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el surgimiento del a
La descolonizaci6n y y ee
Tercer Mundo »
Josep Sanchez Cervellé
Hipotesi Historia contempordnea Barcelona, 1997 cre
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R624LA DESC 6
COLONIZACION Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
Sumario
1 Los imperios: una visién no etnocéntrica Ir
2 De la pacificaci6n a la descolonizacién 15
a4. La gestaci6n del movimiento anticolonial (hasta 1914) 16
2.2. La aceleracion de las mentalidades
y de la economia (1914-1918) 20
23. Las esperanzas traicionadas en la Epoca de Entreguerras
(1919-1938) =
24. Desconcierto metropolitano y compas de espera en el
Ultramar (1939-1945) 27
25. Las independencias dependientes (1946-1996) 29
3. Las potencias coloniales europeas 31
3A. El imperio britanico 31
32. El imperio francés 5°
33. El imperio holandés 60
3.4, El imperio belga 62
35. El imperio portugués 65
3.6. El imperio espafiol 7o
37. El imperio italiano 72
3.8. El imperio danés 75
3.9, El imperio ruso 76
4. Las potencias no europeas 87
4a. El imperio norteamericano 87
42. Los imperios orientales: China y Japon 90
ae 9
43. El imperio africano de Etiopia 95
5. El Tercer Mundo ae
. wit
6. Conclusiones
114
io BibliografiaLA DESCOLONIZACION ¥ EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
. . . ££ :
Los imperios: una visi6n no etnocéntrica
He centrado el presente estudio en los procesos descolonizadores
acaecidos a partir de la Primera Guerra Mundial y en la emergencia
del Tercer Mundo. Para ello he preferido la diseccién individualiza-
da de cada imperio y la secuencia evolutiva de todos los territorios
agrupados bajo una misma soberanja, en lugar de analizar la eman-
cipacion por subregiones continentales como generalmente se hace.
Con este cambio metodoldgico he buscado una mayor claridad ex-
positiva. Eso no significa que considere mas importantes las causas
endégenas en la mutacién de la colonizaci6n y que minimice los fac-
tores exdgenos, como los cambios de naturaleza regional, 0 que no
reconozca las influencias y las interconexiones de los sucesos entre
imperios. Por este motivo he procurado también sefialar las mudan-
zas socio-politicas y econémicas que se produjeron en un mismo
marco cronolégico y, de forma genérica, en todos los imperios.
He dividido las potencias colonizadoras en dos grupos: las
europeas (Gran Bretafia, Francia, Holanda, Bélgica, Italia, Portugal,
Espafia, Dinamarca y Rusia) y las extra-europeas (EE.UU., Japon
China y Etiopfa). He preferido esta caracterizacion en dos grupos a
pesar de que, conforme a la ortodoxia, cuando se habla de colonia-
lismo y descolonizacién los estudios se centran en los imperios
europeos, tanto por raz6n de su extensi6n e importancia como por
una vision etnocéntrica de la historia. Tampoco cuando se analiza la
desaparicién de la ex-uRss se utiliza, en mi opini6n, la definicién
imperial demasiado correctamente, pues se emplea tanto para defi-
nir a los satélites como a sus fronteras territoriales alcanzadas tras
la Segunda Guerra Mundial. En sentido estricto Rusia, y su herede-
ra la Unidn Soviética, son un imperio colonial clasico: con conquis-
ta militar de sus zonas de expansi6n, con colonizacion europea de
los territorios asidticos, con apropiacién de las fuentes de riqueza
Por los conquistadores, con el control politico-militar del imperio y
con dependencia econdmica evidente (producci6n de primeras ma-
terias que son generalmente transformadas fuera de los territorios).
De hecho sus reptiblicas asidticas estaban mucho menos ingore
zadas que las eslavas, y en especial que la Federacion Rusa, guia ce
imperio. Con todo, las divergencias entre los historiadores ee
logos pueden proceder del hecho que formalmente, desde el triun-
fo de la Revolucion bolchevique, todas las nacionalidades disponian
de idénticos derechos y deberes constitucionales. Eso, como espero
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ZACION ¥ EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
LoNIzAcI¢
demostrar a lo largo de las siguientes paginas, era mas retérico dos
exacto porque en realidad la direccion politica a través del pcus, |,
economia de planificacion central, las Fuerzas Armadas y los orga.
nismos federales estaban en su mayor parte en manos rusas. Otrg
e cuando utilizamos la expresi6n impe.
confusién afiadida se produc ut «prc
rio soviético para defini el control politico que Moscu ejercia sobre
sus satélites comunistas en el Este de Europa 0 en Mongolia. Obvia-
mente en ese caso no se trata de un imperio colonial. Tal como ex.
plicit6 Ia ‘doctrina Breznev’ tras la Primavera de Praga (1968), esos
paises tenfan limitaciones en su soberania pero tenian un gobierno
propio y eran duefios exclusivos de sus fuentes de riqueza, nada
comparable con lo que sucedia en Letonia o en Uzbekistan, tanto en
el campo econdmico como en el politico. Pero toda esta compleji-
dad queda disfrazada por lo que tiene de original el imperio colo-
nial ruso-soviético: la continuidad territorial, lo mismo que sucede
con los imperios chino
En el caso de China
controlado una gran extension
Turkestan, Tibet, Nepal, Butan y parte de las ai
Kazajstan, Kirguizistan, Uzbekistan y Turkmenistan. La contradic-
cién en este caso vendra dada porque era a la vez un imperio sobre
los pueblos no chinos y una colonia en relacion a occidente, a pesar
de que a partir de 1910, de aquel secular imperio, slo restaba Man-
churia (repoblada con chinos a partir de la ocupacién japonesa), la
Mongolia interior, el Turkestan chino y el Tibet. En estos territorios
la soberania de Pekin era reconocida, en mayor 0 menor grado,
en funcién de la debilidad del poder central, sometido a su vez a la
voracidad occidental. Pero, a partir de 1949, cuando los comunistas
ocuparon el poder, el centralismo, la colonizacién de las mejores tie-
rras agricolas, el acantonamiento militar y la ausencia completa de
industrializacion acabaron relegando esos territorios a un papel
de proveedores de primeras materias y de receptores de productos
o etiope.
desde el siglo xvimt la dinastia manchti habia
de territorio no chino: Mongolia,
ctuales reptiblicas de
manufacturados.
