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Lepe de Huelva

Este documento describe la población de Lepe, España durante los siglos XIV y XV. Resume que la población estaba compuesta principalmente por cristianos portugueses y españoles atraídos después de la reconquista, judíos que constituían una parte importante de la población, mudéjares, y esclavos negros importados de África para trabajar. También menciona la presencia de gremios y la industria en la villa.
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Lepe de Huelva

Este documento describe la población de Lepe, España durante los siglos XIV y XV. Resume que la población estaba compuesta principalmente por cristianos portugueses y españoles atraídos después de la reconquista, judíos que constituían una parte importante de la población, mudéjares, y esclavos negros importados de África para trabajar. También menciona la presencia de gremios y la industria en la villa.
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REVL-1954, núm. 74. MARTINEZ Y SANCHEZ, LUIS. LA POBLACION DE LEPE EN LOS SIGLOS XIV Y XV.

La población de Lepe en los siglos XIV y XV.


Los gremios y la industria a través de las
antiguas Ordenanzas para el gobierno y
regimiento de la villa de Lepe.

I. POBLACIÓN

Durante la muy, larga permanencia de Lepe baja el dominio mu-


sulmán, ningún grupo de cristianos debió subsistir hasta la Re-
conquista, o si lo hubo no debió considerársele acreedor a sus tie-
rras, pues todas ellas, de nuevo la Villa en poder de los cristianos,
pasaron a la Orden del Temple (que la conquistaron en unión de
los portugueses), de ésta a la Corona y, posteriormente, a los Guz~
manes, señores de Niebla; pues, como sabemos, se consideraban
caducados los derechos anteriores a la invasión árabe, pertenecien-
do a los reyes por derecho de conquista todas las tierras ganadas a
los musulmanes, sin otra limitación, en cuanto al dominio de aqué-
llas, que «la de respetar las tierras propias de los cristianos si na
habían hecho cosa por que debieran perderlas y la que resultase
de las condiciones estipuladas en los tratados a favor de los ven-
cidos» (1).
Los cristianos que llegaron a Lepe, como consecuencia de su
reconquista (siglo XIII), portugueses y españoles, constituyeron el
núcleo mayor de la población, atraída por las promesas y privile-

(1) Minguijón, cuaderno 2.°, pág. 185.

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gios ofrecidos a los que fueran vecinos de la Villa y que en parte


vemos recogidos en las ((Ordenanzas por donde se rige y gobierna
la justicia y regimiento de la Villa de Lepe», que son objeto de
nuestro estudio (año 1518 y siguientes).
Después de los portugueses del tiempo de la reconquista de
Lepe, quedados en la Villa, otros, procedentes del Algarve, siguie-
ron llegando a ella y a todos los lugares de la comarca, constitu-
yendo una inmigración frecuente y periódica, cuya causa es el tra-
bajo, y así encontramos portugueses en las faenas más rudas, en
el campo y en el mar.
Establecidos en el país, llegan hasta nuestros días multitudes
de apellidos portugueses mezclados con los españoles, y actual-
mente, en todo el campo de Lepe, encontramos una numerosa colo-
nia descendiente de Portugal, con fincas propias, producto del aho-
rro y del trabajo.
•Un segundo grupo étnico y social, más reducido que el ante-
riormente citado de cristianos, existió* en Lepe, que permaneció
aislado, sin mezclarse con aquéllos, porque siempre fue rechazado;
que tiene estigmas de esclavo (2), pero que no trabaja y vive a cos-
ta de los cristianos, los judíos. Sabido es que preferían para vivir
los países ricos y los pueblos de señorío, razones que justifican su
presencia en Lepe ; dedicados a la usura, ((eran mercaderes e ven-
dedores e arrendadores de alcabalas e rentas de achaques..., (3), nin-
guno rompía la tierra..., todos buscaban oficios holgados e modos
de ganar con poco trabajo...» (4).
En Lepe constituyeron los judíos, hasta su expulsión por los
Reyes Católicos, un núcleo importantísimo de la población, como
lo evidencia el hecho de tener aquella Villa, en el siglo xv, la se-
gunda aljama, en importancia, de Andalucía, pues en el «reparti-

