Cultura Tributaria
Cultura tributaria es una conducta manifestada en el cumplimiento permanente de
los deberes tributarios con base en la razón, la confianza y la afirmación de los valores
de ética personal, respeto a la ley, responsabilidad ciudadana y solidaridad social de
todos.
La importancia de recaudar impuestos para satisfacer las exigencias de la
colectividad ha estado presente en el progreso en todas las formas en el país. Desde el
punto de vista de la conciencia, no es idóneo recaudar sin una dirección clara, desde la
perspectiva legal, es indispensable recaudar los impuestos con una aprobación
voluntaria por parte de los contribuyentes.
La cultura tributaria es un mecanismo importante que ayuda a fortalecer el sistema
tributario, surge con la necesidad de recaudar es un sistema equitativo de justicia y
progresivo. Y el propósito fundamental es establecer una política de recaudación para
el gasto público y suministro de bienes colectivos, buscando satisfacer las necesidades
sociales, estabilizar la economía y desarrollo del país contribuyendo a las políticas que
reducen la inflación de la economía de mercado.
Cultura tributaria nace con la idea de diseñar un sistema tributario para orientar al
ciudadano y que lo invite a cumplir sus obligaciones de una forma ordenada, el reto
como pilar fundamental es fortalecer la atención al contribuyente mediante la
información, servicios y la educación. Esta cultura es promovida mediante el
cumplimiento de obligaciones voluntarias y así fortalecer el desarrollo de la sociedad.
Esta página tiene como fin presentar una serie de información para comunicar a la
población, contiene estrategias innovadoras con el fin de ofrecer ideas e inspiración a
todo el país en desarrollo con respecto a la educación de los contribuyentes,
divulgación y promoción para fortalecer la moral tributaria en el cumplimiento de
obligaciones de los ciudadanos.
La superintendencia de Administración Tributaria (SAT) se está esforzando más que
nunca para movilizar una mayor recaudación tributaria a nivel nacional, para ello está
llegando cada vez más a informar a las generaciones de contribuyentes. El objetivo es
fomentar una “Cultura Tributaria” global e integral, basado en los derechos y
obligaciones, en este contexto la educación del contribuyente se convierte en el puente
que une a la Administración Tributaria y los ciudadanos.
Estamos conscientes que esta etapa es difícil pero no imposible, debemos contribuir
al cambio a una edad temprana y convertir ciudadanos que abracen voluntariamente el
pago de impuestos.
Cultura Tributaria de la Superintendencia de Administración Tributaria fue creada
con la finalidad de educar a los ciudadanos, convertirlos en contribuyentes
responsables y consientes del pago de sus impuestos, asimismo es un instrumento
para combatir la evasión fiscal. (SAT, 2023)
ENFOQUE Y ALCANCE
¿Cómo puede fomentarse la cultura tributaria en un país carente de ella? ¿Cuáles
son los pasos que deben darse? ¿Quién debe hacerse cargo del tema? ¿Qué acciones
deben tomarse para cambiar valores y actitudes que a lo largo de la historia han sido
adversos a la tributación? ¿De qué manera superar el rechazo y la resistencia?
No es fácil responder a tales preguntas, pero bien vale la pena tratar de dar algunas
luces sobre esos temas a partir de la experiencia concreta que se ha tenido en el
campo de la formación de la cultura tributaria en un país que presenta una de las
cargas tributarias más bajas de América Latina y cuyos indicadores sociales también
figuran entre los más rezagados del continente, tal es el caso de Guatemala, el cual se
refiere al final de este documento.
A efecto de fortalecer la cultura tributaria (entendida ésta como el conjunto de
valores, creencias y actitudes compartido por una sociedad respecto a la tributación y
las leyes que la rigen), se requiere que las personas estén informadas y debidamente
orientadas sobre el tema, pero sobre todo que comprendan la importancia de sus
responsabilidades en la materia. Porque la formación de la cultura tributaria va más allá
del mero ámbito de la población contribuyente, pues se vincula esencialmente con la
promoción de una ciudadanía responsable que ejerza sus derechos y cumpla con sus
obligaciones, dos dimensiones que se legitiman recíprocamente.
