RELATO ASHANINKA: EL SOL Y LA LUNA
Vamos a contar cómo, antiguamente, el Sol y su esposa, la Luna, fueron
personas iguales a nosotros. Dicen que, en esos tiempos, el Sol fue un gran rey
y la gente le tenía mucho respeto. Cuando lo veían salir, se arrodillaban ante él
y le saludaban dándole la mano y diciéndole: “¡Buenos días, rey!”
Las mujeres también respetaban y
adoraban mucho a la Luna, y siempre
le pedían que les enseñara a hacer los
trabajos de la casa. Así, la Luna enseñó
a las mujeres ashaninkas a sembrar las
plantas, cuidar a los niños, hilar el
algodón, utilizar el telar y hacer tejidos,
como la cushma (kitsarentzi), el morral
(tsarato), el cargador de bebé
(chebatakitentzi) y las coronas
(chobinarontsi). Después les dijo cómo
debían fabricar las ollas de barro,
cocinar y preparar el masato de la yuca
y la chicha de maíz, entre otras cosas.
Como el Sol quería mucho a la Luna,
no la dejaba trabajar, sino tan solo que
enseñara a las mujeres a ser buenas esposas.
Cierto día, la Luna fue con sus criadas al monte a cosechar yuca, sin que el Sol lo
supiera. Cuando el Sol regresó a su casa, la Luna ya se había ido. Entonces, muy
molesto, se preguntó: “¿Qué ha pasado con mi esposa? “¿Por qué me ha
desobedecido?”. La Luna había salido a traer yuca, porque estaba enamorada de
un ser invisible llamado Maninkarite, y quería prepararle masato para
emborracharse con él. El Sol, enterado del engaño, estaba enfurecido, pero
disimulaba porque no quería que otros lo supieran. La Luna, sin tener vergüenza,
fue a emborracharse con el Maninkarite, sin importarle que sus criados la vieran.
Pero el Sol quería recuperar a su esposa, y salió a luchar cuerpo a cuerpo con el
Maninkarite. Este Maninkarite era también un hombre muy poderoso y convirtió
al Sol en un astro del cielo. El Sol, entonces, para llevarse junto con él a la Luna,
la convirtió en un satélite, y luego hizo que el Maninkarite se convirtiera en una
piedra, dejándolo así en la tierra. Así fue como el Sol y la Luna se convirtieron en
astros, y ahora podemos verlos arriba, en el cielo.
Cuando el Sol está molesto, calienta mucho la tierra; pero si está triste, todo se
nubla y si llora por su esposa, nos caen sus lágrimas como lluvia.
Versión adaptada de un relato publicado por Enrique Casanto (narrador) y María
Belén Soria (recopiladora). Kenkitsarentsipaye Potsotaantsi Ashi Pero. Cuentos
Pintados del Perú. Lima: Comité de Damas del Congreso de la República: Fondo
Editorial del Congreso del Perú, 2006, pp. 7-16.