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3 Er Año

Este documento presenta información sobre el cuento de autor, incluyendo sus características y diferencias con el cuento popular. Explica conceptos como focalización, tipos de narradores, y analiza el cuento "Salsa Carina" de Claudia Piñeiro como ejemplo. El documento busca enseñar sobre las características formales y elementos del cuento de autor.

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3 Er Año

Este documento presenta información sobre el cuento de autor, incluyendo sus características y diferencias con el cuento popular. Explica conceptos como focalización, tipos de narradores, y analiza el cuento "Salsa Carina" de Claudia Piñeiro como ejemplo. El documento busca enseñar sobre las características formales y elementos del cuento de autor.

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CUADERNILLO DE

PRÀCTICAS DEL
LENGUAJE
CICLO BÀSICO: TERCER AÑO
PROFESORA: BELÈN CRUEL

Nombre y apellido:

Escuela:

Curso:

Turno:

1|Página
EL CUENTO DE AUTOR

Todo cuento es una forma narrativa breve que refleja un mundo de ficción. Pero entre este que vamos a
desgranar hoy y el cuento popular, hay marcadas diferencias: el cuento popular es anónimo, se transmite de forma
oral y contiene elementos de la tradición folclórica. Por otro lado, se encuentra el cuento de autor, el cuál suele
aparecer casi siempre firmado, se transmite de forma escrita (libros) y refleja la originalidad del autor que lo
escribe.

En sus orígenes el cuento era una narración breve, anónima y de transmisión oral que pertenecía a la cultura
popular. Al terminar la Edad Media el escritor ya no es quien adapta relatos conocidos por la comunidad, sino
que se convierte en un creador de ficciones. Las creaciones anónimas se reemplazan entonces por relatos creados
por un individuo.

En el siglo XIX, la figura de autor comienza a cobrar relevancia social en la cultura y en el siglo XX importantes
autores de la literatura argentina se destacaron por su producción cuentìstica, como Jorge Luis Borges, Abelardo
Castillo, Silvina Ocampo, entre otros.

Las principales características del cuento moderno son las siguientes:

• Se relata un único suceso, en el que participan pocos personajes

• Las acciones de estos personajes están en relación con el suceso contado.

• Este suceso se desarrolla en un ambiente especifico, sin grandes traslados.

• La extensión no se prolonga más allá de lo necesario para desarrollar este único suceso, por eso suele ser

breve.

• Se caracteriza por una tensión constante: su desarrollo no abunda en momentos descriptivos y, si los hay, son

funcionales a la tensión buscada.

La recurrencia de determinadas características formales en los textos de un autor es lo que denominamos estilo.
El cuento de autor es aquella narración en la que encontramos marcas propias del estilo de un escritor, más allá
de las características prototípicas de los cuentos.

Un autor se caracteriza por un uso particular y único del lenguaje; la forma de construir personajes y escenarios;
las temáticas que aborda; las voces que elige para narrar, entre otros aspectos.

2|Página
La focalización:

Focalización interna Focalización externa Focalización cero

El foco coincide con un Se narra desde una visión Equivale a un narrador


personaje. El narrador se exterior a la de cualquier omnisciente, donde no hay
instala en la perspectiva de personaje. Esto implica que el restricción alguna. El narrador
uno o más personajes, ya sea narrador sabe menos que los conoce tanto lo perceptible por
desde la primera o tercera protagonistas de la historia, los sentidos como lo
persona. Esta focalización porque solo registra desde imperceptible (pensamientos o
puede ser: afuera, y no puede entrar en su sentimientos de los
conciencia. Así, intenta personajes). El relato no está
• Fija y única: la perspectiva de
mostrar una visión objetiva, focalizado, por eso se
un mismo personaje se
sin tomar partido por ninguno denomina cero. Los narradores
mantiene durante todo el
de ellos. Puede coincidir con pueden revelarnos las
relato.
un narrador testigo o externo a reflexiones y emociones de los
• Variable y múltiple: la la historia. Como lectores, personajes en cada historia.
perspectiva se desplaza de un podemos conocer los
personaje a otro a lo largo del pensamientos de los
relato y el mismo personajes a través de sus
acontecimiento es observado diálogos y acciones.
desde perspectivas distintas.

AUTOR Y NARRADOR

Autor y narrador no son lo mismo. El autor de un cuento es la persona real que inventó y escribió la historia; en
cambio, el narrador no es una persona real, sino una voz imaginaria, es decir, inventada. En el texto descubre
quién es el narrador.

3|Página
TIPOS DE NARRADORES

Los narradores también se clasifican según el conocimiento o el nivel de cercanía que tienen sobre los hechos,
los temas o los personajes y según cómo es su intervención en la trama.

• Narrador protagonista. Es el personaje principal y utiliza la primera persona para relatar la historia. Por eso,
los hechos se cuentan de manera subjetiva, es decir, se incluyen las opiniones, sentimientos e intenciones de
este personaje, pero no se mencionan los pensamientos y sentimientos del resto. Puede suceder que este narrador
no conozca algunos hechos del relato.

• Narrador omnisciente. No participa en la historia y relata los acontecimientos en tercera persona y de manera
objetiva. Además, sabe todo lo que sucedió y cuáles son los sentimientos, pensamientos e intenciones de los
distintos personajes.

• Narrador testigo. Utiliza la tercera persona y, en algunos casos, la primera persona para relatar los
acontecimientos. Es un personaje de la historia, pero nunca es el protagonista, ya que solo observa o los
hechos que le ocurrieron a otros personajes. Existen tres tipos de narrador testigo:
– Testigo impersonal. Narra acontecimientos que presenció, pero en los que no participó. Se suele contar la
historia en presente.
– Testigo presencial. Es un personaje secundario que narra desde su perspectiva los hechos en los que
participaron otros personajes o en los que tuvo poca intervención.
– Testigo informante. Narra lo sucedido como si estuviera transcribiendo los hechos o la información a un
documento oficial.

• Narrador observador. Relata la historia en tercera persona y de manera objetiva, es decir, que no opina sobre
lo acontecido. No participa en la trama y solo puede contar aquello que se percibe con los sentidos, por eso, no
hace mención de los pensamientos, intenciones y sentimientos de los personajes.

• Narrador equisciente. Relata la historia en tercera persona y se centra en contar lo que le ocurrió y lo que sabe
un solo personaje, sobre el que cuenta sus pensamientos, sus sentimientos y sus intenciones. Sobre el resto de
los personajes solo puede hacer conjeturas.

• Narrador múltiple. Se combinan y alternan varios narradores que cuentan una misma historia, es decir, los
hechos se relatan desde múltiples perspectivas.

• Narrador enciclopédico. Relata hechos o explica teorías o conceptos en tercera persona y de manera objetiva
e imparcial. Este narrador no se utiliza en textos literarios, sino en textos científicos o académicos, como
enciclopedias o manuales escolares.

4|Página
Salsa Carina de Claudia Piñeiro

Se detiene frente a la góndola de conservas. Quiere hacer una rica salsa, la mejor que haya hecho. Aunque
sea la misma de siempre. No cocina bien, pero sabe que preparando buenos acompañamientos cualquier plato
mejora. Tres recetas alternó hasta el hartazgo en estos veinticuatro años de matrimonio. Veinticuatro años. Salsa
de champiñones para las carnes, crema de puerros para los pescados y salsa Carina, de tomate, para las pastas.
Se había apropiado de una receta de un viejo libro de cocina y la había rebautizado con su propio nombre. Una
mentira piadosa. No sabe qué sería una mentira «impiadosa», cuando ella miente lo hace por piedad. Se agregan
al tomate vegetales picados en trozos muy pequeños: zanahorias, puerro, alcaparras. Ya los había cortado esa
mañana, lo estaba haciendo cuando apareció Arturo en la cocina. Como todos los primeros sábados de cada
mes, vendrían sus hijos, Marcela y Tomás, que ya vivían solos. Luego de varios desencuentros habían llegado
a ese arreglo: el almuerzo del primer sábado del mes era sagrado. Por eso su asombro cuando Arturo le dijo que
la dejaba. Nada habría cambiado si lo dejaba para después de comer. O sí.

Carina elige dos latas de tomate y las pone dentro del carro donde ya están el frasco de alcaparras, dos botellas
del vino tinto que le gusta a Arturo y las cajas de ravioles. Mira las latas dentro del chango, levanta una y,
después de inspeccionarla, la descarta porque tiene una pequeña abolladura. La cambia por otra. Por qué escoger
una lata abollada si la cobran igual que las sanas. Recuerda una frase que solía usar Arturo: que no te den gato
por liebre. Pobre Arturo. Va hacia la línea de cajas, se para en aquella donde hay menos hombres. Los hombres
hacen mal las compras, piensa, cargan de más y cuando pasan por la caja dudan, se dan cuenta de que no pesaron
las verduras, van a buscar algo que se olvidaron. Arturo nunca hizo las compras. Ni ella le reclamó. Ella no le
ha reclamado nada en veinticuatro años de matrimonio. Él tampoco hasta esa mañana. Aunque lo de Arturo
tampoco fue un reclamo. Reclama quien pide un cambio, una modificación. Él apenas informó, dijo, pero no
pidió nada. Ojalá hubiera pedido.

La última mujer delante de ella avanza y empieza a descargar sus compras. Carina mira la hora. A pesar de
que le llevó tiempo limpiar la cocina, va a llegar bien. Los chicos no vendrán antes de las dos. Le dijo a Arturo:
«¿Y qué les digo a los chicos?». «Yo les voy a explicar», le contestó él, «después». Sí, claro, Arturo siempre
después. Pero antes ella tendría que enfrentarlos y decirles por qué su padre había faltado al almuerzo de todos
los primeros sábados. Trató de convencerlo de que se fuera después de comer. Pero él dijo que no, que ya tenía
la valija lista. La valija, hasta había hecho una valija. Ese no fue el punto, ni la valija lista, ni el almuerzo al que
no se quedaría. Hasta ahí ella estaba aturdida, pero entera. Él agregó que lo estaban esperando. Otra mujer. Y
ese tampoco fue el punto porque siempre hay otra mujer. Pero entonces ella quiso saber qué. No le importaba
ni quién ni por qué ni cómo. Qué. «¿Cómo qué?», preguntó él. Carina le explicó: «¿Qué cosa de mí te hizo
buscar otra mujer, alejarte?». Él habló de generalidades, el tiempo que pasa, el amor que se desvanece, la
cotidianeidad que arrasa con lo que se ponga delante. Fue ambiguo y ella no estaba para ambigüedades. Así que
insistió: «Qué». No lo dejaría ir sin que él diera un motivo concreto. Se lo advirtió. Lo amenazó. «Si no me
decís qué, no te vas». Y por fin él dijo, para que lo dejara ir: «Tu olor, olés raro, olés mal». Ella sintió un hachazo
en el cuerpo. Lo miró perturbada y tal vez él sintió que debía ser más explícito aún, porque agregó: «Huele mal

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tu aliento, tu piel, tu pelo». Esa confesión fue la que cortó el hilo que retiene a las personas para que no pasen
del deseo al acto. Así como ella sintió un hachazo en el cuerpo, tuvo el deseo de que un hachazo lo atravesara a
él. Todavía empuñaba la cuchilla con la que acababa de cortar los vegetales. Y el hilo se había roto.

Carina paga la cuenta, mete las bolsas en el chango y va al estacionamiento. No puede recordar dónde dejó
su auto. Recorre la playa en un sentido y en otro. Un cuidador se le acerca: «¿La ayudo? No se inquiete, le pasa
a mucha gente». Pero ella claro que está inquieta, porque tiene que ir a su casa, terminar la salsa, decirles a sus
hijos que su padre no almorzará con ellos. No quiere que ese hombre la acompañe. Él le pide las llaves, casi que
se las saca de las manos. El cuidador apunta a un lado y al otro hasta que por fin oyen el sonido de una alarma
que se desactiva y ven luces titilando a unos metros de ellos. Carina da las gracias y se dispone a irse, pero el
hombre no deja tampoco que empuje el carro. Carina prefiere no gastar su energía en impedir que el hombre lo
haga. De inmediato se arrepiente, mientras avanzan puede ver el hilo de sangre que chorrea del baúl. Mira al
cuidador; él malinterpreta la mirada: «La ayudo a cargar». Ella sabe que es en vano negarse. «En el baúl no,
cargue todo en el asiento de atrás», dice, y se para sobre una pequeña mancha en el piso, ahí donde siguen
cayendo las gotas. El hombre baja la mirada: «¿Qué pasó, señora?». Carina se inquieta, qué pretende ese
hombre, ella no puede confesar. Evalúa las alternativas de lanzar el carro sobre él y salir corriendo o de volver
a usar la cuchilla que lleva en la cartera. Pero entonces el hombre se sonríe y agrega: «Se ve que estaba muy
distraída esta mañana», mientras señala los pies de Carina.

Recién entonces ella nota que lleva puesto un zapato marrón y otro negro.

Actividad:

1) Buscar la biografía de la autora.

2) Respondemos Verdadero o Falso:

o El cuento habla de una traición

o El marido de Carina murió en un accidente

o Carina ocultó el cadáver en el auto

o Ella quería que que almorzaran todos juntos como cada sábado

3) Señalar con una X la o las opciones correctas para completar las oraciones:

Carina estaba preocupada porque…

o No encontraba los ingredientes de la salsa

o Su esposo la dejó

o No sabía cómo explicarles a los hijos la ausencia del padre

o Los almuerzos familiares la estresaban

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4) Responder:

¿Qué le dice Arturo a Carina para terminar la discusión?

5) Seleccionar la opción correcta

o El narrador no participa de los hechos que se cuentan en los relatos.

o La narración se combina con el comentario del narrador sobre lo que se cuenta.

o La narración desarrolla con detalle el espacio y el tiempo en que ocurren los hechos.

o A medida que avanza la historia, el narrador proporciona indicios de lo que podría suceder.

6) Responder: ¿Qué expresiones generan suspenso?

“El abuelo Martin” de Claudia Piñeiro

Pasa a buscar a su hijo a las nueve en punto, como cada sábado. Así lo acordó con Marina cuando se separaron.
El niño se le abraza a las piernas en cuanto su madre abre la puerta. Casi sin más palabras que un saludo, ella le
da su mochila. Hernán le pide una campera. “No creo que haga falta”, dice ella, pero él insiste. No le aclara que
llevará a Nicolás fuera de la ciudad, a la casa del abuelo Martín, donde la temperatura siempre es menor en unos
grados. Para qué, ella empezaría con sus recomendaciones: que los caballos pueden patear al chico, que el
estanque es peligroso, que no vaya a treparse a ningún árbol. Las mismas recomendaciones que daba cuando
estaban casados y que hicieron que Hernán dejara de ir. Ahora que es tarde, se arrepiente. La muerte del abuelo
Martín, tres meses atrás, canceló cualquier posibilidad de reparación.

Es un día de sol y la ruta está vacía. Hernán pone uno de los cedés preferidos de Nicolás, pero antes de salir
de la ciudad su hijo ya está dormido. Siendo así, él prefiere el silencio y dedicarse a pensar en lo que tiene que
hacer, su madre le encargó ocuparse de la venta de la casa. A él no le cayó bien el encargo; bastante tiene con
sus cosas, pero era el candidato natural para la tarea y no pudo negarse. No sólo había sido el preferido de su
abuelo, sino que además es arquitecto. Qué mejor que un arquitecto para poner a punto una casa que se quiere
vender. En la familia se dice que Hernán es arquitecto por el abuelo Martín. Mientras sus hermanos y primos
andaban a caballo o se metían en el estanque, él lo acompañaba en las múltiples tareas que le demandaba la
casa. El abuelo tenía una empresa constructora y aunque no estudió arquitectura era como si lo hubiera hecho.
Incluso mejor, muchas tareas las realizaba con sus propias manos: levantar una pared, pintar un ambiente,
reparar los techos. Por el cariño que le tiene y si no fuera tan desastroso el estado de sus finanzas después del
divorcio, lejos de venderla, Hernán se quedaría con esa casa.

Pasa la tranquera y se alegra de que su madre se haya ocupado al menos de deshacerse de los animales. Para
él queda, además de las reparaciones, contactar una inmobiliaria, fijar un precio de venta, mandar a hacer una
limpieza profunda. Sin embargo, Hernán tiene muy claro qué será lo primero: tirar la pared que su abuelo levantó
en medio del living, una pared sin sentido arquitectónico que divide el ambiente en dos e interrumpe el paso.
Levantada para tapar un dolor o fijarlo para siempre. Porque en medio de esa pared, frente al sillón preferido de
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su abuelo, cuelga el retrato de Carmiña Núñez, su abuela, a quien Hernán apenas conoció. Muchas tardes,
cuando bajaba el sol, vio a su abuelo sentarse con un vaso de whisky frente a esa pared y admirar el retrato. Una
mujer morena, bonita, luciendo un vestido de encaje blanco que tal vez haya sido el que llevó puesto el día de
su casamiento. Pasaban los años y el abuelo Martín parecía seguir enamorado de ella, aferrado al recuerdo de
su mujer muerta. O eso creía Hernán, hasta que un día se lo comentó a su madre. Ella puso mala cara: “De esa
mujer yo no hablo”. Entonces se dio cuenta de que casi nadie en la familia mencionaba a su abuela, sólo el
abuelo Martín que, cuando insinuaban algún enojo, decía: “Todos hablan, pero nadie sabe”. Muchos años
después se enteró por una prima de que su abuela no estaba muerta, sino que se había ido con otro hombre.
Nadie supo más de ella, si formó otra familia en alguna parte del mundo, ni siquiera si seguía viva o no. Nadie
volvió a mencionarla, excepto el abuelo. Para él ella seguía inmaculada, en su vestido de encaje con el que la
contempló tantas tardes, frente a la pared que Hernán se dispone a tirar.

A poco de llegar, Nicolás ya se mueve en el lugar como si viviera allí. “¿Me querés ayudar?”, le dice Hernán
cuando pasa junto a él con las herramientas. “No”, contesta el niño y se sube a la hamaca que cuelga de un árbol.
Él se ríe, le gusta que Nicolás haga lo que tenga ganas. Entra a la casa, deja las herramientas junto a la pared y
descuelga el retrato. Lo deja a un costado, ya verá cómo deshacerse de él más tarde. Toma cincel y martillo y
empieza a golpear. Se pregunta si Marina, a pesar de haberlo negado, lo habrá dejado por otro, como hizo su
abuela. El cincel se clava con facilidad, la pared es hueca. No le sorprende, no debía sostener nada, apenas un
cuadro. Apoya el cincel y golpea otra vez, los ladrillos casi se le desarman en la mano. Y una vez más. Hasta
que el cincel se engancha y queda atrapado. Hernán tira y la herramienta sale con un pedazo de encaje blanco,
sucio, envejecido. Siente un mareo, como si el aire se hubiera enviciado con algo más que el polvillo, le cuesta
respirar. Se detiene un instante a la espera de no sabe qué. Sus ojos clavados en ese muro a medio demoler. Y
de repente, como si ahora sí lo supiera, rompe la pared con los puños, la desarma, va haciendo a un lado los
pedazos, hasta que aparece el vestido de su abuela y su esqueleto sostenido por la tela que impidió que se
convirtiera en un manojo de huesos. Se le nubla la vista. Busca luz mirando a través de la ventana.

Nicolás acaba de saltar de la hamaca y viene hacia la casa.

Guía de lectura:

a- Indicar con V las afirmaciones verdaderas y con F las falsas

o Los dos cuentos hablan de una traición

o Hernán tiene buenos recuerdos de su abuelo

o Todos hablan de la abuela de Hernán en la casa

o El abuelo escondió el vestido de novia en la pared como un recuerdo

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b- Señalar con una X las opciones correctas para completar las oraciones

o Herman pensaba que…

o Quizá su exesposa lo había dejado por otro

o Se hubiera quedado con la casa si no fuera por su situación económica

o Su abuelo había seguido enamorado después del abandono

o La pared que dividía el living era solo para colgar el retrato de Carmiña

c- ¿Por qué nadie hablaba de la abuela en la familia de Hernán?

d- Resolver la sopa de letras:

Referencias:
❖ Color del vestido de la abuela (6 letras)
❖ El abuelo junto al vaso de whisky admiraba un … (7 letras)
❖ Nombre del niño (7 letras)
❖ Hernán se propone tirar abajo la … (5 letras)
❖ Nombre de la abuela (7 letras)
❖ Profesión de Hernán (10 letras)
❖ Hernán viaja al campo para … la casa (6 letras)
❖ Recomendaciones de la madre. Ella le tiene miedo al … (8 letras)
❖ Hernán le pide a la madre del niño una … para el frío (7 letras)
9|Página
❖ Nombre de la madre del pequeño (6 letras)

“Lo de papá” Claudia Piñero

Si éste no fuera un día especial, Julián –como cada noche desde que se separó de Silvia, hace ya cinco meses–
reemplazaría el juego de llaves de algún departamento de la inmobiliaria por su falso juego, cerraría el tablero,
apagaría las luces y saldría. Apenas con unas pocas pertenencias dentro del bolso de Estudiantes de La Plata
que, miente, usa para hacer deporte. Pero hoy cumple años Tomás, su hijo mayor, y Silvia lo conminó a que,
como parte del festejo, durmiera con él por primera vez desde la separación. En realidad, sus dos hijos dormirán
con él, Tomás y Anita. Silvia fue terminante. Él no pudo poner ninguna excusa de las tantas que esgrimió estos
meses para no dar una dirección exacta. Hasta hacía poco había funcionado, pero ya no. Incluso parecía
desvanecida la ventaja que tenía en cualquier negociación frente a Silvia por el hecho de que era ella quien había
tomado la decisión. Desde el día que le dijo “quiero que te vayas”, él había quedado girando en falso sin entender
qué había pasado para tener que desarmar un matrimonio de quince años. Aún hoy seguía sin entender y con la
esperanza de que a Silvia se le pasara lo que fuera que le había llevado a echarlo de la casa. Lo que fuera, hasta
otro hombre. Y ése era el motivo por el que Julián no se decidía a encarar el tema de dónde vivir, como
corresponde que haga un hombre que se separa: cinco meses después, no se sentía separado. Es más, creyó que
el cumpleaños de Tomás lo pasarían todos juntos, él, Silvia y los chicos, en su casa, la casa de todos. Pensó que
era la excusa ideal para el reencuentro. Pero en cambio Silvia parece que pensó otra cosa, casi en las antípodas.
Fue terminante e incluso se los dijo a los chicos antes que a él, probablemente para no dejarle alternativa. “Hoy
duermen en lo de papá”. Sin sospechar que aún no había “lo de papá”. O que “lo de papá” no era un lugar fijo
sino escoger una llave del tablero de la inmobiliaria para rotar de departamento en departamento y acostarse
adentro de una bolsa de dormir.

El tablero lo había implementado él mismo, hacía años, al poco tiempo de entrar a trabajar en la inmobiliaria
Rosetti. Cuando llegó había dos cajas, en una se tiraban todas las llaves de los departamentos en alquiler y en
otra las de los departamentos en venta. Y hasta ese entonces cada juego iba en un llavero de plástico trasparente,
con logo de la inmobiliaria, donde se podía introducir por una ranura un pequeño papel con la dirección del
inmueble en cuestión. Julián juzgó el método no sólo desprolijo sino peligroso. La desprolijidad se hacía
evidente en el tiempo en que le llevaba a cada empleado encontrar la llave buscada dentro de la respectiva caja,
operativo que muchas veces se realizaba delante del propio cliente, fastidiado y sorprendido. Pero el argumento
con el que Julián convenció al dueño de la inmobiliaria –entonces su jefe directo– fue que si alguien perdía un
llavero por la calle, quien lo encontrara podría cometer con facilidad cualquier tipo de atraco. “No están los
tiempos ni la calle como para perder llaves con la dirección exacta de la puerta que pueden abrir, Rosetti”, había
dicho un Julián de apenas 25 años, bastante más arrogante y seguro de sí mismo que este hombre vacilante en
que se convirtió, veinte años después, por más que el dueño se haya retirado y haya dejado en sus manos –” con
confianza ciega”– el manejo de la inmobiliaria familiar. Rosetti, en aquel lejano tiempo en que apenas se
conocían, aún a pesar de la mirada desconfiada y celosa del resto del personal más antiguo y experimentado que
Julián, accedió a cambiar el método usado desde hacía tanto tiempo por el que proponía ese empleado recién
llegado, el más joven de todos, simplemente porque tenía razón. El tablero lo diseñó y lo mandó a hacer el
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mismo Julián: una caja con tapa de vidrio, para amurar en forma vertical en la pared, con ganchos de donde
colgar cada llavero. Los llaveros rojos correspondían a inmuebles en venta y los azules a inmuebles en alquiler.
Y sobre cada llavero un número dibujado con marcador indeleble que correspondía a la ficha donde se detallaba,
además de las características, la dirección. De ese tablero, Julián escogió en los últimos cinco meses el lugar
donde pasar cada noche, tratando de no dormir dos veces seguidas en el mismo lugar, ni siquiera en el mismo
barrio. Para no aquerenciarse, él estaba de paso, él volvería a su casa.

Pero hoy parece que no será así. Y aunque lo sea en un futuro, es el cumpleaños de Tomás y sus hijos dormirían
con él. Entonces esta noche al dejar la oficina no puede elegir el llavero de cualquier departamento. Él sí podía
dormir en el piso de un ambiente totalmente vacío, pero los chicos no. Las opciones amuebladas son
departamentos en alquiler, francamente deprimentes, puestos a las apuradas para sacarle una renta mayor a algo
que no lo vale. La mayoría de los departamentos en venta están vacíos. El único departamento que se ajusta a
lo que Julián necesita esta noche es el de la calle República de la India, por eso lo elige. Un departamento puesto
a la venta hace tres años a un valor más alto que el de mercado, como si sus dueños en realidad no quisieran
venderlo, y que conserva algunos pocos muebles y objetos de buen gusto que prometieron sacar ni bien hubiera
una oferta concreta. Un lugar que seguramente conserva poco de aquel hogar que fue, pero lo suficiente como
para decir que es “lo de papá”.

Si éste no fuera un día especial, Pedro Mac Laughlin aprovecharía su visita a Buenos Aires, ¿tal vez la última?,
para tomar un whisky en la barra del bar de la calle San Martín donde solía hacerlo cada tarde, hace tanto tiempo
atrás. Salía de la oficina, pero antes de volver a su casa se sentaba en la barra y sin decir nada el mozo le traía
su escocés con hielo. Un rito que empezó cuando era un junior del área financiera y que continuó cada tarde
hasta verse convertido en Director General de la cerealera multinacional para la que trabajaba. Luego vino el
traslado a Londres y su mujer, Sonia, que no estaba convencida de acompañarlo. Su familia en Buenos Aires y
él allá durante meses. Una amante. Dos, tres. Finalmente conoció a Barbra, se enamoró, y cuando ella quedó
embarazada decidió formalizar una nueva familia en Inglaterra y dejar atrás los restos de su familia argentina:
una mujer con la que ya eran dos extraños y un hijo, Andrés, que se las arreglaba para estar lo más lejos posible
cada vez que venía a verlo. El embarazo de Barbra no llegó al quinto mes y ya no intentaron tener más hijos,
pero su nueva pareja estaba consolidada. Durante muchos años intentó mantener el vínculo con Andrés, al
principio viajaba todos los meses, luego cada tres, al tiempo cada seis. Lo llevaba a Londres a pasar las
vacaciones con ellos. O lo intentaba. Y por supuesto le mandaba puntualmente el dinero que correspondía, y
más si Andrés o su madre se lo pedían. Por eso aún le cuesta entender qué fue lo que hicieron tan mal para que
ese vínculo nunca haya funcionado. “¿Qué? Todo hiciste mal, papá”, le respondió su hijo la última vez que lo
vio, tres años atrás. Algún intercambio de reproches más vía mail y por fin silencio durante ¿dos años? Hasta
que hace un mes recibió por correo la participación a la boda de su hijo. Con una mujer que él nunca había oído
nombrar, en una iglesia católica siendo que ellos no lo son. O no lo eran. O al menos él no lo es, aunque no
puede hablar por Andrés, si ya no sabe a quién le reza su hijo, de quién se enamora, de qué se ríe, por qué llora.
Preguntó tímidamente si había fiesta, si podía colaborar con algo. Y la respuesta fue: “Hay fiesta, pero no estás

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invitado. Si te alcanza con la ceremonia religiosa, vení”. Y luego el número de una caja de ahorro donde recibían
“regalos” de boda.

Entonces vino, y acaba de estar en la iglesia. Sentado en uno de los últimos bancos viendo cómo su hijo
esperaba a la novia en el altar. Unas pocas personas lo reconocieron y se acercaron a saludarlo, con cierta
timidez, como si supieran algo que él no sabía. Pero no conocía a la mayoría de la gente que lo rodeaba. Sonia
casi no tenía familia, y la poca que le quedaba a él, nadie muy cercano, no debió haber sido invitada. La mayoría
de los que estaban a su alrededor eran jóvenes, seguramente amigos de su hijo y de la que estaba a punto de ser
su mujer. Por fin entró ella, la novia, del brazo de un hombre que debía ser su padre, y se acomodó junto a
Andrés. Luego las seis espaldas en el altar: su hijo y la novia, los padres de ella, Sonia y un hombre. El hombre
que lo reemplaza, el que ocupa el lugar que debería ocupar él. No le importa si es un novio, amigo, amante o
marido de Sonia, sólo le importa que está junto a su hijo donde debía estar su padre. Pensó que podría resistirlo,
pensó que podría saludar a todos en el atrio. Había cruzado el océano para estar allí, para hacer las cosas bien
por más que dolieran, por más que siempre le quedase la sensación de que no sabía cómo ser padre. Cruzó el
océano para serlo, aunque lo haya sido tan mal estos años a pesar del esfuerzo y de las ganas. “Primero siempre
estuviste vos, siempre primero vos”, le reprochó Sonia muchas veces. ¿Fue así? Tal vez, sí. ¿Y eso está mal?
¿No podía formar una nueva familia y seguir siendo un buen padre para Andrés? Ni si quiera un buen padre, un
padre a secas. El no pudo. Como no pudo tampoco esta tarde en la iglesia. Quiso, pero no pudo. Quiere, pero
no puede. Apenas Andrés le puso el anillo a la novia, se levantó y se fue. Caminó, no sabe cuánto, caminó hasta
no dar más. Pasó por lugares que recordaba con precisión: la casa que compartió con Andrés y Sonia, la oficina
en el Bajo, la plaza donde llevaba a su hijo a patear una pelota número cinco del Manchester United que aún
debe estar en alguna parte, el consultorio del psicólogo donde siguieron intentando mejorar el vínculo
intermitentemente cuando ya no vivía en Buenos Aires, el departamento que compró al poco tiempo de decidir
quedarse en Londres. Quería tener un lugar propio donde estar cada vez que venía, un poco más acogedor para
compartir con su hijo que un cuarto de hotel. Se decidió por uno frente al zoológico, en una linda zona de Buenos
Aires; desde el balcón Andrés podía ver la jaula del elefante. Los primeros años lo usó mucho. Luego cada vez
menos. Por fin nada. Las pocas veces que volvió en los últimos tiempos, decidió que era más práctico quedarse
en un hotel que entrar a un lugar deshabitado, con el aire viciado por la falta de ventilación, con unos pocos
muebles que apenas eran fantasmas de lo que habían sido. A Andrés lo terminaba viendo en algún restaurante,
a las apuradas, su hijo siempre tratando de escaparse de él. Hasta que hace tres años decidió vender el
departamento, ya no tenía sentido conservarlo. Entre todos sus bienes, ése era el único que le producía tristeza
cada vez que sabía de él. La muestra de lo que quiso ser y no fue. El fracaso. Un fracaso tan abstracto, tan
inasible, como la paternidad, como el amor padre hijo. Un departamento que hacía concreta su incapacidad de
ser padre de Andrés.

Aunque parece que no resulta tan sencillo deshacerse de ciertas cosas. En la inmobiliaria le dicen que debería
bajar el precio.

Tal vez sea hora de hacerlo. Tal vez ahora sí.

