Humano | °Taekook° (+18)
Chitafresa
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Humano | °Taekook° (+18) c1-89
⚠️
1. Volume 1
1. ANTES DE EMPEZAR ⚠️
2. 1.- PREVENCIÓN E INFORMACIÓN
3. 2.- EL CLUB DE LA LUNA LLENA
4. 3.- EL CLUB DE LA LUNA LLENA: OTRA VEZ
5. 4.- EL CLUB DE LA LUNA LLENA: POR ÚLTIMA VEZ
6. 5.- EL CLUB DE LA LUNA LLENA: LA ÚLTIMA, ESTA VEZ
DE VERDAD
7. 6.- EL CELO: PREPARACIÓN
8. 7.- EL CELO: LA AVENTURA DE TU VIDA
9. 8.- EL CELO: UNA AVENTURA DEMASIADO LARGA
10. 9.- EL OLOR A MACHO: DESCUBRIMIENTO
11. 10.- EL OLOR A MACHO: UN POSIBLE NEGOCIO
12. 11.- EL OLOR A MACHO: UN GRAN NEGOCIO
13. 12.- EL OLOR A MACHO: FEROMONAS DE FOLLADOR
14. 13.- LA GUARIDA: COMPAÑEROS DE PISO
15. 14.- LA GUARIDA: TAEHYUNG ARREGLAR
16. 15.- LA GUARIDA: UN PUTO JARDÍN
17. 16.- LA GUARIDA: REFUGIO
18. 17.- LA GUARIDA: UN LUGAR DE DESCANSO
19. 18.- LA GUARIDA: O, MEJOR DICHO, LA MADRIGUERA
20. 19.- LA GUARIDA: EL HOGAR DE UN LOBO FELIZ
21. El Vínculo: Mi lobo
22. El Vínculo: Tener un Macho
23. El Vínculo: Es una puta mierda
24. El Vínculo: Cuando un lobo te quiere
25. El Vínculo: Algo que da miedo
26. La Manada: Una gran familia vengativa
27. La Manada: Ni dentro ni fuera
28. La Manada: Ni paga ni cobra
29. La Manada: Los putos lobatos
30. La Manada: Tiene algunos límites
31. La Manada: De picnic
32. Los Lobatos: Dándome problemas
33. Los Lobatos: Quieren jugar
34. Los lobatos: Son parte de la Manada
35. Los lobatos: Enfadados
36. Los lobatos: Vengándose
37. Los lobatos: Nunca aprenden
38. Los lobatos: Cruzando el límite
39. El exilio: Bastante tranquilo
40. El exilio: Un pequeño bache
41. El exilio: Se me da bien
42. El exilio: Nuevas oportunidades
43. El exilio: Doctor lobo
44. El exilio: Se me da bastante bien
45. El exilio: Y un lobo hambriento
46. El exilio: Pero siendo bueno
47. Sana: La traidora
48. El Doctor lobo: En más de un sentido
49. El Doctor lobo: Ayuda, pero no siempre
50. El Doctor Lobo: Tiene muchos recursos
51. --El Doctor Lobo: Tiene mucha paciencia
52. El Doctor Lobo: No salva vidas
53. EL DOCTOR LOBO: ESTÁ PREPARADO PARA EL CELO
54. El Doctor Lobo: Es también un paria
55. El Doctor Lobo: Y su amigo rubio
56. El Doctor Lobo: No ha muerto
57. Namjoon: El Alfa de la Manada
58. Namjoon: Es gilipollas
59. Namjoon: No tiene sentido del humor
60. Namjoon: Tiene una compañera extraña
61. Namjoon: Y su compañera predestinada
62. Namjoon: Es un cabrón vengativo
63. Namjoon: Por desgracia, tiene algo muy gordo entre manos
64. Cosas de lobatos: Es lo que dicen siempre
65. Cosas de lobatos: Robar, beber y fumar
66. Cosas de lobatos: Es más que una expresión
67. Cosas de lobatos: Es no saber cuándo parar
68. Cosas de lobatos: Como cagarla y llorar después
69. Cosas de lobatos: Es igual que decir "es gilipollas"
70. Cosas de lobatos: Y cosas de Machos
71. Cosas de lobatos: Que quieren demostrar que ya son mayores
72. Cosas de lobatos: Que pueden ser peligrosas
73. Cosas de lobatos: Requieren medidas de lobatos
74. Nosotros:Tenemos nueva Guarida
75. Nosotros: El compañero y el lobato
76. NOSOTROS: CELEBRANDO GILIPOLLECES
77. Nosotros: Estamos perdidos
78. Nosotros: En guerra
79. Yo: Expulsado
80. Nosotros: La Manada
81. La Guerra: Es sucia y cruel
82. La Guerra: Contra uno mismo
83. La Guerra: Y sus secretos
84. La Guerra: Y sus victimas
85. La Guerra: Y sus huérfanos
86. Final: Llegó el momento de terminar
87. PERSPECTIVA TAEHYUNG
✨
88. EXTRAS
89.
Volume 1
⚠️ANTES DE EMPEZAR⚠️
Holaa!
Este apartado es importante ya que se explica sobre las advertencias de la
historia así que, por favor, no salten está parte.
⚠️ ADVERTENCIA:
-Capítulos algo largos (entre las 3 mil y 5 mil palabras aprox)
-NO es un omegaverse. Aparecen Alfas y Omegas, pero no siguen las
normas del género, sin embargo, sí hay muchas influencias de las novelas
de hombres lobo: feromonas, manadas, rangos y sexualidad.
Esto se refiere a que los "Lobos" no tienen un animal interior, sus mordidas
no hacen "un lazo", los Omegas son personas cotidianas, etc.
Si estás aquí buscando un omegaverse común... Lugar equivocado.
-Es una historia muy sexual, con numerosas escenas de sexo y
descripciones MUY explicitas. (+18)
Los físicos de los personajes son diferentes, me refiero a que cuentan con
mucho vello corporal, son grandes y musculosos. Si cambio los físicos para
"adaptarla mejor" se perdería la esencia, la verdad.
Así que si les llegan a incomodar los aspectos pueden dejarla de leer.
Ahora, referente a las escenas explícitas. Al principio de la historia se basa
en coito, historia y más coito. Después se irá desarrollando más la historia...
Las escenas son demasiado explícitas y para algunas personas puede llegar
a ser incómodo, por eso la advertencia. Aparte de que suelen salir con
frecuencia.
-Violencia y sangre.
-Abundante lenguaje malsonante.
-Aparece el uso de tabaco y alcohol. (Bastante)
-Hay humor negro.
Todo es desde la perspectiva del personaje principal, en este caso
Jungkook, así que es su historia con la manada y su pareja. Nada es
relleno, se los aseguro. Todo es importante para el desarrollo de los
personajes.
°Narrada en primera persona.
Habrá cosas que no se explican al principio pero llegará el momento en
que se diga mejor...
Pueden llegar a desesperarse con algunos capítulos pero queda bien eso de
que "después de la tormenta viene la calma..." O no... Ya es su desición...
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EVITEN LOS MALOS COMENTARIOS, ESTO ES SOLO PARA
ENTRETENER. NO SE BUSCA AFECTAR LA IMÁGEN DE NADIE.
EVITEN PELEAS EN LOS COMENTARIOS, TODXS TENEMOS
OPINIONES DIFERENTES.
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Sin más que advertir, gracias por leer está adaptación<3
© Esto es una adaptación de la historia 'Humano'. Todos los derechos de
esta historia le pertenecen a LiaGerald.
[Los capítulos editados tienen los títulos en mayúsculas y con número.]
1.- PREVENCIÓN E
INFORMACIÓN
Sé que todos conocen a los Lobos, esos hombres peligrosos, fuera de la ley,
enormes, musculados, apestosos, atractivos y con la polla enorme. Sé que
les habrán contado lo increíble que es pasar el celo con ellos y que los
follen como nunca en su vida.
Pero aquí estoy yo para advertirles de los problemas y peligros que eso
puede llegar a darles.
Soy Jungkook, esta es mi historia, y les contaré cómo mi vida se fue
completamente a la mierda, los muchos errores que cometí y la forma en la
que pasé a ser parte de la puñetera Manada.
Empezaré con una advertencia: una vez que un estúpido Lobo se enamora
de ti, no hay vuelta atrás.
Eso es algo que me hubiera gustado que me hubieran dicho cuando Nayeon
me llamó y dijo que había conseguido entradas para el club Luna Llena,
porque yo no me imaginé lo muchísimo que mi vida iba a cambiar desde
ese momento. Solo seguí reponiendo los cartones de leche y respondí:
-No voy a ir.
-¡Vamos, Kook! Me prometiste que vendrías conmigo.
-No. Yo no te prometí una mierda. -le recordé- Si quieres ir a uno de esos
clubs de lobos, ve tu sola.
-Es peligroso ir sola. Necesito que alguien me acompañe.
-Si es peligroso ¿por qué vas? - le pregunté, alzando la mano en un gesto de
incredulidad que Nayeon no pudo ver.
-Dentro de poco será el celo...
-Ogh...-puse los ojos en blanco y negué con la cabeza antes de agarrar otro
tetrabrik de leche y dejarlo en la balda junto a lo demás- Eso sí es peligroso.
-No es peligroso. -y se quedó callada un par de segundos -No tiene por qué
serlo si vas preparado. Mi amiga Mina, la del trabajo, lo hizo una vez y dice
que es una experiencia que hay que vivir. Dice que el sexo ya nunca vuelve
a ser igual después de tener a una de esas bestias encima durante cuatro
días.
-¿Tu amiga Mina? ¿La que no sabe diferenciar el fax de la fotocopiadora?
¿Esa amiga?
-Sí, esa-afirmo. Hubo un sonido metálico y Nayeon no volvió a hablar hasta
darle un par de tragos a la cerveza que acababa de abrirse -Escucha, Kook.
Me acompañas al club este viernes, te invito a las copas y bailamos un poco
tú y yo. ¿Qué te parece?
-Me parece que no se te va a acercar ningún lobo si ven como bailas. -
respondí, levantándome del suelo cuando terminé de poner todos los
tetrabriks de leche en su sitio -De todas formas, ¿cómo vas a... ligar o lo que
sea que vayas a hacer ahí, si yo estoy contigo?
-Eso no importa, pueden oler que eres gay.
Dejé la caja vacía con la imagen de una vaca sonriente sobre el mostrador
de la tienda y me quedé en silencio mirando los carteles donde se pedía
educadamente a los clientes que "por favor, no robaran".
-Pueden olerlo...-repetí antes de soltar un bufido y volver a negar con la
cabeza -¿Y tu desesperación pueden olerla o no?
-Espero que sí, porque no voy a llevar bragas.
Puse una mueca de asco y me llevé una mano al rostro para frotarme el
puente de la nariz.
-Oye, Nayeon- murmuré -¿Estás segura de todo eso? Los lobos... no son
una broma.
-Soy una mujer adulta, Jungkook. Sé lo que hago. -bebió un par de tragos
más y soltó un jadeo-Te recojo el viernes a las ocho.
-¿A las ocho? -exclamé -Ni siquiera es de noche a esa hora.
-Vamos a una charla educativa antes del club. -anunció-Será como volver al
centro de menores ¿eh? -se rio un poco y después, simplemente, colgó.
Bajé el móvil y resoplé. Como muchos de los planes de Nayeon, aquello iba
a salir mal. Y salió terriblemente mal, solo que no de la forma que yo
esperaba.
El viernes a las siete y cuarenta y cinco de la tarde, ya estaba esperando en
la esquina de mi calle, con mi vieja chaqueta militar del centro de
salvamento y mi desgastada gorra de béisbol cubriéndome la cabeza.
Parecía un drogadicto en busca de algo que meterse o un camello a la
espera de que alguien se acercara; yo había sido ambos, así que no había
mucha diferencia.
Nayeon apareció en su destartalado auto, abrió la puerta del copiloto desde
dentro y tiró los restos de envases del McDonald's que había sobre el
asiento. Entonces me dedicó una gran sonrisa y me invitó a subir.
-No puedo creer que me hayas convencido para hacer esto. -le dije.
-Nos lo vamos a pasar bien. -respondió ella, abriéndose la chaqueta de
plumón rosado para mostrar su enorme escote y su pequeño y ajustado
vestido negro- ¿Qué te parece?
-Me parece que deberías tratar de ser más sutil.
Nayeon puso los ojos en blanco y resopló.
-Habrá muchas zorras ahí y muy pocos lobos, hay que venderse rápido,
Kook.
-¿Eso es lo que hizo tu amiga?
-Mina le chupó la polla a cuatro o cinco lobos durante el mes hasta que uno
se la llevó a casa para el celo-respondió.
-Ah-la miré-¿Y si vas a hacer eso para qué me invitas?
-No voy a hacer eso. Supongo...-Nayeon cabeceó de lado a lado antes de
arrancar como una loca y fumaba con una mano fuera de la ventanilla. Mi
cinta de seguridad estaba rota y solo podía agarrarme con fuerza al asiento,
con la esperanza de que, si teníamos un accidente, saliera disparado y el
cráneo me reventara contra el asfalto y me matara al instante. Una muerte
rápida e indolora era lo mínimo que me merecía después de una vida de
mierda.
Por desgracia, llegamos sanos y salvos al aparcamiento de la vieja iglesia
evangélica donde, al parecer, nos explicarían la forma más rápida de que un
lobo te follara. Ya había bastantes autos allí y algunas personas fumando en
la entrada, a las que Nayeon se acercó con una sonrisa y la mano en alto.
-¿Vienen a la charla de PIHL? -les preguntó.
-No, nosotros venimos a las clases de cocina-respondió uno de los hombres-
La asamblea de los follalobos es en la sala 12-A.
-Maravilloso, gracias. -respondió ella, tirando la colilla de su tercer cigarro
de la noche al suelo antes de entrar.
Yo pasé de largo, enfrentándome a aquellas miradas de curiosidad con mi
expresión indiferente de siempre. Seguí a una Nayeon muy decidida que
hacía resonar sus tacones de dieciséis centímetros sobre el suelo de baldosas
hasta detenerse en frente a una puerta azul con un diminuto ventanuco. En
un letrero a un lado ponía: ‹12-A: Prevención e Información sobre los
Hombres Lobo›.
-Es aquí- me dijo, echándome una rápida mirada con las cejas en alto antes
de girar el picaporte y entrar.
El lugar era tan deprimente como la gente que lo llenaba. Una sala
multiusos en el sótano de una iglesia que había visto y oído demasiadas
cosas y en la que habían puesto docenas de sillas plegables frente a una
pared con pizarra. Sobre un pequeño altillo al final de la sala había una
mujer y, tras ella, proyectaban malamente un Power Point con las siglas
‹PIHL› descentradas. Nayeon saludó a todos con la mano y una sonrisa,
respondiendo a las miradas de curiosidad que nos habían caído encima nada
más entrar.
-Gracias por venir-nos dijo la mujer de mediana edad que estaba sobre el
altillo, mirándonos atentamente con una sonrisa en sus labios rojos-
¿Nombres?
-Nayeon y Jungkook-respondió Nayeon por ambos.
-Oh, bien, son los últimos. -dijo ella tras revisar un papel que había dejado a
un lado del palco- Tomen asiento, por favor.
-¿Cuánto has pagado por esta mierda? -le susurré a Nayeon mientras nos
dirigíamos a un par de sillas plegables no muy lejanas a la puerta.
-Demasiado, así que cierra la puta boca y escucha.
-Bienvenidos a Prevención e Información sobre los Hombres Lobo, PIHL,
o, como me gusta llamarlo, el primer paso antes del mejor sexo de sus
vidas. -empezó la mujer, causando un par de risas bajas con aquel
chascarrillo tan malo. Pulsó un botón de su mando portátil y la dispositiva
cambió a un par de hombres sin camiseta, muy grandes, muy fuertes y muy
atractivos- Sé que todos tienen conocimiento de lo que son los Hombres
Lobo, por supuesto, pero haremos un breve repaso. Los Hombres Lobo son
una ramificación evolutiva de nuestra especie, algunos lo consideran un
retroceso, pero miren a estos seres...-dio un momento al público para
apreciar la imagen de los hombres sin camisa- Evidentemente los que dicen
eso tienen envidia.
Más risas bajas.
-Los Hombres Lobo son más fuertes, más rápidos y muchísimo... más
sexuales. Se agrupan en manadas y tienen un fuerte instinto territorial, con
una jerarquía muy estricta donde existe un Alfa al que siguen los machos
más fuertes en orden descendente. -Cambió la dispositiva para mostrar una
pirámide donde en la cima ponía ‹Alfa› y después se iba ramificando en
diferentes niveles: ‹Macho Sub-Alfa›, ‹Macho Beta› y ‹Macho Común›.
Tras un par de segundos aquello volvió a la imagen de los hombres sin
camisa. -Todos son igual de buenos en la cama, no se preocupen. Esto es
solo para que lo sepan, aunque existen pequeñas diferencias entre ellos, esto
no tiene por qué afectarlos en su aventura. Lo que sí les va a afectar será
esto. -y cambió la dispositiva para mostrar una enorme polla, tal cual, y
después un dibujo anatómico en una esquina, lo suficiente pequeño para no
tapar la otra imagen.
-Los Hombres Lobo poseen un aparato reproductivo especial que, aunque
aparentemente similar al del Homo Sapiens, es mucho más... especializado,
por decirlo de alguna forma.
Más risas bajas.
-Se lubrica constantemente durante la excitación, dejándoles
completamente empapados. Pueden llegar a eyacular dos o tres veces por
coito, durante el celo, incluso más, y cuando termina el apareamiento, su
miembro aumenta de tamaño para que no sea posible extraerlo y así evitar
que el semen se escape. Este proceso, llamado ‹obstrucción postseminaria›
dura de tres a cinco minutos- La mujer pasó la dispositiva y mostró una
imagen animada y a cámara rápida de una polla metida dentro de una
especie de tubo que se hinchaba y deshinchaba, demostrando la obstrucción
de una forma práctica- La sensación es un poco extraña e incómoda-
advirtió-, pero no dolorosa.
Pasó la dispositiva y ahí es cuando la cosa se puso un poco técnica, con
números, imágenes de probetas y otras cosas que no esperaba ver en esta
charla.
-Los Hombres Lobo, además de eyacular varias veces en un solo coito,
también poseen una densidad espermatológica dos veces superior al hombre
ordinario; lo que quiere decir que, entre la cantidad de sexo, de semen y de
calidad fecundativa, los Hombres Lobo son como máquinas reproductoras
infalibles. Por suerte, solo son fértiles durante el celo así que preocuparse
de nada en caso de que tengan una relación esporádica fuera de la ventana
fértil.
Pasó la dispositiva y mostró un calendario con dos meses: abril y octubre,
los cuales tenían la primera semana marcada en rojo.
-Hablemos ahora del famoso celo, la razón por la que muchos de ustedes
están aquí ¿me equivoco? -dejó un breve silencio para que se oyera un ‹Sí›
a coro y por lo bajo. Junto algunas risas tontas.
-El celo de los Hombres Lobo se produce en fechas muy concretas, dos
veces al año, separados por seis meses. En ese momento, su libido se
dispara, convirtiéndolos en bestias sexuales que solo pueden pensar en
saciar su hambre de sexo. Su instinto les lleva a buscar a una pareja con la
que comparten numerosas relaciones sexuales en un periodo de tres a cuatro
días, de setenta y dos a noventa y seis horas ininterrumpidas.
»-Bien, sé que suena estupendo y sumamente placentero; y lo es-dijo,
alzando las manos con una sonrisa-, pero he de advertirles de que, una vez
comience el celo, no podrán abandonarlo hasta que concluya. Como he
dicho antes, los Hombres Lobo pierden parte de su raciocinio en estas
fechas... no les permitirán abandonarlos bajo ninguna circunstancia. Tengan
esto muy claro antes de embarcarse en la aventura, por favor. Una vez que
se empieza, no para, aunque ustedes no quieran seguir- Sus palabras dejaron
un profundo silencio en la sala. Ahora ya sin risas.
-Qué forma más elegante de decir que, si te aburres de follar, los Lobos
simplemente te van a violar hasta que el celo termine ¿lo has oído, Nayeon?
-le pregunté en voz baja.
-Yo nunca me he aburrido de follar. -respondió ella.
-¿Noventa y seis horas seguidas? -insistí.
-No pueden estar metiéndotela noventa y seis jodidas horas seguidas. -me
aseguró ella con una mirada, pero entonces dudó y frunció el ceño-
¿Verdad? -me preguntó.
-Aquí, señora-levantó la mano para llamar la atención de la mujer-¿Follan
de seguido o hay descansos para respirar, echar un cigarro o algo así?
-Sí, por favor, las preguntas al final de la explicación-le pidió la mujer con
una sonrisa-Pero sí, hay descansos, por supuesto. Depende siempre del
hombre, pero lo más común es que se produzca un coito cada hora y media,
dos horas aproximadamente.
-De cuarenta y ocho a sesenta y cuatro folladas, Nayeon. -le susurré,
haciendo rápidamente las cuentas-Y eso es de media.
-Ahora entiendo que necesiten taponarte el coño para que no se salga la
corrida- respondió antes de reírse- Te tiene que salir hasta por las orejas al
terminar.
-Durante este tiempo, el Hombre Lobo los mantendrá muy cerca y no les
permitirá moverse de su lado ni para cumplir necesidades básicas. Ellos no
comen ni se asean durante el celo, tan solo consumen gran cantidad de
líquido para reponer los fluidos que pierden en el proceso. Si van a
participar en esta experiencia, les recomiendo que se preparen
concienzudamente reuniendo provisiones.
Pasó la dispositiva y mostró imágenes de productos como barritas
energéticas o bebidas isotónicas para deportistas.
-Algo sencillo que puedan consumir en la cama, agua azucarada y
nutrientes básicos que les ayuden a recuperar energías. Con respecto a otras
necesidades, como ir a ducharse o usar el baño, deben aprovechar los
momentos en los que esté dormido. Esto suele suceder a partir de las veinte
horas, más o menos. Sabrán que están profundamente dormidos por su
respiración más pausada y por sus movimientos involuntarios, como breves
espasmos musculares.
Pasó la diapositiva y las imágenes de comida fueron sustituidas por enemas
y pastillas.
-Para las mujeres, hay un riesgo muy alto de quedar embarazadas si no
toman todas las precauciones posibles. Evidentemente, no van a convencer
a un Hombre Lobo para que se ponga condón, así que deberán programar
las pastillas anticonceptivas e, incluso, quizá tomar una pastilla del día
después tras el celo. Además de eso, les recomendaría hacerse una lavativa
profunda previa al celo; en el caso de los hombres.
Y buscó al público masculino con la mirada.
-Les recomendaría una antes y otra sobre las cuarenta, o cuarenta y cinco
horas. Los Hombres Lobo tampoco se detendrán en caso de incidentes
escatológicos, lo que podría convertir la aventura en una experiencia un
tanto desagradable para ustedes.
-Joder, qué asco. -susurré.
-No pensaba que fuera para tanto-reconoció Nayeon, empezando a
preocuparse seriamente por ‹la aventura› y lo extrañamente perturbadora
que estaba resultando.
-Bien, dicho esto-concluyó la mujer, pulsando el botón para volver a poner
la dispositiva de los lobos sin camisa, los cuales ya no resultaban tan
atractivos y tentadores como al principio.
-Los Hombres Lobo poseen un cuerpo espectacular, todos ellos. Además de
una media de altura de un metro noventa, su metabolismo les permite
desarrollar gran musculatura con gran facilidad, por ello tienen un apetito
voraz, en muchos sentidos- bromeó, pero después de descubrir que quizá
tenías que comprar provisiones y meterte un enema por el culo, la gente ya
no estaba tan dispuesta a reírse -Así que todos ellos son magníficos
especímenes de belleza, fuerza y poder-continuó-Además, liberan
feromonas con el sudor que producen un efecto afrodisíaco en los humanos,
en mayor cantidad antes y durante el celo, lo que quiere decir que estarán
muy, muy excitados a su alrededor.
Pasó la diapositiva y aparecieron dos cuerpos masculinos dibujados y con
zonas de colores que marcaban partes de su cuerpo en verde, amarillo y
rojo.
-A ellos les encanta el contacto físico, es una parte muy importante de su
comunicación no verbal y les relaja mucho. Sin embargo, hay un límite de
donde pueden tocar y el momento en el que puedan hacerlo. De lo
contrario, podrías provocar una respuesta muy agresiva en ellos.
Personalmente, les recomiendo los brazos -verdes-, caricias lentas y suaves.
Suelen emitir un leve gruñido, como un profundo ronroneo de su garganta
cuando sienten placer y se encuentran relajados, esa siempre es muy buena
señal de que lo están haciendo bien.
»-Si el gruñido es más intenso y fuerte, deténganse inmediatamente. Sigan
adelante solo si hay una buena respuesta de su parte, entonces podrán
continuar con cuidado en el costado, los hombros, la espalda o la cabeza -
amarillos-, pero nunca les toquen el cuello, la nuca ni las ingles -rojo-. Son
zonas muy sensibles y podrían ponerse muy nerviosos e incluso agresivos,
que es, en definitiva, lo que queremos evitar. No se precipiten jamás, dejen
siempre que ellos den el primer paso, es una cuestión de poder. Son ellos
los que den llevar las riendas y no ustedes. Ellos necesitan asegurarse de
que no son una amenaza y que se someterán a ellos, eso les excita y les hace
sentirse poderosos.
»-Háblenles siempre de frente, nunca, jamás, se acerquen por su espalda y
les toquen sin permiso; porque les harán daño. Pueden mirarlos a los ojos,
pero no muy fijamente ni de una manera agresiva y cortante. Y con esto
concluimos la explicación-pasó una última dispositiva en la que ponía
‹Gracias por su atención. Pregunten lo que quieran›.
Un público menos motivado que al comienzo le ofreció un breve aplauso a
la mujer, que lo aceptó con una sonrisa y una inclinación de cabeza.
-¿Alguna pregunta?
-Sí, yo-un hombre de mediana edad alzó la mano y preguntó-¿Solo follan
durante el celo?
-No, por supuesto que no. Los machos sanos pueden tener relaciones
esporádicas en cualquier momento del año y son tan enérgicas y
satisfactorias como durante el celo. Pero no todos están dispuestos a
tenerlas y, como dije en la presentación, no serán fértiles.
-¿Y solo follan o hacen más cosas? -quiso saber una mujer.
-Durante el celo solo-y marcó mucho esa palabra, ‹SOLO›- mantienen
relaciones sexuales con penetración. No habrá sexo oral, ni caricias, ni
besos. Durante el resto del año funciona como con los humanos, depende de
los gustos y su relación con ustedes.
-¿Cómo consigues que te elijan para el celo? -preguntó otra mujer- ¿Hay
algún tipo de preparación?
-Eso es complicado- reconoció la mujer, manteniendo siempre la sonrisa-
Hay humanos que tienen un olor, un aroma, que les atrae más y les hacen
más deseables. Después puede influir la apariencia, por supuesto, los
Hombres Lobo también se mueven por el deseo físico, tienen gustos
personales y preferencias. Existe la idea de que incluso la forma en la que
nos movemos les da una idea de nosotros, al ser una raza con una
comunicación no verbal tan extensa e importante, prestan muchísima
atención a ese tipo de cosas; pero, en definitiva, lo que más suele funcionar
es crear una relación previa al celo.
-¿Te refieres a ligar con ellos cómo... con un hombre normal?
-Sí, más o menos- dijo la mujer, dudando en cómo explicar aquello- Pero no
valdrá de nada que les inviten copas, ya que los Hombres Lobo poseen sus
propios sistemas de cortejo, sus propias formas de mostrar interés, aunque
eso no es algo que suela pasar muy a menudo. Lo más corriente es que sen
los humanos los que muestren interés y que ellos elijan,
-¿Podrías decirnos algo que les guste? Algo que nos haga más apetecibles a
sus ojos.
-¿Es verdad que bailar les atrae mucho? -preguntó otra mujer antes de que
pudiera responder a la otra persona.
-Sí, les gusta mucho bailar, el roce, el sudor y el movimiento que se produce
les excita muchísimo. Sin embargo, no recomiendo en absoluto comenzar
por ahí, es un contacto muy cercano y los Hombres Lobo podrían no estar
interesados en bailar con ustedes. Lo más sencillo es pensar que, en general,
son hombres...-y con aquello quiso decir mucho más de lo que parecía-
Hombres muy sexuales que suelen agradecer toda la... atención que puedan
dedicarles.
-Como las mamadas-le susurré a Nayeon.
-Pff... Mi amiga Mina dijo que les sabía muy fuerte la polla- murmuró
Nayeon con verdadero pesar antes de levantar la mano-Me han dicho que
no se lavan mucho ¿es cierto?
-Oh, no, no es exactamente que no se laven, sino que, como ya he dicho,
poseen muchas feromonas que hacen su sudor y sus cuerpos muy olorosos.
-¿Sus pollas también? -insistió Nayeon.
La mujer se quedó un momento en silencio y terminó asintiendo.
-Sí, sus axilas, cuello y genitales son especialmente olorosos, al igual que su
semen y su lubricación natural que tiende a ser más densa y fuerte que la de
los humanos. No esperen que huelan a perfume y jabón, porque eso no va a
suceder.
-Joder... odio que huelan mal-se quejó Nayeon, cruzada de brazos y con una
mueca seria.
-El sexo debe ser cojonudo para que después de todo esto la gente siga
yendo a buscarlos-pensé en voz alta.
-¿Y qué pasa si te muerden? -quiso saber una joven que puede que tuviera
incluso menos años que Nayeon y yo-¿Es buena o mala señal?
-No los van a morder-aseguró la mujer-No teman por eso.
-Me han dicho que si les acaricias la barriga les gusta mucho ¿es cierto? -
preguntó otro hombre.
La mujer, demasiado acostumbrada a aquellas preguntas y afirmaciones
salidas de foros de internet y de conversaciones entre amigos, no dudó en
responder:
-A los Hombres Lobo les encanta el contacto físico, como ya he dicho. Sin
embargo, hay que tener mucho cuidado con ese tema. Recomiendo
encarecidamente que no se precipiten y sigan el orden que he marcado en la
presentación.
-¿Y lo de la sumisión cómo funciona? ¿es efectivo?
-La sumisión es una forma de enfocarlo, sin duda-afirmó la mujer-Pero no
me gusta recomendar esa opción porque es más complicada y... peligrosa
algunas veces. Si lo hacen mal, no los tomarán en serio y, aunque se
produzcan muchos coitos, no serán una pareja válida para el celo.
-¿Y si lo único que quiero es que me follen en un callejón? -insistió el
hombre.
Si la mujer estaba sorprendida por la pregunta, no lo demostró. Después de
todo, ya debía estar acostumbrada a todo aquello. No dabas una charla
sobre cómo conseguir que los lobos te follaran sin tener que aguantar a un
público excitado y sórdido.
-En el caso de que lo único que busquen sean un par de encuentros sexuales
en el callejón o en lugares públicos, sí, la sumisión es lo más efectivo. Para
ello deben mostrarse muy pasivos, no tocarles, agachar la cabeza, nunca
mirarlos a los ojos, darles la espalda y esperar siempre a que sean ellos los
que decidan tener relaciones con ustedes y no al revés. Básicamente serán
para ellos como un clínex sobre el que poder desahogarse. Solo advierto de
que son muy estrictos con sus estructuras sociales y una vez que los
cataloguen como ‹sumisos›, no habrá vuelta atrás.
-¿Y es verdad que pueden saber que estás cachondo o asustado con solo
olerte?
-Sí. Ellos poseen un gran olfato, pueden distinguir a la perfección cualquier
aroma en su cuerpo y su ropa. Saben si están excitados, asustados,
nerviosos, si ya han estado cerca de otros o si han mantenido relaciones
sexuales con algún otro de la manada.
La sala se quedó en silencio y, como no parecía que hubiera más preguntas,
la mujer aplaudió y dio por finalizada la charla de aprendizaje y prevención.
Nayeon se levantó de su silla plegable con un cigarro ya en la mano y una
expresión de desagrado. La seguí hacia la puerta, buscando mi propia
cajetilla en uno de los numerosos bolsillos de la chaqueta militar, para sacar
un cigarro y encenderlo con mi viejo zippo. Acerqué la llama a Nayeon y
ella se encendió el suyo, soltando una buena voluta de humo hacia el techo
amarillento del sótano.
-Vaya puta mierda-concluyó-Creía que íbamos a ir ahí y que algún hombre
alto, fuerte y con una polla enorme me iba a echar el polvo de mi vida.
Dejé escapar el humo entre los labios lentamente y le di otra calada al
cigarro antes de responder:
-¿Quieres follarte a un lobo o quieres pasarte el celo con él? -pregunté,
porque ya no lo tenía claro.
-No sé, quizá pruebe primero y después decida si quiero comprarme barritas
energéticas y meterme un enema por el culo-opinó.
-Eso es muy maduro-murmuré mientras cruzábamos los últimos metros
hacia la puerta doble de salida
-No se puede fumar dentro- nos llamó la atención una persona en el exterior
al vernos salir con los porros encendidos.
-Que te jodan-fue la respuesta de Nayeon, acompañando sus bonitas
palabras con un corte de manga de uñas largas y negras-Vamos al puto club-
me dijo-A ver si son tan buenos como dicen.
Asentí, fumé otra calada del cigarro y lo tiré a un lado del aparcamiento de
cemento. El sol ya estaba casi oculto tras los edificios y el cielo era de
colores rojizos, anaranjados y malvas.
Me llevé una mano al bolsillo interior y noté el reconfortante tacto de mi
navaja. Nayeon sabía que estaba ahí, y sabía que yo sé usarla, por eso no
temía meterse en un antro repleto de lobos; pero yo no estaba tan seguro
sobre todo aquello.
-Espero que tengan buenas copas-fue todo lo que dije antes de meterme en
el auto- porque necesitaré un trago.
Yo, por aquel entonces, solo conocía a los Lobos por todo lo que la gente
decía de ellos: hombres muy sexuales y guapos, pero también muy
peligrosos.
Había un mito erótico alrededor de ellos, sí, pero también un profundo
temor y racismo. Los lobos eran parias, agresivos, se agrupaban en guetos y
bandas llamadas Manadas a las que no les interesaba lo más mínimo
integrarse en la sociedad. Funcionaban fuera de la ley, tenían sus propias
normas y no respetaban nada ni a nadie más, eran poco más que pandilleros
y se dedicaban a negocios muy turbios repletos de violencia y amenazas.
La gente los odiaba tanto como los deseaba. Y yo no era una excepción. No
quería ni tenía intención alguna de mezclarme con ellos. No necesitaba
problemas, por muy guapos que fueran y muy gorda que tuvieran la polla.
Si...por aquel entonces no los conocía en absoluto. Y si me hubieran dicho
que había un Lobo en esa ciudad que iba a cambiar todo mi mundo, no les
hubiera creído jamás.
2.- EL CLUB DE LA LUNA
LLENA
El club de la Luna Llena era un antro. Un antro en una calle lateral no muy
transitada y con apenas iluminación. La única señal de que allí había un
local nocturno era un cartel de neón con luz blanca en el que ponía "Luna
Llena" y una pequeña muchedumbre a los lados de las escaleras.
Nayeon se quitó el plumas rosa y lo dejó en el auto, dando un portazo antes
de ajustarse el vestido sobre el abundante escote. Me miró a la espera de
que yo le diera un último repaso de arriba abajo. Parecía un putón en busca
de sexo en los baños, así que iba perfecta. Asentí con la cabeza y cruzamos
la carretera malamente iluminada por dos tristes farolas antes de descender
las escaleras hacia la puerta negra del club.
Nadie nos cortó el paso, nadie nos pidió las entradas ni nuestra
identificación; simplemente atravesamos un pasillo estrecho con posters de
películas de terror antiguas sobre hombres lobo y llegamos a la parte que,
suponía, era la pista de baile.
No era realmente una discoteca, ni un local especialmente amplio y limpio;
se trataba más bien de una sala con una barra de bar, música muy alta, luces
muy bajas y parpadeantes y, lo más perturbador, un fuerte y penetrante olor
a sudor. Era tan denso que hasta costaba un poco respirar, junto con la
música atronadora y los flashes, casi llegaba a resultar mareante y confuso.
Nayeon alargó una mano de largas uñas y me agarró de la chaqueta militar
para tirar de mí y no perderme entre la muchedumbre que abarrotaba el
lugar. Nos dirigimos a la barra y nos hicimos un hueco.
—¿Dónde carajos están los lobos? —me gritó ella al oído, mirando
alrededor y tratando de discernir entre las luces y sombras a alguno de ellos.
—Estarán todos en el baño dando polla—respondí mientras trataba de
captar la atención de una de las camareras.
Eran mujeres sonrientes, escotadas y con coletas apretadas. Se movían
rápidamente y servían mucho alcohol en las copas; lo que me encantó.
—Dos de vodka con hielo y Coca-Cola—le pedí a una cuando se acercó lo
suficiente—Pagas tú—le recordé a Nayeon, que seguía buscando a los
lobos por todas partes.
—Me he dejado el dinero en el auto—respondió—Te lo devolveré a la
salida.
Le dediqué una mirada seca y una mueca sería que ella ignoró por
completo. Al final tuve que pagar yo las copas, veinte dólares que me
dolieron en el alma y que tuve que rebuscar de los numerosos bolsillos. La
camarera esperó un poco impaciente a que reuniera los últimos centavos y
se lo dejara todo en la mesa; una montaña de billetes arrugados y monedas.
Su sonrisa vaciló en sus labios pintados, pero no me pudo importar menos
lo que pensara de aquello.
—Oye ¿dónde están los lobos? —le preguntó Nayeon, cansada de buscarlos
entre la gente.
—La manada suele estar en el piso de arriba—respondió la camarera en un
volumen suficientemente alto para hacerse oír mientras señalaba una parte
del local con la cabeza—Si no están ocupados, claro.
—Vamos al piso de arriba—me dijo Nayeon al oído.
Negué con la cabeza y agarré mi vaso antes de seguir a Nayeon de nuevo
entre la muchedumbre que bailaba.
Me acabé la mitad de la copa antes de alcanzar las escaleras, notando el
líquido frío, burbujeante y dulce bajando por la garganta y manchando las
comisuras de mis labios.
La gente iba y venía de la parte alta, bajando y subiendo, llegando a
empujarnos en ocasiones, recibiendo tan solo miradas secas como respuesta
y más empujones de nuestra parte.
La sala superior no era mejor que la sala inferior, solo había un poco menos
de gente y sillones semicirculares alrededor de mesas con mucho alcohol.
Olía más fuerte, eso sí, y la luz dejaba de ser tan molesta y se convertía en
una iluminación suave y de un azul frío.
Nayeon se detuvo a un lado, cerca de la barandilla metálica y echó otro
rápido vistazo.
—Ahí están—me dijo, señalando con la cabeza a los sillones.
Miré discretamente mientras bebía más alcohol. Los lobos destacaban
bastante porque, como habían dicho en la charla, eran altos, muy fuertes y
bastante atractivos. Estaban rodeados de humanos que hacían todo lo
posible por llamar su atención. La mayoría estaban ebrios o colocados,
buscando desesperadamente a un Lobo que hiciera sus sueños húmedos
realidad.
A mí me parecían estúpidos y patéticos.
—No te muevas, no quiero perderte de vista—me dijo Nayeon antes de irse
con su copa en la mano a uno de los sillones.
A ella siempre le habían gustado los rubios, así que eligió a uno de los
lobos con el pelo rubio y brazos más grandes que mi cabeza que había en
uno de los asientos pegados a la pared.
Al parecer, era uno de los más "demandados" y tendría bastante
competencia, pero Nayeon no había venido aquí para conformarse con
cualquiera. De eso no había duda.
Me terminé la copa y me moví de mi sitio para ir a dejarla sobre una de las
mesas redondas. Había mucha gente alrededor de un moreno de pelo largo y
barba corta, demasiado ocupados riéndose y tocándole los brazos para darse
cuenta de que me llevaba una de las botellas de vodka de la mesa. Allí no
faltaba de nada, por supuesto, era la zona de la manada.
Encontré un asiento libre en la esquina de uno de los sillones y me senté.
Empecé a beber directamente de la botella y a apoyar la cabeza en el
respaldo mientras seguía el ritmo de la música con los pies. A veces creí
escuchar que alguien me hablaba, pero yo ignoraba a todo el mundo y
seguía bebiendo. No había ido allí a hacer amigos ni a buscar sexo. No era
tan tonto como para intentarlo con los lobos.
No es que no diera ganas de intentarlo, por supuesto. Era solo que ellos eran
una raza muy peligrosa. Yo sabía a lo que se dedicaban cuando no estaban
ahí disfrutando de que los pequeños humanos se pelearan por ellos y
dejándose hacer mamadas.
En realidad, los lobos no eran más que putos mafiosos. Esas "manadas" en
la que se reunían no eran más que grupos de crimen organizado que se
dedicaban a extorsionar y abusar de su poder dentro de sus supuestos
territorios. Eran como pandilleros que tenían la polla grande; la gente lo
sabía y, aun así, seguían yendo a sus locales a tratar de conseguir su
atención por el mito sexual que les rodeaba.
Cuando me terminé la botella, ya estaba borracho. No quedaba mucho y lo
había bebido de trago a trago, pero solo había cenado un sándwich y aquel
alcohol frío entraba bastante bien.
Tomé una respiración de aquel aire denso y cargado y bajé la cabeza para
echar un vistazo rápido y encontrar a Nayeon en su sitio al final de la sala.
En el camino de vuelta, me topé con un rostro serio y de extraños ojos que
me miraban de vuelta. No lo dude y utilice la visera de mi gorra para
cubrirme la cara. No quería entrar en estúpidos juegos con un lobo y, mucho
menos, llamar su atención.
Me levante de la esquina que ocupaba y noté un pequeño mareo debido al
alcohol, así que solté un resoplido y deje la botella vacía en la mesa.
Busqué la cajetilla de tabaco en mi bolsillo y me dirigí a la salida de
emergencia que había a un lado de la planta alta, marcado por un pequeño
letrero verde y luminoso donde ponía ‹EXIT›.
Al empujar la puerta, casi me caigo al no medir la cantidad de fuerza que
había que poner para moverla. Trastabillé un poco, pero conseguí
mantenerme en pie en mitad de aquel callejón en penumbra entre los
edificios de ladrillo. Respirar aire fresco y puro fue muy extraño después de
pasar tanto tiempo en aquel local lleno de un olor tan fuerte, y eso que aquel
lugar apestaba a meados y al cubo de basura que había a un lado.
Recosté la espalda contra la pared y tomé un par de respiraciones con los
ojos cerrados, ignorando la parte más oscura del callejón de la que salían
ruidos extraños y gruñidos. No me interesaba en absoluto lo que estuviera
pasando allí. Encendí el cigarro con el zippo y tomé una calada que aguanté
un par de segundos antes de soltarla en dirección al cielo.
Un ruido metálico acompañó a la puerta de emergencia cuando volvió a
abrirse a unos pasos de distancia. Giré el rostro hacia la parte más
iluminada del callejón, esa que desembocaba en la calle segundaria, porque
no quería ver a la persona, lobo o quien fuera que saliera del local. La vida
me había enseñado a estar callado y no mirar lo que no tenías que mirar.
Sonaron unos pasos pesados y la puerta al cerrarse. Tomé otra calada del
cigarro y solté el humo, que se fue difuminando lentamente en una columna
sobre mi cabeza. Sabía que la persona que había salido, fuera quien fuera,
se había quedado ahí. No podía mirarla, pero si podía sentirle cerca.
Me puse el cigarro en los labios y metí la mano en el bolsillo donde
escondía la navaja. Solo cuando sentí el mango de madera vieja, giré el
rostro lentamente hacia la persona, apoyando la cabeza en la pared y
todavía con el cigarro encendido en los labios.
Era un lobo. Aproximadamente debía superar el metro noventa. Era el
mismo chico de piel morena con el que había compartido una brevísima
mirada en el local. De hombros anchos, con una camiseta blanca que apenas
podía contener sus hombros abultados, sus pectorales, su abdomen plano y
sus enormes brazos. Tenía el pelo corto de un color marrón y algo
ondulado. Pero de todo eso, lo que más llamaba la atención eran sus ojos
bajo las cejas ligeramente gruesas. Tenían un color entre el amarillo y el
anaranjado, casi ambarino, y estaban rodeados por unas densas pestañas
negras que le daban un aspecto suave en contraste con su rostro más brusco
y de un atractivo tosco.
Nos quedamos en silencio, mirándonos mutuamente, hasta que le pregunté:
—¿Qué carajos te pasa?
No quería buscarme problemas con un lobo, y menos con uno grande, pero
no iba a permitir que creyera que me iba a intimidar con su tamaño y su
expresión seria. Yo estaba borracho y tenía una navaja escondida en la
mano, quizá él pudiera matarme, pero se iba a llevar unos buenos cortes de
recuerdo.
El lobo dio un par de pasos sin dejar de mirarme fijamente y se quedó frente
a mí. Yo seguía con la cabeza apoyada y le miraba sin dudarlo. Me saqué el
cigarro de los labios y solté el humo hacia un lado.
En la charla habían dicho que, si apartabas la mirada y agachabas la cabeza,
lo entenderían como sumisión, así que hacer lo contrario debía entenderse
como un desafío. Tras un par de segundos más tomé otra calada y aparté la
mirada de vuelta al lado. Yo no quería problemas si podía evitarlos.
El lobo dio otro paso y se acercó un poco más, empezando a arrinconarme
contra la pared. Me pasé la lengua por los labios y apreté los dientes un
momento, temiendo que aquello acabaría mal. El lobo se quedó allí otro par
de segundos, mirándome fijamente con aquellos ojos ambarinos desde las
alturas, respirando profundamente e inundándolo todo con su peste a sudor
caliente. No era en absoluto desagradable, pero si bastante penetrante y me
estaba empezando a poner nervioso.
Froté el pulgar sobre el mango de la navaja y comencé a plantearme
seriamente en clavársela y salir corriendo a la menor señal de un
movimiento brusco por su parte.
Pero el lobo se movió lentamente, dando otro paso a un lado, ahí a donde yo
seguía mirando mientras fingía que le ignoraba. Cubrió mi campo de visión,
casi obligándome a volver a enfrentarme a aquellos ojos ambarinos y
anaranjados de animal salvaje. Apoyó el hombro en la pared y cruzó sus
enormes brazos sobre el pecho. Continuó con su mirada fija y su expresión
seria en la penumbra del callejón, pero al menos su postura parecía más
relajada, lo que, supuse, tenía que significar algo bueno.
—Oye, no quiero problemas—le dije antes de llevarme el cigarro a los
labios—Solo he salido a fumar ¿vale?
El lobo no respondió, ni una palabra salió de sus labios rosados. Tras un par
de segundos terminé asintiendo y volviendo la cabeza al frente. Si él me
ignoraba, quizá yo debería hacer lo mismo. El problema era que en esa
jodida charla solo te enseñaban a atraer a los lobos, no a alejarlos de ti sin
enfadarles. Yo no le tenía miedo, no exactamente. Era más bien respeto. Me
sentía como si estuviera enfrentándome a un oso salvaje; no querías hacer
ningún movimiento en falso y darle la idea de que podía atacarte, pero a la
vez tampoco querías que se acercara demasiado. Que fue, exactamente, lo
que pasó.
El lobo se movió un poco hasta casi pegarse a mí. Yo seguí con la mirada al
frente, fumando tranquilamente mi cigarro, quizá recortando el tiempo que
dejaba entre calada y calada para terminar lo antes posible. Cuando un
minuto después la punta anaranjada llegó a rozar el filtro, eché una última
bocanada y tiré la colilla hacia la pared de enfrente. El puto lobo seguía a
mi lado, mirándome mientras yo hacía todo lo posible por ignorarlo como si
no existiera.
Me quedé unos segundos más ahí hasta que decidí separarme de la pared. El
lobo hizo lo mismo y descruzó los brazos. Noté un latido más fuerte en el
pecho, pero no dude en dar un paso firme pero controlado hacia la puerta de
emergencia.
Sin previo aviso, me empujó suavemente con un brazo y me giró para
ponerme de cara a la pared. Apoyé las manos sobre el ladrillo rugoso y
áspero para no caerme, sintiendo al hombre muy pegado a mi espalda. Me
rodeo con los brazos y apoyó sus grandes manos en la pared, un poco por
encima de las mías, encerrándome por completo entre su cuerpo y el muro.
Apreté los dientes y me concentré en respirar. Aquello iba mal. Quizá me
había mostrado muy ‹pasivo› y el idiota se había creído que podía hacer lo
que quisiera. Inclinó la cabeza y pude sentir su respiración húmeda y cálida
en el cuello, erizándome la piel de arriba abajo. Su olor era todavía más
intenso y casi podía sentir el calor que emitía su cuerpo a través de la ropa.
—Vale... ten cuidado—le dije con el tono de voz más sereno que pude—Me
estás empezando a enfadar...