Similares caracteristicas tiene el imperio etiope, formado después
dela derrota italiana en Adua (1896). La expansi6n abisinia se inicio
contempordneamente a la consolidacién de los imperios occidentales
en Africa, durante el gobierno de Manelik II (1889-1913)- Sus tro-
Pas y su administracién descansaban fundamentalmente sobre la et-
oe vertebrada en torno a la religion cristiana copta, que s¢
1962 se tee oer ee y somalis de religion musulmana. A partir ¢ t
xion6 el territorio eritreo, sobre el que la soberania eto
I2L p
OS IMPERIOS: UNA VISION NO ETNOCENTRICA
pe habia sido muy Parcial y en todo caso discontinua, y al que la
nr sez tl ab dnd a coer my
aa : Poe 5 ‘© que, como en el caso de China,
era un Imperlo anacronico y atrasado (pre-capitalista) si lo compara-
mos con las potencias occidentales. Pero si duddsemos de que esos
territorios, Por este hecho, No estuvieron sometidos a una domina-
cion colonial tendrfamos también que dudar de la esencia colonial
del imperio espaiiol y portugués, por ejemplo, constituidos a partir
del siglo xvi.
Otra cuestion a plantear es por qué historiogrdficamente se omi-
ten las realidades coloniales no europeas. No se me ocurre otra ex-
plicacién que la dada anteriormente, la del etnocentrismo blanco, y
la del hecho de que su gigantismo, en parte, ha impedido dar a estos
residuos dependientes la caracterizacién colonial que, en mi opinion,
los sustantiviza.
El marco cronolégico escogido me ha obligado a omitir las des-
colonizaciones anteriores a esa fecha: la independencia de las 13 co-
lonias norteamericanas (1776), primera emancipacién contempora-
nea; la desaparicién del primer imperio colonial espaiol de América
(1810-1826); la del imperio portugués del Brasil (1822), y la del se-
gundo imperio espaiiol tras el desastre de 1898.
Forzosamente queda fuera del estudio Latinoamérica, aunque su
realidad neo-colonial nos obligue a incluirla en el contexto globali-
zador del Tercer Mundo. También fuera del marco propuesto queda
el imperio turco, deshecho entre 1878-1920. Con anterioridad Gre-
cia se habia independizado (1830).
Con todo, este ambito cronolégico plantea un inconveniente que
me apresuro a sefialar: la cuestién de los Dominios britanicos que,
aunque formalmente independientes desde finales del siglo x1x y
principios del xx, fueron una pieza clave de su sistema imperial por
dos razones objetivas, primero porque ayudaron militarmente a la
metr6poli coordinando con ella la politica de defensa del imperio
cuando estuvo amenazado (1914-1918) y, segundo, porque cuando
por el Estatuto de Westmister (1931) se constituy6 la Common-
wealth, se sentaron las bases de un modelo descolonizador que Gran
Bretafia export6 a los otros territorios que habian soportado su do-
minaci6n, por lo que he decidido incluirlos en la presente obra, ya
que su evolucién politica marcé la pauta de lo que seria el prototipo
de descolonizacién suave que se ensayé en la mayor parte del impe-
rio con evidente éxito. Otra raz6n ha sido el caso de la Union Suda-
fricana, que aunque formalmente independiente desde 1910, lacororzaghon'® BE SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
ta pEScOLO
emancipacion efectiva de la mayoria de su poblacién no se prody;
hasta 19945 tras las elecciones multipartidarias que Beenie lujo
constituci6n de un gobierno democratico. ‘on la
También quedan fuera del Ambito de esta obra los casos de Lib
ria en Africa, de Siam (Tailandia), Persia (Iran), Arabia Saudi y Af e-
a porque, aunque su integridad estuvo matizada roe
alistas mds importantes, mantuvie-
de los paises imperi
Liberia fue comprada en 1821 por la Sociedad
zacion a jefes indigenas y en 1847 proclamé su
fue independiente porque tanto Francia como
1895-1896) mantener ese estado tapén
s respectivos imperios asiaticos. Persia (Iran
cupada por paises occidentales, aunque en
numerosas ocasiones tuvO que humillarse, especialmente ante Gran
Bretatia y Rusia. Tampoco Arabia Saudi, unificada tras la victoria de
Abdul Aziz Ibn Saud (1880-1953)> sultan de Nedj, sobre el vecino
reino de Hedjaz, aliado de Gran Bretafia, fue ocupada directamente
por los occidentales aunque sus gobiernos fueron mediatizados por
el poder de las compaiifas petroleras extranjeras. Afganistan funcio-
né como un estado separador entre los britanicos de la India y los
rusos del Turkestan, aunque satelizado por los zares, lo que le costé
diversos conflictos con los britanicos, el ultimo en 19T9- El capitulo
final de esa dependencia se pro 6n soviética (1979-
dujo tras la invasion
1989), de la que perdura ain una tragica g! I, con mas de un
uerra civil
milldn de muertos hasta la fecha.
Por iltimo he analizado la emergencia del Tercer Mundo, ligan-
dolo al proceso descolonizador en el contexto de la Guerra Fria, a
papel de la onu, a la globalizacion planetaria de las relaciones politi-
co-econémicas y al Movimiento de los Paises No Alineados.
nistan en Asi
interferencia
soberania.
de Coloni
iam
daron (
ron su
Americana
independencia. S
Gran Bretafia acor
como frontera entre su
desde 1935) nunca fue o
14LA DESCOLONIZACION Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
im
De la pacificacién a la descolonizacion
EI proceso de asuncién de la conciencia nacional y de la lucha por la
independencia tuvo en mi opinin cuatro fases diferenciadas. La pri-
mera iniciada con los repartos coloniales hasta la Primera Guerra
Mundial la he definido como de gestacién. Fue el momento de las
campaiias pacificadoras impulsadas por las metropolis para doble-
gar la resistencia de los paises conquistados 0 en fase de conquista
‘manu militari’ y que provocé en los derrotados un sentimiento de
humillacién y postracién que seria idealizado por las generaciones
posteriores. La segunda etapa, que abarca la Epoca de Entreguerras,
la he calificado de aceleraci6n de la conciencia nacional porque reci-
be el impacto socio-econémico de la modernizacién productiva que
trajo consigo la sustitucién de las importaciones metropolitanas y la
adecuacion de las periferias al esfuerzo bélico de sus respectivos im-
perios, lo que generé un aumento de las contradicciones en el seno
de las colonias. La tercera abarcaria el perfodo de la Segunda Guerra
Mundial; es un tiempo de frustraci6n, de esperanza y de incertidum-
bre, pero de clara visién por parte de los colonizados de que nada
volverfa a ser como antes. La Ultima seria la fase de las independen-
Europa en la época de entreguerras
od
‘Freroes (0)
Finlandia
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cias. Epoca compleja, tanto por la debilidad de las
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La gestacion del movimiento anticolonial (hasta 1914)
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DE LA PACIFICACION A LA DESCOLONIZACIO
cultural, con la existencia de un reciente pasado glorioso, con unas
élites de un aceptable nivel de instruccién, ademas de la permeabili-
dad cultural (las peregrinaciones y el comercio en el Islam permitie-
ron siempre la apertura al mundo exterior) hizo que sus creencias
contribuyeran al despertar nacional de los pueblos arabes y del Asia
meridional. Diversos intelectuales 4rabes en Egipto, en la India y en
las llamadas Indias holandesas pensaban en el Islam como una co-
munidad de creyentes capaces de transformar la realidad hegemoni-
ca de los cristianos.
