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Educación en Argentina: ¿Modelo Finlandés?

El documento compara el sistema educativo de Finlandia con las políticas de educación implementadas en Argentina durante el gobierno de Cambiemos. Finlandia invierte fuertemente en educación pública, no permite escuelas privadas con fines de lucro, y valora a los docentes a través de su profesionalización. Por el contrario, Cambiemos recortó el presupuesto educativo, promovió la privatización, y redujo la inversión en capacitación docente. Mientras Finlandia logró equidad educativa a través de políticas públicas, Cambiemos profundizó

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Educación en Argentina: ¿Modelo Finlandés?

El documento compara el sistema educativo de Finlandia con las políticas de educación implementadas en Argentina durante el gobierno de Cambiemos. Finlandia invierte fuertemente en educación pública, no permite escuelas privadas con fines de lucro, y valora a los docentes a través de su profesionalización. Por el contrario, Cambiemos recortó el presupuesto educativo, promovió la privatización, y redujo la inversión en capacitación docente. Mientras Finlandia logró equidad educativa a través de políticas públicas, Cambiemos profundizó

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REVISTA ANFIBIA

POR QUÉ NO SOMOS FINLANDIA. La educación en la era Cambiemos.


Nicolás Welschinger

Todos los años, en el marco del inicio de clases y la discusión paritaria, el


gobierno relanza el debate sobre las reformas educativas. Cambiemos descarga
en los docentes la responsabilidad sobre la situación actual y, propenso a buscar
afuera los “modelos exitosos”, apela a Finlandia como su brújula educativa.

“La revolucionaria educación de Finlandia llega a las aulas argentinas”; “El


modelo educativo finlandés que quiere copiar Macri” ; “¿Por qué Finlandia
se puede meter en las elecciones de la provincia de Buenos Aires?” Un
rápido repaso mediático basta para recordar que desde su llegada al gobierno,
los funcionarios de Cambiemos refirieron con asiduidad a una idea rectora para
la política educativa: “copiar” el modelo finlandés.

En la campaña electoral de 2015, Esteban Bullrich solía echar mano a lo que por
entonces era un lugar común instalado: invocar como referencia al modelo
finlandés para sustentar el ataque al estado del sistema público nacional, y a su
vez, para postularlo como el norte modélico que guiaría las aspiraciones de
Cambiemos en caso de lograr la presidencia. En 2016, ya como Ministro de
Educación, Bullrich realizó un viaje oficial a Helsinki para interiorizarse sobre el
funcionamiento de su sistema educativo. Y en 2017 los medios anunciaban que
su sucesor, el actual ministro Finocchiaro, firmaba un memorando de
entendimiento entre ambos países con la intención de que Finlandia asesorara
al Ministerio de Educación “en el diseño educativo y la formación docente”.
Durante la campaña legislativa de ese año, Bullrich compartía en sus redes
videos sobre el sistema educativo finlandés. Sus seguidores dejaban
comentarios como: “Soy docente en Tres de febrero. Nuestro sistema ya es
obsoleto. ¿Podremos aspirar a ser Finlandia algún día Esteban? Espero que sí,
es lo que voté. Fuerza y éxitos”.
A meses de terminar su cuarto año de gestión no quedan rastros de esa
iniciativa. De hecho, el contraste no podría ser mayor. ¿Cómo funciona
realmente el sistema educativo en Finlandia? Lo que hace Cambiemos ¿va en
esa dirección? ¿Tiene sentido pensar en “importar” modelos?

***

Finlandia es miembro de la Unión Europea desde 1995. Con un Estado de


bienestar consolidado durante décadas y una población de cinco millones de
habitantes, suele ocupar el top ten de los mejores índices de igualdad. El pilar
del desarrollo finlandés es su sistema educativo. Post crisis del petróleo en los
70, Finlandia se reconvirtió hacia una economía de alto valor agregado, industria
limpia, verde, electrónica, de punta. Para esto realizaron dos maniobras: crearon
un fondo para el sistema educativo y otro de promoción tecnológica. Un
resultado de ello es Nokia (hoy en crisis), que nace en la universidad y explota
durante los 90 como la empresa bandera del país.
El secreto de su educación se sustenta en tres pilares: 1) la masiva inversión
pública, sostenida por décadas, de un promedio de 7% del PBI, más que la de
otros países de similar escala y composición; 2) la inexistencia del sistema
privado: por ley, el estado regula las pocas escuelas privadas existentes para
que no puedan cobrar, ni seleccionar a sus alumnos. La regulación pública del
privado evita la segmentación del sistema por clases sociales: todas las
escuelas garantizan calidad, no hay unas escuelas para ricos y otras escuelas
para pobres; y 3) la alta profesionalización de la docencia, que va de la mano
con el sistema de capacitación permanente y la sindicalización del 96% de los
docentes.

