Proceso de Integración Europea
Proceso de Integración Europea
ISBN 978-607-9050-01-6
Primera Edición octubre 2010
Universidad Anáhuac del Sur, S.C
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1. Introducción: El contexto de la integración europea.
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indemnizaciones1, se prestó ayuda para que los alemanes se levantaran. En lugar de
estancamiento y desintegración en Europa Occidental, hubo resurgimiento económico y
un deseo de unificación política.
1.2. La posguerra
1
La mala administración monetaria internacional comenzó con el Tratado de Paz de Versalles en 1918. En
particular Inglaterra y Francia forzaron demandas de indemnizaciones calculadas en tres o cuatro veces lo
que Alemania podía pagar. Los déficits resultantes en las finanzas públicas y la balanza de pagos de
Alemania provocaron la gran inflación de Weimar. Auque después de esta catástrofe se renegociaron las
indemnizaciones, el monto siguió siendo tan elevado que Alemania pagó a los aliados, durante 1928-1929,
más del 3 por ciento de su PNB. Véase: Pinder, John. “Europa en la Economía Mundial 1920-1970”. En:
Cipolla, Carlo M. Historia Económica de Europa: economías contemporáneas, Editorial Ariel, Madrid,
España, 1980.
2
Ibid., p. 355.
3
Ibid., p. 356.
-3-
Europa en general se convirtió en un participante activo de la economía mundial. Ya no
prosperaba el antiguo modelo según el cual Inglaterra, Francia y Alemania dominaban las
relaciones entre Europa y el mundo.
En la economía se adoptaron los métodos keynesianos de administración de la demanda
total, primero en Inglaterra, luego en Estados Unidos, la República Federal de Alemania,
Francia y muchos otros países, con el propósito de evitar un retorno a los niveles de
desempleo anteriores a la guerra. Los ingleses instauraron, con el Plan Beveridge, un
sistema nacional general de seguridad social, que también cumplía la función económica
de estabilizador contra una posible depresión. Los franceses incorporaron una serie de
Planes Nacionales, el primero de los cuales rompió el secular círculo vicioso francés de
bajas inversiones y bajo crecimiento, asegurándose altas inversiones en las industrias
básicas, las que, en mayor parte, eran propiedad del Estado. De manera semejante, los
alemanes utilizaron la financiación y la iniciativa estatal para resurgir de entre las ruinas
de su economía de tiempos de guerra.
Gracias a todas las medidas señaladas en el párrafo anterior, el pleno empleo y el
crecimiento económico se convirtieron en la norma de los países capitalistas, en lugar del
desempleo y el estancamiento que predominaron con anterioridad a la guerra.
La decisión de no repetir los errores del período de entreguerras, que provocó que los
americanos eligieran la cooperación en lugar del aislamiento, seguía siendo fuerte en el
continente europeo. Los rusos utilizaron la tradicional lógica de poder: obtener el control
sobre Europa Oriental y asegurarse de que Alemania no reviviera como una nación
unificada. Los europeos occidentales continentales escogieron un camino diferente. Allí
prendió en la imaginación la idea de una unión política en la que se sumergirían las
antiguas animosidades nacionales. Junto con ello alentaba el deseo de lograr, a través de
la colaboración económica, una prosperidad que el vasto mercado de los americanos les
había permitido alcanzar, y rectificar parte de la inferioridad política y estratégica de
Europa Occidental en sus relaciones con las superpotencias americanas y rusa.
Aquí la reactivación del proyecto europeo parece que pasaba por la redefinición de sus
líneas estratégicas para adecuarlas a las necesidades propias del nuevo momento histórico
y de circunstancias económicas. Se emprendía una acción integradora hacia dentro y
liberadora hacia fuera, que constituirá a la postre, el primer paso de un largo proceso en
-4-
Europa, que implica el desarrollo de estrategias que suponen la disminución de la
capacidad de actuación discrecional de los gobiernos nacionales en materia económica.
Los años posteriores se caracterizaron entonces por el afianzamiento del mercado
único, el éxito expresado por las sucesivas articulaciones de la Comunidad y la larga lista
de países candidatos a formar parte de la misma 4
2. El marco teórico.
En su obra Europa: esa Utopía, Sédillot cita a Keyserling quien habría comentado que la
unificación “no se logrará más que bajo el reinado de la idea imperial y gracias al
advenimiento de un emperador más grande de los que aparecieron durante toda la era
cristiana” En este sentido, ¿dónde está el unificador o el emperador? El unificador puede
venir del exterior. Puede llamarse América. El general Marshall hizo sin duda más por la
unidad europea que ningún europeo. Y, después de él, la presión americana para lograr un
Occidente unido no ha cejado. Una buena parte de Europa parece dar su consenso 5 a la
unificación e integración europea.
La unificación europea se ha desarrollado en el último medio siglo a partir de la
convergencia de planteamientos alternativos e intereses en conflicto de los estados-nación
y los actores económicos y sociales. La propia idea de Europa, basada en una identidad
común, es muy cuestionable. Castells (1999) cita al historiador Joseph Fontana, que
plantea que ha documentado “como la identidad europea, a lo largo de la historia,
4
Millán Pereira, Juan Luis. “Reestructuración Económica, Comercio Internacional y Unión Monetaria
Europea”. En: Salinas de Frías, Ana. Nuevos Retos del Derecho: integración y desigualdades desde una
perspectiva comparada Estados Unidos/Unión Europea, Editorial Universidad de Málaga, Málaga, España,
2000 p. 20.
5
Se afirmaba que no toda Europa está madura para este tipo de cooperación. Por otra parte, no se concibe
que América emplee la coacción para unificar Europa. No aporta a esta tarea más que sus dólares, su
fuerza de persuasión, su amistad. No tiene oportunidad para hacer prevalecer sus concepciones
simplificadoras más que en la medida en que crezca la amenaza procedente del Este. Tenemos, pues, el
peligro, que, eventualmente, viene a colmar la ausencia de un federador. Gracias este peligro, a fin de
cuentas, el siglo XX es más propicio, o menos desfavorable, a las iniciativas en pro de la paz y de la Europa
unida. Si se les presta mayor atención a Jean Monnet o a George Marshall que la que se prestó a Pierre
Dubois, Sully o al abad de Saint-Pierre, se debe a Moscú. Véase: Sédillot, René. Europa, esa Utopía,
Ediciones Guadarrama, Madrid, España, 1971, p. 326.
-5-
siempre se construyó contra <los otros>, los bárbaros de diferentes clases y diversos
orígenes”6. El proceso actual de unificación no es distinto en este sentido, ya que se
articuló en una sucesión de proyectos políticos defensivos en torno a algunos intereses
comunes de los Estados-nación participantes. No obstante, al acabar el siglo, Europa es
algo más y más complejo. Es el resultado de la dinámica interna del proceso de
unificación, construido sobre estos proyectos defensivos y, en los últimos tiempos,
transformado, reforzado y cuestionado por las dos macrotendencias que caracterizan a la
era de información: la globalización de la economía, la tecnología y la comunicación; y la
afirmación paralela de la identidad como fuente de sentido7.
Debido al fracaso del Estado-nación clásico para articular una respuesta a estos retos
simétricos y opuestos, las instituciones europeas están tratando, sólo tratando, de hacer
frente a ambas tendencias mediante nuevas formas y nuevos proceso, en el intento de
construir un nuevo sistema institucional8.
El rápido aumento de la integración económica en el continente puso en primer plano
del debate europeo diferentes planteamientos sobre el proceso de integración. Los
tecnócratas autores del proyecto de una Europa unificada, y sobre todo Jean Monnet,
soñaban con un Estado Federal. Ninguno de los Estados-nación creía en él o lo quería
realmente. Sin embargo, la inercia de las instituciones europeas condujo a la acumulación
de una influencia considerable en las manos de la burocracia europea.
En el Congreso de Montreux de 1947, se planteaba que la moción política general
partía del presupuesto de la imposibilidad en ese momento de los gobiernos nacionales
(Estados-nación) de garantizar la libertad, el bienestar y la paz a sus pueblos en un
contexto de mutua dependencia. Dado que los Estados nacionales ya no eran capaces de
resolver sus problemas, debían transferir parte de su soberanía a una corporación
federativa9. A este congreso le siguió el Congreso de la Haya, que planteaba una
6
Castells, Manuel. La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura, Editorial Siglo XXI, México,
1999, Tomo III.
7
Ibid., p. 344.
8
Ibid., p. 345.
9
La idea federalista constituye un principio dinámico que transforma todas las actividades humanas. No
aporta tan sólo un nuevo marco político, sino también nuevas estructuras sociales, económicas y culturales.
Solución de síntesis, consta de dos elementos indisolublemente conjuntos: la solidaridad orgánica y la
libertad, o en otros términos el desarrollo de la persona humana a través de sus comunidades de vida
cotidiana. La verdadera democracia debe ser una articulación de solidaridades que se eleve desde la base
hasta la cumbre, y armoniosamente organizadas a todos los niveles: pero el federalismo hace de la libertad
-6-
convocatoria para elaborar una Constitución para la federación, que sería una solución
cultural que partía de una unidad profunda de la integración Europea. Aquí se acercaron
el pensamiento federalista y el poder político; los federalistas aumentaron su presencia
social e influencia política, y los gobernantes se abrieron al federalismo europeo 10.
Dice Mariscal, que los federalistas de la Unión Parlamentaria Europea planteaban a los
gobiernos y parlamentos la creación de los Estados Unidos de Europa, presentando un
programa, para cuya realización pedían la convocatoria de una Asamblea constituyente
elegida por medio de los parlamentos nacionales y encargada de la elaboración de una
Constitución11.
Finalmente el Plan Schuman, derivado de las ideas de Monnet, sería el detonante desde
donde comenzaría la primavera de optimismo y una renovada esperanza para la unidad
Europea con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Se
constituye entonces una Comunidad Europea de carácter supranacional e indisoluble, que
claramente lleva la marca del federalismo, pero que habría posibilitado un paso decisivo
hacia una progresiva realización de una Unión Federal, aunque dice Nicolás Mariscal que
otros se mostraron más críticos como Brugmans: “el proyecto se presentaba como muy
poco federativo, aunque su entrada en vigor hubiera constituido un considerable paso
hacia delante”12. A Brugmans le preocupaban cuatro cuestiones fundamentales: eficacia,
el principio mismo de esta organización. Federar a Europa, no es poner en orden, según un plan
geométrico, a partir de un centro o de un eje; es sencillamente confrontar, coyuntar y coordinar –en el
espíritu y por métodos que acaban de ser esbozados- las realidades concretas y heterogéneas que son las
naciones, los regímenes económicos, las tradiciones políticas de Europa. Y es, organizarlos según sus
caracteres peculiares, a los que se trata a la vez de proteger y transferir. Véase: Mariscal, Nicolás. Teorías
Políticas de la Integración Europea, Editorial Tecnos, Madrid, España, 2003, p. 52.
10
Ibid., pp. 52-56.
11
Ibid., p. 60.
12
Brugmans en su obra La pensée politique du fédéralisme, 1969, plantea ante el centralismo unificador, un
federalismo que defienda el derecho de las diversidades. Pero ante los separatismos, busca mantener o
introducir la solidaridad. De esta forma, frente a la ruptura violenta es el guardián de las continuidades.
Pero frente al estancamiento burocrático, apela a la libre iniciativa que viene de abajo. Así pues, el
federalismo se esfuerza en suscitar el compromiso como instrumento habitual de gobierno, pero al mismo
tiempo, el federalismo quiere crear formas institucionales originales, capaces de adaptarse a la evolución
del mundo moderno, pues quiere igualmente cambiar las estructuras. Este carácter dinámico del
federalismo es particularmente sensible en la construcción de la Europa unida, terreno de elección para los
métodos federalistas. Véase: Mariscal, Op cit., pp. 65 y 77.
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solidaridad, responsabilidad cívica y diversidad, que constituían la filosofía y los ideales
federalistas. Decía que “el porvenir de Europa está en el federalismo, pero también éste
se juega su futuro en Europa. Europa es el banco de pruebas decisivo del federalismo. Por
el contrario, la identificación pura y simple de la patria, la nación y el Estado es
intelectualmente falsa y políticamente nefasta”13. Señala Mariscal que sobre ese
presupuesto y la estructura político-administrativa correspondiente no puede encontrarse
solución a cuatro importantes problemas europeos: minorías étnicas y lingüísticas,
democracia económica, desarrollo regional y organización de partidos políticos. Por ello
decía que era básico la reorganización del territorio a la escala europea para un buen
federalismo capaz de llevar una planificación flexible.
Por lo tanto, Europa emerge como un proyecto teórico-político de integración regional
más ambicioso con un enfoque hacia la economía mundial, habiendo alcanzado una
consolidación plena tras un largo periplo histórico. Hoy en día la magnitud del fenómeno
se expande más allá de las lindes del viejo continente. Además, las grandes
transformaciones registradas en Europa han constituido un estímulo intelectual para que
se produzcan avances teóricos de primer orden en aquellas áreas del análisis económico
destinadas a lidiar con el ambiguo tema de la integración.
13
Ibid., p. 80.
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(Deutsch). También se ha transitado del realismo intergubernamentalista (Hoffman,
Moravscik) a las diversas formas de flexibilidad del sistema (consecuencia directa de las
continuas ampliaciones, tales como las propuestas de ‘Europa a la carta’, ‘varias
velocidades’, ‘integración diferenciada’, ‘integración graduada’, ‘círculos’ ‘geometría
variable’ y ‘el núcleo de Europa’). A todo esto se agrega hoy la teoría de la gobernanza
(Scharpf) y el neoinstitucionalismo (Bulmer, Armstrong, y otros), seguidos de la teoría de
la fusión (Wessels), que miran de cerca los importantes cambios registrados en el proceso
de integración europeo.
Así pues, desde la premisa: “el todo es más que la suma de las partes”, los países
miembros han tenido incentivos para participar en esta empresa común de la construcción
europea. Los argumentos que exigen una aceleración de la integración europea resultan
incluso más plausibles actualmente que en los años cincuenta. Aquellos pioneros que
pusieron los cimientos del edificio continental, encabezados por Jean Monnet, deben ser
recordados como auténticos visionarios, unos hombres con capacidad de anticipar los
tiempos venideros. Desde la perspectiva europea, la integración continental se convierte
en un requisito necesario para amortiguar un desplazamiento gradual de los centros de
gravedad de la economía mundial14
Podemos decir entonces que la integración europea es, al mismo tiempo, una reacción
al proceso de globalización y su expresión más avanzada. También es la prueba de que la
economía global no es un sistema indiferenciado, compuesto por empresas y flujos de
capital, sino una estructura regionalizada en la que las antiguas instituciones nacionales y
las nuevas entidades supranacionales siguen desempeñando un importante papel en la
organización de la competencia económica, así como en la utilización o el despilfarro de
sus beneficios. El torbellino de la globalización está desencadenando reacciones
defensivas en todo el mundo, organizadas a menudo en torno a los principios de la
identidad nacional y territorial. En Europa, ésta amenaza percibida como tal se
materializa en los poderes en expansión de la Unión Europea 15
14
Plaza Cerezo, Sergio. Los Bloques Comerciales en la Economía Mundial, Editorial Síntesis, Madrid,
España, 1997, p. 72.
-9-
3. Antecedentes del proceso de integración.
En cuanto a los antecedentes del sistema de integración europeo, podemos decir que
Europa fue el centro económico del mundo durante muchos siglos gracias a la iniciativa
de sus pobladores y a las favorables condiciones geográficas, que permitieron un
intensivo aprovechamiento de la tierra, facilitaron las comunicaciones y aportaron las
materias primas necesarias para la primera revolución industrial.
Durante todo el siglo XIX se expandió la revolución industrial desde el Reino Unido al
continente. Las industrias textiles y siderúrgicas se extendieron por todo el occidente
europeo y una red de ferrocarriles unió a las principales ciudades del continente. De cierta
forma durante la segunda mitad del siglo XIX, y tras la pérdida de la mayoría de sus
colonias americanas, Europa buscó apoderarse de nuevos territorios. Las potencias
europeas se repartieron África y se introdujeron en China y otras partes de Asia; sin
embargo, los conflictos en el continente no habían terminado.
A finales de siglo, la región de los Balcanes, ocupada por el imperio turco otomano, vio
aparecer importantes movimientos nacionalistas. Los estados europeos con fuertes
intereses en la zona, sobre todo el Imperio Austro-húngaro y Rusia, aspiraban al control
de la región y la inestabilidad de los Balcanes fue el desencadenante de la Primera Guerra
Mundial (1914-1918), todo esto tras el asesinato del príncipe austro-húngaro Francisco
Fernando en Sarajevo. La gran guerra europea, que acabó con la derrota de los imperios
centrales (Austria-Hungría, Alemania y el Impero Otomano) y que costó diez millones de
muertos16, supuso el principio del fin de la hegemonía europea en el mundo. Se
desintegraron los imperios Austro-húngaro y Otomano, apareciendo nuevos países, como
Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, y reapareciendo Polonia. Asimismo, en 1917
Rusia pasó por una serie de movimientos revolucionarios que la llevaron de la autocracia
zarista al régimen socialista.
15
Ibid., pp. 351-359.
16
Enciclopedia Hispánica, Encyclopedia Britannica Publishers, Inc. Edición en EE.UU., 1990-1991 Vol. 6.
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Para muchos, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) significó el comienzo del fin de
la civilización europea. Otros, los menos, comprendieron que la capacidad de reacción de
Europa dependía de su capacidad de superar los nacionalismos agresivos que habían
llevado al continente a la catástrofe y de adoptar el ideal de una Europa unida y pacifica
como proyecto común. Ya en 1923, el conde austriaco Coudenhove Kalergi fundó el
Movimiento Pan-Europa. En 1926 consiguió reunir en Viena a diversas figuras políticas
en el Primer Congreso Paneuropeo, donde se decía que Europa era una parte del mundo
que estaba en el caos y esta situación sólo sería resuelta mediante la unión 17. El
movimiento paneuropeo vivió su época dorada en la segunda mitad de los años 20, los
años de la concordia, los años del Tratado de Locano o Pacto Briand-Kellog.
En 1929, Aristide Briand, primer ministro francés, pronunció un célebre discurso ante
la Asamblea de la Sociedad de las Naciones en la que defendió la idea de “una federación
de naciones europeas”18 basada en la solidaridad y en busca de la prosperidad económica
y la cooperación política y social. El discurso19 tuvo una gran acogida en el gobierno
alemán y entre muchos economistas, especialmente británicos. Entre ellos se hallaba John
M. Keynes.
En medio de este ambiente, la Sociedad de las Naciones le encargó a Briand la
presentación de un memorando con un proyecto concreto. El político francés presentó un
“Memorando sobre la organización de un Sistema de Unión Federal Europea” en 1930.
Sin embargo, era demasiado tarde. El estallido de la depresión económica había
empezado a barrer las ideas de solidaridad y de cooperación del panorama internacional;
contribuyendo al desprestigio del liberalismo y a la radicalización de las posiciones
17
Discurso de Coudenhove-Kalergi: “Europa como concepto político no existe. Esta parte del mundo
engloba a pueblos y Estados que están instalados en el caos, en un barril de pólvora de conflictos
internacionales, y en un campo abonado de conflictos futuros. Esta es la Cuestión Europea: el odio mutuo
de los europeos que envenena la atmósfera (....) La cuestión Europea será resuelta sólo mediante la unión
de los pueblos Europeos. El mayor obstáculo a la realización de los Estados Unidos Europeos son los mil
años de rivalidad entre las dos naciones más populares de Pan-Europa: Alemania y Francia. Véase: página
web: www.historiasiglo20.org.
18
Fue hasta el 27 de agosto de 1947 que se celebra en Montreux, Suiza, el Congreso de la Unión de
Federalistas Europeos. En: Ibid., ‘la historia de la Unión Europea’.
