Lengua y Literatura Tema 6
Lengua y Literatura Tema 6
TEMA 6
EL PROCESO DE COMUNICACIÓN. LA SITUACIÓN COMUNICATIVA.
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ÍNDICE
1. EL CONCEPTO DE COMUNICACIÓN.
1. EL PROCESO DE COMUNICACIÓN.
2. ELEMENTOS DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN.
3.1 FUENTE O EMISOR.
3.2 INTENCIÓN.
3.3 TRANSMISOR.
3.4 MENSAJE.
3.5 SEÑAL.
3.6 CANAL.
3.7 RECEPTOR.
3.8 DESTINATARIO.
3.9 RUIDO.
3.10 REDUNDANCIA.
3.11 CÓDIGO.
3. EL CONCEPTO DE INFORMACIÓN.
5. LA SITUACIÓN COMUNICATIVA.
5.1 ELEMENTOS DE LA SITUACIÓN COMUNICATIVA.
5.2 EL TÉRMINO CONTEXTO.
5.3 PRAGMÁTICA COMUNICATIVA.
6. GUIÓN RESUMEN.
7. BIBLIOGRAFÍA.
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1. EL CONCEPTO DE COMUNICACIÓN.
A finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta se formaron, dentro de las
matemáticas, dos nuevas disciplinas que tendrían gran interés en la aplicación a otras ciencias,
entre ellas la lingüística. Fueron la teoría de la comunicación y la teoría de la información. La
denominada teoría de la comunicación tiene su base en las investigaciones realizadas por el
matemático e ingeniero inglés de teléfonos Claude Elwood Shannon y por el matemático y físico
americano Warren Weawer, quienes centraron sus esfuerzos en buscar unas condiciones
económicas óptimas en las que se pudiera reducir el costo de un mensaje telefónico. Su obra
común, The Mathematical Theory of Communication, 1949, explica las ideas de sus teorías. A
partir de este planteamiento, la optimización de las condiciones comunicativas llevó a estudiar y
analizar los distintos elementos de la comunicación.
En un sentido amplio del término, el concepto de comunicación implica la transmisión de
una información entre dos unidades. Cuando se coloca una cacerola llena de agua sobre una placa
eléctrica caliente, ésta comunica su calor a la cacerola, que a su vez lo comunica al agua.
Evidentemente, esta comunicación no tiene nada de semiológica, ya que no se trata en este caso
de informar al agua de que la placa está caliente, sino que el objetivo es hacerla entrar en
ebullición. Por lo tanto, estaríamos ante un ejemplo del sentido más amplio de comunicación. La
teoría de la comunicación formulada por Shannon y Weawer estudia la parte formal de la
transmisión de las informaciones, sin ocuparse de las informaciones en sí mismas, es decir, del
significado o del contenido. Por lo tanto, estudia la transmisión de las informaciones en general,
no sólo en cuanto a las lenguas naturales, dentro de un sentido amplio del término comunicación.
Por el contrario, si Ana le dice a Juan “Tengo frío”, lo que intenta no es comunicar a su
receptor su sensación térmica, sino que lo que quiere es informarle de lo que está
experimentando. Es cierto que en lugar de comunicarse mediante las palabras, Ana podría haber
puesto sus manos sobre las de Juan para hacerle sentir su sensación. En este caso nos
encontraríamos ante la comunicación directa o sensorial, la cual no entra en los planteamientos
de la semiología. Sería algo similar al proceso de estímulo – respuesta. Señala Umberto Eco que
“los estímulos no se adecuan a una de las definiciones más elementales del signo, la que dice que
se pone en lugar de otra cosa. El estímulo no se pone en lugar de otra cosa, sino que provoca
directamente esta otra cosa. Una luz deslumbrante que me obliga a cerrar los ojos es una cosa
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distinta de una orden verbal que me imponga el cerrar los ojos. En el primer caso cierro los ojos
sin reflexionar; en el segundo, antes que nada he de entender la orden y descodificar el mensaje
(proceso sígnico) para luego decidir si obedezco (proceso volitivo, que escapa a la competencia de
la semiótica) (...) Los procesos sígnicos son tales en cuanto son reversibles, como todos los
procesos intelectuales; uno puede pasar del signo a su referente cuando es capaz de efectuar
igualmente el camino inverso; es decir, cuando no solamente se sabe que allí donde hay humo se
quema algo, sino que cuando algo se quema se produce humo” 1
Vemos que el concepto de semiología limita lo que podemos entender por comunicación.
Saussure concibió una ciencia que estudiara la vida de los signos en el seno de una vida social y la
llamó semiología, incluyendo dentro de esta ciencia a la lingüística. Este signo es el que se utiliza
para transmitir una información (concepto clave de las investigaciones de Shannon y Weawer y
que aparece en función de la probabilidad de aparición de un determinado mensaje), y ello se
inserta en un proceso de comunicación en el que el emisor parte de una fuente y a través de una
canal determinado hace llegar un mensaje al receptor. Así pues, el esquema estímulo – respuesta
se amplía notablemente si nos centramos en todo el proceso y en el significado. De hecho, la
teoría de la información formulada por Shannon y Weawer ya no se centra en la parte formal de la
transmisión de las informaciones, sino que estudia la información misma, es decir, el modo de
estructurarla, de codificarla y descodificarla o de medirla.
Esta concepción de la comunicación en un sentido amplio del término o en un sentido más
estricto queda guiada por los planteamientos de la semiología. Además, debemos añadir otro
término clave para entender el concepto de comunicación: la significación. El proceso de la
comunicación incluye varios elementos que analizaremos a continuación. Entre ellos, uno de los
más importantes es aquel que permite a un mensaje adquirir una significación, es decir, permite
que el emisor y el receptor puedan comprender un mensaje: el código. El proceso de
comunicación se verifica sólo cuando existe un código o sistema de significación que reúne
entidades presentes y entidades ausentes.
Las definiciones del concepto de comunicación recorren los límites de un sentido estricto
o uno más amplio, aunque en la mayoría de los lingüistas predomina el justo medio.
El lingüista francés P. Guiraud, uno de los máximos representantes del análisis semántico
componencial, destaca que la comunicación es la transferencia de la información por medio de
1
Eco, U., Signo, Barcelona, Labor, 1994, pp. 22 y 23.
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mensajes. Estos mensajes son emitidos por un emisor y son recibidos por un receptor, siendo
transferidos del primero al segundo a través de un canal. El hecho primordial es que en la
comunicación hay transferencia de una forma escrita en una sustancia, pero jamás hay
transferencia de sentido; la línea telefónica transporta energía, la carta formas gráficas, el disco un
surco, etc. Sin embargo, el sentido lo pone el receptor humano.
Lyons circunscribe el sentido de comunicación a la transmisión intencional de información
por medio de algún sistema de señalización establecido. Los principales, aunque no únicos
sistemas de señalización que los seres humanos emplean para la transmisión informativa son las
lenguas.
Dentro de las últimas tendencias lingüísticas, Dan Sperber y Deirdre Wilson, adalides de la
denominada Teoría de la Relevancia, señalan que “comunicar consiste en atraer la atención de un
individuo: de aquí que comunicar signifique dar por supuesto que la información que se comunica
es relevante”2 En su obra La Relevancia analizan el proceso de la comunicación y los elementos
que aparecen en este proceso desde un punto de vista pragmático muy interesante, recogiendo
fuentes como las de Grice y su modelo inferencial. Partiendo de la influencia de Grice, Sperber y
Wilson afirman que hay dos formas distintas de transmitir información: una de ellas es la de
ofrecer pruebas directas de la información que se va a transmitir. En este caso no estaríamos
hablando de una forma de comunicación, ya que el estado de las cosas, cualquiera que sea,
siempre ofrece pruebas directas para una serie de supuestos sin comunicar necesariamente esos
supuestos. La forma de transmitir información que implica una forma de comunicación sería
aquella en la que proporcionaran pruebas directas de nuestra intención de transmitir dicha
información, es decir, es una comunicación inferencial.
2. EL PROCESO DE COMUNICACIÓN.
Para presentar los distintos modelos del proceso de comunicación hemos de partir del
concepto de comunicación anteriormente expuesto.
2
Sperber y Wilson plantean una comunicación en un sentido amplio del término, ya que admiten que la
comunicación puede conseguirse por medios tan distintos entre sí como distintos son caminar y volar en avión. Así,
añaden que la comunicación puede conseguirse codificando y descodificando mensajes, y también produciendo
pruebas que originen la inferencia deseada.
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El modelo de comunicación más simple sería la comunicación directa o sensorial, basada en
el estímulo – respuesta. Sin embargo, ya hemos observado los problemas de significación que
plantea este modelo.