De ahí que la formación de la cultura tributaria deba ser vista como un esfuerzo
sistemático y permanente, sustentado en principios, orientado al cultivo de los valores
ciudadanos y, por lo tanto, enfocado tanto a los contribuyentes actuales como a los
ciudadanos del mañana –niños y jóvenes-, cuya cultura y visión del mundo se
encuentran en formación, lo cual les hace más susceptibles de interiorizar y hacer
suyos los valores que en el futuro determinarán su comportamiento dentro de la
sociedad. Bien señala Eurosocial que solamente los ciudadanos libres, informados y
autorregulados, conscientes de sus derechos y de sus obligaciones, serán
contribuyentes honestos.
Una de las principales conclusiones del Seminario Internacional sobre Educación
Cívico Tributaria llevado a cabo en Buenos Aires en octubre de 2007 es que todos los
países allí representados coincidieron en resaltar la importancia de la Educación Fiscal
como base para la conformación de una ciudadanía democrática, por lo que arribaron al
consenso que se trata de una educación en valores para la conformación de una nueva
cultura tributaria.
Los valores ciudadanos de respeto, integridad, cooperación y solidaridad, entre otros,
son producto tanto de procesos sociales como de asimilaciones individuales en los
cuales, por medios diversos, se llega al convencimiento de que es más útil y eficiente
integrarlos en la conducta, en detrimento de aquellos otros que impulsan al irrespeto, la
transgresión, la deshonestidad y la insolidaridad. (Roca, 2008)
Siendo así, tal como lo refiere el IEF de España, la educación fiscal debe convertirse
en un tema para: identificar los distintos bienes y servicios públicos; conocer su valor
económico e importancia social; reconocer las fuentes de su financiamiento,
especialmente las tributarias; establecer los derechos y deberes a que da lugar la
provisión pública de bienes y servicios; interiorizar las actitudes de respeto por lo que es
público y, por tanto, financiado con el esfuerzo de todos y utilizado en beneficio común;
asimilar la responsabilidad fiscal como uno de los valores sobre los que se organiza la
convivencia social en una cultura democrática, identificando el cumplimiento de las
obligaciones tributarias como un deber cívico; y comprender que la fiscalidad, en su
doble vertiente de ingresos y gastos públicos, es uno de los ámbitos donde se hacen
operativos los valores de equidad, justicia y solidaridad en una sociedad democrática.
La formación de una verdadera conciencia tributaria Y fiscal en general consiste en
asumir que, por encima de modelos fiscales concretos, cambiantes como es previsible
en toda sociedad dinámica, existe una serie de criterios justificativos de la financiación
solidaria de las necesidades públicas y comunes. El principal de tales criterios es el de
ciudadanía, que implica asumir las responsabilidades sociales como una contrapartida
necesaria al ejercicio de los derechos cívicos.
Lo anterior coloca a la formación de la cultura tributaria dentro de un radio de acción
que excede en mucho la inmediatez, pues apunta más bien hacia objetivos de mediano
y largo plazo.
Esto la hace diferente a las otras acciones de las administraciones tributarias,
generalmente centradas en los resultados a corto plazo, así como también la hace
distinta de los criterios de evaluación que suelen utilizar las administraciones tributarias
para medir el impacto de sus acciones, toda vez que la condición de largo plazo antes
mencionada requiere una evaluación más cercana a variables sociológicas que
económicas. (Roca, 2008)
Responsabilidad tributaria
La Ley fiscal puede declarar responsables de una deuda tributaria, junto a los sujetos
pasivos que son los deudores principales, a otras personas o entidades a los que la ley
extiende la responsabilidad del pago del tributo, en determinadas circunstancias.
La extensión de la responsabilidad tributaria hacia personas que no han realizado el
hecho imponible es una medida que tiene por objeto facilitar y asegurar la recaudación
tributaria, mediante el aseguramiento del cobro de los mismos y también como
mecanismo para evitar conductas ilusorias o fraudulentas.