Bajé lentamente las manos de la pared y metí una de vuelta en el bolsillo
donde escondía la navaja. Con movimientos lentos y pausados me fui dando
la vuelta en el pequeño espacio que tenía. Darle la espalda no podía
significar nada bueno y era algo que me estaba haciendo sentir indefenso y
me ponía muy, muy nervioso. El lobo no me impidió girarme, mirándome
atentamente con sus ojos amarillentos y anaranjados.
—Ya está—murmuré, aunque empezaba a sospechar que, o no me entendía,
o no quería entenderme— Ha sido divertido, pero voy a volver—y cabeceé
en dirección a la puerta sin apartar la mirada de sus ojos—No quiero
problemas.
Levante mi mano libre, la que no tenía alrededor de la navaja, y la coloque
muy suavemente sobre su brazo, un leve roce con la punta de los dedos. El
Lobo siguió todo el movimiento muy atentamente, mirándome por el borde
de los ojos cuando le toqué. Se suponía que eso les calmaba o, al menos, les
gustaba, así que le di una lenta y cuidadosa caricia en la cara interna de su
bíceps. Su piel era sorprendentemente suave para tratarse de alguien con un
aspecto tan intimidante y rudo y con un olor tan fuerte.
Como no pareció haber una mala reacción por su parte, aparté la mano de
mi bolsillo y me atreví a ponerla tan lenta y cuidadosamente como antes,
pero esta vez sobre su costado. Que, creía, era el siguiente paso para
relajarle. El lobo reaccionó levantando la cabeza y estirando la espalda, lo
que por un momento me asustó un poco, sin embargo, todo se quedó en eso,
un susto. Volví a apoyar la mano en su costado sobre la camiseta blanca y
cálida, haciendo un recorrido que comenzaba por encima de su cintura y
acababa al principio del enorme dorsal. Tras unos segundos, el lobo perdió
la tensión y volvió a relajarse, después entreabrió los labios y, finalmente,
dejó caer los párpados mientras un ligero y casi imperceptible gruñido salía
de su garganta de vez en cuando.
Ocurrió algo curioso e inesperado, y es que, cuando vi al lobo tan relajado y
fuí consciente de que no corría ningún peligro inmediato, el nerviosismo y
el temor dejó paso a todo lo demás. No tuve claro si se debía al alcohol, al
calor que desprendía su cuerpo o a las millones de feromonas que había
flotando a mi alrededor junto con aquel olor tan penetrante, pero, de pronto,
me empecé a poner un poco cachondo.
La mirada de aquellos ojos adormilados y de un color tan extraño, comenzó
a resultarme bastante cautivadora, al igual que su rostro y lo poderoso que
parecía. Incluso el estúpido gruñidito que emitía me parecía encantador.
Pasando un minuto, quizá minuto y medio, decidí que aquel era el momento
de irse, porque si seguía así algo iba a terminar ocurriendo en aquel
callejón, y quizá fuera yo el que emitiera gruñidos ahogados desde la parte
más oscura tras el contenedor.
El lobo seguía visiblemente relajado e, incluso, podría decirse que
adormilado, pero solo en apariencia, porque su pantalón de chándal negro
tenía una elevación bastante evidente a la altura de su entrepierna. Así que
me encogí un poco, agachándome para conseguir cruzar por debajo de la
barrera que eran sus brazos todavía en alto contra la pared. El lobo me
siguió con su mirada de párpados caídos y hasta sonrío un poco cuando
creyó que me estaba agachando para, quizá, hacerle una mamada allí
mismo. Su expresión dejo atrás la calma y la breve felicidad y se vió
interrumpida por la sorpresa cuando me deslizaba a un lado y salía en
dirección a la puerta.
No lo dude, paso firme pero rápido, crucé la salida de emergencia y me
sumergí de nuevo en aquella locura de música demasiado alta, luces
demasiado bajas y olor demasiado intenso.
Busqué a Nayeon con la mirada, echando un vistazo rápido de lado a lado
mientras me dirigía al lugar frente a la barandilla donde todo había
comenzado. No la encontré por ninguna parte, sino que ella me encontró a
mí, caminando un poco a tropezones desde un lado para agarrarse a mi
cazadora militar y gritarme al oído:
—¿A dónde carajos te fuiste?
—A fumar afuera—respondí.
—¿Sin mí?
—Parecías ocupada.
—Ojalá—dijo en un tono más bajo y con una mueca de disgusto—
Vámonos.
Fuimos hacia las escaleras, de las que seguían subiendo y bajando
numerosas personas que ninguno de los dos dudó en empujar para hacernos
sitio. Lo mismo pasó en la pista de baile y en el pasillo con posters de
películas hasta alcanzar las escaleras que ascendían a la calle y al aire libre.
Nayeon hizo una señal para que le pasara un cigarro y se lo encendí con el
zippo, ya que había sacado la cajetilla, tome otro para mí.
—Estoy cachonda como una perra—me dijo de camino al coche y con tono
enfadado—Ese olor a las feromonas esas o lo que carajos sea... joder...—
fumó una buena calada y la soltó al aire—Como me puso el muy cabrón y
ni siquiera me tocó.
—Me imagino—murmuré, ahorrándole mi propia experiencia con el tema.
—Pero hay tantas mujeres... Agh... tenemos que volver—decidió por los
dos.
—Yo no voy a volver—le aseguré antes de abrir la puerta del coche y
meterme.
Lo dije en serio, pero, como es evidente, volvería otra vez. Porque si lo
hubiera dejado ahí, no habría historia que contar ¿verdad?
3.- EL CLUB DE LA LUNA
LLENA: OTRA VEZ
—No me puedo creer que siempre me convenzas para hacer esto—me quejé
con tono serio antes de subir al auto— Más vale que pagues las putas copas
esta vez. He tenido una semana de mierda en la tienda.
—Te prometo que las pagaré—respondió Nayeon antes de abrirse la
cazadora y enseñarme un top blanco sin sujetador y una falda de tuvo negra
hasta el ombligo— ¿Qué te parece?
—Me parece que la semana que viene irás desnuda directamente.
—Lo haré si es necesario— me aseguró antes de ponerse el cigarro en los
labios pintados de rojo y arrancar el auto—Sigo como una perra. Yo sí he
entrado en celo...
Solté un murmullo afirmativo y miré al frente. A mí también me había
dejado un poco tocado aquel encuentro con el lobo. Me había pasado la
semana masturbándome un mínimo de tres o cuatro veces al día y yo no me
tocaba tanto desde que era un adolescente en plena pubertad.
—¿Crees que el contacto con los lobos puede crear adicción? —le pregunté
muy en serio.
—Espero que no, porque con nuestro historial estamos jodidos, Kook—
respondió ella, lo mismo que yo había pensado.
—¿Tu amiga del trabajo sigue viéndose con lobos?
—No, dice que un celo fue suficiente para toda su vida. Le he estado
preguntando mucho últimamente sobre el tema—me decía mientras
conducía a toda velocidad por una carretera poco iluminada, fumaba y me
miraba de vez en cuando por el borde de los ojos—Ella fue al club Media
Noche, en el centro, así que es una manada diferente a la nuestra. Se cree la
hostia porque ella pagaba doscientos dólares la entrada, como sí eso hiciera
que las mamadas que les hacía en los baños fuera algo elegante.
Sonreí un poco y asentí con la cabeza.
—¿Cuánto pagas tú por las entradas? —pregunté.
—Las entradas del Luna Llena valen solo cien.
Giré el rostro y la miré.
—¿Y tú lo pagas?
Nayeon tomó una última calada y tiró el cigarro sin apagar por la ventanilla.
—Con estas tetas no necesito pagar nada, Kook—respondió—Si nos paran
en la entrada, déjamelo a mí.
Miré de nuevo al frente y apreté un poco los dedos alrededor del asiento al
tomar una curva demasiado rápido. Nayeon y yo nos conocíamos desde
hace mucho, podría decirse que éramos buenos amigos, aunque no sabía
decir muy bien el por qué.
Colarnos en fiestas era algo que hacíamos a menudo, más en el pasado,
cuando nos aprovechábamos de borrachos para robarles dinero y después ir
a comer algo caliente al primer local que estuviera abierto.
—Creo que en este club la gente se va al callejón a follar—le sugerí—Les
oía la semana pasada mientras fumaba. Será como volver a tener dieciséis
para ti.
—¿Dieciséis? A los veintiuno seguía follando en los callejones. ¿No te
acuerdas del Merly's?
—Es verdad—afirmé—Escribieron tu número en la pared—y sonreí al
recordar aquello.
—Me siguen llamando de vez en cuando.
—Y dicen que el romanticismo ha muerto.
Llegamos a la calle del club de la Luna Llena diría que casi por milagro,
aunque eso era lo que solía pasar cuando Nayeon se ponía al volante de un
auto. Ella se quitó la chaqueta, repasó su imagen en el retrovisor y sacó un
pintalabios de la guantera, apartando mis piernas casi de un manotazo para
que le hiciera sitio, y se los pintó. Salí del auto para dejarla tranquila y
busqué mi cajetilla de tabaco para tomar un cigarro. Apoyé la cadera sobre
la puerta y miré la entrada del local en la distancia. Había casi la misma
cantidad de gente en el exterior que la semana pasada, aunque aquella
noche lloviera ligeramente y la calle secundaria pareciera incluso más
tenebrosa y peligrosa.
Nayeon salió del auto sin la chaqueta, se bajó un poco la falda, demasiado
apretada y que apenas le llegaba al muslo, antes de hacerme una señal para
que la siguiera hacia el local. Algunos de los que estaban en la puerta nos
dirigieron la mirada, a ella, por supuesto, pero también a mí. Ellos solo
podían ver a la preciosa chica con curvas y piernas hasta el cielo y al chico
rubio y malo que iba a robarte la cartera y el corazón; pero nosotros éramos
mucho más que eso, éramos exdelincuentes juveniles y pesadillas que
parecían sueños de verano.
Nadie nos detuvo en la entrada, ni en el pasillo de los posters ni al cruzar la
puerta gruesa que daba al antro más ensordecedor, oscuro y maloliente de
toda la ciudad.
Nayeon me agarró de la chaqueta militar y tiró de mí, como la primera vez,
hacia la barra del bar. Sacó veinte dólares de alguna parte de su escote y los
puso sobre la mesa antes de gritarle a la primera camarera que pasó por
delante:
—¡Dos de vodka con Coca-Cola!
Después se volvió a ajustar la falda y se giró hacia mí, aunque en realidad
lo que quería era mirar hacia el balcón del piso superior donde estaba la
manada en sus sillones. No se veía mucho, pero ella puso una expresión de
preocupación seguida de otra de desprecio.
—Hay una zorra ahí arriba que lleva una blazer sin nada debajo—me
informó.
Eché un rápido vistazo.
—Tú llevas un top sin nada debajo—le recordé.
—¿Debería quitármelo?
—Quizá deberías intentar acariciarle el brazo antes de enseñarle las tetas—
le sugerí.
—Eso no funciona—negó ella, muy convencida de sus palabras.
La camarera nos sirvió las copas y se llevó el dinero con una rápida sonrisa
tan falsa como el rubio de su pelo. Le di un par de buenos tragos y eructé un
poco antes de seguir a Nayeon al piso superior.
Atravesamos a la misma gente que bailaba y empujamos a los mismos
cuerpos sin rostro que subían y bajaban las escaleras hasta llegar al piso
superior. Llegar ahí fue como si la semana no hubiera pasado. No porque el
lugar fuera el mismo, sino porque los lobos estaban en los mismos asientos
rodeados de, juraría, las mismas mujeres y hombres.
—Ten el móvil a la mano por si te llamo—me dijo Nayeon antes de salir
precipitada a la esquina, dónde estaba su rubiazo de ojos café.
No tardé demasiado en caminar por las mesas en busca de una botella de
vodka frío y abierto. No sabía de quién era el alcohol, pero a nadie parecía
importarle que me parara a probarlo a morro y a rellenar mi vaso. Me quedé
en el sillón de un lobo de pelo marrón claro, camisa apretada de un amarillo
muy parecido al de sus ojos. No porque me pareciera especialmente guapo,
sino porque era el que tenía más botellas delante. Como la semana pasada,
me dediqué a beber, a recostar la cabeza en el respaldo y a dejarme llevar
por la música estúpidamente alta y repleta de bajos que casi te hacían vibrar
el pecho.
Cuando me terminé mi segunda copa ya estaba algo entumecido, pero no
borracho. Me incorporé para rellenar el vaso largo, siguiendo el ritmo de la
canción un poco con la cabeza y un poco con el cuerpo. Puede que el
volumen fuera demasiado, pero debía reconocer que el DJ sabía lo que
hacía con la selección de los temas. Fue entonces cuando percibí un
movimiento, una mirada, o quizá un olor en concreto entre la enorme
densidad que llenaba la parte alta de aquel antro. No supe que fue
exactamente, pero mis ojos se movieron directos hacia una figura de pie al
lado de una columna. Tenía los brazos cruzados, el hombro apoyado y el
rostro muy serio. Quizá llevaba un buen rato dando vueltas para llamar mi
atención, no podía estar seguro, pero en el momento en el que lo consiguió,
no se detuvo hasta ponerme de los nervios.
Trate de ignorarle, pero su mirada era como un láser anaranjado que me
atravesaba por completo. Se movía de aquí a allá. Manteniendo las
distancias y sin acercarse demasiado. Hasta que dejé mi tercera copa vacía
con un golpe en la mesa y solté un suspiro inaudible entre el ruido de la
música. Me incliné hacia delante apoyando los codos en las rodillas antes
de frotarme el rostro. Había guardado la esperanza de que aquel lobo no
estuviera allí, o que quizá estuviera demasiado ocupado con los muchos
humanos que, de seguro, estarían babeando por unos segundos de su
atención. Pero al parecer se acordaba de mí, y evidentemente, yo me
acordaba de él.
Me levanté del sillón y fui de camino a la salida de emergencia con la mano
metida en el bolsillo de mi chaqueta. Antes de salir ya tenía un cigarro en
los labios y el zippo encendido. Apoyé la espalda en la misma pared que la
semana pasada y levanté la mirada al cielo mientras unas diminutas gotas
blanquecinas me mojaban la piel. La diferencia de temperatura, de ruido y
de olor eran arrolladora, como si acabara de tomar aire tras un minuto
buceando en el mar.
Antes de que me llevara el cigarro a los labios por segunda vez, la puerta
metálica sonó y apareció una figura musculosa. Llevaba una camiseta
ajustada de publicidad con un logo descolorido en el centro, una cadena
plateada alrededor del cuello y los mismos pantalones de chándal negros. Si
quería parecer un puto pandillero, lo había conseguido. Se quedó de brazos
cruzados y en silencio a un par de pasos de mi mientras yo seguía mirando
el cielo oscuro y la fina lluvia. Tras la cuarta calada ladeé el rostro y me
enfrenté a su mirada intensa.
—¿No te aburres? —le pregunté en voz un poco baja.
El lobo no respondió, por supuesto. Me miró en silencio hasta que yo aparté
la mirada al frente y dio un par de pasos más. Tardó todo un minuto en
decidir ponerse a mi lado, todavía con los brazos cruzados sobre el pecho y
expresión seria. Cuando estaba así me ponía un poco nervioso, pero contuve
la necesidad de llevarme la mano al bolsillo y agarrar mi navaja;
simplemente me terminé el cigarro y tiré la colilla al frente, echando una
última voluta de humo en dirección contraria a la que estaba el lobo.
Entonces le miré de nuevo y, tras un breve momento de duda, levanté una
mano y le acaricié con solo la punta de los dedos el lateral de su brazo. El
lobo levantó la cabeza como si se pusiera orgulloso, pero no se apartó.
Yo estaba algo borracho, aburrido y puede que cachondo, pero ¿Cuál era su
excusa para comportarse así y venir a buscarme? Puede que a aquel hombre
le gustaran mucho los hombres con atractivo peligroso e indiferente. A
muchos humanos les gustaba. La única diferencia era que en esas relaciones
yo tenía el poder, y dudaba de que en esta lo tuviera.
El lobo se acercó más, poniéndose frente a mi para terminar dejando las
manos en la pared y encerrándome, como la última vez, entre su cuerpo, sus
brazos y el muro.
Miré sus ojos, brillantes incluso en la penumbra del callejón, y levanté las
manos para ponerlas en su cadera, suavemente al principio, antes de
acariciarle lentamente de arriba abajo. El lobo empezó a perder la postura
estirada y a bajar la cabeza mientras los parpados de sus ojos descendían y
en su garganta se producía aquel murmullo bajo y gutural tras cada
respiración. Su olor volvió a rodearme, tan intenso y extraño como la
primera vez. Era fuerte y todo me decía que debería parecerme
desagradable, pero a cada respiración solo me gustaba y me excitaba un
poco más.
Ladeé el rostro y moví una de las manos del costado hacia el abdomen del
lobo. Él abrió los ojos y bajo la mirada hacia mi mano, tomando un par de
respiraciones más rápidas y perdiendo parte de su calma. Solo hasta que
empecé a acariciarle con el reverso de la mano, muy lentamente, bajo su
pecho. El lobo soltó un poco de aire por lo labios que llegó hasta a mí,
cálido y húmedo en contraste con la lluvia y la fresca noche. Cerró un
momento los ojos y el ronroneo de su garganta se hizo más intenso. Estaba
frente a un hombre Lobo al que le encantaba que le frotaran la barriga como
a un perrito. Resultaba hasta gracioso.
El lobo se quedó un buen minuto disfrutando de aquello, hasta que, sin
previo aviso, dio un paso más y me encerró por completo entre él y la
pared, pegando todo su cuerpo contra mí. Tome aire y me lleve las manos a
los bolsillos casi por instinto, creyendo que quizá la hubiera cagado y él se
hubiera enfadado. Sin embargo, lo único que hizo fue dejarse caer un poco,
bajar la cabeza y, de una forma un tanto extraña, olfatear mi pelo y frotar su
rostro como si me acariciara con la cara. Fruncí el ceño, pero no dije nada.
Tan de cerca su olor era incluso más intenso. Podía sentir el calor de su
cuerpo contra el mío, rodeándome por entero, y el bulto carnoso que había
en su chándal rivalizando con mi propia erección bajo los pantalones
vaqueros.
Quizá había subestimado la capacidad de los lobos para resultar tan
atractivos y sexuales, quizá lo había subestimado por completo, porque
había algo animal y primitivo en ellos, algo salvaje que te arrastraba sin
remedio hacia el deseo y la necesidad. Empezaba a entender porque la gente
seguía viniendo a aquel asqueroso local para verlos.
Cada respiración era peor que la anterior, porque más de aquel olor intenso
entraba en mí y me aceleraba el corazón. Era algo primitivo y estúpido,
simplemente estúpido, porque a mí jamás me había pasado nada parecido
con ningún hombre humano.
Trague saliva y levante las manos para ponerlas de nuevo en su costado,
pero esta vez, en vez de subir, las deslicé hacia su espalda, casi abrazándole
y atrayéndole suavemente hacia mí. La sensación era... alucinante. El lobo
era tan cálido que podía sentir que calentaba mi chaqueta y mis pantalones,
gruñendo suavemente mientras se frotaba contra mí. No habla mundo más
allá de aquel abrazo, solo una enorme barrera de músculo, sudor y calor que
me mantenía seguro y protegido de todo lo demás.
Creo que perdí parte de la conciencia o, al menos, recuerdo haber
entrecerrado los ojos y haberme dejado llevar por aquella mezcla de
excitación y placer hasta un punto en el que no me di cuenta del tiempo que
habla pasado. Solo supe que algo empezó a vibrar en mis pantalones y que
abrí de nuevo los ojos, descubriendo que tenía la frente apoyada en el
hombro del lobo mientras seguía acariciándole de arriba abajo la espalda.
Levanté la cabeza y tomé una respiración antes de apretar los ojos para
aclarar la mente. El lobo también se movió, porque seguía acariciándome de
vez en cuando, como si tratara de limpiarse la boca en mi.
Bajé la mano desde su espalda a mi pantalón y saqué el móvil para
llevármelo a la oreja. El lobo soltó como una especie de gruñido más
intenso y menos ronroneante, como una queja o un ligero enfado que,
evidentemente, ignore.
—¿Qué? —pregunté con la voz algo ronca, por lo que tuve que aclararme la
garganta antes de seguir— ¿Ya has terminado?
—¿Dónde mierdas estás? ¡Te llevo llamando diez putos minutos! —dijo
Nayeon a través de la línea— ¿Estás afuera? No escucho la música.
—No. Sí. —cerré de nuevo los ojos—Sí, estoy afuera. Salí a fumar.
—¿Dónde? No te veo.
—En...—miré hacía el lado del callejón que daba a la calle. —¿Estás en la
entrada? Voy hacía allá—y colgué.
Guardé el móvil de nuevo en el bolsillo y miré aquellos ojos profundos que
me miraban de vuelta en mitad de una expresión seria y nada divertida con
todo aquello. Cabeceé hacia un lado y le dije:
—Tengo que irme.
El lobo apretó su entrepierna contra mí, como si quisiera hacer más
evidente lo duro que estaba, por si no me había quedado claro después de
tanto tiempo pegados.
—Ya—asentí, moviendo mi cadera de lado a lado para que también pudiera
notar mi erección—Es una putada, pero tengo que irme. —como siguió sin
moverse, le acaricié el costado un par de veces hasta que se relajó de nuevo
—La semana que viene—le dije. Sonó como una promesa, pero no lo fue.
El lobo soltó otros de esos gruñidos de queja, pero bajo los brazos y pude
escurrirme hacia un lado y liberarme de él. Noté una sensación fría en el
cuerpo después de haber estado tanto tiempo pegado a algo tan caliente.
Ahora volvía a estar solo y desprotegido, volvía ser ‹yo contra el mundo›,
pero ignoré esa sensación y me despedí con la mano antes de dirigirme al
final del callejón.
A cada paso, a cada respiración que tomaba lejos del aire intoxicado y
repleto de sudor y feromonas, la mente se me despejaba un poco más y las
ideas surgían de entre la neblina que se había apoderado de mi cerebro.
¿Qué estaba haciendo? Un puto lobo... ¿en serio? Justo lo que me faltaba.
Había tomado muy malas decisiones en mi vida, pero aquella debía ser, sin
duda alguna, de las peores.
Encontré a Nayeon en la puerta del club, rodeándose los brazos y
temblando de frío. Me miró con una mueca muy enfadada y me pegó un
golpe en el brazo como saludo.
—¿Sabes el frío que he pasado, pedazo de...? —entonces se detuvo, se
acercó a mí y olió mi chaqueta. Abrió mucho los labios y los ojos y se
volvió a enfadar—¡Hijo de puta egoísta! ¡Yo aquí muerta de frío y tú
follándote a un lobo!
—No me folle a nadie—le aseguré, tirando de ella hacia el auto, porque la
gente escuchaba y no quería brindarles un espectáculo, al contrario que
Nayeon. Saqué un cigarro de la cajetilla y le ofrecí otro a ella, que lo tomó
como con desprecio de entre mis dedos—No me follé a nadie—repetí con
el cigarro en los labios mientras le encendía el suyo y después el mío—
Estuve con uno en el callejón, pero no pasó nada.
—¿Le has comido la polla?
—No.
—Bien, porque no iba a estar yo arrastrándome como una idiota para que tú
consigas comerle la polla a un lobo sin más y a las primeras de cambio.
—Claro—murmuré, soltando la columna de humo a un lado.
Le di las llaves del auto y no tardó demasiado en abrirlo y subirse antes de
cerrar la puerta de un golpe seco que casi hizo temblar todo el auto.
—Joder, Jungkook, apestas a lobo, te lo digo de verdad—se quejó nada más
sentarme a su lado—¿En serio que no te lo has follado?
—No, y no pienso hacerlo—le dije sin demasiado entusiasmo.
—No, no, por supuesto que no. No vas a venir aquí obligado y aún por
encima follarte a un lobo antes que yo. —se dejó el cigarro en los labios, se
puso su cazadora y arrancó el auto. —¿Cómo conseguiste que te eligiera?
—preguntó entonces.
—No lo sé—reconocí—Al principio creía que venía a buscar problemas,
pero después le toqué el brazo y funcionó bastante bien.
Nayeon golpeó el volante con tanta fuerza que hizo sonar la bocina.
—¡Esa mierda no funciona! —gritó con verdadera indignación. Entonces
empezó a negar con la cabeza y murmuró—La semana que viene vengo
desnuda...
—Yo no voy a volver—dije, pero mentí.
Y la semana siguiente. Volvimos.
4.- EL CLUB DE LA LUNA
LLENA: POR ÚLTIMA VEZ
Nayeon no bromeaba cuando dijo que iría desnuda. Ella nunca bromeaba
sobre ir desnuda. Cuando me subí a su auto el viernes por la noche, se abrió
la gabardina blanca que llevaba y me enseño sus tetas al aire.
-Muy bonitas-la felicité mientras me sentaba.
-Si esta noche no consigo follar, no volvemos-sentenció-No voy a darle otra
oportunidad a ese cabrón arrogante.
-Es un lobo, Nayeon-le recordé-Todos son cabrones arrogantes con una
polla que se hincha y se deshincha como un globo.
-Lo que se me va a hinchar a mí es el puto coño como no me folle-Nayeon,
pura elegancia en todas sus formas.
Sin embargo, no le faltaba razón. Yo también me había pasado toda la
semana subiéndome por las paredes, sobreexcitado y nervioso. Por alguna
razón, no podía dejar de pensar en aquel puñetero lobo, en su cuerpo, en su
fuerte olor y, sobre todo, en el bulto de su chándal. Sentir ese tipo de deseo
por alguien era algo nuevo para mí, y lo odiaba. Lo odiaba con toda mi
alma. Me hacía sentir débil y estúpido, como un completo crío sin cerebro.
Pero el jueves por la noche, después de masturbarme por cuarta vez en un
día pensando en él, había tomado una decisión. Volvería a aquella mierda de
local, encontraría a ese lobo, me lo follaría y después seguiría con mi vida.
Eso era lo que haría.
Llegamos en apenas diez minutos, recorriendo un trayecto que duraba
veinte a una velocidad razonable y dentro de los límites establecidos.
También si respetabas los semáforos y frenabas un poco en las curvas; todo
lo que Nayeon no hacía.
Salí del auto mientras se arreglaba y encendí un cigarro. Me sentía un poco
nervioso y excitado, como si pudiera sentir cómo llegaba el momento en
que haría mis sueños húmedos realidad. Lo llevaba sintiendo todo el día,
trabajando en la tienda y mientras me duchaba y me vestía para la noche,
ahorrándome una ropa interior que no iba a necesitar. Aquella noche yo
tenía un hambre voraz y más le valía a ese jodido lobo estar a la altura de
las muchas expectativas que tenía de él. Lo que quería sucio, salvaje y
primitivo.
Me fumé el cigarro rápido y seguí a Nayeon bajo una fina lluvia de
primavera en dirección al local. La misma gente en la puerta, las mismas
escaleras que descendían al mismo pasillo con posters de películas de terror
y la misma puerta gruesa antes del mismo antro de mierda, ruidoso y
maloliente. No quise mirar al piso superior como hizo Nayeon nada más
entrar, antes de dirigirnos a la barra para pedir nuestras bebidas. Ella sacó
otro billete de veinte y gritó a una de las camareras, pero en esta ocasión
pidió todos los chupitos de tequila que pudiera pagar con el billete. Alcé un
poco las cejas y la miré.
-Esta noche o ninguna-me dijo con sus ojos marrones muy fijos en mí.
-Esta noche o ninguna-asentí.
La camarera siguió sonriendo, agarró el billete y se alejó mientras Nayeon
la insultaba a gritos. Yo fui a por uno de los chupitos y me lo metí de un
trago en la boca. Estaba frío y era desagradable, pero bajó como una lengua
de fuego por mi garganta. Sin pensarlo fui a por el siguiente.
-¡Que puto asco! -grito Nayeon tras beberse el suyo, poniendo un montón
de expresiones como si estuviera a punto de vomitar. Lo que solía hacer
siempre que pedía tequila-Ahora el otro... ¡Ah, que puto asco! -repitió tras
bebérselo.
Le di un momento para recuperarse e hizo una señal para que fuéramos a la
parte superior, donde estaba la manada. Ahí había tanta gente como siempre
y nos separamos en el mismo punto al lado de la barandilla, con una
advertencia muy seria de Nayeon sobre estar atento al móvil y no dejarla
tirada. Aunque, en realidad, la única que me había dejado tirado a mí en el
pasado, había sido ella.
No lo dudé y salí en busca del lobo. Miré de un lado a otro, tratando de
encontrar unos ojos amarillentos y anaranjados entre la muchedumbre y los
sofás, su cuerpo ancho y fuerte y su pelo castaño. Pero no fui yo quien le
encontró, sino él a mí.
Noté una presencia a mi espalda, muy cerca, y cuando giré el rostro le miré,
de pie, con la cabeza alta y orgullosa y su expresión serena de párpados
algo caídos. Aquella noche llevaba una camiseta de asas negra demasiado
ajustada, con una gran abertura que mostraba el inició de sus pectorales, y
unos pantalones grises de chándal bajo los que, estaba bastante seguro, no
llevaba nada. Ya empezaba a tener su pelo demasiado largo y se le
ondulaba, casi rizándosele. Parecía un estúpido pandillero, o un mafioso de
tres al cuarto con su collar de cadenas y sus enormes y musculados brazos
al aire, a punto de pegarte una paliza o de dejarte llorando en una esquina.
Parecía sucio, un puto cerdo y un completo imbécil; y, por alguna razón que
no conseguía entender, eso no podía ponerme más cachondo...
Me mojé los labios con la lengua y me esforcé mucho en mantener la
apariencia serena y controlada. No me gustaba mostrar emociones a los
demás, porque eso les hacía creer que te importaban y que podrían hacerte
daño, aunque en aquel momento el corazón me latía más rápido en el pecho
y sentía la respiración un poco más acelerada. Había venido por él y, si
realmente podía oler en mi lo que iba a pasar, solo debería tenerme miedo.
Levante una mano y la puse en su costado, saltándome el paso de los
brazos, me incliné y me puse de puntillas para poder hablarle al oído; pero
eso no pareció gustarle y retrocedió un poco, girando el rostro y rozando el
mío para no dejar su cuello al descubierto. Me miraba muy atentamente y
en silencio, con aquellos ojos amarillentos que parecían brillar incluso en la
penumbra de luces frías del piso superior.
Todavía recordaba lo que habían dicho en la charla, todo eso de que ellos
debían ser los que tomaran el primer paso, así que tomé aire, captando su
fuerte olor incluso en aquel ambiente saturado y cerrado, y asentí
lentamente.
-¿Quieres bailar? -le pregunté en voz lo suficiente alto para que me
escuchara.
El lobo cabeceó hacia el lado, señalando las escaleras que bajaban a la pista
de baile. Volví a asentir y caminé en aquella dirección, seguido muy cerca
de él. Iba justo detrás, a un paso de distancia, pero sin llegar a colocarse a
mi lado.
Bajé las escaleras siguiendo el ritmo movido de la música con la cabeza y
los hombros hasta llegar a donde estaba toda la gente, amontonada y
bailando aquella canción tecno repleta de bajos mientras una lluvia de luces
flasheantes les caía encima. Entonces me giré y le miré, una enorme sombra
de ojos salvajes que a veces iluminaban luces de colores. Daba un poco de
miedo verle así, como si perdiera parte de su humanidad para mostrar la
clase de bestia que era en realidad; pero aquella sensación de peligro era
casi parte del juego. Supongo que no ibas a un club de lobos para follarte a
uno si no estabas un poco mal de la cabeza.
Seguí moviéndome al ritmo de la música que, para mí, era como bailar de
una forma caótica y sin sentido. Miraba al lobo, pero no hice nada por
acercarme a él, solo esperé tranquilamente a que se acercara, se pegara
mucho y empezara a seguir el ritmo conmigo.
Para ser alguien tan grande, el cabrón sabía moverme muy, muy bien. Y a
mí me gustaban mucho los hombres que sabían bailar, los que sabían qué
hacer con la cadera y cuándo, mientras seguían el ritmo cada vez más
rápido y profundo de la música. Me rodeaba, me tocaba, se ponía muy cerca
y agachaba la cabeza, rozándola de vez en cuando con la mía. Su olor
estaba por todas partes, cada vez más denso y penetrante cuanto más se
movía. Y me estaba volviendo loco. Yo ya venía bastante cachondo de casa,
pero aquello... aquello me puso de una forma no creía que fuera capaz de
sentir. El corazón me retumbaba en el pecho, la música, las luces, aquel
sudor, el calor de su cuerpo, su tamaño y quizá el alcohol todo se mezcló en
un momento que me hizo sentir drogado y en las nubes. Y yo sabía muy
bien lo que era eso.
En mitad de aquella locura, el lobo me dio la vuelta para ponerme de
espaldas a él y me mordió en la parte baja del cuello, cerca de la nuca, con
su gran boca. No me hizo daño y no me llegó a clavar los dientes, solo sentí
la presión y la humedad mientras me metía las manos debajo de la camiseta
para recorrerme el cuerpo sin ningún límite. A esas alturas yo ya estaba
dispuesto a cualquier cosa. Tenía una erección de caballo en mis pantalones
y un objetivo muy claro en mente: follarme al lobo.
Él me soltó y entonces puso su enorme mano alrededor de mi nuca, sin
demasiada delicadeza, me empujó para que fuera delante de él en dirección
a la entrada. Me trastabillé un poco, un tanto mareado y confuso para seguir
su ritmo apurado tras de mí. Dejamos atrás la música atronadora, las luces
cegadoras y el denso olor a cerrado. Yo respiraba agitadamente,
parpadeando de vez en cuando para acostumbrar la vista y enfocarla en la
calle. El lobo me estaba guiando con una mano apretada y tensa alrededor
de mi cuello y la otra alrededor de mi muñeca. Podía oír sus jadeos graves y
notar su enorme pecho elevándose y descendiendo cerca de mi espalda.
Dejamos atrás la entrada del club y trate de mirar hacia un lado, pero él
apretó mi cuello con firmeza y soltó un gruñido de enfado. No sabía a
dónde me estaba llevando, pero el callejón no quedaba en esa dirección y, si
hubiera estado sobrio y consciente, me hubiera puesto de los jodidos
nervios con toda aquella situación.
Nos detuvimos frente a un enorme Jeep negro aparcado al lado de la acera,
con los cristales tintados y ruedas un poco gastadas. El lobo me soltó la
muñeca un momento para abrir la puerta de atrás y casi me empujo al
interior. Tuve que dar un pequeño salto y casi gatear por el gran asiento
trasero. Entonces entró el lobo y cerró la puerta antes de echarse sobre mí.
Me quitó la cazadora sin ningún cuidado, tirando de ella hacia arriba hasta
que salió de mis brazos, hizo lo mismo con mi camiseta y la tiró a algún
lado que no pude ver. Sin ningún tipo de miramiento, me bajo los
pantalones, puso su enorme mano sobre mi cabeza apretándomela contra el
asiento y me metió la polla. Yo estaba atontado y me costaba racionalizar lo
que estaba pasando, pero si noté aquel bulto carnoso e increíblemente
húmedo que se coló dentro de mi demasiado deprisa, llenándome en apenas
un par de segundos de una forma que jamás había sentido. Solté un grito de
queja y abrí la boca.
-¡Ten cuidado, puto idiota! -le grité con los dientes apretados.
Sin embargo, el lobo no se detuvo, con un jadeo ininterrumpido empezó a
follarme sin parar. Apreté las manos contra el asiento de cuero y apreté los
dientes mientras jadeaba y gruñía. No es que me hiciera daño, porque podía
notarlo tan húmedo que casi goteaba desde mi ano, completamente
lubricado, era más bien por la intensidad y el ritmo que había puesto ya
desde el principio. El lobo me la metía sin parar, moviendo la cadera una y
otra vez sobre mí mientras me apretaba la cara contra el asiento. De pronto
sentí algo caliente y denso dentro de mí y el lobo gruñó más fuerte, como
un animal salvaje. Ya se había corrido, pero eso no le detuvo.
Siguió, joder si siguió. Tras aquella primera eyaculación se dejó caer sobre
mí, tan pesado como era, me mordió el pelo de la cabeza y me rodeó los
brazos, apretándome las muñecas como si quisiera inmovilizarme mientras
continuaba aquel ritmo enloquecido de cadera. Apestaba a sudor caliente y
denso, sobre mí, cubriéndome por completo y ahogándome. Yo luchaba por
seguir respirando mientras gruñía y sentía una excitación y placer como
jamás lo había sentido antes. Era muy duro, sin duda, pero no había ido a
por un lobo para que me diera besitos y caricias. Aquello era sexo animal y
descontrolado, sin parar y sin tregua.
Note un segundo chorro caliente dentro de mí y, creo, que yo también me
corrí en aquel momento, aunque no pude estar seguro porque estaba
sintiendo demasiadas cosas y todo era una completa locura.
El lobo me recogió los brazos, todavía rodeándome con fuerza las muñecas,
y las puso alrededor de mi cabeza, cubriéndome incluso más. Dejo de
morderme el pelo y de tirar de él y se puso a jadear como un perro mientras
seguía follándome sin parar. Desde que me la había metido hasta que se
corrió por tercera vez, jamás dejó aquel ritmo apurado de cadera,
llenándome sin parar y sin llegar a separarse demasiado antes de volver a
clavármela hasta el fondo.
Cuando sentí un tercer chorro caliente en mi interior, al fin se detuvo. Se
quedó completamente parado, sufrió una especie de espasmo y volvió a
apretarse para metérmela mientras gruñía de una forma extraña con la
garganta y soltaba un jadeo. Lo hizo una vez más y entonces sentí la famosa
obstrucción postseminaria
Yo ya estaba en las nubes en ese momento, en un límite sudoroso y jadeante
de corazón desbocado y una densa calma casi narcótica, aun así, pude notar
aquella extraña y confusa sensación de que algo se agrandaba en mi recto y
me llenaba por completo. No era doloroso, era como si de pronto te
hubieran puesto un tapón a medida.
El lobo se quedó sobre mí, jadeando en mi oreja, sudado como un cerdo y
apestándolo todo. Si ya era fuerte e intenso cuando estaba seco, fresco era
incluso peor. Te llenaba las fosas nasales y se pegaba a todo, denso, un poco
almizclado y salado. Sabia, es que estaba seguro, de que aquello debería
repugnarme, y aun así no podía evitar que me gustara. Era como si una
parte más primitiva de mí reconociera aquella peste como algo bueno, algo
que debiera atraerme mucho y hacerme sentir bien.
El lobo no se movió en un par de minutos, recuperando el aliento perdido y
cubriéndome de arriba abajo con su enorme cuerpo. Cuando su respiración
se calmó un poco, levantó la cabeza y lo que hizo fue frotarme su rostro
empapado de sudor contra mi cara y mi pelo, como si quisiera asegurarse de
que aquella peste se quedara bien pegada a mí. No hice nada para evitarlo,
sinceramente, me sentía como si acabara de tener un subidón y ahora todo
estuviera bajando, dejándome sin fuerzas incluso para pensar.
Debía reconocerlo. Follarse a un lobo era toda una jodida experiencia.
Un tiempo después, la inflamación en mi recto empezó a disminuir y el
lobo al fin pudo sacar la polla y levantarse. Aun así, me quedé un momento
más allí tirado, respirando profundamente ahora que no tenía a un hombre
de unos cuantos kilos... Solté un resoplido e hice fuerza con unos brazos
temblorosos para incorporarme. Me senté lentamente y me subí la cintura
del vaquero mirando hacia los asientos de delante.
-Joder...- dije con una voz ronca y seca, frotándome el rostro -Que puto
viaje...
Tragué saliva y ladeé el rostro para mirar al lobo, que me miraba de vuelta
con sus ojos amarillentos y anaranjados. Levanté una mano y apoyé el codo
en el respaldo antes de acariciarle el pelo ondulado y desordenado.
Quizá fueran las feromonas o el pedazo de polvo que acababa de echarme,
pero ese lobo me pareció un cabrón muy atractivo, con una belleza ruda y
tosca, a juego con su imagen de mafioso y su olor intenso.
El coche estaba en penumbra y solo la luz de una farola lejana conseguía
colarse por el cristal trasero, iluminando apenas ligeramente nuestros
rostros. Le miré con detenimiento mientras él entreabría los labios y
entornaba ligeramente los ojos, acentuando esas pestañas largas y tan
femeninas en contraste con el resto de sus facciones.
Empezó a producir aquel ronroneo de garganta y a dejar caer la cabeza
sobre mi mano para que continuara masajeándole el pelo. Yo no era de los
que daban muchas caricias, pero ver a un Hombre Lobo como él caer
rendido ante algo tan simple, me producía un extraño placer.
Levante mi otra mano y la metí suavemente por dentro de su camiseta de
asas. El lobo abrió los ojos y siguió con atención lo que hacía, preocupado
de que, quizá, quisiera hacerle daño. Eso cambió cuando empecé a
acariciarle el abdomen de arriba abajo, siguiendo esa mezcla de
abdominales y leve barriga. Eso fue demasiado para él, quien recostó de
nuevo la cabeza y empezó a gruñir más alto tras cada respiración. Tras un
minuto o dos así, le costó mantenerse despierto, dando pequeños saltos de
alerta cuando creía haberse quedado dormido.
-Ey... fiera-le llamé con un murmullo-Tengo que irme.
Aparté suavemente las manos de él y busqué mi camiseta y mi cazadora
tirada por el suelo.
-Ha estado muy bien-reconocí mientras me vestía-Los lobos si que saben lo
que hacen.
Revisé que tuviera todo en los bolsillos y fui a abrir la puerta del Jeep para
bajarme.
-Nombre-oí entonces. Una voz grave y densa, profunda.
Giré el rostro y miré al lobo, que me miraba de vuelta con su expresión
seria. Tardé un par de segundos en responder:
-Jungkook.
El lobo asintió y se llevó una mano a su pecho.
-Taehyung.
Esta vez asentí yo.
-Muy bien, pues... ya nos veremos, Taehyung-y abrí la puerta.
-Semana que viene-dijo él y esperó a que le mirara desde el exterior del
coche para mover la cadera como si follara- Más.
-Claro-respondí antes de llevarme una mano a la frente y dedicarle una
especie de saludo militar a forma de despedida-Nos vemos, fiera.
Cerré la puerta y rodeé el enorme coche todoterreno hasta llegar a la acera,
sacándome un cigarro y encendiéndolo mientras caminaba. Solté una voluta
de aire por encima de la cabeza, hacia la ligera lluvia de primavera que caía
de un cielo oscuro. Sonreí y negué con la cabeza. El sexo había sido
cojonudo, pero no iba a volver a aquel club ahora que lo había probado.
Confiaba que una vez fuera suficiente para quitarme el calentón de encima
y seguir adelante sin tener que pasarme la semana masturbándome como un
adolescente.
Caminé hacia la entrada del local y tiré la colilla del cigarro a un lado. Miré
el móvil y no vi ninguna llamada perdida de Nayeon, así que supuse que le
habría ido bien. Me quedé allí, sin demasiadas ganas de volver al interior.
Me saqué otro cigarro y lo encendí con la espalda apoyada en la verja
metálica al lado de las escaleras. El aire nocturno era fresco y limpio, pero
podía notar la peste que el lobo había dejado por todo mi cuerpo, incluso
más intensa y penetrante que la semana anterior. Y si yo podía olerla,
seguro que los demás lobos no necesitaban más que un olfateo rápido para
saber que su... compañero Taehyung, me había dado un buen viaje en su
coche. Aquella era una idea que no me gustaba y no me hacía sentir
cómodo en absoluto.
Antes de terminarme el segundo cigarro, el móvil vibró en mi bolsillo y
respondí.
-¿Dónde carajos estás? - me preguntó una Nayeon muy enfadada.
-Afuera, en la puerta.
Colgó y apenas diez segundos después la vi llegar por las escaleras con una
expresión enfadada en el rostro. La noche no había ido tan bien para ella
como había ido tan bien para ella como había ido para mí.
-Vámonos, este local es una mierda- tiré la colilla a un lado y la seguí hacia
la carretera-Estos lobos no saben lo que es bueno. Es una apestosa manada
sin gusto ninguno.
Ladeé la cabeza, como si me lo pensara.
-Quizá-
-Apestas ¿Te has follado al lobo?
-No-mentí. -Solo bailamos un poco.
-¡Agh! ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo diablos lo conseguiste? ¡Yo me he
pasado la noche acariciándole el brazo a ese hijo de puta y abriéndome de
piernas! ¿Sabes lo que hizo él? ¡Se llevó a una subnormal con cara de troll
al baño!
-Vaya, ¿ella también iba desnuda debajo de la gabardina?
-¡Solo llevaba minifalda sin bragas! -exclamó, entrando en el auto y
cerrando la puerta de un golpe seco-No vamos a volver-decidió por ambos
cuando me senté en el asiento de copiloto-Iremos a probar al Media Noche
antes del celo.
-Abril está a la vuelta de la esquina, no te dará tiempo- le recordé-
Esperemos a octubre.
-¿Quieres que me pase medio año cachonda como una perra, Jungkook?
-De acuerdo, ve al Media Noche y trata de encontrar a un lobo de última
hora. Yo paso-respondí-No voy a volver a ningún antro de estos.
Y lo dije en serio, totalmente convencido de que no iba a volver. Lo que no
sabía era que, recién follado y con el culo aún lleno de semen, era mucho
más sencillo olvidar la excitación y el deseo que,durante la semana,
volvería arder con más fuerza cada día dentro de mí.
5.- EL CLUB DE LA LUNA
LLENA: LA ÚLTIMA, ESTA VEZ
DE VERDAD
No le dije nada a Nayeon, por supuesto. Volver a aquel club no fue una idea
que hubiera estado pensando con detenimiento, fue más bien una decisión
repentina y brusca.
Llevaba toda la semana oliendo a lobo, era una peste que no conseguía
quitarme de encima. Me había duchado varias veces, con jabón y champú,
de arriba abajo, lavé los pantalones vaqueros y la camiseta que había
llevado, pero mi error fue dejar la cazadora militar a un lado.
Mi casa empezó a oler un poco a lobo, me despertaba por la mañana y lo
percibía flotando ligeramente en el aire, un olor que me perseguía y me
ponía de muy mal humor, porque cada vez que me tomaba por sorpresa
soltaba un leve gemido y me excitaba sin poder evitarlo. Recordaba al lobo
encima de mí, gruñendo y follándome sin parar, aquel calor, la humedad, lo
grande que era y cómo me cubría entre sus brazos.
Cuando llegó el viernes, salí de casa con una expresión molesta en el rostro
y un cigarro en los labios. Esta vez guardaría toda la ropa en una bolsa, la
llevaría a la lavandería y le daría tres lavados antes de meterla de nuevo en
casa; así no volverá a pasarme aquello.
Estaba enfadado conmigo mismo por ceder a volver a aquel antro en busca
del estúpido lobo, pero no había sido una buena semana con el señor Xing,
mi jefe, y, sinceramente, un buen polvo me sentaría de lujo.
Subí al bus nocturno junto el resto de jóvenes y no tan jóvenes de las
afueras que iban a salir por la ciudad, pero me detuve mucho antes de
alcanzar el centro, media hora después de haber subido. Me ajusté mejor la
gorra de béisbol para resguardarme de la lluvia y metí las manos en los
bolsillos de la cazadora. Aquel no era un buen barrio, pero yo ya estaba
demasiado acostumbrado. Me había pasado la vida en malos barrios,
rodeado de mala gente, porque yo era mala gente.
Al cruzar la esquina de la calle secundaria donde estaba el club, me
encontré con que, al parecer, debía ser un día especial, porque estaba lleno.
Y quiero decir LLENO de gente. Había una cola enorme de personas bajo
paraguas para entrar, iba desde las escaleras de bajada del local hasta casi el
final de la calle. Camine a paso rápido por la acera de enfrente, sin
molestarme en esquivar los charcos que la inundaban y los regueros que
salían disparados de las cañerías.
Saqué un cigarro y lo encendí deprisa, dándole una rápida calada. Mi humor
no hacía más que empeorar por momentos. No solo me había movido por
media ciudad en una noche de mierda para comerle la polla a un puto lobo,
sino que además ahora iba a tener que luchar contra cientos de personas
solo para entrar. Y eso no iba a pasar.
Pasé la entrada de largo donde, por primera vez, había dos porteros
pidiendo entradas y revisando las identificaciones. Fui directo al callejón y
pensé en colarme por la puerta de emergencia, pero, por desgracia, allí
también había otro portero bajo un paraguas. Solté una voluta de humo
hacia arriba, sintiendo como algunas gotas de lluvia me mojaban el rostro,
después escupí a un lado y me acerqué al hombre.
-Eh, tú. Avisa a Taehyung de que estoy aquí-le ordené con tono calmado
pero firme.
-A quien avisaré es a la policía como no te vayas por dónde has venido-
respondió tras una mirada de arriba abajo.
-Muy bien-dije.