Saussure3 nos presenta la comunicación lingüística como un acto de habla en el que hacen
falta al menos dos personas para que se establezca lo que el lingüista denomina el circuito del
habla. Este circuito tiene su punto de partida en el cerebro de uno de ellos, por ejemplo, en el de
A, donde los hechos de conciencia, denominados conceptos, se hallan asociados con las
representaciones de los signos lingüísticos o imágenes acústicas que sirven a su expresión. Si un
concepto dado desencadena en el cerebro una imagen acústica correspondiente, éste será un
fenómeno enteramente psíquico, seguido a su vez de un proceso fisiológico: el cerebro transmite
a los órganos de la fonación un impulso correlativo a la imagen; luego las ondas sonoras se
propagan de la boca de A al oído de B: proceso puramente físico. A continuación el circuito sigue
en B un orden inverso: del oído al cerebro, transmisión fisiológica de la imagen acústica; en el
cerebro, asociación psíquica de esta imagen con el concepto correspondiente. Si B habla a su vez,
este nuevo acto seguirá –de su cerebro al de A‐ exactamente la misma marcha que el primero y
pasará por las mismas fases sucesivas. El esquema podría ser el siguiente:
Audición (proceso fisiológico) Fonación
<<<.........ondas sonoras.............
(Fenómeno C. Concepto. (fenômeno
C I C I
Psicológico) I. Imagen acústica. Psicológico)
...........ondas sonoras.......>>>
Fonación (proceso fisiológico) Audición
3
Saussure, F. de, Curso de lingüística general, Madrid, Alianza Editorial, 1983, pp. 76‐78.
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Leonard Bloomfield, fundador y representante principal del estructuralismo americano,
está notablemente influenciado por la técnica psicológica denominada behaviorismo. Esta técnica
tiene como objeto de su investigación el comportamiento (behaviour), que es concebido como un
punto de intersección de estímulos (S) y reacciones (R). Bloomfield emplea este esquema básico
de la comunicación para construir una teoría del proceso comunicativo partiendo de un estímulo
que origina una reacción. Explica que la muchacha que está junto al manzano y siente hambre (S),
puede reaccionar espontáneamente cogiendo la manzana (R); de igual manera reaccionan los
animales, en los que sólo se puede observar el esquema S R. Sin embargo, la muchacha
también puede pedir al muchacho que le arranque la manzana; en este caso puede emplear la
reacción de sustitución, la lingüística, designada por Bloomfield con la minúscula (r). Para el
muchacho el deseo de su acompañante significa el estímulo lingüístico (s), al cual puede
reaccionar arrancando la manzana (R).
El esquema sería el siguiente:
Practical events Speech Practical events
a) b) c)
S r .............ondas sonoras.............. s R
Estímulo Reacción Estímulo Reacción
efectivo sustitutiva sustitutivo activa
En este esquema las mayúsculas corresponden a las circunstancias externas, las minúsculas
a las circunstancias de comunicación lingüística, y las flechas a los procesos que tienen lugar en el
sistema nervioso. En su teoría Bloomfield distingue entre practical events –los hechos y los gestos
y, de forma general, la situación tal y como se presenta inmediatamente antes y después del acto
de habla‐ y el acto de habla en sí mismo, speech. Analiza el todo en tres momentos:
a) La situación que precede al acto de habla (que como consecuencia produce el
estímulo)
b) El acto de habla (único objeto que deberá suscitar la atención del lingüista)
c) La situación que sigue al acto de habla (que como consecuencia provoca la
reacción o respuesta del oyente que interesa al emisor para actuar de una manera o de
otra).
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Por lo tanto, vemos que Bloomfield, al igual que Saussure, pone en evidencia el carácter
social de la lengua.
En el esquema de Shannon y Weawer se representa un sistema general de comunicación
en el que lo que destaca es la transmisión de la información. Una fuente de información produce
un mensaje o una serie de mensajes que deben transmitirse a un receptor. El transmisor
desarrolla una señal susceptible de ser transmitida por un canal (por ejemplo, la codificación de un
telegrama que produce una serie de puntos, guiones y espacios). La señal recibida es descifrada
entonces por el receptor para que el mensaje llegue a su destino. Las operaciones de codificación
y descodificación se ejecutan por medio de un código. La transmisión puede verse entorpecida por
ruidos, y la eliminación de estos ruidos va a constituir una gran preocupación dentro de este
modelo de comunicación. Este esquema general puede plantearse en términos más cercanos a la
lingüística de la siguiente manera: el emisor de las informaciones es el hablante, que codifica la
información de acuerdo con el código respectivo, o sea, la lengua; la información codificada es
transmitida en forma de ondas sonoras desde el emisor (el hablante) hacia el receptor (el oyente)
donde, con ayuda del mismo código (lengua), se descodifica, ya que las ondas sonoras son
sustituidas sucesivamente por los significados respectivos; el canal en este caso es el aire que hay
entre la boca del hablante y los oídos del oyente. Dentro de su planteamiento de la teoría de la
comunicación, las señales comunicativas pueden ser muy diversas: las señales de tráfico, las
señales ópticas o acústicas de los animales, los impulsos en los ordenadores, etc. No obstante, lo
realmente importante desde el punto de vista de la lingüística es el desarrollo de la teoría de la
información, en la que se analizan los elementos del proceso comunicativo. Lo veremos en el
próximo apartado.
El lingüista John Lyons plantea su modelo del proceso de comunicación teniendo en
cuenta el esquema propuesto por Shannon y Weawer. Así, se transmite una señal de un emisor a
un receptor (o grupo de receptores) por un canal de comunicación. La señal tendrá una
determinada forma y transmitirá un cierto significado (o mensaje). La conexión entre la forma y el
significado de una señal viene determinada por lo que (en un sentido más bien general del
término) suele denominarse en semiótica el código: el mensaje es codificado por el emisor y
descodificado por el receptor. Elementos que son imprescindibles dentro del estudio del proceso
comunicativo.
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Su esquema es el siguiente:
Señal Señal
transmitida recibida
X Transmisor Canal Receptor Y
Fuente de ruido
En este esquema, explica Lyons, “X es la fuente de información e Y, el destino de la misma.
Se puede describir diciendo que X emite una información a Y. (...) El mensaje que se origina en X es
codificado por el transmisor en forma de señal. A través de un determinado canal de
comunicación, esta señal se envía al receptor, el cual descodifica la señal en forma de mensaje y lo
pasa a Y. (...) Obsérvese también que la señal transmitida puede diferir de la señal recibida como
consecuencia de las distorsiones que el ruido causa en el canal”.
Sperber y Wilson señalan en su obra La Relevancia que existen dos modelos de
comunicación: el semiótico y el inferencial. Uniendo ambos modelos llegan a la formulación del
modelo ostensivo –inferencial. Explican que la comunicación puede conseguirse codificando y
descodificando mensajes (modelo semiótico), y también produciendo pruebas que originen la
inferencia deseada (modelo inferencial). Su modelo, el de la comunicación ostensivo – inferencial,
es definido de la siguiente manera: “el emisor produce un estímulo que hace mutuamente
manifiesto para sí mismo y para el oyente que, mediante dicho estímulo, el emisor tiene intención
de hacer manifiesto o más manifiesto para el oyente un conjunto de supuestos”.
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3. ELEMENTOS DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN.
Vamos a analizar los elementos que aparecen en un proceso comunicativo. De nuevo
encontramos cierta variedad terminológica, no en relación al sentido sino a la extensión. No todos
los lingüistas plantean los mismos elementos dentro del proceso comunicativo. En este apartado
realizaremos un análisis pormenorizado de cada uno de los elementos del proceso de
comunicación que aparecen en las diversas teorías expuestas. Así se obtiene una visión de
conjunto.
3.1. FUENTE O EMISOR.
Es el origen del acto de comunicación, y puede ser cualquier realidad natural o artificial
dentro de los amplios procesos de comunicación: un ordenador, las nubes, una huella o un ser
humano. Sin embargo, en la comunicación lingüística la fuente o emisor se restringe a las
personas. Así, el emisor es el hablante que actualiza su capacidad en un momento determinado y
en una situación dada con la intención de comunicar algo.
Para Lyons el término emisor es ambiguo, ya que fluctúa entre lo que se entiende por
origen o gestación del mensaje (en su sentido técnico) y la transmisión misma. A pesar de ello, no
hay inconveniente en utilizar el término emisor cuando, como sucede comúnmente, la misma
máquina u organismo actúa a la vez como fuente o transmisor o incorpora ambos mecanismos, o
bien cuando no merezca la pena distinguir entre origen y transmisor.
M. Victoria Escandell explica que “con el nombre de emisor se designa a la persona que
produce intencionalmente una expresión lingüística en un momento dado, ya sea oralmente o por
escrito. (...) no se refiere a un mero codificador o a un transmisor mecánico de información, sino a
un sujeto real, con sus conocimientos, creencias y actitudes, capaz de establecer toda una red de
diferentes relaciones con su entorno. (...) Un emisor es el hablante que está haciendo uso de la
palabra en un determinado momento, y lo es sólo cuando emite su mensaje. (...) es evidente que
toda intervención tiene un principio y un final, y que estos dos puntos marcan también el inicio y
el fin de la condición de emisor”.
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3.2. INTENCIÓN.
Es un elemento que se podría integrar dentro del emisor, pero hay que recalcar que
diversos lingüistas están de acuerdo en reconocer que este factor es el criterio fundamental del
comportamiento semiológico. Es una de las características que distingue a la señal (intencional)
del indicio (no intencional). Es un concepto clave tanto en la teoría de Saussure como en la de
Shannon y Weawer o en la de Lyons.