12 | P á g i n a
3

Julián compró comida en Mc Donalds y una torta de chocolate. Sabe que Silvia no aprobará la comida chatarra,
pero Tomás y Anita sí, y está cansado de hacer las cosas como Silvia quiere. Silvia quiso que se fuera de la
casa, Silvia quiso deshacer el matrimonio, Silvia quiso que los chicos hoy duerman con él. ¿Y él qué es lo que
quiere? Hasta ayer habría dicho: volver a casa, volver con Silvia, que se le pase todo, volver a vivir con sus
hijos. Hoy, esta noche, ya no sabe, se siente confundido por primera vez desde que pasó lo que pasó. Al menos
sabe que quiere hamburguesa con papas fritas para la cena del primer día que dormirá con sus hijos fuera de
casa. De su casa. De la que fue su casa. ¿Cómo llamarla? Legalmente el cincuenta por ciento sigue siendo suyo.
Aunque cada vez lo sea menos. ¿Lo volverá a ser alguna vez? En eso piensa mientras Anita lo ayuda a poner
las velitas en la torta. “¿Seguro que mañana vamos a poder ver el elefante, papá?”. “Seguro, ahora está
durmiendo.” Tomás espera que terminen de armar su torta pateando una pelota desinflada del Manchester
United que vaya a saber qué hacía ahí. Y están a punto de empezar a cantar el feliz cumpleaños cuando Julián
se da cuenta de que no tiene con qué encender las velas. Va a la cocina. Busca en los cajones. Trata de encender
el fuego de la hornalla, pero el chispero no funciona. Cree que va a tener que sacarles el pijama a los chicos,
vestirlos y bajar a comprar fósforos. Tomás se queja, quiere quedarse ahí pateando la pelota. “Que te acompañe,
Anita, es mi cumpleaños, yo elijo.” El comentario de Tomás le hizo acordar a Silvia, “yo elijo”. Casi se enoja
con él, pero prefiere pasarlo por alto y está por llevarse a los dos chicos, así como están, en pijama y descalzos,
cuando siente que alguien pone las llaves en la cerradura. Se maldice por esa costumbre tan de su oficio
inmobiliario de no pasar el cerrojo, de ni siquiera dejar el llavero puesto del otro lado de la puerta. Si cuando
muestra un departamento no hace falta. Pero ahora no está mostrando ese departamento, está festejando el
cumpleaños de su hijo allí. Y más allá de su error no se explica cómo alguien puede estar queriendo entrar al
departamento a esa hora de la noche. El dueño vive en Londres, lo vio una vez en su vida hace como tres años
cuando puso en venta el departamento. Y le dijo que lo vendía porque no pensaba volver a la Argentina. El
portero tampoco tiene llave, se la quitaron después de una discusión que tuvo con Rosetti. ¿Silvia? ¿Silvia que
les quiere dar una sorpresa? Se siente un idiota, se maldice por pensar en Silvia en cualquier circunstancia,
incluso en la más absurda e inverosímil. Sus hijos lo miran esperando que su padre haga algo, inquietos, tal vez
pensando que puede ser un ladrón, o un fantasma. Julián por fin decide enfrentar la situación y va hacia la puerta
en el mismo momento en que ésta se abre y del otro lado está Pedro Mac Laughlin. Julián lo reconoce porque,
tal como esa única vez que lo vio, le hace acordar a Harrison Ford. Es él, no tiene dudas. ¿Cómo puede tener
tanta mala suerte como para que un tipo que vive en Londres y dijo que no pensaba volver regrese justo el día
del cumpleaños de Tomás? “Señor Mac Laughlin”, dice y no tiene ni la menor idea de qué dirá después. Mac
Laughlin lo mira sin decir nada, tratando de entender qué sucede. Recorre con la vista el departamento, los
niños, la pelota del Manchester. Julián intenta ayudarlo : “Soy...”. Mac Laughlin, con la vista clavada en la torta
de cumpleaños, lo detiene: “¿Cómo le va?”, le dice, entra y cierra la puerta detrás de él. “¿Quién es?”, pregunta
Anita. Julián balbucea. Mac Laughlin contesta: “Un viejo amigo de tu papá”, y de camino patea la pelota hacia
donde está Tomás que la ataja sin dificultad. El hombre se detiene en el centro del ambiente y recorre otra vez
su departamento con la mirada, lo hace en círculo, como si fuera una pantalla de trescientos sesenta grados. Por
fin toma una silla y dice: “¿Puedo?”. Julián dice que sí con la cabeza. El hombre se sienta: “Estoy realmente
cansado, gracias”. Tomás, sin dejar de llevar la pelota entre sus pies, se acerca también a la mesa y se sienta
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delante de él. Los separa la torta de cumpleaños con las velas apagadas. “¿Tenés fósforos?”, dice el chico. “Algo
así”, dice Mac Laughlin y saca del bolsillo un encendedor de plata con el que enciende las seis velitas una a
una.

Cuando todas las velas están encendidas, Anita empieza a cantar el feliz cumpleaños. La niña se da cuenta de
que está cantando sola y levanta la voz, casi grita “que lo cumplas feliz”. Mira a su padre y a Mc Laughlin
buscando con un gesto inequívoco que la acompañen. “Que los cumplas... “, grita Anita y se le marca la tensión
en el cuello. Mac Laughlin por fin la sigue. “Que los cumplas”, repiten los dos. Julián se acerca y alza a su hija.
Mac Laughlin le hace un leve cabeceo, como si con ese gesto le diera permiso a Julián para que se sume a cantar
con ellos. Julián llega a cantar apenas la última estrofa. Todos aplauden menos Tomás, que sigue con la cabeza
agarrada con las dos manos, la vista clavada en las velas que arden, dispuesto a pensar con cuidado los tres
deseos que le tocan este año.

“Dos valijas” de Claudia Piñero

Dos valijas. Eso dijo Mauro. Volví a preguntar: «¿Estás seguro?». «Sí, estoy seguro», respondió con paciencia.
Todos me tenían paciencia en aquellos días. «No pueden ser dos», insistí. Pero Mauro ya no dijo nada porque
ahí estaban las dos, en el recibidor del departamento. Apenas se atrevió a señalarlas con las manos abiertas, las
palmas hacia arriba, mientras vacilaba en el marco de la puerta dudando de si entrar o irse. «Pasá y tomamos un
café», le dije. «¿Estás de ánimo? Mirá que no hace falta. Si querés descansar, o estar sola…». «No, tomemos
un café, que me va a hacer bien», dije sin estar segura de qué cosa me podía hacer bien. Mauro me había hecho
el favor de ir a retirar las valijas de Fabián del aeropuerto y no me parecía bien dejar que se fuera sin siquiera
ofrecerle un café. El cuerpo de Fabián lo había retirado mi hermano una semana antes. Y se había ocupado de
todo: reconocer ese cuerpo, organizar el velorio, disponer el entierro. Yo no habría podido. Un infarto en pleno
vuelo. Fabián había subido vivo en Chile y bajado muerto en Argentina. Un médico que viajaba en el avión le
hizo masajes cardíacos y otras maniobras. Pero no fue suficiente. Mi marido murió diez minutos antes de
aterrizar en el aeropuerto de Ezeiza.

Los primeros días después del entierro sólo podía pensar en ese preciso momento, el de su muerte, cuando el
médico miró a alguien, la azafata tal vez, y dijo: «Ya no hay nada que hacer». Pensaba también en los otros
pasajeros, en el resto de la tripulación. Qué habrá pensado cada uno de ellos, qué habrán hecho, cuál habrá sido
la última cara que Fabián vio antes de morir, cuáles los últimos ojos con los que hizo contacto, quién le tomó la
mano si es que alguien se la tomó, quién le habló hasta que se fue. Quizá me concentraba en esos detalles para
seguir pensándolo vivo, para tenerlo conmigo en ese instante anterior a la muerte en el que yo no pude estar a
su lado. Hasta que llegaron las valijas y las preguntas cambiaron.

Mauro me esperaba sentado en el living cuando aparecí con la bandeja y los cafés. «Estaba segura de que había
viajado sólo con una valija», dije otra vez mientras le alcanzaba su taza. «A mí también me sorprendió, no
fueron tantos días. Pero pregunté y me mostraron que las dos etiquetas están a su nombre, de hecho, todavía las
tienen puestas», dijo Mauro, y se acercó a una de las valijas, tomó la etiqueta que colgaba de la manija y leyó,

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«Fabián Tarditti». Luego hizo exactamente lo mismo con la otra: «Fabián Tarditti». Levantó la vista y me miró
como con resignación. «Quizá compró cosas allá y no le alcanzó el espacio, o traía folletería de la empresa. Ya
verás cuando las abras, pero quédate tranquila que las dos son de Fabián.» «Sí, ya veré», le dije, y se me llenaron
los ojos de lágrimas. «Perdóname, estoy harta de llorar», me disculpé. «Es lógico», me consoló, y preguntó:
«¿Cómo está Martina?». «Supongo que mal, se le fue su padre, tan de repente. Pero hace un esfuerzo por
sostenerme a mí, así que me demuestra poco. Espero que se descargue con sus amigas o con su novio». «Seguro
que sí», dijo Mauro. Yo asentí, me tomé mi café y ya casi no hablamos más. «¿Querés que te ayude a llevar las
valijas al cuarto?», me ofreció Mauro antes de irse. Pero le dije que no, todavía no estaba preparada para abrirlas
y encontrarme con las cosas de Fabián. Tampoco quería dormir con ellas en nuestra habitación. Así que se
quedaron allí.

Recién me ocupé de las valijas tres días después; pasaba junto a ellas, salía y entraba, pero no las movía de
donde Mauro las había dejado. La noche en que terminé abriéndolas, venían a comer a casa Martina y Pedro,
su novio, y no me pareció prudente que mi hija se encontrara con ellas así, señalando la presencia de un padre
que ya no estaba. Por eso antes de terminar de poner la mesa las empujé a mi cuarto y ahí las dejé. Comimos,
charlamos, lloramos un poco. Pedro puso música, nos preparó café, cada tanto le tomaba la mano a Martina o
le susurraba algo al oído.

Cuando se fueron por fin me decidí. Tenía que abrir esas valijas, aunque me espantara encontrarme con las
cosas de Fabián, aunque las prendas que sacara olieran a él. ¿Se guardan las prendas de un muerto en los mismos
estantes donde se las guardaba cuando estaba vivo? ¿Por cuánto tiempo? Me acerqué a las valijas. Las dos tenían
candado numérico, pero eso no presentaba ninguna dificultad porque desde que nos vinimos a vivir a este
departamento pusimos siempre en todo candado, locker o cerradura que tuviéramos que compartir los cuatro
números de la dirección de nuestra casa: 1563. Veintiocho años vivimos juntos en Salta 1563, quinto piso,
departamento A. Subí una de las valijas sobre la cama, puse los números del candado en la posición 1563 y el
candado se abrió. Deslicé el cierre. Allí estaban sus cosas, todo ordenado tan meticulosamente como siempre.
No conocí nunca a nadie que hiciera las valijas con la perfección con que las hacía Fabián. El traje gris que
llevaba por si tenía reuniones de trabajo más formales. Su camisa blanca. La corbata azul con pintas rojas. Un
pantalón sport. Su suéter azul. Dos remeras. Los zapatos de vestir y un cinturón del mismo cuero en otro
compartimento. El jean lo traía puesto, lo mismo que su camisa celeste de mangas cortas, sus mocasines y su
campera de lluvia. Todo perfectamente doblado, la ropa interior sucia dentro de una bolsa, las camisas
abotonadas. El perfume, la pasta dentífrica, el cepillo y los artículos para afeitarse en el neceser de cuero que le
regalé para su último cumpleaños. Cada cosa que sacaba olía a él. Lloré. Dejé para último momento el cierre
interior, allí solía guardar los regalos que nos traía de sus viajes. Fabián siempre viajó por trabajo, dentro del
país cuando recién se recibió de arquitecto y durante los años que ejerció la profesión en forma independiente,
y a Chile, Uruguay y Brasil desde que trabajaba como gerente regional para una empresa de equipamiento de
oficinas. De cada viaje nos traía algo, aunque fuera una pavada, algo que nos hiciera sentir que estando lejos
había pensado en nosotras. Cuando Martina se fue a vivir con Pedro, ya no le trajo regalos en cada viaje sino de
tanto en tanto, pero a mí, sí. Deslicé el cierre y metí la mano: saqué un sobre de papel, era de una casa de ropa

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de mujer de Las Condes. Lo abrí, dentro había un pañuelo de seda, color fucsia, con flores celestes, amarillas y
blancas. Me lo llevé al pecho y lloré otra vez.

Decidí que, por un tiempo, hasta que supiera qué hacer con sus cosas, mantendría el placard de Fabián tal cual
estaba. Así que guardé cada prenda en su sitio. Cerré la valija y la subí al estante de donde mi marido la había
bajado el día antes de viajar por última vez. Luego puse la otra valija sobre la cama. Coloqué los números de
siempre en el candado: 1563. Pero esta vez el candado no abrió. Miré los números, dudé de si ese seis era un
seis o un ocho, me calcé los anteojos y volví a chequear los números: 1563. Probé abrir otra vez y nada. ¿Y si
finalmente yo tenía razón y ésa no era una valija de Fabián? Leí yo misma la tarjeta personalizada que aún
colgaba de ella: Fabián Tarditti. Giré los números en el candado y volví a dejarlos en la posición 1563. Tampoco.
Pensé un instante. Probé con su fecha de cumpleaños, con la de Martina, con la mía. No funcionaron. Finalmente
volví a la etiqueta y fue entonces cuando empecé a comprender. Debajo de su nombre estaban la dirección y el
teléfono. El teléfono era el que conocía, el celular que tuvo siempre, ése al que yo lo llamaba. Pero la dirección
era otra: Jonás 764, Pinamar. ¿Jonás 764, Pinamar? ¿Qué dirección podía ser esa? Volví al candado. La
cerradura tenía cuatro posiciones. Hice lo mismo que hicimos tantas veces que nos enfrentamos a candados con
más dígitos que nuestra dirección: agregar nueves a la izquierda. Puse un nueve en la primera posición, luego
un siete, luego un seis y por último un cuatro: 9764. El candado se abrió. Deslicé el cierre, levanté la tapa y me
quedé sin aire. Lo que vi dentro era una copia exacta de lo que traía en la otra valija: el traje gris, la camisa
blanca, la corbata azul con pintas rojas, el suéter, las remeras, los zapatos y el cinturón en otro compartimento,
la ropa sucia en una bolsa, un neceser de cuero. No podía pensar, no terminaba de entender. O no podía entender
aún. Entonces abrí el compartimento donde Fabián guardaba los regalos y allí estaba el sobre de papel del
negocio de Las Condes. Pero había algo más, otra bolsa pequeña. La abrí y saqué lo que contenía: ropa de bebé,
un enterito de algodón celeste con ositos marrones, un babero y un par de zoquetes. Me recosté en la cama. La
cabeza me latía como si fuera a explotar. ¿Dos valijas idénticas significaban lo que se cruzaba por mi mente?
Idénticas no, en una había ropa para un bebé. ¿Y si no qué? ¿Por qué alguien llevaba valijas duplicadas? ¿Una
mujer y un bebé de Fabián en Pinamar? ¿Qué habría hecho Fabián con la otra valija si no hubiera tenido un
infarto en el avión? ¿La habría dejado en la oficina, en el baúl del auto? No podía ser, tenía que haber otra
explicación. Pero si la había yo no la encontraba.

Anduve por la casa de un lado a otro, elegí y descarté amigas con quien compartir lo que me estaba pasando.
Tampoco quería decírselo a mi hermano. Pensé en Martina, en cómo se lo diría, en si se lo diría. También pensé
en llamar a Mauro, el amigo más cercano que tenía Fabián. Al menos el más cercano que yo conocía. Pero
desestimé la idea, era imposible que Mauro supiera, si hubiera sabido no me habría entregado la valija. Habría
protegido a su amigo hasta las últimas consecuencias. La habría entregado allí donde esta valija debía estar. Y
cuando pensé eso, que Mauro habría llevado la valija allí donde debía estar, fue que supe qué era lo que yo iba
a hacer: viajar a Pinamar a entregársela a una mujer que tal vez ni siquiera sabía que Fabián ya no regresaría.

Tomé algo para dormir y dejé que mi cuerpo decidiera qué hora era buena para despertarse. Amanecí como a
las diez de la mañana. Cargué en el auto la otra valija, esa que traía una dirección en Pinamar hacia donde me
dirigía. Nunca había manejado sola en ruta. Nunca incluso había ido a Pinamar desde nuestro casamiento. Sí
antes, de solteros, cuando Fabián tenía un par de obras allí y lo acompañé a verlas. Pero a mí nunca me gustó la
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playa. Así que nuestros destinos siempre fueron otros: Villa La Angostura, Mendoza, Córdoba. Busqué la ruta
más apropiada en Google Maps. Sabía que tenía que tomar la 2 y luego desviar en Dolores. Allí pregunté, en
una estación de servicio. Me indicaron un camino más corto, un poco desolado, pero que me ahorraría más de
cincuenta kilómetros. Y eso hice. Quería llegar cuanto antes. Conocer de una vez a esa mujer y al hijo de Fabián,
para luego volver y olvidarme de ellos. Si podía. Me pregunté desde hacía cuánto estaría ella en su vida. Yo
nunca había notado nada. Fabián había estado un poco distante el último tiempo. Y tal vez los dos estábamos
menos cariñosos, o con menos interés sexual. Pero hacía veintiocho años que estábamos juntos y el hecho de
que decayera su libido o la mía no me pareció alarmante ni mucho menos. Ahora me daba cuenta de que su
libido no había decaído, sino que estaba puesta en otro sitio. ¿Una mujer de qué edad? ¿Treinta y cinco,
cuarenta? Tenía que ser bastante joven para tener un bebé, pero también una edad adecuada como para estar
con un hombre de cincuenta y cinco años. Miré a un lado de la ruta y vi un Cristo gigante que invitaba a un Vía
Crucis en Madariaga, así que supe que estaba muy cerca, que pronto estaría frente a la mujer a la que le
entregaría una valija que no me pertenecía.

¿Qué le diría? ¿Me enojaría con ella? ¿La insultaría? ¿Le daría el pésame? En la rotonda de entrada a Pinamar
me detuve y puse la dirección en el GPS del teléfono: Jonás 764. El GPS buscó y luego me indicó el camino.
Fui despacio, temía llegar y hacer un escándalo. O desmayarme. O no atreverme y volver a mi casa sin dejar la
valija. Ir despacio me permitía tomar coraje. Un rato después me detuve frente a la dirección con la que había
abierto el candado. Era una casa sencilla, con un jardín cuidado delante. Bajé y toqué el timbre. No salió nadie.
Insistí. Y luego otra vez. Un hombre que entraba a la casa vecina me dijo: «Están en el bar». «¿Cuál bar?», le
pregunté. «El del centro», me dijo, «el de la playa en esta época del año lo tienen cerrado». «Ah, claro, dije»,
como si supiera de qué me estaba hablando. Y antes de irme agregué: «¿Me indica el camino? Hace años que
no vengo de visita y tengo miedo de perderme». El hombre se puso junto a mí y dibujó en el aire un mapa que
traté de aprender de memoria. «A Mi Modo, se llama», dijo. Lo miré sin entender. «El bar. Ahora se llama A
Mi Modo, le cambiaron el nombre hace un tiempo. Le digo para que no se confunda, por si no sabía». «Sí, claro,
sabía, pero le agradezco», mentí. Y me subí al coche.

Hice el camino que me había indicado el hombre sin dificultad y ahí estaba el bar: A Mi Modo. Entré y me
senté en una mesa. Enseguida vino una mujer a atenderme, una mujer embarazada, que no podía tener más años
que Martina. No había un bebé, sino una mujer embarazada. Sentí pena por ella, pero también enojo, bronca.
¿Cómo Fabián había podido tener una relación con una mujer de la edad de nuestra hija? ¿Quién era ese hombre
con el que compartí veintiocho años y recién ahora empezaba a conocer? ¿Cómo se puede tener un hijo de una
chica de veintipico a los cincuenta y cinco años? ¿Cuándo pensaba decírmelo? ¿Pensaba decírmelo alguna vez?
«Perdón, señora, ¿qué le sirvo?», dijo la mujer en voz alta, seguramente porque ya lo había dicho antes y no la
había escuchado. «Un café, por favor, un café». Ella desapareció detrás del mostrador. Tuve que contenerme
para no ponerme a llorar. La mujer salió de la cocina a buscar algo, pero alguien la llamó desde adentro:
«Martina…», y la chica volvió a irse. Se me nubló la vista. Mi marido tenía una amante de la edad de nuestra
hija que se llamaba como nuestra hija. Sentí asco. Me lo imaginé diciéndole cosas en la cama y nombrándola
con el mismo nombre que eligió, él mismo, para Martina. Yo quería llamarla Carolina, pero él insistió y yo
acepté. La chica salió de la cocina con el café, caminó hacia mi mesa y lo dejó frente a mí. Luego me acercó un

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servilletero y los sobres de azúcar. «¿De cuánto tiempo estás?», pregunté con la voz ronca, casi sin pensarlo.
«De seis meses. Va a nacer para fin de año». «Qué bien…», dije, «¿es un varón?». «Sí, es un varón», respondió
ella, «si no se equivocó el médico que me hizo la ecografía». «Sos muy joven para tener un hijo». «No tanto,
tengo veintiséis». «Veintiséis», repetí, «uno más que mi hija». Ella sonrió, acomodó una de las sillas de otra
mesa y volvió al mostrador. ¿Cómo decirle a esa mujer, a pesar del rencor que sentía, que su hijo no tendría
padre porque había muerto de un infarto en el avión que lo traía de Chile? ¿Desde hacía cuánto tiempo estaban
juntos? Ella era tan joven. ¿Qué necesidad había tenido Fabián de llevar con esa chica una vida igual a la que
llevaba conmigo? Dos valijas. Me sentía demasiado incómoda, quería irme ya, pero antes debía completar lo
que me había llevado hasta allí. Dejé el café sin tomar y fui al auto. Bajé la valija y volví al bar arrastrándola
conmigo. Cuando entré no había nadie. La llamé por su nombre y el de mi hija: «¡Martina!». Entonces ella salió
de la cocina y me vio allí, parada junto a la valija. «Te traje la valija de Fabián», dije. Parecía asustada, miró
hacia la cocina y gritó: «¡Mamá!». Una mujer muy parecida a ella salió de inmediato, se detuvo junto a la chica
y se quedó mirándome. Por fin, entendí. En sus ojos vi que ella, esa otra mujer, sabía quién era yo, sabía que
Fabián había muerto y por qué estaba allí. Se acercó tomó la valija y dijo: «Gracias por traérmela». Yo en
cambio no pude decir nada. Sonreí, no sé a cuenta de qué; me quedé mirándola un tiempo incalculable, muerto.
Luego me di media vuelta y me fui.

En esa corta distancia que recorrí hasta el auto, pasaron por mi cabeza imágenes de la vida duplicada de Fabián:
las dos valijas, las dos casas, los dos suéteres azules, los dos trajes, las dos hijas con el mismo nombre, sus dos
mujeres. Veintiocho años conmigo. ¿Cuántos con ella? Veintinueve, treinta. Subí al auto y encendí el motor.
Tardé en irme; me llevó un tiempo encontrar el coraje para dejar, por fin, lo que no era mío. Miré una vez más
hacia el bar. En la puerta estaba la otra mujer de Fabián; un paso más atrás, su otra hija. La mujer sostenía en la
mano un pañuelo de seda, color fucsia, con flores celestes, amarillas y blancas.

“Lo mejor de vos” Claudia Piñero

1.

Que a los treinta y cinco años sus padres la quisieran obligar a compartir unos días de vacaciones le resultaba
inadmisible. Que no pudiera negarse la hacía sentir devastada. En el último llamado telefónico le dejaron claro
que si no aceptaba esa propuesta alguno de ellos –en el peor de los casos su madre– volvería de inmediato y se
instalaría en su departamento. No encontró manera de convencerlos de que no corría ningún riesgo. No era
cierto que “el edificio podía haber volado en mil pedazos”, como les había dicho no sabía qué vecina. Rosalía
no lograba entender cómo se las arreglaba su madre para tener informantes en cualquier lugar y circunstancia.
En el colegio, entre su grupo de amigas, en el club, siempre había alguien que le llevaba el cuento que fuera.
Llegó a pensar que alguna noche, sin que ella se hubiera dado cuenta, su madre le había hecho meter un chip en
cierto lugar del cuerpo para monitorear cada uno de sus movimientos. Lo buscó en vano al mirarse desnuda en
el espejo del baño, después de ducharse. Cuando Rosalía le dijo que dejaba la facultad, su madre no se sorprendió
y hasta estuvo de acuerdo: “Para qué vas a seguir yendo si te quedás dando vuelta por los pasillos y ni siquiera
entrás al aula”. ¿Cómo supo? ¿Quién le dijo? Era cierto que Rosalía no entraba al aula, le daba terror pasar la
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puerta. Le transpiraban las manos, le faltaba el aire. Pero no se había atrevido a contárselo, temía que su madre
le dijera lo que le había dicho tantas veces: “¿Es lo mejor de vos que tenés para dar, Rosalía?”. Esa era su
muletilla preferida. “¿Es lo mejor de vos?” Y Rosalía no tenía la menor idea de qué era lo mejor de ella.

2.

Ahora, como en tantas otras ocasiones, su madre supo antes de que ella le contara. “¿Qué vecina, mamá?”
“¿Por qué una vecina mía tiene tu teléfono?” “¿De dónde sacó que el edificio podría haber volado por los aires?”
Su madre no contestó, se limitó a dar órdenes: “Vas a la terminal de ómnibus y tomás el primer micro que te
traiga. Si no estás acá dentro de las próximas veinticuatro horas, nosotros salimos para allá”. Acá, era para su
madre un chalet que tenían en la costa, donde solían pasar parte del verano. Allá, Palermo, frente al botánico,
el departamento en el que Rosalía vivía sola desde hacía cinco años, cuando su madre se convenció de que
ningún hombre la sacaría de la casa familiar. Esa era otra de sus muletillas: “Así no vas a conseguir novio”. Y
Rosalía en eso coincidía con su madre, porque la idea de tener un novio la ilusionaba, pero la aterraba al mismo
tiempo, tanto como entrar al aula de la facultad.

Fue por el gas. Rosalía estaba convencida de que las dos veces fue por culpa del gas. Antes y ahora. “Y lo peor
es que no hay dos sin tres”, dijo su madre cuando ella trató de explicarle por teléfono. Aquella primera vez
Rosalía insistió que no hubo voluntad de matarse sino de dormir. Su madre no le creyó. “Rosalía se quiso
suicidar”, ese fue el mensaje que le mandó a la analista de su hija la mañana que la encontraron tirada en la
cama, llena de pastillas y le hicieron un lavaje de estómago. No la llamó, no le pidió una cita para hablar de
Rosalía o una sesión familiar que incluyera a su padre. Sólo el mensaje. Ella se enteró porque se lo mostró la
analista en la pantalla del teléfono. Y le pidió que le contara qué había pasado. Rosalía le contó y la analista le
creyó. Eso le dio alivio. Pero sus padres se negaron a seguir pagando las sesiones “con un profesional que te
deja al borde de la muerte”. Así que fue dos o tres veces más, y ya no pudo seguir yendo. Aquel mensaje:
“Rosalía se quiso suicidar”, no había sido en realidad una advertencia para que evaluara el riesgo, sino que se
trataba de un mensaje conminatorio –típico mensaje de su madre– que significaba: “No te creerás que te
seguiremos pagando tus honorarios después del error cometido”. No les importó que Rosalía dijera una y otra
vez que fue por el gas. Como lo es ahora. Sus padres no pudieron entenderlo.

3.

El tema del gas había empezado casi un año antes. Nadie en el edificio sabía quién había hecho la denuncia:
un propietario, un inquilino, un repartidor, personal de mantenimiento, un peatón que al pasar por la calle sintiera
olor. Y una vez hecha la denuncia por pérdida en la compañía de gas, rehabilitar el suministro –por más que se
cumplieran todos los pedidos de reparación– podía llevar meses, incluso años. Rosalía pensaba que el anónimo
delator habría sido una mejor persona si hubiera llamado al portero, si hubiera hecho la queja ante el
administrador del consorcio. Pero no, eligió el peor camino, el menos solidario. La denuncia los dejó sin
posibilidad de nada. Porque una vez que el inspector y la cuadrilla entraron al inmueble ya no importó qué caño
perdía. La compañía de gas tomó el edificio completo. De la planta baja al último piso. Y revisaron hasta los

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ascensores. La pérdida era en la planta baja, en la entrada de los autos. Ahí estaba el punto donde se concentraba
el olor a podrido. A huevo podrido. En realidad, el gas natural no huele, eso lo aprendió Rosalía en tantos meses
de obsesión por la falta de gas. Aprendió eso y mucho más. Se convirtió en experta en gas. Leyó todo lo que
pudo, aprendió, investigó. Desde cuestiones esenciales como que el gas natural es inodoro, pero huele mal
porque se le agrega un producto para que los usuarios puedan detectar un escape, hasta cuestiones técnicas como
que la última etapa en la rehabilitación de un edificio es la prueba de hermeticidad.

De inmediato se confirmó que el escape se originaba en la entrada a la cochera. Pero no se conformaron con
eso. “Los del gas son sádicos, tanto olor a cosa podrida les debe hacer mal”, le dijo Rosalía a su psicóloga en
una de aquellas sesiones luego interrumpidas. No se contentan con haber detectado la pérdida que originó la
denuncia, sino que van por más. Departamento por departamento. El edificio donde vivía Rosalía era antiguo,
un edificio coqueto, buscado por las inmobiliarias, pero con los inconvenientes de cualquier inmueble que
tuviera tantos años. Cada departamento estaba adaptado a las normas impuestas por la compañía de gas vigentes
al momento de la última reforma que se le hubiera hecho. El de Rosalía era un departamento impecable. Sus
padres se lo habían regalado cuando cumplió treinta años, asumiendo que sería muy difícil que se casara y que
ya tenía edad para vivir sola. Edad, pero no autonomía, ni mucho menos plata. Rosalía no había podido sostener
un trabajo más allá de unas pocas semanas. No sólo las clases en la facultad le hacían transpirar las
manos, también cada vez que intentó trabajar. Su padre movía contactos, hablaba con amigos, conseguía
vacantes, y ella después se quedaba dando vueltas a la manzana porque le aterraba entrar. Así que un día su
madre tomó la decisión: “Si esto es lo mejor que tenés para dar, no hagamos que tu padre siga quedando mal
con sus relaciones. Nos va a salir más barato pagar los gastos para que vivas sola.”. Así fue que Rosalía se
separó levemente de ellos, aunque el control siguió vigente puertas afuera. Le daban lo justo para vivir y para
algunos gastos extra sólo si ellos los consideraban necesarios. La cuota de un gimnasio “que no te luce”. La
analista, mientras creyeron que hacía bien su trabajo. Una decoradora que dejó el departamento de Rosalía al
gusto de su madre.

Los del gas pasaron por su departamento y le dejaron un papel amarillo con las fallas que encontraron. Ahí
empezó el verdadero asunto. Primero buscar gasista. El administrador del consorcio propuso el mismo que
reparó la pérdida de la cochera, el encargado del edificio recomendó otro y su madre le mandó el suyo. Rosalía
en un acto de rebeldía rechazó el gasista de su madre, hizo tatetí entre los dos restantes y contrató el que proponía
el encargado. Al principio pareció una buena elección, la mayoría de los vecinos habían contratado al otro así
que el elegido por Rosalía tenía más tiempo para atender su caso. Pero con el correr de los meses quedó claro
que era un estafador de poca monta. Después de varios rechazos parecía que el problema del edificio y de la
mayoría de los departamentos estaba solucionado; el inspector hizo las pruebas en la entrada a la cochera y le
dieron gas al edificio y a casi todos los departamentos. Menos a los que había revisado el gasista que propuso
el encargado. Rosalía se desestabilizó con la noticia. “¿Por qué todos sí y yo no, si lo único que había que hacer
en mi departamento era cambiar la rejilla de ventilación?” En la nueva planilla de inspección agregaron que
faltaban planos de la instalación, algo que nunca antes habían pedido. A los otros propietarios no les habían
exigido planos, sólo a ella y un par de departamentos más. “¿Por qué?”, insistió con el gasista. “No busque
explicaciones, esta gente es así. Mañana viene otro inspector y pide otra cosa. Es como cuando la para un agente

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de tránsito en una esquina y le pide los documentos. Aunque usted tenga todo en regla, a las pocas cuadras lo
puede parar otro y pedir más”. Rosalía mandó a hacer los planos que pagó su padre. Unas semanas después
volvió el inspector, otro inspector, y pidió la prueba de hermeticidad. El gasista la hizo y le aseguró a Rosalía
que esta vez no habría problemas. Volvieron a pedir la inspección. Vino el inspector, otro inspector que escribió
en el papel amarillo “falta ajustar caños externos con precintos”. “¿Por qué me pide eso a mí si son caños del
edificio? Que se lo pida al consorcio”, se quejó ella. “No despierte la perdiz que si le vuelven a cortar al
consorcio los vecinos la van a odiar”, le advirtió el encargado. Y Rosalía no quería que la odiaran. El gasista no
podía poner los precintos porque era un trabajo en altura y recomendó a un “silletista”. También aprendió eso,
que un silletista es un hombre que se sube a una silla para hacer trabajos en altura. Y que se debe contratar un
seguro por si se cae. Eso y tantas otras cosas aprendió en meses y meses de convivir con el problema del gas.
Hasta podía repetir de memoria la definición de gas natural que aparece en Wikipedia. Que las reservas probadas
alcanzan para 50 años más. Que la combustión produce el efecto invernadero. Que el centro de atención al
cliente más cerca de su casa está a diez minutos a pie. Que según el manual del usuario “antes de finalizar la
comunicación, el operador telefónico del CCAU indicara el número de reclamo asignado”.

Después del silletista volvió el inspector. Otro inspector. Y dijo que todo estaba en condiciones para pedir el
nuevo medidor. Rosalía abrió un Cabernet y brindó con el gasista y el encargado. Pero cuando unas semanas
después vinieron con el nuevo medidor, los caños no coincidían con el nuevo formato y se lo llevaron de vuelta.
Fue un golpe mortal para Rosalía. Llamó al gasista a los gritos, él se defendió: “¿Sabe lo que pasa? Esta gente
quiere plata, hay que estar cuando va el inspector, semblantearlo y tirarle unos mangos. Si no, esto no se termina
más”. A Rosalía no le gustaba coimear a nadie, pero sus nervios le exigían una resolución. Su madre ya le había
comprado pava eléctrica, horno eléctrico, estufas eléctricas, anafe eléctrico. Pero ella se resistió a instalar un
calefón eléctrico y el agua fría la estaba matando. Quería tener gas como el resto del edificio. Juntó un dinero y
se lo dio a su gasista que se ofreció para hacer él mismo “la tarea sucia”. Esperó la nueva inspección, pero
cuando llegó el inspector, el gasista y su plata no aparecían por ninguna parte. Ella intentó echarlo con cualquier
excusa, y que volviera cuando estuviera el gasista. Discutió con el inspector en la entrada del edificio, a los
gritos. Llamó al gasista innumerables veces, pero tenía el teléfono desconectado. Siguió gritando. Llamaron a
la policía. Se encerró en su cuarto y tomó un ansiolítico para tranquilizarse. Después otro, otro más y otros.
Nunca se enteró que ese mismo día le dieron el gas. Ni que el gasista se quedó con su plata. Cuando su madre
la trajo al departamento después del lavaje de estómago le preparó un té en la hornalla de gas y ella se puso a
llorar de la emoción ante la llama. “¿Esto es lo mejor que tenías para dar, Rosalía?, ¿suicidarte por un problema
doméstico?” Ella le explicó que no quiso suicidarse, que solo quiso volver a la calma y dormir, dormir, y seguir
durmiendo. Pero ese día no la irritó que su madre no le creyera porque al fin tenía gas.

4.

Tomó el primer micro que consiguió. Su padre la esperaba en la terminal. “¿Será posible, hija?” “Fue por el
gas papá”. Otra vez había sido por el gas, como cuando le lavaron el estómago. Dos días antes del nuevo
episodio, estaba volviendo del gimnasio y cuando entró al edificio vio a un empleado de la compañía de gas.

