Se cree que su nombre tiene relación con la idea


de creer ser descendientes de la culebra y la guacamaya, dos

figuras que tienen importante relevancia en la cosmovisión de este

pueblo y del Ecuador moderno.

Según cuenta la leyenda, en aquellas tierras la diosa Pachamama

mandó un diluvio que cubrió hasta la cima de la montaña más

alta. Todo fue destruido a su paso, y solo dos hermanos

sobrevivieron quienes a duras penas consiguieran llegar a una

cima que todavía no estaba cubierta de agua. Tenían la esperanza

de que en algún momento el nivel del agua bajaría, y decidieron

esperar ahí.

Pero el agua no bajaba, y no tenían forma humana de conseguir

comida con lo que en cuestión de días empezaron a desfallecer.

Pero para su fortuna, y justo cuando estaban a punto de morir por

hambre, los hermanos descubrieron una cueva en la que había

comida. Volvieron al día siguiente y volvió a aparecer comida,

como si por arte de magia se tratara.

No entendían qué era lo que pasaba hasta que un día se dieron

cuenta de que dos mujeres con forma de guacamaya eran las que

les dejaban ahí alimentos diariamente. La belleza de sus plumas y

sus siluetas femeninas enamoraron a los dos hermanos, cuyo amor

fue correspondido y con ellas tuvieron muchos hijos. De esos hijos

nacerían otros hijos, quienes serían los primeros pobladores del

Cañar.
1.

El verso del amorfino,

se acomoda como quiera:

para mí la cola es pecho

y el espinazo cadera.

2.

Allá arriba en ese cerro

tengo un pozo de agua clara

donde se baña mi negra

con vino y agua rosada

3.

¡Qué viva mi amorfino!

que canto con mucho amor,

porque es una joya linda,

folklor de mi Ecuador.

4.

Quisiera ser pajarito

con patitas de algodón

para volar a tu pecho

y tocarte el corazón.

5.
En el patio de mi casa,

tengo una mata de cereza:

cada rama es un abrazo

y cada cereza un beso.

6.

Yo no digo que soy rico

ni que tengo casa é teja;

pero tengo un amorcito

más dulce que miel de abeja.

7.

Si canto el amorfino,

no lo hago por afición:

le canto porque soy montubio

y lo llevo en mi corazón.

8.

El anillo que me diste

fue de oro y se rompió;

el amor que me tuviste

duró poco y se acabó.

9.

La mujer bella y malgenia

es parecida al limón,

la cáscara es la bonita
pero agrio, agrio el corazón.

10.

Son tus manos dos palomas

Y tu boca es un primor

Pero si tu atención no me brindas

A otra entregaré mi amor

1. A un ángel le he preguntado ¿Cuál es el peor castigo? - y él me

respondió: "Amar y no ser correspondido".

2. Fuiste un amigo, después un amor... ahora sólo queda tristeza y

dolor.

3. En el Golfo de México, suspiró un caballero y en ese suspiro dijo:

"No hay amor como el primero".

4. Dices que te vas mañana, que te piensas embarcar, mis ojos serán

el barco y mis lágrimas el mar.

5. Si un cerillo se te apaga no lo vuelvas a encender, si un amor no

te quiso, no lo vuelvas a querer.

6. Aunque sé que no me quieres me conformo con mirarte, pero

quiero decirte que nunca podré olvidarte.

7. Tres veces prendí un cerillo, tres veces se me apagó, una vez

pregunté tu nombre y nunca se me olvidó.

8. Cuando te conocí tuve miedo de hablarte, cuando te hablé tuve

miedo de abrazarte, cuando te abracé tuve miedo de besarte,


cuando te besé tuve miedo de quererte y, ahora que te quiero, tengo

miedo de perderte.

9. Con el lápiz escribí tu nombre, con la punta lo subrayé y al saber

que me engañabas con la goma lo borré.

10. Cara a cara, frente a frente sin poder decir lo que mi corazón

siente.

El lobo con piel de oveja

Un lobo pensó un día cambiar su apariencia para así obtener

comida de forma más fácil. Ni corto ni perezoso, se metió dentro de

una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando

totalmente al pastor. Al atardecer, fue llevado junto con todo el

rebaño al granjero, donde le cerraron la puerta para que ningún

lobo entrara a comerse a las ovejas. Sin embargo, en la noche, el

pastor entró buscando la cena para el día siguiente, tomó al lobo y

creyendo que era un cordero, lo sacrificó al instante.

Las ranas pidiendo rey

Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían,

mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey.


Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca.

Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se

escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no se

movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que

predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el

nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima,

burlándose sin descanso. Y así, sintiéndose humilladas por tener de

monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole

que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo.

Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una

a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.

