Sentencia C-328/15
CODIGO DISCIPLINARIO DEL ABOGADO-Iniciación de proceso
mediante queja o informe
PROCESO DISCIPLINARIO DE LOS ABOGADOS-Competencia a
cargo de Magistrados de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria de Consejos
Seccionales de la Judicatura, resulta acorde con el principio del juez
natural/PROCESO DISCIPLINARIO DE LOS ABOGADOS-
Magistrado que instruye el proceso y practica las pruebas, actúa investido
de jurisdicción y competencia
La Corte encuentra que las normas impugnadas, por el hecho de atribuirle el
impulso del proceso disciplinario de los abogados al magistrado sustanciador
o ponente, dejando en cabeza de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria de los
Consejos Seccionales de la Judicatura, de la cual hace parte ese mismo
magistrado, la sentencia por adoptar, no desconoce la garantía reconocida a
toda persona a ser juzgada ante juez o tribunal competente, consagrada en
los artículos 2º y 29 de la Constitución Política y 8º de la Convención
Americana de derechos Humanos. Dicha distribución de funciones, no
afectan la participación activa del disciplinado en el proceso que se le sigue,
ni desconoce la garantía de ser juzgado conforme a las leyes preexistentes al
acto que se imputa, y tampoco dicha medida comporta una discriminación o
ruptura de la igualdad formal o material. En este último caso, por cuanto la
medida aplica para todos los disciplinados por igual y opera, de manera
general, en otros sistemas procesales donde actúan los jueces colegiados.
PROFESION DE ABOGADO-Papel que cumple en el Estado Social de
Derecho/PROFESION DE ABOGADO-Control que deben llevar a
cabo las autoridades respecto del ejercicio de dicha profesión
PROFESION DE ABOGADO-Parámetros que enmarca su ejercicio
La Corte ha explicado que, dentro de los parámetros que enmarcan el
ejercicio de la profesión, el abogado ejerce su labor, principalmente y de
manera general, en dos escenarios o frentes diferentes: (i) por fuera del
proceso, a través de la consulta y asesoría en favor de quien se lo solicite; y
(ii) dentro del proceso o juicio, mediante la representación judicial en favor
de aquellos que son requeridos o acuden a la administración de justicia para
resolver sus controversias.
ABOGADO-Ejercicio profesional inadecuado pone en riesgo derechos
fundamentales
PODER DISCIPLINARIO-Constituye una de las más importantes
expresiones de la función de control y vigilancia/PODER
DISCIPLINARIO-Su desarrollo corresponde al legislador
PRINCIPIO DEL JUEZ NATURAL EN MATERIA
DISCIPLINARIA-Operancia/PRINCIPIO DEL JUEZ NATURAL-
Elemento medular del debido proceso/DERECHO AL JUEZ
NATURAL-Garantía fundamental y elemento inescindible del debido
proceso
PRINCIPIO DEL JUEZ NATURAL-Instrumentos internacionales
DERECHO AL JUEZ NATURAL-Finalidad
Este Tribunal ha puntualizado que la garantía del juez natural tiene una
finalidad más sustancial que formal, en razón a que su campo de protección
no es solamente el claro establecimiento de la jurisdicción encargada del
juzgamiento, previamente a la consideración del caso, sino también la
seguridad de un juicio imparcial y con plenas garantías para las partes.
Conforme con ello, ha precisado que dicho principio opera como un
instrumento necesario de la rectitud en la administración de justicia y como
una garantía frente a la posible arbitrariedad de la actuación de los poderes
del Estado en perjuicio de los ciudadanos.
DERECHO AL JUEZ NATURAL-Doble garantía
El derecho al juez natural comprende una doble garantía: (i) para quien se
encuentra sometido a una actuación judicial o administrativa, en cuanto le
asegura “el derecho a no ser juzgado por un juez distinto a los que integran
la Jurisdicción, evitándose la posibilidad de crear nuevas competencias
distintas de las que comprende la organización de los jueces”; y (ii) para la
Rama Judicial, “en cuanto impide la violación de principios de
independencia, unidad y ‘monopolio’ de la jurisdicción ante las
modificaciones que podrían intentarse para alterar el funcionamiento
ordinario.
GARANTIA DEL JUEZ NATURAL-Se encuentra íntimamente ligada
a los conceptos de jurisdicción y competencia/JURISDICCION-
Concepto
COMPETENCIA-Factores/FACTORES DE COMPETENCIA-
Finalidad
Los criterios o factores de competencia tienen como objetivo fundamental,
definir cuál va a ser la autoridad judicial, juez o tribunal, que va a conocer,
tramitar y decidir, con preferencia o exclusión de las demás, un determinado
asunto que ha sido puesto en conocimiento de la administración de justicia.
En este contexto, de manera regular, la competencia se fija de acuerdo con
los siguientes criterios o factores: (i) la naturaleza o materia del proceso y la
cuantía (factor objetivo); (ii) la calidad o condiciones especiales de las
partes que concurren al proceso (factor subjetivo); (iii) la naturaleza de la
función que desempeña la autoridad que tiene a su cargo la definición y
resolución del proceso (factor funcional); (iv) el lugar o foro donde debe
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tramitarse y desarrollarse el proceso (factor territorial); y (v) la competencia
previamente determinada para otro proceso, lo que permite que un proceso
asignado a un juez absorba los otros asuntos que con relación a un tema
específico puedan ser promovidos con posterioridad (factor de conexidad o
de atracción).
COMPETENCIA-Calidades
La jurisprudencia constitucional ha señalado que la competencia debe tener,
las siguientes calidades: (i) legalidad, en cuanto debe ser definida por la ley;
(ii) imperatividad, lo que significa que es de obligatoria observancia y no se
puede derogar por la voluntad de las partes; (iii) inmodificabilidad, en tanto
no se puede variar o cambiar en el curso del proceso (perpetuatio
jurisdictionis); (iv) indelegabilidad, ya que no puede ser cedida o delegada
por la autoridad que la detenta legalmente; y (v) es de orden público, en
razón a que se sustenta o fundamenta en principios y criterios que se
relacionan con la prevalencia del interés general.
LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN
MATERIA DISCIPLINARIA-Alcance/CLAUSULA GENERAL DE
COMPETENCIA LEGISLATIVA EN REGULACION DE
FORMAS PROPIAS DE CADA PROCESO-Alcance
RESERVA LEGAL EN MATERIA DISCIPLINARIA-Jurisprudencia
constitucional
CLAUSULA GENERAL DE COMPETENCIA LEGISLATIVA EN
MATERIA PROCESAL-Facultades
El legislador está habilitado para regular y definir, entre los múltiples
asuntos que son de su resorte, algunos de los siguientes aspectos: (i) la
radicación de competencias en una determinada autoridad judicial o
administrativa, siempre y cuando el constituyente no se haya ocupado de
asignarla de manera explícita en la Carta, caso en el cual su facultad se
dirige a determinar y desarrollar los aspectos específicos de la misma; (ii) las
etapas, términos y formalidades que se deben cumplir en cada uno de los
procesos; (iii) los recursos y demás medios de defensa que pueden promover
los interesados contra los actos que profieren las autoridades en su contra,
así como los requisitos y condiciones de procedencia de los mismos; (iv) los
medios de prueba y (v) los deberes, obligaciones y cargas procesales del juez,
las partes e incluso de los terceros intervinientes, ya sea para asegurar la
celeridad y eficacia del trámite, como para proteger a los sujetos procesales y
para prevenir daños o perjuicios al interior de los procesos.
CLAUSULA GENERAL DE COMPETENCIA LEGISLATIVA EN
MATERIA PROCESAL-Límites
RESPONSABILIDAD DISCIPLINARIA DE LOS ABOGADOS-
Régimen constitucional y legal/REGIMEN DISCIPLINARIO DEL
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ABOGADO-Contenido/PROCESO DISCIPLINARIO DE LOS
ABOGADOS-Etapas
Referencia.: Expediente D-10489
Asunto: Demanda de inconstitucionalidad
contra los artículos 102 y 106 (parcial) de
la Ley 1123 de 2007 “Por la cual se
establece el Código Disciplinario del
Abogado”.
Demandante:
José Edrigelio Guerrero Galván
Magistrado Ponente:
LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ
Bogotá D.C., veintisiete (27) de mayo de dos mil quince (2015).
La Sala Plena de la Corte Constitucional, en cumplimiento de sus atribuciones
constitucionales y de los requisitos y trámites establecidos en el Decreto 2067
de 1991, ha proferido la siguiente
SENTENCIA
I. ANTECEDENTES
En ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad consagrada en los
artículos 241 y 242 de la Constitución Política, el ciudadano José Edrigelio
Guerrero Galván presentó demanda de inconstitucionalidad contra el inciso
segundo del artículo 102 y el inciso cuarto del artículo 106 de la Ley 1123 de
2007, “Por la cual se establece el Código Disciplinario del Abogado”.
Mediante Auto del siete de diciembre de 2014, el Magistrado Sustanciador
resolvió admitir la demanda, dispuso su fijación en lista a efectos de permitir
la intervención ciudadana y, simultáneamente, corrió traslado al señor
Procurador General de la Nación para que rindiera el concepto de su
competencia. En la misma providencia se ordenó, además, comunicar la
demanda al Presidente del Congreso de la República, a los Ministerios del
Interior y de Justicia, al Consejo Superior de la Judicatura, al Instituto
Colombiano de Derecho Procesal, al Instituto Colombiano de Derecho
Disciplinario, al Colegio de Abogados en Derecho Disciplinario, a la
Academia Colombiana de Jurisprudencia y a los Decanos de las Facultades de
Derecho de las Universidades Javeriana, Rosario, Externado, Libre, Nacional
y Atlántico, para que, si lo estimaban conveniente, intervinieran en el proceso
a fin de impugnar o defender la constitucionalidad de las disposiciones
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acusadas.
Una vez cumplidos los trámites previstos en el artículo 242 de la Constitución
Política y en el Decreto 2067 de 1991, procede esta Corte a decidir sobre la
demanda de la referencia.
II. TEXTO DE LA NORMA ACUSADA
A continuación se transcribe el texto de los artículos 102 y 106 de la Ley
1123 de 2007, conforme a su publicación en el Diario Oficial No. 46.519 de
22 de enero de 2007, destacando en negrilla y con subraya los apartes del
mismo que se acusan en la demanda:
“LEY 1123 DE 2007
(enero 22)
Diario Oficial No. 46.519 de 22 de enero de 2007
Por la cual se establece el Código Disciplinario del Abogado.
EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA
DECRETA:
[…]
ARTÍCULO 102. INICIACIÓN MEDIANTE QUEJA O
INFORME. La queja o informe podrá presentarse verbalmente o
por escrito, ante las Salas Jurisdiccionales Disciplinarias de los
Consejos Seccional o Superior de la Judicatura, o ante cualquier
autoridad pública, en cuyo caso la remitirá de inmediato a la Sala
competente en razón del factor territorial.
La actuación en primera instancia estará a cargo del Magistrado
del Consejo Seccional de la Judicatura que le haya correspondido
en reparto hasta el momento de dictar sentencia, determinación
que se emitirá por la Sala plural respectiva.
[…]
ARTÍCULO 106. AUDIENCIA DE JUZGAMIENTO. En la
audiencia pública de juzgamiento se practicarán las pruebas
decretadas, evacuadas las cuales se concederá el uso de la palabra
por un breve lapso y evitando las prolongaciones indebidas, en el
siguiente orden: al representante del Ministerio Público si
concurriere, al disciplinable y a su defensor, si lo hubiere, al cabo
de lo cual se dará por finalizada la audiencia.
Si agotada la fase probatoria, el funcionario advierte la necesidad
de variar los cargos, así lo declarará de manera breve y motivada,
en cuyo caso los intervinientes podrán elevar una nueva solicitud de
pruebas, evento en el cual se procederá conforme a lo indicado en
los incisos segundo y tercero del artículo precedente; sin pruebas
por practicar o evacuadas las ordenadas, se concederá el uso de la
palabra por un lapso no superior a veinte minutos, en el siguiente
orden: al representante del Ministerio Público si concurriere, al
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disciplinable y a su defensor si lo hubiere, al cabo de lo cual se dará
por finalizada la audiencia.
Las nulidades generadas y planteadas con posterioridad a la
audiencia de pruebas y calificación serán resueltas en la sentencia.
El Magistrado ponente dispondrá de cinco (5) días para registrar el
proyecto de fallo, y la Sala de cinco (5) días para proferir
sentencia, que solo deberá contener:
1. La identidad del investigado.
2. Un resumen de los hechos.
3. Análisis de las pruebas que dan la certeza sobre la existencia de
la falta y la responsabilidad del implicado, la valoración jurídica de
los cargos, de los argumentos defensivos y de las alegaciones que
hubieren sido presentadas.
