IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA PALABRA VIVA
SEGURIDAD FALSA
“He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías
en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y
confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,
instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de
la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti
mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que
no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes
sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a
Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los
gentiles por causa de vosotros. Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si
guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser
incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley,
¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es
incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la
letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es
judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace
exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la
circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual
no viene de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2:17-29).
La gente anhela tener seguridad económica, seguridad laboral, seguridad
matrimonial, seguridad nacional, seguridad en la salud, seguridad en el
hogar, seguridad de posición social, y muchas otras clases de seguridad.
Querer seguridad es un impulso natural de autopreservación.
No obstante, a pesar de las pretensiones de independencia y autosuficiencia
de muchas personas, todas ellas siguen teniendo el conocimiento instintivo
de que no están completamente aseguradas en ellas mismas. Puede tenerse
cierta medida de seguridad económica a partir de cosas tales como un
contrato laboral a largo plazo, ser empleado o propietario de un negocio que
haya demostrado su buen rendimiento aún en tiempos difíciles, o poseer un
portafolio diversificado de inversiones.
Se puede alcanzar cierta medida de seguridad en el hogar con alarmas,
cercados y perros guardianes. Con una fuerza militar bien entrenada y
equipada se puede tener cierto grado de seguridad nacional.
Sin embargo, la historia y la experiencia personal han probado una y otra vez
que tales cosas no pueden garantizar una seguridad absoluta .
Cuando la mayoría de las personas se toman la molestia de pensar al
respecto, también tienen la esperanza de alcanzar algún tipo de seguridad
eterna. Si no creen en el cielo y el infierno, entonces tienen la esperanza de
que la muerte sea el fin de su existencia, algo que los llevará a la nada
impersonal e inconsciente, o que los introducirá a un nuevo ciclo de
existencia en una cadena interminable con eslabones de vidas mejores que
las vividas anteriormente.
Pero el apóstol Pablo ya ha declarado inequívocamente que sin importar si lo
entienden o lo admiten, todos los hombres, aún los réprobos más paganos,
conocen algo acerca de “las cosas invisibles de [Dios], su eterno poder y
deidad” (Romanos 1:18-21).
Toda persona, judía o gentil por igual, tiene testimonio de su corazón y su
conciencia, por el cual está en capacidad de discernir básicamente entre el
bien y el mal (Romanos 2:14-15), y todas las personas saben hasta cierto
grado que quienes no viven a la altura de los parámetros de justicia de Dios
“son dignos de muerte” (Romanos 1:32).
La mayoría tienen el temor constante de que Dios va a juzgar su pecado, que
un día tendrán que rendir cuentas por la manera como han vivido , y la Biblia
dice que todos sin excepción vivirán y morirán una sola vez, “y después de
esto el juicio” (Hebreos 9:27).
Por lo tanto, la gente espera por instinto que de una u otra forma puedan
escapar de ese juicio. Bien sea consciente o inconscientemente, desde una
práctica religiosa o irreligiosa, entienden en lo profundo de sí mismos que
necesitan tratar el asunto de su inseguridad espiritual.
Desean tener la seguridad de que no serán castigados por sus males, y en el
intento de hacer esto, los hombres se han ingeniado toda clase de ideas y
filosofías falsas para tratar de escapar del castigo que innatamente saben
que merecen.
Algunas personas construyen un falso sentido de seguridad espiritual
tratando de convencerse a sí mismas de que básicamente son buenas y que
un Dios justo no podría condenar a personas buenas y enviarlas al infierno .
Ellos creen que sus obras e intenciones buenas van a pesar más que las
malas y que en el balance final son agradables y aceptables para Dios.
Otros creen que Dios es demasiado amoroso como para enviar a cualquiera
al infierno y que al fin de cuentas va a salvar incluso a los pecadores más
perversos.
Otros todavía insisten en que no hay Dios y que la idea de un juicio divino
final es totalmente disparatada y ridícula.
Estas creencias son tan comunes que quienes depositan su seguridad en
ellas pueden hallar reafirmación en las grandes cantidades de otras
personas que están haciendo lo mismo.
Llegan incluso a diseñar religiones sofisticadas para afirmar estas opiniones.
