EZLN, balance a 25 años1
Por Jenaro Villamil , 1 enero, 2019
CIUDAD DE MÉXICO (apro).– A pesar de ser un lugar común en los anales de la historia
contemporánea, es un hecho indudable que la irrupción pública del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN), el 1 de enero de 1994, colocó a Chiapas y a los indígenas
mayas en el centro del imaginario internacional. El factor sorpresa catapultó al EZLN como
uno de los grandes movimientos rebeldes posteriores a la Guerra Fría, a la Revolución
Cubana y a la izquierda partidista.
Un discurso coherente en favor de la autonomía de las comunidades indígenas, en contra
del modelo neoliberal que ese año llegó a su cenit en México con el ingreso de nuestro país
al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y en favor de un nuevo
discurso ajeno a los dogmatismos tradicionales, colocó al EZLN en un lugar central. La
primera Declaración de la Selva Lacandona sigue siendo tan vigente y vigorosa, como lo
fue en 1994.
Herman Bellinghausen, reportero y poeta que ha conocido como pocos las entrañas del
EZLN, resumió así en su análisis “Las Victorias del EZLN” el impacto de este movimiento-
guerrilla-modelo de gestión:
“Si para México significó un contundente rechazo campesino a la traición agraria del
gobierno salinista formalizada en 1982 –para el mundo encarnó la primera movilización
contra la dictadura de los mercados, creó un discurso fresco para la izquierda sin brújula y
fecundó las inminentes resistencias globales contra el monopolio del poder económico
mundializado. Fue el primer movimiento social en tener a su disposición las armas en la
red y sus redes, y aprovecharlas ampliamente” (publicado en La Jornada, 31-diciembre-
2018).
Todo esto y mucho más describen la grandeza del EZLN y la extraordinaria capacidad de
su líder-vocero-estratega, el subcomandante Marcos.
A un cuarto de siglo de distancia, justo sus virtudes se convirtieron en sus limitaciones a
nivel político. Su primera gran apuesta por trascender las fronteras de Chiapas y colocar en
el centro político nacional las demandas de los Acuerdos de San Andrés, durante la Marcha
del Color de la Tierra del 2001, en el inicio de la alternancia foxista, derivó en una gran
decepción, frustración y repliegue del EZLN. Su apertura se convirtió en cerrazón
defensiva. Su discurso fresco se transformó en un profundo recelo hacia toda la clase
política, incluyendo a sus “aliados naturales” que hubiera sido la izquierda del PRD.
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[Link] (03.01.2019)
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En 2006, el EZLN y el subcomandante Marcos protagonizaron un primer punto de
inflexión con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Se expresaron en contra del
proceso electoral de ese año, se alejaron de la primera campaña presidencial de Andrés
Manuel López Obrador a través de aquel comunicado “La (imposible) ¿geometría? Del
poder en México”. Se replegaron hacia los municipios que controlan en Chiapas y se auto
balcanizaron como una estrategia defensiva y de innegable pureza discursiva.
Crearon las Juntas de Buen Gobierno como una alternativa al modelo de la “alternancia” a
la mexicana entre el PRI y el PAN y se prepararon para lo peor con la “guerra contra el
narcotráfico”, iniciada por Calderón.
Denunciaron el fraude electoral en 2006 y en 2012, pero se desmarcaron radicalmente de
López Obrador. En mayo de 2011, 25 mil zapatistas marcharon en San Cristóbal de las
Casas en apoyo al movimiento por la Paz y la Justicia, encabezado por el poeta Javier
Sicilia.
Volvieron a salir a marchar en silencio, en diciembre de 2012, cuando llegó al poder
Enrique Peña Nieto y durante un sexenio mantuvieron estrategias de bajo perfil y de
resistencia, tan bajo que ni siquiera se confrontaron con el gobierno estatal de Manuel
Velasco, del Partido Verde.