4. Fundamentación de la calificación de la falta y culpabilidad y de
las razones de la sanción o de la absolución, y
5. La exposición debidamente razonada de los criterios tenidos en
cuenta para la graduación de la sanción.
[…]”
III. LA DEMANDA
1. Normas constitucionales que se consideran infringidas
En criterio del demandante, los apartes acusados comportan la vulneración de
los artículos 2º y 29 de la Constitución Política y 8º de la Convención
Americana de Derechos Humanos.
2. Fundamentos de la demanda
2.1. Según el actor, el hecho de que las normas acusadas le asignen al
Magistrado del Consejo Seccional de la Judicatura que le haya correspondido
en reparto, la competencia para tramitar en primera instancia y hasta la
sentencia el proceso disciplinario, dejando en cabeza de la Sala Plural
respectiva sólo la determinación de proferir el fallo, desconoce la garantía
consagrada en los artículos 2º y 29 de la Constitución Política y 8º de la
Convención Americana de derechos Humanos, que le reconoce a toda persona
el derecho a ser juzgada por juez o tribunal competente, independiente e
imparcial, establecido con anterioridad en la ley.
2.2. Para el explicar su acusación, el demandante sostiene que la violación de
las citadas disposiciones se produce, en la medida en que las normas
impugnadas le asignan a un funcionario la labor de tramitar el proceso
disciplinario, incluyendo el decreto y práctica de pruebas, y a otro
completamente diferente la atribución de adoptar el fallo. Tal hecho, a su
juicio,” desconoce el criterio de la competencia, pues el competente para
decidir, por lo menos en primera instancia es quien conoce el proceso, mas
sin embargo esta norma faculta para imponer o no una sanción a otro
magistrado, en quien no se aplicó el principio de la inmediación y quien no
fue sujeto procesal durante el trámite, mas sin embargo está autorizado para
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decidir, pues según el contenido de la norma dicho funcionario aparece única
y exclusivamente hasta el momento de dictar sentencia, determinación que
se emitirá por la Sala plural respectiva.”
2.3. Sostiene al respecto, que es “precisamente en el momento de dictar
sentencia que se integra una sala plural, pues en la primera etapa del proceso
solo actúa el funcionario que se denomina ‘Magistrado del Consejo Seccional
de la Judicatura’, quien es el que conoce todo el trámite, incluidas las
pruebas, solicitadas, decretadas y practicadas, las alegaciones de las partes,
sin el concurso de los restantes funcionarios de la denominada sala plural,
quienes sin haber participado en el trámite del proceso, entran a proferir una
sentencia, desconociendo el principio fundante del debido proceso,
consistente en la inmediación del funcionario judicial con las pruebas
debidamente allegadas y evacuadas durante el juicio”.
2.4. La acusación general del actor, frente a cada una de las disposiciones
presuntamente violadas, se concreta de la siguiente manera:
2.4.1. En punto a la presunta transgresión del artículo 2º Superior,
sostiene que las normas impugnadas niegan o dificultan “la posibilidad de las
partes de obtener una decisión de un funcionario imparcial, que resuelva o
garantice dentro del trámite disciplinario la vigencia de un orden justo y que
asegure el cumplimiento de los derechos, libertades y garantías [pues] se
establecen dos funcionarios, uno de los cuales sin tener acceso directo a las
fuentes de información en el proceso entra a decidir, situación ésta que
impide tener un conocimiento pleno de los cargos debatidos, este juez no se
ha formado libremente su convicción, no la tiene, pero decide sobre unas
pruebas, hechos, imputaciones y alegatos en las que nunca hizo presencia,
razón por la cual no se están protegiendo los derechos y libertades del
disciplinado, no se asegura el cumplimiento de los deberes sociales del
estado, no se garantiza el debido proceso ya que no participan en el trámite
del litigio”.
2.4.2. Con respecto a la supuesta violación del artículo 29 de la
Constitución Política, asegura que la garantía de toda persona a ser juzgado
ante un juez o tribunal competente, “implica necesariamente que todo el
trámite o la instancia, debe ser conocida o desarrollada por uno o unos
funcionarios, conocidos desde el inicio del proceso, esa circunstancia es la
que los hace competentes, porque conocen o saben sobre qué supuestos
fácticos o probatorios deben decidir. Los funcionarios que estuvieron
ausentes durante todo el trámite, es decir los nuevos magistrados que
integran la sala, están facultados para decidir, pero en la norma demandada,
tienen competencia para decidir sobre lo que no conocieron”. De este modo,
a juicio del actor, las normas acusadas desconocen el artículo 29 Superior, “ya
que los nuevos magistrados que integran la sala que decide no actuaron o
conocieron el trámite disciplinario, por lo cual no tienen competencia para
decidir”.
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2.4.3. Frente al aparente desconocimiento del 8º de la Convención
Americana de derechos Humanos, en la demanda se explica que las normas
demandadas, al determinar que un funcionario ausente de las etapas del
proceso sea quien integre la sala para decidir, quebranta la citada disposición
convencional, en la garantía del juez competente, “en el entendido que por
ausencia en el proceso de los magistrados que integran la sala para impartir
sentencia, no son ni juez ni tribunal competente, porque ningún funcionario
judicial de manera responsable puede decidir sobre algo que no conoce”.
IV. INTERVENCIONES
1. Ministerio de Justicia
El Ministerio de Justicia, actuando a través del Director de la Dirección de
Desarrollo del Derecho y del Ordenamiento Jurídico, solicitó a la Corte
Constitucional que declare la exequibilidad de los partes normativos acusados
de los artículos 102 y 106 de la Ley 1123 de 2007.
A juicio del interviniente, no son de recibo los cargos de inconstitucionalidad
que se esgrimen contra las disposiciones acusadas, que asignan competencia al
Magistrado Ponente y a la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la
Judicatura para juzgar disciplinariamente a los abogados, “no solo porque tal
previsión hace parte de la libertad de configuración legislativa para regular
la competencia judicial como uno de los elementos que garantiza el debido
proceso, sino porque tal regulación se aviene a la distribución de funciones
para el cumplimiento y prestación del servicio de administración de justicia
por parte del juez colegiado, en este caso por los Consejos Seccionales de la
Judicatura a través de sus Salas Disciplinarias. Además, la naturaleza oral
de esta clase de procesos judiciales mediante su trámite en audiencias,
constituye plena garantía y respeto de los criterios que determinan la
competencia judicial y del principio de inmediación de la prueba”.
Al respecto, precisa que, en virtud de la cláusula general de competencia, el
Congreso goza de un amplio margen de configuración para regular los
procesos judiciales en aquellos aspectos no definidos directamente por la
Carta, y, dentro de ella, para fijar las atribuciones de los órganos encargados
de administrar justicia (C.P: art. 150).
Dentro de ese contexto, destaca que, de conformidad con la Constitución
Política (art. 256) y la Ley Estatutaria de Administración de Justicia (Ley 270
de 1996, art, 114), “la competencia judicial para conocer de los procesos
disciplinarios contra los abogados se encuentra radicada en cabeza de las
Salas Jurisdiccionales Disciplinarias de los Consejos Seccionales de la
Judicatura y éstos son órganos colegiados que cumplen sus funciones a través
de sus Salas, integradas a su vez por un número impar de Magistrados
señalados en la ley”, de manera que “quien adopta la decisión o falla el
proceso disciplinario es la corporación a través de su sala Jurisdiccional
Disciplinaria”.
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Bajo esa óptica, señala que “es claro que los Magistrados de la respectiva
Sala, a los cuales se reparten equitativamente los procesos disciplinarios, son
los encargados de adelantar el trámite de los procesos y de presentar el
proyecto de fallo para ser discutido y adoptado en la Sala de la cual hacen
parte, por tratarse de un juez colegiado”.
Sobre esa base, considera que no puede sostenerse, como lo hace la demanda,
que las normas acusadas vulneran el debido proceso, en el aspecto de la
competencia judicial, “pues resultas absolutamente claro que existe
regulación previa que delimita el poder del Estado y la garantía de los
derechos de los ciudadanos, de manera que la autoridad judicial actúa dentro
de sus competencias y se sujeta a los procedimientos señalados en la ley”.
Finaliza afirmando que tampoco es válido sostener la presunta violación de los
principios de inmediación, concentración, y publicidad de la prueba, “si se
tiene en cuenta que dentro de los principios rectores del procedimiento
disciplinario contra los abogados, contemplados en la misma Ley 1123 de
2007 -artículos 57 a 58- se establece que la actuación procesal será oral,
para lo cual se utilizarán los medios técnicos disponibles que permitan
imprimirle mayor agilidad y fidelidad, sin perjuicio de conservar un registro
de lo acontecido y, además, los intervinientes tendrán derecho a presentar y
controvertir las pruebas, con todo lo cual se garantizan los principios de
inmediación y contradicción de la prueba”.
2. Instituto Colombiano de Derecho Procesal
El Instituto Colombiano de Derecho Procesal, a través de uno de sus
miembros, se pronunció en relación con la demanda que dio origen a este
proceso, solicitándole a la Corte que declare la exequibilidad de las
disposiciones acusadas.
El interviniente sustenta su solicitud con base en los siguientes argumentos:
La garantía constitucional del debido proceso prevista en el artículo 29
Superior, “ha de ser desarrollada y precisada respecto de los distintos
procesos en los que se ejerza la jurisdicción del Estado, por el legislador. Es
esa la razón por la cual si la sentencia correspondiente se profiere por una
Sala de Decisión del Consejo Seccional de la Judicatura a quien corresponda
la tramitación de un proceso disciplinario conforme a la distribución de
competencia por el factor territorial, no puede afirmarse que la recepción de
la queja y la actuación que se surta por un magistrado como instructor del
proceso quebrante esa garantía consagrada en la Carta Política.”
Cuando un magistrado lleva a cabo una determinada actuación procesal, como
lo es oír al disciplinado en versión libre o decretar pruebas, “no actúa como
un particular sino como un funcionario público investido de jurisdicción, es
decir, como juez disciplinario, lo que significa que su actuación en ese
proceso es la de la corporación judicial a la que pertenece”.
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Por razones de orden funcional, la competencia para adelantar la instrucción
del proceso disciplinario se distribuye al magistrado ponente, “sin que ello
signifique quebranto de la garantía constitucional a ser notificado de la
apertura del proceso y a participar desde entonces en todas sus etapas, con lo
cual se le garantiza ser oído antes del proferimiento del fallo
correspondiente, el cual, por disposición legal no será proferido por quien lo
instruyó sino por toda la Sala a la que le corresponde el juzgamiento”.
3. Academia Colombiana de Jurisprudencia
La Academia Colombiana de Jurisprudencia, a través de uno de sus miembros,
se pronunció en relación con la demanda que dio origen a este proceso,
solicitándole a la Corte que declare la exequibilidad de las normas acusadas.
Sostiene sobre el particular, que las normas acusadas no hacen nada diferente
a consagrar en el trámite del proceso disciplinario “lo que prescribe la
Constitución en el numeral 3 del art. 256 al indicar como funciones del
Consejo Superior de la Judicatura y de los ‘consejos seccionales según el
caso’ el ‘examinar la conducta y sancionar las faltas de los funcionarios de la
rama judicial así como las de los abogados en ejercicio, en la instancia que
señale la ley’, de ahí que la ley 1123 de 2007 sea la llamada a indicar la
forma como se deben surtir los trámites procesales pertinentes, sin que sea
imperativo, como lo estima el impugnante, que deban intervenir en todo el
trámite del proceso la totalidad de los magistrados competentes para
conocerlos, por ser asunto que la Constitución asignó a la definición legal y
la ley es clara en su reglamentación”.
Destaca, además, que lo indicado en las normas acusadas, “no es nada diverso
a lo que está consagrado en el art. 29 del Código de Procedimiento Civil que
asigna la función decisoria a las salas respectivas, pero destaca que los
demás autos corresponden al Magistrado ponente o el art. 6 del decreto 2067
de 1991, que en los trámites ante la Corte Constitucional dispone que la
sustentación del proceso estará a cargo del ponente asignado y, adiciona el
art. 8 del mismo, que debe ese ponente presentar el proyecto de sentencia
ante la sala, casos que son de idéntico contenido jurídico al previsto en la
disposición acusada y que en un todo se ajustan a la Constitución”.
4. Instituto Colombiano de Derecho Disciplinario
El Instituto Colombiano de Derecho Disciplinario, a través de su Presidente y
de su Directora Ejecutiva, intervino en la presente causa para solicitarle a la
Corte que declare la exequibilidad de las disposiciones impugnadas.
