ACOMPAÑAR EL LLANTO INFANTIL CON AMOR Y
RESPETO
Alfredo Hoyelos- doc catalán, Traducción Aránzazu
Abión
Hay muchos tipos de lágrimas.
Las que son grandes; como de cocodrilo.
Otras son pequeñas, casi invisibles.
Hay lágrimas tristes y lágrimas alegres.
Lágrimas que pican como si fueran zumo de limón o suaves,
como si fueran caramelos.
Pero todas son saladas, como si tuviéramos un pequeño mar
adentro.
Las lágrimas se lloran en silencio o a gritos por dentro, pero
todo el mundo las llora a veces.
De esta manera comienza un cuento escrito por Pere Ginard.
Este álbum ilustrado, también por este autor, nos sitúa muy
bien en el tema que quiero abordar y que tiene que ver, entre
otras cuestiones, con el hecho de reconocer la necesidad de
alfabetizarnos en la gramática o en el lenguaje de las
lágrimas, en este caso, los niños y niñas para aprender a
acompañar el llanto infantil de manera profesional.
Me pregunto por qué, durante más de veinte años que llevo
trabajando en educación infantil, no he hecho fotos de niños y
niñas llorando. He descubierto, con esfuerzo, que el llanto de
los niños y niñas me enfrenta -como si se tratara de un espejo-
a mi relación emocional con mis propias lágrimas, con la
historia particular de mi propio llanto. También tiene que ver
con el reconocimiento de las capacidades y competencias
infantiles, también cuando los niños y niñas lloran.
AMOR Y EDUCACIÓN. X JORNADAS DE
INNOVACIÓN EN LA ETAPA DE EDUCACIÓN
INFANTIL
En este sentido, reflexionar sobre este tema me está ayudando,
desde un calidoscopio cultural [Link] varios los estudios
que van desde la psicología, a la pediatría, la antropología, el
arte, la fisiología, la neurología, la sociología y la filosofía.
Estas reflexiones transdisciplinarias nos pueden hacer
entender el sentido del llanto en la infancia (y nuestro propio)
y la forma de acompañarlo profesionalmente.
Con ayuda de estos estudios varias son las preguntas que me
asaltan: ¿Cuál es el significado del lenguaje de las lágrimas
infantiles? ¿Qué sentido tienen las lágrimas en la evolución
humana? ¿Cómo se interpretan las lágrimas en las diversas
culturas a lo largo de la historia? ¿Cómo se explica que
hombres y mujeres, niñas y niños sean únicos en su manera de
llorar? ¿Por qué unos niños o niñas lloran con tanta facilidad
y otros no? ¿Cómo acompañar adecuadamente el llanto?
¿Qué nos dicen las lágrimas de nuestra naturaleza humana?
¿Por qué lloramos? ¿Para qué lloran los niños y niñas? ¿Por
qué y cómo dejan de llorar los niños y niñas? ¿Qué expresan
y comunican las Ilàgrimes? ¿Cómo es nuestra relación
emocional con el llanto?
Muchas preguntas y pocas respuestas.
De cualquier manera, creo que es importante no olvidar
algunas premisas que, como actitud ética, debemos tener en
cuenta a la hora de realizar este trabajo con los niños y niñas.
Son aspectos conocidos, pero que en un tema como éste
conviene recordar y practicar particularmente, aunque sea de
forma telegráfica:
• Los niños y niñas tienen potencialidades y plasticidad para
el aprendizaje, también en experiencias cognitivas y
emocionales que tienen ver con el llanto.
• Los niños y niñas son originales e incomparables. Sobre
todo es importante resaltar este aspecto a algunas familias
cuando comentan, por ejemplo, «sólo llora el mio/a».
• La escuela debe tener, en lo máximo que sea posible, un
ambiente relajado de confianza y seguridad.
• Hay que evitar siempre cualquier cosa establecida: el
clásico ya verás como llora.