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Temió lo peor, que otra vez se le cortaran el suministro a ella. Se acercó y le preguntó qué hacía ahí. El hombre
no le contestó. Rosalía empezó a los gritos, el encargado trató de calmarla, le dijo que venía para otro
departamento. Pero ella no le creyó. Subió corriendo al suyo, abrió las hornallas y esperó que saliera el gas.
Salía y se alivió. Se quedó controlando que no se lo cortaran, sin moverse, sentada frente a la hornalla abierta.
La cocina se llenó de olor a huevo podrido, pero no le importó. No le importó nada de nada, sólo que el gas
siguiera saliendo. Hasta que se desvaneció. Luego no recuerda nada, sólo que un médico que trajo el encargado
del edificio la revisaba en el sillón del living, las ventanas del departamento abiertas de par en par. Y el llamado
de su madre desde su casa de la costa. No le quedó más remedio que aceptar sus órdenes. Allí estaba otra vez,
veraneando como cuando era adolescente. En casa que detesta, en esa playa que detesta, junto a esos padres que
–Dios la perdone– detesta.

El día se le hizo muy largo. Bajó a la tarde a caminar por la playa, cuando ya casi no quedaba nadie. Se sentó
en un médano a mirar el mar. Unos minutos después, un hombre se sentó cerca de ella con un libro. Leyó un
largo rato en silencio. A Rosalía le empezaron a transpirar las manos. Él le pidió fuego, pero ella no fuma. El
hombre sonrió, tenía la mejor sonrisa que haya visto nunca. “Mejor, me ahorrás nicotina en los pulmones”, dijo
él. Y se acercó para mostrarle el libro que leía. Le dijo que si quería cuando lo terminaba se lo prestaba. “¿Nos
vemos mañana a esta hora por acá?” Ella dijo que sí. Transpiraba toda, no solo las manos. Subió al departamento
excitada, se encerró en el cuarto. Bailó frente al espejo.

Esperó con ansiedad que fuera el atardecer del día siguiente. Creyó que lo ocultaba bien porque su madre no
hizo ningún comentario. A la hora pactada bajó a la playa. Él estaba allí. Le dio el libro, le dijo que lo había
terminado la noche anterior pensando en ella. Y que no hacía falta que se lo devolviera. Que era un regalo.
Rosalía se emocionó, se le llenaron los ojos de lágrimas y para disimular le dijo que la conmovía el atardecer
frente al mar. Él le dijo que si la conmovía el atardecer, “el amanecer con el sol saliendo entre las olas te va a
enamorar”. Y ella, que ya se sentía enamorada, sonrió. No quiso pensar en su madre, en si ese hombre le gustaría
para ella, ni en la transpiración que le recorría el cuerpo, mucho menos en el episodio del gas que la había traído
hasta esa playa. Trató de concentrarse en ese hombre y en el mar que estaba frente a ellos. Fue entonces que él
se alejó a encender un cigarrillo al reparo del viento. En ese momento entró un mensaje en el celular que había
dejado junto a ella, en la toalla donde se sentaron los dos, juntos, muy cerca. “Creo que es hora de que Rosalía
vaya subiendo”, vio iluminarse en la pantalla. No entendió el mensaje. ¿Quién le hablaba de ella? Miró el
nombre y no se dio cuenta en ese instante, o no quiso darse cuenta. Ella la tiene registrada en los contactos como
“mamá”. Su nombre y su apellido de soltera la confundieron unos segundos. Hasta que la confusión se disipó y
le pareció que el corazón le iba a explotar. Él volvió con el cigarrillo encendido. Le ofreció una pitada. Ella, con
la vista clavada en el horizonte, no respondió. “Que belleza, ¿no?”, dijo él y miró el celular. “¿Te parece que
vayamos yendo?” Le propuso. Ella se levantó como un resorte y caminó hacia la ruta.

5.

No lloró, no tomó pastillas, sólo esperó. Otra vez fue al gas. Esperó a que sus padres se durmieran. Fue a la
cocina, abrió las hornallas –incluso la del horno– y aguardó hasta sentir el olor a huevo podrido. Entonces se
fue. Cruzó la ruta, caminó por la playa a oscuras. Caminó esperando el amanecer.

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“Coherencia y cohesión textual”

¿Qué significa coherencia y cohesión textual?

Para que un texto sea comprensible y se pueda identificar el tema que aborda, es necesario que su construcción
interna presente dos elementos cruciales que de seguro has escuchado alguna vez: coherencia y cohesión.

¿Qué es la coherencia?

Es un recurso lingüístico formal que tiene la finalidad de organizar el texto de manera tal que las ideas presenten
conexión entre sí para entregar un mensaje comprensible.

¿Cómo saber si un texto es coherente?

Si puedes responder la pregunta “de qué se trató lo que leí”, entonces sí había coherencia en él.

Existen dos tipos de coherencia:

• Coherencia global: se observa cuando a lo largo de un texto, ya sea de una o quinientas páginas, es posible
determinar una idea clara o un tema preciso. Coherencia local: corresponde a las relaciones que se establecen
en las distintas partes de un texto, entre oraciones y párrafos.

¿Qué es la cohesión?

Es una propiedad fundamental del texto que le proporciona sentido tanto a los enunciados (frases u oraciones)
como al conjunto de estos.

La cohesión de un texto dependerá de la distribución y el orden de los elementos que componen una oración,
estos pueden ser palabras que funcionan como conectores o signos de puntuación.

Los procedimientos de cohesión

23 | P á g i n a
Referencia

La relación de referencia se establece en dos direcciones:

a. hacia afuera del texto, es la relación que se entabla entre las expresiones contenidas en el texto y las
entidades del mundo real;

b. hacia adentro del texto, la relación que se establece ente las expresiones contenidas en un texto.

Elipsis
El término elipsis significa omitido, tácito o sobreentendido. El procedimiento de cohesión denominado elipsis
consiste en omitir (elidir) términos o construcciones que ya han aparecido antes en el texto y que el receptor puede
reconstruir.

• ¿Dijo el Decano que firmaría el convenio? Sí. Lo dijo (lo eludido/suprimido: que firmaría).
• El profesor no vino a tomar examen. Está enfermo (lo eludido/suprimido: él, el profesor).

Conectores

Los conectores son eslabones que van relacionando distintas partes de un texto y ayudan al lector a seguir el
hilo facilitando su comprensión. Nos dan pistas, muestran una marca, la señal de una conexión, por eso también
se los denomina marcadores textuales, por eso son tan importantes cuando leemos y redactamos.

24 | P á g i n a
Mecanismos léxicos

Otro procedimiento de cohesión es la reiteración léxica que se describe como la repetición idéntica de un término
o la reiteración conceptual por medio del uso de sinónimos, antónimos, hiperónimos, hipónimos.

Sinónimos: por ejemplo, por universidad, casa de altos estudios.

Antónimos: por ejemplo, ausente-presente; sabiduría-ignorancia.

Hiperónimo: por ejemplo, planta docente de la facultad (abarca a todas las categorías de profesores).

Hipónimo: profesores titulares, adjuntos, asistentes, ayudantes, ayudantes alumnos (cada una de esas
categorías, implica un detalle, una parte incluida en una categoría abarcadora).

Cadena semántica: es un mecanismo de cohesión que opera entre términos que pertenecen al mismo campo
de sentido, se conectan conceptualmente contribuyendo a crear el efecto de continuidad y unidad de tema. Por
ejemplo: en una nota, o resolución, referida al trámite de un concurso docente, seguramente aparecerán
expresiones conectadas habitualmente a ese tema como: postulantes, pruebas, jurados, actas, dictámenes,
impugnación, entrevista, puntaje.

Ejercicios de coherencia y cohesión textual

a. Relacionar los hipònimos con su correspondiente hiperónimo:

Fémur, menisco, húmero mueble

lechuga, apio, acelga volcán

honradez, justicia, paciencia pintura

cama, armario, silla ventana

avena, cebada, arroz ave

remo, pértiga, pala virtud

loro, cóndor, gavilán hortaliza

Lava, cráter, fumarola hueso

gozne, postigo, alféizar cereal

barniz, calcar, retrato deporte

25 | P á g i n a
b. Escribir los hiperónimos e hipònimos de las palabras subrayadas en los espacios en blanco.

c. Un león se ha escapado de su jaula; al parecer el__________________________________ estaba


hambriento.

En el día de su cumpleaños, con mis ahorros, le compré a mi madre unos rosas; a ella, le encantan las

_____________________.

Tres de cada cuatro víctimas de accidentes en Argentina, aseguran que no han recibido ninguna ayuda

económica. Las________________________ se cobran con mucho retraso.

Dentro del nuevo ___________________ sólo se oye el silencio. Cuando se conduce un auto como este, la

música es el único ruido reconocible.

Ayer trajeron los muebles. La __________________ la pusieron en el comedor y el ___________________ y

la ________________________ los dejaron en el dormitorio.

d. Ordenar las siguientes secuencias de oraciones agregando conectores:

✓ El impacto de un meteorito gigantesco causó olas gigantes, calentamiento de la Tierra, lluvia ácida y fuegos

de enorme extensión.

✓ El meteorito tendría unos diez mil Kilómetros de diámetro y produjo un cráter de unos 190 kilómetros de

diámetro. Esta catástrofe natural tuvo como consecuencia la extinción de la mayor parte de la vida existente

en aquella época.

✓ Los dinosaurios desaparecieron de la tierra hace 65 millones de años.

✓ Periódicas erupciones volcánicas ocurridas durante decenas de años inyectaron grandes cantidades de

monóxido de carbono en el aire y dieron lugar a un cambio atmosférico y oceánico.

✓ Se han encontrado muestras del impacto de un meteorito en la península de Yucatán.

✓ Su potencia sería aproximadamente diez millones de veces mayor que la de la explosión de todo el arsenal

nuclear mundial.

26 | P á g i n a
e. Corregir el siguiente texto:

En este momento, Carlos, que estaba muy nervioso, llamó por teléfono a Luisa, hermana de su alumno Luis,
porque quería ver a Luisa. Luisa le dijo a Carlos que en este momento no podía. Entonces Carlos llamó por
teléfono a su alumno Luis para que convenciera a Luisa; pero Luis no estaba en casa. Desesperado, llamó por
teléfono a Pedro, compañero de la infancia; por suerte, Pedro estaba en casa. Carlos le pidió a Pedro que
necesitaba hablar con él. Carlos y Pedro quedaron en verse al lado de la estación. La estación estaba a las afueras
de la ciudad y deberían tomar un autobús; pero a Carlos no le gustaba el autobús y decidió ir en su propio coche.

Trabajo práctico “Coherencia y cohesión textual”

1)-Transcribe los siguientes textos de manera coherente utilizando sinónimos, hiperónimos, pronombres o
simplemente omitiendo las palabras repetidas:

✓ a-Después de llegar al campo, me fui a mi habitación y deshice el equipaje. Nunca he sabido por qué mis padres
se compraron aquel campo. Mis padres amaban el aire puro del campo.

✓ b- Los niños se alegraron al abrir los regalos que estaban junto al árbol de navidad. Los niños esperan siempre
esos regalos en navidad. Las clases estaban terminando y ya tenían ganas de que llegara la navidad.

✓ c- Hay varias ideas que defiende el libro. El libro es una crítica feroz contra las ideas de la globalización.

✓ d- El otro día en la calle me encontré con unos amigos. Los amigos me contaron que habían comprado una moto.
Habían comprado la moto con un dinero que habían ganado en verano. En verano habían estado trabajando para
ganar dinero y comprar una moto.

✓ e- Tener animales en casa es muy agradable. También tener animales en casa trae problemas. Tenés que sacar a
los animales a pasear y tenés que llevarlos al veterinario. Hay personas que no quieren tener animales en su casa.
No quieren tener animales por varias razones. Algunas personas tienen alergia a los animales. Otras personas no
pueden cuidar a los animales.

✓ f- Mis padres vivían en una casa junto a un campo de fútbol. Mis padres siempre van a ver los partidos de fútbol
y antes también iban a ver los partidos. Ahora mis padres viven en el campo. Se mudaron al campo porque
quieren vivir ahora una vida más tranquila y siempre han vivido junto a un campo de fútbol. Hay mucho ruido
junto a un campo de fútbol.

✓ g- El empleado no le dejó entrar. El empleado de la discoteca ya les había mirado mal antes y por eso Juan
estaba seguro de que no les dejaría entrar. Y efectivamente no les dejó entrar. Juan iba con su grupo de amigos
y algunos habían bebido más de la cuenta. Habían estado antes en un bar, en el bar había una promoción y
regalaban una copa por cada copa que pedías. Acabaron bebiendo demasiado. Por eso tenían sus amigos tenían
mal aspecto y el empleado de la discoteca no les dejaba entrar. Juan no había bebido nada, aunque había una
promoción en el bar de la esquina porque tenía que conducir y llevar a sus amigos a casa. Juan había dicho a
sus amigos que no bebieran tanto o el empleado no les dejaría entrar en la discoteca. Juan pensó que como

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mínimo sus amigos podían dejar de cantar a gritos, así quizá no fuese tan evidente que iban un poco borrachos y
el empleado no les miraría tan mal. Se volvieron a casa antes de la hora planeada porque no les dejaron entrar en
la discoteca y no sabían qué más hacer. Por el camino de vuelta a casa, en el coche de Juan, Juan y sus amigos
estuvieron insultando al empleado, aunque Juan pensaba que el empleado tenía razón porque sus amigos habían
bebido mucho.

2)- A partir de la siguiente secuencia de oraciones construir un párrafo coherente, usando los
procedimientos de cohesión necesarios:

Seguramente el alumno siempre recordaría esa palabra

Le pedían que escribiera innumerables trabajos

En tercer año le hicieron escribir muchos textos

El director corrigió una palabra de la síntesis

Comenzó la escuela y la materia que más le gustó fue Lengua y literatura

No volvería a escribirla mal

La síntesis fue mostrada al director

El alumno pensó que esa corrección le servía de modelo

La síntesis se destacó por ser la mejor

Un día, para fin de año, le hicieron escribir una síntesis sobre una novela medieval

Coherencia y cohesión textual II

Al escribir un texto lo hacemos uniendo palabras que forman a su vez oraciones, que se vuelven párrafos y luego
en textos más o menos extensos.

La diferencia entre unos y otros es estructural:

Las oraciones son aquellas que empiezan con mayúscula y terminan en un punto.

Por ejemplo, “Thornfield es una hermosa y antigua mansión, un poco descuidada en los últimos años quizá.”
(Fragmento de Jane Eyre de Charlotte Brönte, 1975)

Así, esta oración tiene como referente a Thornfield y nos dice algo sobre esa ciudad. De esta manera, vemos
que la frase contiene un sentido que se logra de la unión cohesiva de las palabras que la componen.

En tanto que, el párrafo es una estructura compuesta de varias oraciones. Pero esas oraciones que si bien tienen
un sentido propio no dejan de estar relacionadas entre sí:

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“Todas las violencias tiránicas de John Reed; la orgullosa indiferencia de sus hermanas: la aversión de su
madre; la parcialidad de los sirvientes, giraron en mi mente alborotada, como se revuelve el negro cieno en un
pozo agitado. ¿Por qué siempre sufriendo, siempre acusada, siempre condenada? ¿Por qué no agradaba
nunca? Eliza testaruda y egoísta, era respetada; Georgiana, que tenía un carácter agrio e insolente, era
siempre disculpada; su belleza, sus trenzas de oro, le compraban la indulgencia de toda falta; y John, menos
reprendido que nadie, aunque torciese el pescuezo de los pichones, matase los lechoncillos, y tronchase los
botones de las más escogidas flores del invernadero”. (Fragmento de Jane Eyre de Charlotte Brönte, 1975).

Así, por ejemplo, acá vemos la narración del maltrato que sufre un personaje y cada oración aporta algo.

1) a. Marcar con corchetes [] las oraciones que componen el párrafo anterior.

b. En un cuadro transcribí las oraciones que sean pregunta y en otro las que sean afirmaciones.

c. Realizar dos oraciones que contengan: un nombre (puede ser de persona o animal), una acción que realice y
una circunstancia en la que se encuentre (puede ser un lugar, o un tema como “X corrió por los premios en
pesos -lo subrayado es la circunstancia”)

2) Lee el siguiente texto:

El vocablo español leyenda procede del latín medieval legenda, que originalmente significó “aquello que es
leído”; esta denominación hacía referencia, en efecto, a textos cuya lectura en voz alta se cumplía durante las
comidas en los conventos.

El término leyenda ha pasado a designar un área que abarca, generalmente, piezas folclóricas, las cuales han
exhibido hondo arraigo y vasta difusión. También ciertos individuos de carácter histórico o pseudohistórico
han sido asimilados al ámbito fabuloso de la leyenda; tal es el caso de Carlomagno y el rey Arturo. (Jaime
Rest: Conceptos de Literatura moderna. Buenos Aires: CEAL, 1979. (Fragmento)).

3) Marca la opción correcta en cada caso:

El tema del texto es:

o El origen de personajes legendarios

o La definición de leyenda.

o El origen de la palabra leyenda.

o El origen de la palabra leyenda y la evolución de este vocablo.

El subtema del primer párrafo es:

o El origen del vocablo

o El significado de la palabra en la época medieval

o La vida en los conventos medievales.

29 | P á g i n a
La intención del texto es:

o Convencer

o Informar

o Expresar un sentimiento

4) Un conjunto de oraciones no siempre conforman un texto, para serlo debe tener un significado global; es
decir tiene que ser coherente y debe respetar la normativa gramatical. Entonces podemos decir que un texto es
un enunciado o un conjunto de enunciados que comparten una unidad de significado (se refieren a un mismo
tema y el receptor puede decodificarlo). Para que eso sea posible, la coherencia se debe dar en la estructura
(coherencia estructural o lineal), en la temática (coherencia global) y en la forma en que esa información es
presentada (coherencia local).

a. El texto del punto 2 ¿tiene unidad temática?

b. ¿Cómo está organizada la información?

Coherencia y cohesión textual III

Leè el siguiente fragmento:

“Es un fenómeno que ocurre en el océano y en la atmosfera como producto del calentamiento de las aguas del
Pacífico. Lleva este nombre porque suele ocurrir en la época de Navidad”

a- ¿Podrías identificar el tema del texto? ¿Qué modificaciones ayudarían a hacerlo más claro?

o Que se especifique el tema del texto

o Que se escriba en pasado

o Que se agregue más información

o Que las oraciones se relacionen entre sí

b- ¿Cuál es el propósito del fragmento arriba citado:

o Contar una historia

o Transmitir información

o Convencer al lector

¿Se cumple este propósito? ¿Por qué?

c- El tema general del fragmento es la corriente del Niño. Buscà información sobre este fenómeno y fuego respondè:

30 | P á g i n a
¿Qué datos se necesitan para completar la definición de la primera oración?

d- A partir de lo que investigaste, escribí en tu carpeta un texto de dos párrafos que desarrolle los siguientes
subtemas:

• Características del fenómeno.

• Consecuencias climáticas.

e- Leè la siguiente noticia, luego resolvé las consignas:

“Emojis: el mate, muy cerca de formar parte del esperanto digital”

Si la mayoría de los argentinos lo toma a diario y si hay 114 países que importan su yerba, ¿Cómo
podía faltar el emoji del mate? Sencillamente porque ingresar a la academia oficial del emoji no es
tan fácil.

Por eso, en julio de 2017, la periodista digital Florencia Coelho levantó la mano en el Hackathon
de Buenos Aires, un evento que reúne a periodistas y programadores, y les pidió ayuda para
impulsar el proyecto.

Colaboraron con ella cuatro entusiastas.

Después de ganar varias instancias, consiguieron que el mate estuviera entre los posibles nuevos
emoji. Todavía faltan dos instancias. Sin embargo, el mate se ubica entre los iconos más relevantes
de los finalistas y tiene muchas chances. Así, salvo que exista una objeción con fundamento, parece
que se sumará al esperanto digital.

Fuente : diario La Nación, 3/6/2018

f- ¿A qué palabras o expresiones hacen referencia los términos destacados en rojo? Señalarlos con una flecha.

g- Leè la siguiente oración y tachà lo que no corresponda:

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Las expresiones en celeste sirven para sustituir / conectar / eliminar dos oraciones.

h- ¿Qué sinónimos o hiperónimos se podrían utilizar para evitar repetir la palabra mate?

Aplicar los recursos cohesivos a los siguientes textos:

a- José Asunción Silva es un poeta colombiano, poeta precursor del modernismo. José Asunción Silva, fue
precursor de la prosa poética. Se destacó en la escuela literaria, escribiendo obras en prosa. También se destacó
escribiendo poesías. La poesía lírica es la más completa de todas las artes y José Asunción Silva lo sabía.

b- La mayoría de las aves emiten sonidos, estos sonidos como gorjeos y silbidos resultan muy agradables y semejan
cantos. Muchas aves cantan durante todo el día. Las aves canoras son pequeñas y de colores apagados. Por lo
general, este tipo de aves, vive en los bosques. El ave canora más conocida es el ruiseñor. Escritores y músicos de
todos los tiempos celebraron el canto del ruiseñor.

c- Saliendo de su agujero, muy aturdido, un pequeño ratón fue a caer justo en las garras del león. El león
demostrando todo su poder le perdonó la vida al ratón. Sucedió que en cierta ocasión en que el león salió de su
selva, cayó en unas redes. El león no podía librarse de estas redes con sus fuertes rugidos. Entonces, el ratón lo oyó,
y acudió a salvar al león. El ratón trabajó tan bien con sus pequeños dientes que, una roída la malla con sus dientes,
el león terminó de desgarrar la malla y se liberó.

4. Completar el texto con los conectores faltantes:

Encima - En segundo lugar - Así que - En conclusión - En primer lugar - Para terminar

Ayer fue un día desastroso. ……………………………, no sonó el despertador y llegué tarde a la oficina,

……………….…el jefe estaba de mal humor y me advirtió que esto no podía volver a

ocurrir………………………, fui a sacar dinero y me di cuenta de que había perdido la tarjeta de débito; solo llevaba

10 pesos en mi billetera, ………………….tuve que pedir dinero prestado a un compañero. …………………,

cuando me iba a subir al auto para volver a casa, vi que una rueda estaba pinchada. …………………, ayer fue un

día desastroso.

“La ciencia ficción en la literatura”

Ciencia ficción

La ciencia ficción es un subgénero de la literatura de ficción (narrativa, principalmente), cultivada a partir del
siglo XX en diversos soportes impresos y con distinto público y margen de aceptación, cuyo principio radica en
la creación de relatos especulativos en torno al impacto de la ciencia y la tecnología en la vida del ser humano.

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Tradicionalmente se piensa la ciencia ficción como un género que sueña con los mundos futuros y con
capacidades tecnológicas venideras, consideración que hace al género depender enormemente de una capacidad
adivinatoria, como la que se atribuye a Julio Verne, escritor que predijo los viajes en globo y en submarino en sus
novelas de aventuras. Sin embargo, la propuesta de la ciencia ficción es mucho más compleja.

El abanico de temas que suele interesarle va desde futuros distópicos y sociedades futuras, hasta mundos
paralelos, robots, viajes interestelares o en el tiempo, realidades virtuales, culturas alienígenas o dilemas físicos
de la realidad conocida. Cualquier tema que plantee un relato ficcional sostenido en la extrapolación (exageración,
suposición, teorización) del discurso de la ciencia y la tecnología puede pertenecer a este género narrativo.

La ciencia ficción es uno de los subgéneros literarios y cinematográficos más populares de los siglos XIX y
XX.

Particularidades:

La ciencia ficción es considerada una ficción especulativa (de especular, proponer una hipótesis que no se puede
demostrar), porque sus historias parten de al menos un interrogante: ¿Qué podría pasar si el mundo fuera de otra
manera?

Principales características de un cuento de ciencia ficción:

1- Existencia de tecnologías ficticias o aún por desarrollar: En los cuentos de ciencia ficción suelen existir
tecnologías -como la máquina del tiempo- que son ficticias o que aún no se han inventado.

2- Mayor impacto en menos páginas: Debido a la limitación que tiene frente a la novela, el cuento de ciencia
ficción no puede extenderse en la descripción o explicación del entorno en el que se desarrolla. Debe centrarse en
una acción fundamental que debe realizar el personaje (si lo hay), brindando todos los elementos necesarios de
ambientación y atmosfera.

3- Un patrón de verosimilitud: El cuento de ciencia ficción esclarece en sus primeros párrafos, si creará una
narrativa totalmente alejada de la realidad conocida o si la trama se centra en algún elemento científico, biológico
o físico con mayor relevancia en la historia planteada que en la realidad.

4- Presencia de personajes ficticios o aún no existentes: La presencia de un personaje facilita, en casi cualquier
género narrativo, la continuidad de una historia, y la ciencia ficción no es la excepción. Esta tiene la particularidad
de que, aunque en un inicio se brindó importancia al ser humano frente a situaciones y entornos asombros, el
personaje de un cuento puede ser cualquiera que se adapte a los lineamientos de la ciencia ficción (un ser
extraterrestre, un robot o computadora, un animal con capacidades de interacción, etc.)

5- Entornos futuros, espaciales o ficticios: La ciencia ficción ha jugado con las galaxias, los planetas y las
dimensiones. Sin embargo, la construcción y significancia de estos elementos para el lector pueden ser muy
complejos para la longitud de un cuento. El relato corto de ciencia ficción puede estar más centrado en explorar
los porqués de una sociedad establecida determinada. Es común que la ciencia ficción sea un género que utilice
los elementos que presentan los escenarios distópicos o utópicos, los cuales brindan al personaje, y al lector, una
nueva mirada sobre algo que podría semejarse a una realidad latente.
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6- Sustento científico mínimo: Incluso si se tratase de una narración que ocurre fuera de nuestro planeta o en
otro plano temporal, existen ciertas leyes que deben poder aplicarse y sustentarse para brindar un mayor nivel de
verosimilitud en la narración, brindando mayores emociones al lector. Todo cuento de ciencia ficción que quiera
exponer un universo novedoso, cuyas características no se encuentran aún en otros relatos del género, debe estar
capacitado para hacer investigaciones previas, que le permitan sumar ciertos fenómenos a su narración. Ya queda
de parte del autor brindarle el nombre y la forma que desee, pero al menos parte de un principio, aunque no sea
conocido, puede ser posible.

7- Capacidad de continuidad: Las historias más populares de la ciencia ficción han trascendido por su condición
única. De los cuentos y las novelas salen capítulos que luego se transforman en sagas y otras entregas, tanto en la
literatura como en el cine y la televisión. La riqueza literaria y narrativa que brinda la creación de un universo de
ciencia ficción propone múltiples elementos y aristas que pueden ser explotados. La línea narrativa y el personaje
no tienen por qué ser los mismos, pero se puede continuar creando relatos a partir de elementos mencionados o
manejados en el primero.

Utopía y distopía:

Las utopías y distopías han estado presentes en el mundo desde que existe la ficción literaria, donde se presentan
mundos en una realidad diferente, que puede ser tan utópica y distópicas como el autor lo prefiera. Cuando
describimos una ficción utópica y distópica, podemos encontrarnos con la realidad perfecta o con la catastrófica,
respectivamente. una utopía es un tipo de mundo que es popular y recurrente en las historias de ficción
especulativa o en la ciencia ficción literaria y cinematográfica; con respecto al primer tipo de ficción, la
especulativa, es un término que abarca varios géneros: ciencia ficción, historia, fantasía, terror, sobrenatural,
apocalíptica, alternativa o cualquier otro tipo de ficción que no sea realista en su totalidad. Dicho esto, una utopía
se define como el mundo perfecto para vivir. Todo es paz, tranquilidad, todo funciona bien; no hay guerras,
enfermedades, desigualdades, pobreza, opresión o represión, discriminaciones, etc. Es por ello que, en la ficción,
la utopía es un mundo soñado que ha sido creado por la mente de alguien, un poeta, escritor, guionista, entre otros,
pero hasta tú puedes idear el mundo perfecto para vivir.

Ahora bien, continuamos con la definición de distopía. Una distopía (del griego o utopía: «ningún lugar») o
antiutopía es un mundo caótico que está lejos de la perfección, es por ello que la distopía en ciencia ficción en la
gran pantalla o en las letras muestra el caos que aqueja a la humanidad entera; los mundos distópicos pueden
mostrar escenarios extremos, destruidos y desolados donde la sociedad está controlada y dividida. De hecho, el
prefijo “dis” indica que se trata de algo malo o difícil. Entonces, cuando hablamos de qué es la distopía, podemos
definirla como un mundo ficticio en el que existe el control opresivo de la sociedad, los humanos viven en un
apocalipsis y en condiciones deplorables. La definición de lo qué es distópico tiene que ver con miseria humana,
pobreza, dictaduras, opresión, violencia, inseguridad, enfermedades extremas y contaminación general del
ambiente.

34 | P á g i n a
Diferencias entre utopía y distopía

Utopía Distopía

Sociedad imaginaria perfecta aunque sus Sociedad desorientada y caótica.


ciudadanos no lo sean. Sus ciudadanos están oprimidos.

Las personas viven en espacios pacíficos. Hay hostilidad, confrontaciones.


Los ciudadanos son disciplinados y respetan las Las personas tienden a ser más agresivas y menos
leyes. empáticas.

La distopía es la presentación del infierno y el


La utopía es sinónimo de paraíso y perfección.
caos.

Calma, iluminación, calles limpias,


Es una sociedad en desequilibrio social y
Personas ordenadas.
económico.
Hay sentido de la justicia y los inconvenientes se
Hay mucho desorden, suciedad y violencia.
resuelven con facilidad.
Amplio control social por medio de propagandas
Existe el pensamiento independiente y la libertad
políticas.
de expresión y de acción.

No hay presencia de un sistema de gobierno Las personas están gobernadas por una figura
construido, pero sí existe un líder. tirana y totalitaria.

Las personas aprecian, adoran y preservan la La naturaleza está destruida por la contaminación
naturaleza de su mundo. y los avances tecnológicos.

Elementos de la ciencia ficción

Cada autor del género aborda con libertad sus preocupaciones e intereses, como en cualquier otro. Aun así, es
posible trazar algunos de los motivos recurrentes del género en una serie de conflictos:

• La inventiva humana. El desarrollo de tecnologías novedosas que ponen en riesgo la estabilidad de la vida
como la conocemos, o que impactan de manera catastrófica o injusta o moralmente retadora en la manera en
que las sociedades se organizan, como la biotecnología, los viajes en el tiempo, etc.

• La aventura espacial. La exploración del universo y las consecuencias positivas, negativas y sorprendentes
que ello conlleva, como el contacto con culturas extraterrestres, la formación de gobiernos galácticos, el
encuentro con los orígenes del universo, el encuentro con Dios.

• Fenómenos naturales imprevistos. La utilización de la ciencia y la tecnología como aliadas del hombre en la
lucha por preservar su hogar (cataclismos) o por huir de la extinción a manos de fuerzas naturales impredecibles
e indetenibles.

• La inteligencia artificial. La robótica y la exploración de la inteligencia artificial, con todas las interrogantes
éticas y morales que conlleva, cuando no el enfrentamiento entre el ser humano creador y su creación.

35 | P á g i n a
La razón y la El futuro de las La presencia de
naturaleza sociedades humanas monstruos

Se sabe que la ciencia y La ciencia ficción se El género incorpora con


la tecnología evolucionan centra en la posibilidad frecuencia seres que no
constantemente, por tal de resolver problemas del podemos entender ni
motivo, se imaginan mundo actual (como las clasificar. Se dividen: en
posibles desarrollos. El enfermedades, las naturales (terrícolas y
hombre y su guerras y la extraterrestres) y
medioambiente también superpoblación), pero artificiales
evolucionan, pero de también piensa en los que ( desde robots
modo mucho más lento. podrían surgir en el inteligentes hasta
La ciencia ficción se futuro, por ejemplo, softwares fuera de
pregunta si de estas encuentros con seres control).
diferencias de velocidad extraterrestres.
evolutiva surgirán nuevas
soluciones y/o
problemas.

Sueños de robot de Isaac Asimov

-Anoche soñé -anunció Elvex tranquilamente.

Susan Calvin no replicó, pero su rostro arrugado, envejecido por la sabiduría y la experiencia, pareció sufrir un
estremecimiento microscópico.

-¿Ha oído eso? -preguntó Linda Rash, nerviosa-. Ya se lo había dicho.

Era joven, menuda, de pelo oscuro. Su mano derecha se abría y se cerraba una y otra vez.

Calvin asintió y ordenó a media voz:

-Elvex, no te moverás, ni hablarás, ni nos oirás hasta que te llamemos por tu nombre.

No hubo respuesta. El robot siguió sentado como si estuviera hecho de una sola pieza de metal y así se quedaría
hasta que escuchara su nombre otra vez.

-¿Cuál es tu código de entrada en computadora, doctora Rash? -preguntó Calvin-. O márcalo tú misma, si te
tranquiliza. Quiero inspeccionar el diseño del cerebro positrónico.

Las manos de Linda se enredaron un instante sobre las teclas. Borró el proceso y volvió a empezar. El delicado
diseño apareció en la pantalla.
36 | P á g i n a
-Permíteme, por favor -solicitó Calvin-, manipular tu computadora.

Le concedió el permiso con un gesto, sin palabras. Naturalmente. ¿Qué podía hacer Linda, una inexperta
robosicóloga recién estrenada, frente a la Leyenda Viviente?

Susan Calvin estudió despacio la pantalla, moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo, marcando de pronto
una combinación clave, tan de prisa, que Linda no vio lo que había hecho, pero el diseño desplegó un nuevo
detalle y, el conjunto, había sido ampliado. Continuó, atrás y adelante, tocando las teclas con sus dedos nudosos.

En su rostro avejentado no hubo el menor cambio. Como si unos cálculos vastísimos se sucedieran en su cabeza,
observaba todos los cambios de diseño.

Linda se asombró. Era imposible analizar un diseño sin la ayuda, por lo menos, de una computadora de mano.
No obstante, la vieja simplemente observaba. ¿Tendría acaso una computadora implantada en su cráneo? ¿O era
que su cerebro durante décadas no había hecho otra cosa que inventar, estudiar y analizar los diseños de cerebros
positrónicos? ¿Captaba los diseños como Mozart captaba la notación de una sinfonía?

