APUNTES SOBRE TERAPIA CORTADA A LA MEDIDA
En Terapia Cortada a la medida, Paul Watzlawick presenta de forma sintética las aportaciones
de la obra Teoría de la comunicación humana a la reflexión en torno a la comunicación, desde
una perspectiva constructivista y
sistémica. En un primer momento se expone, a modo de contexto, el trabajo general de la
Escuela de Palo Alto, reconocida en el campo académico como principal promotora del
denominado enfoque sistémico en comunicación. Posteriormente se exponen las
aportaciones concretas de la obra referida, que permite complejizar el concepto de
comunicación, visto como un fenómeno sistémico que va mucho más allá de los medios,
principal objeto de estudio de las ciencias de la comunicación. El texto presenta, también,
una reflexión en torno a la importancia de esta obra en el campo académico de la
comunicación, una explicación de por qué podemos considerar que Teoría de la
comunicación humana es un libro organizador. Por último, se presenta una reflexión
personal en torno a la importancia de esta obra, así como un listado de recursos
bibliográficos en línea sobre la obra y sobre el enfoque sistémico de la Escuela de Palo
Alto.
Desde el primer tercio del siglo XX hasta la actualidad, la teoría de la comunicación se ha
ido construyendo desde perspectivas muy diferentes. Desde la teoría físico-matemática de
Shannon y Weaver, conocida como “Teoría matemática de la información”, hasta la teoría
psicológica con base a la percepción propuesta por Abraham Moles, pasando por una teoría
social con base en la lengua –Saussure-, con base en la antropología cognitiva –Lévi
Strauss- o con base en los enfoques interaccionistas y sistémicos –Bateson, Watzlawick,
Goffman. Y más aún, también han destacado las aportaciones en el campo de los efectos de
la comunicación de masas, un ámbito representado por nombres como Lasswell,
Lazarsfeld, Berelson y Hovland, y las teorías críticas de la comunicación, promovidas
desde la Escuela de Frankfurt por intelectuales como Adorno, Horkheimer y Marcuse, entre
otros. Este panorama pone en evidencia la complejidad del asunto, las múltiples
aportaciones con que se ha tratado de dotar de coherencia a lo que conocemos como Teoría
de la Comunicación. Ello es resultado, entre otros factores, de la polisemia misma del
concepto de comunicación2
.
Desde el enfoque sistémico de la comunicación, uno de cuyos máximos representantes es
Paul Watzlawick, autor de la obra aquí reseñada, la comunicación se puede definir como un
“conjunto de elementos en interacción en donde toda modificación de uno de ellos afecta
las relaciones entre los otros elementos” (Marc y Picard, 1992, p. 39). Esta definición nos
acerca al concepto de sistema, cuyo funcionamiento se sustenta a partir de la existencia de
dos elementos: por un lado, la energía que lo mueve, los intercambios, las fuerzas, los
móviles, las tensiones que le permiten existir como tal; y por el otro, la circulación de
informaciones y significaciones, misma que permite el desarrollo, la regulación y el
equilibro del sistema.
En este sentido, la comunicación es un sistema abierto de interacciones, inscritas siempre
en un contexto determinado. Como tal, la comunicación obedece a ciertos principios: el
principio de totalidad, que implica que un sistema no es una simple suma de elementos sino
que posee características propias, diferentes de los elementos que lo componen tomados por
separado; el principio de causalidad circular, según el cual el comportamiento de cada una
de las partes del sistema forman parte de un complicado juego de implicaciones mutuas, de
acciones y retroacciones; y el principio de regulación, que afirma que no puede existir
comunicación que no obedezca a un cierto número mínimo de reglas, normas,
convenciones. Estas reglas son las que, precisamente, permiten el equilibrio del sistema.
Los tres principios apuntados en el párrafo anterior constituyen una de las principales
aportaciones de la Escuela de Palo Alto a la comprensión de la comunicación. En la obra
clásica de Watzlawick, Beavin y Jackson, Teoría de la comunicación humana (1971), se
hace hincapié en estos principios básicos del sistema. La totalidad se explica afirmando que
“cada una de las partes de un sistema está relacionada de tal modo con las otras que un
cambio en una de ellas provoca un cambio en todas las demás y en el sistema total”
(Watzlawick et. al., 1971, p. 120). El principio de causalidad circular se explica a partir del
concepto de retroalimentación, proveniente del enfoque cibernético inaugurado por Norbert
Wiener en 19483
. Por último, el principio de regulación es nombrado a partir del término
equifinalidad, comprendido como el conjunto de elementos que dotan de estabilidad al
sistema.
Todo lo anterior pone en evidencia que la comunicación, antes que nada, es un sistema
abierto de interacciones. De hecho, las primeras definiciones de comunicación apuntan a su
vertiente interpersonal, relacional, más que a la concepción mediada que ha prevalecido y
dominado el pensamiento sobre comunicación a lo largo de su existencia como campo
académico. El predominio de los medios de difusión como centro de la reflexión oscurece
las aportaciones de todo lo concerniente al diálogo, al vínculo entre seres humanos, a la
capacidad de éstos para comunicarse consigo mismos, con los otros y con el entorno físico
y simbólico en el que se desenvuelven.