Lejos de ser cruel e insensible, el cristiano que expone a la luz pública tales
ideas falsas de seguridad espiritual hace un gran servicio a favor de las
personas a quienes da advertencias.
Si una persona debe ser elogiada por advertir a una familia que su casa se
está incendiando o que un puente que están a punto de cruzar podría
derrumbarse a su paso, cuánto más debe encomiarse a un creyente cuando
advierte a los no salvos acerca de su perdición y condenación mientras
sigan apartados del Señor Jesucristo.
Es imposible ofrecer mayor bondad a una persona que la de mostrarle el
camino de la salvación, pero antes de que pueda tener motivación para ser
salvada, es obvio que debe tener convencimiento de que está perdida.
Como precursor del Señor Jesucristo, Juan el Bautista predicó un serio
mensaje de arrepentimiento del pecado (Mateo 3:2). El Señor Jesucristo
empezó su propio ministerio predicando el mismo mensaje (Mateo 4:17).
Quizás más que cualquier otra cosa, el sermón del monte constituye una
serie prolongada de advertencias acerca de esa clase de seguridad
espiritual falsa.
En ese mensaje El Señor Jesucristo declara de forma inequívoca que la
justicia, las actitudes, las buenas obras, relaciones, profesiones, oraciones,
ayunos, ceremonias y generosidad de los hombres nunca pueden alcanzar la
medida del estándar de santidad perfecta conforme al cual Dios los hace
responsables (Mateo 5:48).
El Señor Jesucristo despojó por completo las falsas seguridades del
judaísmo de aquel tiempo que se caracterizaban por estar cargadas de
hipocresía y legalismo.
Él declaró que quienes confían en substitutos externos de la justicia
verdadera un día le dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en
tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros?”; pero a tales discípulos falsos Jesús dirá: “Nunca os conocí;
apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).
La persona que edifica su casa religiosa sobre cualquier fundamento
ingeniado por ella misma, con toda seguridad lo verá arrastrado por
completo con la llegada impetuosa de la tormenta del juicio de Dios (Mateo
7:26-27).
Tras mostrar cómo el judío moral y el gentil moral serán traídos por igual
ante el gran tribunal de Dios al final de los tiempos y que no cuentan con
base alguna para su bienestar y seguridad propios (Romanos 2:1-16), el
apóstol Pablo se enfoca ahora de manera exclusiva en los judíos, el pueblo
de pacto de Dios. Ellos recibieron mucha más luz y bendiciones que los
gentiles, pero como señala el apóstol a continuación, ese mayor privilegio
los hace más responsables ante Dios y no menos, como la mayoría de ellos
suponían.
Antes de explicar el camino de salvación por medio de la fe en El Señor
Jesucristo, el apóstol Pablo rebate el concepto de falsa seguridad espiritual
que la mayoría de los judíos tenían basados en su herencia nacional
(Romanos 2:17a), en su conocimiento (Romanos 2:17b-24), y en su ceremonia
(Romanos 2:25-29).
I) LA FALSA SEGURIDAD DE LA HERENCIA
“He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío” (Romanos 2:17a).
El apóstol Pablo es muy honesto y muy directo y es muy amable al acusar al
judío porque lo hace enfrentar la inadecuación de sus falsas seguridades.
Ahora, en estos versículos, del 17 al 29, enfrentamos el hecho de que el judío
tenía tres grandes privilegios que le daban una falsa sensación de
seguridad.
Una era que él era parte de la nación de Israel. Dos, que poseía la ley de
Dios. Y tres, que fue circuncidado.
Así que, basado en la nación y la ley y la señal de la circuncisión, el judío,
teniendo estos grandes privilegios, se sintió muy asegurado por ellos, y
creyó que, por ser judío, porque poseía la ley, porque tenía el símbolo o la
señal del pacto en la circuncisión, estaba por lo tanto libre de todo temor al
juicio.
Entonces, lo que hace el apóstol Pablo, comenzando en el versículo 17, es
tomar cada uno de estos tres y destruirlos sistemáticamente como
valores. Asesta un golpe mortal a la supuesta seguridad del judío. Y al
hacerlo asesta un golpe mortal a la supuesta seguridad de muchos de los
llamados cristianos y de las llamadas personas religiosas en la Iglesia de
hoy.