En vísperas del proceso electoral de 2018, el EZLN impulsó el movimiento de una Nueva
Constitución y la candidatura independiente a la presidencia de Marichuy. Ambas
estrategias significaron un tímido punto de inflexión. Representaron una modificación a su
posición tradicional en contra de los procesos electorales federales y una intención de
incidir en el diseño institucional nacional.
La victoria de López Obrador en 2018 y la dinámica irrefrenable de la cuarta
transformación vuelve a colocar al EZLN y a la izquierda de Morena en el gobierno en
posiciones confrontadas. Ante la ausencia de una oposición partidista fuerte, articulada y
con credibilidad, el EZLN busca llenar ese espacio vacío, pero con diferencias sustanciales.
La magia y el encanto del EZLN se han perdido para la mayoría de quienes simpatizaron
con este movimiento. Una generación completa de jóvenes indígenas que nacieron en el
zapatismo presionan al interior del EZLN por un relevo en la dirección y una discusión
más abierta. El subcomandante Marcos decretó su transformación para convertirse en
subcomandante Galeano, pero sin un cambio del lenguaje y de estrategias a la altura del
derrumbe institucional del viejo orden que ellos mismos combatieron con innegable
congruencia.
Su mensaje de este 1 de enero, desde el Caracol La Realidad, en la Selva Lacandona, fue
una clara advertencia en contra del proyecto del Tren Maya y del proyecto del Itsmo de
Tehuantepec. “Aunque consulten a miles y millones, no nos vamos a rendir. Aunque le
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pidan permiso a su chingada madre, no nos van a doblegar”, expresó el Comité Clandestino
Revolucionario.
El comandante insurgente Moisés advirtió que defenderán lo que han construido y calificó
a López Obrador como un “mañoso”. La comandante Everilda aseguró que en los pueblos
zapatistas no caben las manipulaciones, engaños ni mentiras o consultas disfrazadas.
El otro punto de crítica fue la Guardia Nacional, polémico proyecto para prolongar la
presencia militar en labores de seguridad pública. “Por más que intenten humillarnos con
las fuerzas represivas como es la Guardia Nacional, no descansaremos en defender nuestra
madre tierra porque en ella nacimos, en ella vivimos y en ella moriremos. No nos
rendiremos, no nos venderemos y ni claudicaremos”, sentenció el pronunciamiento.
La gran capacidad que tuvo el EZLN para encabezar iniciativas nuevas, propositivas se
desvaneció en el aniversario 25 de su irrupción pública. Su causa sigue vigente y sus
demandas son claras. Lo que ya no parece funcionarles es un discurso cada vez más
sectario, desconfiado y sin interlocución con el resto de la sociedad mexicana.
Los 25 años del EZLN: la vigencia de sus demandas
Por José Gil Olmos , 31 diciembre, 2018
Hace 25 años surgió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), encabezando
una lucha eterna: el reconocimiento a los derechos de los pueblos indígenas. Proceso TV
realizó un recorrido por esas dos décadas y media que cierra con la gran interrogante de
cuál ira a ser el papel que juegue el zapatismo ante los megaproyectos del
lopezobradorismo.
Los zapatistas hoy
Por José Gil Olmos , 2 enero, 2019
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Este primero de enero el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional cumplió 25 años de haberse dado a conocer públicamente, aunque en realidad
tiene 50 años como grupo guerrillero, cuyo origen son las Fuerzas de Liberación Nacional
creadas en 1969 por los hermanos regiomontanos César y Fernando Yáñez Muñoz.
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Como lo ha hecho desde entonces, cada fin de año celebran en las comunidades de bases
de Chiapas un aniversario más, y en esta ocasión lo hicieron en el poblado tojolabal de
Guadalupe Tepeyac, que por muchos años ha sido uno de sus principales enclaves
guerrilleros.
Y para no variar, las palabras del subcomandante Marcos, hoy Galeano, provocaron
disonancia en las esferas del poder. En esta ocasión porque anunciaron que no permitirán
que por las tierras chiapanecas pase el proyecto lanzado por el presidente Andrés Manuel
López Obrador de la construcción del Tren Maya.