En un principio las sociedades dominadas no aspiraban, al me-
nos explicitamente, a la libertad. Su anhelo primigenio era el de me-
jorar las condiciones de vida y en esa lucha emplearon los métodos y
tacticas de las metrépolis: sindicatos, partidos, mitines, periddicos.
Asi los primeros sindicatos se organizaron en algunas colonias de
Africa a finales del siglo xix: Sudafrica, Argelia, Mozambique y
Egipto; y antes de la Gran Guerra en el Africa Occidental britanica
(Nigeria, Sierra Leona,...). En las colonias asidticas el primer partido
se cred en 1885: el Congreso Nacional Indio, conocido popularmen-
te como Partido del Congreso.
En Asia, contribuy6o también al surgimiento de un sentimiento
anticolonial la derrota que Japén infligié a Rusia en 1905, eviden-
ciando una cosa hasta entonces inédita, que los blancos podian ser
vencidos, por eso a partir de 1906 el control britanico sobre la India
se hizo mas precario, pues mientras el Partido del Congreso lanzaba
la campafia de Swaraj (autonomia), por otra parte se constituia la
Liga Musulmana como respuesta al partido de la mayorfa hind.
Otros ejemplos de agitacién antioccidental fueron la revolucién
de los Jovenes Turcos (1908), con gran impacto en el mundo islmi-
co, y la proclamacién de la Reptiblica de China (r9rz), pues fueron
entendidos por las élites musulmanas, y en general por toda Asia,
como un intento de modernizar aquellos pafses con sus propias fuer-
zas, rechazando el modelo de organizaci6n social occidental. Por
todas partes surgieron nuevos agrupamientos con gran ascendente
sobre el desarrollo del nacionalismo. En r912 nacié en China el
Kuomintang (Partido Nacionalista) que influyé poderosamente en
algunos circulos dirigentes birmanos, indonesios y vietnamitas. En
Indonesia se creé el mismo aifio el Sarekat Islam (Asociacion Comer-
cial Musulmana), que pronto abandoné el marco corporativo para
exigir medidas politicas tendentes a la igualdad de derechos entre
nativos y colonos. Ese movimiento, visible en todo el continente, ha
sido definido como ‘asiatismo’ (H. Grimal, 1989).
17RGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
zactON Y BL SU
ontzacié
La pESCOL
Desde el principio, la colonizacién generé malestar entre las clase
slevadas indigenas, las cuales perdieron poder frente a log nueya
tos extranjeros y, con el tempo, sh los ae ya que, en gence
ral, pasaron a vivir peor. También influyeron las contradicciones resul.
tantes del proceso de urbanizacion que concentré en las zonas Minerag
o en las ciudades a gentes de etnias diferentes dandoles una identidag
comin ante los europeos. Asimismo japarecio una pequeiia burguesia
nativa, ligada a la administracion oa la mediaci6n entre los Propieta.
rios blancos y las masas indigenas, que soportaba mal la subalterniza.
cin derivada del color de Ia piel. Igualmente, el desarrollo de las in.
fraestructuras vitales para la explotaci6n de los fecursos coloniales
permitid, lenta pero inexorablemente, la aparicion de una mano de
obra asalariada, que plantearia conflictos para exigir mejoras laborg.
les y sociales. No hay que menospreciar tampoco la intervencién de
las diversas confesiones cristianas cuyas ensefianzas acabaron inci.
diendo sobre las mentalidades indigenas, permitiendo que nticleos es-
cogidos de nativos entendiesen el universo cultural blanco y sus com-
plejidades. Hasta la Primera Guerra Mundial practicamente las Ginicas
escuelas existentes en las colonias eran las de las misiones y, sin duda,
ayudaron a la aculturacién, por lo que, en sociedades con potentes
estructuras estatales —4rabes o asiaticas-, los misioneros fueron consi-
derados como agentes necesarios de la dominaci6n, siendo frecuente-
mente atacados por ello. Con el paso del tiempo, las élites tan pacien-
temente asimiladas se descomprometieron de la cultura extranjera y se
enraizaron en la tradicional de su pueblo; caso de Gandhi, o hicieron
una sintesis entre lo propio y lo importado, caso de Nerhu, por poner
dos ejemplos de dirigentes del mismo pais y del mismo partido.
En las metr6polis la colonizacién tuvo poca oposicién, a excep-
cin de la Internacional Socialista que ya en las resoluciones de sus
Congresos de Paris (1900) y de Stuttgart (1907) la criticaron, sefia-
lando que sin capitalismo no habria expansi6n colonial. A partir de
entonces la critica se difundié con mayor o menor intensidad por
parte de los partidos socialistas europeos. Ejemplo de ello fue lo que
sucedi6é en Espajia, cuando el gobierno, a pesar del reciente desastre
de 1898, se embarcé en 1908 en la ocupacion de los alrededores de
la plaza de Melilla, y posteriormente en una guerra (1912-1927) que
cont siempre con el rechazo de los grupos republicanos, de Ja iz-
quierda y de las clases medias en general. Un frente anticolonial de
esta magnitud era inédito en los paises colonizadores, contando in-
cluso con episodios de yerdadera insurrecci6n, como la Semana Tra-
gica de Barcelona (1909).
