Los tiempos de F
RIVADAVIA- VU
UNA HISTORIA ARGENTINA 4
(para los que quieren saber de qué-
miento del gran gjérvito que habia librado la Guerra de la Inde=
penclencia, Rivadavia resolvié pasar a retiro « un mumero muy ele-
vado de oficiales: San Martin ya habia eintrado en el Pert y 4os re
alistas habjan dejado de ser una amenaza, de modo que un ejército
(an grande no se justificaba,
Pero no sélo jubilé a muchos militares, También reduyo et nds
mero de empleudos viviles.
La consigna era ordenar, emprolijar.
Se simplified el sistema de recaudacidn de la Aduana y s€ coor
batié con efieacta el contrabando, Por primera vex se organizaron
Jos gastos del afio en un Presupuesto, al que ef gobierno debia ale
nerve. Se cred el Banco de Descuentos, que, aunque fa anit em
, ‘ fon
prexa privadi, podia emitir billetes, y eso faciito ta marcha de
negocios. Con ef afiia de conseguir fondos para algunas importan-MAAS
NOTICIAS...
Somes
DEFICITARIOS
tes obras piblicas (la construccién de un puerto, la instalacién de
un sistema de aguas corrientes), se entrd en negociaciones con
una empresa londinense, el banco Baring Brothers, para que con-
cediera un préstamo,
Los comerciantes y los hacendados aplaudian estas medidas de
gobierno.
En Buenos Aires se tenfa la sensacién de que los tiempos esta-
ban cambiando aceleradamente. La colonia ya parecia algo muy
Temoto. La ciudad empezaba a imitar a las grandes potencias eu-
ropeas del momento: Francia e Inglaterra.
‘También la educaci6n se renov6. Se creé la Universidad de
Buenos Aires, que, a diferencia de la dnica universidad existente
sescspvapoe
‘Pas:
hasta entonees en el pais, kt de Cordoba donde se seputa eon hy
wali iba a tntroducie kas
dows modermas curopeas ch asinaturas tambien novedoaae
Ciencias Naturales, Filosotia, Derecho... EL Colegio de Cieneiga
Morales, ex Real Colegio de San Carlos y futuro Colegio N:
nal de Buenos Aites, se ocuy
jeidn escokisticn medieval de ensenanzar
cio.
nia de preparar a tos futuros esta
liqntes universitatios
Tambien la educacion primaria se renov6 con kt introduceion
del sistema Lancaster, de moda en ese entonces en Inglaterra, se
gun el cual los altumnos mayores y mis adelantados instruian a los
nenores, tin sistema que, ademas de estimular ka responsabilided
Muy ventajoso en un pais donde no habia mu
de los grandes,
chos maestros... ni dinero con que pagatles,
nientras se introducian today estas novedades en La adminis
n, y en kt campaa se multiplicaban las estancias y las pe:
quedas poblaciones, también la ciudad cambiaba de aspecto.
El gobierno, decidido a convertitla en ka “gran capital del Sur’,
se ocupé de empedrar ¢ iluminar las calles cercanas a la Plaza
Mayor —aunque, poco mais alli de la Plaza Mayor, los carruajes
solian caer en hondos pantanos-, construyé un edificio para la Le
gislatura y una nueva fachada —bien moderna, bien neockis
para la Catedral. Se levantaron, ademas, algunas casas de dos pi-
sos, que en esos tiempos en que la ciudad era tan petisa se Hama-
ban jeasas de alto!
Poco a poco la vieja ciudad colonial iba tomando aires europe-
os. En las tertulias, las familias més modernas ya no invitaban a
las visitas a sentarse en el tradicional “estrado” (un simple esca-
16n, cubierto por una alfombra) sino en el “sofé”, gran novedad en
las casas, y las sefioritas, en lugar de pulsar la guitarra, aprendie-
ron a tocar el piano.
Se hizo moda ir al teatro, donde se vefan obras francesas y algu-
has 6peras, bastante bien representadas. .
Entre las clases populares, en cambio —los matarifes, los arrie~
tos, los pulperos-, segufa viva la tradicién criolla.
‘También la vida politica se renov6 y se ordend.
El gobernador era elegido por la Junta de Representantes y estaJunta, a su vez, era elegida por sufragio: votaban todos los hom.
bres, de la ciudad y de la campaiia.
En realidad, en esos tiempos en que los hacendados y los “doc.
tores” se levaban tan bien. las votaciones no dejaban lugar a mu.
chas sorpresas: los gauchos de las estancias votaban disciplinada.
‘mente, segtin ordenaba el patrén, por los candidatos del gobiemo
i Partido del Orden. en la ciudad, los empleados pablicos y
los soldados hacian lo mismo.
‘Sin embargo. habia otro partido, que no era el de los hacenda-
Sos ¥ el del gobiemo. Se lo conocia como “Partido Popular” y era
cl que ya vimos actuar desde antes de 1820, comandado por el a
ninguna medida en su apoyo.
EI Partido Popular le reproch6 la indiferencia y lo acus6 de
traidor.
V mientras tantn
Y entra,
,y, Mientras tanto,
LAS PROVINCIAS?
Creme €n su nuevo proyecto
econ6mico e interesada en sus propias transformaciones socia.
les y culturales, Buenos Aires dejé de Ocuparse de las provin-
cias. Ya no las necesitaba para su comercio y queria eric ix
guerra por todos los medios. Por el momento, no pretend ai2
minarlas.