De manera general, el interviniente sostiene que los apartes acusados no
transgreden “el núcleo esencial del Estado Constitucional, Social y
Democrático de Derecho colombiano, representado en los valores, principios,
derechos, deberes y garantías constitucionales y convencionales, en tanto
categorías plasmadas en la Constitución de 1991, pues se ajusta al principio
constitucional de legalidad…”. Explica su posición en los siguientes términos:
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Las normas acusadas de inconstitucionales, “constituyen aplicación de la
competencia general que tiene el legislador y que se da en el marco de la
libertad configurativa”.
Al establecer las normas el procedimiento que debe seguirse, “lo que brinda
es garantía procesal del debido proceso y el derecho de defensa para que el
investigado conozca las normas procesales y las ritualidades mismas del
proceso disciplinario”.
Ni de las normas acusadas, ni del texto de la demanda, se evidencia “que haya
ausencia de garantías al procesado al establecer que corresponde a la sala
decidir de fondo, ya que, la inmediación del juez en la práctica de las pruebas
sí se encuentra garantizado con el Magistrado Ponente, y en nada afecta el
debido proceso, el hecho que los demás magistrados que integran la sala no
hayan practicado de manera directa las pruebas, máxime cuando el mismo
accionante manifiesta que tampoco comparte que en la sala de decisión se
encuentre el Magistrado que practicó y adelantó la etapa de investigación,
por considerar que éste en cierta forma estaría prejuzgando”.
Dentro de las garantías fijadas en las normas convencionales citadas en la
demanda, están la de asegurar una sentencia efectiva y los recursos como
medio de defensa y de derecho de contradicción, “lo que no se está
vulnerando en el presente caso, sólo porque el legislador dentro de sus
facultades distribuyó en un magistrado la función del recaudo de las pruebas
e instrucción del proceso y en la sala la de proferir el respectivo fallo”.
5. Universidad Externado de Colombia
La Universidad Externado de Colombia intervino en el presente juicio,
solicitándole a la Corte que declare exequibles las expresiones acusadas.
La citada universidad sustenta su posición con base en dos argumentos
concretos: (i) no existe contradicción material entre las normas demandadas y
las normas constitucionales invocadas; y (ii) existe una confusión conceptual
grave en torno a la noción de competencia.
En relación con el primero de los argumentos, señala que la demanda no
demuestra la supuesta contradicción entre las normas acusadas y las normas
constitucionales supuestamente violadas. A partir de tal afirmación sostiene
que el procedimiento previsto en las normas acusadas no es incompatible con
las disposiciones superiores y convencionales invocadas “porque el hecho de
que la actuación en primera instancia esté a cargo del Magistrado del
Consejo Seccional de la Judicatura que le haya correspondido en reparto
hasta el momento de dictar sentencia, que se emite por la Sala plural
respectiva, no impide al procesado ser oído, con las garantías debidas y en
un plazo razonable, no enerva la competencia, la independencia y la
imparcialidad del órgano juzgador, ni deroga la ley que fija con anterioridad
los presupuestos de conocimiento de los jueces”.
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Sobre el segundo argumento, sostiene que “el legislador privilegió un
procedimiento en el que la autoridad que clausura es colegiada, pero no es la
misma a la encargada del recaudo probatorio, sobre un procedimiento en el
que quien cierra el procedimiento y quien lo informa es un único funcionario.
Ello equivale a decir que el legislador prefirió un procedimiento que diera
primacía al principio de justicia procesal, que la existencia de un órgano
colegiado permite realizar en mayor medida que la existencia de un único
funcionario, sobre el principio de inmediación. Esa decisión de política
legislativa no sólo es comprensible sino además completamente congruente y
compatible con la naturaleza de un Estado social de derecho y con nuestra
norma fundamental: la razón de ser de los procedimientos es la concreción
del valor constitucional de la justicia, y toda la construcción conceptual y
normativa del derecho procesal está subordinada al logro de esa aspiración
axiológica.”
V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACION
El señor Procurador General de la Nación rindió el concepto a su cargo en la
presente causa, solicitándole a la Corte declararse inhibida para emitir
pronunciamiento de fondo, toda vez que la demanda formulada contra los
artículos 102 y 106 de la Ley 1123 de 2007, solo plantea consideraciones de
carácter subjetivo, sin concretar el concepto de violación.
Sobre el particular, señala que la demanda no cumple con la exigencia de
aportar razones pertinentes y suficientes para demostrar la
inconstitucionalidad de los apartes normativos acusados, pues el actor “no
aporta razones constitucionales que permitan determinar que lo que hace
competente al juez disciplinario es el conocer del trámite desde el inicio del
proceso y, por el contrario, esta tesis no es más que un juicio personal del
actor (interpretación subjetiva) y no se adecua a ninguna interpretación
razonable del parámetro de constitucionalidad invocado, esto es, la garantía
constitucional de ser juzgado por juez o tribunal competente”.
Conforme con ello, el Ministerio Público se cuestiona “¿de dónde deduce el
actor que la competencia del juez viene determinada por ser él quien conoce
el proceso de principio a fin? Y, sobre todo, ¿tiene esa interpretación suya
algún fundamento iusconstitucional?”, señalando al respecto que “la
respuesta a estas preguntas es, necesariamente, negativa”. La vista Fiscal
explica su posición señalando que en el derecho procesal colombiano, y de
conformidad con la Constitución (art. 150-2), la competencia de los jueces es
determinada por el legislador, siguiendo ciertos criterios que han sido
denominados factores de atribución de la competencia. Dichos factores son:
“(i)El factor objetivo, que atiende a la naturaleza del asunto, es decir, al
contenido de la pretensión. Así, para el caso de la competencia para
conocer de las faltas disciplinarias en la que incurran los abogados en
el
ejercicio de su profesión, esta competencia está legalmente atribuida a
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la
Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior (o Seccional) de
la
Judicatura, de conformidad con los artículos 2o, 59 y 50 de la Ley 1123
cíe
2007;
(ii) El factor subjetivo, que es aquel "que permite fijar la competencia
dependiendo de las condiciones particulares o las características
especiales de ciertos sujetos que concurren al proceso, de tal suerte que
una vez verificado que demandante o demandado las posee, la
competencia inmediatamente se le asigna a un determinado juez sin
tener en cuenta otro factor1". En este sentido, de conformidad con el
artículo 2° de la Ley 1121 de 2007 son competentes para conocer de los
procesos disciplinarios los miembros de las Salas Jurisdiccionales
Disciplinarias de los Consejo Superior y Seccionales de la Judicatura
cuando se trata falta disciplinarias cometidas por abogados en el
ejercicio de su profesión;
(iii) El factor funcional, de acuerdo con el cual la competencia se
determina según la naturaleza de la función que desempeña el
funcionario que debe resolver el proceso. Por ejemplo, la Ley 1123 de
2007 determina quiénes conocen de los procesos disciplinarios en
primera y segunda instancia; y
(iv) El factor territorial, que señala que la competencia del juez se
establece "según los foros o lugares donde se desarrolla la
controversia"2, en este caso, el juez competente será aquel del lugar en
donde se dio la presunta falta disciplinaria”.
Conforme con lo dicho, concluye, entonces, que “ninguno de los factores de
atribución de competencia señalados establece que ésta se determine en
razón de que el juez conozca personal y directamente del proceso desde su
fase inicial y hasta que se adopte la decisión definitiva, ni que esta
competencia se pierda en virtud de no darse este pretendido requisito”, lo
cual no deja duda acerca de la impertinencia e insuficiencia del cargo.
En los términos expuestos, el Ministerio Público le solicita a la Corte
abstenerse de emitir pronunciamiento de fondo en el presente caso.
VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE
1. Competencia
De conformidad con lo dispuesto en el numeral 4° del artículo 241 de la
Constitución Política, esta Corporación es competente para decidir sobre la
demanda de inconstitucionalidad que se formula contra algunos apartes de los
artículos 102 y 106 de la Ley 1123 de 2007.
13
2. Alcance de la presente demanda
2.1. En el asunto bajo estudio, el actor acusa la inconstitucionalidad de los
incisos segundo del artículo 102 y cuarto del artículo 106 de la Ley 1123 de
2007, “Por la cual se establece el Código Disciplinario del Abogado”.
Sostiene que los apartes demandados, al atribuirle al Magistrado del Consejo
Seccional de la Judicatura que le haya correspondido en reparto, la
competencia para tramitar en primera instancia y hasta la sentencia el proceso
disciplinario de los abogados, dejando en cabeza de la Sala Plural respectiva
sólo la determinación de proferir el fallo, desconoce la garantía reconocida a
toda persona a ser juzgada ante juez o tribunal competente, consagrada en los
artículos 2º y 29 de la Constitución Política y 8º de la Convención Americana
de derechos Humanos.
Aduce que tal garantía resulta vulnerada por parte de las normas acusadas, en
la medida en que, según su entender, todo el trámite del proceso disciplinario
en primera instancia, incluida la práctica de pruebas y las alegaciones de las
partes, se lleva a cabo por parte del magistrado ponente sin el concurso de los
demás magistrados que integran la sala plural, quienes, finalmente, entran a
proferir sentencia, sin haber tenido acceso directo a las fuentes de información
del proceso y sin tener conocimiento pleno de los cargos debatidos. En
relación con dicha acusación, sostiene que la garantía de toda persona a ser
juzgado ante un juez o tribunal competente, “implica necesariamente que
todo el trámite o la instancia, debe ser conocida o desarrollada por uno o
unos funcionarios, conocidos desde el inicio del proceso, [pues] esa
circunstancia es la que los hace competentes, porque conocen o saben sobre
qué supuestos fácticos o probatorios deben decidir”.
2.2. En relación con la anterior acusación, la mayoría de quienes intervienen
en el presente juicio le solicitan a la Corte que declare la exequibilidad de las
normas impugnadas. Aun cuando algunos resaltan la existencia de ciertas
imprecisiones en la formulación de los cargos, coinciden en sostener que la
medida adoptada en las normas acusadas, de reconocerle competencia al
magistrado ponente para tramitar en primera instancia y hasta la sentencia el
proceso disciplinario de los abogados, se adopta por el legislador con base en
las atribuciones reconocidas por la Carta para regular los procesos judiciales
en aquellos aspectos no definidos directamente por la Constitución, y dentro
del propósito de contribuir al mejoramiento del funcionamiento de la
administración de justicia mediante una adecuada distribución de funciones.
2.3. Por su parte, el Ministerio Publico, en el concepto de rigor, le plantea a la
Corte la existencia de una presunta ineptitud sustantiva de la demanda, tras
considerar que el actor no formula un verdadero cargo de inconstitucionalidad
contra las normas impugnadas, pues solo plantea consideraciones de carácter
subjetivo sin concretar el concepto de violación, en el sentido que no explica
de donde deduce que la competencia del juez viene determinada por ser él
quien conoce el proceso de principio a fin.
14
2.4. En relación con la posición del Ministerio Público, cabe señalar que, si
bien se advierten algunas inconsistencias en la argumentación que presenta el
actor para cuestionar la constitucionalidad de los artículos 102 y 106 de la
Ley 1123 de 2007, en todo caso, dando aplicación al principio pro actione, la
Corte encuentra que la demanda cumple con los requisitos mínimos de
procedibilidad previstos en el artículo 2° del Decreto 2067 de 1991, toda vez
que la misma contiene al menos un cargo concreto de inconstitucionalidad
basado en razones claras, ciertas, pertinentes, suficientes y específicas1.
En efecto, a juicio de la Corte, el actor sí presenta una acusación de
inconstitucionalidad contra las normas impugnadas, materializada en el hecho
objetivo de destacar que las mismas, al asignar al Magistrado del Consejo
Seccional de la Judicatura que le haya correspondido en reparto, la
competencia para tramitar en primera instancia el proceso disciplinario de los
abogados, dejando en manos de la Sala solo la facultad para decidir, está
afectando la garantía reconocida a toda persona a ser juzgada ante juez o
tribunal competente, toda vez que la Constitución asigna tal atribución, en
forma integral, al Consejo Superior de la Judicatura y a los Consejos
Seccionales en su condición de jueces plurales, y no a quienes hacen parte de
tales corporaciones.
Si bien es cierto que alrededor de tal acusación, se presenta algunos
planteamientos que se advierten como contradictorios por algunos
intervinientes y el Ministerio Público, la demanda cuenta con un grado
mínimo de coherencia y solidez, que permite llevar a cabo una confrontación
objetiva entre la ley acusada y la Constitución, derivada a su vez de la
necesidad de establecer cuál es en realidad el alcance de la competencia
asignada al juez disciplinario de los abogados y cuál su incidencia sobre las
disposiciones constitucionales y convencionales señaladas como violados
(artículos 2º y 29 de la Constitución Política y 8º de la Convención Americana
de derechos Humanos).