18DE LA PACIFICACION A LA DESCOLONIZACION
Con todo, ni la oposicién republicano-socialista en Europa ni el
incipiente, pero nada despreciable, movimiento cultural y politico
indigena inquietaba a los dominadores, quienes encaraban el colo-
nialismo como una situacion legitima, pues habia existido a lo largo
de toda la historia de la humanidad, Ademis, en su caso, tenian una
cultura superior, una tecnologia mas avanzada y pensaban que la
raza blanca era también el stimmum de la evolucion de la especie,
Por tanto esta situacién de dominio podia perdurar eternamente o
hasta que, algtin dia lejano, los sometidos tuviesen el mismo nivel de
organizacién social, politica, econémica y cultural que los coloniz:
América en la época de entreguerras i
Gioenlanda (0)
Alaska (EEUU)
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} 5. Pedro y Miquelén (F)
Estados Unidos
Bermudas (68)
Bahamas (8) Océano Atlantico
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ni quiz en un siglo, especialmente si se i Ha el bajo Dor
centaje de ‘aimilados” a l cultura oa ana. Ademds, ng 2 0
todo continuase igual, se limit6 el ee € los nativos a [a eNsefan
za elemental y se les dificulté atin mas la superior 7
Gran Bretafia, con todo, habia pasado por un desgraciadg f
so descolonizador: la independencia de las trece colonias (177 6) a
mfa que el ejemplo se repitiese en sus zonas de poblamiento, ore
se esforz6 en anticipar una solucién, admitiendo que las Mayorias a :
ropeas de sus territorios tuviesen constituciones propias y Feconociéy, 2
bs
doles la condicién de Dominios a partir de 1907. Este fue el €5Dej0 on a
el que se mirarfan otras colonias para avanzar en el autogobierno, “ae
Car!
i i tecn¢
La aceleracion de las mentalidades ad
y de la economia (1914-1918)
Asia en
La Primera Guerra Mundial obligo a las metr6polis a dedicar todo
su esfuerzo productivo a atender la voracidad de los frentes, POr tan.
to dejé desabastecidos de productos manufacturados los mercados
coloniales. Esto provocé, por un lado, la aparicion de un sector jn-
dustrial en las colonias, estimulado por la propia administracién,
con la esperanza de que fuese capaz de sustituir las importaciones J,
por otro, la necesidad de que el sector e€xportador incrementase
la produccién para abastecer las siempre crecientes demandas me-
tropolitanas. Dos fueron las consecuencias: la entrada de los Domi-
nios y de las colonias exportadoras mds importantes en el comercio
mundial, y la sustituci6n del déficit comercial colonial crénico por
un superdvit (Holland, 1985).
La destribalizacion Provocada por el incremento de la poblacién
su futuro cuestionamiento. A ello contribuy6 también Ia moviliza-
cién de la poblacién indigena para el esfuerzo de guerra, ya fuese
mediante su integracién en las Fuerzas Armadas 0 como trabajado-
res inmigrados dada la Carencia de mano de obra metropolitana por
su militarizacién, Estos miles de soldados y de trabajadores despla-
zados a puntos lejanos de donde habian nacido, tratados en funci6n
de su adscripcién racial de forma idéntica, al margen de su proce-
dencia tribal, cumplian las mismas misiones que los blancos y eran
4 |: %
- 1 SStotora (GB)
Ae a
Océano Indico. ma
ee,
20DE LA PACIFICACION A LA DESCOLONIZACION
habitualmente peor tratados. En los campos de batalla coincidieron
con soldados negros norteamericanos que estaban encuadrados por
oficiales de color y que demostraron un alto valor en los combates,
similar al de los negros africanos mandados por europeos, pero en
ambos casos la gloria fue tinicamente para los blancos. Asi, por
ejemplo, no hubo ni un solo batallén de color que desfilase el dia de
la victoria por los Campos Eliseos. Entonces fueron entendiendo la
discriminacién. También estos desplazados, cuando regresaron a sus
paises, habian aprendido la dura leccion de la guerra. Los blancos
eran cobardes y valientes, unos habian ganado y otros habjan perdi-
do. La palabra derrota formaba parte también del vocabulario de los
colonizadores. Pero ademas, y sobre todo, como sefiala Martinez
Carreras (1987), los trabajadores y militares pasaron a conocer la
tecnologia occidental y los Principios por los que habian luchado al
lado de los europeos: democracia, libertad, justicia, igualdad, queda-
Asia en visperas de la Gran Guerra
Hl Estados Unidos (
WH Japon (1)
Hl Gran Bretaiia (GB)
GB Holanda (H)
G Francia (F)
1 Portugal (P)
1U.)
EUROPA
IMPERLO RUSO
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LA DESCOLONIZACI
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ON Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
rian en su subconsciente y serfan, en adelante, una poderosa arma
contra los dominadores.
Dos acontecimientos ocurridos en las metropolis durante Ibs
afios de la guerra repercutieron intensamente ya durante las hostili.
dades y sobre todo durante la etapa siguiente: el levantamiento irlan.
dés (1916) y la revoluci6n rusa (1917). El primero porque cuestiona.
ba el mayor imperio existente desde el epicentro mismo de su poder:
y el segundo porque significaba la voluntad de una metrépoli de pas
ner tedricamente fin a cualquier tipo de dominacién.
A pesar de que durante la guerra el debilitamiento imperial se
hizo evidente, hubo muy pocos intentos de sustraerse al yugo colo-
nial, pero se revelaron ya insatisfacciones profundas, cuando hacia
tan solo medio siglo en Asia, y menos atin en Africa, que se habian
impuesto las dltimas paces coloniales.
2.3
Las esperanzas traicionadas
en la Epoca de Entreguerras (1919-1938)
La paz sembr6 en todas partes la simiente de Ia libertad y las colonias
fueron envueltas en una triple esperanza. Primero por la postura nor-
teamericana, una de las principales naciones vencedoras de la guerra,
anunciada por el presidente W. Wilson (1856-1924) en un discurso al
Congreso (enero 1918) cuando, en el 5° de sus famosos 14 puntos so-
bre los que debja basarse la futura paz, sefialaba la necesidad de solu-
cionar los problemas coloniales teniendo en consideracién la volun-
tad de las poblaciones sometidas. La segunda fue la formula soviética
de igualar, en teoria, los derechos de las colonias y de la metr6poli
pareciendp que se podian resolver las contradicciones territoriales; y
Weitecy Pe us sae tras la guerra, de dos imperios: el aleman
ey ee as élites colonizadas, especialmente en los paises
Scereaba, dn a India, pensaron que el final del ciclo imperial se
se : oe que la visién de los dominadores era otra
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ca y del Pacifico quedarian basin Tee eeonias alemanas dena
ciedad de Nace StBe a proteccién de la recién creada So-
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Gran Bretafia y Francia que s sea ulacgunie? me an s
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> Bélgica y Union Sudafricana de los territorlos
22
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dominacién rusa de los
el fin de la discriminaciéDE LA PACIFICACION A LA DESCOLONIZACION
africans; Jap6n se ocuparia de los archipiélagos del Pacifico al nor-
te del Ecuador y Australia y Nueva Zelanda de los del sur.