Sin embargo. Buenos Aires siguié siendo un punto de refe.
rencia para todas las provincias. y mantuvo en general buen:
relaciones con ellas, salvo quiz4 con Cérdoba, que tenia arb.
cidn de reemplazar al puerto en su papel de lider. La ciudad
Portefia seguia siendo una especie de modelo. Facundo Quire.
£2. por ejemplo, el hombre fuerte de La Rioja, se carteaba con
Rivadavia y, cuando tuvo que mandar a su hijo a estudiar. eligis
la progresista Buenos Aires.
El Litoral. agotado por diez afios de guerra continua, sélo queria
la paz. Santa Fe, tan despojada que en la década del “20 suftis
hambrunas, comenz6 a reconstruir sus ganados gracias al apoyo
de Tes hacendados de Buenos Aires (ya vimos cémo Rosas hte
Pocrato la paz con Lépez a cambio de hacienda). y ent amie:
En el Interior, entre tanto, cada vez era i
5 . més evidente que la
pro 4 de comercio colonial con su tah de fase
Productos europeos por el camino del Alte Pena nehabia traido desventajas a las provincias. Y la guerra habia ter-
minado por arruinarlas, salvo en el caso de Cuyo. cuya situ
cidn se alivié un poco cuando, a partir de 1817, la campafia de
San Martin abrié la ruta comercial con Chile.
‘Cada provincia tenia su propio gobernador, que se apoyaba
en el poder de las familias que tradicionalmente habian domi-
nado en ellas pero también -y cada vez mas- en un ejército po-
deroso, formado por milicias rurales.
Gracias a estos ejércitos, en las provincias el poder estuvo
mas bien en la campafia que en las ciudades, y fueron hombres
del campo los que tomaron las riendas. El de Facundo Quiroga
fue un caso tipico: de hacendado pas6 a comandante de milicias
y finalmente a gobernador de la provincia.
Solfa haber conflictos entre las provincias, sobre todo entre
Jas que tenfan una frontera en comin y habjan estado sometidas
una a la otra: Cérdoba con Tucumén, La Rioja con Cérdoba
Pero, en el fondo, todas compartian la idea de que, tarde o tem-
prano, deberia reconstruirse la unidad, aunque todos sabfan que
no iba a ser facil y nadie sentia demasiado apuro por hacerlo
Sin embargo, hacia fines de 1824, tuvieron que sentarse a
charlar.
Habia concluido la Guerra de la Independencia ¢ Inglaterra
estaba dispuesta a reconocer al nuevo pais, e incluso a firmar
un Tratado de Amistad y Comercio, que todos consideraban
muy ventajoso. Pero, claro estd, era imposible hacerlo si no ha-
bia un gobierno que representase a todas las provincias.
Fue por eso que Buenos Aires convocd a un Congreso Gene-
ral Constituyente. Todos los representantes que acudieron se
mostraban prudentes, nadie queria perder su autonomia. De
modo que la Ley Fundamental, sancionada en 1825 y aprobada
Por unanimidad, dejaba bien sentado que ninguna resolucién
seria valida si no era aprobada por las provincias.
Luego se resolvié el asunto que los habia convocado: se de-
signé al gobierno de Buenos Aires como Encargado de las Re-
laciones Exteriores y se le dio autorizacién para firmar el trata-
do con los ingleses.
SE DERRUMBA
E 1 Congreso General Constitu-
yente empez6 a sesionar en malos momentos. Pronto se vio
que la “feliz experiencia” de los portefios no era tan feliz co.
mo parecia, que habia muchas cuestiones por resolver y que
no eran tan buenas las relaciones entre las provincias.
En 1825 todo el aparente equilibrio de los dltimos cuatro
afios se vino abajo como un castillo de naipes y comenzé una
etapa de lucha entre grupos de poder que culminé con una
larga y sangrienta guerra civil
A veces los grandes conflictos tienen causas pequefias, y lo
que empez6 siendo una pelea entre pequefios grupos terminé
siendo una gran guerra, que comprometié al pais entero.
Cuando terminé el periodo de gobierno de Martin Rodri-
guez, todos acordaron en que fuese otro general, Gregorio de
Las Heras, su sucesor. En cambio, no habja acuerdo con res-
Pecto a los ministros.
ae! gear - Sobieenes sobre todo, que Rivadavia deja-
candidate Para viajar a Londres, tentaba a todos. Habja dos
otro, Trnré guste POF un lado y Manuel José Gare‘a por
ane ‘ofa y entonces Agiiero se dedicé a hacer lo
hacen a veces los politicos cuando pierden: a atacar al
gobierno,
ees la tinica pelea. Rivadavia habia viajado a Londres
tetas, para ee IeS con los ingleses (convenios para colonizar
dos come nexPlotar minas, etc.) y eso les molesté muchisimo
Telantes portefios y también a los comerciantes brité-
La feliz experiencia’ N
FPa en trates semejantes: no podéan perdonar
spresiea. que les habia dejado grandes beneticios,
Results antoaces que el Congreso General Constituyente se
transformed en el lugar donde resonaban todas las peleas, on
el escenari de las luchas por el poder: Agtiero, que era el re
presentante por Buenos Aires, se dedicaba a atacar al gobier
ge de Las Heras, y muchos otras diputados de las provincias
del hmerior aprovecharon el Congreso para plantear los asun-
fs en fos que disennian con sus propios gobernantes,
Pero fue la cuestioa de la Banda Oriental la que acabé por
generalizar el conilicto.
