Modelos de Intervención en Trabajo Social
Modelos de Intervención en Trabajo Social
A lo largo de la evolución histórica del Trabajo Social se han ido generando diferentes modelos de
práctica profesional, fundamentados en bases teóricas diferentes. Además, dichos modelos han
ido cambiando y evolucionando al mismo tiempo que crecía la diversidad metodológica y
epistemológica del Trabajo Social. Hay que señalar que las distintas series de modelos no son
entes aislados sí, no corresponden a «mundos distintos», ni a diferentes formas de sentir o pensar
la realidad; simplemente, son formas diferentes de analizar los hechos o problemas sociales,
diferentes formas de observarlos, que condicionan la forma de intervenir sobre ellos. Algunos
modelos no han perdurado en el tiempo, otros han permanecido pese a los cambios sociales, otros
están emergiendo con fuerza. Este dinamismo se puede observar en la actualidad con la aparición
de nuevos modelos de intervención fundamentados en la investigación desde el Trabajo Social.
Modelo psicodinámico.
Sin duda alguna, las primeras y grandes influencias teóricas que recibió el Trabajo Social
provinieron de los, entonces, deslumbrantes progresos científicos a los que llegaron disciplinas
como la psicología y la psiquiatría. Su influencia se tradujo en el Trabajo Social en que en lugar de
conceder primordial atención a los problemas económicos y sociológicos del cliente, se empezó a
otorgar mayor importancia al conocimiento de sus problemas psicológicos y emocionales. Además
acentuó la tendencia a perder de vista los aspectos institucional y social, tan importantes para
Mary Richmond, «y a apoyarse más en los problemas y recursos de la persona que en los
problemas y recursos de la situación» (Du Ranquet, 1996: 70). A este respecto, fueron factores
muy relevantes los descubrimientos realizados por Sigmund Freud, el psicoanálisis y la psicología
dinámica, y el trabajo realizado por los seguidores de Freud: Otto Rank, Carl Gustav Jung, Alfred
Adler y otros, que fundaron sus propias escuelas.
El objetivo es hacer conscientes los conflictos inconscientes y desde ahí mejorar el funcionamiento
general de las personas. El énfasis puesto en el individuo y en el psicoanálisis freudiano condujo
durante los años veinte y treinta a la aparición del «diagnostic casework» y del “funcional
casework». El «diagnostic casework» descansaba en la metáfora de «diagnóstico y tratamiento»,
mientras el «functional casework» rechazaba la metáfora del cliente como paciente y creía en la
capacidad humana para resolver problemas, así como en su capacidad de crecimiento. A partir de
los años cincuenta la base teórica psicodinámica fue ampliada gracias a las contribuciones de
autores tan relevantes como Ericsson, Piaget, Lewin, AlIport, entre otros. Contribuciones que
conllevaron una reorientación más psicosocial, concediendo más importancia al yo y a sus
funciones, al ámbito del consciente y de la realidad, al aspecto cognitivo, a las interacciones y a las
transacciones. Aunque no es la teoría predominante en la práctica profesional, la teoría
psicodinámica, sola o en combinación con otras teorías, ha aportado diversos enfoques de
intervención interesantes para la práctica profesional del Trabajo Social, entre los que destacan el
modelo psicosocial, el modelo funcional, el modelo de resolución de problemas y el análisis
transaccional.
Resolución de problemas: Helen Harris Perlman (1957) ha sido la gran impulsora de este
enfoque. Se podría decir que, aunque hay diferentes orientaciones a la hora de efectuar la
práctica en Trabajo Social, el elemento central es la solución de problemas y centra su
atención en el presente (no en el estudio de experiencias del pasado, ni en la organización
de la personalidad). Es un modelo fundamentado en la teoría y en la práctica desarrolladas
por la escuela nóstica (modelo psicosocial), pero integrando las aportaciones de la
psicología del yo y de la escuela funcional (importancia de la relación).
