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Estética y Patrones Faciales

Este artículo trata sobre los conceptos de estética y los análisis craneofaciales utilizados en Ortodoncia a lo largo de la historia. Explica que la belleza es subjetiva pero que existen parámetros para analizar el patrón facial. También describe los diferentes enfoques para clasificar maloclusiones y lograr armonía facial a través del tratamiento ortodóncico.

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Estética y Patrones Faciales

Este artículo trata sobre los conceptos de estética y los análisis craneofaciales utilizados en Ortodoncia a lo largo de la historia. Explica que la belleza es subjetiva pero que existen parámetros para analizar el patrón facial. También describe los diferentes enfoques para clasificar maloclusiones y lograr armonía facial a través del tratamiento ortodóncico.

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Medicent Electrón. 2022 ene.-mar.;26(1)

Comunicación

Estética y patrones craneofaciales en la Ortodoncia


Aesthetics and craniofacial patterns in Orthodontics

Yanet González Pérez1* [Link]


Olga Lidia Véliz Concepción1 [Link]

1Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Cuba.

*Autor para la correspondencia: Correo electrónico: yglezperez@[Link]

RESUMEN
La belleza se puede definir como una combinación de cualidades que dan placer a
los sentidos o a la mente. En Ortodoncia, la mayoría de los pacientes acuden a
consulta para mejorar su estética. Las características faciales y esqueléticas
determinan el desarrollo del patrón facial, este puede ser descrito y cuantificado y es
resultado del crecimiento. Dicho aspecto, ofrece, además, las bases para el
diagnóstico correcto de la anomalía dentomaxilofacial y es un requisito para lograr
una estética y una función adecuadas. Se realizó un estudio de los diferentes
conceptos de estética y los análisis craneofaciales tomados en cuenta a lo largo de
la historia de la Ortodoncia para definir tratamientos y diagnósticos en los pacientes.
Si bien existen numerosos estudios que avalan la importancia de estos datos para
llegar a la armonía facial, es evidente la ausencia de un acercamiento a la realidad
cubana y su diversidad de razas.
DeCS: patrón facial; estética facial; análisis facial.
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ABSTRACT
Beauty can be defined as a combination of qualities that give pleasure to the senses
or to the mind. In Orthodontics, most patients come for consultation to improve their
aesthetics. Facial and skeletal characteristics determine facial pattern development,
which can be described and quantified and is the result of growth. It also provides the
basis for the correct diagnosis of dentomaxillofacial anomalies and is a prerequisite
for adequate function and aesthetics. A study of the different aesthetics concepts and
the craniofacial analysis, throughout the history of Orthodontics, was made to define
treatments and diagnoses in patients. Although there are numerous studies that
endorse the importance of these data to achieve facial harmony, it is evident that
there is no an approach to the Cuban reality and its racial diversity.
MeSH: facial pattern; facial aesthetics; facial analysis.

Recibido: 23/11/2021
Aprobado: 15/12/2021

Desde la antigüedad, el hombre ha buscado resaltar la belleza humana, a partir de


parámetros estandarizados de acuerdo al ambiente cultural, la raza, sexo, u otras
variables que cambian de acuerdo al entorno. La belleza se puede definir como una
combinación de cualidades que dan placer a los sentidos o a la mente. Cada
persona tiene su propio concepto de belleza, es decir, existe un concepto individual
de belleza que determina la forma de mirar, concebir, juzgar y de razonar frente al
mundo que los rodea.(1)
La apariencia física es la tarjeta de presentación de cada ser humano. La aceptación
social, el bienestar psicológico, y la autoestima del individuo, están estrechamente
relacionados con ella. Sin embargo, la definición de una cara atractiva y agradable
es una cuestión subjetiva en la que intervienen múltiples factores (cultura,
personalidad, gustos personales, origen racial, edad, entre otros).
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Lo cierto es que la belleza es una percepción subjetiva mediada por las ideas del
observador y matizadas por las tendencias de una época. Para el ortodoncista, la
belleza se convierte en una cuestión práctica, ya que una de sus aspiraciones
(compartida con el paciente que solicita sus servicios) es alcanzar un resultado
estético al final del tratamiento.(2)
Para analizar una cara es necesario conocer los parámetros que definen la
normalidad facial en una población. Se sabe que las características faciales difieren
entre las diversas razas y grupos étnicos. Diferentes autores han incluido parámetros
de los tejidos blandos en sus análisis, la mayoría a partir de radiografías. También se
han descrito varios análisis fotogramétricos (sobre fotografías) que son un buen
medio indirecto para analizar la morfología cráneo-facial.(3)
Aristóteles fue uno de los filósofos griegos que introdujo el término estética. Él y sus
seguidores se aplicaron al estudio de las razones por las cuales la persona resultaba
bella o agradable a la vista, describieron las primeras leyes geométricas para la
armonía y el equilibrio facial, y establecieron cánones de belleza. Este concepto ha
cambiado durante siglos y varía, en gran medida, de un lugar a otro, está sujeto a
parámetros socio-culturales y a la moda del momento. A pesar de que la percepción
de la morfología facial humana ha variado a lo largo del tiempo, existe una
sorprendente correspondencia entre las proporciones de cada individuo.(1)
En Ortodoncia, los pacientes acuden por dos motivos a la consulta: en la mayor
parte de los casos para un tratamiento que mejore sus características de estética
facial y dental, y en menor grado, por problemas de función.
Poseer datos sobre el crecimiento y desarrollo normal reviste gran importancia para
prever la influencia del crecimiento, como elemento vital en la planeación del
tratamiento ortodóntico u otros tratamientos estomatológicos; de igual forma, es
preciso diferenciar los sucesos y aspectos morfológicos que consolidarán un
crecimiento del complejo cráneo-facial armónico y estimar los valores medios de las
diferentes variables craneales y faciales.

