Marta SOUTO (1993): Hacia una didáctica de lo grupal. Bs. As.: Miño y Dávila.
A continuación se transcribe casi en forma completa un capítulo del libro mencionado
como título de este material. Dado que no lo tengo en formato digital, decidí acercarlo
de todos modos pues lo encuentro relevante para la formación de futurxs docentes.
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Capítulo 2:
El acto pedagógico desde lo social, lo psíquico y lo instrumental
Se entiende al acto pedagógico como la unidad que contiene las relaciones y elementos
esenciales del hecho educativo.
En este sentido puede considerarse al acto pedagógico como el objeto formal de la
didáctica. Lo es, en tanto en él se abstrae la estructura mínima de la enseñanza.
¿Qué es el acto pedagógico?
- es un encuentro,
- es una relación,
- se da en un espacio y en un tiempo,
- surge en un contexto sociocultural,
- en un tiempo histórico social,
- desde tiempos históricos personales,
- es una realidad concreta,
- es un escenario imaginario,
- es acción entre el que aprende y el que enseña,
- surge en torno a la función de saber,
- es intercambio para la apropiación de un contenido cultural por parte de un sujeto
(alumno) a través de la mediación de otro (maestro).
El acto pedagógico articula lo social con lo individual, lo pasado, con lo presente y lo
futuro; lo conocido con lo desconocido; lo pensado, con lo sentido y lo actuado.
El acto pedagógico surge en la interacción entre un sujeto que aprende (individual o
colectivo) y un sujeto que enseña (o un objeto que representa a éste), en función de un
tercer elemento: el contenido. La relación que se establece es a la vez cognitiva,
afectiva y social.
Cada uno de los componentes tiene hacia el otro una relación de reciprocidad, por la cual
cada uno es para el otro como él mismo.
Se establece así un vínculo humano. Cada uno es, a su vez, medio en el proyecto del
otro, creándose mutuamente la necesidad del otro. El contenido, el conocimiento, plantea
una relación ternaria.
El acto es proceso, proceso dialéctico. Cada uno actúa alternativamente como mediador
entre los otros. Los elementos se desplazan en su función de terceros mediadores para
facilitar la acción pedagógica en común. Cada tercero contribuye como facilitador de la
interacción.
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El proceso pedagógico es el entrecruzamiento continuo de los distintos componentes
humanos y materiales, la lucha y la complementariedad entre ellos, para lograr un
proyecto común.
Construimos entonces un diagrama del acto pedagógico y su devenir:
CONTEXTO SOCIAL
Con fines de análisis y para dar cuenta de su complejidad se considera al acto
pedagógico como social, psíquico e instrumental.
El acto pedagógico como acto social surge en y para una sociedad. Su estructura refleja
la estructura social. El poder social rige el poder pedagógico. La sociedad reproduce en la
educación sus propios esquemas y formas de organización y producción, la ideología
dominante, la estructura de clases, asegurando a través de ella su permanencia.
El acto pedagógico tiene también poder de transformación, muestra contradicciones, se
opone, propone cambios y alternativas.
Lo social impregna de significado lo educativo. Lo educativo tiene y genera sentidos
sociales.
Lo social aparece en el acto pedagógico por medio de los siguientes mecanismos:
o en la organización de la escuela;
o en la división del trabajo;
o en las relaciones de producción;
o en el currículo;
o en los métodos;
o en los actores;
o en las relaciones sociales;
o en las relaciones de poder, fundamentalmente.
El poder es la influencia de uno sobre otro o de uno sobre sí mismo. Capacidad de
ejercer una fuerza, una violencia, un cambio. ¿Positiva o negativa? Si de educación se
trata, positiva, en tanto orientada a valores y fines socio-culturales. Todo acto educativo
implica un ejercicio del poder, delegado por la sociedad y asumido por la institución, a
veces legitimado en autoridad desde los docentes, a veces compartido con los alumnos.
Desde el encuadre tradicional, con una estructura verticalmente jerarquizada, hasta el no
directivo, con una organización horizontal, el poder está presente. Negarlo sería olvidar su
significado social. Tal vez confundir la ilusión con la realidad.
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La relación pedagógica es asimétrica y tiende a la simetría en la medida en que el alumno
se acerca, aprendiendo, al docente. La asimetría se da en tanto el docente posee un
saber (materia), un saber hacer (enseñar), un status (docente).
Hay entonces una relación de poder entre dos sujetos: uno, el docente con un yo social
formado, otro, el alumno, con un yo social en formación. El yo social, incluye la
desigualdad social, el lugar que cada uno tiene en el proceso de producción. Tomar
conciencia de ello, en el acto pedagógico, es condición necesaria para hacer de la
educación un espacio de progresión a lo social.
La dimensión de lo político, desde el punto de vista del poder social y su ejercicio debe
estar presente. Poder del docente y también del alumno. Poder de uno sobre el otro en un
interjuego dialéctico y de cada uno sobre sí mismo. Decisión sobre el acto propio en el
nivel institucional y personal, en las relaciones laborales (como alumno, como docente) y
en el conjunto de los pares (clase institucional o grupo homogéneo).
