Independencia y resistencia en Venezuela
Independencia y resistencia en Venezuela
La independencia de Venezuela fue el proceso jurídico-político desarrollado entre 1810 y 1830 con
el fin de romper los lazos que existían entre la Capitanía General de Venezuela y el Imperio
español. También implicó el reemplazo de la monarquía absoluta por la república como forma de
gobierno en Venezuela. Se produjo el conflicto armado conocido como Guerra de Independencia
de Venezuela entre los ejércitos independentista y realista.
El 5 de julio de 1811 se firma el acta de la independencia, ese día es celebrado en Venezuela como
su día nacional. En esa fecha formalmente a través del documento “Acta de declaración de la
independencia”, Venezuela se separa de España. La sociedad patriótica integrada por Simón
Bolívar y Francisco de Miranda fue la pionera en el impulso de la separación de Venezuela de la
corona española.
Entre los factores influyentes se destacan el deseo de poder de los grupos sociales criollos que
poseían el estatus social y económico pero no político, el descontento de la población por los
malos manejos y por el alza de los impuestos, la introducción de las ideas del Enciclopedismo, la
Ilustración, la declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa, la
Revolución haitiana y el reinado de José I de España.
A finales del siglo XVIII tienen lugar los primeros conatos independentistas en Venezuela. El
primero de ellos intenta dos veces en 1806 invadir el territorio venezolano por La Vela de Coro,
liderado por el general Francisco de Miranda, con una expedición armada proveniente de Haití.
Sus incursiones terminan en fracasos por la prédica religiosa en su contra y la indiferencia de la
población.
La Conjuración de los Mantuanos fue un movimiento que estalló en Caracas en 1808. Los
mantuanos, quienes constituían el grupo social más poderoso de la sociedad, encabezaron un
intento para constituir una Junta de Gobierno que rigiese los destinos de la Capitanía General de
Venezuela a raíz de la invasión de España por Napoleón.
Resistencia indígena
El Período Indígena es la etapa del pasado antiguo de Venezuela caracterizada por el completo
dominio que ejercían cada uno de los aborígenes, desde remotas épocas hasta la llegada de los
españoles. Estos pueblos indígenas fueron los primeros en defender la tierra que heredaron,
mediante una lucha realizada en desigualdad y desventajas, Además se caracterizaban por ser
aplicados a la recolección de tubérculos y en la pesca como medio de sustento., Recolectores,
Cazadores y Pescadores Vinculados a los pueblos andinos. Sin embargan dejaron numerosas
contribuciones y legados a la sociedad, entre ellos el primer ejemplo de defensa de su libertad, su
honor y sus vidas.
La resistencia indígena inició con la llegada de los conquistadores españoles en el año de 1492, lo
cual significó un violento proceso de conquista y colonización de los territorios del continente.
Durante este periodo, los españoles a través de la fuerza y la intrusión cultural, lograron hacerse
de los recursos de estas comunidades y establecer sus creencias hispánicas. Ante ello, muchos
pueblos indígenas tuvieron que enfocar todos sus esfuerzos en la preparación para la guerra,
dejando de lado actividades como la agricultura, pesca y la artesanía.
Uno de los más importantes resistentes que tuvo los pueblos indígenas en nuestro país, fue el
cacique Guaicaipuro, quien perteneció a la etnia del Caribe. El cacique Guaicaipuro logró la
organización entre las tribus del Caribe, y enfrentó a los españoles en el periodo comprendido
entre los años 1555 y 1568. Murió en manos de los españoles, quienes incendiaron su vivienda. En
el año 2001 sus restos simbólicos ingresaron al Panteón Nacional, siendo la primera vez que a un
representante de nuestros pueblos indígenas se le rinde este honor.
Los Indígenas Poseían una cultura muy desarrollada, además de ser pescadores y
cazadores (pesca especializada, por lo que se cree conocían técnicas apropiadas).
Construyeron viviendas palafíticas , encontradas en el Lago y el Delta del Orinoco. Entre estos el
armamento de los guerreros caribes consistía principalmente de arcos, flechas, guaykas,
macanas y hachas de piedra. Los indígenas utilizaban potentes arcos manufacturados con
maderas duras y flexibles como la «macanilla» la longitud era aproximadamente de dos
metros. Las puntas de flecha empleadas en la guerra eran generalmente de madera de macanilla
o de hueso, incluyendo algunas armadas con aguijones de raya, que producían heridas muy
dolorosas. El ástil de las flechas, hecho con cañas de fino grosor, podía llegar a tener un largo de
1.80 metros desde la punta del proyectil hasta el empenaje. Las armas de fuego de ánima lisa,
como los arcabuces de los europeos, por el contrario, funcionaban como las actuales
escopetas, tenían capacidad para diseminar los proyectiles en un amplio espacio, pero poco
alcance.
Los arcos y flechas fueron las armas más populares en la infantería europea hasta la invención de
los fusiles de chispa. El uso táctico de arcos y flechas en una batalla como la de Crecy, se apoyaba
en la presencia de arqueros organizados en batallones que cubrían los flancos dela
caballería y la infantería, capaces de arrojar millares de flechas por minuto sobre el enemigo.
En el caso de nuestros indígenas caribes, los arqueros no parecen haber formado un frente
definido para concentrar su poder de fuego y apoyar a los que guerreaban armados de macanas o
hachas, lo cual limitaba su efectividad en combates contra una fuerza militar organizada como la
de Losada.
Las macanas eran especies de espadas de madera muy dura, hechas con la palma macanilla, las
cuales eran utilizadas simultáneamente como arma de guerra o como instrumento
agrícola para desbrozar las malezas y preparar los campos de cultivo. Las hachas de piedra
eran empleadas tanto para cortar árboles y desforestar la vegetación primaria de los conucos,
como armas para el combate.
Las guaykas eran jabalinas o lanzas de madera dura, cuyo extremo punzante había sido
endurecido exponiéndolo al fuego. Las guaykas se utilizaban tanto en el combate cuerpo a
cuerpo, como a distancia, para lo cual se arrojaban a brazo, tal como las jabalinas
olímpicas que llegan a tener un alcance promedio de 50 a 60 metros.
Durante la época colonial se venía dando un proceso de cambios debido a las rivalidades
existentes entre las clases sociales. Se negaban los atributos de las personas, se mantenían
privilegios y discriminaciones, especialmente a través de la esclavitud, se desconocía la igualdad y
la libertad.
En el orden político los peninsulares tenían todo el poder. La corona española representaba desde
los inicios de la colonia su autoridad con los cargos de virrey, capitanes generales, oidores,
gobernadores y autoridades eclesiásticas, militares y de hacienda, cuyos ocupantes eran
designados por la corona y enviados directamente de España.
Los blancos criollos no podían participar del gobierno. Sólo lo hacían en los cabildos de las
ciudades. Esta discriminación traía descontentos entre los criollos, pues ellos se consideraban con
más derechos que los peninsulares para gobernar en territorio colonial.
En el orden social los criollos eran una clase rica, inteligente y culta y en muchos aspectos se
consideraban superiores a los blancos peninsulares. En lo económico, ya que los blancos criollos
eran descendientes de los españoles, gozaban de una serie de privilegios. Eran dueños de
haciendas, de la producción agrícola y ganadera, de los esclavos y del pequeño comercio.
Los peninsulares, además de tener los altos cargos del gobierno, ejercían su poder en los grandes
comercios, incluso monopolizaban algunas actividades económicas por compañías, obteniendo
grandes beneficios.
Es así como España implementa en América un sistema atrasado y opresivo representado por el
monopolio, y los criollos se vieron obligados a limitar su producción y a pagar grandes impuestos.
Los cabildos eran ejercidos por los criollos, quienes ejercían funciones políticas defendiendo sus
intereses. Su preparación intelectual les permitió estar al día de las nuevas corrientes filosóficas y
políticas expresadas en Europa en esos momentos. Estas ideas fueron tomadas por los criollos y
comenzaron a gestarse los movimientos emancipadores, en los que se manifiesta la inconformidad
contra la Corona Española y se inicia una lucha por la libertad, por la igualdad y la justicia en
Venezuela. Estos movimientos van a ser la expresión de la crisis de la sociedad colonial
venezolana.
En San Antonio, San Cristóbal, Táriba, Bailadores, Lagunillas, Ejido, Mérida, etc., se pronunciaron
las mujeres y los hombres ante las injusticias del gobierno. El gobernador de Maracaibo, a cuya
jurisdicción pertenecía el Táchira, tuvo que someter a la turba, prometiendo suspender el cobro
de contribuciones. Desde Mérida se invita a sumarse a la protesta. Fue el cabildo de Trujillo, en el
acta de la Mesa de Esnujaque del 16 de agosto, quien respondió negativamente a los cabecillas de
los comuneros merideños. Es notorio señalar que algunos cabildos simpatizaban con este
movimiento, en el que se demostró que la lucha por la igualdad y la justicia era una decisión
irreductible, contraria al vasallaje y dispuesta al sacrificio.
Posteriormente, surgió la insurrección de José Leonardo Chirinos, zambo libre hijo de esclavo e
india. Esta insurrección, protagonizada en Coro en 1.795, proclama la república, la libertad de los
esclavos, suprimir los impuestos y la ley de los franceses. Estas ideas fueron gestándose debido a
la Revolución Francesa y al alzamiento de los haitianos.
El abuso de los funcionarios del gobierno en el cobro y retroactivo del tributo de los indios se suma
a las continuas alcabalas a los pardos y negros. Este movimiento, que dura tres días, deja una
huella por el saqueo, incendios y pillaje, produjo la muerte de terratenientes y el pavor de
revolución en la minoría de la población blanca.
Este movimiento fue sometido, Chirinos logra escapar y tres meses más tarde fue apresado y
muerto.
Se inicia en 1.904, cuando un grupo de personajes se reúne muy discretamente para discutir sobre
política. Entre ellos se encuentra José María España, poseedor de grandes ideas democráticas, de
una posición económica respetable, educado e inteligente. A él se une Manuel Gual, capitán
retirado, talentoso, diestro en los idiomas francés e ingles y virtuoso en el violín, quien tenía su
residencia en la hacienda de su propiedad, en Santa Lucia en la Sabana de Ocumare.