Se basa en el axioma de que la principal fuente de hecho referente al problema reside en
el propio cliente. El cliente es el que conoce, por dentro y por fuera, el problema. Como
señala Du Ranquet ( (996), el modelo se basa en la concepción de la existencia que se
desenvuelve por fases y por crisis, que se apoya en las fuerzas utilizadas y desarrolladas
durante una crisis para poder resolver la siguiente. El resultado del tratamiento es apoyar
a resolver la dificultad actual y facilitar un cierto aprendizaje del problema para hacer
frente a las sucesivas dificultades que presenta toda vida humana. (Du Ranquet, 1996:
Como señalan Swanson y Carbon (1998), desde la formulación de la teoría de la crisis se han
consolidado una serie de conceptos básicos que son comúnmente aceptados por quienes
practican la intervención en crisis y que son los siguientes:
l. Las crisis son experiencias normales en la vida. Reflejan una lucha en la que la persona intenta
mantener un estado de equilibrio entre sí mismo y su entorno.
2. El estrés desencadena la crisis que puede ser un acontecimiento externo o interno. Puede ser
un hecho catastrófico o el producto de una acumulación de acontecimientos menos graves.
5. Las crisis son acontecimientos auto limitados (4-6 semanas) que se resuelven adaptativa o des
adaptativamente.
6. En las crisis, las defensas están debilitadas, por lo que la persona está más receptiva al apoyo y
los esfuerzos mínimos conllevan resultados máximos.
trabajar.
10. Con la resolución adaptativa emergen nuevas fuerzas y nuevas habilidades de resolución de
problemas para el futuro.
A partir de los trabajos de los psiquiatras Lindemann y Caplan, un grupo de trabajadores sociales
dedicados a la salud mental vieron la aplicabilidad de la teoría de la crisis al Trabajo Social. Han
sido diversos los autores que han adaptado el método de intervención en crisis al Trabajo Social y
que han producido una serie de enfoques diferentes dentro del modelo, entre los que destacan,
por su relevancia, Howard Parad (1965), Lydia Rapoport (1970). Naomi Golan y Kieran O'Hagan. De
sus trabajos extraemos los si-guientes elementos comunes que definen la naturaleza de la
intervención del Trabajo Social en crisis:
La intervención en crisis desde el Trabajo Social supone una intervención activa y directiva
en la vida de la persona, una especie de primera ayuda social, cuyo objetivo es apoyar a la
persona a conseguir un estado tolerable de confort emocional y que desarrolle
capacidades para afrontar la situación de forma efectiva.
El «focus» de la intervención se centra en el presente, en el aquí y ahora. Con lo que la
historia de la persona no es un aspecto especialmente importante. sobre todo en los
momentos iniciales de la intervención.
Propone la necesidad de dar una respuesta rápida y breve. es un aspecto de vital
importancia. Los estudios y diagnósticos a largo plazo que proponen otros modelos de
intervención no tienen aplicabilidad en este modelo de intervención, ya que el tiempo del
que se dispone para potenciar un cambio es pequeño. La característica que le diferencia
del modelo de trabajo centrado en la tarea es que la respuesta sobre todo se dirige al
plano emocional y al aprendizaje de recursos para manejar los problemas cotidianos en el
futuro.
Es una intervención especialmente centrada y estructurada. En general, los autores
convienen en tres fases de la actuación poniendo especial énfasis en la importancia
trascendental que tiene la primera entrevista, en la que además de obtener la información
más vital, el trabajador social deberá mostrarse receptivo, acogedor. comprensivo y
plantear a su vez un plan de acción inmediato.
Otra característica fundamental es la total disponibilidad del trabajador social durante la
fase de crisis, que no permite un periodo prolongado de estudio y de investigación y el
mantenimiento de los contactos dentro del contexto de un horario establecido.
Es un método de intervención que utiliza el contrato, al igual que lo hacen otros modelos
con el fin de que la persona se movilice en busca de la salida de la situación de crisis en la
que se encuentra.
Unido al contrato, se encuentra la detem1Ínación de unos límites temporales. La
intervención no debe prolongarse indefinidamente en el tiempo, debe tener unos claros
límites temporales que la acoten. Una característica de la crisis, si no la principal, es que se
trata de una situación límite en el tiempo. Caplan (1965) situaba la duración de las crisis
entre una y seis semanas. Tiempo en el que el individuo se encuentra predispuesto para
ser apoyado.
