Cartismo, movimiento obrero.
El cartismo es un movimiento obrero surgido en los inicios de
la Revolución Industrial que trata de conseguir logros
políticos para poder realizar cambios sociales, alejándose de
la tendencia de la época de buscar beneficios laborales sin
pensar en cambiar la esencia política.
Desde 1831 personajes como Lovett aboga por la necesidad
del sufragio universal, de manera que los obreros tengan
derecho al voto, puesto que como trabajadores y fuerza “bruta” eran los que generaban con su
esfuerzo la riqueza del país, de la que apenas disfrutaban una ínfima parte.
Es por ello que en 1838 enviarán un documento, “La Carta del Pueblo” al Parlamento británico, en
el que reivindican no solo el sufragio universal, sino la participación de los obreros en esa
institución mediante la abolición de la necesidad de tener un título de propiedad; buscando el
cambio social a través de la participación de los obreros en la política, lo que les permitiría crear y
anular leyes en función de sus intereses de clase. Pero surgirán en el movimiento cartista dos
tendencias, de un lado la moderada, con Lovett y Owen a la cabeza y que eran partidarios de
organizar cooperativas de producción, eliminar los intermediarios, llegar a un entendimiento con
las clases medias, etc. Básicamente realizar unas modificaciones que afectarían al campo económico
y laboral; frente a los radicales, con O´Brien y O´Connor como cabezas visibles, que proponían
acciones mucho más violentas y huelgas generales de carácter agresivo.
En 1839, tras la celebración del I Congreso Cartista y la victoria de los radicales, el gobierno
británico optó por la represión y “militarización” de las zonas de mayor arraigo del movimiento; lo
que unido al enfrentamiento interno en el que desembocó el uso o no de la fuerza por parte de los
obreros entre radicales y moderados, hizo que fracasase y el movimiento desapareciese
definitivamente.
Ludismo
El ludismo fue un movimiento social que se caracterizó por
la oposición a la introducción de maquinaria moderna en el
proceso productivo. Se desarrolló durante las primeras
etapas del proceso de industrialización y dio lugar a
violentas acciones de destrucción de máquinas. Su origen se
remonta a la acción de "Ned Ludd", su mítico líder, un
tejedor que en 1779 fue supuestamente pionero en este tipo
de prácticas tras destruir el telar mecánico que manipulaba. Se desarrolló entre 1800 y 1830,
fundamentalmente en Inglaterra y su intervención estuvo jalonada por una oleada de amenazas,
tumultos y desórdenes que amedrentó a los patronos y provocó la intervención del gobierno.
La causa principal que desencadenó los disturbios fue la precaria situación laboral y social creada
tras la introducción de moderna maquinaria en la producción de textiles, arrastrando a la ruina a
los telares tradicionales, impotentes a la hora de competir con las fábricas de reciente creación. Los
viejos artesanos perdieron sus negocios y cayeron en el desempleo. También la agitación que afectó
inicialmente a la industria textil se extendió también al campo, donde el supuesto cabecilla "Capitán
Swing" y sus seguidores dirigieron su ira contra las trilladoras incorporadas a las labores agrícolas.
Las acciones contra las máquinas constituyeron el precedente de otras venideras, esta vez mejor
organizadas, dirigidas, no contra las máquinas, sino contra sus propietarios. El ludismo reunía
algunos rasgos característicos de los motines del Antiguo Régimen, frecuentes en períodos de crisis
de subsistencias. Coincidió con ellos en la espontaneidad y en la ausencia de una ideología política
definida que los vertebrase. Pero al tiempo, presentaba modernas peculiaridades propias de los
movimientos obreros de la segunda mitad del siglo XIX, además el movimiento alcanzó su
cénit coincidiendo con los altercados que se desarrollaron en Inglaterra durante los años 1811 y
1812, reprimidos con suma dureza por el gobierno, a raíz de los cuales fueron detenidos y juzgados
numerosos revoltosos, de los que unos treinta fueron condenados a la horca.