19
“Pienso que entre los pueblos que están geográficamente agrupados como los pueblos de Europa, debe
existir una suerte de vínculo federal; estos pueblos deben en todo momento tener la posibilidad de entrar en
contacto, de discurrir sus intereses, de adoptar resoluciones comunes, de establecer entre ellos un lazo de
solidaridad, que les permita, en los momentos que se estimen oportunos, hacer frente a las circunstancias
graves, si es que estas surgen. Evidentemente, la asociación tendrá efecto sobre todo en el dominio
económico: esa es la cuestión que más presiona”. Discurso del 5 de septiembre de 1929, En: Idem.
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políticas, sobre todo en algunos países que se sentían marginados del reparto imperialista
del mundo.
Desde esta forma los pensadores que siguieron propugnando por la unidad europea,
tales como el político francés Edouard Herriolt, quién publicó en 1931 “Los Estados
Unidos de Europa”, quedaron en franca minoría. Por otro lado, en 1933, la Alemania
nacionalsocialista comenzó a rearmarse, en contra de lo establecido en el Tratado de
Versalles de 1919, conduciendo después la polarización ideológica en España a una
guerra civil (1936-1939).
El acceso de Adolfo Hitler a la cancillería alemana en 1933 supuso el fin definitivo de
la concordia europea y el renacimiento del monstruo del nacionalismo en su peor versión.
Europa, y con ella el mundo, se encaminaba a una nueva catástrofe. En septiembre de
1939, la entrada del ejército alemán en Polonia supuso el comienzo de la Segunda Guerra
Mundial. Los alemanes aliados con los italianos, se hicieron con el control político de la
mayor parte de Europa, aunque sin conseguir derrotar al Reino Unido ni a la Unión
Soviética. Por otro lado, Alemania e Italia se coligaron con Japón, en tanto que los
Estados Unidos se unieron al Reino Unido y la Unión Soviética en 1941. Esta última
alianza se alzó con la victoria en 1945.
Varias decenas de millones de muertos, centenares de ciudades destruidas y una gran
deuda financiera fueron el resultado de una guerra que acabó definitivamente con la
hegemonía europea. Como consecuencia del conflicto, Alemania y Europa quedaron
divididas en dos bloques, el occidental (capitalista y democrático) y el oriental (socialista
marxista).
Así pues, Europa tuvo que esperar a una segunda catástrofe, la Segunda Guerra
Mundial (1939-1945), para que se apreciase en toda su extensión el absurdo que había
llevado al continente la rivalidad nacionalista. La necesidad de algún tipo de “integración
europea” que marcara una nueva manera de reordenar el mapa político europeo se hizo
evidente. Tres aspectos mostraron la necesidad de esta nueva orientación hacia la
integración europea:
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En primer lugar, la conciencia de los europeos de su propia debilidad. La Segunda
Guerra Mundial había puesto fin definitivo a la tradicional hegemonía europea en el
mundo. Las dos nuevas superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética,
tenían un poder económico, político y militar muy superior al del heterogéneo
conjunto de estados europeos.
En segundo lugar, la convicción de que había que evitar por todos los medios la
vuelta a un enfrentamiento entre los estados europeos. Las dos guerras mundiales se
habían iniciado como “guerras civiles” europeas, y el continente europeo había sido
el principal campo de batalla en ambas. Se trataba, esencialmente, de buscar un
acomodo entre Francia y Alemania, que contara con el visto bueno de EE.UU. De
este modo la unidad era el camino para garantizar la paz.
En tercer lugar también, el deseo extendido entre muchos europeos de crear un
continente más libre, justo y próspero en el que las relaciones internacionales se
desarrollaran en un marco de concordia.
20
Churchill decía: “Quisiera hablar hoy del drama de Europa. Entre los vencedores sólo se oye una Babel
de voces. Entre los vencidos no encontramos sino silencio y desesperación. Existe un remedio que, si fuese
adoptado global y espontáneamente por la mayoría de los pueblos de los numerosos países, podría, como
por un milagro, transformar por completo la situación, y hacer de toda Europa, o de la mayor parte de ella,
tan libre y feliz como la Suiza de nuestros días –¿Cuál es este remedio soberano?- Consiste en reconstituir
la familia europea o, al menos, en tanto no podamos reconstituirla, dotarla de una estructura que le permita
vivir y crecer en paz, en seguridad y en libertad. Debemos crear una suerte de Estados Unidos de Europa.
Para realizar esta tarea urgente, Francia y Alemania deben reconciliarse. Discurso en la Universidad de
Zurcí, 19 de septiembre de 1946.
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Guerra Mundial. La adopción de una política de libre comercio se convirtió entonces en
una condición básica para que cualquier país recibiera la tan ansiada ayuda económica
norteamericana.
En esos momentos, además, se estaba iniciando la “guerra fría”. Estados Unidos,
aplicando la denominada “Doctrina Truman”, cuya finalidad era frenar la expansión del
comunismo y de la Unión Soviética, lanzaron el denominado “Plan Marshall” de ayuda
económica a los países europeos. Se trataba de fomentar el desarrollo económico de la
destrozada Europa con el objetivo político de impedir la extensión del comunismo. Se
considera que estos hechos son importantes y que marcan uno de los objetivos
contundentes para emprender la reorganización e integración de la Europa devastada y
además, una acción política que llevaría a los EE.UU. y URSS a mantener una relación
de rivalidad. Cuando “la cortina de hierro” se estableció y se admitió de una manera
general que “la guerra fría” había comenzado, la primera iniciativa concreta que apuntaba
a reconstruir Europa se realizó en una forma expresamente concebida para que quedase
abierta a la participación de los países de Europa Oriental. Sin embargo, la Unión
Soviética puso el veto a esta participación, el esfuerzo entonces tuvo que limitarse a
Europa Occidental21
Los norteamericanos promovieron la creación de una organización europea centralizada
que administrase y organizase el reparto de la masiva ayuda económica del Plan
Marshall. Con este objetivo se creó, en 1948, la Organización para la Cooperación
Económica Europea (OECE). Este fue uno de los primeros organismos que agruparon a
gran parte de los países de la Europa Occidental. La OECE ayudó a liberalizar el
comercio entre los estados miembros; introdujo ideas tendientes a acuerdos monetarios; y
a desarrollar, en general la cooperación económica en aspectos concretos. Sus
participantes acordaron no sólo una simple organización internacional de cooperación en
el terreno económico, sino una completa unión aduanera europea, que inevitablemente
habría de conducir a una unidad política. En definitiva, el objetivo de la OECE fue mucho
más restringido, y su estructura, a pesar de todos los esfuerzos realizados por
21
Hallstein, Walter. La Unificación de Europa, Editorial Banco Interamericano de Desarrollo (BID) /
Instituto para la Integración de América Latina (INTAL), Buenos Aires, Argentina, 1966, p. 12.
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reorganizarla, quedó en la de una clásica conferencia intergubernamental en sesión
permanente.
En 1949, siguiendo de nuevo la iniciativa norteamericana, la mayoría de los estados
democráticos de Europa Occidental fundaron, junto a EE. UU y Canadá, la OTAN, la
gran alianza militar occidental enfrentada a la URSS. Un año antes, en 1948, había
iniciado su andadura el Benelux (Unión Aduanera de Bélgica, los Países Bajos y
Luxemburgo) con la aplicación de un arancel exterior común. Este organismo había sido
creado en 1944, antes del final de la Segunda Guerra Mundial.
Durante la guerra, en Italia, en los Países Bajos, resistentes y prisioneros políticos,
escribieron llamamientos en pro de una Europa que no fuera la que Hitler desacreditó.
Algunos militantes se reunieron en Ginebra para pedir una organización federal que
rebasara el dogma de la soberanía de los Estados. Unos años después, y todavía en plena
guerra fría, las Naciones Unidas afirmaron por la Declaración de Moscú “la necesidad de
establecer, lo más pronto posible, una organización internacional fundada sobre el
principio de la igualdad de soberanía de los Estados pacíficos, a fin de asegurar el
mantenimiento de la paz y de la seguridad”.
22
Schuman provenía de una familia de Lorena, región próxima a la frontera franco-germana, de historia tan
relacionada con el conflicto franco-germano.
23
Sédillot, Op cit., p. 292.
24
En este plan se decía: “Señores, no es cuestión de vanas palabras, sino de un acto, atrevido y
constructivo. Francia actúa y las consecuencias de su acción pueden ser inmensas. Así lo esperamos.
Francia actúa por la paz y asocia a Alemania. Europa nace de esto, una Europa sólidamente unida y
fuertemente estructurada. Una Europa donde el nivel de vida se elevará gracias a la agrupación de
producciones y la ampliación de mercados que provocarán el abaratamiento de los precios. Europa no se
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integrar y gestionar en común la producción franco-alemana de carbón y acero. Esta
medida de integración económica buscaba desarrollar el acercamiento entre Francia y
Alemania, alejando definitivamente el espectro de la guerra en Europa.
Ese mismo año, el gobierno francés propuso la creación de una Comunidad Europea de
Defensa (CED). Sin embargo, este proyecto naufragó finalmente, por las intervenciones
de la OTAN. La CED, que implicaba una fuerte integración militar y política, fue
sustituida ese mismo año de 1954 por la Unión Europea Occidental (UEO), una
organización que en la práctica ha estado prácticamente anulada por la OTAN 25.
Pese a los primeros tropiezos, el camino de la integración económica siguió adelante. Así,
por el Tratado de París, firmado el 18 de abril de 1951, nació la Comunidad Europea del
Carbón y el Acero (CECA), que convirtió en realidad el Plan Schuman de 1950 26. Este
era un Tratado que tenía como característica esencial el ser de carácter supranacional,
practico y parcial. Lo que está más directamente relacionado con ello es que el Tratado
hará de golpe, ni en una obra de conjunto, se hará por medio de realizaciones concretas, que creen, en
primer lugar, una solidaridad de hecho. El gobierno francés propone que se someta el conjunto de la
producción franco-alemana de carbón y bajo una autoridad común, en una organización abierta a la
participación de otros países de Europa. La puesta en común de la producción del carbón y del acero
asegurará inmediatamente el establecimiento de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de
la Federación Europea. Véase: página web: www.historiasiglo20.org
25
Militarmente Europa Occidental vivió amenazada entre 1945-1950 por el temor a la invasión soviética y
por el temor al resurgimiento del militarismo alemán y sin apenas medios para defenderse en caso de
agresión. La penuria de estos años de posguerra, la destrucción y el temor a las consiguientes convulsiones
sociales animaron la idea de que una alianza defensiva en el mundo contemporáneo no se puede limitar a
los aspectos militares como ocurriera en siglos pasados. Así fue como se firmó el Tratado del Atlántico
Norte en Washington el 4 de abril de 1949, creándose después de la invasión de Corea del Sur por Corea
del Norte. En: Mangas Martín, Araceli y Liñan Nogueras, Diego J. Instituciones y Derecho de la Unión
Europea, Editorial McGraw-Hill, Madrid,España, 1996, pp. 13-14.
26
En el Salón del Reloj, seguro de sus respaldos, Schuman pudo revelar el plan de Jean Monnet: “El
gobierno francés propone colocar el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero bajo
una alta autoridad común en una organización abierta a la participación de otros países de Europa”. Más
allá de Francia y de Alemania, más allá del carbón y del acero, apunta lejos: La puesta en común asegurará
inmediatamente el establecimiento de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la
federación europea” En: Sédillot, Op cit., p.292.
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que instituía la Comunidad del Carbón y el Acero, era un instrumento muy preciso con
una misión muy concreta. Este movimiento era el de la integración europea, distinto de
una simple cooperación. La Alta Autoridad común de la CECA pasó a estar presidida por
Jean Monnet. A esta primera Comunidad Europea se unieron seis países: Francia,
Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo (Los Seis). La CECA comportó,
como todo Estado que se respetara, un poder ejecutivo, un poder legislativo, un poder
judicial. El ejecutivo se derivó en una Alta Autoridad, compuesta de nueve miembros
elegidos en razón de su competencia general; ocho de entre ellos fueron designados por
los gobiernos, coptando al noveno; sus decisiones se tomaban por mayoría de cinco
votos; siendo Jean Monnet su primer presidente.
El poder legislativo pertenecía a una Asamblea Común, cuyos miembros eran elegidos
de los diferentes parlamentos de los países adheridos: en su origen fueron 78 (18 por
Alemania, 18 por Francia, 18 por Italia, 14 por el Benelux). La Asamblea tenía por
misión ejercer un control democrático sobre la gestión de la alta autoridad. El poder
judicial recaía en un Tribunal de Justicia, encargado de asegurar el respeto del derecho en
la interpretación y la aplicación del tratado; es decir, de zanjar las diferencias que podían
surgir entre los Estados o entre las industrias. Estaba compuesta de siete jueces,
nombrados por los gobiernos.27
Era evidente que la integración económica era el único camino claro hacia una unidad
que debería llegar tras un largo período. La utilización conjunta de las producciones de
carbón y de acero aseguraría inmediatamente el establecimiento de bases comunes de
desarrollo económico, primera etapa de la integración europea, y cambiaría el destino de
esas regiones tanto tiempo dedicadas a la construcción de armas de guerra, de las que
habían sido las más constantes víctimas28. El fracaso de la CED había demostrado que la
unidad política y militar era aún una utopía. Sin embargo, en cuanto a las iniciativas a
seguir, fueron durante algún tiempo objeto de permanentes discusiones: se pensó, en
27
Ibid., p. 307.
28
Ibid., p. 15.
- 17 -
efecto, que a la integración en el sector del carbón y del acero debería seguir con la
integración de otros sectores de la economía de los seis países 29.
Así pues, los ministros de Asuntos Exteriores de los Seis, bajo la presidencia del belga
Paul Henri Spaak, se reunieron en 1955 en la Conferencia de Messina. Fruto de los
acuerdos allí alcanzados fue el paso definitivo en la construcción europea: el 25 de marzo
de 1957, los seis firmaron los Tratados de Roma por los que se creaba la Comunidad
Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica
(EURATOM).
La Comunidad del Carbón y del Acero se concluyó en diez meses con un tiempo de
vida de cincuenta años. El Tratado se firmó en París, ratificado por todos los parlamentos
interesados. De esta forma las instituciones fueron puestas en marcha. Mil días después
de la declaración del Salón del Reloj, el Mercado de los Seis se hacía común para el
carbón, el mineral de hierro y la chatarra. Cuarenta días después, o sea, tres días después
del lanzamiento de la idea, el mercado se hacía común para el acero. De Hamburgo a
Tarento, de Bayona a Ámsterdam, no había ya fronteras para los dueños de las forjas 30.
La división de Europa –aseguró Robert Schuman- “ha llegado a ser un absurdo
anacronismo, esas pobres fronteras se las pisotea, se las sobrevuela. En lugar de ser
fronteras que separan, deberán convertirse en líneas de contacto” 31. El Tratado mismo de
la CECA, en su preámbulo, proclamó la resolución de los Estados miembros de fundar
una comunidad más amplia y más profunda, para un destino en adelante compartido.
También Jean Monnet confirmó sus ambiciones: Nuestra comunidad no es una asociación
de productores de carbón o de acero; es el comienzo de Europa32. Los tecnócratas autores
del proyecto de una Europa unificada, y sobre todo Jean Monnet, soñaban con un Estado
federal. Sin embargo, el acceso de De Gaulle a la presidencia francesa puso freno al
proceso de transferencia de soberanía y reforzó la opción que acabaría conociéndose
como intergubernamental, esto es, poner las decisiones de ámbito europeo en manos del
29
Se formularon proposiciones a lo largo de este período inicial con vistas a crear una Comunidad Agrícola
que se llamó el “Pool verde”, una autoridad en el campo de los transportes y una Comunidad sanitaria,
llamada el “Pool blanco”. En: Hallstein. Op cit., p. 13.
30
Ibid., p. 305.
31
Ibid., p. 309.
32
Idem.
- 18 -
consejo de jefes del ejecutivo de cada país. De Gaulle 33 también trató de añadir un nuevo
objetivo político a la CEE: tratar de afirmar su independencia frente a los EE.UU. 34. Esto
fue como una medida de precaución con Inglaterra y sus alianzas con los Estados Unidos
de Norteamérica, porque se afirmaba que pondría en peligro las autonomías europeas.
Aunque de inicio, Inglaterra no firmó los acuerdos del Tratado de Roma, pues no quería
embarcarse en un proyecto a largo plazo que planteaba una cesión de soberanía de cada
estado en beneficio de Instituciones Supranacionales Europeas.
33
De Gaulle, pese a defender una Europa fuerte ante EE.UU. y la URSS, nunca creyó en una Europa unida
políticamente. Para él, la independencia nacional francesa, país al que intentó denodadamente mantener en
el papel de potencia, era una cuestión no negociable. Fruto de este nacionalismo de De Gaulle fue la
denominada “crisis de la silla vacía” en 1966, que mantuvo durante meses a la Comunidad paralizada, y
que finalmente terminó con el denominado Compromiso de Luxemburgo. Hubo que esperar a la dimisión
de De Gaulle en 1968, dimisión provocada por razones de política interna un año después del “Mayo del
68”, para que se abriera la puerta para la adhesión británica. Véase: Castells, Op cit, p. 346, Vol. III.
34
Idem.
35
La Comisión Europea podría definirse como el ejecutivo comunitario (por ejemplo, ejecuto el
presupuesto). Sería el embrión de un futuro gobierno de Europa. Está formado por veinte miembros y es
designada por los gobiernos de los Estados miembros. Cada Estado miembro tiene como mínimo un
comisario, y los países más importantes (como Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia o España) tienen
dos. De entre estos veinte miembros, se elige un presidente. Los comisarios sólo actúan en nombre e interés
de Europa (no deben hacerlo de sus países). Cada comisario se ocupa de un área especializada. La duración
del mandato es de cinco años. En: página web: www.geocities.com/capitolHill/lobby/4402/
36
El Consejo Europeo está formado por los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros, y el
presidente de la Comisión, auxiliados por los vicepresidentes de la Comisión y los ministros de Asuntos
Exteriores de los Estados miembros. Los Consejos Europeos sirven para desbloquear los grandes temas y
para dar impulso a la construcción europea (mediante reuniones informales). El Consejo Europeo es algo
más informal que un Consejo de asuntos generales. Al final de los Consejos europeos se aprueban unas
conclusiones, las conclusiones del Consejo. Finalmente, la presidencia del Consejo sirve a un país para
darse a conocer ante los demás y se prepara cuidadosamente; por tanto, el Consejo sería una institución
intergubernamental, donde están representados todos los gobiernos. Se celebran dos Consejos ordinarios al
año (al terminar la presidencia de un país) y uno extraordinario en Bruselas. En: Idem.
- 19 -
196837, y la consecución de un periodo transitorio hacia la instauración de un mercado
común38.
Ya en 1970, y habiéndose superado la crisis de la “silla vacía” con Francia, se iniciaron
en Luxemburgo las negociaciones con Dinamarca, Irlanda, Noruega y Gran Bretaña para
el posible ingreso de estos países en la comunidad, siendo ratificada la adhesión por
referéndum en tres de las cuatro naciones. Sólo en Noruega se votó por el no ingreso. De
esta manera, se daba una primera ampliación con el aumento a nueve países miembros a
partir del primero de enero de 1973. Por otro lado, la crisis petrolera mundial empujó a la
Comunidad a llevar a cabo una política energética común en aras de consolidar la
industria y el comercio entre los Estados miembros39. Sin embargo, esta crisis hizo que
prevaleciera el pesimismo en los mecanismos de concertación y en el proceso de
integración en general.
En este panorama no muy halagador del proceso europeo se dieron sin embargo
algunos cambios importantes. En 1976 se iniciaron las negociaciones para la adhesión de
Grecia a la Comunidad ante el beneplácito general ante una nueva ampliación. También
España en 1977 y Portugal un año después, solicitan su ingreso, las cuales son aceptadas
en 1978, iniciándose las negociaciones con la ‘Europa del sur’. En 1979 muere Jean
Monnet, gran impulsor del proceso y reconocido ‘padre’, junto con Robert Schuman, de
la integración europea. Ese mismo año se inicia la elección de los diputados al
Parlamento por sufragio universal de manera proporcional entre los Estados miembros 40.