Regulación por países
España
En España, la Ley General Tributaria declara en el artículo 41 que la ley fiscal puede
configurar como responsables solidarios o subsidiarios de la deuda tributaria, junto a los
deudores principales, a otras personas o entidades. A estos efectos, se considerarán
deudores principales los obligados tributarios del apartado 2 del artículo 35 de la LGT.
De la ley se desprende que para la existencia de una derivación de responsabilidad
se exige que una norma jurídica con rango de ley sea la que configure los supuestos de
responsabilidad tributaria. La Administración tributaria, por tanto, no puede derivar la
responsabilidad sino se encuentra en uno de los supuestos previstos en la Ley.
La Ley General Tributaria establece una distinción entre responsables solidarios y
subsidiarios. En el caso de los responsables subsidiarios, será necesario la previa
declaración de fallido del deudor principal y de los responsables solidarios. Salvo
precepto legal expreso en contrario, la responsabilidad será siempre subsidiaria.
La responsabilidad alcanzará, en principio, a la totalidad de la deuda tributaria
exigida en período voluntario.
Responsabilidad solidaria
Dispone el art. 42.1.c) de la Ley General Tributaria que «Tendrán la consideración de
responsables solidarios
1. Las que sean causantes o colaboren activamente en la realización de una
infracción tributaria. Su responsabilidad también se extenderá a la sanción.
2. Los partícipes o cotitulares de las comunidades de bienes y sociedades civiles,
en proporción a sus respectivas participaciones respecto a las obligaciones
tributarias materiales de dichas entidades.
3. Las personas o entidades que sucedan por cualquier concepto en la titularidad o
ejercicio de explotaciones o actividades económicas, por las obligaciones
tributarias contraídas del anterior titular y derivadas de su ejercicio. La
responsabilidad también se extenderá a las obligaciones derivadas de la falta de
ingreso de las retenciones e ingresos a cuenta practicadas o que se hubieran
debido practicar.
También serán responsables solidarios del pago de la deuda tributaria pendiente y,
en su caso, del de las sanciones tributarias, hasta el importe del valor de los bienes o
derechos que se hubieran podido embargar o enajenar por la Administración tributaria,
las siguientes personas o entidades:
1. Las que sean causantes o colaboren en la ocultación o transmisión de bienes o
derechos del obligado al pago con la finalidad de impedir la actuación de la
Administración tributaria.
2. Las que, por culpa o negligencia, incumplan las órdenes de embargo.
3. Las que, con conocimiento del embargo, la medida cautelar o la constitución de
la garantía, colaboren o consientan en el levantamiento de los bienes o derechos
embargados, o de aquellos bienes o derechos sobre los que se hubiera
constituido la medida cautelar o la garantía.
4. Las personas o entidades depositarias de los bienes del deudor que, una vez
recibida la notificación del embargo, colaboren o consientan en el levantamiento
de aquellos.
Responsabilidad subsidiaria
La responsabilidad subsidiaria requiere previamente la insolvencia del deudor
principal y de los posibles responsables solidarios. Solo una vez producida esta
insolvencia se puede derivar la responsabilidad hacia los subsidiarios.
ARTICULO 95. Responsabilidad. Los profesionales o técnicos que por disposición
legal presten servicios en materia de su competencia para el cumplimiento de las
obligaciones tributarias de los sujetos pasivos de éstas, son responsables, si por dolo
se produce incumplimiento de sus obligaciones.
El presente artículo se aplicará en congruencia con lo que establecen los artículos
70, 82 y 90 de este Código. En consecuencia, esta infracción será sometida siempre al
conocimiento de juez competente del ramo penal.
(Garrido Mora, 2004)
Cultura tributaria y educación fiscal en Guatemala
Las entidades que tienen como competencia en la actualidad promover, incentivar e
inculcar la cultura tributaria y la educación fiscal en nuestro país, son: la
Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), el Ministerio de Educación
(MINEDUC) y el Ministerio de Finanzas (MINFIN).
Los principales medios o formas utilizados para tal efecto son:
Cultura Tributaria de la SAT: Fue creada con la finalidad de educar a los
ciudadanos, convertirlos en contribuyentes responsables y conscientes del pago de sus
impuestos, asimismo es un instrumento para combatir la evasión fiscal.