(2) lEn M'oguer y otras villas, los judíos más importantes se llamaban a sí mis-
mos «criados del señor Marqués».
(3) Achaque. En el lenguaje jurídico y legal, equivalía antiguamente a multa,
y llamábase así especialmente a la multa o pena pecuniaria que imponía el Concejo
de la Mesta a los infractores de las ieyes relativas a 3a ganadería.
(4) Historia de los Reyes Católicos, de Andrés Bernaldes, Cura de los Palacios,
citado en La Rábida, del P. Ángel Ortega, ,O. F. M., t. I, pág. 302.

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miento» hecho en 1464 por Rabbí Jacob Aben-Núñez de lo que las


aljamas habían de entregar cada año al Rey, figura la de Sevilla
con 2.500 maravedises, la de Córdoba con 1.200, y las de Jerez, Aro-
che y Lepe con 1.500 maravedises cada una (5).
Mudejares también debieron existir en cantidad, al menos alari-
fes, a juzgar por los muchos monumentos que aún hoy admiramos
en Lepe, de tal filiación ; la interesante Parroquia de Santo Do-
mingo de Guzmán (principios del siglo xi.v), y varios primorosos
ajimeces repartidos en distintos edificios particulares.
Un último grupo en la población tuvo Lepe, lo mismo que las de-
más villas de la comarca, los vulgarmente llamados «morenos» ; hom-
bres y mujeres de otra raza, robustos, sufridores del trabajo, importa-
dos de distintos lugares de África, de los que Ortiz de Zúñiga (6)
dice: «Había años que, desde los puertos de Andalucía (7), se fre-
cuentaba navegación a las costas de África y Guinea, de donde se
traían esclavos negros... ; pero desde los últimos del Rey D. Hen-
rique, el Rey D. Alonso de Portugal se había entremetido en esta
navegación..., quejándose los de Sevilla, aunque no eran oídos,
hasta ahora, en que la guerra fue ocasión de querer recobrar este
derecho; y los Reyes desde Valladolid, a 15 de agosto, enviaron a
mandar a Sevilla, y a todos estos puertos, que se impidiese aquel co-
mercio a los portugueses, y se armasen navios para navegar a él:'
mandato muy bien recibido..., con cuya disposición muy presto
salió número de carabelas, y se volvió a entablar aquel comercio
tan provechoso.» Las villas del Condado ele Niebla, el señorío de
Moguer y "todos los lugares de los Marquesados de Gibraleón y de
Ayamonte se abarrotaron de la humana mercancía, cuyos descen-
dientes aún hoy los identificamos en la comarca.
El citado Zúñiga continúa escribiendo y dice : «Eran en Sevi-
lla los negros tratados con gran benignidad desde el tiempo del

(5) El original de dicho importante trepartLmiento» se conserva en la Biblioteca


Nacional (cita de D. Rodrigo Amador de los Ríos, tomo Huelva..., pág. 167)
(6) ORTIZ DE ZÚÑIGA, Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble ciudad
de Sevilla (año 1475, núm. 10).
(7) Los puertos de la costa de las provincias de Huelva y Cádiz y el de Sevilla.

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Rey D. Henrique III, permitiéndoseles juntarse a sus bayles y fies-


