Locuras y ficciones de la normalidad
Este número nos introduce de manera decidida y rigurosa al tema de las “locuras”. “Todos estamos
locos aquí”, le dice el Gato de Cheshire a Alicia… y Lacan nos dirá algo semejante. Podríamos
plantearlo así: el sombrerero, el Gato, la liebre o Alicia serían diferentes nombres de la locura de cada
uno.
“¿Cómo hacer para enseñar lo que no se enseña? En esto precisamente Freud se abrió camino. Él
pensó que nada es más que sueño, y que todo el mundo (si es lícita semejante expresión), todo el
mundo es loco, es decir, es delirante.”
Jacques Lacan(1978).
Esta frase es enunciada por Lacan (1978) ¹ en una intervención frente a cierta dificultad que hubo en
aquella época en el Departamento de Psicoanálisis en la Universidad de Vincennes, y provoca,
inevitablemente, un sacudón a las certezas. Como verán, parte de una reflexión sobre la enseñanza, es
decir, de lo que se puede comunicar como conocimiento. Llegando incluso a justificar que se dé a
todo saber estatuto de delirio.
Lacan inicia su intervención aludiendo a la existencia de los cuatro discursos y que “cada uno se
cree la verdad”. Punto seguido, exceptúa al Discurso analítico, dado que éste excluye la dominación,
y que como tal “no tiene nada de universal: por eso no es materia de enseñanza”. Aquí, señala la
incompatibilidad con una forma de enseñanza del orden de la pedagogía. Veremos cómo, en algunos
de los textos de este boletín, sus autores dan cuenta de la posición que toman en cuanto a esta
paradoja en torno a la enseñanza y la transmisión del psicoanálisis.
Es Miller (2007/2008) quien se asume como responsable de proponer este “Todo el mundo es loco,
es decir, delirante” como la última brújula de Lacan en su “ultimísima enseñanza”, y más aún, una
orientación en nuestra práctica. Brújula que marca un viraje con la tesis inicial de la metáfora
paterna, ya que la consecuencia principal es trazar un “clivaje impermeable entre neurosis y
psicosis” (Miller 2015, p. 310). Para decirlo de modo sencillo, la “locura” ya no será desde esta
perspectiva definida como lo contrario a la razón o a la salud mental, sino que se la considera como
parte de la llamada condición humana. Erasmo, en su Elogio a la Locura (1511) fue uno de los
primeros pensadores
en plantear esta idea.
Para ser rigurosos, Lacan ubica el origen de esta idea en el mismísimo Freud. Miller nos señala que
es por la vía del sueño que su creador entra al psicoanálisis. Y que luego, es Lacan quien descifró la
generalización del sueño, es decir, dijo que siempre se sueña, y que sólo nos despertamos para seguir
soñando.
… “todo el mundo”… sitúa el punto en el que para cada uno la pulsión siempre encuentra un modo
propio de satisfacción, y desde ahí, el real implicado en dicha satisfacción singular constituye el
núcleo duro de todo síntoma. Desde este punto, se erradicaría toda noción de normalidad, o para ser
más precisos, ubicaría a “todas” las normalidades en el estatuto de una ficción.
Toda la enseñanza de Lacan, nos coloca en la línea de borrar tanto los aspectos normativos como las
potencialidades segregativas.
Si la locura es entonces generalizable, si todos advenimos como inmigrantes en el país de las
palabras, será importante distinguir esa locura estructurante de otros tipos de locuras, como las
psicosis. Entonces, ¿qué puede considerarse como signos discretos de estas últimaslocuras en la
clínica? ¿Qué usos pueden pensarse desde el psicoanálisis en cuanto a los dispositivos clínicos?
Deberemos tener en perspectiva que como límite de cualquier cura se encuentra algo de lo llamado
“incurable”. Todo el mundo hace una elucubración de saber sobre su modo de gozar. Lo que permite
señalar que no hay posibilidad de estándar en el final del tratamiento, y que se trata más bien, de
cierta locura en la solución original que cada parlêtre obtiene. Solución irónica en tanto denuncia el
fracaso de la metáfora paterna, quedando por fuera del registro de lo consistente, al tiempo que borra
el aspecto normativo y segregativo. Podría elevarse entonces la fórmula «todo el mundo es loco» a la
categoría de principio y así, como dice Miller, permitir plantear la radical inadecuación de lo real y lo
mental.
Entonces, a medida que vayan adentrándose en la lectura, podrán ir recorriendo las dimensiones:
clínica, ética, y política, en relación al tema que nos convoca. Todo ello, también abordado desde la
conversación con “otros” representantes de Otros discursos (como la literatura, el teatro, la música y
la fotografía, medicina, psiquiatría, filosofía, pintura).
Para ir concluyendo, una mención especial a la cuestión de la política. Desde el psicoanálisis, se
plantea, entonces,una política específica, la del síntoma, una política singular que no es “para todos
igual”. En esta línea, encontrarán textos que nos invitarán a pensar sobre distintos usos de
dispositivos institucionales orientados por la brújula del psicoanálisis. Mostrando un contrapunto con
las llamadas “políticas delirantes” ² o “de la felicidad” (Miller 2015, p. 268), orientadas en nombre
del Ideal o “Bien común”, en tanto que excluyen la dimensión del sujeto como la del goce.
Acercarse un poco a la propia locura, como hace Alicia cuando se adentra por el pozo de la
madriguera, a través de la experiencia de un psicoanálisis, no resuelve la cuestión. Pero quizás, al
menos, da la oportunidad de hacer lazo de otra manera, con esa pequeña locura de al lado, sabiendo
que quienes nos rodean también contienen una, la suya.
¹ Lacan, J. (1978). “¡Lacan por Vincennes!”, en Revista LacanianaN°11, Grama Ediciones, Buenos
Aires, 2011, p 7.
² 1 Lacan, J. (1978). “¡Lacan por Vincennes!”, en Revista LacanianaN°11, Grama Ediciones, Buenos
Aires, 2011, p 7.
BIBLIOGRAFÍA
Lacan, J. (1978). “¡Lacan por Vincennes!” En Revista Lacaniana N° 11, Grama Ediciones, Buenos
Aires, 2011.
Miller, J. (2007/2008). “Todo el mundo es loco” Paidós, Buenos Aires, 2015.
Quijano, María. “Lo que pasa… en el siglo XXI. Control, vigilancia y evaluación: una mirada
psicoanalítica”. En Colofón N° 32. Diagonal 333. Barcelona, 2012.