En primer lugar, hay que señalar que este modelo de intervención no toma concepciones teóricas
ni metodológicas prestadas de otras disciplinas científicas, sino que ha sido desarrollado por
completo desde el Trabajo Social y para el Trabajo Social, aunque recibe ligeras influencias de la
teoría de la comunicación, de la teoría del aprendizaje, de la teoría de los roles y del conductismo.
Los orígenes de este modelo de intervención hay que buscarlos en los trabajos realizados por
William Reid y Ann Shyne, a finales de los años sesenta. Estos trabajos sugerían que los resultados
de intervenciones a corto plazo eran más satisfactorios que aquellos que se obtenían a través de
intervenciones abiertas en el tiempo, en las que algunos usuarios abandonaban los servicios de
ayuda. En cuanto a su concepción teórica, es un modelo orientado a proporcionar una respuesta
práctica, breve y eficaz, centrándose en la consecución de unos objetivos específicos y en la
ejecución de unas tareas, con el fin de solucionar un determinado problema.
Este modelo ha realizado una contribución especial al Trabajo Social desde el momento en que
centra la intervención en los problemas definidos por los propios usuarios, no en el diagnóstico del
trabajador social y que enfatiza la corresponsabilidad mutua del trabajo entre trabajador social y
usuario, así como por demostrar gran interés en la evaluación de los resultados de la intervención.
El modelo se encuentra diseñado para ayudar en la resolución de dificultades que experimentan
las personas en interacción con sus situaciones sociales, donde los sentimientos internos y las
preocupaciones provienen de acontecimientos del mundo externo.
Es un modelo que se centra básicamente en el trabajo conjunto entre trabajador social y usuario
dentro de unos límites temporales marcados a través de un procedimiento muy claro y sencillo.
Además, este modelo pretende proporcionar a los clientes una experiencia gratificante en la
solución de problemas de tal forma que los clientes mejoren en su capacidad de afrontar las
dificultades y puedan aprender a través del proceso. Los conceptos básicos en los que se basa este
modelo de intervención son los siguientes:
Este modelo no centra su interés en el estudio de las respuestas emocionales o en las experiencias
del pasado de los usuarios, sino en identificar y aclarar cuáles son los elementos centrales del
problema en el presente, en el mundo del usuario y en conocer los obstáculos que impiden el
cambio. Desde esta perspectiva, la intervención se centra en explorar y diagnosticar los problemas
actuales que el cliente observa en su vida, seleccionando los principales. Básicamente, los
elementos principales en los que se apoya la práctica de la intervención centrada en la tarea son:
la delimitación del problema, los objetivos, el límite del tiempo, las tareas a llevar a cabo y el
contrato.
o Delimitación del problema. Se realiza una exploración del conjunto de áreas del usuario
que pueden ser objeto de ayuda. Es muy importante en este modelo la participación del
usuario y su visión a la hora de identificar las áreas problemáticas. Esta fase de exploración
y discusión de las áreas de dificultad finaliza con la elección de un problema «diana», del
problema sobre el que va a ir dirigida la acción.
En esta parte de la intervención es importante que sea el usuario quien decida cuál es el
problema con el fin de conseguir la implicación del mismo. El trabajador social tiene en
este momento una labor de asesoramiento cuyo principal cometido es, primero, apoyar al
cliente a identificar dicho problema y, segundo, asegurarse de que es un problema que es
susceptible de ser modificado.
o Definición de objetivos. Una vez delimitado el problema «diana». se deben establecer los
objetivos que han de guiar la tarea, es la parte central del modelo. El trabajador social
debe apoyar al usuario. a identificar los objetivos que quiere alcanzar, asegurándose de
que sean realizables por parte de la persona y que sean observables y evaluables.
o Limitación temporal. Nunca más de doce sesiones o de tres meses de trabajo conjunto. El
motivo de fijar un límite temporal es concentrar los esfuerzos tanto del profesional como
del usuario en torno a unos objetivos concretos y evitar las disfuncionalidades que se
producen en la relación entre usuarios en las intervenciones de medio y largo plazo.
o Las tareas. Se llevan a cabo después de haber acordado tanto los problemas, los objetivos.
como los límites temporales, y son centrales para este modelo de intervención. Las tareas
son partes diferenciadas del global de la acción: una serie de pasos consecutivos hacia la
consecución de un objetivo. Las tareas son desarrolladas por los trabajadores sociales y
por los usuarios, para que el proceso de solución de problemas se convierta en un trabajo
conjunto. Ambos establecen el mejor camino a seguir, estructuran el tiempo dividiéndolo
en fases adecuadas e igualmente estructuran el trabajo entre ellos.