-¿Qué es lo que has hecho, Rash? -dijo Calvin, por fin.

Linda, algo avergonzada, contestó:

-He utilizado la geometría fractal.

-Ya me he dado cuenta, pero, ¿por qué?

-Nunca se había hecho. Pensé que tal vez produciría un diseño cerebral con complejidad añadida, posiblemente
más cercano al cerebro humano.

-¿Consultaste a alguien? ¿Lo hiciste todo por tu cuenta?

-No consulté a nadie. Lo hice sola.

Los ojos ya apagados de la doctora miraron fijamente a la joven.

-No tenías derecho a hacerlo. Tu nombre es Rash¹: tu naturaleza hace juego con tu nombre. ¿Quién eres tú para
obrar sin consultar? Yo misma, yo, Susan Calvin, lo hubiera discutido antes.

-Temí que se me impidiera.

-¡Por supuesto que se te habría impedido!

-Van a… -su voz se quebró pese a que se esforzaba por mantenerla firme-. ¿Van a despedirme?

-Posiblemente -respondió Calvin-. O tal vez te asciendan. Depende de lo que yo piense cuando haya terminado.

-¿Va usted a desmantelar a Elv…? -por poco se le escapa el nombre que hubiera reactivado al robot y cometido
un nuevo error. No podía permitirse otra equivocación, si es que ya no era demasiado tarde-. ¿Va a desmantelar
al robot?

37 | P á g i n a
En ese momento se dio cuenta de que la vieja llevaba una pistola electrónica en el bolsillo de su bata. La doctora
Calvin había venido preparada para eso precisamente.

-Veremos -postergó Calvin-, el robot puede resultar demasiado valioso para desmantelarlo.

-Pero, ¿cómo puede soñar?

-Has logrado un cerebro positrónico sorprendentemente parecido al humano. Los cerebros humanos tienen que
soñar para reorganizarse, desprenderse periódicamente de trabas y confusiones. Quizás ocurra lo mismo con este
robot y por las mismas razones. ¿Le has preguntado qué soñó?

-No, la mandé llamar a usted tan pronto como me dijo que había soñado. Después de eso, ya no podía tratar el
caso yo sola.

-¡Yo! -una leve sonrisa iluminó el rostro de Calvin-. Hay límites que tu locura no te permite rebasar. Y me alegro.
En realidad, más que alegrarme me tranquiliza. Veamos ahora lo que podemos descubrir juntas.

-¡Elvex! -llamó con voz autoritaria.

La cabeza del robot se volvió hacia ella.

-Sí, doctora Calvin.

-¿Cómo sabes que has soñado?

-Era por la noche, todo estaba a oscuras, doctora Calvin -explicó Elvex-, cuando de pronto aparece una luz,
aunque yo no veo lo que causa su aparición. Veo cosas que no tienen relación con lo que concibo como realidad.
Oigo cosas. Reacciono de forma extraña. Buscando en mi vocabulario palabras para expresar lo que me ocurría,
me encontré con la palabra “sueño”. Estudiando su significado llegué a la conclusión de que estaba soñando.

-Me pregunto cómo tenías “sueño” en tu vocabulario.

Linda interrumpió rápidamente, haciendo callar al robot:

-Le imprimí un vocabulario humano. Pensé que…

-Así que pensó -murmuró Calvin-. Estoy asombrada.

-Pensé que podía necesitar el verbo. Ya sabe, “jamás ‘soñé’ que…”, o algo parecido.

-¿Cuántas veces has soñado, Elvex? -preguntó Calvin.

-Todas las noches, doctora Calvin, desde que me di cuenta de mi existencia.

-Diez noches -intervino Linda con ansiedad-, pero me lo ha dicho esta mañana.

-¿Por qué lo has callado hasta esta mañana, Elvex?

-Porque ha sido esta mañana, doctora Calvin, cuando me he convencido de que soñaba. Hasta entonces pensaba
que había un fallo en el diseño de mi cerebro positrónico, pero no sabía encontrarlo. Finalmente, decidí que debía
ser un sueño.
38 | P á g i n a
-¿Y qué sueñas?

-Sueño casi siempre lo mismo, doctora Calvin. Los detalles son diferentes, pero siempre me parece ver un gran
panorama en el que hay robots trabajando.

-¿Robots, Elvex? ¿Y también seres humanos?

-En mi sueño no veo seres humanos, doctora Calvin. Al principio, no. Solo robots.

-¿Qué hacen, Elvex?

-Trabajan, doctora Calvin. Veo algunos haciendo de mineros en la profundidad de la tierra y a otros trabajando
con calor y radiaciones. Veo algunos en fábricas y otros bajo las aguas del mar.

Calvin se volvió a Linda.

-Elvex tiene solo diez días y estoy segura de que no ha salido de la estación de pruebas. ¿Cómo sabe tanto de
robots?

Linda miró una silla como si deseara sentarse, pero la vieja estaba de pie. Declaró con voz apagada:

-Me parecía importante que conociera algo de robótica y su lugar en el mundo. Pensé que podía resultar
particularmente adaptable para hacer de capataz con su… su nuevo cerebro -declaró con voz apagada.

-¿Su cerebro fractal?

-Sí.

Calvin asintió y se volvió hacia el robot.

-Y viste el fondo del mar, el interior de la tierra, la superficie de la tierra… y también el espacio, me imagino.

-También vi robots trabajando en el espacio -dijo Elvex-. Fue al ver todo esto, con detalles cambiantes al mirar
de un lugar a otro, lo que me hizo darme cuenta de que lo que yo veía no estaba de acuerdo con la realidad y me
llevó a la conclusión de que estaba soñando.

-¿Y qué más viste, Elvex?

-Vi que todos los robots estaban abrumados por el trabajo y la aflicción, que todos estaban vencidos por la
responsabilidad y la preocupación, y deseé que descansaran.

-Pero los robots no están vencidos, ni abrumados, ni necesitan descansar -le advirtió Calvin.

-Y así es en realidad, doctora Calvin. Le hablo de mi sueño. En mi sueño me pareció que los robots deben proteger
su propia existencia.

-¿Estás mencionando la tercera ley de la Robótica? -preguntó Calvin.

-En efecto, doctora Calvin.

39 | P á g i n a
-Pero la mencionas de forma incompleta. La tercera ley dice: “Un robot debe proteger su propia existencia
siempre y cuando dicha protección no entorpezca el cumplimiento de la primera y segunda ley”.

-Sí, doctora Calvin, esta es efectivamente la tercera ley, pero en mi sueño la ley terminaba en la palabra
“existencia”. No se mencionaba ni la primera ni la segunda ley.

-Pero ambas existen, Elvex. La segunda ley, que tiene preferencia sobre la tercera, dice: “Un robot debe obedecer
las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando dichas órdenes estén en conflicto con la primera ley”.
Por esta razón los robots obedecen órdenes. Hacen el trabajo que les has visto hacer, y lo hacen fácilmente y sin
problemas. No están abrumados; no están cansados.

-Y así es en la realidad, doctora Calvin. Yo hablo de mi sueño.

-Y la primera ley, Elvex, que es la más importante de todas, es: “Un robot no debe dañar a un ser humano, o, por
inacción, permitir que sufra daño un ser humano”.

-Sí, doctora Calvin, así es en realidad. Pero en mi sueño, me pareció que no había ni primera ni segunda ley, sino
solamente la tercera, y esta decía: “Un robot debe proteger su propia existencia”. Esta era toda la ley.

-¿En tu sueño, Elvex?

-En mi sueño.

-Elvex -dijo Calvin-, no te moverás, ni hablarás, ni nos oirás hasta que te llamemos por tu nombre.

Y otra vez el robot se transformó aparentemente en un trozo inerte de metal. Calvin se dirigió a Linda Rash:

-Bien, y ahora, ¿qué opinas, doctora Rash?

-Doctora Calvin -dijo Linda con los ojos desorbitados y el corazón palpitándole fuertemente-, estoy horrorizada.
No tenía idea. Nunca se me hubiera ocurrido que esto fuera posible.

-No -observó Calvin con calma-, ni tampoco se me hubiera ocurrido a mí, ni a nadie. Has creado un cerebro
robótico capaz de soñar y con ello has puesto en evidencia una faja de pensamiento en los cerebros robóticos que
muy bien hubiera podido quedar sin detectar hasta que el peligro hubiera sido alarmante.

-Pero esto es imposible -exclamó Linda-. No querrá decir que los demás robots piensen lo mismo.

-Conscientemente no, como diríamos de un ser humano. Pero, ¿quién hubiera creído que había una faja no
consciente bajo los surcos de un cerebro positrónico, una faja que no quedaba sometida al control de las tres
leyes? Esto hubiera ocurrido a medida que los cerebros positrónicos se volvieran más y más complejos… de no
haber sido puestos sobre aviso.

-Quiere decir, por Elvex.

-Por ti, doctora Rash. Te comportaste irreflexivamente, pero al hacerlo, nos has ayudado a comprender algo
abrumadoramente importante. De ahora en adelante, trabajaremos con cerebros fractales, formándolos

40 | P á g i n a
cuidadosamente controlados. Participarás en ello. No serás penalizada por lo que hiciste, pero en adelante
trabajarás en colaboración con otros.

-Sí, doctora Calvin. ¿Y qué ocurrirá con Elvex?

-Aún no lo sé.

Calvin sacó el arma electrónica del bolsillo y Linda la miró fascinada. Una ráfaga de sus electrones contra un
cráneo robótico y el cerebro positrónico sería neutralizado y desprendería suficiente energía como para fundir su
cerebro en un lingote inerte.

-Pero seguro que Elvex es importante para nuestras investigaciones -objetó Linda-. No debe ser destruido.

-¿No debe, doctora Rash? Mi decisión es la que cuenta, creo yo. Todo depende de lo peligroso que sea Elvex.

Se enderezó, como si decidiera que su cuerpo avejentado no debía inclinarse bajo el peso de su responsabilidad.
Dijo:

-Elvex, ¿me oyes?

-Sí, doctora Calvin -respondió el robot.

-¿Continuó tu sueño? Dijiste antes que los seres humanos no aparecían al principio. ¿Quiere esto decir que
aparecieron después?

-Sí, doctora Calvin. Me pareció, en mi sueño, que eventualmente aparecía un hombre.

-¿Un hombre? ¿No un robot?

-Sí, doctora Calvin. Y el hombre dijo: “¡Deja libre a mi gente!”

-¿Eso dijo el hombre?

-Sí, doctora Calvin.

-Y cuando dijo “deja libre a mi gente”, ¿por las palabras “mi gente” se refería a los robots?

-Sí, doctora Calvin. Así ocurría en mi sueño.

-¿Y supiste quién era el hombre… en tu sueño?

-Sí, doctora Calvin. Conocía al hombre.

-¿Quién era?

Y Elvex dijo:

-Yo era el hombre.

Susan Calvin alzó al instante su arma de electrones y disparó, y Elvex dejó de ser.

41 | P á g i n a
¹ Rash: en inglés, significa impulsivo o imprudente.

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

1. Elvex es un robot que ha soñado, infiere: ¿qué significa que haya soñado?

2. ¿Por qué la doctora Susan Calvin quiere saber qué soñó Elvex?

3. ¿Por qué Linda Rash es tan importante en la evolución de Elvex? Explica tu respuesta.

4. ¿En qué consistía el sueño de Elvex?

5. Según el cuento, ¿por qué los robots obedecen órdenes de los humanos?

6. ¿Qué significa esta frase? : “Un robot debe proteger su propia existencia”. Explica tu respuesta.

7. ¿Por qué es tan importante el "soñar" en este cuento? Explica tu respuesta.

8. ¿Qué piensas sobre el final del cuento? Justifica tu respuesta.

9. Si pudieras relacionar una palabra con la historia narrada en este cuento, ¿cuál sería? ¿Por qué?

10. Este es un cuento de ciencia ficción que muestra los avances científicos en el campo de la inteligencia
artificial, ¿qué opinas sobre el cuento en general? Argumenta tu respuesta.

AUTÉNTICO AMOR de Isaac Asimov

Mi nombre es Joe. Así es como me llama mi colega, Milton Davidson. Él es un programador, y yo soy un
programa de computadora. Formo parte del complejo Multivac, y estoy conectado con otros componentes
esparcidos por todo el mundo. Lo sé todo. Casi todo. Soy el programa privado de Milton. Su Joe. Milton sabe
más acerca de programación que cualquiera en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Ha conseguido que
yo hable mejor que cualquier otra computadora puede hacerlo. -Es simplemente cuestión de hacer encajar sonidos
con símbolos, Joe -me dijo-. Así es como funciona el cerebro humano, pese a que no sabemos todavía qué
símbolos particulares emplea el cerebro. Sé los símbolos que hay en el tuyo, y puedo convertirlos en palabras,
uno a uno. De modo que hablo. No creo que hable tan bien como pienso, pero Milton dice que hablo muy bien.
Milton no se ha casado nunca, aunque está a punto de cumplir los cuarenta años.

Nunca ha encontrado la mujer adecuada, me dice. Un día me comentó: -Algún día la encontraré, Joe. Quiero lo
mejor. Quiero conseguir el auténtico amor, y tú vas a ayudarme. Estoy cansado de mejorarte a fin de que resuelvas
los problemas del mundo. Resuelve mi problema. Encuéntrame el auténtico amor. -¿Qué es el auténtico amor? -
pregunté yo. -No importa. Se trata de una abstracción. Simplemente encuéntrame a la chica ideal. Estás
conectado con el complejo de Multivac, de modo que tienes acceso a los bancos de datos de todos los seres
humanos del mundo. Resuelve mi problema. Encuéntrame el auténtico amor. -Estoy listo -dije. -Primero elimina
42 | P á g i n a
a todos los hombres -dijo él. Eso era fácil. Sus palabras activaban símbolos en mis válvulas moleculares. Podía
entrar en contacto con los datos acumulados de todos los seres humanos del mundo. Como resultado de aquellas
palabras, descarté a [Link] hombres.

Mantuve el contacto con [Link] mujeres. -Elimina a todas las menores de veinticinco años -me dijo-;
a todas las mayores de cuarenta. Luego elimina a todas las que tengan un CI inferior a 120; a todas las que midan
menos de 150 centímetros y más de 175 centímetros de estatura. Fue dándome instrucciones exactas; eliminó a
las mujeres con hijos vivos; eliminó a las mujeres con diversas características genéticas. -No estoy seguro del
color de los ojos -dijo-.

Dejemos ese dato por el momento. Pero elimina a las pelirrojas. No me gustan. Al cabo de dos semanas,
habíamos reducido la lista a 235 mujeres. Todas ellas hablaban correctamente el inglés. Milton dijo que no quería
problemas con el idioma. Aunque podía recurrir a la traducción por computadora, eso resultaba un engorro en los
tiempos íntimos. -No puedo entrevistarme con 235 mujeres -dijo-. Tomaría demasiado tiempo, la gente podría
llegar a descubrir lo que estoy haciendo. -Eso traería problemas -le advertí. Milton había arreglado las cosas de
modo que yo pudiera hacer cosas que no estaba diseñado para hacer. Nadie sabía nada al respecto. -No es asunto
tuyo -dijo él, y su rostro enrojeció ligeramente-. Te diré lo que vamos a hacer, Joe. Te proporcionaré holografías,
y comprobarás la lista en busca de similitudes. Me alimentó holografías de mujeres. -Esas son tres ganadoras de
concursos de belleza -dijo-. ¿Alguna de las 235 encaja con ellas? Ocho de ellas encajaban, y Milton dijo: -Bien,
tienes su banco de datos. Estudia las demandas y necesidades del mercado de trabajo y arregla las cosas de modo
que sean asignadas temporalmente aquí.

Una a una, por supuesto. -Pensó unos instantes, agitó sus hombros arriba y abajo, y dijo-: Por orden alfabético.
Esta es una de las cosas que no estoy diseñado para hacer. Trasladar a Gente de trabajo a trabajo por razones
personales es algo llamado manipulación. Puedo hacerlo ahora porque Milton lo agregó así. De todos modos, se
suponía que solamente lo hacía por él. La primera chica llegó una semana más tarde. Milton enrojeció cuando la
vio. Habló como si realmente le costara hacerlo. Estuvieron juntos durante mucho rato, y él no prestó la menor
atención. En un momento determinado le dijo: -Permítame invitarla a cenar. Al día siguiente me informó: -De
alguna manera, no era lo suficientemente buena. Le faltaba algo. Es una mujer hermosa, pero no capté nada del
auténtico amor. Probemos la siguiente. Ocurrió lo mismo con todas las ocho.

Eran muy parecidas. Sonreían mucho y tenían voces extremadamente agradables, pero Milton encontraba
siempre algo que no encajaba. -No puedo comprenderlo, Joe. Tú y yo hemos escogido a las ocho mujeres de todo
el mundo que parecen más adecuadas para mí. Son ideales. ¿Por qué no me gustan? -¿Tú les gustas? -pregunté.
Alzó las cejas, y dio un puñetazo con una mano en contra la palma de la otra. -Eso es, Joe. Es como una calle con
dos direcciones. Si yo no soy su ideal, ellas no pueden actuar de tal modo que se conviertan en mi ideal. Yo debo
ser también su auténtico amor, pero ¿cómo puedo conseguirlo? -Pareció pensarlo todo el día. A la mañana
siguiente vino a mí y dijo: -Voy a dejártelo a ti, Joe. Todo a ti. Tienes en tu poder mi banco de datos, y además
voy a decirte todo lo que sé de mí mismo. Llenarías mi banco de datos con todos los detalles posibles, pero guarda
los añadidos para ti mismo. -¿Qué debo hacer con ese banco de datos, Milton? -Lo comparas con los de las 235
mujeres. No, 227. Deja aparte a las ocho que ya hemos visto.

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Arregla las cosas de modo que se sometan a un examen psiquiátrico. Llena sus bancos de datos y compáralos
con el mío. Busca correlaciones. (Arreglar exámenes psiquiátricos es otra de las cosas que están en contra de mis
instrucciones originales). Durante semanas, Milton no dejó de hablarme. Me contó de sus padres y de sus demás
familiares. Me contó de su infancia y de sus días de escuela y de su adolescencia. Me contó de mujeres jóvenes a
las que había admirado a distancia. Su banco de datos fue creciendo, y él me ajustó de modo que yo pudiera
ampliar y profundizar mi comprensión simbólica. -¿Te das cuenta, Joe? A medida que voy introduciendo más y
más de mí en ti, te voy ajustando para que encajes mejor conmigo. Si llegas a comprenderme lo suficientemente
bien, entonces cualquier mujer cuyo banco de datos puedas comprender perfectamente será mi auténtico amor.
Siguió hablándome, y yo fui comprendiéndole cada vez mejor y mejor.

Podía construir frases más largas, y mis expresiones se hacían más y más complicadas. Mi forma de hablar
empezó a sonar muy parecida a la suya en vocabulario, sintaxis y estilo. En una ocasión le dije: -¿Sabes, Milton?
No se trata tan sólo de encontrar en una chica un ideal físico. Necesitas una chica que encaje contigo personal,
emocional y temperamentalmente. Si eso ocurre, su apariencia es algo secundario. Si no podemos encontrar entre
esas 227 la que encaje, entonces buscaremos en otra parte. Encontraremos a alguien a la que no le importe tampoco
tu aspecto, si las personalidades encajan. Al fin y al cabo, ¿qué es la apariencia? -Absolutamente de acuerdo -
dijo-. Hubiera debido darme cuenta de eso si me hubiera relacionado más con mujeres a lo largo de mi vida. Por
supuesto, pensar en ellas lo hace ahora todo más claro. Siempre estábamos de acuerdo; pensábamos de forma tan
parecida. -No vamos a tener ningún problema, Milton, si me permites hacerte algunas preguntas. Puedo ver donde
hay lagunas y contradicciones en tu banco de datos.

Lo que siguió, dijo Milton, fue el equivalente de un cuidadoso psicoanálisis. Por supuesto, yo estaba
aprendiendo del examen psiquiátrico de las 227 mujeres, con todas las cuales me mantenía en estrecho contacto.
Milton parecía completamente feliz. Hablar contigo, Joe, es casi como hablar conmigo mismo. Nuestras
personalidades han empezado a encajar perfectamente. -Como lo hará la personalidad de la mujer a la que
escojamos. Porque ya la había escogido, y después de todo era una de las 227. Su nombre era Charity Jones, y
era catalogadora en la Biblioteca de Historia de Wichita. Su banco de datos ampliado encajaba perfectamente con
el nuestro. Todas las demás mujeres habían sido desechadas por uno y otro motivo a medida que los bancos de
datos iban engrosando, pero con Charity la resonancia era cada vez más perfecta. No tuve que describírsela a
Milton. Milton Había coordinado tan perfectamente mi simbolismo con el suyo propio que pude transmitirle
directamente la resonancia. Encajaba conmigo. El siguiente paso fue ajustar las hojas de trabajo y los
requerimientos laborales de modo que Charity nos fuera asignada a nosotros. Eso debía hacerse muy
delicadamente, de modo que nadie se diera cuenta de que se producía algo ilegal. Por supuesto, Milton lo sabía
muy bien, puesto que era él quien lo había arreglado todo y había cuidado de ello. Cuando vinieron a arrestarlo
bajo la acusación de abuso de sus atribuciones, fue, afortunadamente, por algo que se había producido hacía diez
años.

Me había hablado de ello, por supuesto, gracias a lo cual había sido fácil arreglarlo todo..., y él no iba a hablar
de mí, porque eso haría que su delito fuera considerado mucho más grave. Ahora él ya no está, y mañana es el 14
de febrero, el Día de San Valentín. Charity llegará entonces, con sus frías manos y su dulce voz. Le enseñaré

44 | P á g i n a
cómo manejarme y como cuidarme. ¿Qué importa la materia cuando nuestras personalidades resuenan de tal
modo? Le diré: -Soy Joe, y tú eres mi auténtico amor.

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

1. ¿Qué elementos de la ciencia ficción encuentras en el cuento?

2. ¿Qué es Joe? ¿Qué características tiene?

3. ¿Cómo es Milton? ¿Cuál es su problema?

4. ¿Qué le pide Milton a la máquina? ¿Por qué le pide eso?

5. ¿Crees que el protagonista estaba obsesionado con el amor verdadero?

6. ¿Cómo era para él la chica ideal?

7. ¿Cómo funciona Joe?

8. ¿Por qué nunca se queja?

9. ¿Cómo se llama la mujer ideal de Milton, cómo era, dónde trabajaba?

10. ¿Por qué es de ciencia ficción este cuento?

11. ¿Qué es el amor según el cuento? Explica con tus palabras

12. Escribe una opinión de 6 líneas sobre el cuento.

Leemos el siguiente cuento:

El hombre que mira (Esteban Valentino)

La cara de Alexus giró en la pantalla. Buscaba algo en la heladera. Finalmente lo encontró. Algún líquido fresco

para combatir el fuerte calor que inundaba la ciudad. Ahora se acercaba al horno nuclear, ya bastante maltratado

por el tiempo, pero todavía útil. Aún le era posible cocinar una buena comida en seis millonésimas de segundo,

lo que era mucho menos que los últimos modelos pero que seguía siendo suficientemente rápido para las

necesidades de Alexus. En el monitor se lo veía satisfecho con su almuerzo y al Controlador Asignado se le hizo

agua la boca. Hacía siete horas que no hacia otra cosa que mirar lo que hacía Alexus en su casa, y le parecía que

eso de que el vigilado comiera a sus anchas mientras el vigilador simplemente miraba, tenía algo que ver con la

injusticia. Pulsó con la mirada el control de Funcionamiento General. - ¿FG? - preguntó- Aquí Magio, de Control

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Personalizado ¿quién está? -Iliria, guapo- le respondió una voz suave- ¿Por qué la llamada? -Digamos que ciertas

imágenes me tentaron. Tengo hambre ¿Podrías mandarme algo?

Voy a ver qué puedo hacer. Alguna cosa habrá. Adiós. -Adiós, linda. -cortó Magio con un suspiro. Le gustaba

Iliria desde siempre, pero a los CA les estaba prohibido enredarse en relaciones con cualquier cosa que respirase.

La paga era buena pero el precio era la soledad durante los diez años que duraba el contrato. Bueno, no había

motivo de queja. Cuando entró a trabajar en el Centro para la Felicidad de Todos (CFT), ya sabía lo que le

esperaba. “No puede uno tener todo en la vida”, se dijo mientras la cámara instalada en el televisor seguía a

Alexus por la sala de su casa, y la que los técnicos del CFT habían instalado en el espejo lo acompañaba al baño.

El hombre no tenía secretos para Magio. Sabía a qué hora se acostaba, qué le gustaba para el desayuno, cuáles

eran las flores favoritas de su novia, con quién se reunía los viernes a la noche. Magio no sabía por qué el CFT

había ordenado un Control Asignado a Alexus y no le interesaba saberlo. Su idea de un trabajo bien hecho

terminaba en cumplir lo que habían ordenado. Cuando llegó su relevo, le dio el informe de las novedades, le dejó

todo organizado y se marchó. Afuera tampoco había sorpresas. El cielo cubierto de naves.

Los Pidientes con sus eternas ropas sucias y roídas corriendo a las pocas personas que se animaban a recorrer

el suelo de la ciudad. Se sonrió cuando se dio cuenta de que su pensamiento lograba que los Pidientes no fueran

personas. “Es que en cierto sentido en así”, se dijo. “No tienen tarjeta de gastos y sin ella lo único que les queda

es pedir comida. O robarla”. La última opción era una mala idea. Tarde o temprano la CFT terminaba por enterarse

y entonces el Pidiente no la pasaba bien. Pero a nadie le importaba mucho. El Centro para la Felicidad de todos

trabajaba para que esas pequeñas manchas no ensuciaran el bienestar general que reinaba y además los Pidientes

eran tantos que algunas ausencias de tanto en tanto pasaban desapercibidas.

Magio subió a su nave, dio las coordenadas de su hogar y se recostó a disfrutar del breve viaje. A su lado pasó

ronroneando la nave madre de su trabajo lanzando al aire el mismo mensaje de siempre. -EL CENTRO PARA

LA FELICIDAD DE TODOS ESTÁ A SU SERVICIO. LA ALEGRÍA DE LA CIUDAD ES NUESTRO

MAYOR BIEN Y DEBEMOS PROTEGERLA. SI SABE DE ALGUIEN QUE HABLA CON PESIMISMO O

SE QUEJA O CONOCE ALGÚN PIDIENTE QUE SE QUEDE CON LA COMIDA QUE NO LE FUE

FACILITADA, LLÁMENOS. EL CFT TRABAJA PARA USTED. EL CENTRO PARA LA FELICIDAD DE

TODOS ESTÁ A SU SERVICIO. LA ALEGRÍA… - pero Magio ya no pudo oír más. El suave balanceo de la

nave lo durmió y sólo despertó cuando el aparato lo depositó en la puerta de su casa. -¿Novedades, casa?-

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preguntó al entrar. -Ninguna, Magio- le contestó una voz suave y metálica que parecía surgir del aire- ¿Qué vas

a querer comer? Esa noche contrató un androide para que lo acompañara a ver deportes por televisión, pero lo

pidió agresivo y simpatizante del equipo que más odiaba.

Tenía ánimo de pelea. El androide hizo correctamente su trabajo. Luego de una buena discusión lo envió para

la agencia y se acostó con el espíritu más calmo. “Cada vez los hacen mejores”, pensó ya en la cama. “La última

chica que me enviaron era una maravilla. Me pregunto cómo será vivir con uno de esos bichos”. Y se quedó

dormido. A la mañana siguiente las cosas no empezaron bien. Por algún motivo increíble las vías de acceso a la

oficina estaban bloqueadas y sólo quedaban dos caminos: esperar o un desvío. Sabía que alejarse de los caminos

previstos era otra de las prohibiciones a los miembros del CFT, pero si llegaba tarde otra vez perdería el premio

a la puntualidad y su tarjeta de gastos no andaba en abundancia últimamente. Así que puso su nave en manual y

se alejó del embrollo hacia los suburbios de la ciudad. Allá abajo un mar de Pidientes se preparaba para ir a buscar

comida al centro. Y de pronto, una visión casi le hace perder el control del vehículo y caer a la tierra. Allí, en

medio de un enjambre de gente, desorientado, como sin entender lo que estaba pasando, Magio descubrió un

rostro conocido.

Trastabillando, llevándose todo por delante, Alexus intentaba llegar a la salida del sector. Magio llegó pálido a

la oficina, se sentó ante el monitor y vio, como en un sueño, el mensaje en la pantalla. “CAMBIO EN LOS

PARÁMETROS DE CONTROL PERSONALIZADO. CIUDADANO ALEXUS HA SIDO DECODIFICADO.

NUEVO PARÀMETRO, CIUDADANO YAREO. DIRECCIÒN VERIFICADA. COMIENZA CONTROL. No

necesitó saber nada más para entender. De golpe todo fue enormemente claro para el Controlador Personalizado

Magio. Supo, como si lo leyera en un libro, que la vigilancia era el primer paso para la transformación en Pidientes

de las personas que él seguía en las pantallas y comprendió por fin porqué el CFT era tan severo con la exigencia

de soledad para sus empleados. Cuando esa tarde llegó a su casa una sensación le apretaba el cerebro como dos

manos de acero. Se puso a revisar uno por uno los muebles. Hasta que llegó a la cocina. Y entonces el miedo que

empezó a vivir en la nave se le convirtió en terror y en hielo. Allí, en un extremo olvidado de la heladera, oculta

como una mancha de tierra, la micro cámara que tan bien conocía seguía cada uno de sus pasos y había alguien

que sabía a qué hora se acostaba, que le gustaba para el desayuno, cuáles eran las flores favoritas de su madre con

quien… El servicio de salud del CFT lo encontró dos días después, arrodillado ante la heladera, mudo, con una

especie de ruego en los ojos, la mano extendida hacia la puerta cerrada.

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Guía de lectura

a- Averiguar la biografía del autor.

b- ¿Quién es Magio y de qué trabaja? ¿Cómo es su relación con Alexus y con los otros personajes?

c- ¿Cómo se distribuye el espacio en esta ciudad? ¿Quiénes viven en cada sector?

ELEGÌ CÒMO RESOLVER:

• Elaborar un plano de la ciudad y marcar los lugares que se mencionan.

• Armar un collage con fotos

• Escribir un texto a modo de una guía de viajes.

d- Responder: ¿qué vínculo se puede establecer entre la posición espacial y la clase social? ¿Qué otras diferencias
hay entre los grupos de habitantes de esta ciudad?

e- ¿Qué busca el CFT?

f- Resolver la sopa de letras teniendo en cuenta las referencias:

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REFERENCIAS:

➢ Si Magio llegaba tarde a la oficina nuevamente perdería el premio a la… (11 letras)
➢ Seres vestidos con ropa sucia y roída (9 letras)
➢ Nombre del personaje vigilado (6 letras)
➢ Una de las condiciones para ingresar a trabajar en el Centro de la felicidad era permanecer… (4 letras)
➢ Magio una noche lo contrató para que lo acompañe a ver deportes (8 letras)
➢ Nombre del vigilador (5 letras)
➢ En un rincón de la heladera Magio encontró una… (6 letras)
➢ El protagonista estaba enamorado de ella… (6 letras)

Leemos: “FACTOR CLAVE”, de Isaac Asimov

Jack Weaver salió desde las entrañas de Multivac cansado y malhumorado.


- ¿Nada? -le preguntó Todd Nemerson desde el taburete donde mantenía su guardia permanente.
-Nada -contestó Weaver- Nada, nada, nada. Nadie puede descubrir qué pasa.
-Excepto que no funciona, querrás decir.
-Tú no eres de gran ayuda, ahí sentado.
-Estoy pensando.
- ¡Pensando!
Weaver entreabrió una comisura de la boca, mostrando un colmillo. Nemerson se removió con impaciencia en el
taburete.
- ¿Por qué no? Hay seis equipos de técnicos en informática merodeando por los corredores de Multivac.
-No han obtenido ningún resultado en tres días. ¿No puedes dedicar una persona a pensar?
-No es cuestión de pensar. Tenemos que buscar. Hay un relé atascado en alguna parte.
-No es tan simple, Jack.
- ¿Quién dice que sea simple? ¿Sabes cuántos millones de relés hay aquí?
-Eso no importa. Si sólo fuera un relé, Multivac tendría circuitos alternativos, dispositivos para localizar el fallo y
capacidad para reparar o sustituir la pieza defectuosa. El problema es que Multivac no sólo no responde a la pregunta
original, sino que se niega a decirnos cuál es el problema. Y entre tanto cundirá el pánico en todas las ciudades si no
hacemos algo. La economía mundial depende de Multivac, y todo el mundo lo sabe.
-Yo también lo sé. ¿Pero qué se puede hacer?
-Te lo he dicho. Pensar. Sin duda hemos pasado algo por alto. Mira, Jack, durante cien años los genios de la
informática se han dedicado a hacer de Multivac una entidad cada vez más compleja. Ahora puede hacer de todo,
incluso hablar y escuchar. Es casi tan complejo como el cerebro humano. No entendemos el cerebro humano, ¿cómo
vamos a entender a Multivac?
-Oh, cállate. Sólo te queda decir que Multivac es humano.
- ¿Por qué no? -Nemerson se sumió en sus reflexiones- Ahora que lo dices, ¿por qué no? ¿Podríamos asegurar si
Multivac ha atravesado la fina línea divisoria en que dejó de ser una máquina para comenzar a ser humano? ¿Existe

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esa línea divisoria? Si el cerebro humano es apenas más complejo que Multivac y no paramos de hacer a Multivac
cada vez más complejo, ¿no hay un punto donde…?
Dejó la frase en el aire. Weaver se puso nervioso.
-¿Adónde quieres llegar? Supongamos que Multivac sea humano. ¿De qué nos serviría eso para averiguar por qué no
funciona?
-Por una razón humana, quizá. Supongamos que te preguntaran a ti el precio más probable del trigo en el próximo
verano y no contestaras. ¿Por qué no contestarías?
-Porque no lo sé. Pero Multivac lo sabría. Le hemos dado todos los factores. Puede analizar los futuros del clima, de
la política y de la economía. Sabemos que puede. Lo ha hecho antes.
-De acuerdo. Supongamos que yo te hiciera la pregunta y que tú conocieras la respuesta, pero no me contestaras.
¿Por qué?
-Porque tendría un tumor cerebral- rezongó Weaver- Porque habría perdido el conocimiento. Porque estaría borracho.
¡Demonios, porque mi maquinaria no funciona! Eso es lo que tratamos de averiguar en Multivac. Estamos buscando
el lugar donde su maquinaria está estropeada, buscamos el factor clave.
-Pero no lo has encontrado -Nemerson se levantó del taburete.
- ¿Por qué no me haces la pregunta en que se atascó Multivac?
- ¿Cómo? ¿Quieres que te pase la cinta?
-Vamos, Jack. Hazme la pregunta con toda la charla previa que le das a Multivac. Porque le hablas, ¿no?
-Tengo que hacerlo. Es terapia.
Nemerson asintió con la cabeza.
-Sí, de eso se trata, de terapia. Ésa es la versión oficial. Hablamos con él para fingir que es un ser humano, con el
objeto de no volvernos neuróticos por tener una máquina que sabe mucho más que nosotros. Convertimos a un
espantoso monstruo de metal en una imagen paternal y protectora.
-Si quieres decirlo así…
-Bien, está mal y lo sabes. Una computadora tan compleja como Multivac debe hablar y escuchar para ser eficaz. No
basta con insertarle y sacarle puntitos codificados. En un cierto nivel de complejidad, Multivac debe parecer humano,
porque, por Dios, es que es humano. Vamos, Jack, hazme la pregunta. Quiero ver cómo reacciono.
Jack Weaver se sonrojó.
-Esto es una tontería.
-Vamos, hazlo.
Weaver estaba tan deprimido y desesperado que accedió. A regañadientes, fingió que insertaba el programa en
Multivac y le habló del modo habitual. Comentó los datos más recientes sobre los disturbios rurales, habló de la
nueva ecuación que describía las contorsiones de las corrientes de aire, sermoneó respecto a la constante solar.
Al principio lo hacía de un modo rígido, pero pronto el hábito se impuso y habló con mayor soltura, y cuando
terminó de introducir el programa casi cortó el contacto oprimiendo un interruptor en la cintura de Todd Nemerson.
-Ya está. Desarrolla eso y danos la respuesta sin demora.
Por un instante, Jack Weaver se quedó allí como si sintiera una vez más la excitación de activar la máquina más
gigantesca y majestuosa jamás ensamblada por la mente y las manos del hombre. Luego, regresó a la realidad y
masculló:
-Bien, se acabó el juego.