Sperber y Wilson afirman que la comunicación implica exteriorización y reconocimiento de
intenciones. Ambos centran su propuesta lingüística en una crítica al modelo semiótico de la
comunicación, basado en la comunicación verbal de un significado explícito. Señalan que los
enfoques semióticos parten del supuesto de que comunicar, en palabras de Saussure, siempre
equivale a transmitir un significado mediante la utilización de un significante.
“Nosotros creemos que el tipo de comunicación explícita que puede conseguirse mediante
el uso de la lengua no es un caso típico, sino un caso limitado. (...) En muchos, y tal vez en la
mayoría de los casos de comunicación humana, lo que el emisor desea hacer manifiesto es en
parte preciso y en parte impreciso”4 A partir de estos planteamientos dividen la intención en
intención informativa y en intención comunicativa. La intención informativa es aquella en la que
sólo se pretende informar al oyente de algo. La intención comunicativa es la que busca informar al
oyente de nuestra intención informativa. Lo ejemplifican de la siguiente manera: Cuando María le
dice a Pedro “El día de Nochebuena me dolía la garganta”, su intención específica es la de producir
en Pedro la creencia de que en la pasada Nochebuena a ella le dolía la garganta. Supongamos que
Pedro reconoce esta intención, pero no cree a María. Entonces sólo se cumplirá su intención
comunicativa, pero no su intención informativa, ya que María no ha conseguido convencer a
Pedro, pero sí que ha conseguido comunicarle lo que quería.
También M. Victoria Escandell hace referencia al concepto de intención tanto en el emisor
como en el destinatario, señalando que es una nota distintiva que permite diferenciar al emisor
del hablante y al destinatario del oyente. Es una distinción basada en el uso potencial de la
comunicación, ya que hablante y oyente son términos abstractos y emisor y destinatario
concretizan esa abstracción.
4
Sperber D. Y Wilson D., op. cit., pp.73‐78.
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3.3. TRANSMISOR.
La fonación, que aparecía en el esquema comunicativo de Saussure, puede identificarse con
la actividad del transmisor que produce las señales. El transmisor es el elemento que transforma el
mensaje originado en el emisor en señal, la cual es enviada a través de un canal. Por ejemplo, sería
el telegrafista que convierte el mensaje escrito en una serie de puntos y rayas que luego se
transforman en una sucesión de distintos impulsos eléctricos.
Sucede que la fuente y el transmisor, al igual que el receptor y el destino que analizaremos
posteriormente, no sólo forman parte a menudo de la misma máquina u organismo, sino que
pueden estar conectados entre sí por los mismos mecanismos de elaboración de datos. Así ocurre
en la comunicación humana y animal, donde el cerebro interviene tanto en el origen como en la
codificación de los mensajes.
Además, hay que tener en cuenta la complicación adicional de que el emisor puede revisar
la señal en el momento de transmitirla y, con ello, emplear la retroacción, consciente o
inconscientemente, para modificar la señal o incuso el propio mensaje en el curso mismo de la
transmisión.
3.4. MENSAJE.
El mensaje está producido por la fuente o el emisor. Puesto que hemos estudiado que la
fuente o emisor puede ser cualquier realidad natural o artificial, el mensaje responderá al tipo de
fuente que lo emita: una combinación de símbolos, un estado atmosférico, el paso de una persona
o un enunciado.
En la comunicación humana la mayoría de los mensajes son lingüísticos, si bien pueden ir
acompañados de mensajes no verbales. Ya hemos comprobado que los gestos, la mirada, la
posición corporal o las expresiones faciales son mensajes tan pertinentes para la comunicación
como los mensajes lingüísticos. Estos últimos se denominan enunciados cuando se emiten en una
situación comunicativa concreta, es decir, cuando representan actos de comunicación. Cada una
de las intervenciones del emisor puede ser caracterizada como un enunciado, desde una
interjección hasta un discurso. Este término se usa específicamente para hacer referencia a un
mensaje construido según un código lingüístico, mientras que el término mensaje puede designar
cualquier tipo de información transmitida por cualquier tipo de código.
El emisor, según Lyons, posee un número de mensajes potenciales que se codifican gracias
a una señal. El mismo Lyons señala que ciertos tipos de mensajes pueden depender del canal en el
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sentido de que únicamente pueden señalizarse a través de un determinado canal de
comunicación, si bien la mayoría de los mensajes factuales son independientes del canal para su
codificación, es decir, pueden transmitirse por medio de uno entre varios canales alternativos,
simultáneamente o en partes por uno y otro canal.
3.5. SEÑAL.
La señal sirve para codificar el mensaje enviado por el emisor, la cual, a través del
transmisor, llega hasta el receptor, si bien puede llegar alterada debido a las interferencias del
proceso comunicativo o al ruido, por lo que debe distinguirse entre la señal emitida y la señal
recibida. El término señal es muy utilizado en los planteamientos de Shannon y Weawer, y esta
señal está formada por una sustancia física unida a la energía. También Lyons utiliza este concepto
en su elaboración del esquema del proceso de comunicación, tal y como hemos visto
anteriormente. Sperber y Wilson definen la señal como una modificación del entorno exterior que
puede ser producida por uno de los dispositivos y reconocida por otro.
La cantidad de información que contiene una señal es inversamente proporcional a su
probabilidad de aparición: cuanto mayor sea la probabilidad de aparición de una señal, menor es
la información que contiene, de modo que si la aparición de una señal dada resulta totalmente
predecible, entonces no transmite ninguna información de señal. El concepto de información lo
analizaremos un poco más adelante.
3.6. CANAL.
El canal pone en contacto al emisor con el receptor y a través de él se puede transmitir un
mensaje determinado. Este canal puede ser un medio físico natural (el aire, el agua) o artificial (el
papel, un disquete, un cable). Es evidente que la elección de un canal o de otro condicionará la
forma del mensaje, ya que, por ejemplo, la transmisión de un determinado mensaje de forma oral
o de forma escrita está sometida a unas condiciones diversas. También observamos que el canal
audiovisual se ha convertido en el más utilizado en la actualidad, lo que de nuevo condiciona la
forma de los mensajes que se quieran transmitir a través de este determinado canal. Un mensaje
no sólo está condicionado por el canal por el que se emite, ya que su forma dependerá de la
intención del emisor o del código utilizado o de la situación comunicativa concreta en la que se
emita; sin embargo, la elección del canal es determinante para la posterior forma del mensaje.
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Una diferencia esencial entre la comunicación lingüística y la comunicación en general
procede de la naturaleza particular del canal utilizado para la producción y la transmisión de las
señales lingüísticas: las ondas sonoras. Jeanne Martinet se pregunta qué hay que entender por
naturaleza del canal, ya que éste se describe bien en términos físicos (canal térmico, mecánico,
acústico, químico), bien en términos sensoriales (canal visual, auditivo, olfativo, táctil, gustativo).
Un mismo canal puede ser a la vez, por lo tanto, acústico y auditivo.
Considerado el canal desde el punto de vista de la emisión, se observará que existen
limitaciones en el número de las actividades, semiológicas o no, a las que puede dedicarse
simultáneamente un emisor: un órgano no puede hacer más de una sola cosa a la vez (por
ejemplo, no se puede tragar y hablar al mismo tiempo).
Con respecto al canal de comunicación, Lyons afirma que la lengua posee la
transferibilidad de medio. Destaca que “las nociones de medio y canal se hallan, desde luego,
intrínsecamente conectadas entre sí, pues las propiedades del medio derivan de las que tiene
normalmente el canal de transmisión. Es importante, a pesar de todo, distinguir ambas nociones
con referencia a la lengua, ya que tanto la lengua escrita como la hablada pueden transmitirse a
través de una gran variedad de canales. Así, cuando empleamos el término medio, en vez de canal,
no nos referimos a la transmisión real de señales en un momento dado, sino a las diferencias
funcionales y estructurales sistemáticas entre lo típico de la escritura y lo típico del habla oral. Por
muy paradójico que parezca a primera vista, el español escrito puede transmitirse por un canal
vocal‐auditivo (es decir, por medio del habla) y, a su vez, el español hablado puede también
transmitirse por vía escrita (si bien no muy satisfactoriamente, con la ortografía al uso)”
3.7. RECEPTOR.
Dentro del esquema de Saussure, la audición sería la actividad del receptor que recibe las
señales. Si el emisor no puede utilizar al mismo tiempo un órgano para diversas actividades, en
cambio el receptor sí puede recibir informaciones simultáneas por todos los canales sensoriales.
Por lo tanto, el receptor retransforma la señal en la forma inicial para llegar a su destino, al
destinatario. El transmisor codifica el mensaje en señal que descodifica el receptor. Para que haya
comunicación, ambos deben compartir el mismo código.
Según Lyons, convendría disponer de un término diferenciado que incluyese receptor y
destino, de la misma manera que emisor incluye a fuente y transmisor.
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3.8. DESTINATARIO.
El destinatario recibe la señal que ha sido previamente descodificada por el receptor. En el
caso de la comunicación humana, al estar asociados emisor – transmisor y receptor – destinatario,
se suele simplificar en emisor – receptor.
