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Wuolah Free Politica Criminal Tema 4

Este documento define la evaluación de políticas públicas y discute cuatro formas de entender la política: 1) Como campo de enfrentamiento de intereses entre partidos políticos, 2) Como red institucional constituida en el Estado, 3) En su sentido más amplio como técnicas de control social, y 4) Como acción pública o implementación de decisiones. También describe características comunes a toda política pública como la evaluación de normas, legitimidad a través de grupos de interés, y objetivos para solucionar problemas.
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Este documento define la evaluación de políticas públicas y discute cuatro formas de entender la política: 1) Como campo de enfrentamiento de intereses entre partidos políticos, 2) Como red institucional constituida en el Estado, 3) En su sentido más amplio como técnicas de control social, y 4) Como acción pública o implementación de decisiones. También describe características comunes a toda política pública como la evaluación de normas, legitimidad a través de grupos de interés, y objetivos para solucionar problemas.
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HelenaF

Política Criminal

3º Grado en Criminología

Facultad de Derecho
Universidad Nacional de Educación a Distancia

Reservados todos los derechos.


No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
TEMA 4.- LA EVALUACIÓN DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
1.- DEFINICIÓN, FINES:

Cada juicio que emitimos es una evaluación. Así, cuando se habla de una política pública se está llevando a cabo una
evaluación. Por lo tanto, se juzga sobre lo que es y sobre lo que debe ser. Un debe ser del objeto, la política pública en
nuestro caso, que se constituye en base a concepciones éticas, ideológicas e incluso teóricas.

Hay muchas formas de entender la política y lo político; proponemos cuatro formas desde la asunción más general,
por la cual se entiende que la política deriva del hecho de que los hombres pueden cambiar el curso de la historia y
los acontecimientos.

 Cuatro formas de entender la política y lo político.

1.- La política como campo de enfrentamiento de la esfera pública de intereses a partir de actores reconocidos
como partidos políticos (Partidos políticos- juicio sobre la evaluación- politics- procesos y acuerdos).

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Es la política del día a día, de la lucha por el poder y de las negociaciones, que tiene su más pública expresión en los
momentos de competencia electoral.

Es el campo de la política entendido como politics, haciendo hincapié en la concepción de la política como una
especie de juegos competitivo, el juegos de lo político, y como proceso, en el que la propia evaluación de una política
pública, como la criminal, puede ser incluida, de manera que los juicios de la evaluación pasan a constituirse en
juicios sobre la evaluación.

2.- La política como red institucional constituida en el Estado (instituciones- polity- recursos materiales y legales).

Aun cuando cabe considerar a las instituciones como el instrumento por el que llevar a cabo las políticas públicas, su
mediación queda lejos de poder ser considerada neutral.

Las instituciones no solo son estructuras, sino que son también valores, emociones y condensaciones ideológicas,
teniendo un papel fundamental en la vida política en general y en la concreción de las políticas públicas.

Las instituciones ordenan la vida política democrática. Ordenación que hacen, sobre todo, a través de sus prácticas y
sus rutinas. Es la política como polity.

El tejido institucional es sumamente importante y puede llegar a ser la base para explicar fenómenos como la
corrupción o el peso de la burocracia en una sociedad. El buen o mal funcionamiento de las instituciones puede
impulsar o frustrar el diseño de una política pública.

3.- La política en su sentido más amplio (técnica y saberes del control social- carácter discursivo- la política inscrita
en los discursos- legitimidad y antecedentes).

Con un eminente carácter discursivo, como concreción de la gubernamentalidad o conjunto de técnicas o saberes de
control social enraizadas en un marco sociohistórico y, por lo tanto, con la aceptación dominante en un conjunto de
sociedades durante un amplio periodo de tiempo, hasta el punto de que los sujetos no solo las aceptan, sino que se
convierten en activos colaboradores en su ejercicio.

Esta concepción de la política permite que las operaciones de control social sean ampliamente aceptadas por la
sociedad.
Esta concepción de la política se acerca a la señalización de objetivos colectivos incorporados, subjetivados, según la
concepción de FOUCAULT, que fue quien propuso este concepto.

Es la concepción de la política inscrita en los discursos, en la medida que tiene su matriz en lo que se considera
dominantemente justo en un momento histórico determinado.

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4.- La política como acción pública (policy)

Como funcionamiento e implementación concreta de decisiones desarrolladas por autoridades públicas. Es el campo
dela concreción política (policy).

Si bien el concepto de política pública está principalmente insertado en la última acepción (4), ha de reconocerse la
estrecha relación entre las cuatro. Así, la acción pública o política pública es difícilmente concebible si no cuenta con
procesos y acuerdos en (1), recursos materiales y legales en (2), y Legitimidad o antecedentes en (3).

Pueden darse algunas características comunes a toda política pública, con independencia de su campo de acción:

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1) Evaluación de normas: medida o conjunto de medidas susceptibles de ser impuestas en un territorio y a una
población.
Se subraya primeramente el carácter coercitivo del concepto, lo que implica un órgano Ejecutivo con el
poder suficiente para llevar a cabo la coerción. Toda política pública conlleva algún tipo de imposición, a
veces de carácter universal sobre la población. El concepto de medida cobra aquí significado como
normativas, disposiciones o decisiones.

2) Evaluación de normas/evaluación de legitimidad a través de grupos de interés: Legalmente establecidas o


políticamente legitimadas, lo que conlleva previamente la movilidad de recursos político-institucionales
(negociación con distintas fuerzas políticas y grupos sociales, por ejemplo, para obtener la aprobación en los
órganos legislativos correspondientes) o la búsqueda de legitimidad en el tejido asociativo o en la opinión
pública.

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3) Evaluación de objetivos: Con un objetivo concreto, destinado a solucionar un problema concreto. Los
cambios en las políticas públicas tienden a derivar de los cambios en prioridad que adquieren los problemas
sociales.
No debe escaparse la potencial pluralidad de soluciones que puede plantearse ante un problema y, por lo tanto,
la variedad de objetivos que podrían entrar en conflicto con respecto a una política pública.

4) Evaluación de impacto: Previsión de unos efectos. En un principio, directamente relacionados con el


problema que ha obtenido una mayor prioridad, se prevén cambios en el problema. También pueden tenerse
en cuenta otros efectos de las medidas.
Medidas o programas para activar comunidades para, por ejemplo, aumentar el control social comunitario con
el objetivo prioritario de evitar la comisión de ciertos delitos, también pueden generar actividad económica,
empleo u otro beneficio adyacente.

5) Evaluación de satisfacción: En las políticas públicas, la sociedad es el beneficiario directo o indirecto de las
mismas. Las políticas públicas han de estar justificadas desde tal objetivo.
Las políticas de ayuda a las personas en situación de dependencia tienen por directos beneficiarios a quienes
sufren esta situación, pero también son beneficiarios indirectos los familiares de estas personas con
dependencia, los profesionales que podrían ver ampliada su oportunidad de empleo y el conjunto de la
sociedad, en la medida que pueden menguar sus incertidumbres (y temores) con respecto a un futuro envuelto
en tal situación de dependencia.

6) Evaluación de costes: Adjudicación de recursos: organizativos, económicos o humanos, siendo esta la


dimensión material de la política.
Una adjudicación que ha de ser suficiente y eficiente. Es decir, la política pública de obtener los objetivos
marcados con el mínimo de recursos posibles. Principio que ha arraigado en nuestras administraciones
públicas en forma de principio de contención del gasto que fuerza a la eficiencia.