Por lo tanto, conforme al principio pro actione, para la Corte es claro que la
acusación formulada se ampara en razones claras, ciertas, pertinentes,
suficientes y específicas, en la medida en que la misma: (i) permite entender
el sentido de la demanda y lo que con ella se persigue, (ii) se dirige a
1 De acuerdo con el artículo 2° del Decreto 2067 de 1991, esta Corporación, en múltiples pronunciamientos
sobre la materia, ha dejado en claro que, para que exista demanda en forma y la Corte pueda adoptar la
respectiva decisión de fondo, es necesario que el escrito de acusación contenga: (i) las normas que se acusan
como inconstitucionales y (ii) las disposiciones superiores que se estiman violadas, siendo además
imprescindible la (ii) formulación de por lo menos un cargo concreto de inconstitucionalidad, el cual, a su
vez, debe estar respaldado en razones “claras, ciertas, específicas, pertinentes y suficientes”. La Misma
jurisprudencia constitucional, de manera particular en la Sentencia C-1052 de 2001, ha explicado que existen
razones “(i) claras, cuando la acusación formulada por el actor es comprensible y de fácil entendimiento, (ii)
ciertas, si la acusación recae directamente sobre el contenido de la disposición demandada y no sobre una
proposición jurídica inferida o deducida por el actor, (iii) específicas, en cuanto se defina o se muestre en
forma diáfana la manera como la norma vulnera la Carta Política, (iv) pertinentes, cuando se utilizan
argumentos de naturaleza estrictamente constitucional y no razones de orden legal, personal, doctrinal o de
simple conveniencia, y (v) suficientes, en la medida en que contengan todos los elementos fácticos y
probatorios que son necesarios para adelantar el juicio de inconstitucionalidad, de forma que exista por lo
menos una sospecha o duda mínima sobre la constitucionalidad del precepto impugnado”.
15
controvertir directamente el contenido de las normas impugnadas, (iii)
algunos de los argumentos en que se basa son de naturaleza estrictamente
constitucional, (iv) contiene igualmente elementos fácticos que buscan poner
en duda la constitucionalidad de la medida normativa cuestionada, e (v)
intenta mostrar la manera como las preceptivas acusadas pueden contrariar la
Constitución.
2.5. En consecuencia, estima este Tribunal que en el presente caso se está en
presencia de una demanda en forma, motivo por el cual cabe proferir el
respectivo pronunciamiento de fondo.
3. Problema jurídico
3.1. Teniendo en cuenta el contenido de la demanda formulada y las distintas
intervenciones, en esta ocasión le corresponde a la Corte establecer si las
normas acusadas, en cuanto le atribuyen al Magistrado ponente del Consejo
Seccional de la Judicatura la competencia para tramitar en primera instancia y
hasta la sentencia el proceso disciplinario de los abogados, dejando en cabeza
de la Sala respectiva sólo la determinación de proferir el fallo, desconocen la
garantía del juez natural, reconocida en el artículo 2º y 29 de la Constitución
Política y 8º de la Convención Americana de derechos Humanos.
3.2. Para resolver el anterior problema jurídico, la Corte abordará los
siguientes temas jurídicos: (i) el papel que cumple la profesión de abogado en
el Estado Social de Derecho y el control público que debe existir sobre dicha
actividad; (ii) el principio del juez natural y los conceptos de jurisdicción y
competencia; (iii) el alcance de la facultad legislativa para fijar los
procedimientos judiciales y administrativos, particularmente en materia
disciplinaria; (iv) el régimen constitucional y legal de la responsabilidad
disciplinaria de los abogados; para finalmente (v) evaluar la
constitucionalidad de las normas impugnadas.
4. El papel que cumple la profesión de abogado en el Estado Social de
Derecho y el control público que debe existir sobre dicha actividad
4.1. Esta Corporación, a través de diversos pronunciamientos 2, ha tenido
oportunidad de referirse al papel que cumple el abogado en el Estado Social y
Democrático de Derecho, así como también a la importancia del control que
respecto del ejercicio de esa profesión deben llevar a cabo las autoridades
públicas.
4.2. Sobre el particular, la Corte ha explicado que, dentro de los parámetros
que enmarcan el ejercicio de la profesión, el abogado ejerce su labor,
principalmente y de manera general, en dos escenarios o frentes diferentes 3:
(i) por fuera del proceso, a través de la consulta y asesoría en favor de quien
se lo solicite; y (ii) dentro del proceso o juicio, mediante la representación
2 Ver, entre otras, las Sentencias C-002 de 1993, C-540 de 1993, C-060 de 1994, C–196 de 1999, C – 393 de
2006 y C-212 de 2007.
3 Sentencia C-060 de 1994, reiterada, entre otras, en las Sentencias C-393 de 2006, C-884 de 2007 y C-398
de 2011.
16
judicial en favor de aquellos que son requeridos o acuden a la administración
de justicia para resolver sus controversias.
4.3. Acorde con ello, ha subrayado que, en desarrollo de esas actividades, la
profesión de abogado está llamada a cumplir una función social, “pues se
encuentra íntimamente ligada a la búsqueda de un orden justo y al logro de la
convivencia pacífica, en razón a que el abogado es, en gran medida, un
vínculo necesario para que el ciudadano acceda a la administración de
justicia”4.
4.4. En razón a la misión o función social que están llamados a cumplir, “los
abogados se encuentran sometidos a ciertas reglas éticas que se materializan
en conductas prohibitivas con las que se busca asegurar la probidad u
honradez en el ejercicio de la profesión y la responsabilidad frente a los
clientes y al ordenamiento jurídico”5.
Sobre este particular, la jurisprudencia ha expresado que, en la atención
debida al cliente, la labor del abogado no se limita a resolver problemas de
orden técnico, sino que su actividad va más allá, proyectándose también en el
ámbito de lo ético, de modo que la regulación de su conducta por normas de
ese carácter no implica una indebida intromisión en el fuero interno de las
personas. Ello es así, justamente, porque la conducta individual del abogado
se encuentra vinculada a la protección del interés general o común, de manera
que el ejercicio inadecuado o irresponsable de la profesión, puede proyectarse
negativamente sobre la efectividad de diversos derechos fundamentales de
terceros, como la honra, la intimidad, el buen nombre, el derecho a la defensa
y el acceso a la administración de justicia, así como también, poner en entre
dicho la vigencia de principios constitucionales de interés general,
orientadores de la función jurisdiccional, tales como la eficacia, la celeridad y
la buena fe6.
4.5. En ese escenario, considerando que la abogacía se orienta a concretar
importantes fines constitucionales, lo ha manifestado este Tribunal, el
incumplimiento de las reglas éticas que informan la profesión conlleva
igualmente riesgos sociales que ameritan un control público a su ejercicio, el
cual se materializa mediante la expedición de reglas jurídicas a través de las
cuales se busca vigilar y sancionar la conducta de los abogados cuando haya
lugar a ello.
Al respecto, en la Sentencia C-196 de 1999, la Corte sostuvo que: “si al
abogado le corresponde asumir la defensa en justicia de los derechos e
intereses de los miembros de la comunidad y, a su vez, le compete la asesoría
y asistencia de las personas en la ordenación y desenvolvimiento de sus
relaciones legales, resulta lícito que la ley procure ajustar su comportamiento
social a la observancia de tales fines, impidiendo, a través de la imposición de
determinadas sanciones, que el profesional desvíe su atención y opte por
4 Sentencia C-884 de 2007.
5 Sentencia C-393 de 2006.
6 Sobre el tema de pueden consultar las Sentencias C-543 de 1993, C-884 de 2007 y C-398 de 2011, entre
otras.
17
obrar contrario a derecho, impulsado por el ánimo egoísta de favorecer su
intereses particulares en detrimento de la Administración de Justicia y de la
propia sociedad”.
4.6. Dicho control público encuentra un claro fundamento constitucional,
inicialmente, en el artículo 26 de la Carta, en el que se faculta al legislador
para exigir títulos de idoneidad y a las autoridades para ejercer su vigilancia y
control; y en el artículo 95 del mismo ordenamiento Superior, que le impone a
los ciudadanos el deber de respetar los derechos ajenos y ejercer
responsablemente los propios, consagrando también la obligación ciudadana
de colaborar con la administración de justicia. También, en la cláusula general
de competencia consagrada en los numerales 1° y 2° del artículo 150 de la
Constitución Política, por la cual se habilita al legislador para expedir códigos
en todos los ramos de la legislación y para reformar y derogar sus
disposiciones.
En esa línea, la Corte ha destacado que “las reglas a través de las cuales se
vigila la conducta de los abogados (…) constituyen lo que en términos
abstractos puede denominarse su régimen disciplinario”7, que, como se ha
dicho, comporta el llamado control público del ejercicio profesional.
4.7. Tratándose del poder disciplinario, la propia jurisprudencia constitucional
ha puesto de presente que el mismo constituye “una de las más importantes
expresiones de la función de control y vigilancia” 8, aclarando, a la vez, que su
desarrollo corresponde al legislador, en todos aquellos aspectos que no hayan
sido definidos directamente por la Constitución Política, y quien para el
efecto, de conformidad con la Carta, goza de un amplio margen de
configuración política para expedir una regulación orientada “al logro de los
fines de la profesión en procura de que su ejercicio sea compatible con el
interés general, entendido a la luz de los valores y principios
constitucionales”9.
Tal regulación debe incluir, entre otros aspectos, las faltas y sanciones de los
abogados, así como también la naturaleza y características del procedimiento
aplicable a través del cual deben ser investigadas y juzgadas dichas faltas,
incluyendo en este último aspecto, la definición de las autoridades que tiene a
su cargo el juzgamiento de las conductas y la manera como las mismas deben
ejercer su competencia10.
5. El principio del juez natural. Los conceptos de jurisdicción y
competencia
5.1. También la jurisprudencia constitucional ha tenido oportunidad de
referirse al principio del juez natural, destacando que el mismo se inscribe en
7 Cfr. Sentencia C-393 de 2006.
8 Sentencia C-884 de 2007, reiterada, entre otras, en la Sentencia C-398 de 2011.
9 Sentencia C-398 de 2011.
10 Sobre el tema se pueden consultar, entre otras, las Sentencias C-037 de 1996, C-396 de 2006, C-884 de
2007 y C-398 de 2011.
18
el ámbito de las atribuciones reconocidas a las autoridades judiciales para
conocer, tramitar y juzgar las causas sometidas al poder del Estado.
5.2. En ese contexto, la misma jurisprudencia ha puesto de presente que el
citado principio remite necesariamente a la noción de “juez natural”, el cual,
a su vez, encuentra en el orden jurídico interno un significado específico, en
el sentido de entender que tal expresión hace referencia a “aquél a quien la
Constitución o la ley le han atribuido el conocimiento de ciertos asuntos para
su resolución”.11
5.3. La Corte ha señalado que el principio del juez natural comporta un
elemento medular del debido proceso, en razón a que estructura y desarrolla
la garantía establecida en el artículo 29 de la Constitución Política, según la
cual, “[n]adie podrá ser juzgado sino […] ante juez o tribunal competente”,
lo que significa que no basta con ser juzgado por un juez, sino que éste debe,
además, tener competencia para conocer el asunto y resolverlo12.
5.4. Al margen de su expreso reconocimiento constitucional, el principio del
juez natural también encuentra desarrollo a nivel internacional en distintos
instrumentos de derechos humanos, entre otros, en el Pacto Internacional de
los Derechos Civiles y Políticos y en la Convención Americana de Derechos
Humanos.
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, lo consagra en su
artículo 14 al disponer que: “toda persona tendrá derecho a ser oída
públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente,
independiente e imparcial establecido por la ley, en la substanciación de
cualquier acusación de carácter penal formulada contra ella o para la
determinación de sus derechos u obligaciones de carácter civil”. Por su parte,
la Convención Americana sobre Derechos Humanos lo prevé en su artículo
8º, señalando que: “toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas
garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente,
independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la
sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la
determinación de sus derechos y obligaciones de carácter civil, laboral,
fiscal o de cualquier otro carácter”.
5.5. Desde el punto de vista de su contenido, el principio del juez natural pasa
a constituirse en un derecho fundamental, que se materializa en la garantía de
toda persona a que su causa sea juzgada y definida por un juez o tribunal
competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la
ley, quedando proscritos los jueces post-facto o ad-hoc, así como también los
juzgamientos por comisión o por delegación, bajo el entendido que su
existencia no asegura la imparcialidad y ecuanimidad que exige el ejercicio
del cargo y la definición del caso concreto.
11 Sentencia C-444 de 1995, reiterada, entre otras, en las Sentencias C-111 de 2000 y C-154 de 2004, entre
otras.