En el caso del emisor, la intención de comunicar es un elemento esencial dentro de un
concepto más restringido de comunicación. En el caso del receptor o destinatario de una
comunicación humana, es un criterio igualmente observable, ya que tiene la posibilidad de
responder o no a la emisión, o de dar una respuesta en lugar de otra. Esta gama de posibilidades
de comunicar, tanto para el emisor como para el receptor, hace posible la comunicación humana y
el traspaso de comunicación.
M. Victoria Escandell señala que “con el nombre de destinatario se designa a la persona (o
personas) a la(s) que el emisor dirige su enunciado y con la(s) que normalmente suele
intercambiar su papel en la comunicación de tipo dialogante. (...) Frente a receptor, la palabra
destinatario sólo se refiere a sujetos, y no a simples mecanismos de descodificación. Por otra
parte, destinatario se opone a oyente en el mismo sentido que emisor contrasta con hablante: un
oyente es todo aquel que tienen la capacidad abstracta de comprender un determinado código
lingüístico; el destinatario es la persona a la que se ha dirigido un mensaje.(...) La intencionalidad
se convierte también en una nota distintiva. (...) El destinatario es siempre el receptor elegido por
el emisor. Pero no sólo eso: además, el mensaje está construido específicamente para él. Este
hecho es de capital importancia, ya que condiciona en gran medida la forma del mensaje”.
3.9 RUIDO.
Por ruido hay que entender todo lo que puede interponerse en la transmisión de un
mensaje y dañar su exacta reproducción, es decir, la recepción de lo que se ha tomado en la
fuente. El término ruido sugiere la transmisión por las ondas sonoras, es decir, según un canal
acústico. Este hecho es normal, pues es una noción elaborada por ingenieros de telecomunicación
(Shannon y Weawer) trabajando en particular sobre el teléfono y la radio. Sin embargo, tal
sugerencia no es exacta, ya que ruido no sólo es una perturbación acústica, sino todo elemento
que dificulte o impida la comunicación. Se ha demostrado que durante la transmisión de
información en las lenguas naturales suelen ocurrir varias interferencias, que pueden ser causadas
por distintos factores y pueden tener diversas características: la pronunciación descuidada del
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hablante, la distracción del oyente, las faltas de ortografía, las interferencias en una llamada
telefónica, etc.
3.10. REDUNDANCIA.
En las lenguas naturales la redundancia es común y corriente. ¿Cuál es la razón de su
existencia, tratándose de un fenómeno a primera vista antieconómico?. La respuesta, otorgada
por la teoría de la información, es que cierto grado de redundancia es indispensable, ya que sirve
para contrarrestar el ruido. Si en las lenguas naturales fuera respetado estrictamente el criterio
económico, y no existiera la redundancia, entonces cualquier interferencia, por más pequeña que
fuese, inutilizaría la información transmitida. Por lo tanto, la redundancia asegura la transmisión
de la información.
Como hemos señalado, la redundancia es una especie de seguro de que el mensaje llegará
correctamente a su destino. Esta redundancia puede ser voluntaria (gestos, repetición de un
determinado mensaje) o inconsciente ( la aparición de la letra “u” después de la letra “q” es
totalmente redundante ya que en español, inglés o italiano no existe otra opción). Además, la
redundancia puede ser necesaria (elevar la voz o decir lo mismo con distintas palabras) o
innecesaria (los gatos callejeros).
La redundancia de una lengua o de un determinado mensaje puede medirse. En general,
mientras mayor es la frecuencia de cierto elemento, mayor es la probabilidad de su aparición y,
por tanto, también su redundancia, al mismo tiempo que es menor su cantidad de información.
Para Lyons, la redundancia de un sistema de señales se mide como la diferencia que hay entre su
máxima capacidad potencial y su capacidad real. Al reducir la redundancia de un sistema de
señales reducimos el coste o el esfuerzo de la transmisión, aunque disminuimos también su
fiabilidad. Un sistema ideal debe codificar suficiente información redundante en las señales con el
fin de que el receptor pueda recuperar cualquier pérdida a consecuencia del ruido. Naturalmente,
en la práctica las condiciones para la transmisión de las señales varían enormemente de una
ocasión a otra, y, por lo tanto, es muy difícil que las lenguas lleguen al ideal de eficacia
señalizadora.
En su Introducción en la lingüística matemática, los lingüistas rumanos Marcus, Nicolau y
Stati distinguen cuantitativamente dos tipos de redundancia: la limitación de las posibilidades de
aparición de una unidad, y la completa predicción de la aparición de una unidad. En el primer caso,
la redundancia es menor y en el segundo, máxima. Su conclusión sobre la eficacia de la
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redundancia es la siguiente: “(...) a medida que crece la cantidad de información, la redundancia
disminuye y, viceversa, cuando la cantidad de información baja, la redundancia aumenta. En la
composición de códigos hay que tener, pues, en cuenta dos requerimientos contrarios: por un
lado, la necesidad de comunicar al máximo, de dar la mayor cantidad posible de información; por
otro, la necesidad de evitar los errores en la transmisión, de permitir su aquilatamiento y de hacer
posible la comunicación aun en las inevitables condiciones perturbadoras que sin duda dificultarán
el proceso comunicativo. Esta segunda necesidad reclama la existencia de una cantidad de
redundancia suficientemente grande. Se comprende, pues, que la redundancia intervenga en la
lengua para intensificar la seguridad de la transmisión. (...) Durante el habla, tenemos la impresión
de que elegimos libremente las palabras y de que decimos lo que nos viene en gana decir. Pero el
análisis de la redundancia nos demuestra que sólo una parte del mensaje resulta de nuestra
elección; el resto lo decimos casi sin querer, obligados por las reglas del código empleado. (Estas
reglas tienen un carácter estadístico, es decir, indican lo que ocurre por término medio, lo que es
más y menos probable)”.
3.11. CÓDIGO.
Dentro de la teoría de la información, el código es el sistema de señales, es decir, su
conjunto y sus relaciones recíprocas, por medio de las cuales se transmiten las informaciones
concretas. La lengua es uno de tales sistemas y, como veremos posteriormente, contiene unas
características determinadas que la convierten en un código diferenciable del resto de códigos
existentes.
Sperber y Wilson definen el código como un sistema que empareja mensajes con señales,
haciendo que dos dispositivos de procesamiento de información (organismos o máquinas) puedan
comunicarse. Un código sencillo, como el código Morse, puede estar constituido por una sencilla
lista de parejas de mensaje y señal. Un código más complejo, como puede ser una lengua, puede
estar constituido por un sistema de símbolos y de reglas que dan origen a dichas parejas. La
comunicación se consigue codificando un mensaje, que no puede viajar, en forma de una señal,
que sí puede hacerlo, y descodificando dicha señal en el terminal de recepción. Evidentemente,
para que la comunicación se produzca, el código debe ser igual en ambos terminales, es decir, el
emisor y el receptor deben compartir el mismo código. Destacan también que el código es la base
de la teoría semiótica de la comunicación, teoría que ellos puntualizan.
19
TEMA 6
3.11.1. CLASIFICACIÓN DE LOS CÓDIGOS.
Existen muy diversos tipos de códigos que han sido clasificados desde puntos de vista
también distintos:
a) Códigos naturales o artificiales. Serán códigos naturales o espontáneos
aquellos no creados: los gritos, los síntomas de una enfermedad. Serán códigos artificiales
aquellos creados o elaborados: la lengua, el código Morse.
b) Dependencia o independencia del contexto: un código será dependiente del
contexto si la aparición de un elemento del mismo está condicionada por los elementos
aparecidos anteriormente (el código del semáforo). Un código será independiente del
contexto si la aparición de uno de sus elementos no está condicionada por ninguno de los
aparecidos previamente (el código de un dado). Los códigos artificiales deben ser
operativos y económicos, siguiendo las leyes de probabilidad de aparición que sustentan la
teoría de la información y que nos ayudan a comprender conceptos como la redundancia.
c) Según su morfología interna:
Códigos simples o sin articulación: aquellos que no se pueden descomponer (el
código del semáforo).
Códigos de primera articulación: las unidades que componen cada signo del código
tienen un significado (señales de tráfico).
Códigos de segunda articulación: las unidades que componen cada signo del código
no tienen un significado (números digitales).
Códigos de doble articulación: las unidades que componen cada signo del código
tienen un significado y, a su vez, están compuestas por unidades sin significado (las
lenguas naturales).
3.11.2. LA LENGUA NATURAL COMO CÓDIGO.
Dentro de todos los códigos propuestos, el que interesa verdaderamente a los lingüistas es
la lengua. Las lenguas naturales son códigos en los que las señales tienen una determinada forma
y transmiten un cierto significado o mensaje. Como códigos, las lenguas naturales admiten una
comparación con otros códigos en todos los aspectos posibles.
Para Lyons, “tal vez la característica más destacada de la lengua en comparación con otros
códigos o sistemas comunicativos sea su flexibilidad y versatilidad. Podemos utilizar la lengua para
desahogar nuestras emociones y sentimientos, para pedir ayuda a los compañeros, para amenazar
20
TEMA 6
y prometer, para dar órdenes, formular preguntas o emitir opiniones. Podemos referirnos al
pasado, al presente o al futuro, a cosas muy remotas del lugar de la enunciación e incluso a cosas
que pueden no existir o que no pueden existir. Ningún otro sistema de comunicación, humano o
no, parece contar con un grado comparable de flexibilidad y versatilidad. Entre las propiedades
más específicas que contribuyen a dar flexibilidad y versatilidad a la lengua se encuentran la
arbitrariedad, la dualidad, la discreción y la productividad. (...)