Mi oración no es solo que entiendas el pasaje para que entiendas al
judío, sino que mi oración es que entiendas el pasaje para que entiendas
incluso en un entorno contemporáneo en la Iglesia cómo la gente puede
esconderse detrás de una falsa seguridad. y eso hay que hacérselo saber.
El pueblo escogido de Dios se enorgullecía en gran manera por tener el
nombre de judío. En los siglos pasados se había hecho referencia a ellos
como hebreos, llamados así a causa del idioma que hablaban. También
habían sido llamados por mucho tiempo israelitas, en honor a la tierra que
Dios les había prometido y entregado conforme a su pacto con Abraham;
pero en el tiempo de Cristo, el nombre más común que tenían era el de
judíos.
El término se deriva de Judá, el nombre de una de las doce tribus así como el
nombre del reino del sur después de la división que ocurrió tras la muerte de
Salomón; pero durante y después del cautiverio en Babilonia, llegó a
utilizarse como referencia a toda la raza que descendió de Abraham por
medio de Isaac.
El nombre representaba al mismo tiempo su herencia racial y religiosa, y en
sus propias mentes denotaba su carácter distintivo frente a todos los demás
pueblos del mundo.
A pesar de la servidumbre y la opresión que habían padecido a manos de los
gentiles durante cientos de años, y de seguir sufriendo en tiempos del Nuevo
Testamento, portaban el nombre judío como una medalla de gran honor y
orgullo.
El nombre los marcaba claramente como el pueblo de Dios, único y
especialmente favorecido. El significado de la raíz de Judá, y por ende de
judío, es “alabado”, y los judíos en el tiempo del apóstol Pablo consideraban
que ese era un título y una descripción de ellos muy bien merecidos.
No obstante, los judíos hacía mucho tiempo atrás habían perdido de vista el
propósito de su llamamiento divino único, que consistía en ser el canal a
través del cual “serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Genesis
12:3).
No tuvieron deseo alguno de compartir las verdades y bendiciones que
tenían de parte de Dios con el resto del mundo, y mucho menos de ser
usados por el Señor como el medio a través del cual Él atraería todas las
naciones a sí mismo.
La desobediencia de Jonás para ir a predicar a Nínive porque temía que sus
habitantes creyeran en Dios y fueran librados del juicio (Jonás 4:2) tipificó la
actitud que muchos judíos tenían hacia los gentiles.
En lugar de ver esas verdades y bendiciones divinas como el depósito que un
Dios de gracia y perdón había confiado en sus manos, las vieron como su
derecho por mérito propio.
Ellos creían que habían sido bendecidos especialmente, no a causa de la
gracia de Dios, sino debido a su propia bondad. Se sentían superiores y
orgullosos con derecho propio.
En lugar de gloriarse en su gran Dios y en la gracia por la que se había
revelado a sí mismo ante ellos, se jactaban de su propia supuesta grandeza
que los hacía merecedores de esa revelación.
John Murray observó que ese tipo de actitud “demuestra ... cuán cerca están
entre sí el vicio más insolente y el privilegio más sublime, y cómo lo mejor
puede prostituirse al servicio de lo peor”.
Los profetas menores advirtieron en repetidas ocasiones a sus hermanos
compatriotas contra la jactancia arrogante en su herencia como el pueblo
escogido de Dios, una actitud que hizo pensar a muchos de ellos que podían
pecar con impunidad total.
Como los herederos de la promesa de Dios a Abraham, ellos creyeron que
automáticamente estaban protegidos y eximidos de todo juicio; pero
Miqueas declaró que los judíos malvados y corruptos que decían con
engreimiento: “¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre
nosotros”, encontrarían un día su ciudad santa de Jerusalén “arada como
campo” y como “montones de ruinas” (Miqueas 3:11-12).
El orgullo que sentían por ser el pueblo escogido de Dios hizo a algunos
judíos absolutamente ciegos a la realidad, no solo en el aspecto religioso
sino también en el político.