12 Consultar Sentencia C-755 de 2013.
19
5.6. Así entendido, este Tribunal ha puntualizado que la garantía del juez
natural tiene una finalidad más sustancial que formal, en razón a que su
campo de protección no es solamente el claro establecimiento de la
jurisdicción encargada del juzgamiento, previamente a la consideración del
caso, sino también la seguridad de un juicio imparcial y con plenas garantías
para las partes. Conforme con ello, ha precisado que dicho principio opera
como un instrumento necesario de la rectitud en la administración de justicia
y como una garantía frente a la posible arbitrariedad de la actuación de los
poderes del Estado en perjuicio de los ciudadanos.
En relación con esto último, la Corte ha insistido en sostener que la exigencia
de que se haya asignado normativamente competencia no basta para definir el
alcance del juez natural, pues, como se ha explicado, la garantía en cuestión
exige adicionalmente que no se altere “la naturaleza de funcionario
judicial” , lo que implica, a su vez, que previamente se definan quiénes son
los jueces competentes, que los mismos tengan carácter institucional y que
una vez asignada debidamente la competencia para conocer un caso
específico, no les sea revocable el conocimiento del caso, salvo que se trate de
modificaciones de competencias al interior de una determinada institución13.
5.7. Conforme con lo dicho, el derecho al juez natural comprende una doble
garantía: (i) para quien se encuentra sometido a una actuación judicial o
administrativa, en cuanto le asegura “el derecho a no ser juzgado por un juez
distinto a los que integran la Jurisdicción, evitándose la posibilidad de crear
nuevas competencias distintas de las que comprende la organización de los
jueces”14; y (ii) para la Rama Judicial, “en cuanto impide la violación de
principios de independencia, unidad y ‘monopolio’ de la jurisdicción ante las
modificaciones que podrían intentarse para alterar el funcionamiento
ordinario”15.
5.8. Ahora bien, a partir de su configuración jurídica, la garantía del juez
natural se encuentra íntimamente ligada a los conceptos de jurisdicción y
competencia. La Corte ha explicado que la jurisdicción, en general, “consiste
en la potestad que tiene el Estado para administrar justicia en ejercicio de la
soberanía de que es titular, mediante el conocimiento y decisión de las
diferentes causas (civiles, criminales, administrativas, etc.)”16. Por tratarse de
una potestad estatal, lo ha expresado la Corporación, la jurisdicción es única e
indivisible, razón por la cual “todos los jueces ejercen jurisdicción en nombre
del Estado, pero circunscrita al ámbito propio de la competencia que le asigna
la ley”17.
5.9. Cabe aclarar que el ejercicio de la jurisdicción, no obstante constituir una
potestad general del Estado, única e indivisible, por razones de eficiencia y
celeridad, se divide o fracciona a su vez en distintos sectores, conocidos
13 Consultar la Sentencia T-058 de 2006, reiterada en la Sentencia C-594 de 2014.
14 C-200 de 2002, reiterada en la Sentencia C-594 de 2014, entre otras.
15 Sentencia Ibídem.
16 Sentencia C-154 de 2004.
17 Sentencia C-392/00 M.P. Antonio Barrera Carbonell.
20
genéricamente como jurisdicciones, las cuales constituyen simples divisiones
operativas de esa potestad estatal para administrar justicia.
Sobre este particular, el artículo 12 de la Ley Estatutaria de Administración de
Justicia, en concordancia con lo previsto en el artículo 116 Superior, señala
que la función jurisdiccional se ejerce como propia y habitual y de manera
permanente por las Corporaciones y personas dotadas de investidura
constitucional y legal para hacerlo. Conforme con ello, la misma norma
destaca que la función jurisdiccional en Colombia se ejerce por la jurisdicción
constitucional, el Consejo Superior de la Judicatura, la Jurisdicción de lo
contencioso administrativo, las jurisdicciones especiales tales como la penal
militar, la indígena y la justicia de paz, y la Jurisdicción Ordinaria que
conocerá de todos los asuntos que no estén atribuidos expresamente por la
Constitución o la ley a otra jurisdicción.
En relación con esto último, es menester destacar que la medida de la
jurisdicción que puede ejercer cada juez o tribunal en concreto, es lo que
determina a su vez la competencia. Ciertamente, la competencia de una
autoridad judicial ha sido definida por la Corte como “la porción, la cantidad,
la medida o el grado de la jurisdicción que corresponde a cada juez o tribunal,
mediante la determinación de los asuntos que le corresponde conocer,
atendidos determinados factores (materia, cuantía, lugar, etc)”18.
5.10. Los criterios o factores de competencia tienen como objetivo
fundamental, definir cuál va a ser la autoridad judicial, juez o tribunal, que va
a conocer, tramitar y decidir, con preferencia o exclusión de las demás, un
determinado asunto que ha sido puesto en conocimiento de la administración
de justicia. En este contexto, de manera regular, la competencia se fija de
acuerdo con los siguientes criterios o factores: (i) la naturaleza o materia del
proceso y la cuantía (factor objetivo); (ii) la calidad o condiciones especiales
de las partes que concurren al proceso (factor subjetivo); (iii) la naturaleza de
la función que desempeña la autoridad que tiene a su cargo la definición y
resolución del proceso (factor funcional); (iv) el lugar o foro donde debe
tramitarse y desarrollarse el proceso (factor territorial); y (v) la competencia
previamente determinada para otro proceso, lo que permite que un proceso
asignado a un juez absorba los otros asuntos que con relación a un tema
específico puedan ser promovidos con posterioridad (factor de conexidad o
de atracción).
5.11. La jurisprudencia constitucional ha señalado igualmente que la
competencia debe tener, además, las siguientes calidades: (i) legalidad, en
cuanto debe ser definida por la ley; (ii) imperatividad, lo que significa que es
de obligatoria observancia y no se puede derogar por la voluntad de las partes;
(iii) inmodificabilidad, en tanto no se puede variar o cambiar en el curso del
proceso (perpetuatio jurisdictionis); (iv) indelegabilidad, ya que no puede ser
cedida o delegada por la autoridad que la detenta legalmente; y (v) es de
orden público, en razón a que se sustenta o fundamenta en principios y
criterios que se relacionan con la prevalencia del interés general.
18 Sentencia C-040/97.
21
6. Alcance de la facultad legislativa para fijar los procedimientos
judiciales y administrativos, particularmente en materia
disciplinaria
6.1. De manera general, la Corte ha sostenido que, de conformidad con la
cláusula general de competencia consagrada en los numerales 1° y 2° del
artículo 150 de la Constitución Política, el legislador goza de un amplio
margen de configuración política en la definición de los procedimientos
judiciales y administrativos, esto es, en la facultad para establecer las formas
propias de cada juicio, entendidas éstas como el conjunto de reglas que, en
atención a la naturaleza del proceso, determinan o definen los trámites que
deben surtirse ante las diversas instancias judiciales o administrativas.19
6.2. De manera particular, en el campo del derecho disciplinario, la Corte ha
sostenido que el establecimiento de un régimen de esa naturaleza constituye
un espacio de libre configuración legislativa, pues, “es en el campo de la
deliberación política, en donde se puede establecer, con mayor precisión, el
tipo de conductas que resultan ajenas a la consecución de los fines del Estado
y a la construcción de un ejercicio profesional ético, así como la gravedad
social de estas conductas y la consecuente intensidad de las sanciones
aplicables”20.
El criterio de existencia de una reserva legal en materia disciplinaria, fue
puesto de presente por la Corte en la Sentencia C-037 de 1996, donde la
Corporación llevó a cabo el control de constitucionalidad de la Ley
Estatutaria de la Administración de Justicia (Ley 270 de 1996). En ese
pronunciamiento, precisó la Corte que las disposiciones jurídicas relativas a la
responsabilidad disciplinaria, tanto en su aspecto sustancial como
procedimental, son de competencia exclusiva del legislador ordinario. Sobre
el particular, se dijo en el mencionado fallo:
“De acuerdo con las razones expuestas a lo largo de esta providencia,
la regulación de asuntos de carácter disciplinario (…) es competencia
propia del legislador ordinario (Art. 150-23 C.P.), y no de una ley
estatutaria sobre administración de justicia”.
6.3. En relación con la competencia legislativa para configurar
procedimientos judiciales y administrativos, la Corte ha señalado que la
misma le permite al legislador fijar las reglas a partir de las cuales se asegura
la plena efectividad de los derechos al debido proceso y al acceso efectivo a la
administración de justicia (arts. 29 y 229 C.P.), reglas que, además, buscan
consolidar la seguridad jurídica, la racionalidad, el equilibrio y la finalidad de
los procesos, al tiempo que permiten desarrollar el principio de legalidad que
resulta ser consustancial al Estado Social de Derecho21.
19 Sentencias: C-562 de 1997 y C-507 de 2014.
20 Sentencia C-884 de 2007.
21 Sentencias: T-001 de 1993, C-248 de 2013 y C-507 de 2014.
22
6.4. Conforme con dicha atribución, el legislador se encuentra, entonces,
ampliamente facultado para definir, no solo las conductas reprochables y las
sanciones aplicables, sino también el procedimiento que debe seguirse para la
imposición de aquellas, esto es, “[las] etapas, características, formas y,
específicamente, los plazos y términos que han de reconocerse a las personas
en aras de facilitar el ejercicio legítimo de sus derechos ante las autoridades
públicas”.22
6.5. Siendo ello así, lo ha dicho la Corporación 23, el legislador está habilitado
para regular y definir, entre los múltiples asuntos que son de su resorte,
algunos de los siguientes aspectos: (i) la radicación de competencias en una
determinada autoridad judicial o administrativa, siempre y cuando el
constituyente no se haya ocupado de asignarla de manera explícita en la
Carta, caso en el cual su facultad se dirige a determinar y desarrollar los
aspectos específicos de la misma; (ii) las etapas, términos y formalidades que
se deben cumplir en cada uno de los procesos; (iii) los recursos y demás
medios de defensa que pueden promover los interesados contra los actos que
profieren las autoridades en su contra, así como los requisitos y condiciones
de procedencia de los mismos24; (iv) los medios de prueba y (v) los deberes,
obligaciones y cargas procesales del juez, las partes e incluso de los terceros
intervinientes, ya sea para asegurar la celeridad y eficacia del trámite, como
para proteger a los sujetos procesales y para prevenir daños o perjuicios al
interior de los procesos.
6.6. Cabe destacar que, aun cuando la jurisprudencia ha sido uniforme en
sostener que el legislador goza de un amplio margen de libertad en la
configuración de los procedimientos judiciales y administrativos25, también ha
sido clara en precisar que dicha atribución debe ser ejercida en forma
razonable y proporcional, con pleno respeto a los principios y valores
constitucionales, constituyéndose tales aspectos en límites al ejercicio
legítimo de la competencia. 26
Sobre este particular, en la Sentencia C-555 de 2001, dijo la Corte que: “el
legislador al diseñar los procedimientos judiciales no puede desconocer las
garantías fundamentales, y debe proceder de acuerdo con criterios de
proporcionalidad y razonabilidad, a fin de asegurar el ejercicio pleno del
derecho de acceso a la administración de una justicia recta. Por ello las leyes
que establecen procedimientos deben propender por hacer efectivos los
derechos de defensa, de contradicción, de imparcialidad del juez, de primacía
de lo substancial sobre lo adjetivo o procedimental, de juez natural, de
22 Sentencia C-428 de 2002.
23 Sentencias: C-742 de 1999, C-111 de 2000, C-384 de 2000, C-803 de 2000, C-372 de 2011, C-248 de
2013 y C-507 de 2014.
24 Sentencias C-742 de 1999, C-384 de 2000, C-803 de 2000, C-372 de 2011, C-248 de 2013 y C-507 de
2014, entre otras.
25 Ver entre otras las sentencias C-742 de 1999, C-803 de 2000, C-591 de 2000, C-596 de 2000, C-927 de
2000, C-1717 de 2000, C-927de 2000.
26 Cfr, entre otras, las Sentencias C-927 de 2000, C-555 de 2001, C-640 de 2002, C-642 de 2002, C-736 de
2002, C-740 de 2002, C-788 de 2002, C-561 de 2004, C-340 de 2006, T-738 de 2006, C-692 de 2008, C-372
de 2011, C-248 de 2013 y C-507 de 2014.
23
publicidad de las actuaciones y los otros que conforman la noción de debido
proceso”.
6.7. De ese modo, conforme con la cláusula general de competencia, mientras
el legislador no ignore ni contraríe las garantías básicas previstas en la
Constitución Política, y actúe con criterios de razonabilidad y
proporcionalidad, goza de un amplio margen de configuración para regular las
formas propias de cada juicio, en particular, todo lo relacionado con la
competencia de los funcionarios a quienes corresponde tramitar y decidir los
diferentes procesos judiciales y administrativos.
6.8. Sobre este último aspecto, como ya fue mencionado, la competencia de
los jueces y magistrados es un asunto que corresponde definir a la ley, a
menos que aquella haya sido fijada directamente por la Constitución Política,
caso en el cual la facultad de regulación legal se dirige a determinar y
desarrollar los aspectos específicos de esa competencia, la manera como debe
ser ejercida por la autoridad respectiva y, en general, todos los demás
elementos del procedimiento que permiten la activación y ejercicio de la
competencia.
6.9. En consecuencia, de acuerdo con las reglas que han sido expuestas, cabe
concluir que el legislador cuenta con un amplio poder de definición de las
reglas que concretan el concepto de debido proceso en cada trámite judicial o
administrativo, como los que tienden a la investigación de faltas disciplinarias
y a la imposiciíon de sanciones; poder al que se encuentran sometidos todos y
que, además, dentro del marco de la Constitución Política, puede comportar
límites razonables a los derechos e intereses de las partes y terceros, como
resultado de la valoración legítima que en la materia le corresponde efectuar
al Congreso de la República27.
7. Responsabilidad disciplinaria de los abogados. Régimen
constitucional y legal
7.1. Tal y como lo ha sostenido esta Corporación,28 la Constitución Política de
1991, en los artículos 254 a 257, creó una jurisdicción especial para
administrar justicia en materia disciplinaria, dirigida a examinar, juzgar y
sancionar las conductas de los funcionarios de la Rama Judicial, así como
también la de los abogados en el ejercicio de su profesión.
7.2. Dentro de dicha jurisdicción, el propio estatuto Superior le asignó a la
Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura -
cabeza de la jurisdicción- y a las Salas disciplinarias de los Consejos
Seccionales de la misma Corporación, “de acuerdo a la ley”, el conocimiento
de los procesos disciplinarios contra los abogados en ejercicio (C.P art. 256-
3), quienes deben asumirla “en la instancia que señale la ley”.
27 Cfr. Sentencia C-248 de 2013.
28 Sentencia C-619 de 2012.
24
7.3. En desarrollo de ese mandato Superior, los artículos 9º-4 y 10º-1 del
Decreto 2652 de 1991, en concordancia con los artículos 112-6 y 114-2 de la
Ley Estatutaria de Administración de Justicia (Ley 270 de 1996), le atribuyen
a la Sala Disciplinaria de los Consejos Seccionales de la Judicatura el
conocimiento en primera instancia de los procesos disciplinarios que se sigan
contra los abogados en ejercicio, y a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del
Consejo Superior de la Judicatura, el conocimiento de los recursos de
apelación y de hecho, así como de la consulta, en los procesos disciplinarios
de que conocen en primera instancia los Consejos Seccionales.
7.4. Como consecuencia de las funciones que en materia disciplinaria
cumplen, tanto la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la
Judicatura como las Salas Disciplinarias de los Consejos Seccionales, “las
providencias que emanan de dichas autoridades tienen la naturaleza de
decisiones judiciales, con la fuerza y efectos que de ello se derivan, de manera
que no pueden ser sometidas al escrutinio de otra jurisdicción, salvo en sede
constitucional a través de la acción de tutela”29. Sobre este particular, explicó
la Corte en la Sentencia C-037 de 1996, lo siguiente:
“Ahora bien, los dos incisos finales del artículo objeto de análisis
prevén que las decisiones que se adopten en materia disciplinaria sobre
funcionarios judiciales, no son susceptibles de acción contencioso
administrativa y tendrán fuerza de cosa juzgada.
(…)
Se tiene, entonces, que las providencias que dicte la Sala Jurisdiccional
Disciplinarias son en realidad sentencias y, por tanto, cuentan con la
misma fuerza y efectos jurídicos que aquellas que profiera cualquier
otra autoridad judicial. No obstante, si una providencia que resuelva un
asunto disciplinario contiene, en los términos que ha definido la Corte
Constitucional, una vía de hecho que acarree la ostensible vulneración
de un derecho constitucional fundamental, entonces será posible acudir
a un medio de defensa judicial como la acción de tutela para reparar el
menoscabo que se ha causado mediante esa decisión”30.
7.5. Conforme al criterio de reserva legal en materia disciplinaria, y dentro del
marco establecido en la Constitución Política y la Ley Estatutaria de
Administración de Justicia, el legislador, inicialmente a través del Decreto
196 de 1971, “Por el cual se dicta el estatuto del ejercicio de la abogacía”, y
luego mediante la Ley 1720 de 2007, “Por la cual se establece el Código
Disciplinario del Abogado”, ha fijado las reglas especiales respecto al
ejercicio de la abogacía, incluyendo lo referente al régimen disciplinario de
los profesionales del derecho.
7.6. Con respecto a la vigencia del Decreto 196 de 1971, en la Sentencia C-
884 de 2007, esta Corporación precisó que “la Ley 1123 de 2007 se centra en
el establecimiento de un régimen disciplinario, renunciando a regular
29 Sentencia C-619 de 2012.
30 Sentencia C-037 de 1996, reiterada, entre otras, en las Sentencias C-248 de 1999, C-879 de 2003 y C-619
de 2012.
25
integralmente todos los aspectos de la profesión”, motivo por el cual, “no se
produce una derogatoria general del decreto 196 de 1971, sino una
derogatoria parcial de las normas que sean contrarias a la nueva ley”.
7.7. En consecuencia, es la Ley 1123 de 2007, “por la cual se expide el
Código Disciplinario del Abogado”, la que de manera específica y completa
regula actualmente lo relacionado con el Régimen Disciplinario del Abogado.
Según lo ha señalado este Tribunal31, el Código contenido en la citada ley se
divide en Tres Libros que configuran su estructura básica y que determinan su
contenido y finalidades. Los Tres Libros se dividen, en su orden, en (i) una
parte general, que presenta una adecuación sustantiva de los principios
constitucionales del debido proceso; (ii) una parte especial, en la que se lleva
a cabo una actualización de los deberes, incompatibilidades, faltas y
sanciones que aplican al ejercicio de la abogacía; y (iii) una parte
procedimental, que adecúa y actualiza el procedimiento disciplinario aplicable
a los estándares constitucionales y del derecho internacional, implantando un
sistema oral, es decir, incorporando el llamado proceso verbal, con el que se
busca hacer más ágil y expedito el procedimiento disciplinario y contribuir
también a superar la congestión existente. De manera general, el contenido
del Código es el siguiente:
7.8. En el Libro Primero, se encuentra la Parte General del Código, que
regula: (i) en el Título I, los principios rectores, entre ellos, el de dignidad
humana (art. 1º), titularidad (art. 2º), legalidad (art. 3º), antijuridicidad (art.
4º), culpabilidad (art. 5º), debido proceso (art. 6º) favorabilidad (art. 7º),
presunción de inocencia (art. 8º), non bis in idem (art. 9º), igualdad material
(art. 10), función de la sanción disciplinaria (art. 11), derecho de defensa (art.
12), criterios para la graduación de la sanción (art. 13) y gratuidad de la
actuación disciplinaria (art. 14). En el mismo Título I se incluye lo
relacionado con la interpretación y aplicación del código (art. 15) y la
aplicación de los principios rectores e integración normativa (art. 16); (ii) en
el Título II, las disposiciones generales que comprenden: el concepto de falta
disciplinaria (art. 17), el ámbito de aplicación (art. 18), los sujetos
disciplinables (art. 19), las formas de realización del comportamiento (arts. 20
y 21) y la exclusión de la responsabilidad disciplinaria (art. 22); y (iii) en el
Título III, la extinción de la acción y de la sanción disciplinaria, que
comprende las causales de extinción de la acción (Art. 23), términos de
prescripción y Renuncia de la Prescripción (arts. 24 y 25), causales de
extinción de la sanción (artículo 26) y término de prescripción (art. 27).
7.9. El Libro Segundo, contiene la parte especial del Código, y en ella se
consagra: (i) en el Título I, lo relacionado con los deberes e
incompatibilidades (arts. 28 y 29); (ii) en el Título II las faltas en particular
(arts. 30 a 39); y en el Título III, el Régimen Sancionatorio que comprende:
las sanciones disciplinarias de censura, multa, suspensión o exclusión del
ejercicio de la profesión, las cuales se impondrán atendiendo los criterios de
graduación establecidos en el propio código. (arts. 40 a 47).
31 Sentencia C-884 de 2007.
26
7.10. Finalmente, el Libro Tercero, se ocupa del procedimiento disciplinario
regulando: (i) el en Título I, los principios rectores de dicho procedimiento
(arts. 48 a 54); (ii) en el Título II, el procedimiento propiamente dicho,
estableciendo lo relacionado con la competencia del Consejo Superior y de
los Consejos Seccionales (arts. 59 y 60), los impedimentos y recusaciones y el
procedimiento aplicable (arts. 61 a 64), lo referente a los intervinientes (arts.
65 y 66), el inicio de la acción disciplinaria (arts. 67 a 69), las notificaciones y
comunicaciones (arts. 70 a 78), los recursos y su ejecutoria (arts. 79 a 83), las
pruebas (arts. 84 a 97) y las nulidades (arts. 98 a 101); (iii) en el Título III, lo
concerniente a la actuación procesal, determinando lo relacionado con: la
iniciación (art. 102), la terminación anticipada (art. 103), la investigación y
calificación (arts. 104 a 105), y el juzgamiento (arts. 106 y 107); (iv) en el
Título IV, se establecen las disposiciones complementarias referentes a la
rehabilitación de los profesionales excluidos de la profesión, la solicitud y el
procedimiento aplicable (arts. 108 a 110); finalmente, (v) el Título V contiene
las disposiciones finales sobre régimen de transición y vigencia y derogatoria
del Código (arts.111 y 112).
7.11. Siguiendo la estructura del Código Disciplinario del Abogado, constata
la Corte que las normas parcialmente acusadas, los artículos 102 y 106, se
integran al Título II del Libro Tercero, que trata sobre la actuación procesal
que debe surtirse en el proceso disciplinario que se sigue contra los abogados
a quienes se les atribuye la presunta comisión de una falta disciplinaria.
Conforme fue anotado, la actuación procesal se desarrolla en los artículos 102
a 107 y comprende las siguientes etapas: (i) la iniciación de la actuación (art.
102), (ii) la investigación y calificación (arts. 104 a 105), y (iii) el
juzgamiento (arts. 106 y 107). Dado que se trata de un proceso verbal, las
etapas de investigación y juzgamiento se desarrollan a través de dos
audiencias. La primera, en la “audiencia de pruebas y calificación
provisional”, y la segunda a través de la denominada “audiencia de
juzgamiento”. El trámite procesal es el siguiente:
7.11.1. La iniciación de la actuación disciplinaria tiene lugar mediante queja o
informe y se encuentra regulada en el artículo 102, objeto de impugnación en
la presente causa. Al respecto, la norma consagra que la “queja o informe
podrá presentarse verbalmente o por escrito, ante las Salas Jurisdiccionales
Disciplinarias de los Consejos Seccional o Superior de la Judicatura, o ante
cualquier autoridad pública, en cuyo caso la remitirá de inmediato a la Sala
competente en razón del factor territorial”. En lo acusado, la misma norma
precisa que: La actuación en primera instancia estará a cargo del
Magistrado del Consejo Seccional de la Judicatura que le haya
correspondido en reparto hasta el momento de dictar sentencia,
determinación que se emitirá por la Sala plural respectiva.
7.11.2. Presentada la queja y repartida ésta, tiene lugar la etapa de
investigación y calificación regulada en los artículos 104 y 105. De acuerdo
con lo previsto en el artículo 104, la referida etapa se inicia con el trámite
preliminar de procedibilidad donde debe acreditarse la condición de
disciplinable del denunciado, a quien se le notificará sobre el inicio del
27
proceso y sobre la necesidad de presentarse con su defensor ante la autoridad
competente para enterarse de la actuación en curso. En caso de no comparecer
se le declarara ausente y se le nombrara abogado de oficio que será quien lo
asista en su defensa.