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El patrón facial y esquelético determina el desarrollo del crecimiento cráneo-facial,


este puede ser descrito y cuantificado y es resultado del crecimiento, es un proceso
dinámico y variado. Se clasifica como variado porque pueden variar en las diferentes
enfermedades, sujeto a las influencias ambientales, pero siempre obedece al mando
genético que, en esencia, define el patrón cráneo-facial.
¿Cómo crece la cara al emerger de la base del cráneo? Este ha sido uno de los
enigmas más importantes de la Ortodoncia, que ha sido estudiado con rigor
científico, pues entender las formas de crecimiento y desarrollo del rostro ofrece las
bases para el diagnóstico correcto de la anomalía dento-máxilo-facial y es un
requisito indispensable para la planificación y desarrollo del tratamiento ortodóncico
con el objetivo de lograr estética y función adecuada en el paciente. (4,5)
Varios son los estudios que desde los inicios de la Ortodoncia utilizan el análisis
cráneo-facial como método clínico para evaluar los rasgos del paciente con el fin de
definir proporciones, volumen, apariencia, simetría y deformidades visibles. Este se
basa en el examen directo, fotografías clínicas e imagenología convencional y
digital.(1)
Angle, en 1907, sugirió que si los dientes se encontraban en una oclusión óptima, el
resultado sería una buena armonía facial. La clasificación de las maloclusiones
preconizada por Angle es brillante en su objetivo, que es la definición de estas con
base en la relación sagital de los molares. Como prueba, se tiene su uso universal y
duradero sin alteraciones sustanciales. Se hicieron algunas complementaciones,
como, por ejemplo, la de Andrews (1972), para agregar informaciones y tornarla más
detallista, sin alterarla en su esencia. Angle definió, desde los inicios de la
Ortodoncia, la clasificación de las maloclusiones por la relación sagital de los
molares y, a groso modo, la tendencia de la relación de los dientes anteriores. A
partir de ahí, los portadores de maloclusiones pasaron a ser clasificados como Clase
I, II, sus divisiones y subdivisiones y Clase III. Con el tiempo, innumerables
equívocos fueron cometidos a nombre de esa simplificación, una vez que es

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simplista intentar encuadrar maloclusiones, que son tridimensionales, solamente por