Donde mayores dificultades tuvieron Francia y Gran Bretafia,
maximos beneficiarios del nuevo reparto, fue en el Préximo Oriente
ya que, ademas del propio sentimiento nacional pandrabe, existié
una gran rivalidad franco-britdnica, lo que provocé complicadas ne-
gociaciones que concluyeron con el Tratado de Sévres (1920) que de-
limitaba las tespectivas zonas de influencia (Grunebaum, 1975). La
complicacién se agrav6 al incumplir Gran Bretafia las promesas
hechas durante la guerra para obtener el apoyo de las poblaciones
locales en contra de los turcos. Habia ofrecido a tres soberanos la
corona de los antiguos territorios 4rabes controlados por los otoma-
nos: al emir Faisal de Siria, que conté con la ayuda de Lawrence de
Arabia, y a los dos principales soberanos de la Peninsula Arabiga,
Abdelazis rey de Nejd y Hussein rey de Hedjaz. Obviamente Lon-
dres ni podia ni deseaba cumplir lo acordado, entre otras razones
porque ya se los habfa repartido con Francia en el transcurso de ne-
gociaciones secretas (Acuerdos de Sykes-Picor. Londres, 1916).
A pesar de la nueva dependencia colonial de estos territorios, los
mandatos representaban, desde el punto de vista juridico, un avance
en relacién a otras figuras tipicas de dominacion. Era un sistema
transitorio mientras no estuviesen en condiciones de autogobernarse,
especialmente los mandatos a, pues aunque la Sociedad de Naciones
no establecia plazos estos paises estuvieron entre los primeros en in-
dependizarse.
Ademas de los Dominios, los primeros paises en conseguir el au-
togobierno fueron Egipto (1922), Arabia Saudi (1925) e Iraq -este
nombre es de 1932~ (1930), aunque en principio sufrieron graves
restricciones en su soberanja. Estas tempranas independencias tuvie-
ron una influencia decisiva en los mandatos franceses de Siria y Liba-
no, y en los del norte de Africa, donde el control francés fue preca-
rio. Baste recordar que sdélo la colaboracién franco-espafiola
consiguié derrotar a Abd el-Krim en el Rif en 1926.
Si el islamismo fue una de las claves del proceso de liberacién na-
cional en el Préximo Oriente y en el Norte de Africa, en Asia, espe-
cialmente en la central y meridional, la principal influencia provino
de la Revolucién bolchevique. Los comunistas, en uno de sus prime-
ros decretos, afirmaban la igualdad de las nacionalidades y la sobe-
rania de todos los pueblos de Rusia, acabando, teéricamente, con la
dominacién rusa de los pueblos alégenos, al tiempo que se sefialaba
el fin de la discriminacién, el reconocimiento del derecho de autode-
23JLONIZACION Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
A DESCOLON N
L
a posibilidad de que se constituyesen en Estados in.
dependientes. Su impacto sobre los emancipadores asiaticos seria r4.
pida. Con ayuda del pcus, Mongolia se independiz6 de China
(1921). En Indonesia el Partido Comunista (1920) disputo al isla.
mismo la hegemonia de la resistencia y mas tarde un acuerdo entre
ambas formaciones permitié la creacion de un vasto frente para lu-
char contra los holandeses. También la Indochina francesa Patticipé
de la influencia comunista en el movimiento nacionalista.
Pero donde el emancipalismo alcanz6 su mayor capacidad aglu-
tinadora fue en la India. Alli convergieron todas las corrientes nacio-
nalistas, antiguas y nuevas, religiosas y laicas, conservadoras 0 revo-
lucionarias. El Partido del Congreso, desde la campaiia del Swaraj,
tras pensar, ingenuamente, que ibaa conseguir inmediatamente sus
objetivos, fue radicalizando su actuacion en relacion proporcional a
la intransigencia britanica, que opuso una sistematica y brutal repre-
sién a las demandas de autogobierno, como ejemplificé la matanza
de Amristar (919) que acabé indisponiendo con los colonizadores
incluso a la paciente Liga Musulmana (L. Bianco, 1976).
El nacionalismo africano se manifest6 mds tarde. Sin duda influ-
y6 en ello la desorganizacién provocada por la trata negrera primero
y por la colonizacién més tarde, lo que impidi6 a estas sociedades
consolidar sus estructuras estatales 0 para-estatales en las que asentar
sus reivindicaciones, por eso no es de extrafiar que los valores cultu-
rales africanos fuesen defendidos, en primer término, por los ex-escla-
vos de América que impulsaron el orgullo negro y el panafricanismo.
En los afios veinte un negro jamaicano, llamado Marco Aurelio
Garvey, creé la Asociacién Universal para el Progreso de los Negros,
que reclamaba la vuelta a Africa. En el contagio del panafricanismo
americano al continente negro influy6 también el caso de Liberia,
singular pero a la vez ilustrativo del deseo paternalizante de ciertos
grupos metropolitanos para salvar almas y mejorar la vida de las co-
munidades indfgenas. El territorio de ese pais fue comprado a jefes
indigenas en 1821 por una entidad que pretendia devolver a los ex-
esclavos a su continente, pensando que para un negro cualquier
lugar de Africa era su casa. Liberia, una vez obtuvo su total indepen-
dencia (1847), avalé, décadas mas tarde, al movimiento panafrica-
nista, al demostrar que era posible un Estado negro. Otro ejemplo
fue el Estado etiope, el tinico en todo el continente africano que ha-
bia resistido a la colonizacién, por eso su anexion por Italia (1935-
1936) provocé una profunda indignacién en toda Africa, hasta en €
Protectorado espafiol de Marruecos hubo acuerdos municipales con-
terminacion y |
24DE LA PACIFICACION A LA DESCOLONIZACION
ra la agresion fascista, y muchas voces de asimilados protestaron
por esa violacidn de las leyes internacionales y no entendieron como
sus metropolis aceptaban tamaiia humillacién. Ese momento fue cla-
ve para los africanos en sus aspiraciones de autogobierno. La defen-
sa que de la independencia de su patria hizo H. Selasie ante la Socie-
dad de Naciones, apoyado fervorosamente por Francia y Gran
Bretafia, conmovi6 a la opinion publica, al reclamar vehementemen-
te la independencia de Abisinia, e incitando a otros paises coloniza-
dos a exigir también su liberaci6n,
En suma, el movimiento nacionalista emergioé con fuerza durante
la Epoca de Entreguerras, cuando el planeta habia cambiado sus ejes
de rotacién y cuando la antigua pujanza europea habia empezado a
ser suplantada por la de los Eg.uu. Al tiempo que en las colonias un
numero cada vez mayor de miembros de las élites indigenas accedfan
ala cultura occidental, sin que esto les significase mejoras apreciables
en su estatus, ni ocupaciones acordes con sus conocimientos, porque
los blancos, aunque tuviesen menos habilitaciones académicas, conti-
nuaban dirigiendo practicamente en exclusiva la administracion.