Entonces levanté una pierna y le di una patada en el pecho. Choco contra la
pared y perdió el aliento, un poco por la sorpresa y un poco por el golpe que
acababa de darle. Le di una última calada al cigarro y tiré la colilla
anaranjada a un lado antes de entrar por la salida de emergencia. El ruido, el
olor y las luces me sumergieron al instante en aquel ambiente repleto de
gente, incluso más de la normal.
El piso de arriba estaba ahora cerrado al público y dos hombres de
seguridad vigilaban las escaleras, dejando pasar solo a las personas que,
quizá, hubieran pagado una entrada especial para estar cerca de la manada
aquella noche. No tenía claro si eso era algo nuevo o un cambio de las
normas del local, pero yo no iba a pagar una puta mierda, de eso podían
estar seguros.
Moví la mirada por el piso superior, viendo los mismos sillones y a los
mismos lobos en ellos, a excepción de que no estaban tan llenos de
humanos y que las bebidas eran más caras. Todos estaban muy bien
vestidos, como si se tratara de una fiesta especial, así que yo, mi cazadora
del ejército y mis viejos pantalones de chándal negros con una línea blanca
a los lados, destacaban lo suficiente para que, si Taehyung estaba cerca,
pudiera distinguirme sin problema.
Apoye el hombro en una de las columnas y me cruce de brazos, echando
miradas de un lado a otro y tratando de encontrarle. Pasaron un par de
minutos y seguía sin verle. Muchos de los lobos no paraban de llevarse a los
humanos al pasillo del final del piso donde estaban los baños. Había una
extraña excitación en el aire junto a un olor más denso y fuerte de lo
habitual. Entonces lo comprendí. El Celo. Seria en apenas cuatro o cinco
días y la manada debía estar revolucionada. Por eso había tanta gente
haciendo cola para el local, por eso pagaban más por subir al piso superior.
Aquella noche los lobos podrían metérsela hasta a una calabaza con tal de
que les cupiera la polla dentro.
Quizá Taehyung no hubiera salido de los baños en toda la noche, y puede
que no lo hiciera. Bien por él. Yo no iba a esperarle. Me di la vuelta con la
intención de salir hacia la puerta de emergencia, cuando me choqué con un
muro de carne y músculo. Levanté la cabeza, pasando la visera de la gorra
hacía unos ojos amarillentos rodeados de pestañas densas. Pelo algo largo y
ondulado. Camiseta negra apretada y pantalones de chándal grises con una
evidente y nada sutil elevación en la entrepierna. Olía más fuerte de lo
habitual, incluso en mitad de aquel ambiente cargado y denso, podía
percibir su sudor salado y penetrante.
Se acercó lo poco que yo me había apartado tras el inesperado choque,
jadeando entre los labios entreabiertos y con la cabeza gacha para no
perderme de vista. Me empujó un poco, pero mantuve mi sitio y dejé que se
pegara todo lo posible a mí. No tardé ni un par de segundos en empezar a
empalmarme y a sentirme excitado como una perra. Ese poder que tenía
sobre mi cuerpo era absurdo, completamente absurdo.
Levanté las manos y las puse en sus costados, deslizándolas lentamente
hacia su espalda para abrazarle. Miraba aquellos ojos amarillentos,
anaranjados y salvajes, sentía el corazón palpitándome con fuerza, tenía las
fosas nasales llenas de su olor animal y notaba su polla dura contra mi
cintura, palpitando cada poco tiempo y tratando de abrirse paso a través de
la tela de su pantalón de chándal.
-Hola, Taehyung...-dije, aunque no creyera que pudiera haberme oído con la
música tan alta- ¿Vamos a follar a tu coche?-
El lobo me agarró de la nuca y tiró de mí para darme la vuelta, agarró mi
muñeca con firmeza y me llevó hacia la puerta de emergencia. Eso no me
gustó en absoluto, podía ir yo solo andando, pero, si trataba de escapar y
soltarme, solo me apretaba más fuerte.
Salimos al callejón, donde el portero soltó una estúpida disculpa que
ninguno de los dos se detuvo a oír. El ruido, el intenso olor y el calor dieron
paso a la lluvia, el frescor y solo un único aroma, el de Taehyung a mi
espalda. Me llevó sin piedad por los charcos y las aceras mojadas en
dirección contraria al de la entrada y la gente, a su Jeep negro aparcado a un
lado. Como la primera vez, solo me soltó la muñeca para abrir la puerta y
empujarme dentro.
Gatee lo suficiente para estirarme sobre el asiento y me quite la cazadora y
la gorra antes de que lo hiciera él. Cuando cerró la puerta de un golpe seco,
hizo temblar un poco el todoterreno, pero no tanto como cuando se echó
sobre mí. Me rodeó el cuello con una mano y usó la otra para tirar de mi
pantalón, bajarse el suyo lo suficiente para liberar su polla y tratar de
metérmela. Noté la punta caliente y empapada manchándome parte de las
nalgas y mi escroto en busca de mi ano, así que levante las piernas y le
rodee el cuerpo, facilitándole mucho el trabajo. El lobo empujó la cadera y
me la metió casi de una sentada, provocando un profundo jadeo y un arqueo
de mi espalda mientras gritaba "¡Joder!". Si no hubiera estado tan
estúpidamente húmedo y lubricado, jamás podría haber metido una polla
tan grande con tanta facilidad ni tan rápido. Y, una vez dentro, empezó con
ese intenso ritmo sin pausa, apretándome el cuello con una mano y una
muñeca con la otra. Ahora que estaba cara a él, podía ver su rostro duro y
marcado, sus incontrolables jadeos y la forma que ponía los ojos un poco en
blanco como si llevara toda la semana esperando por aquello, al igual que
yo.
Tardo apenas veinte envestidas en correrse por primera vez, llenando mi
interior de un chorro caliente que, por increíble que pudiera parecer, pude
notar a la perfección. Quizá saliera con mucha fuerza o quizá fuera
demasiado denso, pero se notaba; además de que el lobo gruño más fuerte y
abrió la boca, mostrando unos dientes grandes de colmillos algo
desproporcionados. Entonces me soltó el cuello, se acercó para rodearme y
levantarme de tal forma que él quedara sentado en el asiento, un poco
recostado, mientras yo estaba encima. Me sostuvo con fuerza entre sus
enormes brazos, atrayéndome contra él y apretándome la nuca con la mano,
al igual que había hecho antes con mi cuello, mientras seguía moviendo la
cadera y clavándomela sin parar en una postura en la que llegaba más
dentro.
Yo aprete las manos sobre el respaldo y seguí jadeando y gruñendo ‹joder,
joder, joder› sin parar. Todo apestaba a sudor de lobo, cada vez más. Podía
sentir su calor, sus constantes arremetidas, su cuerpo pegado y grande, su
aliento cerca del rostro.
Describir la cachondo y excitado que me hacía sentir todo aquello seria
complicado. Aquel puto hombre era una fiera sexual y se notaba.
Se corrió una segunda vez, un chorro bastante abundante que me lleno de
un extraño calor. Soltó un grito grave y, de pronto, movió su mano de mi
nuca a mi pelo y lo agarro con fuerza antes de morderme ligeramente la
base del cuello y apurar incluso más el ritmo de la cadera. Aprete los
dientes y aguanté lo que pude hasta que terminé gritando "¡Joder, hostia
puta!", mientras me corría sin ni siquiera tener que tocarme.
El lobo no paraba de mojarse y lubricar, yo tenía el ano empapado y me
goteaba por las nalgas y las piernas, era una de las sensaciones más extrañas
y perturbadoras de mi vida. Se mezclaba el olor intenso del semen, el sudor
y el sexo en una nube densa y narcótica que me estaba llevando al cielo,
todo el camino, ida y vuelta.
Ya estaba exhausto cuando el lobo se corrió por tercera y última vez y al fin
relajó el ritmo de la cadera, deteniéndose poco a poco. Un gruñido intenso y
profundo llenó por completo el coche, hasta que solo se escuchó nuestros
jadeos.
El lobo me soltó el pelo y paró de morderme el cuello, dejando caer la
cabeza sobre el respaldo mientras sufría contracciones en la cadera y ponía
extrañas muecas de incomodidad que precedieron a la obstrucción.
Entonces fui yo el que puso una mueca de incomodidad al notar aquella
inflamación que me llenaba como un tapón. Seguí controlando la
respiración y recostado contra el lobo, demasiado sudado y caliente para
dejarle escapar.
Ninguno de los dos dijo nada en el tiempo en el que duro la inflamación de
su polla. Me dediqué a cerrar los ojos, apoyar la frente en su hombro
robusto y grande y a respirar aquel aire denso y tan cargado.
El lobo se movió hacia la mitad, frotándome la cara con su rostro sucio y
mojado para dejar aquella peste en mi pelo y mi cuello. No me importaba.
Sinceramente, nada me importaba en aquel momento. Estaba empezando a
pensar que quizá el semen de los lobos tenía alguna especie de toxina
narcótica que te dejaba en un estado de profunda relajación; porque allí, en
aquel coche caliente y apestoso, oyendo la lluvia caer sobre los cristales y el
techo, me sentí más calmado y tranquilo de lo que podía recordar que
estuviera jamás en mi vida.
Cuando la tensión en mi recto se aflojo, sentí una cierta liberación. Moví un
poco la cadera y levanté la cabeza antes de resoplar y girar el cuello un
poco dolorido después de tantos agarres y posturas forzadas. Mire a los ojos
amarillentos y anaranjados, que me miraban de vuelta atentamente. Levante
una mano y la acerqué a su rostro tosco y anguloso y, aun así, tan atractivo.
El lobo miró mi mano por el borde de los ojos y esperó a que le rozara la
mejilla. Cuando empezó a gustarle la caricia, ladeó la cabeza hacia mi mano
para notarla más. Alcé mi otra mano y la pasé por su pelo ondulado y algo
mojado de la lluvia y el sudor. El lobo soltó su grave ronroneo de garganta y
cerro un poco los ojos, disfrutando como un perrito al que rascaban entre
las orejas.
Yo no era un hombre cariñoso, nunca lo había sido, pero aquella reacción
tan sincera y clara a los gestos mimosos era... No sé, tenía algo que me
divertía. Era como ver al león de la sabana, tan majestuoso y peligroso,
tumbado boca arriba al sol y durmiendo como un cachorro.
Bajé la mano de su rostro hasta su mentón y probe a rascarle un poco allí,
después descendí por su cuello; lo que no le gusto. Abrió los ojos y soltó un
gruñido más profundo y seco de advertencia. Levante la mano en alto y
mantuve su mirada con calma, demostrando que lo había entendido.
Probé a frotar su pecho abultado bajo la camiseta negra y ajustada,
esquivando las manchas de semen que le había dejado al correrme sobre él.
Tras un par de segundos volvió a relajarse y a ronronear, más cuando
alcance la parte alta de su barriga. Me quedé ahí un rato, con la cabeza
ladeada y mirando como luchaba por no quedarse dormido mientras le
masajeaba el pelo y le frotaba el abdomen. La lluvia del exterior, chocando
contra los cristales del coche y el techo, se hizo más intensa, llamando mi
atención y haciéndome chasquear la lengua con disgusto
-Me iré antes de que empeore- murmuré, más para mí que para el lobo.
Me levante, sintiendo como su polla salía de dentro de mí, todavía lo
suficiente húmeda para deslizarse sin problema. Salí de encima de él y
quise ir en busca de mi cazadora, pero una mano firme, grande y áspera me
agarró de la muñeca y me detuvo. Giré el rostro al momento hacia el lobo,
porque eso de agarrar era divertido durante el sexo, pero no me hacía ni
puta gracia en cualquier otro momento.
-Taehyung lleva a Jungkook a su casa- dijo con su voz grave y profunda.
-No, puedo ir yo- le aseguré, tirando de la mano para que me soltara.
-No. Taehyung lleva- insistió, un poco más firme y seco mientras me
apretaba la muñeca. -Celo pronto, Taehyung quiere ver casa y saber si es
segura.-
Fruncí el ceño y mantuve su mirada de ojos amarillentos y anaranjados. Las
cosas se estaban complicando un poco y eso no me gustaba.
-No te he dicho que quiero ir al Celo- le recordé.
El lobo puso una expresión muy seria y algo enfadada, juntando levemente
sus espesas cejas negras sobre sus ojos.
-¿Jungkook no quiere macho?- preguntó -Taehyung buen macho. Fuerte,
poderoso, sano. Importante en la manada.-
-Sí, eres una puta fiera, pero no creo que el Celo sea para mí- tiré de nuevo
de la mano, pero él no me soltó y empecé a enfadarme- Taehyung,
suéltame.
Al lobo le costó un momento, pero me liberó la mano y se quedó
mirándome fijamente.
-Taehyung quiere a Jungkook en celo- insistió.
Iba a soltar una respuesta cortante e irme del coche, como había hecho
muchas veces antes con otros hombres igual de pesados, pero, por la forma
de hablar del lobo, empezaba a creer que quizá toda esa evolución se les
había quedado en la polla y no les había llegado al cerebro; algo que,
sinceramente, no me sorprendía en absoluto.
-Oye, Taehyung...- murmuré- No puedo faltar cuatro días al trabajo, y el
celo requiere una preparación, no sé si lo sabes...- ladeé el rostro,
comprobando si me estaba entendiendo -No puedo gastarme tanto dinero-
concluí -Es mejor que te busques a otro tipo ¿vale?
-Taehyung tiene dinero. ¿Cuánto?-
Me quedé un momento en silencio. Entreabrí los labios y tomé una
bocanada lenta de aquel aire espeso y cargado de olores.
-Pues... comida, bebidas, el tiempo del trabajo...- me encogí de hombros y
solté -Trescientos dólares, quizá.-
Para mi sorpresa el lobo asintió. Se levantó, todavía con los pantalones por
debajo de las pelotas y se inclinó hacia la parte de adelante. Oí el ruido de la
guantera y cuando volvió atrás tenía un fajo de billetes en la mano rodeados
por una goma.
-Quinientos- me dijo, ofreciéndomelo con expresión seria- Jungkook lleva a
Taehyung a su casa.-
Miré el fajo de billetes y después a los ojos amarillentos y anaranjados.
Levante la mano y acepté el dinero para echarle un rápido vistazo. No me
preguntaba por qué un lobo tenía esa cantidad en la guantera de su coche
porque, como ya sabía, nunca andaban metidos en ningún negocio legal o
justo. Lo que me preguntaba era si yo estaba dispuesto a pasarme cuatro
días, noventa y seis horas seguidas y una media de sesenta y cuatro folladas,
por quinientos dólares. La respuesta era sí. Si estaba dispuesto a pasar El
Celo con Taehyung y, además, que me pagase por ello. Había aceptado
tratos muchísimo peores.
-De acuerdo-acepte, golpeando el fajo de billetes contra mi mano como si
se tratara del martillo de un juez al dictar sentencia -Jungkook enseña casa a
Taehyung.-
El lobo asintió, se levantó los pantalones y me hizo una señal para que fuera
a la parte de adelante con él. Me puse la cazadora y salí del Jeep hacia la
lluvia torrencial para volver a subirme. El cambio de temperatura no fue tan
grande como el hecho de poder respirar aire puro antes de volver a
sumergirse en el cálido e intenso olor del interior. Me puse el cinto de
seguridad, que si funcionaba en aquel coche, y espere a que el lobo se
acomodara en el asiento del piloto y encendiera el motor.
-Es en Lincon's Hall, la catorce con Pensilvannia.
-Dentro de territorio. Bien- murmuró el con un profundo asentimiento,
como si eso le complaciera.
Empezó a conducir y guarde el fajo de billetes en uno de los bolsillos de la
cazadora, pensando en agarrarme al asiento; sin embargo, la forma de
conducir del lobo era increíblemente segura. Lo hacía casi a la misma
velocidad que Nayeon, pero en un mucho mejor coche y con muchísima
más tranquilidad, sin compartir esa caótica mezcla de velocidad e
imprudencia que ella tenía.
A los pocos minutos dejé de apretar el asiento y apoyé la cabeza en el
respaldo, disfrutando del sonido del agua y la penumbra del coche. Me dio
tiempo a reflexionar sobre la decisión y preocuparme de que, llevar a un
lobo a mi casa, pudiera suponer un problema en mi vida. En aquel momento
no tuve ni idea de lo cierto que sería eso.
Llevar a Taehyung a mi casa fue el inicio de todo.
6.- EL CELO: PREPARACIÓN
Cuando llegamos a la calle de mi casa, señale uno de los portales rodeados
de grafitis y el lobo aparco casi en frente de el. La mayoría de las farolas de
la calle estaban rotas y el ayuntamiento no estaba demasiado interesado en
invertir dinero en una zona como aquella. No podía culparle. Salimos del
coche bajo la lluvia y anduvimos a paso rápido hacia el edificio de ladrillos
y grandes ventanales. Había sido una antigua fábrica reconvertida, lo que
quería decir que alguien había comprado el edificio y lo había alquilado por
plantas.
Abrí la puerta de un tirón y pasé delante del lobo, al que, al parecer, le
gustaba seguirme por detrás y muy cerca. A veces me giraba un poco para
observarle, por si mi casa no le hacía sentirse lo suficiente seguro. Por
desgracia para él, el dinero que me había dado no era reembolsable.
Subimos unas escaleras bastante viejas con un pasamanos roto y
pintarrajeado hasta alcanzar la tercera planta, allí gire por un pasillo de
moqueta azulada y manchada hacia una de las puertas del final en la que
ponía 4A pero a la que habían pintado para que parecieran dos AA, con una
en cursiva. No era la razón por la que habla decidido mudarme allí, pero le
daba un toque.
Abrí la puerta, las dos cerraduras, y pasé al interior, dejando las llaves sobre
un taburete alto color verde que había allí y que había robado de un bar una
noche de borrachera. Bien, mi piso no era gran cosa. Era un loft que
atravesaban columnas de hierro rojas, con paredes de ladrillo, ventanales
industriales y un tanto grasientos y manchados, una cocina americana en
una esquina, un pequeño sofá descosido frente a una vieja tele de plasma
con una ligera grieta, suelos de madera gastada, y un pequeño apartado con
una cama de matrimonio y la puerta de un baño. Eso era todo. Al menos era
espacioso y le daba mucha luz los días soleados.
Encendí la lámpara de pie que había al lado de una de las columnas,
arrojando una luz cálida y amarillenta sobre el loft. Le daba un ambiente
íntimo y agradable, además de que las luces del techo no funcionaban.
Me quite la cazadora y mire al lobo; quien observaba el lugar muy
atentamente con sus ojos amarillentos y anaranjados, olisqueando cada
poco el aire como si pudiera percibir algo en especial. Preferí dejarle
tranquilo y que hiciera lo que tuviera que hacer. No había nada de valor ahí
que pudiera robarme, porque todo lo que valía algo lo llevaba siempre
conmigo encima.
Fui al apartado que era la habitación y dejé la cazadora militar sobre la
amplia repisa de los ventanales, echando un vistazo a la calle lluviosa y
oscura. Una vieja costumbre de cuando tenía que preocuparme de que no
me siguieran a casa.
Volví hacia el salón y apoyé el hombro en la pared entre la habitación y el
resto, cruzándome de brazos y observando como el lobo daba pequeños
pasos, adentrándose en el loft poco a poco y con cuidado. Seguía mirando a
todas partes, olisqueando el aire y con la espalda recta. Tardó sus cinco
buenos minutos en alcanzar la parte del sofá cerca de la esquina. Agarró los
cojines y los olió antes de volver a arrojarlos de nuevo sobre el sillón. Solté
un resoplido de incredulidad y puse los ojos en blanco, yendo a buscar la
cajetilla de tabaco y el zippo. Taehyung se puso un poco nervioso cuando
escuchó mis pasos sobre la madera y vio que me acercaba, pero señale la
puerta de incendios que había a un lado de la cocina.
-Daba a la escalera de incendios, pero está rota, así que es como una puerta
de suicidio- le expliqué, rompiendo el silencio y abriendo la puerta metálica
y de color rojo en la que habla escrito EXIT y a la que yo había añadido to
hell.
Encendí el cigarro y me asomé hacia la calda de cuatro pisos que daba a un
lado del edificio. Había una calle oscura iluminada por una solitaria farola
bajo la que normalmente traficaban con droga; una vez incluso había
ocurrido un tiroteo.
El lobo continuo su exploración por la casa, después de olfatear el sofá y
algunas cosas que allí había, fue hacia la cocina y repasó las alacenas y la
nevera. Tampoco iba a encontrar gran cosa de valor allí: cereales, pasta y
muchos botes de comida instantánea, además de un par de latas de cerveza,
leche, pan de molde y los pocos ingredientes para hacerse un sándwich.
Ahora que tenía quinientos dólares, quizá incluso me comprara mayonesa.
Terminó con la cocina y fue hacia la habitación. Ahí fue cuando tiré la
colilla del cigarro por la puerta y la cerré antes de seguirle. Mi habitación
era la parte más personal de la casa, y no quería que ningún desconocido
tocara lo que no tenía que tocar. El lobo hizo lo mismo que en el sofá,
olisqueó las almohadas y después las mantas. Fue hacia el armario y lo
abrió, empezando a ponerme un poco de los nervios. Cuando tomó algunas
de mis prendas de vestir y las olfateo también, me acerqué con expresión
seria.
-Vuelve a tirar ropa al suelo, y no volverás a esta casa-le advertí, señalando
la camiseta que había arrojado a un lado sin ningún miramiento.
El lobo me miró un momento en silencio.
-No huele a otros machos. Bien- respondió.
El lobo se fue hacia la puerta del baño, la abrió con cuidado y miró al
interior oscuro. Solté un suspiro y me acerqué para encenderle la luz a un
lado de la pared. Era un puto cuarto de baño viejo con lavabo, ducha y un
espejo, pero quizá quería olfatear la taza del váter para ver si se habían
sentado otros machos.
El lobo tomó una buena respiración y asintió, cerrando la puerta sin llegar a
entrar. Y con eso, creía, daría por terminada su exploración, pero me
equivocaba. Lo que hizo fue quitarse la camiseta, descalzarse, bajarse el
pantalón de chándal y tirarse sobre la cama completamente desnudo.
-Emh...- murmuré, ladeando un poco la cabeza- ¿Qué cojones haces,
Taehyung?-
El lobo no me escucho, o no quiso escucharme, mientras se restregaba
contra el edredón gris y se metía debajo para seguir frotando su cuerpo
desnudo contra todo. Yo estaba demasiado alucinado para reaccionar, hasta
que tomó una de las almohadas y se la paso por la entrepierna.
-¡Eh!, eh...-di un paso y levante las manos. -Ahí pongo yo la cara...-
El lobo me miró con sus ojos amarillentos bordeados de esas largas
pestañas, sin ningún tipo de arrepentimiento en su rostro.
-Taehyung deja su olor, así machos no acercarse-dijo.
-Me da igual, no pases la polla por la almohada-respondí.
Él dejó la almohada a un lado, se puso de cara al techo de un giro que hizo
temblar la cama y quitó el edredón, descubriendo su cuerpo musculoso,
velludo y desnudo. Era la primera vez que le veía sin ropa, ya que en el
coche no se la había quitado. Tenía... el cabrón tenía un cuerpo increíble.
Grande, pero no definido, como una mezcla perfecta entre músculo y un
poco de grasa. De piernas gruesas, espalda ancha, pecho poderoso y una
pequeña barriga. Le repase con la mirada de arriba abajo, deteniéndome en
su polla ya bastante dura y mojada. No es que fuera grande, que lo era, pero
no con respecto a su tamaño. Podía decirse que era proporcionada a un
hombre de su altura y peso. Eso sí, era una polla preciosa. Gruesa, firme,
con un par de venas marcadas y una cabeza más llena que el tronco que no
paraba de gotear lentamente un líquido viscoso y cristalino. Con la
excitación, llegó el olor fuerte y pesado, una mezcla de su sudor y su
entrepierna, cubriendo la habitación como había cubierto el coche y
provocando mi propia erección. Una vez más, era absurdo que aquello me
pusiera tan cachondo cuando hacia apenas una hora que me había corrido.
Me pasé la lengua por los labios para humedecerlos y miré de nuevos sus
ojos. Estaba allí tumbado, ocupando casi la totalidad de la cama, con las
piernas abiertas y los brazos extendidos, moviendo un poco la cadera como
si quisiera llamar la atención sobre su polla húmeda, gorda y muy firme.
-Vale...- murmuré, rascándome un momento el bigote antes de quitarme la
gorra de beisbol, la camiseta, las zapatillas y el pantalón.
Fui hacia él, pero cuando quise ponerme encima, me rodeo con los brazos,
me dio la vuelta y me cubrió con su cuerpo enorme y pesado. Sin ropa de
por medio, la sensación y el olor era más intenso y asfixiante que nunca.
Jadeé de puro placer con algo tan estúpido como aquello, más cuando me
abrió las piernas con las suyas y me la metió casi de una sentada hasta el
fondo. Empezó a gruñir y a mover la cadera con la intensidad de siempre,
buscando mis muñecas para apretarlas y ponerlas al lado de mi cabeza. El
lobo jadeaba cerca de mi oreja, gruñía y seguía sin parar, cubriéndome con
todo su cuerpo como si fuera una especie de necesidad para él. Junto con un
gemido más alto llegó la primera corrida, me mordió el pelo y siguió hasta
que, quizá cuatro minutos después llegó a segunda. Entonces me soltó las
muñecas y me rodeó el cuello con sus enormes brazos, elevándome un poco
y aumentando el ritmo con el que me follaba. Yo ya no sabía que decir,
había repetido tantas veces ‹joder› que ya apenas era una palabra con
sentido en mis labios húmedos y jadeantes. En algún momento, llegó la
tercera corrida y todo fue cesando lentamente. El lobo se dejó caer sobre
mí, tuvo sus pocos espasmos y la polla se le inflamo, produciendo una
mueca de incomodidad en mi rostro.
Nos quedamos en silencio y, como solía hacer, el lobo se limpió el sudor del
rostro contra mi nuca y mi pelo. El olor... aquella peste animal se iba a
pegar a mis sábanas hasta el final de los tiempos, casi podía sentirlo. No
quería ni imaginarme lo que pasaría después del Celo. Tendría que
quemarlas. Pero en aquel momento, mi única preocupación era disfrutar de
tener a un enorme lobo encima, caliente y pesado, cubriéndome por entero
y haciéndome sentir tan extrañamente relajado y protegido. Una palabra que
surgió de mi mente sin sentido alguno y que no me gusto en absoluto. Yo no
necesitaba que nadie me protegiera, y mucho menos un lobo subnormal que
no sabía ni hablar bien.
La inflamación terminó y él se hizo a un lado, cayendo sobre su costado y
saliendo de dentro de mí en el proceso. Tomé aire aprovechando que ahora
era capaz de respirar por entero, levante la cabeza y estiré un poco el cuello
antes de girarla y mirarle. Estaba a mi lado, pero no pegado, con el rostro
apoyado en la almohada y sus extraños ojos fijos en mí. Quizá se creyera
que iba a atacarle después de que me hubiera reventado el culo, lo que,
siendo sinceros, siempre podía ser una posibilidad.
-¿Esto también era parte de lo que tenías que hacer en mi casa?- le
pregunté- ¿Querías probar la cama o algo?-
El lobo negó suavemente con la cabeza y yo solté un murmullo y asentí. Me
gire del todo hacia él, apoyando mejor la cabeza en la almohada y mirando
aquellos ojos que resultaban tan perturbadores y a la vez tan suaves gracias
a las pestañas densas y oscuras.
Moví una mano, sin ninguna razón, para acariciar su pecho abultado y
velludo con el reverso de los dedos. Quizá solo quisiera saber que se sentía
al tocarlo, la sensación de aquel pelo negro e hirsuto, el calor de su piel y
aquellos enormes pectorales. El lobo no tardo demasiado en ronronear por
lo bajo tras cada respiración y en empezar a cerrar los ojos. De vez en
cuando los abría y parpadeaba, luchando por no dormirse; algo muy
complicado cuando descendí hacia su barriga y empecé a frotársela con
toda la mano.
Sin demasiada dificultad, empuje suavemente al lobo para dejarle cara al
techo. Me acerqué un poco y apoyé el codo en la almohada para apoyar la
cabeza y tener una mejor perspectiva. El apenas mantenía los ojos abiertos,
casi uniendo sus largas pestañas mientras ronroneaba pesadamente. Le
acariciaba la barriga un poco abultada y firme, hasta la parte baja del
ombligo bajo el edredón y vuelta arriba, dando pequeños círculos, usando la
palma entera o solo la punta de los dedos. Era como un enorme y estúpido
oso peludo que ocupaba casi toda mi cama, que apestaba y que se quedó
dormido tras un par de minutos de caricias. Lo supe no solo por sus ojos
cerrados y su respiración más lenta, sino porque, como habían dicho en la
charla, comenzó a tener pequeños espasmos musculares en las piernas y los
brazos, moviéndolas un poco de vez en cuando.
Tomé una bocanada de aquel aire que olía tanto a él y puse una mueca de
labios fruncidos. Al final me pasaria el puto Celo con un lobo en mi casa,
en mi cama, y habia muchas cosas que preparar y mucho de lo que
preocuparse. El sexo no era el problema, porque, si había algo que debía
reconocer, era que follar con un lobo era toda una experiencia; no, el
problema era el tiempo y las preocupaciones.
Taehyung sorbió por la nariz y se removió un poco, frunció el ceño de
espesas cejas negras y entreabrió los ojos. Me clavó una mirada rápida y
seria, como si estuviera enfadado por haberle hecho quedarse dormido.
Soltó uno de aquellos gruñidos de advertencia y levante lentamente la mano
con la que le seguía acariciando la barriga. Sin decir nada, se incorporó, se
sentó al borde de la cama, de espaldas a mí, y agito la cabeza para
despejarse. Yo me quedé ahí, con el codo apoyado en la almohada y la
cabeza apoyada en la mano, viendo cómo se levantaba, iba hacia su ropa y
se la ponía a prisa. Primero el pantalón, sin nada debajo, seguido de la
camiseta negra y todavía manchada con los restos de mi corrida del coche,
manchas blanquecinas en el negro impoluto.
El lobo parecía un poco molesto y me miraba atentamente de vez en cuando
por el contrario, yo estaba muy tranquilo en la cama, pensando en lo mucho
que me gustaba que Taehyung fuera tan grande. Nunca me habían gustado
los hombres más altos y anchos que yo, pero con él mis preferencias
sexuales parecían haber dado un giro de ciento ochenta grados. No sé, quizá
fueran las feromonas.
-Taehyung vuelve-dijo con su voz grave y profunda antes de darse la vuelta
e irse.
Esperé a oír el golpe de la puerta al cerrarse y me levanté para ir al baño.
Tomé una buena bocanada de aire y me lavé el rostro antes de soltar una
queja baja y sentarme en el retrete. Todavía tenía el culo empapado de toda
aquella lubricación y, peor aún, el recto lleno de semen de lobo. Era muy
divertido cuando lo sentías entrar, pero no era tan divertido cuando lo
sentías salir.
Cuando me queje de que mi casa olía un poco a lobo porque me había
olvidado apartar la cazadora, no tenía ni idea de lo que estaba diciendo.
Después de la visita de Taehyung mi cama apestaba, y lo digo de verdad,
apestaba a él. Como había pensado, aquel olor se había pegado a las
sábanas con fuerza y no iba a cambiarlas, no aún. Sería estúpido hacerlo
antes de El Celo. Así que tuve que dormir varios días en una cama que me
estaba poniendo muy cachondo. Literalmente, me empalmaba cada vez que
me acercaba a mi habitación y esa peste me alcanzaba. Era bastante
frustrante, pero la verdad es que me ayudó mucho a afrontar El Celo con
muchas más ganas.
Prepararlo todo fue menos problemático cuando estabas deseando que
Taehyung volviera a tu casa para ponerte de espaldas y taladrarte el culo
como un martillo percutor.
De todas formas, sufrí momento de dudas e indignación. A veces en la
tienda, cuando me sorprendía a mí mismo echaba un ojo a las barritas
energéticas expuestas y a las bebidas deportivas y rehidratantes, me sentía
furioso y molesto. Había una desagradable sensación que me acompañaba,
un pensamiento que me decía que yo no debería estar preocupado ni
esforzándome por nadie, y menos por un puñetero lobo. Era ese sentimiento
el que me hacía pasar de largo la farmacia, una y otra vez, fumando cigarro
tras cigarro mientras farfullaba por lo bajo. Sin lugar a dudas, esa fue la
parte más difícil. Jamás me había puesto un enema, nunca, y me parecía
indignante tener que hacerlo por él. Lo de reunir las bebidas y la
comida...vale, pero lo de hacerte una lavativa era otra cosa muy diferente.
Casi espere a los últimos días para entrar en la farmacia de la calle de la
tienda en la que trabajaba, con la cabeza muy alta y mi expresión de hombre
peligroso al que era mejor no molestar. Como solía pasarme, la mujer tras el
mostrador se puso nerviosa al verme. Quizá fuera por los tatuajes de mis
brazos, o quizá por los pendientes y mi expresión intimidante de mirada fija
por el borde inferior de los ojos. Cuando le pedí una caja de enemas, puso
cara de sorpresa y se apresuró a responder un "sí, claro, por supuesto". Eso
me enfadó, aunque no fue su culpa, era el hecho de estar allí comprando
aquello para que un lobo pudiera darme bien por el culo todo lo que
quisiera. Lo pagué con un par de billetes arrugados, metí la caja
rápidamente en el bolsillo y salí de aquella farmacia sin mirar atrás.
Al llegar a casa lo saqué, lo tiré sobre la barra de la cocina y me encendí un
cigarro, apoyando el hombro en el marco de la puerta de incendios sin
escaleras. El cielo todavía estaba grisáceo y, al parecer, sería una semana
lluviosa.
En las noticias de la radio que escuchaba de madrugada en la tienda, habían
hablado sobre el Celo. Un experto de la universidad de no sé dónde había
insistido en dar numerosas advertencias sobre los lobos y explicar a los
oyentes que El Celo no era un pasatiempo que tomarse a la ligera, que esa
idea generalizada de que serían tres o cuatro días de sexo maravilloso y
puro placer, no se ajustaban a la realidad. Después había llamado la
presidenta de la asociación de «Amantes de los Hombres Lobo» para
decirle al profesor de universidad que, lo que pasaba, era que no había
Mujeres Lobo, porque entonces El Celo sería una fiesta nacional y las
noticias estarían llenas de hombretones muy felices por haber encontrado a
una mujer que les estuviera montando cuatro días seguidos. Eso me había
hecho mucha gracia.
Tras el primer cigarro, me fumé otro, leyendo las instrucciones de la caja de
enemas extra fuertes y enfadándome más y más a cada palabra que leía. No
iba a ser divertido, y no lo fue. Me pase la tarde del salón al baño, gritando
insultos al aire cada vez que sentía uno de aquellos retortijones. Llegó un
punto en el que preferí quedarme sentado en la taza del váter, mirando la
pared de azulejos con profundo odio y tomando profundas respiraciones
mientras apretaba la botella de bebida energética en la mano. En teoría, no
podía comer nada, solo beber un montón de líquidos y esperar a que incluso
los intestinos me salieran disparados por el culo.
Quinientos dólares no habían sido suficientes para pagar aquello.
Tras toda una tarde de enfados, frustración y preparación, deje las cosas que
había comprado en la tienda a un lado de la cama. Barritas, bebidas, una
especie de sobres de yogur líquido y los bidones de agua de cinco litros
cada uno para el lobo. Al parecer, bebían una media de un bidón al día
durante el Celo, así que había comprado cuatro; solo por si acaso, porque
Taehyung podría tener un celo corto y, con suerte, estar fuera de allí a los
tres días.
Echo todo aquello, me senté en el sofá, sintiéndome hambriento, enfadado,
cachondo e impaciente. Encendí mi televisión con un manchón verde y
violáceo en la esquina y me recosté con las piernas sobre la mesa baja, a la
espera del puñetero lobo. Miré los ventanales sucios, cada vez más oscuros,
y llegué a preguntarme si quizá Taehyung había cambiado de idea y se
había buscado a otro hombre... Buff... más le valía que no. Porque entonces
quemaría su puto coche, su puto local y todo lo que hubiera de paso. De eso
podía estar seguro. A mí no me...
Y entonces unos golpes fuertes resonaron desde la puerta. Apagué la
televisión, fuí hacia la entrada y agarré el bate que había a un lado, solo por
si acaso era una visita no deseada que venía en busca de problemas. Miré
por la mirilla y vi unos ojos enormes y amarillo. La puerta volvió a
retumbar con más golpes fuertes y ruidosos. Dejé el bate a un lado y abrí las
dos cerraduras antes de mover la puerta.
Taehyung estaba ahí, jadeando, completamente empalmado bajo su chándal
negro, mirándome fijamente y apestando más que nunca a sudor denso,
almizclado y asfixiante. Tenía pupilas tan dilatadas que su iris era apenas un
anillo amarillento en mitad de sus ojos. Su pecho abultado y grande
ascendía y descendía con cada acelerada respiración, expulsando un vaho
caliente hacia mi rostro.
-Jungkook...- fue la última palabra que me diría en cuatro días.
El Celo había comenzado.
7.- EL CELO: LA AVENTURA DE
TU VIDA
Taehyung entró como un huracán. Cerró la puerta de un golpe seco que
retumbo por toda la casa, me agarró entre los brazos tomándome totalmente
por sorpresa y me llevó en volandas hacia la cama. Había algo en su rostro,
quizá algo que faltaba, porque parecía un hombre totalmente enloquecido.
Me tiró sobre la cama, me bajo la ropa interior con una fuerza que rozaba la
desesperación y después saltó sobre mí, haciéndome perder el aire de los
pulmones bajo su peso. Antes de que me diera cuenta, ya me estaba
clavando la polla hasta el fondo y moviendo la cadera con más intensidad
incluso de lo normal.
-¡Tu puta madre!- le grité al sentir aquello. Estaba muy mojado y lubricado,
pero el cabrón había ido de cero a cien en tan solo un segundo y me había
dolido igualmente.
Apreté los dientes y me agarré al edredón, forcejeando un poco para que, al
menos, me dejara respirar. El lobo se enfadó, creyendo que quería
resistirme o algo así, me agarro de las muñecas y me aprisiono todavía más
bajo su cuerpo y su peso, gruñendo y jadeando sin parar. No habían pasado
veinte segundos y ya sentí el primer chorro caliente y denso dentro de mí,
un minuto después el segundo, en algún momento que ya no pude distinguir
un tercero y no se detuvo hasta que hubo un cuarto y yo ya no podía más
que tratar de concentrarme en seguir respirando.
Aquella follada salvaje y sin pausa me había tomado demasiado por
sorpresa y había sido... bastante, sinceramente. Me había gustado, pero más
hacia el final, cuando me había limitado a quedarme quieto y a dejarle hacer
al lobo lo que tuviera que hacer.
Cuando llegaron las contracciones y la inflamación, Taehyung me frotó su
rostro empapado en sudor por la cara y el pelo, esperó a que cinco minutos
después se le desinflara la polla y se incorporó lo suficiente para quitarse la
camiseta gris y sudada. Me la saco de dentro y, como un niño pequeño, rodo
un poco en la cama para quitarse el calzado y los pantalones a tirones antes
de hacer lo mismo con mis calzoncillos y volver a ponerse encima para,
sorprendentemente, follarme otra vez hasta correrse otras tres veces.
Hay algo que descubrí esa primera noche, y es que no bromeaban cuando
decían que los lobos se volvían locos en el Celo. Taehyung me tuvo de
espaldas toda la noche, gruñendo y jadeando como un puto enfermo y
moviendo la cadera casi sin descanso. Los únicos momentos en los que no
estaba follandome, era cuando se le inflamaba la polla y no podía moverla,
así que se recostaba a descansar hasta que, cinco o diez minutos después
volvía a ponerse cachondo. Aquello duro entre cinco o seis horas, no podría
decirlo, porque yo entré en una especie de estado cercano a la
inconsciencia. El olor, el calor y el peso me habían dejado rendido y
sometido a la voluntad del lobo.
No podía luchar, literalmente, no tenía fuerzas ni la capacidad de si quiera
pensar en ello. Solo era apenas consciente de que Taehyung estaba allí,
sudado, caliente y rodeándome en una burbuja donde solo existíamos
nosotros.
La luz del amanecer me sorprendió, llegando desde los cristales empañados
y sucios. El retumbar de la lluvia era como una especie de mantra que se
repetía constantemente junto a un jadeo y un movimiento a mis espaldas.
Yo estaba de lado y el lobo me apretaba entre sus enormes brazos,
follandome casi sin fuerzas una vez más y despertándome. Las energías se
le estaban empezando a agotar, pero seguía metiéndomela lentamente hasta
conseguir correrse. Cuando se le inflamó la polla y se detuvo, alargué una
mano y tomé una de las botellas de bebida energética, me incorporé un poco
y Taehyung gruñó, volviendo a atraerme contra el con violencia.
-Solo voy a beber, relájate-le dije con tono seco, llegando a darle un leve
codazo. Gruño más alto, pero le ignoré- Que te jodan, Taehyung. -le dije
antes de beber un par de buenos tragos.
Con un jadeo deje la botella en la mesilla de un golpe seco y volví a
recostar la espalda contra él.
Afuera llovía, pero entre las mantas hacia un poco de calor acumulado, así
que bajé un poco la colcha, descubriendo parte de mi cuerpo desnudo y un
poco sudado.
-Hay agua para ti en el otro lado, si quieres-le dije, aunque no estaba seguro
de si mis palabras iban a poder atravesar la densa neblina de excitación que
cubría la cabeza del lobo.
No respondió, por supuesto, y tras diez minutos se echó sobre mí y volvió
al trabajo. Dos folladas después, se separó por primera vez de mi tras doce
horas, pero tampoco demasiado. Me agarro de la muñeca y casi tiró de mi
hacia el borde de la cama para alcanzar uno de los bidones de agua. Bebió
como si hubiera cruzado el puto desierto, derramando parte del agua por los
lados y tomando grandes respiraciones al terminar cada vez.
No había control alguno en él, parecía una bestia saciando sus necesidades
primarias de la forma más rápida y violenta posible. Cuando dejo el bidón
de vuelta al suelo, se había bebido casi un cuarto de una sentada. Eructo, se
dio la vuelta para volver hacia mí, con los labios empapados y la barba
mojada, me abrió las piernas y me la metió de nuevo; esta vez de frente y
agarrándome el cuello con su enorme mano, quizá para que pudiera
disfrutar de sus expresiones de labios entreabiertos y ojos en blanco
mientras me follaba. Cuatro corridas después, se dejó caer sobre mí y se
limpió el rostro contra el mío, el sudor, las babas y el agua que aún tenía.
Curiosamente, no me resulto tan desagradable como sonaba. Después de
todo, estábamos en mitad de un festival de fluidos, sexo, descontrol y un
intenso olor animal. ¿Qué era un poco de baba y sudor en el rostro cuando
el culo no dejaba de gotearte liquido preseminal y semen? Por suerte, a
media tarde, el lobo empezó a relajar el ritmo desenfrenado del principio;
alargo un poco más los descansos y empezó a dormitar entre ellos. Yo
aprovechaba para beber, comer algo y acariciarle la espalda o el pecho para
alargar esos momentos de sueño hasta que volvía a despertarse y me
cambiaba de postura, me mordía el cuello, el pelo o el hombro y
continuaba.
Solo al alcanzar la noche se quedó profundamente dormido. Bebió otro litro
del segundo bidón, eructo y se acercó a mi para encerrarme entre sus brazos
antes de cerrar los ojos, produciendo pesadas respiraciones sobre mi pelo y
con las típicas contracciones musculares. Entonces me froté el rostro y solté
un suspiro. Tuve mucho cuidado de no despertarle mientras me movía como
un ladrón en mi propia casa en dirección al baño. Cerré la puerta y me senté
en el váter. Lo que tenía que hacer no era nada elegante, pero literalmente
estaba lleno, y quería decir LLENO, de semen de lobo. Y eso tenía que salir
de alguna forma. También mee bastante porque la constante fricción contra
la pared interior de mi escroto me había endurecido la vejiga. Creía que
hasta me había meado un poco en la cama, no estaba seguro. Me había
corrido un par de veces, eso sí.
Y aquello era tan solo el principio. Vaya puta locura.
Me limpie un poco y salí del baño, sumergiéndome en la penumbra de la
habitación que apestaba bastante, y eso que no tenía pared que la separara
del resto de la casa, así que aquel olor denso estaría por todas partes.
Me metí bajo el edredón y me coloqué en el mismo lugar del que había
salido, entre los grandes brazos de Taehyung. Él debió darse cuenta, porque
se desveló, soltó uno de sus gruñidos de enfado y me apretó antes de girarse
y así atraparme bajo el peso de su cuerpo.
-Que te jodan- murmuré antes de acomodar la cabeza en la almohada y
quedarme dormido.
El lobo me despertó varias veces mientras me follaba a un ritmo más
pausado, pero, aun así, constante. Llegué a perder por completo el concepto
del tiempo ese segundo día. La lluvia y la luz grisácea y fría que entraba por
los ventanales no ayudaba demasiado. Me despertaba cada poco por culpa
de Taehyung, que me movía en diferentes posturas, me agarraba, me mordía
y hacia todas esas mierdas que tanto le gustaban. Yo gruñía, disfrutaba y en
general me dejaba hacer, limitándome a gozar del lobo y todo lo que
pudiera ofrecerme. Solo era más o menos consciente en los momentos en
los que sentía hambre, sed o la necesidad de ir al baño a vaciarme, en varios
sentidos. A veces notaba que el lobo se movía, me agarraba de alguna parte
para asegurarse de que no escapara y bebía más agua.
En un momento me desperté y estaba tumbado mirando hacia los pies de la
cama, de horcajadas sobre un Taehyung dormido que me rodeaba con los
brazos. Tenía la boca abierta, mostrando sus dientes grandes y sus colmillos
anchos mientras roncaba. Tenía el pelo rizoso alborotado; pero yo tampoco
debía estar mucho mejor.
Todo estaba a oscuras y seguía lloviendo, solo la luz amarillenta de las
farolas de la calle se colaba por entre los ventanales repletos de gotas y
regueros de agua. Me levante con cuidado y saque la polla del lobo de
dentro, porque muchas veces él ni se molestaba en quitarla de ahí, solo se
empalmaba y movía la cadera. Fui hasta la mesilla y rebusqué entre los
muchos envoltorios vacíos alguna barrita energética o yogur líquido, tome
la última botella de Red Bull a medio beber y me lo lleve al baño. A veces
yo aprovechaba que estaba allí sentado para comer en los cinco minutos que
tardaba en descargar y limpiarme.
Me eche agua en el rostro y mire mi reflejo. Estaba hecho un desastre, con
el pelo rubio grasiento y totalmente desordenado, los ojos azules un poco
enrojecidos y la barba me comenzaba a crecer. Tenía marcas en el cuello
ancho, pequeños cardenales y círculos amarillentos, seguramente de cuando
el puto Taehyung me agarraba. Además de muecas de dientes y colmillos en
la parte baja y los hombros.
Chasqueé la lengua con disgusto y puse una mueca seria antes de apagar la
luz y salir hacia la habitación. El lobo seguía donde antes, desnudo y
ocupando casi toda la cama. Era como un puto cerdo apestoso y con la polla
grande que, por desgracia, me ponía más cachondo de lo que me hubiera
puesto nadie en la vida. Quizá yo fuera más sensible a las feromonas que el
resto de humanos, o quizá Taehyung tuviera algo que me gustaba
muchísimo, algo que no conseguía entender.
Fui hacia el salón y tomé un cigarro y el zippo de encima de la barra de
madera de la cocina, abriendo un poco la puerta de incendios. Seguía
desnudo y afuera hacía frío, así que solo la moví lo suficiente para apoyar
un brazo en la pared y fumar una calada que me supo a gloria antes de echar
el humo al exterior lluvioso. Y ahí estaba yo, fumándome un cigarro en
mitad del Celo y con un lobo en la cama. Solté un bufido, negué con la
cabeza y puse una fina sonrisa en los labios. Mi vida no podía ir peor.
Oí una mezcla de gruñido y grito grave y profundo a mis espaldas, giré el
rostro y vi la sombra de Taehyung levantándose y mirando a todas partes de
la habitación. Tomé una última calada y tiré la colilla al exterior antes de
cerrar la puerta.
-Estoy aquí, gilipollas-le dije de camino a la habitación.
Cuando el lobo me escuchó, se quedó muy quieto, de rodillas en la cama y
con una expresión muy enfadada de dientes apretados. Esperó a que me
acercara lo suficiente y me agarro de la muñeca con demasiada fuerza,
tirando de mi para acercarme y después llevarme con todo su peso a la
cama y volver a metérmela mientras me mordía el cuello con tanta
intensidad que me hizo sangre.
-¡Me haces daño, joder!-exclamé, pegándole un puñetazo que solo sirvió
para que me follara más fuerte.
Después de correrse hasta cinco veces, se quedó jadeante, sudado y muy
quieto, rodeándome con los brazos y frotándome con el rostro mientras
duraba la inflamación. Aquel día fue especialmente intenso, o al menos me
lo pareció.