Arbitrariedad. El caso más evidente de arbitrariedad en la lengua se refiere al vínculo que
hay entre forma y significado, entre la señal y el mensaje. (...) Es evidente que la arbitrariedad, en
este sentido, aumenta la flexibilidad y la versatilidad del sistema comunicativo, habida cuenta que
la extensión del vocabulario no se ve constreñida por la necesidad de emparejar forma y
significado a partir de algún principio más general. (...) La arbitrariedad no se limita, en la lengua, a
la asociación entre forma y significado. También se presenta, y en un grado considerable, en gran
parte de la estructura gramatical, en cuanto a que las lenguas difieren gramaticalmente entre sí.
De otro modo, sería mucho más fácil de lo que es aprender lenguas extranjeras”.
El propio Lyons elabora un análisis más pormenorizado de estos elementos característicos
del código lingüístico en su obra Semántica, en la que explica estas propiedades:
“Dualidad. Lo que Hockett denomina dualidad aparece en la bibliografía también con el
término de doble articulación.(...) Decir que las lenguas tienen la propiedad de la dualidad
equivale simplemente a decir que poseen dos niveles de organización estructural, uno fonológico
y otro gramatical, y que ambos niveles se relacionan porque los segmentos del nivel superior, las
formas, se componen de segmentos del nivel superior, fonemas. (...) La ventaja de la dualidad
reside en el hecho de que permite distinguir una enorme cantidad de formas combinando de
diversos modos un número más bien reducido de elementos de nivel inferior.
Productividad. Tal como vamos a emplear este término, por productividad se entiende
aquella propiedad del sistema lingüístico que permite a los hablantes nativos construir y
comprender una cantidad indefinidamente grande de enunciados, incluidos los que nunca han
considerado previamente.
Discreción. El término discreción se aplica a los elementos de señalización de un sistema
semiótico. Si los elementos son discretos, en el sentido de que difieran entre sí de un modo
absoluto y no admitan gradaciones de más o menos, entonces el sistema también lo es; en caso
contrario, es un sistema continuo. El componente verbal de la lengua es discreto por cuanto dos
21
TEMA 6
formas dadas de palabra, consideradas únicamente desde el punto de vista formal, o bien son la
misma forma o bien son diferentes.
Semanticidad. Acaso parezca un tanto tautológico afirmar que un sistema semiótico posee
semanticidad, o que tiene la propiedad de poder transmitir significado.
Desplazamiento. Es la propiedad de la lengua que nos permite aludir a objetos y eventos
que se encuentran alejados del tiempo y del lugar de la enunciación misma.
Intercambiabilidad. Por intercambiabilidad se entiende el hecho de que todo organismo
dotado para la transmisión de mensajes en el sistema está también dotado para recibir mensajes
en el mismo sistema.
Especialización. (...) Se dice que una señal está altamente especializada si sus consecuencias
físicas directas y su efecto sobre el comportamiento del organismo receptor no están
funcionalmente relacionados entre sí.
Transmisión cultural. Se opone a transmisión genética y se refiere al hecho de que la
capacidad de hablar una determinada lengua pasa de una generación a la siguiente a través de la
enseñanza y el aprendizaje, y no del instinto.
Aprendibilidad. Se trata de la propiedad que permite a todo humano de cualquier raza o
ascendencia aprender durante la infancia cualquier lengua igualmente bien.
Reflexividad. Consiste en la capacidad de la lengua de referirse o de describirse a sí misma.
Prevaricación. Por prevaricación se entiende la posibilidad de emplear un sistema semiótico
para engañar o dar información falsa”.
Hemos seguido el análisis que hace Lyons de las propiedades de la lengua como código, ya
que nos parece el más extenso y el que parte de una concepción más amplia.
Dos de los términos asociados al concepto de código son la codificación y la
descodificación. En relación a la lengua como código también podemos puntualizar algunos
aspectos de estos procedimientos.
En el caso de la lengua, la codificación es el complejo proceso de la transición desde el
contenido (ideas) hacia la forma física (sonidos); tiene lugar en el hablante, que conoce la
información respectiva y, para transmitirla al oyente, tiene que seleccionar las señales –unidades
sonoras‐ del código correspondiente.
La descodificación es el proceso contrario; los teóricos opinan que es mucho más
complicada que la codificación, siendo, por tanto, el papel del oyente más difícil que el del
22
TEMA 6
hablante. Esto es así porque el oyente debe distinguir el significado real de cada una de las
señales, hacer frente a las dificultades de la homonimia, etc.
4. EL CONCEPTO DE INFORMACIÓN.
Aunque ya hemos hecho referencia en repetidas ocasiones a este concepto, es necesario
explicarlo partiendo también de todos los elementos del proceso de comunicación analizados en
el apartado anterior. Si no, su comprensión se vería sesgada.
Como hemos señalado, información y comunicación son dos conceptos que difieren entre
sí hasta tal punto que forman parte de dos teorías distintas, si bien formuladas en su origen por
los mismos científicos: Shannon y Weawer. Según hemos visto, la teoría de la comunicación
estudia la parte formal de la trasmisión de las informaciones, sin tener en cuenta el sentido de las
mismas. Por lo tanto, es un estudio técnico y su esquema general se puede aplicar a cualquier tipo
de transmisión de información. La teoría de la información se ocupa de la información misma, por
lo que es la teoría más interesante para los lingüistas. Dentro de esta teoría, Shannon y Weawer
desarrollaron diversos conceptos que tuvieron y tienen una gran importancia para comprender el
proceso de la comunicación. Hemos analizado qué es el ruido o qué es la redundancia; también
hemos explicado en qué consisten la codificación y la descodificación a partir de un código como la
lengua. Sin embargo, hemos dejado de lado al hablar de los elementos del proceso comunicativo
dos conceptos claves en la teoría de la información, y lo hemos hecho porque resultan demasiado
técnicos y no aparecen en los diversos manuales como elementos básicos de este proceso en
términos generales. Estos dos conceptos son el de entropía y el de bit. A ellos están asociados
otros conceptos como los de frecuencia, probabilidad de aparición y cantidad de información.
Vamos a analizar estos elementos de una forma relacionada.
La teoría de la información realizó una aportación fundamental al señalar que la cantidad
de la información podía medirse. A partir de esta premisa, el término entropía designa la cantidad
de información contenida en una señal o signo comunicativo. La entropía o cantidad de
información correspondiente a un signo comunicativo es mayor en la medida en que dicho signo o
elemento sea menos previsible. Así, se acuña el vocablo previsibilidad para designar el grado de
probabilidad con el que el oyente es capaz de suponer la parte siguiente del enunciado. Cuanto
mayor sea la probabilidad de aparición de un elemento, menor será su información. A partir de
23
TEMA 6
esta teoría se han realizado distintos análisis de la frecuencia de aparición de los elementos
lingüísticos partiendo de formulaciones matemáticas. Con la medición de la información está
asociado otro concepto matemático, el bit. Bit es el elemento mínimo de información, sirve para
medirla, basándose en la oposición binaria sí – no. Como podemos imaginar, es un elemento de
gran importancia para teorías lingüísticas como la de las oposiciones binarias dentro del
estructuralismo.
Lo que interesa especialmente a los lingüistas es la aplicación del concepto de entropía al
sistema de la lengua. Por un lado, la entropía se relaciona en gran medida con la redundancia:
siendo grande la redundancia de un texto, su entropía será pequeña. Es decir, mientras mayor es
la frecuencia de aparición de un elemento, mayor será su previsibilidad, menor será su entropía y
mayor será su redundancia. Sin embargo, ya hemos comprobado que en las lenguas naturales las
necesidades comunicativas determinan la introducción de restricciones que aumenten de una
manera creciente la redundancia de la lengua respectiva y que, en consecuencia, disminuyan la
entropía.
La entropía se puede aplicar a las distintas disciplinas lingüísticas: fonética, morfología,
sintaxis, semántica, etc. De hecho, en un trabajo sobre la entropía del inglés, Shannon propone un
método para evaluar la entropía de las letras. También se puede medir la entropía de las palabras.
En el caso de los textos poéticos, la entropía se aplica con mayor dificultad.
El concepto de información se encuentra igualmente en los trabajos de Lyons. Lo
contrapone en cierta medida al concepto de comunicación, ya que afirma que “una señal es
comunicativa cuando el emisor desea hacer consciente al receptor de algo que éste desconocía
antes. Si una señal es o no es comunicativa depende, entonces, de si el emisor dispone de la
posibilidad de elegirla o seleccionarla. (...) Comunicativo significa significativo para el emisor. (...)