Otro factor que propicié también la conciencia de autogobierno
fue la crisis econdmica que afect6 a las metrépolis a partir de 1920-
1921, derivada de la incertidumbre de la politica europea, tras el
vergonzoso Tratado de Versalles, que provocé el hundimiento del
mercado continental. Las colonias empezaron a padecer sus efectos a
partir de 1926, a los que se aftadieron ms tarde los derivados del
Crack del 29. Esta segunda crisis se extendié hasta 1933 y las some-
tid a una nueva fiscalidad, para compensar la caida de los productos
agricolas de exportacién, al tiempo que para corregir el nuevo déficit
en la balanza de pagos se impusieron, por primera vez, aranceles a
los productos transformados procedentes de las metropolis. Por eso
Gran Bretafia, Francia y Holanda reforzaron el sector transformador
ultramarino que timidamente habia empezado a esbozarse durante
los afios de la Gran Guerra. Aunque eso no significé que las colonias
dejasen de ser mayoritariamente dependientes del sector agricola,
por lo que la primera posguerra mundial represent6, como ha sefia-
lado Jean L. Miege (1975), una pérdida en el nivel de vida de los
pueblos colonizados.
Esta segunda depresién (1929-1933) tuvo unos efectos mucho
més devastadores que la primera, ya que la caida de los precios agri-
colas hundié las economias indigenas, especialmente en la costa occi-
dental de Africa y el sureste asidtico, donde dependian de la agricul-
tura de plantacion. En estos paises, y en general en todo el mundo
25ERCER MUNDO
LA DESCOLONIZACION ¥ EL SURGIMIENTO DEL T
colonizado, las élites indigenas entraron i aie CON su propig
pueblo, que se mostro dispuesto 4 escucharlas y a seguirlas, como
acertadamente ha sefialado Hobsbawn: «la ee politica se
inicio a cargo de lideres sindicales que luego serian dirigentes paryj.
del Caribe dominada por Gran Bretafia;
distas como en la zona a
movimiento revolucionario con una fuerte base entre los trabajadores
que emigraban a Francia 0 que regresaban de ella, como en Argelia;
un movimiento de resistencia nacional de base comunista con fuertes
vinculos agrarios, como en Vietnam. Cuando menos, como también
ocurrié en Malaysia, los afios de la depresion rompleron los lazos
Africa al acabar la Gran Guerra
| Madeira ()
:
Abisinia
|. Fernando Poo (E) #
Gunes Espa ju
1 Santo Thome
1 Annab6a (2) *
Cabinda
Océano Atlantico
Angola (P)
1 Santa Elena (68)
MM Belgica (B)
Ml Espana (E)
WM Francia (F)
B® Gran Bretaia (GB)
BD Italia (1)
[I Portugal (P)
26DE LA pa
LA PACIFICACION 4 LA DESCOLONIZACION
existentes entre las autoridades Coloniales y las masas
jando un espacio vaclo pata una nueva politica»
Los colonizados se dieron cuenta de que lac
ral, en funci6n de la cual estaban Sometidos, no les habia aportado
progreso en términos absolutos, habjan Sido despojados de su tierra,
pagaban impuestos (en especies, en dinero 0 en Prestaciones perso-
nales), que debian hacer efectivos con un sufrimiento indescriptible y
aunque no pudiesen explicitar tedricamente sus anhelos, cuando los
dirigentes locales les reclamaron para la emancipacién estaban dis-
puestos para la lucha. En las metropolis también el anticolonialismo
iba ganando adeptos, a tenor de la influencia del marxismo, llegando
incluso a crearse, en 1927 en Bruselas, la Liga contra el Imperialis-
mo, en la que participaron junto a algunos socialistas y comunistas
europeos formaciones obreras Y organizaciones nacionalistas de las
colonias, cuyo objetivo era alcanzar la independencia. Pero estas
ideas seguian siendo atin muy minoritarias entre la opinion pitiblica.
Solo algun sector de la clase politica britanica empezaba a dudar de
su capacidad para asegurar su imperio. La independencia irlandesa
(1921), la constitucién formal de la Commonwealth (1931), la con-
cesion, ya sefialada, de las primeras independencias islmicas y el au-
togobierno de la India en 1937, hacian entrever que la descoloniza-
cién seria el camino del futuro.
campesinas de-
(1995, P. 217-218),
ivilizacion occiden-
2.4
Desconcierto metropolitano
y compas de espera en el Ultramar (1939-1945)
La desigual implantacién de las minorfas nacionalistas, a pesar de
que disponfan de bases tedricas sélidas y de instrumentos politicos y
Sindicales, no hacia peligrar atin el sistema colonial. La superioridad
occidental no habia sido seriamente cuestionada y los colonos tenfan
garantizado el sometimiento de la mayoria de la poblacion indigena.
Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial demostraria lo ende-
ble que era el sistema. El conflicto propicié el clima necesario para
acabar con la dominacion. En la India, el Partido del Congreso se
nego a ayudar a los colonizadores si no se les concedia la ingens
dencia. La derrota fulminante de las potencias occidentales aa sia
ante Japon quebr6 para sempre su prestigio y muchos nacionalistas
Colaboraron con los japoneses hasta 1943.