‘Ya vimas gue el gobierno de Buenos Aires, mas interesado
por bos megoctos gue por las guerras, trataba de evitar el enfren-
curso
em favor de los orientales —tanto come para contentar a la opi-
aide publica. pero no movie ni un dedo para ayudarlos.
‘Sim embargo, hubo un acontecimiento que aceleré los hechos.
En abel de 1825, 33 emigrados orientales, al mando de Jo-
sé Antemio de Lavalleja, ex lugarteniente de Artigas, partie-
ten de Buenos Aires, desembarearon en Colonia, sublevaron
{a campaiia, encerraron en Montevideo y en Colonia a los
beasiledos y los derrotaron por completo.
Lavalleja reunié un Congreso que vot la reincorporacién
se la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Rio de la
Plata: en agosto Hegé a Buenos Aires un emisario que pedia
‘st Congreso General Constituyente que aceptase al diputado
‘erieatal como un diputado més.
Fue una situacién dificil para el gobierno de Buenos Aires:
cualquiera se daba cuenta de que, si aceptaban al represen-
a econo en guerra con el Brasil.
4 cuando el grupo de Agiiero, en el que estaban tam-
bien Valentin Gomez y Rivadavia, pens6 que era una buena
“casita Para poner en un aprieto al gobierno de Las Heras y al
ministro Garcia y, tal vez, recuperar el poder que se les habia
"30 yendo de las manos. Contrariando lo que habian dicho y
pensado cuando ellos estaban en el gobienn
derados de la causa oriental, votaron en {
cidn del representante orient
car a viva Voz al gobierno
provineia, que ahora vol
10, Se hicieron aban-
r ‘or de La incorpo
al al Congreso y empezaton a crt
ue no hacia nada por defender a
I seno de la nacion, :
Como era de esperar, en diciembre de 1825 comenz6 ta
guerta.
© para hacer frente a la guerra fu
0 Votd la creacién del &
cias Unidas y &
argo.
De un dia para el otro se cred un Ejército Nacional, un
Banco Nacional (que absorbia al de la provincia de Buenos
Aires), y una Capital nacional (la ciudad de Buenos Aires,
desde Tigre hasta Ensenada),
Claro esti que, mientras Rivadavia y sus amigos recupera-
ban poder rpidamente ~y tal vez sofaban con controlar el
pais entero-, la provincia de Buenos Aires lo iba perdiendo:
Las Heras renuncié al cargo de gobernador y los hacendados,
antes tan amigos de Rivadavia, empezaron a mirarlo con des.
confianza.
Fue una jugada muy audaz por parte de los rivadavianos,
pero la jugada tuvo sus consecuencias: el Imperio del Brasil
mandé su poderosisima flota a bloquear el puerto de Buenos
Aires. “Ni un pdjaro entrard a la ciudad”, habfa dicho el almi-
rante Lobo. Y la ciudad qued6 casi aislada del mundo.
Las consecuencias fueron tremendas. Los hacendados y los
comerciantes veian cémo las pilas de cueros y las montafias
de tasajo se les iban pudriendo y sentfan cada vez més rabia
contra el gobierno que los haba Ilevado a eso.
En el terreno militar hubo algunos triunfos muy importantes,
Pero pocos progresos. La flota nacional, al mando del almiran-
te Brown, derroté a los brasilefios en Los Pozos y en Juncal.
Fueron victorias muy notables, pero no bastaron para levantar
cl bloqueo. También el ejército nacional, al mando de Carlos
Maria de Alvear, obtavo un gran triunfo en Ituzaing6, pero
rio unitse. El Con-
0 de Presidente de |; Provin-
midad a Rivadavia para ocupar
gi6 por unanintampoco pudo sacar provecho de la victoria. Rio de Janeiro es- La guerra |
taba demasiado lejos y, ademas, los dos ejércitos tanto el na- oO
Cional como el brasilefio~ iban desintegréndose de a poco CIVIL
Eran muchos los que decidian darle la espalda a la guerra y
volverse a sus pagos, arregndgge! ganado que encontraban por
el camino.
ientras tanto, y por distintos
Moss ne ¥ por distnts
motivos, las provincias se iban distanciando mas y mas del go-
bierno de Buenos Aires.
Al principio, el tnico rebelde habfa sido Bustos, el gobemador
de Cérdoba, una provincia que, desde hacia tiempo, cuestionaba
el liderazgo del puerto. Pero ahora también Facundo Quiroga, el
hombre fuerte de La Rioja, que era ademas muy respetado en Cu-
yo, se unfa a Bustos en sus cuestionamientos. Y entre los dos in-
fluian sobre todas las demas provincias del Interior. En 1826 Qui-
roga hizo una campaiia y logré dominar la regién.
Pero no sélo eso: el propio gobernador de Santa Fe, Estanis-
lao Lépez, el hombre fuerte del Litoral, tan amigo de Buenos
Aires, fue tomando distancia del Presidente, a medida que el
Presidente dejaba de ser aceptable para sus amigos, los hacen-
dados bonaerenses.