El proceso de cumplimentación de tareas se diseña para conseguir cambios significativos
a la vez que para convertirse en un modo de «aprender haciendo». Mediante la
comprensión de las tareas, usuarios y trabajadores sociales, pueden ver cómo los
obstáculos se superan al mismo tiempo que se aprenden nuevas estrategias para vencer-
los. Se realiza una evaluación de cada una de las tareas, que se convierte en un elemento
fundamental en el proceso.
o El contrato es un ingrediente básico en este modelo, es una «forma contemporánea de
establecer el acuerdo entre usuario y trabajador social» y es una manera de formalizar un
acuerdo que tiene como finalidad básica realizar un cambio. Este modelo de intervención
se vale de esta estrategia fijando en él una serie de contenidos y de compromisos sobre
las actividades que cada uno, trabajador social y usuario, llevarán a cabo.
Entre los autores de referencia encontramos a Maslow. Rogers, Berne, Perls, Kierkegaard, Husserl,
Heiddcger. Marcel y Buber, El modelo humanista y existencial es un modelo que ha tenido una
gran repercusión en el Trabajo Social, porque proponen, más que unas determinadas técnicas de
intervención o una determinada estructuración de la misma (aspectos cruciales en otros modelos),
una filosofía de intervención que se encuentra muy acorde con los pilares en los que se asienta el
Trabajo Social, como son el máximo respeto a la persona que necesita apoyo y la no imposición del
proceso de intervención. El Trabajo Social humanista respeta la diversidad, la pertenencia étnica,
la cultura, los estilos de vida y de opinión, denuncia las formas de violencia y de discriminación,
rechaza la estandarización y el modelamiento del ser humano, respetando la capacidad de acción
y de elección de éste, impulsando la cooperación, el trabajo comunitario y la comunicación.
Humanismo. Aporta una visión integradora, holística, del ser humano, concibiendo a la
persona como un todo en el que operan interrelaciones entre factores físicos,
emocionales, ideológicos y espirituals. El humanismo no divide, no separa aspectos de la
persona. identificándolos como la causa de la enfermedad, del problema. El humanismo
ve en el ser humano un ser completo y tiene en cuenta cada aspecto y su int1uencia en el
todo. El humanismo entiende al hombre como un ser equipado del conjunto de
potencialidades necesarias para su completo desarrollo, frente a otras consideraciones
teóricas que lo conciben como un ser incompleto, víctima de sus pulsiones, instintos y
determinismo genético.
El humanismo ve en el síntoma la manifestación externa de un problema o cont1icto
interno (potencialidades no desarrolladas). El humanismo no trata de eliminar dicho
síntoma, como proponen otras teorías sociales, sino que trata de escucharlo, de entender
su significado, de comprenderlo. El humanismo se niega a distinguir entre personas
enfermas y personas sanas. Considera que todas las personas necesitan apoyo a la hora de
buscar o encontrar su equilibrio. El humanismo entiende que la personalídad surge como
una totalidad que se encuentra sujeta a un cambio permanente y continuo, basada en la
libertad de acción de las personas, en su capacidad de elección y en su intencionalidad.
Los seres humanos actúan de forma intencionada, no se limitan a comportarse,
determinan lo que hacen, imprimiendo significado a sus decisiones y elecciones.
Existencialismo. Afirma que lo que propiamente existe es el hombre, no las cosas, que
toman su ser en él o a través de él. El hombre no posee una esencia que le determine a ser
o a comportarse de una determinada forma, sino que él mismo es su propio hacerse, su
propio existir. Existir es para los existencialistas libertad y conciencia. Libertad porque el
hombre es un modo de ser que nunca es dado de antemano, sino que el hombre puede
conquistar su propia esencia, Conciencia, porque el hombre se comporta en el mundo
social de forma intencionada, en tomo a un objetivo que le da sentido a su existencia.