• El llanto siempre tiene razones. Nunca es un capricho ni
manipulación. Personalmente, no me gusta el conductismo.
• Las lágrimas son una forma de expresión que debemos
reconocer, también, en sus «cien lenguajes».
El llanto, de este modo, surge como necesidad y en la escuela
tiene que encontrar la forma de transitar, siempre, como
derecho. Desde esta condición, estos son algunos aspectos
que, en la práctica, estamos probando en algunas escuelas
infantiles. Son pautas que estamos reflexionando y revisando
-en grupo- en varias reuniones pedagógicas:
• No hay que cortar el llanto en ningún concepto. Es el niño o
la niña la que debe encontrar su iniciativa para buscar y
encontrar su forma de consuelo.
• Nuestra función, en cambio, es acompañar el llanto y el
sentimiento del niño desde donde cada niño lo permita. No
todos desean ser cogidos en brazos o abrazados. Tengo el
recuerdo de un niño que sólo aceptaba ser tocado, mientras
lloraba en el suelo, por el dedo corazón de la educadora.
• Acompañar empáticamente -muchas veces desde el arte del
silencio- significa no restringir, reprimir o despistar el llanto
para consolarlo o para que se acabe cuanto antes. Sin cortar
las lágrimas el niño tiene más posibilidades de sentirse
plenamente aceptado, comprendido y acogido en su identidad.
De este modo, aumenta la calidad de la comprensión
recíproca. Ni una lágrima debe quedar contenida o pendiente.
Las Ilàgrimes emocionales (a diferencia de las basales o
reflejos) contienen cuatro veces más potasio que plasma,
tienen treinta veces la cantidad de magnesio que se encuentra
en la sangre, y tienen un exceso de prolactina. Estas
sustancias, en concentraciones elevadas en el organismo
humano, pueden causar una toxicidad que haga enfermar. Las
lágrimas son una forma de eliminar estas sustancias que
pueden resultar nocivas para varias personas.
• Del mismo modo, estar con un niño o niña que llora nos
exige dedicación, estar emocionalmente disponibles y no
despistarnos. Es importante aprender a estar intensamente
con este niño o niña, «acompañándolo en el sentimiento».
• Existen unos 16 tipos diferentes de lágrimas: de tristeza,
dolor, pérdida, desesperación, alivio, alegría, exaltación,
decepción, abatimiento, descarga de tensión, el llanto
ceremonial, de empatía, frustración, aprehensión, cólera o
rabia. Ahora nuestro reto -como en el cuento de Pere Ginard,
consiste en alfabetizarnos en la gramática, la tonalidad y el
lenguaje del llanto para distinguir su forma, saber
acompañarlo diferencialmente y poder descubrir cómo se
desencadena y por qué se calma, siempre desde cada niño o
niña. En este trabajo, personalmente, me ayuda mucho ver
cómo varios artistas, a lo largo de la historia, han representado
estéticamente el mundo de las lágrimas. Particularmente, me
resulta sugerente la serie de mujeres de Roy Lichtenstein. O
los estudios previos que realizó Pablo Picasso de mujeres
llorando para pintar su Guernica, y que Rafael Alberti tan
poéticamente supo interpretar: «se puede llorar piedras /
Lágrimas como gotas de piedra. / Dientes que caen de los
ojos / igual que si los ojos llorasen / dentaduras de piedra. /
Nunca el dolor lloró tan grande dolor / lanzando goterones de
piedra, / dientes y muelas de dolor de piedra ».
• Llamamos llanto de alivio a este posible dolor o lágrimas
que, alguna veces, pudieran quedar pendientes en la biografía
personal. Muchas veces he visto «caídas» o «pequeñísimos
accidentes» que, desde el punto de vista objetivo, parecen
insignificantes. Pero desde el punto de vista del niño o de la
niña son una ocasión desencadenante para llorar. Este llanto
merece nuestra máxima atención y respeto, como cuando
nosotros lloramos, a veces, en el cine o delante de la
televisión con alguna película lacrimógena, aunque sepamos
que los actores o actrices hayan sido pagados para actuar.