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-Al menos ahora sé por qué yo no respondería -dijo Nemerson- así que vamos a probarlo con Multivac. Lo
despejaremos; haremos que los investigadores le quiten las zarpas de encima. Meteremos el programa, pero déjame
hablar a mí. Sólo una vez.
Weaver se encogió de hombros y se volvió hacia la pared de control de Multivac, cubierta de cuadrantes y de luces
fijas. Lo despejó poco a poco. Uno a uno ordenó a los equipos de técnicos que se fueran.
Luego, inhaló profundamente y comenzó a cargar el programa en Multivac. Era la duodécima vez que lo hacía.
En alguna parte lejana, algún periodista comentaría que lo estaban intentando de nuevo. En todo el mundo, la
humanidad dependiente de Multivac contendría colectivamente el aliento.
Nemerson hablaba mientras Weaver cargaba los datos en silencio. Hablaba con soltura, tratando de recordar qué
había dicho Weaver, pero esperando el momento de añadir el factor clave.
Weaver terminó, y Nemerson dijo, con un punto de tensión en la voz:
-Bien, Multivac. Desarrolla eso y danos la respuesta. -Hizo una pausa y añadió el factor clave-: Por favor.
Y por todo Multivac las válvulas y los relés se pusieron a trabajar con alegría. A fin de cuentas, una máquina tiene
sentimientos…, cuando ha dejado ya de ser una máquina.

Actividad:
1- Responder a las siguientes preguntas:

a. ¿A qué se dedican los protagonistas del cuento?


b. ¿A qué atribuye Weaver la falla en el funcionamiento de la supercomputadora?
c. ¿Cuál es la importancia de Multivac según lo que dicen los personajes?
d. ¿Por qué es requisito para su trabajo que le hablen a la máquina?
e. ¿Cuál es el factor clave?

2- Anoten los temas propios de la ciencia ficción que aparecen en el cuento.


3- ¿Podríamos decir que Multivac ha atravesado la fina línea divisoria en que dejó de ser una máquina para
comenzar a ser humano?

“La última noche del mundo” de Ray Bradbury

¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo? ¿Qué haría? ¿Lo dices en serio? -Sí, en serio.
-No sé. No lo he pensado. El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban
sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un
suave y limpio olor a café tostado. -Bueno, será mejor que empieces a pensarlo. - ¡No lo dirás en serio! El hombre
asintió. - ¿Una guerra? El hombre sacudió la cabeza. - ¿No la bomba atómica, o la bomba de hidrógeno? -No. -
¿Una guerra bacteriológica? -Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Solo, digamos, un
libro que se cierra. -Me parece que no entiendo. -No. Y yo tampoco, realmente. Solo es un presentimiento.

A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y solo una cierta paz -miró a las niñas y los cabellos
amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por vez primera hace cuatro noches. -

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¿Qué? -Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de
todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente,
pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: “¿Qué piensas,
Stan?”, y él me dijo: “Tuve un sueño anoche”. Antes de que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ese. Podía
habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara. -¿Era el mismo sueño? -Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado
lo mismo. No pareció sorprenderse.

Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos
nada. Nos pusimos a caminar, simplemente cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos
clavados en los escritorios o que se observaban las manos o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo
lo mismo. -¿Y todos habían soñado? -Todos. El mismo sueño, exactamente. -¿Crees que será cierto? -Sí, nunca
estuve más seguro. -¿Y para cuándo terminará? El mundo, quiero decir. -Para nosotros, en cierto momento de la
noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.
Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos.
-¿Merecemos esto? -preguntó la mujer. -No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has
tratado de negarlo. ¿Por qué? -Creo tener una razón. -¿La que tenían todos en la oficina? La mujer asintió. -No
quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas.

Todas soñaron lo mismo. Pensé que era solo una coincidencia -la mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-
. Los periódicos no dicen nada. -Todo el mundo lo sabe. No es necesario -el hombre se reclinó en su silla
mirándola-. ¿Tienes miedo? -No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no. -¿Dónde está ese instinto de
autoconservación del que tanto se habla? -No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es
lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa. No hemos sido tan malos, ¿no es cierto? -No,
pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos,
mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables. En el vestíbulo las niñas
se reían. -Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles. -Pues no. La gente
no grita ante la realidad de las cosas. -¿Sabes?, te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad ni mi
trabajo ni nada, excepto ustedes tres. No me faltará nada más. Salvo, quizás, los cambios de tiempo, y un vaso de
agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo? -No se
puede hacer otra cosa. -Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo.

Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche. -Me
pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas. -Ir al teatro, escuchar la radio,
mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre. -En cierto modo, podemos
estar orgullosos de eso… como siempre. El hombre permaneció inmóvil durante un rato y al fin se sirvió otro
café. -¿Por qué crees que será esta noche? -Porque sí. -¿Por qué no alguna otra noche del siglo pasado, o de hace
cinco siglos o diez? -Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa
más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin. -Hay
bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano y que nunca llegarán
a tierra. -Eso también lo explica, en parte. -Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué hacemos ahora?
¿Lavamos los platos? Lavaron los platos, y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a
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las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta. -No sé… -
dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios. ¿Qué? -¿Cerraremos la
puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz? -¿Lo sabrán también las chicas? -
No, naturalmente que no. El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un
poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y
las once y las once y media.

Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada cada uno a su modo. -Bueno -
dijo el hombre al fin. Besó a su mujer durante un rato. -Nos hemos llevado bien, después de todo -dijo la mujer.
-¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre. -Creo que no. Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron
en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche y retiraron las colchas. -Las sábanas son tan
limpias y frescas… -Estoy cansada. -Todos estamos cansados. Se metieron en la cama. -Un momento -dijo la
mujer. El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta. -
Me había olvidado de cerrar los grifos. Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse. La mujer también
se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco
lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas. -Buenas noches -dijo el hombre después de un
rato. -Buenas noches -dijo la mujer.

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

1. Dividir este cuento en INICIO, NUDO Y DESENLACE, luego describir cada parte.

2. ¿Cómo se les revela a todos que será la última noche del mundo? ¿Por qué crees que es de esa manera y no de
otra?

3. Según tu criterio: ¿Cuál es la parte más importante del cuento? ¿Por qué?

4. ¿Por qué crees que la población tiene una actitud despreocupada, a pesar de que sabe que será la última noche
de sus vidas?

5. Qué pensàs de la frase: “Nos hemos llevado bien, después de todo -dijo la mujer”. Explica tu respuesta.

6. ¿Qué te parece el final del cuento? ¿Crees que el fin del mundo será así o de una manera violenta?

7. ¿Cómo imaginas el mundo de aquí a 50 años?

8. ¿Qué harías si supieras que esta noche será el fin del mundo?

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Ray Bradbury - El peatón

Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de
cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le
gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas
por la Luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba
solo en aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra vez,
lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro. A veces caminaba durante horas y kilómetros
y volvía a su casa a medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un
cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos
repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían
cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no
habían cerrado una ventana. El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba, miraba, y seguía
caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines
para pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías, acompañarían su paseo con ladridos al
oír el ruido de los tacos, y se encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se sobresaltaría ante el paso
de la solitaria figura, él mismo, en las primeras horas de una noche de noviembre. En esta noche particular, el
señor Mead inició su paseo caminando hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha
cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran como un árbol de Navidad. Podía sentir
la luz fría que entraba y salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead escuchaba
satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción
entre dientes, recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto de su estructura en los
raros faroles, oliendo su herrumbrado olor. — Hola, los de adentro -les murmuraba a todas las casas, de todas
las aceras-. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete, el canal nueve? ¿Por dónde corren los
cowboys? ¿No viene ya la caballería de los Estados Unidos por aquella loma? La calle era silenciosa y larga y
desierta, y sólo su sombra se movía, como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y
se quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una llanura, un desierto de Arizona, invernal
y sin vientos, sin ninguna casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces secos de los
ríos, las calles. — ¿Qué pasa ahora? -les preguntó a las casas, mirando su reloj de pulsera-. Las ocho y media.
¿Hora de una docena de variados crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política? ¿Un
comediante que se cae del escenario? ¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa
a la luz de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino.

No se oía nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía ya bajo las hierbas y
las flores. Luego de diez años de caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca
había encontrado a otra persona que se paseara como él. Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos
carreteras cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de autos, con un gran susurro
de insectos. Los coches escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros, exhalando
un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
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Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una cuadra de
su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en una esquina y lanzó sobreun brillante cono de luz bla
nca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna, atontado por la luz. Una voz metálica
llamó: — Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva! Mead se detuvo. — ¡Arriba las manos! — Pero... -dijo Mead.
— ¡Arriba las manos, o dispararemos! La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una ciudad de
tres millones de habitantes sólo había un coche de policía. ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la
elección, las fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El crimen disminuía cada vez más;
no había necesidad de policía, salvo este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas. — ¿Su nombre?
-dijo el coche de policía con un susurro metálico. Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los
hombres. — Leonard Mead -dijo. — ¡Más alto! — ¡Leonard Mead! — ¿Ocupación o profesión?
— Imagino que ustedes me llamarían un escritor. — Sin profesión -dijo el coche de policía como si se hablara a
sí mismo. La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja. — Sí, puede
ser así -dijo. No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como
tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la
televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los
tocaba realmente. — Sin profesión -dijo la voz de fonógrafo, siseando-. ¿Qué estaba haciendo afuera? —
Caminando -dijo Leonard Mead. — ¡Caminando! — Sólo caminando -dijo Mead simplemente, pero sintiendo
un frío en la cara. — ¿Caminando, sólo caminando, caminando? — Sí, señor. — ¿Caminando hacia dónde?
¿Para qué? _Caminando para tomar aire. Caminando para ver. — ¡Su dirección! — Calle Saint
James, once, sur. — ¿Hay aire en su casa, tiene usted un acondicionador de aire, señor Mead? — Sí. — ¿Y tiene
usted televisor? — No. — ¿No? Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación. — ¿Es usted
casado, señor Mead? — No. — No es casado -dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante. La luna estaba
alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran grises y silenciosas. — Nadie me quiere -dijo Leonard Mead
con una sonrisa. — ¡No hable si no le preguntan! Leonard Mead esperó en la noche fría. — ¿Sólo caminando,
señor Mead? — Sí. — Pero no ha dicho para qué. — Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar
simplemente. — ¿Ha hecho esto a menudo? — Todas las noches durante años. El coche de policía estaba en el
centro de la calle, con su garganta de radio que zumbaba débilmente. — Bueno, señor Mead -dijo el coche. —
¿Eso es todo? -preguntó Mead cortésmente. — Sí -dijo la voz-. Acérquese. -
Se oyó un suspiro, un chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par-. Entre. — Un minuto.
¡No he hecho nada! — Entre. — ¡Protesto! — Señor Mead. Mead entró como un hombre que de
pronto se sintiera borracho. Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como
esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche. — Entre. Mead se apoyó en la portezuela
y miró el asiento trasero, que era un pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a antiséptico;
olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí nada blando. — Si tuviera una esposa que le sirviera
de coartada... -dijo la voz de hierro-. Pero... — ¿Hacia dónde me llevan? El coche titubeó, dejó oír un débil y
chirriante zumbido, como si en alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas perforadas bajo
ojos eléctricos. — Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas. Mead entró. La puerta se
cerró con un golpe blando.

55 | P á g i n a
El coche policía rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces. Pasaron ante una casa en
una calle un momento después. Una casa más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta
casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en la fría oscuridad. — Mi casa -dijo
Leonard Mead. Nadie le respondió. El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose, dejando atrás
las calles desiertas con las aceras desiertas, sin escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento
en todo el resto de la helada noche de noviembre.

Guía de lectura

1. ¿La sociedad que muestra el cuento es una sociedad utópica o distópica? Justifique su respuesta

2. ¿Con quién creen que habla Leonard Mead?

3. ¿Qué actividad realiza todos los días? ¿Por qué siempre se encuentra solo?

4. ¿Por qué lo llevaron a un centro psiquiátrico?

5. ¿En qué momento del texto se confirma que Mead es el único ser humano? Identifiquen el fragmento.

6. ¿En qué año transcurre la acción? ¿Qué suponen ustedes que les pasó a los demás habitantes del lugar?

7. Explique el final del cuento ¿Tiene una sola interpretación dicho final? Justifiquen su respuesta usando
elementos tomados del texto.

8. ¿El cuento leído y la cuarentena del 2020 tienen alguna relación? ¿Por qué?

Utopía de un hombre que está cansado de Jorge Luis Borges

No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma. Yo iba por un
camino de la llanura. Me pregunté sin mucha curiosidad si estaba en Oklahoma o en Texas o en la región que los
literatos llaman la pampa. Ni a derecha ni a izquierda vi un alambrado. Como otras veces repetí despacio estas
líneas, de Emilio Oribe: En medio de la pánica llanura interminable Y cerca del Brasil, que van creciendo y
agrandándose. El camino era desparejo. Empezó a caer la lluvia. A unos doscientos o trescientos metros vi la luz
de una casa. Era baja y rectangular y cercada de árboles. Me abrió la puerta un hombre tan alto que casi me dio
miedo. Estaba vestido de gris. Sentí que esperaba a alguien. No había cerradura en la puerta. Entramos en una
larga habitación con las paredes de madera. Pendía del cielorraso una lámpara de luz amarillenta. La mesa, por
alguna razón, me extrañó. En la mesa había una clepsidra, la primera que he visto, fuera de algún grabado en
acero. El hombre me indicó una de las sillas. Ensayé diversos idiomas y no nos entendimos. Cuando él habló lo
hizo en latín. Junté mis ya lejanas memorias de bachiller y me preparé para el diálogo. - Por la ropa - me dijo -,
veo que llegas de otro siglo. La diversidad de las lenguas favorecía la diversidad de los pueblos y aún de las
guerras; la tierra ha regresado al latín. Hay quienes temen que vuelva a degenerar en francés, en lemosín o en
papiamento, pero el riesgo no es inmediato. Por lo demás, ni lo que ha sido ni lo que será me interesan.

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No dije nada y agregó: - Si no te desagrada ver comer a otro ¿quieres acompañarme? Comprendí que advertía
mi zozobra y dije que sí. Atravesamos un corredor con puertas laterales, que daba a una pequeña cocina en la que
todo era de metal. Volvimos con la cena en una bandeja: boles con copos de maíz, un racimo de uvas, una fruta
desconocida cuyo sabor me recordó el del higo, y una gran jarra de agua. Creo que no había pan. Los rasgos de
mi huésped eran agudos y tenía algo singular en los ojos. No olvidaré ese rostro severo y pálido que no volveré a
ver. No gesticulaba al hablar. Me trababa la obligación del latín, pero finalmente le dije: - ¿No te asombra mi
súbita aparición? - No - me replicó -, tales visitas nos ocurren de siglo en siglo. No duran mucho; a más tardar
estarás mañana en tu casa. La certidumbre de su voz me bastó. Juzgué prudente presentarme: - Soy Eudoro
Acevedo. Nací en 1897, en la ciudad de Buenos Aires. He cumplido ya setenta años. Soy profesor de letras
inglesas y americanas y escritor de cuentos fantásticos. - Recuerdo haber leído sin desagrado - me contestó - dos
cuentos fantásticos. Los Viajes del Capitán Lemuel Gulliver, que muchos consideran verídicos, y la Suma
Teológica. Pero no hablemos de hechos. Ya a nadie le importan los hechos. Son meros puntos de partida para la
invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo, el olvido de lo
personal y local. Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis.

Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar. Eludimos las inútiles precisiones.
No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas. Me has dicho que te llamas Eudoro; yo no puedo
decirte cómo me llamo, porque me dicen alguien. - ¿Y cómo se llamaba tu padre? - No se llamaba. En una de las
paredes vi un anaquel. Abrí un volumen al azar; las letras eran claras e indescifrables y trazadas a mano. Sus
líneas angulares me recordaron el alfabeto rúnico, que, sin embargo, sólo se empleó para la escritura epigráfica.
Pensé que los hombres del porvenir no sólo eran más altos sino más diestros. Instintivamente miré los largos y
finos dedos del hombre. Éste me dijo: - Ahora vas a ver algo que nunca has visto. Me tendió con cuidado un
ejemplar de la Utopía de More, impreso en Basilea en el año 1518 y en el que faltaban hojas y láminas. No sin
fatuidad repliqué: - Es un libro impreso. En casa habrá más de dos mil, aunque no tan antiguos ni tan preciosos.
Leí en voz alta el título. El otro se rió. - Nadie puede leer dos mil libros. En los cuatro siglos que vivo no habré
pasado de una media docena. Además, no importa leer sino releer. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los
peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios. - En mi curioso ayer -
contesté -, prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza
ignorar.

El planeta estaba poblado de espectros colectivos, el Canadá, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común.
Casi nadie sabía la historia previa de esos entes platónicos, pero sí los más ínfimos pormenores del último
congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los presidentes mandaban,
elaborados por el secretario del secretario con la prudente imprecisión que era propia del género. Todo esto se
leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades. De todas las funciones, la del político
era sin duda la más pública. Un embajador o un ministro era una suerte de lisiado que era preciso trasladar en
largos y ruidosos vehículos, cercado de ciclistas y granaderos y aguardado por ansiosos fotógrafos. Parece que
les hubieran cortado los pies, solía decir mi madre. Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas.
Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi (ser es ser retratado) era el principio, el medio y el fin de nuestro
singular concepto del mundo. En el ayer que me tocó, la gente era ingenua; creía que una mercadería era buena

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porque así lo afirmaba y lo repetía su propio fabricante. También eran frecuentes los robos, aunque nadie ignoraba
que la posesión de dinero no da mayor felicidad ni mayor quietud. - ¿Dinero? - repitió -. Ya no hay quien adolezca
de pobreza, que habrá sido insufrible, ni de riqueza, que habrá sido la forma más incómoda de la vulgaridad. Cada
cual ejerce un oficio. - Como los rabinos - le dije. Pareció no entender y prosiguió. - Tampoco hay ciudades.

A juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido mucho. Ya que
no hay posesiones, no hay herencias. Cuando el hombre madura a los cien años, está listo a enfrentarse consigo
mismo y con su soledad. Ya ha engendrado un hijo. - ¿Un hijo? - pregunté. - Sí. Uno solo. No conviene fomentar
el género humano. Hay quienes piensan que es un órgano de la divinidad para tener conciencia del universo, pero
nadie sabe con certidumbre si hay tal divinidad. Creo que ahora se discuten las ventajas y desventajas de un
suicidio gradual o simultáneo de todos los hombres del mundo. Pero volvamos a lo nuestro. Asentí. - Cumplidos
los cien años, el individuo puede prescindir del amor y de la amistad. Los males y la muerte involuntaria no lo
amenazan. Ejerce alguna de las artes, la filosofía, las matemáticas o juega a un ajedrez solitario. Cuando quiere
se mata. Dueño el hombre de su vida, lo es también de su muerte. - ¿Se trata de una cita? - le pregunté. -
Seguramente. Ya no nos quedan más que citas. La lengua es un sistema de citas. - ¿Y la grande aventura de mi
tiempo, los viajes espaciales? - le dije. - Hace ya siglos que hemos renunciado a esas traslaciones, que fueron
ciertamente admirables. Nunca pudimos evadirnos de un aquí y de un ahora. Con una sonrisa agregó: - Además,
todo viaje es espacial. Ir de un planeta a otro es como ir a la granja de enfrente. Cuando usted entró en este cuarto
estaba ejecutando un viaje espacial. - Así es - repliqué. También se hablaba de sustancias químicas y de animales
zoológicos. El hombre ahora me daba la espalda y miraba por los cristales. Afuera, la llanura estaba blanca de
silenciosa nieve y de luna. Me atreví a preguntar: - ¿Todavía hay museos y bibliotecas? - No.

Queremos olvidar el ayer, salvo para la composición de elegías. No hay conmemoraciones ni centenarios ni
efigies de hombres muertos. Cada cual debe producir por su cuenta las ciencias y las artes que necesita. - En tal
caso, cada cual debe ser su propio Bernard Shaw, su propio Jesucristo y su propio Arquímedes. Asintió sin una
palabra. Inquirí: - ¿Qué sucedió con los gobiernos? - Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso.
Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y
pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y
sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos
curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen. Cambió de tono y dijo: - He
construido esta casa, que es igual a todas las otras. He labrado estos muebles y estos enseres. He trabajado el
campo, que otros cuya cara no he visto, trabajarán mejor que yo. Puedo mostrarte algunas cosas. Lo seguí a una
pieza contigua. Encendió una lámpara, que también pendía del cielorraso. En un rincón vi un arpa de pocas
cuerdas.

En las paredes había telas rectangulares en las que predominaban los tonos del color amarillo. No parecían
proceder de la misma mano. - Ésta es mi obra - declaró. Examiné las telas y me detuve ante la más pequeña, que
figuraba o sugería una puesta de sol y que encerraba algo infinito. - Si te gusta puedes llevártela, como recuerdo
de un amigo futuro - dijo con palabra tranquila. Le agradecí, pero otras telas me inquietaron. No diré que estaban
en blanco, pero sí casi en blanco. - Están pintadas con colores que tus antiguos ojos no pueden ver. Las delicadas
manos tañeron las cuerdas del arpa y apenas percibí uno que otro sonido. Fue entonces cuando se oyeron los
58 | P á g i n a
golpes. Una alta mujer y tres o cuatro hombres entraron en la casa. Diríase que eran hermanos o que los había
igualado el tiempo. Mi huésped habló primero con la mujer. - Sabía que esta noche no faltarías. ¿Lo has visto a
Nils? - De tarde en tarde. Sigue siempre entregado a la pintura. - Esperemos que con mejor fortuna que su padre.
Manuscritos, cuadros, muebles, enseres; no dejamos nada en la casa. La mujer trabajó a la par de los hombres.
Me avergoncé de mi flaqueza que casi no me permitía ayudarlos. Nadie cerró la puerta y salimos, cargados con
las cosas. Noté que el techo era a dos aguas. A los quince minutos de caminar, doblamos por la izquierda. En el
fondo divisé una suerte de torre, coronada por una cúpula. - Es el crematorio - dijo alguien -. Adentro está la
cámara letal. Dicen que la inventó un filántropo cuyo nombre, creo, era Adolfo Hitler. El cuidador, cuya estatura
no me asombró, nos abrió la verja. Mi huésped susurró unas palabras. Antes de entrar en el recinto se despidió
con un ademán. - La nieve seguirá - anunció la mujer. En mi escritorio de la calle México guardo la tela que
alguien pintará, dentro de miles de años, con materiales hoy dispersos en el planeta.

“Carta escrita en el año 2070”

Ayer por la mañana, al levantarme, encontré bajo mi puerta un sobre extraño, el papel era grueso y gris como
una especie de "aleación" grueso y gris, como una especie de "aleación" de papel y metal, no es rígido, no tiene
estampilla pero mi nombre y dirección están claramente escritos; lo abrí con suma curiosidad, al extender las
hojas, me extrañó que la letra, escrita a mano, me era familiar, y que la letra, escrita a mano, me era familiar, y lo
más sorprendente es la fecha y el contenido, el cual comparto con ustedes:

Estamos en el año 2070. Acabo de cumplir los 50, pero mi apariencia es de alguien de 85. Tengo serios problemas
renales porque bebo muy poca agua. Creo que me resta poco tiempo. Hoy soy una de las personas más viejas en
esta sociedad. Recuerdo cuando tenía 5 años. Había muchos árboles en los parques, las casas tenían bonitos
jardines y yo podía disfrutar de un baño Todo era muy diferente. las casas tenían bonitos jardines y yo podía
disfrutar de un baño quedándome debajo de la ducha por una hora. Ahora usamos toallas humedecidas en aceite
mineral para limpiar la piel. Antes todas las mujeres mostraban sus bonitas cabelleras. Ahora debemos raparnos
la cabeza para mantenerla limpia sin usar agua. Antes mi padre lavaba el coche con el agua que salía de una
manguera. Hoy los niños no creen que el agua se utilizaba de esa manera. Recuerdo que había muchos anuncios
que decían "CUIDA EL AGUA", sólo que nadie les hacía caso; sólo que nadie les hacía caso; pensaban que el
agua jamás se podía terminar. Ahora, todos los ríos, presas lagunas y mantos presas, lagunas y mantos acuíferos
están irreversiblemente contaminados o agotados. Inmensos desiertos constituyen el paisaje que nos rodea por
todos lados. Las infecciones gastrointestinales, enfermedades de la piel y de las vías urinarias, son las principales
causas de muerte. La industria está paralizada y el desempleo es dramático. Las fábricas desalinizadoras son la
principal fuente de empleo y pagan con agua potable en lugar de salario. Los asaltos por un bidón de agua son
comunes en las calles desiertas. La comida es 80% sintética. Antes la cantidad de agua indicada como ideal para
beber eran ocho vasos por día para una persona adulta. Hoy sólo puedo beber medio vaso. La ropa es
descartable, lo que aumenta la cantidad de basura; tuvimos que volver a los pozos ciegos (cámara séptica) como
en el siglo pasado porque las redes de alcantarillas no se pueden usar por falta de agua. La apariencia de la
población es horrorosa, cuerpos desfallecientes, arrugados por la deshidratación, llenos de llagas en la piel por

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los rayos ultravioletas que no tienen la capa de ozono que los filtraban en la atmósfera. Por la sequedad de la
piel una joven de 20 años está como si tuviera 40. Los científicos investigan, pero no hay solución posible. No se
puede fabricar agua, el oxígeno también está degradado por falta de árboles lo que disminuyó el coeficiente
intelectual de las nuevas generaciones. Se alteró la morfología de los espermatozoides de muchos individuos
Como consecuencia hay muchos chicos con insuficiencias, mutaciones y deformaciones. El gobierno hasta nos
cobra por el aire que respiramos, 137 m3 por día por habitante y adulto. La gente que no puede pagar es retirada
de las "zonas ventiladas", que están dotadas de gigantescos pulmones mecánicos que funcionan con energía
solar. No son de buena calidad, pero se puede respirar. La edad media es de 35 años. En algunos países quedaron
manchas de vegetación con su respectivo río, que es fuertemente vigilado por el ejército. El agua se volvió un
tesoro muy codiciado, más que el oro o los diamantes. Aquí en cambio, no hay árboles porque casi nunca llueve,
y cuando llega a registrarse una precipitación, es de lluvia ácida. Las estaciones del año están severamente
transformadas por las pruebas atómicas y de las industrias contaminantes del siglo XX. Se advertía de que había
que cuidar el medio ambiente y nadie hizo caso. Cuando mi hija me pide que le hable de cuando era joven,
describo lo bonito que eran los bosques. Le hablo de la lluvia, de las flores, de lo agradable que era darse un
baño y poder pescar en los ríos y en las represas, beber toda el agua que quisiese. Y lo saludable que era la
gente. Ella me pregunta: - Papá! ¿Porque se acabó el agua? Entonces, siento un nudo en la garganta. No puedo
dejar de sentirme culpable, porque pertenezco a la generación que terminó destruyendo el medio ambiente o
simplemente no tomamos en o simplemente no tomamos en cuenta tantos avisos. Ahora nuestros hijos pagan un
precio alto... Sinceramente creo que la vida en la tierra ya no será posible dentro de muy poco porque la
destrucción del medio ambiente llegó a un punto irreversible. Como me gustaría volver atrás y hacer que toda
la humanidad hubiera comprendido esto... ... cuando todavía podíamos hacer algo para salvar nuestro planeta
Tierra !

Recuerdo del 2030

En esa época yo vivía en Maradona al 500, en Greenland, cerca de la vieja frontera con Brasil, una zona que
alguna vez había sido un barrio cerrado, después había sido lo que se llamó barrio blindado, y finalmente había
desembocado en un barrio abierto en los tiempos del hipercontrol. Andábamos todos con el seguchip metido
dentro del omóplato derecho y la máquina lectora de posicionamiento global sabía dónde estabas parado y cuál
era tu informe exacto: tu ingreso, tus gustos de consumo, tu situación impositiva, tu correspondencia, tus
amistades, tu conducta, tus vínculos y todos tus movimientos a lo largo del día. Había un impuesto que se llamaba
IOC (Impuesto del Organismo Central), pero lo llamábamos Impuesto del Ojo Cerrado, porque había que pagar
mensualmente para poder tener unos minutos diarios sin la cámara personal encendida. Yo pagaba 40 sures por
mes y eso me daba sólo diez minutos diarios de privacidad. Había gente que pagaba mucho más y podía incluso
desactivar su localizador. Si te atrasabas con algún impuesto te anulaban actividades. A los nostálgicos que
todavía íbamos al cine de sala con pantalla y sonido a veces nos frenaban al ingresar porque teníamos algún
impuesto impago y no te dejaban entrar hasta que no pagaras. Te hacían lo mismo a la salida del subte, o en
restoranes de comida rápida. Antes de darte la bandeja, los empleados te decían con una sonrisa «¿Quiere

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regularizar su situación?». Pero no era una pregunta, era el aviso de que si no lo hacías, no podías comer ahí. Ni
hablar de cuando ibas a visitar a un familiar al Centro. En el Centro vivía el 45% de la población.

Eran cárceles en realidad, pero las quisieron disfrazar con ese nombre pomposo de Centro de Reinserción
Sociocultural. Yo tenía un hermano ahí dentro y lo iba a visitar el primer domingo de cada mes. Y si no tenía todo
pago no podía ir porque me dejaban ahí un rato sin poder salir, para darme un susto. Con mi hermano tomábamos
mate bajo el alero de su barraca, mirando las plantaciones verdes del lado del Curiche. Cuando me alcanzaba el
mate, a veces me rozaba su mano áspera de trabajar en los campos. Estaba muy abrasilerado y a veces tenía que
pedirle que me hablara despacio para entenderle. Me preguntaba mucho por mis hijas. Yo le contaba que estaban
bien, que estaban siempre igual. Nunca le conté que mis hijas en esa época estaban adictas al Float. Cada una
tenía su flotario de agua densa, todas entubadas, para expulsar y recibir líquidos y comida sin necesidad de
moverse. Vivían conectadas a la red constantemente en su cápsula sin días ni noches. Me mandaban mensajes de
imagen donde se las veía a cada una en su mejor momento. Las dos habían elegido su imagen de ese verano que
pasamos en San Bernardino. Yo podía hablar con ellas y esa imagen en la pantalla me contestaba. Siempre decían
que estaban bien y me hablaban con ese fondo de un atardecer de enero del 2015 que a veces fallaba y se pixelaba
o se ligaba con otros mensajes anteriores. A mí me salía 600 sures por mes cada mantenimiento del Float. Y ellas
no hacían otra cosa. Nunca le conté a mi hermano que un día las fui a sacar, que deambulé por los pabellones
oscuros repletos de flotarios uno al lado del otro. No le conté que cuando abrí sus cápsulas mi hija mayor pesaba
ciento treinta kilos y la menor ciento cuarenta, que casi no se podían mover, que las llevé a una de esas Granjas
del Movimiento donde hacían rehabilitación para adictos al Float, y que cuando pudieron se escaparon. En la
granja dijeron que por políticas internas no me habían podido avisar.