Toda conciencia es siempre dirigirse hacia algo, es «conciencia de».
La conciencia es «un poder de ser lo que no se es y de no ser lo que se es», una
intencionalidad. El existencialismo concibe al hombre como posibilidad abierta, libertad de
hacerse esto y lo otro, le reconoce la capacidad de elección, Ahora bien, en la medida en
que el hombre está arrojado al mundo, ha de contar con aquello que le es «dado», con las
circunstancias que limitan y cercenan sus posibilidades y su libertad. El hombre tiene la
capacidad de poder elegir libremente y no debe eludir dicha responsabilidad, ya que si no,
no llevará una existencia auténtica. La angustia, a la que se refiere el existencialismo, nace
de un futuro indefinido, de un horizonte vital lleno de posibilidades al que el hombre debe
de enfrentarse, asumiendo plenamente la libertad de construirse a sí mismo a cada
instante.
- Modelo crítico/radical.
El Trabajo Social crítico no surge hasta finales de los sesenta y principios de los setenta en el Reino
Unido, Canadá, Australia y Estados Unidos (M u-1986; Withorn, 1984; Bailey / Brake, 1975; Galper,
1975). Tuvo especial relevancia en el mundo anglosa-y especial relevancia en el Trabajo Social
sudamericano, ya que inspiró el movimiento de la reconceptualización. Los antecedentes
intelectuales del Trabajo Social crítico son muy diversos y recogen un amplio conjunto de teorías
sociales, que van desde las teorías feministas, el marxismo, el desarrollo comunitario, la teoría
radical de la educación (Freire), la sociología radical. hasta las teorías críticas sobre el carácter
étnico y la teología de la liberación (Healy, 2000: 24). Fundamentado en estas bases teóricas, el
Trabajo Social crítico sostiene que los usuarios no son ni parcial ni totalmente culpables de las
circunstancias personales y sociales a las que se enfrentan, sino que apuntan a los orígenes
sociales y a las estructuras sociales como causantes de dicha situación opresiva.
Con este planteamiento, la función del Trabajo Social da un giro radical conforme a lo visto en los
modelos precedentes. Entienden que la [unción del Trabajo Social no puede ser la de adaptar a la
persona a un medio que muchas veces le es hostil. Se apuesta por una forma de intervención
liberadora desde el Trabajo social, que parta de la base de que el cambio se encuentra en los
protagonistas del mismo, en las personas. Son ellos, los usuarios, los que a través de un proceso
de toma de conciencia de su situación se transforman en personas activas, en protagonistas del
cambio individual y social.
Al radicar el problema en la estructura social dominante, permite que los trabajadores sociales
críticos/radicales consideren que los diversos objetivos emancipadores de los grupos oprimidos
puedan conciliarse. El objetivo es conseguir una sociedad libre de dominaciones de todo tipo en
donde se puedan satisfacer todas las llamadas de la liberación (Healy, 2001: 41). En cuanto a los
conceptos básicos de la teoría critica radical, se destacan brevemente los siguientes:
El Trabajo Social crítico se caracteriza por su oposición al carácter individualista que imponían las
teorías clásicas del Trabajo Social. en especial las psicoanalíticas que se convirtieron en la corriente
principal del Trabajo Social hasta los años setenta. La aplicación del modelo crítico/radical al
Trabajo Social, en su momento, fue innovadora en tanto en cuanto incorporó en el abordaje de los
problemas sociales aspectos tan importantes como las luchas de poder, la hegemonía ideológica y
de clase, e! estatus, la profesionalización, la educación, la cuestión sexista y la opresión social
(Payne, 1995: 275).