En los renritorieg aeacie dominados por Jap6n, en los ual
comunismo habia echado sdlidas raices, se organizo un movimleESCOLONIZACION Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
guerrillero formalmente nacionalista, pero en realidad dirigidg Dot
el Komintern, que se enfrento decididamente a los Ocupantes, 5.
guiendo las consignas de Stalin. Ademés, la victoria soviética hati,
dado a la uRSS un inmenso prestigio entre las poblaciones doming.
ilippe Richer, 1981).
sie epee los colonizados se enteraron de la debilidad de sus
metrépolis por la r4pida invasion alemana de la Europa Occidental,
La presencia y la propaganda de los alemanes en el norte del conti-
nente, con sus promesas de independencia, atrajo muchas Volunta-
des. A la vez que la divisién en las colonias francesas, entre partida.
rios de Vichy y de la Francia Libre, provocé un gran desconcierto,
similar a lo que paso en el Congo belga con la ocupaci6n de sy me.
trépoli por la Wehrmacht. Sélo el Africa inglesa resistio sin grandes
sobresaltos, aunque con el prestigio también maltrecho, pues duran.
te varios afios sus poblaciones no sabjan si los britanicos replegados
en su isla resistirian los embates de la Alemania nazi. En ese contex-
to todas las potencias coloniales se vieron obligadas a realizar, con
mayor o menor vehemencia, a tenor de la oposici6n a la presencia
europea, vagas promesas de autogobierno que una vez acabada la
guerra se apresuraron a olvidar. Aunque, sin duda, las poblaciones
afro-asiaticas tras la derrota del Eje tuvieron claro que se abria una
Oceania en la época de entreguerras
Formons I Escados Unidos (E.UU]
? Hl Francia (F)
G Gran Bretafia (GB)
Holanda (H)
{5 Marshall () D Japon ()
BB Poreugal (P)
Piettotucis 1s. Gilbert (68)
A F K. zi
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%y
is, Marquess)
* + Sociedad (9, "4g, tuamoni (A,
Nuevas Hébrid’s(F) a me
2's Figit jambier ()”
(ca) 1s. Gambier
Nya, Caledonia ()
Océano Pacifico
Océano Indico
28DE LA PACIFICACION A LA DESCOLONIZACION
nueva etapa en el orden mundial, pues los maximos vencedores de la
guerra, EE.UU. y URSS, aunque por motivos diferentes, apoyaban el
proceso descolonizador,
2.5
Las independencias dependientes (1946-1996)
Japon ¢ Italia perdieron su imperio,
Alemania y Turquia en la Primera Guerra Mundial, pero los pajses
occidentales que quisi¢ron mantenerlo (Francia, Holanda, Gran Bre-
tafia, Bélgica, Rusia, Espaiia y Portugal) se dieron cuenta en seguida
que nada podria ser como antes. Las guerrillas nacionalistas pro-co-
munistas en Vietnam, Camboya, Laos, Malaysia, Indonesia, China,
Filipinas,..., que se habian opuesto a los japoneses en la mayoria de
los casos, o habfan cooperado con ellos en otros, estaban decididos a
proclamar la independencia y a establecer regimenes marxistas-leni-
nistas. En la India la situacién era extremadamente tensa, porque la
metropoli, mediante la represi6n y el fraccionamiento religioso de
la poblacién, habia conseguido involucrar la colonia en el esfuerzo
de guerra, a pesar de la oposicién nacionalista. También muy com-
plicada se presentaba la situacién en el norte de Africa, solo la zona
subsahariana parecia de momento bajo control imperial. Pero, tam-
bién, en el continente negro la evolucién y organizacién de las élites
indigenas hacia la emancipacién se producia a pasos agigantados.
En el refuerzo de la consciencia anticolonial de Africa tuvo espe-
cial importancia la celebracién de V Congreso Panafricano de Man-
chester (1945), organizado por el sociélogo norteamericano Du Bois,
impulsor también de los anteriores (Paris 919, Londres-Bruselas-
Paris 1921, Londres-Lisboa 1932, Nueva York 1927). La impor-
tancia del Congreso de Manchester residio en: la gran presencia de
dirigentes negros, especialmente de las colonias britanicas como
J. Kenyatta y K. Nkrumah- y en las resoluciones en favor de la inde-
pendencia del continente y del socialismo.
También influyeron poderosamente en el continente negro la in-
dependencia de la India y las ideas de Ghandi, mucho més de lo que
las metrépolis fueron capaces de atisbar (Y. Benot, 1981).
En el Proximo Oriente, las independencias de los mandatos fran-
ceses en 1945 y de la Jordania britanica en 1946 sefialaron un cami-
no, que al afio siguiente recorrerian Pakistan, India y Ceilan. A par-
tr de entonces la ruptura entre la uRSs y sus aliados occidentales iba
a complicar y enyenenar el proceso descolonizador al enmarcarlo en
como antes lo habian perdido
29LA DESCOLONIZACION Y EL SURGIMIENT
SS eL_ lt
© DEL TERCER MUNDO
la coyuntura de la Guerra Fria. En principio la superpotencig que
mas simpatias desperté en el Tercer Mundo fue la URSS Porque, q
parte del prestigio de haber derrotado al sent tenia el atractivg
de disponer de un modelo politico y economico alternativo al capita.
lismo, el cual parecia permitir el paso del pre-capitalismo a una 504
ciedad plenamente industrializada. ’
La disputa entre las superpotencias s€ iba a revelar en toda sy
crudeza en Vietnam, Laos, Camboya, China, Malaysia-Singapur, a
intransigencia francesa en Argelia y el racismo en Sudafrica y Zim.
babwe, la tozudez de Portugal en Guinea-Bissau, Angola y Mozam-
bique serfan los episodios mas significativos de procesos descoloni-
zadores que se mezclaron con revoluciones socialistas, triunfantes 0
frustradas, ejemplificantes de ese mundo de bloques que cuajé en la
segunda posguerra mundial (Boutros-Ghali, 1969).
ipadora los paises colonizados contaron con
En su lucha emanci i
la solidaridad de organismos internacionales como la ONu y la Liga
Arabe, creadas en 1945, y el Movimiento de los No Alineados, im-
pulsado por la India y por la Liga Arabe y al que la China Popular y
la Yugoslavia de Tito acabaron dando virtualidad y eficacia. Su obje-
tivo principal era buscar una politica equidistante de los bloques y
conseguir la redencion del Tercer Mundo. Ese proyecto, iniciado en
la Conferencia de Bandung (1955), cristaliz6 tras la crisis de Suez
(1956), cuando el Tercer Mundo pareci6 creer que era posible doble-
gar a los grandes (L. Moita, 1983). También con esa idea libertadora
fue creada la Organizacion para la Unidad Africana (OA) en 1963.
Desde entonces se ha evidenciado que la libertad politica es insuf-
ciente si no va acompafiada de la igualdad econdmica, por lo que de
momento no es posible la utopia.
