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Noche de Terror en Hasselt

Este cuento fantástico cuenta la historia de Hendrik, un granjero que vive con su esposa Lena. Una noche, durante una tormenta, Lena escucha ruidos afuera. Más tarde, Hendrik rescata a un hombre que dice haber sido atacado por una criatura extraña en el bosque. Sin embargo, cuando Hendrik deja al hombre solo con Lena, este la apuñala. Hendrik ataca al hombre en un ataque de ira.

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Noche de Terror en Hasselt

Este cuento fantástico cuenta la historia de Hendrik, un granjero que vive con su esposa Lena. Una noche, durante una tormenta, Lena escucha ruidos afuera. Más tarde, Hendrik rescata a un hombre que dice haber sido atacado por una criatura extraña en el bosque. Sin embargo, cuando Hendrik deja al hombre solo con Lena, este la apuñala. Hendrik ataca al hombre en un ataque de ira.

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CUENTO FANTÁSTICO

Lenguaje
Prof. Nelly Hurtado Hernández
JUAN PABLO II

Ruben Sebastian Primintela Torrez


5to “C” Secundaria
Fecha de presentacion:
31/03/23
Als Het Vlees Hangen
(Cuando la carne cuelga.)

Era una noche fría y silenciosa en Hasselt, al norte de Holanda. Ni siquiera se oía el ruido
habitual que solían hacer los animales del rebaño durante la noche. Horas antes, Hendrik había
terminado de hacer todas las tareas de la granja, pero había algo que le impedía regresar a casa.
El cielo estaba muy nublado lo que indicaba que se avecinaba una tormenta. Repentinamente la
oscuridad lo cubrió todo.
Empezó a guardar todas las herramientas que usó durante el transcurso del día, para ello tenía un
baúl muy grande con diversas figuras talladas en él: Runas, diamantes y espadas. Antes de cerrar
el granero se colocó un abrigo de cuero marrón sobre el overol que traía puesto. Abrió la gran
puerta y lo primero que hizo fue mirar el oscuro sendero que tenía por delante. Con la ayuda de
una vieja lámpara de aceite se adentró en las profundidades del bosque que rodeaba la granja y
empezó a recorrer el largo camino a su hogar.
Sentía el frío punzante en su rostro; tenía una rara sensación, como si algo lo observara entre
esos árboles, tan altos que apenas se lograba distinguir entre el oscuro cielo y las frondosas
copas.
No se escuchaba ningún ruido, como si estuviera a punto de pasar algo. Tuvo la sensación de
tener varias miradas clavadas en la nuca, por un instante recordó las historias de que almas en
pena rondaban por ese bosque. Se detuvo un momento para mirar alrededor, pero no había nadie,
el silencio era tan espeluznante que comenzó a caminar más rápido, rumbo a la cabaña que
construyeron él y su esposa, Lena, con la cual llevaba tres años de casado.
Al llegar se percató de que empezaban a caer pequeñas gotas de agua. A lo lejos se veía que la
tormenta se aproximaba. La única luz que emitía la cabaña provenía del dormitorio principal, era
una luz tenue, como si se tratara de una lámpara de escritorio.
Abrió lentamente la puerta para evitar hacer ruido; el resto de la cabaña estaba en total oscuridad;
colgó el sombrero de mimbre que traía puesto, el cual su esposa le había hecho, en un perchero
de roble oscuro fabricado a mano. Apreció por un momento el silencio calmo de la seguridad del
hogar, que de un rato a otro se convirtió en un silencio misterioso. Empezó a caminar por el
salón, miró afuera a través de la ventana y avistó aquel árbol seco que se encontraba justo detrás
de su granja, el cual los habitantes de un pueblo cercano a Hasselt decían que estaba maldito,
porque hace muchos años atrás fue utilizado para colgar brujos, herejes y criminales condenados
a muerte; nadie quería acercársele y mucho menos talarlo por miedo a contraer alguna maldición.
En aquel momento el árbol se encontraba lleno de cuervos, la neblina dificultaba la visión, pero
se divisaba claramente las pequeñas siluetas de ojos amarillos, eran tantas que las ramas
repentinamente parecían cobrar vida y estar llenas de oscuras hojas nuevamente.
Cansado, se acomodó en la silla delante de la ventana mientras observaba el árbol y sus grotescas
ramas. Estuvo sentado por quince minutos antes de darse cuenta de que se estaba quedando
dormido.
Se levantó y se dirigió a su habitación lentamente, el piso de madera rechinaba con cada paso
