TERCERO EXCLUIDO
Principio del tercero excluido Según este principio, dos proposiciones contradictorias ({A es x} y
{A no es x}) no pueden ser verdaderas ambas, al mismo tiempo y dentro de la misma relación.
En consecuencia con el principio reductor del álgebra que la lógica encarna, una proposición
significativa puede ser V o F y, por tanto, dos proposiciones contradictorias no pueden ser
verdaderas ambas; una, o ambas, son F. Pues bien, decir “contradictorias” es ya decir que
ambas no pueden ser ciertas; el que acepta que es posible la contradicción ¡de hecho ha
aceptado el principio aristotélico! O sea, el principio de no-contradicción no elimina la
contradicción, sino que le da un lugar, incluso le da una posibilidad. Adviértase, además, que
decir “proposiciones contradictorias” es afirmar que se refieren a la misma porción de realidad
y en las mismas condiciones (de tiempo y relación).
Pues dos proposiciones contradictorias pueden ser ambas V, si se dicen para momentos
distintos o para relaciones distintas: es la fuente de la broma en la que alguien dice que el pato
y la gallina son animales peligrosos, mientras que el tigre y el león son animales inofensivos…
claro, pues es lo que una lombriz le dice a sus pequeños hijos. Habría contradicción entre lo
que dice el personaje y lo que tenemos enunciado para nosotros, que habla de inocencia de
los comedores de lombrices y de peligrosidad de los carnívoros de formato mayor; pero el
chiste está en explicitar al final las condiciones en las cuales se relacionan ciertos grupos de
animales con la propiedad de peligrosos o inofensivos.
Es claro –según me parece– que el problema, en primera instancia, tiene que ver con la idea
de una proposición “con sentido”, “dotada de significación”. De nuevo, si damos estas ideas
por sentadas, de ahí en adelante no es posible negar el principio del tercero excluido. Como la
lógica es tautológica, si se aceptan las condiciones de partida, los principios no son más que
una manera de inferir lo que de ellos es posible. De tal manera, los tres principios aristotélicos
no son problemáticos, sino los axiomas que utilizan, a saber, los siguientes: - hay A, - A dice
algo de la realidad, - decir de la realidad es o no es, - eso es tener o no tener sentido. Hay
quienes quieren derrumbar el tercero excluido de la lógica aristotélica, diciendo que no solo
hay V y F, que también existe el “más o menos” entre ambos, así como el gris entre el blanco y
el negro, el regular, el mediano, etc. En este punto puede precisarse el tercer principio, en un
sentido que parece desprenderse de la idea de Aristóteles.
El filósofo griego no se molestaría si dijéramos que, razonando en el marco de una lógica (tal
vez este sintagma sea una redundancia), está excluido un juicio sobre los enunciados que
exceda en número a la cantidad de juicios aceptados en ese contexto. En otras palabras,
podemos generalizar su tercer principio así: “Si la cantidad de juicios sobre A es n, queda
excluido el juicio n+1”. Aplicado al ya conocido, tenemos: n=2 (V y F, únicos valores de una
proposición), entonces está excluido el juicio n+1, o sea, 2+1, o sea, está excluido un tercer
juicio. Entonces, el tercero excluido es apenas un ejemplo de un principio más general que
podríamos llamar el [n+1]° excluido (ene-másuno-avo excluido).
Así, si en la lógica de los críticos fáciles está el gris, además del blanco y el negro, pues estaría
excluido un cuarto color... y si hay siete colores en el arco iris, pues está excluido el octavo... Y,
aunque haya millones de gamas entre el blanco y el negro, nadie ha oído hablar de “las piezas
grises” del ajedrez. En el juego de damas, una pieza está en el tablero o no está; no cabe una
tercera posibilidad. En cambio, en 29 Facultad de Humanidades folios n. o 27 el fútbol, donde
un jugador puede estar: i) afuera del campo, ii) adentro del campo, o iii) momentáneamente-
por-fuera; no cabe una cuarta opción (si estar en la banca es una cuarta, pues está excluida
una quinta). En resumen: Si A tiene dos valores excluyentes [p / q], entonces {A es p} o {A es q},
pero no puede ser {A es p y es q} ni {A es r} (tercer valor que no estaba incluido en la lista
inicial de valores posibles). Y si A tiene tres valores [p / q / r], entonces si {A no es p}, todavía
puede ser {A es q} o {A es r}; pero si, además, {A no es q}, entonces ya no puede ser más que {A
es r}; en ningún caso puede ser {A es p y A es q}, o {A es p y A es r}, o {A es q y A es r}, o {A es p
y A es q y A es r}, ni {A es s} (cuarto valor que no estaba incluido en la lista inicial de valores
posibles).Y así sucesivamente.
Es evidente que se trata, otra vez, de una consistencia de la argumentación: si pusimos como
condición que las cosas eran verdaderas o falsas, no hay una tercera opción, a no ser que
pongamos otra condición. Y no se crea que pasar a lógicas nobinarias nos permitiría objetar la
lógica formal del tercero excluido. Si tomamos, por ejemplo, la lógica modal (que tiene cuatro
valores: posible, contingente, necesario e imposible) y le aplicamos nuestra fórmula del [n+1]°
excluido, un valor por fuera de esos cuatro (o que combine algunos de ellos), un quinto valor,
queda excluido. El punto interrogable es el lugar axiomático del principio, a saber: qué se
puede juzgar, qué se puede afirmar de algo en ese mundo sobre el que pretendemos operar.
Este principio aristotélico, así visto, parecería poder ponerse en el sentido del principio
estructural del lenguaje que consiste en poner límite, entre otras para hacer algo pensable. Si a
cada cosa le corresponde un juicio, es imposible pensar. Si hay un número (n) finito de juicios,
es posible pensar, justamente porque está excluido el [n+1]°; de incluirlo recurrentemente, se
obtiene infinito, o sea, imposibilidad de pensar.