En cierta ocasión en que El Señor Jesucristo estaba enseñando “a los judíos
que habían creído en él”, Él dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra,
seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os
hará libres” (Juan 8:31-32).
Cuando algunos de los líderes judíos incrédulos escucharon esas palabras,
se ofendieron en gran manera. Se habían engañado a sí mismos a tal punto
acerca de su superioridad e independencia, que replicaron al instante:
“Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo
dices tú: Seréis libres?” (Juan 8:33).
El Señor Jesucristo se los explicó claramente, pero ellos no captaron la
enseñanza. “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado,
esclavo es del pecado” (Juan 8: 34).
Aún si El Señor Jesucristo hubiera estado hablando en un sentido político,
como habían supuesto aquellos líderes, la respuesta que dieron habría sido
ridícula.
Durante los últimos cien años habían sido cruelmente subyugados a Roma, y
justo antes de eso a Grecia; y durante más de mil años antes habían estado
bajo servidumbre periódica a Egipto, Asiria y Babilonia.
Sin embargo, la principal confusión de los líderes judíos era en el campo
espiritual. Ser descendientes físicos de Abraham no hacía de los judíos su
verdadera descendencia espiritual.
“Si fueseis hijos de Abraham”, les dijo El Señor Jesucristo, “las obras de
Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he
hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros
hacéis las obras de vuestro padre”.
Cuando ellos contestaron indignados: “Nosotros no somos nacidos de
fornicación; un padre tenemos, que es Dios”, El Señor Jesucristo respondió:
“Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he
salido, y he venido ... Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos
de vuestro padre queréis hacer. ... Abraham vuestro padre se gozó de que
había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:40-42, 44, 56).
Si los líderes judíos hubiesen sido herederos espirituales de Abraham y
verdaderos hijos de Dios, habrían recibido gozosamente al Señor Jesucristo
como su Mesías y Rey.
Sin embargo, en lugar de recibirle con fe, procuraron matarle, reflejando así
el carácter homicida de Satanás, el señor y padre espiritual de ellos.
Encolerizando todavía más a los líderes, El Señor Jesucristo dijo: “De cierto,
de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).
El significado de la raíz del nombre Jehová o Yahvé, es “Yo soy” (véase
Éxodo 3:14).
Por lo tanto, El Señor Jesucristo no afirmó solamente que ya existía antes
que naciese Abraham, unos 2.000 años atrás, sino que aplicó el nombre de
pacto de Dios a Él mismo.
Puesto que ellos rechazaban las afirmaciones de que El Señor Jesucristo era
el Mesías, los judíos consideraron sus palabras como inconcebiblemente
blasfemas, y “tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se
escondió y salió del templo” (Juan 8:59).
El Señor Jesucristo desarticuló por completo la seguridad imaginaria de los
judíos que se basaba en su herencia racial y religiosa.
Juan el Bautista había hecho lo mismo. Mientras estaba bautizaba a judíos
arrepentidos en el río Jordán, algunos fariseos y saduceos acudieron a él
para ser bautizados, pero Juan los reprendió duramente diciendo:
“¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced,
pues, frutos dignos de arrepentimiento”. Muy consciente de que esos líderes
religiosos creían que el mero hecho de ser judíos los protegía del juicio de
Dios, Juan añadió: “Y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A
Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos
a Abraham aun de estas piedras” (Mateo 3:7-9).
De una forma similar, incontables personas desde el tiempo del Señor
Jesucristo han considerado que están a salvo del juicio de Dios simplemente
por haber nacido en una familia cristiana o haber sido bautizados o
pertenecer a una Iglesia, o por haber hecho una profesión de fe.
En países europeos que han sido considerados como cristianos por muchos
siglos, muchos ciudadanos que no pertenecen específicamente a otra
religión se consideran a sí mismos cristianos, simplemente en virtud de su
herencia nacional.
Incluso en algunos países del medio oriente, muchos ciudadanos que no son
musulmanes creen que por defecto son cristianos, por la simple razón de que
la otra religión históricamente predominante en el país es la rama ortodoxa
oriental del cristianismo, a la cual pertenecieron sus ancestros.
La iglesia católico-romana cree que el bautismo de infantes en efecto
confiere la salvación. Como un escritor católico ha dicho: “La fe que le falta
al infante es reemplazada por la fe de la iglesia”.