Lo cierto es que, cuando en setiembre de 1826 el Congreso
General Constituyente puso a consideracién de las provincias
una Constitucién Unitaria —con la propuesta de un gobierno
central fuerte, que se ocuparia de designar a los gobiernos pro-
vinciales-, practicamente todas las provincias la rechazaron.
A mediados de 1827 era dificil encontrar a un defensor de!
gobierno de Rivadavia. Lo que se estaba viviendo en Buenos
Aires era muy diferente de la propuesta de aquellos “afios feli-
ces” de 1820 a 1824. La guerra con el Brasil, que nadie se hacfa
ilusiones de ganar, iba tragdndose todo el dinero; practicamemte
todo el empréstito que se le habfa solicitado a la casa Baring
Para la construccién del puerto y demas fue a parar a los caho-nes y a la tropa. Ademés, no entraban recursos porque el blo-
queo impedia exportar los cueros y el tasajo.
Por otra parte, el trabajo rural se desorganizaba: los peones
eran reclutados para el ejército y se abandonaban las tareas de]
campo.
Hubo que devolver el cargo a los oficiales que el mismo Ri-
vadavia habia pasado a retiro cuando habja sido ministro de
Rodriguez, y ésa fue una nueva Preocupacién para los hacenda-
dos: sabian que, en cuanto esos oficiales volviesen de la guerra,
se meterian nuevamente en la politica, valiéndose del apoyo de
Sus tropas.
Las relaciones con las provincias eran pésimas e incluso den-
{to de la provincia de Buenos Aires habia discordia,
Todos hablaban mal de los “doctores”. Se referian a hombres
como Agiiero, como Valentin Gémez, como Salvador Marfa del
Carril, como Juan Cruz Varela, como Rivadavia, parte de ese
grupo de abogados o periodistas que, a partir de 1810, se habi.
an dedicado a la politica y que, con los afios, se habfan hecho
expertos en administracién, pero que parecfan incapaces de
Pensar antes en el pafs que en su propia “carrera”. Los hacenda,
dos, sobre todo, mucho mas niisticos, los miraban con mucha
desconfianza. Opinaban que tenfan una conducta irresponsable
Rivadavia hizo un diltimo intento por conservar el poder que
inevitablemente se le iba de las manos,
Buscé una paz rapida con el Brasil. Pero result6 una paz ver-
gonzosa: Manuel José Garcia, a quien envié a Rio de Janeiro,
concedié absolutamente todo lo que pedian los brasilefios.
El Congreso no acepté el arreglo y el propio Rivadavia pro-
{esto contra las condiciones, pero ya no se pudo sostener en el
Poder: era un tropiezo demasiado grave. Renuncié. El Congreso
se disolvié,
Ya nadie en el pais crefa en el poder central.
En Buenos Aires volvieron a instalarse un gobernador y una
Cegislatura provincial. El elegido fue Manuel Dorrego, el jefe
de ese Partido Popular que tenfa tanto arraigo entre el pueblo de
Buenos Aires,
Unitarios y
FEDERALES
litares que apoyaban a esos
cid evo gobierno,
oposicidn a ese nuevo os
Ase lamaban a sf roismos -y los lamban los demés~“unita-
jos" porque eran partidarios de la Constitucién de 1826, que
proponia un gobierno centralizado. A lo largo de 10s afios que
Figuieron se fueron incorporando a ese grupo de “unitarios
iuchos que no habjan tenido nada que ver con la Constitucién
y terminaron Iamandose asf todos los que se oponian a los go-
e res y de las provincias
biernos de Buenos Aires y a
Mientras tanto, esos gobernadores y sus partidarios comenza
ron a Ilamarse “federales
i ran los “federales
diferentes, que tenian un pasado diferente y también propuestas
itis es. a :
aaa tet ontaba el viejo federalismo porte el de Dore
go y el pueblo de Buenos Aires, Eran os que siempre babian
estado en contra de los gobiernos de los “doctores”,
toro, del Partido del Orden de Rivadavig
Por otro lado, estaba el nuevo federalismo eld os hacends-
dos, y sobre todo el del mis talentoso de todos elle: Juan Mi
nul de Rosas. Habfan sido la base del poder del gobierne 0
Martin Rodriguez ence 1820 y 1824 y muy poco “feder
entonces, para la opinign de Tos federles de Doreen: P29
ahora se habfan enemistado a muerte com fos vadaviane
Querfan la paz en Buenos Aires para poderlamente sus campos; les interesaba tener cierto predominio pa-
cifico sobre las demas provincias: no buscaban imponerles nada
pero tampoco pensaban cederles ninguno de los privilegios de
los que disfrutaban por ser los duefos de! puerto.
Habia un tercer federalismo: el de Estanislao Lopez y los
caudillos de! Litoral, que deseaban equilibrar un poco el poder
de Buenos Aires, pero sobre todo querfan la paz y la amistad
con los hacendados bonaerenses que podian ayudarlos
construir la ganaderia,
Y estaba por fin el federalismo del Interior: el de Bustos y Qui-
roga. Bustos y Quiroga también se oponian al gobierno central
Pero tenian intereses muy diferentes de los de Lopez o Rosas.