En Finlandia no sólo la educación es pública sino todo lo necesario para


garantizar la accesibilidad al derecho: el transporte, los libros de textos, la
comida. Todo el sistema de salud también lo es. Y KELA, su secretaría de
seguridad social, se ubica entre las más fuertes de la UE. Un combo de políticas
públicas virtuosas. En la actualidad, ocupa el centro de una polémica por ser el
primer país en implementar un programa piloto de Renta Básica Universal. En
este contexto de políticas igualitaristas la escuela no está sobredemandada y
puede incluso reducir su tiempo de clases -fomentando la recreación lúdica en
tiempo escolar- para actuar de manera más efectiva. La innovación pedagógica
que Michael Moore volvió mundialmente famosa en su documental Where to
Invade Next?: en Finlandia (casi) no hay tareas.

Como escribió el especialista en educación finlandés Pasi Sahlberg, la calidad


educativa resulta no solo de las innovaciones escolares sino también de la
acción conjunta de las políticas de protección e inclusión social. La educación de
excelencia no es puro resultado técnico cognitivo sino el emergente de un pacto
político por un estado de bienestar de mediana duración, como lo demuestra la
reciente renuncia en pleno del gobierno de centro derecha de Juha Sipila por no
lograr el consenso necesario para recortar el sistema de seguridad social.

***

Hasta los años 70 Finlandia tenía un sistema educativo desigual y elitista


(sesgado hacia la clase alta de habla sueca). En los siguientes treinta años el
Estado transformó un sistema desigual en la referencia mundial de equidad y
calidad ¿Cómo lo hicieron?
Finlandia se independizó del imperio zarista en 1917, cuando los bolcheviques
parieron el siglo XX. Luego de terminada la sangrienta guerra civil entre las
facciones políticas de rojos y blancos, la educación fue vista como una potente
herramienta para mantener la identidad nacional, la participación civil y las
libertades políticas. En los 70, cuando se eliminó la injerencia de los actores
privados en la educación, se empezó a mover aquella estructura desigual. En las
dos décadas siguientes, para lograr las mejoras, la reforma se centró en la
formación docente y concentró allí sus recursos.

Todas las investigaciones coinciden: la educación en Finlandia se sostiene por la


calidad profesional de sus docentes. El sistema de capacitación y los salarios se
actualizan todos los años. Y detrás de la retribución económica, existe un
consenso previo que ratifica todo lo demás: la legitimidad social de su tarea. La
docencia es de las profesiones más prestigiosas, requeridas, y resulta muy difícil
acceder a ella: se deben rendir rigurosos exámenes universitarios y muchas
personas lo intentan varias veces. A la carrera ingresa tan solo el 5% de los
aspirantes.

La formación se profesionalizó con el objetivo de conseguir una sólida base


teórica en pedagogías críticas, considerada imprescindible para la práctica en
las aulas. Los finlandeses no solo se preocupan por la motivación, interés y
creatividad de los estudiantes sino también de sus docentes. El currículo
nacional se limita a estipular lineamientos y metas comunes. Cada docente tiene
libertad para definir sobre sus programas y diseñar sus estrategias. Las horas de
clases se reducen también para que dediquen más tiempo a sus propuestas
didácticas. La autonomía relativa que tienen del currículo general se debe al
mismo motivo, promover una práctica creativa e invitar a la innovación
pedagógica: autonomía profesional, prestigio social, respeto y confianza en su
trabajo. La educación por proyectos 2.o, que elimina la división estanca de
asignaturas, es la gran apuesta finlandesa para responder a la caída en el
ránking de las pruebas PISA. Con ella, se fomenta a su vez la integración
transversal de la alfabetización digital.

Sin usos punitivos de las evaluaciones, control asfixiante y explotación al


docente ni sobreexigencias a sus estudiantes, el modelo finlandés pareciera
apuntar a relegar la dimensión disciplinante de la educación.

***

Repasemos la performance de la gestión educativa de Cambiemos en los tres


pilares finlandeses.

1. Inversión pública. Mientras que Finlandia empezó por eliminar la acción


lucrativa de actores privados y desmercantilizar el acceso a la educación para
universalizarla, Cambiemos profundizó la fragmentación del sistema y la
tendencia privatista a través de la desinversión. En tres de cuatro años de
gestión, recortó el porcentaje del presupuesto nacional destinado a educación:
del 7,8 en 2016 cayó al 5,6 en 2019. Para 2019, sumado a la erosión de la
inflación acumulada, la partida de becas Progresar sufrió una reducción real del
25%, luego de ya haber caído los dos años anteriores 32%. Además su partida
se subejecutó en $600 millones. “Con estos fondos -afirma el informe de Ctera,
La privatización educativa en Argentina- se podría haber atendido durante 12
meses a 55.000 becarios más o haber incrementado el monto de la prestación
mensual que se mantiene igual desde 2015″.