Algunas denominaciones protestantes, aunque niegan que el bautismo de
infantes tenga en sí mismo poder para salvar, no obstante, sostienen que el
ritual tiene beneficio espiritual directo para el niño.
Otros ven el bautismo de infantes como una confirmación de la salvación del
niño en virtud de haber nacido en una familia cristiana y por tanto en el
nuevo pacto de Jesucristo.
Sin embargo, de acuerdo a las Escrituras, una persona que es criada en un
hogar cristiano y entrenada en un ambiente cristiano no se salva gracias a
esa herencia, por muy valiosa que sea.
Tampoco el bautismo o cualquier otro rito cristiano en sí mismo, posee o
concede algún beneficio espiritual. Aparte de la fe verdadera ejercida por la
persona que lo recibe, ningún ritual o ceremonia tiene valor espiritual en
ningún sentido.
El bautismo no es un sacramento, y sin fe se convierte antes en un
sacrilegio.
Tales ideas acerca de transferencia de salvación por pacto y sobre la
eficacia espiritual del bautismo no son más que extensiones de la clase de
mentalidad que generó la creencia judía común en tiempos del Nuevo
Testamento, de que una persona se salvaba simplemente por el hecho de ser
un descendiente circuncidado de Abraham por la línea de Isaac.
Y así, en su mayor parte, cuando llegas al tiempo del apóstol Pablo, el judío
ya no ve su judaísmo como una revelación de la bondad y la gracia de
Dios, sino que lo ve como un indicador de su propia superioridad . Se sentían
superiores.
¿Qué hizo El Señor Jesucristo en Juan capítulo 8? Te diré lo que Él hizo, muy
simple.
Pensaron que estaban espiritualmente seguros porque eran de la simiente de
Abraham.
El Señor Jesucristo atacó esa seguridad y dijo, físicamente sois de Abraham,
pero espiritualmente vuestro padre es el diablo. Y no es lo físico lo que
importa, es lo espiritual.
Así que El Señor Jesucristo literalmente está destruyendo su seguridad en
Juan capítulo 8, la seguridad de su herencia.
Ahora puede regresar a Romanos capítulo 2 y encontrará que el apóstol
Pablo está haciendo lo que hicieron Juan el Bautista y El Señor
Jesucristo; mismo enfoque.
Verá, muy fuertemente los judíos se aferraron a la falsa seguridad de su
herencia.
Ahora usted dice: "¿Qué nos dice eso?" Creo que hay muchas personas así
hoy que se aferran a alguna herencia cristiana. Están asumiendo que porque
viven en un país con raíces cristianas son cristianos. Esto no solo es cierto
en nuestro país, sino en muchos países.
Y eso lo tenemos en nuestro país. Hay personas que creen que son salvas
porque sus padres eran cristianos. O asistieron a la Iglesia cuando eran
niños, o son religiosos.
Y tienen una sensación de seguridad debido a alguna herencia cristiana o
algunas raíces cristianas.
No estamos asegurados por nuestra herencia. Eso no significa nada. Es una
cuestión de fe individual. Pero la Iglesia ha estado tan confundida por esto a
través de los años.
II) LA FALSA SEGURIDAD DEL CONOCIMIENTO
“Y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido
por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de
los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que
tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a
otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar,
¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que
abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con
infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre
de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (Romanos
2:17b-24).
Muy bien, permítanme comenzar a presentar la segunda seguridad. Vamos a
desarrollar esto la próxima vez, pero su segunda falsa seguridad fue el
conocimiento.
Eso también está en el versículo 17. Bueno, la próxima vez iremos más
rápido. Pero dice en el versículo 17... Sabes, esto me pasa porque digo
cosas que no pensaba decir, ¿entiendes eso? En el versículo 17 dice que
descansas en la ley. Te apoyas en la ley. Y esta es, por cierto, la mayor
parte del pasaje.
Va desde el versículo 17 hasta el versículo 24, el corazón de esto. Esta es la
seguridad en su conocimiento.