que daba, a mitad del pasillo pudo ver la luz que procedía del dormitorio, al llegar al marco de la
puerta se detuvo y observó a su esposa descansando sobre un pequeño sofá que tenían en la
habitación, se había quedado dormida y había dejado la lámpara de escritorio encendida.
Encima del escritorio también habían viejos marcos de fotos en los cuales se encontraban él y su
esposa. En una foto estaban abrazados, con un bonito atardecer de fondo, en otra se encontraba él
sosteniendo orgullosamente el hacha nueva que Lena le había regalado.
Por un segundo, quedó cegado a causa de la luz de un deslumbrante relámpago que iluminó el
exterior, su esposa se despertó a causa del ruidoso trueno que le siguió segundos después.
–Buenas noches, Amor. –le dijo, algo perpleja.
–¿Estas bien cariño? –le preguntó Hendrik– Te veo algo preocupada.
–No te preocupes, no es nada. –dijo ella, dudando de la veracidad de su propia respuesta.
–No te veo muy convencida, ¿estás segura? –Insistió él.
Hubo una pequeña pausa.
–Lo que pasa es que… –se detuvo unos segundos y miro hacia un reloj en la pared que marcaba
las dos de la madrugada– …Hace media hora escuché pasos afuera y un ruido, como si alguien
estuviera forcejeando la puerta, así que pensé que tal vez eras tú que habías olvidado las llaves,
llamé tu nombre, pero nadie contestó. Caminé hacia la sala para ver quién era, pero cuando miré
por la ventana, ya no había nadie. –un trueno detuvo la conversación por un breve momento– No
estoy muy segura de lo que escuché.
–Será mejor que vaya a revisar- se apresuró a decir Hendrik.
La tormenta finalmente había llegado a la casa.
Hendrik salió por la puerta principal con el hacha, que ya no era tan nueva como la de la
fotografía, en una mano y la vieja lámpara de aceite en la otra mientras gruesas gotas de lluvia
golpeaban los árboles cercanos.
Asentó la lámpara en el tronco que utilizaba para partir leña y agarró el hacha firmemente con
ambas manos, caminó lentamente alrededor de la casa, vigilando en todo momento el bosque; la
neblina era muy espesa, solo se podían ver las puntas de los árboles cercanos, pero nada fuera de
lo normal; dirigió la mirada hacia el techo, pero tampoco había nada. Recogió la lámpara, volvió
a la entrada y abrió la puerta
–No te preocupes, no hay nada por aquí. –dijo sonriente.
–Gracias, cariño –se sentía el alivio en sus palabras– entra, ya es muy tarde.
Ambos se dirigieron al dormitorio a descansar, la lluvia era muy fuerte, por lo que era cada vez
más difícil saber si algo pasaba en el exterior.
Mas tarde esa noche, Hendrik se despertó repentinamente, tuvo un mal presentimiento, sintió la
necesidad de investigar, pero rápidamente la reprimió. El reloj marcaba las tres, se levantó de la
cama y se dirigió pesadamente hacia la cocina, sirvió una taza de agua caliente y la dejó sobre la
mesa, abrió la vitrina que tenían al lado del refrigerador, sacó un platillo de porcelana y puso la
taza encima. Nuevamente sintió la necesidad de investigar y cuando estaba a punto de ignorarla
por segunda vez, escuchó gritos lejanos que se fueron incrementando con el paso del tiempo, se
apresuró a llegar a la sala y miró por la ventana. Vio la silueta de lo que parecía ser un hombre
que se acercaba cojeando y pidiendo ayuda.
Hendrik salió por la puerta principal, la lluvia era tan fuerte que terminó mojado en segundos. El
desconocido resbaló en el barro, Hendrik corrió hacia él y lo ayudó a levantarse, el hombre se
apoyó en su hombro y juntos entraron en la cabaña para resguardarse de la tormenta.
El visitante se sentó en la primera silla que encontró, Hendrik le pasó una manta y le preparó
una taza de infusión de hierbas que el mismo había recolectado.
–Estas bien? ¿Qué fue lo que paso? –le preguntó Hendrik.
El hombre lo miró con una expresión de miedo en la cara.
–Estaba conduciendo mi camioneta por la carretera –le dijo asustado– de pronto el motor dejó de
funcionar y me quede varado en medio de la lluvia, salí de mi vehículo para buscar alguna
estación de servicio, pero una figura salió de la oscuridad, empezó a perseguirme, no sé
exactamente lo que era, lo único que podía distinguir eran sus largas piernas y afiladas garras, me
atacó y logró derribarme– le mostró su ropa rasgada y las rodillas raspadas– corrí y me perdí en