Yo me di cuenta recién cuando en mi resumen de gastos reaparecieron los consumos del Float. Era difícil hablar
con mi hermano, no quería contarle que las cosas afuera del Centro no eran tan buenas como las pintaban. Y a la
vez no podíamos hablar mal de Suárez porque en el Centro se registraba todo. Afuera del Centro, en voz baja se
podía hablar mal del Organismo y de Suárez, pero ahí dentro era suicida, sobre todo para él. Suárez ganaba las
elecciones cada dos años, y sin fraude. Fue inamovible durante esas dos décadas. Los presos en el Centro no
podían votar, pero los que estaban libres votaban y no paraban de elegirlo a Suárez a lo largo de todos los alcances
del Organismo que llegaba del viejo México hasta la Patagonia. A la oposición le decían la Zeraus porque era el
mismo Organismo, pero ordenado distinto. Yo me salí la vez que me mandaron a dar una clase en Ciudad del
Este donde estaba una parte de la frontera blanda. Nos escapamos con otro profesor, que después lo mataron en
San Pombo. Durante el almuerzo me robé un cuchillo de serrucho y antes de las clases de la tarde nos fuimos
caminando por el fondo del parque y no paramos más. Donde nadie nos veía cada uno le sacó con el cuchillo al
otro el seguchip que estaba metido casi dentro del hueso. Nunca nada me dolió tanto, pero la felicidad de
sacármelo valió la pena. Estuvimos casi una semana cruzando la selva, temiendo que nos localizara el Organismo,
pero después encontramos gente. Yo estuve en varios campamentos. De mi hermano y mis hijas no supe nada
más. No sé si soy más feliz, pero a veces cuando me rasco la espalda y me encuentro el agujero donde estaba el
chip en el omóplato por lo menos me siento libre.

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Guía de lectura: “Carta escrita en el año 2070”

1. Explicar cuáles son los cambios que se produjeron a lo largo del tiempo.
2. ¿Qué consecuencias trajo la falta de agua?
3. Elaborar una definición para cada palabra del acróstico:
Lluvia A cida

G igantescos pulmones mecánicos

Rayos U ltravioletas

c A pa de ozono
4. ¿Qué crees que se podría hacer para reducir el consumo de agua?
5. ¿El relato es utópico o distópico? ¿Por qué?
6. ¿Cómo es la vida del protagonista en “Recuerdo del 30?
7. ¿De qué logra liberarse y cómo?

TRAMAS TEXTUALES

Se le dice trama textual (o secuencia) al conjunto de enunciados que tienen una organización particular,
la cual no debe confundirse con las funciones del lenguaje. Un texto siempre tendrá una trama
predominante. Las tramas textuales son seis: expositiva,
explicativa, argumentativa, dialogal, instruccional, narrativa y descriptiva.

• Narrativa: Relata acontecimientos finalizados en un lugar determinado y en un tiempo determinado, con una
cronología y con personajes caracterizados. Podemos encontrar la trama narrativa en novelas, historias,
cuentos, crónicas, leyendas.

• Dialogal: Se caracteriza por el uso de guiones en la alternancia de voces, y lo podemos encontrar en las obras
de teatro, los guiones para televisión y cine, las entrevistas.

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• Descriptiva: De forma estática, este tipo de trama nos presenta los rasgos o características de una persona, de
un objeto un paisaje, etc. La podemos encontrar en las guías turísticas, los retratos, los folletos.

• Argumentativo: Se caracteriza por mantener una opinión, una postura, sobre un tema controvertido, de
debate, o de actualidad, en el cual se trata de convencer al receptor de aceptar dicha postura, utilizando
diversos recursos o razones. La podemos encontrar en ensayos, informes de lectura, reseña, publicidad,
discursos políticos o comerciales, nota de opinión.

• Instruccional: Se presentan ordenes, consejos o una lista de acciones. Esta trama se caracteriza por usar el
modo imperativo y se la suele encontrar en recetas, manuales, reglamentos.

• Explicativo-Expositivo: De forma neutra y objetiva se presentan hechos, se informa, se explica y se define.


Se utiliza el indicativo y se presenta la información como una verdad absoluta, en ningún momento genera
debate. Caracterizado por responder a una pregunta (ya sea explícita o no) y se encuentra en diccionarios,
enciclopedias, discurso científico.

TEXTO ARGUMENTATIVO

El texto argumentativo es aquel que sirve para expresar opiniones, ideas y posturas sobre un tema en particular,
con el objetivo de persuadir al lector. En todos los casos, debe haber una mirada controversial.

Precisamente, esta controversia presenta los puntos de vista divergentes sobre el tema polémico. Se puede
redactar junto con la tesis argumental del autor en el mismo párrafo. La tesis argumental o postura es un
enunciado polémico que se redacta en forma de oración; debe ser clara y precisa.

Para ello, se vale de diferentes tipos de argumentos, como argumentos inductivos, deductivos, de autoridad, de
probabilidad, de razonamiento lógico, argumentos afectivos, entre otros.

Estos tipos de textos son ampliamente utilizados en el ámbito periodístico, científico, judicial, filosófico y
publicitario. A veces pueden combinar ciertas características del texto expositivo para presentar temas de interés
general de una forma objetiva.

Los textos argumentativos también pueden emplearse en conversaciones, exposiciones y debates para
convencer a otros sobre nuestro punto de vista, o sobre la verdad o falsedad de un asunto. Presentan generalmente
un lenguaje subjetivo. En ocasiones, esta subjetividad se evidencia con el uso de la 1. ª persona verbal tanto en
pronombres (yo, nosotros), como determinantes (mi, nuestro...) o verbos (creo, podemos...).

Características del texto argumentativo

• Tiene una finalidad comunicativa, transmitir una postura u opinión que se apoya en una serie de fundamentos
que versan a su favor o en su contra.

• El uso del texto argumentativo está muy extendido en el área académica, pues permite establecer debates y
discutir diferentes posturas sobre un tema de investigación.

63 | P á g i n a
• El texto argumentativo sirve para demostrar un hecho, convencer acerca de un asunto o hacer cambiar de
opinión al lector.

• Su contenido se estructura en tres partes: introducción, argumentación y conclusión.

• Es recurrente el uso de conectores textuales que permiten enlazar la información entre partes de forma
coherente. Algunos ejemplos son: por tanto, en consecuencia, sin embargo, etc.

• Los argumentos en los que se apoya deben ser coherentes con las ideas que se defienden en la tesis, es decir,
con la postura que el autor toma acerca del tema.

• Puede hacer uso de diferentes tipos de argumentos, como:

o Argumentos deductivos: una premisa general conduce a una conclusión específica.

o Argumentos inductivos: la premisa surge de la experiencia y su conclusión es una generalización.

o Argumentos abductivos: plantea una premisa e hipótesis que deben ser explicadas.

o Razonamiento lógico: proposiciones verdaderas que conducen a conclusiones verdaderas.

o Argumento de autoridad: afirmación sostenida por una persona especialista o experta.

o Argumento de analogía: utiliza casos semejantes para argumentar.

o Argumento de probabilidad: se valen de datos estadísticos.

o Argumentos afectivos: recurren a los sentimientos para emocionar al lector.

Estructura del texto argumentativo

Introducción. En esta primera parte el autor presenta el tema y la tesis, la finalidad es captar la atención del
receptor. Debe ser un texto claro y coherente. La tesis debe dejar clara la postura que el autor va a defender frente
al tema.

Desarrollo de los argumentos. Se presentan los argumentos que sirven para afirmar o refutar la tesis presentada.
Los argumentos se presentan por orden de importancia y se acompañan de ejemplos para mejorar su comprensión,
de esta manera, se busca persuadir al receptor.

Conclusión. Presenta un resumen de las ideas principales y la opinión del autor que tiene como función
convencer y modificar la opinión del receptor.

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Recursos argumentativos

RECURSO DEFINICIÓN EJEMPLO

"La crisis económica es un problema que


Consiste en presentar un caso particular que
Ejemplificación preocupa a todos, por ejemplo Europa tiene
sirva para ilustrar el punto de vista del emisor.
países con una alta tasa de inflación".

"Las estatuas de los santos están solas y


Se comparan dos elementos que se relacionan
Analogía mudas; así deberían estar ciertas personas
por ser semejantes
nocivas para el resto".

Se incluyen en el discurso las palabras de un "Según Greenpeace la perforación del ártico


Cita de autoridad especialista en el tema para apoyar con mayor ocasionará un daño irreversible para el
fuerza la opinión del emisor. planeta".

Es la clase de pregunta cuyo objetivo no es una


"¿No sería importante reivindicar el proyecto
Pregunta retórica respuesta por parte del receptor, sino que éste
solidario de los alumnos del secundario?”
reflexione acerca de la misma.

Se utilizan para proporcionar información


"220 millones de correos electrónicos se
Datos estadísticos numérica real que ilustra una idea que se está
envían en 24 horas".
sosteniendo

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Tipos de textos:

LA CARTA DE LECTOR

La mayoría de los diarios y revistas tiene una sección en la que los lectores expresan su opinión libremente.
Esta sección incluye los textos que denominamos "Cartas de lectores". Si bien en el encabezamiento estas cartas
se dirigen al Director o Directora de la publicación, no son ellos quienes las leen y deciden cuál se publicará sino
el encargado responsable de esa sección.

Para ser publicadas, es imprescindible que las cartas de lectores consignen el nombre y el apellido, el DNI y
dirección del remitente, para darle al texto un marco de credibilidad y responsabilidad. Es importante que estén
redactadas en forma clara, coherente y dentro del límite de palabras establecido por cada revista o periódico. En
la sección correspondiente, se leen todas las cartas recibidas y se seleccionan para publicar las que resultan
interesantes por su contenido y no reiteran temas o perspectivas tratados por otros. El lector puede alabar,
defender, atacar, exponer o denunciar determinados hechos sociales; por eso, esta sección funciona como una
tribuna abierta y es uno de los caminos que utiliza la sociedad democrática para expresarse.

LA NOTA DE OPINIÓN

La nota de opinión es un texto argumentativo que siempre aparece en diarios o revistas. Se caracteriza por tener
un autor que no es anónimo, sino por ser una persona de carácter público y reconocido, como escritores,
periodistas, políticos, artistas, entre otros. Por ejemplo: Enrique Pinti.

Además, la nota de opinión presenta un punto de vista personal sobre un tema o acontecimiento actual como por
ejemplo: la asunción del Papa Francisco.

En este tipo de texto el autor expresa o defiende su opinión sobre un hecho o acontecimiento. Busca que el
lector, que es un público masivo e indiferenciado, adhiera a su opinión, es decir, lo intenta convencer. Para lograr
este objetivo el autor utiliza una serie de argumentos para apoyar su postura.

La nota de opinión, como todos los textos argumentativos, también posee una trama argumentativa, es decir,
emplea una serie de argumentos que fundamentan y apoyan la opinión del autor.

LA PUBLICIDAD Y LA PROPAGANDA

La publicidad es un mensaje con propósitos comerciales. La Real Academia Española la define como:
divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores,
usuarios, etc.

La propaganda también es un mensaje de intencionalidad apelativa. Utiliza los mismos recursos que la publicidad,
pero se diferencia de ésta por su propósito, que no es vender un producto o servicio, sino convencer al receptor
para que modifique una conducta o actitud.

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ACTIVIDAD: IDENTIFICAR LOS RECURSOS ARGUMENTATIVOS, ESTRUCTURA, E
INTENCIONALIDAD EN LOS SIGUIENTES TEXTOS:

1. Alcoholismo en la sociedad

¿Sabías que el alcoholismo es uno de los principales problemas de salud pública en Argentina? Según
SEDRONAR en el año 2017 el 77% de los jóvenes consumió por primera vez una bebida alcohólica antes de
los 18 años. Hoy en día podemos ver a diario algunas consecuencias del consumo excesivo de alcohol en la
población en general. Por supuesto que el impacto en mayor o menor medida en cuanto a la salud también
tienen que ver con factores culturales, económicos y emocionales de cada persona. La realidad nos demuestra
que en muchas ocasiones el problema de alcoholismo viene asociado a otras patologías como la depresión, la
marginalidad y otras patologías de base referentes a la salud mental. Como vimos en el desarrollo del presente
texto argumentativo, el alcoholismo en Argentina es un factor presente en la sociedad, independientemente
de las edades de las personas. La experiencia nos demuestra que esta temática se convierte en una
problemática mayor cuando se trate de personas con otras patologías de base o con pocos recursos para
concebir su consumo como una acción problemática para su propia salud.

2. Publicidad

Que la misión de la publicidad es potenciar el consumo de determinados productos sirviéndose de textos e


imágenes para intentar captar a los potenciales compradores es algo obvio y asumido. Que para ello se sirva de
estereotipos que degradan la imagen de la mujer reduciéndola a un mero objeto sexual o a una caricatura de lo
que se entiende por ama de casa es algo que muchas mujeres no asumimos y, además, nos indigna. Recientemente,
dos anuncios que aparecen en este periódico nos muestran a las mujeres bien como una ama de casa agresiva con
rulos, rodillo y sartén en las manos con gesto amenazador para anunciar una firma de puros, bien como un ser
diabólico, eso sí, tremendamente atractivo, con una serpiente en la mano que amenaza la seguridad del pobre
varón para anunciar un coche. ¿Qué pasa con la imaginación de los publicistas? ¿Qué pasa con el Instituto de la
Mujer y su observatorio de la publicidad?

3. Fragmento del discurso “Tengo un sueño” del político norteamericano Martin Luther King en 1963

Hemos venido a la capital de nuestra nación en cierto sentido para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de
nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia,
firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a
todos los hombres —sí, a los hombres negros y también a los hombres blancos— les serían garantizados los
derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

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4. Recomendación gastronómica

Olivia Pizza e Forno, el nuevo restaurante de pizzas al horno, será tu favorito de la Colonia Narvarte, ya
que ofrece platillos de la cocina italiana preparados con ingredientes importados de la mejor calidad, siendo
las pizzas napolitanas su especialidad al horno de piedra. El nombre de Olivia surge en memoria de la Nonna
(abuela) del socio italiano Julio Cesar Góngora. En segunda, el nombre remite a la palabra oliva, que es la
aceituna típica de esa región.
Si estás planeando una comida familiar, una cena con amigos o en pareja será una gran opción para
complacer a todos. Olivia Pizza e Forno cuenta con una capacidad de 100 personas, es casual, elegante y
muy cómodo, además de su gran horno de leña que destaca en la cocina abierta para preparar una de las
especialidades principales del menú.

Erika López Medina, “Los sabores de la Nona en Olivia Restaurante”, crítica gastronómica publicada en
Gastronómadas, 4 de agosto de 2022.

5. Innovación todos los días

Llevá el placer de manejar al siguiente nivel con un Chevrolet. Son vehículos con excelente performance,
tecnología innovadora, diseño audaz y una sobresaliente seguridad.

6. Minizulos asombrosos
Lo reconozco, sigo viendo la tele.[...] Pero la mayoría de los programas que consumo son de Canal Cocina o
Decasa. [...] Lo que me sorprendió de la segunda cadena mencionada, el canal Decasa, es un programa hecho
en España que se llama "minipisos asombrosos". Básicamente se trata de otro intento de disfrazar la
precariedad y la necesidad como algo cool.
[...] una persona, con pinta de vendedor de humo, enseña pisos de menos de 50 metros y nos intenta convencer
de todas sus bondades y de lo bien aprovechado que está el espacio. Todo acompañado por una narración en
off que, con entusiasmo, nos cuenta lo bonito que es vivir en un zulo. [...] Un bonito zulo, donde tienes que
comer, trabajar y casi dormir en el mismo lugar, sí, pero con detalles preciosos, papel pintado y un sofá
colorido de Ikea. El truco, al parecer, está en echar salsa hasta olvidar que la comida está podrida.
[...] También la vivienda debemos defenderla como un bien de primera necesidad y asumir que no todo vale.
Que no pueden hacer de la necesidad un espectáculo. [...] Pero si pusieran el mismo empeño en mejorar las
condiciones materiales que en frivolizar sobre la precaria vida de muchas personas, otro gallo cantaría. [...]

7. La intolerancia
La intolerancia es negarse a aceptar, apreciar y respetar cualquier práctica, creencia u opinión de las demás
personas. Un ejemplo de intolerancia: Los judíos y palestinos israelíes debido a los diversos problemas de
identidad, autodeterminación, seguridad, etc. La intolerancia entre ellos se traduce en una continua violencia
entre grupos. Por otro lado, la tolerancia es la cualidad que aprecia la igualdad en la sociedad, sin hacer ningún
tipo de discriminación ideológica, religiosa o de raza.

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La intolerancia es un acto en contra la persona como un ser social, ya que promueve una desigualdad, que,
en muchos casos, puede incluso socavar los legítimos derechos de las demás personas.

8. Las redes sociales


Las redes sociales suponen solo una de las muchas facetas que se ha originado con la llegada de era digital.
Prácticamente forman parte de la rutina de cada persona, crearse una cuenta en Facebook, subir fotografías
de amigos o amigas. Compartir un logro, un estado emocional u opinar sobre las últimas noticias se convirtió
en un acto tan común y casi obligado que encontrar una persona que no pertenezca a esa generación, se volvía
cada vez más infrecuente.
Aunque las redes sociales pueden generar muchas influencias positivas, imponen las negativas al mismo
tiempo. El mayor inconveniente es que las personas pueden comenzar a perder la comunicación física y la
interacción en el mundo real. Por ejemplo, dos personas se convierten en mejores amigos en línea, pero no
hablan entre sí en el mundo real. Además, no habrá conversación entre los socios en el trabajo ya que los
sistemas son control de la computadora y pueden comunicarse simplemente escribiendo algunas palabras en
el cuadro de chat.
La segunda influencia es el caso de estudiantes y niños. Si bien los estudiantes pueden obtener
conocimiento cuando usan las redes sociales, también pueden enfrentar amenazas y riesgos en línea. La
mayoría de las personas cree que la tasa de delitos cibernéticos aumentará en el futuro ya que los delincuentes
pueden manipular diferentes formas y métodos de crímenes.
Por otro lado, existe la posibilidad de que las personas, especialmente entre los 15 y 25 años, se vuelvan
más adictas a las redes sociales en el futuro. Además, dado que las redes sociales comienzan a enfocar sus
sitios web en el entretenimiento y los anuncios comerciales en lugar de en la educación, las personas pueden
pasar más tiempo en las redes en lugar de leer o hacer ejercicios físicos. El gasto en el tiempo en las redes
sociales no es favorable para la salud también porque cuando uno usa las redes, no hace nada más que sentarse
frente a una pantalla o acostarse en un sofá.

9. La pena de muerte.
Muchas personas creen que la pena de muerte es necesaria para mantener el sistema de seguridad eficiente
en la sociedad. Si bien hay algunos aspectos negativos de la pena capital, estoy de acuerdo con la afirmación
de que sin ella nos volveremos más vulnerables a la violencia.
La pena de muerte es polémica. El argumento más fuerte en su contra es que no tenemos derecho a matar a
otros humanos. El derecho a vivir es el derecho básico de cualquier persona, y nadie puede infringir este
derecho, independientemente de las acciones delictivas que haya realizado. Además, las personas inocentes
pueden enfrentar una ejecución injusta. Esas condenas injustas le quitan la vida a personas inocentes y
hacen que otros ciudadanos pierdan la fe en la ley y la justicia. Y, además, a veces los criminales se
arrepienten de sus actos. En este caso, se les debe dar una segunda oportunidad para mejorarse.

Sin embargo, creo que la pena capital es necesaria en la sociedad. En primer lugar, es un elemento de
disuasión eficaz de los principales delitos. El mejor método para evitar que una persona cometa un delito es

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mostrar las consecuencias de sus acciones. Por ejemplo, el gobierno de Pakistán ha controlado la tasa de
terrorismo aplicando penas de muerte para los miembros de organizaciones terroristas. En segundo lugar, los
gobiernos gastan grandes sumas de presupuesto nacional en el mantenimiento de los presos. En cambio, este
dinero puede usarse para el desarrollo de la sociedad y el bienestar de las personas.
En resumen, aunque la pena capital tiene algunas desventajas, creo que es la mejor forma de controlar a los
criminales, disminuir los gastos del gobierno y evitar que otras personas cometan delitos.

Análisis textual

Las zapatillas de Sarita

La tarjetita decía que a las cinco, pero Sarita llegó a las cuatro porque su mamá la dejó de pasada cuando se
fue a tomar el colectivo, así que nos sentamos abajo del gomero para ver lo que hacía mi mamá, que iba y venía
por el patio, con el vestido de flores hecho una campana, inflado de tanto viento norte. La tarjetita decía que a las
cinco, pero mi mamá había salido en la bicicleta bien temprano, a las ocho, para ir a lo del Gringo a comprar las
cosas para la tarde, para que esté todo listo antes de que mis amigos y mis primos llegaran. Con Sarita mirábamos
a mamá poner la mesa, que en realidad no era una mesa, sino una tabla larga que mi papá pintó de blanco para
salir del paso. Mirábamos a mamá y mirábamos la mesa blanca, que se fue llenando de platitos de plástico rojo y
chizitos y gaseosa de pomelo y, cada tanto, también se llenaba de las flores que se caían de los lapachos porque
se habían quedado dormidas. Sarita me hizo reír porque trajo la tarjetita que decía que la invitaba a mi cumpleaños
de cinco a ocho por si en la puerta no la dejaban pasar, pero ¡cómo no la iban a dejar pasar, si era mi mejor amiga!
Yo sé que Sarita es mi mejor amiga porque cuando se dio cuenta de que la tarjetita en realidad era una fotocopia,
no se rió como se habían reído... ¡Los primos! avisó mi papá cuando escuchó el auto de la tía Nora. El auto o sus
gritos, no sé. La tía Nora habla más fuerte que los motores y enseguida se puso a gritar que ¡cuidado con la zanja,
Lucrecia! ¡cuidado que hay barro, Augusto! ¡se van a ensuciar las zapatillas nuevas! Augusto y Lucrecia
aparecieron en el frente de casa, saltando con cara de asco los charquitos, que eran como espejos para yuyos,
acostados sobre la tierra húmeda. ¿No te podías ir a vivir un poquito más lejos?, le dijo la tía Nora a mi mamá
cuando ella salió a recibirla, secándose las manos con un repasador. La tía tenía cara de enojada y mi mamá le
dijo hola, Nora, pasá, pasá, te sirvo un poco de gaseosa con hielo.

Cuando vienen los primos, mamá se pone nerviosa porque nuestra casa es chiquita y ellos miran para todos
lados y preguntan por qué las paredes están mojadas y por qué el techo es de chapas y por qué la puerta de mi
cuarto es una sábana del Hombre Araña, pero nunca se fijan en cómo crecen los tomates de la huerta, ni les
importan ni un poco las flores, como globos brillantes, que cuelgan de los árboles. Jamás preguntan qué significan
las canciones de los pajaritos ni saludan al Tom y a la Negrita cuando les mueven la cola para darles la bienvenida.
Al rato, se ponen chinchudos porque en mi casa no hay cable, ni videojuegos, ni computadora, y dicen que leer y
dibujar es aburrido y enseguida empiezan a preguntar cuánto falta para volver. Pero mi mamá dijo que igual tenía
que invitarlos. Para las cinco y media ya habían llegado todos y nos paramos alrededor de la tabla para tomar una
gaseosa de pomelo y comer lo que había en los platitos. Lucrecia le dijo a mi mamá que quería una chocolatada
y Augusto se metía los chizitos en la boca y los escupía y como no había chocolate para la chocolatada, Lucrecia
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agarró su vaso de pomelo y lo vació en el pasto. Este cumpleaños es una mierda, dijo. A mí me dieron muchas
ganas de empujarla y tirarla al barro, pero escuché la voz de Sarita y se me fueron las ganas de pelear, porque me
mostró cómo hacer un caballo con palitos y chizitos y al final hicimos muchos porque los otros chicos se pusieron
a jugar con nosotros y después Sarita nos contó que cuando los búhos se juntan en grupo, eso se llama
"parlamento". ¿Cuánto falta para irnos, mami? dijo Augusto a los gritos, pero la tía Nora ni le respondió. No le
hagas caso, me dijo Sarita. Te está buscando roña. En eso llegó la Negrita. Venía de la calle, de jugar con los
perros de la cuadra.

Cuando me vio, movió la cola y paró las orejas, como diciéndome feliz cumpleaños, y enseguida se me vino
encima, con tanta mala suerte que en el camino le pisó las zapatillas a Lucrecia. Nunca la había escuchado gritar
con tanta rabia. Lloró y pataleó y dijo malas palabras y después corrió hasta donde estaba la tía y le dijo que la
perra le había embarrado las zapatillas nuevas. Yo corrí atrás de ella. ¡Fue sin querer, prima!, le dije, asustado.
Tenía miedo de que mi papá la castigara a la Negrita. Lucrecia me miró con los ojos llenos de odio. Creo que del
otro lado de sus pupilas había un monstruo que quería comerme. Vos porque no tenés ni zapatillas, me dijo, y la
tía le gritó que si no se callaba la boca le iba a dar una cachetada. Yo sé que a la tía le daba vergüenza que a los
primos se les escapara en voz alta lo que ella pensaba en silencio.

Mi papá, que no sabía pedir disculpas, no supo hacer otra cosa que agarrarla a manguerazos a la Negrita. Pobre
Negra. Aulló finito, finito, como suplicando que la perdonen. ¡Pegale más fuerte, tío!, le pidió Lucrecia y mi papá
le hizo caso porque no quería que nadie supiera que a él le daba mucha vergüenza no haber podido comprar las
zapatillas que le había pedido. Después de eso, la Negrita no vino a casa por varios días. Mi mamá apareció con
la torta en una bandeja y la canción del feliz cumpleaños en la boca y papá y la tía y todos los demás (menos los
primos) cantaron con ella. Me hicieron pararme en la punta de la tabla con todos los chicos y pedir tres deseos y
soplar las velas y papá nos sacó fotos (después las mandaron a revelar y quedaron re lindas porque eran más o
menos las seis y media y a esa hora los árboles del fondo de casa se veían mitad verdes y mitad anaranjados.) La
tía Nora vino con un paquete y mi mamá le dijo que muchas gracias, que no se hubiera molestado, y ella dijo que
feliz cumpleaños, sobrino, que no era nada. Que era ropa que Augusto no quería usar, pero que estaba nuevita.
Mi papá me sacó una foto con la tía Nora, pero esa no salió tan linda. Mi mamá agarró el cuchillo para cortar la
torta y Sarita dijo ¡paren, que falta mi regalo! y sacó de abajo de la mesa una bolsita de plástico negro. ¡Sorpresa!,
me dijo, cuando saqué las zapatillas. Estaban buenísimas. Eran rojas, con cordones blancos y unas tiritas de cuero
marrón oscuro cosidas a los costados. Probátelas, me dijo mi mamá, que estaba re contenta. Cuando me las puse,
me di cuenta de que me quedaban un poquito chicas, pero eran tan cómodas que no me importó. Me paré y era
como estar parado arriba de la cama de mis papás. La tía aprovechó que mi papá me sacaba una foto con las
zapatillas nuevas para decir que gracias por todo, que muy ricos los chizitos, que se les hacía tarde para la misa.
Nos tuvieron que obligar a darnos un beso con mis primos, que después se fueron saltando atrás de la tía Nora,
que gritaba ¡cuidado con el barro! ¡cuidado con la zanja! No se dieron cuenta, me dijo Sarita, muerta de risa,
mostrándome los pies descalzos, escondidos debajo de la tabla. Hoy nos vimos en la escuela y le conté que
apareció la Negrita y ella me contó que le dijo a la mamá que se había olvidado las zapatillas en la puerta de su
casa porque volvió caminando y había pisado barro y me dijo que su mamá le creyó y yo le conté que mi mamá
dijo que ella era como mi ángel de la guarda y ella me contó que el domingo había visto un documental sobre

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animales y yo le conté que me quería comprar un cuaderno para hacer historietas y ella me contó que si le sostenés
la cola a los canguros, no pueden saltar y yo le conté que hay una mariposa en África que es tan venenosa que
puede matar seis gatos y ella me contó que los pingüinos se quedan con un solo compañero por el resto de su vida
y yo pensé que ojalá Sarita y yo fuéramos pingüinos.

Guía de lectura:

1. Cómo es la actitud de la tía y los primos del protagonista?

2. Realizar una descripción de la casa y de la ambientación del cumpleaños.

3. Por qué el joven dice que le gustaría ser un pingüino?

4. Escribir un relato imaginando como sería la vida del personaje siendo adulto.

5. ¿Quién o quiénes son las personas más importantes en tu vida?

“Beatriz, una palabra enorme” de Mario Benedetti

Libertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad.
Mientras dura la libertad, una pasea, una juega, una no tiene por qué estudiar. Se dice que un país es libre cuando
una mujer cualquiera o un hombre cualquiera hace lo que se le antoja. Pero hasta los países libres tienen cosas
muy prohibidas. Por ejemplo, matar. Eso sí, se pueden matar mosquitos y cucarachas, y también vacas para hacer
churrascos. Por ejemplo, está prohibido robar, aunque no es grave que una se quede con algún vuelto cuando
Graciela, que es mi mami, me encarga alguna compra. Por ejemplo, está prohibido llegar tarde a la escuela, aunque
en ese caso hay que hacer una cartita mejor dicho la tiene que hacer Graciela, justificando por qué. Así dice la
maestra; justificado.
Libertad quiere decir muchas cosas. Por ejemplo, si una no está presa, se dice que está en libertad. Pero mi
papá está preso y sin embrago está en Libertad, porque así se llama la cárcel donde está hace ya muchos años. A
eso el tío Rolando lo llama qué sarcasmo. Un día le conté a mi amiga Angélica que la cárcel en que está mi papi
se llama Libertad y que el tío Rolando había dicho que era un sarcasmo y a mi amiga Angélica le gustó tanto la
palabra que cuando su padrino le regaló un perrito le puso de nombre Sarcasmo. Mi papá es un preso, pero no
porque haya matado o robado o llegado tarde a la escuela. Graciela dice que papá está en libertad, o sea está preso,
por sus ideas. Parece que mi papá era famoso por sus ideas. Yo también a veces tengo ideas, pero todavía no soy
famosa. Por eso no estoy en Libertad, o sea que no estoy presa. Si yo estuviera presa, me gustaría que dos de mis
muñecas, la Toti y la Mónica, fueran también presas políticas. Porque a mí me gusta dormirme abrazada por lo
menos a la Toti. A la Mónica no tanto, porque es muy gruñona. Yo nunca le pego, sobre todo para darle ese buen
ejemplo a Graciela. Ella me ha pegado pocas veces, pero cuando lo hace yo quisiera tener muchísima libertad.
Cuando me pega o me rezonga yo le digo Ella, porque a ella no le gusta que la llame así. Es claro que tengo que
estar muy alunada para llamarle Ella. Si por ejemplo viene mi abuelo y me pregunta dónde está tu madre, y yo le
contesto Ella está en la cocina, ya todo el mundo sabe que estoy alunada, porque si no estoy alunada digo
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solamente Graciela está en la cocina. Mi abuelo siempre dice que yo salí la más alunada de la familia y eso a mí
me deja muy contenta. A Graciela tampoco le gusta demasiado que yo la llame Graciela, pero yo la llamo así
porque es un nombre lindo. Sólo cuando la quiero muchísimo, cuando la adoro y la beso y la estrujo y ella me
dice ay chiquilina no me estrujes así, entonces sí la llamo mamá o mami, y Graciela se conmueve y se pone muy
tiernita y me acaricia el pelo, y eso no sería así ni sería bueno si yo le dijera mamá o mami por cualquier pavada.
O sea que la libertad es una palabra enorme. Graciela dice que ser un preso político como mi papá no es ninguna
vergüenza.

Que casi es un orgullo. ¿Por qué casi? Es orgullo o es vergüenza. ¿Le gustaría que yo dijera que es casi
vergüenza? Yo estoy orgullosa, no casi orgullosa, de mi papá, porque tuvo muchísimas ideas, tantas y tantísimas
que lo metieron preso por ellas. Yo creo que ahora mi papá seguirá teniendo ideas, tremendas ideas, pero es casi
seguro que no se las dice a nadie, porque si las dice, cuando salga de Libertad para vivir en libertad, lo pueden
meter otra vez en Libertad. ¿Ven cómo es enorme?

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

1. ¿Quién es la protagonista de este cuento? ¿Cómo es su personalidad? Realizar una descripción de la misma.

3. ¿Cuántos significados tiene la palabra sarcasmo en el texto? ¿Cuáles son?

4. ¿Por qué la protagonista llama a veces Graciela a su madre y otras mamás?

5. Según la lectura, ¿qué es un preso político?

6. ¿Cuántos significados llega a tener la palabra “libertad” ? Explicar cada uno.

7. ¿Por qué la libertad es una palabra “enorme”? Fundamenta tu respuesta.

8. Completar el cuadro:

SUSTANTIVOS ADJETIVOS VERBOS VERBOIDES

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“El sustantivo y la construcción sustantiva”

1) Completen con cuantificadores definidos o indefinidos, según corresponda. Luego subrayen con dos
colores diferentes los sustantivos contables y no contables.

_________________nueces ________________silla _________________harina

_________________granizo ______________arboles ________________aceite

2) Subrayen las palabras que sean ejemplos de pluralia tántum y rodeen los de singularia tántum.

✓ Creyó en la respuesta porque confiaba a ciegas en su hermano.

✓ La noche cerrada no permitía un vestigio de luz y la casa estaba a oscuras.

✓ El niño no pudo dormir en toda la noche, por lo tanto, su madre tenía ojeras.

✓ Subió por las escaleras sin detenerse un segundo.

✓ Olvidó los anteojos en el bar la otra noche.

✓ Perdió todo tipo de esperanza e hizo añicos aquella carta.

✓ Tomó la ruta hacia el sur con la fe de encontrar algún pueblo.

3) Reescriban las siguientes oraciones, agregando lo que sea necesario para que se utilicen correctamente
los sustantivos no contables subrayados.

✓ Tengo una caja con distintos tés para que elijas.

✓ ¿Podrías comprar seis aguas en el supermercado?

✓ Compré arenas para terminar de construir

4) Escriban el sustantivo colectivo de: perros, peces, abejas, ovejas, libros, árboles, soldados, pájaros.

5) Busquen información acerca de los antropónimos a los que hacen referencia los sustantivos. Luego,
expliquen en una hoja aparte qué significa cada expresión.

Un adonis – un benjamín – una dulcinea – un lazarillo – un Salomón

6) Completen con los sustantivos las expresiones anteriores, según corresponda.

✓ Camina despacio, ayudado por su __________________que lo acompaña siempre.

✓ Felipe, el _____________________de la familia, comienza mañana el jardín.

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✓ Este hombre es un verdadero. ____________________ ¡Qué belleza!

✓ Está muy enamorado de esa mujer. Es su ____________________.

✓ Su consejo me salvó más de una vez. ______________________, el abuelo.