Ahora básicamente tenían el conocimiento, no hay duda de eso. Habían
recibido la verdad de Dios. Y su confianza era que estaban seguros porque
tenían ese conocimiento.
Ahora, hay cuatro puntos que el apóstol Pablo hace aquí, lo que aprendieron,
lo que enseñaron, lo que hicieron y lo que causaron con ese conocimiento.
----- En primer lugar, veamos lo que aprendieron. Se sintieron seguros por lo
que habían aprendido. Y hay varias frases que nos indican este aspecto.
Primero, versículo 17, descansaban en la ley. Ahora bien, este término "ley"
quiero que lo tome en la perspectiva más amplia posible. Creo que abarca
toda la revelación de Dios. Creo que abarca toda la Escritura.
Por lo tanto, abarca toda la verdad acerca de Dios y Su naturaleza y Su
obra. Abarca todo el sistema Mosaico. Debe incorporar la adopción y las
promesas y los convenios y los ritos y las ceremonias y el sacerdocio y los
sacrificios y las instrucciones y las legislaciones y las promesas y las
bendiciones y las maldiciones y todo lo demás.
Y lo tenían todo y lo sabían todo porque fueron instruidos en ello desde su
niñez. Era parte de su educación estar expuestos y capacitados en la ley .
En Nehemías 9:13 dice: "También descendiste sobre el monte Sinaí y
hablaste con ellos desde el cielo y les diste (y este es el pueblo de Dios, los
judíos) ordenanzas rectas y leyes verdaderas, buenos estatutos y
mandamientos y les diste a conocer el sábado santo, y les
ordenaste preceptos, estatutos y leyes por mano de Moisés, tu siervo".
Y sigue y sigue hablando de lo que Dios hizo y les dio. Y así
descansaron, dice el versículo 17. Descansaron. La palabra significa
confiar. Ellos confiaron en la ley de Dios.
Ahora que podría ser bueno, Eso podría ser bueno. Y si esto no fuera una
acusación, podríamos tomarlo de esa manera. Pero era esto: Estaban
descansando en la posesión de ella en lugar de en su
custodia, verdaderamente. Y estaban descansando en su propio esfuerzo
para tratar de mantenerlo.
Descansaron totalmente en la ley de Dios. No tenían otra fuente de
información. Y se esforzaron con la ley de Dios para tratar de guardarla.
Ahora sigue este pensamiento. Se esforzaron por tratar de guardar la ley de
Dios. ¿Podrían? Por supuesto que no; de hecho, creo que Dios les dio
algunas leyes que eran simplemente imposibles de cumplir solo para
probarles eso, y tal vez no tenía otro fin que su simple imposibilidad. Pero
ellos tenían estas leyes y no podían guardarlas.
Entonces, si no podían salvarse y justificarse a sí mismos guardando la
ley, solo había otro paso lógico . Y eso fue solo para sentir que debido a que
tenían la ley, estaban seguros.
No podían obtener ninguna seguridad de mantener toda la ley porque no
podían cumplirla, por lo que simplemente se deterioró hasta el punto en
que sintieron que debido a que poseemos la ley, estamos bien . Estamos bien
porque lo tenemos.
Quiero decir, somos la gente de la ley. Somos el pueblo al que Dios le ha
dado Su verdad y Su Palabra; eso nos hace muy especiales. Bueno, Dios no
le haría nada a las personas que son los guardianes de Su ley.
Pero ese nunca fue el propósito de Dios. El propósito de Dios no era
simplemente darles la ley y decir que ahora estás bien porque la
posees. Todo lo que hizo fue hacerlos más responsables , ¿verdad? Pero ellos
no vieron eso.
Jeremías 7:1-2 “Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: Párate a la
puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: Oid la palabra
de Jehová, todos vosotros los de Judá, los que entráis por estas puertas para
adorar al Señor.'"
Ahora escuche lo que Dios dice. "Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios
de Israel: 'Enmendad vuestros caminos y vuestras obras y os haré habitar en
este lugar. No confiéis en palabras mentirosas'". Y aquí el dicho. “El templo
del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor”
En otras palabras, solo estaban diciendo: "Oye, aquí está el templo, es el
templo del Señor y está entre nosotros y eso significa que Dios está de
nuestro lado y todo está bien". No sigas diciendo eso, dice. No sigas
diciendo que todo está bien porque Dios está aquí y Su templo está aquí y,
implícito, Su ley está aquí.