Una señal es informativa si (prescindiendo de la intención del emisor) hace que el receptor se
entere de algo que antes ignoraba. Por consiguiente, informativo significa significativo para el
receptor”.14 El mismo Lyons se dedica en apartados posteriores a desentrañar la teoría de la
información de Shannon y Weawer y llega a la conclusión de que la cantidad de información es
inversamente proporcional a la probabilidad de aparición, y que una cierta redundancia no sólo es
inevitable, sino también deseable. Lyons señala que la probabilidad de aparición, concepto
fundamental dentro de la teoría de la información, puede ser posicional y contextual. “Por
frecuencia posicional de aparición se entiende la frecuencia relativa con que aparece una
determinada letra en un determinado lugar en la estructura de una forma de palabra: posición
24
TEMA 6
inicial, final u otras. Por ejemplo, “m” tiene, en castellano, una elevada probabilidad de aparición
en posición inicial de palabra, pero muy baja en posición final. Por frecuencia contextual de
aparición se entiende la frecuencia relativa con que aparece una letra dada en relación con una o
más letras diferentes. (...) Así, por ejemplo, la probabilidad transicional de aparición de “r” den el
contexto de una “t” inmediatamente anterior es relativamente alta, pero en el contexto de una
“s” también anterior (dentro de una misma forma de palabra) es muy baja. Aplicando el principio
general de que la cantidad de información de una señal es inversamente proporcional a su
probabilidad estadística, podemos calcular la cantidad de información de señal de cualquier letra
en posiciones estructurales y contextos particulares”.
Sperber y Wilson aluden al concepto de información en numerosas ocasiones. Distinguen, como
hemos comprobado, entre intención comunicativa e intención informativa, para poder llegar a su
definición de comunicación ostensivo – inferencial.
Vemos que el concepto de información puede revestir aspectos diversos según las teorías
analizadas. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que todas parten de una comparación entre
comunicación e información, por lo que ambos términos deben considerarse la base del proceso
de comunicación.
5. LA SITUACIÓN COMUNICATIVA.
Aunque es uno de los elementos del proceso de comunicación, merece un epígrafe aparte
dada su relevancia. Bloomfield, denominándolo practical events, lo dejaba al margen de la
lingüística, que sólo se ocuparía del acto de habla en sí mismo (speech) y no del sentido. Sin
embargo, el contexto o situación comunicativa es uno de los conceptos que más ha influido en el
desarrollo de disciplinas lingüísticas como la pragmática, por lo que su importancia esta fuera de
dudas.
Para el lingüista es fácil distinguir lo lingüístico de lo no lingüístico, pero para el semiólogo
no lo es tanto, pues existen muchos tipos de comportamientos semiológicos que no son
lingüísticos (gestos). A partir del momento en que la situación deja al emisor la opción de utilizar
un sistema o un código en vez de otro, el uso de ese sistema o código se convierte en un hecho
que puede ser significativo semiológicamente. Vemos que, entre los sentidos que puede admitir
una señal, el receptor escoge aquel que se ve favorecido por las circunstancias o contexto, el cual
25
TEMA 6
concierne tanto al emisor como al receptor. Además, los participantes en el proceso de
comunicación tendrán siempre algún conocimiento u opinión acerca de su respectivo interlocutor
en el curso de la interacción comunicativa, lo que se sitúa dentro del contexto.
En primer lugar vamos a analizar qué aspectos intervienen dentro de la situación
comunicativa o contexto situacional. Más tarde veremos las diversas acepciones del término
contexto para los lingüistas. Finalizaremos haciendo una breve referencia a tres teorías que se
engloban dentro de la situación comunicativa y que forman parte de la pragmática: la teoría de las
funciones del lenguaje en la formulación de Roman Jakobson, la teoría de los actos de habla de
Searle y la teoría de las implicaturas de Grice.
5.1. ELEMENTOS DE LA SITUACIÓN COMUNICATIVA.
La situación comunicativa suele definirse como la situación espacio‐temporal en la que se
realiza la enunciación. Si bien las coordenadas de lugar y tiempo son dos factores determinantes,
existen otros elementos dentro de la situación comunicativa que influyen igualmente en los actos
de comunicación
Vamos a seguir en este apartado el estudio que Lyons realiza del contexto de enunciación.
El lingüista admite que es indiscutiblemente importante que las lenguas proporcionen, cuando
conviene, los medios adecuados para explicitar la referencia al tiempo y al lugar de enunciación,
así como la referencia a aquellos eventos que se hallan fuera del tiempo y del espacio de la
situación real de enunciación (en este caso se utilizarán como elementos primordiales los
deícticos). Sin embargo, existen otros componentes de la situación real de enunciación: la
apariencia, el porte y la actitud de los diversos participantes o interlocutores; la actividad
precedente, concomitante y subsiguiente; otros eventos que tengan lugar alrededor, y así
sucesivamente. No todos los componentes observables son pertinentes lingüísticamente.
Hay que poner de relieve que el contexto es un constructo teórico en el que el lingüista
abstrae de la situación real todos los factores que, en virtud de su influencia sobre los
participantes en el acto de enunciación, determinan la forma, la adecuación o el significado de los
enunciados. Un modo de abordar el análisis de estos factores es preguntarse cuántos tipos de
conocimiento debe poseer un hablante a fin de producir y entender los enunciados
contextualmente apropiados y comprensibles de la misma. Hymes introdujo el concepto de
competencia comunicativa para referirse al conocimiento y a la capacidad de una persona para
utilizar todos los sistemas semióticos a su disposición como miembro de una comunidad
26
TEMA 6
sociocultural dada. La competencia lingüística sería solamente una parte de la competencia
comunicativa. Los elementos que Lyons propone como determinantes y lingüísticamente
pertinentes son los siguientes:
a) Los participantes o interlocutores deben saber dónde se encuentran en el espacio y
en el tiempo. El hablante de una lengua debe controlar y estar capacitado para poner en
correlación al menos dos sistemas distintos de referencia espacio‐temporal: el sistema
deíctico y un sistema específicamente cultural para la referencia al tiempo y al lugar,
lexicalizado en la lengua que se habla. (por ejemplo, cuándo decir ¡Feliz Navidad!). Tanto el
hablante como el receptor o destinatario suelen encontrarse en la misma localización
espaciotemporal. Los problemas de referencia espaciotemporal se plantean cuando los
participantes están separados en el espacio y en el tiempo.
b) Cada uno de los participantes debe conocer su oficio social y su estado social, es
decir, la relación entre el emisor y el receptor es pertinente lingüísticamente. En el caso de
los oficios sociales, resulta obvio que son específicamente culturales y están
institucionalizados en una sociedad, por lo que se ven reconocidos por sus miembros. El
efecto más evidente del oficio social reside en que determina ciertos términos apelativos
:“Señor”, “Doctor”, “Señoría”. Por estado social se entiende la situación social relativa de
los participantes. En muchas situaciones el estado se convierte en un importante factor
para determinar quién debe iniciar la conversación. Los participantes pueden no estar de
acuerdo con sus estados relativos, y las sociedades varían considerablemente en el grado
de reconocimiento explícito del estado. Una vez más, el correlato lingüístico se encuentra
en el uso de determinados términos apelativos y pronombres personales (tú – usted). Así
lo apoyan y confirman fenómenos paralingüísticos tales como los movimientos oculares,
los ademanes, la postura y el contacto o la proximidad físicas. El sexo y la edad también
determinan el estado social o, al menos, interactúan con él. Consecuencias lingüísticas: los
términos apelativos difiere según la edad de los interlocutores, el sexo determina la forma
de ciertos adjetivos, etc.
c) Los participantes deben ser capaces de categorizar la situación en cuanto a su grado
de formalidad. En todas las lenguas resulta claro que determinados enunciados resultarían
fonológica, gramatical y léxicamente pomposos si se utilizaran en ciertas situaciones
informales o íntimas y, a la inversa, existen enunciados apropiados para situaciones
informales que, a su vez, se considerarían demasiado coloquiales para las situaciones
27
TEMA 6
solemnes. El cambio de código no se limita a comunidades lingüísticas donde se empleen
con regularidad dos o más dialectos (o lenguas) reconocidamente distintos. No hay una
diferencia cualitativa o funcional entre la diglosia y el comportamiento lingüístico de los
llamados monolingües, que cambian de un estilo al otro en condiciones similares.
d) Los hablantes deben saber qué medio es apropiado a la situación. Hay diferencias de
gramática y vocabulario dependientes del medio que ejercen una influencia sobre la
adecuación situacional de determinados enunciados. En este caso se puede resaltar que el
medio gráfico o escrito está comúnmente asociado a situaciones más formales, mientras
que el medio fónico se reserva para las más coloquiales.
e) Los participantes deben saber cómo adecuar sus enunciaciones a su contenido. Así, la
elección de un determinado vocabulario resulta determinada por el contenido temático, al
mismo tiempo que el destinatario interpreta determinados lexemas de una manera en vez
de otra en virtud del contenido temático del enunciado. Por otro lado, el contenido
temático se enlaza también con la función expresiva de la lengua, ya que el hablante
realiza una selección de elementos que adecuen el enunciado a su actitud o su interés
emocional hacia lo que está diciendo. Aunque la actitud del hablante en cuanto al
contenido temático puede estar influida por otros factores situacionales, como el grado de
formalismo y las relaciones interpersonales que hay entre él y el receptor, esta selección
debe tenerse en cuenta.
f) Los participantes deben saber cómo adecuar sus enunciaciones a la especialidad o al
dominio al que pertenece la situación. Entraríamos dentro de los denominados registros
Además de estos elementos seleccionados por Lyons, se puede añadir que tanto emisor
como receptor comparten unos conocimientos mutuos que interactúan en la situación de
comunicación. Estos conocimientos se refieren tanto al código lingüístico compartido como a los
contenidos implícitos, que más adelante desarrollaremos, o los conocimientos culturales
presupuestos. Tanto emisor como receptor deben ser consientes de estos conocimientos mutuos,
al mismo tiempo que, para llegar a establecer un acto de comunicación, el receptor debe conocer
la intención comunicativa del emisor, la cual se aprecia en cada uno de los apartados descritos
previamente.