37
El 1 de julio de 1968 entró en vigor la unión aduanera. Se abolieron los derechos de aduana del comercio
intracomunitario y se instauró un arancel aduanero común en sustitución de los derechos de aduana
nacionales aplicables con el resto del mundo. Véase: página web:
www.europa.eu.int/abc/governments/index_es.htm#
38
En el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE), se preveía un periodo transitorio
para la instauración del Mercado Común que fue finalmente consolidado en 1993 al entrar en vigor el
mercado único. En: Idem.
39
En 1974 la Comisión realizó una declaración destinada a los Jefes de Gobierno sobre el estado de la
Comunidad, en la que se subrayaba la necesidad de movilizar de nuevo a Europa aproximando las políticas
nacionales y estableciendo políticas comunes. Por su parte, el Parlamento europeo declaró que la unidad de
Europa sólo se podía conseguir si se permitía que las instituciones comunitarias llevaran a cabo una política
basada en una auténtica solidaridad europea.
40
El parlamento Europeo era, en principio, un órgano de carácter consultivo pero, progresivamente, fue
adquiriendo una mayor capacidad de decisión. El Tratado de la CECA ya tenía prevista la formación de una
Asamblea Común en la que iban a participar los diputados de los Estados miembros de la CECA, pero
actualmente sólo lo forman diputados del Parlamento Europeo, no del Parlamento de cada país. El Tratado
de Roma también tenía prevista la creación de una Asamblea Parlamentaria similar a la de la CECA. Desde
1962 a esta Asamblea se le empezó a llamar ‘Parlamento Europeo’, pero no tendría carácter oficial hasta
1986, con la firma del Acta Única Europea. Puede decirse que el Parlamento sería parte de un poder
- 20 -
Aquí se abría una importante puerta de participación ciudadana en la consecución y
destino del proceso de integración.
En 1981 se produce la segunda ampliación del sistema con el ingreso de Grecia a la
Comunidad (1 de enero), convirtiéndose en el miembro número 10 y aumentando de esta
manera el territorio de la Comunidad Económica Europea en el sur de los Balcanes en
reconocimiento también de la llamada cuna de la civilización europea. Esta ampliación
vino a inyectar optimismo en el proceso tras de una década de crisis institucional dentro
del proceso. Se abrían nuevas expectativas ante futuras ampliaciones y se evidenciaba
también la necesidad de importantes ajustes en el plano de los Tratados anteriores en aras
de darle mayor dinamismo a la integración. De esta manera, en la reunión del Consejo
Europeo en Bruselas en 1982 se confirmó que los objetivos prioritarios eran los ámbitos
económico y social y el compromiso a favor de la ampliación.
En otra reunión del Consejo en 1985, se aceptó la adhesión de España y Portugal a la
Comunidad, dándose su ingreso formal el 1 de enero de 1986. Se llegaba así a una tercera
ampliación en medio de un ambiente de confianza y optimismo por el futuro del proceso.
El Acta Única Europea (AUE) se firmó en Luxemburgo en febrero de 1986 por los doce
países de la Comunidad Europea. Vino a modificar diversos aspectos de los acuerdos
fundacionales de la CEE (que se habían firmado en Roma en 1957) y contempló también,
como objetivo principal, la entrada en vigor del mercado interior unificado el 1 de enero
de 1993. Para ello, los esfuerzos se dirigieron en tres áreas: la eliminación de las fronteras
físicas por supresión de los controles al tráfico intracomunitario de mercancías y por
eliminación de las formalidades de aduana; la eliminación de las fronteras técnicas y
administrativas a los intercambios comerciales, y la eliminación de las fronteras fiscales
estableciendo una armonización progresiva de los tipos de impuestos 41.
El Tratado de Maastrich fue un Acuerdo firmado por los representantes de los doce países
miembros de la Comunidad Europea en febrero de 199242. Por él se aprobó, para 1999, la
unión monetaria y económica plena, mediante la creación de un banco central único, una
sola moneda (el Euro), una política social única (excepto para Gran Bretaña, que se opuso
a ella) y una política exterior y de defensa común. El Tratado también incluye nuevas
competencias para la Comunidad, entre las que se encuentran: mayor esfuerzo en la
protección de los consumidores, política común respecto a la concesión de visados,
estrategia común de protección de la salud, desarrollo de las redes de transporte, fijación
contractual de la cooperación al desarrollo, política industrial, cultura, fortalecimiento de
la protección del medio ambiente, de la investigación y del desarrollo, así como en
política social (con la excepción del Reino Unido), y cooperación en cuestiones de
política interna.
Maastrich también concede más derechos al Europarlamento, como una mayor
participación en la legislación, la necesidad del voto de aprobación de la Comisión y de
todos los Tratados de importancia. El Acuerdo introduce además una política exterior y
de seguridad común (PESC). Por otro lado, el Tratado refuerza considerablemente los
43
En el Tratado de Maastrich se dieron avances en el sentido de trascender el objetivo económico inicial de
la Comunidad hacia una vocación de unidad política. Así pues, se desarrolló en el Tratado una estructura
basada en ‘tres pilares’: un primer ‘pilar comunitario’, es decir, el recogido de los Tratados comunitarios y
sus diversas reformas, con sus instituciones con competencias supranacionales. En este pilar están
recogidos el mercado único, la unión económica y monetaria, la PAC, los fondos estructurales y de
cohesión, etcétera. Un segundo pilar se refiere a la política exterior y de seguridad común (PESC); y un
tercero se aboca a los aspectos de justicia y asuntos del interior (JAI). En este Tratado se decidió además la
creación de una moneda única: el euro, la creación del banco central europeo (BCE), el reconocimiento de
la ciudadanía europea y la creación de la Europol.
- 23 -
democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y del
Estado de Derecho44.
Otro hecho clave es que se ha abierto la posibilidad de lo que se ha venido en
denominar “cooperación reforzada” entre algunos Estados miembros. Es decir, la
posibilidad de que un grupo de países que quieran ir más lejos de lo previsto en los
Tratados en la integración en diversos aspectos, puedan hacerlo en el marco de la Unión
Europea. Se trata en definitiva de que el ritmo de la integración no lo marquen los países
más reacios a la integración, y que aquellos Estados deseosos de ceder más competencias
a la Unión puedan caminar más rápidamente en el camino de la unidad. Algunos
pensadores han denominado a la Europa que surgiría de la aplicación de estas
“cooperaciones reforzadas” de muy diversas maneras: ‘Europa a la carta’, Europa ‘de
distintas velocidades’, o la Europa ‘de geometría variable’, entre otras.
44
En Amsterdam se dieron avances en los aspectos sociales al proclamarse el principio de no
discriminación y de igualdad de oportunidades como una de las directrices básicas de la política de la
Unión Europea. Además, se hizo el compromiso de establecer progresivamente un espacio de libertad, de
seguridad y de justicia común; libre circulación de personas y reforzamiento de la ciudadanía europea. En:
página web: www.historiasiglo20.org
45
Algunos observadores han señalado casi unánimemente que en el arduo debate que tuvo lugar en la
cumbre de Niza entre los representantes de los países miembros se primó el interés nacional y faltó una
visión realmente europea que superara las ambiciones concretas de cada nación. No obstante, tras muchos
tiras y aflojas, se mantuvo la tradición de la Unión. Finalmente se llegó a un acuerdo. Para los más
optimistas, es la única manera realista de ir avanzando. Para los más pesimistas, el impulso europeo está
cediendo fuerza. En: Idem.
- 24 -
Eslovenia, Hungria, Malta y Chipre), quedando pendientes las negociaciones con otros
tres aspirantes: Rumania, Bulgaria y Turquía. Por otro lado, y en otro aspecto importante,
en 2002 el euro se convirtió en la moneda oficial de los doce Estados miembros
participantes, una vez que el periodo de doble circulación finalizó.
Importantes retos se plantean actualmente para el proceso de integración de la Unión
Europea. Entre los principales están el realizar los ajustes y adecuaciones necesarias ante
la ampliación a una gran diversidad de países y la posibilidad de la firma de una
Constitución europea.
- 25 -
La liberalización del comercio mundial durante la posguerra fue el resultado de un
proceso muy lento y muy complicado. Recordar que en los primeros años de la posguerra
los resultados estaban todavía muy lejos de una libertad internacional del comercio, no
significa negar todo lo anterior. Por ello, este mismo período ha conocido varios intentos
por lograr el libre comercio sobre una base regional. Una zona de libre comercio, tal
como la ha definido el G.A.T.T., es una zona dentro de la cual quedan reducidos a cero
los obstáculos al comercio, pero donde cada participante conserva sus propias barreras
arancelarias y su propia política comercial respecto del resto del mundo. En una unión
aduanera, las barreras interiores al comercio quedan reducidas a cero al igual que en una
zona de libre comercio, pero, además todos los participantes adoptan un arancel exterior
común y una política común para el comercio exterior.
Dice Hallestein que “para que haya unión aduanera, es preciso permitir la libre
circulación de las mercancías en el seno de la unión. Para que la unión aduanera llegue a
ser una realidad, hay que permitir la libre circulación de las personas. Para que la unión
aduanera permanezca estable, es necesario mantener el intercambio de las monedas y
hacer que los tipos de cambio sean estables dentro de la unión. Esto requiere, inter alia, la
libre circulación de los capitales. Cuando en una región cualquiera hay libre circulación
de mercancías, de personas y de capitales, no puede existir diversidad de políticas
económicas en vistas a mantener la actividad económica”46.
Para hacer una unión aduanera efectiva, para hacer de ella un verdadero “mercado
común”, es necesario ajustar estas medidas de tal modo que no puedan, bajo otro nombre,
desempeñar el mismo papel que los aranceles y las restricciones cuantitativas. Por eso el
Tratado de la Comunidad Económica Europea (CEE) previó la liberalización progresiva
de los movimientos de capitales, la libre circulación de la mano de obra y la supresión de
las restricciones al derecho de establecimiento de las empresas y de las personas que
ejercieran profesiones liberales, así como la libertad de prestación de servicios en
cualquier región de la comunidad. El tratado de la CEE reconoció que podía haber
particulares dificultades de transición, y para evitarlas, no sólo previó medidas especiales
de salvaguardia y derogaciones temporales, sino también medidas especiales de ayuda.
En general, éstas han sido aplicadas por dos instituciones especializadas de la
46
Véase: Hallestein, Op cit., p. 34.
- 26 -
Comunidad: el Fondo Social Europeo para la reeducación profesional y la reinstalación
de los trabajadores desplazados, y el Banco Europeo de Inversión, cuyas atribuciones han
comprendido la concesión de ayudas para la modernización o racionalización de la
producción, así como la asistencia a las regiones atrasadas dentro de la comunidad.
Pero para que una tal integración del mercado de los factores de producción, como la de
los productos, pueda tener este efecto deseable, han de existir tres condiciones básicas:
que los Estados miembros no han de apartarse demasiado unos de otros en sus políticas
internas de distribución de rentas y bienes; que no han de apartarse en sus controles
directos, de su política fiscal y de su política monetaria, con el fin de estabilizar sus
economías nacionales, y finalmente, no han de apartarse de sus políticas sociales y
económicas que determinan su evolución demográfica. Sucintamente, esta solidaridad ha
sido la voluntad de los Estados miembros de poner en común no solamente sus recursos,
sino también sus problemas47.
El Tratado que instituyó la CEE entró en vigor el 1° de enero de 1958. Para los sesenta,
los aranceles entre los Estados miembros habían sido reducidos en un 40% para los
productos industriales, en un 35% para los productos agrícolas no liberalizados, y en un
30% para los productos agrícolas liberalizados, lo cual representaba ya un adelanto sobre
el calendario establecido por el Tratado de Roma 48.
En lo que se refiere a la libre circulación de trabajadores, el 1° de septiembre de 1961
fue puesto en vigor un primer reglamento, y ya en 1958 se había establecido un sistema
para toda la Comunidad a fin de garantizar los derechos de seguridad social de los
trabajadores en circulación. Para terminar, el Consejo de Ministros de la Comunidad
aprobó, el 25 de octubre de 1961, unos programas gemelos para suprimir las restricciones
al derecho de establecimiento y a la libertad de prestación de servicios, gracias a los
cuales muchas actividades industriales y comerciales quedarían liberalizadas hasta 1963.
Así pues, en 1960 se creó el Fondo Social Europeo, con recursos por un importe de 30
millones de dólares para el bienio 1960 y 1961; el cual ha recibido solicitudes de ayuda
por un total de 25 millones de dólares. El Banco Europeo de Inversión, por su parte, y
dotado con un capital de mil millones de dólares, ha concedido préstamos que totalizan
47
Aldecoa, Francisco y Cornago, Noé. ‘El nuevo regionalismo y reestructuración del sistema mundial’.
En: Revista española de derecho internacional. Vol. L, Madrid, España, 1998, T.I, p. 90.
- 27 -
más de 120 millones de dólares y que han permitido una inversión total de unos 900
millones de dólares –en su mayor parte en las regiones subdesarrolladas de la
Comunidad-. También el Fondo Europeo de Desarrollo ha canalizado recursos para los
países asociados de ultramar, el cual, de un total de 581.250.000 dólares, había atribuido
ya, a fines de 1961, cerca de 300 millones de dólares para ayudar a África y otros países
en vías de desarrollo49. En este sentido, los programas de ayuda han continuado hasta hoy
día con los países y regiones asociadas.
Como se ha dicho más arriba, las tres Comunidades Europeas constituyeron destacados
ejemplos de bloques comerciales. Primero, porque debido a su estímulo, las relaciones
económicas de todo tipo y en especial, los intercambios comerciales entre los distintos
Estados asociados, experimentaron un crecimiento muy acelerado. Este efecto, se ha
seguido percibiendo con más intensidad. Según el GATT en su informe “El comercio
internacional: tendencias y estadísticas”, de mediados de los noventa, el 70% de las
exportaciones Comunitarias tenían como destino a otros países miembros (es el
denominado comercio intrarregional), mientras que en otras áreas geográficas estos
porcentajes eran mucho menores50.
Y segundo, porque estas Comunidades han representado una expresión formal muy
avanzada y una fórmula organizativa también muy desarrollada. En concreto, la
correspondiente a las organizaciones de integración, pues ha implicado cierto grado de
cesión de soberanía de los Estados miembros a la organización supranacional, reflejada
en una cada vez mayor autonomía de sus principales instituciones.
Este esquema de reproducción económica y social comenzó a mostrar síntomas de
agotamiento a mediados de la década de los sesenta y entró abiertamente en crisis en la
primera mitad de los setenta cuando, a las razones puramente internas e inherentes al
propio modelo de crecimiento económico, se le unieron otras de origen externo. Así pues,
el proceso de cambio y de modificación de las bases materiales de la organización
económica se lideró desde el ámbito empresarial. No obstante, la transformación que tuvo
lugar difícilmente hubiese podido producirse si no hubiese mediado el decidido apoyo de
48
Hallestein. Op cit., p. 40.
49
Ibid., p. 43.
- 28 -
los Estados para contribuir activamente a la reestructuración del sistema, es decir, la
voluntad política.
Las circunstancia que con más fuerza contribuyó a este cambio de actitud fue el
descontento que se produjo en los ámbitos social y político como consecuencia del
fracaso que experimentaron las políticas económicas de estabilización keynesianas a la
hora de ofrecer alternativas a la crisis, vacío que se cubrió con una renovada confianza en
los mercados como mecanismo eficaz para proteger los derechos de los consumidores.
Tras un período más o menos largo de ajuste, dependiendo de los países, en el que la
mayoría de las actuaciones se concentraron en el ámbito nacional, la respuesta
mayoritaria a la crisis, y que a la postre se mostró capaz de superar sus manifestaciones
más conocidas (detención en el ritmo de crecimiento, desempleo e inflación), supuso una
auténtica revolución de buena parte de los postulados económicos dominantes hasta ese
momento51.
El elemento que, desde un punto de vista objetivo, introdujo mayores oportunidades de
cambio fue el intenso ritmo de los avances tecnológicos y, en especial, el que tuvo lugar
en el mundo de las tecnologías de la información 52. A partir de aquí se posibilitaron toda
una suerte de estrategias de crecimiento que implicaron la creación de auténticos
mercados integrados a un nivel mundial en los ámbitos de la producción, el comercio y
las finanzas. Las grandes corporaciones mundiales, conocidas ahora como trasnacionales,
se deshicieron de los vínculos nacionales que aún mantenían, acentuando la distribución
de las distintas fases de la producción por todo el mundo, a la vez que el resultado de su
producción se distribuía sin apenas barreras que lo dificultara por cualquier ámbito
geográfico en el que existíera una demanda solvente53.
50
Salinas de Frías, Ana (coordinadora). Nuevos Retos de Derecho. Integración y desigualdades desde una
perspectiva comparada Estados Unidos/Unión Europea, Editorial Universidad de Málaga, Málaga, España,
2001 p. 16.
51
Ibid., p. 17.
52
Véase: Castells. Op cit. Tomo III.
53
Salinas de Frías, Op cit., p. 19.
- 29 -
5.1.1. La actualidad
Hoy día, con la plena realización del mercado interior europeo, las personas, las
mercancías y los capitales circulan libremente desencadenando una intensa dinámica
económica: la inversión y la producción presentan índices de crecimiento de dos cifras. Si
bien en la mitad de los años ochenta se perdieron millones de puestos de trabajo; desde
entonces hasta hoy se han creado también millones de puestos nuevos.
Las empresas europeas han vuelto a ser competidoras serias en el mercado comunitario
y en el mercado mundial. Su situación ha mejorado con la eliminación de la burocracia
inútil, las formalidades de las fronteras, el proteccionismo en la contratación pública y el
fraccionamiento del mercado. Se ha logrado además un crecimiento global del 5% junto
con un debilitamiento apreciable de la tasa de inflación y un descenso mayor de los
índices de desempleo54.
Desde el comienzo de la década de los noventa, la situación económica de la
Comunidad se ha presentado prometedora. Las condiciones de vida y de trabajo han
mejorado de forma considerable, aún con la tasa de desempleo alta y una distancia entre
‘ricos’ y ‘pobres’ dentro de la ahora Unión Europea considerablemente grande. Son
precisamente estos problemas estructurales los que exigen la rápida puesta en marcha de
ajustes al mercado interior. Debe consolidarse la dinámica económica y aprovecharse la
favorable perspectiva para reducir la tasa de desempleo y apoyar el proceso de
recuperación de las regiones menos desarrolladas. Por otro lado, la entrada del Euro como
moneda única a partir de 1999 ha unificado aún más el mercado financiero europeo,
dando mayor fortaleza al proceso de integración desde el aspecto económico. Para la
consecución de una política monetaria comunitaria se creó el Instituto Monetario Europeo
(IME) encargado de guiar el proceso de la moneda única. Una vez creada esta, el IME
desapareció dando paso al Banco Central Europeo (BCE), emisor del Euro.
Entre las instituciones (dentro del denominado pilar original o de las Comunidades) a
las que les compete el ámbito económico, podemos mencionar al Tribunal de Cuentas
que examina las cuentas de la totalidad de los ingresos y gastos de la Comunidad,
54
La Comunidad Europea: de 1992 en adelante. Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades
Europeas, Bruselas, Bélgica, 1991, p. 8.
- 30 -
incluidos los que no estén recogidos en el presupuesto anual. El Tribunal de Cuentas lleva
a cabo su control basándose en la documentación contable y, en caso necesario, en las
dependencias correspondientes de los órganos de la Comunidad y en los Estados
miembros. El Tribunal pública informes anuales y extraordinarios sobre los resultados de
su actualidad. Su sede está en Luxemburgo.