la lectura de una señal: la relación sagital de los molares.(2)
En 1899, Angle practicó la ortodoncia basada en conceptos de belleza y análisis
faciales, donde el perfil de Apolo de Belvedere era considerado como ideal por lo
que todos los pacientes debían ser llevados a este perfil para considerar un éxito en
el tratamiento; más adelante, corrigió la afirmación sobre Apolo y expresó que la
belleza, el equilibrio y la armonía se podían encontrar en muchos tipos faciales y no
solo se limitaban al perfil de Apolo.(5)
No obstante, esta postura, aunque en su inicio no haya sido así, acabó tornándose
más en una filosofía que un parámetro para guiar diagnósticos y comportamientos
clínicos. Este paradigma basado en el parámetro facial preestablecía posibilidades
amplias para la acción ortodóncica, al extrapolar los límites dentoalveolares. La
experiencia ulterior mostró el error de este concepto.(2)
Fue así que muchos ortodoncistas de la época no tenían resultados óptimos en sus
tratamientos porque era complicado llevar a todos a un mismo perfil. Esto llevó a la
búsqueda de nuevos horizontes para un mejor diagnóstico. El advenimiento de la
radiografía cefalométrica fue la respuesta. Tweed (1944) publicó su análisis
cefalométrico donde lo importante era llevar a los incisivos inferiores verticalmente a
su base ósea, y a partir de estos poder llevar a los demás dientes al lugar adecuado.
Este autor dejó de lado la escuela no extraccionista de Angle y realizaba
extracciones dentales siempre y cuando fuesen necesarias. Ocurría que el mismo
protocolo de tratamiento no funcionaba adecuadamente en pacientes portadores de
la misma maloclusión, y esto sucedía con muchos ortodoncistas de la época, con lo
que se podría concluir que el problema no era la mala realización del tratamiento,
sino que venía ligado a una mala perspectiva en el análisis del caso.(6,7,8,9)
Esta mala perspectiva fue resultado, en primera instancia, de no realizar un análisis
realista del patrón morfogenético del paciente, y de no ser capaz de desentrañar las
características del crecimiento de su modelo facial con sus limitantes
consuetudinarias. Su reconocimiento permite una previsión de la respuesta al
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tratamiento, de la estabilidad y los cambios esperados una vez finalizado dicho


tratamiento. De hecho, el error del parámetro anterior fue sustituido por otro error,
pues se pensó que el ideal posible sería alcanzado cuando los incisivos inferiores
fueron posicionados verticalmente sobre su base ósea, y todos los demás dientes
organizados a partir de eso. De esta forma se sustituyó el paradigma facial por el
dentario, pues se deseaba dar a los pacientes la misma posición de incisivos
inferiores, y consecuentemente, de incisivos superiores y de labios, sin evaluar sus
reflejos en las estructuras vecinas, principalmente nariz y barbilla. Los malos
resultados desde el punto de vista estético y de estabilidad no tardaron en ocurrir,
errores que pueden achacarse a la generalización de los objetivos y la rigidez del
ideal.(2)
Es así que la historia en el diagnóstico de Ortodoncia da un nuevo giro y se
empiezan a publicar más estudios referentes a análisis faciales. Ricketts (1982) fue
uno de los primeros en estudiar el rostro y describir la importancia de las
proporciones divinas, con base en la premisa de que en la cara existen numerosas
estructuras que presentan relación constante con esta proporción. Arnett y Bergman
(1993) y (1999) buscaron rasgos faciales en fotos frontales y de perfil para poder
discernir cuándo el tratamiento debería ser ortodóntico u ortodóntico/quirúrgico. (6)
Ackerman y Proffit (1997) establecieron que los tejidos blandos brindan los límites
con los que el ortodoncista cuenta para alterar las dimensiones de las arcadas y la
posición de la mandíbula. También postularon que los tejidos blandos son lo
primordial para el tratamiento ortodóntico, por lo que su diagnóstico es un paso
crítico que permitirá la estabilidad del tratamiento, y concluyeron que estos conducen
y limitan las alternativas del tratamiento ortodóntico.(8)
Holdaway (1983) estableció en sus estudios que los tejidos blandos tenían más
importancia en el tratamiento ortodóntico que los tejidos duros, y que estos no
deberían definir el tratamiento para el paciente. Sostuvo también que se debería
empezar por establecer un perfil adecuado para luego posicionar los dientes, ya que
a pesar de que el ortodoncista no puede influir en la posición de la nariz o de la
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barbilla, el tercio inferior de la cara es el más cambiante de los tres, y el movimiento


