Paquito
Salvador Díaz Mirón
Cubierto de jiras, «Buscando comida,
al ábrego hirsutas revuelvo basura.
al par que las mechas Si pido limosna,
crecidas y rubias, la gente me insulta,
el pobre chiquillo me agarra la oreja,
se postra en la tumba, me dice granuja,
y en voz de sollozos y escapo con miedo
revienta y murmura: de que haya denuncia.
«Mamá, soy Paquito; Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras». no haré travesuras».
Y un cielo impasible
Y un cielo impasible
despliega su curva.
despliega su curva.
«¡Qué bien que me acuerdo!
«Los otros muchachos
La tarde de lluvia;
se ríen, se burlan,
las velas grandotas
se meten conmigo,
que olían a curas;
y a poco me acusan
y tú en aquel catre
de pleito al gendarme
tan tiesa, tan muda,
que viene a la bulla;
tan fría, tan seria,
y todo, porque ando
y así tan rechula!
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».
no haré travesuras».
Y un cielo impasible
Y un cielo impasible
despliega su curva.
despliega su curva.
«Me acuesto en rincones Y un cielo impasible
solito y a obscuras. despliega su curva.
De noche, ya sabes,
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan...
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».
Y un cielo impasible
despliega su curva.
«Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tienen la culpa.
Si voy a buscarlo,
él bota la pluma,
se pone muy bravo,
me ofrece una tunda.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».
Eres tú, MAMÁ
De Johana Karolina
Un día, soñaste en tenerme
En ver tu niña entre tus brazos
En demostrar con tu mirada
El verdadero amor.
Nueve meses, los más bellos
Ansiosa me esperaste
Y luego tu amor
Sin reservas me entregaste.
Eres tú, quien la vida me dio
Eres tú, quien a vivirla me enseñó
Y poco a poco por el camino me guías
Para no cometer ningún error.
Eres tú, el ángel que Dios envió
Para llenar mi soledad
Eres a quien nunca voy a dejar de amar
Porque eres tú MAMÁ.
Y el tiempo su curso siguió
Y ahora tu niña creció
Ya no la llevas en brazos
No le cantas en la cuna.
Eres tú, quien la vida me dio
Eres tú, quien a vivirla me enseñó
Y poco a poco por el camino me guías
Para no cometer ningún error.
Eres tú, el ángel que Dios envió
Para llenar mi soledad
Eres a quien nunca voy a dejar de amar
Porque eres tú MAMÁ.
Consejo maternal
Olegario Víctor Andrade
Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día,
(aún me parece que escucho en el ambiente
de su voz la celeste melodía).
Ven y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas
como gota cuajada de rocío.
Tú tienes una pena y me la ocultas:
¿no sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?
¿Quieres que te adivine lo que sientes?
Ven para acá, pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.
Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije,
las causa de mis lágrimas ignoro;
pero de vez en cuando se me oprime
el corazón, y ¡lloro!...
Ella inclinó la frente pensativa,
se turbó su pupila,
y enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:
Llama siempre a tu madre cuando sufras
que vendrá muerta o viva:
si está en el mundo a compartir tus penas,
y si no, a consolarte desde arriba.
Y lo hago así cuando la suerte ruda
como hoy perturba de mi hogar la calma,
invoco el nombre de mi madre amada,
¡y entonces siento que se ensancha mi alma!