28
TEMA 6
5.2. EL TÉRMINO CONTEXTO.
Además de aplicarse como variante de situación comunicativa, se entiende por contexto,
en lingüística, el conjunto de conocimientos y creencias compartidos por los interlocutores de un
intercambio verbal y que son pertinentes para producir e interpretar sus enunciados. Se suelen
deslindar tres tipos de contexto:
a) Contexto lingüístico: está formado por el material lingüístico que precede y sigue a un
enunciado, y a menudo es denominado contexto.
b) Contexto situacional: es el conjunto de datos accesibles a los participantes de una
conversación que se encuentran en el contorno físico inmediato.
c) Contexto sociocultural: es la configuración de datos que proceden de condicionamientos
sociales y culturales sobre el comportamiento verbal y su adecuación a diferentes
circunstancias.
M. Victoria Escandell señala que Coseriu habla de contexto extraverbal para referirse al
conjunto de circunstancias no lingüísticas que se perciben directamente o que son conocidas por
el hablante, es decir, a todo aquello que, física o culturalmente, rodea al acto de enunciación.
Entre otros factores, Coseriu distingue los siguientes:
a) Contexto físico: las cosas que están a la vista o a las que un signo se adhiere.
b) Contexto empírico: los estados de cosas objetivos que se conocen por quienes hablan en
un lugar y en un momento determinados, aunque no estén a la vista.
c) Contexto natural: totalidad de contextos empíricos posibles.
d) Contexto práctico u ocasional: la particular coyuntura objetiva o subjetiva en que ocurre el
discurso.
e) Contexto histórico: las circunstancias históricas conocidas por los hablantes.
f) Contexto cultural: la tradición cultural de una comunidad.
Sperber y Wilson utilizan el término contexto en numerosas ocasiones dentro de los
planteamientos de su Teoría de la Relevancia. Hablan, por ejemplo, de efectos contextuales,
definidos como aquellos que se producen como resultado de la interacción entre la información
nueva y la información vieja. En relación a la definición de contexto, desechan la hipótesis de que
en un determinado momento hay un solo contexto disponible para el individuo, el cual está
determinado de forma previa, antes del proceso de comprensión. Por el contrario, sugieren que
29
TEMA 6
“la elección de un contexto para los procesos inferenciales en general y para la comprensión en
particular está parcialmente determinada, en un momento dado cualquiera, por los contenidos de
la memoria del mecanismo deductivo y por la información que puede extraerse de forma
inmediata del entorno físico. Estos factores no determinan un contexto único, sino una gama de
contextos posibles. ¿Qué determina la selección de un contexto particular dentro de esa gama?
Nuestra respuesta es que la selección de un contexto concreto está determinada por la búsqueda
de la relevancia. (...) Los seres humanos no se dedican simplemente a evaluar la relevancia de la
información nueva: intentan procesar la información de la forma más productiva posible, es decir,
intentan obtener de cada nuevo elemento de información un efecto contextual tan amplio como
sea posible, con un esfuerzo de procesamiento lo más pequeño posible. (...) En la comprensión
verbal en particular, es la relevancia lo que se trata como algo dado de antemano y el contexto lo
que se trata como una variable”.
5.3. PRAGMÁTICA COMUNICATIVA.
5.3.1. EL CONCEPTO DE PRAGMÁTICA.
En sus primeros trabajos, Morris definía la pragmática como el estudio de la relación de los
signos con los intérpretes, por comparación a la semántica, que son las relaciones de los signos
con los objetos a los que se aplican, y a la sintaxis, que son las relaciones formales entre los
mismos signos.
El significado pragmático enlaza el significado gramatical con el emisor, el destinatario y la
situación en que tiene lugar el intercambio comunicativo. M.V. Escandell define la pragmática
como “el estudio de los principios que regulan el uso del lenguaje en la comunicación, entendido
como el estudio de todos aquellos aspectos del significado que, por depender de factores
extralingüísticos, quedan fuera del ámbito de la teoría semántica (es decir, de los significados
convencionales) (...) la pragmática no es un nivel estructural, sino una perspectiva de análisis, un
punto de vista, una manera de acercarse al estudio de cualquier fenómeno lingüístico (...) la
pragmática se aproxima a los hechos lingüísticos con unos instrumentos de análisis que le
permiten tomar en consideración no sólo los elementos lingüísticos, sino sobre todo los elementos
de la situación que contribuyen de manera decisiva a la elección de las secuencias y su
interpretación”.
30
TEMA 6
En definitiva, la pragmática nos permite estudiar el proceso de la comunicación no sólo a
partir de disciplinas tan arraigadas como la sintaxis, morfología o incluso la semántica, sino que
también nos ayuda a incluir elementos que dependen de los factores extralingüísticos, del
contexto y de la situación comunicativa en la que se engloban todos los enunciados.
5.3.2. LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE.
En este subapartado vamos a centrarnos en la teoría más extendida de las funciones del
lenguaje: la formulada por Roman Jakobson en su libro Ensayos de lingüística general 20. En él,
Jakobson explica las distintas funciones del lenguaje a partir de los diferentes elementos básicos
del proceso de comunicación, destacando que la estructura verbal de un mensaje depende,
primariamente, de la función predominante. Explica que el modelo tradicional del lenguaje
formulado por Bühler se limitaba a las funciones emotiva, conativa y referencial. Sin embargo,
Jakobson amplía este estudio con otras tres funciones.
a) La función referencial se ordena hacia el contexto. Es denominada también denotativa o
cognoscitiva. Sus mensajes son objetivos y están dirigidos a informar. Sin embargo, si
analizamos la lengua desde el punto de vista de la información que transporta, no
podemos restringir la noción de información al aspecto cognoscitivo del lenguaje.
b) La llamada función emotiva o expresiva, centrada en el destinador, apunta a una expresión
directa de la actitud del hablante ante aquello de lo que está hablando. El estrato
puramente emotivo lo presentan en el lenguaje las interjecciones. Difieren del lenguaje
referencial tanto por su sistema fónico (secuencias fónicas peculiares o incluso sonidos
inhabituales en otros contextos) como por su función sintáctica (no son componentes sino
más bien equivalentes de oraciones).
c) La orientación hacia el destinatario, la función conativa, halla su más pura expresión
gramatical en el vocativo y el imperativo, que tanto sintácticamente como
morfológicamente, y a menudo incluso fonéticamente, se apartan de las demás categorías
nominales y verbales.
d) La función fática, orientada hacia el canal, se encuentra en mensajes que sirven sobre todo
para esclarecer, prolongar o interrumpir la comunicación, para cerciorarse de que el canal
de comunicación funciona, para llamar la atención del interlocutor o confirmar si su
atención se mantiene.
31
TEMA 6
e) La función metalingüística está dirigida al código, ya que habla del lenguaje mismo.
Cotidianamente practicamos el metalenguaje sin percatarnos del carácter metalingüístico
de nuestras operaciones. Cuando el destinador y/o el destinatario quieren confirmar que
están usando el mismo código, se realiza una función metalingüística.
f) La orientación hacia el mensaje como tal, el mensaje por el mensaje, es la función poética
del lenguaje. Cualquier tentativa de reducir la esfera de la función poética a la poesía o de
confinar la poesía a la función poética sería una tremenda simplificación engañosa. La
función poética no es la única función del arte verbal, sino sólo su función dominante,
determinante, mientras que en todas las demás actividades verbales actúa como
constitutivo subsidiario, accesorio. La función poética proyecta el principio de la
equivalencia del eje de selección al eje de combinación. La equivalencia pasa a ser un
recurso constitutivo de la secuencia, ya que todos los elementos del mensaje están
relacionados en base a este principio. Jakobson analiza pormenorizadamente esta
equivalencia poética en los acentos.
5.3.3. LOS ACTOS DE HABLA.
En realidad esta teoría no fue formulada por Searle partiendo de nada. El filósofo del
lenguaje J. L. Austin planteó unas hipótesis que basaron los análisis de Searle. Austin destacó que
no es suficiente con caracterizar un enunciado diciendo si es verdadero falso, sino que hay que
valorar también su grado de adecuación a las circunstancias en que se emite. Afirmó igualmente
que la descripción de estados de cosas existentes en el mundo y la transmisión de información no
son las únicas funciones del lenguaje. A partir de esta afirmación, va construyendo la teoría de los
enunciados realizativos (performative utterances), opuestos a los enunciados constatativos, que sí
describen estados de cosas y que, por lo tanto, sí pueden evaluarse en términos de verdad o
falsedad. Los enunciados realizativos están ligados a la ejecución de ciertos tipos de actos
convencionales o ritualizados, y sólo pueden considerarse adecuados o inadecuados, no
verdaderos o falsos. Sin embargo, la distinción entre enunciados realizativos y constatativos no es
tan sencilla, ya que parece que existe un cierto deslizamiento de todos los enunciados hacia el
terreno de los realizativos. Ello es debido al carácter de acción que, según Austin, poseen todos los
enunciados. Partiendo de este supuesto elabora su tricotomía entre locutivo / ilocutivo /
perlocutivo.