El Trabajo Social crítico construye una práctica que plantea un compromiso con los sectores
populares. Los marginados, los excluidos, los extraños, los sin voz, sujetos pasivos del cambio
hasta ese momento, se convierten en elementos activos para la práctica profesional y en
protagonistas clave del proceso (de liberación). Desde el punto de vista del Trabajo Social crítico,
la práctica del Trabajo Social es más que tratar con los usuarios. Parte de la base de que para ser
más eficaz el Trabajo Social debe de tener como objetivo el cambio estructural real. Son varios los
enfoques críticos y radicales de intervención desde el Trabajo Social que se han ido desarrollando
en el tiempo, de entre los cuales destacamos:
a) El enfoque marxista de Trabajo Social (Leonard y Corrigan). Leonard (1984) propone reconocer
que la psicología y la personalidad de la persona provienen de las relaciones sociales formadas por
los modos de producción y reproducción. La persona se encuentra configurada por las
experiencias obtenidas en la economía y sus consecuencias, experiencias que vienen dadas por la
forma en que ofertamos nuestro trabajo (Leonard, 1984). Así. el Trabajo Social debe comenzar
entendiendo la experiencia individual y los elementos de la personalidad individual como un
reflejo de las relaciones de producción y de las contradicciones dentro de dichas relaciones. Esto
significa entenderlas no sólo en relación con la familia, como reflejo de la estructura de
dominación económica, sino también en relación con otras grandes estructuras con las que las
personas interaccionan. De esta forma, el análisis que e! trabajador social hace del individuo y de
las situaciones sociales ya no se basaría simplemente en el entendimiento de una dicotomía entre
entender a la persona y/o entender la estructura social.
El Trabajo Social feminista. El feminismo ha tenido un efecto profundo en la práctica del
Trabajo Social, puesto que ha hecho emerger el género como tema y ha demostrado cómo
la opresión de las mujeres se encuentra estructurada e incrustada en la propia prestación
de! Trabajo Social. Como denominador común, ya se trabaje con individuos, con familias,
con grupos, con organizaciones o con comunidades, la intervención feminista desde el
Trabajo Social posee siempre una mirada positiva hacia las mujeres, rechazando los
estereotipos negativos, localizando el problema y sus raíces dentro de un contexto
sociopolítico, despatologizando los problemas personales, viendo la necesidad de cambio
individual como colectivo, estableciendo una relación de igualdad con el usuario,
impulsando el desarrollo total del mismo, escuchándole activamente, reforzando su
«self», ayudándole a encontrar su propia voz y a utilizar su propia «revelación».
El enfoque problematizador de Paulo Freire. Éste propone un modelo de intervención
educativo que, al contrario que otros enfoques utilizados hasta ese momento, a la hora de
orientar la intervención social tiene en cuenta el análisis crítico de la realidad y promueve
una adecuada comprensión de algunos factores que se manifiestan en los procesos de
transformación social. Para ello aporta el método de la problematización.
La problematización es un método de intervención importante para el Trabajo Social,
puesto que propone un proceso (ya sea sobre un grupo, una comunidad o sobre una
persona) destinado a problematizar la realidad social en la que éste se encuentra. Este
proceso tiene una doble finalidad, por un lado tomar conciencia de la situación y por otro
diseñar el proceso que permita superarla. La idea que subyace no es la de la adaptación de
la persona, grupo o comunidad a la situación, sino que es la de la acción para superar la
problemática en la que se encuentran, a través de fomentar la crítica social, el análisis y la
reflexión crítica.
Aunque el término «gestión de casos» (case management) es relativamente nuevo, las raíces de la
gestión del Trabajo Social de casos se hunden en las propias raíces del Trabajo Social, en los
settlements (casas de rehabilitación) y en las Charity Organization Societies. Con anterioridad a los
años setenta se conocía poco sobre la gestión de casos. Su aparición como un concepto distinto
del «casework» se encuentra ligada al auge que experimentaron los servicios sociales y las
agencias de Trabajo Social, sobre todo en el ámbito anglosajón. La irrupción de numerosos
programas y servicios de asistencia social, patrocinados tanto desde el sector público como desde
el sector privado, ha ido creando la existencia de una red de servicios altamente compleja,
fragmentada, duplicadora y descoordinada.