tas en los días feriados y con lo qual acudían más gustosos al tra-
bajo, y toleraban mejor el cautiverio, y sobresaliendo algunos en
capacidad, a uno se daba título de mayoral, que patrocinaba a los
demás con sus amos, [Link] las justicias componía sus rencillas:
hállase así en papeles antiguos, y acredítalo una cédula de los Re-
yes dada en Dueñas a 8 de noviembre de este año... Por los mu-
chos, buenos e leales e señalados servicios (dice su tenor) que nos
habéis fecho, y facéis cada día, y porque conocemos vuestra sufi-
ciencia y habilidad y disposición, facemos vos mayoral e juez de
todos los negros e loros libres o captivos qué están, e son cap-
tivos e horros en la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Sevilla
a en todo su Arzobispado, e que non puedan facer, ni fagan
los dichos negros... ningunas fiestas nin juzgados de entre ellos,
salvo ante vos el dicho Juan de Valladolid, negro, nuestro juez
y mayoral de. los dichos negros, loros. y loras; y mandamos
que vos conozcáis de los debates y pleytos y casamientos y otras
cosas que entre ellos hubiere, e non otro alguna, por quanto
sois persona suficiente para ello, o quien vuestro poder hubiere, e
sabéis las leyes e ordenanzas -que deban tener, e Nos somos infor-
mados, que sois de linaje noble entre los dichos negros, etc.».
Del nombramiento mentado, de «juez y mayoral» de los negros,
queremos' destacar que la jurisdicción de dicho juez, por ser la del
Arzobispado de Sevilla, se extendía a todo el territorio del Mar-
quesado de Ayamonte, y, por tanto, a los negros que moraban en
la Villa de Lepe.
En la sociedad de Lepe, desde su reconquista, podemos afirmar
que no hay diferencias de clases, a no ser la natural de los escla-
vos y la impuesta por los judíos, según antes queda apuntado.
No existe otra aristocracia que la señorial, porque a su lado tam-
poco cabe otra en parangón (8). Pasando por alto los tiempos en

(8) Se desprende de algunos documentos, que los primeros Caballeros estable-


cidos en algunas villas (Niebla, Gibraleón, Palos y otras), a raíz de la reconsquista
de las mismas, levantaron sus casas y haciendas al advenimiento del señorío por no
acatar un vasallaje distinto al del rey. Esto explica la carta del rey Don Fernan-

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que Lepe estuvo sometida a D. Juan Alonso de Guzmán, primer


Conde de Niebla (+ 1396), a su segundo hijo D. Alonso de Guz-
mán y al nieto de aquél primer Conde, también llamado D. Juan
(tercer Conde de Niebla y primer Duque de Medina Sidonia (t 1468),
bajo los cuales nada hay digno de mención para nuestro estudio,
vemos cómo Lepe, con Ayamonte y La Redondela, son donadas
por el citado Conde D. Juan de Guzmán a su hija D'.a Teresa de
Guzmán en dote, al casarse con D. Pedro de Zúñiga y Manri-
que (9), primer Marqués de Ayamonte (1475), que es ¡quien otorgó
a la Villa de Lepe sus más antiguas Ordenanzas.
El señorío temporal de los Marqueses de Ayamonte, corno el
de sus coetáneos los Duques de Medina Sidonia (señor de Sanlú-
car, Conde de Niebla) y de Medinaceli (señor de Gibraleón, tam-
bién algún tiempo de Huelva y de muchas más villas), nada tiene
que se parezca a los sistemas más o menos feudales de otras par-
tes ; y difícilmente se hallará, en la historia, un régimen similar
más amplio, más tolerante y más protector. Lepe, como otras mu-
chas villas, se lo debe todo a sus señores, pues aun cuando a fines
del siglo XVIII, y más propiamente a principios del xix, surgieron
algunos rozamientos entre el Marqués y el Ayuntamiento, ello hay

do IV a la villa de -Gibraleón, de 10 de diciembre de 1304, al otorgársela el monar-


ca, a «don Alfonso su hermano, hijo del Infante don Fernando de la Cerda» y de
doña Blanca de Francia, hija de San Luis, carta en la que se manda al Concejo de
la Villa que a pesar de 3a repugnancia que mostraba en apartarse de la Corona,
reciba por su señor a Don Alfonso (Rodrigo Amador de los Ríos, Huelva, apéndi-
ce núm. XI). Y los que de Niebla dice Rodrigo Caro: «Estuvo Niebla, después
que el rey Don Alfonso el Sabio la ganó a los moros..., ennoblecida y habitada
de los caballeros y soldados que se habían hallado en su conquista..., hasta que el
año de 1369, estando el rey Don Enrique II en Sevilla, casó a doña Beatriz de
Castilla, su hija, con don Juan Pérez de Guzmán, y Je dio... esta Villa... Desde este
tiempo... los caballeros de Niebla no sufrieron ser vasallos de ningún señor que
JIO fuese el rey de Castilla..., y se fueron a vivir... a Sevilla y parte a Jerez de la
Frontera y otros lugares de realengo, y esta fue Ja primera disminución de esta
.noble y antiquísima villa...J>
(9) Es hijo mayor de don Alvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia y de Ledesma,
entonces señor de muchos pueblos, entre ellos de Béjar y de Arévalo, y en 1485
primer Duque de Béjar por gracia de los Reyes Católicos, ducado que no heredó
don Pedro por morir en 1484, cuando aún vivía su padre.

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REVL-1954, núm. 74. MARTINEZ Y SANCHEZ, LUIS. LA POBLACION DE LEPE EN LOS SIGLOS XIV Y XV.
REVL-1954, núm. 74. MARTINEZ Y SANCHEZ, LUIS. LA POBLACION DE LEPE EN LOS SIGLOS XIV Y XV.

que atribuirlo a los aires ya reinantes procedentes de Francia, sien-


do indiscutible la obra social, cristiana y realmente paternal reali-
zada por el Marquesado en favor de la Villa, según sé irá exponien-
do a través del estudio de las antiguas Ordenanzas dadas a Lepe
para su gobierno y; regimiento.
A fines del siglo xiv y principios del xvi era aquélla una Villa
de labradores, ganaderos, gentes de la mar y con alguna industria,
pletórica de vida y de salud, ley suprema del bienestar social; ad-
quiriendo considerable actividad, a partir del descubrimiento de
América, ya que en todos los viajes de Colón, y en los posterio-
res, participaron los hijos de Lepe, mereciendo ser recordada, es-
pecialmente, la expedición de Juan Díaz de Solís (8 de octubre
de 1515) (10).
Una prueba del florecimiento de Lepe, en la época a que nos
venimos refiriendo, es el enriquecimiento, día a día, de su Parro-
quia (11), el contar con cuatro conventos (12), con las capillas de
Jos gremios, con varios mesones y con un hospital para pobres,
que se menciona en las Ordenanzas (Ordenanza de «bastardos»,
19 junio 1526. Ordenanza sobre venta de higos por quital, 19 ju-
nio 1526.. Arancel de Mesoneros, 23 septiembre 1532).

(10) En otro momento del estudio que estamos realizando nos ocuparemos,
concretamente, de «Lepe y las cosas de >la mar...».
(11) Hasta el saqueo de julio de 1936 existieron en este templo infinidad de
obras artísticas que la piedad de los fieles fue acumulando en aquél, hasta convertirlo
en un verdadero erelicario de arte» ; recordando ún alto relieve en mármol (s. xiv),
un tríptico de Juan Van Eyck (s. xv), varias imágenes del siglo xvn (citamos una
Inmaculada, catalogada como muy bellai obra del círculo Montañesino), retablos de
la misma centuria, un lienzo atribuido a Zurbarán (altar de Animas), rejas de los
siglos xvi y xvn, bellos azulejos ;(s. xvn) y un órgano similar al del monasterio
<ie Guadalupe.
{12) «En el archivo del Arzobispado consta, en relación del Arzobispo Fray Pe-
dro de Tapia (año 1655), que entonces había en Lepe dos conventos de frailes Do-
minicos (uno. de ellos, Nuestra Señora de Gracia), con catorce religiosos en total;
el mayor era el que ocupaba ,el edificio que hoy tiene fachada a la calle Real... En
la sobredicha relación... se dice, que había también un convento de Recoletos de
San Francisco, con veinte religiosos, en EL TERRÓN...; y un convento de monjas
Dominicas, con cincuenta religiosas». (Del folleto del autor, El Templo Parroquial
4e Santo Domingo de Queman, de Lepe. Huelva, 1953.)

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II. L O S GREMIOS Y LA INDUSTRIA

Sabemos cómo en Castilla reaparece la industria en los siglos xi


y xn, conforme progresa Ja Reconquista, organizándose los indus-
triales de un mismo oficio en el ambiente familiar, económico y
religioso de los «gremios», que, se desarrollan a la sombra de los
privilegios municipales; pues bien, en lo que a Lepe concierne,
el testimonio más antiguo sobre organización gremial está conte-
nido en las ((Ordenanzas que el Conde nuestro Señor mandó q tenga
los capateros el año de mili y quis y diez y ocho años» (folios
15 bis a 18).
Del carácter religioso de los gremios ha llegado hasta nuestros
días, en lo que a Lepe se refiere, el testimonio, recogido en las tan
mentadas Ordenanzas de la Villa, por el que los componentes de
su Cabildo, reunidos en 25 de mayo de 1540, accediendo a lo pedido
por el gremio de zapateros, zurradores y curtidores, confirman las
Ordenanzas de aquéllos, (das quales hordenanzas teníamos confir-
madas por el Cabildo desta billa y así las teníamos y guardábamos
las quales senos perdieron por ser viejas». Según las tales Orde-
nanzas, los zapateros de Lepe tenían el privilegio de costear las fies-
tas del Santísimo Corpus Christi, imponiendo a «todas las personas
estranjeras que de qualquiera partes venían a poner tienda del dho
oficio y la ponían en esta billa heran obligados a pagar dos reales
de cada un año no siendo bezinos estos, ha de pagar, el señor de la
tienda y si un maestro estuviere con el tal señor este pague como
obrero». Además, todos los de la Villa del oficio, «lo husen poco o
mucho», tenían que pagar medio real «cada uno para los gastos
de la dicha fiesta», entregándose todo lo cobrado «al mayordomo
que fuere aquel año...», repartiéndose todos los gastos entre los
zapateros, zurradores y curtidores de la Villa.
También han llegado hasta nosotros, como manifestación del
aspecto religioso de los gremios de Lepe, otros testimonios ; algu-
nas de las capillas de sus cofradías y los nombres de sus Patronos.
Así, la capilla de San Antonio, del gremio de pescadores (en calle
San Antonio, edificio esquina a la de Arcos, convertido en vivien-

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da); la de los agricultores, consagrada como en tantas otras loca-


lidades a San Sebastián (al final de la calle de igual nombre), y
la de la Caridad, junto al actual mercado, con su graciosa espa-
daña.
La jerarquía, establecida en forma general en los gremios, tam-
bién existió, naturalmente, en Lepe, pues así se desprende de las
Ordenanzas de zapateros, de 1518 (folios 15 bis a 18), y de la de
toneleros, de 1523 (folios 4 y 7), en las que se habla de «oficiales» ;
y de las Ordenanzas de la fiesta del Santísimo Corpus, de 25 de
mayo de 1540, que, refiriéndose también a los zapateros, habla de
«maestro» y de «oficial», con la lógica deducción de existir retri-
buciones distintas y normas reguladoras de los ascensos de oficial
a maestro, según consta de otras localidades.
El ingreso en la categoría necesaria para ejercer la industria,
mediante examen, lo vemos establecido y regulado en la citada Or-
denanza de toneleros (folios 4 y 7), de 14 de mayo de 1523, acorda-
da por el Cabildo, reunido, precisamente, para fijar y nombrar los
vecinos que «pueden tener placa de toneleros y son ábiles y sufi-
cientes para ello, por quanto enesta billa sea fecho mucha vasija
muy mal fecha e a daño de los mercaderes y, labradores...».
Luego, se dice: «...y el que obiere de poner placa ha de tener
licencia de rregimie0 desta billa y ha deser examinado y visto su
examen por el rregmin0 desta billa y cabildo)). Que cuando algún
oficial se tuviere que examinar, que sea por un Regidor que, a la
sazón, fuere Diputado, presente el Escribano de Cabildo y con dos
oficiales toneleros de la Villa. También se dispone: «Que ninguna
persona rrebata ninguna basija sin ser examinado y tener licencia
para ello, so pena de seis cientos mrs, el tercio para quien lo acu-
sare.»
Venimos citando, como íntimamente ligadas,a la industria de
Lepe, de manera especial, en los siglos xvi. y xvn, dos Ordenanzas,
que son : la de zapateros, de 1518, y la de toneleros, de 1523, al-
gunos de cuyos preceptos hemos comentado. Vamos ahora a exa-
minar dichas dos Ordenanzas en particular.
Ordenanza de. zapateros.—Sus disposiciones las agrupamos para
un más perfecto conocimiento, como sigue : a) Que tienden a su-

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REVL-1954, núm. 74. MARTINEZ Y SANCHEZ, LUIS. LA POBLACION DE LEPE EN LOS SIGLOS XIV Y XV.

primir la clandestinidad, b) Para procurar el adecuado uso de los


materiales, a fin de evitar fraudes, c) Sobre la perfección del tra-
bajo, d) Para que no haya engaño, é) Tendentes/ a asegurar la exis-
tencia de buenos materiales; y /) Sobre penas para los infractores.
a) Sobre la clandestinidad y, a la par, procurar el uso de las
pieles en debida forma, se dispone : 1. «Que qualquiera que tuviere
a. curtir cueros para suelas que al tiempo que las quisiere rretornar
sea obligado a lo hazer saber al diputado quel concejo eligere para
queltal diputado conel beedor bean si están para rretornar» ; lo mis-
mo que cuando: 2. «Alguno quisiere sacar los dichos cueros... de
ios tiestos o logar donde los tuviere para bender o labrar que sea
obligado a llamar al diputado...» para que con el veedor «bean si
están bien cortidos y tales que se deben sacar». En ambos casos,
los contraventores debían perder el cuero y pagar como pena seis-
cientos maravedises.
b) El debido empleo de materiales, en evitación de fraudes a
los compradores, se regula no sólo, según antes decimos, con la
intervención del Diputado del Concejo y del Veedor, sino al prohi-
birse : 3. Que'los zapateros «usen suelas» lamidas, ni desflora-
das (13), ni herradas (14), ni quemadas...», debiéndose utilizar tan
sólo suelas de buey o vaca y no de asnos, ni de caballos. 4. (Pena
de doce maravedises por par y pérdida del calzado). También se
dispone : 6. Que los zapatos de vaca se cosan con guita y no con
• estopa ; se prohibe : 8. Que se labre calzado alguno, ya borceguíes,
ya zapatos o zapatillas con puntos arriba, salvo de cordobán y de
badana y no de borregos, ni de otros cueros semejantes; se fija
para ambos casos la pena de pago de doce maravedises y la pérdida
del calzado labrado contra lo dispuesto. 11. Que los cueros, de vaca o
bueyes o chivatos o badana, ya sean para labrar o para vender, es-
tén bien curtidos y zurrados y no quemados y con otros desperfec-

(13) Pieles «lamidas» y «desfloradas» son. las que tienen alguna de sus caras,
especialmente la externa, raspada, más en las lamidas que en las desfloradas donde
el desperfecto es menos profundo.
(14) Pieles «herradas» son las que contienen los «hierros» de las ganaderías que,
como es sabido, queman la piel.