32
TEMA 6
a) El acto locutivo es el que realizamos por el mero hecho de decir algo. El acto locutivo posee
significado.
b) El acto ilocutivo es el que se realiza al decir algo. Para saber cuál es el acto ilocutivo
realizado en cada momento hay que determinar de qué manera estamos usando el
enunciado. El acto ilocutivo posee fuerza.
c) El acto perlocutivo es el que se realiza por haber dicho algo, y se refiere a los efectos
producidos. El acto perlocutivo logra efectos.
Searle, partiendo de las propuestas efectuadas por Austin, se basa en el principio de que
hablar una lengua es tomar parte en una forma de conducta gobernada por reglas. Identifica
acción y lenguaje, pero añade que toda la actividad lingüística es convencional y está sometida a
una serie de reglas. El acto de habla es la unidad mínima de la comunicación lingüística. Searle
realiza una serie de correspondencias entre los tipos de enunciados y los actos lingüísticos
correspondientes, destacando que cualquiera de esas formas de enunciado puede llevar a cabo
distintos matices. Así, una forma lingüística interrogativa conllevaría el acto lingüístico de
preguntar, por lo que habría una identificación entre forma lingüística y fuerza ilocutiva.
Searle distingue entre los tres tipos de actos de habla de los que partía Austin: acto de
emisión, acto proposicional y acto ilocutivo. Este acto ilocutivo depende de factores como la
entonación, el énfasis prosódico, el orden de palabras o los predicados realizativos. Por lo tanto, el
mismo contenido proposicional puede utilizarse con diferentes fuerzas ilocutivas, con diferentes
finalidades o propósitos comunicativos, con diferentes usos de los actos de habla. Cuando la
ilocución se manifiesta directamente sobre el significado literal de la construcción gramatical, nos
hallamos ante un acto de habla directo (cuando, por ejemplo, utilizamos un enunciado
interrogativo para preguntar). Los actos ilocutivos indirectos tienen un significado diferente al
literal, por lo que no mantienen una relación entre la forma gramatical y la fuerza ilocutiva
(cuando, por ejemplo, utilizamos un enunciado asertivo para preguntar). En los actos ilocutivos
indirectos el destinatario entiende que el emisor quiere decir algo distinto de lo que está diciendo,
por lo que su explicación la hallaremos en la situación comunicativa. Además, existe un tipo de
acto de habla indirecto institucionalizado que no necesita interpretación: si alguien pregunta
“¿Puedes apagar la luz?”, la respuesta del oyente no será solamente afirmativa o negativa.
Así pues, contamos con tres actos de habla: el acto locutivo está caracterizado por el
significado, el acto ilocutivo contiene significado y fuerza ilocutiva, y el acto perlocutivo provoca
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efectos. A diferencia de los actos ilocutivos, los actos de habla perlocutivos no pueden ser
planificados. Pueden no lograr el efecto deseado o producir efectos no deseados. Son, en cierta
medida, involuntarios, de ahí que su clasificación resulte complicada: un enunciado como “Me
duele la cabeza” puede provocar distintos efectos: que alguien se levante y traiga una aspirina,
que alguien se limite a escuchar y no haga nada, etc.
5.3.4. LAS IMPLICATURAS.
H. P. Grice, dentro de un planteamiento puramente pragmático, se centra en el estudio de
los principios que regulan la interpretación de los enunciados. Propone un análisis del tipo
particular de lógica que actúa en la conversación., investigando las condiciones generales que se
aplican en la conversación, al margen de cuál pueda ser su tema.
Explica el término implicatura señalando que lo que una persona cualquiera ha dicho se
halla íntimamente relacionado con el significado convencional de las palabras (de la oración) que
ha proferido. En algunos casos, el significado convencional de las palabras usadas determinará qué
es lo que se implicó, además de ayudarnos a identificar lo que se dijo. Por lo tanto, se debe
establecer una distinción entre lo que se dice (contenido proposicional del enunciado) y lo que se
comunica (implicatura). Algunas implicaturas son convencionales y otras son no convencionales o
conversacionales, ya que se hallan vinculadas a ciertos rasgos generales del discurso. Estas últimas
se dividen a su vez en implicaturas conversacionales particularizadas (su existencia depende
exclusivamente del contexto) e implicaturas conversacionales generalizadas (tienen lugar
independientemente de cuál sea el contexto en el que se emitan).
Implicatura convencional: Si se dice “Es un latino; luego es muy temperamental”, el emisor
se compromete, en virtud del significado de sus palabras, con la idea de que él (la persona en
cuestión) sea muy temperamental es una consecuencia de que sea latino. En este caso la
implicatura depende del significado léxico de “luego”, y no de factores contextuales o
situacionales.
Implicatura conversacional particularizada: A y B están hablando acerca de un amigo
común, C, que está ahora trabajando en un banco. A le pregunta a B cómo le va a C en su
empleo y B le responde: “¡Muy bien! Se siente a gusto con sus compañeros y, además, no le
han metido todavía en la cárcel”. La implicatura dependerá del contexto: que C es el tipo de
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persona proclive a sucumbir a las tentaciones derivadas del empleo que tiene, que los
compañeros de C son gente muy desagradable y traicionera, etc.
Implicatura conversacional generalizada. Si alguien dice: “Juan va a cenar con una mujer”,
la implicatura que se obtiene es que Juan va a cenar con una mujer que no es su esposa, ni su hija,
ni su madre, etc. Es una implicatura que no depende del contexto de emisión.
Su estudio se dirige a explicar cuáles son los rasgos generales del discurso que dan lugar a
las implicaturas.
Cabría formular un principio general aproximado que las partes implicadas observarán:
Haga usted su contribución a la conversación tal y como lo exige, en el estadio en que tenga lugar,
el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga. Este principio es bautizado por
Grice como Principio Cooperativo, que exige el cumplimiento de ciertas máximas más específicas:
a) Máximas de Cantidad: Haga usted que su contribución sea tan informativa como sea
necesario y No haga usted que su contribución resulte más informativa de lo necesario.
b) Máximas de Cualidad: No diga usted lo que crea que es falso y No diga usted aquello de lo
cual carezca de pruebas adecuadas.
c) Máxima de Relación: Vaya usted al grano.
d) Máximas de Modo: Evite usted ser oscuro al expresarse. Evite usted ser ambiguo al
expresarse. Sea usted escueto y Proceda usted con orden.
Las máximas conversacionales, así como las implicaturas relacionadas con éstas, guardan
un vínculo especial con los objetivos particulares a cuyo servicio se adapta la conversación y con
vistas a los cuales primariamente se emplea. La conversación es una variedad o caso especial de la
conducta guiada por propósitos, reflejados en este caso por el Principio Cooperativo y las
máximas. Es cierto que una persona que participe en una conversación puede dejar de cumplir
una máxima de varias formas (ambigüedad, ironía, tropos literarios, etc.). Esta situación es la que
da característicamente lugar a una implicatura conversacional, cuya presencia ha de poderse
inferir a través de, por ejemplo, la información contextual, para garantizar la comunicación,
siempre partiendo de la base de un Principio Cooperativo entre los interlocutores.
Hemos analizado las propuestas más relevantes de algunas de las teorías pragmáticas más
influyentes. Llegados a este punto podemos preguntarnos cómo se conjugan todas estas teorías
en un acto de comunicación. Salvador Gutiérrez ha planteado el significado de un acto
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comunicativo como la suma de diferentes elementos, los cuales otorgarían sentido a una emisión.
De tal manera, el sentido resultaría de la unión de todos los elementos que aportan información
dentro de un mensaje producido por un actor determinado y en circunstancias concretas. No es
una entidad de carácter lingüístico, sino pragmático. Se unirían las siguientes dimensiones:
a) La significación lingüística. El significado lingüístico resultaría de aplicar las reglas del
código de una lengua.
b) El significado referencial. Es el significado aportado por las circunstancias de la emisión y es
único para cada enunciado.
c) La fuerza ilocutiva. Se trata de la intencionalidad que el emisor incorpora a su mensaje y
que puede que corresponda a las modalidades más habituales (aserción, mandato,
protesta, consejo, etc.) o no, pues no siempre aparecen elementos explícitos que nos lo
indiquen ( el tono o los gestos pueden mostrar una fuerza ilocutiva que no tiene por qué
tener una manifestación lingüística).
d) Los presupuestos y los sobreentendidos. Son los conocimientos previos que el emisor
supone que el destinatario ya conoce. Los presupuestos son contenidos que están
presentados de forma indirecta dentro del marco del enunciado, y los sobreentendidos son
contenidos que deduce el destinatario a partir de las circunstancias concretas del discurso
sin que el emisor los haya dicho. El presupuesto se origina en el plano del significado del
enunciado y el sobreentendido en el plano de la enunciación, del contexto real donde se
lleva a cabo esa enunciación.
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7. BIBLIOGRAFÍA.
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