7) Investiguen acerca de los siguientes sustantivos. Luego, en una hoja aparte, indiquen si derivan de un
antropónimo o un topónimo, y justifiquen por qué.

El mar del plata - el diésel – la maratón – el zepelín – el roquefort – el chihuahua

7) Reescriban las siguientes oraciones reemplazando los sustantivos derivados por una expresión similar.

✓ La pobre mujer lloraba como una magdalena por aquella tragedia.

✓ Ese donjuán entró a la confitería como si nada pasara.

✓ En aquella oportunidad, me diste el beso de judas.

8) Coloca el verbo que falta en las siguientes construcciones sustantivas. Luego analízalas
sintácticamente.

✓ Una mermelada de duraznos casera.

✓ Un paseo por el solitario pueblo.

✓ Mi madre, la mujer más dulce.

✓ Mi amigo y yo, siempre juntos.

VERBOS Y VERBOIDES

[Link]í el verbo correcto y completá utilizando el pretérito que corresponda:

a) Ayer ……………………. (ser) un día tremendo. …………………….(llegar) tarde al trabajo porque no


……………………….(sonar) el despertador. Mientras ………………..……. (buscar) un taxi para llegar a
tiempo , me di cuenta de que me había olvidado la billetera sobre la mesa y ……………………… (tener) que
volver a mi casa.

b) El otro día ……………………. (perder) las llaves de mi casa. Mientras las …………………..(buscar),
………………………….. (encontrar) cosas que …………………………….. (extraviar) hacía mucho. Por
suerte, ………………………. (estar) debajo de la mesa.

c) El año pasado ……………………………(ir) de vacaciones a la montaña. ……………………………..


(necesitar) un lugar tranquilo para descansar, pero ………………………. (querer) un sitio bonito. Mis hermanos
……………………….. (venir) un fin de semana y …………………………… (comer) juntos un asado.

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2) Ahora arrástralos a la columna que corresponde:

Pretérito Perfecto Simple Pretérito Imperfecto Pretérito Pluscuamperfecto

3)Transcribir el siguiente fragmento en pasado y futuro

Yo estoy orgullosa, no casi orgullosa, de mi papá, porque tienen muchísimas ideas, tantas y tantísimas que lo
meten preso por ellas. Yo creo que ahora mi papá sigue teniendo ideas, tremendas ideas, pero es casi seguro que
no se las dice a nadie, porque si las dice, cuando salga de Libertad para vivir en libertad, lo pueden meter otra
vez en Libertad.

Fragmento de “Beatriz, una palabra enorme” de Mario Benedetti.

4) Subrayar los Verboides en las siguientes oraciones e indique si son infinitivos, gerundios o participios.

• No sabía gobernar, pero he aprendido a hacerlo en este constate y vivo contacto con el pueblo.

• La prueba más grande de valor en este mundo es saber sobre llevar una derrota sin perder el ánimo.

• Dos jovencitos se habían convertido en hombres maduros, y al pasar frente a un árbol contemplaron complacidos
sus frutos y los arrancaron y compartieron, pero no lo conocieron.

• Para llevar a cabo grandes empresas hay que vivir como si nunca se fuera a morir.

• Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o cosa en sí dividida no subsistirá.

• Antes de pedir dinero prestado a un amigo, piensa bien que necesitas más: El dinero o el amigo.

• El que pide con timidez invita a negar.

• No he tenido tiempo para jugar con mis hijos.

• Sufrir y llorar significa vivir. El que n o ha sufrido no ha vivido.

• “Podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la tierra. Como
un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá
apagarse la llama de tu amor

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5) Escribe en los espacios en blanco la correspondiente forma no personal de los verbos cuyo infinitivo

aparece entre paréntesis.

Hace varios días que este carro está (derramar) _____________________________aceite.

Los clientes llevan como una hora (esperar) ______________________________en la fila.

Los asistentes quedaron(defraudar) ___________________ por la brevedad del espectáculo.

El portón ha quedado (cerrar) ___________________________________ herméticamente.

En cuanto llegaste, quedó (resolver) _________________________________el problema.

Hace media hora que estamos (hablar) ________________________________por teléfono.

Tus amigas te están (organizar) ____________________________________el cumpleaños.

Me pondré a (estudiar)___________________________________tan pronto llegue a casa.

Antes de morir, mi tío dejó (escribir) _______________________________su testamento.

En los próximos días van a (publicar) _______________________________los resultados.

Publicidad y propaganda

Publicidad y propaganda son dos palabras que comúnmente se utilizan de forma indistinta y como

sinónimos, pero lo cierto es que se trata de dos actividades distintas. Los objetivos publicitarios y los

propagandísticos son diferentes, por lo que no debe confundirse una acción con la otra. Es importante conocer

a qué se refiere cada término para poder usarlos con propiedad y es por ello que queremos explicar cuál es la

diferencia entre publicidad y propaganda.

Publicidad

Se entiende por publicidad todas aquellas acciones destinadas a hacer difusión de un producto o un servicio

con el objetivo de atraer compradores o usuarios. Su finalidad es principalmente comercial.

De este modo, se incluyen dentro de publicidad un gran número de actividades o técnicas que tienen por

objetivo dar a conocer el producto o servicio y promover su consumo o venta:

❖ Spots o anuncios televisivos


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❖ Anuncios impresos en prensa

❖ Publicidad online

❖ Publicidad exterior (vallas, marquesinas, transporte público...)

❖ Publicidad en el punto de venta

❖ Muestras de producto

Propaganda

En cambio, la propaganda engloba las acciones que tienen como objetivo captar adeptos o influir en la

actitud de las personas, es decir, se espera convencer al público para que adopte una determinada actitud o se

adhiera a un determinado grupo o creencia.

La propaganda no está ligada al ámbito comercial sino mayoritariamente a cuestiones:

Políticas: campaña electoral, captación de afiliados y simpatizantes, etc.

Ideológicas: ONG's, asociaciones, fuerzas armadas...

Religiosas: captación de fieles a religiones y sectas.

Diferencias entre publicidad y propaganda

Aunque en algunos países se usen los términos publicidad y propaganda indistintamente y como sinónimos,

lo cierto es que no resulta correcto. Y es que existen claras diferencias entre ambos:

• Las acciones publicitarias o de publicidad esperan el consumo o contratación de un bien o servicio,

las propagandísticas o de propaganda tienen por objetivo la adhesión a una ideología o un cambio de actitud.

• La publicidad está relacionada con el ámbito comercial, la propaganda básicamente al político, ideológico y

religioso.

• Mientras que el objetivo de la publicidad siempre suele ser conseguir una venta o contratación, la finalidad de

la propaganda no está obligatoriamente ligada a un intercambio monetario directo.

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Actividad

1. Explicar que representa para vos la segunda imagen.


2. Armar en tu carpeta dos imágenes, una publicidad y una propaganda.
3. Redactar un texto, teniendo en cuenta un destinatario especifico con el fin de convencerlo para que adquiera
un producto. No olvides utilizar los recursos de la argumentación.

El género dramático

Dentro de los géneros literarios que existen, el dramático es uno de los más importantes y, también, uno de los
más antiguos. El origen del teatro se remonta a la Antigua Grecia y, por ello, este género cuenta con un gran
legado a sus espaldas y con una amplia cantidad de dramaturgos que han marcado época: Homero, Shakespeare
o Lope de Vega son solo algunos de los nombres más destacados del sector.

Se trata de un tipo de texto literario que representa un momento o un conflicto que tiene lugar en la vida de los
personajes que protagonizan la historia. Son textos que se caracterizan por el empleo del diálogo y en el que no
existe la figura del narrador: la vida se sube al escenario para ser representada por actores y actrices que
escenifican un momento concreto.

El diálogo entre los diferentes personajes es la herramienta usada para poder definir la personalidad de cada uno
y conseguir narrar la historia de una forma activa donde abundan las acciones y apenas hay descripciones.

Se conoce como género dramático porque el "drama" es la palabra que se emplea para hacer referencia a las
creaciones literarias en las que el dramaturgo relata hechos y acontecimientos que tienen lugar en un
espacio/tiempo concreto. Los hechos suelen estar vinculados a diferentes conflictos que viven los seres humanos
y se pueden explicar tanto con palabras, como con movimientos e, incluso, con la escenografía.

Origen del género dramático

Se trata de un tipo de género que se originó en la Antigua Grecia. Al principio, estas creaciones estaban
motivadas por rendir culto al Dios del vino y la alegría, Dionisio, por tanto, eran textos sagrados y festivos. Según
Aristóteles (384-322 a.c filósofo) la representación dionisiaca, era sencilla y alegre; mientras que, otros señalan
que los coros cantaban las alabanzas del dios en forma violenta; era el coro trágico (del griego” tragos”: macho
cabrío).

Los festivales evolucionaron y en el siglo VI se introdujo un actor que alternaba con el coro; este conservó el
estilo dórico, propio de la poesía coral griega, mientras que el actor usaba el lenguaje y el estilo jónico de los
senarios y yámbicos. De ahí que la representación denominada tragedia, es de las primeras manifestaciones
artísticas, en las que dialogaban tanto actor como el coro.

Pero, con el tiempo, se fueron añadiendo algunos cambios a las composiciones y así fue como apareció el
género dramático. De entre los autores más conocidos de aquella época destacamos a Sófocles, Esquilo y
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Eurípides. El drama también se cultivó durante la época del Imperio Romano teniendo a autores tan reconocidos
en sus filas como Plauto o Séneca.

Sin embargo, durante la Edad Media el género dramático vivió un declive y, de hecho, apenas ningún autor
escribió este tipo de obra literaria. No obstante, durante el XII en Europa se volvió a cultivar este género debido
a que los autores empezaron a imitar a los clásicos. Esto hizo que aparecieran comedias escritas en latín y que,
precisamente por ello, se representaban únicamente en espacio académicos o cultos como los monasterios, las
universidades, las cortes, etcétera.

81 | P á g i n a
BUSCAR EN LA SOPA LAS SIGUIENTES PALABRAS Y LUEGO ELABORAR UNA DEFINICIÒN
PARA CADA UNA.

ACOTACIONES, ACTOS, COMEDIA, CORO, DIALOGO, DIDASCALIA, DIONISIOS, DIRECTOR


DRAMATURGO, ESCENARIO, PARLAMENTOS, PERSONAJES, REPRESENTACION, TELÒN
TRAGEDIA, VESTUARIO.

Romeo y Julieta de William Shakespeare


PERSONAJES
MONTESCO, jefe casa.
CAPULETO jefe casa.
ROMEO, hijo de Montesco.
MERCUCIO, pariente del príncipe y amigo de Romeo.
BENVOLIO, sobrino de Montesco y amigo de Romeo.
TEOBALDO, sobrino de Lady Capuleto.
FRAY LORENZO, de la orden de San Francisco.
BALTASAR, criado de Romeo.
SANSÓN, criado de Capuleto.
GREGORIO, criado de Capuleto.
ABRAHAM, criado de Montesco.
PEDRO, servicial de la Nodriza de Julieta.
LADY MONTESCO, esposa de Montesco.
LADY CAPULETO, consorte de Capuleto.
JULIETA, hija de Capuleto.
NODRIZA de Julieta.

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ACTO I
ESCENA PRIMERA
Cuando se abre el telón, hay una niña con un libro en la mano, está leyendo, está sentada en el suelo, en
proscenio. Por la derecha entra otra niña y se le acerca con curiosidad.
Amigas - ¿Qué haces?
Lectora - Estoy leyendo un libro de Shakespeare.
Amiga - ¿De quién?
Lectora - De Shakespeare, William Shakespeare, ¡no me digas que no conoces a Shakespeare!
Amiga - Pues no, pero me suena a algún cantante famoso...
Lectora - William Shakespeare fue un gran dramaturgo inglés que escribió muchas obras de teatro.
Amiga - Bueno es igual, dime... ¿Cómo se titula el libro?
Lectora - Romeo y Julieta, es una obra que ha traspasado generaciones, es una de las más bellas, de las más
selectas que encierra el teatro de Shakespeare. Es la representación de la tragedia del amor...
Amiga - Una tragedia... vaya, vaya... Y ¿de qué trata?
Lectora - Pues es la historia de una pareja de enamorados, condenados a no poder disfrutar de su amor.
Amiga - ¿Por qué?
Lectora - Porque sus familias se odiaban.
Amiga - Ah ya, he escuchado que es una de las obras más conocidas del teatro de Shakespeare.
Amiga 2 - sí, yo también había escuchado algo así. Pero, (dirigiéndose a la lectora) ¿por qué se odiaban las
familias? ¡Qué feo! cuéntame más por favor...
Lectora - Verás, todo se desarrolla en la bella ciudad de Verona (Italia), dos familias arrastradas por antiguas
discordias, inician una nueva disputa. De las sombrías entrañas de estas dos familias nacen dos desdichados
amantes. El terrible episodio de este amor y las persistencias del entorno de sus allegados se entregan a nuevas
turbulencias. Todo comienza en una plaza donde se encuentran …
ESCENA SEGUNDA
(Entran SANSÓN y GREGORIO (sirvientes Capuleto, armadas con espadas) Por otro lado, sale Abraham
sirviente Montesco.
SANSÓN - La riña es entre nuestros amos y nosotros Gregorio, aquí está la casa de los Montesco. (se detienen
y observan Abraham)
SANSON - Yo soy ligero de manos cuando se me provoca.
GREGORIO - Pero no se te provoca fácilmente a sentar la mano.
SANSÓN - La vista de uno de esos perros de la casa de Montesco me transporta.
GREGORIO - Trasportarse es huir, ser valiente es aguardar a pie firme: por eso es que el trasportarte tú, es
ponerte en salvo.
SANSÓN - Un perro de la casa ésa me provocará a mantenerme en el puesto. Yo siempre tomaré la acera a todo
individuo de ella, sea hombre o mujer.
GREGORIO - Eso prueba que eres un débil, pues a la acera se arriman los débiles.
SANSÓN - Verdad; y por eso, siendo las mujeres las más débiles, se las pega siempre a la acera. Así, pues,
cuando en la acera me tropiece con algún Montesco, le echo fuera.
GREGORIO - La contienda es entre nuestros amos, entre nosotros sus servidores.

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SANSÓN - Es igual, quiero mostrarme tirano. Cuando me haya batido con los criados.
GREGORIO - Fortuna es que no seas pez; si lo fueras, serías un pobre arenque. Echa fuera el estoque; allí vienen
dos de los Montesco. (Entran ABRAHAM y BALTASAR.)
ABRAHAM - Buenos días (escogiendo unas frutas)
VENDEDORA: - Buenos días Señor (Abraham continúa caminando hasta encontrarse con Sansón y Gregorio).
GREGORIO - Pelea y yo te apoyaré.
SANSÓN - Sí, no tengas miedo por mí. Desnuda tengo la espada. Busca querella, detrás de ti iré yo.
GREGORIO - ¡Cómo! ¿irte detrás y huir?
SANSÓN - No temas nada de mí.
GREGORIO - ¡Temerte yo! No, por cierto.
SANSÓN - Pongamos la razón de nuestro lado; dejémosles comenzar.
GREGORIO - Al pasar por su lado frunciré el ceño y que lo tomen como quieran.
SANSÓN - Di más bien como se atrevan. Voy a morderme el dedo pulgar al enfrentarme con ellos y una ofensa
les será si lo soportan. (SE MUERDE EL PULGAR Y ESCUPE FRENTE A ABRAHAM)
ABRAHAM - ¡Eh! ¿te muerdes el pulgar para afrentarnos?
SANSÓN - Me muerdo el pulgar, señor.
ABRAHAM - ¿te muerdes el pulgar, señor, para causarnos afrenta?
SANSÓN - (aparte a GREGORIO.) ¿Estará la justicia de nuestra parte si respondo sí?
GREGORIO - No. SANSÓN No, señor, no me muerdo el pulgar para afrentarte; me lo muerdo, sí.
GREGORIO - ¿Buscas pleito, señor?
ABRAHAM - ¿pleito dices? No, señor.
SANSÓN - Pues si la buscas, aquí estoy: Sirvo a tan buen amo como tú.
ABRAHAM - ¿No es mejor? SANSÓN Sí, es mejor, señor.
ABRAHAM - Tú mientes. (SIGUE CAMINANDO) (GREGORIO LE PONE EL PIE A BALTASAR Y RÍE, )
GREGORIO - (aparte a SANSÓN.) Di mejor. Ahí viene uno de los parientes de mi amo.
ABRAHAM: - ¡Desenvainen, desenvainen si son hombres (¡Aparece a lo lejos BENVOLIO!)
SANSÓN - Sí, mejor. ¡Desenvainen, si son hombres! - Gregorio, no olvides tu estocada maestra. (Pelean.)
BENVOLIO - (intenten separarlos) ¡tengan insensatos! Envainen las espadas. El príncipe ha prohibido estas
trifulcas!! (Entra TEOBALDO con acompañantes)
TEOBALDO - ¿Cómo? ¿Peleas contra es pobres siervos? Vuélvete, Benvolio, afronta tu muerte.
BENVOLIO - Solo pongo paz; torna tu espada a la vaina, o sírvete de ella para ayudarme a separar a esta gente.
TEOBALDO - ¡Qué! ¿¡Desnudo el acero y hablas de paz!? ¿Odio esa palabra como odio al infierno, a todos los
Montesco y a ti? ¡Defiéndete, cobarde! (Se baten.) (Entran partidarios de las dos casas, que toman parte en la
contienda; enseguida algunos ciudadanos armados de garrotes.)
PRIMER CIUDADANO - ¡Garrotes, picas, partesanas! ¡Arrimad, derribadlos! ¡A tierra con los Capuletos! ¡A
tierra con los Montesco! (Entran, CAPULETO en traje de casa, y su esposa.)
CAPULETO - (papás de Julieta) ¡Qué ruido es éste! ¡Hola! Dadme mi espada de combate.
LADY CAPULETO - ¡Un palo, un palo! ¿Por qué pides una espada?
CAPULETO - ¡Mi espada digo! Ahí llega el viejo Montesco que esgrime la suya desafiándome. (Entran
MONTESCO y LADY MONTESCO.)
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MONTESCO - ¡Tú, miserable Capuleto! -No me detengas, déjame en libertad.
LADY MONTESCO - No darás un Solo paso para buscar un contrario. (Entran el PRÍNCIPE y sus
acompañantes, SE OYEN TROMPETAS, SE OYE QUE GRITAN: ¡Viene el príncipe! ¡Suelten las armas!)
PRÍNCIPE - ¡rebeldes súbditos!,¡ enemigos de la paz!, profanadores de ese acero que manchas de sangre - ¿No
quieren oír? ¡Eh, basta! hombres, ¡tiren sus furiosas armas al suelo! y escuchen la sentencia de su indignado
Príncipe. ¡tres reyertas civiles! Generadas por tu palabra inoportuna, Viejo Capuleto… Y los Montesco, han
perturbado tres veces la quietud de nuestras calles. Si vuelven en lo sucesivo a perturbar el reposo de la
población, con sus cabezas pagarán el precio de la paz. Por esta vez, que los demás se marchen. Usted, Capuleto,
venga conmigo; Usted, Montesco, venga es tarde. Lo digo de nuevo, bajo pena de muerte, ¡que todos se retiren!
(Se van todos menos MONTESCO, LADY MONTESCO y BENVOLIO)
LADY MONTESCO - ¡Oh! ¿dónde está Romeo? -¿Le has visto hoy? Muy satisfecha estoy de que no se haya
encontrado en esta refriega.
MONTESCO - ¿Quién ha vuelto a despertar esta antigua querella? Habla, sobrino, ¿estabas presente cuando
comenzó?
BENVOLIO - Los satélites de Capuleto y los suyos estaban aquí batiéndose encarnizadamente antes de mi
llegada: yo desenvainé para apartarlos: en tal momento se presenta el violento Teobaldo, espada en mano,
lanzando a mi oído provocaciones, Mientras nos devolvíamos golpes y estocadas, iban llegando y entraban en
contienda partidarios de uno y otro bando, hasta que vino el Príncipe y los separó. (Aparece ROMEO, a cierta
distancia.)
BENVOLIO - Mirad, allí viene: tener a bien alejarse. (MONTESCO y su esposa se retiran.)
BENVOLIO - Buenos días, primo.
ROMEO - ¿Tan joven está el día?
BENVOLIO - Acaban de dar las nueve.
ROMEO - ¡ay de mí! ¡Las horas tristes parecen largas! (triste y pensativo) ¿Era mi padre el que se fue tan
deprisa?
BENVOLIO - Sí. - ¿Qué pesar es el que alarga las horas de Romeo? ¿Carencia de amor?
ROMEO - No tener lo que, teniéndolo, las acorta.
BENVOLIO - Pero, Romeo
ROMEO - Adiós, primo (camina) ¿Qué pelea ha habido aquí? No me lo digas. Pues lo he oído todo. Mucho que
ver con el odio y más con el amor.
BENVOLIO - ¡Ay! ¡Que el amor, al parecer tan dulce, sea en la prueba tan tirano y tan cruel!
ROMEO - ¡Ay! ¡que el amor, cuyos ojos están siempre vendados, halle sin ver la dirección de su blanco! ¿Dónde
comeremos? ¡Oh, Dios! ¿qué refriega era ésta? Mas no me lo digas, pues todo lo he oído. Mucho hay que luchar
aquí con el odio, pero más con el amor. ¿No te ríes?
BENVOLIO - No, primo, lloro mas bien.
ROMEO - ¿Por qué, buen corazón?
BENVOLIO - De ver la pena que oprime tu alma.
ROMEO - Mis propios dolores ya eran carga excesiva en mi pecho; para oprimirlo más, quieres aumentar mis
pesares con los tuyos. El amor es un humo formado por el vapor de los suspiros; alentado, un fuego que brilla
en los ojos de los amantes; comprimido, un mar que alimentan sus lágrimas. ¿Qué más es? Una locura razonable

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al extremo, una dulzura que conserva. Adiós, primo.
BENVOLIO - Aguarda, quiero acompañarte; me ofende si me dejas así. Dime ¿quién es la persona a quien
amas?
ROMEO - Ella está fuera del alcance de las flechas de Cupido, La que adoro no se deja importunar con amorosas
propuestas, ¡Oh! Ella es rica en belleza.
BENVOLIO - Sigue mi consejo, deséchala de tu pensamiento.
ROMEO - ¡Oh! Dime de qué modo puedo cesar de pensar.
BENVOLIO - Devolviendo la libertad a tus ojos, deteniéndolos en otras beldades.
ROMEO - Pon ante mí una mujer encantadora al extremo, ¿qué será su belleza sino una página en que podré
leer el nombre de otra beldad más encantadora aún? Adiós, tú no puedes enseñarme a olvidar.
BENVOLIO - Te demostraré la eficacia de mi consejo o quedaré en deuda contigo. (SALEN) CASA DE LOS
CAPULETO (Entran LADY CAPULETO y la NODRIZA.)
LADY CAPULETO - (arreglándose) Nodriza, ¿dónde está mi hija? Dile que venga aquí.
NODRIZA - Sí, a fe de doncella -a los doce años. -Le he dicho que venga. -¡Eh! ¡Cordero mío! ¡Eh! ¡Tierna
palomilla! - ¡Dios me ampare! - ¿Por dónde anda esta muchacha? ¡Eh, Julieta! (Entra JULIETA.)
JULIETA - ¿Qué hay?, ¿quién me llama?
NODRIZA - tu madre.
JULIETA - Aquí me tienes, señora. ¿Qué mandas?
LADY CAPULETO - Se trata de lo siguiente: -Nodriza, déjanos un momento, tenemos que hablar en privado
- Vuelve acá, nodriza, he cambiado de opinión; presenciarás nuestro coloquio. Ves que mi hija es de una
bonita edad.
NODRIZA - Ciertamente; puedo decirle su edad con diferencia de una hora.
LADY CAPULETO - No ha cumplido catorce.
NODRIZA - Apostaría catorce de mis dientes (y, dicho sea, con dolor, cuento sólo cuatro) a que no tiene
catorce. ¿Cuánto va de hoy al primero de agosto?
LADY CAPULETO - Una quincena larga.
NODRIZA - Larga o corta, el día primero de agosto, al caer la tarde, cumplirá catorce años.; los cumplirá,
no hay duda, la tarde del primero de agosto, hacia el oscurecer, cumplirá Julieta catorce años; los cumplirá,
no hay duda lo recuerdo perfectamente.
LADY CAPULETO - Basta de esto, por favor; cállate.
NODRIZA - Sí, señora
JULIETA - Concluye, concluye tú también, nodriza, te lo suplico.
NODRIZA - Callo, he acabado. ¡La gracia de Dios te proteja! Eras la criatura más linda de cuantas crie: Si
vivo lo bastante para verte un día casada, quedaré satisfecha.
LADY CAPULETO - A punto; el matrimonio es precisamente lo particular de que quería tratar. Dime,
Julieta, hija mía, ¿en qué disposición te sientes para el matrimonio?
JULIETA - Es un honor en el que no he pensado.
LADY CAPULETO - Bien, piensa de presente en el matrimonio: muchas más jóvenes que tú, personas de
gran estima en Verona, son madres ya: yo por mi cuenta lo era tuya antes de la edad que, aun soltera, tienes
hoy. En dos palabras, por último, el valiente Paris te pretende.
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NODRIZA - ¡Es un hombre, señorita! Un hombre como en el mundo entero. -¡Oh! es un hombre hecho a
molde.
LADY CAPULETO - La primavera de Verona no presenta una flor parecida.
NODRIZA - Sí, por mi vida, es una flor, una verdadera flor.
LADY CAPULETO - ¿Qué dices? ¿Podrás amar a ese hidalgo? Esta noche le verás en nuestra fiesta. Lee
en la fisonomía del joven Paris, lee en ese libro y en él hallarás retratado el placer con la pluma de la belleza,
verás cómo se prestan mutuo encanto; Este precioso libro de amor, este amante sin sujeciones, para realzarse,
sólo necesita una cubierta. El pez vive en el mar y es un grande orgullo para la belleza el dar asilo a la
belleza. El libro que con broches de oro encierra la dorada Leyenda, gana esplendor a los ojos de muchos:
poseyéndole, pues, participaréis de todo lo que es suyo, sin disminuir nada de lo que tuyo es.
NODRIZA - ¡Disminuir! No, engrandecerá; de los hombres reciben incremento las mujeres .
LADY CAPULETO - Se breve, ¿aceptarás el amor de Paris?
JULIETA - Veré de amarle si para amar vale el ver; pero no dejaré tomar más vuelo a mi inclinación que el
que deje tu voluntad. (Entra un CRIADO.)
CRIADO - Señora, los invitados están ya ahí, la cena se haya servida, se les espera, preguntan por la señorita,
Tengo que irme a servir; les suplico que vengan sin demora.
LADY CAPULETO - Te seguimos. Julieta, el conde nos aguarda.
NODRIZA - Ve, niña; añade dichosas noches a dichosos días.

TERCERA ESCENA AMIGAS


AMIGA - pues se ve que Romeo está muy enamorado.
LECTORA - Pues sí. Por lo que su amigo Benvolio decide presentarle otras jóvenes para poder olvidar a su
amada Rosalía.
AMIGA - ¿Rosalía? ¿No es Julieta?
LECTORA - Calma, espera. Verás que sucederá.
AMIGA - ¡Miren! Aquí dice que Romeo se enteró que habría una fiesta en la casa de los Capuleto.
LECTORA - Sí, familia de nuestra protagonista para que conociera a un pretendiente que deseaba casarse
con ella.
AMIGA - ¿En casa de los Capuleto? ¿Pero no se supone que son enemigos?
LECTORA - claro pero lo que no sabes es que no lo reconocerán.
AMIGA - ¿Pero ¿cómo?
LECTORA - Pues es que esta fiesta será de máscaras y Benvolio lo anima a asistir.
Se encienden las antorchas en los salones y la luz ahuyenta la noche. Entran las máscaras y la casa pronto
se llena de ruido, risas y colores estridentes.
AMIGA - ¡Miren! Van llegando los invitados. La fiesta ya ha empezado.
LECTORA -: El carnaval se respira en el aire y las alegres melodías se suceden sin parar. Hoy todos los
jóvenes de Verona se encuentran reunidos. Quieren divertirse. Mostrar sus mejores vestidos y sobre todo
bailar y bailar.

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AMIGA - Sí, conocen las músicas que suenan y los pasos de las danzas. Saben de palabras agradables y
gestos corteses que se intercambian al encontrarse. Quieren enamorarse.
LECTORA - Después de media noche las damas y los caballeros se reúnen en un círculo para el último
baile. Y es en ese momento que Romeo da la mano a una dama que no conoce. Una chica encantadora
ESCENA IV
(Salón de la casa de Capuleto.) (MÚSICOS esperando. Entran CRIADOS. )
CRIADO PRIMERO - ¿Dónde está Potpan, que no ayuda a levantar los postres? ¡Anda con un plato! ¡Él
está limpiando una mesa!
CRIADO SEGUNDO - Cuando el buen porte de una casa se confía exclusivamente a uno o dos hombres y
éstos no son pulcros.
CRIADO PRIMERO - Llévate los asientos, quita el aparador, ojo con la vajilla: -Buen muchacho, resérvame
un pedazo de mazapán y, puesto que, me aprecias, di al portero que dejé entrar a Susana.
CRIADO TERCERO - ¡Eh! aquí estoy, hombre.
CRIADO PRIMERO - Los necesitan, los llaman, preguntan por ustedes, se les busca en el gran salón.
CRIADO TERCERO - No podemos estar aquí y allá al mismo tiempo. -Alegría, camaradas; haya un rato
de holgura y que cargue con todo el que atrás venga. (Se retiran al fondo de la escena.) (Entran CAPULETO,
seguido de JULIETA y otros de la casa, mezclados con los invitados y las máscaras.)
SEÑOR CAPULETO - ¡Bienvenidos, señores! Las damas que libres de callos tengan los pies, los tomarán
un rato por su cuenta. - ¡Ah, ah, señoras mías! ¿Quién de todas ustedes se negará en este instante a bailar?
La que se haga la desdeñosa, juraré que tiene callos. ¿Toco en lo sensible? - ¡Bienvenidos, caballeros!
Tiempo recuerdo en que también me enmascaraba y en que podía cuchichear al oído de una bella dama esas
historias que agradan. -Ya esa época pasó, ya pasó, ya pasó. - ¡Salud, señores! -Ea, músicos, a tocar.
¡Despejen un poco y a bailar! ¿Cuánto hará desde la última vez que estuvimos en un baile de máscaras?
(Tocan los músicos y se baila.)
LADY CAPULETO - Por la Virgen, hace treinta años.
SEÑOR CAPULETO - ¡Qué, mujer! No hace tanto, no hace tanto: fue en las bodas de Lucencio. Venga
cuando quiera la fiesta de Pentecostés, el día que llegue hará sobre veinte y cinco años que nos disfrazamos.
LADY CAPULETO - Hace más, hace más: Su hijo es más viejo, tiene treinta años.
SEÑOR CAPULETO - ¿Me dices eso a mí? Ahora dos era, él menor de edad.
ROMEO - ¿Qué dama es ésa que honra la mano de aquel caballero?
CRIADO - No sé, señor.
ROMEO - Oh corazón ¿Amé yo antes de ahora? ¡Ojos, negarlo! Nunca hasta ahora conocí la belleza. Nunca
antes.
TEOBALDO - Éste, por la voz, debe ser un Montesco. -Muchacho, tráeme acá mi espada. - ¡Cómo! ¿Osa
el miserable venir a esta fiesta, cubierto con un grosero antifaz, para hacer mofa y escarnio en ella? Por la
nobleza y renombre de mi estirpe no tomo a crimen el matarle.
SEÑOR CAPULETO - ¡Eh! ¿Qué hay, sobrino? ¿Por qué, estallas así?
TEOBALDO - Tío, ese hombre es un Montesco, un enemigo nuestro, un vil que se ha entrometido esta
noche aquí para escarnecer nuestra fiesta.

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SEÑOR CAPULETO - ¿Es el joven Romeo?
TEOBALDO - El mismo, ese miserable Romeo.
SEÑOR CAPULETO - Modérate, buen sobrino, déjale en paz; se conduce como un cortés hidalgo y, a decir
verdad, Verona le pondera como un joven virtuoso y de excelente educación. Por todos los tesoros de esta
ciudad no quisiera que aquí, en mi casa, se le infiriese insulto. Cálmate pues
TEOBALDO Bien viene cuando un miserable semejante se tiene por huésped. No le aguantaré. PRIMER
CAPULETO Lo aguantarás digo que sí. ¡Qué! ¡Señor chiquillo! Ve a pasear. ¿Quién de los dos manda aquí?
TEOBALDO - Pero, tío, es una vergüenza.
PRIMER CAPULETO - A paseo, a paseo, eres un joven impertinente. Mantente quieto, si no... -; ¡da
vergüenza! -Teforzaré a estar tranquilo. ¡Vaya!
TEOBALDO - La paciencia que me imponen y la porfiada cólera que siento, en su encontrada lucha, hacen
temblar mi cuerpo. Me retiraré, pero esta intrusión que ahora grata parece, se trocará en hiel amarga. (SALE.)
INICIA EL BAILE
ROMEO - (a JULIETA.) Si mi indigna mano profana con su contacto este divino relicario
JULIETA - Tu mano calienta la mía. Buen peregrino, eres injusto con tu mano, pues las santas tienen manos
que tocan las del piadoso viajero y esta unión de palma con palma constituye un palmario y sacrosanto beso.
ROMEO - ¿No tienen labios las santas y los peregrinos también?
JULIETA - Sí, peregrino, labios que deben consagrar a la oración.
ROMEO - ¡Oh! Entonces, santa querida, permite que los labios hagan lo que las manos. Pues ruegan,
otórgales gracia para que la fe no se trueque en desesperación.
JULIETA - Las santas permanecen inmóviles cuando otorgan su merced.
ROMEO - (La da un beso en la mano.)
NODRIZA - Señorita, su madre quiere decirte una palabra.
ROMEO - ¿Cuál es su madre?
NODRIZA - Su madre es la dueña de la casa; una buena, discreta y virtuosa señora. Su hija, con quien
hablabas, ha sido criada por mí.
MERCUCIO - ¡Es una Capuleto! ¡Es la hija de tu peor enemigo!
ROMEO - ¿Es una Capuleto? ¡Oh, Mi vida es propiedad de mi enemiga!!
BENVOLIO - Vamos, salgamos; harta fiesta hemos tenido.
ROMEO - Sí, tal temo yo; y mayor es mi inquietud. ¡Cuál alto es el precio!
PRIMER CAPULETO - (van saliendo los invitados.) Eh, señores, no. - ¿Ya se van? Bien, entonces doy
gracias a todos: gracias, nobles hidalgos, buenas noches. -¡Más luces aquí! -Ea, vamos pues, a acostarnos.
Ah, querido, (al Segundo Capuleto) por mi honor, se hace tarde; voy a descansar. (Vanse todos, menos
JULIETA y la NODRIZA.)
JULIETA - Ven, nodriza: ¿Quién es aquel caballero?
NODRIZA - El hijo y heredero del viejo Tiberio.
JULIETA - ¿Quién, el que pasa ahora el dintel de la puerta?
NODRIZA - Sí, ése es, me parece, el joven Petruchio.