Eran distintos federalismos. Sin embargo, todos tenian en
ese momento un enemigo comin: los unitarios, y ese enemi.
go los unia.
a re-
Mata!
GOBERNADOR
mandados por Rosas apoyaron al gobierno de Dorreyo san
que habfa muchas cosas de Dorrego que les disgustahan. so
bre todo, su empecinamiento por querer ganar la puerre con
el Brasil, cuando todo Jo que ellos querian era la par para
prosperar,
Mientras tanto, Dorrego sentia que su pods
sabfa que, en cuanto la guerra termina:
que eran casi todos unitarios~ volverian a la
varian a acosarlo.
No se equivocs, En 1824, Inglaterra, ansiosa por vol
comerciar tranquilamente por e| Rio de la Plata. intervino
mo mediadora y consiguié que se firmase la paz con ei Bs
sil; se convino que la Banda Onental seria un pais indepen-
diente. A las pocas semanas volvian las tropas « Buenos As
res; las comandaba Juan Lavalle.
El 1° de diciembre Lavalle dio un golpe militar. derroot «
Dorrego y se hizo elegis gobernador. Lo apoyabas los wnita-
ries. Dorrego huy6 a 1a campaiia buscando la ayuda dc Ro-
Sas. Pero Rosas no acudiG en su ayuda. El 13 de diciembre de
1828 Dorrego fue capturado y fusilady por orden de Lavalie,
Este acto de violencia vo consecuencias enormes: basta
“civilizados”; los derrotados de ayer podian volver a} poder
mafiana. A partir del fusilamiento de Dorrego se empenh «
aceptar que una derrota politica podia terminas en ta muieric
del derrotado, Se desaté la ferovidad. oLavalle insta
auténtica dictad
liar. Disotvi« |
latura. Metis en la cap
cel a los. advers,
Politicos, Persig,
las milicias rurale,
sus Jeles, que veta coma po
sibles enemigos del Poder militar
No habia dia en que no Silliese una part
da de coraceros a hacer levas y ac
sanguinariamente, ‘
SU gobierno que
les dirigentes uni
davia y Agiiero, opinaban que
tun loco y se hacian a un lade
Pero todos €S08 actos abitrarios,
enfan que provocar una re
Los hacendados y tos com
velan con: des;
ser los milit
ca del pais, Y
vincia, harta de est
16 ung
lure ny
Dams ¥
CABAUEROS :
PUDRIOSE ToDo
OFA Vez
lt Legis
Oa
ya
an tirsinice fe
hasta tos prineipa
Marios, Como, Riva.
aceiGn
nereiantes
‘azrado cémo voly
ares los que diri
la poblacion rural dle ha pro.
© ejército que los trat
aunque federales y enemi-
Panto el crecimiento de esto fovos de
Impala. Sabfan qu ni
en fa cay
multiplicaban, todo se
Trerian
Rosas,
diortonn d ¢, Si esos levantamientos se
0 » muenaria y los negocios ganaderos eo-
: om ane Pero bubo uno entre ellos, Juan Manuel de
Mis que, si bien ra imposible detener. ese movi-
miento espontiineo y vigoroso, si se 19 pod
Rosas era por ese entonces Comandante
St eneaurar y digi
General de Campy
que era decir jefe de todas las miliciay de |
ademas, un hombre de mucho prestigio,
enel campo.
Rosas se puso al frente del levantamiento y, durante meses,
Bi6 pequeiios ataques contra los coraceros. evi
batalla frontal, hasta obligarlos a ceder. Lavalle tuve que te
cia. Su sucesor, Viamnonte, sabia que s6lo estaba en et ea
Paso: acepts que se reinstalara la Legislatura de Dorrego y ext Le
gistatura, en diciembre de 1829, cligié pobernador Juan Manel
le Rosas y le comlio poderes especiales, lo que se Hams “laculte
des extraordinarias”
Rosas fue aclamade por la mayoria. No sélo era popular entre
los hacendados, los peones y los milicianos. Las capas populates
de Buenos Aires -los negros, los que trabajaban en los mataderoe
los artesanos- lo recibieron con alegria porque vefan en éL al suce
sor natural de Dorrego. Y Rosas, que en realidad no le habia dado
ayuda a Dorrego mientras estuvo vivo, fomenté esa conviccidn
luego de su muerte y mandé realizar una serie de funerales publi
cos en honor del gobernador fusilado,
Pero no sdlo sus pares hacendados y Jos humildes le daban Ja
bienvenida a Rosas. ‘También los propietarios y los comerciantes
aceplaban con gusto a este auténtico “hombre fuerte”, que iba a
poder reestablecer el orden en la provincia,
En ese aio de 1829 sélo un grupo muy pequefio de “unitarios”
se le oponia.
Como veremos luego, Rosas cumy
de los que clamaban por el orden, aunque simulténeamente
Rrenaaron a dlesordenarse las relaciones entre las distintas provi
las de este pais que no lograba ponerse de acuerdo,
a,
ls provincia, pero era
all que todos tespetaban
ai
iando siempre la.