El lobo parecía haber recuperado energías y solo se detenía a descansar
quince o veinte minutos o a beber entre follada y follada. Me lo hizo a
cuatro patas, encima, debajo, de rodillas mientras me sostenía en brazos...
muchas posturas y el mismo ritmo enloquecido.
Fue muchísimo sexo, es verdad, pero en ningún momento lo pasé mal.
Había posturas o momentos que me gustaban más y otros menos, había
momento en los que mordía el edredón y otros en los que le gritaba,
normalmente insultos o quejas porque me apretaba demasiado fuerte o
porque, una vez más, le había dado por morderme y hacerme sangre.
Cuando me desperté tras haber quedado dormido, tenía medio cuerpo de
Taehyung encima, con una de sus enormes piernas rodeándome, al igual
que un brazo mientras respiraba por la boca entreabierta muy cerca de mi
rostro. Me quedé mirando el techo iluminado y sentí hambre y un leve
retortijón. Conseguí escabullirme hacia el baño y volver a descargar
mientras me frotaba el rostro y suspiraba. No era una sensación nada
agradable.
Cuando salí me volví a reunir con el lobo en la cama y busqué algo que
comer, pero no había ya nada más. Fruncí el ceño y miré el techo mientras
me pasaba la mano de Taehyung por encima y él se desvelaba un poco,
apretándose más a mí. Cerré los ojos y volví a quedarme dormido para
desvelarme en cuanto sentí al lobo haciéndose un hueco entre mis piernas
para metérmela otra vez. Solté un murmullo que quería decir «ya, ya...», le
rodeé la cadera y levanté los brazos para abrazarle el cuello. Taehyung
empezó a jadear como siempre y se corrió tres veces hasta detenerse y
dejarse caer sobre mí. Le acaricie la espalda y él gruño por lo baja, un ruido
ronroneante antes de quedarse dormido.
Me desperté y sentí un profundo rugido en las tripas y la boca seca. Por la
ventana entraba una claridad grisácea y los cristales seguían mojados. Tenía
la impresión de llevar una eternidad en aquella cama. Sin duda, llevábamos
allí mucho tiempo, no sabía cuánto exactamente, pero bastante. Ya no me
quedaban bebidas ni comida, y los bidones de agua estaban todos vacíos. Si
no había calculado mal, ya debíamos estar al final del Celo, pero el lobo
seguía allí, roncando en mi cama y apretándome contra él.
Cerré los ojos y tomé aire, poniéndome un brazo sobre el rostro para tapar
la claridad que entraba y poder dormir un poco más. En mitad de aquel
estado adormilado, noté un movimiento a mi lado, un roce en mi rostro que
empujaba el brazo con el que me cubría. Lo aparte y miré unos ojos
amarillentos y anaranjados. Taehyung se frotó un poco más contra mí antes
de darme la vuelta y ponerse encima.
El ritmo era diferente, aunque intenso y sin pausa, era más pausado que el
de los otros días. Me mordió entre el cuello y el hombro y me agarro de las
muñecas, jadeando y llenándome la piel de babas. Gemí un poco por lo bajo
y llegué a correrme cuando él lo hizo por segunda vez, alcanzando una
tercera a los pocos minutos. Entonces llegaron las contracciones y la
inflamación. Ya ni la notaba, demasiado acostumbrado a aquella sensación
de plenitud en el recto. El lobo me soltó entonces el cuello y las muñecas,
recuperando el aire cerca de mi oído. Entonces un rugido de tripas cruzó la
habitación, pero no fue el mío. Ladeé el rostro y miré por el borde de los
ojos hacia el lobo, con labios entreabiertos y devolviéndome la mirada en
silencio.
-¿Tienes hambre, Taehyung?-le pregunté con la voz algo ronca. Él asintió
lentamente-Yo también -reconocí- ¿Quieres pedir algo?-
Su única respuesta fue un leve gruñido, así que supuse que si quería. Esperé
un minuto más o menos a que la inflamación terminara y entonces me volví
para levantarme, ir a por el móvil olvidado sobre la repisa de la ventana e
ignorar las notificaciones de llamadas y mensajes que había.
-¿Te gusta la comida rápida?-pregunté, aunque ya estaba pulsando el botón
de llamada y llevándome el móvil a la oreja.
-Carne-le oí decir desde la cama-Mucha.
-Hola, soy Jungkook-respondí al hombre con marcado acento que me
respondió -Quiero un pedido de tres...-mire al lobo y calculé cuanto podría
llegar a comer un hombre hambriento de su tamaño -Seis hamburguesas
dobles, un cubo de pollo frito, aros de cebolla y Nuggets. Todo grande. Y
no me jodan con las salsas porque saben que voy ahí y los golpeo en la
puerta del local hasta que me den lo que quiero- y colgué. -En veinte
minutos están aquí- murmuré antes de ver la hora.
Eran las ocho de la tarde, estaba anocheciendo y habían pasado cinco putos
días. Al parecer, Taehyung era un lobo con una libido muy grande, algo que
yo no había previsto. Tuve que llamar a mi jefe, Wong Xing, y darle una
especie de disculpa por exceder el tiempo de descanso que le había pedido.
-Si, mi madre sigue enferma...si, pulmonía. Un horror. Si, mañana sin falta-
murmuraba sin demasiada emoción mientras fumaba al lado de la puerta
abierta. Eché una rápida mirada a la espalda para ver como el lobo salía de
la cama y entraba en el baño-Si, señor Xing. Claro... Mañana nos vemos-y
colgué.
Le di otra calada al cigarro y giré el rostro para que el humo se fuera por la
puerta entreabierta. No estaba seguro de si era costumbre que los lobos se
quedaran después del Celo, porque la información que nos habían dado en
la charla sobre ese tema era bastante limitada. Había sido útil, es cierto,
pero se había saltado muchos temas que empezaban a ser preocupantes.
Tiré la colilla del cigarro y cerré la puerta, dirigiéndome de vuelta a la
habitación. El olor... el olor era algo, sin duda. A mí no me resultaba
desagradable, porque había formado parte de él, pero incluso así podía
percibir la densidad e intensidad que tenía. El epicentro era la cama, pero se
había apoderado de toda la casa tras cinco días sin ventilar, Lo único que se
me ocurrió fue quitar el edredón, dejarlo a un lado y pensar en llevarlo a
una lavandería automática junto con la sabana bajera, las almohadas y...
todo lo que Taehyung hubiera rozado.
Como habían pasado quince minutos y el lobo no había salido del baño, me
puse un pantalón de chándal por encima y una camiseta corta vieja. Recogí
los envases, botellas y bidones que había por todo alrededor y los llevé a la
cocina para meterlos en bolsas de basura. Antes de que hubiera terminado
ya estaban aporreando la puerta. Me acerqué, tomé el bate y eché un vistazo
por la mirilla. Era el repartidor, quien puso una expresión muy asqueada
cuando abrí la puerta y le llegó el olor. Se cubrió la nariz y me ofreció las
bolsas con la comida, le di cincuenta dólares y le cerré la puerta en la cara
sin decir nada. El olor de la comida caliente reavivó mi hambre y el
estómago me rugió.
-¡Taehyung!-grité desde el salón-¡La comida!
Llevé las bolsas a la mesa baja frente al sofá y fui a lavarme las manos al
fregadero. Busqué dos cervezas en la nevera y cuando volví saqué todo y lo
puse sobre la mesa, revisando que estuvieran todas las salsas que, por
derecho, me merecía con el pedido.
Se escuchó la puerta del baño y el lobo salió, desnudo, todavía un poco
mojado y a paso rápido, para sentarse en el sofá, agarrar una de esas
hamburguesas y darle un mordisco tan grande que se comió la mitad de un
solo bocado; llevándose un poco del papel que la envolvía. Me quedé
mirándole con una expresión asqueada mientras apenas masticaba y
tragaba, repitiendo el proceso y agarrando una segunda hamburguesa.
-Joder...-murmuré, alargando la mano para ir a por una antes de que se las
comiera todas, que, a ese ritmo, sería en apenas un minuto.
Pronto descubriría que Taehyung sería capaz de comerse una vaca entera y
aún tener sitio para el postre. Pero eso sería más adelante, porque en ese
momento, todavía comía poco delante de mí.
8.- EL CELO: UNA AVENTURA
DEMASIADO LARGA
El lobo se terminó cinco hamburguesas dobles, el cubo familiar de alitas de
pollo y las tres cuartas partes de lo nuguets tamaño gigante, dejando el resto
para mí, que básicamente fue una hamburguesa y los aros de cebolla
grandes. Al terminar, soltó un resoplido y se recostó contra el sofá, con la
barriga abultada y los ojos entrecerrados.
Tomé el mando de la tele a un lado y se lo tiré para que pusiera algo si
quería. El encendió la tele y pasó canal tras canal hasta dejar un programa
de manualidades y carpintería. Alcé las cejas, pero no dije nada mientras
me acababa los pocos nuguets que había dejado, mojándolos en salsa
picante. Al terminar, fui a la nevera a por otras dos cervezas y le ofrecí una
a Taehyung, que se bebió más de la mitad de un solo trago y eructo al final.
Yo no era la princesa más refinada y educada de palacio, pero ver a un
hombre ocupando casi todo el sofá, desnudo y velludo, con marcas de
arañazos rojizas y marcadas sobre la espalda, los hombros y el pecho, las
piernas abiertas y las pelotas colgando mientras bebía cerveza, era bastante
impactante. Deje los pies sobre la mesa, estire los brazos por el respaldo y
negué con la cabeza murmurando un ‹joder...›
Tras media hora de descanso y un programa entero sobre como montar una
pajarera en el jardín de tu elitista casa de clase media-alta, el lobo empezó a
mirarme y a gruñir por lo bajo. No era su ruido de enfado, ni tampoco el
ronroneo de placer; era un sonido diferente que no supe identificar, así que
giré el rostro con expresión seria y le pregunté:
-¿Qué cojones quieres?-
Taehyung volvió a gruñir y tiró de mi camiseta un par de veces, quizá
pidiéndome que me acercara. Solté un suspiro y dejé la cerveza en la mesa,
creía que sabía lo que quería. Me incliné sobre él y le acaricié la barriga con
el reverso de los dedos. El lobo cerró los ojos y recostó la cabeza mientras
aquel sonido ronroneante brotaba de su garganta. Pero, al contrario de lo
que solía suceder, no se durmió, sino que la polla se le puso cada vez más
dura y mojada antes de girarse y recostarme con él en el sofá. Me acaricio
el rostro con el suyo y me bajo los pantalones del chándal. Resople, porque
acababa de cenar y no quería moverme demasiado, sin embargo, sí que me
apetecía un polvo suave.
-Lento, no quiero vomitar-dije, rodeándole la cadera con las piernas y el
cuello con los brazos.
El olor del lobo, su calor y su proximidad siempre conseguían ponerme a
tono muy rápido y en cualquier ocasión, aunque terminara de pasarme cinco
días atrapado en la cama y con el culo chorreando semen. Había algo en él,
en el puto Taehyung, que me hacía pasarle cosas que no le hubiera pasado a
otro, como dejarle metérmela después de cenar y jadearme en la cara con su
aliento a cerveza y hamburguesa. Pero lo hizo lento, como le había pedido,
con un pausado vaivén de cadera que consiguió sacar un par de buenos
gemidos de entre mis labios.
Cuando se corrió la primera vez lo sentí y le apreté contra mí, la segunda
vez me rodeo con los brazos y me mordió el cuello, aumentando el ritmo
hasta que me corrí y solté un gruñido liberador, entonces terminó él.
Llegaron los espasmos y la ya de sobra conocida inflamación. Se dejó caer
lentamente sobre mí, con cuidado, y yo le acaricié aquella enorme espalda
mientras miraba el techo de loft. Él me frotó el rostro a los pocos minutos y
dijo:
-Jungkook huele mucho a Taehyung.
-Ya, bueno, me he pasado cinco días debajo de ti-respondí- Y sudas como
un puto cerdo, así que... sí.
El lobo gruño de esa otra forma y volvió a frotar su mejilla contra la mía,
lenta y suavemente, hasta que se le desinfló la polla y pudo sacarla. Pero no
lo hizo, porque se había quedado adormilado encima de mí. Puse los ojos en
blanco y le di un par de palmadas en el enorme brazo.
-Taehyung, despierta-le dije- te has dormido.
El abrió los ojos y me miró un momento, gruño y se separó, saliendo de
dentro de mí. Entonces me tomó de la muñeca y tiro para levantarme. Sin
decir nada me llevo hacia la habitación y me tomó en brazos antes de
tirarnos sobre la cama. Con otro gruñido de enfado tuvo que incorporarse
para ir en busca del edredón a un lado y echarlo sobre nosotros para
podernos tapar. Yo miré todo aquello con el ceño fruncido y una sensación
de que algo no estaba yendo como debería. No tenía claro las reglas del
Celo, pero estaba por jurar que los lobos no se quedaban tanto tiempo
después. Creía firmemente que, al terminar, simplemente tomaría sus cosas
y se iría para no volver nunca; no que se recostara contra mí para rodearme
y quedarse dormido. En ese momento decidí que, al día siguiente, si
Taehyung no se iba, le echaría yo, ¿cómo iba a echar a un lobo de un metro
noventa y tantos kilos de mi casa? Ese era un problema que resolvería
mañana.
Cuando me desperté, lo primero que sentí antes de abrir los ojos fue un olor
fuerte y extrañamente familiar, después una piel caliente y velluda bajo mi
mano y mi rostro. Se me escapó un gemido de entre los labios y me acerqué
más a aquella figura tan grande, echándome sobre él, todavía demasiado
adormilado y confuso para saber lo que hacía. Levante la cabeza y froté su
cara contra la mía, era agradable. Busque sus labios marcados y
entreabiertos y los bese un par de veces, frotándome contra su cuerpo. Él
abrió sus ojos amarillentos y anaranjados, rodeados de pestañas largas y
densas. Me miró fijamente y volví a besarle, un poco más profundo,
metiendo la lengua y rozando sus colmillos gruesos. El lobo produjo un
gruñido mientras se le escapaba todo el aire de los pulmones. Tardo apenas
un par de segundos en ponerse duro y empezar a mojarse, y yo tarde incluso
menos en ponerme a horcajadas y montarme sobre él.
Quizá buscarle a primera hora y querer que me la metiera de nuevo, no
fuera la mejor forma de decirle a Taehyung que se fuera de mi casa de una
puñetera vez, pero no fue algo que pensara de forma racional, fue algo casi
instintivo: me había despertado al lado de un hombre grande, fuerte y que
apestaba a macho de la manada... y yo no era más que un humano, así que
era difícil resistirse a las feromonas que flotaban en cada milímetro del aire
cargado.
Le deje que me agarrara con fuerza de la cadera y comenzara su alocado
movimiento, llevándome a un lugar llamado Paraíso mientras yo apretaba
sus enormes pectorales con marcas de arañazos que le había hecho durante
el Celo, a las que sume algunas más en esa ocasión mientras me enfadaba y
le gritaba insultos.
Pasaba algo curioso cuando me follaba, porque me molestaba mucho que
fuera tan desconsiderado, violento y salvaje, pero a la vez me encantaba y
no quería que parara. No podría explicar lo retorcido y jodido que era sentir
aquello. Quizá había que ser una persona tan mentalmente inestable como
yo para entenderlo.
Cuando se corrió por primera vez noté el chorro caliente y denso dentro de
mí y gruñí con profundo placer, apretándole más el pecho firme y duro.
Taehyung soltó otro gruñido de enfado y me agarró para atraerme a él, me
sujeto el cuerpo con un brazo mientras con el otro me agarraba del pelo
para exponerme el cuello, que no dudo en morder.
-¡Joder, hijo de puta!-le grite, porque dolía. Levante una mano y le rodee el
pelo rizoso y castaño con fuerza, pero eso solo consiguió que me mordiera
más fuerte y me follara más rápido.
Llegó al segundo orgasmo en apenas un minuto, y al tercero y último poco
después. Bastante seguidos para estar fuera del Celo, la verdad. Cuando se
detuvo, ambos nos quedamos jadeando y muy quietos. El lobo tuvo un par
de contracciones en la cadera a las que siguió la inflamación de su
miembro. Me soltó al fin el cuello, babeado y un poco ensangrentado
debido a las heridas que me había hecho con sus puñeteros colmillos.
Entonces me lo lamió con una lengua áspera y muy extraña que me produjo
un escalofrió por todo el cuerpo.
-¿Qué cojones haces?-me queje, apartándole el rostro de mi cuello.
Taehyung se quedó mirándome fijamente, con esa cara de imbécil que tenía
a veces. Puse una expresión sería de ceño fruncido, preguntándome cómo
era posible que sus feromonas consiguieran excitarme tanto, cuando todo lo
demás en mi me decía lo contrario.
No era la clase de hombre que a mí me gustaba, ni de lejos, y sin embargo
ahí estaba, consintiéndole todas esas mierdas que me hacía. Levante una
mano y le froté aquel pelo rizado, de un castaño intenso y ya demasiado
largo. Taehyung entrecerró los ojos, empezó a ronronear por lo bajo y en
menos de un minuto se quedó dormido, incluso antes de que desapareciera
la inflamación. Solté un suspiro y me levanté para ir al baño, sentarme en el
váter y después darme una buena ducha para limpiarme. Juraría que tenía
tanto sudor seco encima que cuando salí estaba más ligero.
Saqué la maquinilla de afeitar y me di un buen repaso a la barba después de
una semana y pico sin tocarla. Al terminar casi parecía una versión
rejuvenecida de mí mismo, una versión con heridas y marcas de haber
follado con un lobo. Todavía no tenía claro cómo eso me hacía sentir.
Salí tan desnudo como había entrado, echando un rápido vistazo a
Taehyung recostado y todavía roncando en la cama. Debajo del edredón
había un movimiento de vez en cuando, debido a las contracciones
musculares que tenía en la pierna al dormir.
Fui hacia mi armario y me puse un calzoncillo limpio, mis vaqueros rotos y
una camiseta de cuello abierto y con botones; después me dirigí a la cocina,
encendí un cigarro, abrí un poco la puerta de emergencia y puse la máquina
de café a funcionar. Tuve que darle un buen golpe para que arrancara,
porque la había comprado en una tienda de segunda mano y a veces
necesitaba un empujón para despertar. Puse la taza con el logo de un
comedor social debajo y esperé a que se llenara lo suficiente mientras
soltaba volutas de humo alrededor del rostro como una chimenea.
Con el café recién hecho y el cigarro en los labios, me fui hacia la puerta y
apoyé el hombro en el marco, mirando hacia el paisaje descampado con
edificios industriales y decadentes. La ciudad estaba a lo lejos, más allá del
rio, y una fina lluvia seguía cayendo del cielo gris oscuro. Eran unas vistas
de mierda, pero a mí me gustaban. Había crecido en un barrio muy parecido
a aquel y sabía que se me haría raro vivir en cualquier otra parte. Bebí un
sorbo de café y fumé otra calada.
A lo lejos empezó a oírse un movimiento, los ronquidos cesaron y fueron
sustituidos por el bostezo más alto y ruidoso que había escuchado en mi
vida. Giré la cabeza y vi a Taehyung, sentado en el borde de la cama y
agitando la cabeza para despertarse. Entonces se levantó y se fue desnudo al
baño, rascándose la barriga de camino. Fruncí el ceño y volví a mirar el
paisaje.
Para ser un Hombre Lobo, esa supuesta raza superior y evolucionada, se
comportaba igual que un hombre humano no demasiado elegante y
educado.
Seguí fumando tranquilamente y bebiendo el café, oyendo como salía del
baño tras una larga y ruidosa meada y se empezaba a vestir con gruñidos de
queja. Después camino hacia mí, con pesados pasos sobre la madera vieja
del suelo, y se detuvo cuando estuvo pegado a mi espalda. No me gire, solo
me lleve la taza a los labios y seguí mirando el paisaje.
-Taehyung se va-dijo el lobo cerca de mi oído.
Asentí con la cabeza, contento de que al fin hubiera decidido largarse de
una puta vez y no tuviera que echarle a patadas.
-Pásalo bien-le deseé en un murmullo bajo.
El lobo inclino la cabeza y me frotó el pelo con la mejilla antes de pasar
toda la cara y, sin decir nada más, alejarse en dirección a la puerta. Cuando
la cerró y estuve al fin solo, solté un suspiro de liberación y me masajee el
puente de la nariz. Se había alargado más de lo que me había imaginado,
pero al fin había terminado.
Me había pasado El Celo con un lobo y había sido... toda una experiencia,
eso sin duda. Si me había gustado o no era algo complicado de decidir. El
sexo había estado muy bien, sin duda, incluso cuando parecía demasiado,
me había gustado, pero todo lo demás fue una puta mierda.
Pasar hambre, estar atrapado en la cama y tener que levantarse cuando el
lobo estuviera dormido para ir al baño a vaciarte los litros (y no creía que
aquello fuera una exageración), litros de semen que te había metido dentro
tras correrse como treinta veces dentro de ti. Ya no me sorprendía que las
mujeres tuvieran tanto riesgo de quedarse preñadas en El Celo, porque sus
óvulos debían estar nadando en esperma al final de los cuatro días.
En resumen: había sido la ‹aventura› que me habían prometido. Sin duda.
¿Volvería a repetirla? Jamás.
Tiré la colilla del cigarro al exterior y solté una última bocanada de aire
antes de cerrar la puerta. Aquella noche tendría que volver a mi vida
normal, al asqueroso trabajo y las horas de aburrimiento, pero antes debía
hacer algunas cosas, como abrir las ventanas para airear una casa que,
literalmente, apestaba a lobo.
Cambiar el edredón, las sábanas, las almohadas y meterlo todo en bolsas
para, en algún momento que tuviera ganas y energías, llevarlas a lavar. Puse
todo nuevo y limpio y salí de casa por primera vez en seis días para tomar
el aire y comer algo. Tuve que llamar a Nayeon, la cual me había enviado
infinidad de mensajes y llamadas perdidas y a la que tuve que soportar
gritándome al oído:
—¿¡Por qué no me has respondido durante El Celo, Jungkook!?-
-Me lo pasé con un lobo-respondí sin más.
-¡Serás hijo de la gran puta! ¡Pedazo de zorra!-
La tarde se me hizo muy corta y, antes de que me diera cuenta, ya estaba en
la tienda del señor Xing. Me recibió con su misma cara de enfado y sus
mismos gritos con fuerte acento chino.
-¡Llegal talde, tú llegal simple talde!- no era por ser racista, pero el señor
Xing parecía una parodia de los dueños chinos que siempre estaban
molestos con todo y gritaban una mezcla de horrible inglés y mandarín.
-Sí,sí...- asentí yo mientras el farfullaba cosas que, estaba seguro, eran
insultos en su idioma.
Me había contratado hacia año y medio para cubrir el turno de noche
porque él y su mujer tenían varios negocios y no daban abasto. Sus tres
hijos estaban todos en la universidad y habían dejado de ayudarles con el
negocio familiar, así que se vieron obligados a contratar a hombres como yo
que aceptaban sueldos de mierda y horarios estúpidos.
Durante las primeras semanas el señor Xing se había quedado conmigo para
asegurarse de que hacia mi trabajo, y después me había seguido vigilando
atentamente por las cámaras que había repartidas por toda la tienda. Wang
Xing era un hombre profundamente desconfiado, y no podía culparle, ya
que mi imagen de chico malo y rebelde no proyectaba la mayor confianza
del mundo; además de que ya le había robado un par de veces
aprovechando los puntos muertos de las cámaras. Nunca dinero, porque eso
lo tenía muy, muy vigilado, pero si comida, cartones de leche, chicles... un
poco de todo.
Aquella noche de vuelta me entretuve mirando la vieja tele que había a un
lado del mostrador, escuchando la radio y jugando a tirar gomas elásticas al
cubo de la basura. La tienda era un veinticuatro horas en una zona de las
afueras y solo recibía visitas de adolescentes fumados, alcohólicos, algún
padre primerizo que necesitaba algo a las tantas de la madrugada o
trabajadores nocturnos como yo que querían comprar antes de volver a
casa. A veces llegaba gente con mala pinta, pandilleros que se paseaban de
un lugar a otro y que yo ignoraba por completo. Solo me ponía serio cuando
se acercaban al mostrador y se ponían gallitos, soltando gilipolleces y
tratando robar el dinero de la caja. Ya había tenido un par de buenas
disputas y peleas allí mismo, porque si querían robar donuts y Doritos, que
lo hicieran, pero a mí que no vinieran a tocarme los cojones.
Al terminar mi turno, recibí la visita de la señora Xing, una diminuta mujer
de enormes gafas y moños muy apretados que siempre contaba el dinero
antes de dejarme marchar. Sali de camino a mi casa, con el cielo lluvioso y
de un negro intenso, ya que todavía faltaba un poco para el amanecer. Al
llegar a mi barrio me topé con algunos grupos de hombres y metí las manos
en los bolsillos de mi cazadora militar, asegurándome de tener mi navaja a
mano, y puse cara de pocos amigos. Nos ignoramos mutuamente y seguí
adelante. Cuando alcance el portal, saqué las llaves y note unos pasos a mi
espalda, volví a tomar la navaja y gire el rostro a prisa para encontrarme
con unos ojos amarillentos y anaranjados. Fruncí tanto el ceño que
entrecerré los ojos y arrugué la nariz. Taehyung estaba allí, con solo una
camiseta blanca muy ajustada y un pantalón de chándal negro de marca
Nike.
-¿Qué cojones haces aquí?- le pregunté.
El lobo no dijo nada, solo dio otro paso hasta quedar a mi lado en la puerta
y apoyar el hombro en el cristal pintarrajeado y rayado. Tenía la parte
superior de la camisa mojada, al igual que el pelo y los brazos, como si se
hubiera pasado un buen rato esperando a la intemperie. Temblaba un poco,
quizá debido al frío, pero su expresión era seria.
-Taehyung buscar a Jungkook. No estaba en casa.-
-Tengo que trabajar-respondí, como si fuera algo evidente.
-¿Dónde?
Ladee el rostro, todavía con el ceño fruncido.
-¿Qué haces aquí, Taehyung?- le pregunte de nuevo -El Celo termino.
-Taehyung vuelve-dijo, acercándose a mí lentamente para rozar su cara
mojada contra mi pelo y mover su cadera.
Entre abrí los labios, pero con cada respiración podía percibir más y más de
su olor a sudor y lluvia, despertando en mi un hambre sexual que creía que
ya había saciado de sobra. Al parecer, me equivocaba. Chasqueé la lengua y
miré al interior del portal. Había una violenta guerra dentro de mí; una parte
me decía que subiera el lobo a casa y que me lo follara de nuevo, otra me
decía que le mandara a tomar por culo y me asegurara de que no volvía
jamás por allí. Miré las llaves y abrí el portal.
-Pasa-murmuré con enfado.
El lobo cruzó el portal y me siguió por las viejas escaleras de cerca, siempre
a la espalda y en silencio.
-¿Por qué cojones están tan mojado?-le pregunté.
-Taehyung buscar a Jungkook bajo la lluvia.
Volví a chiscar la lengua y negué con la cabeza. Definitivamente, era
gilipollas. No solo me estaba follando a un lobo, sino que además era el
más tonto de la manada... Increíble.
-Vete a darte una ducha caliente- le dije al llegar a casa, dejando las llaves
sobre el taburete verde -¿Has comido algo al menos?-
-Taehyung hambre.-
Me mordí la lengua y tomé aire. Una vez más, no sabía por qué estaba
haciendo aquello por él, si eran las feromonas que me estaban atontando o
si había algo más.
Le señalé la habitación para que se fuera hacia ahí, me quité la cazadora,
tomé un cigarro y el zippo. Me lo puse en los labios, pero no lo encendí
hasta haber cerrado todas las ventanas que había dejado abiertas para airear
la casa; algo estúpido ahora que el lobo había vuelto con su peste. Fuí a la
cocina y miré el congelador, solté el humo del tabaco y decidí sacar todas
las cajas de burritos de carne que tenía, tres en total, con dos unidades cada
una. Abrí el envase de la primera y la tiré dentro del microondas a diez
minutos, después fui hacia la puerta de incendios y seguí fumando. Al
acabar el primero, me encendí un segundo y me froté la frente.
Algo no iba nada bien, porque el lobo había vuelto. Y eso no era lo que
tenía que pasar. Lo que tenía que pasar era que se fuera y no volviera a verle
en la puta vida.
Si en ese momento hubiera sabido lo que estaba pasando en realidad por la
mente de Taehyung, probablemente le hubiera echado de casa a patadas y
me hubiera mudado de piso al día siguiente; pero no lo hice, ni lo haría
jamás.
9.- EL OLOR A MACHO:
DESCUBRIMIENTO
El lobo salió de la ducha quince minutos después, desnudo y todavía
mojado. Le detuve en seco con un grito cuando alcanzó la mitad del salón.
-¿Qué cojones haces? ¿Por qué no te has secado?-pregunté, mirando el
rastro de agua y pisadas que había dejado a su paso- Pero... ¿eres imbécil?
¡Vuelve al puto baño!-
Me levante del asiento y le acompañé con expresión enfadada al baño.
Taehyung gruñó un poco de esa forma grave y enfadada cuando tiré de su
brazo, así que yo solo me enfadé más.
Debió ver la pura ira manando de mis ojos, porque levantó la cabeza con
orgullo y volvió hacia el baño como si me estuviera haciendo un favor
enorme. Tomé una de las toallas y se la pasé por el pelo de una forma nada
agradable, pero quizá así aprendería a secarse antes de salir. Siguió
gruñendo, cada vez un poco más enfadado, y yo me estaba poniendo
estúpidamente cachondo por ningún motivo aparente, hasta que le dije con
tono serio y frustrado:
-Sigue así y te tiro de puta cabeza por la puerta de incendios...- eso le relajó
un poco.
Cuando le sequé como a un niño pequeño, salí del baño y busqué ropa
grande que pudiera servirle para que no se volviera a poner la suya mojada.
Se la tiré al pecho amplio y musculoso y le solté un rápido:
-No te voy a vestir también-antes de girarme de vuelta a la cocina.
Me metí la mano en los pantalones para recolocarme la polla dura y algo
mojada y que no siguiera haciéndome daño contra el vaquero. Resople y
saqué los dos burritos de carne calientes del microondas, con tan mala
suerte que me queme los dedos y solté un «¡su puta madre!» que debió oírse
por todo el edificio.
Tuve que respirar y tranquilizarme. No podía enfadarme porque el lobo
hubiera vuelto, porque yo era quien le había dejado entrar; ni podía
molestarme que fuera tan subnormal que me hubiera mojado la mitad el
salón; ni tampoco podía frustrarme el hecho de que me excitara con solo
mirarle desnudo y estar cerca porque, básicamente, esa era la razón de que
estuviera en mi casa en primer lugar. Así que alcé las manos y asentí un par
de veces para mí mismo. Le daría de comer, me lo follaria y después
buscaría respuestas de por qué seguía volviendo cuando el Celo había
terminado y, lo más importante, una forma de evitar que sus feromonas me
afectaran y seguir adelante.
Taehyung llegó corriendo cuando me escuchó gritar, con la camiseta a
medio poner y gruñendo con los dientes apretados. Miro a todas partes,
como si estuviera esperando ver a alguien más allí al que atacar. Me quedé
mirándole y no pude más que cerrar los ojos y negar con la cabeza.
-Siéntate-le ordene, tomando el plato, esta vez con un trapo para dejar los
dos burritos calientes de carne sobre la barra de madera de la cocina. -
Queman-le advertí.
El lobo tardó un momento en comprender que mi grito no había sido debido
a enemigos inesperados, sino a un accidente. Termino de ponerse la
camiseta, una XL, de una tienda de segunda mano que, aun así, le quedaba
algo apretada y justa. Así de grande era el cabrón.
Se sentó y olfateó los burritos humeantes, se oyó un rugido de tripas y
agarró uno para llevárselo a la boca y gritar al darse cuenta de que estaba
caliente. Mi frustración solo aumentaba y aumentaba....
-Te he dicho que quemaba-le recordé, pero acepte la realidad y fui a por una
cerveza fría a la nevera para dársela y que pudiera refrescarse la boca-
Comida. Quema. Soplar-le expliqué con señales.
Taehyung me miró un momento con sus ojos amarillentos y anaranjados,
tomó uno de los burritos y soplo como le había enseñado. Asentí y le hice
una señal afirmativa antes de girarme, poner expresión de desprecio y meter
la segunda tanda de burritos en el micro. Después tomé una cerveza para mí
y la abrí con un ruidoso ‹click›, bebí la poca espuma que broto y me froté
los labios manchados. Me senté frente al lobo y le vi comer mientras yo
bebía. Lo hacía lentamente esta vez, aunque se notaba que estaba
hambriento y quería meterse más de lo que debería en la boca.
-¿No has comido desde ayer o qué?-le pregunté.
-Poco-respondió con la boca llena de carne especiada.
-¿Y a dónde cojones fuiste, entonces?
-Junto manada. Mucho trabajo tras Celo.-
Solté un murmullo y bebi otro trago de la lata. Cuando sonó el «ding» del
micro me levanté, llevé la segunda caja a la mesa y metí la tercera. Dejé la
lata a un lado y tomé uno de los burritos. Eran grandes y bastante gruesos,
repletos de carne, especias y salsa; llenaban bastante y se suponía que cada
envase era para dos personas, pero a mí me sobraba con uno, dejando los
otros cinco para el lobo subnormal que me acompañaba. Cuando se terminó
los dos que tenía delante, miró el que me quedaba a mí. Sin decir nada, se lo
acerque y él lo comió.
-Hay dos más-le dije-. Tranquilo.
Sonó el tercer ding y fui a buscarle sus últimos burritos, dejándoselos en
frente. Volvió a quemarse al querer masticarlos demasiado deprisa y bebió
unos buenos tragos de cerveza fría, eructo y siguió comiendo.
Dejé casi un cuarto de mi burrito sin comer y se lo tiré al plato, porque se
me había quitado el hambre. Tomé un cigarro y me dirigí a la puerta para
fumármelo con la espalda pegada a la pared, mirando como el lobo se
terminaba sus burritos y lo que quedaba del mío. Se bebió su lata de
cerveza, la mía y, como se quedó con sed, le dije:
-Hay más en la nevera. Si prefieres agua, bebe del grifo.-
Se levantó, fue a la nevera y bebió otra lata de cerveza casi de una sentada
antes de eructar y resoplar. Con la barriga más abultada de lo normal, se
quedó de pie, mirándome como si estuviera a la espera de algo. Señalé el
sofá con la cabeza y allí fue, casi dejándose caer y produciendo un crujido
del mueble.
Me terminé el cigarro y fui a reunirme con él, yendo a por el mando y
arrojándoselo antes de sentarme. Taehyung lo tomó al vuelo, incluso con su
expresión adormilada y su estómago lleno, parecía tener muy buenos
reflejos. Encendió la tele y puso otro programa de reparación de coches.
Tras treinta minutos de aquella bazofia, oí un gruñido y giré el rostro para
mirar al lobo. Su barriga ya no estaba tan abultada y ahora movía un poco la
cadera, haciendo más evidente el enorme bulto que tenía en el pijama que le
había dejado. En la punta, allí donde debía estar la cabeza, ya había una
mancha más oscura.
Bajé los pies de la mesa y me recosté, pasando un brazo por su cadera antes
de tirar del pantalón de pijama y liberarle la polla. Olía muy fuerte, pero a
mí eso no me asustaba. La rodee con la mano, disfrutando secretamente de
lo gruesa que era y lo caliente que estaba. Eso puso un poco nervioso al
lobo, que gruñó y se removió, como si no acabara de gustarle que se la
tocara. Le ignoré por completo y me acerqué la cabeza más gorda y húmeda
para darle una lamida. El olor me lo esperaba, lo que ya no me esperaba
tanto era aquel sabor denso, viscoso, intenso y salado. Se me escapó un
murmullo de sorpresa cuando hilos de aquel liquido preseminal se quedaron
colgando desde mis labios hasta la punta de la polla. Casi podía sorberlos, y
fue lo que hice, llenándome un poco la boca de aquel sabor tan sórdido e
intenso. Después fui a lo grande y me la metí en la boca.
Al igual que follar con un lobo, hacerle una mamada era toda una
experiencia, sin duda. Nunca dejaba de mojarse, así que casi podías pasarte
el tiempo tragando saliva y liquido preseminal, empapándote por completo
los labios mientras se deslizaba y goteaba por el tronco carnoso hasta el
vello púbico y los huevos. Personalmente, lo encontré bastante excitante, lo
que quiere decir que no deje de gemir mientras le hacia un buen repaso a la
polla de Taehyung, de arriba abajo y de lado a lado. El lobo también pareció
disfrutarlo bastante porque dejó atrás sus gruñidos de queja y nervios para
jadear y mover la cadera como si intentara follarme la boca. Hasta ahí, todo
fue genial. Me desabroché el pantalón vaquero y estuve a punto de
correrme, hasta que, de pronto, el puto Taehyung se corrió sin avisar y me
llenó la boca de un semen muy denso, amargo, caliente y abundante. Aparte
la boca y lo escupí al suelo.
-¡Joder, Taehyung!-le grite con enfado, girando el rostro para dedicarle una
mirada enfadada.
Sin embargo, él me miró con una expresión cercana a la desesperación,
tratando de empujarme la cabeza para que siguiera chupándosela. Eso me
molesto bastante, le di un manotazo y me aparté.
-Más, más...-gimió, moviendo la cadera como si no pudiera evitarlo y
agarrándome de la muñeca.
Apreté los dientes y le miré con verdadero odio, pero, como un gilipollas,
me puse a horcajadas sobre él. Taehyung me agarro del pelo y me rodeo con
el enorme y musculoso brazo para asegurarse de que no pudiera moverme
mientras me follaba con fuerza y ansia. Se corrió una segunda vez entre
gruñidos, después me corrí yo, manchándole el pecho y el abdomen, lo que,
al parecer, le puso muy cachondo porque llego una tercera vez y,
sorprendentemente, una cuarta. Sudado y sin energías, me soltó el pelo y
dejó de morderme el cuello para recostar la cabeza y jadear sin parar
mientras sufría las pequeñas contracciones y la inflamación. Yo no estaba
mucho mejor que él, sinceramente, con la frente apoyada en la parte baja de
su cuello y los brazos estirados sobre sus hombros. Todo apestaba a sexo y
a sudor lobo y aquello era como un terrible narcótico que, cuando no te
ponía cachondo, te dejaba al borde de la inconsciencia.
El primero en moverse fue él, rodeándome con los brazos antes de frotar el
rostro contra mi pelo y así llenarlo de su sudor. Conseguido su objetivo,
recostó la cabeza en el respaldo y empezó a quedarse dormido cuando la
polla se le desinfló.
-No, no-me negué, moviendo la mano para darle una suave bofetada- En la
cama.-
Taehyung gruño con enfado, pero se levantó del sofá, llevándome con el sin
demasiado esfuerzo y sin sacármela de dentro si quiera. Me recostó primero
y tiró del edredón limpio para abrir la cama, profiriendo otro gruido de
queja.
-¿Por qué ya no huele a Taehyung? -quiso saber, algo que, por el tono de su
voz, pareció ofenderle bastante.
-Cambie las sábanas- murmuré sin muchas ganas
-Ya no huelen a Taehyung-insistió, mirándome fijamente.
Respondí a aquella mirada con expresión seria.
-Taehyung se pasó cinco días corriéndose y durmiendo en las otras sábanas
y daban puto asco-le recordé. -No me jodas y cierra la puta boca.-
-¡Tienen que oler a Taehyung!- exclamó, algo que no me gustó en absoluto.
-Me cago en mi puta madre-le dije, apartándome de él de un tirón para ir
hacia la parte de la habitación donde tenía las bolsas que iba a llevar a la
lavandería. Tiré del viejo y apestoso edredón repleto de manchas hasta
sacarlo entero y se lo tire-¡Toma tu puta peste a Taehyung!
El lobo gruño de una forma peligrosa y me enseño todos los dientes,
incluidos sus grandes colmillos.
-¡¿Cómo?!-le grite, saltando sobre la cama, de pie, para ir hacia él y mirarle,
por primera vez en mi vida, por encima de la cabeza - ¡Vuelve a hacerme
eso y te vas de una puta patada a la calle! ¿Me has oído?
Gruñó un poco más, pero su voz fue perdiendo fuelle hasta que fue más
bien un gruñidito en su garganta. Levantó mucho la cabeza, pero como así
no consiguió estar por encima de mí, se subió también a la cama.
Compartimos una mirada intensa, tensa y silenciosa, hasta que él se inclinó
y froto la mejilla contra la mía, pero con cuidado, como si tuviera miedo de
que le hiciera daño. Al ver que yo no hacía nada para evitarlo, lo repitió,
más largo, hasta que se sintió confiado para rodearme la nuca con una mano
y la muñeca con la otra.
-Vuelve a gruñirme así, y me enfadare- le advertí con tono seco -No vas a
venir a mi casa y aún por encima amenazarme, ¿me oyes? ¿Taehyung
entender?-
El lobo me miró a los ojos y, tras un breve silencio, respondió:
-Taehyung entender.
Asentí lentamente.
-Bien.
-Pero cama tiene que oler a Taehyung-insistió una última vez con tono
serio.
-Ya...- murmuré, agachándome a recoger el edredón viejo y apestoso-
Quítate la camiseta antes de dormir-le ordene, porque seguía manchada de
mi corrida y era desagradable.
El lobo se la quito, junto con los pantalones, quedando desnudo antes de
cambiar el edredón limpio por el viejo y sumergirse debajo. Yo también me
desnudé y me uní a él, rodeándole con el brazo y una pierna.
Taehyung parecía seguir un poco tenso y nervioso después de la discusión,
por lo que le acaricie la barriga hasta que empezó a ronronear y a cerrar los
ojos. Me atrajo más contra él y se quedó dormido, moviendo la pierna
derecha en leves espasmos como un puto perro y roncando como un jodido
oso.
Todavía estaba molesto con él, por supuesto, pero el hecho de que fuera un
lobo con tan pocas luces y una evidente carencia de inteligencia, me hacía
más comprensivo, hasta cierto punto. Después estaban las feromonas, lo
grande y fuerte que era y lo muy cachondo que me ponía siempre, lo que
jugaba bastante a su favor.
Volví a despertarme una segunda tarde completamente empalmado, con esa
extraña sensación de placer y necesidad, sintiendo el calor de su cuerpo y el
olor acumulado tras siete horas de sueño. La claridad blanquecina entraba
por los ventanales opacos de suciedad y sacaban reflejos a su pelo negro,
rizado y denso. Dormía de lado, rodeándome, respirando por entre sus
labios marcados. Me revolví para girarme y tocar su pecho grande, me
acerqué para besarle y subí una pierna para rodearle la cadera ancha. El
lobo entreabrió los ojos y gruñó por lo bajo, moviéndose para ponerse sobre
mí.
Taehyung tenía muchas, muchísimas cosas malas, pero, joder, siempre
estaba preparado para echar un buen polvo. Nunca se quedaba a medias ni
nunca parecía costarle, daba igual el momento o la hora del día. Si yo le
provocaba, cumplía como todo un campeón. Se corría sus tres veces
mínimo entre gruñidos, mordiscos, jadeos y arañazos y después descansaba
como un héroe de guerra, sudado y con el corazón bombeando con fuerza
en su pecho. Con una fina sonrisa de placer, le acaricié el pelo largo hasta
que volvió a dormirse y le aparté suavemente para ir al baño y después a la
cocina, me prepare un café, saqué un cigarro y lo fume con un especial
placer después de haberme despertado con sexo del bueno.
Antes de que terminara la taza de café, oí el ruidoso bostezo seguido de los
pesados pasos hacia el baño. El lobo salió rascándose la cabeza, se puso su
ropa y vino hacia mí con expresión todavía adormilada. Yo estaba sentado
en una de las sillas altas frente a la barra de la cocina, mirando el móvil
distraídamente y bebiendo pequeños sorbos. Como el día anterior, se pegó a
mi espalda, me acarició con la cara y me dijo:
-Taehyung se va.
-Pásalo bien-respondí sin mirarle.
Entonces se fue. Tomé la cajetilla de tabaco, mi zippo y me encendí un
cigarro sin apartar la mirada del móvil de camino a la puerta de emergencia.
Había encontrado un foro de internet muy interesante, uno llamado Foro de
los Amantes de los Hombres Lobos. Estaba catalogado como +18, así que
al principio creí que serían un par de gilipollas salidos y desesperados que
compartían sus fantasías sexuales entre ellos. Sin embargo, mirándolo un
poco por encima, había encontrado algunos temas muy, muy interesantes.
Aparte de que se consideraban a sí mismos loberos, lo cual era jodidamente
humillante; parecía haber algunos de ellos que conocían bien a los Hombres
Lobo y sabían de lo que hablaban. Entre el tema principal y predominante
que más seguidores tenia, «EL CELO», había otros subforos como:
«Socialización y Lenguaje de los Hombres Lobo, Practicas de Cortejo y
Desarrollo de Vínculos», «La Manada: significado e importancia» y
«Compra y Venta de Feromonas»
El tema que me preocupaba en aquel momento era saber por qué Taehyung
seguía visitando mi casa, lo que, al parecer, según I<3wolfss, no era en
absoluto extraño. En un hilo llamado «¡¡¡Mi lobo sigue viniendo a mi casa
tras El Celo ayuda!!!», explicaba que, en ciertas ocasiones, los lobos podían
volver a la vivienda del lobero porque les había gustado el sexo o porque
los encontraban muy atractivos físicamente. Los Hombres Lobo eran una
raza muy sexual y solían tener entre tres o cuatro amantes para
complacerles. Le decía a la mujer que, si le ignoraba y no le abría la puerta
en varias ocasiones, se acabaría yendo para no volver. Al final era como yo
había pensado que seria, echándoles a patadas de tu puta casa.
Dejé el móvil a un lado y me preparé para el trabajo, sustituyendo a un
señor Xing que estaba de muy mal humor, más del normal. Llevaba algunas
semanas así, dándome por el culo porque no sé qué cojones le pasaba a uno
de sus hijos; algo sobre sus notas en la universidad. La verdad era que no
me importaba una mierda y no le escuchaba demasiado cuando hablaba,
solo asentía y le decía que sí a todo porque era el que pagaba los cheques al
final del mes. Así que me quedé solo en la tienda y volví a sacar el móvil
mientras me recostaba en la vieja silla y cruzaba los pies sobre el mostrador.
Por el mero hecho de pasar el rato, seguí ojeando el foro, leyendo muy por
encima los hilos que se quejaban de las persistentes visitas de los lobos a
sus casas.
Las respuestas solían ser siempre las mismas no abrirles la puerta, no
dejarles pasar e incluso cambiar las sábanas y airear la casa hasta que el
color se fuera. Eso llamó mi atención, porque era cierto que Taehyung se
había enfadado al quitar la puta colcha apestosa y las sábanas.
LoberoMike23 tenía una explicación muy desarrollada sobre ese tema en el
subforo «Socialización y Lenguaje de los Hombres Lobos».
«¡Hola, loberos! Me he tomado la libertad de explicar un tema que quizá les
interese a muchos y que suele llamar mucho la atención sobre nuestros
queridos lobos: El Olor a Macho. Se denomina "Olor a Macho" al intenso
aroma que desprenden nuestros lobos, diferente entre ellos y que les sirve
para identificarse. Es muy importante en la comunidad de Hombres Lobo,
porque el olfato cumple una función esencial a la hora de establecer
relaciones, vínculos o territorialidad. Cada Hombre Lobo tiene un aroma
diferente y, aunque nosotros como humanos no podamos apreciarlo en toda
su complejidad, nuestros queridos lobos si pueden. ¡Y es que poseen una
memoria olfativa increíble! Pueden recordar todos los olores de su manada
y, por supuesto, de las demás manadas y de los humanos que les visitamos.
»-Cuando los Hombres Lobo dejan su Olor a Macho en un lugar o una
persona, (impregnación) no es en absoluto casual. Lo están reclamando
como suyo y de su propiedad y lanzan una advertencia a los demás machos
de que, si andan por ahí, ¡se van a llevar una buena mordida! Como muchas
otras cosas en su comportamiento, esta es una necesidad primaria y muy
ligada a su forma de interactuar con el mundo y de relacionarse. Al igual
que, por ejemplo, los humanos podemos considerar nuestra ciudad al lugar
en el que residimos junto a otros miles de personas, y nuestras casas como
el lugar donde residimos solo nosotros y nuestros seres queridos. A nuestros
queridos lobos les pasa algo similar. Diferencian muy claramente las
posesiones de la Manada y las posesiones de cada Macho. ¡Pero ese ya es
un tema para otro hilo!