El movimiento contaba con un proyecto que tenía 44 ordenanzas. Entre ellas puede mencionarse
la eliminación de los impuestos, el respeto a los valores éticos, el patriotismo, el manejo de fondos
públicos, el castigo ejemplar por la ofensa a las mujeres, etc.
Estos fragmentos de las ordenanzas de Gual y España nos muestran claramente su piso ideológico
contrario a los intereses españoles. Sin embargo, este proyecto no llegó a ejecutarse. El 12 de julio
de 1.797, el Capitán español Domingo Antonio Lander descubre la Conjura y se lo comunica al cura
de la Iglesia Catedral Juan Vicente Echeverría, a la vez que se lo comunican a los representantes de
la Capitanía General, la Audiencia y el Arzobispado. Algunos de los conspiradores son apresados y
Gual y España logran fugarse a las Antillas.
Su cabeza fue llevada al Puerto de La Guaira, otra parte de su cuerpo en la entrada de Macuto,
otra en un sitio llamada Quitacalzón, río arriba de La Guaira, y otro en la cumbre.Don Manuel Gual
muere posteriormente en Trinidad, donde fue envenenado.
Insurrección de Pírela
Pirela contactó al cabo Tomás de Ochoa, queriendo ganar más hombres para la conjura. Pero
Ochoa lo denunció al gobernador Juan Ignacio Armada. Pirela fue apresado, juzgado y sentenciado
a diez años de prisión en La Habana, sin derecho a regresar a Maracaibo. Los tripulantes de los
barcos fueron expulsados y los barcos confiscados.
Francisco de Miranda
Venezuela era en 1.806 una nación sin libertad. El sistema existente era importado, traído de
España. El régimen había sido establecido sobre la desigualdad y la injusticia y no se había logrado
ningún éxito en los intentos por liberarse. Con ese telón de fondo, surge Miranda como un
elemento de cambio, y realiza dos intentos que van a ser el preámbulo de la revolución.
Francisco de Miranda nació en Caracas el 28 de marzo de 1.750. A los 17 años va a España y se
dedica a la carrera militar. Sirvió en Argelia, Marruecos y las Antillas, contribuyó con la
independencia de los EE.UU. y la Revolución Francesa, pero siempre con el ideal de emancipar las
colonias americanas del yugo español.
Movimiento independentista
Si bien es cierto que las rebeliones ocurridas entre 1730 y 1806fueron pieza fundamental de la
reacción anticolonialista en Venezuela, el 19 de Abril de 1810 marca el hito de ser el
primer movimiento independentista propiamente dicho.
Ese día se inició la lucha contra el dominio español en Venezuela. La disolución de la Junta
Suprema de España y la renuncia de Vicente Emparan, el Capitán General de Venezuela,
en un cabildo extraordinario marca el inicio de la lucha de un movimiento popular del 18 de abril
jueves santo y se consolida el viernes santo 19 de abril.
La Sociedad Patriótica, que había sido convocada para ocuparse del desarrollo económico del país,
se convirtió en un foro en donde se llevaron a cabo las discusiones y los discursos que condujeron
a la independencia del país. Entre los más asiduos participantes estuvieron Simón Bolívar y
Francisco de Miranda, a su regreso de Londres.
La primera constitución fue muy similar a la de los Estados Unidos, es decir de tipo
federalista (o descentralizada), en donde las provincias conservaban mucha autonomía y
podían tener sus propias leyes. A pesar de que este sistema fue objetado por varios
miembros de la Sociedad Patriótica (entre ellos Bolívar y Miranda), fue aprobado por la
mayoría.
Esta constitución también estuvo inspirada en las ideas francesas, respetando los
derechos del hombre y dándoles a todos los habitantes el tratamiento de ciudadano, sin importar
la clase social. Había nacido la Primera República.
Sin embargo los realistas, y muchos religiosos que los apoyaban, aprovechándose de la
ignorancia de la gente, decían que aquello era el castigo de Dios. El poder ejecutivo, dividido entre
3 personas (triunvirato) resultaba poco ágil y decidió darle poderes absolutos a Francisco de
Miranda para que defendiera la naciente patria, nombrándolo Generalísimo. Sin embargo, ya era
tarde. Miranda encargó al coronel Ustáriz la defensa de Valencia y al Coronel Simón Bolívar la de
Puerto Cabello. Pero ninguno de los dos logró su objetivo, siendo derrotados.
A Miranda no le quedó más remedio que rendirse en San Mateo el25 de julio de 1812, firmando
un armisticio, el cual no fue cumplido por Monteverde quien lo mandó a encarcelar cuando se
preparaba para ir al exterior.
Igualmente, mandó a matar a miles de personas, incluyendo mujeres y niños, entre los
patriotas (los que apoyaban la independencia). Miranda murió encarcelado en la cárcel de La
Carraca, en España, el 24 de Julio de 1816. También había muerto en forma prematura la Primera
República. Para los principales actores de la revolución anticolonialista la independencia,
fue el primer principio que guio su ideal anticolonial. En el transcurso de sus obras la constante es
que los pueblos americanos debían ser libres de toda dominación extranjera.
Planteaban que cada nación tenía que decidir sobre su propio destino. La independencia, más que
un acto de separación de España, era el respeto propio, la dignidad del pueblo de ejercer su
libertad. No se trataba de cambiar un imperio por otro, era el modo en que los latinoamericanos
existieran en el mundo.