El viento del norte y el sol

El viento del norte y el sol disputaban sobre sus poderes, y para ver

quién era el más fuerte decidieron conceder una palma al que

despojara a un viajero de sus vestidos. El viento del norte empezó

primero, sopló con violencia, pero el hombre apretó contra sí sus

ropas, el viento del norte asaltó entonces con más fuerza, pero el

hombre, molesto por el frío, se colocó otro vestido. El viento del

norte, vencido, se lo entregó al sol. Este empezó a iluminar

suavemente y el hombre se despojó de su segundo vestido, luego

lentamente le envió sus rayos más ardientes, hasta que el hombre,


no pudiendo resistir más el calor, se quitó sus ropas para ir a

bañarse en el río vecino.

El lobo orgulloso y el león

Vagaba cierto día un lobo por lugares solitarios a la hora en que el

sol se ponía en el horizonte, y, viendo su sombra bellamente

alargada, exclamó:

– “¿Cómo me va a asustar el león con semejante talla que tengo?

¡Con treinta metros de largo, bien fácil me será convertirme en rey

de los animales!”.

Y mientras soñaba con su orgullo, un poderoso león le cayó encima

y empezó a devorarlo. Entonces el lobo, cambiando de opinión se

dijo:

– “La presunción es causa de mi desgracia”.

Las mulas y los ladrones

Dos mulas bien cargadas con paquetes andaban con dificultad por

el camino. Una cargaba sacos con dinero y la otra llevaba granos.

La mula que llevaba el dinero andaba con la cabeza erguida,

como si supiera del valor de su carga, y movía de arriba abajo las

campanas sonoras sujetadas a su cuello. Mientras tanto, su


compañera seguía con el paso tranquilo y silencioso. De repente

unos ladrones se precipitaron sobre ellas desde sus escondrijos, y en

la riña con sus dueños, la mula que llevaba el dinero fue herida

con una espada, y avariciosamente tomaron el dinero sin hacer

caso del grano. La mula que había sido robada y herida se

lamentó sus desgracias. La otra contestó:

– “Estoy en efecto muy contenta de que fui despreciada, pues no he

perdido nada y tampoco me hicieron daño”.

El bobo y la grulla

Mientras un lobo se comía un hueso, se le atragantó en la

garganta, y empezó a correr por todas partes en busca de ayuda.

En su camino se encontró a una grulla y le pidió que le salvara de

aquella situación y que le pagaría por ello. La grulla aceptó,

introdujo su cabeza en la boca del lobo y sacó el hueso atravesado

de la garganta. Entonces, le pidió su compensación al lobo, a lo

que este le respondió:

– “Oye amiga, ¿no crees que es suficiente paga el haber sacado tu

cabeza sana y salva de mi boca?”.


La mosca y la miel

Esta es la historia de una mosca muy golosa que en su vuelo diario

se cruzó con un panal de miel. Ansiosa y con hambre, ¡se abalanzó

sobre él y no paró de comer, comer y comer! La mosca estaba tan

centrada en degustar ese delicioso manjar que no notó que sus

piernas se iban hundiendo en la miel y... ¡acabó muriéndose! Si se

hubiese tomado las cosas con más serenidad... ¡habría podido

sobrevivir!

El caballo y el asno

Un granjero tenía un caballo y un asno y con ellos iba

trasladando su mercancía de un pueblo a otro. Un día, en mitad

del camino, el asno le pidió al caballo que le echase una mano

porque él no podía con tanto y el caballo era más fuerte, pero... ¡el

caballo no ayudó a su compañero y este murió! El resultado: el


granjero echó a lomos del caballo toda la mercancía, haciendo el

camino más costoso para el animal. Fue en ese momento cuando se

arrepintió de no haber socorrido al asno.

La paloma y la hormiga

Una hormiga se acercó a la orilla de un río a beber agua cuando,

de repente, se cayó al arroyo. El viento soplaba tan fuerte que la

corriente la arrastraba, pero por suerte una paloma vio lo que

estaba ocurriendo y acudió en su ayuda. Al poco tiempo, la paloma

se encontró en una peligrosa situación (un cazador intentaba

matarla), pero la hormiga intervino para salvar a su amiga.

El congreso de los ratones

Cansados de los continuos ataques de un enorme gato, los ratones

se reúnen para encontrar una solución. A un ratón se le ocurrió


atar un cascabel al cuello del gato y así podrían saber en todo

momento por donde andaba. La propuesta gustó a todos, pero

quedaba otro asunto que resolver: ¿quién iba a poner el cascabel al

gato? ¡Nadie se ofreció!

La zorra y las uvas

Estaba una zorra durmiendo plácidamente bajo la sombra de unas

vides cuando se despertó, miró para arriba y descubrió la buena

pinta que tenían las uvas. Atraída por estos racimos maduros, se

propuso recoger algunos de ellos, pero por más que lo intentaba no

lograba alcanzar ninguno. ¡Estaban demasiado altos, así que

decidió desistir! De pronto, se dio cuenta de que un pajarito la

estaba observando y, para no quedar ella mal, dijo que las uvas no

estaban aún para comer.

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