Pli6 bien con las expectativasPARA APRENDER A MI RAR
Quien no tiene aleuin recuerdo dep
Pasado? Un sombrero de los quae
uusaban antes, una foto de la
bisabuela, una moneda muy
vieja y un poco ennegrecidl
Es0s objetos, esas imgenes, von
trozos del pasado, son
huellas, Si aprendemos a
mirarlas con respeto y con
curiosidad encontraremos que
tenen mucho para decimos
‘BOLEANDO AVESTRUCES”, MUESTRA UNA AC-
bi EL PECHO PARA FABRICAR
H DINERO. LOS NANDIIES ERAN UNA PRESEN
‘0S QUE SE PASEABAN POR LA CIUDAD ¥ LUEGO
EN LA CIUDAD HABIA MUCHAS
PULPERIAS. ESTABAN SIEMPRE
UBICADAS EN LAS ESQUINAS Y
ERAN, COMO ESTA PINTADA POR
PELLEGRINI, LUGAR DE RE
NION DE VIAJEROS, DONDE CIR
CULABAN CUENTOS Y NOTICIAS,
RETRATO QUE mIZ0
D'HASTREL DE CLEMENCIA
ESTEVEZ, LA MUJER DE UN ES.
TANCIERO, FUE LLAMADO
“MUJER DE Los ALREDE 'DORES
DE LA CAMPARA DE BUENOS
AIRES ¥ Montevipgo". La
MUESTRA CON UN ATUENDO
RURAL, BASTANTE DIFERENTE
DEL URBANO,om ‘N
PARA APRENDER A LEER
Cémo podemos enterarnos de lo
que pasé cuando nosotros no
estdbamos presentes? ¢Como
reconstruir el pasado? En parte
observando las hellas, los restos
de lo que fue, y, en parte,
preguntando a los testigos
Esas huellas del pasado y
la informacién de
los actores y los testigos
son indispensables
Sélo asi podremos reconstruir
los hechos y entender la historia.
En estas paginas vamos
a reproducir documentos,
testimonios de los que vieron
con sus propios ojos lo que
sucedia, Como podrd verse,
no siempre coinciden,
porque siempre hay mds de un
‘modo de ver las cosas
WLa riqueza esta en el campo
La ganaderia se convirtié, a partir de 1815, en el negocio
‘mds interesante, y las viejas familias de comerciantes se
volvieron estancieras. Son reveladoras al respecto las
palabras de Julidn de Agitero al Congreso en 1826:
Asi PINTO EMERIC ESSEX VIDAL A ESTOS PER!
LOS LECHERITOS. ESTOS CHICOS, POR
LA CIUDAD A VENDER LA LECHE, EN TINAS DE Bi jaa
}ARRO O DE LATA, ¥ P
EL RESTO DEL DIA JUGANDO CARRES aera
\N RAS UN
ier hearin UNOS CON OTROS Y ENSENANDOLES TRUCOS
'SONAJES TIPICOS DE BUENOS AIRES;
“No hay que buscar més prucbas. Hoy zquignes son los grandes capita
Tistas de esta ciudad? Los hacendados y sélo los hacendados. Y todos los
demés capitalists que hay y que han echo oto gio, ca. qué aspian? A
sus capitales en el pastoreo porque ven que esto es fo que da”.
Ei ncitayents, Conseco Se 1825
Citado en la coleccién Memorial de Ia Patria.
EN et 8.0 DEL Rio
‘Is7RO Caos Moret
ESTABA SMTUADO EL TAMBO A Ri
{EAL EL VASO, QUE REG-
EN EL GRABADO QUE REPRODUCIMOS.mGuapos y malentretenidos
_ Los flamantes hacendados tuvieron grandes dif
en disciplinar a la poblaci6n rural; esta carta d ek dificultades
de Rosas, escrita en 1817 y dirigida a las wan ae
revela lo que le costé someter a los gan de
independientes, a su autoridad de earn
ranciero,
“La campaiia abunda por todas partes de ocios:
pe cane cxremo aue a « Monte, ninguna; pues parece elegicl
Se abe aia punidad para hacerse duetios de lo aj a
es ts personas... El poder de los pro iain et
fw. ge Henn en amps on Roe
siet i sarah es ers
Etiam ape manana
Ime josie sav Unos seres perjudiciales, polillas de | oe
fe campaiia”. Relata luego que, intentando inn
pedir una cacerfa de av
fea estruces, fue acometi :
V6 milagrosamente su vida. itido por esos hombres y sal-
Citado por Alfred
lo Montoya en Historia de los saladeros
mal entretenidos
a ,
si se definia en la época a los
‘malentretenidos”.
y holgazanes en los di
eee en los dias destinados i
ubaguery el juego de las pulperis” ee
Citado Diag on Jurgados de paz de Ia Camps-
Ast vio Beaumont, un viajero, la figura de
Bernardino Rivadavia.