O como afirmara en su Carta de Jamaica, en 1817: Nosotros somos un pequeño género humano
No somos indios ni europeos, sino una especie intermedia entre los legítimos
propietarios del país y los usurpadores españoles: en suma, siendo nosotros
americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar éstos a los
del país y que mantenernos en él contra la invasión de los invasores. En esta visión de lo que era
Venezuela como sociedad al momento de declarar su independencia, Bolívar vislumbra así el
imperialismo norteamericano.
En este sentido, fue Bolívar el primero en comprender que el desarrollo de los Estados Unidos los
conduciría a expandirse por todo el continente y, por lo tanto, era indispensable crear
una fuerza que contrarrestara esa expansión unir en un haz de pueblos libres a
aquellos cuyos intereses históricos, sociales y económicos fueran verdaderamente
comunes. Pero una Hispanoamérica parcelada en un grupo de Estados que lucharon entre sí
(balcanización) era el marco perfecto para los expansionistas yanquis que se proponían
suplantar a España.
A esos propósitos se sumaron los mantuanos de Venezuela, los pelucones de Chile, los plutócratas
de Nueva Granada, los mercaderes de Buenos Aires, etc.
Es aquí, donde chocaban los intereses que defendía Bolívar y los intereses que defendían las
clases criollas económicamente dominantes. Evidentemente que el imperialismo no podía
sobrevivir a su expansión sin el consentimiento de las oligarquías locales de
Latinoamérica y sin esa comunidad de intereses que forman estos sectores dominantes y
retrógrados.
Como mejor podemos comprender los esfuerzos del Libertador por forjar esa gran Nación
que se libraba de los peligros del imperialismo es leyendo y estudiando el
pensamiento de Bolívar, a través de algunas ejemplificaciones sobre los variados sentidos
quedaría a América, muy especialmente, en esos momentos de inmediata diferenciación:
independencia de España y resistencia hacia la política expansionista de Estados Unidos. Desde
1815 (carta de Jamaica) hasta1830 (año de su muerte) Bolívar no deja de formular severas críticas
a los Estados Unidos por su política de simples espectadores, de fingida neutralidad frente al
esfuerzos que llevan a cabo los pueblos de Hispanoamérica en su afán por liberarse del
yugo español.
«El día del triunfo vendremos a ofrecer en el altar del Padre americano, el fruto de
nuestra redención y el brillo y el honor de nuestra historia». José Martí.
Sin duda alguna, el Libertador Simón Bolívar la figura histórica más destacada de nuestra América
en el siglo XIX.
Fue él, quien vislumbró por primera vez la importancia estratégica que para el futuro de su
verdadera independencia tenía la unidad de América Latina, y delineó proyectos
concretos para transformar la sociedad mediante la alianza de los elementos más progresistas
de la incipiente burguesía con los sectores más humildes y explotados, hacia la
construcción de un sistema social más avanzado, equitativo y justo.
Él sabía que no bastaba unir a los ricos; Bolívar fue el primero en entender la necesidad de
incorporar la gran masa del pueblo a la lucha por las transformaciones revolucionarias. Estaba
convencido que sin el respaldo popular a la guerra independentista, la revolución sería
nuevamente derrotada, tal como ocurrió con la primera y segunda república De la
misma manera, comprendía que la incorporación de esos sectores a la lucha anticolonialista, solo
sería posible reivindicando sus necesidades y derechos.
Sabía que resultaba imposible construir un amplio frente revolucionario sin garantizar a los
esclavos el fin de la esclavitud, y la solución al problema de la tierra exigida por indígenas y
campesinos. Era imposible construir el amplio frente sin contar con la mayoría de la nación:
esclavos, indígenas y campesinos.
Ese es el sentido de toda la estrategia política y militar bolivariana. De allí sus permanentes
llamados a la igualdad y a la abolición de la esclavitud como condición para sacar adelante
su proyecto revolucionario. No le extrañaba al Libertador que esa revolución ajena al
pueblo, lejana de sus intereses, poco a poco fuera perdiendo interés para las masas que no
veían ninguna mejora en su situación sino simplemente el cambio de unos explotadores por
otros.
Esta situación fue hábilmente por los colonialistas para alentar al interior, el germen dela contra-
revolución mediante el surgimiento de una terrible fuerza paramilitar que a la postre daría
al traste con el régimen Republicano en Venezuela: los llaneros de Boves . Esos míticos jinetes de
las planicies ganaderas, ubicadas entre las montañas del litoral y márgenes del río Orinoco se
agruparon en torno a un torvo caudillo peninsular llamado José Tomás Boves , quien apelando a su
sentido de Clase, les hacía ver a los grandes hacendados criollos, dueños de las
plantaciones como sus verdaderos enemigos.
Para lograr que los llaneros respaldaran la causa de España, el astuto Boves proclamó
en sus territorios la abolición de la esclavitud y entregó a la furia de su tropa los bienes y mujeres
de los ricos propietarios de Venezuela. Al poco tiempo había logrado consolidar un poderoso
ejército de raíces populares aunque con fines contrarrevolucionarios.