30
LA DESCOLO:
Las poten
tl imperio britanico
3.1.1
La expansion territorial
Desde el siglo xvi Gran Breta:
abarcaba los cinco continentes
13 colonias americanas (1776)
peninsula indostanica, donde |
rias a partir de 1612, aunque s
de vencer en la Guerra de los Si
Ultimo término, tras doblegar |
partir de entonces su objetivo |!
cia la India. Con ese fin ocupar
largo del Atlantico como del fi
de Suez dominaron también la:
El control del Mediterraneo se
Malta (1802) y Chipre (1878)
censién y Santa Helena (1650,
britanica desde el Congreso de
hizo definitiva tras la guerra a
Unién Sudafricana integrada c
En el {ndico ocuparon, en dife
divas (1796), Mauricio y Seyc!
lan (x796-1815). El control ¢
permitié el acceso al mar de Cl
De la época de la coloniza
posteriores disponian también
Canada, unificado después de
Siete Afios, se convirtié en De
administraban diversas islas an
tre las mds importantes a las
Bahamas (1646), Jamaica (165
(1833). Ocuparon también e1
(1638) y en América del Sur la
El dominio maritimo les p
ca, ampliar sus conquistas. AsLA DESCOLONIZACION Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
3
Las potencias coloniales europeas
a
| imperio britanico
a4
a expansion territorial
esde el siglo xvi Gran Bretafia disponia de un vasto imperio que
labarcaba los cinco continentes. Después de la independencia de las
13 colonias americanas (1776) el epicentro imperial basculd hacia la
peninsula indostanica, donde los ingleses habian establecido facto-
rias a partir de 1612, aunque solo se aseguraron su control después
de vencer en la Guerra de los Siete Afios a Francia (1755-1763) y, en
Ultimo término, tras doblegar la revuelta de los ‘cipayos’ (1857). A
partir de entonces su objetivo fue controlar el camino maritimo ha-
cia la India. Con ese fin ocuparon islas y enclaves costeros tanto a lo
largo del Atlantico como del {ndico. Tras la construccién del Canal
de Suez dominaron también las rutas mediterrdneas y del mar Rojo.
El control del Mediterraneo se ejercia a través de Gibraltar (1704),
Malta (1802) y Chipre (1878). En el Atlantico poseian las islas As-
censién y Santa Helena (1650) y la colonia de El Cabo, legalmente
britanica desde el Congreso de Viena (1815). La anexi6n inglesa se
hizo definitiva tras la guerra anglo-boer (1899-1902), quedando la
Union Sudafricana integrada como Dominio en el imperio en 1900.
En el {ndico ocuparon, en diferentes épocas, islas estratégicas: Mal-
divas (1796), Mauricio y Seychelles (1810), Socotora (1876) y Cei-
lan (1796-1815). El control de Singapur y Hong Kong (1842) les
permitio el acceso al mar de China. :
De la época de la colonizacién norteamericana y atin de épocas
posteriores disponian también de territorios en América. En el norte,
Canad, unificado después de que Francia perdiese la Guerra de los
Siete Afios, se convirtié en Dominio en 1783. En América Central
administraban diversas islas antillanas: ‘West Indies’ que incluian en-
tre las ms importantes a las Barbados (1605), Bermudas (1612),
Bahamas (1646), Jamaica (1655); y en América del Sur, las Malvinas
(1833). Ocuparon también en tierra firme la Honduras Britanica
(1638) y en América del Sur la Guayana Britanica (1805). : iD
El dominio maritimo les permitid, a partir de la base indostani-
ca, ampliar sus conquistas. Asi ocuparon Birmania (1856), que ane-
31LA DESCOLONIZACION Y EL SURGIMIENTO DEL TERCER MUNDO
; ‘ i insula de Mal E a
xionaron al Imperio de la India, la peninsu! d aca (1876. entes en el seno a
1895), Sarawak (1898), Brunei (r88x) y establecieron diversog 57) depend
¢ Bae Pro. | rimeros pasos en ese
tectorados en las costas del sur de la Peninsula Arabiga y de| golf | eke ta Colonia eB
Pérsico. En 1839 impusieron un regimen de protectorado en Aden. | \an
: erkiieslicte Australia (1890) que dis
ampliandolo en afios posteriores a otros territorios limitrofe
0: : S coma \ self government’.
Baharein (1861). También controlaron diversos puertos de los actua. | En el acceso de los
les Emiratos Arabes Unidos y Oman (1853), los lamados Estados de \ cjsivamente la creacior
la Tregua que se convirtieron en un protectorado (1892), igual que | inet eres G
Kuwait (1899). \ 4tanico, por los pr
La adios por Oceania se realiz6 a partir de las exploracio. \ eres is \a India
nes realizadas en el Pacifico Sur, a partir de 1776. Iniciandose la co. firmaron separadan
lonizacién de Australia (1787) y desde allt ocuparon diversos archi. | enla Sociedad de
piélagos e islas como Nueva Zelanda (1840), Kiribali (1892), | tos sobre terceros
Salomén (1893), Fidji (1874),... Sudafricana. Esta
Ejercian también su soberania en algunos enclaves costeros del | tatuto de Westm
continente negro desde antes del Congreso de Berlin, pero fue a par- \ en la Common
tir de éste cuando se desarrollé su imperio. Estaba conformado en el | sin menoscabo
Africa Occidental por Gambia (1783), Sierra Leona (1787), Costa convertia en ur
de Oro (1874-1901) y Nigeria (1884-1900); en Africa Central por | zarian tras \a $
Bechuanalandia (1884-1888), Rhodesia del Sur (1890), Rhodesia del Dominios est
Norte y Nyasalandia (1891); en Africa Oriental por Zanzibar
nes mas mod
(1890), Kenya (1892-1895), Uganda (1893). En Africa del Noroeste tieron el acc!
por Somayland y territorios vecinos (1884) y por el condominio, — catan asam
junto con Egipto, de Sudan (1898). Primera G
Tras la Primera Guerra Mundial la Sociedad de Naciones confi
a Gran Bretafia los mandatos de las antiguas colonias alemanas en
Africa: Tanganica, Togoland y el Camerdn britanicos en Oriente Pro-
ximo los territorios ex-otomanos de Palestina, Transjordania e Iraq,
y en Oceania el de Nueva Guinea.
Control bri
3.1.2
La evolucién administrativa
Gran Bretafia ejercié en sus territorios una soberania descentralizate
Y flexible tanto por la vastedad de su imperio como por la hetetobt
neidad de sus posesiones. En la administracion colonial existio a
voluntad de evolucién progresiva, que permitié pasar de la ae
dad briténica a parcelas de autogobierno local. Esta autonom'? 01
inicié en las colonias de poblacidn que eran conocidas desde ae
como Dominios y que, dotados de las mismas instituciones 1" a
que la metrépoli, acabaron convirtiéndose en Estados goberanes
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