Proyección Educativa: Desde 2007 se encuentra vigente un convenio de
cooperación entre la SAT y el MINEDUC para fomentar la cultura tributaria en los
diferentes niveles del sistema educativo nacional. También se llevan a cabo proyectos
conjuntos con universidades para fortalecer la actualización docente, la formación
académica de los estudiantes, la atención a los contribuyentes y la proyección social
universitaria.
Capacitaciones: Actualmente SAT brinda diferentes modalidades de capacitación y
formación a ciudadanos y contribuyentes que deseen fortalecer sus conocimientos
tributarios, podemos mencionar las siguientes: Presenciales en el programa mensual
(E-Presentaciones);Bajo solicitud de empresas, entidades o contribuyentes; virtuales;
diplomados virtuales; Guías animadas.
Programa Cultura Fiscal del MINFIN: tiene como responsabilidad fomentar la
cultura fiscal y tributaria en la niñez guatemalteca. Este programa es coordinado por la
Dirección de Comunicación Social.
Las acciones que hasta el momento se han implementado para promover la cultura
tributaria y establecer programas de educación fiscal en el país, claramente no han
manifestado los resultados esperados, son alrededor de 15 años los que han
trascurrido desde el convenio de cooperación de la SAT y el Ministerio de Educación, y
los datos presentados evidencian que aún son demasiado altos los montos que se
dejan de percibir a consecuencia de la resistencia del contribuyente por medio de la
evasión y elusión fiscal. Por el contrario, son otras medidas las que apalancan la brecha
de lo que se deja de percibir por SAT, entre las más significativas están: la
reestructuración del ente recaudador (infraestructura y directorio), tecnificación
(hardware y software) y transformación digital (agilización de trámites por medios
digitales).
Consideraciones finales
A pesar de los esfuerzos que ha realizado en materia de cultura tributaria y
educación fiscal, la SAT de forma individual y en conjunto con el MINEDUC; y, por su
parte lo efectuado por el Ministerio de Economía, la evasión y elusión fiscal en
Guatemala continúa siendo un problema que impide alcanzar las metas de
recaudación, dejando de percibir alrededor del 25% del potencial a recaudar en cada
período fiscal, lo que claramente afecta los intereses del Estado, limitando el gasto
público y como consecuencia las repercusiones negativas recaen directamente en la
población más desfavorecida del país.
En este campo de acción, se entiende que los altos costos que implica la
implementación de centros especializados en cada uno de los departamentos del país
dificultan que la cultura tributaria y la educación fiscal, sea una solución a corto plazo,
pero esta tarea titánica es necesaria para la concientización ciudadana en materia
tributaria. Explícitamente es importante como elemento prioritario crear estrategias
interinstitucionales a manera de afrontar nuestra realidad; en consecuencia, la SAT y
los ministerios afines, deben encontrar los mecanismos necesarios para intensificar los
programas de educación y capacitación para los contribuyentes y no contribuyentes
(sector informal) en toda la república a efecto de transmitir, promocionar y actualizar los
conocimientos tributarios, abarcando el sector público y privado, y establecimientos
educativos en general.
Para incrementar la carga tributaria se necesita de una SAT eficiente, transparente y
con el compromiso de implementar las medidas necesarias para combatir de frente la
evasión y elusión fiscal, también es importante confrontar el tema de la corrupción,
principalmente en aduanas, donde los controles aún son insuficientes, a manera de
alcanzar las metas de recaudación, sin necesidad de reformas fiscales o incremento de
impuestos. Por otra parte, se debe reformar e implementar sanciones (administrativas y
penales) por evadir o eludir las obligaciones tributarias, castigando severamente estas
acciones. (García, 2022)
Las representaciones sociales y la cultura tributaria
La representación social constituye el insumo básico de las configuraciones mentales
y de los procesos de (re)construcción de la cultura que guían al individuo a la hora de
nombrar y definir los diferentes aspectos de la realidad cotidiana, en el modo de
ordenarla e interpretarla y, llegado el caso, de tomar posición respecto a ella y
defenderla (Jodelet, 1991: 31). Las representaciones circulan en los discursos, son
llevadas por las palabras, se trasmiten en los mensajes e imágenes mediáticas,
cristalizan en las conductas (Jodelet, 1991: 32) y tienen como referencia un
determinado espacio sociocultural y político.
