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Texto HICE PACTO CON MIS OJOS 4°

Este documento habla sobre la necesidad de hacer un pacto con nuestros ojos en la era actual donde estamos constantemente bombardeados por imágenes sensuales. Explica que las miradas pueden expresar muchas cosas, pero también pueden reflejar deseos indebidos y lujuria que alimentan pasiones bajas. Hoy en día vivimos en una sociedad cada vez más visual donde todo entra por los ojos, por lo que es importante controlar lo que miramos para no caer en tentaciones. El autor concluye diciendo que debemos hacer un pacto con Dios y nos

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Texto HICE PACTO CON MIS OJOS 4°

Este documento habla sobre la necesidad de hacer un pacto con nuestros ojos en la era actual donde estamos constantemente bombardeados por imágenes sensuales. Explica que las miradas pueden expresar muchas cosas, pero también pueden reflejar deseos indebidos y lujuria que alimentan pasiones bajas. Hoy en día vivimos en una sociedad cada vez más visual donde todo entra por los ojos, por lo que es importante controlar lo que miramos para no caer en tentaciones. El autor concluye diciendo que debemos hacer un pacto con Dios y nos

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HICE PACTO CON MIS OJOS (César Sifuentes)

Una mirada dice más de lo que sientes, más de lo que crees, más de los que piensas, más de lo que sabes o,
simplemente, más de lo que querías expresar.
Tenía 25 años, y recién estaba dando mis primeros pasos como joven cristiano. Nuevos modos de entretenimiento, nuevo estilo de
vida, nuevos amigos y amigas… Hasta que un sábado de tarde en la iglesia, alguien que no recuerdo parafraseó el texto de Mateo
18:9: “Y si tu ojo te es ocasión de perdición, arráncatelo y échalo fuera de ti. Más te vale perder un ojo que perder tu salvación”.
Entonces, vino la pregunta natural: ¿Qué estoy mirando? ¿A quién, o a quiénes, estoy mirando? ¿Con qué intenciones las miro?

LA ERA DE LO VISUAL

Como uno de los lenguajes más poderosos del ser humano, las miradas expresan una variedad de sentimientos. Un refrán viejo y
popular dice que los ojos son las ventanas del alma. “Las miradas pueden expresar locura, derrota, miedo, cansancio, decepción,
envidia, desprecio, inocencia, aceptación, alivio, desesperación, asombro, odio, amenaza, vergüenza, sufrimiento, paz, alegría”. 1 Pero
las miradas a las que se refería el predicador aquel sábado de tarde eran otras miradas; hablaba de miradas que reflejan deseos
indebidos, miradas de lujuria que alimentan bajas pasiones. Miradas que son la madre de otros males y sufrimientos.

Cierta joven del interior de la Rep. Argentina llegó una noche por primera vez a Buenos Aires, y al bajar del ómnibus exclamó: “¡Qué
lucerío!” y la verdad que era cierto. En estos tiempos, todo entra por los ojos. Parafraseando a Giovanni Sartori. Podemos decir:
“Hemos pasado la era del Homo Sapiens a la era del Homo Videns”.2 Esta es una sociedad cada vez más hambrienta de imágenes, de
olores, de formas y colores.

EL TIEMPO DE EROS

Nuestros ojos son bombardeados constantemente por publicidad “sensualizada”, que va desde la promoción de una aspirina hasta
un artículo de primera necesidad, amenazando con perturbar nuestra vida, nuestros valores y nuestras relaciones. Eros pasea por el
siglo XXI reinante y tan campante. Se vive y se desvive por el placer, y los medios de comunicación de cualquier tipo juegan su papel
de enredo en nuestra generación cada vez más moribunda de valores. “En el siglo que vivimos, los cuerpos se contonean en las
pantallas sin importar día y horario, y las tapas de las revistas muestran hombres y mujeres en la más variada gama de tomas sin
tapujos”.3 La moda juega un papel fundamental en la promoción de estereotipos de seducción. Pues hoy en día, y más que nunca,
“la moda es la pugna entre el instinto natural de vestirse y el instinto natural de desvestirse”, como expresó Pitigrilli.

La línea que separa lo sensual de lo pornográfico es demasiado sutil y delicada. La liberación sexual de la mujer trajo consigo la
liberación de otros fenómenos sociales que atentan contra los principios que uno ha decidido seguir por elección y convicción.

Aunque en todo tiempo la inmoralidad ha estado presente, “estos son tiempos peligrosos” (2Tim. 3). En toda la Biblia existen
principios que aconsejan un orden en la moralidad; y no solo principios, sino también advertencias. Pero las sociedades han ido
cambiando, y hoy, como se dice comúnmente, “se ha salido del clóset”.

Hasta algunos sectores del cristianismo han ido evolucionando en el pensamiento de la aceptación y la práctica de lo que antes era
considerado como prohibido. Nuevos pensadores han ido minando los principios dictados por Dios, que fueron dados no para
reprimir, sino para cuidar de nuestra seguridad emocional, familiar y espiritual.

¿Por qué Job escribió las palabras: “Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer”? (Job 31:1, NVI); en la
versión Reina Valera dice: “Hice pacto con mis ojos”. Tal vez, porque cuando miras constantemente no puedes evitar pensar. Por
ello, una fórmula que se puede deducir es: “Si no miro, no pienso”; al menos, la tentación a pensar será nula o menor aún.

La sensualidad disfrazada de moda va invadiendo rápidamente la vida de la iglesia. Un narcisismo solapado avanza sigilosamente,
descartando el decoro y las buenas costumbres. Y, como en todo tiempo, los jóvenes son la presa ideal de las nuevas corrientes de
pensamiento, y preocupa que un número considerable de ellos viva en la promiscuidad sexual. Incluso, muchos de ellos han tenido
que asumir una paternidad temprana. A su vez, muchos matrimonios están siendo azotados por la infidelidad de uno o ambos
integrantes del hogar. En ambos casos, muchos son presa de literatura o de programas que atentan contra la moral sexual. Se
dejaron seducir, y sus ojos fueron el instrumento que luego les produjo dolor y confusión.
TIEMPO DE PACTAR

Antes de conocer a Cristo, hice muchos pactos: pactos de lealtad a un amigo (en muchos casos, pactos de sangre); pactos de amor
(algunos realmente ridículos); pactos por amor a mi madre (algunos no pude cumplir); y pactos de lealtad a mi patria. Pagué caro por
ellos. Pero nunca hice un pacto por mi salvación eterna.

Hace poco, viajando a Buenos Aires, con un amigo y compañero pastor, y recordando cosas de nuestra adolescencia y los cambios
que tuvimos que hacer en nuestras vidas, salió este tema y decidí compartirlo.

¿Has hecho un “pacto de salvación”? Creo que debemos hacer un pacto con nuestros ojos. Corremos el riesgo de suicidarnos
eternamente por causa de lo que miramos, lo que escuchamos y lo que sale de nuestra boca. Desde pequeños se nos decía: “Mira
todo lo que quieras, mientras no lo toques, no es delito”. Pero Jesús dijo: “Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la
codicia ya ha cometido adulterio en su corazón” (Mat. 5:28). Este es un momento de la historia en que la lujuria es la madre de los
más bajos instintos.

Y no debe sorprendernos, porque ya estábamos advertidos. El apóstol Pablo fue más que claro: “Ahora bien, ten en cuenta que en
los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos,
desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo
bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta
desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas!” (2Tim. 3:1-5, NVI. La cursiva fue añadida)

Cuánta razón hay, también, en estas palabras escritas hace casi cien años: “El mundo está entregado a la sensualidad. Abundan los
errores y las fábulas. Se han multiplicado las trampas de Satanás para destruir las almas. Todos los que quieran alcanzar la santidad
en el temor de Dios deben aprender las lecciones de temperancia y dominio propio. Las pasiones y los apetitos deben ser
mantenidos sujetos a las facultades superiores de la mente”. 4

LA ELECCIÓN DE JOB

Job no estuvo libre de la erotización de su tiempo. Pero hizo un pacto con Dios y un pacto consigo mismo. El peor enemigo que
tenemos en la batalla del bien y del mal, somos nosotros mismos. Como adorador de Dios, Job tuvo las mismas luchas que los
adoradores de Dios en la actualidad. Las tentaciones y las provocaciones de aquella época fueron igual de peligrosas, pero Job hizo
un pacto para no mirar jamás a una mujer con lujuria sexual. Nosotros podemos hacer lo mismo. Las ofertas para equivocarnos
están a la orden del día, pero nuestra salvación también está a las puertas. Jesús pagó el rescate de nuestras vidas con la muerte de
cruz. Al morir nos regaló su vida, una vida digna. Por lo tanto, tenemos un valor importante en el sueño de Dios. Haz un pacto con
Dios. Cuéntale cuáles son tus debilidades por vencer o mejorar; entrégale en santidad tu mirada, tus actos, tus pensamientos y tus
palabras. Pídele que purifique y proteja las avenidas de tu alma, y santifícate en su verdad. Seas hombre o mujer, mira a alguien del
sexo opuesto descartando toda impureza de pensamiento; míralo como un hijo o una hija de Dios, y el Espíritu de Dios hará el resto.
Martín Lutero aconsejó: “Tú no puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero puedes evitar que hagas nido sobre ella”.

Referencias:
1
Francisco Lira. 21potentes imágenes de miradas que dicen más de lo que las palabras jamás podrían. Acceso: 12 de julio de 2015 en
www.upsocl.com
2
Giovanni Sartori. Homo videns. La sociedad Teledirigida, editorial Taurus, Madrid, 1998, p. 159
3
Fabiana Scherer, Erotismo siglo XXI (del 3 de Enero de 2010). Acceso: 13 de julio de 2015, en www.lanacion.com
4
Elena de White, El deseado de todas las gentes, p. 76

(Tomado de la revista Conexión 2.0, abril-junio 2016, con fines educativos)

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