El Banco Europeo de Inversiones es la entidad bancaria de la Comunidad. Está dotado
de personalidad jurídica propia; sus miembros son los Estados miembros. Se sirve del
mercado de capitales y de sus propios medios para, mediante la concesión de préstamos y
garantías, desarrollar las regiones más atrasadas, modernizar o reconvertir empresas y
crear nuevos puestos de trabajo, así como fomentar proyectos de interés común a varios
Estados miembros. Su sede está en Luxemburgo.
En la estructura de las nuevas instituciones monetarias europeas, a partir de Maastrich,
destaca el Banco Central Europeo (BCE), que junto con los quince bancos centrales
nacionales (desde 1994), forma el sistema de bancos centrales. El BCE tiene dos órganos
de gobierno: el Consejo Ejecutivo, que está formado por seis miembros nombrados por el
Consejo Europeo, por periodos no renovables de ocho años, previa consulta con el
Parlamento Europeo y el Consejo de Gobierno del BCE. La estrategia monetaria global
es responsabilidad del Consejo de Gobierno, compuesto por los seis miembros del
Consejo Ejecutivo y los doce gobernadores de los bancos centrales. Cada miembro del
Consejo tiene un voto, decidiéndose la mayor parte de las cuestiones por mayoría
simple55.
La integración económica, tal puede ser una respuesta al desafío político, es también una
respuesta política que significa también un proceso político. La Comunidad Europea en
un proceso de creación formó parte de la “revolución continua”, que ha venido
transformando las épocas. Como tal, no ha sido solamente una entidad económica nueva,
sino también un hecho político nuevo, que a su vez ha producido consecuencias políticas
en el mundo que le rodea.
55
Pi Anguita, Joaquín. La Unión Monetaria Europea. Iberica Grafic, Madrid, España, 1997, pp. 50-51.
- 31 -
Ahora bien, la esencia de la política consiste en escoger. No se debería dar, pues, la
impresión de que al ser imperiosa e inexorable la lógica de la integración económica, sus
consecuencias pueden ser puestas en obra sin que exista elección política y sin cierto
número de decisiones políticas difíciles. Esta elección y estas decisiones han sido
necesarias para que se iniciara el proceso de la integración europea. Para que éste pudiera
proseguir, se las ha necesitado también en cada etapa del camino. Y para que una Europa
integrada pueda aportar su plena contribución a la solución de los problemas cruciales,
habrá también que seguir eligiendo y decidiendo: no solamente la Comunidad Europea,
sino también sus amigos, aliados y asociados en el conjunto del mundo libre.
Europa inició su unificación como respuesta a un desafío político. Ha sido muy
importante el desafío tecnológico; el advenimiento de la producción en masa y, por tanto,
de la necesidad de mercados más amplios; del acortamiento relativo de las distancias a
medida que mejoran los medios de comunicación; de la aparición de nuevos gigantes
económicos en los Estados Unidos y la Unión Soviética (en los momentos de auge). Eran
una necesidad los mercados amplios regionales y un desafío para las fronteras de los
Estados-nación modernos.
Sin embargo, no hace falta pasar revista a las sucesivas desilusiones que hicieron surgir
aparentes amenazas: el establecimiento rápido de la hegemonía soviética en Europa
Occidental (tras la Segunda Guerra Mundial), la división de Austria y Alemania, el aborto
de los intentos de componenda, la guerra civil de Grecia, la creación del Kominform, el
manifiesto de Zhdanov, el golpe de Estado comunista de Praga, el bloqueo de Berlín, el
aplastamiento de la sublevación húngara, la construcción de la muralla de Berlín. Basta
con decir que durante quince años la Europa Occidental fue amenazada por fuerzas
políticas cuya finalidad explícita era la negación de la vida democrática 56.
La “coexistencia competitiva” significó, de hecho, una competencia a muerte,
competencia en la cual la edificación del imperio comunista estuvo apoyada por todos los
recursos de una planificación central implacable y por todo el dinamismo de un sentido
pseudo-religioso de la misión a cumplir. Para hacer frente a esta situación, Occidente
tuvo que demostrar que el sistema de libertad basado en la razón y el respeto a los seres
humanos podía dar resultados aún mejores, siempre que las barreras artificiales y
56
Salinas de Frías, Op cit., p. 49.
- 32 -
anacrónicas que se le oponían quedaran suprimidas. La integración económica en Europa
ha representado así un gran paso en esta dirección.
Se confiaba en que la formación de una unión aduanera y económica en Europa
acarrearía una rápida expansión económica en la Comunidad, lo cual, a su vez,
aumentaría sus importaciones procedentes del resto del mundo. La supresión de las
barreras protectoras entre los Estados miembros, al obligar a sus industrias a competir
entre sí, les permitió aplicar políticas más liberales hacia países no miembros. Además, la
existencia de un Mercado Común en expansión incitó a negociar con él reducciones
arancelarias mutuas de las cuales se beneficiaría la totalidad del mundo libre, al que
contribuiría a unir57.
La Comunidad del Carbón y del Acero se financió mediante un recurso propio
originario, una exacción sobre el valor de la producción de carbón y de acero
directamente percibida por la Alta Autoridad (actualmente la Comisión) de las empresas.
En este sentido, La CEE y EURATOM se financiaron inicialmente mediante aportes de
los Estados miembros. La culminación de la unión aduanera y la aplicación de la política
agrícola común, totalmente financiada por la Comunidad, llevaron a los Jefes de Estado o
de Gobierno de los Estados miembros, en su reunión de La Haya (diciembre de 1969), a
tomar la decisión de crear, tal como estaba previsto en los Tratados, un sistema de
recursos propios destinados a cubrir la totalidad de las necesidades de la CEE y
EURATOM, completando de esta forma el existente para la CECA
Hasta julio de 1967 las tres Comunidades tenían Comisiones ejecutivas distintas (en la
CECA se denominaba Alta Autoridad). Desde 1967 existe una Comisión única y un
Consejo único que ejercen la totalidad de las atribuciones anteriormente encomendadas a
las antiguas instituciones, en las mismas condiciones y según las mismas reglas
estipuladas en los tres Tratados comunitarios. En esta misma línea, la fusión de las
instituciones se anunció como una primera etapa hacia la constitución de una Comunidad
Europea gobernada por un Tratado único en sustitución del Tratado de París (creación de
la CECA) y de los Tratados de Roma (creación de la CEE y de la Euratom), con una clara
visión política de integración.
- 33 -
5.2.1. La Constitución Europea.
El viejo continente está siendo sacudido por estremecimientos políticos. A medida que
la Unión Europea (UE) acoge bajo una misma bandera a la mayoría de los países del
continente, los europeos, como sus primos americanos hace dos siglos, están a punto de
darse una constitución verdadera. En junio, después de más de dos años de acalorado
debate, los jefes de Estado de la UE decidieron el texto del Tratado para Establecer una
Constitución para Europa. Sin embargo, el tratado no entrará en vigor hasta que sea
ratificado por los 25 estados miembro, mediante sus parlamentos nacionales o referendos
populares. Y una sola deserción podría significar el fin de todo el ejercicio.
¿Fue la reunión de junio la Filadelfia de Europa? Los redactores del texto así lo
estiman. Sostienen que la Constitución dará a la UE un gobierno más efectivo, mejor
adaptado a sus mayores dimensiones y ambiciones y que constituirá una organización
política más democrática. Por su parte, los detractores del documento hacen una de dos
críticas. Unos dicen que el documento no es suficientemente audaz, en especial en el
aspecto social; otros afirman que es un parteaguas pero advierten que borrará las
preciadas diferencias entre las historias e identidades únicas de los miembros, lo que
convertiría a la UE en un monolítico "Estados Unidos de Europa".
El pecado original de la UE puede ser que no fue erigida sobre un fundamento
democrático; no se pidió a sus ciudadanos que examinaran su creación. Pero ello mismo
puede ser la gracia salvadora de la UE, pues permitió que el continente desgarrado por las
guerras emprendiera la integración de modo más pragmático. Al abstenerse de grandes
visiones de una democracia regional, la UE se fundó en una juiciosa participación de
poderes. Puso a los estados miembro en el asiento del conductor a modo de que sus
asuntos se manejaran mediante una intensa diplomacia cotidiana y, a la vez, confería a la
Comisión Europea, su cuerpo creador de iniciativas, la tarea de equilibrar los intereses de
57
La puesta en marcha del mercado común se convierte (previa unión aduanera) en un método de trabajo
para la consecución de objetivos políticos. Así pues, habría que ver el mercado como instrumento y no
- 34 -
los grandes estados con una visión del bien común. Sólo después se añadió un parlamento
por vía de elección para darle un cierto sabor democrático. Como predijo atinadamente
Jean Monnet, uno de los fundadores de la UE, los estados entonces se comprometieron en
negociaciones creativas y construyeron solidaridades ad hoc entre los electorados de los
distintos países.
En lo general, este llamado método comunitario ha sido de utilidad para los europeos.
Les ha permitido que se ajusten a las ideologías socialdemócratas y conservadoras de la
Posguerra y equilibren los intereses divergentes de los partidos políticos, las industrias,
los sindicatos y las organizaciones no gubernamentales (ONG) en temas que van de la
asistencia alimentaria y la regulación bancaria a la inmigración y el comercio global. Pero
no es un modelo democrático que los europeos puedan admitir fácilmente. ¿Quién ha de
rendir cuentas de qué en el laberinto burocrático de la UE? Ésta no tiene ramas legislativa
y ejecutiva independientes de qué hablar. La Comisión Europea comprende nacionales de
cada estado miembro, pero no es designada por elección y tiene más poder que cualquier
gobierno nacional. Los ministros del consejo deben responder ante sus electorados
nacionales, pero pueden aducir fácilmente que han sido vencidos en los votos realizados
en Bruselas. Y el parlamento, que se elige por voto directo, no puede ni promover
iniciativas de ley ni administrar recursos importantes. Aunque algunos estudiosos han
sostenido correctamente que la UE no muestra tantos defectos como señalan los críticos
populistas (y ofrece más salvaguardas contra abusos de poder que muchos de los estados
miembro), sigue siendo cierto que los europeos no pueden responsabilizar directamente a
sus políticos por lo que haga la Unión Europea.
Con el cambio del milenio, los poderes de la UE se extendieron para incluir
prerrogativas asociadas desde hace mucho tiempo al Estado soberano del siglo XIX:
policía, fronteras externas, política exterior y regulación monetaria. Sin embargo, acusan
los críticos, dicha expansión no se vio acompañada de ningún aumento en la rendición de
cuentas a los ciudadanos europeos. Cuando en el curso de la década pasada la UE creció
al doble, sus críticos advirtieron que, sin reformas, su ampliación acarrearía la muerte de
la Unión. Así que se emprendió la convención constitucional a principios de 2002 y, por
primera vez en la historia de la UE, se convocó a delegados que no fueran diplomáticos a
como objetivo en sí mismo. Aldecoa y Cornago. ‘El nuevo regionalismo...’. En: Op cit., p. 90.
- 35 -
debatir sobre su fundación, objetivos y métodos. Se invitó a estados del centro y del este
de Europa a participar incluso antes de que hubieran sido admitidos. Los debates duraron
más de un año, y después de que los representantes gubernamentales pasaron otro año
discutiendo sobre temas delicados, en junio se aprobó un anteproyecto final.
Pese a las esperanzas de algunos de los delegados, ése no fue ningún bautizo
democrático. Y no obstante la parafernalia de las presentaciones en la web y los foros
electrónicos, el proceso constitucional no ha imbuido (todavía) en los corazones de los
europeos una nueva fe en la democracia europea. Aun así, dado el amplio espectro de las
familias políticas europeas y las sensibilidades nacionales, es muy notable que se haya
llegado a un acuerdo.
El documento ofrece mucho para el avance en los objetivos centrales de la UE. Los
estados miembro han llegado a un sensible acuerdo sobre la división de poderes entre la
Unión y ellos mismos. La Constitución incorpora la Carta de los Derechos Humanos, el
documento más moderno y ambicioso de su tipo. Crea el puesto de ministro de Asuntos
Exteriores de la UE, otorgándole una sola personalidad legal. La toma de decisiones será
más simple y más transparente. Y los europeos tendrán un solo documento que defina qué
es la Unión. Así, a pesar de sus muchas imperfecciones, la Constitución se las arregla
para equilibrar, y por tanto celebrar, la pluralidad de los pueblos tan distintos de la Unión
Europea.
Los debates sobre la UE se han visto obstaculizados por la tiranía de las oposiciones: el
superestado europeo vs. la unión de estados; la Europa superpotencia vs. la Europa de la
paz; la democracia europea vs. las democracias nacionales. Cuando se iniciaba la
convención surgieron dos grupos principales: los intergubernamentalistas y los
supranacionalistas, que representaron los polos ideológicos entre los cuales siempre ha
oscilado la UE. Los intergubernamentalistas, que contaban con representantes de los
gobiernos francés y británico, querían solucionar el déficit democrático de la UE
mediante el fortalecimiento del consejo de representantes de Estado, que usarían el voto
unánime en temas que pertenecen a la soberanía estatal, y delinearían estrictamente los
- 36 -
acuerdos de participación de poderes entre la UE y sus miembros. Los supranacionalistas,
en su mayor parte estados miembro más pequeños y parlamentarios europeos, querían
proteger a la Comisión (el defensor tradicional de las partes más débiles), reforzar el
control democrático por parte del Parlamento Europeo, extender la votación por mayoría
y, en general, ampliar los poderes de la UE. Aunque el problema parecía ser en gran
medida institucional, las dos partes estaban haciendo una disertación filosófica
fundamental: si la democracia requiere un demos (grupo de individuos que tienen lo
suficiente en común para tratar sus asuntos en forma colectiva), ¿hay o puede existir un
demos europeo único?
A menudo los intergubernamentalistas suscriben una forma de soberanismo, al sostener
que las naciones que están constreñidas por un idioma, una cultura y una historia
comunes, y a veces la pertenencia étnica, son los únicos fundamentos creíbles de las
unidades políticas. Ser parte de una nación es una condición previa, arguyen, del
compromiso básico de la democracia representativa: estar un día de acuerdo en formar
parte de la minoría, con la expectativa de coincidir otro día con la mayoría. Los
intergubernamentalistas defienden la soberanía nacional no como un reflejo reaccionario,
sino como la última garantía de la democracia. Como Europa es el terreno de los
acuerdos entre estados, su democracia debe funcionar indirectamente, a través de los
políticos que están en Bruselas, quienes están obligados a rendir cuentas a su electorado,
en su propio país, en vez de mediante vínculos directos entre ciudadanos e instituciones
europeas.
Los supranacionalistas, por otro lado, creen que es posible y deseable en última
instancia aspirar a un solo demos europeo -- y a una democracia europea -- porque la
conexión entre la nación y la democracia es un accidente, no una necesidad de la historia.
Sostienen que puede forjarse una única identidad europea y establecerla por encima de las
antiguas, pero igualmente artificiales, identidades nacionales. Si en el siglo XIX la
educación cívica pudo transformar a campesinos en franceses, ¿por qué no podría
convertirlos ahora en europeos o al menos en europeos de origen francés? Al haber
logrado reinventarse como una comunidad posnacional, o antinacionalista, los alemanes
tienden a defender esta perspectiva, al igual que los italianos y los belgas. Las previsiones
de un demos europeo vienen con diferentes matices, y algunos creen que nació el 15 de
- 37 -
febrero de 2003 -- cuando la población europea tomó las calles para protestar por la
guerra encabezada por Estados Unidos en Irak -- y otros admiten que ello aún está en
proceso. Pero los supranacionalistas coinciden en que la UE debe perfeccionarse
siguiendo las líneas tradicionales de la democracia representativa, con la creación de
instituciones parecidas a las estatales, como las cámaras legislativas y el puesto de un
primer ministro, en el nivel de toda la Unión.
- 38 -
propio pluralismo transnacional más que una noción ampliada del Estado-nación. Y pese
a lo paradójico que sea, el reconocimiento de que sus diferentes necesidades requieren un
modelo diferente es, de hecho, una forma de hacer honor al papel del Estado-nación
como piedra angular de la democracia nacional.
Los constitucionalistas estadounidenses podrían argumentar que esta definición es sólo
una manera caprichosa de referirse a una visión federalista muy parecida a la
predominante en Estados Unidos en las décadas que precedieron a la Guerra Civil y a la
presidencia de Franklin Roosevelt. En efecto, el federalismo se opone al concepto de un
Estado homogéneo. Pero la historia del federalismo se trata del sometimiento gradual de
las unidades constituyentes a un poder central. Tal es la razón por la cual los soberanistas
de Europa (en especial del Reino Unido) consideran que excluir la "palabra que empieza
con f" del anteproyecto de constitución europea fue una victoria contra la tendencia
superestatal. Dada la historia de Estados Unidos y otras federaciones, sería difícil
persuadirlos de que el federalismo no significa en última instancia "más" Europa y
"menos" Estado-nación, o de que es un modo de organización más compatible con los
demoi que con un solo demos, o bien de que protege a las diferencias locales de ser
borradas. (¿Qué clase de Estado sería ése, con su diminuto presupuesto y administración,
sus reglas sometidas a negociación y procuración de justicia por las autoridades
nacionales y su papel limitado a tareas distintas de las importantes funciones de
bienestar?) Por otro lado, estarían equivocados en no entender la UE como una unión
federal.
Si ha de celebrarse la UE como una demoicracia, debemos partir del pensamiento
constitucional dominante. Y para hacerlo se requieren tres cambios conceptuales: buscar
el reconocimiento mutuo de las identidades de todos los miembros y no el de una
identidad común; promover una comunidad de proyectos, no una comunidad de
identidad, y compartir la gobernación en sentido horizontal, entre estados, en vez de sólo
una vertical, entre estados y la unión.
El primer cambio consiste en reconocer que los europeos pertenecen a una "comunidad
de otros", que están en cierto modo en casa en cualquier parte de Europa. La demoicracia
europea se basa en el mutuo reconocimiento de la variedad de identidades, no en su
fusión. No sólo promueve el respeto de sus diferencias, en el sentido comunitario clásico,
- 39 -
sino que alienta el compromiso recíproco y la participación de las identidades culturales y
políticas. Siguiendo una metáfora pertinente, los tratados europeos actuales permiten que
los nacionales de los estados miembro de la UE se valgan de los servicios consulares de
otros países europeos fuera de la Unión. (La pertenencia de una española a la UE le
permite ser un poco italiana o un poco británica cuando viaja fuera de la Unión.) Con el
mismo espíritu, la Constitución actual no exige una comunidad homogénea o leyes
fundadas en la voluntad de un demos europeo individual. Más bien, hace del respeto
mutuo a las identidades e instituciones nacionales uno de los principios más fuertes.
Si no se predica que la demoicracia europea ha de ser una identidad europea, entonces
no se requiere que sus ciudadanos creen un espacio público específicamente europeo;
sólo se pide que tengan una curiosidad informada sobre las opiniones y vidas políticas de
sus vecinos. Con el tiempo, la política y la ciudadanía multinacional surgirán de la
confrontación, de la adaptación y de la inclusión de las diversas culturas políticas de
Europa. Sin embargo, para que ello ocurra los pueblos de Europa deben continuar con su
reflexión crítica sobre sus entrelazados pasados nacionales, como el preámbulo de la
Constitución los invita a hacer con su gesto de aceptación de sus sangrientas historias.
También deben respetar la importancia de grupos regionales, como los vascos y los
corsos, en el mosaico europeo.