7.11.3. Superado el trámite de procedibilidad, dentro de la etapa de
investigación y calificación, el artículo 105 se ocupa de la “audiencia de
pruebas y calificación provisional”. Al respecto, dispone que debe procederse
al señalamiento de fecha y hora para la celebración de la audiencia, con
citación previa de quien es investigado y del Ministerio Público (que debe ser
enterado de todas audiencias que se realicen), aclarando igualmente la norma,
que en las audiencias “será obligatoria la presencia del disciplinado o su
defensor”. Iniciada la “audiencia de pruebas y calificación provisional”, se
presentará la queja o informe origen de la actuación, y se le permitirá al
disciplinable rendir versión libre si es su deseo respecto de los hechos
imputados, o en su caso, el defensor podrá referirse sobre los mismos,
pudiendo solicitar o aportar las pruebas que pretendan allegar. En el mismo
acto de audiencia se determinará la conducencia y pertinencia de las pruebas
solicitadas o aportadas por el disciplinado y se decretarán las que de oficio se
consideren necesarias. Evacuado lo anterior, se procede a la calificación
jurídica de la actuación, ya sea disponiendo su terminación, o presentando
formulación de cargos. En caso de que haya lugar a la formulación de cargos,
la misma deberá contener en forma expresa y motivada la imputación fáctica
y jurídica, así como la modalidad de la conducta, sin que contra tal decisión
proceda recurso alguno.
7.11.4. La calificación jurídica mediante la formulación de cargos da paso a la
etapa siguiente de juzgamiento, la cual tiene lugar a través de la “audiencia
pública de juzgamiento”, regulada en el artículo 106, también materia de
impugnación parcial en el asunto bajo revisión. Prevé la norma que en dicha
audiencia se practicarán las pruebas decretadas, evacuadas las cuales se
concederá el uso de la palabra por un breve lapso y evitando las
prolongaciones indebidas, al representante del Ministerio Público si concurre,
al disciplinable y a su defensor, si lo hubiere, al cabo de lo cual se dará por
finalizada la audiencia. En lo acusado, la misma norma prevé que, concluida
la audiencia, “El Magistrado ponente dispondrá de cinco (5) días para
registrar el proyecto de fallo, y la Sala de cinco (5) días para proferir
sentencia”, la cual deberá contener, en términos generales, a) la identidad del
investigado, b) un resumen de los hechos por los cuales se encuentra
vinculado a la investigación, c) el análisis de las pruebas que tuvieron que
realizarse durante el transcurso de la investigación disciplinaria, d) los
argumentos defensivos que se presentaron, e) los fundamentos para declarar
la calificación de la falta de la sanción o de la absolución y, por último, f)
incluir una exposición debidamente razonada de los criterios tenidos en
cuenta para la graduación de la sanción impuesta.
7.11.5. Finalmente, el artículo 107 regula el “trámite en segunda instancia”,
cuando la sentencia de primera instancia es apelada. Al respecto, prevé la
norma que una vez ingrese la actuación al despacho del Magistrado Ponente,
28
este dispondrá de veinte (20) días para registrar proyecto de decisión que será
dictada por la Sala en la mitad de este término. La misma disposición habilita
al Magistrado Ponente para ordenar oficiosamente la práctica de las pruebas
que estime necesarias, las cuales deben ser evacuadas en un término no
superior a quince (15) días y fuera de audiencia, y una vez surtidas estas, se
adoptará el procedimiento previamente indicado.
8. Constitucionalidad de los apartes acusados de los artículos 102 y
106 de la Ley 1123 de 2007
8.1. Dentro del marco normativo descrito, cabe reiterarlo ahora, el actor
cuestiona las disposiciones acusadas, por el hecho de que estas le atribuyen al
Magistrado del Consejo Seccional de la Judicatura que le haya correspondido
en reparto, la competencia para tramitar en primera instancia y hasta la
sentencia el proceso disciplinario de los abogados, dejando en cabeza de la
Sala Plural respectiva sólo la determinación de proferir el fallo, lo cual, a su
juicio, desconoce la garantía reconocida a toda persona a ser juzgada ante juez
o tribunal competente, pues no existe inmediación de la Sala respecto del
decreto y práctica de pruebas, ni respecto de los alegatos de conclusión.
8.2. Atendiendo a las consideraciones expuestas, y coincidiendo con lo
expresado por los distintos intervinientes, la Corte encuentra que la acusación
del actor no está llamada a prosperar por las razones que se explican a
continuación:
8.3. Como ha sido señalado, se entiende por juez “juez natural” aquél a quien
la Constitución o la ley le han atribuido el conocimiento de ciertos asuntos
para su resolución, siendo este un principio que se materializa en la garantía
de toda persona a que su causa sea juzgada y definida por un juez o tribunal
competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la
ley.
8.4. La garantía del juez natural, a su vez, se encuentra íntimamente ligada a
la noción de jurisdicción y competencia, que consisten, la primera, en la
potestad que tiene el Estado para administrar justicia en ejercicio de la
soberanía de que es titular, y la segunda -la competencia- entendida como la
medida de la jurisdicción que puede ejercer cada juez o tribunal en concreto.
Sobre la competencia, se reitera, la misma se determina teniendo en cuenta
los factores objetivo, subjetivo, funcional, territorial y de atracción, cuyo
propósito es el de incidir en la definición de cuál va a ser la autoridad
judicial, juez o tribunal, que va a conocer, tramitar y decidir, con preferencia
o exclusión de las demás, un determinado asunto que ha sido puesto en
conocimiento de la administración de justicia.
8.5. En ese contexto, la propia Constitución Política define el juez natural
para juzgar y sancionar las faltas disciplinarias de los abogados en el ejercicio
de su profesión, atribuyendo dicha competencia, con fundamento en los
factores funcional y territorial, a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del
Consejo Superior de la Judicatura y a las Salas disciplinarias de los Consejos
29
Seccionales de la misma Corporación, disponiendo además el propio Estatuto
Superior, que tal competencia debe desarrollarse de acuerdo con la ley y en la
instancia que ella señale.
8.6. Sobre esa base, el amplio margen de configuración política reconocido al
legislador para regular el régimen disciplinario de los abogados, derivado a su
vez de la cláusula general de competencia y de la atribución especial que en la
materia le ha sido otorgada por el propio Estatuto Superior, lo habilitan para
determinar y desarrollar los aspectos específicos de esa competencia
constitucional y la manera como la misma debe ser ejercida.
8.7. Siendo ello así, la decisión de que la actuación en primera instancia esté
a cargo del Magistrado del Consejo Seccional de la Judicatura que le haya
correspondido en reparto, y de que la sentencia sea proferida por la Sala
respectiva a la que se integra dicho magistrado, es una medida que desarrolla
la Constitución y que se inscribe en el ámbito de las amplias facultades
reconocidas al legislador para regular los procesos judiciales, amparada a su
vez en un principio de razón suficiente, que no afecta la participación del
disciplinado en el proceso ni sus garantías sustanciales y procesales.
8.8. En efecto, analizado el contenido de las disposiciones acusadas, la Corte
constata que, por su intermedio, el legislador acogió un sistema de
distribución y reparto de funciones, que ha sido previsto en diversos
ordenamientos procesales respecto de asuntos cuya competencia se radica, por
disposición constitucional o legal, en jueces plurales o colegiados, como es el
caso de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la
Judicatura y las Salas Disciplinarias de los Consejos Seccionales de la
Judicatura. Este sistema consiste en atribuirle el impulso del proceso o parte
del mismo al magistrado sustanciador o ponente, dejando en cabeza del
Órgano, Sala o Sección respectiva, de la cual hace parte ese mismo
magistrado, la sentencia por adoptar.
Así, por ejemplo, el artículo 35 del Código General del Proceso, al referirse a
las atribuciones de las Salas de Decisión de los Tribunales Superiores y del
magistrado sustanciador, le asigna a las primeras la función de proferir los
fallos, dejando en cabeza del magistrado ponente la adopción de las demás
decisiones32. En el mismo sentido, el Código de Procedimiento
Administrativo y de lo Contencioso Administrativo, entre otros, en los
artículos 180, 182, 183 y 229, le atribuye al magistrado ponente funciones de
sustanciación e impulsión del proceso, como las relacionados con la
definición de medidas cautelares y el adelantamiento de diligencias y
32 El artículo 35 del Código General del Proceso dispone expresamente:
“ARTÍCULO 35. ATRIBUCIONES DE LAS SALAS DE DECISIÓN Y DEL MAGISTRADO
SUSTANCIADOR. Corresponde a las salas de decisión dictar las sentencias y los autos que decidan la
apelación contra el que rechace el incidente de liquidación de perjuicios de condena impuesta en abstracto o
el que rechace la oposición a la diligencia de entrega o resuelva sobre ella. El magistrado sustanciador
dictará los demás autos que no correspondan a la sala de decisión.
Los autos que resuelvan apelaciones, dictados por la sala o por el magistrado sustanciador, no admiten
recurso.
A solicitud del magistrado sustanciador, la sala plena especializada o única podrá decidir los recursos de
apelación interpuestos contra autos o sentencias, cuando se trate de asuntos de trascendencia nacional, o se
requiera unificar la jurisprudencia o establecer un precedente judicial.”
30
audiencias previas a la de alegación y juzgamiento33. Por su parte, los
artículos 6º, 9º y 10º del Decreto 2067 de 1991, “por el cual se dicta el
régimen procedimental de los juicios y actuaciones que deben surtirse ante la
Corte Constitucional”, facultan al magistrado sustanciador para proveer sobre
las demandas de inconstitucionalidad, decretar y practicar las pruebas que
estime conducentes y para presentar por escrito el proyecto de fallo 34.
También el Acuerdo 05 de 1992, que contiene el Reglamento interno de la
Corte Constitucional, al regular el trámite de la revisión eventual de las
acciones de tutela ante esa Corporación, en los artículos 49, 50, 54ª y 57, le
asignan al magistrado ponente funciones de sustanciación hasta la sentencia,
33Los artículos 180, 182, 183 y 229 del Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso
Administrativo prevén:
“Artículo 180. Audiencia inicial. Vencido el término de traslado de la demanda o de la de reconvención
según el caso, el Juez o Magistrado Ponente, convocará a una audiencia que se sujetará a las siguientes
reglas:(…)
9. Medidas cautelares. En esta audiencia el Juez o Magistrado se pronunciará sobre la petición de medidas
cautelares en el caso de que esta no hubiere sido decidida”.
“Artículo 182. Audiencia de alegaciones y juzgamiento. Sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso final del
artículo anterior, esta audiencia deberá realizarse ante el juez, sala, sección o subsección
correspondiente…”
“Artículo 183. Actas y registro de las audiencias y diligencias. Las audiencias y diligencias serán
presididas por el Juez o Magistrado Ponente. En el caso de jueces colegiados podrán concurrir los
magistrados que integran la sala, sección o subsección si a bien lo tienen. Tratándose de la audiencia de
alegaciones y juzgamiento esta se celebrará de acuerdo con el quórum requerido para adoptar la decisión”.
“Artículo 229. Procedencia de medidas cautelares. En todos los procesos declarativos que se adelanten
ante esta jurisdicción, antes de ser notificado, el auto admisorio de la demanda o en cualquier estado del
proceso, a petición de parte debidamente sustentada, podrá el Juez o Magistrado Ponente decretar, en
providencia motivada, las medidas cautelares que considere necesarias para proteger y garantizar,
provisionalmente, el objeto del proceso y la efectividad de la sentencia, de acuerdo con lo regulado en el
presente capítulo”.
34 Los artículos 6º, 8º, 9º y 10º del Decreto 2067 de 1991, establecen:
“Artículo 6o. Repartida la demanda, el magistrado sustanciador proveerá sobre su admisibilidad dentro de
los diez días siguientes.
Cuando la demanda no cumpla alguno de los requisitos previstos en el artículo segundo, se le concederán
tres días al demandante para que proceda a corregirla señalándole con precisión los requisitos
incumplidos. Si no lo hiciere en dicho plazo se rechazará. Contra el auto de rechazo, procederá el recurso
de súplica ante la Corte.
El magistrado sustanciador tampoco admitirá la demanda cuando considere que ésta no incluye las
normas que deberían ser demandadas para que el fallo en si mismo no sea inocuo, y ordenará cumplir el
trámite previsto en el inciso segundo de este artículo. La Corte se pronunciará de fondo sobre todas las
normas demandadas y podrá señalar en la sentencia las que, a su juicio, conforman unidad normativa con
aquellas otras que declara inconstitucionales.
Se rechazarán las demandas que recaigan sobre normas amparadas por una sentencia que hubiera hecho
tránsito a cosa juzgada o respecto de las cuales sea manifiestamente incompetente. No obstante estas
decisiones también podrán adoptarse en la sentencia.”(…)
“Artículo 8o. De ordinario, vencido el término para que rinda concepto el Procurador, se iniciará el
cómputo de 30 días para que el magistrado sustanciador presente el proyecto de sentencia a la Corte.
Vencido el término para la presentación del proyecto, comenzarán a correr los 60 días de que dispone la
Corte para adoptar su decisión.
Artículo 9o. El magistrado sustanciador presentará por escrito el proyecto de fallo a la Secretaría de la
Corte, para que ésta envíe copia del mismo y del correspondiente expediente a los demás magistrados.
