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Sara: Superación y Aceptación Personal

Sara, una niña siria refugiada, sufría burlas de sus compañeros de clase por cojear. A pesar de las pesadillas sobre su pasado, disfrutaba de la lectura y aprendizaje. En su cumpleaños, les contó que su cojera le salvó la vida durante un bombardeo en Siria, donde perdió a su familia, y que cada balanceo recuerda su tierra y seres queridos. Desde entonces, los niños dejaron de burlarse y aprendieron a aceptar las diferencias.

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Sara: Superación y Aceptación Personal

Sara, una niña siria refugiada, sufría burlas de sus compañeros de clase por cojear. A pesar de las pesadillas sobre su pasado, disfrutaba de la lectura y aprendizaje. En su cumpleaños, les contó que su cojera le salvó la vida durante un bombardeo en Siria, donde perdió a su familia, y que cada balanceo recuerda su tierra y seres queridos. Desde entonces, los niños dejaron de burlarse y aprendieron a aceptar las diferencias.

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¡SARA, LA COJA!

 Hacía un año que había llegado al pueblo para vivir con su nueva

familia. Ella estaba muy contenta y muy feliz, aunque algunas noches tenía

pesadillas, pero nada que su nueva mamá no pudiera solucionar con sus

abrazos y nanas.

Sin embargo, en el colegio los niños se metían con ella. Nunca la

llamaban por su nombre, sino que utilizaban su discapacidad para

insultarla. Incluso, le coreaban una canción titulada La Coja. Sara procuraba

no hacerles caso y disfrutaba del patio leyendo y aprendiendo cosas de

otras culturas.

Los nuevos padres de Sara se habían planteado operarla para

eliminar la cojera con el fin de que no tuviera que aguantar las burlas de los

demás. Pero Sara se negaba. Estaba muy orgullosa del balanceo que su

cuerpo tenía cuando andaba. Para ella ser coja era importante.

En una semana Sara celebraría su cumpleaños. Eran pocos los niños

que iban a acudir a su fiesta y no porque ellos quisieran, sino porque sus

padres les obligaban por su amistad con la familia de Sara.

Cuando llegó el día había caras tristes, excepto la de Sara. Tras

disfrutar de los payasos, de la merienda y de la tarta llegaron los regalos.

Sara quiso adelantarse y pidió permiso para hacer ella un regalo a todos los

niños que habían asistido a su cumpleaños antes de abrir ella sus paquetes.

Sus nuevos padres, extrañados, la animaron a continuar.

Fue entonces cuando Sara quiso regalar a los niños su

historia. Comenzó contando que antes vivían en un bonito país llamado

Siria. Que tenía muchos amigos y siempre estaban jugando en la calle.

Recordó el nombre de todos éstos y el de sus numerosos hermanos. Les

explicó lo feliz que era allí.


Pero un día empezaron a estallar bombas y todos se prepararon para

dejar sus casas en busca de una tierra en paz y que les acogiera. Como ella

era coja, un camión de la Cruz Roja la recogió un viernes por la tarde para

que no tuviera que andar tanto. Su familia y vecinos la seguirían en la

mañana siguiente. Sin embargo, nuevas bombas cayeron esa noche en el

barrio y Sara nunca más supo de ellos.

Sara sabía que su cojera le había salvado la vida y con cada balanceo

de su cuerpo recordaba a sus hermanos y viejos amigos, así como todo lo

que suponía su antigua tierra. Ser coja para ella siempre sería importante.

Desde ese día ningún niño volvió a llamarla coja ni a hacerle vacío.

Todos se disculparon con ella y aprendieron que ser diferente no solo no es

malo, sino que puede enriquecernos a todos.

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