Incluir lo político significa:
tomar el acto pedagógico como acto social de educar,
desenmascarar la supuesta “neutralidad” de lo pedagógico,
incluir el conocimiento, el contenido como elemento de poder,
apropiarse del poder sobre uno mismo y los otros y ejercerlo:
- en su clase institucional, y en relación a las otras ubicadas en escalones
jerárquicos distintos,
- a través de demandas laborales y de formación,
- permitir que los otros grupos institucionales también lo ejerzan,
- tomar conciencia de que el acto pedagógico es parte de un hecho educativo social
más amplio, en el cual éste adquiere su significado desalienante,
- buscar a partir del interjuego y el conflicto, caminos de progresión mutuamente
interdependientes con los alumnos.
Desocultar lo político, legitimar al poder en lo pedagógico traerá aparejado el destierro de
las formas despóticas, autoritarias y perversas de ejercicio y usurpación del mismo, las
que, desde lo oculto encuentran el terreno fértil para su reproducción.
A continuación se aborda al acto pedagógico como acto psíquico, desde un nivel
individual.
El acto pedagógico está asociado a: formar, dar forma, plasmar, cambiar, orientar, crear,
desde el docente; ser formado, cambiado, dirigido, tomar forma, formar-se, desde el
alumno. Pero también, violentar, deformar, presionar, forzar; ser manipulado, violentado,
presionado.
¿Cuáles son los deseos inconscientes del docente? ¿Y los del alumno?
¿Cuáles son las representaciones psíquicas que cada uno tiene sobre sí mismo, sobre el
otro y sobre el acto pedagógico?
¿De qué manera estructuran la relación pedagógica?
Cada sujeto a partir de su experiencia de vida familiar construye sus representaciones
psíquicas que son una articulación de lo imaginario, lo simbólico y lo real, lo inconsciente
y lo consciente, lo interno y lo externo, lo pasado y lo futuro.
Así mismo, la representación que un maestro haga de sus alumnos tendrá relación con la
configuración de diversos elementos inactuales: su propio mundo infantil pasado, su “niño
interno”, sus aspectos infantiles no elaborados, sus primeras imágenes como alumno, y
de otros actuales que surgen de la interacción misma y de la experiencia concreta.
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La representación del maestro estará ligada a sus imagos materna y paterna, sus deseos
inconscientes de formación, sus fantasías de omnipotencia, de inmortalidad, de
construcción, de destrucción, de culpabilidad, su narcisismo, sus deseos, sus
realizaciones y frustraciones de maternidad o paternidad, sus imágenes internas, su
historia escolar, sus imágenes interiorizadas de maestro, etc.
A su vez, el niño, tiene sus propias representaciones del maestro, del alumno y de la
escuela construidas a partir de su propia historia psicofamiliar y de los elementos
proyectados sobre él por sus propios padres.
Estas representaciones forman una trama, un tejido sobre el cual se irá construyendo el
acto pedagógico. El contenido de esta trama es desconocido generalmente por el
docente. Ignora sobre sí mismo su “niño interno”, sus deseos vinculados al ser maestro,
su fantasmática en torno a la formación. Ignora, también, sobre el niño sus componentes
inconscientes y a veces sus características tangibles, reemplazando al niño real por un
“supuesto” niño; a su vez, reemplaza su niño interno por el niño real para en él recrearlo y
también dominarlo.
Desocultar lo inconsciente, darle nombre y presencia en el acto pedagógico, traerá
aparejado el no dejarlo como actualización de una situación regresiva sino que permitirá
incluir las raíces psicofamiliares, los contenidos emocionales en una línea de progresión
social de la educación.
Dos polos ocultos: lo político y lo inconsciente, dos polos distintos pero complementarios,
dos motores: el deseo inconsciente y la lucha por el poder que energizan el devenir del
acto pedagógico.
Desde el enfoque instrumental, concebido generalmente como único nivel de abordaje
didáctico, se incluye lo técnico.
La dimensión instrumental es ciertamente necesaria para comprender el acto pedagógico,
pero no suficiente.
Se piensa en un nivel o dimensión técnica en conexión con lo social y con lo psíquico
haciendo eco y resonancia a los significados que circulan en las prácticas de enseñanza,
dando propuestas de acción y reflexionando sobre ellas.
Se piensa en un nivel instrumental de producción de alternativas diversas, de creación y
no de indicación de un deber ser o de prescripción de recetas, con fundamentación
teórica suficiente, derivado del análisis y la reflexión y no impuesto externamente.
La especificidad del acto pedagógico como acto de formación, de educación, en una triple
relación cognitiva, afectiva y social; no implica el desarraigo de sus raíces en el plano
psíquico, ni la negación de su proyección en el plano social; tampoco, su reducción a uno
solo de esos enfoques. Por el contrario, se construye como acto, específico a partir de
ellos incluyendo el plano instrumental.
Tres enfoques para realizar el análisis del acto pedagógico: el social, el psíquico y el
instrumental. Tres dimensiones constitutivas del mismo. Tres polos distintos pero
complementarios: lo político, lo inconsciente y lo técnico. Planos, dimensiones, polos que
se entrecruzan atravesando el acto pedagógico en multiplicidad de formas.
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