Desde hace un cuarto de siglo esta agrupación armada ha vivido momentos importantes
que se han presentado de manera paralela a la vida del país, que ha sufrido una serie de
acontecimientos sustanciales en los cuales el EZLN ha sido actor activo o presencial.
Quizá las nuevas generaciones no tomen en cuenta la trascendencia del movimiento
indígena zapatista y lo consideren intrascendente, anticuado e incluso algunos se aventuren
a decir que no sirvió de nada porque fue un “invento” del presidente Carlos Salinas de
Gortari, lo cual, de ser cierto, sería ridículo porque habría sido un suicidio político para sus
ambiciones transexenales. Pero desde que se dieron a conocer públicamente hasta la fecha,
suman más de 500 eventos en la vida nacional en los cuales los zapatistas han tenido una
incidencia directa o indirecta.
Por ejemplo. En 1994, México cuando inició el Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos y Canadá, con la promesa del presidente Carlos Salinas de que entraríamos al
primer mundo, los zapatistas desnudaron la realidad de un país con problemas seculares de
pobreza y marginación.
También ese año de elección presidencial, en marzo, ocurrió el magnicidio del candidato
del PRI, Luis Donaldo Colosio; en septiembre, el asesinato del líder priista José Francisco
Ruiz Massieu, y a finales de año, con Ernesto Zedillo como presidente, sucedió el crack
financiero conocido como el “efecto tequila”, que hundió al país en una severa crisis.
Los zapatistas trascendieron estas crisis estructurales y aún mantenida la declaración de
guerra al Estado mexicano, a partir de ese año, tomaron el camino de la política haciendo
una serie de movilizaciones en todo el país con propuestas a la sociedad civil para
organizarse: la Convención Nacional Democrática, el Movimiento de Liberación Nacional,
el Frente Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena.
La lucha por la autonomía y el autogobierno de los zapatistas ha tenido resultados concretos
en Chiapas, donde hay zonas en las cuales ellos gobiernan con sus propias leyes e
instituciones como las Juntas de Buen Gobierno. Ahí no entran ningún partido político y
tampoco acciones de los gobiernos municipal, estatal o federal. De hecho, en territorio
zapatista no hay campañas electorales y sus representantes de gobierno autónomo son
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elegidos en asambleas. Algo similar ocurre también en la comunidad indígena de Cherán
en Michoacán y en los pueblos de Guerrero que integran la Coordinadora Regional de
Autoridades Comunitarias – Policía Comunitaria (CRAC-PC).
En 1996 los zapatistas chiapanecos lograron que el gobierno reconociera los derechos y
cultura de los pueblos indígenas. Sin embargo, fue en 2001, luego de que la dirigencia
zapatista encabezada por el subcomandante Marcos realizara una gira en todo el país y
subiera a la tribuna de la Cámara de Diputados, que los derechos indígenas fueron
reconocidos en la Constitución.
No obstante, queda aún pendiente y este gobierno de Andrés Manuel López Obrador podría
retomarlo, el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas como sujetos de
derecho público.
Una buena parte de la narrativa del zapatismo, y en especial del subcomandante Marcos,
ha sido contra el sistema de partidos por los altos grados de corrupción que contienen y la
falta de representatividad social. Desde 1994 los zapatistas impidieron las campañas y las
elecciones en sus territorios, aunque en 2018 cambiaron de idea e impulsaron a la indígena
nahua Marichuy como candidata independiente.
Ahora ya no es aquel grupo guerrillero que con las armas en las manos se alió con los
pueblos indígenas para transformar al país. Hoy es el movimiento social indígena que va
en la misma corriente latinoamericana de pueblos originarios que defienden sus territorios
de los grupos políticos aliados a las trasnacionales mineras, eólicas, petroleras y del crimen
organizado que amenazan con despojarlos de sus tierras. De ahí que se opongan a la
construcción del Tren Maya.
Como dice el sociólogo francés Ivon Le Bot: el zapatismo es una antiguerrilla, que se alejó
de la lucha armada tradicional, pero está en medio de ser un grupo armado y un movimiento
social.
