LAS LEYENDAS
LA LEYENDA DE POSORJA
En Posorja (Guayaquil) se ha transmitido una interesante narració n que da
explicació n al origen del nombre de este lugar. Este surgió por la llegada de una
princesa con en mismo nombre, que vaticinó el futuro de la població n.
Cuenta la narración que, en la actual parroquia de Posorja, hace mucho tiempo apareció de la
nada entre las aguas una princesa con don para la videncia. La niña tenía un colgante de oro en
forma de caracol.
Pronto, la muchacha fue acogida por los pobladores y, cuando se hizo mayor, predijo que llegarían
unos hombres que alterarían la quietud del lugar y acabarían con el imperio Inca.
Después de esto, la mujer dijo que esta era su última predestinación, se introdujo en el mar y una
gran ola la hizo desaparecer.
LA CANOITA FANTASMATICA
En la tradición oral de Guayaquil permanecen historias como esta, cuyo origen podría remontar
a la colonización, y que fue registrada por primera vez en el siglo XIX.
Una leyenda de terror protagonizada por un espectro femenino que permanece eternamente
cumpliendo un castigo. En el fondo, la historia tiene un carácter aleccionador acerca de las
consecuencias del adulterio.
Cuenta una vieja historia que, por los ríos de las tierras guayaquileñas, navega el espectro de una
mujer durante la noche. Se dice que es el espíritu de Isabel, quien permanece errante para cumplir
una condena impuesta por Dios, después de que esta muriera.
Dice la leyenda que Isabel tuvo una vida compleja y dio a luz a un bebé en una canoa, este era un
hijo extramatrimonial. Un fatal desastre hizo que el pequeño perdiera la vida y decidió esconderlo
en el mar para que nadie supiera de él. Al morir, Dios la enjuició y la sentenció a buscar a su hijo
eternamente. Quien la ha visto percibe una canoa, apenas iluminada.
La mujer emite un espeluznante sonido y repite constantemente: “Aquí lo dejé, aquí lo maté, aquí
lo he de hallar”.