“B] mas minimo pormenor relativo & un grande hombre resulta general-
piiblico, por lo que no considero fuera de lugar
mente interesante para el
‘a y el continente de S.E.
tuna corta deseripcidn de la
Don Bernardino Rivadavia pareve halkase entre los cuarenta y los cin-
aiios de edad, tene unos cinco pies de alto y casi la misma medida
es oscuro, aunque no desagradable, y revel inte-
gua raza que en otros
cuenta
de circunferencia; el rostro
Tigencia; por sus facciones parece pertenecer a la ant
tiempos tuvo si morada en Jerusalén, Vestia una casa verde ahotonada a
Ta Napolednt sus calzones corto, si puede Hanwiseles as, estaba ajustados
a las yoda con hebillas de plata; y el resto escaso de su persona, cubierto
fe seda zapatos de etigueta con bebillas de plata ef conjunto
Jos retratos caricaturescos de Napole
jar a ese célebre persona
mo el corte y color de
avanz6 lentamente
por medias d
de su persona no deja de parecerse a
Pp ya de p
ad, segain se dice, gusta mucho de imit
én: y en ver
estar a su alcance, con
je en aquellas cosas que pueden
au levita o lo hinchado de sus maneras. Su Excelencia
Fria mi eon sus manos unidas ars, ala espalda; si esto ultimo lo hacia
también por imutar al gran hombre o para contrabalancea; en parte, el Ps
daar bmg, o pa resguardar su mano del tcto impyo de la fauna
eeaas son ipualnente difciles de determinar y de escasaimportancia, Pero
Sa Excelencia avanz6 con lenttud, y con un decidido aire protector me dio
sentender enseguida que el sefior Rivadavia, de Londres. y don Bemardino
Ravadavia. presidente de la Republica Argentina, no debian ser considerados
como una sola e idéntica persona”.
En J.A.B. Beaumont, Viajes de Buenos
Arica en los afios 1825 y 1826.
Bi Las reformas de Rivadavia
En su esfuerzo por crear un Estado moderno,
Rivadavia introdujo muchas reformas que reglamentaron
el funcionamiento de ta Justicia, de las Fuerzus Armadas
'y de la Iglesia, La reforma eclesidstica que inclu la
supresin del diezmo, el control sobre Genes religions»
‘comventos y el paso de los cementerios de manos de la
Telesia a manos del Estado- despert6 {a encendida
protesa del padre Castateda, que se dedicé a publicar
sitiras, burlas v anatemas conira el “hereje” Rivadavia.
nformado sobre a agitacién provocs:
dad de la reforma eclesiéstica, usted
Aires a Potosi y
*(..) Después de todo fo que he in
dia por el clero, con la simple posibiliwe
hhaturalmente comprenderi que estas piadosas eriaturas
natura q StS losas eria ws no han sido indi.
ferns mi pasvosespectadores dela conspracdn, Por el catato, su
extensa influencia ¢ infatigable actividad infunden una atmésfera de te
‘mor al abortado movimiento, Nadie hubiera osado dar un solo paso, de ny
hater condo co alana coopera, .) ee
oe sie hha movilizado todos sus recursos y particularmente al padre
asada qe aus de seis ocho meses de obliga silencio, estalla
‘como un voledn y desparrama por todos lados la lava de sts exer
tora same a X lados la lava de sus eser-
we setios Su pluma prolifica alimenta dos o tres petidico 7 of
$ s. No tiene su estilo semblantealguno de eleganci, pero pre
lesa ) alg legancia, pero pre-
Be iene? 2FOS en Buenos Aires. Carta del
Asi proponia Castaiieda que se rezase el Credo
en esos tiempos de reformas.
@ La ciudad, sus edificios
in inglés. cana densidad no ha sido
ena aan descubierta,
describis asi aspecto edilicio de la ciudad en los
‘Promeras aes de la década del veint.
“La Alameda, paseo piblico de Buenos Aires, se halla en la costa verea
del nelle, Este paseo, ubicado en un barrio de mala fama, es indigno de la
‘ciudad, Apenas alcanza a las 200 yardas de longitud, con arboledas de esca-
Sa altura y bancos de piedra demasiado honrados por quienes los emplean
para sentarse. Los domingos por la tarde es muy frecuentado; la belleza &
frulumentaria de las mujeres es lo tinico que puede Hevar a un extranjero
hasta ese sitio, Otros dias esti casi desierto y s6lo concurrido por algunos
ancianos, que, como en St, James y en los jardines de Kensington, procuran
hur de la multtud y recogerse en sf mismes.
La playa, pululante de marineros de todas las naciones, almacenes y pul
peras, presenta un aspecto abigarrado. Hay tantos marineros inglses en el
puerto como para formar la tripulacién de un barco de guerra. Un extranjero
{que vieratantas caras inglesas pode imaginar que se halla en una colonia
britinica, Por la noche, los marineros danzan en los burdeles, al compas del
‘olin y la lauta, causando asombro a las chicas criollas. En una de estas
“pulperias” de la costa fue expuesto ultimamente un cuadro que representa
tel barco inglés Boyne navegando con las velas desplegadas con sus ban-
dderas, sefales. etc. Los marineros ingleses llenaron el local en esta ocasisn.
atronando el aire con sus aplavsos.
La tripulacion del puerto es a menudo revoltosa, pero no ms que en otros
paises. Los marineros norteamericanos. sobre todo, son muy dificiles de do-
tninar y han promovido muchos incidents. (..) El Fuerte es la sede del go-
biemo (diriamos el Downing Street de Buenos Aires) Situado cerca del rio.
posee habitaciones interiores. Aungue esté rodeado por un foso provisto de
Eaitones y puente levadizo, no podria ofrecer gran resistencia en caso de un
laque seri, Podria suponerse que quienes escogieron este lugar para fun-
dar la ciudad tuvieron sin duda en cuenta el riesgo de un ataque por mar.
pues a poca profundidad del ro seria una gran defensa ante un peligro de
esta naturaleza.