Así, el pegamento que une a la UE no es la identidad compartida; más bien son los
proyectos y objetivos compartidos. Esta distinción está consagrada precisamente en el
primer artículo de la Constitución, en el cual los estados miembro dan a la UE el poder
"de alcanzar los objetivos que tienen en común". El sentido que tengan los miembros de
pertenecer a la Unión y comprometerse con ella se basa en lo que logren en conjunto, no
en lo que son en conjunto. Ejemplos de ello son los proyectos definidos por la UE hasta
la fecha -- el mercado único, el euro y la expansión -- y la ambiciosa lista pendiente que
se traza en la Constitución: la promoción de la paz, la justicia social, la igualdad entre
géneros y los derechos de los niños; el desarrollo sustentable; una "economía social de
mercado altamente competitiva", y el pleno empleo. Forjar proyectos comunes no es
menos exigente que forjar una identidad común, pero es algo voluntario y diferenciado
más que esencialista y holístico. De manera semejante, la proclamación de la
Constitución de valores europeos comunes, entre ellos el respeto de la dignidad humana y
- 40 -
el estado de derecho, debe ser leída como una guía para la acción, no como una
definición de "europeidad".
Por último, la demoicracia europea no deberá basarse en una comprensión jerárquica
del manejo de gobierno, donde las instituciones supranacionales descuellen sobre las
burocracias nacionales y donde las normas constitucionales europeas pasen por encima de
los valores nacionales. Debe dar por sentado la participación horizontal de la soberanía, y
debe estimular el diálogo entre autoridades diferentes en distintos niveles, como son las
cortes nacionales y las constitucionales europeas, los parlamentos nacionales y el
europeo, y los poderes ejecutivos nacionales y europeos. Debe seguir teniendo múltiples
centros, de modo que las decisiones no se tomen en Bruselas, sino en Bruselas y otras
capitales europeas. La UE no es ni nacional ni supranacional; es transnacional. Debe
esforzarse en dar facultades a los actores locales, no dominarlos; favorecer el
reconocimiento mutuo, no la armonización, de las leyes y los reglamentos nacionales, y
garantizar la justa competencia entre ellos.
Es posible que algunos afirmen que la mera idea de una constitución es un anatema al
espíritu de la gobernación no jerárquica y un peligroso alejamiento de la historia de
pragmatismo de Europa. Después de todo, a la fecha, la UE ha sido un modelo de lo que
Joseph Weiler, profesor de derecho de la New York University, llama la "tolerancia
constitucional": las constituciones nacionales de sus miembros han coexistido sin recurrir
a un amplio abanico que las cubra a todas, lo cual ha obligado a los europeos a tomar
decisiones una y otra vez para renovar su compromiso con reglas comunes. En efecto, la
ratificación formal de una constitución podría poner en riesgo este carácter distintivo,
pero ya es demasiado tarde para debatir contra la ratificación. La resistencia estaría mal
orientada porque, en varios sentidos importantes, la Constitución logra trasladar el
espíritu de la demoicracia a la letra de la ley.
Una de las innovaciones más espectaculares de la Constitución radica en que garantiza
a los estados miembro el derecho de separarse de la UE. Al hacerlo, se establece que la
UE es una unión federal, no un estado federal, que -- como bien saben los escolares
- 41 -
estadounidenses al estudiar el nacimiento de su propia nación -- se define justamente por
la negación de ese derecho. A diferencia de su homóloga estadounidense, la Constitución
de la UE exalta el hecho de que sus pueblos están obligados por su elección, pero por una
elección que se realiza en repetidas ocasiones. Debe defenderse esta nueva característica,
no como una concesión a la soberanía nacional, sino como un signo de que la UE ha
madurado lo suficiente como para formalizar lo que es la marca definitiva de una
demoicracia.
Otra innovación significativa son las disposiciones de la Constitución sobre la división
de poderes entre los estados y la Unión, que tratan de lograr lo que parece imposible al
aliviar los temores de que el poder de la UE se expanda sin hacer mucho ruido y a la vez
permita que emprenda acciones en áreas que requieren la acción conjunta, como son la
integración económica, la ley de asilo y la política exterior. Además de enlistar las
facultades exclusivas de la UE y las que comparte con sus miembros, la Constitución
ofrece una nueva salvaguarda decisiva: la adopción de cualquier nueva legislación
europea se someterá a un "sistema de advertencia temprana". Esta característica permite
que un grupo de un tercio de los parlamentos nacionales devuelvan una iniciativa a la
Comisión para ser revisada con base en que podría violar el principio de subsidiariedad al
cuerpo de autoridad subordinado (la presunción de que, siempre que sea posible, la
gobernación en la UE debe radicar en la autoridad más baja, más local). Este mecanismo
de control no tiende, como muchos supranacionalistas temen, hacia una Europa "menor"
ni corre el riesgo de llevar a la parálisis. Más bien, respeta el espíritu de la demoicracia al
hacer que la política de los representantes nacionales designados por elección directa sea
el límite de los poderes de la Unión a favor de las mayorías nacionales.
La Constitución también hace mucho por fortalecer la cooperación horizontal entre los
miembros de la UE al hacer que el reconocimiento mutuo de los fallos y prácticas penales
sea el punto clave de la cooperación entre las fuerzas policiacas y los jueces de Europa.
Para proteger a la UE contra los riesgos vinculados con el libre tránsito de personas y
bienes a través de sus fronteras, la Unión confía más en estrategias comunes y confianza
recíproca que en un FBI europeo. Siguiendo el mismo espíritu, la Constitución formaliza
el uso del "método abierto de coordinación" (la versión europea del método de los
"estados como laboratorios" que experimentó Estados Unidos después de la Segunda
- 42 -
Guerra Mundial) en las áreas de políticas de salud, social e industrial. Los críticos de
izquierda dicen que les hubiera gustado una Constitución más "social". Tienen toda la
razón en establecer normas mínimas comunes y en dar un papel central al sindicalismo.
Pero, si se pudiera hacer más democrático, el método abierto de coordinación que difunde
las mejores prácticas al invitar a los estados a experimentar en el propio país y a imitarse
entre sí es una forma adecuada de establecer metas comunes. De hecho, ¿no es algo
innovador que la UE avance en una agenda social sin que pase por alto la noción legítima
de que la mayoría de las decisiones sobre el Estado benefactor sea el resultado de
negociaciones nacionales?
Si entramos en un nivel más profundo, la Constitución reconoce que la UE no puede
depender sólo de las características de la democracia representativa para lograr su
legitimidad. A últimas fechas, la UE ha promovido nuevas formas de democracia
participativa y deliberativa -- incluso las que pasan por internet -- que a veces son más
ambiciosas que muchos de los métodos de los propios estados miembro. En este espíritu,
la Constitución faculta a los ciudadanos a solicitar a la Comisión proponer iniciativas de
ley europeas si pueden recaudar un millón de firmas de diferentes estados miembro. Sólo
el tiempo dirá, sin embargo, si esta nueva característica fue sólo una pequeña concesión
de última hora a los cabilderos de las organizaciones no gubernamentales.
En otros respectos, la Constitución es menos consistente con el espíritu de la
demoicracia. Por ejemplo, no dice nada acerca de la ciudadanía de la UE. En una etapa
temprana de la convención, los intergubernamentalistas rechazaron una propuesta que
habría extendido el derecho de los ciudadanos de la UE a votar en las elecciones locales y
europeas en su país de residencia, dándoles además el derecho a votar en las elecciones
nacionales. Asimismo, si bien la Constitución fortalece los derechos civiles de los
ciudadanos de la UE (al incorporar la Carta de Derechos Fundamentales, que protege a la
gente contra abusos de parte de sus gobiernos nacionales cuando implementen la
legislación de la UE), no da a los ciudadanos que no pertenecen a la UE, pero que viven
dentro o fuera de ella, una voz mayor en los asuntos europeos. Eso fue un error porque la
demoicracia requiere el trato consistente tanto de los europeos como de los "otros" no
europeos. La Constitución contiene un tremendo grado de introversión.
- 43 -
Pero el mayor error de la Constitución es haber alterado el equilibrio horizontal entre los
estados miembro a pesar de su disposición formal de afirmar la igualdad. Durante las
negociaciones, los estados más grandes al parecer olvidaron que la UE se fundaba en el
rechazo de la política de poderes hegemónicos que había infestado el continente en buena
parte de los cuatro siglos previos. Los 19 estados miembro más pequeños trataron
desesperadamente de proteger su acceso a las jerarquías más altas del liderazgo de la
Unión contra los intentos de los grandes jugadores de marginarlos. Aceptaron la
introducción del llamado sistema de doble mayoría, que complementa la regla de "un país
un voto" al ponderar el poder de voto relativo de los estados según el tamaño de sus
poblaciones. Siempre concedieron que algún grado de proporcionalidad que garantizara
mayor poder a los estados más grandes (lo cual también se aplica a la representación en el
Parlamento Europeo) era justo y realista. Pero advirtieron que el principio no debería
llevarse demasiado lejos pues, sin un demos europeo individual, una "mayoría europea"
podría ser no democrática si pasara por encima de la voluntad de un gran número de
mayorías nacionales.
Algo más espectacular fue que los estados pequeños y medianos lucharon duro -- pero
en vano -- contra la creación de un asiento permanente en el Consejo Europeo (que se ha
llamado incorrectamente la "presidencia de la UE"), pues temían que el nuevo cargo
podría consagrar la preeminencia del Consejo de Jefes de Estado Europeos, una
institución intergubernamentalista dominada por los estados grandes, que a menudo se
opone a la Comisión favorable a los estados pequeños. Pero es más importante que el
cargo abolirá la presidencia rotatoria del Consejo Europeo, el símbolo más visible del
liderazgo compartido de la UE y una característica muy apreciada por los irlandeses,
finlandeses y portugueses, entre otros. La rotación otorga a los ciudadanos europeos una
sensación de que la política de la UE no sólo se hace en Bruselas, sino también en
Madrid, Atenas y Viena. Pero con un presidente elegido indirectamente, también a la
cabeza de la Comisión, el sistema de la UE se acercará más a un liderazgo à la française,
dividido entre un jefe de Estado y un primer ministro. Después de todo, en algunos
respectos, la Constitución ha sido presa del modelo del Estado-nación.
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A semejanza de su homóloga estadounidense -- pero sin su elegancia -- , la
Constitución europea es una nave para la deliberación continua y la negociación de
políticas e ideologías en competencia; más que un fin, es un medio. A diferencia del
pacto estadounidense, sin embargo, no fue creada para inspirar el tipo de lealtad que haría
que las revisiones fueran casi imposibles: la UE es aún un proceso que no se ha cerrado, y
esta nueva Constitución deberá ser reexaminada en un plazo de 10 años. Mientras tanto,
debe tomarse como está, con lo imperfecta que sea, y su sentido debe ajustarse mediante
el debate y la interpretación. Ahora el reto es reforzar o mitigar algunas características del
texto, dependiendo de si sirven o no a la definición de la demoicracia.
Durante las campañas de ratificación vigentes, los defensores de la Constitución
tendrán que demostrar tanto a intergubernamentalistas como a supranacionalistas que el
texto contiene lo necesario para ambas posturas. Hay que persuadir a los dos sectores
para que respalden las premisas básicas de una demoicracia europea como se plasmó en
el anteproyecto: la protección de los poderes nacionales junto con una consolidación de
los poderes de la UE, disposiciones para la democracia directa, una función para los
parlamentos nacionales y el nuevo derecho a retirarse. Más fundamentalmente, estas
campañas deberán ser una oportunidad para poner de manifiesto en forma colectiva el
significado de la ciudadanía europea. Si los europeos están "unidos en la diversidad",
como señala el nuevo lema de la UE, ¿cómo pueden garantizar la inclusión de todos
aquellos que, a través de los años, han quedado fuera de los márgenes del crecimiento
económico, de los nacionales no europeos que viven dentro de los muros de la Unión y de
los nuevos ciudadanos de la UE de Polonia y Lituania?
Los legisladores europeos contribuirían a la causa de la Constitución si recordaran
tomar en serio la subsidiariedad. Los ciudadanos de la UE nunca deberán dejar de
negociar sobre qué poderes están dispuestos a compartir y cuáles desean mantener en el
nivel nacional, y sus dirigentes no deben traicionar sus aspiraciones sólo con el fin de
estar ocupados. Ninguna "mayoría europea" deberá ser capaz de decir a la mayoría de los
ciudadanos de un Estado dado qué hacer acerca de asuntos, como las acciones militares,
que requieren el tipo de sacrificios recíprocos que sólo son convenientes en la esfera de
un demos individual. Y deberá quedar en claro a los europeos que, en las áreas de los
- 45 -
poderes compartidos, los principios de acciones preventivas y de la primacía de la
legislación de la UE (ahora consagrada en la Constitución) no permitan ninguna
interferencia indebida de la Unión en los asuntos nacionales.
En los temas institucionales, la práctica lo es (casi) todo. Incluso la actual resolución
constitucional puede no reconciliar la necesidad de estabilidad preponderante con la del
liderazgo compartido. Esta tensión constituye un argumento para promover la creación de
una presidencia rotatoria para toda la UE (compatible con presidencias separadas de largo
plazo en el Consejo, la Comisión y el Parlamento europeos) y la reinstalación de cumbres
fuera de Bruselas. Con ello, el liderazgo de la UE se acercaría más a sus ciudadanos y
enviaría una clara señal de que, de hecho, la Unión no está al borde de convertirse en un
superestado.
Quizá lo más importante de todo sea que la UE tendrá que seguir relacionándose con el
resto del mundo defendiendo en sus vínculos con el exterior el tipo de pluralismo,
solidaridad y tolerancia que lucha por promover dentro de sus propias democracias. Su
nuevo ministro de Asuntos Exteriores tiene la mayor probabilidad de lograr sus
cometidos si se concentra no en dar sistemáticamente a la UE una "sola voz", sino en
evitar la cacofonía entre las notas contrapuntísticas de sus miembros. Al estimular la
cooperación flexible, la Constitución señala que es posible diseñar una política exterior
adaptada a las necesidades de los miembros individuales. Acordar en los desacuerdos y
aprender a vivir con diferencias son factores valiosos no sólo en las relaciones
trasatlánticas, sino también dentro de la propia UE. ¿Por qué negar que Grecia sea un
mejor mediador con los países árabes, Francia con el mundo francófono y el Reino Unido
con Estados Unidos?
Siguiendo el espíritu de la demoicracia, los europeos no deben buscar un "otro" contra
el cual enfrentarse, sino extender su lógica de reconocimiento e inclusión mutuos
respecto de asociados externos. Incorporar los Balcanes y descentralizar la asociación
entre la UE y los estados mediterráneos -- región donde la Constitución requiere una
"buena vecindad" -- respecto de Bruselas y llevarla a la región misma serían proyectos de
ajuste para la década siguiente. Y ¿qué mejor prueba de la capacidad de la UE de
convertirse en un mediador universal que la incorporación de Turquía como miembro con
plenos derechos? La pertinencia universal de la demoicracia de Europa, su capacidad para
- 46 -
servir como guía normativa más allá de sus fronteras, no sólo puede ser proclamada. Sólo
puede llevarse adelante mediante el ejemplo y oponiéndose al eurocentrismo.
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un proyecto suficientemente radical. Conforme la UE sigue creciendo, en tamaño y en
ambiciones, proteger el espíritu de su demoicracia es más importante que nunca.
4.1.2. La actualidad
Una mayor integración política se ha venido dando sobre todo a partir de la firma del
Tratado de Maastrich de 1992. Existe también un mayor compromiso de respetar y
observar los principios de la Unión que son el respeto a los fundamentos de la
integración, a las formas democráticas y a los derechos humanos.
Por otro lado, se ha ampliado el ámbito de actuación política mediante la extensión del
voto mayoritario en el Consejo, un aumento de participación en el Parlamento Europeo
en el proceso legislativo y la obtención de nuevas competencias en determinados campos:
mercado interior, política monetaria, política social, etcétera 58. De las instituciones
principales que conforman el ámbito político están el Consejo Europeo, la Comisión, El
Consejo de la Unión Europea, el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia.
El Consejo Europeo reúne a los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados
miembros. Su creación data de la cumbre de París de 1974. A partir de entonces se reúne
regularmente para tratar asuntos de especial trascendencia y de política exterior. Desde su
institucionalización, el Consejo Europeo ha establecido las líneas directrices y ha dado
impulso político a grandes cuestiones comunitarias: elecciones directas al Parlamento
Europeo, adhesiones de nuevos países, creación del SME, reforma de la política agraria
común, reforma financiera, unión económica y monetaria, etcétera. En el Consejo
Europeo los Jefes de Estado o de Gobierno y el presidente de la Comisión están asistidos
por los Ministros de Asuntos Exteriores.
La Comisión es el órgano ejecutivo de la Comunidad. Tiene la iniciativa de la política
comunitaria y representa los intereses de la Unión. Vela por la aplicación del Derecho
Comunitario (‘guardiana de los Tratados’) y ejerce competencias directas en el ámbito de
la política de competencia. Está compuesta por 20 miembros, nombrados de común
acuerdo por los Gobiernos de los Estados miembros para un periodo de cuatro años. El
58
La Comunidad Europea... Op cit., p. 8.
- 48 -
presidente y los vicepresidentes son elegidos de entre los miembros de la Comisión para
un periodo de dos años y su mandato es renovable.
Por otro lado, los miembros de la Comisión deben ofrecer plenas garantías de
independencia y, en el cumplimiento de sus funciones, no pueden solicitar ni aceptar
instrucciones de ningún gobierno ni de ningún organismo. Cada Estado miembro se ha
comprometido a respetar este principio y a no intentar influir sobre los miembros de la
Comisión en el ejercicio de sus funciones. Cada miembro se hace cargo de un ámbito
concreto de actividad. Los acuerdos son adoptados por la Comisión de forma colegiada y
por mayoría simple. Su sede está en Bruselas.
El Consejo de la Unión Europea está compuesto por representantes de los gobiernos de
los Estados miembros, en función de los asuntos que figuren en el orden del día de
política exterior, económicos, financieros, agrarios, etc. La presidencia del Consejo es
asumida de manera rotativa por parte de los Estados miembros cada seis meses y sus
reuniones no son públicas. Ahora existe la figura de la cooperación reforzada que ha
desplazado a la unanimidad y a la mayoría calificada en la forma de elección y resolución
dentro del Consejo. Además, cada año el Consejo establece el proyecto de presupuesto
anual y lo remite al Parlamento Europeo, que puede enmendarlo o proponer
modificaciones. Un comité formado por los representantes permanentes de los Estados
miembros prepara los trabajos del Consejo y desarrolla las tareas que éste delega en el
comité. Es la plataforma entre el Consejo y la Comisión.
El Parlamento Europeo, por su parte, dispone de poderes de codecisión, especialmente
en los siguientes ámbitos: mercado interior y presupuestos, adhesión de nuevos Estados
miembros y celebración de acuerdos de asociación. También cumple funciones
consultivas y de control, y puede aprobar una moción de censura sobre la gestión de la
Comisión. Existe una representación proporcional de los Estados miembros en un total de
626 eurodiputados de muy diversas tendencias políticas y desde 1979 se conforma
mediante el voto directo de los ciudadanos. Su sede está en Estrasburgo.
El Tribunal de Justicia ejerce el poder judicial. Esta formado por 15 jueces, nombrados
de común acuerdo por los Gobiernos de los Estados miembros para un periodo de seis
años. Vela por la uniformidad de la interpretación y aplicación del Derecho comunitario,
supervisa la legalidad de la actuación del Consejo y de la Comisión y decide sobre
- 49 -
cuestiones del Derecho comunitario que le presentan los tribunales nacionales. Cualquier
Estado miembro puede recurrir al Tribunal de Justicia si estima que otro Estado miembro
ha incumplido una obligación derivada de los Tratados. También la Comisión puede
recurrir al Tribunal cuando considere que un Estado miembro ha incumplido una
obligación. El Tribunal de Justicia puede pronunciarse sobre recursos interpuestos por
personas físicas o jurídicas contra las decisiones de las que sean destinatarios.