Las representaciones sociales son categorías aprendidas, en donde el individuo
ubica la información recibida; a través de ellas, se interpreta a sí mismo e interpreta el
mundo circundante. Están constituidas por definiciones tomadas de la cultura, que le
permiten al sujeto clasificar y asignar significado a las múltiples percepciones,
sensaciones e interacciones de la vida diaria (Fuller, 1998: 63).
El análisis de las representaciones sociales implica tres dimensiones: los elementos
de información de los que disponen los individuos a propósito del objeto de
representación; la jerarquización y la organización de esos elementos en un campo de
representación y sus actitudes respecto al objeto de la representación (Fuller, 1998: 10
y 11).
Cultura tributaria
En el gráfico anterior se aprecia que lo que permite que las representaciones
adquieran una configuración determinada es la combinación de la información, la
organización y la jerarquización de los componentes y las actitudes valorativas. A
continuación se discute cómo funciona este esquema en el caso de la cultura tributaria:
a) Información. Las representaciones son la forma codificada que asume la
información obtenida por los individuos a través de distintos medios. La
investigación de este aspecto consistió en un levantamiento de datos
acerca de la información de los ciudadanos sobre asuntos políticos en
general y sobre la cuestión tributaria en particular, a fin de establecer la
naturaleza y los rasgos de este componente básico de las
representaciones.
b) Organización y jerarquización. Dado que las prácticas de los
ciudadanos se apoyan en la forma de asimilar y organizar la información
respecto al tema tributario, es preciso conocer cómo se ordenan los
distintos componentes y mediante qué sistema de jerarquización unos
elementos resultan centrales y otros periféricos, para poder explicar el
principio de codificación/interpretación. Es decir, para establecer qué
aspectos ponen los costarricnses en el centro de sus consideraciones
sobre la cuestión tributaria.
c) Actitudes y valores. Las representaciones incluyen tomas de posición
que se apoyan en ciertas consideraciones éticas. Por lo tanto, es de
esperar que haya elementos generales y rasgos específicos compartidos
por ciertas colectividades o agrupaciones.
Cualquier esfuerzo por comprender el comportamiento de los ciudadanos sobre el
tema de los impuestos pasa por el estudio de sus percepciones y/o representaciones
respecto a su relación con el Estado y con la sociedad (las representaciones sociales
en el Gráfico 1). Alrededor de este doble vínculo se configura un cuerpo de conceptos e
ideas que adquiere una forma particular según el contexto y la historia de cada
sociedad y que, aún cuando no es claramente perceptible, parece definir ciertos
patrones de comportamiento. De ahí la necesidad de aplicar el concepto de cultura
tributaria a la recurrencia de esas manifestaciones. Estas configuraciones culturales no
obedecen a disposiciones aleatorias de las variables que modelan las visiones y
comportamientos de los individuos, sino que se organizan alrededor de matrices
conceptuales e informativas estructuradas a partir de insumos de doctrina política y
económica, visiones de mundo, memoria histórica, impacto de acontecimientos
específicos y elaboración, reelaboración y circulación de los discursos de la sociedad
sobre lo político.
En todo caso, lo que permite plantearse el estudio de la cultura tributaria es el
presupuesto de que hay un conjunto de representaciones que son compartidas por los
ciudadanos en un determinado contexto. Estos elementos constituyen la base de las
representaciones de la cultura tributaria y se pueden observar desde tres dimensiones:
la vida cotidiana, los servicios sociales y la gestión tributaria; cada una de ellas exige un
análisis específico y articulado. Los impuestos son algo diferente como tarea del
recaudador, como obligación del ciudadano y como materialización o no de servicios
sociales. En el Cuadro 1 se aprecia la forma en que se conectan los tres componentes
del esquema analítico para los núcleos temáticos que constituyen las representaciones
sobre lo tributario. (Roy Rivera, 2020)