A partir de los elementos de la política pública expuestos, la evaluación puede proyectarse para cada uno de ellos
como:
• evaluación de normas (1 y 2),
• evaluación de legitimidad a través de grupos de interés (2),
• evaluación de objetivos (3),
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• evaluación de impacto (4),
• evaluación de satisfacción (5) o
• evaluación de costes (6)
o diseñar una evaluación sobre un conjunto de estas características de la política pública o, incluso, de su totalidad.

La primera definición de la evaluación de la política pública (en base a todo lo expuesto anteriormente) como juicio
sistemático sobre alguna de las características o un conjunto de las características de una acción política.

La evaluación de las políticas públicas tiene una cuádruple motivación o finalidad:

1. La necesidad de tomar decisiones, que implican una inversión de recursos públicos a largo plazo, de manera

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fundamentada en lo que se ha ido haciendo y obteniendo hasta el momento. Puede hablarse, así, de
motivación estratégica o hacia el futuro: se trata de decidir sobre evidencias recopiladas sistemáticamente, lo
que nos conducirá a una de las columnas vertebrales de la evaluación, como es la disponibilidad de fuentes de
información.

2. La búsqueda de eficiencia y efectividad de las políticas públicas. Aun cuando la propuesta de la búsqueda de
una mayor efectividad y eficiencia es, sin duda, razonable, y seguramente compartida, la evaluación de la
misma no siempre es fácil.
¿Una política criminal es más efectiva cuando consigue que haya menos crímenes, cuando consigue integrar
en la sociedad a más exdelincuentes o cuando resuelve con sentencias mayor número de delitos? ¿o una
política criminal más efectiva es la que genera mayor sentimiento de protección y seguridad entre la
población?
la prevención es una de las características de la política criminal.

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3. Rendición de cuentas en contextos democráticos. Se trata de una motivación hacia el pasado, tendente a
informar sobre la gestión realizada, de manera que lo que se juzga es la gestión.

4. La evaluación como parte de un contrato. Contrato que parte de la desconfianza hacia el Estado, al igual que
la evaluación parte como forma de controlar al Estado.

5. Compromiso de transparencia con la ciudadanía, a partir del cual se da acceso a la sociedad a la información
sobre el momento en el que se encuentra el desarrollo de una acción pública. Se trata de una motivación hacia
el presente, donde se establecen posibilidades de control inmediato sobre las decisiones que se van tomando.
Este compromiso requiere una producción continua de información.

Evaluacion: En términos generales, se entiende por evaluación un proceso integral de observación, medida, análisis
e interpretación, encaminado al conocimiento de una acción política (norma, programa, plan o política), que
permita alcanzar un juicio valorativo, basado en evidencias, respecto a su diseño, puesta en práctica, resultados e
impacto.
Esta definición destaca precisamente los objetivos de la evaluación y, sobre todo, su fundamentación en evidencias, en
registros, que den cuenta de los procedimientos e impacto de esa acción pública.

El análisis de políticas públicas es un trabajo, principalmente teórico y de recogida de información ya existente (en
publicaciones, informes, etc), que aborda el potencial panorama de opciones para llevar a cabo el diseño de una
política pública o la decisión de su aplicación.

El análisis de políticas se concibe como el proceso de generación de información para recomendar cursos de
acción entre varias políticas alternativas posibles para abordar un problema. Así, suele indicarse que el análisis de
políticas públicas es exante, mientras que la evaluación es expost.
• En el análisis, el término centrales diagnosis, pues el análisis de políticas públicas realiza un diagnóstico de
la situación de un campo de la acción pública.
• En la evaluación de políticas públicas, será el concepto de observación para la emisión de un juicio de valor
de un campo de la acción pública.

Análisis = Exante = Diagnosis


Evaluación = Expost= Observación
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 La evaluación (VEDUNG).
VEDUNG define la evaluación de políticas públicas como una cuidadosa valoración retrospectiva de los méritos,
importancia y valor de la aplicación, productividad y resultados de las intervenciones gubernamentales, que se
pretende desempeñe un papel en futuras situaciones y acciones prácticas.
Analizando esta definición, una evaluación de políticas públicas:
1) Tiene por finalidad que sus resultados se tengan en cuenta en el futuro, en el diseño de nuevas políticas
públicas, por lo que integra también la evaluación como horizonte de actuación. A pesar de que su
observación empírica se encuentra focalizada en el pasado, el tiempo pragmático de la evaluación de políticas
públicas es el futuro.
2) Está centrada en las intervenciones gubernamentales, las realizadas desde el Poder Ejecutivo, sea éste del
nivel que sea: central, regional o local.

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3) Tiene en cuenta los méritos de esa intervención gubernamental, por lo que todas evaluación tiene cierta
intención de búsqueda de reconocimiento.
4) Tiene en cuenta la importancia y valor de la aplicación, situando la intervención gubernamental concreta o
evaluada entre las distintas alternativas posibles de intervención y observando las maneras en las que tal
intervención ha sido llevada a cabo.
5) Tiene en cuenta los resultados de esa intervención gubernamental específica. Ninguna evaluación puede dejar
de tener en cuenta los resultados de la política evaluada.
6) Es una cuidadosa valoración. Para VEDUNG, la cuidadosa valoración está fundamentada en una sistemática
recopilación de datos. Así, puede decirse que el carácter sistemático de la evaluación reposa, en buena
medida, en las sistematicidad de tal recopilación de datos y, por lo tanto, es la existencia de, a su vez, una
sistemática fuente de registros de información.

A modo de reflexión: análisis y evaluación de políticas públicas no están radicalmente separados, pudiéndose

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hablar más de matices o grados. Así,
• la evaluación de políticas públicas produce evidencias empíricas sobre las políticas desarrolladas,
• mientras que el análisis de políticas públicas puede recoger las observaciones hechas por otros.
Ahora bien, tras un buen análisis de políticas públicas hay evaluación, aun cuando sea indirecta; así como, detrás de
una evaluación de políticas públicas, especialmente en las tareas de informar y aplicar, hay un análisis de las
políticas posibles.

 Análisis de políticas públicas: DUNN:

Por otro lado, si inicialmente el análisis de políticas públicas está dirigido hacia el futuro, no puede llevarse a cabo sin
tomar en cuenta experiencias. Como se ha visto en la definición de Vedung, la observación retrospectiva de la
evaluación de políticas públicas está animada por el objetivo de tenerse en cuenta en las decisiones futuras.

La relativa debilidad de la demarcación entre análisis y evaluación de políticas públicas, pareciendo a veces una
simple cuestión de lenguaje, está en que autores como DUNN incluyen la evaluación como una parte del análisis de
las políticas públicas, de manera que establece una tipología de cinco tipos de información requerida para el
mismo:
1) Información sobre problemas políticos, con el objetivo de obtener una estructura de los problemas presentes
en el sistema político en un momento determinado y, así, alcanzar la estructuración del problema que se
aborda con la política pública.
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2) Información sobre políticas de futuro, lo que lleva a un análisis de tendencias.
3) Información sobre acciones políticas a llevar a cabo o recomendaciones.

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4) Información sobre resultados de políticas iniciadas y en activo o seguimiento de políticas públicas.
5) Información sobre el resultado obtenido con la implementación de políticas, lo que conduce directamente
hacia la evaluación de esas políticas públicas.

Plantear que el análisis de políticas públicas es anterior y la evaluación posterior, no quiere decir que antes no haya
algún tipo de evaluación, o que después no haya análisis. Las informaciones sobre resultados de políticas e
implementación de políticas entran de lleno en la evaluación.
De hecho, cuando en el análisis de políticas públicas (exante) se cuestiona sobre en qué grado las políticas
desarrolladas han resuelto el problema, se está haciendo una evaluación de dichas políticas, al menos implícitamente.

Se puede evaluar autónomamente un programa, una institución o un servicio público concreto, sin que, por ello, se
esté evaluando el conjunto de una política pública. Pero más difícil suele ser poder hacer una evaluación de políticas
públicas sin pasar por la evaluación de, al menos, parte de sus programas o del funcionamiento de las instituciones que
engloba.

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Los fines de la evaluación de políticas públicas son:
1. Diferenciar lo valioso de lo que no lo es en una específica política pública.
2. Generar una auto reflexión, a partir de la constatación del dónde se está. Desde esta finalidad, se trataría de
una evaluación para y desde los gestores de la política pública evaluada.
3. Lograr una comprensión más a fondo de las medidas públicas y del significado que toma el concepto de
política pública en cada momento. Detrás de cada evaluación de una política, se encuentra la reflexión sobre
las posibilidades de la acción política.
4. Adoptar decisiones fundamentadas. La focalización de la evaluación en este aspecto puede llevar a que solo se
evalúen aquellos elementos de la política pública evaluada sobre los que se pueden tomar decisiones y actuar
desde la focalización en este aspecto. La evaluación adquiere la función de instrumento para la justificación de
decisiones políticas.
5. Mejorar el objeto evaluado (el evaluando), la política pública evaluada, siendo esta la principal justificación
de la evaluación.
6. Conocer los efectos (impacto, consecuencia) de la acción del evaluando, siendo uno de los fines con mayor
dificultad de logro.
7. Rendir cuentas, formando parte ya de la cultura democrática.
8. Iluminar para acciones futuras (enlightenment).
9. Fines latentes, en cuanto no directamente explícitos en la propuesta de evaluación, pero tal vez tan relevantes
como los anteriores.
Entre ellos, cabe destacar la dimensión política (entendida como juegos político) de la evaluación, lo que
ocurre cuando se busca la legitimidad de decisiones tomadas o la obtención de resultados con los que hay que
acudir a la campaña en una competencia electoral.
La propia evaluación de políticas públicas tiene múltiples dimensiones políticas, que frecuentemente no se
hacen explícitas cuando se la diseña. Entre ellas, puede buscarse la legitimación en el desempeño de un cargo
o de decisiones tomadas: si una evaluación es positiva, refuerza a quienes la apoyaron.

2.- TIPOS DE EVALUACIÓN

La tipología de los diferentes modelos o regímenes de evaluación que estudiamos aquí, y de la que partimos para
realizar el análisis de los tipos de evaluación, resulta de seis criterios diferenciados (modelos de evaluación):

1.- Según la orientación general (función última o latente) otorgada a la evaluación:


a) puede ser que se dirija a constatar la consecución de unos objetivos previamente fijados (prefijados);
b) o bien a establecer la conveniencia de los procesos;
c) o bien a iniciar un espacio de negociación entre todas las partes afectadas.
Este criterio de la orientación general es importante porque toma las características de criterio raíz o clave, porque
precisamente inaugura la clasificación en sí y, por otra parte, se concibe como una introducción al resto de criterios.

En suma, el criterio de la orientación también servirá para dar el título a cada uno de los tipos o categorías
diferenciados.

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2.- Según el grado de fijación previa de los objetivos de la evaluación y del papel de los objetivos de la política
pública en la evaluación.
3.- Según el papel otorgado a los actores en el proceso de evaluación (un actor puede ser cualquier categoría social o
institucional que desempeñe un rol en el ámbito de la realidad social objeto de esa política pública).
4.- Según la preferencia por el uso de determinadas técnicas y prácticas de investigación sobre otras.
5.- Según el lugar de los conflictos y cambios sociales en el proceso de evaluación.
6.- Según el papel de los evaluadores durante el proceso de evaluación.

Así, tomando como partida el criterio de la orientación (criterio 1 de la lista anterior) como criterio más general de
clasificación, existen:
- Evaluaciones Con Orientación Positivista

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- Evaluaciones Con Orientación Procesual
- Evaluaciones Con Orientación Participativa

1.- Evaluaciones Con Orientación Positivista

Podemos, a su vez, diferenciar tres rasgos o líneas de orientación en este tipo de evaluación:

A) Orientada a los objetivos, cuyas características son:

- La fijación de objetivos con carácter previo a la implementación de la política pública y con el


compromiso de obtener esos objetivos (se utilizan incluso indicadores). En este caso, también el plazo está
prefijado, por lo que tiende a ser una evaluación no continua y centrada en el grado de cumplimiento de eses
objetivos fijados (por ejemplo, se establece que hay que disminuir el porcentaje de infracciones penales en

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materia de seguridad vial en un 30% durante el próximo periodo estival).

- Da especial importancia a la relación con los recursos, derivándose de aquí la relevancia de dos conceptos
que pueden parecer iguales (semánticamente es verdad que están muy próximos) pero aun así tienen
diferencias: la efectividad y la eficiencia:
 La efectividad se refiere a la capacidad de obtener los objetivos y
 La eficiencia esa misma capacidad, pero en relación con los recursos que se hayan empleado.

- La fijación de objetivos de la política pública diseñada aparece con una cierta apertura dirigida a la
participación, al resultado consensuado entre diferentes actores (aunque en el fondo son los mismos actores
encargados de la gestión, casi no cuenta con la participación de otros actores diferentes).

- El foco de la evaluación es la constatación del grado de cumplimiento de los objetivos, esto es, los
resultados. Por eso, las críticas hacia esta orientación se refieren a que aparta otros aspectos, como la manera
de lograr esos objetivos o las consecuencias del logro, y acentúa demasiado el cumplimiento de los objetivos.

- A menudo, la constatación del logro de los objetivos conlleva premiar a los gestores de la política diseñada
porque reconocer que “X” ha logrado “Y” ya conlleva una recompensa, reconocimiento, etc. Ahora bien, no
ocurre lo mismo en el caso contrario, es decir, no se penaliza el incumplimiento de los objetivos.

- El lenguaje de las “variables” es el que se impone en este tipo de evaluación de políticas públicas, sobre
todo a partir de un modelo causal en el que el grado de logro de los objetivos aparece como una variable
dependiente, mientras que el resto de los factores que constan en registros cuantitativos (datos agregados) y
que pueden tener influencia en los resultados de la variable dependiente, aparecen como variables
independientes.

- Esta perspectiva se renueva y recupera a partir de la inclusión de la llamada ingeniería social (análisis de
big data) como nuevas propuestas. Es ciencia adaptada a la ingeniería política, que toma una forma múltiple
en cuanto a la relación existente entre variables consideradas independientes, por una parte, y el resultado
obtenido, por otra.

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B) Evaluación orientada a la toma de decisiones (dación de cuantas: accountability). Cuyas características son:
- En este caso, la evaluación amplía su visión a determinados aspectos de la política (personal, educación,
proyectos, recursos, productos). Los objetivos no desaparecen en ningún caso, sino que se tienen en cuenta
otros aspectos también de la implantación de la política pública (como se ve, son aspectos en los que el papel
de los gestores de la política pública es más intenso y pueden actuar de forma más directa).

- Los gestores se convierten así en fuente de indicadores porque la observación se centra en la utilidad que
debe tener la evaluación para ellos mismos.

- Se trata de una evaluación continua (no estática), vinculada a ciertos instrumentos de información y
compromiso con los usuarios de la política pública, porque dar cuenta (explicar, justificar, en suma, las

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directrices tomadas) es una exigencia democrática de la gestión pública (transparencia).

Así, tenemos, las denominadas “cartas de servicio”.

C) Evaluación orientada al cliente, cuyas características son:


- Lógicamente, parece más propia de la evaluación en el ámbito de las corporaciones o grandes empresas y
sus relaciones con una masa importante de clientes. No es tan propia de las políticas públicas, pero esto no
excluye ni impide su utilización en este contexto. De hecho, esta perspectiva la encontramos en actividades
de sondeo, por ejemplo, sobre las percepciones y demandas de clientes y usuarios en la franja de consumo
que corresponda. Pues bien, en el caso de las políticas públicas, los clientes se convierten en usuarios de los
servicios (públicos) derivados de dichas políticas públicas.

- La práctica de investigación característica de esta orientación es el uso de encuestas con cuestionario

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estandarizado entre los clientes o usuarios. Tienen especial importancia las “escalas” a través de las cuales
los encuestados establecen sus preferencias sobre el producto, puntuando extremos como atributos de la
marca, la imagen corporativa, etc. En el caso de las políticas públicas, la única diferencia es que esas escalas
se establecen sobre los distintos aspectos de la política pública, sobre los servicios conectados con esa
política pública, y sobre sus órganos gestores.

• Relaciones causales entre una acción y un resultado.

En el intento de definición de evaluación de las políticas públicas, se ha hecho referencia al papel que tiene el
resultado de la acción pública en la misma. Para entender cómo debemos interpretar lo que significa la noción de
“resultado” en el contexto de la evaluación de políticas públicas, debemos tener en cuenta una serie de aspectos.
1. Por una parte, si colocamos el resultado como pieza angular de la evaluación, generalmente se tiende a
asumir como resultados ciertos logros relacionados con el campo en que se desarrolle la acción evaluadora,
aunque no sean directos y provengan de otras fuentes distintas a las propias de la política implementada. Ej.
Reducción de criminalidad conseguida no solo por haber implementado una buena política criminal, sino por
otros factores (mayor tasa de empleo, por ejemplo).

2. Y, por otra parte, se alude al concepto conocido como el “fracaso de Colón”. Es decir, si colocamos a los
resultados en función de los objetivos iniciales que nos habíamos fijado, corremos el riesgo de no reconocer el
mérito de una decisión política y todo lo que ello implica. La referencia a Colón se debe a que, en realidad, si
utilizamos este rango objetivos-resultados, su viaje fue un auténtico fracaso porque no consiguió el resultado
(llegar a la Indias Orientales); pero ese resultado no concordante con el objetivo inicial resulta mucho más
meritorio.

En relación con el modelo de orientación general positivista, el hincapié en los objetivos se basa en la relación entre
fines y medios, por tanto, una política pública consiste en la fijación de determinados fines (objetivos) para los que se
destinan un conjunto de recursos (medios).

Puede suceder que los objetivos no se logren, por ejemplo, en el caso de Colón podemos imaginar que los inversores
en su viaje no se sintieron frustrados por el resultado, más bien todo lo contrario; por ello han surgido propuestas que
consisten en desligar la evaluación de los objetivos y fijarse más en los impactos de la política evaluada
(SCRIVEN).
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Entonces, ¿en qué criterios fijamos la evaluación sin partir de los objetivos? Según SCRIVEN, en las “poblaciones
afectadas o impactadas”, por eso esta nueva orientación se denomina centrada en el cliente o usuario, sin que por
ello renuncie a una visión positivista ni tampoco a la relevancia que tienen los objetivos, lo que ocurre es que el logro
de esos objetivos se mide a través de la percepción propia de los usuarios.

Las tres concepciones vistas comparten:


• que no hay espacio para el conflicto en la evaluación o este es marginal (escaso);
• asumen que el evaluador se trata de alguien/algo externo, que dictará una resolución externa en la que verificará,
o bien el grado de cumplimiento de los objetivos prefijados en la política pública, o
o bien el grado de satisfacción de la sociedad o parte de ella (usuarios) con la política pública.

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El experto evaluador aquí es un ente externo, y como tal, también emitirá sus tesis y argumentos y, sobre todo,
recomendaciones para acciones futuras.

2.- Evaluaciones Con Orientación Procesual

La división en esta categoría de orientación se establece en dos categorías, pero solo la segunda (B) es aplicable desde
un punto de vista práctico a la evaluación de las políticas públicas.

A) Orientada a la acreditación y la certificación (normalmente evalúan programas o servicios públicos, más que
políticas públicas, pero algunas políticas de ámbito local, urbano, como movilidad, limpieza, igualdad, juventud,
seguridad, se encuentran acreditadas o certificadas. Sus características son:

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- Los objetivos desde los que se impulsa son de naturaleza normativa, es decir, la puesta en marcha de la
política pública implica necesariamente una evaluación y aparece como tal obligación en los textos.
Ej. Ley de la Dependencia / Ley de Inmigración. Mas que de una fijación detallada de los objetivos y
resultados, se trata de la fijación de un marco desde el que poder interpretar los resultados “potenciales”,
puesto que desde que se pone en marcha la política pública, esta genera su propio sistema de información.

- El control de los evaluadores es externo, han de tener un perfil independiente normalmente derivado de su
pertenencia a la institución acreditadora (los evaluadores tienen que estar acreditados); son expertos en los
estándares de evaluación a aplicar y por eso se habla de una “cultura de la acreditación”, en la que los
objetivos de las instituciones quedan subordinados a los estándares de la evaluación para la acreditación.

- Junto al experto evaluador, se cuenta con equipos internos al órgano de gestión de la política pública, del
programa, o del servicio público. Son los que llevan a cabo una gran parte de la evaluación (se encargan de
la obtención de documentación, o pruebas que fundamenten los indicadores a usar en cada tipo estandarizado
de evaluación). También emiten un autoinforme con carácter previo que servirá de base del informe final y
de la decisión sobre la acreditación (la puntuación obtenida que da acceso a algunos de los estratos de
acreditación).

- Los criterios o juicios de evaluación aplicados suelen estar estandarizados y propuestos por la entidad
evaluadora externa, tipo ISO (International Organization for Standarization). En el caso concreto de
servicios y organismos públicos, los indicadores estandarizados que se aplican son EVAM (Evaluación,
Aprendizaje y Mejora) y CAF (Common Assessment Framework), este último más aconsejable para la
evaluación de políticas públicas porque está dirigido a evaluar el impacto de una actuación pública.

- Dado que hablamos de niveles o estratos de certificación, la pregunta a contestar durante la evaluación es:
¿se cumplen los mínimos estandarizados para cada uno de los niveles o estratos?

- Los procesos son habituales, la evaluación sigue unos patrones. Entre ellos, son importantes las
denominadas guías o instrucciones, que indican sobre los pasos a seguir en la evaluación, y que se publican
por las instituciones acreditadoras, pero también el autoinforme, las funciones del panel de expertos externo,
y finalmente la calificación obtenida, que tienden a resolverse conforme a la siguiente fórmula: Acreditación
total; Acreditación con condiciones de mejora; No acreditación (mirar manual).

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- Esta evaluación para la acreditación o certificación está enfocada en los procesos del objeto evaluado
“evaluando”, a partir de los procedimientos relativamente rígidos del evaluador.

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B) Orientada a los grupos de interés, actores o participantes (stakeholders) en una política pública (el proceso de la
evaluación es el verdadero protagonista: instrumento--objeto). Las características que la diferencian de la anterior
son:

- Tiene un carácter participante, al incorporar distintos actores implicados en la evaluación (profesionales,


beneficiarios, distintos niveles de la Administración Pública).
- Desde el comienzo de la evaluación, se genera una interacción continua entre evaluador (externo
generalmente) y stakeholders.
- Al existir distintos puntos de vista, existen discrepancias y conflictos durante la evaluación y una
tendencia a la divergencia.
- Es más abierta que la anterior, con una orientación evaluadora inclinada a la observación de las
consecuencias de la política evaluada, incluyendo las consecuencias imprevistas.
- No tiene un plan definido (o al menos, no tanto como otras orientaciones).
- La debilidad que se atribuye a esta orientación es que los evaluadores, al trabajar de manera tan estrecha

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con los stakeholders, pierden perspectiva y, sobre todo, pueden identificarse demasiado con los objetivos de
estos últimos (going native).

3.- Evaluaciones Con Orientación Participativa

Pueden considerarse una acentuación más intensa (intensificación de los principios) de lo que propone la
evaluación orientada a los grupos de interés. No obstante, la diferencia es que aquí, los stakeholders ostentan una
posición más avanzada porque participan más activamente.

Las características principales de esta orientación son:

- Intensa participación de los grupos de interés desde el inicio de la evaluación (desde el diseño de la
evaluación).
- Reconocimiento de la contestación política.
- El papel de la evaluación cobra valor como mediador-dinamizador del campo y del grupo formado por
distintos actores, especialmente de cara a las posibilidades de reformular la política evaluada.
- La evaluación es deliberativa, porque necesitan alcanzar una valoración consensuada y un resultado de la
evaluación aceptado por la mayor parte de integrantes.
- Es más adecuado para programas y políticas cuando se encuentran en sus inicios y tienen un carácter más
complejo, si bien tienen un escaso nivel de formalización.
- Acoge otros presupuestos de la situación, frente al paradigma positivista, caracterizado por la objetividad,
validez y fiabilidad:

 Relatividad del conocimiento frente a la certeza: “hay que actuar frente a un problema” pero se
reconoce también que los conocimientos sobre el problema (las causas) no son definitivos.

 El empoderamiento (o la búsqueda de la independencia) de los grupos o categorías sociales más


débiles cobra importancia frente al control del proceso por parte del evaluador.

La expresión “autenticidad catalítica” se refiere al grado en que la acción es estimulada y facilitada


durante el proceso de evaluación. Se plantea el objetivo mínimo de la generación de un sentimiento
de haber desempeñado un papel relevante durante el proceso de evaluación, más que de los
resultados objetivos.

Por tanto, a diferencia de otras orientaciones (sobre todo de las positivistas), su objetivo se centra en
empoderar a los actores de la política pública con menos poder, al menos en el inicio del proceso de
evaluación.

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 Comprensión local (contexto social analizado) frente a la explicación posterior generalizada. Se
evalúa la acción concreta, teniendo en cuenta las circunstancias concretas. La evaluación se adapta
para alcanzar un nivel adecuado de concreción, por eso su horizonte de compresión es
eminentemente local, frente al ajuste de las condiciones locales a los estándares (propio de la
evaluación estandarizada) o el de generalidad y comparabilidad (propio de la evaluación de corte
positivista).

 En el proceso de evaluación, los evaluadores y expertos reconocen el sentido de la acción de los


legos o no expertos, así como el valor de su experiencia (por eso se habla de la humildad por parte
de los evaluadores). También es propio de esta orientación que otorgue el mismo valor a todos los
informantes.

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 Se reconoce la naturaleza política de la evaluación. Al partir de una situación de conflicto,
reconoce que su marco de éxito es estrecho, teniendo en cuenta que la propia evaluación es política,
que está implícita en los procesos del conflicto político. Ahora bien, apenas encuentra soluciones a
situaciones conflictivas.

 El concepto de objetividad adquiere un significado diferente al que se maneja en la orientación de


corte positivista. Al dar importancia a los valores y diversidad de opiniones aportados por los
distintos actores. Más allá del conflicto, esta orientación parte de la legitimidad de las distintas
culturas presentes, que desemboca en que se vean de manera diferente las cosas en general y la
política pública en particular.

 Pueden encontrarse consecuencias de la política pública que no se encontraban presentes cuando

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se diseñó la evaluación, precisamente porque la evaluación se introduce en el mundo de los distintos
actores.

 Democratiza la evaluación, al dar entrada a los distintos grupos de interés (incluso en el momento
de las conclusiones).

 El evaluador, más que decidir cómo evaluar, ejerce la función de mediador entre los grupos para
llevar a cabo la evaluación, respetando la posición de todas las partes implicadas. Es una especie
de negociador.

 Preocupación por la utilización efectiva de los resultados de la evaluación, teniendo muy en cuenta
a los distintos actores – individuales y colectivos, que han de incorporar tales resultados.

 Preferencia por utilizar metodologías cualitativas (entrevistas abiertas, prácticas grupales de


investigación) porque son más flexibles en su aplicación y están abiertas al proceso.

 La evaluación se centra en el contexto concreto, tratando a las personas en ese contexto. Esto es, no
se alteran las condiciones dinámicas de la situación habitual analizada.
 El evaluador negocia los resultados del análisis con los participantes en la evaluación,
incorporando las diferentes perspectivas al informe (diversidad).

 En esta concepción constructivista, la sociedad es un mundo de significados y no un sistema de


datos agregados como en la orientación positivista, y la evaluación es un esfuerzo por interpretar
esos significados (deja de lado los objetivos concretos de la política).

 Se encuentra sometida, al igual que otras orientaciones, a un marco ideológico de valores,


destacando categorías de autenticidad como:
a) autenticidad en la justicia de la evaluación o finalidad de dar a cada posición el lugar que debe
tener durante el proceso de evaluación;
b) autenticidad ontológica o continuo cuestionamiento del proceso de evaluación;
c) autenticidad táctica o grado de empoderamiento e impuso para actuar de los grupos de interés y
participantes (especialmente dirigido a aquellos con menos poder, de forma que se dirige a subrayar
la necesidad de recoger las posiciones de estos sectores durante el proceso de evaluación).
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 Evaluación Externa Versus Evaluación Interna

Una manera de establecer diferencias entre las evaluaciones de políticas públicas se da a través de esta polaridad.
• La evaluación externa es realizada por profesionales e investigadores externos a los gestores de la política
pública y
• la interna se lleva a cabo por miembros de la organización o institución gestora de la política sometida a
evaluación.

 La Función Del Evaluador Y El Horizonte De La Evaluación

La función del evaluador en las distintas orientaciones también difiere, así como el horizonte de la intervención de la
evaluación y, por supuesto, también es diferente el papel de los diferentes actores.
• En la orientación positivista, la función del evaluador es técnica y el horizonte es la perfección con relación a
los objetivos de la política pública.
• En la orientación procesual, la función del evaluador es juzgar y describir y
• en la participativa es negociar; en ambas, el horizonte es la perfectibilidad (ninguna política pública es
perfecta, pero puede mejorarse).

 La Función De Los Distintos Actores

Según el tipo de orientación, el papel de los actores es distinto.


Podemos hablar de progresión del círculo, es decir, se parte de un núcleo mínimo o grado cero de participación hasta
dar cabida al conjunto de la sociedad. También desde el punto de vista de cómo se produce tal participación, podemos
hablar de una implicación máxima de los gestores de la política pública, y de una implicación más difusa del conjunto
de la sociedad (el último círculo del gráfico propuesto en el manual).
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 Técnicas O Prácticas De Investigación

• Revisiones de información: condensa una gama amplia de procedimientos y de tácticas para una adecuada
recogida de la información, así como el análisis de una información que, por ejemplo, puede estar presente en
una variedad de documentos (documentos públicos, reservados o de difusión limitada), pero que están
presentes en el ejercicio del poder.

• Los jurados de ciudadanos: más que una técnica de investigación representa un tipo de procedimiento dentro
de una concepción de la gestión pública, especialmente de nivel local, que asume la vinculación existente
entre eficiencia y participación de la ciudadanía, es decir, cuanta más y mejor participación, las decisiones que
se tomen serán más eficientes.

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En este proceso, se invita a participar en una sesión a una pequeña muestra de ciudadanos presentes en el
campo de afectación de la decisión política, en la que exponen sus argumentos con respecto al problema que
se debate. Finalmente, los participantes en el jurado emiten su decisión, pero esta no es vinculante.
Ahora bien, la decisión y las recomendaciones efectuadas sí son tomadas en cuenta (esta práctica de los
jurados de ciudadanos encaja especialmente en la orientación participativa).

3.- LOS MOMENTOS DE LA EVALUACIÓN:

Diferenciar entre dos tipos de momentos:


1. El contextual, histórico o externo a la propia evaluación, que en mayor o menor medida favorece o dificulta
el que se lleve a cabo la evaluación de políticas públicas, la existencia de lo que hemos venido refiriendo
como cultura de la evaluación.

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2. El interno propio de la evaluación, especialmente significado por el diseño y la fijación final de la misma.

Desde el momento contextual, puede decirse que hace años que la cultura de la administración pública española ha
aceptado el lugar central de la evaluación. Es decir, la española, es una cultura de la evaluación.

Puede hablarse de una progresiva institucionalización de la cultura de la evaluación con los siguientes hitos relevantes
con relación a la evaluación de las políticas públicas:

1. El fuerte impulso del control de los Fondos Estructurales impuesto por la Unión Europea tras la entrada de
España en 1986.
2. El salto hacia la racionalización de la gestión y calidad propuesta a partir del RD 1259/1999 Plan de Calidad
para la Administración General del Estado, donde se ponen las bases para incorporar la evaluación en todos
los niveles de la Administración Pública Española.
3. Progresiva creación de un sistema político de evaluación fundamentado en instituciones estables. Entre tales
instituciones destacan:
a. el Tribunal de Cuentas,
b. Intervención General Administración Estado,
c. Para el sistema educativo e investigación: ANECA, INECSE, ANEP.
d. Para el ámbito de la salud, la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud.
e. Asunción en Secretarías Generales Técnicas de la exigencia de incorporar la evaluación en los
estudios económicos de normas.
4. La Fundación, en 2007, de la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los
Servicios (AEVAL), que se disuelve como tal en 2017, pasando a asumir sus funciones el Instituto para la
Evaluación de Políticas Públicas, Del Ministerio de Hacienda y Función Pública.

En el momento de definir el concepto de evaluación de políticas públicas, se han señalado dos conceptos
íntimamente ligados: el de resultados e impacto. Puede decirse que los resultados están relacionados y aluden a la, al
menos, doble temporalidad de la evaluación:
• por un lado, la evaluación de los resultados, que pone en relación directa a los objetivos de la política
evaluada con lo obtenido tras su implantación, a lo que se suele añadir la mediación de los recursos
(económicos, tiempo, personales, etc) utilizados.
Estaríamos ante una temporalidad concreta: los resultados obtenidos desde que se puso en marcha la política,
hasta el momento en que se lleva a cabo la evaluación.
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• Por otro lado, el impacto, que no siempre es fácil de calibrar, ya que me dio una temporalidad que puede
considerarse difusa, ya que tiene que ver con las consecuencias. La pregunta difícil de responder es cuando
acaban las consecuencias o, con mayor precisión, dónde acaba la cadena de consecuencias, pues unas
consecuencias pueden traer otras.

No es baladí la cuestión de las consecuencias cuando el enfoque se realiza desde la responsabilidad política. Toda
política tiene consecuencias, incluso toda decisión dentro de una política, pues repercute en personas. Especialmente
en algunos campos de la actuación pública, el hecho de tener muy en cuenta las consecuencias de las decisiones hace

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que se imponga el denominado principio de precaución, es decir, las tomas de medidas que, en principio, parecen
tener menores consecuencias (negativas), aun cuando sus potenciales beneficios también sean menores.

Volviendo a la diferencia entre análisis de políticas y evaluación de políticas:


• la lógica de la evitación de riesgos (risk avoidance) tiende a imponerse en el momento de selección de la
política a llevar a cabo.
• Mientras que la evaluación se remite a indagar en la cadena de consecuencias de una política ya desarrollada.

Entre el contexto de la evaluación de las políticas públicas y la definición de las consecuencias que la política
evaluada produce, se encuentran otros momentos. Tal vez uno de los más relevantes es el de la decisión de llevar a
cabo la evaluación de una política concreta.

Entonces, han de tomarse en consideración distintos aspectos, como el hecho de que la evaluación va a cargo de los

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presupuestos públicos y, por tanto, requiere adjudicación presupuestaria; así como colaboración de los implicados.

Los momentos propios de la evaluación de las políticas públicas son:


1. Implementación,
2. Resultados y
3. coste beneficio.

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La evaluación de la implementación tiene por finalidad mejorar el diseño de la política mientras se encuentra en
proceso de aplicación. Ocasionalmente, puede incluir la evaluación de las denominadas “experiencias piloto” o
aplicación parcial de una política a algunos casos seleccionados con la finalidad de observar sus posibles
consecuencias y mejorar toda la aplicación a la generalidad de los casos.

Ej: Una política para la prevención de delitos en zonas turísticas puede empezar a implementarse en muy pocas
localidades, para evaluarse antes de su generalización al conjunto de localidades turísticas, pudiéndose así identificar
problemas en la aplicación de tal política.

Este tipo de experiencias evaluativas son útiles de cara a la evaluación posterior de la política una vez extendida su
aplicación, ya que permite observar las potenciales lagunas de información existentes para llevarla a cabo.

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En la evaluación de la implementación de una política pública cobra especial relevancia la entrega de recursos para
llevarla a cabo, pudiendo éstos consistir en:
• recursos personales,
• recursos materiales (económicos, edificios, instrumentos, maquinarias...),
• Recursos informáticos (diseño de un nuevo software, por ejemplo),
• recursos organizativos, de formación o de diseño de procedimientos y protocolos.

La evaluación de la implementación permite identificar lagunas de información, a partir de la comparación entre la


información necesaria para llevar a cabo la evaluación y la información disponible.

La disponibilidad de información necesaria para la evaluación es uno de los requisitos de la misma. La mayor parte
de los fracasos de las evaluaciones tienen su origen en la falta de información necesaria, tal como el número de

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solicitudes, número de beneficiarios, actuaciones realizadas, caracterización de beneficiarios o sancionados, recursos
materiales, personales o económicos utilizados para la implementación de la política pública.

En ocasiones, tal ausencia de disponibilidad es solo consecuencia directa o indirecta de la resistencia que tienen
algunos órganos a ser evaluados. De hecho, la falta de información suele ser uno de los síntomas más evidentes de
debilidad de la cultura de la evaluación.

El diseño y puesta en marcha de un sistema de información, articulado en un conjunto de procedimientos de registro y,


después, de construcción de bases de datos, es una operación delicada que lleva tiempo. Cabe recalcar un par de
principios básicos:
1. Todo sistema de información para la evaluación se encuentra, más tarde o más temprano, con limitaciones. La
demanda de información de las sucesivas evaluaciones irá progresivamente en aumento, por lo que tal sistema
de información está, asimismo, en continua mejora.
A pesar de las mejoras, la información tenderá a ser insuficiente para evaluaciones cada vez más exigentes.
2. La disponibilidad de la evaluación es un indicador del arraigo de una cultura de evaluación y producto de la
existencia de políticas de evaluación.

A diferencia de la evaluación de resultados (focalizada en el grado de logro de los objetivos previstos) y de la


evaluación de coste-beneficio (que relaciona tales resultados con la valoración de los recursos para su obtención), la
evaluación de la implementación hace especial hincapié en las operaciones que se han llevado a cabo, lo que puede
ir más allá de lo que cabe considerar como operaciones intrínsecas a la propia política pública evaluada.

Nos referimos a operaciones como:


1. información a la población, especialmente a la afectada, sobre la política,
2. registro de la población afectada concretamente con la política,
3. obtención del grado de satisfacción de los usuarios o beneficiarios directos de la política.

A modo de resumen, pueden establecerse tres grandes momentos en el proceso de evaluación:


1) Momento de acuerdo sobre los criterios evaluativos, que pueden ser más o menos estandarizados o
establecerse ad hoc, para la evaluación de esa política pública concreta.
2) Recopilación sistemática de datos.
3) Presentación y difusión de los resultados de la evaluación, lo que incluye un informe de recomendaciones de
nuevas medidas.
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4.- LOS RECURSOS DE LA EVALUACIÓN.

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Los recursos necesarios para llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas abarcan diversos tipos, pero el más
importante es el relativo a los recursos profesionales. Es decir, la disponibilidad de expertos en la implementación de
procesos de evaluación y de gestores de la política pública con la suficiente implicación en el proceso de evaluación,
que sirvan de puerta y palanca para llevarla a cabo.

Ambos tipos de recursos profesionales tienden a compensarse mutuamente, ya que los gestores con mayor
disponibilidad a la evaluación buscarán los mejores y más independientes expertos para desarrollarla.

Junto a los profesionales, la evaluación requiere de recursos económicos o materiales.

Dentro de las prácticas de investigación más habituales para la producción de registros para la evaluación de políticas
públicas destacan las siguientes (prácticas para producir registros):

1) Análisis documental y estadístico a partir de los registros administrativos existentes.


2) Análisis documental de otro tipo de registros existentes (no administrativos).

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3) Entrevistas abiertas (cualitativas) agentes que ponen en práctica la política, grupos de interés presentes en el
campo de aplicación de la política evaluada y usuarios efectivos y potenciales de la misma.
4) Encuestas con cuestionario estandarizado entre distintos tipos de beneficiarios o entre el conjunto de la
sociedad, dependiendo del alcance de la política evaluada.
Hay políticas en nuestro país que, para su evaluación, utilizan una sistemática y periódica aplicación de
encuestas, como ocurre con el Barómetro Sanitario o la Encuesta Nacional de Salud por parte de las Políticas
Sanitarias, o la Encuesta de Población Activa, por las políticas de empleo.
5) Grupos de discusión.
6) Observación participante, especialmente utilizada para observar cómo se incorpora una determinada política
al mundo de la vida de los sujetos (beneficiarios de la misma o no) ofreciendo pistas sobre la adaptación que
hacen estos sujetos de la misma, o cómo se adaptan a ella.

La opción por cada una de estas prácticas de observación no excluye la articulación con otras. Es más, dada la
complejidad creciente que adquiere la evaluación, es recomendable tal articulación, pues toda práctica de observación
presenta limitaciones. La práctica más utilizada es la encuesta con cuestionario estandarizado aplicado a una
muestra representativa (preferentemente, estadísticamente representativa) de una población.

No hay que confundir encuesta con cuestionario. La encuesta es el conjunto de operaciones o proceso destinado a
producir conocimiento, en nuestro caso, de la realidad social. Como tal proceso, se configura en una serie de fases más
o menos también estandarizadas y, sobre todo, relacionadas entre sí. La encuesta mediante cuestionario estandarizado
es un instrumento (encuesta):
1. Estandarizado.
2. Destinado principalmente a observar procesos masivos.
3. Aun cuando inicialmente se centra en el registro de “hechos”, de comportamientos declarados por los sujetos,
al no existir otra forma de registro más directo, progresivamente se convierte en el instrumento en el que se
establece la opinión pública.

La implementación de una política pública genera reacciones en la opinión pública de una sociedad, que puede
sancionar dicha política manifestando su satisfacción a partir de las experiencias con respecto a la misma. Por ello,
más allá de la eficacia y la eficiencia: las políticas públicas han de evaluarse en términos de satisfacción de los
beneficiarios y opinión pública de la sociedad.

5.- LA METAEVALUACIÓN

La evaluación constituye un cuerpo científico en el que se pone en el centro la ética reflexiva del evaluador, por lo que
toda evaluación ha de ser evaluada por un segundo evaluador independiente del primer evaluador.

La metaevaluación no es sino la evaluación de la evaluación realizada que empieza planteándose la utilidad de la


evaluación: si era pertinente llevarla a cabo, si los resultados que ofrece sirven para tomar decisiones de mejora.

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La metaevaluación se cuestiona la pertinencia de la realización de la evaluación, para, pasado este filtro, entrar en el
análisis de los procedimientos de evaluación llevados a cabo.

La cuestión de la pertenencia de la evaluación puede incluso trasladarse a los beneficiarios o a la opinión pública,
cuando se trata de políticas públicas de carácter general. Es lo que hace la Encuesta sobre la Calidad de los Servicios
Públicos, donde se plantea la pertenencia de la evaluación en este campo al conjunto de la opinión pública que, a su
vez, es cuestionada por distintos aspectos de la calidad de los servicios públicos en España.

No puede dejarse a un lado el carácter político de la evaluación de las políticas públicas. Parece una obviedad, pero
toda política es política y todo lo que tiene que ver con la política, incluida la evaluación, se convierte en político.

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Las políticas públicas y los programas son propuestos, definidos, debatidos, financiados y aprobados a través del
proceso político, con consensos, apoyos, resistencias y, ocasionalmente, obstáculos. Pues bien, la evaluación también
entra en el proceso político, pues hay que tener en cuenta que puede tener influencia en decisiones políticas
posteriores. Por ello mismo, la propia evaluación de políticas públicas es objeto de discusiones.

Especialmente, cuando convoca a niveles distintos de la Administración Pública gobernados respectivamente por
partidos políticos distintos.

Toda política, independientemente de la concreción del concepto, está atravesada de ideología. También la política
criminal. La evaluación de las políticas públicas, incluida la política criminal, está atravesada de ideología y, por lo
tanto, de manera manifiesta o latente, está atravesada de conflictos.

Así, en los conflictos sobre la evaluación, pueden intervenir los siguientes factores:

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1. Utilización partidista de la evaluación: situarla como mérito político, cuando se trata de una evaluación
positiva; utilizarla como fundamento de la crítica al adversario político, cuando el resultado de la evaluación
es negativo.
2. La estructura institucional y sus interacciones. La evaluación puede ser utilizada como arma en conflictos
interburocráticos, entre las distintas administraciones o distintos niveles de la administración pública,
especialmente cuando están a cargo de formaciones políticas opuestas.
3. Los conflictos entre la racionalidad política y la racionalidad técnico-gerencial o entre políticos y técnicos.
4. El lugar subordinado del evaluador tiene la responsabilidad añadida de integrar y articular todos esos
conflictos. Esta posición subordinada del evaluador tiende a constituirse en marco para ser enormemente
moderado en las críticas, en la señalización de los aspectos negativos, con la finalidad de que no sean
utilizadas por las otras partes en conflicto.

Por último, señalar que la evaluación de las políticas públicas también es política puesto que:
1) Exige un impulso de los poderes públicos concretos, tanto para llevarse a cabo con los recursos suficientes,
pero, sobre todo, porque exigió un impulso desde las propias posiciones ejecutivas. La evaluación aislada de
políticas públicas suele tener escaso eco, pues tiende a que sus resultados apenas sean escuchados. Se exige
una política de evaluación, en cuanto política que tenga en la evaluación de las decisiones uno de sus centros.
2) La necesidad de una evaluación continua y efectiva solo puede llevarse a cabo desde el fomento de una
cultura política y de la administración que confíe en la importancia de la evaluación y, en general, de los
procesos racionales para llevar a cabo las tomas de decisiones y la rendición de cuentas.
3) La existencia de instituciones, centros o institutos, cuya función es llevar a cabo la evaluación de los
servicios públicos y de las políticas públicas, dentro de la arquitectura institucional del Estado Es resultado
de una decisión política, tanto en lo que respecta a su creación, como a su mantenimiento y fomento.
4) Las fuerzas de la evaluación de las políticas públicas y, por lo tanto, de sus resultados, depende en buena
medida de que el propio ejercicio de la evaluación quede excluido de la lucha frontal entre partidos
políticos u otros actores de la política.

La evaluación de políticas públicas exige prácticamente realizarse en un marco donde confluyen las cuatro
concepciones de la política.
Puede asumirse así que la propia asunción y realización de la evaluación de las políticas públicas conlleva un proceso
de transformación de lo que se entiende en una sociedad como política, en un sentido amplio, lo que incluye la forma
de hacer políticas públicas. En todo caso, supone un ejercicio más racional del poder.

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Hay que subrayar que no siempre es suficiente la acumulación de evidencias empíricas, siendo éste el corazón de la
evaluación, para empujar al cambio de una política pública. Ahí tenemos el caso de las políticas medioambientales a
partir del cambio climático. Las evidencias empíricas acumuladas ya son incontestables.

Sin embargo, como señala GIDDENS, domina la inacción, proponiendo la paradoja de Giddens, que podríamos
resumir de la siguiente forma: ahora que se considera que todavía no es suficientemente evidente, no actuamos;
cuando sea totalmente evidente, ya no habrá tiempo para actuar.
Esta relación tensa entre observación empírica (científica), que arrastra a la evaluación, y políticas públicas va más
allá del fenómeno del cambio climático. Prácticamente atraviesa todos los campos de la acción política.

6.- NIVELES DE ÉXITO DE LA EVALUACIÓN DE UNA POLÍTICA PÚBLICA

No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Desde un nivel ideal que pudiera considerarse meramente técnico, podría presentarse un margen relativamente amplio
para las recomendaciones derivadas de una evaluación.

Las recomendaciones (y consecuencias) prácticas de una evaluación de una política pública pueden ser:
1) Continuación de la política pública bien considerada en la evaluación.
2) Cambio de la política pública, en los aspectos más críticos de la evaluación realizada.
3) Finalización de la política pública, reconociendo su inconveniencia, lo que es lo mismo que apuntar a su
fracaso o agotamiento.

El que se asuman estas recomendaciones derivadas de la evaluación de una política pública es una decisión política.

La acción política posible tras los resultados de la evaluación y fijada en recomendaciones, se establece de forma

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sintética en el siguiente cuadro que pone en juegos el resultado (simplificado en la polaridad resultado positivo vs
resultado negativo) en dos categorías de indicadores:
• los indicadores que cabe considerar de objetivos, derivados fundamentalmente del análisis de los registros
existentes (administrativos, estadísticos), o
• de subjetivos, fundamentados en las respuestas a los instrumentos de observación de la opinión pública.

Las recomendaciones de acción más concreta derivadas de un proceso de evaluación de políticas públicas serían las
siguientes:

1) Continuación de la política pública bien considerada en la evaluación, tanto por los indicadores objetivos,
como por los subjetivos.
2) Cambio de la política pública, en los aspectos más críticos de la evaluación realizada, cuando proceden de la
observación de la evolución de indicadores de carácter objetivo.
Ej: Aumento de determinado tipo de delitos o del número de nuevos delincuentes, en el caso de la política
criminal.
Cambios que han de atender preferentemente a las debilidades de la implementación de la política pública
señaladas en el informe de evaluación.
3) Finalización de la política pública evaluada y propuesta de las líneas generales de una nueva política,
reconociendo la inconveniencia del mantenimiento de la implementada, lo que es lo mismo que apuntar su
fracaso o su agotamiento, cuando tanto la evolución de indicadores positivos como negativos es negativa.
4) Por último, puede darse el caso de que los indicadores subjetivos (de la opinión pública) muestren una
evolución negativa, sin que parezcan corresponderse con una evolución en el mismo sentido de los
indicadores objetivos.
La recomendación de la acción se dirigiría a preferentemente al ámbito de la comunicación, mostrando
justamente la fortaleza de los indicadores objetivos y, por tanto, de la política.

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Tras el informe de la evaluación, se abre el espacio para la acción política. De hecho, el éxito del informe y de la
evaluación reside, en buena parte, en las consecuencias sobre la acción política posterior. Por eso, una vez más, hay

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que recalcar que la evaluación de políticas públicas es política. Un éxito del informe que tiene distintos niveles, en
función de sus consecuencias o recepción:

• Nivel 1: No genera reacción contra la cultura de la evaluación. Resultado que tiende a derivar de que la
evaluación se ha hecho con profesionalidad, reconociéndose la misma. No obstante, en este nivel las acciones
políticas derivadas de la evaluación quedan entre paréntesis.
• Nivel 2: Disemina conciencia de la necesidad de la evaluación. Se reconoce el valor de la evaluación y su
necesidad.
• Nivel 3: Identificación de necesidades específicas de información. La evaluación pone de manifiesto sus
limitaciones, por falta de información suficiente para alcanzar conclusiones. Los procesos de evaluación
tienden a multiplicar la necesidad de información.
• Nivel 4: Plantea las bases para un sistema de información para una evaluación continuada/periódica del
servicio público. Es un paso más al nivel anterior, puesto que, además de constatar las deficiencias en la
información disponible, propone y se acepta la puesta en marcha de un sistema de registros que, una vez
establecido, permita la evaluación continuada.

Reservados todos los derechos.


• Nivel 5: Se señalan aspectos a mejorar y/o aspectos en riesgo o con consecuencias o externalidades
negativas.
• Nivel 6: Se dan recomendaciones para llevar a cabo las mejoras y tales recomendaciones son valoradas por
los órganos gestores de la política pública.
• Nivel 7: Los puntos de mejora son asumidos por la instancia responsable de desarrollar o gestionar la política
pública abordada.
• Nivel 8: El informe de evaluación es difundido. La propia comunicación de la evaluación puede empoderar a
los ciudadanos de dos formas:
1) Viéndose reflejados colectivamente en los resultados de la evaluación.
2) Dándoles instrumentos para sus demandas potenciales.
• Nivel 9: Los puntos de mejora son reconocidos por el conjunto de grupos de interés, constituyéndose el
informe en la base para un consenso.
• Nivel 10: Se llevan a cabo las mejoras señaladas en la evaluación, transformando la política pública
evaluada.

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