Por otro lado, y en el aspecto político de defensa militar, existe la Unión Europea
Occidental (UEO) que coordina la política de defensa común de la UE. Pertenecen a esta
organización todos los Estados miembros de la Unión Europea excepto Dinamarca,
Grecia e Irlanda. Su antecedente más inmediato fue la Comunidad Europea de Defensa
(CED), que se formalizó en 1952 por parte de Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo,
Francia, Italia y Alemania. El proyecto estaba pendiente de ratificación por parte de los
Parlamentos de los seis países, y fue la Asamblea francesa la que echó al traste todos los
pasos dados negándose a aprobarlo. La no ratificación parlamentaria de Francia finiquitó
la CED.
El Tratado de Maastrich concede un lugar especial a la UEO en el desarrollo progresivo
de la política exterior y de seguridad común (PESC). Considera que la UEO contribuye
plenamente al desarrollo de la Unión Europea, por lo que deberá poner en marcha
aquellas decisiones y acciones que tengan consecuencias para la política de defensa. Los
nueve Estados miembros que forman parte de la UEO han acordado un programa de
cooperación, según la cual la organización se convertirá en el brazo defensivo de la UE a
la vez que fortalecerá el pilar europeo de la OTAN. En este sentido, la Comisión de la UE
debe ser consultada e informada periódicamente sobre las actividades de la UEO.
Por otrolado, y según los términos del Tratado de Maastrich, la cooperación entre la
UEO y la OTAN debe ser lo más estrecha y transparente posible. Los países europeos
miembros de la OTAN que no pertenecen a la UE, Turquía e Islandia, se relacionan con
la UEO en términos de miembro asociado. Los órganos principales de la UEO son el
Consejo, la Asamblea y el secretariado, cuya sede se encuentra en Bruselas 59.
Por último, un aspecto fundamental dentro del ámbito político dentro del proceso de
integración europeo ha sido el respeto de los principios democráticos y la disposición al
59
Ver: página web: www.geocities.com/capitolHill/lobby/4402/
- 50 -
diálogo así como la capacidad de los Estados miembros de buscar y lograr consensos.
Otro aspecto importante ha sido la creación de instituciones que han ido acrecentando su
capacidad de decisión en aras de una mayor supranacionalidad. Estas circunstancias
políticas, no exentas de frenos y tropiezos, son la fuerza que impulsa el proceso de
integración en Europa.
60
Aldecoa y Cornago. ‘El nuevo regionalismo...’. En: Op cit., p. 95.
61
Véase: página web: www.historiasiglo20.org.
- 51 -
representados los distintos sectores económicos (trabajadores, empresarios, autónomos,
etc.). Los miembros son nombrados por acuerdo del Consejo a propuesta de los países
miembros por un periodo de cuatro años (son miembros a título personal, no
representantes de su país) y todos tienen un suplente. El Comité Económico y social dicta
un informe sobre las propuestas que tengan consecuencias económicas o sociales. Es
obligatorio conocer el dictamen del Comité (aunque no es obligatoria su opinión). Por lo
demás, el Consejo y la Comisión pueden consultarle cuando quieran y aunque no es
obligatoria la decisión de este Comité, se suele tener en cuenta 62.
62
En: página web: www.geocities.com/capitolHill/lobby/4402/
- 52 -
Sin embargo, muchos sí lo consiguieron. Más de 40.000 personas lograron escapar. En
los últimos años la cifra se disparó. En el verano de 1989 se produjo el mayor éxodo de
alemanes orientales hacia la República Federal desde la construcción del muro. Muchos
huían aprovechando las vacaciones estivales. Desde Hungría, vía Austria, lograban salir.
El vopo (policía de fronteras) Conrad Schumann, de 19 años, considerado un soldado
leal al régimen comunista, fue uno de los primeros en huir a las pocas horas de que se
levantara el muro.
Quince vopos murieron durante estos 28 años. Uno de ellos fue asesinado por los
soldados occidentales que evitaron así la muerte de un joven de 15 años que intentaba
huir.
Los berlineses agudizaron su ingenio para intentar escapar: un hombre cruzó el mar
Báltico con un minisubmarino y consiguió llegar a Dinamarca; un vehículo Isseta fue
empleado 18 veces para transportar a fugitivos, que se escondían en el hueco de la
calefacción y en la batería; un coche consiguió pasar por debajo de la barra fronteriza
gracias a su pequeño tamaño; una familia utilizó un cable tendido sobre el muro por el
que se deslizaron y otros huyeron con un globo aerostático.
Una cadena de televisión norteamericana financió a cambio de la exclusiva la
espectacular fuga de 29 personas bajo tierra.
Otros tuvieron menos suerte. Las imágenes del joven Peter Fechter agonizando tras ser
alcanzado por los disparos de la policía impresionaron al mundo occidental.
Otro caso significativo fue el de Klaus Brüske, que herido por una bala, aguantó al
volante de su furgoneta hasta llegar al otro lado del Muro para poder salvar a sus
compañeros.
La última víctima fue Chris Geoffrey, que murió nueve meses antes del derribo.
Los berlineses que consiguieron llegar a la RFA tuvieron una muy buena acogida por
parte de sus paisanos occidentales y el Gobierno les dio todo tipo de facilidades. Los
medios de comunicación también contribuyeron creando un clima favorable a la
integración.
El Muro de Berlín dividió también el corazón de cientos de familias y amigos que
vieron cómo una mole de hormigón les separaba de sus seres queridos.
- 53 -
Alemania es desde hace más de una década un país política y económicamente unido
pero en algunos aspectos el Muro sigue dividiendo a los alemanes.
La llegada de mano de obra joven y cualificada procedente de Berlín Oriental fue una
buena noticia para empresarios y Gobierno, a pesar de los dos millones de desempleados
que había en la República Federal en 1989. Un alto porcentaje de los nuevos contratos
que se hicieron, sobre todo en los primeros años, han sido para los berlineses orientales,
lo que ha provocado malestar en un segmento de la población, que acusa a sus paisanos
de robarles sus empleos. Además, las empresas no tienen más incentivos fiscales desde
que desaparició la frontera y algunas se han ido a otra parte.
Alemania sigue siendo la primera potencia europea y la que más contribuye a las arcas
de la UE, pero la última cifra oficial de desempleados roza los 3,5 millones y no deja de
aumentar. Según un informe del Gobierno presentado en abril de 2001, Alemania no ha
logrado repartir bien su riqueza y las desigualdades sociales han aumentado de manera
notable en los últimos 20 años. La brecha entre ricos y pobres se ha incrementado al
tiempo que se evidencia la diferencia de rentas entre el este y el oeste.
Algunos germano occidentales se quejan también de la subida de impuestos propiciada
por la reunificación.
Por su parte, los berlineses del este se han tenido que acostumbrar al paro, un problema
que no tenían con los comunistas. Y tampoco ha sido fácil adaptarse a la economía de
mercado.
Otras heridas continúan abiertas. Los poscomunistas alemanes, herederos del Partido
del Socialismo Unificado (SED), favorable a la separación de las dos Alemanias, admiten
que el muro no fue una solución, pero no han llegado a pedir perdón a las víctimas de
manera colectiva.
Alemania conmemora el 17º aniversario de la caída del Muro. En estos 17 años,
muchas esperanzas nacidas tras la caída de la dictadura comunista no se han visto
concretadas, la economía no se ha recuperado del gasto enorme de la unificación y la
fractura entre el este y el oeste sigue siendo grande.
El canciller alemán, Gerhard Schröder, reclamó "un verdadero esfuerzo nacional" para
"completar la reunificación" alemana, a 15 años de la caída del Muro de Berlín.
- 54 -
El 9 de noviembre es, al mismo tiempo, "un día del triunfo de la libertad y la
democracia" en el que, hace 15 años, "la gente de la República Democrática de Alemania
echó abajo el muro y superó una dictadura que despreciaba los derechos humanos".
El pasado mes de septiembre, dos encuestas publicadas por las revistas 'Stern' y 'Der
Spiegel' sobre los sentimientos de los alemanes frente a la unificación causaron cierto
estupor pues revelaron que el 20% de los alemanes echan en falta el 'Muro de la
Vergüenza'.
Otro sondeo publicado en vísperas del aniversario muestra cierta ignorancia sobre la
fecha en la que cayó el Muro. A la pregunta "¿sabe usted lo que pasó el 9 de noviembre
de 1989?", el 37% de los encuestados en el oeste del país (la antigua RFA) respondió
mal, mientras que en el este (la antigua RDA) la tasa de error fue del 18%.
En el extranjero, la caída del muro de Berlín se ha convertido en símbolo por
excelencia del triunfo de la libertad, pero en Alemania se viven día a día los problemas de
la unificación.
En el plano económico, la unificación ha exigido de los alemanes occidentales una
contribución económica considerable y de los del este un gran esfuerzo por adaptarse a
condiciones de trabajo y de vida muy distintas de las de la economía planificada y el
comunismo.
Según datos del Bundesbank, las transferencias brutas del oeste al este entre 1991 y
2003 sumaron 1.250 billones de euros.
Por su parte, los alemanes del este están pagando el coste social de la unificación, pues
15 años después de la caída del muro el paro en las regiones que formaron parte de la
República Democrática Alemana (RDA) sigue siendo el doble que en el oeste, 18,5%.
Un estudio reciente revelaba que muchos germano-orientales piensan que en el proceso
de unificación se ha perdido "mucho capital humano".
El jefe del gobierno regional de Brandeburgo, Matthias Platzeck, se hacía eco del sentir
de muchas personas que como él crecieron en la RDA al lamentar -en una reunión con
periodistas extranjeros- que se esté "redescubriendo" ahora algunas cosas buenas que
tenía la sociedad germano-oriental, por ejemplo en el sistema educativo, que en el
momento de la unificación se descartaron sistemáticamente.
- 55 -
El Gobierno alemán se ha comprometido a mantener en los próximos 15 años la ayuda
al desarrollo del este y anunció en septiembre que se dedicarán 150.000 millones de euros
a esta labor.
Pero el significado de la caída del muro de Berlín trasciende la realidad alemana, como
demuestra el que se haya convertido en referencia constante en los discursos políticos y
que haya trozos de aquella muralla expuestos desde en el Parlamento Europeo hasta el
Palacio de la Reina de Inglaterra.
Aquel 9 de noviembre de 1989 comenzó, en efecto, el proceso histórico que ha
desembocado en una integración en la Unión Europea y en la OTAN de muchos de los
antiguos países del Pacto de Varsovia.
El vacío dejado por la desaparición de las condiciones de la Guerra Fría se ha llenado,
por otra parte, con nuevos problemas, en particular con el del terrorismo internacional.
El que fue ministro de Asuntos Exteriores durante los pocos meses en que la RDA
siguió existiendo -tras la caída del muro y del comunismo-, Markus Meckel, dijo que
menos de un año después de la caída del muro, recordó, "se produjo la invasión iraquí de
Kuwait, después vino la Guerra en los Balcanes y ahora hay situaciones de muy poca
libertad en países como Bielorrusia, Ucrania o incluso en la propia Rusia y por supuesto
ha surgido la plaga del terrorismo internacional".
Pero también ha florecido la democracia en muchos países del Este y Europa "no sólo
se ha ampliado, sino que se ha completado", dice.
¿Han pasado ya o han pasado sólo 16años? De la reunificación alemana. Ambas
preguntas son justificadas aunque subsista la asimetría en Europa Occidental y Europa
Oriental todos tenemos razones para festejar .Los alemanes del este cuando recuerdan la
falta de libertad que padecieron hasta 1990, y los alemanes occidentales, cuando
comprenden la suerte de haber vivido, por una casualidad histórica, en libertad y
bienestar.
Desde entonces, La Republica Federal de Alemania ha evitado los gestos arrogantes,
Más aun, nunca abandonó una particularidad ejemplar: que no se Construyó sobre la idea
del Estado nacional, sino sobre la ética política de un doble rechazo: del nazismo en su
pasado y del estalinismo de su vecindad.
- 56 -
La mayor parte de las ampliaciones de la Unión Europea se hicieron para obtener
libertades. Grecia, España y Portugal se liberaron de dictaduras casi al mismo tiempo.
Estas jóvenes democracias querían fortalecerse formando parte de la Europa libre. Ésas
fueron las razones, no económicas que condujeron a la ampliación de la Unión Europea
de 9 a 12 miembros. También por esa razón se adhirieron otros diez países el primero de
mayo de 2004.
La pregunta central para Alemania y Europa hace 16 años era: ¿cómo hacer para que la
reunificación alemana fortalezca a Europa en lugar de debilitarla?. Los vecinos
occidentales, sobre todo Francia planteaban esa pregunta preocupados por el equilibrio
político en Europa. En París se deseaba impedir que la reunificación pudiera afectar el
equilibrio político entre la dos naciones europeas. Quien conoce la historia europea no
puede sorprenderse.
Sin Alemania unificada hubiera quedado bloqueado el camino de los pueblos de Europa
central y oriental hacia la Unión Europea. Es evidente que Europa se fortaleció con la
unidad Alemana, han pasado al olvido las preocupaciones de 1990 y no existe el
problema de una supremacía de alemana en Europa. También la nueva Alemania se ha
integrado en las estructuras occidentales. No existe ya “cuestión alemana” alguna que
preocupe ni a los alemanes ni a los otros europeos. Ése el el balance positivo de los 16
años de la unidad alemana. Lo que aún queda por resolver es la evolución futura de
Europa. Después de la adhesión de diez nuevos miembros. La Unión Europea no solo es
mayor sino más polifacética. Ahora debe definir su nuevo punto de equilibrio y su nueva
posición en el mundo.Alemania debe desempeñar el papel que le corresponde por su
capacidad y su ubicación geográfica. Si Alemania descuida a alguno de sus socios, se
modificaría todo el equilibrio europeo, Alemania tiene un rol fundamental como
mediador entre el Este y el Oeste de Europa. Tiene relaciones de confianza con Francia y
el Reino Unido, y goza a la vez de una excelente reputación con Polonia .
Diez y seis años después de la unificación, nadie teme a Alemania. El problema es
ahora los temores de los alemanes .Muchos alemanes observan el futuro con
preocupación y desaliento. Esta fase de relativa debilidad coyuntural no puede ni debe
durar mucho. Europa necesita de la fuerza económica y política de Alemania. Es sin duda
un socio estratégico e indispensable para sus vecinos orientales que necesitan una Europa
- 57 -
de la solidaridad financiera y política. La alternativa sería la desintegración de la Unión
Europea. Impedirlo es un reto conjunto de los países miembros y sin Alemania esta labor
es imposible.
- 58 -
afirmar su identidad, atraer turismo y crear empleo en campos tales como los servicios en
línea y los medios de comunicación. El programa Cultura 2000, con un presupuesto de
167 millones de euros para el periodo 2000-2004, es uno de los programas insignia de la
UE63. La Comisión Europea ha sugerido ampliar su vigencia dos años más,
incrementando su presupuesto hasta 236 millones de euros. A este respecto, los objetivos
de Cultura 2000 son:
Por otro lado, existen los programas de formación profesional y aprendizaje permanente
y de educación llamados Leonardo Da Vinci y Sócrates respectivamente. En ambos
programas se han invertido más de 400 millones de euros cada año. Estos programas no
se destinan exclusivamente a los jóvenes. Sus objetivos son la promoción del aprendizaje
permanente y la construcción de una Europa del conocimiento.
Finalmente, en el Comité de las regiones (222 miembros) se ha hecho escuchar la voz
de las localidades y su presencia cultural dentro del contexto de la Unión Europea. Este
Comité fue creado a partir de Maastrich como un Comité de consulta pudiendo emitir
dictámenes por iniciativa propia.
63
En 2000, con el programa marco ‘Cultura 2000’, la Comisión ha adoptado un nuevo enfoque para su
acción cultural. Dicho enfoque está dirigido a crear un espacio cultural común fomentando el diálogo
cultural, la creación, la difusión de la cultura y la movilidad de los artistas y de sus obras, el patrimonio
cultural europeo, las nuevas formas de expresión cultural, así como el papel socioeconómico de la cultura.
En: página web: http:/europa.eu.int/abc/governments/index_es.htm#
- 59 -
Con demasiada frecuencia se evalúa la utilidad del programa del mercado interior y de
integración desde ópticas puramente económicas. Pero es evidente que la UE debe activar
también su política de medio ambiente para cumplir con las exigencias de sus
ciudadanos. Nadie ignora hoy en día que la destrucción de la naturaleza no conoce
fronteras, ni nacionales ni continentales. Desde el Acta Única, la Comunidad asumió la
responsabilidad de conservar, proteger y mejorar la calidad del medio ambiente, de
contribuir a la protección de la salud humana y de garantizar una utilización prudente y
racional de los recursos naturales. Los posteriores Tratados han confirmado esta
responsabilidad compartida. La Unión Europea interviene cuando estos objetivos pueden
alcanzarse mejor a escala comunitaria que a escala nacional. Se rige por el principio de
prevenir y combatir los daños desde su origen. La Agencia Europea del Medio Ambiente,
creada en 1990, ha suministrado a los ciudadanos europeos datos seguros y objetivos e
información que la Comisión necesita para velar por la aplicación de la legislación
comunitaria sobre medio ambiente.
En la Declaración de Dublín (1990), el Consejo Europeo reconoció la especial
responsabilidad de la Comunidad en cuestiones ambientales con respecto tanto a sus
propios ciudadanos como a la humanidad en general. Por consiguiente, la Comunidad ha
utilizado su autoridad moral, económica y política para apoyar los esfuerzos
internacionales destinados a resolver los problemas ambientales que afectan a todo el
mundo. La Antártida, el último reducto de la Tierra por el que no ha pasado la mano del
hombre, requiere de una protección especial. Una de las principales preocupaciones es la
conservación de la capa de ozono. La Unión Europea se ha mostrado decididamente
partidaria de poner a disposición más medios financieros y técnicos para ayudar a los
países en vías de desarrollo en la conservación del medio ambiente. La progresiva
destrucción de las selvas, la erosión del suelo, la desertificación y otros problemas
ambientales deben combatirse junto con los países afectados 64.
Por otro lado, la UE se ha fijado diversos objetivos para ahorrar energía y pasar al uso
de fuentes más respetuosas del medio ambiente. Asimismo, financia con cantidades
considerables la investigación sobre tecnologías más limpias y rentables, al tiempo que
está creando un mercado único de la energía en el que los proveedores puedan competir
64
La Comunidad Europea... Op cit., p. 17.
- 60 -
libremente en cualquier lugar sobre la base de sus precios, contribuyendo así a lograr un
uso más eficaz de la energía.
De acuerdo con una distribución equitativa dentro de los pesos específicos en el sistema
europeo que se ha venido construyendo desde los años cincuenta, se puede decir que el
llamado Núcleo de Europa (Alemania, Francia, Italia y el Benelux) junto con la
ambivalente Inglaterra, son los países más importantes y de carácter decisorio dentro de
la Unión Europea.
Sin embargo, la cuestión de las equivalencias dentro del sistema ha permitido un
reparto porcentual de las atribuciones y responabilidades al interior de las instituciones y
organismos que conforman la Unión 65. En la distribución de escaños en el Parlamento
Europeo, por ejemplo, se tiene actualmente las siguientes cantidades de eurodiputados
por país: Alemania, 99; Francia, 87; Italia, 87; Reino Unido, 87; España, 64; Países
Bajos, 31; Bélgica, 25; Grecia, 25; Portugal, 25; Suecia, 22; Austria, 21; Dinamarca, 16;
Finlandia, 16; Irlanda, 15; y Luxemburgo, 6.
De igual forma en el Consejo, institución de vital importancia para la Unión, los votos
estan repartidos de la manera siguiente: Alemania: 10, Francia: 10, Italia: 10, Reino
Unido: 10, España: 8, Bélgica: 5, Grecia: 5, Países Bajos: 5, Portugal: 5, Austria: 4,
Suecia: 4, Dinamarca: 3, Irlanda: 3, Finlandia: 3, y Luxemburgo: 2.