»-La cuestión es que cuando impregnan un lugar o persona con su Olor a
Macho, lo consideran suyo y se creen con derecho a tenerlo cuando quieran
o a visitarlo todo lo que deseen. Por lo que es normal que después de algo
que desprende tantas feromonas y sudor como El Celo, pueda llegar a
confundirles. Ese profundo olor que han dejado en su cama o en ustedes
podría hacerles pensar que son de su propiedad, por eso es importante lavar
todo muy bien y airear la casa para que, cuando vuelvan, no perciban su
Olor a Macho y comprendan que no es su lugar. A no ser, claro, que quieran
ser sus Omegas; en ese caso, acumular todo el Olor a Macho posible es
siempre una buena señal.»
Así que al llegar a casa quitaría todas las putas sábanas y las quemaría con
gasolina en el descampado. O eso fue lo primero que pensé, hasta que vi un
comentario que decía: «Chico/as, antes de lavar la ropa o las mantas, por
favor, hacernos una visita a Compra y Venta de Feromonas». Y, solo por
curiosidad y aburrimiento, fui a aquel subforo.
Lo que encontré ahí iba a cambiar por completo mi idea sobre Taehyung.
10.- EL OLOR A MACHO: UN
POSIBLE NEGOCIO
La gente era una puta asquerosa y me daba ganas de vomitar, pero como me
alegraba. El subforo «Compra y Venta de Feromonas» era un nido de
depravados y autoproclamados «coleccionistas de aromas». Según parecía,
pagaban mucho dinero por sábanas, mantas, edredones, camisetas,
pantalones... más dinero cuanto más Olor a Macho tuvieran y más íntimo y
sórdido fuera.
Había usuarios que pagaban una almohada o cojín «muy oloroso» por cien
dólares. ¡Cien putos dólares por una almohada sucia sobre la que hubiera
dormido un lobo! Pero eso no era lo mejor, llegaban a pagar incluso más
por ropa interior, pantalones y camisetas... Ofrecían hasta mil dólares por
los pantalones muy usados y bien sucios de un Alfa. Porque, según
comprendí después de pasarme una hora flipando en aquel subforo, era que
las diferentes categorías en la Manada también influían en el Olor a Macho,
haciéndolo más potente y penetrante cuanto más alto fuera el rango. Otro
factor que entraba en juego era el propio lobo, ya que algunos tenían más
feromonas por ser especialmente sexuales, lo que no tenía nada que ver con
lo otro.
El caso es que, aunque fuera un estúpido Macho Común de la Manada,
como muy probablemente fuera Taehyung, pagaban un mínimo de cien
dólares que podía variar dependiendo de la cantidad de feromonas del lobo
y la intensidad de la «impregnación». Bueno, yo tenía dos almohadas por
las que se había pasado la polla, así que contaba con que uno de esos
«coleccionistas de aromas» quisieran olfatearlas hasta que el plumón se les
metiera por la nariz. Si conseguía vender un par de cosas, quizá podría
ganar entre unos seiscientos y ochocientos dólares. Con lo que tenía en casa
manchado con El Celo y lo que pudiera conseguir mientras duraran las
visitas de Taehyung... Quizá me sacara una buena tajada de aquella mierda
de situación.
Así que el plan inicial de quemarlo todo y echarle de mi casa a patadas
cambió por completo. Ese lobo se iba a quedar y me iba a sudar cada
puñetero milímetro de ropa que hubiera en mi casa. Con esa idea en mente,
entré en el subforo «Socialización y Lenguaje de los Hombres Lobo» y
después en «Prácticas de Cortejo y Desarrollo de Vínculos».
Había muchísimos temas allí, muchísima información un tanto caótica que
no terminaba de entender muy bien. A veces usaban jerga del propio foro,
diminutivos y expresiones que sonaban estúpidas: «omeguizar»,
«impregnación», «esnifadores», «marcar», «mormonar»... y cosas así.
Hasta que no encontré un glosario de términos en la página principal del
Foro, fue como leer un puto telegrama sin sentido.
De la mucha gente retorcida que había en ese Foro Amante de los Hombres
Lobo, estaban los que querían solo follarselos, «loberos», que eran como el
ochenta y cinco por ciento. Interesados en estrategias para atraer a los
Hombres Lobo y conseguir un exitoso Celo.
Después estaba el otro quince por ciento que estaba todavía más jodido de
la cabeza. Entre ellos estaban los «Coleccionistas de Aromas» a los que
llamaban despectivamente «esnifadores» y los que querían ser «Omegas».
Eso era difícil de creer, pero había gente, personas trastornadas, cuyo
objetivo en la vida era «ligarse a un lobo» y conseguir una especie de
relación seria a la que llamaban «Vínculo Completo». No quería ni
tomármelos en serio, pero, por desgracia, ahí estaban todos los hilos que me
interesaban sobre cómo mantener a Taehyung el mayor tiempo a mi lado.
Leí la explicación bastante desarrollada de la usuaria Omega4Life, tan útil
como perturbadora sobre como «Mantener a tu lobo enamorado». Sentí un
escalofrió de arriba abajo y tuve que salir a fumar fuera de la tienda. Con un
cigarro en la boca, de cuclillas al lado de la puerta y con una cerveza abierta
en el suelo, comencé a leer aquel texto bíblico.
Todo empezaba con una gran declaración: «Cada Macho, al igual que su
olor, es diferente». Al igual que los humanos, tenían sus gustos, sus ideas y
sus necesidades, aunque compartieran un núcleo común que eran sus
instintos básicos y sus costumbres.
Dicho esto, Omega4Life describía una serie de «actos» o «señales» que
poder dar a tu lobo para decirle en un lenguaje que él entendiera que querías
que siguiera visitándote y «haciéndote el amor...». Según esa usuaria,
mantener la vivienda y a uno mismo con su olor a Macho era esencial,
llegaba a recomendar ducharse lo menos posible y, de tener que hacerlo,
mantener siempre algo impregnado de tu Macho para poder llevar su olor
encima de alguna forma. Otra táctica que solía funcionar era «forzarles» a
dormir a tu lado con comida, chantajes sexuales y caricias. No lo decía así
de claro, pero básicamente era a lo que se refería: que los mantuvieras
cebados, bien follados y mimados. Lo cual yo ya hacía, así que genial.
No necesitaba saber nada más. Taehyung iba a ser el lobo más puto feliz del
mundo e iba a volver a mi casa para sudar bien esas camisetas y pantalones
que me harían ganar dinero de forma tan fácil. Así que antes de salir de la
tienda, compré tres envases de lasaña de carne para cuatro personas y me lo
llevé conmigo de vuelta a casa. Al llegar al portal saqué las llaves y sentí
una presencia a mi espalda, giré el rostro y me encontré con los ojos
amarillentos y anaranjados de mi ahora queridísimo lobo.
-¡Taehyung!-le saludé con una media sonrisa-. ¿Tienes hambre, fiera? He
traído mucha carne para ti.-
El lobo también sonrió un poco, alzando la comisura de los labios, y se
acercó más a mi espalda, como si mi felicidad le hubiera animado a ponerse
todo lo pesado que quisiera. Me agarró de la muñeca y me siguió por las
escaleras. Hice una nota mental para buscar lo que significaba esa mierda
de agarrar tanto, porque no me gustaba en absoluto. Llegamos a casa y dejé
las llaves sobre el taburete verde.
-¿Por qué no te das una ducha mientras cocino?-le pregunté, entonces
cambié de idea. -¡No, no te duches! Mejor ponte mi ropa, ¿qué te parece? -y
le froté la barriga porque eso les gustaba mucho y les hacía sentirse
queridos y seguros según SarahxLobos91.
Taehyung ronroneó un poco y asintió. Fui a la cocina a dejar los envases de
lasaña y después le acompañé a la habitación para buscar algo en el armario
que, primero, no me importara perder, y segundo, que le pudiera caber al
lobo. Al día siguiente debería pasarme por la tienda de segunda mano y
comprar todas las tallas XL que tuvieran. Aquella noche, tendría que
conformarse con la camiseta gris un poco desvaída y unos pantalones de
chándal verdes y horribles que usaba en invierno para dormir.
Taehyung no tardó en desnudarse después de comprobar que la cama seguía
oliendo mucho a él, y yo le miré con una buena erección en los pantalones
cuando empezó a quitarse la camisa y a bajarse la cintura de su chándal
negro. El lobo levantó la cabeza y me miró al instante, como si hubiera
sentido una vibración en el aire cuando me puse cachondo, entonces él se
empalmó y dejó lo de vestirse a un lado para venir a buscarme, tomarme
entre los brazos como si mi metro setenta y cuatro y mis sesenta y ocho
kilos no fueran nada para él y llevarme a la cama. Me quitó los vaqueros a
tirones y las zapatillas con un gruñido de frustración, después se puso de
rodillas en la cama y se volcó sobre mi para metérmela entera casi de una
sentada.
Sudó bastante, se corrió tres veces y consiguió que yo manchara una de mis
camisetas favoritas con varios chorros de semen; tras aquello, se dejó caer,
sufrió las contracciones y, finalmente, la inflamación. Cuando recuperó un
poco el aliento, me manchó el rostro y el pelo con su sudor denso y fuerte y,
por primera vez, me mordió un poco la mejilla. Me sorprendió y fruncí el
ceño, haciendo otra nota mental sobre buscar por qué cojones estaba
haciendo eso.
Ahora que sabía que había gente pirada en internet que entendía las cosas
que me estaban pasando con Taehyung, no podía dejar de preguntarme si
algo tan tonto como aquel mordisco infantil podría significar algo terrible
en el idioma de los lobos. Mientras pensaba en ello, le acariciaba el pelo
ondulado y castaño, estirándolo entre los dedos y sorprendido de lo mucho
que le había crecido desde hacía una semana y poco; al igual que la barba.
-¿Cada cuánto te cortas el pelo y te afeitas? -le pregunté, interrumpiendo el
ronroneo de placer en su garganta.
-Manada se corta el pelo y barba cada diez días-respondió tras levantar la
cabeza para mirarme-Esta semana Celo. Todos mucho pelo.-
Solté un murmullo afirmativo y le rasqué su espesa y ya descontrolada
barba. No le quedaba mal aquel estilo de leñador barbudo y de pelo
ondulado y salvaje, pero me gustaba más cuando tenía el pelo corto, le daba
un aspecto más duro e intimidante. El lobo recostó la cabeza sobre mi
mano, porque le estaba gustando que le rascara, así que seguí un poco más
hasta que se le desinflo la polla y pudimos movernos.
-Vístete, voy a hacer la comida-le dije mientras me separaba, me quitaba la
camiseta manchada de semen y me ponía un pantalón ligero sin ropa
interior.
Recién sudado olía más fuerte, y todas esas feromonas de excitación se iban
a pegar a la ropa que le había dejado, como diminutas pepitas de oro que un
tarado de alguna parte del país esnifaría mientras se tocaba la polla. Al oir
hablar de comida, el estómago de Taehyung rugio, más aún cuando pudo
percibir el olor de la primera lasaña familiar que saqué del micro mientras
fumaba un cigarro.
-Tengo tres, ¿las caliento todas?-le pregunté, sacándome el cigarro de los
labios y echando el humo a un lado- ¿Te pongo cerveza?-
El lobo miraba el envase de la lasaña humeante que olía a deliciosa carne
especiada, tomó la cuchara que le había dejado a un lado, con toda la mano,
como si fuera un niño pequeño y saco un buen pedazo.
-Quema-le advertí.
Él se detuvo, me miro y soplo un par de veces, recibiendo un asentimiento
de aprobación de mi parte. Fui a por una cerveza para él y otra para mí y
puse a calentar la segunda lasaña. Yo me había comido un sándwich y un
paquete de nachos en el trabajo y no tenía demasiada hambre, así que me
dediqué a mirarle comerse toda la lasaña para cuatro personas en menos de
lo que tardo la segunda en hacerse al micro. Con la segunda bajo un poco el
ritmo, pero con ayuda de otras dos cervezas se la terminó sin problema. La
tercera ya le costó.
Al parecer, el límite de Taehyung eran cinco kilos de carne picada y salsa.
Hacia el final se llevaba la cuchara a los labios y masticaba lentamente con
la mirada perdida. Yo me había sentado frente a él y comía del mismo
envase, pero más tranquilamente y no como un puto energúmeno a paladas.
Entre los dos, nos la conseguimos terminar. Taehyung dejó al fin la cuchara,
eructo y respiro más profundamente. No hizo falta que le dijera nada, solo
se levantó con la barriga llena y abultada bajo la camiseta gris y se fue a
echar al sofá.
-Espera, Taehyung-le detuve, levantándome para ir a por el trapo y
limpiarle los morros manchados de salsa y la barba grasienta. -Comes como
un puto cerdo- murmuré, terminando de frotarle los morros antes de darle
una palmada en ese culo grande y firme. -Hala, vete a tumbar.-
El lobo soltó un gruñido de queja por el golpe juguetón, pero fue apenas un
ruido bajo en su garganta, y se fue al sofá mientras yo fumaba otro cigarro
al lado de la puerta de emergencias. Puso uno de sus programas de bricolaje
y se quedó como muerto, con las piernas estiradas y una mano metida en la
entrepierna mientras se rascaba los huevos de una forma nada discreta. Sí, y
había personas que matarían por tener a un lobo en su vida... La hostia.
Tiré la colilla por la puerta, pensando en aquello y negando con la cabeza.
Pero, al sentarme a su lado, seguí el consejo de OMeGafrAn y le acaricié la
cara interna del enorme bíceps usando la punta de los dedos y en
movimientos circulares, algo que los lobos entendían como un gesto de
interés en ellos y cariño. Sin duda, funciono, porque Taehyung ronroneo y
sus párpados descendieron hasta casi cerrar los ojos.
-Vamos a la cama-le dije cuando el programa termina.
El lobo solo murmuró un poco sin abrir los labios y tomó una buena
bocanada de aire antes de levantarse y seguirme dócilmente a la habitación.
Moví el apestoso edredón que tanto le gustaba y se dejó caer de lado,
haciendo crujir un poco la cama bajo su peso.
Todos esos chalados que querían ser omegas coincidían en que, si el lobo se
quedaba a dormir, era porque se sentía seguro y cómodo a tu alrededor, y
cuanto más se quedaran, más intenso sería el Olor a Macho y más
identificarían la cama, la casa y al humano con ellos mismos. Era el
principio de un vínculo o no sé qué hostias. El caso era que ayudaba a que
siguiera viniendo y dejando su sudor de oro en mis cosas, así que tenía que
quedarse.
Había innumerables hilos y consejos sobre ese tema, ya que era tan
importante y esencial, aunque, aparentemente, complejo de conseguir.
Algunos decían que era mejor darle de comer al lobo en exceso y llevarlos a
tumbarse en la cama y así sería más probable que se quedaran dormidos,
otros creían que el sexo funcionaba mejor, otros decían que las mantas y el
calor jugaban un rol fundamental... Gilipolleces.
Yo me quite el pantalón, me tumbé al lado de Taehyung, le rodee con un
brazo y una pierna y le acaricié la barriga. En menos de un minuto el cabron
ya estaba roncando y teniendo espasmos musculares. Tener a un lobo
subnormal a veces jugaba a mi favor.
Me desperté casi en la misma postura, pero con un sentimiento muy
diferente. Como cada vez, lo primero que sentí fue aquel olor pesado y
cálido, acumulado bajo el edredón y macerado tras ocho horas de sueño. Su
cuerpo estaba caliente, era jodidamente grande y me hacía sentir
jodidamente bien. Me acerqué más, me puse encima y empecé a frotar la
cadera en ese estado entre la inconsciencia y el despertar. Acaricie sus
enormes bíceps hasta los hombros anchos y abultados y después busque sus
labios para besarlos. El lobo gruñó, entreabrió los ojos y me rodeo con los
brazos. Le baje la cintura elástica del chándal y libere su polla dura y
mojada para metérmela dentro sin dudarlo. Apreté los dientes al sentirla,
entre el leve dolor y el intento placer, antes de que Taehyung empezara a
taladrarme como hacia siempre: moviendo la cadera sin descanso, gruñendo
y apretándome contra él para inmovilizarme. No solía ser hasta que se
corría por segunda vez que aumentaba incluso más el ritmo y cambiaba de
postura para poder morderme la parte baja del cuello o el hombro.
-¡Me cago en tu puta vida!-le grite, tirándole del pelo y arañándole la
espalda al sentir como me clavaba con fuerza aquellos colmillos anchos.
Empezaba a creer que eso le ponía cachondo, porque, cuanto más violento
era el sexo, más rápido me follaba y menos tardaba en correrse, llegando a
alcanzar la cuarta eyaculación con facilidad. Entonces, se echaba sobre mí y
descansaba mientras yo tomaba aire y sonreía. A veces le odiaba, pero al
terminar de follar no podía quererle más. Quizá fueran las feromonas, quizá
fuera que Taehyung me estaba dando el mejor sexo de mi vida; o una
mezcla de las dos.
Cuando recupero un poco el aliento, me froto su cara sudada contra la mía y
me lamió las pequeñas heridas que me había hecho en el cuello. Tenía una
lengua más grande de lo normal y bastante áspera que me producía un leve
escalofrió cada vez que rozaba mi piel húmeda. Trate de apartarle con un
gruñido de queja y él me ignoro, terminando de lamerme el cuello todo lo
que quería hasta que la polla se le desinfló y volvió a quedarse medio
dormido sobre mí.
Paso una buena media hora antes de que se despertara de nuevo, se
levantara con un ruidoso bostezo de boca muy abierta y saliera de la cama
para caminar hacia el baño con el pantalón todavía bajado y la raja del culo
al aire. Poco después, se escuchó el chorro cayendo sobre el agua del váter
de una forma muy ruidosa y Taehyung regresó rascándose el culo y con
expresión adormilada. Miré todo aquello y volví a pensar en esas personas
que querían un lobo en sus vidas y que se esforzaban tantísimo para
conseguirlo. Por mí, podían quedárselos a todos.
Taehyung se quitó la ropa que le había dejado, se puso la suya entre pesados
gruñidos de queja y, al terminar, se acercó a la cama para acariciarme la
mejilla con la suya y decirme:
-Taehyung se va-
-Pásalo bien-respondí yo.
No me levante de la cama hasta que oí la puerta, fui al baño, tire de la
cisterna de la que él no se había molestado en tirar, me duche y salí para
ponerme algo de ropa limpia.
Después salí de casa para ir a tomarme un café fuera, airearme y comprar
bolsas de plástico para envasar. Según había leído en el Foro, a los
esnifadores les gustaba la presentación del producto tanto como el producto
en sí; y no querían que nada del Olor a Macho se perdiera por el camino.
Así que cuando volví a casa metí la camiseta y el pantalón que le había
prestado al lobo en diferentes bolsas y las cerré. Ambas prendas apestaban
bastante a Taehyung después de una noche y dos rondas de sexo. Si esos
pervertidos querían Olor a Macho, iban a tener todo el que querían.
Me apresuré para ir al trabajo bajo una lluvia fina de primavera, recibiendo
las mismas quejas del señor Xing y los mismos insultos en chino. Asentí a
todo y, cuando me quedé solo, fui a por una lata de Red Bull y salí afuera a
fumar mientras miraba el móvil. Ahora que ya tenía algo que vender, solo
tenía que venderlo.
Lo primero fue crearme un usuario en el Foro y elegí algo simple y directo:
ChicoOloroso, porque VendoRopaConOlorAMacho ya estaba tomado.
Después me presenté en la sección de Bienvenida porque era un requisito
esencial para poder participar en el resto del Foro. Puse una frase discreta y
sencilla: «Hola, tengo un lobo y quiero vender su puta ropa. Besis.»
Entonces pude ir al subforo de «Compra y Venta de Feromonas» y abri un
hilo llamado «Venta: camiseta y pantalones.»
«Hola, esnifadores. Vendo una camiseta y un pantalón de lobo joven,
grande, sano y fuerte. La ha llevado toda la noche y durante dos polvos, así
que apestan bastante. 200 la camiseta, 400 el pantalón.»
Puesto eso dejé el móvil y me dediqué a revisarlo cada hora y algo para ver
si había alguien interesado. La mayoría de los vendedores de feromonas
eran esporádicos, loberos que quería sacarse un dinero después de un
encuentro casual con un lobo o vender las mantas tras El Celo; pero pocos
tenían ropa que realmente hubieran llevado los lobos. Aun así, mi oferta
pareció desproporcionada a muchos de los esnifadores, que preguntaban
cosas como: «¿Qué rango tiene en la Manada?» «¿La llevabas tú mientras
estabas con él o la llevaba él?» «¿Cuánto tiempo exactamente la ha
llevado?» «Entiendes de intensidades de olor o simplemente a ti te parece
que huele mucho?» «¿Tienes fotos del lobo con la ropa puesta?» Me toco
un poco los cojones que una puta panda de pervertidos que iban a hundir la
cara en unos pantalones usados se pusieran tan exquisitos, exigentes y
sibaritas. Pero me controle, los negocios a veces eran así, y yo sabía
negociar.
«Hola, esnifadores. Este es un pedazo de lobo que les encantara, suda como
un cabrón y folla como una bestia. Ha llevado esta ropa toda una noche, sin
calzoncillo y durante el sexo (dos veces). Puedo bajar a 150 la camiseta y
340 el pantalón, pero solo porque es la primera vez. Después entenderan
que merece cada puto dólar que se habrán gastado. Ah, y les doy una
advertencia. El Olor a Macho de este lobo es jodidamente adictivo, así que
esnifarlo con cuidado.»
Yo no había olido a otros machos ni quería hacerlo, pero si olían más fuerte
que Taehyung debían dar miedo. Dejé el móvil y atendí a un par de clientes
que entraron borrachos y gritando, les dirigí una mirada seca y les dije que
si querían montar escándalo que se fueran a su puta casa. Se callaron
enseguida y seguí a lo mío. Cuando llego la señora Xing y contó el dinero
de la caja, tomé mi cazadora militar y salí a la calle mojada. Di un pequeño
rodeo de diez minutos para poder comprar tres cubos familiares de pollo
frito en una tienda de comida rápida del barrio. Mientras esperaba en aquel
ambiente que olía a aceite hervido y especias, volví a ojear el Foro. Había
un mensaje nuevo que decía:
«Hola, ChicoOloroso. Si dices que es un olor a Macho tan fuerte, te compro
la camiseta, pero por 120. Si de verdad es tan bueno, te pagaré 400 por el
pantalón.»
-Trato hecho-sonreí
11.- EL OLOR A MACHO: UN
GRAN NEGOCIO
Salí de la tienda con los tres cubos de pollo frito que casi no me cabían
entre las manos. Llegué al portal de casa y tuve que dejar uno en el suelo
para sacar las llaves. Una figura apenas iluminada por las farolas de la calle
salió de un Jeep negro y cruzó la carretera a paso rápido para reunirse
conmigo.
-Ey, Taehyung, hoy he comprado pollo fri...- pero me detuve y miré el
rostro del lobo, con el labio roto y un pequeño cardenal cerca del ojo.
Llevaba una camiseta de asas negra y muy ajustada, mostrando sus enormes
bíceps que, esa madrugada, tenían algunos cortes y arañazos. Algunos un
poco profundos y con costras de sangre seca alrededor. Alargue mi mano
libre y le tome de la muñeca para verlos mejor antes de dedicarle una
mirada fija por el borde superior de los ojos.
-¿Qué cojones ha pasado?-pregunté.
El lobo levantó la cabeza con orgullo.
-Trabajo complicado hoy, pero Taehyung ganar. Taehyung siempre gana.
Mantuve la mirada en silencio y chisqué la lengua. Los lobos siempre
andaban metidos en mierdas y a mí no debería importarme, pero por un
momento, un brevísimo instante, sentí hasta preocupación y miedo de que
le hubiera pasado algo a ese estúpido lobo.
-Hoy he comprado pollo-repetí, girándome para abrir el portal pintarrajeado
y rayado.
Taehyung me siguió por las escaleras, muy de cerca y todavía con la cabeza
alta y orgullosa. Cuando entramos en casa deje las llaves sobre el taburete y
lleve los cubos de pollo frito a la mesa de la cocina.
-No, vamos a limpiar eso-dije cuando el lobo quiso sentarse ya para cenar.
-No. Taehyung bien. Solo hambre.
-Taehyung va a cerrar la puta boca y se va a limpiar las heridas a no ser que
quiera que Jungkook se enfade-respondí con tono seco y una mirada
enfadada. -Así que vamos.-
El lobo soltó uno de esos gruñidos de advertencia, pero me dio por el culo
que se enfadara, porque yo me enfadaría más que él. Tras una silenciosa
guerra de intensas miradas y gruñidos, el lobo terminó levantándose muy
indignado y yendo a pasos largos y pesados hacia la habitación.
-Siéntate ahí-ordené señalando la cama.
Fui al baño a por el botiquín y volví para ver a un Taehyung de cabeza alta
y expresión enfadada, al que, evidentemente, ignoré por completo. Me quité
la cazadora militar, me senté a su lado y abrí la caja para sacar líquido
desinfectante y una gasa con la que limpiarles los múltiples cortes. A veces
emitía un gruñido cuando le escocía, tratando de apartarse de mí, pero le
dedicaba otra mirada seca y continuaba. Me cambié de lado y revisé una
herida más profunda cerca del hombro. Yo sabía algo de heridas de arma
blanca, y de cómo curarlas, así que la desinfecté bien, le puse pomada para
que cicatrizara antes y la rodeé con una gasa, apretándola lo suficiente, pero
no demasiado.
-¿Tienes más heridas?-quise saber.
Taehyung bajó la cabeza y la apartó, evitando mi mirada antes de levantarse
la camiseta de asas y mostrar un buen cardenal en el costado. Lo miré con
atención, debía dolerle, porque era grande, seguramente de una patada o un
buen golpe. Le quité la camiseta y busqué en el botiquín una crema que
había comprado algún tiempo, cuando yo también participaba en peleas
callejeras y me salían muchos moratones. Quedaba poca, pero se la
conseguí extender lo suficiente para cubrir el cardenal.
-No tengo más. Compraré mañana y te volveré a echar-le dije,
aprovechando los restos de pomada antinflamatoria que tenía en el dedo
para pasárselo por el moratón de la cara.
-Taehyung ganó-me aseguró, manteniendo aquella fachada de pecho
henchido y orgulloso.
-Claro que ganó -respondí mientras recogía todo y lo volvía a meter en el
botiquín-. En esta casa no entran perdedores-le aseguré.
El lobo me miró con atención mientras iba hacia el baño y lo siguió
haciendo cuando volví con las manos lavadas y me detuve frente a él.
-¿Quieres comer ya y follar después o quieres follar ahora?-le pregunté
antes de quitarme la camiseta.
Le había estado tocando y su olor a sudor era muy fuerte después de la
noche tan movida que había tenido, así que yo llevaba un buen rato con la
polla muy dura mientras le hacia las curas. Y como yo me había excitado,
Taehyung también se había puesto muy cachondo, con ese gran bulto duro
bajo su pantalón de chándal negro; mientras le hacia las curas, había tratado
de ocultarlo de mí, pero el lobo era un pésimo actor y se le notaba excitado
e impaciente bajo toda aquella fachada de macho fuerte e independiente.
Así que Taehyung no lo dudo.
-Follar ahora.-
-Bien -asentí, quitándome las zapatillas sin agacharme y desabrochándome
el vaquero.
Cuando estuve desnudo me puse de rodillas entre sus piernas y acaricié con
cuidado la barriga musculada del lobo, frotando el rostro contra su pecho
peludo, grande y firme que apestaba tanto a Taehyung. El lobo soltó un
gruñido y agacho la cabeza para frotarse de igual forma contra mi pelo.
Disfruté un poco de aquello y después le lamí; estaba salado, pero solo
sabia a sudor fuerte. Eso no era algo que hubiera leído en el Foro, solo era
algo que tenía ganas de hacer. Fui descendiendo por su barriga musculada,
dándole lametones y besos a su piel salada, siguiendo el reguero de pelo
negro y más denso que iba directo a su entrepierna. Taehyung empezó a
mover la cadera, muy emocionado con aquello, y se recostó, apoyándose en
los codos para no perderme de vista. Apoyé los brazos en sus grandes
muslos y empecé a gemir de placer mientras frotaba la cara contra ese bulto
grueso, alargado y carnoso bajo la tela del chándal. Aquello sí apestaba a
Taehyung. Entonces bajé la cintura elástica de sus pantalones, mirándole
fijamente a sus ojos amarillentos y a sus labios jadeantes, para descubrir
una polla que estaba completamente húmeda. Había empapado por
completo la entrepierna del lobo, había dejado un rastro viscoso en el
pantalón y en el vello denso y rizado de su pubis. El olor fue todavía más
intenso, primitivo y sórdido después de un día en que Taehyung había
sudado tanto. Llegué a resoplar y cerrar un momento los ojos, porque me
había tomado un poco por sorpresa y había sido como una sórdida y
alucinante bofetada de Olor a Macho del bueno. Los esnifadores no tenía ni
puta idea de lo que se estaban perdiendo, porque aquello era una jodida
pasada...
Con un profundo gruñido de placer le lamí el vello del pubis manchado,
saboreando aquel líquido viscoso que te llenaba las papilas gustativas de un
sabor fuerte y denso. Después fui a por el plato fuerte y me metí la cabeza
gorda en la boca, gimiendo y tragando todo lo que había allí para
limpiársela. Algo inútil, por supuesto, ya que el lobo no dejaba de mojarse
todo el rato; pero aun así lo hice, solo por placer persona. Me detuve porque
estaba incomodo con la ropa que él aún tenía puesta, así que tuve que
levantarme para poder quitarle las zapatillas sucias y mojadas y el pantalón
de chándal, una interrupción que no agrado nada al lobo. Soltó uno de sus
gruñidos de enfado y movió la cadera.
-Te estoy quitando la puta ropa, tranquilízate- le dije, acompañando mis
palabras de una mirada seria mientras tiraba como más fuerza para acabar
antes.
Me volví a poner de rodillas y acaricié sus enormes muslos. Su polla se
contraía, alzando y cayéndose con necesidad sobre la parte baja del ombligo
de Taehyung, manchando el pelo que había allí del líquido viscoso y
traslúcido que no paraba de gotear de la punta. Sin embargo, lo que hice
primero fue lamerle sus enormes pelotas. Esa fue la primera vez que lo hice,
pero solo fue la primera de muchas, muchísimas veces que se lo haría en el
futuro. La forma más sencilla de decirlo es que me enamoré de aquellos
cojones, de lo grandes que eran, del fino pelo negro y rizado que tenían y de
los suaves, increíblemente suaves que eran.
Puede que, como uno de los lugares que concentraban más feromonas, mi
mente estuviera totalmente confundida y nublada por la excitación, pero
joder... hundir la cara en esos huevos me ponía como una puta perra. Los
lamí un buen rato, empapándome el rostro con mi propia saliva y gimiendo,
compitiendo con los gruñidos de un Taehyung que no paraba de mover las
piernas y jadear. Cuando llegué a su polla, tuve casi que sorber y beber
tanto líquido que había producido. Me empapó por completo la boca ya
mojada, goteando por todas partes, fuerte, denso y con un intenso sabor. La
primera eyaculación de Taehyung me tomó por sorpresa, pero la aguante un
momento y después la escupí al suelo para seguir.
El lobo me agarró del pelo con firmeza y me folló la boca como un puto
energúmeno enloquecido, produciéndome arcadas que me enfadaron
bastante, llenándome los ojos de lágrimas que me emborronaban la mirada
mientras tenía una estúpida y enloquecedora mezcla de placer y odio. Por
suerte, no duro mucho y el lobo tardó apenas otro minuto en volver a
correrse. No me lo tragué porque aquel semen era puto asqueroso, solo me
lleno muchísimo la boca y se deslizó hasta gotear entre mis labios como la
saliva y el líquido preseminal. Entonces pude levantar la cabeza, frotarme la
boca, jadear con fuerza y limpiarme los ojos antes de volver a escupir al
suelo.
-¡Mierda, Taehyung!-rugí -Me estabas haciendo daño, pedazo de
subnormal-
Pero eso no le detuvo. Gruño como él gruñía cuando se enfadaba porque
había interrumpido el sexo, se abalanzó para tomarme en brazos y me tiró
sobre la cama, se puso de pie y tiró de mi culo para que me pusiera a cuatro
patas antes de metérmela de golpe y apretarme con fuerza la cadera.
-¡Tu puta madre, lobo de mierda!-exclame, pero empecé a jadear y aprete
los dientes.
Taehyung no detuvo aquel ritmo enloquecido hasta correrse otras dos veces
dentro de mí. A mí me goteaba semen de lobo, baba y liquido preseminal
del mentón. El olor era una locura, el sexo era una locura, creo que me
corridos veces, no estuve seguro. Fue un polvo increíble. Al terminar, perdí
el aire cuando Taehyung se dejó caer sobre mí en la cama, me rodeo con sus
brazos y jadeó en mi oreja. Nos quedamos así durante toda la inflamación,
hasta que al fin pudimos movernos. Me costó un poco, la verdad, me sentía
como en una nube y me faltaban las fuerzas. Tropecé un poco de camino al
baño y tuve que agarrarme al marco de la puerta y respirar profundamente.
-Joder...-se me escapo entre los labios mojados.
Mi reflejo... daba miedo. Parecía salido de una película porno de un boy-
bang, con la barba sucia, los ojos enrojecidos e hinchados y el pelo
completamente alborotado. Me lavé la cara y volví a respirar, hinchándome
los pulmones. El lobo entro entonces en el baño con sus pasos pesados y se
puso frente al váter para echar una ruidosa y larga meada. Me miró y me
dijo:
-Taehyung hambre.
Asentí sin apartar la mirada de mi reflejo.
-Hay pollo frito en la cocina-respondí, pasándome una toalla por el rostro y
tirándola a un lado antes de girarme de vuelta a la habitación.
Busqué un pantalón de pijama corto en el armario y me lo puse antes de
buscar otro para el lobo y tirárselo cuando volvió del baño. Tomé mi
cajetilla de tabaco y me puse un cigarro en la boca, pero no lo encendí hasta
poner un plato para Taehyung y los cubos delante.
Apoyé la cadera en la encimera y fumé una calada, mirando como el lobo se
sentaba en la silla alta y metía una mano en el primer cubo de pollo para
casi devorarlo de una sentada, tirando el hueso sobre el plato. Eché la
ceniza en el fregadero, que siseó un poco al mojarse, y me llevé una mano a
los labios porque sentía un pelo en alguna parte. Era negro y rizado y me lo
limpie contra el pantalón antes de fumar otra calada y cruzarme de brazos.
-¿Qué rango tienes en la Manada, Taehyung?-le pregunté cuando terminó
con el primer cubo de pollo frito y fue a por el segundo.
-Taehyung Primer Sub-Alfa de la Manada-respondió con gesto orgulloso y
la boca llena de grasa y restos de pollo.
-¿Tú?-exclame, y el cigarro casi se me callo de los labios- ¿Sub-Alfa?
-Primer Sub-Alfa- me corrigió con cierto enfado, una mirada fija de sus
ojos amarillentos y la boca llena de pollo.
Eso quería decir que Taehyung solo estaba por debajo del Alfa en su escala
social y que, si algo le pasaba a ese lobo, sería el nuevo Alfa... Esa Manada
debía ser bastante patética y ridícula, fue lo primero que pensé, lo segundo
que pensé fue que había vendido esa camiseta por muy poco dinero. Los
Sub-Alfan y Alfas eran los más raros, los más poderosos y en lo más alto de
la Manada. Su Olor a Macho tenía una media de seiscientos dólares la
prenda, y ni siquiera una que hubiera llevado ellos encima.
-Joder...-murmure, llevándome una mano al rostro para frotarme el puente
de la nariz-. Que putada...
-Taehyung muy importante en Manada- insistió él, quizá malinterpretando
mi reacción- Solo Alfa por encima. Taehyung poderoso y respetado. Muy
buen macho para Jungkook.-
-Si, si...-trate de calmarle-. Eres una fiera. -Como eso no pareció ser
suficiente, me acerqué, rodeé la barra de la cocina y le acaricié la cara
interna del brazo vendado antes de decirle al oído -Muy buen macho para
Jungkook.
Eso le calmo, asintió y siguió comiendo como el cerdo que era. Fumé una
de las últimas caladas y solté el aire por la puerta de emergencia
entreabierta, mirando el desolado y deprimente paisaje, cada vez menos
oscuro a medida que la luz pálida y mortecina del amanecer se colaba entre
las nubes del horizonte.
Me estaba follando a un Sub-Alfa en mi casa cada día, a seiscientos dólares
la prenda sudada y manchada, eran unos cuatro mil doscientos dólares en
tan solo una semana. El puto Taehyung me iba a hacer de oro. Sonreí y
fumé la última calada antes de tirar la colilla anaranjada al exterior y
expulsar una columna de humo de entre los labios. Cerré la puerta y me
giré, cruzándome de brazos y con la espalda apoyada en la pared. El lobo
me miraba de vez en cuando sin dejar de llevarse alita tras alita a la boca,
masticaba ruidosamente y sonriendo con los labios porque me veía feliz.
-Pollo muy bueno-me dijo-. A Taehyung le gusta mucho.
-Me alegro-asentí -Comprare más, entonces.-
Cuando se terminó los tres cubos enteros, bebió su segunda cerveza de
medio litro y eructó bastante alto. Se levantó con su panza más redondeada
de lo habitual y tuvo intención de irse al sofá, pero se detuvo, alargo la
mano y tomó el trapo para limpiarse los morros grasientos y manchados.
Me miró en el proceso y le hice un gesto de aprobación con el pulgar, solo
entonces se tiró en el sillón, puso uno de sus programas de reparaciones y se
rascó la barriga distraídamente.
Fui a la cocina para tirar la montaña de huesos de pollo que el lobo había
dejado y las dos latas de cerveza a la basura. Pasé un paño para quitar la
suciedad y fui a sentarme junto a él, acariciándole la cara interna del
abultado bíceps. Taehyung soltó un ronroneo, pero movió el brazo para
rodearme los hombros y atraerme a él. No dije nada y me quedé allí
apoyado, en esa postura tan estúpida e incómoda para mí, mientras el lobo
me pasaba sus labios y barba grasientos de pollo frito por el pelo. Cuatro
mil doscientos... Cuatro mil doscientos... Ese se convirtió en mi nuevo
mantra.
Tras el programa de reparaciones y la mitad de uno sobre bricolaje,
Taehyung empezó a dormirse y le agité la pierna para que se despertara. No
necesite decirle nada, solo ponerme de pie y tomarle de la mano para
ayudarle a levantarse y que me siguiera a la habitación. Le abrí la cama y se
tiró encima, haciéndola crujir una vez más, después me quité el pantalón y
me metí a su lado. Fue Taehyung el que se puso de lado y me abrazo por la
espalda, metiendo un brazo debajo de mi cabeza y pegándose mucho.
-¿Donde trabaja Jungkook?-me preguntó entonces.
-En una tienda.
-¿Donde?-insistió.
Cuatro mil doscientos... Cuatro mil doscientos...
-En Velvet's Bulevar, hace esquina con la calle veintisiete-le expliqué. -Se
llama The Wong Xing's Shop, pero todos la llaman «The Wondering
Shop».-
-Dentro de territorio. Bien-respondió él.
-Debe ser un territorio muy grande- murmuré.
Pude notar como el pecho de Taehyung se inflaba contra mi espalda y el
leve movimiento de su cabeza hacia arriba en uno de sus ridículos gestos de
orgullo.
-Manada poderosa. Territorio grande.-
Solté un murmullo de fingida admiración y cerré los ojos, para que el lobo
se durmiera deprisa le acaricié el brazo que tenía colocado bajo mi cabeza,
llegando a darle incluso pequeños besos sobre la piel suave. Taehyung
ronroneo un poco y tras un par de minutos empezó a roncar y a tener
contracciones musculares en la pierna.
Cuando me desperté, yo estaba cara al techo y el lobo me rodeaba con su
brazo y su pierna, respirando profundamente cerca de mi oreja. Alargué una
mano y le acaricié el muslo antes de volver la cabeza y besarle los labios. El
lobo no tardo en despertarse también y, con él, su excitación al sentir, u oler,
o lo que fuera que hacía que notara que yo estaba cachondo. Se puso
encima de mí, se bajó los pantalones, me abrió las piernas y empezó a
follarme exactamente como a mí me gustaba mientras jadeaba, gruñía y se
corría numerosas veces. Durante la inflamación, se froto el sudor contra mi
cara y se volvió a quedar dormido como un oso encima de mí. Esperé un
par de minutos a recuperar la calma y las energías, me froté la cara con la
mano y le aparté para poder escapar de debajo. Taehyung soltó un gruñido
de queja, pero enseguida volvió a roncar.
Fui al baño, me senté en el váter, solté lo que tenía que soltar y me lavé la
cara. Había mucho que hacer aquella tarde. Salí del baño y me puse un
pantalón y una camiseta limpia, me preparé el café, encendí un cigarro y
miré el móvil.
Lo primero que hice, por supuesto, fue actualizar la información de mi hilo
de venta de ropa. «Ah, por cierto, el lobo es Sub-Alfa de su Manada. Se me
había olvidado decirlo. Estas dos prendas son las primeras y tienen mejor
precio, pero las siguientes estarán en la media del precio. Espero que las
disfruten». A tomar por culo hijos de puta, a ver si tenían los cojones de
ignorarme ahora y ponerse exquisitos. Después comprobé que el comprador
me hubiera hecho el ingreso por PayPal y leí la dirección que me había
dado por mensaje privado a la cuenta de usuario. «Esta misma tarde te lo
envío», respondí.
Oí a Taehyung levantándose, bostezar, ir al baño y vestirse entre gruñidos.
Básicamente lo que hacía cada tarde, y como cada tarde se acercó a mí, me
acarició la cabeza con el rostro y me dijo:
-Taehyung se va.
-Pásalo bien.
Cuando se largó, me terminé el café y el cigarro, me puse la cazadora
militar, metí su nuevo pantalón usado en otra bolsa de envasar y me llevé la
de la camiseta sucia que ya tenía guardada en el armario. Sentí un poco de
rabia por haberla casi regalado por más de la mitad de su precio, pero había
sido error mío por no haber preguntado antes al lobo su rango. Tampoco es
que me hubiera imaginado jamás que fuera un puto Sub-Alfa.
Fui a una oficina de correos, hice el envío; pasé por la farmacia y compré
más pomada antinflamatoria y vendaje; fui a la tienda de segunda mano,
compré la ropa de talla grande que tenían; la fui a lavar a una lavandería,
abrí otro hilo anunciando los pantalones de chándal usados y volví a casa
antes de salir corriendo a trabajar.
Después tuve que soportar los gritos del señor Xing y a un par de borrachos
de media noche, revisé el foro por si había nuevos compradores y me
enfadé. Al parecer, esos gilipollas no se creían que fuera un Sub-Alfa de
verdad. «Estoy harto de los loberos que vienen aquí a decir tonterías y a
fanfarronear de que se han rozado con un Sub-Alfa. En vez de
ChicoOloroso deberías llamarte ChicoMentiroso». A lo que respondí: «Y
yo estoy harto de los esnifadores que vienen aquí a criticar y a pedirme
explicaciones. A mí me folla un Sub-Alfa cada día (varias veces) y después
duermo encima de él. Tú puedes conformarte con olerle los pantalones por
600 pavos». Entonces dejé el móvil a un lado, porque me conocía, y cómo
se pusiera tonto, descubriría donde vivía ese hijo de puta de SibaritaLobuno
y le quemaría el puto coche.
Me fui a reponer las barritas de chocolate y las golosinas, farfullando por lo
bajo insultos y amenazas y retroalimentando mi propio enfado. Ya tenía
más de una docena de respuestas que darle a ese gilipollas cuando, de
pronto, la puerta se abrió con un ‹pii-poo› y un olor muy familiar llegó a mí.
Levante la cabeza al instante y vi a Taehyung, con una camiseta blanca
ajustada y un pantalón vaquero con cinturón de hebilla plateada. Se había
cortado el pelo, dejándolo degradado por los lados y un poco rizoso por
encima, al igual que su barba ahora recortada e igualada. El cabrón estaba
terriblemente sexy.
Había pasado de lobo indigente a lobo mafioso que te follaba hasta el
amanecer y al que te daba mucho miedo enfadar. Echó una rápida mirada al
local con sus ojos amarillentos y anaranjados hasta que me encontró detrás
del estante. Olfateo un poco el aire y debió oler lo cachondo que me había
puesto al verle, porque soltó un gruñido y se acercó con la entrepierna de
los vaqueros ya bastante abultada.
-A la trastienda-ordene con tono serio.
En ese momento no me preocupó el hecho de que el lobo me hubiera
seguido hasta allí, ni el hecho de que ahora visitara mi casa y mi trabajo; en
aquel momento solo quería desabrocharle el pantalón y que me follara sobre
el escritorio del despacho del señor Xing.
Si hubiera prestado más atención a las señales, quizá a esas alturas ya
hubiera sospechado lo que estaba ocurriendo en realidad. Si hubiera leído
más el foro y me hubiera preocupado por entender mejor a los lobos, a esas
alturas ya sabría que lo que hacía Taehyung conmigo no era muy corriente y
que iba a traerme muchos problemas. Porque todas las señales estaban ahí y
el lobo no era nada sutil en sus intenciones. Él me estaba cuidando.
A veces me pregunto qué hubiera pasado si lo hubiera sabido y hubiera
podido huir antes de que fuera demasiado tarde, quizá mi vida fuera ahora
muy diferente.
12.- EL OLOR A MACHO:
FEROMONAS DE FOLLADOR
-¡Si, joder!-grité. -¡No pares! ¡Oh, mierda... que puta pasada...!
Taehyung movía la cadera sin parar, clavándome su polla gorda y empapada
hasta el fondo, inundando mi ano y produciendo un sonido chapoteante tras
cada impacto. Yo tenía los vaqueros por los tobillos, las manos contra el
escritorio y una sonrisa malvada en los labios. El lobo se corrió con un
fuerte gruñido y quitó las manos con las que agarraba la cadera para tirarme
del pelo y rodearme el cuello con su enorme bíceps como si tuviera
intención de ahogarme entre sus músculos. Se corrió una segunda vez, me
mordió el cuello donde pudo y se inclinó, llevándome con él y pegándome
la cara contra el escritorio hasta correrse una tercera vez y llenarme de
aquel semen denso y caliente.
Tras las contracciones y la inflamación, nos quedamos así. No era la postura
más cómoda del mundo, pero mi sueño de follar en el despacho del
gilipollas de mi jefe, Wang Xing, se había hecho realidad. No solo eso, sino
que además había sido con un puto lobo, a los cuales el racista propietario
chino despreciaba con toda su alma. Ah... las dulces ironías de la vida...
-Joder...-jadee mientras Taehyung me lamia las heridas que me había hecho
en el cuello al morderme. Se le desinflo la polla y pudimos incorporarnos.
Me estire un poco, me levante los pantalones y los abroche mirando al lobo
atarse de nuevo el cinturón-Estás muy guapo con el pelo corto, Taehyung-
murmuré.
El lobo levanto su mirada amarillenta de densas pestañas y sonrió un poco.
-Manada corto el pelo esta noche. Mañana abrir de nuevo Luna Llena-
respondió.
Solté un murmullo de comprensión y asentí antes de caminar hacia la
puerta.
-Quieren estar guapos para los humanos, ¿eh?
-Lobos solteros gustar mucho Luna Llena-respondió, siguiéndome de cerca
por el pasillo rodeado de cajas de vuelta a la tienda.
-Me imagino.
Al oír aquello tuve una punzada de preocupación en el fondo de la mente.
No porque Taehyung fuera al club y se follara a otro humano, después de
todo, los lobos solían tener muchos loberos a los que visitaban para
satisfacerse. No, lo que me preocupaba era que me sustituyera con otro y
dejara de venir a mi casa a sudar las camisetas y pantalones. Además,
ahora, que había comprado tanta puta ropa XL para él.
-¿Por qué cojones has venido a la tienda?-quise saber, tomando la dirección
de la pared de refrigeradores y deteniéndome frente a la sección de comida
precocinada.
-Tienda no huele a otros machos. Bien-me dijo, pegado a mi espalda.
-Vale-murmure tras un breve silencio y una mirada por el borde de los ojos-
¿Qué te apetece cenar?- le pregunté entonces, señalándole las docenas de
marcas y platos que había allí -¿Comes pescado?
-A Taehyung le gusta solo la carne.
-¿Solo carne?-Miré la selección. Había muchas cosas con carne, pero la
mayoría tenían también verdura y las demás ya se las había llevado.
-Y huevos-añadió-, Y leche.
-Hay huevos y leche-respondí, caminando hacia el final del pasillo para ir a
la sección de lácteos -¿Alguna marca en especial?
-A Taehyung le gustan todas. Le gusta tomar mucha al despertarse.
-Muy bien, pues nos llevamos un par de litros-decidí, inclinándome para
tomar un par de botellas de la marca más barata. Con ellas entre las manos,
salí en dirección a donde estaban los huevos y tomé dos docenas. -Hay
queso y pavo en casa, te haré una tortilla enorme
El lobo gruño de una forma afirmativa, como si la idea le gustara, y me
siguió hacia la mesa donde estaba la caja. Pase todo por el lector junto con
un paquete de cigarrillos, metí la mano en el bolsillo y pague con unos
billetes arrugados y las pocas monedas que encontré.