• Una mención especial merece el chupete. El chupete (y
otras formas de restricción del llanto infantil) surge
históricamente como un tapón que traiciona el derecho al niño
o la niña a llorar. No nos gustan los chupetes, pero nos parece
muy violento sacarlos cuando ya los traen desde casa. Hemos
decidido respetar el uso del chupete, pero no potenciarlo
poniéndoselo cada vez que cae o cuando, a veces, lo lanzan.
• En esta misma línea, es importante desterrar palabras o
frases como: no se llora; no hay para tanto; no llores más; ya
está, o el clásico shh-shh (este sonido onomatopéyico que, a
veces, pronunciamos para indicar a los niños y niñas que
callen).
El otro día, en una escuela, una madre le decía a su hijo: no
llores que te pones muy feo. En este sentido, estamos
tratando de hacer un trabajo intenso, también, con las familias.
No es un tema simple. Estamos dando los primeros pasos.
Este es un tema que nos remueve personal y
profesionalmente. En este momento, sobre todo, estoy
aprendiendo a observar y documentar. De esta
documentación, y como un tesoro, quiero narrar -por finalizar-
una escena ejemplar de cómo acompañar el llanto infantil con
presencia apropiada, amor y respeto.
El contexto es la Escuela Infantil Municipal La Milagrosa de
Pamplona, en el grupo de infantes.
Es un encuentro -en septiembre de 2010- entre Anne (10
meses) y Vero (educadora).
Es el quinto día de Anne en esta escuela. En varias reuniones
del equipo educativo analizamos pedagógicamente varias
imágenes documentales del tipo de relación que esta niña
tiene con diferentes personas adultas. En este intercambio
diferenciado y complementario, desde varios puntos de vista,
articulamos la intervención profesional que consideramos
oportuna para el proceso de Anne en el centro educativo.
Es la primera vez que Anne llora y acepta que la consuele el
contacto de la educadora.
La niña expresa desasosiego a través de un llanto intermitente,
pero insistente. Vero le acoge en sus brazos, con su cuerpo,
cómoda, respira con tranquilidad durante todo el proceso.
Anne se mueve agitada y Vero lo acoge, ahora, con el
encuentro de su mirada. Respira sin entrecortarse el aire y,
con un extraordinario conocimiento educativo y
disponibilidad emocional, espera que transite el inesperado de
una incipiente relación basada en la intensidad del momento,
la acomodación recíproca del contacto corporal y la
elocuencia del silencio.
La presencia se hace estética: huecos, vacíos y llenos de los
dos cuerpos y de la modificación del contacto, a través del
calor de la piel, se despliegan en infinidad de matices hasta
hacerse unidad, fusión. La iniciativa es conjunta y recíproca.
Se trata de una danza sensible de movimientos casi
imperceptibles o invisibles desde fuera.
El tiempo sin tiempo, desinteresado, hace posible construir los
cimientos de la confianza y transitar -con seguridad- de la
vigilia al sueño. Y de fondo, siempre el sonido del ritmo
preciso de la respiración.
Bibliografía GINARD, P., Libro de las lágrimas. Madrid:
Anaya, 2002. HOYUELOS, A., «acompañar el llanto infantil.
Amor y Respeto », Revista Infancia, 119 (ge- ner-febrero,
2010), 28-29. Koestler, A., En busca de la utopía. Barcelona:
Kairós, 1983. Kottler, Jeffrey A., El Lenguaje de las
Lágrimas. Barcelona: Paidós, 1997. LUTZ, TOM, El llanto.
Historia cultural de las lágrimas. Madrid: Taurus, 2001.
Plessner, H., La risa y el llanto. Madrid: Trotta, 2007
SOLTERO, Aleth J., llantos y rabietas. Barcelona: Medici,
2002. WILD, R., Libertad y límites. Amor y Respeto.
Barcelona: Herder, 2006.