Otro indicador que ilustra la diversidad de pesos específicos de los países dentro del
esquema europeo fue la composición del Ecu (unidad monetaria europea que dio paso al
Euro), donde el marco, la moneda alemana, representó el 30,1 por ciento; el franco
francés el 19,0 por ciento; y la libra esterlina del Reino Unido el 13,0 por ciento. Las
demás monedas representaron porcentajes muy por debajo de los ya mencionados 66. Así
65
Véase: Majone, Giandomenico. ‘Tratando con la complejidad de los multiniveles de gobierno: cuatro
lecciones de la experiencia de la Unión Europea’. En: Revista Gestión y Política Pública. Vol. XIII, núm.
1, CIDE, México, 2004.
66
La comunidad europea... Op cit., p. 30.
- 61 -
pues, la pujante economía alemana ha significado un motor importante para la
constitución de un mercado europeo competitivo que hoy día es el más importante, por su
poder adquisitivo, del mundo.
También el aspecto demográfico es fundamental en la distribución de roles y
participación dentro de las instituciones y organismos de la Unión Europea. En este
sentido, y según las estimaciones realizadas por Eurostat, a primero de enero de 2004
serán 380,8 millones de personas en la UE, de los cuales 306,9 millones pertenecen a la
Zona Euro. La población de los países candidatos asciende a 74,1 millones.
Durante el 2003 la población en la UE creció un 0,34%, del cual un 0,08% se debe al
crecimiento natural (nacimientos, defunciones) y un 0,26% a la inmigración neta
(inmigrantes-emigrantes). Todo ello arroja un crecimiento de 1,276,000 personas. Tanto
los nacimientos como las defunciones ascienden, pero el crecimiento natural disminuye
respecto a años anteriores67.
Por otro lado, un indicador de la diversidad dentro del esquema lo constituye el
producto interno bruto (PIB) per cápita expresado en términos de paridad de poder de
compra en las regiones de la Unión Europea. Este se mueve entre el 53% de la media de
la griega Dytyki Ellada hasta el 263% de la región Centro de Londres (Inner London). El
10 % de las regiones se sitúa por encima del 25% de la media; una quinta por debajo del
25% de ésta.
Tras Inner London, las regiones europeas más productivas en estos términos resultan
ser: Bruselas (Bélgica), Luxemburgo, Hamburgo (Alemania), Ille de France (la región de
París) y Viena (Austria), todas ellas superando en más del 50% la media de las 21
regiones que superan el nivel de más del 25% de la media, hay cinco en Alemania, tres en
Italia, Holanda y Reino Unido, y una en Bélgica, Irlanda, Francia, Luxemburgo, Austria,
Finlandia y Suecia.
67
Los nacimientos alcanzaron los 4,03 millones de personas. Las mayores tasas las registran Irlanda
(15,5%), Alemania (8,6%), Grecia (9,3%), Italia (9,4%) y Austria (9,5%). Respecto a las defunciones se
produjeron 3,740,000 decesos durante el 2003, cerca de 64,000 más que en 2002. Las tasas más altas de
mortalidad se registraron en Dinamarca (10,7%), Alemania y Suecia (ambos 10,4%), Irlanda (7,3%), con su
parte e población más joven, es el Estado miembro con la tasa más baja, seguido de Luxemburgo (8,5%).
Por otro lado, en el 2003, más de tres cuartas partes del crecimiento de la población de la UE fueron por la
migración neta. España es la receptora de 23% de la migración neta de toda la UE. Italia registra el 21%,
Alemania el 16% y Reino Unido el 10%. Véase: página web: www.historiasiglo20.org.
- 62 -
En el otro extremo, entre las regiones que están por debajo de la media en más de un
25% se encuentran once de las trece regiones de Grecia, cinco de las siete portuguesas,
diez de los nueevos Lander alemanes, seis regiones españolas, cinco italianas, cuatro
británicas y dos belgas68.
Con las cifras anteriores, pareciera prevalecer un cierto orden concéntrico con respecto al
proceso de integración y la importancia de algunos países también en atención a su
desarrollo económico, extensión territorial y población absoluta. Es indiscutible la
posición protagónica de Alemania en cuanto a su dinamismo económico, que tras la
reunificación en 1989 ha visto fortalecido su papel dentro de la Unión Europea. Sin
embargo, la tendencia a la conservación de distintos centros de poder ha sido una
constante, siendo las instituciones y organismos principales instancias repartidas dentro
del esquema: la Comisión en Bruselas, el Parlamento Europeo en Estrasburgo, El
Consejo, de manera rotativa cada seis meses entre los distintos países miembros, etcétera.
Con esta situación de pesos y contrapesos dentro de la UE se asegura un sano equilibrio
que permite el avance de la integración en un ambiente de confianza y optimismo.
68
De las regiones españolas, se sitúan por encima de la media europea: Madrid (112%), Navarra (106,2%),
Baleares (105,4%), País Vasco (105,1%) y Cataluña (100,7%). Cerca de la media se colocan: La Rioja
(96,9%) y Aragón (90,5%) y un escalón más abajo: Cantabria (82,7%), Comunidad Valenciana (81,1%),
Canarias (79,15). Por debajo del umbral del 75% se encuentran: Asturias (72,4%), Murcia (71,2%),
Castilla-La Mancha (67,1%), Galicia (66,5%), andalucia (63,1%) y Extremadura (53, 5%). En: Ibid.
- 63 -
Exteriores, quien trabaja en estrecha colaboración con sus colegas responsables de
políticas sectoriales –Poul Nelson (Desarrollo y Ayuda Humanitaria), Gunter Verheugen
(Ampliación) y Pascal Lamy (Comercio)- y con Javier Solana, Secretario General del
Consejo de Ministros y primer Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad
Común70.
La Unión dispone de una amplia red con ramificaciones en todo el mundo que le ayuda
a formular y poner en práctica sus políticas. Además de las numerosas embajadas
extranjeras acreditadas en Bruselas ante la UE, la Comisión cuenta con más de ciento
veinte delegaciones en terceros países incluida la Delegación de Caracas, cuyo papel
consiste en desarrollar los vínculos bilaterales de la Unión con naciones de tamaño y
riqueza enormemente dispares, promoviendo así las políticas y los valores de la Unión y
manteniendo a Bruselas informada de los progresos in situ.
De esta forma, la Unión da a conocer su posición en diversos foros multilaterales como
las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Organización para la Seguridad y la
Cooperación en Europa y coopera con estos organismos a fin de garantizar de forma más
adecuada los objetivos comunes en materia de paz y seguridad 71.
En este sentido, la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la Unión
Europea fue establecida en 1993 por el Tratado de la Unión Europea (Tratado de
Maastricht) y vino a culminar más de veinte años de cooperación política entre los países
de la UE. Desde 1993, el Consejo de Ministros ha adoptado unas setenta posiciones
comunes en materia de política exterior sobre temas tan dispares como los Balcanes,
Timor Oriental, la no proliferación de armas nucleares o la lucha contra el terrorismo.
Una vez adaptadas, se insta a los Estados miembros a suscribir estas posiciones comunes,
que la Presidencia defiende en las Naciones Unidas y en otros foros internacionales.
Durante el mismo periodo, el Consejo ha acordado unas cincuenta acciones comunes,
entre ellas operaciones de retirada de minas en África y en otras partes del mundo y el
nombramiento de enviados especiales de la UE en zonas en crisis como los Balcanes y el
Oriente Medio.
69
Mangas y Liñan. Op cit., p. 643.
70
Véase página web: www.delven.cec.eu.int/es/ue_actor_global/2htm
71
Ibid., p. 1.
- 64 -
Desde la entrada en vigor del Tratado de Ámsterdam en 1999, el Consejo Europeo
(Jefes de Estado o de Gobierno) está capacitado para adoptar estrategias comunes a más
largo plazo en relación con determinados países o regiones. De esta manera, en 1999 se
adoptaron sendas estrategias comunes para Rusia y Ucrania y, en 2000, otra para la
región mediterránea. En el marco de la PESC, está tomando forma rápidamente una
política europea común de seguridad y defensa (PECSD). Para facilitar la labor de la
Unión a la hora de abordar situaciones de crisis en regiones limítrofes o más remotas, se
estudian planes, en estrecha colaboración con la OTAN, con vistas a la creación de una
fuerza militar de intervención rápida para garantizar a corto plazo el mantenimiento de la
paz y otras tareas pacíficas72.
Aunque la política exterior no se limita exclusivamente a la distribución de ayudas,
cabe resaltar sin embargo la dimensión de la asistencia financiera. La UE es actualmente
el primer donante de ayuda humanitaria del mundo y ocupa el quinto lugar, por detrás de
EE.UU., Japón, Alemania y Francia, por lo que respecta a la ayuda financiera. La UE y
sus Estados miembros aportan cerca del 55 % de la ayuda pública al desarrollo (APD) y
más de dos tercios de las ayudas en forma de subvenciones. La parte de la ayuda europea
gestionada por la Comisión y el Banco Europeo de Inversiones ha pasado de un 7% hace
treinta años a un 17 % en la actualidad. En total, la Comisión administra cada año una
cartera de ayuda exterior por un valor de unos 9 600 millones de euros 73.
La ayuda exterior de la UE, que en un principio se concentraba en las antiguas colonias
de los Estados miembros en África, el Caribe y el Pacífico, tiene actualmente una
dimensión verdaderamente mundial. Dos tercios de esta ayuda están destinados a Europa
Central y Oriental, los países de la antigua Unión Soviética, los Balcanes, Oriente Medio,
la región mediterránea, Asia y América Latina. Esta ayuda no se limita al ámbito del
desarrollo, sino que abarca asimismo la reconstrucción, el refuerzo de las instituciones,
los programas macroeconómicos y la promoción de los derechos humanos 74.
72
Sobre el desafío de la seguridad y defensa posAmsterdam, véase: Aldecoa y Cornago. ‘El nuevo
regionalismo...’. En: Op cit., p. 97.
73
En: página web: www.delven.cec.eu.int/es/ue_actor_global/2htm, p. 2.
74
En: página web: www.delven.cec.eu.int/es/ue
- 65 -
Los Estados Unidos constituyen sin lugar a dudas el principal socio de la Unión. Esta
relación es particularmente estrecha en ámbitos como el comercio, la dimensión política,
la política exterior o la seguridad. La cooperación es muy fluida no sólo en asuntos
bilaterales, sino también en foros internacionales como las Naciones Unidas, la
Organización Mundial del Comercio, la OTAN y el G8, así como en regiones conflictivas
como los Balcanes. Ambas partes mantienen lo que podría denominarse una relación de
complementariedad, ya que, juntas, constituyen un fuerte potencial de progreso en
asuntos de toda índole.
Los cimientos de la actual relación fueron establecidos en la Declaración Transatlántica
de 1990, que prevé dos cumbres bilaterales al año, asentándose posteriormente en la
Nueva Agenda Transatlántica de 1995, cuyos cuatro capítulos: promoción de la paz y la
estabilidad en el mundo, respuesta a los desafíos globales, contribución al desarrollo del
comercio mundial y establecimiento de relaciones más estrechas entre ambas partes
cubren la totalidad de las actividades comunitarias.
La UE y los EE.UU. son las dos principales potencias económicas del mundo. Su
interdependencia es cada vez mayor. Juntas representan casi la mitad de la economía
mundial. Los intercambios transatlánticos en materia de comercio e inversión ascienden a
casi 1 000 millones de euros diarios. Cada parte es el primer socio comercial de la otra,
así como el principal origen y destino de inversión extranjera. A pesar de que litigios
como los planteados en relación con el plátano y el ganado vacuno tratado con hormonas
pueden acaparar los titulares, estos contenciosos suponen menos del 2% del comercio
transatlántico75.
Así pues, revisten especial importancia los acuerdos específicos celebrados sobre los
aspectos reguladores del comercio. Un Acuerdo de reconocimiento mutuo, que cubre
desde los equipos de telecomunicaciones hasta los productos farmacéuticos, permite a los
organismos comunitarios efectuar evaluaciones de conformidad con arreglo a las
exigencias de los EE.UU. y viceversa, ahorrando así tiempo y dinero a los exportadores.
Se fomenta igualmente la cooperación entre las autoridades aduaneras, al tiempo que
75
Idem.
- 66 -
otros acuerdos promueven la ciencia y la tecnología y el comercio transatlántico de
animales vivos.
Las relaciones bilaterales entre la UE y Canadá se formalizaron en 1976 con la firma
del Acuerdo marco de cooperación comercial y económica, el primero de este género
concluido entre lo que era entonces la Comunidad Europea y un país industrializado. Los
contractos se estrecharon aún más con la adopción en 1990 de la Declaración
Transtlántica sobre las relaciones UE-Canadá. En 1998 se dio otro salto cualitativo con el
compromiso de poner en marcha la Iniciativa comercial UE-Canadá, centrada en el
reconocimiento mutuo, los servicios, la contratación pública, los derechos de propiedad
intelectual, las cuestiones de la competencia, la cooperación cultural y los contactos
interempresariales.
La asociación no se limita al ámbito comercial. En diciembre de 1999 se hicieron
públicas sendas declaraciones conjuntas: una sobre la cooperación nórdica, que reafirmó
el compromiso de ambas partes de aunar esfuerzos a favor de la promoción de una serie
de políticas, entre ellas el desarrollo sostenible, y otra sobre el control de las armas de
pequeño calibre, que abrió vías de cooperación en materia de lucha contra el comercio
ilegal de armas ligeras
La Unión atribuye una gran importancia a las relaciones con Moscú, como se puso de
manifiesto a mediados de 1999, con la adopción de una estrategia común para Rusia para
los cuatro años siguientes. Esta iniciativa marcó un hito en las relaciones entre ambas
partes y se plasmó en el primer documento de política exterior aprobado por la UE con
arreglo a las disposiciones de la nueva Política Exterior y de Seguridad Común,
introducidas en el Tratado de Ámsterdam de 1997. Las iniciativas tienen un alcance más
ambicioso que los acuerdos de asociación y cooperación que la Unión ha suscrito con
todos los nuevos Estados independientes, es decir, los países que formaban parte de la
antigua Unión Soviética. Su objetivo es consolidar la democracia, el Estado de Derecho y
las instituciones públicas y contribuir a la integración de estos países en un ‘espacio
económico y social europeo común’, como primer paso hacia la creación de una zona de
- 67 -
libre comercio con la Unión. Entre las principales iniciativas emprendidas en este sentido
destacan la cooperación en materia de desarme y de lucha contra la delincuencia
organizada. La Unión, que apuesta de forma decidida por el estrechamiento de los lazos
económicos y políticos con estos países, no vacila sin embargo a la hora de criticar las
violaciones de los derechos humanos, como en el caso de la intervención rusa en
Chechenia.
La mayor parte de la ayuda comunitaria a los Estados asociados de Europa oriental y
Asia central se canaliza a través del programa TACIS. Este programa, que se dirige a
Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Moldavia, Mongolia, Rusia,
Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán, se puso en marcha en 1991 y cuenta en
la actualidad con un presupuesto de 3 138 millones de euros para el periodo 2000-2006.
Su objetivo principal consiste en aportar asistencia técnica para facilitar la transición
hacia una economía de mercado y reforzar la democracia y el Estado de Derecho.
El programa actual, con una duración prevista de siete años, se centra en una serie de
temas intersectoriales tales como la reforma de la administración pública, el desarrollo
del sector privado y las repercusiones sociales derivadas del paso a una economía de
mercado. Se dedica especial atención a la seguridad nuclear, con temas que van desde
estrategias apropiadas de gestión de residuos hasta el cierre de la central de Chernobil 76.
76
En: página web: www.delven.cec.eu.int/es/ue_actor_global/2htm
- 68 -
político, la creación de una zona de libre comercio, la aproximación a la legislación y a
las prácticas comunitarias y la cooperación en ámbitos tales como justicia e interior.
La Unión está convencida de que su propio ejemplo de integración regional puede
servir de modelo a los países de la región. En la cumbre de Colonia de junio de 1999, los
representantes de la UE adoptaron el Pacto de Estabilidad para Europa sudoriental. Este
Pacto, que reúne a todas las partes implicadas, sirve de complemento al Proceso de
estabilización y asociación y permite poner a punto nuevos mecanismos de cooperación y
estimular la asistencia práctica y financiera de la comunidad internacional. Se articula en
torno a iniciativas de cooperación regional en ámbitos tales como la actividad empresarial
y el medio ambiente, la lucha contra la corrupción y la delincuencia organizada, la
erradicación de la discriminación por motivos étnicos, la reforma del sector de la
seguridad y la independencia de los medios de comunicación 77.
La firma de un acuerdo definitivo de paz en Oriente Medio ha sido uno de los objetivos
prioritarios tradicionales de la política exterior de la Unión Europea. En este sentido, se
ha designado un enviado especial para la región, que trabajará en pos de este objetivo en
cooperación estrecha y equitativa con los Estados Unidos y con Rusia.
En esta materia, la Unión está convencida de que sólo la cooperación y la prosperidad
de todos los países de la región permitirán sentar las bases para un acuerdo político justo
y duradero, fundado en las resoluciones pertinentes de la ONU, y ha advertido que una
operación de gran envergadura exigirá una ayuda financiera importante y un crecimiento
económico continuo a fin de evitar la generalización del descontento y la inestabilidad.
Por lo demás, la Unión Europea ha participado en este proceso de forma decisiva. Es la
principal fuente de ayuda a los palestinos, con subvenciones y préstamos (sumadas las
ayudas de la UE y de los Estados) por valor de más 1 600 millones de euros entre 1994 y
1999, lo que representa más del 60% de toda la ayuda internacional. Este apoyo de la UE
ha contribuido al mantenimiento de la Autoridad Palestina y a la reconstrucción de las
infraestructuras físicas deterioradas de Cisjordania y la Franja de Gaza. Además la UE y
77
Ibid., p. 6.
- 69 -
sus Estados miembros transfieren cada año más de 100 millones de euros al OOPS,
organismo dependiente de la ONU que se ocupa de los refugiados palestinos el mayor
grupo de refugiados del mundo, con más de tres millones de personas.
También la UE ha prestado un apoyo sustancial a Jordania, Líbano, Siria y Egipto. La
cooperación regional en Oriente Medio se ve reforzada con ayudas anuales por valor de
unos 20 millones de euros a proyectos específicos en los que participan conjuntamente
árabes e israelíes a través de actividades interpersonales (seminarios, festivales, etc.) y de
mecanismos de cooperación transfronteriza entre municipios, expertos y organizaciones
no gubernamentales.
Las relaciones con Israel se han plasmado en una serie sucesiva de acuerdos
comerciales entre ambas partes, así como en el Acuerdo de asociación bilateral, en vigor
desde junio de 2000, que permitió la apertura de un diálogo político fluido entre ambos
socios y definió un gran número de ámbitos de cooperación de cara al futuro. En la región
del Golfo, la Unión Europea ha suscrito un Acuerdo de cooperación con el Consejo de
Cooperación del Golfo (compuesto por Arabia Saudi, Kuwait, Bahrein, Qatar, los
Emiratos Árabes Unidos y Omán). Desde 1998 se mantiene un diálogo con Irán en
materia de asuntos políticos y de cooperación. Debido a las sanciones impuestas a Irak
por la ONU, la UE no mantiene relaciones contractuales con este país. En 1997, la UE
concluyó asimismo un nuevo Acuerdo de Cooperación con Yemen 78.
78
Idem.
- 70 -
participa en el acuerdo UE-ASEAN. Se celebran asimismo regularmente las cumbres
Asia-Europa (proceso ASEAM), en las que participan la mayoría de los miembros de la
ASEAN, además de China, Japón y Corea. La Cumbre Asia-Europa (ASEM) es la Unión
Europea y: Brunei, China, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Malasia, Filipinas, Singapur,
Tailandia y Vietnam79.
En América Latina, destacan las asociaciones establecidas con el Grupo de San José
(Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá), Mercosur
(Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia,
Ecuador, Perú y Venezuela) y el Grupo de Río (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile,
Colombia, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela).