-¿Has venido en el Jeep?-le pregunté. Cuando asintió con la cabeza, le
entregue la bolsa con todo y le dije -Vete a esperar allí media hora,
terminará mi turno y vendrá la señora Xing. Si vea un lobo aquí dentro le
dará un ataque a su oscuro y seco corazón.
-Este es territorio de Manada-respondió el con su pecho hinchado y su
cabeza levantada-. Taehyung puede estar donde quiera cuanto quiera.
-Taehyung va a esperar en el puto coche o Jungkook se va a enfadar- repetí,
pero de una forma más clara y contundente, ahorrándome explicaciones que
no necesitaba
El lobo gruño con enfado, pero le duro poco cuando puse mi cara seria y mi
mirada cortante; entonces se llevó la bolsa y siguió gruñendo por lo bajo de
camino al coche.
Me dejé caer en la silla de oficina carcomida que tenían al lado del
mostrador, sintiendo cierta incomodidad al notar el culo mojado y viscoso
del sexo. Solté una queja por lo bajo y levanté las piernas para cruzar los
tobillos sobre la mesa antes de sacar el móvil. Ya siempre tenía una pestaña
con el foro abierto, salí del subforo de Compra Venta para entrar en el de
los trastornados omegas. Me sonaba haber visto varios hilos sobre el tema
y... sí, había innumerables de ellos de mujeres y hombres que andaban a
lloriquear porque sus lobos se follaban a todo lo que se moviera.
Me decidí por «¡Mi lobo está visitando a otras mujeres! ¿¿Qué hago??»,
solo porque era de los primeros y con más respuestas. Allí, una usuaria
llamada ΩXtelaΩ, respondió: «Los Hombres Lobo son una raza con mucha
libido, incluso fuera del Celo, y hasta que no encuentran a su Omega o
desarrollan una relación más fuerte como el VC (Vinculo Completo) o el
marcaje, suelen frecuentar la compañía de varias parejas sexuales. Siempre
depende del lobo, por supuesto, pero, por desgracia para nosotros/as, eso
suele ser lo más común. No desesperes. Si le sigues cuidando y
alimentando, seguirá yendo también a tu casa y tendrás la oportunidad de
convencerle para que te elija».
Me pasé la lengua por los dientes y guardé el móvil antes de cruzarme de
brazos. Taehyung tenía que seguir viniendo a casa sí o sí; al menos, durante
una semana más. Porque ponerle dos pares de ropa durante la misma noche
iba a ser un poco estúpido. No olerían tan fuerte y puede que los putos
esnifadores se quejaran... Le daba muchas vueltas a aquello cuando llegó la
señora Xing. Bajé los pies de la mesa al instante y me levanté al ver su
apretado moño por encima de la caja registradora.
Ella se detuvo, arrugó su pequeña nariz y puso cara de asco, oliendo el leve
aroma que había dejado Taehyung en el aire. La saludé como si yo no oliera
nada y ella me ignoró por completo para ir a revisar el dinero y decirme
algo similar a «Na, Nah» con un gesto de la mano para que me fuera. Fui al
pasillo, tomé mi cazadora y salí a la calle. En la acera de enfrente vi el Jeep
de Taehyung bajo una farola. El lobo estaba dentro, mirando al frente y,
juraría, todavía gruñendo con enfado.
Subí y le miré con tranquilidad. El coche apestaba tanto a él como el
edredón de casa, un olor a sudor denso, caliente y fuerte que te entraba por
las fosas nasales y te aturdía. El lobo no dijo nada, solo se descruzó de
brazos y encendió el motor para salir en dirección a casa. Cuando llegamos
al portal, todavía estaba un poco enfadado, siguiéndome muy cerca y con la
bolsa en la mano. Entramos en casa, menos apestosa que el coche, aunque
cada día se le iba acercando más y más; dejé las llaves en el taburete verde,
me quité la cazadora y la llevé a la habitación. Saqué solo mi cajetilla casi
vacía y arrugada y el zippo.
-¿Pasa algo, Taehyung?-le pregunté con el cigarro en los labios.
Me había seguido a la habitación, bolsa incluida, y me miraba por el borde
de los ojos con expresión seria. Gruñó de nuevo, un sonido grave de perro
enfadado que provenía de lo profundo de su garganta. Me acerqué a él, alcé
una mano y le empujé suavemente el rostro hacia un lado, lo que solo sirvió
para que gruñera más fuerte.
-¿Qué te he dicho de hacer eso?-le pregunté de nuevo, haciendo bailar de
arriba abajo el cigarro entre mis labios-. Si tienes algún puto problema, me
lo dices.
-Taehyung macho de Manada-respondió con su voz grave y un poco entre
dientes.
-Si. Taehyung macho de Manada, pero en mi trabajo y en mi casa mando
yo- le aclaré, quitándome el cigarro entre el dedo índice y pulgar antes de
presionar su abultado y duro pecho-. Yo no te digo lo que tienes que hacer
en tu trabajo ni por qué vienes con cortes de navaja y moratones, ¿verdad?-
Taehyung dejó de gruñir y apretar los dientes, levanto la cabeza para
mirarme por el borde inferior de los ojos con orgullo y bufo por la nariz -
Ahora quítate la camiseta y siéntate-ordene con tono serio.
No espere a que obedeciera, fui al baño y tomé el botiquín para hacerle las
curas. El lobo estaba sin camisa y sentado, con la mirada al frente y callado.
Me puse a su lado y revisé las heridas, bastante curadas y limpias. Le quité
la venda sucia del corte más profundo, le eché pomada antiséptica y volvía
vendarlo antes de abrir la nueva pomada y pasársela por el gran cardenal del
costado y el del rostro, ya más amarillento que morado. Al terminar recogí
todo, lo llevé de vuelta y regrese a la habitación para sacar una camiseta y
un pantalón corto de la bolsa de la lavandería.
-Ponte esto-le dije, tirando la ropa a su lado y cogiendo la bolsa de la
tienda- Voy a hacer la tortilla.
Me encendí el cigarro de camino a la cocina, solté una buena bocanada de
humo y ladee el rostro, haciendo un esfuerzo por controlarme. Si el hijo de
puta tenía tres o cuatro amantes más, no entendía por qué venía a tocarme a
mí los cojones con sus gilipolleces. Seguro que esos loberos solo tenían que
preocuparse de tener listo el culo y abrir bien las piernas.
Seguí farfullando para mí mismo, haciendo malabares entre la sartén, los
huevos, la puerta de la nevera y el cigarro. Me detuve a frotarme la frente,
calculando cuanto podría Taehyung comer, al final eché la docena entera y
la batí con fuerza antes de volcarla a la sartén caliente. El lobo llegó
mientras el huevo revuelto siseaba y se sellaba en contacto con la plancha
ardiendo, se sentó en su silla al otro lado de la barra y me miró fijamente.
Cuando empezó a oler bien, se oyeron sus tripas rugiendo. Dejé la tortilla
haciéndose, fui a la nevera y saqué una cerveza de medio litro que puse
delante del lobo y otra para mí, que me abrí de camino a la puerta de
emergencia antes de arrojar la colilla del cigarro.
A la vuelta, añadí las lonchas de queso y pavo, moví la enorme tortilla para
doblarla a la mitad y que se hiciera como si fuera un sándwich. Un par de
minutos después estaba listo. Saqué la sartén del fuego, tomé un plato lo
suficiente grande de la alacena, volqué la tortilla y se la serví al lobo junto
con un tenedor.
-Quema-le advertí mientras me sentaba y le daba un par de tragos a la
cerveza.
Las tripas de Taehyung volvieron a rugir, cortó un trozo de tortilla con el
tenedor y lo sopló antes de tragárselo. Lo mastico con la boca abierta,
aspirando aire porque, como le había dicho, quemaba, pero soltó un gruñido
de placer y fue a por más. Se la termino bastante deprisa, y eso que era del
tamaño de la mitad de una pizza familiar. Temí que no fuera suficiente, pero
bebió su cerveza, eructo y se quedó con ojos adormilados; señal de que
estaba lleno.
Tomé otro cigarro y lo encendí de camino a la puerta, apoyándome de
espaldas a la pared y mirando como el lobo se limpiaba los labios con el
trapo, se levantaba e iba al sofá para ver la tele mientras se rascaba los
huevos. Quizá añadiría eso al siguiente anuncio de venta: «Pantalones
sudados, con buena rascada de cojones y restos de meada». Sonaba tan
asqueroso que seguro que los esnifadores se peleaban por conseguirlos.
Me terminé el cigarro y fui a su lado para sentarme, apoyar el brazo en el
respaldo a un lado de su cabeza y acariciarle el pelo corto y más ondulado
ahora. El lobo ronroneo y me miro por el borde de los ojos. Entonces se
inclinó, dejándose caer un poco sobre mi para apoyar la cabeza en mi
hombro, seguir mirando la tele y ronronear por lo bajo.
Cuando terminó el programa de bricolaje, le desperté suavemente y tiré de
el para levantarle y llevarle a la cama. Ya estaba a punto de amanecer y por
los cristales empañados de suciedad entraba una luz pálida y mortecina. Así
que después de abrirle el edredón, cerré las cortinas de tela gruesa que me
había hecho yo mismo con sábanas viejas y la habitación quedo más
oscurecida que el resto del loft. Cuando me tumbé al lado de Taehyung,
hizo un ruido que no reconocí y me miró con sus ojos amarillentos y
anaranjados. No se me ocurrió nada más que pegarme a él, rodearle con el
brazo y la pierna y acariciarle la barriga; eso pareció funcionar porque
enseguida se quedó dormido con una suave sonrisa en los labios.
Me desperté siete horas después como siempre me despertaba últimamente:
terriblemente cachondo. Busqué al lobo y el lobo cumplió con su deber
como macho de la Manada, dejándome jadeante y bastante satisfecho tras
correrse tres veces. Durante la inflamación, me frotó el rostro con el suyo
para pegarme su sudor y se quedó jadeando cerca de mi oreja. Cuando
pudimos movernos, le empujé un poco para ir al baño y volví mojado de la
ducha.
-¿Quieres la leche caliente o de la nevera?-le pregunté mientras me dirigía
al armario.
-Caliente, ahora hace frio fuera.
Asentí, me puse un pantalón de chándal azul marino con una raya lateral
blanca y una camiseta de algún festival de música que ni siquiera conocía.
Con cigarro en boca, llené un vaso de seiscientos mililitros hasta arriba de
leche y lo metí en el microondas dos minutos. Se suponía que era para té
helado o alguna gilipollez así, pero yo lo usaba para hacerme cubatas con
hielo y, ahora, para la leche de Taehyung.
Puse la máquina de café a funcionar, le di el golpe y llené una taza normal
para mí. El lobo bostezó a lo lejos, se fue al baño, meo durante casi un
minuto entero y salió para cambiarse de ropa antes de caminar pesadamente
hacia la cocina. Ya le había dejado el vaso en la mesa mientras fumaba y
bebía café al lado de la puerta, él se lo bebió de una sentada y sin respirar,
manchándose los morros y el bigote corto de blanco. Se relamió como un
niño pequeño, uso el trapo para limpiarse y se acercó a mi para acariciarme
el rostro.
-Taehyung se va
-Pásalo bien.
Asintió y se fue hasta desparecer por la puerta. Dejé el cigarro a medio
fumar sobre el borde de la mesa y fui a guardar la ropa usada en bolsas de
envasado antes de ponerlas junto a las demás. Tomé el móvil en mi
cazadora militar y fui directo al foro. Tenía una notificación de mensaje
privado y lo abrí, era el esnifador que me había comprado la camiseta
diciéndome que la había recibido y que en breves le haría una reseña. No
quise ni saber que cojones era eso.
Fui al foro de Compra y Venta y vi que mis dos hilos estaban repletos de
nuevos mensajes. Fruncí el ceño y las leí por encima. Entonces comprendí
lo de las reseñas.
Al esnifador que me había comprado la camisa se le había puesto tan dura
al olerla que había comentado: «10/10 MARAVILLOSO. ¡Un Olor a
Macho excepcional! Muy fuerte y potente, cargado de feromonas sexuales e
increíblemente intenso. Sin duda, un SubAlfa de la Manada muy fogoso y
excitado», y después un link a un blog donde aquel puto enfermo había
colgado un texto de casi diez párrafos sobre la camiseta, con fotos y todo
tipo de descripciones sobre su Olor a Macho, poniendo mi nombre de
usuario del foro al principio para que todos supieran donde la había
conseguido.
Los demás comentarios en el hilo eran esnifadores muy interesados de
pronto en pagarme el precio que pidiera y en hacer «peticiones especiales»,
sobre si podía conseguir que se pusiera un tipo de ropa especial,
calzoncillos, jockstrap o interesados en una prenda que hubiera usado
durante el sexo y que estuviera manchada de sus fluidos.
Mi cara de asco mientras leía era perpetua. Fumé una última calada y tiré la
colilla a la calle. No quise responder a nadie, solo vendí al mejor postor los
dos pantalones que ya tenía y colgué un nuevo anuncio con la camiseta y el
pantalón de aquella noche, añadiendo una descripción más específica sobre
que había dormido con ello puesto, que había follado con ello puesto y que
había meado con ello puesto y sin ropa interior.
Antes de salir de casa ya tenía comprador para ambas prendas. En total
aquella tarde gane mil ochocientos dólares... más de lo que cobraba
trabajando en The Wondering Shop durante dos meses. Daba miedo.
Hice los nuevos envíos, sacándome de encima todas las bolsas envasadas
con ropa sucia y me pasé por algunos sitios para celebrar mi nueva y jugosa
cuenta bancaria. Me compré un par de cosas a las que le tenía ganas, ropa
deportiva de marca que me quedaba como un puto guante, una sudadera
cojonuda con capucha, otra sin mangas tamaño XL y unas zapatillas de
trescientos dólares.
Después pasé por una tienda de comida para llevar y pedí cinco costillares
de churrasco. Sabia que la Manada iba a reabrir el club Luna Llena esta
noche y que probablemente Taehyung se fuera con un lobero y no viniera a
casa, pero lo compre por si acaso; de todas formas, las costillas aguantaban
bien y podría comérmelas yo solo a los pocos. La mujer que me cobró trató
de bromear conmigo, pero enseguida la detuvo mi cara seria de pocos
amigos.
Me lo llevé todo a casa antes de salir corriendo hacia el trabajo al que,
como siempre, llegué tarde. Estaba de buen humor y ni siquiera los insultos
en mandarín del señor Xing pudieron conmigo. Tomé un Red Bull, salí a la
calle húmeda y fresca de primavera y me fumé un cigarro mientras enviaba
mensajes privados a los esnifadores diciéndoles que ya les había enviado la
ropa, cerré todos los hilos para que no siguieran escribiendo gilipolleces y,
solo por aburrimiento, me puse a leer algunos de los nuevos hilos de los
omegas. Me interesaban mucho los que ponían cosas como «Mi lobo me ha
dejado T.T», «Creo que mi lobo no me quiere» o «Mi lobo no me trata
bien».
Leer las miserias de esa gente me hacía sentir muy feliz conmigo mismo y
me reía bastante cuando se consolaban unos a otros y se daban ánimos para
seguir adelante. Yo había pasado por una adicción y sabía lo que era, y
sabia reconocer cuando alguien la tenía, y esa gente era puto adicta a los
lobos. Necesitaban a uno cerca y no solo a un nivel físico, sino emocional y
psicológico; pero los lobos eran una raza muy jodida y egoísta.
Algunos de aquellos omegas se creían que iban a poder cambiar a su lobo, a
hacerlo más manso o incluso romántico. Querían que los invitaran a cenar y
vivir una historia de cuento de hadas; no que llegaran a su casa cuando les
saliera de la polla, les echaran un polvo, les vaciaran la nevera y se fuera a
echar al sofá para rascarse los cojones. Cómo me reía cuando leía esas
cosas, porque Taehyung hacia lo mismo y, visto desde fuera, tenía su gracia.
Después entré en un hilo fijado que se llamaba «Marcada por mi Lobo» y
donde los omegas compartían fotos, FOTOS, de ellos y los arañazos o
cardenales que les habían dejado los lobos al follar. Sentía una mezcla de
sorpresa, risa y aversión, pero no podía dejar de seguir mirando a esas
personas sonrientes que posaban con sus putas heriditas y marcas como si
fueran medallas o trofeos de los que sentirse muy orgullosos.
Yo tenía de eso, y mucho peor, por todo el cuello y los hombros y no me
sacaba una puta foto para enseñarlo porque sabía que era ridículo y
humillante. Pero, con la tontería, me pasé una hora y algo leyendo esas
gilipolleces, mirando las fotos y riéndome a carcajadas cuando veía
comentarios como: «Me ha mordido un poquito esta noche...» o «¡Hoy me
ha apretado el cuello más fuerte!».
Solo lo dejé porque la puerta de la tienda se abrió y un olor que reconocí al
instante inundo la entrada. Levante la cabeza como si estuviera activada por
un resorte y vi a Taehyung, con una camiseta negra y su chándal apretado,
caminando hacia mí. Tras la sorpresa inicial, fruncí el ceño y miré sus ojos
amarillentos y anaranjados en las alturas.
-¿Ha pasado algo?-le pregunté, creyendo que habría una buena razón por la
que el lobo hubiera tenido que venir a la tienda de nuevo.
-Taehyung quiere llaves de casa-respondió.
Tarde un momento en responder:
-¿Cómo dices?
-Taehyung quiere llaves de casa. Ha traído cosas y quiere dejarlas allí.
-¿Qué cosas?-pregunté, bajando los pies de la mesa e inclinándome hacia
delante con la cabeza un poco ladeada. No me estaba gustando nada lo que
estaba oyendo.
-Ropa, mejor tele... cosas de Taehyung-concluyo, alargando su enorme
mano para que le diera las llaves.
Tomé una buena bocanada de aire y me recosté. Cosas de Taehyung...
Chisqué la lengua y moví la silla de lado a lado mientras miraba fijamente
al lobo. Al final me levanté y con una mueca exasperada, fui a por las llaves
en mi cazadora. Quería tener al lobo y a su Olor a Macho muy cerca y muy
felices, porque gracias a ellos me había comprado ropa cara por primera vez
en mi vida.
La incomodidad de tener que ceder parte de mi intimidad y mi espacio
personal era solo el precio a pagar para seguir vendiendo sus feromonas a
los depravados esnifadores. Volví junto a él y dejé colgando las llaves sobre
la mano, pero no las solté al momento.
-Como me hagas una putada, te juro que quemo tu puto Jeep de arriba
abajo. Así que más vale que me devuelvas las llaves. ¿Taehyung entiende?
El lobo asintió y deje caer las llaves en su palma de la mano. Sonó solo un
clic del metal al chocar, pero en realidad fue un mazazo en la mesa de un
tribunal. Una nueva Ley había sido fijada y un nuevo orden había sido
establecido. Yo no lo sabía, como muchas otras cosas que pasaban entre
nosotros; pero Taehyung se estaba mudando a mi casa y una vez que un
lobo conseguía una Guarida, no la abandonaba jamás.
13.- LA GUARIDA:
COMPAÑEROS DE PISO
Estuve algo ansioso y preocupado durante el resto de la noche, saliendo a
fumar varias veces y dando cortos paseos de un lugar a otro como un
maniático. Busqué en el foro algún hilo que dijera algo como: «Mi lobo me
ha pedido las llaves de casa porque quiere llevar algunas cosas. ¿¿Qué
mierda significa eso??», pero no encontré nada. Estuve a punto de abrir uno
yo mismo, pero no quería manchar mi buen nombre como vendedor de
pantalones usados y que me confundieran con un lobero cualquiera; eso
sería malo para el negocio. Así que tuve que aguantarme y esperar a que
llegara la señora Xing, contara el dinero de la caja y pudiera marcharme a
paso rápido y fumando como una chimenea.
Antes de llegar al final de la calle, sonó una bocina y giré el rostro,
encontrándome con el Jeep negro de Taehyung en la otra acera. Me dirigí
hacia ahí con cara seria y tiré el cigarro a medio fumar antes de subir. El
olor a Macho me llenó las fosas nasales y, por desgracia, me excito
bastante. Tuve que luchar contra mí mismo para mantener el carácter y no
dejarme llevar.
Pero el lobo me miro con sus ojos amarillentos en la penumbra, percibiendo
al instante mi excitación y respondiendo igual de rápido con su polla dura
bajo el pantalón de chándal. Gruño por lo bajo, un ronroneo más profundo y
rápido del que emitía cuando le acariciaba. Se inclinó hacia mí y me frotó el
rostro mientras seguía gruñendo de esa forma. Al estar más cerca, más
fuerte era la peste a Taehyung y más cachondo me ponía. Apreté los dientes
con verdadero enfado en una mezcla de ira y excitación. Con un «me cago
en tu puta madre» dicho entre dientes, le metí la mano dentro del pantalón
para empaparme la mano y le besé con fuerza en los labios.
Después de un polvo violento, repleto de arañazos, insultos, gruñidos,
jadeos, mordiscos y moratones en el cuello y la cadera, al fin me sentí
saciado y profundamente relajado tras una noche de nervios y tensión.
Taehyung me lamia las pequeñas heridas de sus colmillos, encima de mí y
aplastándome un poco contra el asiento trasero. Cuando terminó, me frotó
su cara sudada y ronroneo por lo bajo. Yo quería enfadarme, pero solo podía
mirar el techo del todoterreno y respirar lentamente mientras sentía la
inflamación dentro de mí. Al terminar, todavía nos quedamos un buen
minuto así hasta que me froté el rostro y le empujé para que saliera de
encima.
-Quítate, joder- murmuré, tratando de recuperar mi enfado inicial. Me senté
en el asiento y me pasé las manos por el pelo. Tenía el culo empapado, los
pantalones por las rodillas y a un lobo apestoso que no dejaba de frotarse
lentamente contra mí y abrazarme. Volví a apartarle con un murmullo de
queja y le dije -Vámonos a casa.
Salir y respirar el aire puro de la noche me ayudó a enfriar las ideas, eso y
que me acababan de follar de lo lindo en ese Jeep y me sentía como
flotando en una jodida nube. Abrí la puerta del copiloto, salté un poco para
subir al asiento y cerré la puerta de un golpe seco antes de pulsar la palanca
para bajar la ventanilla al máximo. Me busqué un cigarro y el zippo y lo
encendí, echando el humo por la ventanilla antes de sacar el brazo por fuera
para no ahumar el coche.
-¿No se suponía que esta noche abría el Luna Llena y la Manada iba a estar
allí?- le pregunté al lobo mientras arrancaba el coche.
-La Manada está allí- respondió sin apartar la vista de la carretera-. Muchos
humanos. A los humanos les gusta el club.
Lo que les gustaba a los humanos que iban allí era comerle la polla a un
lobo y que se los follaran muy duro en el callejón; pero ese no era el tema
que quería discutir en aquel momento.
-¿Y por qué no estás con la Manada?
-Taehyung tenía que llevar cosas a guarida y ver a Jungkook.
-¿Guarida?-pregunté en voz más alta
-Guarida de Taehyung-asintió él con calma.
Entreabrí los labios, pero miré al frente y fumé una buena calada antes de
sacar la mano y golpear los dedos de forma nerviosa contra la chapa negra
de la puerta. Me sonaba vagamente haber leído algo en el Foro sobre las
Guaridas de los lobos, pero había tantas gilipolleces allí que era imposible
acordarse de todo. Así que esperaría a llegar a casa y decidiría cómo de
grave era la situación.
Cuando aparcó, salí disparado del Jeep hacia el portal, extendiendo mi
mano en alto para que me diera las llaves, que el lobo me entregó con
tranquilidad. Abrí la puerta pintarrajeada y subí a paso rápido por las
escaleras, haciendo retumbar las tablas de madera vieja y la asquerosa
moqueta. Taehyung me seguía muy de cerca, como siempre hacía, antes de
pegarse a mi espalda mientras abría las dos cerraduras de la puerta del loft.
Lo primero que sentí al entrar fue que el Olor a Macho era más intenso de
lo normal, más pesado y denso en el aire. Dejé las llaves en el taburete y di
un par de pasos hacia el centro.
Mi casa... ¡estaba llena de mierdas! Antes de llegar al apartado de la
habitación había una alfombra en el suelo de felpa negro y gris, había otra
entre las columnas de hierro rojo y ahora las paredes de ladrillo entre los
ventanales tenían plantas en macetas; ficus, unas especies de pequeñas
palmeras e incluso macetitas en las repisas de las ventanas. En la esquina
del salón, había una enorme televisión de plasma, con equipo de música
incluido, que ocupaba demasiado espacio sobre, por supuesto, otra puñetera
alfombra.
-¿Pero... que cojones... es esto?-jadee.
-A Taehyung le gusta la tele. Buena tele- respondió a mis espaldas, como si
creyera que hablaba en concreto de la televisión y no de todas las
gilipolleces que había traído a mi casa sin ningún tipo de sentido ni razón.
Me quedé un momento más ahí plantado, hasta que di un par de pasos hacia
la habitación. Por supuesto, allí solo había más de sus mierdas. En la cama
ahora había bastantes más almohadas, una manta vieja, sucia y grande, otra
jodida alfombra de camino al baño, tres maletas abiertas y repletas de ropa
enrollada y desordenada y un ventilador de aspas en la esquina. Tomé varias
bocanadas de aire, me llevé una mano un poco temblorosa a los labios y los
froté de forma pensativa y controlada. Aquello. No. Era. Bueno.
-No hay sitio en armario para Taehyung- me dijo el lobo a mis espaldas. -
Jungkook hacer sitio.
Me pasé la lengua por los dientes y contuve mi primera reacción, que fue
gritarle y echarle a patadas de mi piso antes de tirar todas sus putas mierdas
por la puerta de emergencia.
-Hay costillas en el horno- murmure en voz baja y controlada -Vete a
comer.
Las tripas del lobo rugieron al oír hablar de comida y se alejó al instante en
dirección a la cocina, dejándome al fin solo y tranquilo. Saqué el móvil y
me senté en la cama, sobre aquella nueva manta que apestaba, literalmente,
APESTABA a Taehyung.
Apoyé los codos en las piernas y me incliné hacia delante, moviendo a prisa
la mirada por la pantalla. Fui al subforo de «Prácticas de Cortejo y
Desarrollo de Vínculos», donde normalmente se movían los omegas en
busca de información y consejos cuando no estaban llorando y quejándose
en su subforo particular. Ahí los hilos eran más serios, si se podía llamar
serio a algo de lo que habla en aquel foro; los usuarios solían poner links a
páginas, noticias e incluso estudios sobre los lobos. No tardé demasiado en
encontrar un hilo donde ponía: «GUARIDA: un Hombre Lobo como
compañero de piso», seguí el enlace a un reportaje de una revista de
divulgación y empecé a leer deprisa
Los lobos jóvenes y solteros vivían en lo que llamaban «Comunas de
Manadas», un espacio amplio con varias habitaciones individuales donde
iban a dormir y se relacionaban. Básicamente, una residencia universitaria
para lobos. Después, cuando encontraban un lugar cómodo y a un humano
con el que hubieran desarrollado un vínculo, podían irse a vivir a su casa,
convirtiendo ese lugar en su Guarida. El nombre lo decía todo. Los lobos se
mudaban, trayendo con ellos objetos de valor, su ropa y todo aquello que
estuviera muy impregnado con su Olor a Macho. Entonces se volvían muy
territoriales y no permitían que nadie ajeno a ellos y su humano entrara en
la casa. Había que olvidarse de invitar a amigos y familia, ya que el lobo se
pondría muy violento y podría llegar a herirles seriamente. Yo no tenía
ninguna de esas dos cosas, así que bien. Además de eso, los lobos no
participaban en los gastos, ni alquiler, ni agua, ni comida, siendo
responsabilidad del humano ocuparse de todos ellos. Había excepciones
según el tipo de vinculo que compartieran, pero, por lo general, el único
intercambio solía ser plenamente sexual.
Aparte la mirada del móvil y la clave en Taehyung, a lo lejos, sentado en su
taburete frente a la barra de la cocina, devorando como un cerdo el segundo
costillar y llenándose los morros de grasa mientras se chupaba los dedos. El
muy hijo de puta se había mudado a mi casa... Sin preguntarme nada. Solo
había tomado sus cosas y las había traído aquí para que yo le mantuviera la
barriga llena y la polla vacía.
Me enfade, me enfade muchísimo. Y estuve a punto de tomar una de esas
maletas llenas de ropa, abrir la ventana y tirarla a la calle, sin embargo,
tomé un par de respiraciones y aprete los dientes. No era mi intención que
Taehyung se creyera el dueño de mi puta casa, PERO, tenerle allí, sudando
e impregnando todo a su paso, era como vivir en una mina de oro. Aunque
tuviera otros loberos comiéndole la polla por ahí, solo había una Guarida,
mi Guarida.
Los pros y contras de aquel intercambio eran mucho más complejos, y yo
no era un hombre al que le gustara compartir piso ni soportar las mierdas de
nadie; pero si lo enfocaba como un trabajo a tiempo completo, había que
reconocer que era muy, muy rentable. En solo una noche, con un pantalón y
una camiseta, podía ganar entre mil y mil trescientos dólares, incluso más si
estaban sucios con meada o semen de lobo. Diez mil a la semana. Cuarenta
mil al mes... Incluso con los gastos en comida y ropa, era un negocio
increíblemente rentable.
Sentí un escalofrío y metí la mano en la cazadora, me saqué un cigarro y el
zippo y fui hacia el otro lado del piso para abrir la puerta de emergencias.
Taehyung me vio pasar con una mirada fija mientras masticaba y roía los
huesos de costilla.
-¿Te gusta?- le pregunté, echando una voluta de humo al exterior. Hacia un
viento húmedo y pronto volvería a llover. El lobo asintió con la cabeza y yo
asentí varias veces en respuesta - La próxima vez, cámbiate de ropa antes,
no quiero que te manches esa- continué -Te dejaré algo que ponerte cada día
para que estes cómodo. Tu no usas calzoncillos, ¿verdad?
-A Taehyung le gusta estar cómodo-respondió con la boca llena.
-A mí también- coincidí -, pero empezará a hacer calor y quizá te compre
un par de boxers, quizá slips, y te los pones para dormir.
El lobo soltó un gruñido, como si la idea no le gustara.
-Taehyung prefiere dormir desnudo contra Jungkook. Más olor a Taehyung
y más fácil para follar.
Deje caer la cabeza contra la pared, mirándole casi por el borde inferior de
los ojos mientras fumaba una calada y la soltaba lentamente, perdiéndole un
momento de vista tras el humo gris.
-Harás lo que yo te diga y punto -concluí.
Evidentemente, el lobo gruño y yo me puse serio, levantando la cabeza con
el cigarro en los labios.
-¿Taehyung quiere que Jungkook le deje de hacer mamadas?- pregunté, lo
que corto en seco aquel sonido ronco de garganta -Eso me parecía... -
murmure, dándome la vuelta hacia la puerta.
Puede que el lobo se hubiera mudado a mi casa sin permiso, trayéndose sus
estúpidas alfombras, sus plantas y su televisión de plasma; pero el que
mandaba allí seguía siendo yo, y eso no iba a cambiar pasara lo que pasara.
Termine el cigarro y tire la colilla hacia la lluvia fina que había comenzado
a caer en mitad de la oscuridad. Cerré la puerta y fui a la habitación para
quitarme la cazadora militar y ponerme cómodo. Saqué la ropa de segunda
mano del lobo y la lancé sobre la cama para que se la pusiera antes de
dormir. Después fui hacia el salón y me recosté en el sofá donde el lobo ya
se estaba rascando la barriga y mirando uno de sus programas de bricolaje.
La televisión era estúpidamente grande y se oía estúpidamente bien.
-¿Dónde cojones has metido mi televisión vieja?-le pregunté.
-Taehyung tirar a la basura-respondió con una mirada por el borde de los
ojos y un tono ligeramente más suave, consciente de que quizá aquello me
enfadaba. Y tenía razón.
-Dejemos algo claro, Taehyung. Como vuelvas a tocar mis cosas, tú y yo
vamos a terminar muy, muy mal-le asegure.
Creí que se iba a poner a gruñir otra vez, pero el lobo aparto la mirada y
agachó un poco la cabeza. Era casi gracioso ver a un hombre con un
atractivo tan rudo e intimidante hacer algo así, como si aceptara la realidad
y se sometiera silenciosamente. Eso me gustó, la verdad. El lobo al fin
estaba aprendiendo respeto. Como premio, me acerqué un poco y le acaricié
el pelo mientras murmuraba: «Buen lobo...» y sonreía con malicia. Estuvo
ronroneando hasta que empezó a quedarse dormido, momento en el que le
llevé a la cama, le obligué a cambiarse de ropa y le puse la crema
antinflamatoria en el cardenal del costado, cada vez más amarillento.
-Está curándose bastante rápido- le dije, repasando también el corte de su
brazo, el cual ya no necesitaba vendaje alguno.
Después le deje meterse en cama mientras yo me desnudaba y cerraba las
cortinas para que no entrara la luz del amanecer. Cuando estuve dentro, el
lobo se pegó a mí y gruñó de una forma que empezaba a identificar como:
préstame atención y acaríciame como a un cerdo. Cosa que hice hasta que
empezó a roncar y a mover la pierna bajo el edredón. Yo miraba el techo
blanco y agrietado, pensando en empezar a tomarme mucho más en serio
todo aquello sobre el comportamiento de los lobos y sus costumbres,
porque no quería llevarme más sorpresas desagradables.
Al despertarme, como cada día, lo primero que hice fue pegarme a
Taehyung, a su cuerpo caliente, apestoso y jodidamente grande. Me frote, le
toque el costado, la cadera y aprete un poco ese culo lleno y turgente bajo la
horterada de pantalón deportivo de los noventa que me había valido solo
tres dólares en la tienda de segunda mano. El lobo no tardó en despertarse,
gruñir y ponerse muy duro. Le seguí besando entre bajos gemidos de placer
y el trato de hacer algo parecido, pero sacó su lengua grande y un poco
áspera y me lamió la boca. Tenía que haberme resultado muy desagradable,
pero yo estaba de feromonas hasta el culo y cualquier cosa que me hubiera
hecho Taehyung solo me hubiera puesto más y más cachondo aún. Se puso
encima de mí, frotando la cadera como si ya me estuviera follando mientras
nos lamiamos el uno al otro como un par de subnormales. Después al fin se
bajó la cintura del pantalón y me la metió, comenzando a apretarme el pelo,
morderme, jadearme en la cara y todas esas cosas que solía hacer mientras
yo le insultaba por hacerme daño y disfrutaba como nunca. Tras tres buenas
corridas de campeonato, se detuvo y sufrió las contracciones de cadera
antes de la inflamación.
En aquel estado entre la profunda calma y la satisfacción, se me paso por la
cabeza el hecho de que, ahora que mi casa era su Guarida, tenía casi
asegurado el sexo salvaje de primera hora del día. Una idea que me hizo
increíblemente feliz. Si había algo bueno de estar con un lobo, era follar con
él; sin ningún tipo de duda. El sexo era inigualable y estaba seguro de que,
la próxima vez que me follara a un humano, echaría muchísimo de menos
aquellas arremetidas animales, gruñidos, mordiscos y la forma en la que me
agarraba o me apretaba el cuello.
Pero eso no era algo que debiera preocuparme en el futuro inmediato, así
que me estire un poco cuando terminó la inflamación, aparte a Taehyung de
encima de mí y le deje allí adormilado mientras iba al baño. Había otro
cepillo de dientes al lado del mío y un nuevo champú sin olor había
sustituido al de marca china que yo robaba de la tienda del señor Xing. Lo
ignoré por completo. Tenía el pecho y los abdominales repletos de chorros
de mi semen y nada me podía importar menos en aquel momento. Al salir
con el pelo mojado y revuelto, decidí que era momento de hacerse un corte.
Mi primera reacción fue tomar la misma maquinilla con la que me afeitaba
y cortármelo yo mismo, como llevaba haciendo toda mi vida; pero la dejé
de nuevo en su sitio y decidí ir a una de esas peluquerías de lujo. Estaba
manteniendo a un lobo y le había prestado mi casa para que fuera su
Guarida. Me merecía un corte de pelo de cien dólares.
Con ropa limpia y un cigarro en los labios, salí hacia el salón, dando un
pequeño tras pie en la nueva alfombra de felpa y soltando un «joder», por lo
bajo. Negue con la cabeza y seguí adelante. Preparé café y puse el vaso de
leche de Taehyung a calentar antes de irme hacia la puerta de emergencia.
Ya era de tarde y el cielo estaba completamente nublado mientras una lluvia
violenta caía en oleadas de viento sobre el descampado y la carretera. El
lobo bostezó desde la habitación, se levantó y fue al baño. Cuando ya me
había terminado el cigarro, el café y había limpiado la mesa y tirado las
docenas de huesos mordisqueados que había dejado la noche anterior,
Taehyung llegó con pesados pasos y con una sudadera sin mangas y con
capucha en la mano. Me la mostró y yo le mire un momento antes de
decirle:
-Un regalo de Jungkook para Taehyung.
El alzó las cejas gruesas y negras en una muestra de sorpresa y se puso la
sudadera sobre la camiseta blanca y ajustada. Le quedaba de puta madre y
estaba muy guapo. Sin decir nada, se bebió su más de medio litro de leche
caliente y se acercó mucho a mi para despedirse con una caricia de su rostro
sobre el mío y un:
-Taehyung se va.
-Pásalo bien.
Lo primero que hice aquella tarde fue envasar la ropa que había dejado
tirada en el suelo. La camiseta olía fuerte, pero el pantalón deportivo olía
mucho más porque estaban mojados en la entrepierna de líquido preseminal
y gotas de meada. Al parecer, los lobos no se sacudían la polla al terminar.
Era asqueroso, pero eso solo significaba más dinero para mí. Puse una venta
de 400 por la camiseta y 850 por los pantalones. En menos de una hora
había vendido ambos y ganado mil doscientos cincuenta dólares.
Sali de casa para hacer el envío urgente, pararme a tomar otro café y un
sándwich en una refinada cafetería que ahora no me importaba pagar, y
finalmente pasé por la Barber Shop más estúpidamente elitista que
encontré. Un hombre con pelo engominado, barba perfecta y sonrisa falsa
estuvo a punto de enfadarme muchísimo al no querer atenderme como al
resto de gilipollas trajeados que había allí. Por suerte para él, intervino otro
hombre igual de acicalado y me llevó a un asiento.
Sali de allí con un peinado perfecto y a la moda y la barba recortada al
milímetro. Pasé por la tienda de comida para llevar y compré un pavo asado
entero. La chica creyó que me había entendido mal, hasta que repetí con
tono serio:
-He dicho que lo quiero entero.
Me fui con aquellos nueve kilos de carne bajo el brazo y volví a casa para
dejarlo en el horno antes de prepararme para ir al trabajo. Aquella seria
ahora mi vida: vender ropa usada, follarme a un lobo y gastar cientos de
dólares en comida.
Si te parabas a pensarlo, no era tan malo. Cuando Taehyung dejara al fin mi
casa para irse con otro humano, yo tendría un más que confiable colchón de
dinero en el banco. Así que era muy buen trato, después de todo. Incluso se
me pasó por la cabeza dimitir cuando tuve que soportar otra de las muchas
quejas del señor Xing sobre que «Falta material. Ladlones siemple. ¡Tú no
hacel nada!». Pero no lo hice, asentí con la cabeza hasta que se fue y
después fui a «Lobal un Led Bull» para bebérmelo mientras fumaba sentado
al lado de la puerta automática
-No roben-les advertí a dos adolescentes fumados que iban a entrar en la
tienda, pero mi tono no fue demasiado entusiasta y no separe la mirada del
móvil mientras leía un graciosísimo hilo titulado «Mi lobo no se limpia
después del sexo. ¿El de ustedes sí?» Estos omegas eran lo mejor.
No me había terminado el cigarro cuando sentí una presencia frente a mí,
una alargada sombra que cubría la luz de la farola en la acera y un olor que,
por desgracia, ya casi era el mío propio. Me lamí los labios lentamente y
fruncí levemente el ceño.
-¿No tienes trabajo de Manada, Taehyung?-le pregunte.
El lobo no respondió. Me miró fijamente con los ojos amarillentos bajo la
capucha de la sudadera y gruño de una forma profunda y grave, haciendo
reverberar su pecho. No necesité una traducción para eso, solo ver lo dura
que tenía la polla bajo el pantalón.
-Jungkook está muy guapo...- le oí murmurar por lo bajo antes de volver a
gruñir de aquella forma excitada.
Fume otra calada del cigarro. Por supuesto que estaba muy guapo. El nuevo
corte de pelo me quedaba genial y yo siempre había sido un hombre muy
atractivo; lo suficiente para vestir como un indigente, comportarme como
un gilipollas y aun así tener una cola de hombres detrás deseando comerme
la polla y hacerme regalos.
Guardé el móvil y me levante del suelo, haciendo una señal con la cabeza
hacia el interior del local. Taehyung se pegó mucho a mí y me agarro de la
muñeca con firmeza, pero me siguió como un corderito al despacho del
señor Xing. Nos detuvimos como la otra vez al llegar al escritorio. Yo quise
girarme hacia el lobo, pero él no me dejó, apretándose contra mí y
mordiéndome el cuello mientras me bajaba el pantalón con una violenta
necesidad
-¡Ah, joder!-le grite cuando noté que me clavaba demasiado fuerte los
dientes- ¡Tu puta madre!- añadí cuando me metió toda la polla de golpe y
empezó a follarme como un animal sin dejar de morderme.
Ah, sí, aquello era marcar a un humano. Se me había olvidado de decirlo.
Había diferentes formas de hacerlo, pero, como aprendería más tarde, los
mordiscos eran las más importantes. En el estúpido idioma de los lobos,
significaba que les gustaba un humano. Y, por todas las marcas de
mordiscos que tenía en el cuello y los hombros, yo a Taehyung le gustaba
mucho. Muchísimo.
14.- LA GUARIDA: TAEHYUNG
ARREGLAR
Tras un polvo brutal y bastante sucio, me quedé exhausto y aturdido.
Taehyung frotaba su rostro sudado contra mi pelo y me apretaba mientras
producía un leve ronroneo. Recosté la cabeza sobre él y cerré un momento
los ojos. El despacho apestaba a lobo y a sexo. Esperaba que el señor Xing
se pasara el día enfadado y preguntándose qué era ese olor tan fuerte que
llegaba del final del pasillo. Eso me hizo sonreír un poco. Tras la
inflamación nos movimos lentamente y me subí los pantalones, notando
cierta incomodidad al sentir mi trasero empapado y viscoso. Después me
giré, apoyé la cadera en la mesa y, con un suspiro, me crucé de brazos.
-¿Necesitas algo más, Taehyung?-le pregunté al lobo mientras se terminaba
de atar el cinturón grueso y negro con hebilla plateada.
-Taehyung hambre -respondió sin alzar la mirada.
-Hay un pavo entero en casa, en el horno. Te daré las llaves-me separé de la
mesa y fui hacia la puerta, pero entonces oí un sonido metálico.
-Taehyung tiene llaves-le oí decir.
Me quedé con los labios entreabiertos, mirando las llaves nuevas y
brillantes que colgaban de un llavero con un pequeño peluche de un cerdito.
-¿Por qué cojones tienes una copia de mis llaves?-quise saber.
-Taehyung tiene que entrar en su Guarida. Necesita llaves-dijo, como si
fuera evidente. Volvió a guardárselas en el pantalón y se acercó a mí para
rozarme la cara contra la suya en una caricia—. Taehyung vuelve a por
Jungkook cuando termine.
Antes de que abriera la puerta y se fuera, le detuve agarrándolo de su
enorme bíceps.
-¿La Manada no trabaja esta noche?
-Manada no necesita a Taehyung más esta noche.
Solté un murmullo de entendimiento y chisqué la lengua antes de decir:
-Hay ropa de tu talla en la bolsa al lado del armario, cuando estés en casa,
póntela para estar cómodo.
Taehyung asintió como un lobo obediente y se fue por el pasillo en
dirección a la puerta mecánica, se puso la capucha de la sudadera que le
había regalado y se sumergió bajo la luz amarillenta y la lluvia de la calle.
De vuelta al mostrador, encontré un par de billetes y algunas monedas de
los adolescentes colocados que habían entrado antes que el lobo y yo.
Habían tenido la tienda solo para ellos, sin vigilancia, y habían pagado lo
que se habían llevado, así que debían ir muy, muy fumados. Metí el dinero
en la caja, fui a por un cigarro y lo encendí de camino a la puerta antes de
sacar el móvil.
Cada vez tenía más preguntas y más preocupaciones con respecto a
Taehyung. Quería mantenerle a mi lado, pero no que influyera o estorbara
en mi vida, lo que, al parecer, estaba empezando a hacer sin consideración
alguna. Así que me puse a leer como no había hecho en mi puta vida,
sumergido por completo en la sección de «Socialización y Lenguaje de los
Hombres Lobos».
Era una especie de cajón de sastre con teorías disparatadas y suposiciones
junto con reportajes, enlaces a secciones de libros sobre el tema e incluso
estudios universitarios de antropólogos y científicos. Había mucha mierda
que no me interesaba, por supuesto, como temas biológicos y anatómicos.
No necesitaba que un experto me dijera que los lobos tenían un escroto más
grande y que sus testículos producían el doble de esperma y estaban más
calientes que el de los humanos, porque eso ya lo sabía yo después de
lamerle los cojones a Taehyung. Lo que me interesaba más era la parte
social, de lenguaje y comportamiento.
A mitad de la noche di con un enlace muy interesante, una estudiante de
antropología de las islas británicas había tenido una «experiencia
inmersiva» con un lobo; lo que quería decir que se había hecho lobera, se lo
había follado durante mes y medio y había hecho un trabajo serio sobre los
tipos de gruñidos y gemidos que emitía en diferentes ocasiones. Había
incluso archivos de audio que podías escuchar con esos ruidos.
Había más de treinta y solo reconocí cuatro de ellos: el Ronroneo, que
significaba felicidad, placer, comodidad y gusto; el Gruñido sexual:
excitación, necesidad y deseo; el Gruñido de Advertencia: enfado, molestia
e incomodidad; y el Gruñido Bajo: llamar la atención, normalmente para
recibir caricias o cuidados. El resto no los reconocí, sonaban muy parecidos
o no recordaba un momento exacto en el que Taehyung los hubiera
producido. De todas formas, guarde el enlace por si en un futuro quería
revisarlos y buscar alguno en concreto.
Después de aquello, fui al subforo de los Omegas y busqué entre los hilos
más comentados y visitados, porque aquella panda de locos y enajenados
tenían conocimientos muy prácticos sobre temas que a mí me podrían
interesar. Uno de ellos, por ejemplo, era «¿Cómo saber si le gustas a tu
lobo?» MamáOmega83 había reunido una lista bastante extensa de señales
junto con un glosario de palabras y terminología que se habían inventado
los propios omegas. Allí había cosas como «Murmonar», que era cuando el
lobo te frotaba su cara y producía un gruñido de placer, lo que quería decir
que estaba muy satisfecho y feliz «Mordiscadas», que era cuando te daba
pequeños mordisquitos, pero no como cuando te marcaba, sino algo suave y
juguetón. Eso Taehyung me lo había hecho, y resultaba que eran muestras
de interés, afecto y cariño. Según MamaOmega83, eso solo solía producirse
pasado el Vinculo Terciario.
Cuando busqué qué cojones era el «Vinculo Terciario» fue cuando descubrí
el rebuscado, absurdo y complejo mundo de las relaciones entre lobos y
humanos más allá del sexo. Entonces deje el móvil a un lado, me froté los
ojos cansados y me estire en la silla. Quedaban solo cuarenta minutos para
el final de mi turno y yo ya estaba cansado y tenía la cabeza como un
bombo con todas esas mierdas de lobos. Quería saber por qué Taehyung se
estaba tomando tantas confianzas conmigo y si me iba a dar problemas, no
quería convertirme en un degenerado experto en Hombres Lobo. Cuando
llegó la señora Xing, arrugó su pequeña nariz, dijo algo en chino y me hizo
una señal para que me apartara.
-Dúchate. Muy mal hueles- me dijo, las primeras palabras que me dedicaba
en... quizá meses.
-Pues espera a entrar en el despacho...- murmuré por lo bajo.
Espere con las manos en los bolsillos de mi nuevo pantalón de marca a que
terminara de contar el dinero. Entonces pude dejar la puta tienda, subirme la
capucha de la sudadera para cubrirme de la lluvia y cruzar la calle hacia el
Jeep negro que me esperaba al otro lado. Taehyung ya estaba allí, con la
misma ropa y su rostro calmado, fuerte, rudo y atractivo. Cuando me senté
y cerré la puerta, nos miramos en silencio, pero fueron apenas segundos,
porque enseguida me lancé contra él para comerle la boca, tocarle la polla
mojada y chupársela allí mismo.