la oscuridad del bosque, con esperanza trate de buscar algún lugar para pedir ayuda. Continué
corriendo hasta que llegué a un claro y logré ver esta cabaña entre toda la neblina.
Hendrik vio lo asustado que estaba.
–Traeré algo para curar tus heridas, enseguida regreso. –le dijo, sorprendido por lo que el hombre
le había contado.
Hendrik fue hacia la habitación donde estaba su esposa.
–Que es todo ese ruido? –pregunto ella agitada. –Por un momento pensé que te había pasado
algo.
–Hay alguien en la sala que necesita ayuda, tendremos que dejarlo pasar la noche aquí.
–¿Estás seguro? - preguntó desconfiando de aquel extraño pero al ver la determinación en los
ojos de su esposo continuó diciendo- bien, iré a dejarle unas sabanas en el sofá- y salió
apresuradamente de la habitación.
Hendrik comenzó a buscar vendajes en un armario con fotos pegadas en él, se detuvo en una
fotografía que él no recordaba haber tomado, pero se le hacía familiar, la miro dos veces para
estar seguro, quedó impactado al reconocer el sitio de la foto. Era el mismo árbol muerto con
cuervos en las ramas que había visto horas antes, sólo que también se apreciaba la oscura silueta
de un hombre colgado.
De pronto escuchó el grito de Lena y rápidamente corrió hacia la sala para encontrarse con una
escena desgarradora.
Su esposa yacía tirada en el piso, inmóvil, ensangrentada, con los ojos fijos al techo y dos
puñaladas en el pecho.
El extraño tenía una navaja en la mano, lo miró con desprecio y se le dibujó una sonrisa en el
rostro. Hendrik estaba horrorizado, sintió un nudo en la garganta, todo había pasado tan rápido
¿Qué se le pasó por la cabeza a aquel desconocido para cometer ese acto tan atroz? ¿Era su
culpa? ¿Debió ayudar a un hombre al que no había visto nunca? Todo ese tipo de preguntas se
formularon en su cabeza en cuestión de segundos, pero de pronto la realidad lo golpeó con ira,
corrió y se abalanzó contra aquel hombre golpeándolo en la cara, haciendo que suelte la navaja
con la que había apuñalado a Lena, arremetió contra él repetidas veces, quebrándole la nariz.
Mientras el asesino sangraba profusamente y no podía hacer nada para defenderse, hubo un
forcejeo, y finalmente el ensangrentado se zafó, logró ponerse de pie y escapó por la puerta
trasera.
Hendrik se volvió rápidamente por el pasillo, agarró el hacha que había dejado apoyada en la
entrada de la habitación y fue en busca del hombre, el cual ya había salido por la puerta trasera.
Desde el marco de la puerta Hendrik observó como el extraño daba tumbos por el lodo tratando
de levantarse, caminó lentamente hacia él porque sabía que no había manera alguna de que aquel
hombre pudiera salvarse de su sed de venganza.
El desconocido volteó mientras Hendrik se iba acercando y trató de correr, lanzó varios golpes al
aire, pero fue inútil.
Hendrik levantó el hacha y con un solo movimiento golpeó al asesino en el cuello, decapitándolo
violentamente y al instante le pareció ver como si una figura negra se alzara desde el cadáver y
volara para posarse en la rama de un árbol. La cabeza del desconocido hizo un gesto de dolor
antes de cerrar los ojos, Hendrik levantó el hacha y le dio otro golpe furioso directamente en la
espalda, dejándola incrustada.
Al ver la sangre correr, la escena de su esposa, ensangrentada, sin vida, abandonada en la sala,
volvió a su cabeza. Se sintió culpable. Nunca pensó en las verdaderas intenciones de aquel
hombre, se había aprovechado de su hospitalidad, todo lo que le dijo fue una mentira, con solo
pensar en que su amada Lena, la persona que le daba sentido a su vida, había perdido la suya a
causa de su imprudencia fue demasiado para él, se le acabaron las fuerzas y cayó de rodillas en
medio de la lluvia, deseando que todo hubiera sido un mal sueño, rompió en llanto mientras
ahogaba un grito al cielo.
La tormenta cesó.
Después de lo que le pareció una eternidad, se levantó, ya sabía lo que debía hacer; entró en la
cabaña, miro el cadáver de su esposa con ojos llorosos, se sentía culpable pero sabía que ese
sentimiento de culpa pronto acabaría, éste pensamiento le dio fuerzas y caminó hacia el sótano,
activó el interruptor de la luz, la bombilla no se prendió, “tal vez un rayo quemó los fusibles”
pensó; volvió hasta la habitación, agarró la vieja lámpara que había dejado en el escritorio y