Entre la presentación del proyecto de fallo y la deliberación en la Corte deberán transcurrir por lo menos
cinco días, salvo cuando se trate de decidir sobre objeciones a proyectos de ley o en casos de urgencia
nacional.
Artículo 10. Siempre que para la decisión sea menester el conocimiento de los trámites que antecedieron el
acto sometido al juicio constitucional de la Corte o de hechos relevantes para adoptar la decisión, el
magistrado sustanciador podrá decretar en el auto admisorio de la demanda las pruebas que estime
conducentes, las cuales se practicarán en el término de diez días.
La práctica de las pruebas podrá ser delegada en un magistrado auxiliar.”
31
habilitándolo para decretar pruebas y presentar el proyecto de fallo ante la
respectiva Sala de Revisión o ante la Sala Plena, según sea el caso35.
8.9. Tal decisión de política legislativa, basada en la repartición funcional, se
funda en la necesidad de imprimirle mayor eficacia y celeridad a los procesos
de competencia de los cuerpos colegiados, dentro del propósito de lograr la
concreción del valor constitucional de la justicia, y sobre la base de que no
resulta un imperativo constitucional que todos los integrantes del órgano o la
sala respectiva deban participar en la etapa de sustanciación del proceso, por
ser este un asunto que la propia Constitución delegó para que fuera definido
directamente por la ley.
8.10. En ese sentido, las normas acusadas se limitan a consagrar, en el trámite
del proceso disciplinario seguido contra los abogados, lo que dispone la Carta
Política y la Ley Estatutaria de Administración de Justicia, en el sentido de
asignarle a las Salas disciplinarias de los Consejos Seccionales de la
Judicatura, la función de investigar y juzgar la conducta de los abogados en
primera instancia, de “de acuerdo a la ley” y “en la instancia que señale la
ley”, es decir, dentro de los términos que sean definidos por el legislador,
quien consideró apropiado, por razones de orden funcional, distribuir tal
competencia entre el magistrado ponente y la respectiva sala de decisión, a la
aquél se integra.
8.11. Así las cosas, la cuestionada regulación, antes que desconocer o
contrariar el Estatuto Superior, resulta acorde con él, no solo porque la misma
se inscribe en el ámbito de la libertad de configuración legislativa para regular
la competencia judicial -como factor que se integra al debido proceso-, sino
35 El Reglamento Interno de la Corte Constitucional, Acuerdo 05 de 1992, dispone en los artículos 49, 50,
54A y 57, lo siguiente:
Artículo 49. Sala de Selección de Tutelas. Cada mes la Sala Plena de la Corte Constitucional designará a
dos de sus integrantes para conformar la Sala de Selección de Tutelas, en forma rotativa y por sorteo. Para
agotar la lista, se partirá del magistrado que no haya sido sorteado. (…)
Los asuntos seleccionados por la respectiva Sala, serán repartidos a los Magistrados de la Corte de manera
rotativa y por orden alfabético de apellidos, quienes integrarán para resolverlos, las respectivas Salas de
Revisión.
Artículo 50. Salas de Revisión de Tutelas. A medida que se repartan los negocios de tutela se irán
conformando las Salas de Revisión, una por cada reparto, así: El Magistrado a quien corresponda
alfabéticamente recibirlo, presidirá la Sala conformada con los dos Magistrados que le sigan en orden. La
Sala decidirá por mayoría absoluta y el Magistrado disidente podrá salvar o aclarar su voto.
Artículo 54 A. Revisión por la Sala Plena. Cuando a juicio de la Sala Plena, por solicitud de cualquier
magistrado, un proceso de tutela dé lugar a un fallo de unificación de jurisprudencia o la transcendencia del
tema amerite su estudio por todos los magistrados, se dispondrá que la sentencia correspondiente sea
proferida por la Sala Plena.
Adicionalmente, para los fines establecidos en las normas vigentes, después de haber sido escogidos
autónomamente por la Sala de Selección competente, los fallos sobre acciones de tutela instauradas contra
providencias de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado deberán ser llevados por el
magistrado a quien le corresponda en reparto a la Sala Plena, la cual determinará si asume su conocimiento
con base en el informe mensual que le sea presentado a partir de la Sala de Selección de marzo de 2009.
En tal evento, el magistrado ponente registrará en la Secretaría el proyecto de fallo respectivo y se
procederá a cumplir el mismo trámite previsto por el artículo 53 del Reglamento de la Corporación para el
cambio de jurisprudencia, en materia de sentencias de revisión de tutela.
Artículo 57. Pruebas en revisión de Tutelas. Con miras a la protección inmediata y efectiva del derecho
fundamental vulnerado y para allegar al proceso de revisión de tutela elementos de juicio relevantes, el
Magistrado sustanciador, si lo considera conveniente, decretará pruebas. En este evento, la Sala respectiva
podrá ordenar que se suspendan los términos del proceso, cuando ello fuere necesario.
32
además, por cuanto la medida coadyuva a la distribución de funciones para el
cumplimiento y prestación adecuada del servicio de administración de justicia
por parte del juez plural, en este caso por parte de las Salas Disciplinarias de
los Consejos Seccionales de la Judicatura, sin afectar garantías
constitucionales.
8.12. En relación con esto último, es menester aclarar, que la circunstancia de
que sea un miembro de la sala de decisión el encargado de agotar todas las
etapas anteriores a la sentencia y que sea aquella la que efectivamente la
adopte, no conlleva al desconocimiento de la garantía del disciplinado a ser
juzgado conforme a leyes prexistentes al acto que se le imputa, pues
previamente a la judicialización del caso, la distribución de funciones en el
ejercicio de la competencia y, en general, los demás aspectos del proceso
incluyendo sus garantías, están claramente definido en la ley.
8.13. Tampoco afecta la competencia judicial propiamente dicha, pues el
magistrado que tiene a su cargo la sustanciación del proceso, funge bajo su
condición de funcionario público investido de jurisdicción y competencia,
esto es, como juez disciplinario, lo que implica que su actuación en el proceso
es la de la corporación judicial de la que forma parte y representa. Por ello,
carece de fundamento la lectura que hace el actor de las normas demandas, en
el sentido de sostener que las mismas le están asignando a un funcionario la
labor de tramitar el proceso disciplinario, incluyendo el decreto y práctica de
pruebas, y a otro completamente diferente la atribución de adoptar el fallo,
pues, como ya se ha expresado, la competencia para conocer de los procesos
disciplinarios contra los abogados se asigna, por expresa disposición
constitucional, a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de
la Judicatura y a las Salas disciplinarias de los Consejos Seccionales, siendo
éstos órganos colegiados que actúan a través de las respectivas salas y de los
magistrados que las integran en los términos que determina la ley.
Acorde con lo antes dicho, debe señalarse que las labores que cumplen los
magistrados y las Salas disciplinarias de los Consejos Seccionales de la
Judicatura, en ejercicio de las atribuciones asignadas por la Constitución y la
ley, no pueden apreciarse aisladamente ni con criterio individualista, pues se
trata de actividades propias de la función judicial colegiada, llamada a
cumplirse en forma articulada y armónica, sobre la base de la colaboración y
la distribución de funciones, y dentro del propósito de contribuir al logro de
un mayor nivel de eficiencia en la función pública de administrar justicia.
8.14. De la misma manera, la medida cuestionada no desconoce las garantías
procesales básicas, pues su implementación no afecta la presunción de
inocencia, ni el derecho de defensa, ni la práctica y solicitud de pruebas, ni la
posibilidad y oportunidad de controvertirlas, así como tampoco el derecho a
impugnar las decisiones judiciales a través de los mecanismos y recursos que
se encuentran previstos para el efecto. En relación con este aspecto, la Parte
General del Código disciplinario del abogado presenta una adecuación
sustantiva de los principios constitucionales del debido proceso, entre ellos, el
de dignidad humana, legalidad, antijuridicidad, culpabilidad, favorabilidad,
presunción de inocencia, non bis in ídem, igualdad material y derecho de
33
defensa, previendo de forma expresa el respeto de los mismos y su forma de
aplicación en el contexto de la actuación judicial. En concordancia con ello, el
Libro Tercero del referido estatuto, que se ocupa del procedimiento
disciplinario, en los artículos 48 a 54, consagra también los principios
constitucionales que inciden especialmente en el ámbito disciplinario y que
deben orientar el ejercicio de la función disciplinaria, destacándose entre
ellos, los de prevalencia del derecho sustancial, publicidad, motivación, doble
instancia y contradicción.
8.15. Igualmente, no puede aducirse la vulneración del principio de
inmediación, entendiendo que este, según lo ha destacado esta Corporación,
“versa sobre la constatación personal del juez y las partes del material
probatorio y las acciones procedimentales en sí mismas consideradas, dirigida
a la formación de un criterio íntimo y directo sobre argumentos fácticos y
jurídicos relacionados con el caso”36.
Tal principio no se desconoce por parte de las normas acusadas, inicialmente,
porque el magistrado que instruye el proceso y practica las pruebas, actúa,
como se ha dicho, investido de jurisdicción y competencia, esto es, como juez
disciplinario y como miembro de la corporación judicial a la que le
corresponde proferir el fallo. De ese modo, la inmediación del juez en la
instrucción del proceso y en la práctica de las pruebas se ve garantizada,
inicialmente, con la participación del Magistrado Ponente, sin que la no
intervención de los restantes miembros de la sala, comporte una afectación
del debido proceso para efecto de los derechos (sustantivos y adjetivos) que le
corresponde ejercer al disciplinado en las distintas instancias procesales, y
que se encuentran plenamente garantizados en la ley. Pero además, el referido
principio de inmediación también se ve satisfecho, en la medida que la
función asignada al magistrado instructor, no le impide a la sala plural que
debe adoptar la decisión de fondo, tener acceso directo al expediente al que se
encuentran incorporadas las diferentes pruebas y alegaciones. Sobre esto
último, cabe tener presente que, conforme lo dispone el artículo 106 de la ley
demandada, concluida la etapa de juzgamiento, el proyecto deberá ser
sometido a la consideración de la sala respectiva, de la que forma parte el
magistrado instructor, y a la que le corresponde, para efectos de poder definir
la existencia de la falta y la responsabilidad del implicado, conforme con el
expediente, verificar la identidad del investigado y establecer su condición de
disciplinado, así como también, analizar detenidamente las pruebas
practicadas durante el transcurso de la investigación disciplinaria y los
argumentos defensivos que se presentaron.
8.16. En ese orden de ideas, la Corte encuentra que las normas impugnadas,
por el hecho de atribuirle el impulso del proceso disciplinario de los abogados
al magistrado sustanciador o ponente, dejando en cabeza de la Sala
Jurisdiccional Disciplinaria de los Consejos Seccionales de la Judicatura, de
la cual hace parte ese mismo magistrado, la sentencia por adoptar, no
desconoce la garantía reconocida a toda persona a ser juzgada ante juez o
tribunal competente, consagrada en los artículos 2º y 29 de la Constitución
36 Sentencias C-124 de 2011 y C-543 de 2011.
34
Política y 8º de la Convención Americana de derechos Humanos. Dicha
distribución de funciones, como se ha explicado, no afectan la participación
activa del disciplinado en el proceso que se le sigue, ni desconoce la garantía
de ser juzgado conforme a las leyes preexistentes al acto que se imputa, y
tampoco dicha medida comporta una discriminación o ruptura de la igualdad
formal o material. En este último caso, por cuanto la medida aplica para todos
los disciplinados por igual y opera, de manera general, en otros sistemas
procesales donde actúan los jueces colegiados.
8.17. Con fundamento en las consideraciones que han sido expuestas, la Corte
procederá a declarar exequible el inciso segundo del artículo 102 y el inciso
cuarto del artículo 106 de la Ley 1123 de 2007, “Por la cual se establece el
Código Disciplinario del Abogado”, por los cargos examinados en este fallo.
VII. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional de la República de
Colombia, en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,
RESUELVE
Declarar EXEQUIBLE, por los cargos analizados en esta sentencia, el inciso
segundo del artículo 102 y el inciso cuarto del artículo 106 de la Ley 1123 de
2007, “Por la cual se establece el Código Disciplinario del Abogado”.
Notifíquese, comuníquese, publíquese, insértese en la Gaceta de la Corte
Constitucional y archívese el expediente.
MARÍA VICTORIA CALLE CORREA
Presidenta (E)
MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO
Magistrado
LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ
Magistrado
GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO
Magistrado
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GLORIA STELLA ORTIZ DELGADO
Magistrada
JORGE IVAN PALACIO PALACIO
Magistrado
JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB
Magistrado
ALBERTO ROJAS RÍOS
Magistrado
MYRIAM ÁVILA ROLDÁN
Magistrada (E)
MARTA VICTORIA SÁCHICA DE MONCALEANO
Secretaria General
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