Había llegado a la trascendental conclusión, de que solo los llaneros podían convertirse
en la fuerza social que arrastrase a los plantadores y esclavos a la lucha contra el
colonialismo. Ambas clases estaban objetivamente interesadas en liquidar el dominio
español aunque tuvieran contradicciones entre sí. Además ya no defendían el colonialismo como
lo hicieran en vida de Boves sino que militaban en las filas patrióticas.
El milagro lo habían conseguido Páez, Monagas, Zaraza, Cedeño y Santander. Una vez en territorio
venezolano el Libertador reanudó su febril actividad revolucionaria. Con el propósito de estimular
la permanencia de los llaneros en la tropa, ordenó que los bienes confiscados al
enemigo fuesen repartidos entre los combatientes según su rango y méritos y no mediante la
subasta, como era la costumbre, ya que esta solo beneficiaba a los ricos.
Bolívar también dispuso que se interviniera la mayor parte de las producciones agropecuarias de
las regiones que iba liberando para intercambiarlas por armas y pólvora con el exterior. Todo esto
dentro del más estricto cumplimiento de la Ley.
Los transgresores eran severamente sancionados, aunque se tratase de oficiales de la más alta
graduación: «Ponga usted en arresto (escribió por esos días al Fiscal militar) al jefe del Estado
Mayor de la Caballería por malversación de los intereses del Estado». Siempre se mostró
inflexible contra quienes abusaban del cargo para apropiarse de los bienes públicos.
Por esos días dirige encendidos mensajes a todos los jefes guerrilleros, Piar, Mariño, Arismendi,
Bermúdez, invitándolos a la unidad, mientras tanto se reúne con Páez. Tiene la vista puesta en el
objetivo fundamental de unir todas las fuerzas guerrilleras revolucionarias bajo un
mandato político y militar único e indiscutible. Tarea no muy fácil, si tenemos en cuenta las
ambiciones caudillistas de todos ellos.
Y con este pie de fuerza, basado en un ejército netamente popular, con una conducción brillante,
Simón Bolívar condujo a las fuerzas militares de la república en las siguientes batallas:
28 de febrero de 1813: Batalla de Cúcuta. Derrota al coronel realista Ramón Correa. 31 de julio:
Batalla de Taguanes. Vence al coronel Julián Izquierdo. 5 de diciembre: gana la Batalla de Araure.
15 de junio de 1814: Bolívar y Santiago Mariño derrotados por José Tomás Boves en la
segunda Batalla de La Puerta.
24 de mayo de 1822: la campaña del sur queda virtualmente concluida al vencer el General
Antonio José de Sucre al ejército español en la Batalla de Pichincha.
6 de agosto de 1824: las fuerzas bolivarianas, mandadas por Sucre, ganan la Batalla de
Junín.
9 de diciembre de 1824: tiene lugar la Batalla de Ayacucho, en que capitula ante Sucre el ejército
español y de hecho concluye la dominación española.
Antonio José de Sucre fue uno de los héroes de la independencia latinoamericana más laureados y
admirados. Se destacó como militaren las numerosas victorias que logró en los campos
de batalla evidenciando su talento innato para dirigir tropas. De esta manera consiguió
triunfos fundamentales para liberar al continente del dominio español, siendo la batalla
Ayacucho su mayor obra bélica.
Como político ejerció la presidencia de Bolivia y se preocupó por los servicios públicos y el correcto
funcionamiento de la administración pública. Fue riguroso en el cumplimiento de las penas por
crímenes o hechos de corrupción pero fue piadoso y justo con los vencidos.
Durante ese periodo contribuyó a organizar el Ejército de Oriente siendo ascendió al rango de
teniente coronel. Para el año siguiente presenció la unión de las fuerzas de Occidente y Oriente
en los valles de Aragua. No obstante su ejército fue derrotado y debió exiliarse en las Antillas.
Regresó para proseguir con los esfuerzos de la causa de la Independencia y para 1815
pasó a combatir en Guayana y El Orinoco.
Prosiguió su ascenso militar y para 1819 fue designado General de Brigada por Francisco Zea,
presidente del congreso venezolano, y ratificado un año después en su cargo por El Libertador.
En 1821, fue nombrado Jefe del ejército del Sur de Colombia, en donde logró la independencia
de las provincias de Ecuador en las batallas de Río Bamba y Pichincha. Participó en la batalla
de Junín y ganó la batalla de Ayacucho en 1824, al mando del ejército unido, con lo cual logró el
título de Gran Mariscal de Ayacucho.
En 1818, cuando el general en jefe Simón Bolívar llegó a San Juan de Payara, durante el desarrollo
de la Campaña del Centro, vio a Camejo por primera vez. La valentía y corpulencia del guerrero,
junto a las referencias que le dio el general José Antonio Páez acerca del mismo, despertaron el
interés del Libertador y, en una breve charla que sostuvieron, Bolívar le formuló algunas
preguntas, las cuales fueron contestadas por Pedro Camejo con algo de ingenuidad y sencillez; al
explicar las razones que le llevaron a unirse a las filas del ejército republicano, respondió de
manera sincera que había sido por codicia; pero que luego comprendió que la lucha
tenía otros propósitos más elevados .
Fue uno de los 150 lanceros que participaron en la Batalla de las Queseras del Medio 2 de Abril de
1819 y en esa ocasión, recibió la Orden de los Libertadores de Venezuela.
En la Batalla de Carabobo 24 de Junio de1821, formó parte de uno de los regimientos de caballería
de la primera división comandada por José Antonio Páez.
Eduardo Blanco en "Venezuela Heroica", narra el momento cuando herido de gravedad, Camejo se
presentó ante el general Páez y, con voz desfalleciente le dijo: "Mi general, vengo a decirle adiós
porque estoy muerto". Su ímpetu y arrojo al momento dela batalla lo hace ser un claro
ejemplo para el modelo militar venezolano.
Pensamiento y acción militar de Ezequiel Zamora
Antonio Leocadio Guzmán bautizaría a este sector explotador dominante con un apelativo que
desbordaría sus propias intenciones demagógicas y que sobreviviría a su propia memoria: lo
llamó “la Oligarquía”. En efecto, pronto los sectores populares que se convirtieron en la
audiencia dura de El Venezolano, alimentando las ambiciones solapadas de Guzmán,
hicieron suya aquella calificación política.
La Oligarquía pasó a representar el rostro aborrecible de una República que había restaurado a
sangre y fuego la opresión y el vasallaje contra el que el pueblo insurgió en la Guerra de
Independencia. Entre los pequeños propietarios y comerciantes de los centros urbanos,
devorados y arruinados por las leyes e instituciones que amparaban la usura
desenfrenada de los grandes capitales mercantiles, pero también entre los esclavos
artesanos y criados, entre los manumisos que esperaban la mayoría de edad para
obtener una libertad dudosa.
Bajo la sombra protectora de José Antonio Páez se yergue la "oligarquía conservadora" y tras el
verbo de Antonio Leocadio Guzmán, la crítica feroz al régimen conservador. La Oligarquía
pasó a representar el rostro aborrecible de una República que había restaurado a sangre y fuego
la opresión y el vasallaje contra el que el pueblo insurgió en la Guerra de Independencia.
En 1846 se evidencian enormes contradicciones entre las élites políticas y el malestar de las masas
desposeídas que aguardan todavía mejoras ofrecidas durante la independencia. El general
Zamora, acompañado de otros líderes locales, se pone al frente de importantes movimientos
militares bajo las ideas del liberalismo más radical de entonces.
Zamora los convenció, reunió a los azotes del Llano y los concentró hacia una causa justa y ética:
Tierra y hombres libres. He aquí parte del elemento reivindicativo del ideal zamorano. Unido a
personalidades como la del indio Rangel, conocidísimo insurrecto en los Llanos, Pedro
Aquino y Santiago Pérez, todos hombres de armas y dispuestos a guerrear bajo cualquier
Bandera, emprende Zamora las primeras insurrecciones y su labor de concientizar a estos
luchadores populares.
El primer encuentro será el 1de septiembre. Capitaneados por el indio Rangel, unos
trescientos hombres invaden Güigüe (actual estado Carabobo); luego pasan a Yuma, en donde
ajustician a los empleados de uno de los oligarcas más odiados: Ángel Quintero.
Proceden a liberar esclavos y a instigar a que se les unan. La lucha comienza a tomar matices
raciales que la encarnizan. Se le unen a Rangel más indígenas y negros sometidos a situación de
esclavitud. Los valles centrales y los Llanos se encendieron de principio a fin con las consignas:
Principio alternativo, elección popular, horror a la oligarquía y tierra y hombres libres.
La Guerra Federal se conoce como la guerra más larga y cruenta de nuestra historia. Algunos
estudiosos de este suceso han propuesto considerarla como una guerra de guerrillas, dado que la
mayoría de los encuentros no contaron con más de 300 soldados de un bando y de otro; aun así,
la escandalosa cantidad de enfrentamientos reportó considerables bajas en los ejércitos
tanto oficiales como populares.
La Guerra Federal, en cambio, fue el resultado del cansancio de un pueblo ante las
numerosas desigualdades sociales y raciales presentes. La Guerra Federal se extendió desde
Coro hasta Barinas, teniendo un recorrido que cubrió Cojedes, Portuguesa, Barinas, Guárico y
Apure, zonas difíciles de dominar en acciones bélicas.
El escenario delos llanos le hizo posible a Zamora obtener muchos éxitos en la guerra,
específicamente con la construcción de trincheras y con las marchas y contramarchas, sacándole
el mayor provecho al emplazamiento geográfico.
Este personaje jugaría, junto a su lanza y las condiciones del campo de batalla, un papel
fundamental. José Antonio Páez, uno de los llaneros que más honor hiciera a su origen,
más por su forma de guerrear y su carácter, que por su fidelidad a las causas
revolucionarias.
Las avanzadas además de canalizar las fuerzas del atacante, cumplían con el objeto de causar el
mayor desgaste posible por medio del enfrentamiento con el ejército zamorano situado en tres
puntos medianamente distantes, el caserío La Palma, el Trapiche y la Encrucijada; posiciones
defensivas atrincheradas.
Luego de esta primera resistencia, las fuerzas federales abandonarían las posiciones iniciales para
replegarse a las próximas haciendo creer al enemigo que iban de retirada. En la última posición
(Santa Inés) era en donde los atacantes recibirían la descarga del máximo poder de
combate de la reserva e incrementada por las fuerzas que se habían replegado hasta dicha
posición.
Santa Inés fue un teatro colosal. Contó con la posibilidad, dada la distribución de sus espacios, de
la construcción de trincheras, las cuales tenían, justamente para proveer de mejores resultados al
ataque, una estructura específica. Convencido al fin de lo infructuoso de su empresa, el general
Ramos decidió ordenar la retirada, la cual se efectuó a partir de la medianoche de ese día.
Finalmente, el día 11 de diciembre al amanecer, al advertir la ausencia de los atacantes,
Zamora dispuso lo conveniente para la realización de las reliquias del ejército centralista de
occidente.
Campaña admirable
Hacía poco menos de un año había caído la primera república venezolana, declarada en abril de
1810. Corrían los primeros meses de1813 y el general en jefe del Ejército del Norte, Simón Bolívar,
alistaba a sus tropas en las Provincias Unidas de Nueva Granada para reconquistar su
país. Acompañaban al libertador unos 1.600 hombres, pero debían enfrentarse a un ejército
diez veces más grande, que esperaba refuerzos desde España y las Antillas.
Habría que apelar a una guerra de movimiento, rápida, ágil, que se sobrepusiera al dominio del
tiempo y el espacio que ejercía el más numeroso ejército español. Urdaneta, Girardot, Ribas y
Ricaurte eran los valientes mandos que encabezarían aquella avanzada. Primero fue la
neogranadina Ocaña, en enero de 1813. Un mes más tarde, Cúcuta. Al borde del país venezolano,
el ejército bolivariano acumuló fuerzas y energías para, entonces sí, comenzar la campaña hacia el
norte. Esto sucedió el 14 de mayo de 1813.
A fines de julio, perdieron en Los Horcones (Lara) y días más tarde, el 2 de agosto, Bolívar
entró en el importante bastión de Valencia y, sin demora, el 6 de este mes, a menos de tres meses
de iniciada la avanzada, el pequeño ejército patriota ingresaba en Caracas.
La campaña había resultado “admirable”, y de ahí el nombre con que se la conocería. Recordando
la fecha de inicio de la campaña hacia Venezuela, el14de mayo de 1813, que culminaría con la
instauración de la segunda república venezolana, traemos las palabras de Bolívar, en su proclama
de Trujillo, conocida como “Guerra a muerte”, firmada el 15 de julio de1813.
Campaña de oriente
El 13 de enero de 1813 luego del asalto de las tropas del General del Ejército de Venezuela,
Santiago Mariño a la ciudad de Güiria en el estado Sucre, quedó por iniciada la Campaña de
Oriente. Para ello, 45 patriotas firmaron un pacto en la Isla de Trinidad tras la fuerte persecución
del militar español Domingo Monteverde, quienes se encontraban en el exilio, entre ellos
destacan Santiago Mariño, José Francisco Bermúdez, Agustín Armario, Manuel Piar, entre otros.
En ese documento, todos se comprometían a reconocer a Mariño como jefe supremo de la
expedición sobre Venezuela y mantenerse unidos hasta la muerte a fin de liberar al oriente
venezolano. Entonces, de Trinidad pasaron hacia el islote de Chacachare donde en una
asamblea Santiago Mariño fue nombrado jefe de la expedición y planearon las
operaciones.
Tras la firma del Acta de Chacachare los orientales se embarcan en una goleta cargada
con municiones y zarpan hacia tierra firme, cruzan las Bocas del Dragón y desembarcan en la
península de Paria. Se armó lo que en ese entonces llamaron el grupo de “los cuarenta
y cinco de Chacachare”, estos se dividieron en dos equipos: uno al mando de Mariño y el segundo
con José Francisco Bermúdez.
La columna de Mariño asalta Güiria el 13 de enero tomándola con un ataque tipo comando,
de allí partió Bermúdez en dirección a Cumaná tomando Irapa en el camino el 15 de ese mes.
Luego de meses de enfrentamiento entre el grupo de Mariño y los realistas, estos últimos
embarcan el 03 de agosto de 1813 en los buques de guerra y mercantes que tienen en
Cumaná y se hacen a la mar, combatiendo contra la flota republicana.
Esa noche las tropas de Mariño entran en la ciudad. Cervériz, quien sostenía Yaguaraparo contra
José Francisco Bermúdez, huye hacia Guayana. Finalmente, el 19 de agosto, Mariño toma la
ciudad de Barcelona después de un breve combate.
Cajigal se retira a Guayana. Es así como el oriente del país quedó liberado y Mariño se apresta a
coordinar sus esfuerzos con los de Simón Bolívar, que el 6 de agosto de 1813 había entrado en
Caracas a consecuencia de su victoriosa Campaña Admirable.
Entre 1819 y 1824, Simón Bolívar lideró una victoriosa campaña militar que le permitió otorgar la
independencia a Venezuela, la Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia. A finales de 1826 volvió a
Bogotá a afrontar la crisis de la disolución de su sueño republicano.
El 23 de mayo de 1819, en la aldea La Setenta, a orillas del río Apure en Venezuela, comenzó la
campaña libertadora de la Nueva Granada. Ese día, Simón Bolívar expuso a sus oficiales su
cambio de planes. En vez de concentrar sus fuerzas en la liberación de Venezuela, les explicó que
la idea era tomarse Bogotá, acabar con el virreinato dela Nueva Granada, y después reanudar
la lucha en Venezuela.
La campaña demoró 76 días y terminó con las batallas del Pantano de Vargas en julio y la de
Boyacá en agosto, que permitieron consolidar la independencia de España. Una vez lograda la
victoria, inicialmente se constituyeron los tres poderes públicos -ejecutivo, legislativo y judicial-,
se dieron diversos nombramientos, Francisco de Paula Santander asumió como jefe de Estado en
calidad de vicepresidente, y Bolívar, tras enviar varias expediciones militares a diversas
regiones para garantizar el triunfo militar, partió a Venezuela a reorganizar los ejércitos.
Hacia octubre estaba en Bucaramanga, y luego, por la vía Soatá-Uvita-Chita, cruzó por Boyacá y
Casanare hasta internarse en territorio venezolano, rumbo al Orinoco.
Comenzando diciembre, se reunió con José Antonio Páez, y luego, río abajo, tomó la ruta del
Orinoco hasta llegar a Angostura el 11 de diciembre, para dar pasos decisivos en pro de la
república. El más importante, la expedición de la Ley Fundamental de la República el 17 de
diciembre, a través de la cual se selló la unión entre Venezuela y la Nueva Granada, adoptando el
nombre de Colombia. Ese mismo día, el Congreso de Angostura ratificó a Bolívar en su condición
de presidente y para vicepresidente fue designado el antioqueño Francisco Antonio Zea.
En Bogotá continuó gobernando Santander.
El año concluyó con varios homenajes al general José Antonio Anzoátegui, otro de los héroes de la
campaña, quien sorpresivamente falleció el 15de noviembre en Pamplona.
A comienzos de 1820, mientras Bolívar impartía órdenes a sus principales oficiales, Rafael
Urdaneta, Germán Roscio, Francisco de Paula Santander o Carlos Soublette, entre otros, llegaron
noticias de España que terminaron favoreciendo la causa republicana. El 1 de enero, en la
localidad de Las Cabezas de San Juan, perteneciente a Sevilla, el coronel español Rafael del Riego
se sublevó contra el rey Fernando VII e invocó la derogada constitución liberal de 1812. La
revuelta se expandió por todo el país y para marzo, el rey se vio obligado a aceptar
sus exigencias legales.
La rebelión de Rafael del Riego fue clave para la independencia de las colonias americanas
porque lo primero que produjo fue la suspensión de una nueva expedición militar al
nuevo continente.
Cuando este contingente se preparaba para embarcarse a América y apoyar al general Pablo
Morillo, Del Riego ordenó la detención del jefe de la expedición y con ello las fuerzas republicanas
ganaron tiempo y territorios. En particular, Bolívar regresó a Bogotá, donde llegó a
principios de marzo, no sin antes pasar por El Socorro y rendir un homenaje a las mujeres de la
región.
Producto de la crisis en España, varios presos políticos quedaron en libertad, entre ellos
Antonio Nariño, quien de inmediato, bajo el seudónimo de Enrique Somoyar, empezó
a publicar cartas en La Gaceta de Cádiz, invocando la lucha libertadora y denunciando
los atropellos de Morillo en la Nueva Granada. Entre tanto, el 17 de junio, sorpresivamente
Morillo envió a Bolívar una carta proponiéndole suspensión de armas para adelantar una
negociación pacífica. En julio, Bolívar aceptó la propuesta y, entre el 25 y 26 de
noviembre suscribieron el Tratado de Regularización de la Guerra.
La tregua duró cinco meses y la confrontación se reanudó a partir del 17 de abril de 1821. Del
exterior llegaban noticias favorables a la independencia como la creación del Plan de Iguala
en Méjico que permitió a Agustín de Iturbide dar pasos importantes para la libertad.
A finales de 1821, mientras en Perú el general José de San Martínera proclamado “protector”,
Bolívar avanzaba en la ruta que lo llevó aHuila y Cauca. El nuevo año lo recibió en Cali, listo para
partir hacia Popayán. Tras su paso victorioso por El Tambo o Mercaderes, el 7 de abril triunfó en
Bomboná y entró victorioso a Quito el 16 de junio, fecha en la que conoció a quien sería su
compañera inseparable, Manuela Sáenz.
Un mes después ascendió a las cumbres del Chimborazo, escribió su pieza magistral del
delirio, y se encaminó a Guayaquil para encontrarse con José de San Martín. El resto de 1822 lo
pasó en Ecuador, y sólo hasta agosto de 1823inició su ruta hacia Perú. El 4 de septiembre entró a
Lima. Se quedó en ese territorio hasta el 9 de diciembre que derrotó al ejército español en la
batalla de Ayacucho. En ese momento concluyó la campaña libertadora, razón por la
que Bolívar pronunció una de sus fases célebres: “nunca más volveré a vestir un uniforme”.
Todo el año 1825 se mantuvo en el Alto Perú y sólo hasta septiembre de 1826 emprendió su
regreso a Bogotá. Había transcurrido cinco años y once meses fuera de la capital y empezaba otro
momento de la historia.