dental puede influir en la posición de los labios y mejorar el perfil, lo cual favorece
estéticamente al paciente.(9)
Otros autores como Burstone, Downs y Steiner desarrollaron otros tipos de análisis
faciales basados en medidas cuantitativas para poder realizar diagnósticos
ortodónticos y poder discernir el acercamiento (netamente ortodóntico u
ortodóntico/quirúrgico), pero como suele ocurrir en Ortodoncia, ninguno de estos
análisis sirvió por completo y no pudo ser aplicado a todos los pacientes de manera
eficaz. Los tratamientos no siempre daban buenos resultados, los perfiles faciales no
eran los esperados y no se tenían planes de tratamiento individualizados.
Finalmente, se llegó al análisis subjetivo de la cara, el cual se estudia actualmente
con mayor énfasis,(6,9) y que ha resultado en un nuevo paradigma mejor enfocado.
En el caso de que exista discrepancia entre lo que indica la cefalometría y la estética
facial, el diagnóstico diferencial debe guiarse por los resultados estéticos, puesto
que el análisis cefalométrico permite, indudablemente, incorporar datos inescrutables
a la inspección o percepción directa pero no soslaya la necesaria consideración en
vivo de la cara y la proyección predictiva de lo que se propone realizar.
Capelozza (2005) citado por Calisaya Yapura(3) resalta que se debe considerar que
el patrón de crecimiento es el verdadero problema en los pacientes diagnosticados
con maloclusión Clase II o Clase III. Es decir, se debe considerar al patrón
crecimiento (patrón facial) como la enfermedad real en esencia, y a las
características usadas para clasificar las maloclusiones (posición de primeros
morales y caninos, overjet (OJ), overbite (OB), curva de Spee, entre otros), como
síntomas de la enfermedad. Para ello diseñó un análisis facial visual donde resalta la
importancia de los tejidos blandos en el proceso de diagnóstico. Con el objetivo de
describir el comportamiento de la morfología facial durante el crecimiento, propuso el
término «patrón de crecimiento o patrón facial», y propone así una clasificación para
el modelo morfo-genético de la cara que se establecen en: Patrón Facial I (PF-I),

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Patrón Facial II (PF-II), Patrón Facial III (PF-III), Patrón Facial Cara Larga (PF-CL) y
Patrón Facial Cara Corta (PF-CC).
De esta postura emana una posición que diferencia lo que se considera faciometría,
o sea, preguntar a los números si la cara es normal con lo que constituye hacer
análisis facial, evaluar la cara en sus diferentes vistas, definir si existe armonía y
estética en cada una de estas vistas, y en qué medida están maculadas por
características desfavorables del patrón facial morfogenético del paciente. La
evaluación de la cara debe ser hecha con conocimientos de los promedios
poblacionales obtenidos en la investigación, y basada en la evidencia de la amplia
variabilidad permitida a los individuos aceptables. Establecer los límites de esa
permisividad, hacer una correcta evaluación de la cara, con subjetividad y basado en
conceptos técnicos, es complejo, y debe ser perfeccionado por conocimientos
adquiridos a través de investigaciones conceptuales y por la práctica. Las
investigaciones son necesarias para definir las características de la normalidad para
diferentes grupos raciales o étnicos. Un análisis de este tipo permite establecer con
claridad lo que es posible conseguir, lo que es razonable intentar y lo que es
imposible obtener.
El crecimiento cráneo-facial es un desarrollo compensatorio determinado por el tejido
blando que lo rodea, el cual no es igual en todas las etnias o razas. Surge entonces
la interrogante de si es que las medidas descritas como normas cefalométricas y
diferentes análisis faciales generales concuerdan para la población cubana.
Cuba es un país de una gran diversidad étnica, y de un extenso y particular
mestizaje condicionado por su historia y estructuración económica. Este mestizaje
continúa y se incrementa, por ello se hace necesario determinar cuáles son las
características faciales de la población cubana, para ampliar el conocimiento en el
campo de la Ortodoncia y lograr resultados de los tratamientos más estéticos y
funcionales.
Determinar la estética y armonía facial es complejo y controversial. Si bien existen
muchísimos estudios que describen patrones de normalidad y estéticos, la mayoría
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de los análisis tienden a describir un modelo facial similar para diferentes


poblaciones. Esto es un concepto errado, basado más en condicionantes sociales
que biológicas; muchos de los estudios y análisis que se enseñan y aplican en Cuba
son de procedencia extranjera, realizados en pacientes con un fenotipo distinto. La
mayoría de los valores utilizados se han basado en estudios realizados a personas
de tipo caucásico, que no necesariamente son datos que se deberían aplicar en la
realidad cubana por ser esta de gran diversidad étnica.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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BBAB&usg=AOvVaw2jIzu9j_FcLh4O1fQx4K
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5. Otaño R. Ortodoncia. La Habana: Editorial Ciencias Médicas; 2014.


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8. Proffit WR, Fields HW, Larson BE, Sarver DM. Ortodoncia contemporánea. 6.a ed.
Barcelona: Elsevier; 2019 [citado 8 mar. 2020]. Disponible en:
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&dq=Proffit+W,+2019&ots=XY0wFhxVyI&sig=qK9XhvFzXK6EM10IU0Wod3PNasE&
redir_esc=y#v=onepage&q=Proffit%20W%2C%202019&f=false
9. Zamora E. Compendio de Cefalometría. Colombia: Editorial Amolca; 2004.

Conflictos de intereses
Los autores plantean que no tienen conflictos de interés.

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