Quizá llegara el día en el que no me excitara como un mono cada vez que le
veía y olía esa peste a sudor denso y fuerte, puede que, con el tiempo,
acabase desarrollando una resistencia a las feromonas de lobo; pero aquel
no era ese día. En ese momento solo podía pensar en comerme a Taehyung
de arriba abajo y cabalgarle como a un potro salvaje hasta domarlo. Por lo
menos, el lobo siempre estaba a la altura y respondía a mi excitación con
más excitación y a mi violencia con más violencia; lo cual hacía del sexo
algo muy divertido.
Al terminar me deje caer sobre él, jadeando y con mis brazos rodeando su
cabeza apoyada contra el respaldo. Cerré los ojos y respiré bocanadas de
aquel aire denso y de su aliento en mi rostro, el cual frotó lenta y
suavemente con el suyo mientras gruñía por lo bajo. Estaba mormonando,
así que Taehyung se sentía feliz y satisfecho. No me sorprendía. Había sido
un polvazo en el asiento del piloto de su Jeep y se había llegado a correr
cuatro veces.
Cuando terminó la inflamación, me levanté, con el culo empapado y
manchado, me subí los pantalones y me dejé caer en el asiento del copiloto.
Bajé la ventanilla, aunque estuviera lloviendo, y encendí un cigarro antes de
apoyar los pies en el salpicadero.
-¿Te has comido todo el pavo?-le pregunte, echando el humo gris hacia el
exterior.
El lobo se terminó de abrochar el pantalón, encendió el motor y empezó a
conducir.
-No. Muy grande. Taehyung muy lleno. Terminarlo ahora con Jungkook.
-¿Te gustó?- Me saque un pelo rizado de la lengua y fume otra calada.
-Mucho. Muy jugoso.
Asentí y recosté la cabeza en el asiento. Me había gastado trescientos veinte
dólares en ese pavo relleno y horneado de nueve kilos, más valía que
estuviera bueno de cojones. El lobo aparcó el coche en la acera de enfrente
al portal de casa y salimos con nuestras capuchas puestas y nuestras caras
serias. Quien nos viera debía pensar que le íbamos a hacer una visita de
cortesía a algún deudor desafortunado, no podía decir que no me gustara dar
esa imagen con Taehyung. Tenia su encanto.
Abrí la puerta del portal y la de casa, dejando las llaves sobre el taburete
verde antes de que el lobo hiciera lo mismo con las suyas. Algo extraño que
produjo una rápida mueca de sorpresa e incomodidad en mi rostro, pero a la
que no di importancia. Me quité la cazadora militar y fui a llevarla a la
habitación cuando, de pronto, lo vi.
-¡Taehyung!- grite girando el rostro, aunque el lobo estuviera literalmente
pegado a mi espalda -¿Qué es esta mierda?- pregunté en el mismo tono alto
mientras señalaba las tablas, tornillos, cajas de herramientas y demás cosas
que, de pronto, había en una esquina de la habitación
-Taehyung está montando armario más grande para ropa- respondió.
Me llevé una mano al rostro y me presioné las sienes entre el dedo central y
el pulgar. Cuando levanté la cabeza solté la respiración y tiré mi cazadora
sobre la cama antes de ir al baño. Una buena ducha caliente después, salí de
allí con un pantalón ligero de pijama y una camiseta de un concesionario de
coches que debía llevar cerrado más de veinte años. Me reuní con el lobo en
la cocina y tomé una cerveza para sentarme frente a él y la bandeja casi
vacía de pavo. Taehyung se había comido mucho, pero no dejaban de ser
nueve kilos y ahora incluso se paraba a respirar entre bocado y bocado; algo
que no solía hacer. Con un tenedor fui comiendo pequeños trozos y
masticándolos lentamente mientras miraba al lobo.
-Así que... ¿te gusta el bricolaje?-le pregunté con tono serio
El lobo asintió.
-Pues algunas ventanas no funcionan bien, están algo oxidadas y no se
abren del todo. Las luces del techo no funcionan y hay que cambiarlas, o
quizá haya un problema con el cableado. La caldera de agua a veces no
funciona y el grifo de la cocina no tiene presión- le dije-. Quizá deberías
echarle un vistazo a eso antes de montar un puto armario de dos metros en
la habitación.
-Taehyung lo arregla-prometió
Creí que gruñiría o se negaría, pero su determinación a hacerlo y su postura
orgullosa me sorprendió bastante, algo que no deje traslucir en el rostro.
Solo seguí comiendo y murmuré un seco «muy bien». Cuando el lobo se
quedó lleno y eructo, se limpió los morros y fue hacia el sofá para tirarse a
ver la tele.
Tomé un cigarro y me lo llevé a la puerta de emergencia para fumarlo
mientras pensaba en que quizá todos esos programas de mierda que veía
Taehyung sirvieran para algo. No vendría nada mal un manitas en aquella
casa vieja y repleta de problemas que yo no podía resolver y que no estaba
dispuesto a pagar a nadie para que resolviera. De todas formas, no me
quería hacer ilusiones porque quizá el lobo se creyera que golpear con un
martillo y dar patadas era «Taehyung lo arregla».
Cuando termine de fumar, tire la colilla afuera y fui a reunirme con él en el
sofá antes de ir a dormir a la cama. Puse otra mueca de desprecio al ver las
tablas de madera y herramientas allí tiradas, pero me esforcé mucho en
ignorarlas, le puse la crema antinflamatoria al lobo en el costado y nos
echamos a dormir. Al despertar le busqué como cada día, rozándome y
besándole hasta que se desveló. Le dejé descansar mientras iba al baño, me
duchaba y preparaba el café y el vaso de leche. Taehyung se levantó veinte
minutos después, rascándose los huevos de camino al baño para mear y
volver a vestirse con su ropa. Vino a la cocina con un pantalón de chándal y
la sudadera negra sin mangas que le había regalado, se bebió toda la leche,
eructo y se acercó para acariciarme con el rostro y decirme:
-Taehyung se va.
-Pásalo bien-respondí sin apartar la mirada del móvil. Ya había puesto el
anuncio de venta de la ropa y ya tenía a dos personas interesadas que
terminaron participando en una especie de subasta por los pantalones sucios
que alcanzó los novecientos treinta dólares.
Fumé una calada y negué con la cabeza. Qué asco me daban. Envié los
mensajes a los compradores pidiéndoles la dirección y diciéndoles que les
haría el envío en cuanto recibiera el pago por PayPal. Al parecer,
ChicoOloroso se estaba haciendo un pequeño nombre en el mundillo de los
esnifadores. El Olor a Macho de Taehyung estaba causando furor; no solo
porque fuera un SubAlfa, sino porque además tenía una intensidad muy alta
de feromonas. Según esos expertos que olían ropa sudada, se debía a que el
macho posiblemente se excitara mucho durante el coito. Era casi halagador.
Envasé la ropa en las bolsas, me vestí y me las llevé conmigo de viaje a la
cafetería para desayunar y llevarlas a oficina de correos. Era domingo, pero
allí trabajaban todos los días de la semana, como yo. Después pasé por la
tienda de comida para llevar y pedí tres filetes de ternera de siete kilos en
total.
-Ahórrate las patatas y el acompañamiento-le dije a la mujer. Ya empezaban
a entender que no bromeaba cuando pedía tantísima comida.
-¿Tienes una familia muy grande?-preguntó ella con una sonrisa.
-Tengo un lobo muy grande-respondí, cerrándole la boca en seco y
congelándole la sonrisa en los labios.
Todo el mundo conocía a los lobos, y todo el mundo sabían que eran
máquinas de follar, increíblemente fuertes y muy atractivos, pero reconocer
que estabas con uno, o que te gustaba visitarles o que eras un lobero, seguía
siendo una especie de tabú. No decías que te follabas a un lobo como no
decías que ibas a fiestas de intercambio de parejas o a mazmorras de
sadomasoquismo. Por eso la mujer se sintió tan cohibida y me hizo sonreír
de una forma malvada.
Volví con la bolsa a casa y la dejé en el horno antes de cambiarme para el
trabajo y salir a paso rápido fumando bajo la lluvia. El señor Xing se quejó
de mi mal olor y repitió lo que me dijo su mujer, que me duchara. El
problema no era que me duchara o no, el problema era que el olor a
Taehyung estaba en todas partes ahora y no podía sacármelo de encima
mientras el lobo viviera en mi casa y se frotara contra mi sin parar. De todas
formas, le dije que sí, que me ducharía, y cuando se fue, tomé un Red Bull
y salí a fumar afuera mientras ojeaba el Foro.
En aquella ocasión entre en un hilo llamado «Sumisa y Lobera» que tenía
muchísimas visitas y comentarios con fotos. Allí descubrí lo que tantas
veces me había preguntado, el por qué Taehyung me agarraba del cuello, de
la nuca y de las muñecas. Resultaba que los lobos tenían una necesidad
instintiva de someter a sus compañeros, necesitaban sentirse superiores a
ellos para poder follárselos y usaban su tamaño y su fuerza para
conseguirlo.
En su retorcido mundo de rangos sociales tan estrictos, donde siempre había
un abajo y un arriba muy definido, los Machos se sentían por encima de los
humanos, y si no conseguían «someterlos» no los veían como parejas
sexuales aceptables y deseables. Por eso se ponían siempre a la espalda de
sus compañeros, desde donde podrían «atacarles en cualquier momento», se
les echaban encima, bajo su peso y su cuerpo para impedir que se movieran;
les agarraban de las muñecas, el cuello o la nuca, ya fuera durante el sexo o
de normal; porque era una forma de reafirmar su autoridad y recordarles
quien mandaba. Eso a veces dejaba marcas y moratones, según la fuerza
que los lobos emplearan para someterte. Era lo que significaba «estar
marcado», aunque eso ya lo sabía del hilo «Marcada por mi lobo»; la
diferencia con «Sumisa y lobera» era que los omegas lo veían como un
símbolo de interés de sus novios lobos, y que los loberos lo veían como
algo sórdido y erótico. Había imágenes de muñecas y cuellos amoratados,
repletos de cardenales y marcas junto a comentarios del tipo: «Miren lo
mucho que ha tenido que someterme mi lobo» o «Esta noche casi consigo
que me ahogue con sus enormes manos». Y es que, si oponías resistencia,
los lobos lucharían hasta reafirmar su poder sobre ti, apretando más fuerte
cada vez.
Solté tal carcajada que una clienta, despeinada y con un abrigo sobre el
pijama, se asustó. De ahí todas las marcas de mi cuello y mis muñecas.
Resultaba que al machito de Taehyung no le gustaba que me peleara con él
mientras follábamos, por eso me agarraba, gruñía, me ponía a cuatro patas,
me pegaba la cara a la almohada y me follaba más fuerte. Debía pasarlo
muy mal... porque yo no era de los que se dejaban domar fácilmente. Él lo
conseguía, por supuesto, pero su trabajo le costaba al lobo. Ahora que lo
sabía, lo disfrutaría incluso más sabiendo que le jodia tanto.
Pasé la noche entretenido entre el Foro, la radio, un descanso para comer
algo y un cliente tan borracho que iba dando tumbos de un lugar a otro,
agarrándose a las estanterías y a los cristales de los refrigeradores en busca
de más cerveza. Esos siempre eran divertidos, hasta que vomitaban, tiraban
algo al suelo o se meaban encima; entonces me enfadaba. Por suerte, este
solo vivió una aventura épica que no recordaría al día siguiente para
conseguir un pack de seis latas. Le di mal el cambio y me quedé con diez
dólares de propina, deseándole una buena noche.
Cuando llegó la señora Xing volvió a arrugar la nariz ya decirme:
«Dúchate. Asqueroso». Sinceramente, apestaba, pero no era para tanto. Más
apestaba el gran Jeep negro que me esperaba al otro lado de la acera con un
Taehyung de expresión seria y bastaste intimidante. Follamos en la parte de
atrás y pusimos a prueba los amortiguadores del todo terreno cuando yo me
resistí un poco para joder al lobo y éste se puso como loco para someterme,
llegando a aplastarme por completo entre su cuerpo y los asientos mientras
movía la cadera tan fuerte que yo perdía el aire tras cada embestida. Fue
increíble. Yo manche la camiseta al correrme y Taehyung llegó cuatro
veces, las últimas dos bastante seguidas cuando consiguió que me quedara
quieto. No se movió durante la inflamación, pasando su rostro
completamente empapado en sudor por mi mejilla y mi pelo. Llegó a
mordisquearme la oreja suavemente en lo que quizá fuera una mordiscada,
muestra de afecto y cariño; o quizá simplemente se aburria.
-Hoy compré filetes de ternera a la brasa-le dije cuando ya estábamos
delante, con mi cigarro en la boca y la ventanilla abierta.
-Taehyung comió los filetes ya-respondió- Muy buenos.
-¿Todos?-pregunté con cierta sorpresa. Eran bastante gordos.
El lobo asintió sin apartar la mirada de la carretera.
-¿Quieres que pida algo para cenar, entonces?
-No. Taehyung muy lleno, Jungkook traer mucha comida para su Macho.
Bien.
Me quedé un momento en silencio y me pasé la lengua por los labios,
sintiendo el sabor salado de su sudor. Fumé otra calada y eché el humo por
la ventanilla.
-Bien-murmure.
Cuando llegamos a casa, dejé las llaves en el taburete verde y el lobo me
imitó antes de darle a un botón de la pared que yo ya jamás usaba.
Entonces, las luces del techo se encendieron, cubriendo la casa de una luz
que me resultó exageradamente fuerte traspasarme años encendiendo tan
solo la lámpara de pie.
-Taehyung arreglo luces y grifo. Mañana montar armario y arreglar
ventanas si poco trabajo en Manada-dijo a mis espaldas.
Solté un murmullo afirmativo y me quité la cazadora militar, reservándome
el gesto de sorpresa para cuando no pudiera verme. Nos cambiamos de ropa
y fuimos directamente al sofá, donde le acaricié el pelo y el brazo hasta que
su ronroneo se convirtió en ronquidos, entonces le arrastré a la cama y nos
dormimos.
Al despertarme, sentí aquel olor denso y caliente, el cuerpo grande y fuerte
bajo mi brazo y mi pierna, froté la cara contra ese pecho ancho, peludo y
firme y solté un jadeo de placer. Lamí un poco el cuello de Taehyung y
después le besé los labios mientras notaba como su polla se ponía dura bajo
mi culo, frotándola entre mis nalgas y empapándome de líquido viscoso y
cálido. Quizá algún día me despertaría como una persona normal y no
tendría esa necesidad tan ardiente de lobo, pero las feromonas acumuladas
me lo ponían muy difícil.
Lo que yo no sabía por entonces era que las feromonas de Taehyung no eran
tan potentes en realidad, eran afrodisiacas y te excitaban. A un nivel
biológico hacían a los lobos mucho más deseables; pero no te ponían tan
cachondo como a mí me ponía el puto Taehyung. La verdadera razón por la
que me excitaba tanto en realidad era porque él, como hombre, me atraía
muchísimo. Era su cara de gilipollas mafioso y su gran cuerpo de toro, era
el calor de su piel y el intenso sudor que la cubría, era la forma en la que
gruñía y ese lado animal y salvaje que deseaba domarme. Era Taehyung y
solo Taehyung el que me volvía loco. Sus feromonas solo estaban ahí,
flotando en el aire, siendo la excusa perfecta para decirme a mí mismo que
no necesitaba darle vueltas al hecho de que ese lobo me gustara tantísimo.
Incluso cuando me di cuenta de que estaba enamorado de él, seguí culpando
a las feromonas. Pero todavía es pronto para hablar de eso. Por el momento,
solo le necesitaba muy cerca de mí.
15.- LA GUARIDA: UN PUTO
JARDÍN
-Taehyung se va.
-Pásalo bien.
Cuando dejó la casa, me terminé el café, tire la colilla del cigarro por la
puerta de emergencia y la cerré para que no entrara la lluvia. Envasé la ropa
que se había puesto el lobo, para la cual ya tenía compradores, y me la llevé
a la oficina de correos después de desayunar en la cafetería tan pija que
ahora frecuentaba.
Empecé a notar que la gente que pasaba por mi lado o la que se acercaba lo
suficiente, arrugaba la nariz, fruncia el ceño o me dedicaba miradas
extrañas. El Olor a Macho de Taehyung producía muchos tipos de
reacciones, algunas de asco, pero también muchas otras de deseo. La gente
me olía y se sentía perturbada, confundida, porque quizá nunca hubieran
estado cerca de un lobo y se preguntaban por qué aquella peste a sudor les
excitaba y les atraía tanto cuando debería repugnarles. La respuesta era en
realidad muy sencilla mi lobo era un puto SubAlfa muy bien follado y muy
bien cuidado, por eso olía de aquella manera. O al menos eso era lo que
decían los esnifadores que no dejaban de hacer reseñas y comentarios en
mis hilos. Según ellos, la calidad de vida del lobo, como muchas otras
cosas, influía en su Olor a Macho, en su intensidad y potencia.
No sé, a mí solo me importaba que me pagaran a seiscientos dólares la
camiseta y a casi mil el pantalón, dependiendo de lo usado que estuviera y
de las manchas que tuviera. Taehyung siempre lo mojaba cada mañana, yo
me aseguraba de eso, y después se iba a echar una buena meada, así que los
esnifadores tenían mucho que apreciar ahí.
Hechas las compras de cada tarde, incluyendo un repaso por la tienda de
segunda mano para arrasar con las tallas grandes de ropa que hubiera allí;
volví a casa con tres pollos enteros a la brasa y una bolsa de tela repleta de
ropa. Metí la comida en el horno y me preparé para ir a trabajar, con tiempo
de sobra para pasar por un negocio de muebles a tomar una revista de
publicidad y pararme en una tienda de ropa interior de marca. Compre tres
calzoncillos blancos que me iban a pagar a ochocientos dólares cada uno
cuando Taehyung se los pusiera y los manchara.
Sinceramente, aunque la ropa con Olor a Macho fuera un producto escaso y
muy apreciado por un amplio grupo de pervertidos, ¿qué clase de persona
podía permitirse gastarse casi mil dólares en un calzoncillo usado?, ¿eran
todos millonarios o qué? Después pasé de largo por el escaparate de otra
tienda de marca, pero volví atrás y miré una cazadora de cuero que tenía un
maniquí. Era negra, con un corte de motero y de chico malo. No lo dude,
entre y pedí la talla XL. Pague doscientos treinta dólares por ella. ¿Qué
clase de persona podía gastarse tanto en una cazadora?, pues la clase de
persona que vendía ropa interior usada.
Cuando aparecí por la tienda con la bolsa, el señor Xing la miro y puso cara
de asco. «¿Tú lobal?», pregunto. «No polisía aquí. No, no, no. Mal pala
negosio». Tuve que decirle que no la robe, enseñarle el ticket de compra y
llevarla al pasillo, donde deje mi cazadora militar y espera que el señor
Xing dejara de farfullar sus mierdas en chino. Al irse tomé un Red Bull de
la estantería, probando un sabor nuevo que habían traído, y salí a fumar
afuera, de cuclillas contra la pared de la tienda y resguardado de la lluvia.
Ya casi por costumbre mire el Foro y entre en la sección de los omegas.
Una de mis usuarias favoritas SarahOmegaxAlfa había abierto otro hilo
llorando porque otro lobo la había dejado. Esa mujer estaba fatal y contaba
toda su vida a los cientos de desconocidos que entraban a aquel Foro,
muchos, como yo, solo para reírse de ella. Era también la favorita de los
trolls y usuarios crueles que se creaban cuentas solo para joder a los
loberos, esnifadores y omegas.
Me podía imaginar la clase de personas que serían: quizá hombres
amargados porque los lobos eran mitos sexuales que se hinchaban a follar,
quizá gente aburrida que podía permitirse perder el tiempo con esas cosas.
Fueran quienes fueran se cebaban con SarahOmegaxAlfa, pero es que era
demasiado fácil. La mujer, que debía tener entre veinticinco o treinta años
por las fotos que subía, no dejaba de quejarse, llorar, hacer preguntas
estúpidas y poner descripciones demasiado explicitas de lo que hacía o no
con sus lobos. Su hilo «Me lo he tragado todo y se fue sin decirme nada»
fue un rotundo éxito.
Me estuve riendo un buen rato con las respuestas y preguntas que animaban
a la joven a dar más datos de que había pasado, que le había dicho y que le
había hecho, fingiendo falsa preocupación e interés. Entre ellos también
había personas que le daban consejos de verdad. «Tienes que darte tiempo,
Sarah. No puedes ir de Macho en Macho porque ellos lo saben. Debes
airear bien la casa y purificar (quitar todo el rastro de Olora Macho) antes
de tratar de conseguir otro. Si no, pueden olerlo y no te considerarán una
compañera valida, solo una lobera más».
Había una gran guerra entre los omegas y los loberos, y entre los omegas y
los esnifadores... bueno, realmente a los omegas no les gustaba nadie, a
veces ni siquiera otros omegas. Cada uno tenía su propia idea y razón por la
que querer conquistar a un lobo. Algunos lo hacían por deseo, convencidos
de que un hombre humano jamás podría satisfacerles, otros lo hacían
porque les llenaba la idea de poder participar en un grupo tan «especial» y
restrictivo como era la Manada; ser parte de un grupo, como si se unieran a
una banda callejera repleta de hombres grandes y fuertes.
Otros simplemente buscaban una vida fácil con un Macho que les
mantuviera, porque llegado el momento el lobo traía el dinero a casa o algo
así. Era parte de uno de esos Vínculos que todavía no me había parado a
leer. En definitiva, todos lo hacían por algo Ninguno de esos omegas decía:
«Lo hago por amor a mi lobo» Qué ironía...
Deje el móvil y entre en la tienda, sintiendo un escalofrío y un ligero
entumecimiento en las piernas después de haberme pasado casi una hora allí
sentado. Encendí la radio, repuse algunas baldas, miré la revista de muebles
que había agarrado, revisé los pedidos, atendí a un par de clientes y después
me lleve un par de botellas de leche para Taehyung y café molido para mi
antes de que llegara la señora Xing.
Sali de la tienda con la bolsa de ropa en una mano y la leche en la otra,
cruzando la carretera para subir al Jeep negro que ya me estaba esperando.
Sentí el fuerte olor nada más abrir la puerta, se me escapó un gruñido de
placer y miré al lobo en su asiento, Taehyung se recostó un poco, moviendo
la cadera ya abultada y apretada, antes de empezar a producir un gruñido
bajo que le reverberaba en el pecho. Dejé las bolsas en la parte de atrás que,
por alguna razón, estaba repleta de macetas con plantas, y me quité la
cazadora antes de lanzarme sobre mi lobo para saciar un hambre voraz.
-¿Has robado un invernadero?-le pregunté casi al final de la inflamación,
mientras acariciaba su pelo y apoyaba mi mejilla contra la suya
Taehyung dejo de ronronear en mi oído para responder:
-No. Taehyung compró plantas. A Taehyung le gustan mucho las plantas.
Murmuré algo leve y corto, con la mente y el cuerpo demasiado relajados y
entumecidos para mantener una conversación sobre aquel tema. Tras la
inflamación me moví, quitándome de encima del lobo y profiriendo un
gruñido al caer un poco sobre el asiento del copiloto. Me subí el pantalón,
sintiendo aquella sensación húmeda y viscosa entre las nalgas, antes de
buscar mi cazadora para bajar la ventanilla y encenderme un cigarro.
-Mira la bolsa-le ordene cuando terminó de subirse el pantalón.
Eché el humo por la ventana, hacia la lluvia y el viento fresco, y miré como
el lobo buscaba la bolsa de la tienda de marca en la parte de atrás, agitando
algunas de las hojas de las plantas. Taehyung se giró y alargo su enorme
brazo musculoso para mirar la bolsa de la tienda. Sacó la cazadora y la
estiró para verla mejor.
-¿Para Taehyung?- preguntó.
-Para Taehyung- asentí -Hace frio y llueve, es mejor que te la pongas de vez
en cuando y dejes de ir en manga corta por ahí- le dije, con un tono de voz
desinteresado para no darle importancia al hecho de que me había acordado
de él al verla y se la había comprado.
El lobo se la probó enseguida, tirando de la apertura de la cremallera para
ajustársela. Le quedaba... joder, como le quedaba. Ya no estaba seguro de si
era un regalo para él o para mí. Asentí varias veces con el ciagrro en los
labios y solté el humo a un lado. Sin decir nada, arrancó el coche y condujo
hacia casa.
Aquella madrugada tuvimos que hacer varios viajes para subir todas las
puñeteras plantas. Solté varios insultos y me cagué varias veces en la madre
que había parido a Taehyung cuando encontré rastros de tierra húmeda que
habían dejado las macetas. Al terminar de subirlo todo le mandé con tono
seco que se fuera a cambiar antes de seguir moviendo las mierdas de plantas
y fui a por la escoba.
El lobo volvió con una camiseta verde de un supermercado y un pantalón
corto, azul desgastado, bastante apretado y que le hacia un enorme bulto en
la entrepierna, pero nada comparable a la forma que le daba a su culo
cuando se agachaba a por las plantas para moverlas de sitio. Era grande,
redondo y duro, sobresaliendo antes de alcanzar unas piernas gruesas y
musculosas. A veces mi enfado se interrumpía con leves gruñiditos de
admiración y deseo al verle. Putas feromonas... Taehyung también me
miraba, quizá confuso por sentir mi excitación en el aire, pero ver una
expresión de enfado en mi rostro.
Dejó las plantas cerca de los ventanales y las paredes de toda la casa,
sumándolas a la colección que ya se había traído la primera vez. Incluso
puso un pequeño bonsái a un lado de la barra de la cocina, ahí donde se unía
con la pared y había una grieta entre los ladrillos. Ahora mi casa parecía
sacada de un anuncio de jardines en casa o un reportaje titulado "Cómo
llenar tu vivienda de plantas sin ningún tipo de sentido".
- ¿Y vas a regar todas esas macetas todos los días?-le pregunté, sacando los
dos pollos a la brasa del horno que había puesto a calentar previamente.
Sabrían algo más secos, pero estaba casi seguro de que Taehyung no se
había molestado en calentar ni los filetes ni las costillas antes de comerlas.
-Hay plantas que Taehyung tiene que regar todos los días, pero muchas
otras no. Solo una vez o dos a la semana-respondió él antes de que un
último gruñido de tripas le resonara en la barriga.
-¿Y es normal que vengas tan hambriento a la cena?-pregunte entonces,
sacando dos cervezas de la nevera antes de sentarme -¿Es algo de los lobos?
-No. Ahora Taehyung solo come lo que Jungkook le da.
Fruncí el ceño y bebí un trago de cerveza. Que un lobo solo comiera lo que
el humano le preparaba, no era una mierda de la Guarida, era una señal de
uno de esos Vínculos que a los omegas les gustaban tanto. En ese momento
no me preocupe demasiado, pero me aseguraría de revisarlo en el Foro por
si acaso.
-Si solo comes lo que yo te doy, quizá quieras llevarte algo al trabajo para
que no llegues tan hambriento-le sugerí, dejando la cerveza a un lado para
agarrar el tenedor en su lugar y probar el pollo que el lobo estaba devorando
a pasos agigantados.
Taehyung asintió y siguió masticando.
-Puedo comprarte carne y metértela en un tupper o algo así-le sugerí
mientras me llevaba otro pedazo a la boca.
-Compañeras de Manada hacen eso-me dijo.
Puse una breve mueca de disgusto, pero seguí con la mirada puesta en el
pollo.
-Ya, bueno. Lo que sea- murmuré -Mañana te haré una tortilla al despertar y
te la llevas.
Taehyung soltó un gruñido de placer y sonrió un poco. Tras terminarse el
primer pollo casi entero, comenzó el segundo y empezó a descender la
lentitud con la que comía en el tercero, señal de que comenzaba a estar
saciado.
Yo me levanté, fui con mi cerveza a la puerta de emergencia y me encendí
un cigarro mirando el descampado lluvioso y repleto de charcos oscuros
donde se reflejaban las luces de la ciudad a lo lejos. Me reuní con Taehyung
en el sofá al terminar y le acaricié la cara interna del brazo y un poco el
hombro, ya que quedó al alcance de mi mano cuando el lobo dejo caer la
cabeza, ladeándose en el asiento para apoyarse contra mí. Le lleve a la cama
antes de que se durmiera, me desnude, eché las cortinas y me tumbe a su
lado con un resoplido de cansancio.
Al día siguiente, después del sexo, fui al baño y me di una ducha rápida
para ir a cocinarle la puta tortilla a Taehyung. Se quedó en la cama hasta
que la casa empezó a oler a comida, entonces se levantó con un bostezo,
echo su meada matutina y se vistió para venir a reunirse conmigo en la
cocina. Llevaba la cazadora que le había comprado, una cadena de plata al
cuello y un vaquero ajustado, con su cara ruda y fuerte, su expresión de ojos
levemente caídos y su pelo y barba cortos, tenía pinta de mafioso peligroso
y sanguinario. Eso me puso muy cachondo.
Miró la tortilla con sus ojos amarillos y anaranjados y se bebió el vaso de
leche sin respirar. Había usado la otra docena de huevos que me quedaban y
tuve que casi doblar la tortilla dos veces para tratar de encajarla en el tupper
que tenía. Le entregue el envase caliente y él volvió a sonreír un poco,
mostrando sus colmillos más anchos. Se acercó, me acarició el rostro con el
suyo y gruño por lo bajo, mormoneando. No quise darle importancia,
aunque fue agradable que el lobo fuera tan agradecido después de que me
levantara para cocinarle su puta comida.
-Taehyung se va.
-Pásalo bien.
Tras su marcha, envase la ropa, fumé un cigarro tomando el café que no me
había dado tiempo a tomar hasta entonces y puse el anuncio en el Foro.
Contacte con los esnifadores interesados en la ropa interior de marca
manchada y les envié un mensaje privado diciéndoles que, probablemente,
tuviera en breves un buen producto.
A veces me daba asco a mí mismo cuando hablaba de esas cosas, pero así
eran los negocios. En menos de una hora ya tenía compradores, como solía
suceder. Daba un poco de miedo, pero creía que los esnifadores ya conocían
la hora en la que yo ponía las ventas y me estaban esperando. Fuera como
fuese, gane mil cien dólares aquel día.
Sali de casa, desayuné, hice los envíos y compré un paquete de cinco o seis
tuppers de diferentes formas, pero de tamaño extra grande. Después fui a la
tienda de comida para llevar y arrasé con la carne asada y dos conejos
enteros que me llevé para el día siguiente y que les hice envasar ya en uno
de los tuppers que había comprado. Pagué casi doscientos dólares y la
encargada de la tienda, o la dueña o algo así, vino a hablar conmigo con una
gran sonrisa.
-Si quiere, podemos prepararle pedidos especiales de antemano. Grandes
cantidades, por supuesto, para que se pueda llevar cada día-me ofreció.
Sin duda, aquella mujer conocía a los lobos, conocía lo mucho que comían
y el mucho dinero que yo le podría hacer ganar. Me lo pensé un momento,
mirándola con expresión indiferente mientras me pasaba la lengua por los
labios. No me gustaba adquirir compromisos como aquel, sin embargo, era
bastante útil que ya me tuvieran preparada la comida en las cantidades
adecuadas; así que asentí y le señale con la cabeza a un lado para discutir
sobre el precio.
Al final, conseguí una pequeña rebaja del diez por ciento por un
compromiso de un mes. El diez por ciento parecía poco, pero si te gastabas
de cien a doscientos dólares al día en comida, al final del mes eran unos
quinientos dólares de media que me ahorraba.
Terminados los negocios, salí con mi comida y mis tuppers y volví a casa
para dejarlo todo antes de salir al trabajo.
El señor Xing medio una especie de «ultimátum».
-¡Labalte o yo despedil!-me grito, mirándome a través de esas gafas de culo
de botella que tenía-¡Tú apestal tienda! ¡Malo pala negosio!
Lo que apestaba la tienda no era yo, eran los polvos que echaba con
Taehyung en el despacho; pero bueno, termine asintiendo una y otra vez y
diciendo «Si, señor Xing», varias veces hasta que empezó a insultarme en
chino.
Cuando al fin se largó, dejé la cazadora militar a un lado, saqué mi paquete
de tabaco casi vacío y fui a tomar otro de la balda, pero detuve mi mano en
alto y, en vez de tomar la marca habitual, la moví hacia la sección de tabaco
de liar. Contemple aquellos paquetes apretados y precintados, trague saliva
y fruncí el ceño. El tabaco de liar me gustaba más y olía menos, pero había
tenido que dejar de fumarlo porque me recordaba demasiado a los porros
que tantos problemas me habían dado. Ya llevaba un par de años limpio,
pero... Negue con la cabeza y fui a por la cajetilla.
Sali con mi Red Bull y cigarro entre los labios al frescor húmedo de la
noche y me senté a mirar el Foro. Lo que casi había empezado a formar
parte de mi rutina. Tenía algunos mensajes privados de los esnifadores muy
interesados en los calzoncillos de marca. Uno en particular me ofreció mil
doscientos si le entregaba unos especialmente olorosos, que mi lobo llevara
durante al menos dos días seguidos. Vendido. Otro me preguntaba si vendía
«retales». Tuve que buscar que cojones era eso. Al parecer, algunos
esnifadores menos pudientes, tenían que conformarse con pedazos de ropa
con Olor a Macho, del tamaño de un pañuelo. Encontré un hilo
explicándolo en el subforo de Compra y Venta, titulado «¿Es mejor comprar
ropa o retales?».
Aquello era todo un nuevo mundo. Siempre parecía haber un nicho dentro
de un nicho en aquel Foro. Como si fuera un universo con diferentes
galaxias, y en cada galaxia hubiera diferentes planetas. Los «retaleros»,
eran esnifadores que preferían comprar pequeñas porciones concretas de la
ropa y no la prenda entera. Evidentemente, esas porciones aumentaban en
precio dependiendo de qué zona fueran. Las más caras eran los sobacos, el
cuello, la parte central de la espalda, la entrepierna y el culo; allí donde se
concentraban con mayor intensidad las feromonas y el Olor a Macho.
Los retaleros eran los que compraban solo para oler y masturbarse, los
esnifadores compraban para hacer lo mismo, pero, al poseer la prenda
entera, se la podían poner y eso les excitaba... Solté el humo del tabaco y
fruncí mucho el ceño. La idea de que algún pervertido llevara la ropa de
Taehyung me causó mucha incomodidad. Pensaba que solo la olfateaban,
no que les gustara «ponérsela e ir oliendo a lobo sucios».
Chasqueé la lengua y tiré con fuerza la colilla a un lado, haciendo que la
punta anaranjada expulsara pequeñas volutas encendidas al chocar contra el
suelo antes de ahogarse contra la acera mojada. No debería importarme lo
que hicieran con la ropa, pero, en cierto sentido, me importaba. Respondí al
mensaje del retalero y le dije que sí, que pondría «retales» a la venta muy
pronto. Prefería que esos cerdos se lo pasaran por la cara que se lo pusieran.
Me quedé un poco incomodado durante el resto de la noche, reponiendo
algunas baldas con golpes secos y expresión seria. Estaba molesto, pero no
podía entender por qué me molestaba tanto aquel tema. El dinero era el
dinero, y solo estaba vendiendo el Olor a Macho de un lobo que,
prácticamente, lo estaba dejando por toda mi casa sin consideración
ninguna.
Al terminar de revisar las entregas de licor y cerveza que llegaron a mitad
de la noche, tuve que soportar al tio de los envíos que siempre intentaba
ligarme de una forma ridícula. Fumaba conmigo al descargar las cajas, me
hablaba de su novia, de fútbol y trataba de invitarme a una cerveza mientras
me miraba el culo y fingía rascarse la nariz.
-Vaya, hueles a fiera esta noche, eh-me dijo, porque la peste de Taehyung le
estaba poniendo mucho más cachondo de lo habitual. Se le notaba en su
respiración acelerada y la forma en la que se lamia los labios como si
quisiera saborear la peste -¿Has corrido una maratón antes de venir aquí?
-Me estoy follando a un lobo-respondí sin más.
Eso le cerro la puta boca y tras un par de tartamudeos y sonrisas nerviosas,
al fin se fue. Entonces me senté en la silla y ojeé de nuevo la revista de
muebles, marcando algunos que parecían bastante cómodos para el precio
que tenían. Ahora que tenía dinero, podía tirar esa mierda de... Y entonces
sonó el «dii-doo» de la puerta y, en apenas segundos, lo olí.
Levante la mirada a prisa, por encima de la caja registradora y el mostrador
de chicles. Era Taehyung, pero no venía solo. En seguida bajé los pies de la
mesa y me puse de pie, mirándolos fijamente y con cara seria. Al lado de mi
lobo, había otro lobo que reconocí al instante, se trataba de ese rubiazo que
tanto le gustaba a Nayeon, el alto de ojos amielados, lampiño y mandíbula
afilada. Le pasaba un brazo por la espalda a Taehyung para ayudarle a
andar, porque el lobo cojeaba. Ambos estaban heridos, un poco
ensangrentados y, por como miraban atrás, quizá alguien les seguía.
Ese fue mi primer contacto con la Manada, o, al menos, con los asuntos de
la Manada. Con el tiempo descubriría muchas cosas sobre ellos, sobre los
chicos y sus compañeros. La gran hermandad que eran, los fuertes lazos que
les unían y lo mucho que se querían. En la Manada se cuidaban los unos a
los otros y nunca dejaban a nadie atrás; y que esa noche Taehyung hubiera
confiado lo suficiente en mí para venir herido y traer a uno de sus
hermanos, en un momento de debilidad como aquel, significaba mucho,
muchísimo. Pero lo único que dije fue:
-Joder... Van a hacer que me despidan...
16.- LA GUARIDA: REFUGIO
Salí de detrás de la mesa del mostrador y fuí hacía ellos con expresión seria.
Taehyung me miraba con sus ojos amarillentos de largas pestañas negras,
tenía un corte a la altura de la ceja y restos de sangre en las comisuras de los
labios. Su cazadora de cuero nueva estaba rasgada, rota en una manga, sucia
de barro y hecha mierda. Sus vaqueros no estaban mucho mejor, con la
diferencia de una herida en su muslo, una que el lobo se apretaba con la
mano, había dejado un gran círculo rojo, casi negro, sobre la tela azul
oscuro.
El otro lobo, el rubio, agachaba la cabeza y me miraba casi por el borde
superior de los ojos, con cuidado y los dientes apretados. No estaba tan
herido como Taehyung, pero no estaba bien. Apenas le preste atención,
centrándome en mi lobo, que era el único de los dos que me importaba. Le
hice una señal hacia el pasillo para que fueran al despacho, me di la vuelta y
tomé las llaves de la tienda para cerrar la puerta mecánica y bloquearla,
echando una mirada rápida al exterior. No estaba el Jeep negro y no parecía
que hubiera nadie buscándolos. No todavía, al menos. Me di la vuelta, tomé
la navaja de mi cazadora para guardarla en el bolsillo del chándal y seguí el
rastro de gotitas de sangre que habían ido dejando hasta llegar al despacho,
al que entré antes de cerrar la puerta de un golpe seco.
-¿Por qué cojones están aquí?-pregunté con tono seco mientras me cruzaba
de brazos.
El rubio había dejado a Taehyung apoyado en la mesa y se había quedado
de pie, observando el lugar y gruñendo por lo bajo. Se había asustado
cuando me vio cerrar la puerta, poniendo la espalda tensa y apretando los
puños; Taehyung, por el contrario, estaba bastante relajado, cubriéndose la
herida y con la frente perlada de sudor.
-Han emboscado a Hoseok y a Taehyung en trabajo-respondió él.
Eso no respondía a mi pregunta, pero el otro puto lobo no dejaba de gruñir
por lo bajo y me estaba poniendo de los nervios, así que le dirigí una mirada
seca y le solté un educado:
-Cierra la puta boca- después miré de nuevo a Taehyung- ¿Les han seguido
hasta aquí?
-Taehyung no está seguro- reconoció -Puede.
Tomé una bocanada de aire y me llevé la mano al rostro para frotarme los
ojos con el dedo índice y pulgar. Que el puto lobo se hubiera mudado a mi
casa, que apestara todo lo que le rodeaba, que se comportara como un cerdo
que solo sabia comer y follar.... tenía un pase porque a cambio estaba
ganando mucho dinero a su costa; pero que me metiera en sus mierdas
criminales ya no me hacía tanta gracia.
Aun así, aquel no era momento para ponerse a discutir. Yo había estado en
su situación en el pasado, herido, huyendo y desesperado por encontrar
ayuda y refugio. Sabía que lo menos que necesitabas en ese momento era
que te empezaran a gritar. Así que me di la vuelta y salí sin decir nada,
cerrándola tras de mí para ir en busca de algo para desinfectar las heridas y
vendarlas.
Cuando regrese con las manos llenas y un par de sándwiches de pollo, los
lobos estaban discutiendo en voz baja. Se callaron al momento en el que
entré, pero estaba claro que el rubio no estaba nada feliz de estar ahí y que
Taehyung le estaba sometiendo con gruñidos y su mayor rango en la
Manada.
-Bájate el pantalón- le dije, yendo al escritorio para dejar todo encima. Le
tiré un paquete con el sándwich de pollo al rubio, Hoseok, y añadí-: Tú
estate calladito.
Agarro el sándwich antes de que chocara contra él, al vuelo, y me dedicó un
bajo gruñido que Taehyung corto en seco con una mirada que daba miedo y
un gruñido más denso y profundo de advertencia. Entonces se fue con la
cabeza gacha a la pared entre las fotos de los horribles hijos del señor Xing.
Taehyung se desabrocho el cinturón y se bajó los vaqueros, sufriendo una
punzada de dolor y profiriendo un gemidito un poco lastimero. Moví la
lamparilla del escritorio y la acerqué a la herida del muslo para verla mejor.
Era un corte limpio de arma blanca, puede que de un cuchillo, solo la punta;
quizá Taehyung lo hubiera parado a tiempo antes de que se adentrara lo
suficiente para perforarle todo el músculo hasta el hueso. Aun así, todavía
sangraba, un poco más tras cada latido. Chisqué la lengua y le dediqué una
mirada seria al lobo por el borde superior de los ojos antes de abrir un
paquete de gasas y el bote de antiséptico. Moje una buena cantidad, sin
importarme demasiado ensuciar el suelo y le empecé a limpiar la herida.
Taehyung gruño y apretó sus grandes manos contra el borde de la mesa,
llegando a producir algún que otro crujido en la madera. Dolía, claro que
dolía, pero no me puse a consolarle y decirle cosas bonitas, porque era un
puto lobo adulto y con los huevos llenos de pelo. Si podía extorsionar a
gente, robar y dedicarse a toda clase de actividades delictivas; podía
soportar un poco de desinfectante líquido.
Tras limpiarle bien la zona, deje la gasa manchada de sangre sobre la mesa
y abrí el paquete de tiritas de fijación para unirle los bordes de la herida y
ayudar a que se cerrara antes de vendarla bien.
-¿Tienes más? —le pregunté.
Taehyung respiraba profundamente entre los labios, me miró a los ojos y
trato de quitarse la cazadora, pero como no fue capaz, le ayude. En los
brazos tenía más cortes, algunos sobre los que ya se le habían curado de la
otra vez. Sin decir nada, continue mi trabajo de enfermera y terminé con
medio paquete de gasas y su herida de la ceja gruesa y negra, apelmazada
con sangre seca. La limpié un poco y le puse otra tirita de fijación.
-¿Algo más?- quise saber.
El lobo negó. Le limpié el sudor de la frente y le di una breve e inconsciente
caricia en el pelo, como diciendo «buen chico». Alcancé el otro sándwich
sobre la mesa y se lo di. Taehyung soltó un gruñido bajo que no reconocí,
quizá uno que significara: «gracias por cuidarme, Jungkook. Sé que soy un
lobo subnormal y que no debería haber venido a la tienda esta noche».
Después tiré el resto del paquete de vendas y tiritas a Hoseok el rubio para
que se curara él mismo lo que tuviera que curarse y salí por la puerta para
que pudieran seguir discutiendo entre ellos ahora que Taehyung estaba
vendado.
Giré en el estrecho pasillo rodeado de cajas para ir al cuarto donde el señor
Xing guardaba la escoba y la fregona. Limpie el suelo con manchas de
sangre y lo deje bien limpio, pensando en los muchos problemas que podría
traerme el hecho de que los lobos estuvieran allí. La tienda apestaba, el
despacho apestaba, y en el momento en el que el señor Xing mirara las
cámaras de seguridad y me viera ayudándoles, me iba a poner de patas en la
calle. Solté un resoplido y me rasqué la frente.
Ahora que vendía ropa sucia de lobo, no necesitaba trabajar, pero eso no era
un seguro para toda la vida. Taehyung se iría en cualquier momento, quizá
en un par de semanas o puede que un par de meses. Por mucho que hubiera
ganado, seguiría necesitando un trabajo al final del año. Y yo no era el
mejor haciendo entrevistas ni cayéndole bien a la gente, así que entre eso y
mi oscuro y complicado pasado, no había muchas oportunidades laborales
para...
Unos golpes fuertes sobre el cristal me sacaron de mis pensamientos. Giré
el rostro y miré a los siete hombres que había tras las puertas mecánicas.
Sin duda, eran mafiosos, pero no eran lobos. No eran ni altos ni fuertes,
solo una panda de matones callejeros con ropa negra, un montón de heridas
de una pelea reciente y armas que escondían de una forma nada discreta
bajo sus cazadoras. Alce la cabeza y el jefe, o al menos el que mandaba, me
hizo una señal para que abriera la puerta. Dejé el palo de la escoba apoyado
en una de las estanterías de baldas y me llevé una mano al bolsillo, donde
tenía mi navaja. El corazón me latía rápido, pero mi rostro era una máscara
de indiferencia
-Está cerrado-les dije con tono tranquilo pero lo suficiente alto -Si necesitan
algo hay una gasolinera a un kilómetro, por la autopista.
-Abre la puerta-ordenó el hombre, sacando la mano de debajo de su
chaqueta para enseñarme que llevaba una pistola.
Los cristales eran gruesos, no eran anti-balas, pero si anti-robos. Aunque
empezaran a disparar, tendría la posibilidad de llegar a encontrar refugio
antes de que una bala me alcanzara. Por eso no me asuste demasiado. Ya me
habían apuntado con un arma antes, ya me habían disparado con un arma
antes.
-No sé qué quieren, pero solo hay noventa dólares en la caja-le dije-. Este
no es un negocio que merezca la pena robar.
-Abre la puta puerta, chico, o te meto un tiro en esa cara bonita que tienes-
me amenazó.
Lo más sencillo era fingir que iba a por las llaves y pulsar el botón del
pánico que tenían instalado bajo el mostrador. Eso mandaría una alarma a la
policía y se presentarían en menos de cinco minutos. El problema era que
yo tenía a dos lobos heridos en el despacho a los que harían preguntas que,
seguramente, no quisieran responder.
-Mira, solo soy un trabajador. No quiero problemas- le dije- Pero no voy a
abrir la puerta a siete hombres armados.
El jefe, con la nariz rota y el bigote ensangrentado, levantó su arma y pegó
el cañon al cristal, a la altura de mi rostro. Ladeó la cabeza y me mostro sus
dientes amarillentos en una mueca de enfado.
-Sé que escondes a esos putos perros, así que abre la jodida puerta o te
vuelo los sesos, ¿me has entendido, pequeño hijo de puta?
-Aquí solo estoy yo-negué.
-Muy bien. Dale saludos a Satán de mi parte- entonces se apartó y apuntó
con la pistola al cristal.
Me tire al suelo y gatie como una jodida rata hacia el pasillo de los snacks.
Cuando se oyeron los disparos, me encogí sobre mí mismo y me cubrí la
cabeza solo por instinto. El cristal, como me había imaginado, se quebró
con el impacto, pero no se rompió. Mi reacción fue seguir arrastrándome
hasta que me sentí lo suficiente confiado para incorporarme y correr
agachado, dando la vuelta al local hasta el borde del pasillo.
Dieron un par de patadas al cristal para que cediera, tomé unas fuertes
bocanadas de aire y salí corriendo como un hijo de puta por el pasillo,
agachando la cabeza como si así pudiera evitar que las balas me
atravesaran.
Llegué a la puerta del despacho y la abrí antes de cerrarla a mis espaldas.
Mire a los dos lobos, que estaban de pie y muy nerviosos, con sus espaldas
envaradas, gruñendo sin parar y con los puños apretados. Me lleve el dedo a
los labios y sisee. «¡Shhhh...!» Quizá mi rostro asustado, mi respiración
acelerada y mis ojos muy abiertos y dilatados no les diera la mejor
sensación del mundo, pero es que una panda de mafiosos estaba reventando
el cristal de la tienda y estábamos atrapados en el despacho sin salida
alguna. La única conexión con el exterior era un ventanuco en lo alto de la
pared, pero el genio del señor Xing le había puesto rejas. Los ruidos
llegaban del exterior, quizá hubieran conseguido entrar.
Me aparte de la puerta y me puse a un lado, saque la navaja y la apreté con
mucha fuerza en mi puño. Sentía un intenso latido en los oídos, pero la
adrenalina me hacía muy consciente de todo lo que pasaba a mi alrededor.
Los lobos se estaban preparando para el ataque, heridos y nerviosos,
gruñían y se encorvaban ligeramente.
-Shhhh... ¡Joder!- les grité, haciéndoles una señal para que salieran de
delante de la puerta y se pusieran al otro lado.
Quizá había una posibilidad de herir a algunos de los mafiosos al entrar.
Quizá podía conseguir quitarle una pistola y cargarme a unos pocos más.
Quizá simplemente entrarían y nos pegarían un tiro a cada uno en la cabeza.
Había muchas posibilidades, pero yo tenía mi navaja y eso me hacía sentir
mucho mejor. Apreté los dientes con pura rabia y, si no hubiera tenido el
cuerpo lleno de adrenalina, seguramente me hubiera dolido.
Los lobos se movieron al lado de la puerta. Se oyeron pasos por el pasillo,
pasos pesados que retumbaron. Miré a Taehyung, que me miraba de vuelta
con sus ojos amarillentos y anaranjados y mostrando sus colmillos. Le hice
una señal para que esperara y un gesto con mi navaja de que iba a apuñalar
al primero que pasara. Él lo entendió rápido y asintió. Yo asentí. Más pasos.
Estaban cerca. Un último y profundo latido y...
Alguien llamo a la puerta. Me quedé helado y volví a mirar a Taehyung.
-¡Chicos! ¿están ahí?- preguntó una voz grave desde el exterior.
Fruncí el ceño, pero los lobos parecieron reconocerlo y su relajación se hizo
patente en sus cuerpos, en sus respiraciones y sus rostros. Hoseok soltó el
aire y se dejó caer contra la pared mientras cerraba los ojos. Taehyung fue
el que se movió y abrió la puerta.
-Si. Aquí estamos- le dijo al hombre -¿Namjoon recibió llamada de
Taehyung?
-Si, hemos venido corriendo-respondió la voz de un lobo que no pude ver,
pero sí que pude oler. Era un Olor a Macho intenso y duro, menos cálido
que el de Taehyung, más... agrio, de alguna forma. No me gustó nada. -
¿Están bien?
-Solo heridos-respondió Taehyung- Hoseok y Taehyung fueron emboscados
en trabajo.
Hoseok, el rubio, se movió para ponerse a la vista del hombre tras la puerta
y cabeceó a forma de saludo, agachando un poco la cabeza con sumisión.
-Resolveremos el problema- le aseguró la voz grave, antes de que un brazo
fuerte de mano grande y con un anillo le agarrara a Taehyung del hombro
para darle un apretón- Lo hicieron muy bien-les felicitó - Vayámonos antes
de que venga la policía y los curaremos.
Hoseok se fue hacia la puerta y paso de largo, pero Taehyung me miro y me
agarro de la muñeca, tirando de mi hacia él. Yo seguía algo confuso y
sobrexcitado por todo aquello. Miré al lobo grande, fuerte, con traje. Tenía
los ojos de un color avellana y una expresión suave que cambió un poco al
verme allí. Puso una leve expresión de sorpresa, frunció levemente el ceño
y olfateó discretamente el aire, como si quisiera comprobar algo. Entonces
dijo:
-Así que tú eres Jungkook.
Asentí un par de veces, demasiado tenso aún para responder con palabras.
Mi rostro era totalmente serio e indiferente, pero mi corazón aún latía
rápido. El lobo bajo la mirada a mi navaja y después volvió a mis ojos.
-Ya no necesitas eso, Jungkook. La Manada se ha encargado de todo.
Apreté el arma un momento, pero con el dedo gordo moví la base de la hoja
afilada y la escondí en el mango con un suave «click». Me la guardé en el
bolsillo, pero no la solté. El lobo miró a Taehyung y le hizo una señal para
que le siguiera afuera. Él asintió y tiro de mí para que le ayudara a salir,
apoyándose un poco en mi al caminar y cruzando juntos el estrecho pasillo
por el que casi no cabíamos; seguidos del otro lobo que, por el hecho de que
Taehyung le diera la espalda, debía de ser rango superior a él. Así que ese
que olía tan mal era el Alfa de la Manada. Y, en la tienda de cristales rotos y
cuerpos de mafiosos humanos inconscientes, estaban otros seis lobos. Todos
grandes, todos fuertes, todos con ojos brillantes y un olor intenso.
Saludaron a Taehyung con respeto y se apartaron para dejarnos pasar hacia
la puerta.
-Taehyung tiene que quedarse con Manada- me dijo entonces- Jungkook
debe volver a casa.-
No lo dude. Asentí con la cabeza, le dejé ahí de pie y volví a por mí
cazadora militar tirada en el suelo. Los lobos me miraban con atención,
pero ninguno me gruñó ni se interpuso en mi camino.
Saqué mi paquete de tabaco, me puse un cigarro en los labios y lo encendí
antes de salir de vuelta a la puerta.
-Hoy hay carne asada para cenar-le dije a Taehyung cuando volví a pasar
por su lado, sin quitarme el cigarro de los labios, por lo que mis palabras
sonaron un poco vagas.
Tomé el camino a casa, haciendo crujir los cristales y trozos de plástico de
las puertas reventadas a cada paso. No mire atrás, seguí fumando y
caminando a paso firme hasta doblar la esquina. Allí fue cuando empecé a
andar más rápido hasta que, simplemente, me eché a correr, con el cigarro
en la mano y el pecho bombeándome sangre por todo el cuerpo. Miraba de
un lado a otro, como si los mafiosos me hubieran seguido o me fueran a
asaltar tras cada esquina o callejón. Llegué al portal y saqué las llaves de
forma tan nerviosa que se me cayeron al suelo.
-¡Mierda!- grité, agachándome rápidamente a tomarlas. Abrí el portar y subí
las escaleras corriendo.
Cuando llegué a casa estaba sudado y sin aliento. Descansé un poco con la
espalda apoyada en la puerta, tragué saliva para mojar la garganta seca y
cerré los ojos mientras respiraba profundas bocanadas del aire apestoso y
denso del apartamento. Apestoso y denso, pero que me hizo sentir mucho
más seguro y me ayudo a calmarme rápidamente.
Me quite la cazadora, tiré las llaves sobre el taburete y me saque otro
cigarro. No encendí las luces. Abrí el zippo y tapé la llama con la mano
antes de cerrarlo y fumar una calada. Miré por la ventana de la habitación,
discretamente mientras el humo se escapaba de mis labios. La calle estaba
silenciosa, vacía, con solo las pocas farolas que todavía funcionaban
arrojando su luz sucia y amarillenta sobre la acera.
Fumé otra calada y fui a la cocina. Me saqué una cerveza de la nevera y me
senté frente a la barra, apoyé los codos y me pasé las manos por el pelo,
todavía con el cigarro entre los dedos. Tomé aire por la nariz y aprete los
labios para que me dejaran de temblar. La casa estaba a oscuras y solo las
sombras de las plantas se perfilaban contra los cristales sucios. Fumé otra
calada nerviosa más y mi rostro quedo suavemente iluminado por un brillo
anaranjado.
Cuando Taehyung había entrado en mi vida, había sido un incordio, un
incordio muy rentable, pero solo contaba con tener que llenarle la barriga y
vaciarle la polla, un trabajo que no me molestaba en absoluto. Lo que me
molestaba era que ese hijo de puta apestoso me metiera en problemas que
no eran míos. Si él y su Manada querían robar y ser unos puñeteros
mafiosos, que lo fueran. A mí me daba igual. Siempre y cuando yo no
estuviera en medio.
Me levante y fui junto a la puerta de emergencias, la abrí un poco, solo lo
suficiente para que saliera el humo y poder espiar la callejuela. Me quedé
allí, con la mirada perdida en el descampado a oscuras y la ciudad al fondo,
fumando y bebiendo cerveza. En algún momento, quizá una hora después,
aunque no estaba seguro, oí la puerta y gire rápidamente el rostro.
-¿Jungkook?
Oí el ruido de unas llaves y me relajé. Las luces del techo se encendieron,
arrojando aquella desagradable y potente luz sobre la casa. Taehyung dio
pesados y tambaleantes pasos hacia la habitación, casi arrastrando la pierna
herida. Gruño un poco cuando no me vio allí, un ruido más agudo y corto.
Se dio la vuelta con una expresión de miedo y angustia y pasó la mirada por
el resto del apartamento, encontrándome apoyado contra la pared al lado de
la puerta de emergencias. Yo tenía una mueca muy seria de ojos
entrecerrados y fumaba el que, creía, sería el quinto cigarro de la noche.
Taehyung no se movió, quedándose allí parado con su cazadora rota y su
pantalón manchada de sangre. Solté el humo lentamente entre los labios y
señalé la cocina
-La comida está en el horno-le dije.
El lobo asintió y fue cojeando, más lentamente, hacia allí -Y Taehyung-
añadí. -A mí no me gustan los problemas. No me gustan nada...
El lobo se detuvo, me miró fijamente con sus ojos amarillentos y asintió
lentamente. Entonces fue hacia el horno, sacó la enorme bandeja de carne
asada y se sentó a comerla con las manos, mirándome de vez en cuando;
quizá para tratar de descubrir si estaba enfadado, quizá para asegurarse de
que seguía ahí parado y fumando.
En ese momento me prometí que no iba a meterme en asuntos de la
Manada, que no quería saber nadade la Manada y que no quería entender a
la Manada. Que les jodieran a todos. Yo solo estaba allí para follarme al
lobo, llenarle la barriga y vender su ropa con Olor a Macho. Eso fue lo que
me prometí aquella noche. Es gracioso recordarlo, porque apenas unos
meses después ahí estaba yo, luchando y dándolo todo por la Manada y por
Taehyung. Que vueltas da la vida...
17.- LA GUARIDA: UN LUGAR
DE DESCANSO
Taehyung se terminó su bandeja de carne asada, bebió lo poco que quedaba
de su cerveza y soltó un eructo antes de chuparse los dedos, limpiarse los
labios con el trapo y levantarse. Se dejó caer en el sofá y me echo otra
mirada por encima del respaldo. Gruñó un poco, un sonido bajo que sí
reconocí. Era el gruñidito de cuando quería atención y caricias, porque yo
estaba muy distante con él y eso no le gustaba. Bueno, a mí tampoco me
gustaba que me trajera a una banda criminal al trabajo, así que le ignoré,
tiré la colilla por la puerta, solté el humo y la cerré antes de ir a recoger la
bandeja vacía y grasienta que había dejado. Cuando tuve todo recogido, me
lavé las manos y fui a sentarme al sofá. Taehyung volvió a soltar un
gruñidito, pero aparto rápido la vista hacia la televisión cuando vio mi cara
seria. Levante una mano y tiré de la rotura en su cazadora negra.
-Es mejor que te quites esto-le dije- Mejor quítatelo todo y lo tiramos.
El lobo miró la rotura y puso una expresión apenada, bajando sus espesas
cejas negras.
-A Taehyung le gusta mucho la cazadora que Jungkook le ha comprado-
dijo en voz baja-. No importa que este rota.
-Está hecha una mierda, Taehyung- respondí. -Hay que tirarla- y tras un
breve silencio, añadí -:ya te comprare otra.
El lobo soltó un gruñido diferente a los anteriores, más lineal y rápido, y se
quitó la cazadora con cuidado. Le ayudé, porque seguía herido y no quería
que se hiciera daño. Puse la cazadora destrozada sobre la mesa y después le
quité la camiseta negra que apestaba a lobo. El Olor a Taehyung era intenso
después de haber sudado tanto aquella noche y me pilló un poco por
sorpresa. Cerré los ojos y sentí cómo la polla se me ponía dura bajo el
chándal.
Por supuesto, el lobo lo percibió y me miró, empezando a respirar más
fuerte y a empalmarse también bajo su vaquero. Todavía seguía molesto,
pero no tanto como para castigarle a él -y a mí mismo-, sin sexo. Así que
tomé una buena bocanada de aquel aire apestoso, denso e intenso, fui a
dejar la camiseta junto a la cazadora sobre la mesa de la cocina, y volví de
espaldas a Taehyung para poner mis manos en sus grandes hombros y,
lentamente, descender acariciándole sus enormes pectorales. El lobo no
separó la mirada de mí, recostando la cabeza en el respaldo y jadeando.
Bajé el rostro y besé sus labios marcados en mitad de su barba. Se me
escapó un gemido de garganta cuando noté la humedad y calidez de su
boca, con aquellos colmillos gruesos que sobresalían sobre el resto de
dientes. El lobo empezó a gruñir con excitación; levantando uno de sus
fuertes brazos para agarrarme el pelo y hacerme que le besará más y,
probablemente, más fuerte. Entonces comenzó a mover la cadera de arriba
abajo, cada vez más deprisa, como si ya estuviera follándome.
-No te muevas...-le susurré en los labios, acariciando su pecho abultado y
caliente de arriba abajo-. Como se reabran las heridas me enfadaré,
Taehyung.
El lobo gruñó en desacuerdo, tirando más fuerte de mi pelo porque él era el
Macho y todas esas gilipolleces. Quizá Taehyung se creyera muy hombre y
muy lobo, pero se deshacía como caramelo derretido cuando le besaba y le
acariciaba el pecho y la barriga.
Sacó la lengua y comenzó a lamerme, tratando de imitar mis besos. Aquello
tan asqueroso, por raro que pueda parecer, había empezado a gustarme.
Tanto, que presioné más las manos sobre su cuerpo, como si no fuera capaz
de tocarle lo suficiente. Le acaricié la barriga abultada, el pecho duro, los
enormes brazos; hasta que no pude más, tragué saliva y fui a ponerme
frente a él. Me quité la camiseta de camino y la tiré a un lado, me arrodillé
entre sus piernas y le desabroché el cinturón de hebilla plateada. No me
detuve hasta agarrar su polla gorda, caliente y completamente empapada. El
olor al liberar aquello me dejó sin aire. Apreté los dientes, cerré los ojos y
gemí antes de volver a abrirlos. El puto Taehyung y sus putas feromonas de
lobo conseguían que hasta su apestosa polla me pusiera tan cachondo que
dolía. Me metí la cabeza ligeramente más grande que el tronco en la boca,
pero solo para limpiársela un poco y sorber aquellos hilos de líquido
viscoso y traslúcido que se le habían pegado al pelo negro entre su pubis y
su ombligo. Entonces fui subiendo, siguiendo el reguero de vello con besos
y breves lametones hasta alcanzar su pecho. Ahí me detuve para frotarme la
cara como un gilipollas, porque apestaba a Taehyung y me encantaba. Con
más besos fui hacia uno de sus pezones salidos y redondos y lo lamí. Eso
pilló por sorpresa al lobo, que gruñó de una forma más alta, abriendo más
los labios y echando la cabeza para atrás. Era curioso, pero tardé todo ese
tiempo en encontrar una de las mayores debilidades de Taehyung: sus
pezones. Nunca supe si se trataba de un punto erógeno común en los lobos,
pero a Taehyung le volvía completamente loco. Se retorcía, bufaba, gruñía y
me apretaba contra él o me agarraba con mucha fuerza el pelo mientras su
polla no paraba de mojarse y manchar todo a su paso. Cuando terminé allí,
el lobo solo quería metérmela y correrse; pero me tocaba a mí disfrutar de
una de mis mayores debilidades: los cojones de Taehyung.
Tras aquello, ambos estábamos totalmente enloquecidos. El lobo me mordió
tan fuerte que me hizo gritar mientras me taladraba el culo, chapoteando
con tanto liquido viscoso. Yo le insultaba y a veces incluso le daba
puñetazos, le arañaba o le tiraba del pelo; pero Taehyung no se detuvo hasta
que se corrió no cuatro, sino cinco veces.
Quiero hacer un breve apunte aquí y decir que, fuera del Celo, que un lobo
se corriera cinco veces era como la hostia. Cuatro, era posible a veces, pero
cinco significaba que el Macho estaba tan excitado con el humano que
había llegado a niveles similares a la época de apareamiento. Así que sí, soy
un amante cojonudo.
Después llego la contracción y la inflamación dejándonos sumergidos en un
intenso silencio solo interrumpido por nuestros jadeos. Taehyung estaba
empapado en sudor, elevando su pecho a cada respiración, apestando todo
el sofá y toda la casa con sus feromonas y su intenso Olor a Macho.
Recostaba la cabeza sobre el respaldo, con el rostro cara al techo y los ojos
entrecerrados mientras me apretaba contra él entre los brazos. Yo no estaba
mucho mejor, con la frente apoyada sobre el mismo respaldo, alado de la
suya, mientras jugaba distraídamente con su pelo húmedo, incluso cuando
la inflamación terminó cinco minutos después, todavía seguíamos en la
misma postura.
Fue el lobo el primero en moverse, levantando la cabeza para frotar el
rostro contra mi sien y mi pelo mientras ronroneaba por la bajo. Después se
puso a lamer las buenas marcas que me había hecho en el hombro con lo
putos dientes y sus grandes colmillos, la mayoría de ellas ensangrentadas.
Moví un poco el hombro, porque me hacía daño, pero no se detuvo, así que
solté un:
-Joder, Taehyung, que duele... -eso le detuvo al fin.
Alcé la cabeza y tomé una buena bocanada. Levante la cadera, notando lo
sumamente empapado y viscoso que estaba todo y me moví a un lado con
quejido al notar las piernas entumecidas de la postura. Solté el aire y con un
gran esfuerzo de mi parte, conseguí ponerme de pie. Mire a Taehyung, con
las piernas abiertas, el vaquero por los tobillos, el torso manchado de mi
semen y sudor, sus ojos adormecidos y su polla ya flácida a un lado;
descansando como un héroe de guerra después del gran trabajo que había
hecho.
Por desgracia, algunas de las heridas se le habían reabierto con tanto
moverse y los vendajes se habían ensangrentado de nuevo. Chasqué la
lengua y puse una mueca de consternación. Solo tenía ganas de echarme en
cama y dormir, pero no podía dejar al lobo así. Tuve que ir al baño a por
dos toallas, una húmeda y otra seca, además del botiquín. Me senté a su
lado y le hice de muevo las curas mientras se quedaba dormido. Le seque el
sudor con la toalla seca y el pecho manchado con la toalla húmeda.
Cuando termine, lleve todo al baño y me detuve antes de tirar la toalla seca
al cubo de la ropa sucia. Era vieja y estaba hecha una mierda, pero olía
bastante al sudor de Taehyung. Seria cojonuda para vender a retazos. Así
que la metí en una bolsa de envasado, al igual que su camiseta negra y
desgarrada que apestaba y sus pantalones vaqueros manchados de sangre
que le había quitado mientras dormía en el sofá. Los cortaría y haría retazos
con toda aquella ropa sudada y muy usada y los vendería a puto precio de
oro. Pero al día siguiente, en ese momento estaba cansado y agotado,
mental y físicamente. Desperté a Taehyung con una caricia mejilla contra
mejilla como las que él me daba y le froté un poco el pecho.
-Despierta, fiera. Vamos a la cama- murmuré.
El lobo gruñó por lo bajo y respondió a mi caricia, mormoneando. Le ayude
a levantarse y pasé un brazo por debajo del suyo, rodeándole para que se
apoyara sobre mí y caminara mejor. Le abrí la colcha y se echó, esperando a
que me uniera a él para rodearme por la espalda y volver a quedarse
dormido. Cerré los ojos y me dejé llevar por el calor de su cuerpo y el
cosquilleo en mi nuca tras cada ronquido.
Cuando me desperté, la claridad entraba por los ventanales con demasiada
fuerza, porque me había olvidado de mover las cortinas. Solté un quejido y
me giré para cubrirme bajo el edredón y pegar la cara al pecho de
Taehyung. Evidentemente, eso produjo una reacción en mi tras un par de
minutos y acabe despertando al lobo mientras le lamia los pezones de
nuevo. Esta vez me aseguré de que no se moviera tanto, cabalgándole yo
mismo. Eso no gusto demasiado al lobo, que no se sentía nada a gusto con
el hecho de no llevar la iniciativa y el ritmo del sexo; así que me agarró del
cuello con su enorme mano y me lo apretó mientras gruñía para reafirmar
su autoridad sobre mí. Solo se corrió las tres veces de siempre en esa
ocasión, quedando fatigado, con los labios entreabiertos, los ojos
adormilados y los brazos extendidos a lo largo de la cama. Taehyung
siempre cumplía, pero eso no quería decir que la pelea del día anterior, la
huida, las heridas y todo el sexo, no hubieran hecho mella en su cuerpo y su
resistencia física. Mi lobo era todo un hombretón, pero incluso los
gladiadores tenían que descansar de vez en cuando.
Con esa tonta idea en mente me fui al baño y le dejé descansando con las
cortinas echadas para que no le molestara el sol. Me vacié en el váter, me
duché y salí fresco para ponerme algo cómodo e ir hacia la cocina. Me
encendí un cigarro y preparé el café, dando una buena hostia a la máquina
para que funcionara. Ahora que tenía dinero no sabía que cojones hacia
todavía con aquella mierda rota que me quemaba el café.
Abrí la nevera para sacar la leche y llené hasta el borde el vaso de Taehyung
antes de meterlo en el micro. Un buen trozo de ceniza del cigarro que no me
había sacado de los labios todavía, cayó sobre mi pantalón suelto de pijama
y solté un «mierda», mientras me lo limpiaba. Yo no era lo que se decía una
mujercita del hogar, no iba a canturrear mientras batía huevos y hacían
tortitas con sirope de caramelo para mi cariñito... porque si llegaba ese día,
abriría la puerta de emergencia y me tiraría de cabeza para reventarme los
sesos contra el asfalto.
Tomé mi café y me fui a la puerta para terminar mi cigarro y beber
tranquilamente el líquido oscuro y amargo, mirando el descampado al lado
del edificio. El cielo estaba nublado, pero ya no como antes, e incluso la luz
del sol se colaba en columnas y bañaba la ciudad. Aquello duraría poco,
porque en aquel asqueroso lugar llovía demasiado, menos en verano, que
hacia un puto calor insoportable.
Me terminé mi café y mi cigarro y me puse a ver el móvil. Tenía muchas
llamadas perdidas y mensajes del señor Xing, pero los ignoré y fui directo
al Foro. Escribí un par de anuncios de venta, todos de retales. Tenía una
camiseta negra muy usada de la que podía sacar cuatro, un pantalón
vaquero del que podía sacar otros dos y una toalla sudada. El precio era
menor que por la prenda completa, pero, aun así, alcanzaría unos mil
dólares con todo gracias a que tenía mucho Olor a Macho de SubAlfa.
Chasqué la lengua con rabia; podía haber sacado más de mil seiscientos si
lo hubiera vendido entero, pero la idea de que algún puto enfermo se lo
pondría, me seguía repeliendo demasiado. Mientras mandaba un mensaje al
comprador del retal de la entrepierna del pantalón, el que más valía de
todos, oí un bostezo a lo lejos, seguido del crujir de la cama y un gruñido de
queja. Deje el móvil en la mesa y me levante para ir a ayudar a Taehyung a
llegar al baño. Me quede esperando a que terminara de mear, con una mano
sujetándose la polla y la otra en las horribles baldosas de la pared, antes de
ayudarle a volver a la cama y revisar las heridas. Las vendas estaban un
poco manchadas, pero nada fuera de lo normal tras la noche.
-Te las voy a cambiar-decidí, porque era temprano y tenía tiempo de sobra
para ir a mis recados de la tarde. -Ah, y te pones un calzoncillo-recordé.
Taehyung solo gruñó un poco en respuesta. Espero a que fuera yo quien le
pusiera el bóxer, una expresión de incomodad cruzó su rostro y movió la
cadera, como si no le gustara, antes de rascarse el pubis. Por supuesto,
estaba exagerando. Era un calzoncillo de marca, de algodón suave y
elástico, la tela se adaptaba a la perfección a su cuerpo grande, remarcando
todo lo que había que remarcar... el cabrón estaba bastante sexy, no voy a
mentir.
Volví con el botiquín del baño, le limpié los cortes, le eché pomada
antiséptica en las heridas, antinflamatoria en los moratones y cambié el
vendaje. Tras media hora ya estaba todo listo, dejé el botiquín y empecé a
vestirme.
-Hoy no vas a trabajar, ¿verdad? -le pregunté.
-No. Alfa ordenó a Taehyung descansar y recuperarse en Guarida.
-Bien. Te traeré el vaso de leche y marchare a hacer las compras -murmuré,
poniéndome mi cazadora militar por encima de una camiseta vieja.
Le lleve su leche y se incorporó para beberla toda antes de eructar y volver
a tumbarse con las manos tras la nuca, marcando sus enormes bíceps. Alce
una caja y negué con la cabeza. A veces Taehyung era.... demasiado. Me
incline para rozarle la mejilla contra la suya y él ronroneo, devolviéndome
la lenta caricia con una suave sonrisa en los labios.
-Jungkook se va-le dije.
-Pásalo bien-respondió él.
Eso me hizo sonreír un poco y asentí, tomando la bolsa de la basura donde
había escondido la ropa envasada. Me la pasé sobre el hombro y la apoyé en
la espalda, sosteniendo las dos tiras de plástico amarillento con los dedos
índice y central. Salí por la puerta y fui primero a desayunar a la cafetería
pija que frecuentaba ahora; tenía bastante hambre, así que pedí dos
sándwiches de huevo y un bagel vegetal.
Después fui a la oficina de correos, donde ya empezaban a reconocerme, les
pedí unas tijeras y me puse a recortar la ropa allí mismo, sobre una de las
mesas libres. Eso llamó la atención de algunas personas que pasaban por
allí, pero, evidentemente, nadie se atrevió a acercarse al hombre que
apestaba a sudor y recortaba la entrepierna de un pantalón vaquero para
meterlo en una bolsa hermética y enviarlo. Había vendido todos los retales
enseguida debido a que, al tener menor precio, estaban al alcance de
muchos esnifadores deseosos de probar las feromonas del famoso Macho
SubAlfa.
Después de sacarse aquello de encima, tiré los restos de la ropa cortada a la
basura de la calle y fui a por la comida. La mujer que atendía me sonrió
mucho, seguramente por petición de la encargada, e incluso dejó de atender
a los clientes para entregarme mi bolsa especial.
-Dos patas de cordero al horno y un costillar de ternera-me dijo. Doscientos
ochenta dólares con descuento del diez por ciento. Mas de la quinta parte de
lo que había ganado aquel día vendiendo los retales.
Volví a chasquear la lengua al pensar en aquello. Las ganancias no serían
tan buenas si no vendía la ropa entera, y mantener a Taehyung era caro de
cojones; algo de lo que, por cierto, no hablaban los putos omegas en el
Foro. ¿Cuánto se suponía que se gastaban ellos en comida?, ¿o es que sus
lobos no comían tanto? Todavía con una mueca de disgusto, saqué el móvil
al recibir una llamada. El señor Xing, justo lo que necesitaba en aquel
momento. Nada más responder un simple: «¿Si?», el hombre empezó a
chillar que por que no le había llamado de vuelta, que dónde había estado
escondido, que «pol qué huil, tú lata asquelosa» hasta que, como me
esperaba, termino despidiéndome.
-Cão nî, yī duī gôu shî- le dije, unas palabras que había buscado en el
traductor y que había repetido hasta la saciedad, soñando con el día en que
pudiera decírselo. Al parecer, mi pronunciación fue perfecta, y después de
oír que le dieran por el culo y que era un pedazo de mierda, el señor Xing se
quedó en completo silencio. Disfruté de ese delicioso momento, hasta que,
con una amplia sonrisa en los labios, le colgué.
Ahora no me quedaba otra que, por mucho que me molestara, vender la
ropa entera de Taehyung sí o sí. Necesitaba un buen colchón hasta que
consiguiera otro trabajo estable, y a alguien como yo, esas oportunidades no
le sobraban. Así que volví a casa con una expresión seria, metí la comida en
el horno y me saqué un cigarro y el zippo antes de dejar la cazadora militar
en la habitación. Taehyung estaba dormido y roncando, casi en la misma
postura en la que le había dejado. Hice poco ruido para no despertarle y fui
hacia la cocina para sacarme una cerveza y fumar al lado de la puerta de
emergencias. El lobo no se despertó hasta casi el anochecer, cuando gruño a
lo lejos y dijo:
-¿Jungkook?
-¿Qué coño quieres?-le grite desde la cocina.
-Taehyung hambre-me dijo.
Me levanté del sofá para ir a buscarle y le encontré sentado al borde de la
cama, rascándose los huevos por encima del calzoncillo. Le ayude a
levantarse y a caminar hacia la cocina, donde se dejó caer en su taburete y
espero a que le calentara las piernas de cordero. Cuando empezó a oler a
grasa derretida y carne churruscada, las tripas del lobo rugieron. Saqué los
dos enormes pedazos de carne humeante y se los puse delante, sin
molestarme en quitarlos de la bandeja. Comí un poco con él, pero no
demasiado, dejando casi todo para un Taehyung que terminó con la barriga
llena y la boca repleta de grasa.
Tuve que ayudarle a ir al sofá, donde eructo, estiró los brazos por el
respaldo y abrió las piernas como si los cojones no le cupieran entre ellas.
Me recosté a su lado, apoyando los pies sobre la mesa baja mientras
escuchaba de fondo uno de sus programas de bricolaje y miraba el móvil.
Normalmente a esa hora estaría leyendo el Foro, pero en esa ocasión tenía
abierta una página de ofertas de trabajo. No pasó mucho tiempo hasta que
escuché el gruñido alargado del lobo, ese que pedía atención y cariños.
Tomé una bocanada de aire y alargué una mano para acariciarle la barriga
abultada, Taehyung ronroneo un poco y siguió mirando la tele como un
cerdo cebado y malcriado. Se acabó volviendo a dormir y pude parar para
levantarme, prepararme otro café y fumarme otro cigarro mientras pasaba
de anuncio en anuncio.
Los trabajos eran una mierda y el sueldo un chiste, por supuesto, pero era la
clase de empleos donde no pedían referencias y no les importaba que la
policía tuviera una ficha bastante grande con tu nombre en ella. Me fui a la
habitación para llamar a unos cuantos, contándoles por encima mi
experiencia laboral y fallando siempre en preguntas como: «¿Dónde te ves
de aquí a diez años?» Muerto, así me veía.
-Casado y con hijos-respondí.
Volví al salón con cara de asco y tomé otro cigarro de la cajetilla. Taehyung
se había despertado en algún momento y me miraba con sus ojos
amarillentos y anaranjados.
-¿Jungkook va a dejar la tienda?-preguntó
Le eche una breve mirada en silencio mientras abría la puerta de
emergencias y apoyaba la espalda en la pared, dudando en si contárselo o
no. Me encendí el cigarro y eché una buena bocanada de aire a la noche.
-El hijo de puta de Xing me despidió después de que destrozaran su tienda a
balazos-respondí con tono seco y sin mirarle.
Taehyung gruñó un poco, pero no dijo nada. Después me dijo que tenía que
ir al baño y le lleve, pero me negué a quedarme ahí mirándole cagar, así que
volví al salón y le dije que me diera un grito cuando hubiera terminado;
cosa que hizo. Aguanté la respiración durante todo el proceso y cerré la
puerta de un golpe seco
-Taehyung podría montar el armario estos días cuando se mueva mejor -le
oí decir, señalando con la cabeza las tablas y herramientas que aún llenaban
una esquina de la habitación. Solté un murmullo desinteresado y fui a
llevarle de vuelta al sofá para que siguiera viendo la tele.
Allí tirado, se empezó a recostar sobre mí y a gruñir para que le hiciera
caso. Le acaricie y ronroneo un poco, pero debía equivocarme al interpretar
el gruñido, porque no era eso lo que el lobo quería en esa ocasión. Bajo el
calzoncillo se le marcaba un bulto gordo y carnosos que en seguida empezó
a mojar el algodón blanco. Al igual que le pasaba a él conmigo, de pronto
yo también me puse bastante cachondo al verle así, tiré el móvil sobre la
mesa y me incliné para buscar sus labios, su cuerpo y, finalmente, su polla.
Taehyung se corrió tres veces en el sofá, encima de mí, gruñendo,
apretándome la cabeza contra el asiento y mordiéndome con fuerza. Yo
apretaba los dientes y le insultaba entre jadeos, disfrutando de cada embate,
de mis labios empapados de líquido viscoso y de la peste que nos rodeaba.
Era simplemente algo salvaje, sucio, primitivo y animal. Durante la
inflamación, el lobo se limpió el sudor en mi pelo y mormoneo un poco;
pero después tuve que ayudarle a sentarse y cambiarle los vendajes
manchados, hacerle las curas de las heridas y secarle con una toalla que iba
a ir directa al Foro de venta.
Pronto aprendería que Taehyung en casa solo sabia dormir, comer y follar.
Eso era todo lo que hacía. Bueno, a veces arreglaba algo o montaba un puto
mueble y me llenaba el salón de serrín; pero en general, era como un puto
cerdo. Y yo tenía que ser el que cuidara de aquel lobo grande e inútil,
porque, como descubriría más adelante, eso era lo que hacían los
compañeros de la Manada.
En resumidas cuentas: los lobos eran los Machos que salían a defender el
territorio y conseguir el dinero, y los humanos eran sus mujercitas que
cocinaban, cuidaban su Guarida y parían a sus crías como putas conejas.
Quizá piensan que no resulta un trato muy atractivo, o puede que no les
encante la idea, no sé... ya he visto de todo. El caso es que, para mí, no lo
era. Yo lo odiaba. Yo no sabía ni cuidar de mí mismo, ¿cómo cojones iba a
cuidar de Taehyung? Pero con el tiempo descubriría que, formar parte de la
Manada, que tener a un lobo de tu lado, traía también muchísimos
beneficios: porque la Manada nunca olvida.
Ni lo bueno, ni lo malo.
18.- LA GUARIDA: O, MEJOR
DICHO, LA MADRIGUERA
Taehyung debía ser en ese momento el lobo más feliz del mundo. Tenía a
un humano que le llenaba de comida hasta reventar, le cuidaba y le daba
todo el sexo que quería. Él solo se dedicaba a mirar la tele, rascarse los
huevos, gruñir si quería algo ya echarse largas siestas.
Yo tenía muchas razones para quejarme, porque era su niñera, su chef, su
chacha y su putita personal; sin embargo, en apenas tres días me saqué
cinco mil dólares vendiendo sus calzoncillos usados. Los esnifadores se
volvían LOCOS con ellos. Debía tratarse del súmmum de la perversión,
porque participaban en subastas encarnizadas que yo contemplaba con un
cigarro en los labios y una sonrisa diabólica en el rostro.
El primero que había puesto a la venta, después de que Taehyung lo llevara
un día entero con todo el sexo, las meadas y su olor a Macho bien
acumulado, llegó a alcanzar un precio de mil setecientos dólares. Estallé en
tal carcajada que el lobo se asustó a mi lado en el sofá.
-Compraré cerveza de la buena y una gran cena para mi lobo esta noche-le
dije, dirigiéndome a él para acariciarle el rostro contra el mío-¿Qué te
parece?-susurré.
Taehyung ronroneo y me devolvió la caricia con una sonrisa de felicidad en
los labios. Fuí a por mí cazadora militar, metí la cajetilla de tabaco y me
llevé la bolsa envasada con el calzoncillo.
Después de enviarlo me pare a tomar un café y un sándwich en una esquina
solitaria de la cafetería. Había gente en la mesa de al lado, pero se habían
ido deprisa al olerme. Mi peste a Taehyung ya era absoluta. Estaba en todas
partes en mi ropa, en mi pelo, en mi piel y en toda mi casa. No había forma
de escapar de ella, pero, de todo lo malo, aquel era el menor de mis
problemas.
Sinceramente, a mí me daba completamente igual. Era un olor que,
inconscientemente, había identificado ya como algo bueno. Olía al hogar y
a la satisfacción, a mi lobo grande y mafioso, al calor que emitía y a aquella
sensación tan agradable de protección cuando me cubría con su cuerpo. Así
que Olor a Macho de Taehyung. Bien.
Eran las feromonas las que me hacían sentir así, por supuesto, porque yo no
necesitaba todo eso. Nunca lo había tenido y nunca lo había buscado.
Allí sentado, en la tranquilidad de mi mesa mientras masticaba el delicioso
sándwich vegetal y miraba el Foro, respondiendo algunos de los mensajes
privados de esnifadores que hacían peticiones y ofrecían sumas estúpidas,
recibí una llamada. Era un número oculto y no respondí, pero volvió a
llamar otra vez cuando estaba en la lavandería, y otra más cuando estaba
recogiendo la comida.
-¿Quién coño eres y qué cojones quieres?- le pregunté con enfado cuando
me llamo una sexta vez.
-¿Jungkook?-me preguntó una voz grave que me resultó vagamente
familiar-Soy Namjoon, el Alfa de la Manada.
-Ahm...-solté tras un breve silencio-¿Qué coño quieres?
-¿Está Taehyung por ahí? Quería hablar con él.
-No, no está aquí. He salido a comprar-le dije con un tono desinteresado-
Llama en una hora- y colgué.
Namjoon el Alfa podía venir y comerme los huevos si quería. Yo no era de
la Manada y no le debía ningún trato especial. A no ser que se pusiera unos
calzoncillos de marca y se corriera en ellos, entonces si le trataría como a
un rey. El Olor a Macho de Alfa era el más caro de todos y su ropa interior
manchada quizá pudiera llegar a alcanzar los dos mil dólares la unidad.
Aunque, siendo sinceros, el Olor a Macho de Taehyung era muchísimo
mejor.
Mi lobo era mejor.
Ese repentino pensamiento me hizo fruncir el ceño y ladear el rostro. Las
putas feromonas debían estar pudriéndome el cerebro.
Volví a casa y tiré las llaves sobre el taburete verde, junto a las de
Taehyung. Él me recibió con una mirada y un gruñido, levantando la cabeza
para que yo me acercara y le diera una caricia en el pelo.
Puse la bolsa en la encimera y saqué la bandeja envuelta en papel de
aluminio. Descubrí un pequeño cerdo dorado y caliente que olía a grasa
derretida. Taehyung se levantó al momento y camino con cuidadosos pasos
hacia la mesa para sentarse en su taburete y clavar su mirada en el cerdito
que un lobo voraz se iba a comer entero. Le di un tenedor y le abrí una
cerveza de un litro antes de ponérsela en la mesa. Taehyung empezó a
devorar aquel pequeño cerdo a grandes bocados, masticando con la boca
abierta mientras yo guardaba el resto de la comida en el horno.
Ahora el lobo comía tres veces al día; a la hora y poco de levantarse, a
medianoche y antes de la madrugada. Así que el precio de la tienda había
subido y, si mi única fuente de ingresos hubiera sido lo que ganaba en la
tienda, hubiera sido imposible para mi mantener aquel ritmo de gastos.
-Ha llamado Namjoon, quería hablar contigo-le dije, sacando un cigarro que
dejé en los labios mientras buscaba el zippo en mis pantalones ajustados.
-Taehyung le llama-respondió, con comida en la boca y alargando una mano
para que le entregara el móvil.
Me encendí el cigarro y solté el humo hacia el techo, dedicándole al lobo
una mirada seria por el borde inferior de los ojos.
-Taehyung pide por favor a Jungkook-añadió, como le había enseñado.
Cabecee con aprobación y saque el móvil para entregárselo antes de
caminar hacia la habitación, dándole algo de intimidad para que tratara sus
asuntos de la Manada.
-Pon a Taehyung con Namjoon-dijo, desde lo lejos-Aquí Taehyung. Si,
bien, en Guarida con Jungkook. Taehyung ya casi puede andar.
Me acerque a los ventanales, aparte las cortinas y abrí un poco la ventana,
todo lo que pude mover aquella mierda de cristalera oxidada, dando fuertes
tirones hacia arriba mientras soltaba insultos por lo bajo con el cigarro en
los labios y los ojos entrecerrados para que el humo no me cegara.
A veces la casa necesitaba airearse un poco, porque con el lobo todo el día
allí metido, aquello era como la puta madriguera de un oso durante la
hibernación.
Saqué la cabeza por la rendija, inclinando el cuerpo y apoyando los codos
en la sucia y ennegrecida repisa exterior. El cielo estaba cubierto por nubes
grises y densas y una fina neblina llegaba desde el río, trayendo con ella un
frescor húmedo. Fumé un poco más y después apagué el cigarro y lo tiré
hacia la acera antes de volver al interior. Agarré la bolsa de la lavandería y
empecé a sacar la ropa limpia, la mía y la de Taehyung. Había tenido que
comprar un detergente especial sin aroma porque el lobo odiaba todo tipo
de perfumes y fragancias; ponía cara de asco y apartaba la cabeza. Era algo
común en los lobos, al parecer, no solo una de las muchas gilipolleces de
Taehyung.
En el subforo de los omegas había leído repetidas veces lo importante que
era no echarse colonias, desodorantes o nada que estuviera perfumado, así
como tampoco lavar la ropa con ellos para no intervenir en la impregnación
ni en el Olor a Macho de los lobos. Así que lo que hacía era lavar la ropa y
dejarla más o menos doblada entre el resto de las prendas de Taehyung, para
que volviera a oler a él antes de que se las pusiera.
Cuando terminé con eso, cambié las sábanas y las fundas de las almohadas
con unas nuevas que había comprado, blancas y suaves, y que había dejado
impregnándose previamente.
Lo enrolle todo y lo guarde en una bolsa de basura, porque tenía grandes
planes para ellas. Eran casi lo más apestoso de la casa después de
Taehyung, así que iban a alcanzar un precio desorbitado en el subforo de
esnifadores.
Cuando terminé, volví a la cocina, donde el lobo ya llevaba comido más de
la mitad del cerdo y masticaba ya lentamente, empezando a estar lleno de
carne. Recogí el móvil a un lado de la mesa y me senté frente a él, dándole
un trago a su cerveza de un litro casi vacía.
-Taehyung tiene que ir esta noche junto a Manada- me dijo, a lo que
simplemente asentí mientras entraba en el Foro y pensaba en si vender la
sabana entera o por retales. Las fundas de las almohadas las vendería
enteras, porque sabía que había esnifadores a los que les encantaba dormir
sobre ellas -Jack vendrá a buscar a Taehyung- volví a asentir y decidí
vender la sabana por retales. La cortaría en al menos cuarenta o cincuenta
trozos, a doscientos dólares la unidad, y los iría vendiendo a los pocos -
Taehyung llevarse comida.
-Te pondré el pavo relleno en un tupper- murmuré sin levantar la mirada del
móvil.
El lobo cabeceó y se terminó el cerdo, quedando con la barriga hinchada y
una expresión soñolienta en el rostro. Fue hacia el sofá y se tiró allí,
encendiendo la tele antes de empezar a roncar.
Acabé de poner el anuncio de venta de los retales y las fundas y me encendí
un cigarro mientras iba a la puerta de emergencia. En el subforo de los
omegas seguían hablando de sus gilipolleces de siempre, lloriqueando y
compartiendo perlas de sabiduría como «la lencería roja funciona mejor que
la negra, ¡comprobado!».
Después tenían apartados como «Cocinando para tu lobo», que nunca me
había preocupado si quiera en mirar, pero que últimamente si visitaba por
simple curiosidad de saber que cojones le daban los demás a sus lobos. La
mayoría eran recetas de cocina de revistas o páginas web, de todo tipo de
carnes, pescados y productos ovo-lácteos.
Al parecer, los lobos no comían pasta, pero sí arroz, pan y ciertos vegetales,
así que era bueno mezclárselos para que estuvieran más sanos y tuvieran
más energía. Solté el humo a un lado con un murmullo de interés mientras
apoyaba la cabeza en la pared de ladrillo, pensando en darle la lista a los de
la tienda de comida para llevar.
Después me indigné cuando empecé a leer que la cantidad de comida de la
que hablaban lo omegas era, en general, prácticamente menos de la mitad
de lo que Taehyung comía en una sola ingesta. «¡Se queda muy lleno con
esta receta!», decían los muy subnormales hablando de apenas kilo y medio
de carne. Me jodió tanto que, por primera vez en mi vida, escribí algo en
ese subforo de dementes y enfermos.
«¿En serio eso les parece mucho? Son unos hijos de puta afortunados si se
gastan tan poco en comida. Mi puto lobo se come una pata de cordero para
el desayuno, tres conejos enteros en la comida y un puñetero pavo de nueve
kilos en la cena. ¡No me toquen los cojones y dejar de llorar!». Lo escribí
con cara de asco y saltando humo entre los labios mientras me terminaba el
cigarro.
Los omegas a veces solo sabían quejarse de que sus lobos se iban de sus
casas y no les hablaban, pero quería verlos cuidando de Taehyung y
pagando trescientos dólares al día en carne.
Guardé el móvil y tiré el cigarro por la puerta antes de arrimarla sin llegar a
cerrarla. Fui al sofá y tomé el mando de la mano del lobo sin llegar a
despertarlo, quité ese puto programa de mecánicos que estaba viendo y puse
música por el equipo de sonido, llenando la casa de un ritmo bajo pero
bailable.
Todavía farfullando por lo bajo, abrí un poco las ventanas, agarré la escoba
y empecé a barrer el suelo, quitando las putas alfombras y limpiando entre
las macetas de las plantas. Las macetas dejaban tierra por el suelo como si
la cagaran y el polvo era ya otro habitante más de aquella casa.
De todas formas, a medida que escuchaba la música electrónica suave, dejé
de estar menos enfadado, moviendo la cabeza al ritmo, después los hombros
y finalmente el cuerpo mientras barría distraídamente. No me di cuenta de
que Taehyung se había despertado hasta que le noté muy cerca de la
espalda, rodeándome con los brazos y siguiendo el ritmo de mi cuerpo con
la cadera y una entrepierna muy abultada y cada vez más mojada.
A los lobos les encantaba bailar, y el cabrón de Taehyung bailaba mejor que
ninguno. Sabía seguir mi ritmo a la perfección, ningún paso de baile
complejo, solo un ligero bamboleo, un movimiento de hombros, cabeza y
cadera. Se pegaba a mí, pero no me interrumpía, apoyando su frente contra
la mía y mirándome fijamente.
Era sexy, sensual y había pocas cosas que me atrajeran tanto como un
hombre que sabía bailar como si no le costara nada. Quizá sus feromonas
fueran fuertes y me confundieran, pero yo sabía que aquello me puso muy
cachondo por varios motivos.
Le fui guiando hacia la habitación, siguiendo el ritmo y haciendo que me
persiguiera un poco mientras gruñía por lo bajo y jadeaba lentamente. Con
la música de fondo y la suave luz blanquecina entrando por la ventana,
tuvimos uno de los mejores polvos de la semana, Taehyung no se volvió
loco y empezó a taladrarme el culo como solía pasarle, sino que siguió el
ritmo, como si continuáramos bailando. Sosteniéndome entre los brazos,
con una mano en mi espalda y la otra en mi culo, de rodillas en la cama
mientras yo me sentaba encima con solo la camiseta vieja puesta. Le miraba
con unos ojos entrecerrados y le rodeaba el cuello grueso con los brazos. Le
tiraba un poco del pelo rizo y besaba intermitentemente sus labios marcados
entre la barba. Él jadeaba en mi rostro y gruñía con un profundo ronquido
en el pecho, que aumentaba un poco más cada vez que se corría dentro de
mí. Estaba empapado y podía sentir el líquido viscoso y caliente
deslizándose por mis muslos, produciendo un sonido ligeramente pegajoso
cada vez que me la metía hasta el fondo y reculaba con la cadera. Taehyung
me mordió con fuerza y me arañó la espalda antes de alcanzar su cuarto y
último orgasmo. Yo estaba demasiado grogui como para quejarme, solo
pude fruncir ligeramente el ceño y apretar los ojos. Con cuidado, el lobo se
derrumbó hacia delante, llevándome con él y dejando caer su peso sobre mí.
Sufrió las contracciones y se produjo la inflamación.
Yo miraba el techo y le seguía acariciando la nuca y la enorme espalda
musculosa con la punta de los dedos. Taehyung sintió un escalofrió y se
removió un poco, ronroneando como un león cerca de mi oreja. Nos
pasamos así un buen rato, incluso después de la inflamación, hasta que el
lobo se volcó a un lado, llevándome con él para ser yo el que le rodeara con
el brazo y la pierna mientras recostaba la cara sobre su pecho peludo. Le
acaricie la barriga y cerré los ojos, sin darme cuenta del momento en el que
me quede dormido.
Nos despertamos una o dos horas después, supuse, por la claridad más
apagada que entraba por la ventana junto con el frío del atardecer. Me
queje, rodeándome la cabeza con el edredón y buscando el calor de
Taehyung a mi lado. Él me apretó y gruñó por lo bajo, hasta que el móvil
empezó a vibrar en los pantalones de mi chándal tirado en el suelo. No tuve
ninguna intención de levantarme, pero el lobo si lo hizo, yendo a responder
la llamada.
-Aquí Taehyung...-le oí decir con voz grave y adormilada -