El edifcio del Consulado offece un aspecto respetable; hay af una Corte
de Justicia 0 Apelaciones, donde concurren las personas citadas por incum-
plimiento en el pago de dendss. El fallo se da teniendo en cuenta la solven-
‘ia de la parte demandada como en nuestras cortes. Son muy benévolos con
Jos deudores, envindales a prisin tinicamente cuando se trata de un fla-
‘atentado de fraude, y a veces concediendo cinco aos de plazo para
€ pago de la deuda, o cual equivale a una exoneracién. Las querellas son
resuellas por los magistrados con una imparcalidad que obtiene el beneplé-
‘ito general. Ha sido observado que ls litigantes ingleses son ms numero-
‘$08 y causan mis molestias que el resto de fa poblacién en conjunto,
'El Correo Central esti ubicado en este edificio, En el primer piso (no hay
38.otros) se encuentra una escuela de misica a la que concurren sefortas por
Ja mafiana y caballeros por la tarde. El Cabildo, o Casa de! Pueblo, no tiene
mds caractriticas que una tore de iglesia y un largo baled al frente; se le
vanta sobre la Plaza, de la que constituye el limite occidental. Los amplioy
poderes que concedla la vieja ley espafola alos miembros del Cabildo han
sido reducidos durante los tiltimos tres afios. Tiene este edifcio, adjunta
tuna prison para delincuentes. El Departamento Central de Policia se en
ventra al lado. El Banco y las casas que le rodean son altas y hermosas. |
edificio de ta Cémara de Representantes ha sido recientemente construido
sigue el modelo, en una escala més modesta, de la Cémara Francesa de Pa:
#s, constituyendo un teatro perfecto. Los miembros estén en la plate, el
Presidente y secretario en la escena y los espectadores en los palcos, Una
campana marca el comienzo y el fin de la sesiGn. Los oradores, cuando ha
blan, permanecen sentados de tal modo que no tienen oportunidad de Ivers,
‘El ocal hala ben iluminado con arafas de buen gust, Los sodas
semi, dentro y fuera del efi, paecen una contradicin dels ideas
La Aduana, cvalquiera que sea su importancia, carece del més mi
‘activo arquitect6nico, Se proyecté la construccign de eee
{enero y janes del exinguido Convento de la Merced, peo el proyecto,
See, ate, fe akandonado La Biblicteca Nacional habla en favor
c Estado: contiene cerca de 20,000 volmenes, Toda persona de
Jel Fuente, sive de hospital. Hay ademés
xpositos
el este la Recova, un
Cabildo: hacia el nor
cl centro hay una
La Residencia, en la
dos o tres hospitales pit
La Plaza Mayor esta cite
portico bajo el cual se hallan ten
te una parte de la Catedral: en el sur tienda r
pirdmide que se ilumnina en ta. De estar empedrads, esta
Plaza seria un lugar muy apropiado para el desfile de wopas; pero, por el
momento, la humedad la vuelve intransitable f
Junto a esta Plaza se bi ura, proxima al Fuerte; ef mercado,
establos y algunos sucios cobertizos han sido trasladados 4 ot
BI rio. el al
bajo la cual hay un pasadizo a las dos plazas, las torres de
Francisco y el Cabildo, vistos en perspectiva desde el “He
‘man un cuadro muy aceplable. Por la noche las calles estin decentemente
iluminadas por kimparas fijadas a las paredes: estas luces se extienden hasta
perderse de vista en algunas de las principales arterias: en especial en la ca
Ile de San Francisco. Un extranjero que contemplase esta calle no se forma
ria mala opiniOn de la ciudad. La luz que proporcionan las limparas no es
‘comparable a la iluminacién a gas de Londres: se logra tan s6lo una claridad
‘igual a la dada por nuestros procedimientos anteriores. Por el estado de las
calles, a excepcién de las principales, son muy ingratos los paseos noctur
nos; en tiempo himedo hay, incluso, peligro, y no existen aqui coches de al
uiler que salven la situacién.
Se tiene el proyecto de empedrar todas las calles, pero la escasez. de hom:
bres y material torna dificil la realizacién de este proyecto. Prescindiendo de
su estrechez, las calles empedradas son semejantes a las calles de Londres;
Jas calles sin empedrar son miserables.”
En Cinco afios en Buenos Aires, 1820-1825.
@ La vida cotidiana en la ciudad
Vendedores ambulantes, artesanos, lavanderas,
comerciantes, parroquianos, el ritmo de ta ciudad de
Buenos Aires en la década del veinte.
fas noches de
uerte, algunos hermosos edificios
sia de San
“$i uno se levanta muy temprano en Buenos Aires, donde nadie es ma-
También podría gustarte
Antología de Poetas Argentinos (Oyuela, Guido y Spano, Castellanos, Rivarola, Lugones, Etc) PDF
Aún no hay calificaciones
Antología de Poetas Argentinos (Oyuela, Guido y Spano, Castellanos, Rivarola, Lugones, Etc) PDF
492 páginas
Bosch
Aún no hay calificaciones
Bosch
27 páginas
De Marco
Aún no hay calificaciones
De Marco
51 páginas
GRUZINSKI
Aún no hay calificaciones
GRUZINSKI
17 páginas