Hoy es uno de los movimientos sociales indígenas de mayor influencia en los grupos
antisistémicos del mundo y en las organizaciones y pueblos indígenas de México y
América Latina, y seguramente será un actor activo en este gobierno de Andrés Manuel
López Obrador.
José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario
La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del
Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra
de Chiapas y Batallas de Michoacán.
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En el gobierno federal hay voluntad de reivindicar los Acuerdos de San Andrés:
Regino
Por José Gil Olmos , 1 enero, 2019
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Gracias a la irrupción zapatista en Chiapas hace 25
años, los pueblos indios de México se visibilizaron, aunque todavía falta que se les
reconozca como sujetos de derecho, por lo cual habrán de impulsarse reformas a la
Constitución.
Lo anterior es expuesto por Adelfo Regino, asesor del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) en los Diálogos de San Andrés Larráinzar de mediados de los años
noventa y quien ahora, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es director del
Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
El abogado mixe de Oaxaca, que ha asesorado a diversas agrupaciones de defensa de los
pueblos indígenas y afromexicanos, afirma que la contribución del zapatismo “ha sido
fundamental en el proceso de cambio y transformación que ahora se vive en México”, y
manifiesta su esperanza de que en el futuro se dé el contacto con los zapatistas y, junto con
el nuevo gobierno, se construya el proceso de paz, justicia y reconciliación que desde hace
25 años demandó el EZLN.
Puntualiza: “Hay que decirlo con mucha claridad: la visibilización de los pueblos indígenas
de nuestro país se debe en gran medida al doloroso movimiento zapatista del 1 de enero de
1994. Después de eso hay que decir que los Diálogos de San Andrés Larráinzar
posicionaron en la agenda nacional los derechos de los pueblos indígenas”.
Adelfo Regino considera que el zapatismo chiapaneco incidió además en el movimiento
social que llevó al triunfo a Andrés Manuel López Obrador el pasado 1 de julio.
“Ese triunfo que encabeza López Obrador es una victoria de muchos procesos, del aporte
de muchos mexicanos que han dado su vida. Tenemos que reconocer el aporte del
movimiento zapatista y, desde luego, respetar el proceso autonómico, de organización y de
lucha en el que se encuentra”, manifiesta en entrevista el exsecretario de Asuntos Indígenas
del gobierno de Oaxaca.
Se le recuerda que al salir públicamente el EZLN hace 25 años exhibió la pobreza y
marginación de los pueblos indígenas, precisamente el día en que el presidente Carlos
Salinas de Gortari anunciaba que México entraba a la modernidad con el Tratado de Libre
Comercio con Canadá y Estados Unidos.
“El país sería muy distinto sin el aporte tan importante del movimiento zapatista en estos
procesos de lucha por la democracia y la justicia. Todos tenemos claro que el 1 de enero
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de 1994 es una fecha clave porque al mismo tiempo de que el gobierno pregonaba un
México que entraba a la modernidad y que, si bien es cierto, reconocía la parte cultural y
folclórica de los pueblos indígenas con las reformas al artículo 4 de la Constitución hechas
en 1992, en esencia los indios no existíamos en esa modernidad.”
Adelfo Regino indica que la modernidad salinista seguía entonces sin reconocer la pobreza,
marginación, exclusión y discriminación de las comunidades y pueblos indígenas, aunque
la aparición del movimiento zapatista en Chiapas con la declaración de guerra al Estado
mexicano “fue como quitar un velo de la modernidad salinista para mostrar el México real,
el México profundo que Guillermo Bonfil Batalla había descrito, ese México que nos
negamos a ver, a reconocer y que vive una paradoja dolorosa porque de una parte se habla
de pueblos con mucha riqueza cultural y natural en sus tierras, y al mismo tiempo son los
que vienen sufriendo desde muchos años una gran pobreza estructural, de desnutrición y
migración”.
De ahí que a lo largo de estos 25 años y aun cuando las circunstancias han cambiado, el
aporte zapatista sigue vigente porque hizo que se reconociera la importancia de los pueblos
indígenas en la transformación que requiere el país.
“Estamos llamados a aportar nuestro grano de arena. No podemos permitir que este país se
siga destruyendo, que se siga cayendo a pedazos. Los pueblos indígenas, desde nuestra
lucha y diversidad, estamos llamados a contribuir a la reconstrucción de México”,
manifiesta el titular del INPI.
Adelfo Regino dice que desde el gobierno se ve al movimiento zapatista con respeto porque
sigue construyendo su proyecto de autogobierno en sus regiones y consolidando sus
municipios autónomos con las Juntas de Buen Gobierno y los Caracoles en las zonas donde
tienen bases de apoyo.
“En el terreno de los hechos, qué bueno que exista este proceso organizativo, de
consolidación de sus propias autonomías y de articulación con el movimiento indígena a
nivel nacional y su presencia internacionalmente. Es un ejemplo de lo que muchos pueblos
indígenas pueden hacer, atendiendo a su propio contexto y circunstancias, bajo el entendido
de que no hay modelos únicos de autonomía.”
–¿Qué se tiene que hacer con los Acuerdos de San Andrés? El EZLN no estuvo de acuerdo
con las reformas en materia de derechos y cultura indígena de 2001.
–Es el gran pendiente que tiene el país porque la reforma constitucional de 2001 quedó
trunca y dejó insatisfecho este reconocimiento de los pueblos indígenas. No se cumplió lo
fundamental: que se les reconociera como sujetos de derecho público. Por eso tenemos que
retomar este pendiente. Es algo que siguen planteando los pueblos indígenas a nivel
nacional.
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Adelfo Regino anuncia que se hará un llamado a los legisladores para que se retome el
tema, se reforme la Constitución y se cumplan los Acuerdos de San Andrés que firmaron
el EZLN y el gobierno de Ernesto Zedillo en 1996 y, de igual manera, para que se cumpla
con los postulados de la declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas
que firmó el gobierno mexicano el 13 de septiembre de 2007.
El titular del INPI hace énfasis en la importancia del reconocimiento de los pueblos
indígenas como sujetos de derecho ante el hecho de muchas de las leyes que se han creado
en los últimos años se han enfocado a favorecer la política neoliberal, la entrada de
empresas nacionales e internacionales que ven con interés económico las tierras y los
recursos naturales de los territorios indígenas.
Reitera que el aparato institucional y el andamiaje normativo han sido puestos al servicio
del capital nacional e internacional, y por eso es fundamental que se reconozcan y lleven a
la práctica esos derechos.
Señala que uno de los objetivos del INPI es precisamente promover e impulsar el
reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas y afromexicanos, de manera
especial en su carácter de sujetos de derecho público, armonizándolo con los instrumentos
jurídicos internacionales en la materia y con criterios jurisdiccionales.
También, dice, el INPI se propone garantizar la implementación de esos derechos en los
ámbitos político, jurídico, económico, social y cultural, y en particular promover las
medidas necesarias para el ejercicio de la libre determinación, autonomía y sistemas
normativos.
“Nosotros pensamos que un programa nacional de los pueblos indígenas necesariamente
tiene que retomar estos pendientes de la reforma constitucional sobre los derechos de los
pueblos indígenas”, puntualiza el abogado.
Precisa asimismo que la búsqueda de dicho reconocimiento es la diferencia esencial ante
las políticas indigenistas del pasado, que esencialmente se basaban en la idea de integrar a
la comunidad indígena al Estado nacional.
Explica: “Lo que nosotros estamos planteando es que se reconozca en la ley y en los hechos
a nuestros pueblos y comunidades como sujetos de derecho público. A partir de esto, lo
que proponemos es que se diseñen los programas y proyectos con los propios pueblos; para
ello, lo que queremos hacer es una estrategia de regionalización y que sean las
comunidades, a través de sus instituciones representativas, las que diseñen sus planes de
desarrollo”.
Sin embargo, Adelfo Regino aclara que la idea no es impulsar un “neoindigenismo”, como
se ha afirmado tras la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. La política
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de este gobierno, explica, es que el Estado mexicano respete estos planes, de conformidad
con las necesidades de los propios pueblos.
“Se trata de hacer una nueva política del Estado en el marco de una nueva relación de
coordinación, de respeto, con los pueblos y comunidades indígenas a partir de sus
consideraciones, de su personalidad como sujetos de derecho público, como sujetos de su
propio desarrollo y de su propia historia. Ya basta de que nos vean como menores de edad
o como folclor.”
Luego de hacer estas precisiones en cuanto a las políticas del gobierno de Andrés Manuel
López Obrador con respecto a los 68 pueblos indígenas y afromexicanos del país, Adelfo
Regino considera que el movimiento zapatista impulsó precisamente este cambio en la
forma de ver y de tratar a las 64 mil comunidades indígenas que hay en México.
“Considero al movimiento zapatista como un actor fundamental en la vida nacional, un
actor que es necesario escuchar y reconocer en su digna y justa lucha. Nosotros vamos a
servir con mucha humildad a nuestros pueblos y comunidades, respetando los procesos de
cada uno de ellos, sus propias formas de organización”, asegura.
Esta entrevista se publicó el 30 de diciembre de 2018 en la edición 2200 de la revista
Proceso.
Sobre el EZLN “no me van a cucar”, responde AMLO
Por Arturo Rodríguez García , 2 enero, 2019 Nacional
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ante la resistencia al proyecto del “Tren Maya” anunciada
por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el presidente Andrés Manuel
López Obrador, respondió con una declaración de respeto y admisión del diálogo en
general, así como con una estampa infantil.
En su conferencia de prensa matutina, mencionó que antes se acostumbraba confrontar a
la hora del recreo entre niños, cuando para provocar un pleito, se decía, “a que no le quitas
la basurita” o “eso si calienta”… así, expuso: “tampoco me van a cucar, nadie me va a
cucar”.
Añadió que su respuesta es que no caerá en ninguna provocación.
“Para que no vayan a decir: ‘Es soberbio, es indiferente’… sencillamente, todos tenemos
derechos a manifestarnos, y somos respetuosos del derecho a disentir.
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López Obrador expresó que respetaba los planes, programas y decisiones del EZLN,
reiterando que en el país no hay represión, ni censura, para luego agregar:
“Quien califica es el ciudadano. No vamos nosotros a enfrentarnos a ningún grupo.
Nosotros queremos la paz y la reconciliación, puede haber diferencias, las hay, pero eso no
significa que se vaya a caer en una confrontación o en un pleito”.
El mandatario aseguró que el enemigo a vencer es la crisis de México, por lo que aun
cuando quieran confrontarlo no va a dar respuesta.
Además, sostuvo que sus proyectos están provocando inconformidad de los conservadores,
porque ya se dieron los cambios:
“Tardó este régimen de injusticias y privilegios 36 años, y es natural que haya
cuestionamientos y críticas, puntos de vista distintos. Los entiendo. Y además vamos a
garantizar siempre el derecho a disentir”.
Aseguró que ha visto al subcomandante Marcos (hoy Galeano) en dos o tres ocasiones,
aunque ya hace unos 20 años, y dijo no tiene ningún conflicto personal con el ni con ningún
dirigente zapatista ni de otra organización social o política.
“Están en su derecho de expresarse, manifestarse, no veo por qué deba preocuparnos,
somos libres… siempre he dicho que en democracia hay pluralidad, en dictadura es
pensamiento único nadie puede hablar, nadie discrepa. Nosotros tenemos afortunadamente
el respaldo de los ciudadanos, el apoyo de la gente, no le hacemos mal a nadie, al contrario
vamos a atender a todos, a escuchar a todos, y se le va a dar preferencia a los pobres, a los
humildes”.
Ante la insistencia de reporteros sobre un diálogo con los zapatistas, se dijo abierto a recibir
a todo grupo que lo solicite pues es un derecho constitucional, pero evitó referirse en
concreto al EZLN.
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