En este sentido, la Unión Europea apoya firmemente el establecimiento de
agrupaciones regionales entre los países de África, el Caribe y el Pacífico y coopera
estrechamente con la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo (Southern
African Development Community, SADC). En ámbitos más próximos, mantiene una
relación bien articulada, particularmente en relación con el mercado único y con políticas
complementarias como el medio ambiente y la competencia, con los tres países de la
Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) –Islandia, Noruega y Liechtenstein-,
que, junto con la UE, constituyen el Espacio Económico Europeo.
79
Ibid., p. 8.
- 71 -
crecimiento económico generado gracias a la liberalización del comercio es un factor
relevante para la mejora de las condiciones sociales en todo el mundo y para la
promoción de un desarrollo sostenible. La Unión es uno de los más fervientes partidarios
del mantenimiento de esta tendencia y, en este sentido, ha recomendado que en la
próxima ronda de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la
que participarán 137 países, se estudie un programa de trabajo lo más amplio posible. A
pesar del revés que supuso la reunión ministerial celebrada en Seattle en diciembre de
1999.
En dos estudios publicados poco antes de la celebración de la conferencia de Seattle, la
Comisión Europea llegó a la conclusión de que una mayor liberalización de los
intercambios comerciales podría contribuir al desarrollo sostenible y generar un
incremento anual de bienestar a escala mundial de hasta 420 000 millones de euros, lo
que equivaldría a añadir cada año al PIB mundial una economía del tamaño de las de
Corea o los Países Bajos. La OMC debería cooperar más estrechamente con otras
organizaciones internacionales a fin de promover, a escala mundial, el desarrollo
sostenible y la reducción de las mismas. En este sentido, la UE estima que es necesario
tener en cuenta, de forma sistemática, la relación que existe entre el comercio y el
desarrollo social, en particular por lo que se refiere a la adopción de normas laborales
básicas. Apoya la adopción de medidas positivas para promover los derechos laborales y
se opone firmemente a cualquier planteamiento proteccionista o basado en la aplicación
de sanciones80.
7.7. Japón
Japón, la segunda economía nacional después de los Estados Unidos, representa dos
tercios de PIB asiático y el 14% de la economía mundial. Este país es uno de los
principales socios comerciales de la Unión y su tercer mercado exterior. Los conflictos
provocados durante los años 80 por los desequilibrios comerciales y las dificultades que
experimentaban las empresas europeas a la hora de exportar sus productos a Japón, han
dado paso a unas relaciones mucho más constructivas, basadas en la Declaración Política
80
En: página web: www.delven.cec.eu.int/es/ue_actor_global/4htm
- 72 -
de 1991, que regula las relaciones entre ambas partes. Esta nueva situación se consolidó
en 1995 con la aprobación de una estrategia comunitaria para Europa y Japón y se verá
reforzada considerablemente con el plan de acción que ambas partes acordaron poner a
punto en la Cumbre de Tokio de julio de 2000. Además de los problemas de índole
puramente bilateral, la cooperación incluye asimismo análisis conjunto regulares sobre la
situación política y de seguridad en Corea del Norte, el creciente papel de China y Asia,
así como la creación de estructuras de seguridad en el continente y la promoción de la
ayuda al desarrollo81.
7.8. Asia
81
Idem.
- 73 -
puestas en marcha en 2000, entre las que destaca la primer Cumbre UE-India, así como
contactos más fluidos entre representantes oficiales, responsables políticos, líderes de
opinión y la sociedad civil. Estas nuevas vías de acercamiento vienen a sumarse a los
amplios contactos comerciales ya existentes. La Unión Europea es el principal socio de la
India en materia de cooperación al desarrollo, comercio e inversión. Las exportaciones
indias a la Unión pasaron de 1 800 millones de euros en 1980 a 9 800 millones de euros
en 1998. Un crecimiento similar se ha registrado en los intercambios en sentido inverso,
que han pasado de 2 400 a 9 500 millones de euros.
La UE ha articulado sus relaciones con los países latinoamericanos en torno a tres grupos
subregionales (Centroamérica, la Comunidad Andina y Mercosur), así como a países
como Chile y México. A lo largo de la última década, las relaciones entre la Unión
Europea y América Latina se han desarrollado a un ritmo regular a medida que crecía el
comercio bilateral y se consolidaba la integración regional en el área, proceso en el que la
Unión ha tenido un papel relevante. Los países andinos han podido acceder más
fácilmente al mercado europeo gracias al Sistema Generalizado de Preferencias. También
la UE trabaja en estrecho contacto con estos países en un programa de lucha contra el
tráfico de drogas. Todos los países del Caribe, con excepción de Cuba, único país
latinoamericano que no ha firmado un acuerdo de cooperación con la Unión Europea,
disfrutan de preferencias comerciales en sus intercambios con esta.
En junio de 1999, la primera Cumbre entre la Unión Europea, América Latina y los
países del Caribe, en la que participaron dirigentes de 48 países, supuso un salto
cuantitativo en las relaciones de la Unión con esta parte del mundo. En 2000, la UE y
México firmaron un ambicioso Acuerdo de libre comercio, con arreglo al cual las
exportaciones mexicanas a la Unión estarán exentas de derechos de aduanas a partir de
2003 y todos los aranceles que gravan las exportaciones de la UE desaparecerán, a más
tardar, en 2007. Este Acuerdo imprime una nueva dimensión a una relación ya de por sí
- 74 -
bien asentada gracias al Acuerdo de asociación económica, concertación política y
cooperación suscrito por la UE y México en 1997 82.
El mercado único es el núcleo de Unión actual. Para hacerlo realidad, las instituciones y
los Estados miembros de la UE desde 1985 se esforzaron obstinadamente durante siete
años a fin de redactar y aprobar los cientos de directivas necesarias para eliminar las
barreras técnicas, normativas, jurídicas, burocráticas, culturales y proteccionistas que
frenaban el libre comercio y la libre circulación dentro de la Unión. Ganaron la carrera
contra el tiempo, pero la población apenas tuvo conocimiento de esta victoria. El mercado
único nunca impresionó la imaginación popular de la manera en que lo hizo la moneda
única, el otro gran acontecimiento de la última década. Como señaló Jacques Delors,
anterior presidente de la Comisión Europea e instigador de todo el proyecto: “No es
posible enamorarse del mercado único”. Tanto si levante pasiones como si no, el mercado
único, según la Comisión, ha creado 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo desde
1993 y ha generado más de 800 000 de euros de riqueza adicional. Así pues, con la ayuda
de las nuevas tecnologías, la apertura de los mercados nacionales de la UE ha reducido un
50% el precio de las llamadas telefónicas nacionales desde 1998. Asimismo, y gracias a
la presión de la competencia, se ha reducido un 41% el precio de los billetes
promocionales de avión en Europa entre 1992 y 2000. La eliminación de las restricciones
nacionales ha permitido a más de 15 millones de europeos dirigirse a otro país de la UE
para trabajar o para disfrutar de su jubilación 83.
Cuando Delors puso en marcha su gran proyecto de mercado único en 1985 conocía el
gran potencial de crecimiento y creación de empleo que permanecía sin utilizar detrás de
las fronteras nacionales. Los aranceles y las cuotas se abolieron a finales de los años 60,
82
Idem.
83
En: página web: www.europa.wu.int/pol/singl/overview_es.htm
- 75 -
pero seguían existiendo muchos obstáculos técnicos y administrativos al libre comercio 84.
Cuando se eliminan esto obstáculos y se abren los mercados nacionales, un mayor
número de empresas pueden competir entre sí, lo que significa precios más reducidos
para el consumidor, con la ventaja añadida de una mayor posibilidad de elección de
bienes y servicios. Las empresas que venden en el mercado único saben que tienen un
acceso ilimitado a más de 450 millones de consumidores en la Unión Europea ampliada
lo que les permite conseguir economías de escala y eficacia, que a su vez se traduce en
precios más bajos. Asimismo, el mercado único es un útil trampolín para que las
empresas europeas se expandan en los mercados globalizados de la actualidad 85.
84
Ibid., p. 1.
85
Aldecoa y Cornago. ‘El nuevo regionalismo...’. En: Op cit., p. 90.
- 76 -
Sin embargo, los éxitos indiscutibles del mercado único no deben impedirnos ver sus
carencias. Por ejemplo, el sector de los servicios se ha abierto más lentamente que los
mercados de productos. Éste es especialmente el caso de una amplia gama de servicios
financieros, así como del transporte, en donde siguen existiendo mercados nacionales
separados, especialmente para el transporte por ferrocarril y aéreo. También es necesario
eliminar más burocracia, barreras administrativas y técnicas a la libre circulación de
bienes y servicios. Entre ellas se incluye la renuencia de los países de la UE a aceptar los
estándares y las normas de los demás o, en algunos casos, a reconocer la equivalencia de
las cualificaciones profesionales. La naturaleza fragmentada de los regímenes fiscales
nacionales también representa un freno a la integración y la eficacia del mercado 87.
La buena noticia es que los Estados miembros y la Comisión Europea han reconocido la
existencia de estos peligros y que se están tomando medidas para solucionarlos, aunque
no con un ritmo uniforme y no en todos los sectores. En el caso de los servicios
financieros, la UE está poniendo en práctica un plan de acción para crear un mercado
integrado antes de 2005. Con ello se reducirá el coste del endeudamiento para las
empresas y los consumidores y se ofrecerá a los ahorradores una gama más amplia de
productos de inversión –planes de ahorro y planes de pensiones- ofrecidos por el
proveedor europeo de su elección. La Comisión estima que el plan de acción se habrá
completado para el año 200588.
Por otro lado, el mercado único recurre principalmente a autoridades reguladoras y de
la competencia con el fin de mantener la igualdad de condiciones para la libre circulación
de bienes y servicios. La libre circulación de las personas está garantizada por el Acuerdo
de Schengen (así denominado por la pequeña localidad de Luxemburgo en donde se
firmó), con el que se eliminan los controles en la mayor parte de las fronteras interiores
de la UE y se refuerzan los controles en las fronteras exteriores de la UE, incluidos los
aeropuertos y puertos marítimos internacionales. El Reino Unido e Irlanda no participan
en el sistema Schengen, que no se aplica aún a los nuevos Estados miembros. También se
precisa protección a otro nivel para evitar la piratería y la usurpación de marca de
productos auténticos de la UE. La Comisión Europea estima que estos dos fenómenos
86
En: página web: www.europa.wu.int/pol/singl/overview_es.htm, p. 3.
87
Ibid., p. 2.
- 77 -
cuestan a la UE más de 17 000 puestos de trabajo cada año. Por este motivo, la Comisión
y los Estados miembros están trabajando a fin de ampliar la protección de las patentes y
los derechos de autor89.
La eliminación de las barreras al comercio y la libre circulación es una gran ventaja
para las personas que comercian o viajan con fines legítimos. Pero todo tipo de
delincuentes tratan de utilizar el sistema en su beneficio. La respuesta de la UE a la
delincuencia sin fronteras ha consistido en crear un sistema de policía y de cooperación
judicial penal sin fronteras. Europol90, el cuerpo europeo de policía, forma parte de esta
respuesta, al igual que el Sistema de Información de Schengen, a través del cual los
cuerpos nacionales de policía intercambian información sobre delincuentes buscados o
sospechosos. En el marco del proyecto Eurojust, los Estados miembros envían a fiscales,
policías y juristas de alto nivel a un equipo central que trabaja en colaboración para
combatir la delincuencia organizada91.
Justo antes del preámbulo del proyecto de Tratado constitucional aparece una cita de
Tucídides: ‘nuestra Constitución se llama democracia porque el poder no está en manos
de unos pocos sino de la mayoría’. Con este espíritu, el preámbulo recoge en gran parte
88
Idem.
89
Ibid., p. 3.
90
En el Consejo Europeo celebrado en Madrid los días 15 y 16 de diciembre de 1995 se definieron los
objetivos prioritarios de la UE en este ámbito: lucha contra el terrorismo, la droga y la delincuencia
organizada; mejora de la cooperación judicial (tanto penal como civil); lucha contra la inmigración y
empleo ilegales, así como en materia de asilo; intensificación de los controles en las fronteras exteriores;
lucha contra el racismo y la xenofobia y lucha contra la corrupción y el fraude contra los intereses
financieros de la Comunidad. Pero poco a poco, y especialmente en el último año con el avance del
movimiento antiglobalización y la manida excusa del terrorismo, tanto el trabajo realizado, como los
proyectos en curso, está siendo orientado en exclusiva a la creación de un Estado Policial Europeo. En
efecto, desde entonces todas las reuniones (Consejo de Ministros de Justicia e Interior de la UE) tienen
como único orden del día la discusión de la normativa europea represiva, comenzando a nivel exsterno por
el cierre cruel de fronteras a los desheredados (diferenciando seres humanos en legales e ilegales) y, a un
nivel interno con la creación en 1995 de la Europol (una policía europea impune y orweliana, que
informatiza nuestras vidas) el acuerdo en la ambigua definición de terrorismo (en la que se pueda incluir
todo tipo de disidencia); la creación de listados de personas y organizaciones calificadas de terroristas (con
arreglo a ese criterio); la euroorden (con la supresión de las garantías de los procedimientos de extradición;
la entrada en vigor este año de la Eurojust (jueces y fiscales encargados de aplicar toda esta normativa),
junto con legislaciones estatales, creadas al toque de corneta estadounidense dirigidas a limitar o suprimir
derechos fundamentales. Véase: página web: www.rebelion.org/sociales/zulueta130202.htm
- 78 -
los temas abortados en los preámbulos de los tratados existentes. Se aportan asimismo
nuevos temas como el humanismo y la razón y la identidad nacional de los pueblos. La
cuestión de la conveniencia de incluir una posible referencia de Dios o a los valores
cristianos y a la herencia greco-latina en el preámbulo fue ampliamente debatida en el
seno de la Convención. Al final se alcanzó un consenso y en el preámbulo se hace
referencia a las “herencias culturales, religiosas y humanistas”, fórmula aceptable para
todos los miembros92:
De la definición y objetivos de la Unión, el ciudadano común no encontrará en él una
definición concreta de la Unión Europea en la que se enumeren sus rasgos característicos.
La definición se da más bien indirectamente en los seis primeros artículos que se refieren
a la creación de la Unión, los valores y objetivos, las libertades fundamentales, las
relaciones entre la Unión y los Estados miembros y la personalidad jurídica. La Carta de
los Derechos Fundamentales, que hasta ahora no tenía valor jurídico, se introduce en la
Constitución y aparece en la parte II del texto constitucional. Este último aspecto
constituye un gran avance. Los Estados miembros confieren competencias a la Unión
para alcanzar los objetivos comunes. La Unión coordinará las políticas de los Estados
miembros encaminadas a lograr dichos objetivos y ejercerá las competencias que le
atribuya la Constitución. La Constitución crea la Unión Europea mientras que, en los
tratados actuales, son las “Altas Partes Contratantes” las que constituyen la Unión y la
Comunidad entre ellos. Este lenguaje, propio de los tratados internacionales, se sustituye
por una nueva fórmula que destaca el carácter constitucional del nuevo Tratado 93
91
Ibid., p. 3.
92
En: página web: www.europa.eu.int/scadplus/european_convention/objectives_es.htm
- 79 -
concretos. En primer lugar, el respeto de esos valores es una condición previa para toda
adhesión de un nuevo Estado miembro a la Unión, según el procedimiento enunciado en
el artículo 1-57. En segundo lugar, la violación de esos valores puede dar lugar a la
suspensión de los derechos de pertenencia de un Estado miembro a la Unión.
En lo que concierne a las relaciones entre la Unión y los Estados miembros, la
Convención ha reunido las disposiciones pertinentes de los tratados actuales en el artículo
I-5. Se trata concretamente del respeto de la identidad nacional y de las estructuras
fundamentales políticas y constitucionales de los Estados miembros. También se incluye
en este artículo el principio de cooperación leal. Al fusionar la Comunidad Europea con
la Unión Europea, la nueva Unión tendrá la facultad de celebrar acuerdos internacionales,
al igual que la Comunidad Europea actualmente, sin que por ello se cuestione el reparto
de las competencias entre la Unión y los Estados miembros 94.
Como un proyecto constitucional, los objetivos de la Unión serán promover la paz, sus
valores y el bienestar de sus pueblos. Por lo demás, la Constitución añade la promoción
del progreso científico y técnico y la solidaridad entre las generaciones y la protección de
los derechos del niño. Se otorga también a la cohesión económica y social una dimensión
territorial. La diversidad cultural y lingüística y la preservación y el desarrollo del
patrimonio cultural europeo también pasan a ser objetivos de la Unión. Además un
mercado único donde la competencia sea libre y no esté falseada y un espacio de libertad,
seguridad y justicia sin fronteras interiores. Se ha proclamado también que el mercado
interior garantizará la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales y la
libertad de establecimiento de la Unión. Se hará una promoción de los valores e intereses
de la Unión en sus relaciones con el resto del mundo. Este apartado reúne los objetivos,
tomados del Tratado UE, relativos a la política exterior y de seguridad común y las
disposiciones del Tratado CE, relativas a la cooperación al desarrollo. La Unión se inspira
en aplicar la Constitución, en particular, la igualdad entre hombres y mujeres, la
93
Ibid., p. 2.
94
Ibid., p. 3.
- 80 -
protección del medio ambiente y el fomento del desarrollo sostenible, la protección de los
consumidores y la toma en consideración de la especificidad de los servicios de interés
general. También la lucha contra toda discriminación por motivos de sexo, origen racial o
étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual.
En la Carta de los Derechos Fundamentales, la Unión Europea se dota asimisma de un
catálogo de los derechos Fundamentales que será jurídicamente vinculante para la Unión,
sus instituciones, agencias y organismos, pero también para los Estados miembros en lo
que se refiere a la aplicación del Derecho de La Unión. La inclusión de la Carta en la
Constitución no interfiere con el reparto de competencias entre la Unión y los Estados
miembros pues la carta será interpretada por las jurisdicciones tanto de la Unión como de
los Estados miembros. La Convención ha modificado ligeramente la presentación de la
Carta para adaptarla a las modificaciones que introduce el proyecto de Tratado
institucional. Mediante la inclusión, la Carta, que contiene más derechos que no están
recogidos en el Convenio Europeo para la protección de los derechos humanos, como los
derechos sociales de los trabajadores, la protección de datos, la bioética o el derecho a
una buena administración, se hace más perceptible para los ciudadanos y éstos estarán
informados sobre sus derechos 95
95
Ibid., p. 4.
- 81 -
9.6. La posible firma de una Constitución europea
96
Un sondeo realizado en junio de 2003 puso de manifiesto que si bien el 68 por 100 de los europeos decía
estar a favor de la creación de una Constitución Europea, el 55 por 100 ignoraba por completo el tipo de
texto que se había elaborado. Gerkrath, Jorg. ‘La emergencia de una Constitución Europea a debate’. En:
El Estado del mundo. Anuario económico geopolítico mundial. Ediciones Akal, Madrid, España, 2003, p.
39.
97
Ibid., p. 40.
- 82 -
La posible firma de la Constitución Europea constituye uno de los retos más
importantes que enfrenta el proceso de integración europea en los inicios del nuevo
milenio. Sin duda constituiría uno de los avances más importantes en la creación de un
nuevo modelo de asociación política, la de un posible Estado-región supranacional
europeo; una entidad política con objetivos explícitos, políticas delimitadas e
instituciones con funciones determinadas basadas en un principio fundamental 98.
98
Rocha Valencia, Alberto. Configuración política de un mundo nuevo. Dimensiones políticas de lo
global, lo suprarregional, lo posnacional y lo local. Editorial Universidad de Guadalajara, Guadalajara,
2003, pp. 121-122.
- 83 -
Fuente: www.europa.eu.int/index_es.htm
- 84 -
Fuente: www.europa.eu.int/index_es.htm
- 85 -
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