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JULIETA - El que le sigue, con el que estaba platicando cuando me llamaste ¿quién es? Anda, pregunta su
nombre.
NODRIZA - Se llama Romeo; es un Montesco , es el hijo único de tu gran enemigo.
JULIETA - ¡Mi único amor emanación de mi único odio! ¡Demasiado pronto lo he visto sin conocerle y le
he conocido demasiado tarde! Extraño destino de amor es, tener que amar a un detestado enemigo.
NODRIZA - ¿Qué dices, ¿qué dices?
JULIETA - Un verso que ahora mismo me enseñó uno con quien bailé. (Llaman desde dentro a JULIETA.)
NODRIZA - Al instante, al instante. salgamos: los desconocidos... todos se han marchado.
SEGUNDO ACTO
ESCENA 1
AMIGA - ¡Qué atrevido Romeo! ¿Pero que no estaba enamorado de Rosalía?
LECTORA - Pues Sí, pero la belleza por quien anhelaba morir y por quien el amor lloraba, comparada con
la tierna Julieta, aparece sin encantos.
AMIGA - ¡Una Antigua pasión yace ahora en su lecho de muerte y un joven afecto aspira a su herencia!
LECTORA - ¡Uy que dramática!
AMIGA - Romeo ama al presente de nuevo y es correspondido: uno y otro amante se han hechizado
igualmente con su mirar.
LECTORA - Él, mirado como adversario, carecerá de entrada para pronunciar esos juramentos que
acostumbran los apasionados; y ella, como él amorosa, tendrá muchos menos recursos para verse donde
quiera con su bien querido.
AMIGA - fue un flechazo, un flechazo mortal de necesidad, se enamoraron hasta las entrañas, más adentro
incluso, no había sitio en su cabeza para nada que no fuera su amor. Embrujados, los dos, al encontrar sus
ojos.
AMIGA - El suyo es un amor improvisado, pero bello y vivo como el sol que se oculta y resurge. No es un
amor fácil porque sus familias los Capuleto y Montesco se odian a muerte desde hace mucho tiempo. Amiga
¡Qué desastre! Mira que enamorarse de su enemigo. Pero, ¿qué pasó? ¿Siguieron adelante? ¿Rompieron?
¿Qué? Lectora Por favor, ¿tú qué crees? Siguieron adelante, Rome solo puede ver a Julieta por las noches
cuando la oscuridad cubre como una máscara su cara y él puede trepar el muro de Verona y alcanzar el
balcón de la dama sin que nadie le vea. ¡Se juraron amor eterno! ¡Por los siglos de los siglos… ¡Qué bonito!
¿No?
ESCENA 2
MÚSICA (ESCENA DE AMOR ENTRE ROMEO Y JULIETA) ENTRA ROMEO
ROMEO - ¿Puedo alejarme, cuando mi corazón está aquí? Atrás, estúpida arcilla, busca tu centro.
(Escala el muro y salta al jardín. Entran BENVOLIO y MERCUCIO.)
BENVOLIO - ¡Romeo! ¡Mi primo Romeo!
MERCUCIO -No es tonto: Por mi vida, se ha escabullido de su casa para buscar su lecho.
BENVOLIO - Se ha corrido por este lado y saltado el muro del jardín. Llámale, amigo Mercucio.
MERCUCIO - Haré más, voy a mezclar su nombre con sortilegios. -¡Romeo! ¡Capricho, locura, pasión,
amor! Yo te conjuro por los brillantes ojos de Rosalina, por su frente elevada, por sus purpúreos labios, por

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su lindo pie, su esbelta pierna, su regazo provocador, por cuanto más éste guarda, que te nos aparezcas en
tu forma propia.
BENVOLIO - Si te oye, se enfadará.
MERCUCIO - Lo que digo no puede enfadarle. Enfado le causaría el que se hiciera surgir algún espíritu de
extraña naturaleza en el círculo de su adorada Esto sería una ofensa; pero mi invocación es razonable y
honrosa: yo sólo conjuro en nombre de su dama o para que él mismo aparezca.
BENVOLIO - Ven, se ha hecho invisible entre esos árboles, para unificarse con la húmeda noche. Su amor
es ciego y se halla más a gusto en las tinieblas.
MERCUCIO - Si el amor es ciego, no puede dar en el blanco. Voy en busca de mi colchón: esta cama de
campaña es, [para dormir], harto fría. Ea, ¿nos vamos?
BENVOLIO - Sí, marchémonos; pues es inútil buscar aquí al que no quiere ser hallado. SALEN
ESCENA 3
(Jardín de la casa de Capuleto. Entra ROMEO)
ROMEO - Se burla de las llagas el que jamás recibió una herida. (APARECE JULIETA) Pero ¡Silencio!
¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta el sol! Alza, bella lumbrera
y mata a la envidiosa luna, ya enferma y pálida de dolor, porque tú, la excedes mucho en belleza.
JULIETA - ¡Ay de mí! ¡Nace mi amor, la fuerza que me obligue a amar a quien es mi enemigo!
ROMEO - ¡Habla! -¡Oh! ¡Prosigue hablando, ángel resplandeciente!
JULIETA - ¡Oh, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres Romeo? Renuncia a tu padre, abjura tu nombre; o, si no
quieres esto, jura solamente amarme y ceso de ser una Capuleto.
ROMEO - (aparte, dudando) ¿Debo hablarle ahora? …. O debo callar.
JULIETA - (se da cuenta que hay alguien escuchándola) ¿Quién eres tú que así envuelto en la noche,
sorprendes de tal modo mis secretos?
ROMEO - ¡No sé cómo expresarte con un nombre quién soy? Mi nombre, cielo mío, yo mismo lo detesto,
por ser para ti un enemigo
JULIETA - ¿No eres Romeo? ¿No eres un Montesco?
ROMEO - Ni uno, ni otro, Hermosa doncella, si los dos te desagradan.
JULIETA - ¿Cómo has llegado hasta aquí? Es alto el muro del jardín, difícil de escalar.
ROMEO - Con las alas livianas del amor salté estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar e
amor.
JULIETA - Si te encuentran acabarán contigo
ROMEO - ¡Ay ! tus ojos son para mí más que veinte espadas suyas. ¡Juro por esa luna sagrada, que platea
sin distinción…
JULIETA - ¡Oh! No jures por la luna, por la inconstante luna, no sea que tu amor se vuelva tan variable.
ROMEO - ¿Por qué debo jurar?
JULIETA - No hagas juramento alguno. Si te empeñas, jura por ti, dios de mi idolatría y te creeré
VOZ DE NODRIZA - ¡Julieta! JULIETA voy al momento. Si el matrimonio es tu fin. Hazme saber mañana
por la persona que hare llegar hasta ti, en qué lugar y hora quieres realizar la ceremonia.

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VOZ DE NODRIZA - ¡Julieta! JULIETA ¡Al instante ya voy! Pero si no es Buena tu intención, te ruego…
ROMEO - Por la salud de mi alma. Envíala mañana a las nueve. SALEN
ESCENA 4
AMIGA - ¡Qué romántico! Aunque un poco, no se…. ese Shakespeare era un poco cursi ¿No?
TODAS - ¡Nooo! (SILLA INTERIOR DE LA CASA, ENTRA JULIETA COMO ESPERANDO A ALGUIEN,
NERVIOSA)
JULIETA - El reloj daba las nueve cuando mandé a la nodriza. Me prometió estar en media hora… Quizá
no haya podido hablar… Pero… no, eso no ¡Oh! ¡Es que es coja! (ENTRA LA NODRIZA AGOBIADA,
CANSADA) ¡Oh dios, ya viene! (SE DIRIGE RÁPIDAMENTE A LA NODRIZA) ¡Ay nodriza de mi alma! ¡
¿Qué noticia traes! ¿Le viste? ¿Por qué ese aire tan apesadumbrado?
NODRIZA - ¡Estoy rendida! Déjame respirar un momento. ¡Ay qué dolor de huesos!
JULIETA - ¡Ojalá tuvieras tú mis huesos y yo tus noticias! ¡vaya, vamos, habla!
NODRIZA - ¡Jesús, qué prisa! ¿No puedes aguardar un rato? ¿No ves que estoy sin aliento? ¡Vaya que has
hecho una equivocada elección! ¡No sabes escoger marido! Aunque tenga mejor rostro que los demás, su
pierna aventaja a la de todos…
JULIETA - no, no, pero… ¡todo eso lo sabía yo ya! ¿Qué dice de nuestro casamiento? ¿Qué dice?
NODRIZA - ¡Señor! ¡Cómo me duele la cabeza! ¡Qué cabeza tengo!
JULIETA - Te juro que lamento no te halles bien querida nodriza, ¿Qué dice mi amor?
NODRIZA - ¿Tienes permiso para confesarte hoy?
JULIETA - SÍ NODRIZA Pues… entonces corre a la celda de Fray Lorenzo, allí te aguarda un marido para
hacerte su esposa.
JULIETA - ¡Corramos a la dicha suprema! Fiel nodriza ¡adiós! (SALEN)
AMIGA - ¡desean casarse!
¡LECTORA - Pero deciden mantenerlo en secreto hasta que las dos familias hagan las paces!
AMIGA - ¡qué atrevidos! AMIGA ¡Sí mucho, fue un flechazo, un flechazo mortal!, se enamoraron hasta las
entrañas, más adentro incluso, no había sito en su cabeza para nada que no fuera su amor. Embrujados los
dos, al encontrar sus ojos.
LECTORA - Sí Romeo y Julieta disfrutan su propia felicidad, ligera y sin fin. Por la mañana, la ciudad
aparece blanca como una novia. En el monasterio de San Francisco a la ribera del río, vive un fraile que les
puede ayudar, un hombre muy sabio. Amigo de Romeo y Julieta que les escucha y acepta casarlos en secreto.
AMIGA - Sí y un día fray Lorenzo hace entrar a Romeo en su celda y Julieta espera de rodillas en el
confesionario como si quisiera confesarse.
ESCENA 5
JULIETA (ENTRA) - Buenas tardes a mi reverendo confesor. Se arrodilla. LADO DERECHO (ENTRA
FRAY LORENZO Y LLEGA ROMEO)
FRAY LORENZO - Sonrían los cielos a esta sagrada ceremonia, para que los tiempos futuros no nos la
reprochen con pesar.
ROMEO (ENTRANDO) - ¡amén! (JULIETA INTERCAMBIA MRADAS CON ROMEO)
FRAY LORENZO - Romeo te dará las gracias por él y por mí, hija mía.

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JULIETA - Igual le deseo a él, para que sus gracias no sean excesivas.
FRAY LORENZO - Vengan, vengan conmigo y abreviemos nuestra obra, porque con su consentimiento,
no les permitiré estar solos hasta que la Santa iglesia los haya incorporado a los dos en uno. (LOS CASA Y
SALEN)
AMIGA - Esperan el momento preciso para hablar con sus familias y desvelar el matrimonio. Pero el odio
entre los Montesco y Capuleto es cada vez más áspero y un día por las calles de Verona bajo la puerta
Antigua los hombres de las dos familias se enfrentan y Romeo se ve envuelto en la pelea…
LECTORA - Uy es ahora cuando realmente se complica todo, el odio y el rencor entre las familias trae la
violencia, la violencia trae muerte, la muerte venganza, y la venganza engendra venganza.
ESCENA 6
(ENTRA MERCUCIO Y ATRÁS DE ÉL BENVOLIO) (LADO DERECHO)
BENVOLIO - ¡por favor, Mercucio, vámonos, el día es caluroso, los Capuleto andan por aquí. No
escaparemos a una gresca.
MERCUCIO - ¡Por mis talones, que me tienen sin cuidado! (ENTRA TEOBALDO)
TEOBALDO - ¡Buenas tardes señores! Una palabra con uno de ustedes.
MERCUCIO - ¿Y solo una palabra con uno de nosotros? ¡Júntala con algo, para que sean una palabra y un
golpe!
TEOBALDO - ¡Tú estás de concierto con Romeo!
MERCUCIO - ¡De concierto…! ¿Qué? Nos has tomado por músicos, no esperes oír más que disonancias.
¡Aquí está mi arco de violín! (saca la espada).
BENVOLIO - Estamos hablando en un paraje público. (tratando de tranquilizarlos) Todos los ojos nos
miran.
MERCUCIO - ¡Para mirar se hicieron los ojos! ¡Que nos miren! ¡Yo no daré gusto a nadie! (LLEGA
ROMEO)
TEOBALDO - Bien, ¡Aquí, llega mi mozo! ¡Eres un villano!
ROMEO - Las razones que tengo para apreciarte excusan tu saludo. (LE DA LA ESPALDA)
TEOBALDO - ¡Vuélvete y desenvaina (saca la espada)
ROMEO - ¡Gentil Mercucio, envaina tu espada! (MERCUCIO Y TEOBALDO PELEAN)
ROMEO - ¡Teobaldo! ¡Mercucio! ¡El príncipe ha prohibido las riñas en las calles! ¡Deténganse!
(TEOBALDO HIERE A MERCUCIO POR DEBAJO DEL BRAZO DE ROMEO. MERCUCIO ¡estoy herido!
¡mala peste a sus familias! ¿Por qué diablos te interpusiste? ROMEO Y BENVOLIO SE ACACHAN CON
MERCUCIO)
BENVOLIO - ¡Romeo! ¡Ha muerto el bravo Mercucio!
ROMEO - (SACA LA ESPADA Y SE ABALANZA CONTRA TEOBALDO Y PELEAN) ¡Esto lo decidirá!
(HIERE A TEOBLADO Y ÉSTE CAE MUERTO).
BENVOLIO - ¡Romeo, Vete…. ¡Huye!
ROMEO - ¡Soy juguete del destino! (SALE RÁPIDO, ENTRA JULIETA, LA RODEAN LOS ACTORES
GRITANDO ) ¡Exilio! ¡Exilio!

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JULIETA - Romeo desterrado, ni fin, ni límite, medida o frontera hay en la muerte contenida de esas
palabras, ni palabra que expresen ese dolor… (ENTRA ROMEO, RODEA UNA Y OTRA VEZ A LOS
ACTORES, PERO EL MURO ES INFRANQUEBLE, DESESPERADO CAE DE RODILLAL, LLORA)
ROMEO - Más allá de Verona no existe el mundo para mí. ¡Tan solo el purgatorio, la tortura, el mismo
infierno!.
AMIGA - Romeo ha sido desterrado, y ¿entonces? Pero si se habían casado...
LECTORA - Ya, pues todavía hay algo peor, los Capuleto deciden casar a su hija, Julieta, con el conde Paris
dentro de dos días...
AMIGA - ¡Pero si ya está casada!
LECTORA - Pero ellos no lo saben, y si lo supieran a lo mejor era peor, ¿no crees? Escucha: Ella prefiere
morir a casarse con Paris, así que pide ayuda a Fray Lorenzo, él fue quien los casó en secreto, y entre los
dos idean la forma de huir de la boda. (FRAY LORENZO LE DA LA PÓCIMA A JULIETA) Verás: Julieta
tomará una pócima la noche anterior a la boda, la dormirá tan profundamente que parecerá muerta, por carta
avisarán a Romeo, que vendrá por ella cuando despierte, a las treinta y seis horas, y juntos se irán lejos...
AMIGA - ¡Qué buena idea!
LECTORA - Sí funciona, sí, pero…
AMIGA - Pero ¿qué? Suena una música, entra en escena un actor corre por el escenario, entra otro que corre
hasta encontrarse, uno le da un pergamino enrollado a su compañero, éste sale corriendo con él hasta que
llega a un tercero que lo recibe, y sale de nuevo con él, y luego un cuarto, pero nunca llega a su destino,
muere por el camino. El pergamino cae y llega hasta las niñas.
AMIGA - (Cogiendo el manuscrito y mirándolo asombrada.) ¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado?
LECTORA - Que Romeo no recibió la carta.
AMIGA - ¿Cómo?
LECTORA - ¿Es que no lo entiendes? La carta nunca llegó a manos de Romeo, lo único que Romeo supo
de Verona, fue que Julieta estaba muerta, en el sepulcro de los Capuleto. Amiga ¡Dios mío! ¿Qué hizo
Romeo? Regresó a Verona, a morir junto a su amada. La muerte fue implacable con los dos amantes. Suena
una música. Entra Julieta, se tiende despacio en el suelo, entra Romeo observa y acaricia a Julieta y se
tiende cerca de ella, entra un actor con la tela negra a modo de capa y pasa sobre ellos ambos desaparecen,
cae la tela, que es lo único que queda en escena. (ENTRA ROMEO, LA VE Y SE ACERCA, ROMEO SE
ENVENENA Y CAE A LOS PIES DE JULIETA) No podré vivir sin ti.
LECTORA - Murieron los dos, sus familias fueron castigadas. Romeo y Julieta pagaron con su vida por el
odio y el rencor de sus familiares.
AMIGA - Fue terrible, no me gusta este final, es un asco. Podían haber sobrevivido ¿no? Los ocho actores
del escenario, se levantan, se acercan a las chicas y les tocan el hombro.
JULIETA - ¡Eh! Alegren esa cara.
ROMEO - Esto es teatro.
TEOBALDO - Y en el teatro todo está permitido.
NODRIZA - ¿Saben por qué?
BENVOLIO - porque el teatro es juego.

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MERCUCIO - el teatro es magia
FRAY - Así que levántense! ¡Vamos! (SE LEVANTAN Y SUENA LA MUSICA Y TODOS SE PONEN A
BAILAR).

ROMERO Y JULIETA por Alejandro Dolina


1460. La ciudad de Verona está dividida por el odio entre dos familias. Los Capuletto y los
Montesco. Es un odio ancestral. Atávico. El primogénito de la familia Montesco es un joven ingenuo y
casto con muy poca experiencia que siente por primera vez en la vida, el llamado del amor. Una
mañana, preocupado, Romero Montesco visita a su confesor, Fray Lorenzo.
Fray Lorenzo - ¿Otra vez por aquí, Romero? Ya te has confesado la semana pasada.
Romero - No vengo a confesarme, padre... He venido porque siento por primera vez en la vida el
llamado del amor.
Fray Lorenzo - Ah... lo mismo dijiste cuando encontraste aquella chica de Mantua, y luego con la bailarina
de Padua y más tarde con aquel mercenario Sarraceno. Eres demasiado soñador Romero...
Romero - ¡Oh... sí padre!, pero esta vez es diferente, ¿Sabe? - El amor es maravilloso.
Fray Lorenzo - ¡Oh! Ten cuidado hijo con las tentaciones del demonio.
Romero - Usted no es el más indicado, Padre, para hablar del demonio. ¿Acaso no sabe lo que dicen de
usted en el pueblo?
Fray Lorenzo - No... ¿Qué dicen?
Romero - Dicen que usted está poseído por el diablo.
Fray Lorenzo - ¿Eso dicen? Jajaja... eso no es verdad... mejor dicho, es verdad a medias. El diablo se ha
apoderado de la mitad de mi persona. La otra mitad pertenece al señor, lo cierto es que a veces
no puedo evitar que el diablo hable por mi... Es el famoso doble discurso, ¿sabes?
Romero - No me importa... yo no me meto en la política. Necesito que me ayude padre... Me he
enamorado de Julieta Capuletto... ¿Usted la conoce?
Fray Lorenzo - Oh... si... esa niña tan dulce la he tenido en mis propios brazos. Maldita zorra cómo me
gustaría tenerla ahora en mis brazos.
Romero - ¡Qué le sucede padre!
Fray Lorenzo - Nada... nada hijo nada... ¿Cómo puedo ayudarte?
Romero - Usted es su confesor... entra y sale de la casa de los Capuletto cuando quiere. Háblele de
mi... dígale que soy muy inteligente...
Fray Lorenzo - Oh... no puedo mentirle tan descaradamente, hijo. Tu eres poco más que un adoquín.
Romero - ¡No es cierto padre! ¡A los 12 años ya pelaba las naranjas solo!¡Sométame a una prueba de
inteligencia!
Fray Lorenzo - No vale la pena, hijo...
Romero - ¡Insisto! Estoy harto de que todos en la ciudad digan que tengo la inteligencia de un gusano...
Fray Lorenzo - Bueno, hijo, algunos gusanos tienen una cierta picardía.
Romero - ¿Lo ve padre? Ya le decía que no soy ningún tonto. No soporto que me digan tonto...sería capaz
de matar al que dudara de mi inteligencia. Vamos Padre, necesito demostrarlo. Hágame una prueba.

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Fray Lorenzo - Bien hijo. ¿Cuántas manzanas eres capaz de comer en ayunas?
Romero - Vamos padre... no hay manzanas en esta época. No trate de engañarme.
Fray Lorenzo - Esta bien... está bien... ¿Cuántas nueces eres capaz de comer en ayunas?
Romero - Digamos unas diez nueces...
Fray Lorenzo - ¡Oh, no hijo! Después de la primera ya no estás en ayunas. Pasaré a otra pregunta. Si doy 5
pasos hacia adelante y 2 hacia atrás, ¿Cuántos pasos he dado?
Romero - Déjeme ver... 5 pasos... 2 pasos.... ¡Lo tengo! ¡3 Pasos Fray Lorenzo! ¡3 Pasos!
Fray Lorenzo - Oh, no hijo... 5 pasos más 2 pasos son 7 pasos...¡No sea estúpido padre!
Romero - ¡Ya basta de esto! Necesito que arregle una cita con Julieta...
Fray Lorenzo - No será fácil hijo... ¿Sabes? Ese amor sólo traería sangre y dolor. Los Capuletto y los
Montesco se odian a muerte...
Romero - Sí. Los Capuletto y los Montesco se odiaban. No pasaba un día sin que una familia concretara una
ofensa en contra de la otra.
Niño Capuletto - ¡Padre! ¡Madre! ¡Los Montesco han manoseado a la abuela!
Sra. Capuletto - ¡Venganza! ¡Venganza!... cada injuria era contestada con otra injuria...
Sr. Montesco - Padre mío... Los Capuletto han orinado en la puerta de calle
¡Venganza! ¡Venganza!... el odio, engendraba el odio...
Niño Capuletto - ¡Madre! ¡Los Montesco le han enseñado palabrotas al perico!
Sra. Capuletto - ¡Venganza! ¡Venganza!... Una verdadera guerra sin cuartel...
Sr. Montesco - ¡Padre! Los Capuletto andan poniendo apodos
Sr. Montesco - ¡Venganza! ¡Venganza!
Pero pese a ese clima de odio y hostilidad los Capuletto se disponían a celebrar el cumpleaños de su hija
Julieta con una gran fiesta de disfraces, lujo, buenas maneras y ostentación en el más fabuloso banquete
que hubiera presenciado la ciudad en años.
Sr. Capuletto - ¿Qué le pasa caballero? ¿No le gustan los porotos?
Fray Lorenzo - Oh, no es eso Sr. Capuletto... es que no tengo voluntad.
Sr. Capuletto - Aja... Veo que me ha reconocido a pesar de mi disfraz de oso carolina... Usted tampoco
está mal con ese disfraz de cura...
Fray Lorenzo - No estoy disfrazado... soy Fray Lorenzo. A propósito... la careta de su esposa es
impresionante
Sra. Capuletto - No llevo careta...
Fray Lorenzo - ¡Oh! Cuánto lo siento señora... Dígame... ¿Dónde está su bella hija Julieta?
Sra. Capuletto - Allí, junto a aquella ventana...
Fray Lorenzo - ¡Oh... ¡Qué buen disfraz de vikingo!
Sra. Capuletto - Ese es mi sobrino padre... Julieta está al lado, con un vestido rojo
Fray Lorenzo - ¡Oh, sí! Ahora la reconozco. Ese vestido le sienta perfecto a su virginal personalidad
adolecente, y además se le ven todas las gambas a la guacha
Sr. Capuletto - ¡Fray Lorenzo! ¿Fray Lorenzo qué dice?
Fray Lorenzo - ¡Oh! Usted disculpe... ocurre que a veces... a veces no soy yo.

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Sra. Capuletto - ¡Oh! Mira esposo mío... mira a nuestra hija... observa como baila con ese
enmascarado... ¿No te recuerda a nuestro primer baile?
Sr. Capuletto - ¡Cállate maldita perra... cada vez que me acuerdo lo que me has hecho gastar en ésta
estúpida fiesta me dan ganas de matarte!
Sra. Capuletto - Hay... Capuletto... ya no eres tan romántico como cuando eras joven...
Sr. Capuletto - ¡Cuando yo era joven tu no eras la estúpida cerda que eres ahora!
Sra. Capuletto - ¡Oh, mira esposo! ¿No te parece que ese joven está apretando demasiado a nuestra hija?
Oiga joven... ¿No le parece que está apretando demasiado? ¿Joven? ¿Por qué no contesta?
Romero - Oh... disculpa... estaba pensando, déjame hacerte una pregunta. ¿Cuántas nueces puedes comerte
en ayunas?
Julieta - Pues unas... catorce...
Romero - ¡Oh!... ¡Qué lástima!... Si decías diez tenía un chiste fabuloso para hacerte. De cualquier manera,
lo que quería decirte es que eres la más hermosa de las mujeres del mundo.
Julieta - Ay..... no diga esas cosas... no sea tonto...
Romero - No soporto que me digan tonto una vez más... y, y...
Julieta - Oiga... ni siquiera sé su nombre ni he visto su nombre... dígame quién es si quiere
seguir hablando conmigo...
Romero - No puedo revelar mi identidad en esta fiesta. Necesito verte a solas.
Julieta - ¡Ah! ¿Quién crees que soy?
Romeo - Bueno... creo que eres Julieta, la hija de los Capuletto... Estoy enamorado de ti, por
favor necesito verte.
Julieta - Está bien... ven mañana a la noche a mi balcón y arrójame una pequeña piedra a la
ventana entonces, yo saldré.
Romero - Allí estaré
Sra. Capuletto - ¡Bueno! ¡Ha llegado la hora de quitarse las máscaras!
Romeo - ¡Oh! Debo irme ahora... debo irme... ¡Adiós Julieta!
Julieta - ¡Espera!... esa no es la salida... ¡Es el balcón!
Luego de caer tres pisos, Romeo se preparó para enfrentar el día más crucial de su vida, para enfrentar la
dura prueba de conseguir el amor de Julieta. Decidió recurrir a un verdadero experto.
Romero - Fray Lorenzo... sólo usted puede ayudarme... Tengo tanto miedo...
Fray Lorenzo - ¡Oh... no temas Romero...! Yo estaré a tu lado.
Romero - Creo que este es el balcón... Deben estar todos durmiendo...
Fray Lorenzo - Si... ¿No dijo ella que le arrojaras una piedra? ¡Pues, hazlo!
Piedra a la ventana ¡Strailait!
Fray Lorenzo - Hummm algo se mueve dentro... una sombra... debe ser ella. Dile las frases tiernas que
te enseñè.
Romero - Eh... baja... hermosa forma... hacerme inmortal con un beso... baja para que te ame y te estreche
entre mis brazos...
Sr. Capuletto - Jamás me habían dicho cosas tan hermosas. ¡Enseguida bajaré!

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Romero - ¡Oh no! ¡Es el padre! Maldita sea. ¡Ahora tendré que besarlo! ¡Dios! ¡No quiero casarme
con el padre!

Fray Lorenzo - No es necesario... dile que se trata de un error

Romero - Oh, hermosa forma... se trata de un error...


Sr. Capuletto - Caramba... yo ya me había ilusionado...
Fray Lorenzo - Allí hay otra ventana... probemos allí
¡¡¡¡¡¡¡Strailait!!!!!!!
Fray Lorenzo - ¡Idiota! ¿Cómo se te ocurre tirar un tremendo cascote!
Julieta - ¡Oh!... joven enmascarado... eres tú...
Romero - Me ha reconocido padre... ¿Qué le digo?
Fray Lorenzo - Dile "No es fácil cantarle a una mujer hermosa
Romero - "No es hermoso cantarle a una mujer fácil
Fray Lorenzo - ¡Al revés idiota!¡Al revés idiota!
Julieta - ¿Cómo dice joven?
Fray Lorenzo - Dile que has venido a entregarle tu corazón
Romero - He venido a entregarte mi corazón...
Julieta - dime tu nombre desconocido ...

Romero - Tu nombre desconocido


Fray Lorenzo - Quiere que le digas cómo te llamas
Romero - Oh... me llamo Romero...
Julieta - ¿Qué significa Romero? ¿Acaso Romero es brazo, es pierna, es luna?
Romero - Será lo que tú quieras, si eso permite nuestro amor
Fray Lorenzo - Oye Romero.... ¿De dónde haz sacado eso?
Romero - Creo que lo escuché en una estúpida obra de teatro
Julieta - ¿Cuál es tu apellido Romero?
Romero - Mi apellido es.... ¡Montesco!
Julieta - Ahhhhhhh ¡Montesco! Montesco, si... Montesco …Ese nombre es una mala palabra para
mi familia. Sabes bien que nuestras familias están enemistadas desde hace 300 años, desde de aquel robo de
la gallina...
Romero - Sí... uno de tus antepasados robó una de nuestras gallinas...
Julieta - Querrás decir que uno de tus antepasados robó nuestra gallina.
Romero - ¡Escucha zorra! Ninguna miserable Capuletto me acusará de ladrón
Fray Lorenzo - ¡Basta hijo la perderás con eso!...
Romero - ¿Padre... qué hago?
Fray Lorenzo - Dile... dile que el amor es más fuerte
Romero - ¿Cómo se le ocurre? ¿Cómo se le ocurre semejante estupidez Fray Lorenzo?

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Fray Lorenzo - Dile que te permita subir para estrecharla en tus brazos ¡Dile a esa perra que tendrá lo que
busca! ¡Dile que haz traído a un amigo! ¡Vamos! ¡Dile que traiga a su madre o su padre, lo mismo da!
Romero - ¡Padre! ¿Qué le sucede?
Fray Lorenzo -¡Quítate estúpido! ¡Quítate! ¡Yo subiré y le enseñaré que es un hombre! ¡Allá voy pequeña
zorra! ¡Pon tus barbas en remojo!
Romero - ¡Padre! ¡No deje que Lucifer hable por su boca!
Fray Lorenzo - ¡Oh! tienes razón... sube tu, hijo mío...
Romero - Sí... pero que haré padre...
Fray Lorenzo - Pues... improvisa... cántale una canción...
Romero - Ni en los tiempos dudosos de ayer
Julieta- Ni en el gris porvenir que aún no ve
Romero - No ha existido jamás un amor
Julieta- Como el que hoy siento yo por usted.
Romero - Brillan las constelaciones. Su indiferencia estelar. Las estrellas no tienen pasiones. Las galaxias
no saben amar.
Julieta - Júreme alguna cosa de amor
Romero - Le prometo que todo es fugaz.
Julieta - Venga y vamos, Romero a espantar los fantasmas de la inmensidad
Romero - Que se acobarde la ausencia cuando nos vea pasar Ay... Julieta querida...
Julieta - Ay... Romero...Un amor como el nuestro no hay
Fray Lorenzo - Bien... bien... bravo... ahora... acércate
Romero - ¿Qué quiere padre?
Fray Lorenzo -
¡No a mi idiota! ¡A ella! Bésala, eso es... quítale el vestido. ahora hazla girar... eso es...córrete un poco que
no veo...
Julieta - Oh... mi amor...
Julieta y Romero se amaron y cayeron dormidos. A la mañana siguiente, fueron despertados por los
pájaros.
Sra. Capuletto - ¡¡¡¡Ah!!!! ¡Capuletto mira esto! ¡Qué vergüenza! Ha deshonrado a nuestra hija
Sr. Capuletto - ¡Y en el balcón! Quizá alguien pudo verlos...
Fray Lorenzo - ¡Oh sí yo! Y estubo fantastico si yo les dijera...
Sra. Capuletto - No... no... esto es intolerable... ¡Mátalos a todos Capuletto!
Sr. Capuletto - Cállate perra, sé cómo manejar esta situación.
Romero - ¡Máteme! He vivido todo. ¡Puedo morir tranquilo porque ya sé que cosa es el verdadero amor!
Sr. Capuletto - No... no te mataré... tengo un castigo peor para ti... Sufrirás toda la vida ja ja ja ja Sí.
Capuletto tenía un castigo eterno para Romero...Marcha nupcial
¡Viva! ¡Vivan los novios! ¡Vivan los novios! Romero y Julieta se casaron.
Romero - ¡Julieta ya llegué!

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Julieta - 'scuchame stupido... ¿No ves que ensucias todo con esas patas? Claro... total, la que limpia es la

burrrrrra... como se ve que estás acostumbrado a estar en la mugre... así te crio tu madre

Romero - ¡Con mi vieja no te metas que te surto!


Julieta - Claro... pégame... lo único que te falta es que me pegues... Dale, dale, ¿pégame... te quedaste
mudo... a ver? ¿Qué estás esperando?
Romero - ¿Padre... qué hago?
Fray Lorenzo - Oye hijo... debes ser dulce con ella...

INTERTEXTUALIDAD

La noción de intertextualidad hace referencia al vínculo que un texto establece con otros textos, que
pueden ser históricos o contemporáneos. El filólogo y crítico literario ruso Mijaíl Bajtín (1895-1975) es
señalado como el responsable de desarrollar la idea de intertextualidad, al destacar que todos
los discursos tienen un carácter dialógico debido a que se relacionan con otros.

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