“Enmendad por completo vuestros caminos y vuestras obras, ejecutad
cabalmente la justicia, dejad de oprimir al extranjero, al huérfano y a la
viuda, y dejad de derramar sangre inocente y dejad de andar en pos de
dioses ajenos para perjuicio vuestro, y entonces os haré habitar en este
lugar en la tierra que di a vuestros padres por los siglos de los siglos” Verás,
no era sólo poseer, era obedecer.
---- Y luego también fueron un paso más allá. Versículo 18, se jactaban de
descansar en la ley y de conocer la voluntad de Dios.
Conocemos la voluntad de Dios. estamos bien, eso es
superficial, ¿no? Porque conocer la voluntad de Dios no significa nada
excepto que eres más responsable, de nuevo, si no la haces.
Literalmente el texto griego: "Y conoces la voluntad", la voluntad, la
voluntad por excelencia, la voluntad suprema, que es, por supuesto, la
voluntad de Dios”. Y eso es correcto.
Si poseen la ley de Dios, poseen la voluntad de Dios porque Su voluntad se
manifiesta en Su revelación. Sabían lo que Dios requería, sabían lo que Dios
no permitía, sabían lo que Dios prohibía. Sabían lo que Dios aprobaba y
sabían lo que Dios desaprobaba. Sabían lo que Él recompensó y sabían lo
que Él castigó. Conocían Su voluntad.
El salmista dijo: "Él muestra su palabra a Jacob, sus estatutos y sus juicios a
Israel, y no ha hecho así con ninguna otra nación", Salmo 147.
Y así Dios había revelado Su voluntad una y otra vez. A lo largo de la
revelación vino Su voluntad. Así que estaban justo en el blanco. Tenían la
ley y tenían en esa ley la voluntad de Dios.
----- En tercer lugar, también habían aprendido a aprobar las cosas que son
más excelentes. Y esto es discernimiento.
Primero tuvieron la revelación. La revelación les dio la voluntad de Dios y el
conocimiento de la voluntad de Dios les dio la habilidad de discernir lo que
estaba bien o mal. Así que la progresión es muy obvia.
“Dokimazo” es la palabra "aprobar". Significa poner algo a prueba con el fin
de aprobar. Pudieron probar cosas. Eran capaces de aprobar las cosas.
Literalmente, dice que aprueban las cosas que son más excelentes. La
palabra griega realmente significa “ellos aprueban”. O supongo que una
mejor manera de decirlo es que prueban la diferencia en las cosas.
En otras palabras, pueden discernir el bien y el mal. Conocen la voluntad de
Dios. Por lo tanto, saben lo que está bien, saben lo que está mal, saben lo
que está bien, saben lo que está mal. Y la ley les dio ese conocimiento.
----- Y luego, en cuarto lugar, el versículo 18 dice nuevamente: "Fueron
instruidos en la ley".
Y esta es la palabra catecismo de donde obtenemos el catecismo. ¿Conoces
esa palabra? Y el catecismo es un método de instrucción en el que repites
preguntas y respuestas de ida y vuelta. Así les enseñaron.
Fueron catequizados. Entonces recibieron la ley de Dios, y en esa ley
pudieron discernir la voluntad de Dios. Y en consecuencia podían decidir lo
que estaba bien y lo que estaba mal. Y lo sabían bien porque habían sido
catequizados, es decir enseñar algo oralmente por repetición.
Habían tenido un entrenamiento formal en el hogar y la sinagoga. Tenían
todo esto, es decir, lo que habían aprendido. Y así se sintieron
seguros. Tenían un gran conocimiento. Quiero decir, conocían todo ese
sistema.
El judío conocía el Antiguo Testamento. Para ellos era común conocer el
Antiguo Testamento. Todo niño judío habría sido instruido en la ley y habría
podido conocer la voluntad de Dios y habría podido discernir el bien y el mal
y habría sido catequizado.
¡Todo ese privilegio! Pero qué ridículo alardear de que estás seguro porque
tienes ese conocimiento, porque sabes la verdad, si no haces absolutamente
nada al respecto.