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REVL-1954, núm. 74. MARTINEZ Y SANCHEZ, LUIS. LA POBLACION DE LEPE EN LOS SIGLOS XIV Y XV.
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tos, bajo la pena de perder y pagar por cada cuero y pedazo o par
de suelas, doce maravedises; por lo que: 12. Ningún calzado, de
vaca, de cordobán o de badana, se labre estando mal curtido (igual
pena que en el caso anterior) ; y que ningún cuero para suelas se
curta «con arraihan» (15). 13. Ni el cordobán, ni la badana «se curtan
sino con su maque» (16). 1.4. (Pena de seiscientos rrürs. y pérdida de
la piel).
c) La perfección en el trabajo también es objeto de algunos
preceptos: 2, 7 y 9. Tales, como el ya 'mencionado, de que si al-
guno quisiera sacar cueros para vender o labrar, ha de llamar al
Diputado y Veedor para que se utilicen o no, si1 están bien cur-
tidos. 7. Que los zapatos de vaca deben llevar contrafuertes y los
de cordobán o badana tengan aquéllos, y además, barretas y cha-
petas. 9. Prohibiéndose que los borceguíes de cordobán lleven plan-
tillas de badana. En ambos casos, perderán los infractores los zapa-
tos y pagarán doce maravedises por cada par.
d) Hay un precepto : 10. Curioso, cual es, que todo vendedor
de cuero o de calzado venía obligado a decir al comprador si lo
vendido era vaca o buey o cordobán o badana, o lo que fuere, «sin
se lo preguntar porque n<y benda una cosa por otra so pena de lo
perder y pague... doze mrs ».
e) Para asegurar a la industria local la existencia de buenos
materiales y géneros, dicen las Ordenanzas: 15. Que nadie saque
de Lepe ningún arraihan (pena, cinco mil mrs.) ; y 16. Que de fue-
ra, nadie traiga solería «sino que sea de arraihan so pena de las
perder y pagar dos mili mrs....», y que tampoco se traiga calzado
de fuera ((...sino que sean las suelas de arraihan para vender so la
dhá pena.» . .
f) Sobre las sanciones establecidas y que hemos dejado seña-
ladas al exponer cada caso, sólo queremos hacer resaltar que es
general la pérdida del material usado en malas condiciones o clan-
destinamente, y de lo fabricado, contraviniendo las Ordenanzas, sin

(15) «ARRAIHAN», así escrito, como figura en las Ordenanzas que estudia-
mos, es lo mismo que «arrayán», arbusto usado para el curtido de pieles.
(16) «SUMAQUE» es el arbusto «zumaque», rico en tanino, que se oisa por los
zurradores como curtiente.

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perjuicio de las penas pecuniarias establecidas, tratándose de cal-


zado, doce maravedises por par, elevadas considerablemente en los
casos de introducciones de malos géneros en la Villa.

Ordenanza de toneleros.—Fue acordada, según antes se ha di-


cho, por el Cabildo, reunido el 14 de mayo de 1523, para fijar el
número y acordar los nombres de los vecinos que ((pueden tener
placa de toneleros y son ábiles y suficientes para ello por quanto
enesta billa sea fecho mucha basija muy 'mal fecha...».
Prescindimos del orden en que están redactados sus preceptos,
para procurar hacer una exposición de los mismos, ciertamente
ordenada, reunidos, conforme al fin que los motiva, en la siguiente
forma : a) Para procurar la suficiencia profesional de los tonele-
ros, b) En evitación de la clandestinidad y del intrusismo profesio-
nal, c) Sobre las características de las vasijas ; y d) Tendentes a
evitar fraudes.
a) La capacidad profesional aparece garantizada al disponer-
se, después de nombrar el Cabildo los once primeros maestros que
podían construir vasijas, «...que otra ninguna persona desta bula
pueda poner placa de tonelero, so pena de tres mili rnrs. ... y el qué
obiere de poner placa ha de tener licencia de rregm° desta billa y ha
deser examinado y bisto su examen por el rrgim0 desta billa y
cabildo.»
((Que quando algún oficial se oviere de esaminar que sea por
un rregidor que a la sazón fuere Diputado presente el escrivano de
Cabildo y con dos oficiales...» 10. ((Que ninguna persona rrebata
ninguna basija. sin ser exsaminado y tener licencia para ello, so
pena de seis cientos mrs. ...».
b) En evitación de la clandestinidad y del intrusismo, no sólo
toma el Cabildo el acuerdo de nombrar los once primeros maestros
toneleros, a partir del Í4 de mayo de 1523, fecha de la más antigua
reglamentación llegada a nuestros días, y acuerda, también, que
cuantos quieran ((poner placa» han de examinarse y tener licencia,
según antes se dice, sino que, además, se dispone : 9. ((Que todos
los señores de plaga tengan sus marcas de fuego y que ni salgan
de su casa, ninguna, basija sin ser señalada, de su marca, de fuego
y de la marca de la billa, y que tengan las marcas diferencaadas

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REVL-1954, núm. 74. MARTINEZ Y SANCHEZ, LUIS. LA POBLACION DE LEPE EN LOS SIGLOS XIV Y XV.
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por que sean conoscidas so pena de quis mrs. y el caxco quemado


por falso.»
Finalmente, se dispone que haya en la Villa dos veedores, que
((lleven de cada basija un maravedí y que sean themidos de rreque-
rir y ber las basijas y marcar doss vezes cada semana, miércoles y
sábado...».
De 26 de julio de 1526 hay una Ordenanza dada por el Marqués,
sobre ((bastardos» (folios 1 vuelto y siguientes), €n la que se con-¿
tiene una disposición mandando q u e : ((...pongáis beedores de la
basija así para el tamaño como para la madera...» para que no haga
mal vino, y cuando el tamaño no sea el debido y la madera ma-
la, «...mando que la .tal basija sea luego quemada e quel tonelero
que la hizo pague por cada ¡pipa o tonel de pena trezientos mrs. ...».
c) Las características de las vasijas, así como la perfección en
su construcción, motivan un grupo de disposiciones que vamos a
examinar. [Link] y ¡as pipas no podían tener de banda más de
un palmo, y el tonel y el cuarto un palmo (pena, 600 mrs.) ; el to*-
nel había de tener de lías en el bajo dos palmos y medio, cuatro
arcos, y en la cabeza otros cuatro arcos, llegando las Has a cabi-
lla a cabilla ; las botas y pipas «de dos palmos de lías y en lo de-
más de lá misma manera... y el quarto dos palmos de lías en el
bajo y en la cabeza tres... so la dicha pena». Que ni la pipa, ni el
tonel para bastardo pudieran tener siete duelas de camago (17) ((a
la boca y no más que las cinco duelas de camago llegue a las ca-
bezas y las dos duelas no puedan llegar, so pena de quis mrs. ... y
que la basija de estas que de otra manera se hiziere que sea quema-
da e abida por falsa y en los fondos que no tengan ningún camago
so la misma pena...» ((Y tem que ninguna basija hagan sin barras
y que las barras de botas y pipas tengan cada barra tres canillas
y del tonel quatro... y del quarto dos o tres canillas so pena de
trezientos mrs. ...».
((Que cada basija destas, las pipas y toneles y quartos sean de

(17) Se denomina «sámago» a la parte endeble o inútil de algunas piezas de


madlera, no conveniente para la construcción.

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la pared e mole e tamaño de Sevilla y las botas del tamaño y ma-


nera de sant lucar, de Barrameda, so pena de quis mrs. y la basija
sea bida por falsa y quemada.,»
d) Para evitar fraudes, se dice en las Ordenanzas, a más de
lo antes consignado sobre marcas de fuego de las vasijas, que de
éstas, toda la ((que se hiziere sea estanca y que si se saliere por bro-
cas algunas o por duelas quebradas, rreguardadas o por nudo que
fuere mal rreguardado o no rreguardado y que ningún* duela de
nudo se pueda hechar sino a la boca y no más de dos duelas, junto
a las duelas de los sámagos y que en cada caxco ora sea con carriago
ora sin el, no pueda, hechar más de doss duelas con nudos y por
estas cosas susodhás o por otras quales quier quel caxco o vasija
se saliere quel señor déla placa sea obligado a pagar la penai y el
daño y la bota sea que mada y le quede su rrecurso contra el oficial
que la hiziere para le pedir el dz° que contra el tuviere».
Por último, la existencia en Lepe del oficio de «veedor» de las
vasijas, tiende igualmente a descubrir todo posible fraude del gre-
mio de toneleros, ya sea en el empleo de maderas, en malas condi-
ciones, ya en lo que afecte a la capacidad y construcción de los
cascos.
é) En cuanto a las sanciones contenidas en las Ordenanzas? que
estudiamos, se destaca la quema de la vasija y la declaración de
ser falsa, en todos los casos, de infringirse las normas que se se-
ñalan para su construcción y para cuando se omiten las marcas a
fuego del dueño y de la Villa.

Luis MARTÍNEZ SÁNCHEZ,


Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
Secretario de i. a categoría, de Administración Local.

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