regresó al sótano, bajó las escaleras y se puso a buscar entre varias herramientas, saco una pala,
aceite y una cuerda.
Llenó su lámpara de aceite, envolvió a su esposa en una sábana y cargó su cuerpo hasta el pie del
árbol muerto. Los cuervos levantaron vuelo cuando lo vieron llegar. Hendrik observó el árbol
más de cerca, tenía varias cavidades, estaba en proceso de putrefacción, recostó a su esposa en el
fango y asentó la linterna a su lado, con la pala empezó a cavar un hoyo al lado del árbol, la
escena con el extraño se repetía en su cabeza una y otra vez, estaba atónito, nunca supo la razón
por la cual el hombre asesinó a su esposa, nunca supo si la historia del hombre era real o si
“algo” o alguien lo había impulsado a cometer ese acto tan atroz. Tal vez solo fue una treta para
aprovechar la situación, asesinarlos y quedarse con sus pertenencias. Lo que más lo atormentaba
era que no pudo despedirse de su amada Lena, ni siquiera pensó en que el hombre podía atacarla
mientras el buscaba algo para curarlo, todo era su culpa.
Terminó de cavar la improvisada tumba y desenvolvió cuidadosamente el rostro de su esposa. Al
verla ensangrentada, inmóvil, con la mirada vacía e inexpresiva, las lágrimas le brotaron de los
ojos.
Finalmente se armó de valor y la cargó en sus brazos, la puso cuidadosamente dentro de la
tumba, y empezó a enterrarla, sintió el frio punzante en su rostro, y nuevamente tuvo esa rara
sensación, de como si algo lo estuviera observando entre todos esos árboles, y aunque había
pasado lo mismo anteriormente, ésta vez sintió una especie de llamado, “una advertencia” pensó,
debió haberse preocupado la primera vez, sin embargo ya era muy tarde, todo terminó de la peor
manera posible.
Después de enterrarla se dirigió hacia su granja, abrió completamente la gran puerta del granero,
sus animales permanecían en silencio. Agarró un par de maderos, sacó del baúl un cincel que
tenía guardado y unos cuantos clavos.
Con los maderos hizo una cruz y talló lo siguiente:
Lena De Vries
1970 – 1993
“Te amaré por toda la eternidad”
Ya no podía aguantar más el sentimiento de culpa, ella era lo único que le daba sentido a su vida
y ahora ya no estaba. Se levantó de la silla, se dirigió hacia sus animales y los liberó.
Regresó al pie del árbol muerto, llevando la cruz en sus manos, la clavó en la tumba de su
esposa, y mientras lo hacía los cuervos observaban silenciosamente. Luego se arrodilló y ofreció
una plegaria “Nos veremos muy pronto” dijo al finalizar.
Se puso de pie y empezó a hacer un nudo con la cuerda, caminó pesadamente hacia el tronco
seco del árbol, avistó como los incontables cuervos alzaron vuelo y empezaron a dar vueltas a su
alrededor, lanzó un extremo de la cuerda por encima de la rama más grande del árbol y la ató,
puso el extremo con el nudo alrededor de su cuello.
“Todo terminará pronto” pensó “¿Seré un cuervo más posado en la rama del árbol muerto?” Se
preguntó “¿Una historia nueva para ser contada por los habitantes del pueblo?" Con todas sus
fuerzas deseó que ninguna de aquellas cosas pasase. Su instinto de supervivencia intentó forzarlo
a pensar en las cosas buenas de la vida.
Sin embargo, la vida ya no tenía sentido si ella no estaba a su lado, pudieron formar una familia
feliz, pudieron envejecer juntos, pero todo se acabó. Dio un último respiro, cerro los ojos y se
dejó caer.
Un destello de luz lo dejo ciego por unos segundos; se le había concedido la oportunidad de
seguir consciente de sí mismo, se sentía en paz, toda la culpa y el sufrimiento habían acabado,
ahora lo único que sentía era la esperanza de poder reencontrarse con su amada Lena al otro lado.
Abrió los ojos y se dio cuenta de que se encontraba observando una escena, los cuervos se
hallaban nuevamente en las ramas del árbol muerto, él estaba colgando del árbol, abajo se
encontraba su esposa, de pie mirando el suave vaivén de su cadáver al viento, la observó desde
lejos, ella se dio la vuelta y lo vio, estaba vestida con un manto blanco al igual que él. Ambos
empezaron a caminar para reencontrarse.
Ahora estaban de frente, nada podía volver a hacerles daño. Se perdió unos segundos en su
mirada y la abrazó con todas sus fuerzas. Si aquello era el cielo o el infierno, no importaba.

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