Descoordinación que provoca una duplicidad de recursos en la atención de los clientes, duplicidad
que a su vez redunda en un mayor coste económico para la comunidad. La preocupación por los
recursos sociales disponibles con el fin de poder efectuar una práctica profesional más eficaz fue
uno de los «detonantes» de la aparición de la gestión de casos en el Trabajo Social. Podemos decir
que la gestión de casos es un modelo que aparece en el Trabajo Social como resultado de la
preocupación por ofrecer una intervención cada vez más eficiente, eficaz y al mismo tiempo más
económica. Para tal fin, se adoptan fundamentos teóricos que provienen de disciplinas más
relacionadas con la economía, la empresa y el comercio.
La Enciclopedia del Trabajo Social (Minahan, 1987) se refiere al Trabajo Social de gestión de casos
como un modelo de intervención que intenta asegurar que los usuarios con problemas complejos
y múltiples reciben todos los servicios que necesitan en el tiempo y la fonna adecuados. El rol del
«case manager», del «gestor de casos», es el de asistir a los usuarios para apoyarles a tratar con
alguno o con todos los sistemas sus problemas.
Para ello, es necesario que el gestor de casos emplee todas sus habilidades en Trabajo Social y en
todos los niveles de intervención: a nivel de servicio directo, tratando con personas y familias; a
nivel de planificación de programa, trabajando con la estructura organizatíva y de apoyo, y a nivel
de desarrollo de políticas, tratando con las implicaciones financieras y cas de un programa
comunitario más amplio. A modo de resumen, se presentan los siguientes conceptos clave que
conforman la gestión de casos:
a) La planificación y la puesta en marcha de los servicios debe tener en cuenta que los usuarios son
únicos y que cada uno posee debilidades y capacidades diferentes.
c) El nivel de apoyo prestado a los usuarios debe ajustarse al grado de déficit que éstos posean.
Los usuarios deben ser motivados para funcionar de forma independiente.
d) Es una intervención basada en una relación entre usuario y trabajador social, facilitadora y
verdadera.
g) Utiliza las habilidades de intermediación y defensa propias del Trabajo Social como elementos
importantes en la prestación del servicio.
h) Se dirige a aquellos usuarios que requieren una serie de servicios de comunitario o a largo
plazo, abarcando las necesidades de tipo económico, de salud, médico, social y personal.
j) Requiere la utilización de la evaluación de la capacidad funcional del usuario, así como del nivel
de apoyo que le proporciona su red social para determinar el nivel de cuidado y de atención
exigido.
La idea central del modelo es que todos los trabajadores sociales realizan tareas de gestión,
cualquiera que sea el ámbito en el que se encuentren: desde la gestión de uno mismo (del propio
trabajador social) a la gestión de los demás y a la gestión de los sistemas (Coulshed, 1998). La
gestión de casos, según autores tan relevantes como Austin (200 1). Rose (1992) u O'Connor
(1988) es un tipo de intervención que tiene un impacto a dos niveles: sistema del usuario y sistema
de la organización. La gestión de casos tanto la actividad de Trabajo Social directo, en donde se
desenvuelve en relación con la puesta en marcha de un plan para un caso o usuario determinado,
como a las estructuras organizativas, refiriéndose a cuestiones administrativas, de relación entre
servicios y a los recursos formales existentes en la comunidad.
Por tanto, el Trabajo Social de la gestión de casos no requiere de técnicas y fases de intervención
específicas, dependiendo éstas del nivel en el que actúe la gestión de casos, ya sea a nivel de
Trabajo Social directo con el usuario o a nivel estructural u organizativo (Trabajo Social indirecto).
La gestión de casos en el Trabajo Social ha tenido y tiene en la actualidad diversas variantes de
aplicación que dependen de la participación de diferentes variables, tales como el entorno
geopolítico, el tipo de servicio o agencia desde los que se lleve a cabo la intervención o el tipo de
usuarios a los que se dirija el servicio. Pese a la variedad de publicaciones y referencias existentes,
creemos importante mencionar como enfoque o variante especialmente significativa el modelo de
gestión de casos propuesto por la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales Norteamericana
(NASW).
Desde este enfoque, la naturaleza de la intervención que se realiza desde la gestión de casos tiene
que tener en cuenta los siguientes elementos: