LOS CAUDILLOS
El auge del caudillismo fue un fenó meno social de la América Latina posterior a la independencia. Surgen como una
forma de autoridad má s cercana a los problemas de la gente. Durante el período 1820-1835 los caudillos se
transformaron en muchos casos en el ú nico poder real en sus zonas de influencia. Muchos de ellos se transformaron en
gobernadores; otros mantuvieron ejércitos poderosos que desafiaron al poder central y legitimaron sus políticas con el
apoyo de los sectores populares de sus provincias, defendiendo los intereses regionales y su autonomía.
La mayoría de ellos eran terratenientes que se habían destacado en la defensa de las fronteras. No negaron la necesidad
de unió n entre todas las provincias, pero consideraban que esta unió n debía respetar la autonomía política y econó mica
de cada una de sus respectivas regiones.
Luego de sucederse varios directores (bajo el sistema de gobierno unipersonal llamado Directorio) en 1820 las tropas
federales de Ló pez y Ramírez avanzaron contra el director Rondeau y las milicias porteñ as, en la Batalla de Cepeda.
Los vencedores Ló pez y Ramírez, exigieron la desaparició n del poder central y la plena autonomía de las provincias. Ante
la derrota, el director Rondeau renunció y quedó disuelto el poder central. Luego de esto se firma el Tratado del Pilar el
cual establecía que se necesitaba un nuevo gobierno pero eliminando el Directorio. Como resultado se fragmentan las
provincias o regiones quedando gobernadas por un caudillo, mientras Buenos Aires vivió una gran estabilidad con
cambios de gobiernos y crisis sociales.
Los caudillos federales má s destacados fueron José Gervasio Artigas, de la Banda Oriental, Bernabé Ará oz, de Tucumá n,
Martín Miguel de Gü emes, de Salta, Estanislao Ló pez, de Santa Fe, Francisco Ramírez, de Entre Ríos, Juan Bautista Bustos,
de Có rdoba, Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, Facundo Quiroga, de La Rioja, Juan Manuel de Rosas, de Buenos Aires, y
Justo José de Urquiza, de Entre Ríos.
LOS CAUDILLOS
El auge del caudillismo fue un fenó meno social de la América Latina posterior a la independencia. Surgen como una
forma de autoridad má s cercana a los problemas de la gente. Durante el período 1820-1835 los caudillos se
transformaron en muchos casos en el ú nico poder real en sus zonas de influencia. Muchos de ellos se transformaron en
gobernadores; otros mantuvieron ejércitos poderosos que desafiaron al poder central y legitimaron sus políticas con el
apoyo de los sectores populares de sus provincias, defendiendo los intereses regionales y su autonomía.
La mayoría de ellos eran terratenientes que se habían destacado en la defensa de las fronteras. No negaron la necesidad
de unió n entre todas las provincias, pero consideraban que esta unió n debía respetar la autonomía política y econó mica
de cada una de sus respectivas regiones.
Luego de sucederse varios directores (bajo el sistema de gobierno unipersonal llamado Directorio) en 1820 las tropas
federales de Ló pez y Ramírez avanzaron contra el director Rondeau y las milicias porteñ as, en la Batalla de Cepeda.
Los vencedores Ló pez y Ramírez, exigieron la desaparició n del poder central y la plena autonomía de las provincias. Ante
la derrota, el director Rondeau renunció y quedó disuelto el poder central. Luego de esto se firma el Tratado del Pilar el
cual establecía que se necesitaba un nuevo gobierno pero eliminando el Directorio. Como resultado se fragmentan las
provincias o regiones quedando gobernadas por un caudillo, mientras Buenos Aires vivió una gran estabilidad con
cambios de gobiernos y crisis sociales.
Los caudillos federales má s destacados fueron José Gervasio Artigas, de la Banda Oriental, Bernabé Ará oz, de Tucumá n,
Martín Miguel de Gü emes, de Salta, Estanislao Ló pez, de Santa Fe, Francisco Ramírez, de Entre Ríos, Juan Bautista Bustos,
de Có rdoba, Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, Facundo Quiroga, de La Rioja, Juan Manuel de Rosas, de Buenos Aires, y
Justo José de Urquiza, de Entre Ríos.
LOS CAUDILLOS
El auge del caudillismo fue un fenó meno social de la América Latina posterior a la independencia. Surgen como una
forma de autoridad má s cercana a los problemas de la gente. Durante el período 1820-1835 los caudillos se
transformaron en muchos casos en el ú nico poder real en sus zonas de influencia. Muchos de ellos se transformaron en
gobernadores; otros mantuvieron ejércitos poderosos que desafiaron al poder central y legitimaron sus políticas con el
apoyo de los sectores populares de sus provincias, defendiendo los intereses regionales y su autonomía.
La mayoría de ellos eran terratenientes que se habían destacado en la defensa de las fronteras. No negaron la necesidad
de unió n entre todas las provincias, pero consideraban que esta unió n debía respetar la autonomía política y econó mica
de cada una de sus respectivas regiones.
Luego de sucederse varios directores (bajo el sistema de gobierno unipersonal llamado Directorio) en 1820 las tropas
federales de Ló pez y Ramírez avanzaron contra el director Rondeau y las milicias porteñ as, en la Batalla de Cepeda.
Los vencedores Ló pez y Ramírez, exigieron la desaparició n del poder central y la plena autonomía de las provincias. Ante
la derrota, el director Rondeau renunció y quedó disuelto el poder central. Luego de esto se firma el Tratado del Pilar el
cual establecía que se necesitaba un nuevo gobierno pero eliminando el Directorio. Como resultado se fragmentan las
provincias o regiones quedando gobernadas por un caudillo, mientras Buenos Aires vivió una gran estabilidad con
cambios de gobiernos y crisis sociales.
Los caudillos federales má s destacados fueron José Gervasio Artigas, de la Banda Oriental, Bernabé Ará oz, de Tucumá n,
Martín Miguel de Gü emes, de Salta, Estanislao Ló pez, de Santa Fe, Francisco Ramírez, de Entre Ríos, Juan Bautista Bustos,
de Có rdoba, Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, Facundo Quiroga, de La Rioja, Juan Manuel de Rosas, de Buenos Aires, y
Justo José de Urquiza, de Entre Ríos.