Más adelante en el libro de Romanos, en el capítulo nueve, el apóstol Pablo
dice en el capítulo 9, al principio, dice: "Mi corazón está continuamente
triste por causa de Israel". ¿Por qué? Tienen la adopción, tienen la
gloria, tienen los pactos, tienen la ley, tienen el servicio, tienen la
promesa, tienen los padres, incluso han tenido la venida de Cristo, pero yo
estoy triste. ¿Por qué? Porque todo eso no significa nada si no respondes en
obediencia.
Y al final del capítulo noveno, versículo 31, dice: "Israel siguió a la ley de
justicia, pero nunca alcanzaron la ley de justicia". ¿Por qué? Porque no la
buscaron por la fe sino por las obras. Buscaron a través de su propia justicia
propia para cumplirla.
Entonces, realmente es un juicio mayor el que reciben por tener el
conocimiento de la ley. Eso es lo que dice 2:12 en Romanos. Si pecas en la
ley, vas a ser juzgado por la ley y eso es mucho más severo .
Entonces, lo que vemos entonces es que los judíos tenían estas dos
seguridades básicas: Herencia, conocimiento.
Ahora hay mucho más que decir sobre el conocimiento, pero permítanme
sacar una conclusión. Hay mucha gente en esa misma categoría, porque
conocen la Biblia, porque saben lo que enseña, porque tal vez entienden cuál
es la voluntad de Dios, porque tienen la capacidad de saber lo que está bien
y lo que está mal y tal vez vivir una especie de vida moral, porque tal vez
hayan sido criados en una familia cristiana donde han sido instruidos, tal vez
incluso hayan ido a una escuela cristiana, tal vez ha sido enseñado en una
Iglesia. Se sienten seguros porque tienen ese conocimiento.
Escucha, el pozo más profundo del infierno está reservado para las personas
que más saben y nunca por fe se apropian de él. Eso no es seguridad.
Puedes saber todo lo que hay que saber sobre el cristianismo y darle la
espalda al Señor Jesucristo y alejarte, y tuya es la condenación más
severa. El conocimiento no es seguridad, ninguna en absoluto; tu herencia
tampoco.
Usted dice: "¿Cuál es la seguridad?" Bueno, todo el punto de Romanos 1, 2 y
3 es simplemente este. Y el objetivo de los primeros tres capítulos es
despojar a todos de todas sus supuestas seguridades para que no tengan
nada y se arrojen al Señor Jesucristo a través de la fe. Ahí es donde vamos.
Pero en el proceso debemos entender que estos no son valores sobre los
cuales podemos depositar nuestro destino eterno.
Oremos juntos.
Padre Nuestro, te damos gracias porque acabamos de empezar a estudiar
esta mañana y hemos sentido que tu Espíritu nos enseña.
Padre, te damos gracias por la claridad y la consistencia de Tu Palabra, que
el mensaje del apóstol Pablo fue el mensaje del Señor Jesucristo fue el
mensaje de Juan el Bautista.
Padre, estamos en esa misma línea, deseando antes de poder presentar al
Señor Jesucristo despojar a los hombres de su falsa seguridad.
Hombre pagano, seguro en su agnosticismo, seguro en su ateísmo; hombre
religioso seguro en su moralidad, seguro en su religiosidad, seguro en su
ritual; e incluso el hombre con la identificación religiosa correcta, el judío, o
en nuestro caso la Iglesia cristiana, que está seguro en su propia mente por
su herencia o por su conocimiento.
Padre, oramos para que podamos ver la disminución y la desintegración de
cualquiera de esas falsas seguridades que puedan estar en los corazones de
cualquiera de nosotros esta mañana, para que podamos vernos
completamente desprovistos de cualquier cosa que pueda detener la mano
del juicio divino y confiarnos en la misericordia salvadora del Señor
Jesucristo, el único que es nuestra seguridad.
Padre, oramos agradecidos en esta mañana en El Nombre que esta sobre
todo nombre, El Nombre de Tu Amado Hijo Nuestro Amado Salvador y Señor
Jesucristo. Amen.
Dios te bendiga y te guarde