Durante la gestión, la subejecución fue una metodología reiterada. En el


presupuesto 2019 los fondos para equipamiento escolar e infraestructura
representan solo un cuarto de los asignados en 2018 (cayeron de 9.200 a 2. 600
millones), año en que se subejecutó el 70% de la partida otorgada. El recorte en
los programas socio educativos fue en el mismo sentido. En el caso del Plan
Nacional de Lectura, durante todo 2016 no se compraron libros, y en 2017 hubo
fuerte retrasos en las compras y distribución. La subejecución y la reasignación
de partidas condujeron a desvirtuar el funcionamiento de áreas y programas.
Frente a ello, los funcionarios justificaron el cierre y/o terciariarización del
servicio.
2. Profesionalización. En Finlandia fueron claves la formación de calidad y la
construcción de legitimidad social de la docencia como profesión. En el área de
formación, Cambiemos recortó drásticamente un 65% el presupuesto del
Instituto Nacional de Formación Docente (INFoD). De 1.345 en 2016 a 483
millones en 2019 en términos reales. En 2018 el programa de Acciones de
Formación Docente subejecutó 17 millones, que significó menos becas para sus
estudiantes. Incluso en 2018 hubo ejecución nula de los programas: Provisión de
Equipamiento Informático para Institutos Superiores de Formación Docente,
Sistema de Gestión para Institutos Superiores de Formación Docente y
Asistencia Técnica para la Mejora de las Metodologías de Enseñanza. Como
explica detalladamente Manuel Becerra en “El modelo educativo de las
nuevas derechas”, en las áreas de evaluación y la formación continua el
gobierno promovió el ingreso de jugadores privados con el objetivo de lograr la
desregulación laboral y la tercerización. Organizaciones no gubernamentales,
empresas multinacionales, fundaciones que no actúan con otra lógica que la
búsqueda de alta rentabilidad, lucrando con contenidos curriculares uniformes-
globales-estandarizados, como el producto de cualquier cadena multinacional
exitosa.

En cuanto a la legitimidad ¿qué hizo Cambiemos por la jerarquización y el


respeto social de la docencia? Desde su asunción, todos los inicios de año
Cambiemos relanza una campaña de difamación pública contra los trabajadores
de la educación en todos sus niveles, incluidos los investigadores del sistema
científico. En una estrategia que involucra a los medios masivos de
comunicación, apuntó a desprestigiar a las organizaciones y sindicatos
docentes. Por eso no sólo eliminó las paritarias nacionales y en 2018 redujo
poder adquisitivo de los salarios un 22. 4%.

Como explicó Pablo Semán, eligió atacar pública, material y simbólicamente a


los docentes como un ejemplo disciplinante para el conjunto de los trabajadores.
En 2017 en la Provincia de Buenos Aires, frente a la huelga docente, María
Eugenia Vidal anunció que convocaría a los 70 mil “voluntarios” reclutados que
se ofrecieron vía redes sociales y mediante un 0800 para reemplazar a
profesores y maestros en paro. Aunque la iniciativa no prosperó por razones
legales, sí logró instalar que cualquier persona sin previa preparación, saber
específico, ni socialización profesional, puede enseñar. Solo bastaría la vocación
como único requisito. En el marco de la disputa paritaria de esos días, la
metáfora presidencial “caer en la escuela pública”, enunciada con naturalidad
ideológica, fue quizá la culminación del desprecio del primer presidente producto
de la educación privada.

Quizá lo anterior deje comprender por qué ante esta situación hoy cobran más
fuerza y alcance las acciones de visibilización pública del conflicto promovidas
por los distintos sindicatos docentes con el objetivo de evitar las políticas
privatistas del gobierno. Tomar a los docentes por enemigos públicos no
pareciera ser lo que funcionó en Helsinki.
3. Innovación pedagógica. En el documento “Key projects reform Finnish
education”, publicado en 2016, el gobierno finés propone una serie de reformas
educativas para los próximos años. La primera es “Digital learning and new
learning”, la alfabetización digital como clave de la innovación para el futuro de
una economía que apunta a la producción y la generación de valor agregado.
¿Qué hizo Cambiemos en esta dirección? En mayo de 2018, firmó el cierre del
programa Conectar Igualdad y decretó el lanzamiento de su relevo, el plan
Aprender Conectados. En el decreto, de modo impreciso, se señalaba que el
nuevo programa requeriría “un herramental mucho más potente”. Si se recuerda
que Conectar Igualdad entregó más de cinco millones de netbooks y desarrolló
diversas líneas de formación en tecnología educativa, la afirmación oficial
tomaba relevancia. En el marco del nuevo programa, casi un año después se
publicó en el boletín oficial la iniciativa “Escuelas de Innovación”. Allí se
establece que participarán tan sólo cincuenta escuelas de todo el país. Para
seleccionarlas, las candidatas competirán entre sí en una convocatoria
“voluntaria” en la que se evaluarán antecedentes con TIC. En el nivel secundario
la modalidad se repetirá, pero sólo participarán dieciocho colegios. Con esta
propuesta, se renuncia a cualquier acción igualitaria y se refuerza desde el
accionar estatal la desigualdad que reproduce la segmentación del sistema entre
escuelas ricas/pobres.

En el mismo discurso en el Rotary Club en el que atacó a las/os universitaria/os


– “ningún pobre llega…”-, Vidal sostuvo que “durante años repartimos netbooks
en la secundaria para escuelas que no tenían internet y a chicos que no tenían
DNI” para justificar que no se entregaran más computadoras. Luego, continuó
“hoy, la verdad es que los chicos aprenden mejor vía celular porque en el celular
es donde van a ver el futuro”. Sin embargo no anunció recursos que
acompañaran esta idea. Sí en cambio apoyó que el Ministerio de Educación
provincial lanzara la poco meritocrática iniciativa “Trae tu propio dispositivo”, que
promueve que -en caso de contar con uno- cada estudiante lleve a clase el
dispositivo tecnológico del que disponga en su hogar.

A la inversa que en Finlandia, en los tres ejes la desigualdad del acceso -y no la


lógica igualitaria del derecho- reguló el modelo educativo de Cambiemos.

***

Finlandia es un país escandinavo, con fuerte homogeneidad socio demográfica,


bajos niveles de desigualdad y violencia institucional, con altos índices de
suicidio, problemas de adicción y alcoholismo. Por difíciles que sean los
problemas con los que lidia su sistema educativo- la exigencia de estar primeros
en el ranking de las pruebas PISA (el 2012 no lo fue y se vivió como una
catástrofe nacional), la carrera contra sus vecinos nórdicos como Estonia por
desarrollar starts up digitales-, distan un océano atlántico de los que enfrenta la
escuela argentina. Los desafíos de nuestro sistema educativo, el albergar las
conflictividades desatadas de la desigualdad social o tramitar la heterogeneidad
sociocultural de la fragmentación de clase en estratos, en Finlandia son
abordados por una trama de políticas e instituciones estatales.
Importar el modelo finlandés se vuelve aún más inapropiado si se considera que
la desigualdad, la heterogeneidad y la exclusión no forman parte de sus desafíos
cotidianos y que, por lo tanto, sus iniciativas y reformas escolares no se orientan
en primer lugar a combatirlas. Mientras en Finlandia se reducen las horas de
clases, la escuela argentina necesita incrementar la jornada y el tiempo de los
estudiantes con sus docentes. Mientras la versión nórdica de la educación por
proyectos busca saldar la brecha entre saberes/habilidades formales e
informales acumulada por una sociedad que se expande a lo digital, la
educación argentina tiene que recorrer el camino en la dirección contraria
jerarquizando los saberes escolares y contrarrestando una alfabetización de
hecho inseminada por el mercado. Tampoco en las estrategias de formación
docente cuadra un modelo preparado para el ingreso de sólo un 5% de los
aspirantes.

Ambas escuelas persiguen el mismo objetivo, equidad y calidad educativa, pero


enfrentan desafíos diferentes en configuraciones diferentes. Siempre es posible
retomar iniciativas, sin caer en la ingenuidad de pensar que las políticas públicas
son extrapolables y se aplican sobre pueblos sin historia o composición singular.
Toda la historia de la educación se trató de una saga de contactos y
transferencias de saberes y prácticas globales. El problema aparece cuando
funcionarios y expertos interpretan estos procesos como injertos más que como
repertorio de prácticas para actuar de manera particular e histórica en el
escenario propio.

Con las políticas educativas sucede lo que con las políticas públicas en general:
antes que encarnar una esencia técnica o ideológica, las medidas aplicadas
resultan de las fuerzas sociales y políticas que las moldean. Hoy, antes que
tomar nuevas iniciativas y lejos de apoyarse en el ejemplo finlandés, el único
norte que ha demostrado el gobierno es el desmantelamiento de los programas
de inclusión educativa que se ensayaron en la Argentina desde el 2006. Hoy la
gestión de Cambiemos es un tren desvencijado que se aleja cada vez más de
Finlandia.

Fuente: [Link]

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